Ensayos
Franz J. Hinkelammert y la inocencia utópica
Franz J. Hinkelammert and the Utopian Innocence
Franz J. Hinkelammert y la inocencia utópica
Utopía y Praxis Latinoamericana, vol. 27, núm. 97, 2022
Universidad del Zulia

Recepción: 14 Agosto 2021
Aprobación: 10 Diciembre 2021
Resumen: El teólogo, filósofo y economista Franz J. Hinkelammert aporta y analiza una forma o conceptualización determinante para comprender e interpretar el concepto de utopía desde una perspectiva crítica, partiendo de nuestro subcontinente. En este artículo trataremos de cuestionar y proponer a través de sus formulaciones una nueva concepción de la utopía. Tal concepto es criticado por el pensador germano-latinoamericano con el fin de plantear una visión revitalizante del término. Por ello, acudimos a la tradición utópica del pensamiento latinoamericano para redefinir uno de los elementos fundantes de nuestra filosofía. Este ensayo tiene la finalidad de concebir una nueva conceptualización utópica, lo que requiere un análisis puntal de tal concepto, evidentemente esta nueva formulación es desconocida por Hinkelammert, pero retomo su crítica al utopismo para reformular los términos que refieren a la utopía.
Palabras clave: utopía, crítica, Latinoamérica, inocencia, imaginación utópica.
Abstract: The theologian, philosopher and economist Franz J. Hinkelammert provides and analyses a form or a decisive conceptualization to understand and interpret the concept of utopia from a critical perspective, starting from our subcontinent. In this article we will try to question and to propose through his formulations a new conception of utopia. Such concept is criticized by the German-Latin American thinker, to formulate a revitalizing view of the term. For this reason, we turn to the utopian tradition of Latin American thought to redefine one of the founding elements of our philosophy. This essay aims to conceive a new utopian conceptualization, which requires a timely analysis of such concept, obviously this new formulation is unknown by Hinkelammert, but I return to his criticism of utopianism to reformulate the terms that refer to utopia.
Keywords: utopia, criticism, Latin America, innocence, utopian imagination.
FRANZ J. HINKELAMMERT Y LA INOCENCIA UTÓPICA. UN LABERINTO QUE SE EXTIENDE
Franz J. Hinkelammert (1931) es un teólogo, filósofo y economista alemán que conoce nuestro continente desde su raíz, vivió en Chile cuando Salvador Allende fue elegido presidente por la vía democrática; observó de manera directa el golpe militar, además de la implementación del neoliberalismo en el laboratorio del mundo que en aquel tiempo era la nación chilena. Nuestro pensador es consciente de la dicotomía que viven nuestros pueblos quienes además han padecido un dilema de praxis fundamental: pensar en cómo los pueblos de América Latina conducimos nuestro destino. Esta interrogante ha resultado tan problemática para las generaciones anteriores como a las actuales, al grado de que parecemos vivir empantanados en ese dilema práctico: conducimos nuestro destino desde una vía pacífica, democrática; es decir, a través de las elecciones; o bien, acudimos a una forma más compleja, directa e incluso violenta: la revolucionaria[2].
La pregunta trascendente que nos hacemos ahora, de acuerdo con el contexto de aquella época y que puede tener un paralelo con la nuestra, es saber ¿si podemos seguir filosofando o utopizando con el fin de generar algunos elementos teóricos? O saber si ¿es inútil concebir a la filosofía utópica como un medio o una herramienta para transformar nuestra realidad a través de cierta praxis revolucionaria?
El momento que ahora nos toca vivir tanto a Franz J. Hinkelammert como a nosotros es un tiempo sin revoluciones, es una etapa histórica matizada y normalizada por los cambios democráticos, por las “revoluciones” o mejor dicho “transiciones democráticas”[3]. La vía electoral dio paso a los cambios de gobierno de manera tersa, pero con un capitalismo salvaje y un libre mercado dominantes; se acepta el cambio de gobierno, aunque las transformaciones estructurales son postergadas para el consecuente retorno de la derecha a los gobiernos, porque los pueblos que eligieron a la izquierda electoral quedaron desencantados o se ejecutaron golpes parlamentarios.
Desde la perspectiva que se presentó en el IX seminario internacional Norte-Sur en el lejano año (2002), Franz Hinkelammert planteó el derrumbe del capital global que, en su estrepitosa caída, se lleva de paso a toda la población mundial. Es imposible no rememorar el uso de la metáfora cinematográfica de aquel momento: Jurassic Park, tal imagen es la visualización hollywoodense del fin, la confirmación fílmica del caos y la destrucción ecológica gracias a la tecnología, el punto de vista del deterioro social, además de mostrar el fracaso ético, político y moral para administrar el colofón del mundo[4].
En ese ensayo clarividente Franz Hinkelammert, nos muestra cómo será el final: unos cuantos se salvan gracias al helicóptero que se encuentra en el lugar. Pero en aquel momento sentenció que no todos íbamos a entrar en el helicóptero. Hoy podemos decir que ni siquiera los que van en aquel aparato se van a salvar si no modificamos la situación en que vivimos. Esta visión de realismo pesimista es una posición crítica que avanza en tres momentos que se pueden resumir de la siguiente manera:
Crítica del mito prometeico del progreso científico-técnico
Crítica del pensamiento utópico tanto del capitalismo como del socialismo.
Crítica al modo de producción capitalista globalizado[5].
En su trabajo Hacia una crítica de la razón mítica (2007), parte del análisis fundamental del mito de Prometeo, para pasar revista a algunas de las interpretaciones históricas y la manera en la cual se ha interpretado, lo cierto es que en la profundidad mítica del relato, se cierne sobre el cuestionamiento al mito moderno del progreso, pero el subtítulo: El laberinto de la modernidad revela más de lo que a primera vista podemos pensar, en la concepción hermenéutica del texto se comprenden varias posibilidades de apertura que contradictoriamente nos deja el laberinto, se compromete en un sentido teórico la factibilidad de la salida o quizá la imposibilidad:
1 El laberinto tiene infinitos cuartos e infinitas puertas y en consecuencia no existe salida alguna.
2 El laberinto tiene sólo una posible salida y el hilo de Ariadna nos muestra que tenemos que salir exclusivamente por ese camino.
3 El minotauro también puede salir de ese laberinto constantemente.
4 En realidad ese lugar “sin salida” tiene más de una manera de escapar, como lo demuestran Ícaro y Dédalo: uno puede morir en el intento, si el sol le quema las alas; o bien, sobrevivir hasta la vejez. ¿Por qué razón Dédalo no pudo escapar de su propia creación? ¿Acaso creó el mecanismo perfecto?
5 El laberinto histórico, el palacio de Cnosos, fue destruido por otras civilizaciones o pueblos de manera constante.
Ese mundo laberintizado fue gestado por generaciones anteriores a la nuestra y la globalización es su último peldaño; no su consecuencia, ni resultado en el sentido lineal del término. Ahora bien, nosotros nos encontramos en una encrucijada más compleja que las generaciones anteriores, porque sí no salimos, puede que ya no exista la posibilidad de la pervivencia de la humanidad. El panorama es desolador. El minotauro, en el cuento La casa de Asterión, de Borges (1984), expresa: “Es verdad que no salgo de mi casa, pero también es verdad que sus puertas (cuyo número es infinito) están abiertas día y noche a los hombres y también a los animales” (pp. 69-70).
Franz Hinkelammert recurre a la imagen de Prometeo, yo me valdré de la imagen borgiana de Asterión. También dispondré de las representaciones de Dédalo e Ícaro como puente y salida que la misma razón ofrece desde otra dimensión, desde la Razón Critica. El hogar de Asterión es la metáfora de una sociedad que se recrea así misma, por medio de la racionalidad, originalmente son catorce los cuartos en ese laberinto, pero Borges sentencia: “sobran motivos para inferir que, en boca de Asterión, ese adjetivo numeral vale por infinitos” (p. 69), es decir, son catorce los cuartos que se multiplican por catorce cuartos, por catorce cuartos de manera infinita. El laberinto es un lugar sin salida. Al ser infinito no hay espacio para escapar de él: caminos (jardines) que se bifurcan, meandros que se ramifican.
La sociedad de mercado con su perene flujo de producción crea y recrea infinitamente un juego de fuerzas productivas, en tal espacio el hombre se encuentra atrapado por suerte de su misma creatividad destructiva, de su ingenio demoledor, de su “razón instrumental”. El neoliberalismo y la globalización son un laberinto inconmensurable y nosotros somos las partes infinitesimales que se encuentran en el reflujo del movimiento. Tal parece que esa forma espacial laberíntica es ilimitada, pero no su forma temporal. Aunque ello se deduce de la misma narrativa de la globalización. Este fenómeno unificó al globo terráqueo, que hasta antes de la “invención de América”, como asevera O’Gorman, se encontraba separado, pero esa “casa de Asterión” común a todos los seres humanos, pasa después de este hecho a configurarse en una prisión a cielo abierto. Aunque, el minotauro como la mayoría de nosotros cree fielmente lo contrario: “Otra especie ridícula es que yo, Asterión, soy un prisionero. ¿Repetiré que no hay una puerta cerrada, añadiré que no hay una cerradura?” (Borges: 1984, p. 70).
La morada de Asterión está abierta para aquellos pocos que puedan encontrar la salida, pero para la mayoría se encuentra la muerte a manos de la bestia.[6] Es decir, la metáfora del laberinto le sirve a Franz Hinkelammert para puntualizar la imposibilidad de realizar en la práctica tanto el “sueño neoliberal” como el “sueño socialista”, ambos devienen pesadillas para quienes los padecen, así lo refiere el mismo filósofo: “La secuencia neoliberal tiene sus conceptos límites respectivos en el equilibrio de competencia perfecta por el lado del orden y en el camino al caos por la orientación en la justicia social por el lado del desorden” (Hinkelmmert:1984, p. 133).
Podemos decir que hoy el neoliberalismo va ganando la batalla y al parecer tiene el “control perfecto”, aunque en el momento de la crítica realizada por Hinkelammert se pensaba que aún teníamos alguna salida. Por otro lado, ahora resulta evidente que el último riesgo al cual está sujeto el ser humano, como el pensador mismo señala: es la destrucción del planeta. La crítica del filósofo alemán en relación con las expresiones políticas del siglo pasado se puede sintetizar de la siguiente forma:
La crítica al mercado y la imposibilidad su autorregulación de forma que el “equilibrio perfecto” entre la producción, la oferta y la demanda serían en el fondo, el fin (Telos) del capitalismo y del neoliberalismo, las fuerzas se equilibran de manera automática.
En los Estados socialistas del siglo pasado se buscaba por el contrario la “planificación perfecta”, el orden o la planeación total por parte de los órganos administrativos a través de una centralización total, que busca el control de toda la producción, la distribución y el desarrollo pleno desde la organización burocrática.
En el “anarquismo” que busca la “libertad absoluta” del individuo se puede concebir conceptualmente el sentido incondicional de la libertad que se contradice así mismo. Y que está más cerca del ideal de autorregulación del mercado, en donde las economías se guían y se rigen a sí mismas independientemente de la fuerza estatal.
Importar lista
El filósofo alemán concentra la crítica al pensamiento utópico, puesto que específicamente el capitalismo, el socialismo y el anarquismo son colocados en cuestión, por sus resultados empíricos en oposición a su propuesta teorética. Hay que decir también de manera analítica, objetiva y conceptual que el sentido de lo utópico no se ve arrastrado por un huracán que eche por tierra toda posibilidad de imaginar nuevas formas de convivencia, pero sí logra poner en cuestión sus fundamentos. Pienso que aun cuando la crítica sobre el pensamiento utópico es clara, pertinente, además de necesaria, también existe la posibilidad de ser conceptualmente redefinido desde la tradición latinoamericana. Sin embargo, no debemos renunciar al sentido de la utopía como una condición de posibilidad para transformar la realidad, para la construcción de una sociedad más justa, equitativa e igualitaria.
Los pobres resultados tanto del mundo capitalista como del mundo socialista en el sentido de la protección de la libertad, la democracia y la atenuación de las desigualdades económicas contrastan con los ideales de tales planteos teóricos, pero específicamente del desarrollo ético de la sociedad es puesto en duda. Incluso cuando la “inocencia utópica” sobrevuela todo el siglo pasado, ello no implica la impostergable renunciar al sentido de la utopía práctica que se viene desarrollando dese hace mucho tiempo en nuestras sociedades en América Latina, al mismo tiempo esa conceptualización utópica puede ser un referente para el siglo XXI que ya tiene dos decenios en su haber. María del Rayo (2012) apunta una crítica discreta en ese sentido:
Lo imposible sometido a, o controlado desde lo fáctico, da como resultado lo posible…, primero, se da la imaginación y la conceptualización de los mundos perfectos que, por definición en Hinkelammert, son imposibles, y que luego estos mismos se someten a la factibilidad, por lo cual entendemos su plausibilidad empírica, para de allí derivar lo realmente posible. Nuestra pregunta a este planteamiento es ¿Por qué tiene que probarse fácticamente? Así puestas, y expuestas las cosas, ¿esta postura no esconde un remanente de cientificismo positivista que debería ponerse en cuestión? (p. 59.).
Es verdad que existe una disputa clara entre la facticidad y la validez de los sistemas económicos-políticos, pero la renuncia total al pensamiento utópico parece más una manifestación del desencanto que causó la caída de bloque socialista, para una parte de la izquierda, que la respuesta al fenómeno de la globalización. En mi opinión ese “remanente de cientificismo” se puede convertir en una peligrosa fuente de rechazo a la utopía.
En mi opinión el pensamiento utópico acompañado de la praxis concreta puede realizar o ejecutar una crítica plena al sentido de lo vivido en nuestros días desde la globalización o mundialización económica. Sin una proyección hacia una mejor sociedad, sin el deseo o el impulso práxico utópico o uto-práxico como lo he denominado en un determinado momento. Entonces no podremos objetivar empíricamente la realización de otro mundo con el que coinciden los zapatistas y también Hinkelammert. Si modificamos el dictum kantiano diríamos que: utopía sin praxis es vacía, la praxis sin utopía es ciega.
Es cierto que el fin de las utopías fue preconizado por los filósofos posmodernos, aunque la distancia que hay entre ellos y nuestro filósofo es abismal, pues el “fin de las utopías” que reclama el pensador alemán se presenta en la dirección de un cuestionamiento pertinente a los dos sistemas económicos que comandaron el siglo anterior: capitalismo y socialismo. Aunque el neoliberalismo permanece intacto pese a las crisis económicas, políticas y ahora la sanitaria. El neoliberalismo continuará con su “utopía del libre mercado”, esa tendencia que asegura el tránsito de mercancías sin restricciones; la circulación de bienes sin reservas; el movimiento claro del dinero abstracto sin límite; el tráfico de capital financiero auspiciado por esa premisa de libertad para el mercado; esclavitud y muerte para la vida. Lo cual condena empíricamente a una gran parte de los seres humanos al hambre, la miseria y el fin de la existencia.
La utopía del control total del estado cedió su paso a la utopía de mercado, pero ello no anuncia definitivamente la muerte de las utopías, sino el fin de un tipo de “utopía”. El pensamiento posmoderno es más bien antiutópico, mientras que el pensamiento de Hinkelammert marca el acento en la línea de la crítica utópica, para fundarse en el realismo político, hay que tener cuidado de la consecuencia última de sostener tal “realismo”, pues si se llegase a radicalizar estaría falto de un contenido epistemológico fundamental que es el campo de lo posible-probable. Lo cual no puede ser ignorado por la filosofía, por la economía y menos aún por la teología de la liberación que tiene por fundamento la esperanza de liberación de los pobres y que contienen un alto sentido de reflexión utópica. Tal sentido de la esperanza es recuperado por el propio Hinkelammert. El “realismo político” que se desprende de la desilusión utópica resulta una forma de cinismo en relación con las propuestas antiutópicas de los filósofos posmodernos.
El rito sacrificial que se realizaba en la isla de Creta se repite en la época de neoliberalismo inhumano, pues en el progreso que se anuncia, los jóvenes, la fuerza de trabajo, mujeres y niños, son esos sujetos a los cuales se sacrifica para apaciguar al dios dinero[7]. Al dios Mamón que pide nuevas víctimas para aplacar su ira. El capital es ese Dios que ahora exige la vida de los seres humanos, para generar más ganancia, con el fin de conservar el poder político y el económico por parte de quienes lo detentan. Sin embargo, para que esto sea posible se requiere que las fuerzas productivas entren al laberinto del progreso, que se vean atrapadas en el ciclo de la generación de mercancías y ganancias, mientras los sujetos desplazados por el capital languidecen o mueren al interior de ese círculo de círculos sin salida. Franz J. Hinkelammert (2007) apuntala el estatuto mitológico de la razón:
Por eso, Prometeo resulta el gran mito de la modernidad. Este mito es desde el siglo xvii/xviii el mito de la sociedad burguesa… En el Fausto, una obra prometeica también, resulta el mismo fracaso. La filosofía de Nietzsche es testigo igualmente de este fracaso. Y desde el siglo xx Prometeo es cada vez más una figura banal, mientras el grandioso mito del progreso ha sido burocratizado y mediocrizado en las tasas de crecimiento impulsadas por el FMI (p. 21).
El núcleo teórico de ese desenvolvimiento científico técnico y del desarrollismo económico en particular fue refutado por una gran cantidad de pensadores como Theotonio Dos Santos, Celso Furtado, en el ámbito económico; en el campo teológico por Gustavo Gutiérrez, Leonardo Boff; en el terreno filosófico desde la visión y análisis del propio Leopoldo Zea, Horacio Cerutti, Franz Hinkelammert, Enrique Dussel, Arturo A. Roig. De lo que se trata en ese momento es de realizar una crítica profunda al sistema liberal y neoliberal como expresión económica de esa modernización, matematización o fragmentación. Aunque la continuidad de la crítica se realiza desde la persistencia e incremento de las condiciones de injusticia en el continente, lo cierto es que se presentan alternativas a ese modelo neoliberal, o bien, se plantea el cambio o la transformación del arquetipo moderno[8].
Destaquemos que existe otra versión del mito en la cual encontramos a Dédalo arquitecto, inventor y creador del laberinto encerrado en el mismo laberinto con su hijo Ícaro. Dédalo articula una manera ingeniosa de salir de ese enredo en el cual cayó. A través de juntar las plumas de las aves y la cera que se encontraba en el laberinto se imaginó crear un aparato para salir volando, las alas funcionan como un mecanismo de salvación[9]. La salida individual que anuncia o muestra el mito es un subterfugio que tampoco corresponde a la mirada de los filósofos y pensadores latinoamericanos. El filósofo alemán juzga precisamente que la subjetividad individualista es una cara más de la modernidad, la cual nos encierra fatalmente en sus múltiples meandros. El sujeto que reclama nuestro pensador, siguiendo a Marx, no es el sujeto de la modernidad atrapado en medio de un sistema económico que supone la racionalidad absoluta, por medio de la cual se decide la mejor opción y la eficiencia máxima del capital:
Hay algo, que nos puede servir como una clave para entender este Prometeo de Marx. Se basa en la inversión de una conceptualización platónica. En esta tradición aparece la afirmación: el cuerpo es la cárcel del alma. El alma se siente desterrada y el cuerpo es el lugar del destierro. El mismo Cícero entiende, como vimos, el águila de Prometeo como el cuerpo que tortura el alma. En Marx aparece la inversión: la ley —y la ley para Marx es la ley del valor— es la cárcel del cuerpo. Prometeo está clavado en la roca por la ley y el águila, por tanto, es el torturador elegido por la ley. La ley resulta una jaula y no puede haber liberación sino frente a la ley (Hinkelammert. 2007: p. 28).
El sujeto por el que se aboga aquí es un sujeto que recupera el valor de la corporalidad, tal subjetualidad deja un lado a la ley cuando la ley no sirve para el ser humano, la pregunta esencial es ¿la ley está hecha para el hombre o el hombre está hecho para la ley? El ser humano que se humaniza por la mediación de sus creaciones es quien crea las leyes para perdurar en la vida, para perseverar en su ser:
El crecimiento de la economía mundial globalizada puede ser tan alto como se quiera, sin embargo no podrá cambiar la situación de exclusión de grandes partes de la población. Además, cuanto más se lo fomente, más destruirá el medio ambiente natural del ser humano. Pero no llevará a la superación de la exclusión. En la actualidad, la exclusión de la población y la destrucción del medio ambiente natural van de la mano (Hinkelammert, 2001: p. 19).
La automatización del trabajo humano, su maquinización y virtualidad son efectos del mundo fáustico y no del prometeico, éste nos dio apenas el fuego como techné, aquél nos ofreció el domino individual de las ciencias, la teología, las artes ocultas que se vuelven en contra del ser humano que las creó, para robar su alma y despojarlo del cuerpo. Sin naturaleza no puede existir la humanidad, esta idea es de sentido común, aunque el hombre cree poder controlar incluso a la naturaleza; su ingenio y su “astucia racional” conciben a este mundo como reservorio infinito o piensa que ese mundo se puede reconstruir una vez agotados casi todos los recursos, por mediación de la propia ciencia y tecnología; jugamos a ser dioses y rubricamos un pacto con el diablo en donde nuestra existencia es garante, confiamos ciegamente en nuestra razón, en tanto que tal racionalidad nos posiciona por encima de Dios y el Diablo. La “racionalidad” es la demonización de la humanidad, libramos así nuestra consciencia ética de la responsabilidad que representó explotar el planeta con la irracionalidad de la razón[10].
EL FUTURO DEL FAUSTO CONTEMPORÁNEO
En el sentido más fúnebre del futuro humano, cuando parece que ya todo está perdido, en ese momento la disposición de conocimiento aún puede ser una tabla de salvación, aunque esta racionalidad tendría que ser reconsiderada en su contenido epistemológico, reorientada en su sentido pragmático y enriquecida en su matriz lógica. El concepto de racionalidad universal y necesaria postulado por Kant adquiere un matiz menos pretencioso y, sin embargo, posee un alcance mayor. Si la razón se descentra para ocupar un lugar periférico entre las otras formas de conocimiento que son reconocidas por la episteme como serían: la percepción, el entendimiento, la inteligencia, las pasiones, los afectos, entonces podemos decir que la razón retoma su sentido originario, esto es, se reconoce limitada y sobre sus lindes se vincula a los otros saberes.
Asimismo, sí la “racionalidad técnica” o la “razón instrumental” cede, poco a poco, aunque sea paulatinamente su poderío sobre las otras formas de racionalidad, es decir, si la “racionalidad dialógica” consigue mostrarnos el camino de un auténtico debate o la generación de consensos; por otro lado, sí la racionalidad utópica nos puede ofrecer perspectivas ya no técnicas, sino humanísticas para configurar un futuro en búsqueda de la permanencia de la vida. Finalmente, sí la racionalización adquiere una variación de matrices lógicas que implique el análisis de lógicas dialécticas, polivalentes, lógicas de la complejidad y no se fundamente de forma exclusiva en la lógica analítica o formal que pretende tener validez científica irrefutable. Pienso que, si se cumplen tales momentos, entonces podremos interrumpir ese proceso de destrucción que acontece contra el mundo y contra la humanidad.
Considero que sólo entonces podremos conseguir conservar la vida, antes que producirla y reproducirla. Ahora que vivimos en una época de peligro y de falta de recursos, tanto la ciencia como la aplicación concreta de ella (la técnica) nos siguen presentando una idea de salvación cuasi milagrosa: es con más ciencia que terminaremos con los efectos contrarios que causó la ciencia, esta hipótesis parece insostenible en este tiempo. Trasladando esa misma lógica al mercado podemos señalar que los teóricos pretenden atenuar las consecuencias negativas del capital con más capital. Frente a ello, hoy tendremos que colocar el foco de nuestra atención en asegurar el cuidado de la vida, su conservación en el planeta, además de atesorar la vida humana en una dimensión simbiótica con la vida planetaria. Pero creo a diferencia de Franz Hinkelammert que esto sólo lo podemos lograr si restituimos también el sentido concreto y transformador de la utopía. Sin los sujetos utopráxicos no se logrará la finalidad que tanto persigue el filósofo alemán y que yo comparto: “Hoy, la sobrevivencia de la mayoría de la población mundial solamente es posible, si sobrevive en producciones no-competitivas en el marco de una competencia globalizada” (Hinkelammert, 2001: p. 21-22).
La utopraxis puede ser un instrumento tanto teórico como práctico que nos asista en la transformación del capitalismo voraz que cada vez más frecuentemente presenta a la realidad como un desierto postapocalíptico en donde sólo unos cuantos podrán sobrevivir. La emergencia parece indicarnos que lo principal en este momento es conservar la vida, hacer que los seres vivos continúen vivos, aun cuando esto suene redundante; pero ello no se puede lograr si no cambiamos el modelo económico y pretendidamente racional en el cual nos desarrollamos. ¿Hay salida para este laberinto? Intenté mostrar que hay diversas vías de salida a lo largo de nuestro ensayo.
La aportación más importante y que todavía no mencionamos es la resistencia que nuestros pueblos indígenas realizan desde que fueron colonizados y nuestra tierra fue expoliada por un sistema que se modificó en la medida en que se transformó el sistema económico propiciado por esa misma explotación; la acumulación del capital vino acompañada de diversas formas de resistencia, desde la identidad cultural, hasta las formas económicas tradicionales acuñadas por esos mismos pueblos que jamás se entregaron locuazmente al deseo y a la avaricia, o al goce individualista que pasa por encima de esas comunidades. En nuestra época los movimientos indígenas en Nuestra América son un referente en la defensa de la tierra, un símbolo de una vida que puede ser experimentada desde nuevas maneras de interpretar el mundo y de transformarlo. La identidad cultural y las divergencias entre nuestros pueblos no son un defecto, sino una condición de posibilidad para mantener un diálogo con las culturas de nuestra región y de otras geografías.
Cambiar o modificar las condiciones “competitivas globalizadas” es nuestra eutopía permanente, las acciones de solidaridad, las manifestaciones políticas que dan cuenta de una economía que coloca en el centro de la ética y de la episteme el sentido de un buen vivir es el gran aporte de algunos pueblos e individuos que de manera habitual luchan por crear nuevas formas de comprender la realidad, poseen cosmovisiones que potencializan elementos teóricos para una transformación de lo real acorde a los peligros que se nos colocan enfrente.
Para crear un marco categorial y conceptual pertinente a la época no basta con el realismo que desencadene la única vía, ni con el empirismo que nos condena a las ataduras de los hechos tal como son. En mi opinión, tenemos que ir más allá, nuestra imaginación utópica y la creatividad intelectual del utopista no renuncian al realismo como tampoco desechan el empirismo, pero sí se colocan en un análisis crítico de la realidad que nos permitiría plantear nuevos escenarios de la realidad, aun cuando el utopista también sabe de los riesgos del futuro, pues no está acostumbrado a soñar mundos perfectos ni a soñar despierto, cuando conoce de primera mano al mismo sujeto que crea la historia y que se encuentra rodeado de deseos positivos o negativos, pasiones alegres y tristes, o bien, que se mantiene atado a un egoísmo acrítico y autosatisfactorio.
No es Fausto quien abre las puertas a una nueva forma de conocer, sino quien las cierra a un destino trágico para la humanidad, es el espíritu fáustico, pero el romanticismo nos muestra cierta unidad entre lo terreno, lo divino y lo humano, esto puede fundirse con el deseo de nuestros pueblos de compensar las faltas que en otros tiempos la humanidad infringió contra lo existente, este mundo vivo y los mundos de vida comparten un mismo fin. Si no prosperan ambos, nos perderemos. Sólo entonces la “inocencia utópica” dejará de parecernos tan ingenua y quimérica como se ha creído hasta ahora que es la utopía, por eso con el neologismo utopraxis concebimos una lucha larga y concreta entre la realidad y la dimensión imaginativa, creadora o premonitoria. Pero sin llegar a la simple abstracción idealista, sino reforzando los saberes de pueblos que han sido marginados, lanzados a la periferia o ignorados intencionalmente por la historia. El futuro está en nuestras manos y probablemente sea una de nuestras últimas oportunidades para transformar y cambiar las cosas.
CONCLUSIONES
Alimentar el espíritu de conocimiento, por mediación de heterogéneas formas de saberes y distintas racionalidades, da como resultado la apertura de una o más vías con las cuales demarcar un nuevo camino para la humanidad. La racionalidad práctico instrumental ejerció su poderío durante los últimos siglos, incluso cuando otras formas de racionalidad convivían con ella. Es en estos momentos de incertidumbre para la sociedad, en donde las crisis de diversa índole como la política, la económica o la de salud impuesta por un virus que modificó nuestra realidad, que podemos pensar en retomar y vislumbrar otras formas de racionalidad tales como la racionalidad discursiva, la racionalidad racional, la racionalidad utópica y no apostar únicamente a la razón práctico instrumental. Cuando Kant escribió sus obras sobre la razón y dividió en tres a la razón: concibiendo la forma práctica, la teorética y la del juicio como dimensiones diversas de una misma racionalidad, abrió la vía para descubrir otras formas complementarias de esa razón como la razón discursiva, la razón intercultural o la razón utópica.
Todo aquello que hoy es útil para nuestras sociedades en el sentido pragmático resulta inútil para conservar nuestra vida, mientras que aquello que concebimos como inútil es tan necesario para poder sobrevivir que el sentido ético, la “realidad” de nuestras sociedades contemporáneas distorsiona el sentido de lo real mismo y con ello hiperfetichiza el mundo objetual. Si es verdad lo que plantea Žižek en su libro El sublime objeto de la ideología en donde asevera que más allá del goce hay un “plusgoce” desarrollado en las sociedades neoliberales, el cual pretende hacernos gozar más allá del goce mismo, la hipótesis mantiene otra cara de la misma moneda que se encontraría en la plusfetichización, en tanto que el objeto no sólo es ansiado para la satisfacción del deseo, o anhelado para la salvación como es el caso de la religión, en la medida en que el capitalismo desplazó a Dios de su centro, el dinero, el capital y el mundo de los objetos se encuentran por encima del fetiche mismo, generando así una fetichización del fetiche. Una hipertrofia de la razón práctico instrumental es resultado de ese movimiento de la consciencia.
Por eso creo que como lo asegura Franz Hinkelammert, el camino para plantear una nueva sociedad pasa por la crítica a la religión tal como la realizó Feuerbach, porque la crítica a la religión es hoy por hoy la crítica al neoliberalismo.
Con todo, me distancio de la forma en la cual Hinkelammert plantea el análisis del pensamiento utópico, pues en mi opinión resulta fundamental recobrar la racionalidad utópica como la concreción materializada de la praxis. El sentido idealista y de la utopía no se recrea en la postura que mantengo respecto al concepto mismo, en el término prevalece la figura de la materialización. Utopizar no se reduce a la simple acción mental de idealizar, se complementa con el hecho de transformar.
Sean estas palabras un homenaje a Franz J. Hinkelammert a los noventa años de su natalicio, ojalá que su producción filosófica continúe tan fructífera como siempre y nos sirva de guía para los tiempos venideros.
Notas
BORGES, J. L. (1984). El Aleph. Alianza Editorial: México.
DUSSEL, E., MENDIETA, E., BOHÓRQUEZ, C. (2011). El pensamiento filosófico latinoamericano del Caribe y “latino” [1300-2000]. Siglo XXI: México.
FERNÁNDEZ, E. (2001). El pensamiento de Franz Hinkelammert desde la perspectiva de una filosofía latinoamericana. Recuperado de CONICET_Digital_F.pdf
GOETHE, J. W. (2004). Fausto. Ediciones Catedra: Madrid.
HINKELAMMERT, F. (1984). Critica de la razón utópica. Editorial DEI: San José, Costa Rica.
HINKELAMMERT, F. (1990). Teología alemana y teología latinoamericana de la liberación: un esfuerzo de diálogo. Editorial DEI: Costa Rica
HINKELAMMERT, F. (2007). Hacia una crítica de la razón mítica. El laberinto de la modernidad. Materiales para la discusión. Editorial Arlekín: San José, Costa Rica.
HINKELAMMERT, F. (2012). Lo inútil es indispensable, Editorial Arlekín: San José, Costa Rica.
HINKELAMMERT, F. (1998). “La economía en el proceso actual de globalización y los derechos humanos”. Recuperado de http://www.ufg.edu.sv/ufg/theorethikos/Noviembre98/hinkelamert.html
HINKELAMMERT, F. (2021). La crítica de las ideologías frente a la crítica de la religión: volver a Marx trascendiéndolo. CLACSO: Buenos Aires. Recuperado de critica-ideologias.pdf (clacso.edu.ar)
LANDA, R. (Coord). ALVARADO, D. y AZUAJE, M. (Eds) (2018). El vuelo del fénix. El Capital: Lecturas críticas a 150 años de su publicación (1867-2017). CLACSO: Buenos Aires. Recuperado de El_vuelo_del_Fenix.pdf (clacso.edu.ar)
RAYO, M. del (2012). Utopologías desde nuestra América, Ediciones desde Abajo: Colombia.
[2] A Hinkelammert le tocó observar el proceso de la elección democrática con el presidente Salvador Allende (1908-1973) en Chile, en el ya lejano año de 1970, cuando la “Revolución” en el subcontinente se encontraba en pleno auge. Después del triunfo de la Revolución cubana (1959) y de los diferentes movimientos armados que surgieron en nuestra región, especialmente en Centro América, parecía que sólo teníamos dos vías: la electoral o la revolucionaria.
[3]A todo ello hay que añadir los grandes problemas ecológicos producidos por la ciencia y el desarrollo técnico-tecnológico que demandan al ejercicio filosófico una reflexión profunda, la pandemia de Covid 19 nos ha mostrado que es necesaria una concepción más amplia de la relación entre dinero, mercado, medio ambiente y ética. O que quizá esa relación es imposible, una contradicitio in terminis, por ello sería necesario pensar en un cambio o transformación radical del sistema neoliberal.
[4]Esta metáfora la escuché en el congreso mencionado hace casi 20 años, pero también aparece en una ponencia presentada en la UCA en San Salvador, que lleva el título: La economía en el proceso actual de globalización y los derechos humanos (1998). Recuperado en: Franz J (ufg.edu.sv) En esta conferencia Franz Hinkelammert asevera que el mundo neoliberal, desde la lógica de la razón instrumental, sólo nos puede acercar al colapso: “Todo ocurre como en la película Jurassic Park"... Para los dinosaurios se trataba evidentemente de una distorsión de la competencia, a pesar de que esta situación para los seres humanos dio el ambiente de seguridad con el resultado, que su posibilidad de vivir no era distorsionada. Sin embargo, con el huracán de la globalización cayeron todas estas distorsiones para los dinosaurios. Los tirannosaurus rex podían moverse ahora sin ser distorsionado en su libertad y el velociraptor lo podía asaltar libremente. Por fin eran "global players". Pero ahora estaba distorsionada la vida de los seres humanos. Perdieron todas sus defensas. En la película había un helicóptero, en el cual podían fugarse y por tanto se podían escapar. Pero en nuestra realidad no hay tal helicóptero, en el cual podríamos escaparnos. Tenemos que defendernos en el terreno. Si no lo hacemos, no nos espera un helicóptero de salvación, sino el viaje del Titanic. La gran creación de mitos de la fábrica de Hollywood ha creado mitos bastante realistas”.
[5] Franz J. Hinkelammert desarrolla su análisis crítico en el marco de la tradición kantiana, pero su filosofía también posee el sello de la escuela crítica de Frankfurt, tales fuentes confluyen en su determinación epistemológica. Aunque no debemos olvidar que su concepción gnoseológica se nutre de aspectos que van de la teología de la liberación, pasando por sus acotaciones económicas y configuran un sistema en el que se puede nuclear: la filosofía de la liberación.
[6] Cuando se mandó construir este laberinto, se le pidió a Dédalo, que de tal lugar no pudiera escapar el minotauro, ese ser monstruoso, fuerte, irracional, de doble naturaleza, con el cuerpo de un hombre, pero el torso del toro blanco, que además parecía inmortal. Dice Borges en el libro Manual de zoología fantástica: “Éste comía carne humana; para su alimento, el rey de Creta exigió anualmente de Atenas un tributo de siete mancebos y siete doncellas. Teseo decidió salvar a su patria de aquel gravamen y se ofreció voluntariamente. Ariadna, hija del rey, le dio un hilo para que no se perdiera en los corredores; el héroe mató al minotauro y pudo salir de su laberinto”. (Borges,2009, p. 101.)
[7] Hay que decir algo más sobre la utopía. En una de las variantes del mito de Teseo y el Minotauro, es Teseo quien resulta victorioso y mata al minotauro; el ateniense logra salir del laberinto gracias al hilo de Ariadna. El ser humano sale por obra de su astucia —¿Astucia de la Razón o Astucia de la vida? —, encuentra la manera de retornar a la entrada principal, regresando al punto inicial. Ariadna aconseja a Teseo que lleve su hilo y lo tienda por todo el camino, de forma que cuando logre matar al minotauro, entonces tome de nueva cuenta la hebra y vuelva sobre sus pasos. ¿Será posible la vía de regreso para la humanidad? ¿Acaso podremos salir de laberinto creado por la Modernidad y la racionalidad occidental a través de la misma razón? ¿No es el mito mismo de la razón instrumental un contrasentido racional? ¿Será más bien que el camino por el cual debemos andar es un camino utópico que nos haga colocarnos por encima de las limitaciones del sistema? ¿Será que la víctima -para utilizar el término teológico- puede tomar en sus manos la dirección de su vida y aniquilar al minotauro?
[8] Es cierto que no se puede tratar a este conjunto de teóricos en bloque, pero sí es pertinente decir que ninguno de los autores mencionados concibe un punto de retorno. Se reflexiona en las consecuencias del neoliberalismo, de la Modernidad, de la fragmentariedad posmoderna. Pero no se quiere volver atrás, pues lo que existía antes tampoco era mejor de lo que hay ahora. Con esta consciencia crítica el punto de retorno con el hilo de Ariadna no nos asegura ni el cambio de sistema ni la transformación revolucionaría de ese paradigma, no asegura un nuevo inicio. Pero hay otras salidas del laberinto que no implican retrotraerse al punto de arranque.
[9] Sólo que tal alternativa implica un riesgo alto, pues si se vuela demasiado alto el calor del sol puede derretir la cera que une las alas, así como éstas se pueden empapar y humedecer con la espuma del mar. En ambos casos se cae al abismo. Tal fue lo que le aconteció a Ícaro quien deslumbrado por el sol se precipita al mar, por querer alcanzar al sol cayó como una flecha y Dédalo nada pudo hacer. Aunque él sí llegó a tierra firme y tuvo la posibilidad de vivir en otro reino.
[10] Esta etapa de Antropoceno, por la cual atravesamos, es la época en la cual se hace patente la destrucción del mundo como lo conocemos, ya no por catástrofes naturales o por la autorregulación de la misma naturaleza. Por el contrario, sucede que la sobre explotación de los recursos naturales, como carbón, gas, petróleo, litio; además de la deforestación, la emisión de contaminantes, la polución de mares y ríos, incluso la huella ecológica concreta e individual representan un riesgo, ya no digamos para la actividad humana, sino para especies que desaparecen cotidianamente y para la vida misma del género humano.