Resumen: La separación entre Naturaleza y sociedad, es la lógica del poder. Esta separación hace que la Naturaleza se sitúe al servicio de una sola especie. Esta forma de razón es hegemónica y se encuentra en toda acción etiquetada como científica. Sin embargo, el ejercicio de la vida es consubstancial a la práctica científica. Sabernos naturaleza, implica que analizar o conocer el mundo separándose de ese mundo, es apoderarse de él, es ejercitar el poder, lo que nos conduce a maniobrar al mundo a nuestro antojo. Conocer la vida desde otra óptica, desde nuestras vivencias de la comunalidad, es sabernos parte, dentro o naturales del propio mundo que habitamos.
Palabras clave: comunalidad, pueblos originarios, conocimiento, ciencia, decolonialidad.
Abstract: The separation between Nature and society is the logic of power. This separation makes Nature place herself at the service of a single species. This form of reason is hegemonic and is found in all actions labeled as scientific. However, the exercise of life is consubstantial to scientific practice. We recognize ourselves as part of nature, then analyzing or knowing the world by separating from that world, is to seize it, is to exercise power, which leads us to maneuver the world at will. To know life from another perspective, from our experiences of communality, is knowing ourselves part, within or natural of the world we inhabit.
Keywords: commonality, original communities, knowledge, science, decoloniality.
Notas y Debates de Actualidad
Sabernos naturaleza para razonar y construir conocimiento
We recognize ourselves as part of nature to reason and build knowledge
Recepción: 18 Octubre 2021
Aprobación: 11 Enero 2022
El mundo, el planeta, siempre ha padecido pandemias. El que la actual Covid-19, provoque mayor conmoción, es por la elevada comunicación cibernética con que se cuenta. El que ahora sea súper comentada, es porque demuestra que la humanidad está atenta de todo, vía sus intereses económicos y políticos, o simplemente por la globalización de las relaciones humanas.
Sin embargo, debemos tener claro que independientemente de si el virus fue obtenido para hacer maldad, o bien su existencia es un resultado natural de x razones, lo cierto es que se demuestra que el mundo está vivo, y como tal las interrelaciones entre sus elementos o los seres que le habitan generan alteraciones a otras especies, y eso demuestra que la humanidad, como una de tantas especies, es tan vulnerable, que solo le quedan mecanismos extremos para medio defenderse.
Esto explica de manera brillante cómo los seres vivos estamos ligados a la vida del planeta. Es decir, que la humanidad no es lo que se ha pensado, el ser más inteligente, el ser todo poderoso, que puede maniobrar al mundo a su antojo. Se reafirma con ello, que la Ciencia, ha estado al servicio, estudia o conoce más a la Humanidad, y no tanto conoce la dinámica del planeta.
Un bichito ha puesto en jaque a toda la humanidad. Por ello es momento para reflexionar sobre otras maneras de interpretar al mundo, otras maneras de concebir el cómo habitarlo. Pero otra interpretación, definitivamente no está en manos de la humanidad. Lo que compete a la humanidad es cambiar el razonamiento hegemónico, el que fundamenta el poder, la propiedad y el mercado. El que a la fecha ha depositado en el mercado, la Industria, el poder de la acumulación, es decir, los principios básicos que en la actualidad, que se puede decir, han garantizado el modo de existencia actual de la humanidad.
No se puede seguir razonando desde la economía, es decir, la humanidad no puede ver al planeta como una serie de elementos para garantizarse la existencia. Sin antes dialogar con el mundo, es decir con el resto de seres vivos, y la vez con el propio suelo que en cada región elabora sus propias estrategias para compartirse.
Puede llamarse a esto, reconocer otra filosofía, reconocer otra epistemología, o bien nuevos paradigmas, otras cosmovisiones. Se está ante el reto de un nuevo razonamiento, que claro, no cambiará de la noche a la mañana, pero si empezará a abrir caminos diferentes para todos, en cada región que habitemos el mundo.
EL MUNDO ESTÁ VIVO
El pensamiento hegemónico o dominante, no viene de cercanos tiempos. Nos podemos ir hasta donde la historia escrita nos ayuda. Esto quiere decir, que la humanidad, no se ha adueñado de planeta recientemente, sino que su dominio es antiquísimo.
Pero también debemos de dejar en claro que la relación entre humanidad y naturaleza, no se da de la misma manera en todas las regiones existentes en el mundo. Lo hegemónico se ha conseguido a través de la colonia, de la violencia, de la invasión, de la barbarie.
Si bien no tenemos referentes escritos que nos demuestren una distinta relación, entre sociedad y naturaleza, podemos elucubrar a partir de los testificantes elaborados en códices, o esculturas que podemos encontrar en regiones sin historia escrita, o con escritura desconocida. Y reafirmarlos, con la actitud actual que tienen pueblos originarios que habitan regiones específicas, que han logrado reproducir una amplia gama de elementos, de conocimientos, que guardan de manera práctica y útiles en su contexto. O sea, se puede distinguir el ejercicio del poder, desde la era o los tiempos de los mongoles, como también el ejercicio del Respeto profundo, desde antes de la llegada de los invasores europeos a nuevos continentes conocidos ahora como América y África.
Si bien el papel o el poder de la ciencia al servicio de la humanidad no es muy antiguo, podemos afirmar, que su ejercicio como tal, es paralelo en otro tipo de sociedades que padecieron el período pre y colonial.
En otras palabras, podemos afirmar que toda sociedad ejercita observación y experimentación científica, en cualquier espacio o tiempo que le toque vivir. El ejercicio de la vida es consubstancial a la práctica científica. De esa manera se explica el alto grado de uso que tuvieron las matemáticas, la observación, la reflexión en las sociedades americanas existentes antes de que fueran América.
El ejercicio del poder, llevó a la práctica científica a convertirse en un instrumento al servicio de la humanidad. Siempre se buscó la comodidad del poder, y en su discurso, social, el poder encuentra en el ejercicio científico, el instrumento ideal para conservar y consolidar el poder.
Los avances en la medicina, en la ingeniería, ahora en la electrónica, se logran para dar comodidad y para preservar la vida, la que por cierto otras sociedades habían logrado sin tantos recursos específicos para ello. Y ahora resulta que esta ciencia moderna y súper avanzada, queda a merced de la existencia de un bicho, que pone en jaque a toda la humanidad. Esto demuestra, que la modernidad impulsada por el poder fincado en la industria, el comercio y el capital y avalado por su ciencia, ha encerrado en un laberinto sin salida al planeta en su conjunto.
EL MUNDO TIENE OPCIONES
Para salir del laberinto en que nos han metido, que más bien son arenas movedizas, porque cada acción nos hunde más, es necesario cuestionar la raíz de nuestra forma de pensar, del razonamiento que nos elaboran desde el nacer.
Desde el sentido común, (y es común, porque son experiencias que todos van edificando de generación en generación) neciamente, creemos que existen dos formas de ver al mundo. Comprender al mundo, proveniente de una matriz, o la otra, creyendo ser el médico. Es decir, o ser creación, o bien sentirse el dios creador.
Afirmamos que es muy diferente ver al mundo sintiéndose fuera del mundo, lo que es más fácil y hasta cómodo, que sentirse dentro. Pues, una cosa es interpretar al mundo y otra vivirlo.
Lo explicaremos de manera vulgar. Al nacer, cuando a uno le cortan el cordón umbilical, empieza a ver al mundo, a interpretarlo desde fuera. Nuestros ojos son quienes lo ven, nuestras manos lo tocan, y los oídos son los que escuchan, y así. Uno puede razonar que todo es algo que atrapamos, que son nuestros sentidos los que lo dibujan, y por lo mismo, la sensación de poder, del yo, el individuo, empieza a existir desde lo más profundo del ser.
Esto que parece una tontería, es la razón natural que podría justificar la existencia del poder. En otras palabras, mirar el mundo como independiente de nosotros, nos genera independencia, y con ello, la seguridad de que uno es el que define lo que ve y no ve.
Desde esta perspectiva, se puede afirmar que el poder es natural en el ser humano, y es esto, quizás lo que ha hecho que todos recibamos y por lo tanto, nos formemos a través de interpretaciones del mundo, las que nos ofrecen filósofos, antropólogos, los profesionales de todo orden, incluso los dedicados a lo que actualmente se le nombra Ciencia, que no hacen más que interpretar al mundo. Alguien por ahí afirmaba lo mismo, pero añadía, “lo que se trata es de transformarlo” (al mundo). Y resulta, que se le busca transformar, a través de más interpretaciones, desde el poder que te dan tus sentidos y que se expresa en tu interpretación.
Es por ello que siempre se considera necesario, si queremos que el mundo sea como lo deseamos, obtener el Poder. Un razonamiento o una perspectiva infinita, que no conduce a nada, sino o solamente, a la lucha o competencia por conseguir el poder.
Nos percibirnos dentro del mundo, es lo más anticientífico que nos puede pasar. Nos cosificamos o convertimos en máquinas que observan una realidad a la que no pertenecemos.
En la medida que nos abstraemos de la realidad en la que intervenimos de manera concreta, nos alejamos más de su posible comprensión. Esto significa, no comprender nada, pues al salirnos de una realidad, se cancela la llamada “Objetividad”, que tanto reivindica el ejercicio de la Ciencia. Principalmente la Ciencia Social. La separación entre sujeto y objeto, cancela irremediablemente lo que podría significar acercarse a la realidad.
Subjetivar la investigación social, dicen los que persiguen la objetividad, es perder el carácter científico de su trabajo. Pero al ser como investigador parte de esa realidad en estudio, la visión externa se da desde el poder de la interpretación, y como tal, tu investigación ya no es verdadera, real, o seria.
El analizar o conocer el mundo separándose de ese mundo, es apoderarse de él, es ejercitar el poder, lo que nos conduce a maniobrar al mundo a nuestro antojo.
La diferenciación de razón y emoción separa a las ciencias de las artes. Es increíble, darnos cuenta que incluso se señalan hasta partes del organismo como depositarios, unos de la razón, y otros de la emotividad. Por ejemplo, que el cerebro es lo racional y que el corazón es el sentimental. Esta visión invade toda literatura, y es de ahí que podamos afirmar, que hasta los sentimientos obviamente la razón, están mediadas por una interpretación, que fortalece el poder, es decir que obliga al ser en fundamentar desde él, su interpretación de la vida.
SABERNOS NATURALEZA
Para cambiar o ver la vida desde otra óptica, la primera cuestión que nos lleva a sabernos parte, dentro o naturales, es darnos cuenta que respiramos. Esta acción es casi imperceptible, hasta cuando por alguna razón, nos damos cuenta de su ausencia, aun así, el oxígeno no se valora en su justa dimensión; que se necesita para vivir. Sin respirar al mundo, no existe vida. Todos, literariamente damos más importancia a los latidos del corazón, si tomar en cuenta que esos latidos, responden a la respiración.
El que respirar se vuelva imperceptible, quiere decir, que la vida es natural, y que como seres de consciencia, la desechemos de la interpretación de lo que percibimos con el resto de nuestros sentidos. En otras palabras, no percibir lógicamente que respiramos demuestra nuestra existencia natural, como parte de un universo mayor, como seres que dependemos de un todo, un todo que da vida a todos.
Dicho de otra manera, vivimos lo natural y por lo mismo no alcanzamos a percibir, que para vivir, respiramos, y que respiramos para vivir. Somos naturales, parte integrante de esa naturaleza, por eso investigación que no tenga consciente esa realidad, no es real, y solo obedece a la prepotencia que se adjudica la humanidad por encima de la naturaleza.
Es fácil entender que la humanidad se entiende fuera del mundo, si en nuestro razonamiento invade el adoctrinamiento de que es el “Dios todo poderoso”, el creador del cielo y de la tierra, por lo mismo, quien nos concibe.
Un segundo elemento constituyente de nuestra existencia es el agua. Se nos ha dicho que un alto porcentaje de los elementos que constituyen nuestro organismo es agua, aun así, la existencia del agua la damos por hecho, y percibimos su ausencia solo cuando nos hace falta.
El agua no la produce la humanidad, sino la naturaleza en su conjunto, y es un elemento del que también dependemos todas las especies. La vegetación que nos rodea, está diseñada por la cantidad de agua que existe en cada contexto territorial. No es lo mismo la vegetación de un desierto, que la de una selva. Diríamos, que es el agua el elemento central que define la diversidad geográfica que habitamos. Tan es así, que el Poder hegemónico, hace todo lo posible por controlarla, y además suministrarla, para consolidar su poder. El manejo del agua ha permitido que la humanidad y dentro de esta, un sector social diseñe el futuro de todo el planeta.
Si somos oxígeno y agua, entonces, nuestra existencia es eminentemente Natural. Pero al no percibir que respiramos en primera instancia, nos da el poder de acumular poder, es decir, sentirnos autónomos del mundo y como tal creer que el mundo está fuera de nosotros, cuando la verdad es que somos parte del mundo al respirar y tener al agua como elemento vital.
La separación entre Naturaleza y sociedad es la lógica de poder. Es decir, La Naturaleza se sitúa al servicio de la sociedad, es decir de la humanidad, o sea al servicio de una sola especie. Y en la medida que esta razón o modelo de pensar es hegemónica, lo encontraremos en toda acción etiquetada como empírica o científica. Es más, el solo hecho de separar la ciencia de todo proceso creador de conocimiento, revela su papel de servicio al poder, no solo al sector social en el poder, sino, a la lógica misma de poder.
Aclaremos, una cosa es reproducir en nuestro razonamiento la lógica de poder, o sea la de abstraerse del mundo natural y la otra, el que la ciencia esté sujeta a los intereses del sector, clase, grupo, que ostenta el poder político y económico, y que redondea con el manejo ideológico de su razonamiento.
LA CIENCIA SOCIAL
Las ciencias sociales nacen precisamente para orientar las necesidades del razonamiento del poder. Desde que nació la preocupación por los otros (humanos), en la solución de sus problemas, de satisfacer necesidades y en concreto, del saber qué hacer para controlar al resto de la humanidad, tanto la sociología, como la antropología hacen su aparición, desde la intencionalidad del poder. Recuerden nada más, como la antropología estuvo a la orden del poder colonial.
Sin llamarse como tales, las preocupaciones sociológicas o por los derechos sociales, o de la de encontrar fórmulas adecuadas de gobierno, se hacen notar en la vida cotidiana en continentes, precisamente, fundados en la lógica del poder.
Esto se ve en Asia, centro Asia, Europa, espacios es donde la exacerbación del poder evoluciona el régimen monárquico, por la vía de la sangre, o literalmente por la fuerza de la guerra. No podemos asegurar que esto se de en todo el mundo, simplemente por la ausencia de referentes escritos.
Las ciencias sociales estudian o investigan al otro, incluyendo la psicología. Es decir, proceden desde el poder de saberse fuera de la situación. Al no incorporarse el investigador dentro del “objeto de estudio”, su método o procedimiento manipula la información que explica el fenómeno que desea demostrar. Una ciencia social que se sale de la realidad para estudiarla “objetivamente”, deja de ser ciencia, para convertirse en simple instrumento del poder que emite en su reflexión, como a la instancia que le solicita el estudio, o que le financia el trabajo.
Si la humanidad es una especie, no puede estudiar a su misma especie, separándola de las otras que integran el universo. Esto ubica a la ciencia social en una doble alteración de su realidad. En primera, cuanto se ubica fuera del mundo, y en segundo cuando separa a la humanidad de todos los seres vivos que conforman el universo.
La visión sanitaria actual se centra en la humanidad, y las soluciones las busca en el homo mismo. Es decir, aísla al homo, y en él busca la explicación y la solución del problema. Es tal la prepotencia de la Ciencia, que cree, va a controlar todo, sin tomar en cuenta que todas las afectaciones que la humanidad recibe son menores al daño que le hacemos a otras especies, por vivir dentro de la lógica del poder, que deriva en la propiedad, y que es sistemáticamente continuada o mantenida por el mercado.
LA ECONOMÍA
Partimos, para reflexionar este tópico que se ha hecho central en estos tiempos, de reconocer dos magnos procesos; la producción de valores de cambio y la producción de valores de uso. Sin entrar en su definición, la que miles de autores han hecho, consideramos que la lógica del poder se ha consolidado a partir de la producción de valores de cambio. La era planetaria, que se inicia con la invasión de occidente a los continentes hasta ese momento desconocidos, y que afirman al planeta como redondo, no plano como se imaginaba, encuentra en el valor de cambio, el argumento necesario para la conquista de mercados y de materias primas, lo que dice, que no es extraño, que, a nuestro continente, ahora conocido como América, haya sido sometido con el principio de valores de cambio, que se conoce ahora como capitalismo.
Nadie puede negar, que la economía de mercado, o de valores de cambio, a lo largo de siglos, poco a poco se ha ido adueñando de todas las esferas de la vida, en todo el planeta. El desarrollo industrial, no son más que etapas de maduración y crecimiento del capital, y como tal de sus mercados.
La plusvalía en el trabajo industrial acumula poder y capital de tal manera, que se puede afirmar que esta lógica económica sea la que impere todo el mundo, independientemente de quien sea el posesionario del capital, si entidades privadas o estatales. La producción de valores de cambio rige todas las relaciones económicas.
Señalamos a la economía, como las relaciones que más salen afectadas por la pandemia actual, que a la par de revelar la enorme distancia que ha habido entre sociedad y naturaleza, evidencia que es la producción de productos mercantiles y financieros, la normalidad de un modelo de vida que, a la distancia de los siglos, demuestra que es venero de desigualdades y de la explotación, principalmente de una naturaleza que considera suya e inerte.
Sin embargo, aquí entramos en una seria cuestión, ¿es que es necesaria o se trata de desaparecer el mercado? Es difícil pensar que se puede vivir sin el valor de cambio. ¿Por qué? Porque las relaciones sociales en los últimos milenios han sido diseñadas con base en el mercado. La existencia misma de la ciudad se debe a la importancia del mercado. La industria que es un instrumento eje de la modernidad se fundamenta en el mercado. Claro, tenemos la seguridad de que del gran movimiento de capital se desprende la importancia de la financiarización, es decir de la aparición de capitales que nacen del mismo movimiento de capitales.
Es más, el capital financiero es el amo y señor de las grandes transacciones que existen en la actualidad, al que apoya el avance tecnológico de la digitalización, que incrementa exageradamente la presencia del capital financiero, que tiene su origen en el mercado, y que en la actualidad es ya un mercado de capitales.
La economía está manejada por el mercado, sí, pero de un mercado de capitales, en el que participan todas los Estado-nación legitimados como tales. Sea controlado el mercado por la iniciativa privada que está integrado de grandes capitales trasnacionales, o bien por el Estado, el caso es que sigue siendo el mercado, ya en su faceta de bienes, o bien en su faceta de capitales.
Pese a lo expuesto, en el universo perviven otras maneras de enfrentar la economía propia. Y aunque son pequeñas regiones dentro de Estados-naciones, es significativa su existencia, ya que permiten florecer, el intercambio de productos, de truquear productos, de complementar necesidades mediante la reciprocidad, incluso se deja ver otro tipo de monedas como equivalente. Y son estos mecanismos, los que provienen de la producción de valores de uso, los bienes que satisfacen necesidades directas. Es decir, de productos no hechos para su venta, sino para su consumo directo, pero que ofrecen ciertos excedentes, que pueden ser intercambiados por otros productos, que el productor no produce y que otro, sí.
Esta economía complementaria, ha permitido mantener viva, otra lógica de razonamiento: el respeto. Sí, el saberse parte de una naturaleza, conduce a la humanidad a compartir todo espacio, respetando no solamente a los de su especie, sino a las otras que florecen en el mismo sitio. El respeto, claro re-significado el concepto, es la visión integral de saberse parte del mundo. Por eso la economía es realizada como una actividad complementaria, que da satisfacción de existencia. Al ser parte del mundo, las otras especies complementan la satisfacción de necesidades de cada una, de ahí que el trueque sea un resultado natural, y que la moneda juegue un papel de equivalente en la propia complementación.
Cierto, esta economía o actividad productiva al no ser enviada al mercado, no está pensada para regiones habitadas por humanidades numéricamente mayores, como se ve en las ciudades. Responde básicamente a poblaciones de reducido número, fuertemente ligada a la naturaleza, en su proceso de vida.
Anteriormente, señalamos que las ciudades nacían, básicamente por los requerimientos del mercado. Es decir, la existencia de las ciudades se explica, a parte de otros elementos, por las necesidades de mercado.
Lo anterior, no significa que el valor de cambio mercantil no se ejercite en las regiones a que hacemos referencia. Sin embargo no es lo central, en la lógica productiva. Son variados los elementos que determinan a la unidad familiar, producir substancialmente para el autoconsumo. Desde la geografía que habita, hasta el número de trabajadores con que cuenta su familia.
Podríamos decir, que el mercado, o el valor de cambio, no desaparece, pero el reconocimiento de otro tipo de valores a construir es la posibilidad de abrir nuevos caminos desde la mirada propia, integral, de dentro, en otras palabras.
LA EDUCACIÓN
El modo de vida individualizado, mercantil, de rentabilidad ha hecho que la riqueza monetaria sea privilegio de unos cuantos, lo ha logrado gracias a que el poder establecido, todavía hasta la fecha, ha diseñado la educación necesaria para fortalecer esa lógica.
El separar, la adquisición del conocimiento, y reducir su ejercicio a las escuelas construidas para tal fin, hace a un lado el elemento creativo de la acción, lo que ha hecho que este proceso adolezca de una asimilación integral. Dicho de otra manera; hacer creer que el conocimiento es algo que se debe recibir sistematizado, ignorando la acción concreta de la humanidad dentro de la naturaleza, hace que el aprendizaje, como proceso, se convierta en una suma abstracta de información, y al oficio logrado, un laberinto identitario de una población determinada.
El conocimiento se erigió en discurso, el que había que leer y escribir, sumar o restar. Todo saber que no fuera obtenido por esa vía, es simple empirismo, o de plano ignorancia. Este razonamiento coincide con la colonización de continentes descubiertos y ubicados como “naturales” a colonizar y explotar. Dicho de otra manera, esta lógica educativa o de aprendizaje, fue introducida por la lógica del poder, en este caso, el poder colonial. Y con ello, el razonamiento occidental colonial, se enseñoreó de los continentes recién descubiertos, dándose inicio a la era planetaria.
Esta concepción del conocimiento es impuesto verticalmente, lo heredan de la Iglesia católica en el poder en aquellos momentos. La fundación de misiones, de conventos para formar a los prelados catolizadores, más tarde se convirtió en la escuela. Claro con una visión reformista y laica, pero con el mismo principio metodológico, método que no fue alterado por los recién formados liberales, según los principios emanados de Europa. El conocimiento viene de arriba y hay que aprenderlo, grabarlo y reproducirlo. Y si el monasterio tuvo a la biblia como libro rector, la escuela tiene a la constitución de Estado, como su eje rector.
Con todo esto, el conocimiento fue enclaustrado. Sumergiéndose así en una diletancia absoluta, que refrendó la lógica del poder que, como substancia, impuso la colonia. Es importante señalar que el conocimiento enclaustrado, es un conocimiento no producido en el salón de clases, sino en otros contextos, en los que los autores habían cifrado experiencia totalmente alejados de cada concreta realidad.
Ya hemos sostenido la existencia substancial de un proceso científico, en los hechos que llevan a la humanidad a garantizarse la vivencia. Pero con la educación, el proceso científico, solo se puede realizar con las supuestas herramientas que se te dan en el salón de clases o en el laboratorio. Obviamente esta definición de conocimiento, lo hace privilegio de élites que tienen acceso a la educación. El trabajo o la labor cotidiana, según éstos razonamiento no son conocimiento, y de paso le nombran simplemente saberes.
A últimas fechas, una recia crítica a la educación, emanada de los mismos maestros llamados a dar continuidad a semejante concepción, ha hecho saber que el conocimiento radica también en el trabajo cotidiano. Ya, ahora se habla de diálogo de saberes, de epistemicidio, de discriminación, en fin, se empieza a valorar el conocimiento que se construye en el movimiento, en el trabajo, en la labor, en el tequio.
Sin embargo, el hecho de que esa crítica emane de los formados en la lógica del poder hace dificultosa su exposición, es decir, se enfrentan ahora nuevas necesidades; des-información des-educación, re-significación del lenguaje, es decir, primero se han tenido que des-vestir de la lógica del poder, para enunciar, ejercitar, exponer lo que es una lógica del respeto, de tequio, de reciprocidad.
Descolonizar, des-patriarcalizar, des-occidentalizar, des-indianizar, des-mercantilizar son conceptos que están en la prioridad de esta academia crítica, y no es para menos, se cargan más de cinco siglos de Colonización, y de una suma de interpretaciones en un lenguaje ajeno al lenguaje propio, con el que se nombra el habitar continentes en donde la lógica de respeto es lo suyo. Es decir, debemos reconocer que el español, el inglés, el alemán, nos son ajenas, aparte de ser las lenguas hegemónicas y coloniales. Para acabar, toda la educación, uso y textos, es en estas lenguas coloniales.
LENGUAJE Y COMUNICACIÓN
Lo que se ve, se toca, de escucha y se percibe se nombra en la lengua de cada región o contexto. Si lo que el universo que se vive es nombrado de manera impuesta, de principio habrá dos lógicas de razonamiento en su ser. El que se nombra con la lengua propia, y la otra que se trasmite en la lengua ajena. Este es el drama que enfrentan los continentes colonizados.
Se expone la comprensión del mundo, con base en el lenguaje, cuando este tiene raíces ajenas, obviamente nombra el mundo como lo ha interpretado el lenguaje que usas. A eso se debe, que muchas cosas que percibimos de manera directa, no podamos nombrarlas, y terminamos usando conceptos que no revelan lo que deseamos decir. El problema se complica cuando se tiene una lengua propia y se habla la impuesta.
Los pueblos originarios, al enfrentar la colonia hacen pervivir dos mundos en su ser. El que miran y el que exponen. Esto, hace nacer una conducta esquizofrénica, es decir, que los modos de apropiación del mundo chocan con los modos de exponerlo. Sin embargo, es necesario reconocer, que también esto puede ser un privilegio, principalmente en la defensa de un razonamiento que no se ofrece, se vive pero no se expresa. En otras palabras, la visión propia se guarda, y se comunica lo que el invasor, desea saber, en las palabras que puede entender.
Lo anterior, consideramos explica la resistencia a entender el mundo como lo interpreta el colonizador, que es más fuerte y poco perceptible a la interpretación propia, lo que hace de la resistencia o del razonamiento propio, algo vivo, que permanece, y adquiere continuidad, por habitar el mundo que su lengua describe en sus propios términos.
Dicho de otra manera, si se permanece en el mundo que ha generado su lenguaje, la imposición de otro lenguaje que quiere nombrar el mismo mundo, queda realmente como una segunda lengua, que solo se usa para negociar o relacionarse con el mundo invasor. Incluso, aún razonando en y con la lengua invasora, la realidad que nos rodea fortalece o posibilita una visión del mundo más propia y cercana a lo nuestro.
El problema, es cuando ya se razona en el lenguaje del invasor. Es esto lo que pasa con la educación y la comunicación, que ahora llaman pueblos o realidad Indígena, concepto colonial obviamente, que es impuesto por el colonizador a los pueblos originarios.
¿Qué tanto se logra defender el contenido propio? Cuando las lenguas originarias adquieren escritura, no podríamos decirlo por ser monolingües, pero el hecho de que lingüistas originarios, defiendan con creces la importancia de la escritura de su lengua, dice mucho de esa resistencia que adquiere un nivel de consciencia mayor.
La incidencia, por el uso de los nuevos elementos electrónicos como el internet, bien pueden fortalecer razonamientos propios, o bien razonamientos ajenos, todo dependerá del leguaje que se usa para razonar, para pensar, y el que se usa para explicarse lo que sucede en el mundo que tenemos alrededor.
Pese a todo, el avance tecnológico, el digital sobre todo, tiende a convertirse en un enorme sistema de control, no solo de historias personales, sino de transacciones económicas que pueden maniatar la economía entera.
¿Qué tanto se mantiene el contenido del lenguaje propio en las redes y en los medios en general?
Creemos que el uso de las lenguas propias, las no hegemónicas, pueden conservarse, siempre y cuando el uso oral se intensifique, lo que por un lado asegura su existencia, y por el otro impide que los mecanismos digitales entren a su control. De este proceso, solo los hablantes bilingües tienen la respuesta.
Lo que podemos asegurar, es que la esquizofrenia que padecemos los que fuimos formados originariamente en la lengua propia, y usamos el español como segunda lengua, seguirá siendo el bastión de una resistencia civilizatoria. Civilización que hay que fortalecer, no solamente dando continuidad a la academización de sus contenidos, lo que lleva implícito, su ordenamiento conceptual, sino, el fortalecer todo uso oral pertinente, pues solamente su práctica, defenderá su existencia.
A MANERA DE CONCLUSIONES
Estamos ante un reto civilizatorio. Tenemos la necesidad de un lenguaje propio, los que la tienen, tienen el reto de exponer sus contenidos para integrar una epistemología propia, activa, que dependa de la contribución de los habitantes en cada región.
Se hace indispensable deshojar el razonamiento que se funda en el respeto, entendido como el reconocimiento del otro en uno, fundado en el trabajo o en el tequio, que concreta una relación recíproca, de beneficio mutuo.
No se habla del “buen vivir”, sino del buen convivir, pero no entendida esta como derivada de la amistad, sino del respeto a reconocerse como ser vivo. La amistad, es un razonamiento emotivo que da continuidad a la individualidad, en tanto eso, nosotros entendemos a la Comunalidad, como el reconocimiento recíproco de entidades que habitan y dependen del mismo universo.
Una nueva visión científica se hace indispensable, como un ejercicio consciente de la acción vivencial, tomando en cuenta que toda acción está guiada por una intencionalidad, y responde a la necesidad de encontrar satisfactores de lograr una existencia integral, respetando la contribución de todos los seres vivos, los que conformamos este universo.
Diseñar lenguajes directos, nos permitirá saber lo que se está diciendo, lo que implica abandonar abstracciones que simplemente fortalecen diletancia y hacen emerger oscurantismo.
Es difícil aceptar que hemos perdido siglos en discursos, las concreciones tecnológicas maniatan el devenir, no volvamos al mismo error, concretemos ideas y traduzcamos esas ideas en nuevos hechos.