Librarius
Reseña de: AGUILAR GARCÍA, Francisco J. TORRES-RUIZ, René (Coords.). (2022). Acciones colectivas en el campo global y regional.
La complejidad de los movimientos sociales
Reseña de: AGUILAR GARCÍA, Francisco J. TORRES-RUIZ, René (Coords.). (2022). Acciones colectivas en el campo global y regional.
Utopía y Praxis Latinoamericana, vol. 29, núm. 104, e10504677, 2024
Universidad del Zulia

LIBRARIUS
Un pionero en la investigación de los movimientos sociales fue Touraine. Castells, Melucci, Tilly y Tarrow ofrecieron aportes pertinentes. En América Latina Zibechi, Escobar y Holloway han hecho críticas agudas a las teorizaciones clásicas y han abierto brechas para seguir estudiándolos. En México un conjunto de investigadores ha profundizado en su conocimiento.[1] Dentro de este último esfuerzo Javier Aguilar y René Torres han seguido en la línea de dar pistas para su comprensión. Javier Aguilar en 2019 coordinó un libro colectivo titulado Los movimientos sociales en la vida política mexicana (UNAM). Fue el producto de la tercera memoria del seminario institucional denominado la crisis, el poder y los movimientos sociales. Los movimientos son vistos con capacidad no solo de cuestionar el quehacer de las políticas oficiales, sino de incidir en las decisiones que se toman en las altas esferas del gobierno. Destaca que estos movimientos pugnan por la democracia y cuestionan el modelo neoliberal. René Torres-Ruiz en 2018 publicó un escrito con el título “Movimientos sociales y democracia en el México contemporáneo”, editado por IberoForum[2] en el que describe y analiza la aparición de diversos grupos y colectivos en el siglo XXI con demandas sociales provenientes de agudos problemas sociales. Ha crecido la violación de derechos humanos y la violencia, y movilizaciones en contra de esas situaciones. Este coordinador, junto a otros dos académicos encabezó la publicación de un libro sobre derecho, Estado y poder en México y América Latina (UIA, 2021)donde discute conceptos como democracia, ciudadanía y derecho. Trata los retrocesos y precariedades de estas realidades en latinoamérica. Examina las desafecciones y rupturas con la política y todos los órdenes de la vida. Plantea el desafío de enfrentar el silenciamiento, la exclusión y la humillación para construir un nosotros desde el reconocimiento, la solidaridad y la confianza, cuestiones que abren necesariamente la indagación de los movimientos sociales.
Tanto Francisco Javier Aguilar como René Torres-Ruiz coordinan la publicación Acciones colectivas en el campo global y regional (UIA-Juan Pablos Editor), un libro colectivo que apareció a finales de 2022 con 347 páginas. Tuvo la finalidad de analizar, discutir y aportar soluciones a los desafíos de las sociedades mexicana, latinoamericana y europea del presente siglo. Se grupan los trabajos de diez académicos (siete varones y tres mujeres), producidos para el seminario institucional que lleva por título La crisis, el poder y los movimientos sociales en el mundo global. En una primera parte se presentan elementos analíticos y metodológicos en torno a los movimientos sociales tanto en México como en latinoamérica. En la segunda parte se exponen estudios sobre acciones colectivas recientes latinoamericanas y europeas que trascendieron lo regional y tuvieron impactos globales. En la última parte se ofrecen investigaciones sobre movimientos sociales recientes en México y Bolivia. El Chat Bing escribe que la temática principal del libro es el análisis de los movimientos sociales que se han generado en el contexto global y regional, especialmente en México, América Latina y Europa, en las dos primeras décadas del siglo XXI; que aborda los desafíos, las oportunidades, las estrategias y las consecuencias de estas acciones colectivas que buscan transformar la realidad social, política, económica y cultural de sus contextos; y que reflexiona sobre la relación entre los movimientos sociales y el Estado, la sociedad civil, los medios de comunicación, las organizaciones internacionales y otros actores relevantes. [3]
La introducción está escrita por Javier Aguilar y Roberto Zepeda (páginas 9-17) donde se destacan las principales aportaciones de los participantes en este libro colectivo que discute e intenta aportar soluciones a los desafíos de varias sociedades en el despuntar del nuevo siglo. Javier Aguilar y Roberto Zepeda también se encargan del capítulo “Acerca de los nuevos movimientos sociales en América Latina” (páginas 21- 43). Se basan en las teorías más relevantes para analizar los movimientos sociales. Se refieren a los movimientos sociales en el contexto del neoliberalismo. Apuntan a movimientos locales con demandas globales, con redes nacionales y trasnacionales que tienen diversos objetivos, pero que logran organizarse y manifestarse a nivel global con estructuras horizontales. Discuten las características del neoliberalismo y sus impactos en bajo crecimiento económico, incremento del desempleo, aumento de la informalidad, declive del sindicalismo y desarticulación de los tradicionales movimientos obreros. Esto ha propiciado la conformación de nuevos actores sociales que se oponen al neoliberalismo. Hay luchas contra el racismo, la exclusión y la discriminación. Emergen importantes luchas de mujeres. Las hay contra la destrucción de la naturaleza. Los movimientos antisistémicos ya no buscan la toma del poder. Se llama la atención del surgimiento del movimiento zapatista en México. Desde finales del siglo XX y al iniciar el siglo XXI han surgido movimientos de campesinos, de trabajadores urbanos, de mujeres y de jóvenes que se oponen a los desastres de las políticas neoliberales. Producto de estos nuevos movimientos entre 1990 y 2005 fueron derrocados once presidentes latinoamericanos. Se recuerda que al calor de varios de estos nuevos movimientos en diez países latinoamericanos entre 1998 y 2010 pudieron tenerse gobiernos de izquierda que prometieron moderar las políticas neoliberales. Concluyen enfatizando que la resistencia neoliberal ha sido protagonizada por nuevos movimientos sociales emanados de áreas rurales y de sectores urbanos rezagados. El papel sindical ha sido marginal. Insisten en que esos movimientos sociales son heterogénos con una gran variedad de objetivos. Aconsejan seguir indagando el desarrollo de dichos movimientos que son diferentes a los movimientos del pasado.
Javier Aguilar escribe el capítulo “Los movimientos sociales ante el desgaste de la democracia y la política” (página 45-73). Parte de la diversidad de los movimientos sociales. Ante el neoliberalismo estos movimientos se han globalizado y se focalizan en el respeto a los derechos humanos, la defensa del medio ambiente, el respeto a la diversidad sexual, defensa de los derechos juveniles, oposición a los alimentos modificados genéticamente, y a los grandes proyectos que dañan a la naturaleza. Plantea el autor visualizar a los que critican al sistema político, a los gobernantes, a la democratización que conlleva el empeoramiento de las condiciones de vida de las mayorías, a los que argumentan que lo electoral no alcanza para remediar esos males. Hace un recorrido por los principales movimientos en los primeros tres lustros del nuevo siglo frente al hecho de que los mecanismos de la democracia formal no ha solucionado los males sociales. Ante el desgaste de esa democracia se ha venido dando una emergencia de movimientos. Recapitula los procesos económicos y políticos de las cuatro últimas décadas y cómo las medidas prevalecientes han incubado respuestas de movilizaciones sociales. Recordó el movimiento de los suburbios de París en 2005, las protestas en Grecia en 2008, el surgimiento de los indignados hispanos en 2011. Hubo también movilizaciones en otros paises. Puntualizó que dichos movimientos mostraban cómo la democracia no se reducía a partidos y movimientos, sino que podía ejercerse en las plazas con acciones de nuevo tipo. Pasó a dar cuenta de movimientos latinoamericanos donde se han aplicado con fuerza las medidas neoliberales. Hizo ver cómo Chile había sido uno de los países donde esa política había querido exponerse como paradigmática. Uno de los sectores más dañados fue el de los indígenas mapuche, pues la política neoliberal desconoció su derecho comunal. Surgieron varias organizaciones al seno del pueblo mapuche que se opusieron a la privatización de sus tierras y que pasaran a las empresas. Ante las argucias de la clase política fueron apareciendo organizaciones que impulsaron la autonomía de sus territorios. También se desató una prolongada lucha estudiantil que ha exigido una educación pública y gratuita. Señala que una característica novedosa de los movimientos en Chile es la unión de varias causas distintas en un frente común. También se refiere a los movimientos brasileños, y destaca el Movimiento de los Trabajadores Rurales sin Tierra (MST) con estructura horizontal por medio de comisiones en los niveles locales, estatales y nacional. Realiza manifestaciones, concentraciones, campamentos y ocupación de terrenos. Organizaciones urbanas fundaron el Foro Nacional por la Reforma Urbana que se articuló con movimientos sindicales y con el MST. La capacidad de alianzas de los movimientos brasileños les ha permitido crecer, diversificarse y mantenerse durante largos periodos. Alude también al movimiento argentino contra el neoliberalismo con su lema “que se vayan todos”. Se propició una democracia directa y justa desde abajo. Se recuerda el movimiento de los piqueteros y el de fábricas recuperadas con empresas autogestionadas que se articularon con otros movimientos. En el caso mexicano enlista el movimiento por la democracia encabezado por Cuauhtémoc Cárdenas contra un fraude electoral en las elecciones presidenciales de 1988; la irrupción del movimiento del EZLN en 1994 que ha planteado la organización autónoma frente al Estado, ha impulsado el CNI y la constitución del Concejo Indígena de Gobierno; el movimiento estudiantil en 1999 por la defensa de la universidad pública y gratuita; debido al incremento de la violencia, nació el movimiento que se institucionalizó en el organismo “Alto al secuestro”, también apareció otro movimiento institucionalizado en la Fundación México SOS, y se encuentra también el amplio movimiento por la paz con Justicia y Dignidad. Estas tres expresiones tuvieron la debilidad de estar bajo la tutela de personalidades y se fueron desgastando. Otro movimiento de larga duración y con mucha relevancia e influencia ha sido el desarrollado por la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación (CNTE) que se ha convertido en un referente de organizaciones disidentes en el país; participó en la Asamblea Popular de los Pueblos de Oaxaca en 2006, ha emprendido una lucha incansable contra la reforma educativa propugnada por organizaciones empresariales y con propósitos privatizantes de la educación y en contra de la organización independiente de los maestros. Este escrito concluye que las democracias latinoamericanas han sido cooptadas por sus clases políticas que han estado aplicando políticas neoliberales y un saqueo. Los movimientos latinoamericanos y europeos han estado criticando sus sistemas democráticos representativos y generan nuevas alternativas de organización, entre ellas la autonomía como símbolo de la posibilidad de construcción de otra democracia y otro mundo.
María Fernanda Paz estudia “Movimientos socioambientales en México” (páginas 75-103). Recalca que el tema ambiental ha adquirido centralidad en la política de los movimientos sociales. Van más allá de las categorizaciones de ecologista o ambientalistas para erigirse como movimientos en contra de la destrucción, el despojo y en defensa del territorio y de la vida. Ha investigado los movimientos socioambientales en México desde cuatro puntos de observación: la conflictividad que les da origen; desde su carácter anticapitalista y territorial; desde lo que les da identidad; y desde una acción colectiva que impacta la micropolítica y el marco político nacional. Se propone categorizar estos movimientos mexicanos que tienen grandes diferencias con los movimientos ambientalistas europeos, estadounidenses y canadienses. Precisa que no todos los conflictos sociales de contenido ambiental construyen propiamente un movimiento social. Resalta que los ambientales conllevan una construcción sociocultural y territorial. Considera que no hay un solo movimiento socioambiental nacional, sino coexistencia y confluencia de movimientos sociales temáticos (contra la minería, contra las represas, contra el fracking); y los hay de escala regional. Lo ambiental se refiere a los bienes naturales y los entornos de vida que hacen posible la producción material y la reproducción social. Su organización se teje alrededor de acceso, uso y aprovechamientos. Plantean una conceptualización en términos relacionales. Defienden bienes naturales y ecosistemas (agua, bosques, ríos, selvas, tierras) y formas de vida (campesinas, pescadoras, urbanas) con una modalidad de organización asamblearia y comunitaria. Se proponen garantizar condiciones de calidad y estilos de vida con formas de producción y consumo diferentes a las impuestas por el neoliberalismo. Defienden derechos territoriales, capacidades autogestivas y de autodeterminación. Tienen una definición anticapitalista y antipartidista. Construyen su legitimidad por medio de acciones y discursos. Conjugan una confrontación hacia afuera y una reflexividad hacia adentro. Enfatiza que ha encontrado en Chiapas, Oaxaca, Puebla, en la Montaña y la Costa Chica de Guerrero, y en el michoacano Cherán un trabajo sistemático por fortalecer órganos de decisión internos para formar gobiernos comunales. Dichos movimientos se han gestado en el marco del capitalismo neoliberal y construyen otras formas de lo político. Fundamentalmente se desarrollan en zonas campesinas e indígenas y se vinculan con las demandas de reconocimiento de los derechos de los pueblos originales sobre el territorio y la libre determinación. Se diferencian entre sí por la solidez de su organización. Son movimientos anticapitalistas, pero no de clase como lo fue el movimiento obrero. No son revolucionarios en el sentido de la toma del poder. Se oponen y resisten el neoliberalismo. Defienden modalidades de vidas societarias en las que la sociedad y el ambiente forman un continuum y no son ámbitos separados. Se resisten a la precarización de la vida producida por el neoliberalismo que los despoja de sus bienes. No emprenden luchas solo para lograr mejores condiciones de vida, sino que plantean la defensa y control sobre su vida y territorio. Insiste en que los movimientos socioambientales en México son múltiples, diversos y complejos por lo que recomienda no caer en generalizaciones ni esencialismos.
Juan Manuel Gatica escribe el capítulo “Movimientos sociales: agentes de otras culturas de la educación” (páginas 105-131). Resalta que los movimientos sociales son agentes que desde su habitus pedagógico construyen otras formas de educar, distintas a las impuestas bajo la lógica del Estado y el capital. Visibiliza la naturaleza de los procesos educativos alternativos, construidos desde las raíces de las comunidades. Explica el campo educativo como espacio de disputa entre gobiernos, comunidades y movimientos. Analiza la educación impuesta desde el Estado a partir de una visión neoliberal individualista. Se adentra en la educación alternativa generada desde la actuación de los pueblos organizados en movimientos para defender su cultura por medio de la oposición a la educación estatal. Los movimientos están tomando la educación en sus manos como parte de crear un mundo diferente. Las comunidades son conscientes de que la educación de sus pueblos es fundamental para la continuidad de su resistencia. La pedagogía de estos movimientos se sitúa desde las conciencias colectivas de los pueblos, se construye desde las raíces y saberes tradicionales de las comunidades, acompaña a los pueblos para que de manera autónoma recuperen sus raíces. Algunas comunidades originarias han creado verdaderos centros epistemológicos. La emergencia de nuevas y múltiples formas de producción pedagógica está internalizada en la historia e identidad de los pueblos. El territorio juega un papel relevante en la generación de pedagogías autónomas de los pueblos. Por medio de proyectos pedagógicos los movimientos desarrollan su creatividad. El autor examina algunos casos latinoamericanos de experiencias pedagógicas. La propuesta pedagógica de los movimientos es fundamental para las comunidades en resistencia. Los casos elegidos son los espacios educativos del Movimiento de los sin Tierra en Brasil, el movimiento de interculturalidad en Ecuador, la escuela autónoma zapatista en Chiapas, y el proceso de la Universidad de los Pueblos del Sur en Guerrero. En el MST, que tiene cerca de dos mil escuelas, los elementos pedagógicos han sido diseñados por el propio movimiento. Se desarrolla el criterio crítico, se transmite la historia y el significado de la lucha por la tierra, apuesta a desarrollar la capacidad técnica para los trabajos productivos. El caso ecuatoriano destaca por proponer la interculturalidad como proyecto educativo, supera la dicotomía sujeto-objeto, hay interaprendizaje, se trabaja en la construcción de nuevos marcos conceptuales, nuevas categoría y nuevas nociones. El caso de la educación zapatista es muy ilustrativo, pues se aprende que lo teórico se hace práctico en la vida de la comunidad; se comparte y construye autonomía; la comunidad dice lo que se necesita aprender; la educación autónoma es una estructura al servicio de la vida indígena; aprenden quiénes son y cuál es su historia; dotan de sentido la colectividad indígena. En Guerrero la Unisur surge como resultado de los movimientos de pueblos indígenas y afromexicanos. Se vio la necesidad de que tuviera un carácter institucional público. Se apega a las estructuras comunitarias; se investigan procesos; las unidades de aprendizaje están definidas por nudos problemáticos; a partir de la práctica se produce el conocimiento. Se describe y analiza cómo los movimientos sociales representan otras formas de educar, donde cada pedagogía es concebida con base en la propia realidad y los procesos pedagógicos no se desarrollan de manera aislada. Este capítulo hace ver que los movimientos sociales se han convertido en verdaderos agentes pedagógicos.
Carlos Ballesteros se encarga del capítulo que trata “Los movimientos sociales ante el poder y la política. Grecia y España en el contexto de la crisis europea” (páginas 135-162). Considera que los movimientos influyen de manera decisiva como factores de transformación política con espacio propio que está delimitado por su potencial reivindicativo que se encuentra referido a las estructuras de poder. Acota que hay algunos movimientos que trascienden el ámbito gubernamental. Considera que no es posible reducir el origen de los movimientos a factores económicos. No obstante, las protestas de inicio de la segunda década del siglo actual tienen que ver con la crisis global del capitalismo. La crisis europea ha tenido un carácter multidimensional. En Grecia y España irrumpieron grandes movimientos que posteriormente dieron impulso a iniciativas políticas como las organizaciones Syriza y Podemos. Se realiza un seguimiento de ambas expresiones. En la plaza griega Syntagma una multitud localizó un espacio para manifestar una amplia inconformidad. Llama la atención que ahí se volcaron tanto alternativas anticapitalistas y demandas de democracia directa como reacciones conservadoras y populistas. Al final se impuso la realidad económica contra la voluntad popular. En España el 15M articuló una identidad alternativa que se mantuvo por las innovaciones en el uso de la comunicación y de retroalimentación democrática. Se analizan las trayectorias de Syriza y de Podemos, este último como expresión política de la dinámica de los indignados pero que no incluía a todos ellos. Su desempeño electoral ha sido irregular. Al tomar la forma de partido se distanció de los sistemas de protesta. Se discute la temática del populismo pues tanto en Grecia como en España los movimientos abrieron las puertas a estrategias populistas. Concuerda el autor con la apreciación de Badiou en cuanto a que Syriza y Podemos se identificaron como posibilidades de modificar la política. Ambos aspiraron a resolver los problemas buscando hacerse del poder político. Se apunta a la necesidad de una política más radical, capaz de introducir cambios graduales por medio de una estrategia de recuperación-renovación. Esta investigación termina a mediados de la segunda década. Lo que ha sucedido posteriormente con ambas expresiones políticas muestran los grandes límites de encerrar en formaciones partidistas que pretenden hacerse del gobierno las aspiraciones de democracia radical de los nuevos movimientos.
María Lucero Jiménez presenta el capítulo “Algunas reflexiones sobre movimientos sociales” (páginas 163-182). Recuerda que en las ciencias sociales hay una crisis de paradigmas. La investigación sobre la acción colectiva y los movimientos sociales ha sufrido importantes cambios en los últimos tiempos. Está de acuerdo con que la acción colectiva contemporánea asume la forma de tramas subyacentes a la vida cotidiana. También señala la necesidad de tener en cuenta que la acción colectiva supone la negociación de un conflicto que se construye frente a un agravio. Otro elemento importante es el de la solidaridad. Prevalece el descontento y decepción respecto de la democracia instrumental. Los nuevos movimientos antisistémicos han dejado de luchar exclusivamente en los frentes económico y político para emprender luchas culturales, sociales, étnicas, de relaciones de género y relativas al medio ambiente. También han emergido nuevas formas de lucha. Hay movimientos que no quieren tener relaciones con las políticas institucionales, pero hay otros que sí las buscan. En los primeros las formas de organización son más horizontales, y ha habido cambios en la relación con los líderes, pues se buscan direcciones colectivas y rotativas. Se lucha contra la impunidad, contra la violencia, para visibilizar un estado de cosas insostenible. Surgen movimientos anticapitalistas que cuestionan las formulaciones respecto al progreso. Los movimientos se articulan, triunfan, fracasan, se reorganizan, corrigen rumbos, se autocritican. Hay gran cantidad de movimientos muy diversos. Destaca la autora la relevante participación de jóvenes y mujeres en los movimientos. Se refiere al movimiento estudiantil. Alude al movimiento de Ayotzinapa. Hay movimientos contra la barbarie de decenas de víctimas jóvenes, estudiantes, futuros profesores normalistas. Se incrementa la violación flagrante de derechos humanos, corrupción e impunidad. Los jóvenes participan en ámbitos y circuitos colectivos globales. En el mundo hay un crecimiento de los movimientos de mujeres que luchan contra la violencia que padecen, los feminicidios. Focaliza el movimiento de mujeres en la UNAM que utilizando las redes sociales han organizado paros durante muchos meses para exigir justicia y que se detengan los casos de hostigamiento y acoso sexuales y toda forma de violencia contra las mujeres. Enumera los logros de dicho movimiento. La autora resalta la inclusión de los y las jóvenes a los movimientos sociales que las y los habilita para integrarse en un espacio social distinto, específico, no asimilable a los tradicionales. Estos movimientos las y los vuelven figurables y comprensibles. Al reunirse con sus pares encuentran nuevas significaciones. Cuando las mujeres se incorporan a los movimientos apelan a la política del cuerpo y los cuidados. Las mujeres tienen un papel importante en los movimientos que anteriormente había sido invisibilizado. La lucha colectiva no puede concebirse sin poner el cuerpo y el orden afectivo-valorativo. Las decisiones se toman en asambleas. La autora plantea que es posible que surja una nueva generación de movimientos en México. Este escrito podría enriquecerse con la perspectiva de la lucha contra el patriarcado.
René Torres-Ruiz se encarga del texto “México: movimientos sociales prodemocráticos” (páginas185-218). Resalta que en los últimos años en México han emergido movimientos que muestran gran capacidad de resistencia, lucha social, enorme inventiva y destreza. Hay un Estado y poderes fácticos insensibles ante las demandas de los movimientos que expresan reivindicaciones de identidad cultural, luchan por los derechos indígenas y de su autonomía, se enfrentan a problemas electorales y se oponen a la violencia. Se pone en cuestión el poder establecido en el contexto de la globalización capitalista neoliberal. El autor considera que esos movimientos de jóvenes, indígenas, estudiantes, campesinos, trabajadores de la educación y mujeres luchan por un sistema auténticamente democrático. Más allá de los resultados concretos de estas luchas han contribuido a cambios lentos y a veces imperceptibles. Se resalta que frente al modelo económico inhumano han surgido movimientos sociales en México que exigen un alto a esa destrucción. Cuestionan el modelo económico y también su expresión política reducida a una democracia representativa con muchas limitaciones. Reconoce una fuerte crisis de representatividad. No es un ambiente exclusivamente mexicano, sino que hay irrupciones de protestas sociales mundiales. Nos recuerda a los indignados hispanos y al movimiento Occupy Wall Street estadounidense. La lectura del autor no es que ante la crisis se pretenda suplantar la democracia representativa, sino complementarla para solucionar problemas muy complejos. También precisa que los movimientos no incluyen a la mayoría de la sociedad, sino que son sectores acotados, aunque hay algunos que han aparecido con mucho impacto y han contribuido a la concientización de la sociedad. El autor emprende una revisión somera a varios movimientos mexicanos. El primero que aborda es el zapatismo maya desde su surgimiento en 1994, su iniciativa por el reconocimiento de los derechos y cultura indígena, sus demandas, los Acuerdos de San Andrés y la traición estatal de los mismos, la amplia solidaridad se muchos sectores de la sociedad hacia sus demandas. Anota que si El Estado respondió negativamente, lo que logró este movimiento fue posicionar los reclamos históricos de los pueblos originarios y subirlos a la agenda nacional. El otro movimiento examinado fue el que produjo la Asamblea Popular de los Pueblos de Oaxaca en 2006. Plantea que también aquí hubo una derrota de la sociedad movilizada ante el autoritarismo mexicano. Hubo represión de los integrantes de la APPO: tortura, encarcelamientos ilegales, desapariciones forzadas y ejecuciones extrajudiciales. El movimiento fue desarticulado y sus demandas no fueron atendidas. Recordó que en las barricadas fueron reapropiadas las capacidades para decidir, organizar y poner en práctica otras formas de relacionarse. Otro de los movimientos analizados fue el Movimiento por la Paz con Justicia y Dignidad. Ante el escenario de violencia incontrolable desatada por las medidas del presidente Calderón, la gente salió a las calles, marcharon, tomaron plazas y buscaron mediante el diálogo algunas alternativas. Frente a la incompetencia gubernamental y el cambio de sexenio el movimiento decayó, mientras la violencia no solo permaneció, sino que se desbocó hasta hacerse muy alarmante en la actualidad. Otro movimiento estudiado fue el que se denominó #YoSoy132. Los estudiantes se levantaron en el contexto de una campaña presidencial para oponerse a la manipulación televisiva a favor de uno de los candidatos. Este movimiento comunicó los sufrimientos, miedos, sueños y esperanzas de sus integrantes y logró reorientar el rumbo de la contienda política. Hizo uso de redes sociales, marchas, mítines, plantones y performances. Fue un movimiento novedoso e imaginativo. Los jóvenes estudiantiles se subieron a la discusión política. Se abrió la polémica en torno al papel que jugaban los medios en política. Habiendo sido producto de una coyuntura electoral respondió a otros aspectos sociales. Reivindicaron la libertad de expresión y el derecho a la información. Expuso al sistema político y abrieron pistas a una cultura política de transformación. El último movimiento estudiado fue el de Ayotzinapa. Se refiere a la desaparición forzosa de 43 normalistas. Se denunció como crimen de Estado. Ha sido una expresión emblemática de la barbarie que sufre el país. Surgió una protesta social nacional e internacional. El Estado respondió con la creación de una versión que fue desmontada como mentirosa gracias a la participación del grupo interdisciplinario de expertos independientes (GIEI). Las madres y padres de los 43 junto con otras organizaciones han mantenido una larga e incansable lucha por conocer la verdad y porque se haga justicia. El movimiento ha evidenciado la fragilidad institucional en materia de procuración e impartición de justicia y la impunidad sobre todo de las fuerzas armadas. El autor señala que los movimientos revisados fueron momentos de extraordinaria disrupción, movilización y fuerza social, pero que no siempre terminaron favorablemente. Muchos de sus participantes provinieron de nuevas generaciones de la movilización social. Se ha dado la resurrección de la acción colectiva, y el despertar se sectores sociales que se han atrevido a cuestionar al régimen y al modelo económico neoliberal. Ha habido oposición a la cultura política imperante. Los nuevos activistas movilizados han intentado contribuir como anteriormente lo hicieron estudiantes, obreros, enfermeras, médicos, campesinos, y mujeres a la transformación del sistema político mexicano, a su apertura a una verdadera democratización con profunda participación. Las movilizaciones de antes y las actuales han buscado acabar con el autoritarismo. El autor destaca que la mayoría de los movimientos mexicanos han sido reactivos y defensivos frente a determinadas coyunturas. Experimentaron importante efervescencia, pero también han tenido descensos. Irrumpen, crecen, generan solidaridades, amplían la movilización, ganan presencia, pero también tienen un contraflujo, y la mayoría se disuelven sin conseguir sus demandas. El autor considera que no han logrado generar espacios de encuentro con otras expresiones de lucha y resistencia. No han impulsado la creación de un movimiento capaz de iniciar una transformación de fondo. Algunos se han propuesto cambios para crear nuevas relaciones humanas y han tenido algunos logros. Pero el Estado mexicano ha impedido las transformaciones necesarias; no obstante, la situación actual mexicana apunta a la necesidad de amplias manifestaciones sociales como espacios de comunión, de expresión de sentires, de acciones colectivas, de razones compartidas, de dialogar, escuchar y aprender unos de otros. Es tiempo de cambiar lo vertical por lo horizontal desde abajo.
Jesús Carlos Morales comparte una detallada investigación en el capítulo “Movilizaciones ciudadanas como experiencias de rendición de cuentas social en la Ciudad de México: los casos de la Autopista Urbana Oriente y el Tren Interubano México-Toluca” (páginas 219-257). Contextualiza la proliferación de grandes proyectos de infraestructura vial. Ante megaproyectos han surgido resistencias y movilizaciones que denuncian impactos ambientales y sociales que se describen y analizan. Destaca que el gobierno y los responsables de los megaproyectos han informado de manera parcial a la ciudadanía. Ante esto la movilización ciudadana logra visibilizar los problemas de esos proyectos.
Hugo Santamaría escribe el capítulo más extenso del libro: “Movimiento zapatista, sujeto democrático-político y mandar obedeciendo indígena: 1970-1994” (páginas 259-308). Explora cómo en la construcción del mandar obedeciendo convergieron cuatro proyectos ideológico-políticos organizativos (el cristianismo comunitario, la reivindicación indianista, el poder popular del grupo maoísta de línea proletaria que se insertó en las comunidades indígenas tojolabales, tzeltales, tzotziles y choles, y la expresión armada del EZLN). El autogobierno y la autonomía son fundamentales. Las comunidades toman sus decisiones en asamblea y así realizan propuestas de gobierno y de solución de conflictos.
El libro termina con el capítulo redactado por Marianela Díaz titulado “El ‘proceso de cambio’ en Bolivia, ¿un proyecto indigenista?” (páginas 309-345). Se plantea que en el gobierno boliviano de los últimos tiempos hay dos vertientes en disputa: el indianismo y el indigenismo. Al principio del gobierno de Evo Morales (entre 2005 y 2009) había un reconocimiento del indianismo katarista. La autora hace ver cómo la propuesta de esta tendencia que implicaba un Estado indio y un proyecto político indianista pronto fue dejada de lado por el gobierno. La autora da seguimiento a las corrientes y va haciendo ver cómo desde el gobierno se fueron desgastando hasta relegarse al ser adoptado un indigenismo contradictorio que en sus prácticas no corresponde con las primeras aspiraciones y solo se conserva lo retórico. Hubo un amplio reconocimiento de los derechos indígenas que no tuvo traducción concreta en las aplicaciones económicas y políticas. Las movilizaciones impulsaron la llegada del gobierno de izquierda, el cual ya en el poder pasó a una política institucionalizada. Hubo una fuerte contraposición entre el abajo y lo estatal. Prevaleció una lógica instrumentalizada de las cosmovisiones que han defendido prácticas no extractivistas. Hay sectores movilizados que se han desligado de lo partidario. El movimiento que permanece es una resistencia indígena y campesina que busca articularse y sostenerse en ámbitos periféricos y lejanos a la política institucional.
Se trata de un libro amplio con muchas visiones diversas y análisis concretos que enriquecen la discusión sobre los movimientos sociales. Ofrece una valiosa discusión teórica metodológica. Sus análisis desentrañan procesos unos ya terminados, históricos; y otros que todavía están en curso. Se estudian movimientos que ya no tienen vigencia, pero hay otros que han ido desarrollándose y que todavía tienen luchas y propuestas importantes como el zapatista y el de Ayotzinapa. Se estudian numerosas luchas específicas, cada una con sus propios objetivos y dinamismos en el contexto de los estragos producidos por el capitalismo neoliberal. Son revisados los principales movimientos europeos, varios de los latinoamericanos, y los movimientos mexicanos de mayor impacto. El libro es una contribución al indispensable estudio de los movimientos sociales.
Se han publicado libros que tratan movimientos que todavía no habían irrumpido cuando se hicieron las discusiones de los materiales que conforman el de Aguilar y Torres. Hay quienes han considerado que las revueltas iracundas, rebeliones y levantamientos de finales de la segunda década y principios de la tercera de este siglo no habían conseguido sus objetivos porque se quedaban en la convulsión o en el estallido sin desarrollar liderazgos partidarios, sindicales o sociales con un objetivo concreto que podría alcanzarse por medio de una negociación. Han argumentado que se necesitaría impulsar un conflicto que demostrara fuerza y tuviera representantes para negociar y organizaciones para representar. Criticaban a los últimos estallidos no haber tenido una función mediadora entre sociedad y las instituciones. Planteaba que sin conducciones o relaciones partidarias mediadoras, pues las protestas, por más ruidosas que fueran, acababan disipándose. Esos estallidos eran llamativos y atraían a los medios de comunicación, y aunque podían protestar contra el neoliberalismo, carecían del poder que tenían organizaciones como los partidos políticos. Consideraban que estos estallidos expresaban ira, indignación, descontento y frustración, pero sin un punto de vista político compartido; por lo que resultaban fuertemente explosivos en un momento determinado, para luego esfumarse, digregarse por la falta de las estructuras que les dieran sentido político real a su descontento. [4]. Los que sostenían esto se quedaban en planteamientos desde una perspectiva de los partidos y lo electoral. Afirmaban que ante una democracia minimalista, solapada por una economía neoliberal, los muchos no pasaban del estadio de convulsión al de conflicto porque se encontraban en una situación de horizontalidad desorganizada.[5] En cambio, el libro coordinado por Aguilar y Torres ofrece elementos importantes para descubrir los aportes de los movimientos actuales que trascienden y no quedan atrapados lo institucional partidista y electoral. El estudioso de los movimientos sociales Zibechi se refirió a los millones de franceses que se manifestaron en la calles contra la reforma jubilatoria y que no lograron frenarla. También recordó que entre diciembre de 2022 y febrero de 2023 en Perú se habían dado 327 protestas contra la imposición de la presidente la cual seguía en funciones. Se refirió a las multitudinarias revueltas en en Ecuador, Chile, Nicaragua, Colombia y Haití pero el neoliberalismo seguía imperando en toda la región. Reflexionaba que los de arriba habían conseguido encauzar la energía colectiva hacia las urnas. Decía que se imponía la pregunta de si la protesta había perdido su capacidad transformadora y destituyente. Respondía que el poder ultraconcentrado había aprendido a manipular y reprimir. Llamó la atención de que las protestas no bastaban, y que se necesitaban construir mundos nuevos, diferentes y autónomos. [6] Otro libro que analiza el movimiento de los Chalecos Amarillos confirma que la protesta de la organización popular desde abajo permite construir alternativas, pues ante los múltiples agravios se fue configurando un movimiento de los de abajo que conjuntó la rebeldía con construcción orgánica y reconstruyó un tejido social tan dañado por el capitalismo neoliberal. [7] Lo que ha sido cierto es que la dispersión propicia el que las protestas no trasciendan, por lo que hay movimientos, analizados en el libro de Aguilar y Torres, que muestran la necesidad del entrelazamiento de los movimientos de abajo. Se han ido configurando tejidos regionales, nacionales y transnacionales para enfrentar un poder concentrado. La novedad consiste en la emergencia de una articulación consensada desde espacios confederados y no estatales o que remeden las estructuras estatales. Ahí está el dilema y el reto.
Notas
[2] https://www.redalyc.org/journal/2110/211059782019/
[3] Bing AI - Search
[4] Conviene revisar Schuster, Mariano. (2023). Entrevista a Nadia Ubinati: La rebelión de los “pocos” contra “los muchos”. Nueva Sociedad. Recuperado de https://nuso.org/articulo/pocos-contra-muchos-urbinati-izquierda-populismo-derecha/
[5] Urbinati, Nadia. (2023). Pocos contra muchos. El conflicto político en el siglo XXI. Buenos Aires: Katz Editores.
[6] Zibechi, Raúl. (2023). Potencias y límites de las manifestaciones. La Jornada. Recuperado de https://www.jornada.com.mx/2023/03/24/opinion/018a2pol
[7] Alonso Reynoso, Carlos. (2019). Los Chalecos Amarillos: un retador movimiento popular. Guadalajara: Universidad de Guadalajara. Este libro en agosto de 2023 llevaba más de medio millón de descargas.