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Artivismos textiles en América Latina: Mil agujas por la Dignidad, bordados políticos accionados entre la digitalidad y la calle
Textile artivisms in Latin America: Mil agujas por la Dignidad, political embroidery activations between the digital and the street
Artivismos textiles en América Latina: Mil agujas por la Dignidad, bordados políticos accionados entre la digitalidad y la calle
Utopía y Praxis Latinoamericana, vol. 29, núm. 104, e10501675, 2024
Universidad del Zulia

Recepción: 15 Julio 2023
Aprobación: 10 Octubre 2023
Resumen: Las prácticas textiles, transmitidas de generación en generación principalmente por mujeres, poseen una fuerte carga reivindicativa. Actualmente son reconocidas como herramientas de lucha social, que favorecen la cultura de los derechos humanos y permiten expresarse a quienes no siempre tienen voz. Este artículo examina el surgimiento de artivismos textiles vinculados a conflictos sociopolíticos recientes en América Latina, haciendo hincapié en el rol de las mujeres como propulsoras de estos proyectos. Se analiza la plataforma y comunidad textil Mil agujas por la Dignidad, surgida en 2019 en respuesta a las violaciones de los derechos humanos en Chile, para comprender cómo las tecnologías digitales favorecen la difusión de convocatorias textiles y la conexión entre mujeres a través de encuentros feministas. Esta investigación plantea que las prácticas textiles son una forma de arte de la resistencia y que se accionan en diversos espacios simultáneamente desde su naturaleza política.
Palabras clave: Artivismos, textiles, Latinoamérica, digitalidad.
Abstract: The intergenerational transmission of textile practices among women are considered a strong reclaiming statement. Currently, textiles practices have been recognized as social struggle manifestations that favor the development of a human rights culture, allowing the expression of communities ‘without a voice’. This article examines the emergence of textile artivism linked to recent socio-political conflicts in Latin America, emphasizing the role of women as promoters of these projects. Mil agujas por la Dignidad, a platform and textile community emerged in 2019 as a response to human rights violations in Chile, has been analyzed to understand how digital technologies favour the dissemination of textile calls, and the connection between women through feminist meetings. This research proposes that textile practices are a form of resistance art, activated simultaneously in various spaces due to their political nature.
Keywords: Artivisms, textiles, Latin America, digitality.
INTRODUCCIÓN: PUNTADAS DE RESISTENCIA EN EL LIENZO DE LA HISTORIA
Durante el Renacimiento, la separación entre el arte y la artesanía y la reestructuración de los contextos de producción artística llevaron a la exclusión de las mujeres del ámbito público de la creación. Las mujeres dejaron de tener acceso a la enseñanza convencional de las Bellas Artes, quedando fuera de la historia del arte como creadoras (Parker y Pollock: 2021, p.46). A raíz de lo mismo, han existido disciplinas consideradas secundarias porque son asociadas a la naturaleza “femenina”, como es el caso del arte textil. Cuando hablamos de lo femenino, nos referimos a la concepción del “deber ser” de una mujer, un conjunto de requerimientos que se oponen a lo “masculino” concebido como lo correcto y lo predominante (Parker y Pollock: 2021, p.104). Dichas normas han apuntado intencionadamente a determinar lo íntimo como territorio propio de las mujeres, relegándolas al hogar y al ámbito doméstico, y bajo ningún punto a tener roles públicos e identificarlas como lideresas políticas. El mundo textil está cruzado inevitablemente por cuestiones de clases sociales: mientras las mujeres de la burguesía europea cosían o bordaban en su tiempo libre, para resaltar su femineidad o demostrar que sus maridos podían mantenerlas (Parker y Pollock: 2021, p.86), las mujeres de la clase proletaria comenzaron a trabajar en las fábricas textiles y se transformaron en la mano de obra de la industrialización. Las labores que realizaban generalmente consistían en la hilandería, el tejido y el ensamblaje de piezas, en extensas jornadas, con bajos salarios y malas condiciones laborales. Lamentablemente en la actualidad las mujeres siguen siendo protagonistas de la explotación textil[1].
En el año 1984, la historiadora Rozsika Parker publicó el libro The Subversive sitich. Embroidery and the Making of the Feminine, en el que abordó las posibilidades políticas del bordado para subvertir las expectativas de género y cuestionar la posición de las mujeres en la sociedad. Además, planteó la discusión de cómo estas técnicas textiles, reconocidas como una actividad de distracción íntima femenina, deberían ser consideradas una disciplina dentro del mundo de las Bellas Artes. Parker describe la relación recíproca entre las mujeres y los bordados, a través de relatos, revistas, cartas, novelas y obras de arte, pero lo hace siempre desde el contexto europeo. Si bien esta temática es poco abordada desde la historia del arte y, en menor medida en América Latina[2], que posee un proceso tardío en el reconocimiento de su identidad artística como plural y múltiple (Rivero: 2018, p.965 139), el trabajo de Parker resulta un material bibliográfico imprescindible para adentrarse en las implicancias sociales y políticas de las prácticas textiles.
Los conflictos de América Latina han impulsado un arte intencionadamente político y en constante cambio, una estética que no puede estar ajena ni separarse de los acontecimientos históricos y las revueltas políticas de los territorios en que surgen (Contreras y Ramírez: 2019, p.55). Esta matriz de acción cruza gran parte de las producciones culturales del continente y también se ha visto inscrita en las prácticas textiles, especialmente en países como Chile, Colombia, México, Brasil y Argentina. En medio de la constante agitación que vive América Latina a raíz de la desigualdad social que afecta a sus territorios, han surgido manifestaciones como las arpilleras. Estas piezas textiles de impacto mundial creadas en la época de la dictadura chilena (1973-1990), han servido de referencia para nuevos artivismos textiles (Rosentreter: 2022, pp.171-189). Aunque se han escrito textos sobre el papel crítico, político y social de las arpilleras, y se ha tenido en cuenta el contexto y los fines con los que fueron realizadas (Adams: 2013), así como la importancia emocional que llevan estas piezas (Agosín: 2008), se ha prestado menos atención a considerarlas como obras de arte o reconocer a sus creadoras como artistas. A través de sus puntadas, las arpilleristas lograron liberarse de la estructura patriarcal impuesta en sus hogares y se convirtieron en lideresas activas de lo que se conoce como "Economía Solidaria" (Berlien: 2019, p.102). Fueron impulsoras de soluciones en lugar de simplemente ser admiradoras pasivas de la compleja situación que estaban viviendo, desafiando los principios tradicionales en torno al concepto de feminidad y al rol esperado de las mujeres en la sociedad.
A través del surgimiento de expresiones como las arpilleras es que, a finales del siglo XX, las prácticas textiles de América Latina comenzaron a transitar de ser una actividad doméstica de mujeres y ocio, a una manifestación política que da cuenta de las heridas sociales de sus territorios. En la actualidad, han comenzado a surgir publicaciones que refuerzan la idea de que la reivindicación de la actividad textil está fuertemente connotada por su vinculación a prácticas feministas, sociales y políticas (De la Colina y Chinchón: 2012, p. 180). Desde estos intereses, es destacable el trabajo educativo y de difusión de arpilleras que realiza el Museo de la Memoria y los Derechos Humanos en Chile[3] y también, Conflict Textiles[4], plataforma y archivo que alberga una gran colección de textiles internacionales entre los que se encuentran 267 arpilleras de diversas épocas. El museo y la plataforma favorecen la difusión y reconocimiento de estas piezas en diversos ámbitos culturales, además de generar espacios de discusión que permitan interpelar a la sociedad desde la importancia de la cultura de los derechos humanos.
Las mujeres arpilleristas encontraron una manera de erosionar los controles del régimen dictatorial que imponía lo que se debía ver y controlaba los circuitos oficiales del arte. Sin embargo, no lograron establecer una conexión directa con otros artistas que, a través de sus propias prácticas, también buscaban desafiar al sistema. Tal es el caso de la “Escena Avanzada”, concepto acuñado por la teórica Nelly Richard para nombrar a aquellos artistas que, tras el Golpe de Estado de 1973, comenzaron a desarrollar una estética antidictatorial y a revelarse contra el sistema del arte (Richard: 2000, pp.34-35). En el análisis que la crítica realiza sobre el trabajo de algunos artistas, no menciona la labor de las arpilleristas, pero además, deja fuera el trabajo de Cecilia Vicuña, artista que vehiculizó varias de sus obras más reconocidas a través del textil y tuvo una postura activa ante los conflictos dictatoriales de la época. Aunque Cecilia Vicuña ha adquirido un gran prestigio internacional[5] como artista visual, poeta y activista, su trabajo en el ámbito textil no ha recibido la misma atención, sobre todo cuando se escribe de ella. El textil, además de ser invalidado como un tipo de práctica artística por su constante vinculación a la historia de las mujeres y las labores domésticas, también se entrecruza con la discusión no resuelta de la cultura popular y su resistencia en los márgenes del campo artístico.
Al momento de referirse al mundo textil y sus manifestaciones estético-políticas, es común que se utilice el término de activismo. Sin embargo, este estudio intencionará el uso de la palabra artivismo para referirse a las prácticas que se aluden. En esta investigación comprendemos los artivismos como expresiones artísticas premeditadas e intencionadamente políticas, que producen cierto efecto en el espacio público y digital. Su objetivo es visibilizar denuncias y demandas sociales con la finalidad de producir un cambio o una transformación en los territorios. Los artivismos proponen nuevas formas de expresión política y poseen características comunes que permiten identificarlos, como la creatividad como eje, el protagonismo colectivo por sobre el individual y la intergeneracionalidad, entre otras (Gutiérrez: 2021, p.72). Cuando hablamos de artivismos textiles, se conserva el peso político que poseen las obras desde su origen y contexto, pero además, se corrobora la consigna de que lo textil y sus producciones también pueden ser un tipo de arte, independiente de que las personas que lo realicen no provengan de la academia o no sean avaladas por instituciones. El uso del lenguaje también representa una forma de captar espacios y contribuir al reconocimiento de estas prácticas.
La llegada del arte contemporáneo y los nuevos enfoques que plantea, ha permitido el proceso de artificación (Heinich y Shapiro: 2012, p.20) de objetos y manifestaciones que no siempre han sido valoradas como obras de arte. Este podría ser el caso de los textiles políticos, y más específicamente de las arpilleras. Actualmente, estas piezas han comenzado a ser consideradas en exposiciones de instituciones de renombre artístico[6], lo que demuestra cómo la esencia del arte contemporáneo ha incorporado características propias de la cultura popular a los circuitos culturales (Heinich: 2017, p.88).
En el ámbito del textil político y social al que se refiere este estudio, Violeta Parra se destaca como una figura artística de gran relevancia. Su reciente reconocimiento como artista textil, tras años de casi exclusiva vinculación al área musical, han abierto la mirada a redescubrir y valorar estas prácticas no tan solo en América Latina. Recordemos que Violeta Parra expuso sus arpilleras en el Museo de Artes Decorativas del Palacio de Louvre de París, el año 1964, un hito en materia artística para las mujeres latinoamericanas e inclusive para aquellos hombres que se dedicaban a otras disciplinas más predominantes como la pintura. El pasado año 2022, tres de sus arpilleras formaron parte de la colección de obras internacionales de la Bienal de Venecia, otro hito en materia de reconocimiento para esta artista y sus hazañas textiles.
Las arpilleristas de la dictadura, Cecilia Vicuña, Violeta Parra y tantas otras que han plasmado denuncias sociales en sus textiles, han dado voz a las “invisibles”, sembrando caminos de artivismo textil que inspiran a nuevas generaciones. Las prácticas textiles se han transformado en una herramienta para realizar acciones reivindicativas en diversos espacios simultáneos, que pueden ir desde las redes sociales, una plaza y también un museo. Las intervenciones textiles han comenzado a ser consideradas como manifestaciones estético-políticas (Ruiz: 2018, p.165) y han motivado su documentación desde el área de la antropología y la psicología, abriendo debates sobre el poder de los textiles como piezas etnográficas (Rusansky: 2021, p.128) y dispositivos de cuidado comunitario (Arias: 2017, p.70). La revolución del mundo textil ha venido de la mano de la denuncia de injusticias y el uso intencionado del espacio público, como una forma de resignificar prácticas que históricamente fueron concebidas como íntimas.
El objetivo principal de este artículo es examinar el surgimiento de artivismos textiles en la actualidad, los cuales han dado lugar a la creación de objetos que encapsulan la memoria individual y colectiva, y que logran empaparse de la esencia política y social de América Latina. Junto a lo anterior, será importante reconocer que, a pesar de la invisibilización histórica de las mujeres en el arte y otros ámbitos de las sociedades, sus acciones en el ámbito textil contribuyen a impulsar cambios sociales significativos. Bajo estas concepciones, nuevas formas de aprendizaje feministas y la preservación de conocimientos ancestrales, surgen manifestaciones artísticas con una fuerte carga social y reivindicativa como Mil agujas por la Dignidad. Se examinarán algunas acciones específicas de esta plataforma para comprender cómo las tecnologías digitales favorecen la difusión de convocatorias textiles que buscan visibilizar conflictos sociopolíticos de América Latina. También, se analizará cómo es que posibilitan encuentros textiles feministas entre mujeres de diversas edades y territorios. Esta investigación plantea la idea inicial de que las prácticas textiles son una forma de arte que ha resistido pese a las segregaciones de género y clases sociales. De igual modo, reconoce la capacidad de los textiles para accionarse en diversos espacios simultáneamente desde su naturaleza política, pudiendo estar en una plaza pública llevando el nombre de un desaparecido, en una convocatoria digital sobre derechos humanos o en un museo como parte de una exposición artística.
PUNTO INICIAL EN LA TRAMA: MIL AGUJAS POR LA DIGNIDAD, MANIFESTACIÓN TEXTIL MUNDIAL POR CHILE Y AMÉRICA LATINA
Extracto del Manifiesto de Mil agujas por la Dignidad[7]
“Pero despertamos y nos cosimos las manos, para seguir tocando la guitarra de Víctor, para seguir bordando de día, de noche, sin luz, con la ropa de nuestros desaparecidos; con las ansias de volver a abrazarlos enhebramos nuestras agujas, y con todas las angustias de nuestros días sin ellos, bordamos una eternidad de cantos textiles que se escuchan hasta hoy (Rosentreter: 2019).”
Movimiento social y contexto político en que se origina la manifestación
El Estallido Social en Chile es uno de los capítulos más recientes de la desigualdad social en América Latina. ¿Por qué uno de los países aparentemente más estables del continente colapsó? Pese a que el conflicto se inició con un alza del pasaje de la locomoción pública en Santiago, la expresión “No son los 30 pesos, son 30 años” no podía sintetizarlo de mejor forma: era la desigualdad e injusticias acumuladas desde el fin de la dictadura. Después del golpe cívico-militar de 1973 y todo lo que significó el posterior gobierno dictatorial, vinieron años de exclusión social, agravamiento del elitismo, ricos transformándose en súper ricos, represión policial y una cruda desigualdad que acabó por sepultar en deudas a la clase media y recrudecer a los sectores más pobres del país.
El 18 de octubre de 2019, las chilenas y chilenos salieron a las calles a exigir un cambio en la conducción política del país, que tuviera repercusiones positivas en la esfera social, económica y cultural de sus vidas. Las masivas manifestaciones, sin precedentes en la historia democrática de Chile, se extendieron por cerca de 6 meses, hasta que la pandemia provocada por el virus SARS-CoV-2 (COVID-19) y el confinamiento obligatorio que derivó de ella, impidieron a la población seguir reuniéndose en las plazas y calles. Las noticias sobre la masividad de las protestas solo fueron superadas por las que mostraban la cruda represión de la administración del por ese entonces presidente Sebastián Piñera. Solo entre el 18 de octubre y el 30 de noviembre, Amnistía Internacional fue capaz de constatar más de 12.500 personas que necesitaron atención médica por incidentes sucedidos en el marco de las protestas; al menos 347 personas con lesión ocular, en su mayoría con impactos de balines disparados por Carabineros de Chile; 5.558 víctimas de violencia institucional, 834 de ellas niños, niñas y adolescentes; 246 víctimas de violencia sexual, seis por penetración sexual con un objeto y dos por violación sexual; y 134 investigaciones por tortura, además de miles de casos de abuso de fuerza física y violencia desproporcionada por parte de los agentes del Estado (Amnistía Internacional, 2020). Por último, y pese a que numerosas investigaciones siguen en curso, se cuentan al menos 6 muertes por parte de agentes del Estado en el contexto de las manifestaciones[8].
Curiosamente, solo 9 días antes de que las protestas se iniciaran, el expresidente Piñera se refería a Chile como un “verdadero oasis” en América Latina, en el contexto de las protestas sociales que convulsionaron Ecuador, Bolivia y Perú. Numerosos análisis se llevaron a cabo para tratar de entender esta contradicción. Desde un punto de vista económico, la economía chilena ha sido una de las más florecientes de la región desde la década de los 90’s del siglo XX[9]. En 2018, el ingreso de los chilenos y chilenas era el más elevado entre los países latinoamericanos, y muy cercano al de los países ricos[10]. Sin embargo, al mismo tiempo, el oasis de América Latina era también uno de los países con mayor desigualdad del ingreso en Sudamérica, y el segundo más desigual entre los países de la OCDE[11]. Pese a que la desigualdad y otros indicadores sociales se redujeron desde los elevados niveles registrados durante la dictadura[12], no deja de llamar la atención las enormes contradicciones entre los elevados niveles de vida registrados por diversos indicadores[13], y la elevada desigualdad.
Los datos expuestos anteriormente dan cuenta de la crudeza de este proceso y lo difícil que sigue siendo conseguir justicia ante las violaciones sistemáticas a los derechos humanos que vivió parte de la población. Entre la frustración acumulada por años, las manifestaciones populares y las acciones sociales de diversas organizaciones que ya venían trabajando por la añorada justicia social, se logró afianzar con altos y bajos un proceso constituyente que permanece activo en la actualidad[14] .
Para las personas que lo vivieron desde el extranjero, también significaron momentos de mucho dolor e impotencia. Las brutales imágenes de represión policial se expandieron con rapidez por el mundo, y como testigos lejanos pero, con ansias de ser actores activos surgieron diferentes agrupaciones e iniciativas para expresar su disconformismo y visibilizar las causas humanitarias que defendía la gente en Chile. Desde la necesidad de acompañar(nos) en ese caminar, enlazada a las voluntades de miles de personas, gesté Mil agujas por la Dignidad, manifestación textil mundial por los derechos humanos, que se llevó a cabo el 7 de diciembre de 2019[15] de manera simultánea en más de 83 territorios de América Latina, Norteamérica, Europa, Asia y Oceanía. El trabajo de dinamización en cada localidad estuvo a cargo de 64 colectivos textiles y artísticos y también contó con la activación de nuevos grupos textiles que surgieron para la ocasión, motivados por la gestión de personas que de forma particular quisieron sumarse a esta iniciativa. Algunos de esos colectivos continúan funcionando hasta la fecha.
Mujeres bordando por un bien social
En la primera etapa de planificación de la manifestación, se creó un formulario en línea para que las personas que no pertenecían a un colectivo pudieran inscribirse de manera independiente en los actos de protesta textil que se estaban programando. Este mecanismo permitía obtener la información necesaria de las personas inscritas para poder contactarlas con algún colectivo o entregarles información sobre el evento más cercano a su ubicación. Llegaron a inscribirse vía formulario 826 personas, de las cuales el 99% fueron mujeres. De igual modo, las organizadoras de los eventos en los diversos territorios, enfatizaron que la mayoría de las personas que asistieron a las jornadas de protesta textil fueron mujeres y personas de disidencias. Si bien, Mil agujas por la Dignidad se difundió de manera explícita como un encuentro abierto para cualquier persona, es indudable el nexo de las prácticas textiles con la historia de resistencia de las mujeres. Por lo tanto, no es de extrañar que esta protesta fuera liderada en su mayoría por voces y manos de mujeres. Pese a que no era uno de los objetivos principales de esta manifestación, ésta adquirió un carácter decisivamente feminista. Muchas mujeres expresaron su interés por participar de estos espacios motivadas por su cercanía con el arte textil. Además, vieron en esta convocatoria una posibilidad de poder utilizar el bordado como una herramienta política de lucha que les permitiese decir de forma pacífica lo que estaban sintiendo. Por otra parte, era trascendental tener en cuenta los factores desencadenantes del conflicto en Chile, por lo que se enfatizó en que esta manifestación fuese un encuentro voluntario, democrático, libre de cualquier color partidista y, por sobre todo, sin fines de lucro de ningún tipo.
Desde los intereses que me movilizan personal y profesionalmente como investigadora textil fue importante insistir en que para poder participar de esta protesta había que utilizar este tipo de arte y no otro. Primero porque las prácticas textiles han sido traspasadas de generación en generación sin la necesidad de contar con la intervención academicista de por medio, por lo que poseen cualidades que las transforman en un conocimiento vivo que trasciende a cualquier formación artística. Lo anterior hizo mucho más fácil que mujeres de diversas edades quisieran sumarse, desmitificando la idea de que estas prácticas son manualidades de mujeres mayores. Tras consultarle a diferentes participantes de los encuentros que se realizaron específicamente en Barcelona, Burdeos y Amberes, todas apuntaron a que, si la actividad hubiese sido pintar o dibujar, quizá no hubiesen asistido o no se hubiesen sentido tan seguras de intentarlo, a pesar de que algunas nunca habían bordado. En este caso, las pocas expectativas que se tienen de actividades como bordar o tejer desde la cultura hegemónica jugaron a favor, haciendo que las personas perdieran el miedo al juicio o tuviesen que cumplir con estándares estéticos obligatorios.
A pesar de la falta de representación de las prácticas textiles en el mundo del arte, debido a que todavía se les asocia con actividades domésticas realizadas principalmente por mujeres que no han recibido formación académica, existen expresiones textiles como las arpilleras chilenas que han logrado superar estos límites y están siendo reconocidas como obras de arte (Rosentreter: 2020, p.25). La importante labor que desempeñaron las mujeres arpilleristas en una de las épocas más crudas de Chile y la historia de América Latina, ha servido de referente para la creación de diversas colectividades y artivismos textiles en el continente y el mundo. En razón de lo mismo es que a lo largo de esta protesta textil, se hizo constante referencia hacia el legado de las arpilleristas chilenas. Asimismo, entre los colectivos que participaron de la manifestación Mil agujas por la Dignidad, se encontraban diversas agrupaciones de arpilleristas, tales como el Grupo de mujeres Arpilleras de Poble-Sec Barcelona, Colectivo Hebras de la Memoria, Colectivo Arpilleras de Perú Pamplona Artex, Colectivo de Arpilleras de Wellington y Colectivo de Arpilleras de Estocolmo, entre otros.
Tendederos parlantes en el espacio público
Uno de los objetivos principales de Mil agujas por la Dignidad fue hacer uso del espacio público para visibilizar las demandas y sentires de la gente. Entre los sitios donde se desarrollaron los eventos textiles se encuentran plazas, universidades, calles, estaciones de trenes, escuelas y paraderos de buses. Ante las condiciones climáticas desfavorables en los países europeos debido al frío del invierno, muchos colectivos optaron por realizar sus postales textiles dentro de un espacio cerrado, para luego salir a colgarlas a un espacio público como acto simbólico en solidaridad con lo que estaba sucediendo en Chile y otros países de América Latina. Otro aspecto importante a destacar de la planificación de los distintos eventos, es que se potenció la idea de utilizar un tendedero a modo de instalación con los diferentes mensajes bordados por las personas asistentes[16]
La idea de realizar un tendedero surge en primer lugar desde un resonar íntimo con mi ciudad natal, Valparaíso. En esta ciudad de cerros empinados, que tiene como protagonista al mar desde todas sus vistas, las personas acostumbran a colgar la ropa que lavan en las ventanas de sus casas, ya que muchas de ellas no poseen patio. La relación con la protesta textil viene dada, primero por este imaginario de origen, en que los tendederos son una posibilidad de mostrarle al mundo las intimidades de un territorio en crisis. Sin pudor, lo íntimo se expuso en el espacio público, en este caso, las desigualdades de la sociedad chilena que permanecían escondidas. El Estallido Social arrojó a la luz datos alarmantes, estadísticas que dejaron perplejos a los que daban por sentada la estabilidad del país. Muchas de las problemáticas que se develaron, eran consecuencias de un Chile dictatorial no resuelto, un Chile que dolió y sigue doliendo, con heridas abiertas sin justicia y una constitución atada con sangre, que no permite consolidar un estado de bienestar. Lamentablemente esta situación no es diferente a la que viven otros países de América Latina. Ante este encuentro de realidades y la necesidad compartida de expresarse por la anhelada justicia social, es que a Mil agujas por la Dignidad se incorporaron agrupaciones textiles de diversos países latinoamericanos, quienes construyeron sus tendederos de demandas sociales en diálogo con la situación que acontecía en Chile. Como las venas abiertas de América Latina latiendo con fuerza,
Los despojados, los humillados, los malditos tienen, ellos sí, en sus manos, la tarea. La causa nacional latinoamericana es, ante todo, una causa social: para que América Latina pueda nacer de nuevo, habrá que empezar por derribar a sus dueños, país por país. Se abren tiempos de rebelión y de cambio (Galeano: 2003, p.337).
Entretejidos a la causa social que describe Galeano, los latinoamericanos gritaron a punta de aguja que la añoranza del pueblo chileno era la misma que la suya: una vida digna.
El énfasis que se le dio al uso de tendederos en los encuentros que se gestionaron, también fue un giño al trabajo realizado por la mexicana Mónica Mayer el año 1978. La artista realizó un tendedero que relató las violencias machistas de más de 800 mujeres, de diversas edades y clases sociales, quienes plasmaron sus experiencias de vida a través de escritos en papeles rosados. Esta propuesta puesta en diálogo con los tendederos realizados en Mil agujas por la Dignidad, apuntan a lo que señala la historiadora Andrea Giunta: “El objetivo cotidiano se transformaba en un soporte de un mensaje colectivo de protesta y liberador” (Giunta: 2019, p.164). De igual modo que el bordado fue concebido por mucho tiempo como un quehacer de la intimidad del hogar, este tendedero que también está vinculado a lo doméstico, se tornó un objeto público y principalmente político.
Lo Textil es político
Mil agujas por la Dignidad, se proyectó como una manifestación distinta, pacífica, pero no por eso menos política y reivindicativa. Si bien, el concepto de política sigue generando resquemores entre las personas porque tienden a asociarlo a los partidos políticos, se promovió el uso del concepto haciendo referencia a su implicancia en la toma de decisiones de manera colectiva y con énfasis en lo público. El acto político ocurre “cuando aquellos que “no tienen” el tiempo se toman este tiempo necesario para plantearse como habitantes de un espacio común y para demostrar que su boca emite también una palabra que enuncia lo común y no solamente una voz que denota dolor” (Rancière: 2011, p.34). Acciones artísticas de esta índole contribuyen a interpelar las relaciones de poder entre las personas que forman un territorio, inclusive si pertenecen a él, pero no lo habitan. Fue así como la invitación para sacar las agujas a la calle se extendió intencionadamente a los y las latinoamericanas repartidas por el mundo.
Artivismos como Mil agujas por la Dignidad ponen al descubierto una faceta del mundo textil, que lo posiciona como un tipo de arte político que busca y usa lo cotidiano para sustentar realidades individuales que, generalmente, están construidas con elementos y contextos desde lo colectivo. Las intervenciones textiles políticas rompen con expresiones habituales o esperadas del mundo del arte, ya que proponen acciones nuevas que invitan a reflexionar desde los territorios, saliendo de lo institucional y sin la aprehensión de cumplir con los preceptos que rigen la creación desde la academia. De esta forma, el arte textil se posiciona como un tipo de arte político, pero no desde lo panfletario. Si bien, algunas postales bordadas para la protesta textil tuvieron intencionados mensajes políticos, hubo personas que apelaron principalmente a la importancia del uso del espacio público, el acto simbólico de bordar en colectividad y acompañarse, por sobre el mensaje plasmado en sus postales.
Que corra el hilo: Mecanismos de difusión
Desde la invención de Facebook en el año 2004 y el boom de las tecnologías digitales, se ha producido un incremento del uso de las redes sociales como medio de expresión política. La ciudadanía ha hecho de esta herramienta su forma de participar y generar sus propios contenidos ante procesos políticos que les acontecen, reconfigurando a través de las redes sociales todo aquello que se daba por establecido (Rúas y Ripollés: 2018, p. 21). En el caso de Mil agujas por la Dignidad, la utilización de redes sociales y del correo electrónico fue la estrategia comunicacional más fuerte al momento de difundir la iniciativa[17]. La rápida expansión de la convocatoria a través de un cartel promocional, que fue escrito en castellano y traducido al inglés, italiano, sueco, francés, neerlandés y portugués, generó la conexión entre chilenos y chilenas, que pese a estar fuera del país, se reconocieron como parte del conflicto. Entre las personas que participaron en el extranjero, se encontraban exiliadas e hijas de exiliados políticos, lo que hizo que la protesta textil cobrara un fuerte sentido rememorativo, generando vínculos entre las experiencias del pasado dictatorial y el presente del Estallido Social.
Es un hecho que las redes sociales se han convertido en excelentes aliadas a la hora de difundir manifestaciones políticas. La inmediatez con que se reproduce la información ha permitido que las comunidades salgan a las calles de forma organizada y se reúnan con más personas que persiguen sus mismos fines. Un caso que antecede a Mil agujas por la Dignidad y que da cuenta de la efectividad de las redes sociales ante la denuncia de conflictos vinculados a las violaciones de los derechos humanos, fueron las diversas manifestaciones organizadas en México y el extranjero, tras la desaparición de 43 estudiantes de la Escuela Normal Rural Raúl Isidro Burgos de Ayotzinapa, en el Estado de Guerrero, el año 2014. En esa ocasión, también había un interés por criticar las gestiones del Estado y su implicancia en la tragedia, por lo que las redes fueron clave para informar a la comunidad, contribuir a la organización de los distintos encuentros en los territorios y visibilizar la discusión de fondo (Harley: 2022, p.138).
En el caso de Mil agujas por la Dignidad, el uso de las redes sociales contribuyó a la difusión de la convocatoria y, además, a la difusión de noticias de medios locales, que entregaban reportes en vivo de lo que estaba aconteciendo en los distintos territorios del país. Por otra parte, la activación de las redes permitió la participación de personas que por diversas razones no podían salir a marchar a las calles o estaban aterradas por las imágenes de represión.
Una acción importante para que la convocatoria tuviese alcance, fue identificar y contactar a través de las redes sociales a diversas organizaciones chilenas funcionando desde el extranjero. Pese a las gestiones que se realizaron para informar sobre el objetivo del encuentro, pocas organizaciones decidieron participar y otras simplemente nunca respondieron a la invitación. Por otra parte, resulta interesante dar cuenta que de las pocas organizaciones políticas de chilenos y chilenas en el extranjero que participaron, solo aquellas cuyas directivas o personas a cargo de las redes eran mujeres se comprometieron con el evento. Estas organizaciones fueron: Agrupación Apoyamos Chile Toronto; Grupo informal de chilenas, latinas y otras solidarias Estrasburgo y la Asociación chilena de Nantes.
Una vez llevada realizada la manifestación textil en diversas regiones del mundo, las plataformas digitales continuaron teniendo un rol importante, sobre todo al momento de realizar el seguimiento final de cómo se realizaron los 83 encuentros. A cada agrupación participante se le pidió un registro fotográfico y/o audiovisual que diera cuenta de su evento, además de un permiso escrito que autorizara el uso de las imágenes. El desafío era poder hacer que esas miles de personas de diversos sectores geográficos, que se unieron a través de la aguja ante las injusticias sociales, pudiesen encontrarse en un registro que las conectara.
Para contribuir al trazado de la memoria colectiva y poder sintetizar en imágenes lo que fue esta gran manifestación textil, en octubre de 2020, en colaboración con el diseñador chileno Rodrigo Garrido Lepe, se estrenó el documental de Mil agujas por la Dignidad[18]. Esta producción audiovisual da cuenta de lo que significaron los encuentros que dieron vida a la protesta textil y el impacto que tuvieron en los diversos territorios que abarcó. Entre las entidades que contribuyeron con la difusión del evento de lanzamiento online y que albergan el documental en sus sitios web, se encuentran el Museo de las Mujeres de Costa Rica, del Museo de la Solidaridad de Salvador Allende y del Museo del Estallido Social en Chile. Este último museo, lo sigue reproduciéndo como parte de la programación en sus dependencias.
Encuentros digitales y activación textil
Después de lo que fue la manifestación mundial de diciembre de 2019, surgió la necesidad de continuar con Mil agujas por la Dignidad. Esta vez, ya no como un encuentro en particular, sino más bien, como un espacio abierto de forma permanente, donde se pudiesen visibilizar las prácticas textiles y enfatizar en su rol como herramienta de lucha social y difusión de los derechos humanos. Entre las características iniciales que se mantuvieron, se destaca el reconocimiento de las mujeres como creadoras, enfatizando en estas prácticas como un estilo de arte, independiente de que sus protagonistas no tengan una preparación artística formal. Por otra parte, se potenció el funcionamiento de esta plataforma desde la creación de proyectos que permitan generar un cruce entre la práctica y el estudio del mundo textil, pero abalando todas las formas de conocimiento y no tan solo la académica. Tras tres años de funcionamiento, las intervenciones se han realizado desde la relación con la historia del arte, la activación comunitaria, las pedagogías feministas y la documentación antropológica de diversos procesos políticos en distintos territorios.
Con el inicio de la pandemia (COVID‑19) el año 2020, las conexiones virtuales adquirieron mayor protagonismo aún y eso favoreció el rápido posicionamiento de las campañas que surgieron desde Mil agujas por la Dignidad. Si bien, en la actualidad las redes sociales siguen siendo el principal punto de conexión entre las personas que participan de las iniciativas textiles, desde la plataforma también se han gestionado convocatorias que invitan a las personas a crear sus propias agrupaciones textiles y a utilizar el espacio público desde el sentido de pertenencia a los territorios que habitan o se originan. Este último aspecto ha sido crucial para activar redes entre textileras latinoamericanas que han llevado sus técnicas textiles al extranjero, haciendo viva la idea de que esas piezas son dispositivos de cuidado colectivo y comunitario (Arias: 2017, p.70). Al descubrir que son cada vez más los grupos textiles que funcionan desde estas inquietudes, cobra sentido la frase de la instalación del artista chileno Enrique Ramírez: “Las personas son de los lugares y llevan su tierra junto a ellas”[19]. El uso de la virtualidad ha permitido traspasar las barreras del espacio físico, uniendo personas que llevan sus orígenes con ellas y aúnan sentires políticos para buscar soluciones transformadoras a través de sus artivismos textiles. Ante las necesidades y conflictos que azotan los territorios en América Latina han surgido valiosas iniciativas que si bien, se originan desde reuniones digitales, propician encuentros físicos entre las personas, principalmente desde el interés de coincidir para usar el espacio público. Se podrán ver algunas de estas acciones en el siguiente apartado.
LA TRAMA PRESENTE: MIL AGUJAS POR LA DIGNIDAD EN LA ACTUALIDAD
En la actualidad, Mil agujas por la Dignidad es una plataforma que busca dar visibilidad a proyectos textiles y generar diversas instancias para compartir saberes en torno al textil. Además, se ha transformado en una comunidad textil potenciada principalmente por mujeres y personas de disidencias de diversas partes del mundo[20].Tal como se abordó en el apartado anterior, Instagram y Facebook, las principales redes sociales de Mil agujas por la Dignidad, se han transformado en una manifestación constante, en la que se realizan campañas que buscan difundir y valorar el arte textil como una herramienta de lucha social y a las mujeres como creadoras. Un aspecto a destacar es el rol dinámico que ha adquirido el bordado, como un aliado implacable al momento de documentar hechos atingentes de los territorios. Los bordados que pasan semanalmente por la plataforma son páginas dinámicas de un memorial textil digital sobre sentires mayoritariamente latinoamericanos. En este ir y venir de la aguja, se potencia otro de los objetivos de este espacio, la articulación de redes con otros proyectos de artivismo textil, de carácter feminista o que promuevan espacios a favor de la cultura de los derechos humanos. Asimismo, han sido fundamentales las colaboraciones con el Colectivo Hebras de la Memoria de Chile, Club de Bordado de Ecuador, Bordando por la Memoria de Inglaterra, Linhas do Horizonte y Linhas de Sampa de Brasil, Madejas contra la violencia Sexista de España, Mujeres Stichers de Estados Unidos, entre tantas otras colectividades con las que Mil agujas por la Dignidad hace sinergia.
En el desarrollo de las acciones planteadas por Mil agujas por la Dignidad se distinguen tres objetivos principales: visibilizar el quehacer textil como una práctica política en pro de la cultura de los derechos humanos, especialmente en América Latina; reconocer a las mujeres como creadoras, aliadas innegables de los oficios textiles, como artistas pese a que fueron borradas de la historia del arte; promover espacios de aprendizaje, donde se compartan saberes desde pedagogías feministas y accionares comunitarios, favoreciendo el reconocimiento y la pertenencia del espacio público. Teniendo en cuenta los objetivos que movilizan a esta plataforma y comunidad, a continuación se presentarán algunas de las actividades que se han llevado a cabo durante estos tres años de artivismo textil.
Convocatorias digitales y textiles políticos activados por América Latina
El origen de Mil agujas por la Dignidad estuvo marcado por el Estallido Social en Chile, lo que determinó el carácter político y social del proyecto. Si bien, no se ha vuelto a repetir un evento multitudinario como el del 7 de diciembre de 2019, para el aniversario de la plataforma del año 2021, se realizó un llamado que invitaba a las personas a accionarse nuevamente de forma simultánea desde el bordado. Una vez más, el impulso se originó a partir de una situación en Chile y la posibilidad de que saliera escogido un presidente de extrema derecha, que entre sus propuestas de gobierno contemplaba clausurar el Instituto Nacional de Derechos Humanos, construir una “zanja” en la frontera para evitar el ingreso de inmigrantes y eliminar el Ministerio de la Mujer, entre otras medidas nefastas. Tras este panorama desalentador, la convocatoria de Mil agujas por la Dignidad apuntó a la confección de textiles que llamaran a RECHAZAR el Fascismo. Más que votar a favor del único candidato que podía cambiar esta situación, el actual presidente de Chile Gabriel Boric, la invitación fue a votar por la democracia, desde la memoria histórica, a pocos meses después de la conmemoración de los 48 años del golpe cívico-militar.
Esta manifestación textil autogestionada, tal como en su primera versión, se desarrolló simultáneamente en diferentes localidades de Chile, Argentina, Ecuador, Brasil, Suecia y Canadá. La novedad de este encuentro fue la realización de una trasmisión en vivo a través de la cuenta de Facebook de Mil agujas por la Dignidad, que permitió conectar de forma simultánea las jornadas de los diferentes colectivos convocados[21]. Nuevamente uno de los objetivos principales fue poder utilizar el espacio público como medio de activación, aspecto que se dio con fuerza principalmente en Argentina y Brasil, donde las bordadoras salieron a la calle con sus textiles.
Esta convocatoria contra el fascismo forma parte de las diferentes invitaciones de Mil agujas por la Dignidad para bordar y tejer en torno a causas sociales y políticas. Entre las temáticas que se han tratado se encuentran: la despenalización del arte callejero tras la muerte de un joven artista en Chile; la liberación de los presos políticos del Estallido Social; y también un especial llamado a votar para cambiar la constitución chilena redactada en dictadura. Esta última campaña se llamó “Plebiscito Textil” y contó con dos versiones, una llevada a cabo el 2020, que consistió en reunir bordados que llamaran a aprobar la realización de un plebiscito; y otra el 2022, en la que se llamaba a aprobar la nueva propuesta de constitución chilena. Para esta ocasión se organizaron 12 encuentros de bordado e información sobre el proyecto, dentro y fuera de Chile.
Otras de las convocatorias de Mil agujas por la Dignidad que se han repetido en el tiempo, son las dedicadas a “Bordar por los Derechos Humanos”, como consecuencia de la efervescencia social de América Latina y sus diversas realidades. Estos llamados a visibilizar situaciones de represión y violencia policial se originaron con el Estallido Social en Chile y luego fueron abordando otros conflictos importantes, como el paro Nacional en Colombia el año 2021. Estas manifestaciones, desencadenadas tras el anuncio del proyecto de reforma tributaria propuesta por el gobierno de Iván Duque, fueron duramente reprimidas por la policía y el ESMAD, con consecuencias nefastas para la población[22]. A esta convocatoria textil en apoyo al pueblo colombiano se sumaron diversos colectivos de artivismo textil, lo que además motivó la creación de nuevas agrupaciones como es el caso del colectivo Tejedores de Resistencia, que perdura hasta la actualidad (Babativa: 2022, pp.56-57).
Dentro de este ciclo de convocatorias en relación a conflictos de América Latina, el año 2022 se realizó una invitación a bordar por la situación en Ecuador, tras el paro nacional convocado por las organizaciones indígenas y campesinas, quienes querían evidenciar su desacuerdo con las políticas del gobierno del presidente Guillermo Lasso. De igual modo, en el caso de Brasil, que estos últimos años ha pasado por fuertes procesos políticos, se ha realizado más de una invitación a bordar por sus derechos. La primera convocatoria tuvo su origen en la compleja situación provocada por la pandemia mundial (COVID-19) y la escasez de vacunas que se vivió, así como en el trato deshumanizado que recibieron las personas durante el gobierno de Jair Bolsonaro. Posterior a esta convocatoria, los textiles políticos se activaron justamente para no permitir la reelección de este gobierno. A finales del 2022, tras el intento de golpe de Estado contra el actual presidente electo Lula da Silva, también se activó una campaña para visibilizar el ataque contra la democracia en Brasil. Simultáneamente, se lanzó una convocatoria en apoyo a los compañeros y las compañeras peruanas, quienes salieron a la calle a manifestarse en rechazo a la gestión del Congreso de la República y de su presidenta Dina Boluarte. Lo que entre otras cosas exigen, es un llamado a nuevas elecciones presidenciales y legislativas. Estas manifestaciones no han estado exentas de violaciones a los derechos humanos, sumando 60 muertos hasta febrero de 2023.
Un hilo que no se corta: colaboraciones y proyectos
Entre las campañas más importantes de Mil agujas por la Dignidad, se destaca la realizada el año 2020, en el período de cuarentena obligatoria por la pandemia mundial (COVID-19). La campaña se llamó “¿Tú qué bordas en cuarentena?”, y contó con la muestra de más de 1.000 bordados de diferentes países como Chile, México, Argentina, Rusia, Nueva Zelanda, Francia y Estados Unidos, entre otros[23]. En esta convocatoria el tema fue libre y se dio mucha importancia a mencionar los territorios desde donde se realizaban los textiles. Además, se incluyeron videos de bordadoras de diversas partes del mundo, quienes contaban sus experiencias de trabajo en el encierro. Uno de los objetivos de estos registros era poder animar a otras bordadoras, potenciando una red sorora, que, a pesar de ser digital, entregó cobijo y compañía ante las difíciles circunstancias de la pandemia. Esta convocatoria ha sido la más larga de las llevadas a cabo hasta la fecha por Mil agujas por la Dignidad. Duró diez meses desde que se inició en marzo de 2020.
Un hito importante en relación a las colaboraciones que se dan en Mil agujas por la Dignidad, fue la exposición textil online “Puntadas Revoltosas”, llevada a cabo en conjunto con el Museo de las Mujeres de Costa Rica[24]. La difusión de la convocatoria fue realizada a través de las redes del museo y la plataforma, que también efectuó el proceso de curaduría entre 326 proyectos textiles, provenientes de países como México, Estados Unidos, España, Chile, Perú, Honduras, Panamá, Costa Rica y Francia, entre otros. De todas las propuestas que se postularon, fueron escogidas 30 obras textiles de artistas y colectivos. La exposición estuvo dividida en tres categorías que buscaban mostrar las diferentes facetas en que el textil se desarrolla en el mundo del arte: Prohibido Callar, Experimentación textil y Grupos textiles.
Aparentemente estamos viviendo un boom de las prácticas textiles, potenciado por los estudios de género y la reivindicación de técnicas ancestrales. Sin embargo, tal como se mencionó en la introducción de esta investigación, la entrada definitiva de obras textiles políticas a instituciones artísticas, sigue siendo una encrucijada, sobre todo cuando pensamos en aquellas obras que son producidas fuera de la institucionalidad oficial del arte. A la colaboración entre Mil agujas por la Dignidad y el Museo de las Mujeres de Costa Rica, contribuyó positivamente el que este museo sea de una categoría específica que busca visibilizar a las mujeres como artistas y también, que gran parte de su labor como institución se realiza de forma virtual, inclusive antes de la pandemia.
Entre otro de los hechos que vinculan a Mil agujas por la Dignidad con organizaciones del mundo del arte, cabe mencionar que fue seleccionado como proyecto para formar parte de la VI edición de Mujeres Mirando Mujeres[25], plataforma europea de arte y género en el que se visibilizan los trabajos de mujeres que desde diversos roles y territorios se desenvuelven en circuitos artísticos. Por otra parte, la participación de Mil agujas por la Dignidad como comunidad textil en festivales también ha sido esencial. En el año 2020 formó parte del II Festival de Arte textil, Fibra de artista, organizado en formato híbrido desde Cachoeirinha, Brasil, por los colectivos Trasformando Arte y TransFormArte. De igual forma, el año 2021, el Festival de la Lana, organizado desde Santiago de Chile, realizó un breve reportaje periodístico en torno a Mil agujas por la Dignidad y el Censo Textil[26], lanzado a través de las redes del encuentro[27].
Entre las convocatorias que se han llevado a cabo que no tienen fines intencionadamente políticos, tuvo gran impacto “Borda la música de tu vida”. En octubre de 2021 se hizo un llamado a bordar extractos de la música que representa momentos significativos en la vida de las personas. Algunas de las participantes bordaron los nombres de las bandas de su juventud, contando experiencias personales que generaron un bello diálogo entre las personas que pasaron a comentar y en algunos casos, de las mismas bandas o cantantes implicados. Esta convocatoria llamó la atención de la plataforma artística colombiana BogotArt, quienes realizaron una nota de la iniciativa en su página y además la difundieron a través de sus redes[28]. Si bien, el perfil predominante de la comunidad textil que conforma Mil agujas por la Dignidad se enfoca principalmente en conflictos sociales y feminismos, es importante señalar que la convocatoria "Borda tu Mascota", realizada en septiembre de 2022, también tuvo una importante participación.
Tejer en el espacio público
Aun cuando esta plataforma se activa mayoritariamente desde el bordado, se han realizado diversas convocatorias en torno al tejido. Estas instancias se han dado mayoritariamente en el mes de junio cuando se celebra el día mundial de tejer en público. En el año 2021 se llevó a cabo la convocatoria “Tejamos nuestras Memorias. Punto, Sanación y Revolución”, iniciativa que invitó a tejer en la calle y, además, a compartir experiencias del efecto positivo del tejido en la salud mental. Este evento estuvo acompañado de una conversación online y contó con la participación de tres creativas textiles dedicadas exclusivamente al tejido. Por otra parte, algunas de las personas que participaron de la convocatoria compartieron fotografías de ellas tejiendo en paraderos de buses, plazas y lugares de trabajo. Esta campaña fue una oportunidad para reconocer a nuestras ancestras que transmitieron estos conocimientos de generación en generación, por lo que fueron emocionantes los relatos que acompañaron las fotografías de los tejidos que llegaron como la experiencia de Aguita Santelices, de 82 años:
“(…) Mi mamá era la reina del tejido […] Apenas me asomaba a los 10 años y yo quería imitarla, pero mi torpeza era infinita y me tupía con esa nomenclatura de un revés, un derecho, dos juntos, una vuelta o lo que fuera. Finalmente, algo aprendí sobre el arte de tejer, el que me ha acompañado a lo largo de mis 82. Ha sido un refugio, una compañía; por mis manos se han deslizado miles de metros de hilos de diferentes colores y texturas recogidos en prendas pequeñas, grandes, gruesas o delgadas, algunas hechas por placer y otras por necesidad de un ingreso.”
En diversas instancias generadas desde Mil agujas por la dignidad se ha potenciado la idea de que tejer en sí es un acto político. Lo anterior se relaciona con la idea de que generalmente la enseñanza del tejido (al igual que del bordado) era parte del itinerario de conocimientos domésticos que debían manejar las mujeres y que hoy pueden ser realizadas como opción voluntaria y no desde una imposición social. Desde la libertad de poder escoger es que estas prácticas, que en algún momento fueron potenciadas desde el espacio íntimo, hoy se transforman en acciones reivindicativas en el espacio público. Cada punto tejido es un acto revolucionario en manos de mujeres, acciones que subvierten los principios que lo vinculan a sus historias de subsistencia, resiliencia, resistencia y de empoderamiento (Rivera: 2017, p.141).
Feminismos y narrativas textiles
De los proyectos de Mil agujas por la Dignidad con enfoque de género, que tuvieron gran alcance en las redes sociales, se encuentran los programas de conversación “Creativas Textiles” y “Desenredemos Hilos”. Estos encuentros tuvieron como objetivo reconocer el trabajo de 12 mujeres de diversos países, que se encuentran liderando proyectos textiles de bisutería, tejido comunitario, prácticas feministas, reutilización, entre otros aspectos. Como estos encuentros se realizaron a través de Instagram, fue muy valiosa la interacción con las mujeres que se conectaban y opinaban durante el tiempo real del transcurso de la charla, generándose un diálogo abierto con las invitadas.
Otro espacio importante activado desde la plataforma para visibilizar el trabajo de mujeres y compartir saberes fue “Relatos Textiles”[29]. En estos ocho encuentros transmitidos abiertamente por Facebook, participaron 22 invitadas de distintos países y especialidades. Entre los conversatorios que se llevaron a cabo se encuentra: “Arte textil y las luchas sociales” que abordó el tema de los artivismos y el poder de la aguja como herramienta de denuncia; “Reutilización textil”, programa enfocado desde el conflicto medioambiental y la explotación laboral en la industria textil; “Hilando feminismos”, programa en torno a proyectos feministas articulados desde el bordado; “Arpilleras y derechos humanos”, conversatorio con diferentes mujeres vinculadas desde la pedagogía y la investigación a la historia de las arpilleristas chilenas; “Memorias Bordadas”, espacio que abordó el tema de la autosanación y el bordado como bitácora de vida; “Deshilachando Masculinidades”, encuentro que contó con bordadores y tejedores, cuyos proyectos trabajan la desmitificación del textil como práctica exclusiva de mujeres; “América Latina en Resistencia”, programa que trató sobre los conflictos del continente y diversas campañas textiles que las visibilizan; “Tejamos nuestras memorias”, espacio dedicado al tejido como herramienta de lucha feminista; y finalmente, “Bordar como metáfora de vida”, programa dedicado a reflexionar sobre el uso de las prácticas textiles para realizar bitácoras del día a día. Estos encuentros permitieron conocer las prácticas feministas de las invitadas y, cómo desde sus proyectos, abordan diferentes dimensiones de la lucha por la igualdad de género.
Entre las convocatorias de bordado y tejido que buscan visibilizar el mundo creativo de las mujeres, fue trascendental “Mujeres Textiles que inspiran”. Este llamado realizado el año 2021, contó con la participación de más de cincuenta mujeres que compartieron fotografías de sus textiles. El aspecto más destacable fue que los acompañaron con relatos sobre las mujeres que admiraban y habían inspirado sus prácticas. Aparecieron emocionantes historias de infancia bajo una máquina de coser, los nombres de abuelas, madres, amigas, monjas y tantas otras que generosamente han compartido sus saberes a tantas generaciones.
Con respecto a la difusión de bordados con temáticas intencionadamente feministas, la convocatoria es abierta y permanente todo el año en las redes de Mil agujas por la Dignidad. Sin embargo, la exposición de este tipo de textiles se potencia más durante marzo, por el día Internacional de la Mujer, y también para el 25 de noviembre, día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra las Niñas y Mujeres.
En agosto y noviembre de 2021, se lanzó la convocatoria “Bordamos y denunciamos los horrores del patriarcado” que contó con la participación de más de 50 textileras de diversas partes del mundo, quienes además compartieron importantes reflexiones de cómo les afecta la violencia patriarcal en sus territorios. Para marzo del año 2022 se realizó la convocatoria de amplio alcance “Narrativas textiles feministas”[30]. Esta campaña, además de reunir bordados y tejidos con mensajes feministas para concientizar, contó con la realización de un taller digital gratuito sobre narrativas textiles a través de Zoom. Este encuentro contó con la participación de un promedio de 150 mujeres provenientes de Chile, Perú, Bolivia, Ecuador, México, Argentina, Uruguay, Brasil, Colombia, Costa Rica, Canadá, España y Francia. Fue concebido como un espacio cerrado, no fue transmitido en vivo a diferencia de otras reuniones que se han llevado a cabo a través de las redes sociales de Mil agujas por la Dignidad. El taller fue un espacio seguro de abrazo sororo a través de la activación textil. Las mujeres que participaron, se acompañaron a través del ritmo de la aguja y los palillos, para aprender de sus vivencias y saberes de resistencia.
La convocatoria de agosto de 2022, “Bordamos para atravesar la rabia”, camino al 25 de noviembre, día internacional de la eliminación de violencia contra las niñas y las mujeres, también contó con un taller online cerrado vía Zoom. Este espacio generó hermosas redes entre las mujeres que lo conformaron, al punto de que hubo algunas que se conmovieron tanto con los relatos de otras compañeras que ofrecieron bordarlos. Los textiles compartidos en este espacio se transformaron en un abrazo amoroso a pesar de la distancia geográfica.
CONCLUSIONES: DESENREDANDO NUDOS FINALES
El nexo de las prácticas textiles con la historia de resistencia de las mujeres resulta inquebrantable. Aunque muchas tuvieron que aprenderlas como parte de las exigencias asociadas al estereotipo de género, hoy siguen siendo relevantes en sus vidas. En todo el mundo, millones de mujeres accionan sus agujas para promover sus derechos y la justicia social en sus comunidades. De igual modo, estas prácticas, escogidas como una opción personal en lugar de una imposición social, son realizadas por el placer que generan, lo que las convierte en un acto político en sí mismo. Igualmente, existe una discusión no resuelta sobre el reconocimiento del mundo del arte hacia los textiles políticos y quienes los realizan, que generalmente son mujeres que no han pasado por instituciones artísticas. Esto se debe a un conflicto macro en el que las mujeres han sido excluidas de los relatos oficiales de la historia, sobre todo si pertenecen a las clases sociales más bajas. La situación anterior hace urgente la necesidad de potenciar proyectos culturales que busquen promover la igualdad y rompan las segregaciones sociales asociadas al género.
Las prácticas textiles se reinventan para reescribir la historia y desafiar las narrativas dominantes. Los textiles políticos son artefactos vivos de memoria íntima y colectiva que interpelan a las autoridades e instituciones públicas, para que éstas resguarden y promuevan los derechos de las mujeres y otras personas oprimidas. Por ello, cuando hablamos de artivismos textiles, esta investigación apunta al reconocimiento de estas prácticas como formas de arte, que desde su naturaleza política de resistencia poseen la capacidad de accionarse en diversos espacios simultáneamente. Es así como podemos encontrar un textil en una plaza pública para visibilizar el nombre de un desaparecido; en una convocatoria textil digital que denuncia la violación a los derechos humanos o en un museo, como parte de una exposición en una institución oficial del arte.
Artivismos, como Mil agujas por la Dignidad, hacen uso del textil como una herramienta política para documentar contextos colectivos desde realidades individuales. Además, intenciona el uso del espacio público como una forma de resignificar prácticas que históricamente fueron concebidas como íntimas. Por otra parte, dentro de la revolución del mundo textil han ganado importancia los encuentros digitales, que favorecen la formación de colectividades que se accionan e interconectan desde los conflictos sociopolíticos de sus diversos territorios. La digitalidad favorece la reunión de mujeres de diversas edades y territorios.
Mil agujas por la Dignidad, se ha convertido en una plataforma y comunidad textil mayoritariamente latinoamericana. A través de convocatorias digitales que propician espacios de encuentros presenciales y la voluntad política de miles de personas que se incorporan a estos llamados, se logran los objetivos que sustentan las acciones de esta plataforma. Estos objetivos pasan por visibilizar el quehacer textil como una práctica política en pro de la cultura de los derechos humanos; reconocer a las mujeres como creadoras y artistas pese a su no pertenencia a la academia; y finalmente, promover espacios de aprendizaje, donde se compartan y valoren diversas formas de conocimiento, que contemplen nuevas pedagogías feministas y accionares comunitarios.
Entre las prácticas textiles que se desarrollan en Mil agujas por la Dignidad, el bordado ha sido trascendental. A través de esta técnica y las diversas convocatorias difundidas por redes sociales, se ha generado un memorial textil digital. Esta forma de documentación virtual contiene denuncias, demandas y sentires importantes que captan la esencia de un continente en constante ebullición social. Como un hilo que no se corta, Mil agujas por la Dignidad teje a diversas mujeres latinoamericanas que se unen a través de los beneficios de la digitalidad, para urdir proyectos que contribuyan a la lucha social, inclusive estando fuera de sus territorios de origen.
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[2] En América Latina, las prácticas textiles han sido en gran medida estudiadas desde perspectivas que se mantienen separadas entre sí. En general, se han abordado desde un enfoque folclórico, ancestral o centrado en los textiles como indumentaria. Sin embargo, hay pocas investigaciones provenientes de la historia del arte que examinen el origen de textiles políticos, desde los preceptos del mundo del arte.
[3] Este museo, además de exhibir cierta cantidad de arpilleras en sus dependencias, cuenta con un catálogo de la colección, material educativo que favorece su estudio. En noviembre de 2019 fue publicada la segunda edición de este catálogo que incorporó nuevas piezas.
[4] Para obtener más información, consulte: https://cain.ulster.ac.uk/conflicttextiles/
[5] El año 2022 Cecilia Vicuña recibió un León de Oro a la trayectoria por parte de la 59ª Bienal de Arte de Venecia, una de las ferias de arte más reconocidas a nivel internacional. Otro hecho destacado de la carrera de la artista es la exposición titulada “Brain Forest Quipu”, presente desde octubre de 2022 hasta abril de 2023, en la Galería de impacto mundial, Tate Modern de Londres. Para obtener más información, consulte: https://www.tate.org.uk/search?q=cecilia+vicu%C3%B1a
[6] En noviembre de 2019, en la Tate Modern de Londres, se llevó a cabo la exposición “A year in Art: 1973”, la que contó con un gran número de arpilleras.
[7] Para leer el manifiesto completo y obtener más información, consulte: https://milagujasporladign.wixsite.com/manifestaciontextil/manifiesto
[8] Las cifras finales varían según diferentes instituciones. En octubre de 2020, la Comisión de DD.H.H., Nacionalidad y Ciudadanía del Senado concluyó que existieron más de 3.500 lesionados por agentes del Estado, 7 de ellos fallecidos; 347 lesiones oculares, 5 de ellas con ceguera irreversible; entre otras víctimas. (https://www.senado.cl/noticias/carabineros/comision-de-dd-h-h-revisa-cifras-a-un-ano-del-estallido-social)
[9] Entre 1990 y 2018, el PIB per cápita chileno creció a 2,8% al año, el más rápido de Sudamérica después de Perú (3,4%). (Fuente: Maddison project database, 2020).
[10] En 2018, el PIB pc chileno fue de US$ 22.105, muy cercano al de Grecia (US$ 23.451) y Portugal (US$ 27.036). (Fuente: Maddison project database, 2020).
[11] En 2017, el índice de Gini se situaba en 0,44, solo por debajo de Brasil (0,53), Colombia (0,50) y Paraguay (0,49), y casi al mismo nivel que Bolivia (0,45) y Ecuador (0,45), Entre los países de la OCDE, solo es superado por Costa Rica, con un Gini de 0,48 puntos. Fuente Banco Mundial. Para obtener más información, consulte: https://pip.worldbank.org/country-profiles/CHL.
[12] En 1984, el desempleo en Chile se situaba en un 20% (Meller, 2002; 43); la pobreza registró un máximo de 45% en 1987; y la indigencia un 30% en 1983 (Raczynski, 2002). Los salarios reales se mantuvieron estancados en 1981 y 1990 (Matus y Reyes, 2021; 711)
[13] Tanto según el Índice de Desarrollo Humano (IDH) (PNUD, 2018), como el Índice de Progreso Social (IPS), Chile se ubica entre los países que alcanzan los niveles más elevados del mundo.
[14] Para mayor comprensión del origen del conflicto se recomienda la lectura del libro: Estallido Social y una Nueva Constitución para Chile de Mario Garcés.
[15] Para conocer la lista de territorios que participaron de la manifestación se recomienda visitar el sitio web de Mil agujas por la Dignidad, la sección agujas por el mundo. Para obtener más información, consulte: https://milagujasporladign.wixsite.com/manifestaciontextil/agujas-por-el-mundo
[16] Se entregaron indicaciones con respecto a las características de las piezas textiles, como que éstas podían ser de entre un mínimo de 20 x 15 cms. a un máximo de 30 x 25 cms. de forma horizontal o vertical. El color y el tipo de tela quedó al criterio de cada agrupación, como también el tipo de puntadas que utilizaron para hacer las obras. Otros aspectos vinculados a las dinámicas de trabajo durante las jornadas de bordado quedaron absolutamente a la creatividad de las organizadoras. Hubo eventos que contaron con actuaciones musicales, declamación de poesía e intervenciones teatrales, almuerzos comunitarios, charlas explicativas de la situación, entre algunas de las actividades que acompañaron las jornadas textiles de protesta.
[17] Dentro de la planificación de la manifestación, se realizaron jornadas de trabajo que promediaron seis horas diarias, y que consistían en la activación de redes, respuestas de correos electrónicos y el diseño de material visual de difusión, entre otras labores. Esta rutina se efectuó durante un mes y medio antes del 7 de diciembre de 2019, fecha en que se efectuó la protesta textil.
[18] Para acceder al documental y obtener más información, consulte: https://youtu.be/RKmJVBfELpk
[19] Esta frase, realizada con luces de neón, fue producida como parte de “Los durmientes, el exilio imaginado”, la primera exposición antológica del artista Enrique Ramírez, llevada a cabo en el Museo de la Memoria y los Derechos Humanos (Santiago, 2015). Actualmente se encuentra expuesta en el Museo Amparo de México.
[20]Desde el año 2021 se han incorporado algunos hombres bordadores que buscan romper con las cadenas de los estereotipos de género; sin embargo, su participación no alcanza a ser significativa en términos de frecuencia y cantidad.
[21] Para acceder al programa y obtener más información, consulte: https://youtu.be/M00qRqwz0mQ
[22] Según la Unidad de Investigación y Acusación (UIA) de la JEP, a raíz de las manifestaciones en Colombia el 2021, se registraron 329 muertes violentas. Del total, 24 corresponden a civiles y 89 a miembros de la fuerza pública. Para obtener más información, consulte: https://www.jep.gov.co/Sala-de-Prensa/Paginas/En-2021-el-conflicto-armado-se-reactiv%C3%B3-en-12-zonas-del-pa%C3%ADs,-dio-a-conocer-la-UIA-de-la-JEP.aspx
[23] Para esta convocatoria se activó el hashtag #túquébordasencuarentena donde hoy en día se pueden apreciar la mayoría de los bordados que formaron parte de la campaña.
[24] Para visitar la exposición y obtener más información, consulte: https://www.museodelasmujeres.co.cr/exposiciones/puntadas-revoltosas
[25] Parte de los objetivos de este certamen consistían en difundir los proyectos seleccionados , por lo que se realizó una publicación sobre el origen de Mil agujas por la Dignidad y las acciones de la plataforma vinculadas a visibilizar a las mujeres como creadoras. Para leer la nota y obtener más información, consulte: https://mujeresmirandomujeres.com/mil-agujas-por-la-dignidad-karen-rosentreter-villarroel-proyecto-invitado/
[26]Censo Textil fue el nombre que recibió la encuesta llevada a cabo en septiembre de 2021 y que forma parte de las metodologías de mi tesis doctoral en proceso sobre Prácticas Textiles en América Latina. En esta encuesta se quiso pesquisar datos vinculados a la relación de personas que hacen textil con instituciones del arte, tomando en cuenta aspectos como las exposiciones que realizan y si se identifican como artistas, entre otros puntos considerados. Fue difundida en castellano y portugués y participaron 1.137 personas de 32 países diferentes de todo el continente.
[27] Para obtener más información, consulte: https://festivaldelalana.cl/la-protesta-de-las-agujas/
[28] Para obtener más información, consulte: https://bogotart.co/artistas/borda-la-musica-de-tu-vida/
[29] Todos los programas Relatos Textiles se encuentran en el canal de Youtube de Mil agujas por la Dignidad. Para obtener más información, consulte: https://www.youtube.com/@milagujasporladignidad309
[30] El diario El Mostrador realizó una nota periodística de la convocatoria y taller, titulada “Mil agujas por la Dignidad: conoce a la organización internacional que visibiliza la lucha feminista a través del arte textil”. Para leer la nota y obtener más información, consulte: https://www.elmostrador.cl/braga/2022/03/08/mil-agujas-por-la-dignidad-conoce-a-la-organizacion-internacional-que-visibiliza-la-lucha-feminista-a-traves-del-arte-textil/