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El oikos en la red de redes

The Oikos in the netwok of networks

Eulalia GARCÍA-MARÍN
Corporación Universitaria Americana, Colombia
Luis Fernando GARCÉS-GIRALDO
Corporación Universitaria Americana, Colombia

El oikos en la red de redes

Utopía y Praxis Latinoamericana, vol. 29, núm. 105, e10864409, 2024

Universidad del Zulia

Recepción: 10 Diciembre 2023

Aprobación: 25 Febrero 2024

Resumen: La idea central en este texto consiste en identificar la importancia del concepto hogar en la vida de los seres humanos, para ello se plantean dos referentes: el oikos como lugar y el oikos como nicho afectivo para mostrar las transformaciones que ha tenido este concepto con la presencia de lo virtual como uno de los aspectos más determinantes hoy a la hora de interpretar unas nuevas condiciones de habitar el mundo en la virtualidad como una estética de la existencia. El enfoque metodológico es cualitativo ya que el objeto de estudio es un aspecto del ser humano que no es tangible ni medible, sino reflexivo e interpretable. La presente investigación se desarrolló a partir del método hermenéutico, basado en la comprensión e interpretación de textos que exige aplicar el texto a nuestro contexto. De ahí que el acto interpretativo incluye un ponernos a nosotros mismos frente al texto, exponernos a él, para que nos hable, nos diga algo (para nuestra vida). Por eso Gadamer hablaba de una “aplicación” y Ricoeur de una “aproximación”, tan necesaria como el distanciamiento, con respecto al texto.

Palabras clave: oikos, virtualidad, red, pulgarcita.

Keywords: oikos, virtuality, net, Thumbelina

INTRODUCCIÓN

El concepto del oikos nos ha resultado siempre inquietante y esa inquietud ha permeado, inevitablemente nuestra tarea investigativa, sobre todo por lo fundamental que resulta la idea del oikos en términos de la significación que para el ser humano tiene sentirse amado y poder compartir con sus seres más queridos, tanto las alegrías, como las tristezas. Ello lo evidenciamos en la práctica cotidiana, por ejemplo, cuando vivimos logros y abatimientos, con aquellos que son lo más importante de la existencia colectiva.

Contando con este presupuesto nos preguntamos: ¿Qué significa la indagación ―para nosotros y nuestra vida― de este hecho singular de la vivencia del hogar, del oikos? ¿Qué relevancia y representación tiene para quienes nos acompañan y para el futuro que habremos de vivir juntos? Otro motivo, además del anterior, que suscita este interrogante es el interés en profundizar y meditar sobre expresiones como “estoy en casa”, “voy a casa”, “regreso a casa”, tan comunes en la vida cotidiana y que, justamente por ello, resultan tan familiares.

La inquietud por el oikos se ha acrecentado al reflexionar sobre los múltiples significados del concepto de ecología, pensamos por ejemplo en su acepción que alude a morada, como el lugar que se habita y ello nos lleva a la pregunta ¿Qué significa la palabra hogar? Y su respuesta: refugio, amor, seguridad, protección, encuentro familiar, amplía nuestro interés por el campo de posibilidades que abre para la reflexión filosófica del concepto de oikos hoy en la virtualidad, como una estética de la existencia.

OIKOS COMO MORADA

Quisiéramos, para empezar, aproximarnos a la raíz griega del concepto oikos, que en su origen oixoç ou significa: casa, vivienda, habitación, cuarto, sala, comedor, templo, jaula, nido, residencia, bienes, propiedad, hacienda, fortuna, familia, linaje, servidumbre, criados, patria (Mosse: 2001, p. 420). Así, para los griegos el oikos, el hogar, lo es todo pues el concepto comprende el lugar que se habita, las posesiones con que se cuenta, las relaciones que se tejen con los familiares (oikeioi) y con los amigos (philoi). Esto es, todo aquello que nos es profundamente cercano a la existencia. El oikos, el hogar, envuelve la vitalidad de nuestro vivir, lo que realmente nos importa, tanto es así, que las emociones nos desbordan cuando perdemos el lugar, el amigo, el familiar, al igual que nos desbordan cuando amamos, con todas las fuerzas de nuestro ser.

Otro acicate en esta búsqueda por el sentido del oikos fue el encuentro, en nuestro trasegar por la filosofía, con la obra del pensador francés Michel Serres. Este pensador desarrolla el concepto de oikos y lo entiende como: “hogar, vida privada, rincón secreto (Serres: 1995, p. 64); el de oikia (casa planetaria) y entre ambos hay un desplazamiento constante, dicho movimiento es posible gracias a un concepto clave como es el de horla (Serres: 1995, p. 63) cuya raíz inicial significa “El ahí“, la puerta que se cierra para entrar en lo íntimo, inmediato, interior representado en “lá” y la puerta que se abre para salir, es decir, estar “fuera de ahí” o “fuera de” (Serres: 1995, pp. 63-66). En este movimiento en el que nos desplazamos constantemente, entrecruzamos lo íntimo con lo público, pasando de lo local a lo global. Y en este movimiento de oscilar entre lo cercano y lo lejano el oikos y la oikia que se entrelazan, y parece que se confunden, se tornan difusos los límites entre lo particular y lo general porque en algunos momentos de nuestra cotidianidad, estos movimientos se fusionan.

Ampliando esta idea del desplazamiento que se da entre el dentro y el afuera, nos plantea Thébert en la articulación del espacio de la calle y el de la casa en la antigüedad que “en todos los casos, existe una entrada principal, y es precisamente en este punto donde se efectúa, simbólica y concretamente, el tránsito entre el dentro y el fuera… la puerta preserva la propiedad” (Thébert: 1987, p. 343). La puerta es la que protege, resguarda lo que está dentro, es la posibilidad de ingresar a lo que está oculto, custodiado y al mismo tiempo es también la posibilidad de no poder acceder al interior de la casa, de permanecer en el exterior. Porque “el recinto se halla cargado de significaciones (…) señales de identidad” (Thébert: 1987, p. 360), lo más banal, se torna revelador.

Esa dicotomía entre “in privato,ex privato: dentro o fuera de casa” (Arlés y Duby: 1987, p. 20) es una constante en este mundo antiguo, se diferencia incluso entre los extraños y familiares, los primeros no tienen ningún vínculo mediado por el afecto con el señor de la casa, los segundos poseen vínculos de sangre. Es tan importante lo privado que “la palabra privatus acaba así por designar lo que se encuentra retirado” (Arlés y Duby: 1987, p. 21), la vida en familia es algo muy significativo, porque es el territorio existencial ya que “implica universos sensibles, cognitivos, afectivos, estéticos, etc. – y esto, en áreas y por períodos de tiempo bien delimitados” (Guattari: 2000, pp. 3, 4). Además, “la vida privada es por tanto vida de familia (…) fundada sobre la confianza mutua” (Arlés y Duby: 1987, p. 23). Es esa morada simbólica en la que se deposita (…) se confía, encomienda su persona mediante un lazo afectivo (…) amistad” (Arlés y Duby: 1987, p. 23) se crea una alianza íntima que transciende los lugares y el tiempo, es el lugar “invisible” del resguardo, del amor, al cual se puede acudir, volver, porque “la familia constituye el corazón de lo privado (…) la casa, el hogar, su privacidad, lo más indispensable y lo más cálido” (Arlés y Duby: 1987, p. 164). Es en ese territorio existencial, en donde “se forma la inteligencia, sensibilidad, la educación del cuerpo y del espíritu” (Ronciére: 1987, p. 281).

En este sentido, el contraste entre el espacio privado y el espacio público, en el “oikos se refiere al grupo actuante y residente, se define también en conjunto por un espacio a la vez que por un grupo, y por sus relaciones (…) su núcleo se compone de parientes, pero engloba a su vez “familiares” (oikeioi), servidores, esclavos o no (oiketai), y “amigos” (philoi)” (Platagean,1987, p. 573) en palabras del pensador Sofsky “la frontera de lo privado es, en primer término, la frontera de los sentidos” (Sofsky: 2009, p. 41) es decir, el oikos es “lo que existe de más privado en el individuo, los sentimientos y motivaciones más profundas de la persona, que permanecen impenetrables para el grupo, los pensamientos del corazón” (Thébert: 1987, p. 248) “Privus, por su parte, designa (…) lo que es singular y lo que es personal” (Arlés y Duby: 1987, p. 20). Por eso, en este movimiento entre lo privado y lo público:

El diseño de la casa es tan importante porque se prepara un lugar especial, que puede ser el vestíbulo y quien llega a él, es considerado un visitante, dicho sitio está previamente determinado, es el espacio de transición en donde no se está autorizado a penetrar más allá, delimitado para permanecer en él, de cierta manera “observado”, y desde el cual, el acceso a los otros espacios de la casa está restringido, porque es un convidado. Pues lo “privado ajeno,” es el espacio en el que se llevan a cabo otros gestos distintos de los que se proponen a la mirada del exterior (Regnier: 1987, p. 330).

En este sentido, los extraños, son huéspedes, a los cuales se les brinda, porque “la hospitalidad requiere con mucha frecuencia que se ofrezca a los huéspedes un asiento, un lugar al fuego, a la mesa” (Ronciére: 1987, p. 286) porque los invitados se reciben en lugares adaptados para manifestar la hospitalidad y resguardar la intimidad de la casa y de quienes habitan en ella.

Como nos dice la filósofa húngara Heller “el ‘hogar’ parece una de las pocas constantes de la condición humana” (1996, p. 125) es el lugar de nuestros sueños, el referente que nos convoca y evoca, es el lugar amado que nos recuerda con quienes queremos compartir, en donde añoramos estar. Es el “lugar” que cuando desaparece por las guerras, las diferentes manifestaciones de violencia, los desastres naturales, en fin tantos hechos que se repiten y nuevos hechos que aparecen; lo llevamos con nosotros en nuestros recuerdos, en nuestro corazón y representamos con distintos símbolos que nos lo recuerdan y que cuando no podemos manifestarlo de manera material, acudimos a nuestra imaginación y lo recreamos de múltiples maneras a través del recuerdo, como una muralla interior que nos fortalece y protege de la desesperanza, del vacío, de la no existencia y nos ayuda a seguir adelante.

Es decir, a la pregunta ¿Dónde está nuestro hogar? Podemos responder que, como sitio, este se encuentra en el lugar que amamos, en el lugar que habitamos, en el lugar que añoramos en nuestros recuerdos de lo más querido, en los referentes, lo llevamos con nosotros a donde vamos, a los sitios por donde pasamos. Como nicho afectivo, lo extendemos a las relaciones que tejemos, a los vínculos que creamos con los otros, al lugar donde se encuentran los seres amados.

Es el símbolo de nuestra existencia, no podemos vivir sin él, lo adaptamos y nos adaptamos, lo construimos en lugares inhóspitos y adversos, como nos relata Birenbaum: “evitamos la luz, los espacios abiertos, las casas- nuestros aliados eran los rincones inaccesibles, la oscuridad, los desvanes apestosos, los sótanos profundos y húmedos” (2015, p. 37) a propósito de la pérdida sistemática del hogar como lugar y como relación con los otros, que vivieron muchos judíos en Varsovia, antes de llegar al gueto judío y antes de ser enviados al campo de concentración en Auschwitz, ese hogar como símbolo de refugio, seguridad ha sido destruido, “todo lo que habíamos amado en otros tiempos, en nuestra ciudad natal, lo dejamos atrás. Y la mayoría de nosotros para siempre” (Birenbaum: 2015, p. 98) el ser humano despojado de todo y a pesar de ello, se idea la manera de construir esa morada, lo que confirmamos en la siguiente cita: “el agua estaba turbia, muchas veces apestaba y estaba sucia, pero ¿quién se fijaba en eso? ¡Era inestimable!” (Birenbaum: 2015, p. 103).

En la medida en que la cultura cambia y el mundo geográfico se va ampliando, el hombre modifica su hogar en cuanto al lugar y a las relaciones que construye, las cuales se tornan más complejas en la medida en que aparecen nuevas circunstancias, las costumbres cambian y se transmiten por la tradición oral, “la naturaleza de lo privado es específica de cada sociedad; es el producto de las relaciones sociales” (Thébert: 1987, p. 310). Por ejemplo la casa, el refugio, el lugar de lo privado donde no se trabajaba, se convierte en el espacio al cual ingresan los diferentes objetos, dispositivos, productos que representan el mundo de lo público, y en este sentido lo privado y lo íntimo comienza a transformarse, debido a “cambios estructurales en la vida cotidiana estimulados por las innovaciones tecnológicas propiciadas por la producción masiva” (Sassatelli: 2012, p. 73) en donde “el espacio interior está todo ocupado por incentivos exteriores” (Sofsky: 2009, p. 165).

Ese espacio que marcamos, donde ponemos nuestro sello personal, que consideramos privado, donde solo dejamos entrar a quienes amamos y nos interesan, comienza a ser penetrado de múltiples maneras, por ejemplo: con las videocámaras, el acceso a los datos, los satélites, los drones, el uso de los distintos dispositivos. Ya la puerta no es la que marca el dentro y el afuera, porque el umbral se ha cruzado de otras maneras, aparentemente invisibles, porque “la casa incólume con techo, paredes, ventanas y puertas está perforada, por cables materiales e inmateriales” (Han: 2014a, p. 85). Aparece la cultura de la vigilancia, en palabras del sociólogo alemán “solo cuando el cerrojo se deslizó sobre el pasador de la puerta de su casa se sintió a salvo de vigilancia (…) no había estado ni un solo minuto a solas consigo mismo” (Sofsky: 2009, p. 17) sin embargo, también “la casa es un lugar controlado” (Han: 2014, p. 88). Aun así, “la figura humana, está circuida de un espacio personal, de una esfera invisible” (Sofsky: 2009, pp. 66-67) porque “detrás de las paredes se encuentra el refugio de la familia, la amistad, el tiempo libre” (Sofsky: 2009, p. 41).

En este contexto de cambios, que parecen difusos, nos preguntamos una y otra vez ¿Cómo construir el hogar cuando aparecen nuevas realidades, noticias falsas, historias artificiales, falsos perfiles? ¿A qué aferrarse hoy, cuando las raíces con la Tierra han sido cortadas, al igual que los lazos con los semejantes? Porque al trabajar con algoritmos se cuenta y la memoria, aquello narrado, que custodia, salvaguarda y alberga algo tan preciado como el oikos, la morada se transforma ya que “el hombre digital maneja los dedos en el sentido de que constantemente está numerando y calculando (…) la época digital totaliza lo aditivo, el numerar y lo numerable. Incluso los afectos se cuentan en forma de likes (…) hoy todo se hace numerable para poder traducirlo al lenguaje del rendimiento y la eficiencia” (Han: 2020a, p. 75). Parece que nos alejamos de la sensibilidad ante lo que nos rodea, porque “la digitalización elimina la propia realidad. O la realidad se des-realiza y acaba reducida a una ventana dentro de lo digital” (Han: 2020a, p. 145).

OIKOS EN LA RED DE REDES[1]

Consideramos que es importante para la reflexión filosófica volver del contexto real al pensamiento y volcar el pensamiento al contexto real con el fin de cavilar sobre la manera de construir el hogar en este mundo cambiante, veloz, en el cual se dan múltiples metamorfosis, y así proponer reflexiones que nos permitan advertir caminos, los cuales nos ayuden a preguntarnos y respondernos: ¿Cómo construir el oikos en la “red de redes”[2]? Teniendo en cuenta las transformaciones que éste, ha tenido en la virtualidad, aunque para algunos autores “La virtualidad ha existido siempre, se actualiza en hechos o en sucesos, herramientas, objetos, formas de comunicación, esquemas de relación como también maneras de hacer las cosas” (Noguera et al.: 2004, p. 3) nos proponemos pensar en los cambios de este referente simbólico, el hogar. “Entre estas trasformaciones una de las más importantes se refiere, precisamente, a nuestras casas y a nuestros desplazamientos: la forma de habitar nuestros hábitats se va haciendo más virtuales que reales. ¿Podemos morar en estas virtualidades?” (Serres: 1995, p. 12).

De qué manera, nos llevan estas modificaciones a nuevas condiciones de habitar el mundo, y de tejer el hogar que se construye, como la urdimbre de constantes hilos que conforman la tela en que vivimos nuestra vida, porque mínimo requerimos “un hábitat minúsculo, la porción más pequeña, un atributo casi nulo, la atribución más irrisoria: lo que se conserva cuando se está desposeído” (Serres: 1995, p. 51) y ¿cómo conservar ese objeto mínimo de la presencialidad? “La propiedad residual” (Serres: 1995) que nos acompaña y nos define cuando “navegamos” en el ciberespacio aparentemente: anónimos, sin identidad y sin tiempo.

En este mismo sentido, podemos preguntarnos ¿Cómo zurcir este tejido hoy? En el mundo virtual al cambiar el refugio, que es parte vital del habitar el territorio y residir en algo que nos envuelva y que nos hace sentir protegidos, porque aún en las condiciones más frágiles de nuestra humanidad queremos conservar algo que nos represente el concepto de hogar. Entonces, cuando “mil mensajeros brotan y confluyen, por estos diversos caminos en los que redes de redes, circuitos miniaturizados y satélites gigantes, conectan los lugares interceptados como una rotonda” (Serres: 1995, p. 122) ¿Cómo nos llevan dichas alteraciones a nuevas condiciones de habitar el mundo y construir el hogar?

En el espacio virtual al cambiar el refugio, se requiere un forjar constante, que haga habitable el oikopoiós, el cual consiste en ese espacio de la morada, como relaciones tejidas en el día a día, y del espacio como lugar que acoge, porque “las direcciones cambian así como los puntos de orientación” (Serres: 1995, p. 72) “Salimos (…) de la era en la que todo debía concentrarse (…) con el móvil en la mano, ya puedes encontrar el vehículo particular que propone llevarte a dónde quieres ir” (Serres: 2015, p. 196) y podemos preguntarnos ¿de dónde venimos? ¿Hacia dónde nos dirigimos? ¿Por dónde pasaremos? Y ¿dónde nos encontraremos en un momento dado? ¿En el enjambre, entre cavernas? No sabemos, porque en las búsquedas que realizamos en la virtualidad, entramos a múltiples laberintos “una serie de nudos y vínculos que la tecnología nos ofrece, como un intrincado lugar de fácil acceso del que es muy difícil salir porque cada ventana, cada clic, cada nueva búsqueda nos atrapa como telarañas invisibles que nos llevan por autopistas de información desconocidas, impecables, al estilo del cuento de Jorge Luis Borges El jardín de los senderos que se bifurcan y que podríamos asociar a la dimensión digital, en la medida en “que le permite a quien ingresa en él, la posibilidad de visitar, transitar, e interactuar en distintos espacios, sin la necesidad de ubicarse físicamente en ellos” (Definiciona: 2020) ya que “la comunicación digital deshace en general las distancias” (Han: 2014b, p. 14) desaparecen las distancias, por lo tanto lo público y lo privado se fusionan, lo cual modifica de manera drástica el concepto de hogar como lugar y como nicho afectivo, por ejemplo: “el deseo de tener un espacio propio es una inspiración relativamente universal que, además, transciende las civilizaciones y los tiempos” (Perrot: 2011, p. 72) ¿En dónde está ese espacio propio en el mundo virtual?, cuando ya no es necesario que cada “actividad requiera de un espacio particular y de una intimidad específica” (Perrot: 2011), “estas mil formas de compartir dispersas rompen de nuevo con el esquema uno-varios, deshacen toda concentración” (Serres: 2015, p. 196).

Hay una dispersión, aunque los datos se concentren en una plataforma, para ser consultados a cada instante, en la medida en que “el enjambre digital no es ninguna masa porque es inherente a ninguna alma, a ningún espíritu” (Han: 2014, p. 26) como nos plantea el pensador coreano “el enjambre digital consta de individuos aislados” (Han: 2014, p. 26) los cuales se unen momentáneamente, por intereses diversos, en la mayoría de los casos pasajeros, nada es consistente, todo se diluye, pues:

El orden digital desplaza todos los parámetros del ser. «Propiedad», «vecindad», «clan», «estirpe» y «estamento» se encuadran todos ellos en el orden terreno, en el orden de la tierra. La interconexión digital disuelve el clan, la estirpe y la vecindad. La economía del compartir o del sharing hace que también la «propiedad» se vuelve superflua, reemplazándola por el acceso (Han: 2015, pp. 57-58).

Estos desplazamientos se dan, porque “los enjambres digitales son volátiles se disuelven” (Han: 2014c, p. 29) los encuentros son fugaces, dispersos, inestables y efímeros. “Aparece la sociedad red (…). Se crean nuevas imágenes y hábitos culturales a gran velocidad” (Castells: 2009, p. 465) “por la eficiencia y comodidad de la comunicación digital evitamos cada vez más el contacto con las personas reales, es más, con lo real en general” (Han: 2014c, p. 42). “El medio digital carece de edad, destino y muerte. En él se ha congelado el tiempo mismo” (Han: 2014a, p. 52) porque llevamos a cuestas el espacio virtual que abrimos en cualquier parte, en cualquier momento, perpetuando el instante presente.

Lo que deriva en nuevas prácticas, las cuales “transforman todo lugar en un puesto de trabajo y todo tiempo en un tiempo de trabajo” (Han: 2014c, p. 59) y en algunas ocasiones el laborar se transforma en un nicho afectivo y la posibilidad de “viajar” en el ciberespacio, ya que “el portátil remodela el espacio, acelera el tiempo, facilita los accesos, acerca a los corresponsales” (Serres: 2015, p. 105) puede llevarnos a muchas conexiones en tanto “las nuevas tecnologías facilitan tales travesías, conectando dominios múltiples y parámetros novedosos por lo tanto síntesis nuevas e inesperadas” (Serres: 2015, p. 108).

Es decir, en la red de redes, también se teje, porque aparecen senderos, desvíos, cruces, intersecciones, variantes, las cuales recorremos de una u otra manera, cuando exploramos y empezamos a cambiar “lo real por lo virtual” (Serres: 2015, p. 135) nos pregunta este pensador francés: “¿Vivimos ordinariamente en este hábitat doble? No me cabe duda” (Serres: 2015, p. 141) y esto repercute al “cambiar nuestras conductas, nuestras producciones, nuestras instituciones, finalmente nuestro pensamiento (…) lo cual requiere formas nuevas de enseñar, aprender, pensar” (Serres: 2015, p. 136).

Así mismo, requerimos nuevas maneras de habitar la morada, de construir el oikos, porque donde quiera que nos hallemos “en el hogar dejamos pasar, entrar lo virtual” (Serres: 2015, p. 143) y de nuevo el doble movimiento de “entre” en el mundo virtual, permite la oscilación del dentro al fuera y de este al dentro ―privado-público; interior-exterior― en el mundo virtual, continuamos el vaivén, porque “el espacio- tiempo se convierten en el mundo mismo (…) y vamos constantemente de la real a lo virtual y de lo virtual a lo real” (Serres: 2015, pp. 138-139), por su parte, nos plantea el pensador coreano “cada clic que hago queda almacenado. Cada paso que doy puede rastrearse hacia atrás. En todas partes dejamos huellas digitales. Nuestra vida digital se reproduce exactamente en la red” (Han: 2014a, p. 100).

Es evidente que hay una vigilancia constante de lo que se realiza en la red de redes, somos perfilados, estudiados y sondeados todo el tiempo, en la medida en que con cada clic realizado, entregamos información que permite a los otros conocer nuestras preferencias, inquietudes, búsquedas, rastreos y por lo tanto sugerir, mostrar, atender nuestros requerimientos. Sin embargo, en este sentido, ampliando el tema de lo que se muestra, a las “cámaras web”, Sofsky nos recuerda que: “el propietario del refugio sigue siendo muy dueño de encender o apagar su cámara o de iluminar como le plazca cada rincón del refugio expuesto a la mirada de todos. Es única y exclusivamente él quien decide cómo se muestra al público” (2009, p. 109). En este orden de ideas, la protección de “lo privado no se comparte con los demás ni les es accesible” (Sofsky: 2009, p. 26).

Sin embargo, surge la sociedad expuesta. “La humanidad construye el universo construyéndose por él” (Serres: 1995, p. 123) ¿Dónde estar? En ninguna parte (Serres: 1995, p. 123) porque “las redes sociales se muestran como un espacio de lo privado” (Han: 2014a, p. 14) en donde “el viento digital de la comunicación e información lo penetra todo y lo hace todo transparente” (Han: 2014a, p. 86) y pareciera que el dentro y el fuera se convierten en lo mismo, al revelar todo en la red, en la medida en que esta se convierte en un espacio de intimidad, pues en ella “se exponen, venden y consumen intimidades” (Han: 2014a, p. 68), paradójicamente, al mismo tiempo se torna en un espacio público, en el cual se expone todo de sí: entrevistas, saludos, viajes, familia, en general cada aspecto vivido, la “sociedad de la revelación” hace su aparición, para contar, mostrar y publicar, aquello que antes se ocultaba a los extraños, dando paso al “consumo de las emociones” (Han: 2020b) lo que ocasiona una pérdida del hogar, debido a que hay que estar actualizando el contenido de las emociones, de las experiencias, en aras de la rentabilidad, lo que genera una presión, al tener que “superar” cada aspecto publicado, es decir, hay que estar vigente, porque la competencia es constante consigo mismo y con quienes están publicando, lo que deriva en la construcción de una estética del hogar diferente, puesto que el nicho afectivo cambia porque “la intimidad está ligada al arte de contar la vida” (Pardo: 1996, p. 29) entendida como lo relatado y lo que se cuenta en la virtualidad es la cantidad de seguidores o detractores frente a los contenidos publicados.

EL OIKOS HOY

Nos volcamos fuera, al espacio abierto y el oikos cambia, se mueve, nos acercamos a los otros, nos alejamos, este movimiento de cerrar-abrir influye, aparece “la sociedad red”, “se crean nuevas imágenes y hábitos culturales a gran velocidad” (Castells: 2009, p. 465). “La humanidad construye el universo construyéndose por él” (Serres, 1995, p. 123). “¿Dónde estar? en ninguna parte” (Serres: 1995, p. 123), de nuevo las cuatro preguntas del habitar, cuatro movimientos en los que construimos nuestro oikos como una experiencia personal hoy: ¿dónde estamos?, ¿de dónde venimos?, ¿a dónde vamos?, ¿por dónde pasamos?[3]. En este contexto global-virtual, en el que habitamos, cuando vamos de lo próximo a lo distante, en el cual pasamos de aquí a allá, “en medio de dos cosas (…) significa de nuevo: transporte, travesía, traducción, acción de transitar” (Serres: 2015, p. 154) y nos preguntamos: ¿Cuál es el sentido del oikos hoy? ¿Cuáles son las condiciones en las que se vive este este concepto actualmente?

Para responder a estos interrogantes, se hace necesario considerar que oscilamos del microcosmos al macrocosmos en un vaivén constante en el que pareciera que a ratos vivimos en el lugar que se ha reducido por la presencia de lo satelital, además de las comunicaciones en tiempo real, que a la vez por esto mismo creemos que se ha ampliado el espacio en el que vivimos y si, “antaño y ayer vivíamos concentrados ahora existimos distribuidos, como flujo entre flujos” (Serres: 2015, p. 215). En este sentido, la generación Pulgarcita ¿cómo habita el oikos hoy? moran en lo virtual, en un espacio sin fronteras, que parece infinito, en el cual se encuentra el acceso a todo conocimiento, detallado, general o específico, a un clic de pedirlo todo y hallarlo todo, universo para comunicarnos, distraernos, relacionarnos, lugar en el cual también podemos ser asediados, aparentemente amados, perseguidos, exaltados o destruidos. El conocimiento se lleva consigo en un dispositivo electrónico que abre la puerta al acercar el mundo real, por medio de lo irreal, en un instante y a gran velocidad. “He aquí que ahora lo tenemos todo el rato encima, sin que tengamos que movernos” (Serres: 2014, p. 67). Según Echeverría, vivimos “con tres grandes cavernas: la naturaleza, la ciudad, e Internet: cada una de ellas incluye múltiples subcavernas” (2013, p. 21), espacios que son recorridos constantemente por los humanos, que de alguna manera nos recuerdan las distintas estructuras que el ser humano ha creado para protegerse del clima, de los extraños, de los animales. “los mundos virtuales TIC (…) se superponen a los mundos previamente existentes, sin sustituirlos, ni eliminarlos, aunque transformando los modos de vida (…) y en la medida en que trasforman las relaciones humanas…producen nuevas modalidades de realidad social y también nuevas cavernas (Echeverría: 2013, pp. 72-73) las cuales exploramos, pasando por múltiples y variadas grutas, creando, reinventando.

En estas reinvenciones “la era tecnocientífica, ha generado una nueva variedad de cuevas y cavernas, que son electrónicas, digitales, informáticas y telemáticas” (Echeverría: 2013, p. 187) que modifican nuestros sentidos, el lenguaje, la voz, nuestra identidad y que pueden permitirnos el acceso a “personas artificiales (…) telepersonas o tecnopersonas cuidadosamente construidos por los ingenieros y artistas del diseño digital y mediático” (Echeverría: 2013, p. 20) este es el mundo que habita la generación Pulgarcita, los nativos digitales, los Centennials, los seres humanos hoy, en el que “cada uno es emisor y receptor, consumidor y productor a la vez” (Han: 2014b, p. 16) toda vez que se presenta el blog, el Twitter, el Facebook (Han: 2014b, p. 34). “Todo el mundo se autoproduce, se da tono para llamar más la atención” (Han: 2020b, p. 25) lo que hace muy difícil el desconectarse de la red, se genera una búsqueda constante e insaciable, la cual, en algunas ocasiones produce insatisfacción, lo que conlleva a que “el mercado global es un no-lugar. Incluso la interconexión digital elimina el lugar. La red es igualmente un no-lugar. Por eso es imposible habitarla. Navegamos en la red” (Han: 2020b, p. 43) porque “la calle (…) se introdujo a la casa” (Pardo: 1996, p. 242) porque penetró por los dispositivos, el exterior se tornó interior, alojándose de manera permanente a través las conexiones inalámbricas.

Parece que “estamos atareados convirtiendo nuestras experiencias en datos [y la nueva consigna dice] si experimentas algo, regístralo. Si registras algo, súbelo. Si subes algo, compártelo” (Harari: 2016, p. 420), estamos todo el tiempo recibiendo datos, procesando datos, los cuales aumentamos y entregamos, nos convertimos en canalizadores de información, con lo cual nutrimos la red, la ampliamos.

Y es en este panorama en el que los conceptos nos permiten profundizar la propuesta de una construcción del concepto de morar en la red de redes, como una estética de la existencia, en donde se pregunta Michel Serres ¿qué significa pensar? “inventar: atrapar lo escaso, descubrir lo secreto que tiene una suerte inmensa, e infrecuente y contingente de existir o de nacer mañana” (Serres: 2015, p. 24) es también, según él “acto de salida, extracción” (2015, p. 59) al mismo tiempo es “inventar, hacer emerger” (1995, p. 64). Inventar una nueva sensibilidad para morar en los espacios ya sean reales o virtuales, con los otros y con nosotros.

En esta trama, nos preguntamos: ¿Cómo habitar y establecer lazos hoy? ¿Cómo construir un concepto de hogar hoy? ¿Cómo propiciar esa construcción del hogar a la manera de una percepción de la existencia en las condiciones presentes? ¿Qué aspectos de resignificación estamos construyendo? cuando “las pulgarcitas (…) equipadas con auriculares, portátiles y ordenadores habitan otro espacio nuevo” (Serres: 2015, pp. 203-204) en cual interactúan constantemente “mediante una multitud que convive” (Serres: 2015, p. 203) en donde se conecta y desconecta, en donde atrapa y suelta: información, emociones, relaciones, porque allí encuentra las maneras para sumergirse. “Pulgarcita busca y encuentra el saber en su máquina (…). Desde hace un tiempo vivimos en la civilización del acceso” (Serres: 2014, p. 114) en la cual “la retina digital transforma el mundo en una pantalla de imagen y control” (Han, 2015, p. 35), lo cual hace que la tierra desaparezca por completo. Recubrimos la tierra con nuestra propia retina, y al hacer eso nos volvemos ciegos para lo distinto” (Han: 2020a, p. 30). “La tierra es reducida al tamaño de una pantalla de ordenador” (Han: 2020a, p. 34) en el que “todo se vuelve comparable, y por tanto, igualable (Han: 2020a, p. 30) el oikos como elaboración íntima ha cambiado, porque nosotros hemos cambiado, nuestro mundo ha cambiado, entramos y salimos de múltiples cavernas, constantemente, en las cuales no predomina lo diferente, sino lo homogéneo.

Por lo anterior, la construcción de los nichos afectivos se modifica y cambia la relación con los amigos, los vecinos, el territorio, incluso porque desaparece la interioridad, el misterio, se revela, al exponer todo lo que hacemos, al comentar lo sucedido, al grabar lo acontecido, se exhibe, se publica para garantizar gran cantidad de seguidores. Pero además el mundo de la red de redes puede ser un espacio en el cual el oikos como lugar y como nicho afectivo no existan, cuando el otro se oculta de diversas maneras en avatares, en falsos perfiles, o cuando todo lo que nos cuentan nunca existió como en el caso del experimento realizado por Zilla Van den Born, estudiante Holandesa quien durante cinco semanas publicó información que narraba su periplo por el Lejano Oriente, pero realmente, ella no viajó, y desde un apartamento en la ciudad de Ámsterdam, demuestra lo manipulable que puede ser la información en la red de redes, en sus palabras: “hice esto para demostrarle a la gente que filtramos y manipulamos lo que publicamos en las redes sociales; creamos un mundo irreal y virtual en línea, mi objetivo era demostrar cuán común y fácil es para las personas distorsionar la realidad” (Portal TIC: 2014).

El experimento nos muestra que la realidad se recrea, según los intereses de quienes publiquen el contenido. Nos dice Zilla: “deberíamos tener más cuidado en lo que creemos y preguntamos ¿Por qué se hace una foto, cómo y por quién y con qué intención se hizo? Falsas realidades que entretiene a exploradores inexpertos, indiferentes, e ingenuos” (Portal TIC: 2014). Ampliando esta reflexión acudo a la siguiente cita de Harari: “la gente simplemente no sabe a qué prestar atención” (2020, p. 430), no establece diferencia entre la información relevante y la que no lo es: de lo cual se desprende la siguiente reflexión: “hoy en día tener poder significa saber qué obviar (…) en qué deberíamos centrarnos? (2020, p. 430) es importante desde el pensamiento crítico, establecer filtros que permitan analizar la información, pasar por un tamiz, los contenidos, y reconocer que no todo lo que nos muestra la red, realmente existe, porque vivimos en el mundo de la apariencia, del montaje y el retoque.

En este mismo sentido, encontramos por parte de algunos expertos una preocupación por la presencia constante y cada vez mayor de las nuevas tecnologías, en la medida en que con su uso prolongado pueden permear todo nuestro tiempo y nuestra vida, ya los científicos Tristan Harris y Randima (Randy) Fernando nos anticipan algunas inquietudes frente a la posibilidad de convertirnos los humanos en los productos de la virtualidad que pueden dar más rentabilidad para quienes ofertan en la red; cuando se da la posibilidad de capturar más rápidamente nuestra atención, concentración a partir de estrategias que nos atrapan, y enredan para que consumamos más en la red, y entramos en un círculo constante de conectarnos-entregar información que es utilizada para engancharnos cada vez más en la red, entrando en una exploración sin fin, que puede llevarnos a perder cualidades como la atención consciente, nos advierten de “la degradación humana” causada por las redes.

Estos científicos fundadores del Centro de Tecnología Humanitaria nos expresan: “durante mucho tiempo, nos entusiasmamos mucho ante todas las mejoras tecnológicas, pero invertimos tanto esfuerzo y energía en el avance de la tecnología-que tanto nos ha beneficiado por décadas- que no prestamos suficiente, atención a los cambios que se están produciendo en nuestro cerebro” (BBC News, Brasil: 2021; Alcaíno: 2020) porque los dispositivos “cambian nuestra relación y nuestra cognición” (Serres: 2015, p. 57) en la medida en que las funciones cognitivas, dejan de hacerse, por ejemplo memorar, imaginar, razonar al representar el mundo en algoritmos lo cambiamos todo, “ la cultura digital se basa en el dedo que numera, mientras la historia es una narración que se cuenta” (Han: 2020a, p. 75) dejamos de narrar para contar y este hecho aparentemente tan simple inicia el camino de un nuevo campo del pensamiento, porque “el hombre digital maneja los dedos en el sentido en que constantemente está numerando y calculando” (Han: 2020a, p. 75) se numeran las personas, los likes, los comentarios, lo que se comparte, los seguidores.

Por eso el oikos es un espacio resguardado en el que es importante el sentido ético para lograr una estética de la existencia desde la mirada de Serres, porque estética es todo lo que tiene que ver con las emociones, la sensibilidad, lo que rompe con el orden establecido, todo lo que rodea la emotividad. Es lo que subyace, hipokeimenon, es esencia, es la ousía, es decir fundamento o soporte de nuestra existencia. Reflexión que podemos ampliar con la siguiente pregunta: “Qué es entonces la innovación? Un cambio de sentido (…) esta declinación permite a ciertos elementos reencontrarse, combinarse, formar algo imprevisto. Cuando se da la declinación tiene la oportunidad de inventar” (Serres: 2015, p. 75). Hay una necesidad de crear, de innovar el concepto de oikos como estética de la existencia, que responda a unas condiciones de habitar el mundo y al interrogante: “¿Pensar en el papel de la tecnología y los algoritmos informáticos en el control de nuestra existencia? (Harari: 2016, p. 20) en las transformaciones profundas en el hogar, cuando el mundo virtual sea el que predomine, considerando que “lo virtual, ¿expresaría la virtud misma de los hombres y de las cosas, quiero decir, su esencia, su principio, su potencia?” (Serres: 2015, p. 159) es decir, “en sentido literal, lo virtual expresa la virtud, el principio, la esencia del hombre” (Serres: 2015, p. 159).

CONCLUSIONES

El oikos es un referente simbólico que acompaña a los seres humanos en la construcción de sus relaciones con el lugar que habitan y que hacen suyo, en el que mejor se sienten, del cual salen, al cual vuelven, el lugar de vida personal y singular. Así mismo, se constituye en uno de esos nichos afectivos que tejen a lo largo de su vida para hacer del morar un lugar de la proximidad, de la elaboración de lo más íntimo de su territorio existencial, un lugar imaginario de la confianza, en donde la persona se encomienda al otro.El oikos en la red de redes se construye como una estética de la existencia, desde una nueva perspectiva.

La sensibilidad que le permite a Pulgarcita crear nuevas cavernas y subcavernas por las cuales se desplaza construyendo el mundo irreal desde el cual crea hoy el mundo real, porque la tensión entre el dentro y el fuera, la transición que habilitaba la puerta entre el interior y el exterior, lo privado y lo público: el tránsito de lo retirado a lo cercano, se produce en la red de redes, cada vez que damos un clic, ingresamos en la oscilación continua de Hors lá (entre).

Se requiere de una reflexión profunda del concepto de oikos que habilite una reinvención del concepto, porque cobra sentido la idea de crear unas nuevas condiciones que posibiliten un oikos en su dimensión plena. Lo que puede ser posible a partir de formas de innovación que permitan tejidos virtuales para generaciones digitales.

Propusimos la construcción del oikos como estética, porque tiene que ver con la emoción, la sensibilidad, todo lo que rodea la emotividad, porque el hombre no es solo logos, también es pathos. Es la reflexión sobre ¿cómo reaccionan los seres humanos en la virtualidad? Pues esta es el nuevo oikos en el que habitan.

Finalmente, proponemos que el oikos va de ese espacio común de los griegos ―ya que es todo aquello que confluye en función de la persona con los demás: familia, escuela, los vecinos― y pasa a la experiencia personal porque hoy los seres humanos se ven abocados a reinventar de manera constante y veloz el concepto de hogar en la red de redes.

Notas

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NOTAS [1] Expresión tomada de Atlas de Serres.

[2] Confróntese a Michel Serres en el texto Atlas (1995).

[3] Ver el texto Figuras del pensamiento de Michel Serres (2015).

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