Notas y Debates de Actualidad
(DE)CONSTRUIR LA DEMOCRACIA DESDE LA SUBALTERNIDAD Y LA INTERCULTURALIDAD: CRÍTICA POLÍTICA DE ÁLVARO MÁRQUEZ-FERNÁNDEZ.
(De)Building democracy from subalternity and interculturality: political criticism of Álvaro Márquez-Fernández
(DE)CONSTRUIR LA DEMOCRACIA DESDE LA SUBALTERNIDAD Y LA INTERCULTURALIDAD: CRÍTICA POLÍTICA DE ÁLVARO MÁRQUEZ-FERNÁNDEZ.
Utopía y Praxis Latinoamericana, vol. 26, núm. 93, pp. 255-262, 2021
Universidad del Zulia

Recepción: 10 Noviembre 2020
Aprobación: 20 Enero 2021
Resumen: La propuesta política y filosófica del pensador latinoamericano Álvaro Márquez-Fernández no está circunscrita a pensar sólo un concepto o un fenómeno social en específico. La crítica que el filósofo construyó en los últimos años se caracteriza por un cuestionamiento transversal a las condiciones políticas y racionales en las que coexisten los actores sociales y sujetos de vida. En este trabajo se expresa bajo una revisión bibliográfica de la obra del autor, las reflexiones en torno a la propuesta decolonial y subalterna que Márquez-Fernández pensó como una nueva forma de ejercer la praxis política del poder. Se plantea que desde el reconocimiento a las prácticas discursivas y dialógicas que se expresan o manifiestan en los espacios públicos pueden de-construirse y reinventarse los mecanismos democráticos. Esta forma otra de pensar la política implica además la liberación de las lógicas racionales de la formalidad que han adoptado las instituciones hegemónicas liberales.
Palabras clave: Democracia, subalternidad, interculturalidad.
Abstract: The political and philosophical proposal of the Latin American thinker Álvaro Márquez Fernández is not limited to thinking only of a specific concept or social phenomenon. The criticism that the philosopher built in recent years is characterized by a cross-cutting questioning of the political and rational conditions in which social actors and subjects of life coexist. In this work, a bibliographic review of the author's work is expressed, the reflections around the decolonial and subaltern proposal that Márquez-Fernández thought as a new way of exercising the political praxis of power. It is proposed that from the recognition of the discursive and dialogic practices that are expressed or manifested in public spaces, democratic mechanisms can be de-constructed and reinvented. This other way of thinking about politics also implies the liberation of the rational logic of formality that the liberal hegemonic institutions have adopted.
Keywords: Democracy, Subalternity, interculturality, Álvaro Márquez-Fernández.
INTRODUCCIÓN
La filosofía latinoamericana desde su inicio ha tenido como constante la preocupación por pensar el estado de cosas que atañen a los que están al margen, excluidos, desconocidos, negados; sin palabras. Es desde la necesidad de transgredir el orden establecido por esta lógica que emerge la contribución filosófica del pensador venezolano Álvaro Márquez-Fernández (1954-2018). El pensar desde el Otro latinoamericano, que somos todos, es que se puede ubicar y valorar la obra de dicho autor. En Márquez-Fernández encontramos un conjunto de ejercicios hermenéuticos que pone en el centro al sujeto cundido, poblado con toda su subjetividad y experiencia de vida. Es desde el reconocimiento absoluto del Otro con toda su cultura que se puede consolidar una democracia real. Abordar sus aportes críticamente es introducirse a las contribuciones realizadas por las filosofías en América Latina, y desde el diálogo como herramienta fundamental, exponer todo su sistema de pensamiento, es decir, sus ideas intentan ensanchar espectros significativos para la compresión prolongada de las realidades. Entiende con lucidez que:
La filosofía intercultural en América Latina considera que sólo a través de un reconocimiento del otro en su origen e identidad, es posible la liberación del pensamiento y la racionalidad de la cultura colonial hegemónica, presentes desde el “descubrimiento” de América hasta nuestros días. (Márquez-Fernández, 2015:1).
Es desde la concepción y plena conciencia que busca la liberación del pensamiento, que apuesta a otras formas por demostrar y anular la hegemonía colonial de la racionaidad moderna a partir de los planteamientos afianzados desde las filosofías intersubjetivas, contrahegemónicas y subalternas. Es, desde esta concepción arraigada que el autor se desdobla para contrarrestar la negación de la cultura hegemónica. Su voz aboga por el respeto y el reconocimiento de todas las culturas. Pudiésemos pensar la horizontalidad cultural como elemento clave dentro del desarrollo político, cultural de los pueblos para contrarrestar el discurso único establecido por la racionalidad moderna occidental. La búsqueda debe ser superar el pensamiento colonial que nos atraviesa. “El pensamiento colonial se propone al otro desde una experiencia de la existencia redificada que menoscaba los elementos de interpretación discursiva que pueden servir a la comunicación reflexiva y crítica entre los participantes.” (Márquez-Fernández, 2018b:152). Es desde la crítica permanente al discurso colonial que traza líneas sustanciales para repensar y poner en prácticas otras racionalidades que contrapesen este discurso hegemónico, por ello, crítica como éste se ha incrustado dentro de nuestro imaginario:
La racionalidad del logos de la cultura colonial se gesta y se expande por medio de un ejercicio de abstracción que busca una solidaridad implícita con la conciencia subjetiva del otro, para que forme parte del mundo de la sensibilidad, en el cual las percepciones y representaciones de la realidad orientan el discurso hegemónico que es puesto para la interlocución. (Márquez-Fernández, 2018b:152).
El discurso hegemónico busca las maneras de hacerse sensible entre nosotros, elabora cercanías para fortalecerse y desde ese espacio de enunciación reconfigurar prácticas aceptables, haciéndonos vulnerable y de una perspectiva poca crítica pudiese socavar sustantivamente nuestro imaginario y hacerse natural.
El discurso de la colonialidad apunta, precisamente, a ese domino de la conciencia del ser social donde reside la voluntad y autonomía que puede estar al servicio de causas solidarias con el sentimiento de adhesión que suscita y porta la ideología en su desarrollo hegemónico, a través de las prácticas populares que pueden ser determinantes por su capacidad de resistencia, en los cambios profundos de la movilidad sub-alterna. (Márquez-Fernández, 2018b:152).
DECOLONIZACIÓN EN PERSPECTIVA MARQUEZIANA
Adentrarse a la obra filosófica de Álvaro Márquez- Fernández es encontrarse con posibilidades, con grietas que desembocan en espacio para que la voz de los negados tenga lugar, para que el diálogo intercultural se haga presente y trastoque aspectos que tensionen el orden establecido y desde allí delinear aportes sustantivos para el devenir de la filosofía latinoamericana. A partir de sus planteamientos y contribuciones se puede desnudar, develar la intencionalidad deliberada por negar al Otro. La voz del otro es esencial para el desarrollo cultural de los pueblos, es desde su cosmovisión y experiencia racional de vida que se pudiesen configurar otras subjetividades trascendentales. Para él uno de los espacios que pudiese ayudar a reconfigurar esas otras maneras, formas posibles es la Polis.
La polis es el escenario donde las experiencias del uso del poder de la política, no cesa de gestar sus direccionalidades de acuerdo a las tensiones que subyacen en su desarrollo, en eso consiste su principal punto de conflictividad a discernir por medio de los consensos, requiere de la participación de todos en un esfuerzo mancomunado por lograr un orden social inclusivo. (Márquez-Fernández, 2018b: 147,148).
Es desde la idea de una democracia más justa que intenta resemantizar la relación entre sujetos y otros sujetos en alteridad, en la diferencia. Los aportes de este autor son de vital importancia debido a que sus textos están planteados, pensados para establecer en un diálogo sincero con el lector. El respeto hacia el lector es fundamental en toda su obra. Esto se debe a la profunda claridad y conciencia crítica que posee sobre el Otro, entendiendo que sólo se pueden consolidar proyectos desde la construcción colectiva, es decir, desde el diálogo intercultural, para lo cual son fundamentales, esenciales, el reconocimiento y el respeto por el Otro. En él encontramos una constante y sistemática reflexión sobre la necesidad de crear las condiciones históricas, culturales, que permitan incidir y transformar el estado en América Latina, es decir, crear las condiciones para establecer un orden social y político más justo, equitativo, realmente solidario, y sobre todo participativo, construido desde la pluralidad y polifonía de todas las voces. Es por ello, que considera fundamental el valor a la palabra y el aliento que esta abraza. Es desde la construcción de sentidos hermenéuticamente que se pudiese consolidar dichas posibilidades.
Quizás se podría señalar que entre todos los poderes que pueden estar al servicio del bienestar de la polis, el principal es el de la palabra, es decir, el uso de estructuras, sistemas, gramáticas de pensamiento en concordancia con prácticas argumentativas y comunicativas de la racionalidad, donde el discurso permita construir el espacio de encuentro para el diálogo hermenéutico entre unos y otros. (Márquez-Fernández, 2018b:148).
Desde su apuesta teórica que es la filosofía contrahegemónica proyecta la intención de superar la subjetividad emancipada a la que hemos estado sometidos. Dentro de sus planteamientos la experiencia racional es una práctica libertaria. Su filosofía contrahegemónica se ubica desde la crítica a ese logos, a esa forma de pensamiento. Su búsqueda es hacia una realidad que emerge desde la alteridad para consolidar una diversidad de realidades. Sus reflexiones, aportes apuntan a consolidar, configurar desde ejercicios hermenéuticos una filosofía intersubjetiva, porque la subjetividad se opone a la objetividad. En sus palabras, La filosofía intersubjetiva es una filosofía en el sentido hermenéutico de apertura al Otro, porque la experiencia que tenemos con el Otro es una experiencia hermenéutica de comprensión e intelección, no es una experiencia que está objetivada por una metodología de cómo se conoce al Otro que ha venido des-conociendo al Otro. Cabe destacar, que para este autor el Otro siempre se está rehaciendo desde la recuperación de su voz, es un Otro siempre emergente, siempre es inédito. Sus reflexiones trazan caminos para la liberación desde la praxis intercultural desde la alteridad.
La construcción de la alteridad demanda una conciencia de ser que se autorefiere al sujeto de la vida que siente que a través de sí es que la realidad de las cosas y seres, adquieren sus características dentro del mundo de la naturaleza o del mundo de la humanidad. (Márquez-Fernández, 2018b:149).
La interculturalidad dentro de los planteamientos filosóficos de este autor es fundamental, esto es debido, a que casi toda su producción está trastocada por las ideas que abrazan esta categoría del pensamiento latinoamericano. En dichas ideas ha consolidado un cuerpo robusto, sentando bases importantes. Sus planteamientos se vienen fundamentando, es decir, profundizando, construyendo un cuerpo sólido teórico-práctico que se despliega y tributa al desarrollo de una filosofía contrahegemónica, sub-alterna, emancipadora y liberadora. Para él:
No es suficiente entender cuál es nuestra presencia existencial en el mundo de la alteridad; sino, también, entender que nuestra participación en él viene acompañada de valores prácticos y materiales que la hacen posible, sobre todo, si se trata de la igualdad que todos nos merecemos en el mundo de la contingencia y de los cambios de sus contenidos racionales y fáticos. (Márquez-Fernández, 2018b:157)
Su apuesta teórica está siempre en superar de manera crítica la subjetividad emancipada. Podemos interpretar desde su postura que la modernidad de alguna manera, desconoce, obvia deliberadamente la relación intercultural con el Otro, lo excluye en su alteridad, ya que, para su proyecto único, el resto de las culturas del mundo están lejos de serlo. Porque desde el desconocimiento del Otro, desde su inexistencia es que se pueden sustentar las bases para el pensamiento monocultural y colonial. “El proyecto de una praxis intercultural desde la alteridad implica desde muchos puntos de vista la absoluta superación del modelo colonial de la modernidad atravesada por todos sus dogmatismos jurídicos, políticos, sociales y económicos, tan característicos de la racionalidad del capitalismo. “(Márquez-Fernández, 2018b:159). Es desde la praxis intercultural que se pudiese conformar un proyecto más justo, equitativo, participativo, protagónico de una democracia real.
LA DEMOCRACIA EN TIEMPOS GLOBALES
Para comprender la situación de las democracias en América Latina, Márquez-Fernández parte del supuesto de que los populismos que pudieron tomar el control de sus Estados están en un declive. Las ideas progresistas de reivindicación social y laboral no han podido traducirse en un Estado eficaz y de inclusión pues estos movimientos populistas han cargado su actividad institucional de un profundo discurso y adoctrinamiento ideológico.
Esta crisis parte en principio de lo que Márquez-Fernández (2018a) denominó como la ineficacia participativa en la democracia representativa, es decir, la sustitución del poder originario por otro medio de poder que absorbe a los otros bajo un falso argumento de participación. Es parte de lo que Yamandú Acosta (2010) planteaba cuando afirmó que ni democracia es sinónimo de libertad ni antónimo de autoritarismo pues son precisamente los discursos de las democracias liberales los que han propiciado la institucionalidad que coarta la participación plural de los grupos con contextos socio-culturales asimétricos y por ende, distintos.
Es esta misma institucionalidad la que ha permitido que la lógica del mercado sea trasnacional y que los sujetos de los distintos territorios se acoplen a las políticas “democráticas” de sus Estados como parte de la normalidad universal. La presunción de la representatividad democrática ha generado una invisibilización histórica de los pueblos que no han formado parte nunca de las dinámicas institucionales por su sentido periférico. Acá, es donde se consolida la tan discutida totalidad en tanto sistema de exclusión de las diversas formas de ser, relacionarse y participar.
Una visión similar esbozó Álvaro García Linera (2015) cuando expone que la democracia tiene distintos retos, principalmente, el de ampliarse como campo donde se presentan las diversas visiones de los actores miembros de diferentes territorialidades y no de ser un instrumento para la legitimación de los proyectos individuales de las élites. Si asumimos válida esta tesis, estaríamos afirmando que las democracias en Latinoamérica están en crisis debido a su composición que responde, de manera ineludible, al proyecto político de la sociedad moderna y a la lógica del mercado. La democracia en clave liberal, ha sido entendida como un proceso de confrontación de “proyectos (de) políticos” que resultan victoriosos en tanto mayor afinidad tengan con la institucionalidad y la normalidad establecida o siempre y cuando la élite que representan pueda tener acceso a los instrumentos de dominación fortalecidos.
Se entiende que estamos ante un “reciclamiento político” que se valida de acuerdo a un sistema que concibe la voluntad de individualidades como un proceso para otorgar mayor validez a una “opinión general” que se expresa desde la capacidad comunicativa de cada “fuerza” política (dominante). La democracia en conclusión, cumple el mismo papel que el mercado al proyecto capitalista mundial, la diferencia es que ésta, es un proceso “competitivo” de “ofertas” por controlar lo público donde los “electores” representan una cuantificación que escoge el orden que lo va a regular y que no le va a permitir expresar “cómo desea vivir”. (García, 2015).
Para Márquez-Fernández (2018a), el asunto de la relacionalidad entre ciudadanos y la transferencia de poder a grupos y organizaciones políticas debe tener correspondencia con una concepción del poder que se entiende a partir de la participación de unos y otros. Es un sistema de direccionalidad política que tiene como horizonte la alternancia del uso del poder entre actores políticos que a su vez permitirá el establecimiento de normas y leyes pensadas desde contextos dialógicos consensuados. De la misma forma, Márquez-Fernández afirma que la realidad democrática es distinta a la concepción antes planteada, es decir, lo que realmente se percibe y existe es un uso progresivo de la fuerza por quienes han tenido el reconocimiento de las mayorías para convertirse en funcionario público del poder. Esta democracia de las representaciones, donde un solo sector de la sociedad puede ejercer control y dominio sobre la mayoría de las representaciones, es lo que le permite a Márquez-Fernández afirmar que esta democracia representativa del poder es la etapa central de la hegemonía del capitalismo neoliberal.
LA DEMOCRACIA EN CLAVE SUBALTERNA
Para contrarrestar la democracia de las representaciones y de los populismos, Márquez-Fernández (2018c) hace énfasis en una democracia subalterna que requiere de actores y ciudadanos con participación en los asuntos estatales y con un gran compromiso moral para que las decisiones políticas puedan estar orientadas al interés del colectivo social y no a los partidos o a las élites políticas. En esa misma línea, se plantea la democracia subalterna como un mecanismo que pueda visibilizar una permanente movilidad social que exige mayor representación pública plural que contemple una ecología de saberes y por ende, un mayor equilibrio social.
Un punto de partida importante del cual debe partir la concepción o definición de la democracia subalterna es que el pueblo no es una categoría homogénea y lineal. Márquez-Fernández (2018c) plantea que la ciudadanía en esta nueva forma de organización institucional debe participar en la toma de decisiones para que la construcción de la estructura normativa del Estado se haga a partir de las particularidades del pueblo. Se trata de trasladar a lo público la constitución de la institucionalidad y las decisiones que tengan efecto sobre el colectivo social. Es otro modo de ver la práctica del poder, con un sentido plural e inclusivo de la política y con un compromiso ético para el reconocimiento de las diversas expresiones interdiscursivas.
Se plantea una movilidad sub-alterna que propicia una democracia pública y popular de derechos humanos y de una conciencia humana que asume la coexistencia ciudadana como una base fundamental para la constitución y el consenso del poder. Lo relevante de esta práctica democrática de coexistencia humana es que revierte de la cultura colonial y homogénea de la hegemonía capitalista. Es reconocer que existe una ciudadanía constituida por particularidades y por sujetos con diversidad de prácticas aleatorias que le otorgarán al espacio político la posibilidad de ser escenario de prácticas de bien común y de buen vivir que tienen como principio el derecho a la vida de la ciudadanía.
Márquez-Fernández apuesta por un debate democrático mucho más complejo que toque las particularidades político-sociales de los grupos, y que, a su vez, pueda generar una mayor articulación en los espacios entre-culturas. No se trata pues, de un fetichismo sobre la “culturalización” de la política, sino una verdadera democracia en tanto plural e inclusiva. Constituir el sujeto democrático implica darle a éste el reconocimiento y permitir su articulación con los otros-nosotros democráticos, que tienen la misma exigencia por el reconocimiento y por su autoafirmación política y colectiva.
Es importante resaltar en este punto el sentido y la práctica de la otredad también como parte de esa responsabilidad cívica en un nuevo contexto democrático subalterno. Márquez-Fernández define esta praxis de otredad como la entrada al otro como sujeto humano, pero además, resalta los valores del respeto y solidaridad en esa correlación de mundos, la determinación del espacio, lo propio y lo ajeno como punto de partida para poder normativizar la convivencia colectiva. He aquí, parte del sentido de la democracia subalterna, partiendo del reclamo a una participación política como derecho público y donde el diálogo con el otro es la regla de oro de la argumentación y el consenso.
Desde este punto de vista, lo que plantea Márquez-Fernández es que en el escenario político se puedan desarrollar unas dinámicas de encuentros donde la diversidad de las experiencias y saberes de los diferentes mundos culturales puedan priorizar la resolución de las problemáticas, incógnitas y reflexiones que engloben ese escenario. Así, digamos, se pudiera desde la labor pública reestructurar el concepto de participación y democracia desde la perspectiva del encuentro y reconocimiento con el otro. Los encuentros políticos y dialógicos con el otro en el espacio público, suponen una praxis política como una comunidad de vida, y una concepción de la práctica del poder como una reconstrucción continua de la experiencia vivida.
De esta manera, Márquez-Fernández se propone una praxis política que no se acopla con la concepción autoritaria del poder y la democracia, por el contrario, se termina resumiendo esta perspectiva de praxis intercultural de la política en un espacio público y democrático de experiencias, de diálogos que permiten la comprensión y el sentir del otro como parte de la conformación política y ciudadana del sujeto, de imbuir desde la participación y la narración de las realidades culturales la conciencia de otredad y de una visión de justicia social desde la alteridad.
CONCLUSIÓN
Penetrar de manera crítica los planteamientos realizados por Márquez-Fernández es la invitación a repensarnos desde la perspectiva del pensamiento sub- alterno, emancipador y contra-hegemónico. Es desde esa acera del pensamiento liberador latinoamericano que podemos comenzar a trazar algunas líneas que desemboquen en la plenitud de respeto por los Otros. Pensar la obra de este filósofo venezolano es expandir, ensanchar otras posibilidades de democracias reales participativas tan necesarias para nuestro tiempo, considerando siempre el papel fundamental que juega la liberación de la palabra dentro del desarrollo de la praxis intercultural para un nuevo proyecto de la construcción de una política realmente participativa.
La invitación que Álvaro Márquez-Fernández nos hiciera en vida y en su obra puede entenderse como una pretensión democrática por no suprimir las condiciones de vida ante las estructuras de las lógicas racionales de la formalidad. Dicho de otra forma, para Márquez-Fernández la construcción y el respeto de los procesos discursivos de la argumentación en la esfera de la política pública, supone la ampliación de la interlocución entre actores y sujetos de vida que coexisten bajo diversas prácticas y cambios sociales.
BIBLIOGRAFÍA
GARCÍA LINERA, Álvaro. (2015). Democracia, Estado, Nación. Caracas. Editorial Trinchera.
MÁRQUEZ-FERNÁNDEZ, Álvaro. (2018c). La democracia sub-alterna. Cuestiones teóricas de la crítica. MEDINA NÚÑEZ, I. Democracia sub- alterna y Estado hegemónico. (Coord.). Buenos Aires. Elaleph.com
MÁRQUEZ-FERNÁNDEZ, Álvaro. (2017). Por una democracia de movilidad subalterna. En: REGALADO, J. (Coord.). Pensamiento crítico, cosmovisiones y epistemologías otras, para enfrentar la guerra capitalista y construir autonomía. (213-246). Universidad de Guadalajara.
MÁRQUEZ-FERNÁNDEZ, Álvaro. (2013). Filosofía de la alteridad intercultural en América Latina. Las Torres de Lucca. Revista Internacional de Filosofía Política. (2) 7-20. Disponible en: http://lastorresdelucca.org/index.php/ojs/article/view/28 Consultado 10 de octubre de 2020