Estudios
Reconfiguración identitaria en procesos migratorios: el debate teórico interdisciplinario. Realidades, impactos y desafíos
Identity reconfiguration in migratory processes: the interdisciplinary theoretical debate. Realities, impacts, and challenges
Reconfiguración identitaria en procesos migratorios: el debate teórico interdisciplinario. Realidades, impactos y desafíos
Utopía y Praxis Latinoamericana, vol. 29, núm. 106, e12596073, 2024
Universidad del Zulia

Recepción: 22 Febrero 2024
Aprobación: 12 Abril 2024
Resumen: El presente articulo tiene como objetivo analizar desde perspectivas teóricas interdisciplinarias la reconfiguración identitaria en procesos migratorios y cómo se visibilizan transformaciones significativas, representativas y simbólicas. La naturaleza es de carácter descriptiva-analítica, cuya fuente de información deriva de revisiones bibliográficas, del estado del arte de investigaciones científicas de la temática. Para ello, se establecen tres consideraciones conceptuales: a) la noción identitaria como eje dinámico, múltiple y multidimensional; b) las perspectivas teóricas y tendencias sobre las identidades en los migrantes; y c) las migraciones como elemento que reconfigura las identidades, dando cuenta de las dimensiones experienciales, diferenciales: pasado, presente y futuro. Los hallazgos epistemológicos, demuestran que los migrantes configuran su propia estructura sintética (tiempo y espacio), a partir del razonamiento de las propias realidades y vivencias. Un ejercicio político que genera reorganizaciones subjetivas, individuales/colectiva. Entendiendo así, que estos procesos no deberían ser reducidos a cifras, a problemas geoestratégicos o a las perspectivas occidentales y etnocéntricas.
Palabras clave: reconfiguración identitaria, identidades, migración, interdisciplinariedad.
Abstract: The present article aims to analyze the identity reconfiguration in migratory processes from interdisciplinary theoretical perspectives and how significant, representative, and symbolic transformations are visible. The nature is descriptive-analytical, whose source of information derives from bibliographic reviews, the state of the art of scientific research, and theoretical developments of the subject: a) the notion of identity as a dynamic, multiple, and multidimensional axis; b) theoretical perspectives and trends on identities in migrants; and c) migrations as an element that reconfigures identities, accounting for the experiential, differential dimensions: past, present, and future. The epistemological findings show that migrants configure their synthetic structure (time and space), based on the reasoning of their realities and experiences. A political exercise that generates subjective, individual/collective reorganizations. Understanding that these processes should not be reduced to figures, geostrategic problems, or Western and ethnocentric perspectives
Keywords: identity reconfiguration, identities, migration, interdisciplinarity.
INTRODUCCIÓN
Según el informe sobre las migraciones en el mundo 2022, existen actualmente 281 millones de migrantes, que conforman el 3.6 % de la población mundial, de los cuales el 65 % son trabajadores (OIM, 2022), una cifra que no es comparable a otras en ciertos momentos históricos. De acuerdo con informes oficiales, aproximadamente 40,5 millones de latinoamericanos no residen en sus países de origen, lo que significa que uno de cada siete migrantes es latino (CEPAL, 2019). Según ACNUDH (2018), Blandin (2008) y OIM (2018), las cifras migratorias se duplicarán en los próximos veinte años. Además, algunos estudios y organismos internacionales estiman que 3,8 millones de personas han migrado de forma forzada por conflictos armados internos (Clavijo, et al., 2018; IDMC, 2018), otros por acontecimientos vinculados al deterioro político y sociocultural (Castillo, 2019), la precarización de los escenarios de vida en diversas regiones (Delgado y Márquez, 2012), a los elevados índices de violencia y a contextos de desigualdad (Sassen, 2014). La presente circunstancia ha generado inquietud en los organismos internacionales que han intentado canalizar el tema migratorio a través de políticas más humanas y de alcance global.
Al respecto, los objetivos de la Agenda 2030 de Desarrollo Sostenible de los Estados Miembros, en la meta 10.7, tratan de reconocer los beneficios de la migración. Se comprometen a cooperar internacionalmente para brindar facilidades a las personas inmersas en procesos migratorios de manera ordenada, segura, regular y responsable (PNUD, 2019; OIM, 2018). No obstante, el informe reciente de las Naciones Unidas (CEPAL, 2020) ha revelado que la contracción económica y los efectos de la pandemia COVID-19 a nivel global aumentaron los índices de desempleo y el desplazamiento transfronterizo en naciones con crisis humanitarias. El panorama se complica aún más debido a la composición de estos flujos migrantes, las características sociales, económicas, culturales, socio demográficas, educativas, religiosas y étnicas (Marroni, 2020).
Ahora bien, migrar es algo que va más allá de trasladarse de un lugar a otro o de cifras, no es un elemento específico, ni un proceso homogéneo que solo existe en colectividades determinadas. Se trata de transformaciones dinámicas y cambios constantes que se ajustan a diversos factores, tales como las identidades, la soledad, los sentimientos, las costumbres y valores, las creencias, los lenguajes, las territorialidades, los espacios y tiempos diversos, subjetividades, políticas de inclusión/exclusión, procesos de subalternización, trayectorias, entre otros factores. Una serie de eventos, que les brinda la oportunidad de adquirir conocimientos sobre diversas experiencias, vivencias y situaciones, tanto positivas como negativas, y a reestructurarse de manera continua, sin olvidar su origen o condición de migrantes. Esta última, es transitoria y representa una posición transformadora en cuanto a las identidades, que ahora se encuentran en sitios específicos, llenos de nuevos significados individuales/colectivos. Por consiguiente, resulta imperativo considerar las perspectivas que los migrantes poseen de sí mismos y sus procesos de transformación antes y después de la experiencia de movilidad.
Con el propósito de abordar de manera deductiva la temática expuesta, se presenta brevemente el contenido que ha sido estructurado en tres secciones teóricas: 1) la noción identitaria como eje dinámico, multidimensional y múltiple: un apartado que busca analizar, desde diversos enfoques, las identidades como un constructo no lineal y transformador; 2) los enfoques y autores desde distintas disciplinas: con la finalidad de visibilizar lo identitario como un hecho significativo, con potencia representativa y simbólica, que genera transformaciones y reorganizaciones subjetivas, individuales y colectivas; y 3) las migraciones como elemento que reconfigura las identidades: otorgando especial énfasis en los nuevos tejidos socioculturales. Y, por último, las consideraciones finales donde, a manera de síntesis, se señalan los principales desafíos de los procesos identitarios en los migrantes.
LA NOCION DE IDENTITARIA EN LOS MIGRANTES: COMO EJE DINAMICO, MULTIPLE Y MULTIDIMENCIONAL
Desde tiempos remotos hasta el presente, todas las consideraciones relacionadas con la noción identitaria han adquirido la relevancia que merecen, sin embargo, resulta fundamental distinguir y comprender con cautela la noción identitaria y la complejidad, a partir de los contextos migratorios. Para Peña (2012, p.56) “la noción identitaria no representa una construcción imaginaria que se elabora en un determinado momento de la vida de los sujetos y que una vez construida permanece estática a lo largo del tiempo”. Otros autores afirman que no existen identidades únicas, sino que se derivan de fusiones sociohistóricas y de la amplia variedad de recursos socioculturales, que generan una gran cantidad de identidades en una misma (Jullien, 2017 y Maalouf, 1999). Por otra parte, Dubar (2002) señala que la noción de identidad se refiere a las características histórico-sociales, las cuales pueden generar momentos de crisis en los sujetos. No se niega la importancia de los procesos sociohistóricos, pero es profundamente cuestionable, ya que cada suceso individual/colectivo y el contexto histórico generan consecuencias relevantes en el ámbito identitario. Asimismo, la consideración de la noción identitaria a través de ciertas cualidades y patrones únicos y distintivos puede desarrollar antagonismos y limitaciones en el desarrollo del ser, donde, a su vez, convive el propio yo y el de los otros. Estos dos posicionamientos, de forma única, pueden obstaculizar la consecución de múltiples objetivos y proyectos, lo que provocará diversas crisis individuales y sociales.
Quintero-Montilla (2014) sostiene que existe una crisis en la noción identitaria, que se deriva de la confusión del término y su interpretación superficial, ya que pretenden autoafirmar una concepción universalista y única, auspiciando radicalidades, intolerancias, etnocentrismos y conflictos interétnicos. Para este autor, el eje central de la confusión radica en igualar dos procesos psicosociales y sociopolíticos diferentes: las radicalidades y las identidades. En particular, la noción identitaria no debería estar asociada con radicalidades extremas y mucho menos con intolerancias, puesto que son procesos psicosociales diferentes, la primera construye el campo de las desigualdades y exclusiones y la segunda al desarrollo de la consciencia (Bartolomé, 2006).
Al respecto, Cuche, (1999, p.110) expresa que “un grupo sin lengua propia, sin cultura propia, sin territorio propio… No puede pretender constituirse. No puede reivindicar las identidades”. Este tipo de posicionamientos en procesos migratorios pueden tener consecuencias complejas al momento de establecer relaciones con los grupos, ya que las diferencias aunadas a las formas migratorias tienden a aumentar, exagerar y dramatizar los prejuicios. Esto permitirá justificar que las divisiones y exclusiones son consecuencia de las diferencias “esenciales”. “Esencia” que deshumaniza a los demás, puesto que existe la tendencia a creer que la esencia del grupo al que pertenece es la buena y correcta (Cruz, et al., 2014, p. 11). Generando una conexión menor con la sociedad que los recibe. Por lo tanto, la adopción de esta perspectiva encarnaría identidades inalteradas en el tiempo y sujetos con culturas distantes, a partir de ciertos atributos y categorías que se consideran únicas y esenciales, que no tienen en cuenta las interacciones y las capacidades que poseen las personas migrantes.
En cuanto a ello, Maalouf (1999) sostienen que el posicionamiento esencialista se ha ido superando, es decir, ya no es el único en la época actual. Reconoce que algunos movimientos sociales que surgieron con fuerza han fundamentado la noción identitaria, desde el valor discursivo y simbólico y sobre la base de algunos procesos históricos (resistencias y confrontaciones) permanentes e idénticos. Esto no es suficiente, dado que la noción identitaria como bandera fundamentada desde el enfoque esencialista en los movimientos sociales, también puede ser concebida como una postura constructivista con acción política (Alcoff, 1989) o como una construcción simbólica que posiciona a los cuerpos como actores políticos en un cambio constante (Hall, 2011). Para Alcof, 1989; Brah, 2011; Laclau, 1994, la noción identitaria en los migrantes está también relacionada con aspectos relevantes que operan como filtro, para decodificar y comprender que algunos atributos son frutos de múltiples elementos, a saber:
Son el resultado de procesos multidimensionales, contingentes y dinámicos (se configuran y reconfiguran).
En términos de sentido están vinculadas a diversas trayectorias y colectividades que generan identificación en los sujetos (es, decir, son múltiples).
Son posicionales, ya que las relativizan a contextos siempre en continua evolución, (se vinculan con las diferentes posiciones que se adjudican y que les son adjudicadas).
En términos de significaciones, son comprensible y entendibles desde las discursividades-narrativas.
Son relacionales y se configuran a partir de las praxis sociales, las cuales articulan dispositivos con significaciones específicos.
Por lo tanto, las nociones identitarias en los migrantes no son cuestiones heredadas y menos planeadas, sino que obedecen a procesos de configuración y reconfiguración social contingentes. Es decir, a continuas transformaciones, que las hace múltiples y multidimensionales. En consecuencia, más que una noción abstracta, inmutable o fija, son resultado de sucesos históricos transitorios, que se vinculan a elementos psicosociales, culturales y socio cognitivos (Hall, 2001, Marcus; 2011). Estos les permitirán establecer procesos de socialización, adaptación, metas, planes y proyectos futuros, en continua y constante transformación (Pastrana y Vera, 2020). De allí que, la noción identitaria puede ser entendida, por una parte, como manifestaciones sociales dibujadas por los fenómenos globalizantes y, por otra parte, como expresiones intra/interpersonales que descubren nuevas perspectivas en las que las identidades ocupan el eje central.
PERSPECTIVAS TEÓRICAS Y TENDENCIAS SOBRE LAS IDENTIDADES EN LOS MIGRANTES: MIRADAS INTERDISCIPLINARIAS
Discernido y posicionado los aspectos centrales de la noción identitaria desde los argumentos más relevantes a nivel teórico-epistemológico, la postura identitaria en el artículo está enfocada desde el punto de vista teórico constructivista e interdisciplinario. En este segmento no se posicionan las identidades como cualidades o características subjetivas, individuales/colectivas que se construyen en un momento único. Se trata de asumir enfoques y autores desde distintas disciplinas, que consideran lo identitario como un hecho que se da a lo largo del ciclo vital de los sujetos, donde, insoslayablemente, confluyen un sinnúmero de acontecimientos. Estos últimos tan significativos, que tienen la potencia representativa y simbólica, para generar transformaciones y reorganizaciones subjetivas, individuales y colectivas. Entonces, la consideración de diversas disciplinas tiene como propósito alcanzar una interpretación interdisciplinaria del fenómeno. De allí que, García (2013, p. 22) plantea que “la interdisciplina no equivale a una integración disciplinaria, sino que más bien implica el estudio de las problemáticas como sistemas complejos […]” Para el autor, los procesos de distinción, diferenciación e integración de enfoques contienen replanteamientos importantes que no solo se tratan de los alcances de diversas investigaciones sobre un fenómeno común o de separar y unir posturas. Se trata de integrarlas de forma armónica sin que una prevalezca sobre la otras.
En particular, la clave para el conocimiento, en general, es considerar la interdisciplina como un método efectivo para la inclusión comprensiva de diversos aportes disciplinarios, que posibilitan nutrir, dibujar y configurar aportes epistemológicos y metodológicos nuevos y creativos, con un lenguaje común. En otras palabras, más que disputas entre términos y conceptos sobre interdisciplina, la interrogante en este ámbito es ¿Cómo los enfoques y autores del tema identitario pueden integrarse para dar una perspectiva interdisciplinar a los procesos de reconfiguración identitaria en los migrantes?
Enfoque sociocultural
El enfoque sociocultural proporciona discursos y esquemas explicativos de los elementos, factores y procesos que reconfiguran las identidades de los migrantes, integrando a sujetos y contextos en constante interacción, por lo que las identidades son el resultado de tres factores tales como: individuales, sociales y culturales. Estos contienen marcos económicos, políticos, históricos, culturales, entre otros, que aportan referentes importantes, pero son los sujetos quienes deciden la creación de nuevas formas identitarias.
Colás (2007) y De Pablos (2005), parten de la idea de que los procesos de reconfiguración identitaria contemplan dos contextos de actuación, en primer lugar, el interpsicológico, donde se sitúan los aspectos internos, sociales y culturales y, seguidamente, el intrapsicológico que contiene elementos internos como las subjetividades y significados. Ambos mantendrán una dinámica interactiva. Según los autores, estas dinámicas se producen en la interacción entre planos, donde se vinculan e internalizan, pero, al mismo tiempo, contienen constructos como el dominio (prácticas culturales), la apropiación (pertenencias que hacen propias) privilegiarían (decisiones) y reintegración (dotarse de nuevos recursos).Por ejemplo, los migrantes poseen determinadas praxis asociadas a sus trayectorias, no obstante, al estar en los contextos de recepción se pueden apropiar de nuevos elementos y hacerlos propios. Esto a través de un proceso se privilegiarían (decisiones), dando como resultado una reintegración que no es más que la creación de nuevas y novedosas pertenencias identitarias.
Algunos autores como Larraín (2001) plantea que las identidades no son esencias consustanciales, sino procesos de construcción social que poseen ciertos elementos constitutivos como: a) los individuos se definen a sí mismos y se identifican con categorías sociales compartidas; b) los elementos materiales como el cuerpo y las posesiones son generadores de autoconocimiento y otorgan pertenecía al proceso identitario; c) los procesos identitarios dan sentido a la existencia de los otros, en cuanto a la diferenciación/identificación. Desde estos elementos, las categorías sociales son culturalmente determinadas y les dan sentido a las identidades, de la misma forma, los aspectos culturales tienen mucha influencia y las materialidades le dan sentido de pertenencia al contexto deseado, lo que significa, que, dentro de las tramas sociales, no se puede comprender al ser humano sin tener en cuenta la cultura a la que pertenece. Por consiguiente, pasan a ser procesos intersubjetivos de socialización y reconocimiento mutuo, ya que la identificación garantiza la seguridad de sí mismo y la diferenciación evita confundirse con los demás.
De igual manera, para Grimson (2010), los elementos culturales son necesarios para comprender las identidades, puesto que, en determinados momentos, existen sucesos que originan cambios de toda índole y pueden tener consecuencias en los sujetos e intervenir en las reconfiguraciones. En estos procesos, los elementos culturales se vinculan directamente con las creencias, prácticas y significados tradicionales que están arraigados y que se relacionan intrínsecamente con los sentimientos de pertenencia hacia un colectivo. Por ende, es necesario examinar la cultura y los procesos identitarios desde: (a) la identificación, (b) la individualización y (c) la diferenciación. Estos son elementos clave para determinar cómo se da el proceso de reconfiguración a partir de las decisiones y sentimientos de pertenencia. Desde estas dinámicas, cada sujeto incorpora prácticas, creencias, tramas sociales y significaciones, de acuerdo con sus particularidades, cada una de ellas entrelazadas a un sinnúmero de escenarios y procesos relevantes.
Otra posición interesante es la de Giménez (2007), quien conceptualiza lo identitario y su reconfiguración a partir de la noción de las diversas culturas y subculturas a las que los actores sociales pertenecen o se integran. Desde esta visión, los procesos de reconfiguración identitaria se dan a partir de ciertos aspectos como: a) La permanencia en el tiempo con relación a las acciones; b) los elementos con límites, es decir, lo que lo distingue de los demás individuos; c) reconocimiento de los demás. Como resultado, los procesos identitarios se establecen sobre la base de las “acciones con sentido” que se reconfiguran en términos individuales/colectivos a través de la conciencia, memoria y psiques que poseen los sujetos y que solo pueden realizarse desde las analogías culturales y los significados. De acuerdo con esta perspectiva, estas acciones generan vínculos macro-culturales a través de las divergencias, interacciones y articulaciones diarias con la familia y la sociedad en general. Todo esto implica lo micro-social, esto es, el autorreconocimiento, que puede ser diverso en función de la cultura. Giménez (2007) sostiene que los procesos de reconfiguración se encuentran vinculados a disputas de poder, subjetivaciones, estatus económico y políticas determinadas, lo que sugiere que son lugares de confrontación y mediación, de disputas sociales en diversos niveles y escalas de la vida.
Por su parte, Maalouf (1999) presenta una propuesta relevante sobre las identidades, puesto que el mismo autor, desde sus experiencias (biografía), representa sus posicionamientos identitarios, los cuales están entrelazados en procesos migratorios y en dos culturas. El autor sostiene que la identidad está integrada por una pluralidad de elementos sociales y culturales y pueden pertenecer a cualquier cultura o sociedad. En otras palabras, lo que hace que cualquier sujeto migrante sea él y no otro, es ese estar en las fronteras simbólicas de dos o más formas lingüísticas, costumbres, prácticas, entre otros, que son precisamente elementos que definen de forma propia las identidades. De acuerdo con sus vivencias, refiere que “cada una de mis pertenecías me vincula con muchas personas y, sin embargo, cuando más numerosas son las pertenencias que tengo en cuenta, tanto más definida se descubre mi identidad” (Maalouf, 1999, p. 28). Para el autor, no todas las pertenencias tienen la misma importancia o relevancia, lo cual no significa que carecen de valor. Por el contrario, cada sujeto otorga el valor de acuerdo con el momento y se reconfiguran desde la autonomía, la libertad y aceptación.
Por ejemplo, algunos migrantes deciden no manifestar sus opiniones, culturas, diferencias o puntos de vista, por miedo o no sentirse con derechos, optando por invisibilizarse y otros se muestran sin importar. Esto produce profundas bifurcaciones que conllevan transformaciones internas, sin importar el posicionamiento asumido. Al respecto, Maalouf (1999) expresa que el principal inconveniente que enfrentan los migrantes es: “elegir entre afirmar a ultranza su identidad y perderla por completo” (p. 43). El inconveniente surge en realidad en el ámbito de los pensamientos, los miedos, la falta de conocimiento y la poca aceptación de la realidad. En resumen, el posicionamiento del autor en un mundo tan globalizado, la convivencia y la coexistencia de múltiples colectividades a veces implica tensiones, disputas y riesgos, debido a los estereotipos, expresiones y condicionamientos arraigados en el ser humano. Es factible señalar que se trata de una forma de “ignorancia de la conciencia y del ser”. El alivio para esta situación es visualizar las identidades desde otra óptica, una en la que la tolerancia, el respeto y la aceptación de sí mismo y del otro, se perciba como la suma de múltiples pertenencias, que potencian el desarrollo del ser y la autoestima individual/colectiva. “Es necesario que todos sepamos “tejer lazos de unión, disipar malentendidos, hacer entrar en razón a unos, moderar a otros, allanar, repensar, conciliar … Ser puentes, mediadores entre las diversas comunidades y las diversas culturas” (ob cit., 1999, pp. 12-13).
En la lógica del enfoque sociopolítico, otro autor que hace planteamientos significativos relacionados con las identidades es Foucault (2001). Él plantea que: (a) la categoría de poder como elemento primordial de las identidades y (b) Los procesos de subjetivaciones transforman a los sujetos, en cuanto a, las formas de indagación a sí mismo, las prácticas divisorias a sí mismo, con los otros y las maneras en que se transforman. De acuerdo con el autor, el poder dependerá de quien lo ejerza y dónde, de allí que planta: “el ejercicio del poder es una forma de acción de unos sobre otros, por lo que existe únicamente en acto y lo que delimita la relación de poder son las maneras de acción que no actúan inmediatamente sobre los otros, sino sobre su propia acción” (Foucault, 1992, p. 83). Cada sujeto tiene el poder de decidir sobre cualquier fenómeno, suceso, ideas o ideales, entre otros, al momento que desee interpelarse y transformarse a sí mismo, sin embargo, cada elección contiene elementos que podrán generar reacciones, opiniones y efectos en cuanto a la perspectiva del otro. Lo que deja entrever que las decisiones siempre estarán condicionadas por el medio y mediadas por los otros, por lo tanto, En consecuencia, Foucault (2001) considera a los sujetos como políticos, ya que tienen el poder de discernir, al analizar, decidir y actuar individual y colectivamente.
Para finalizar este enfoque, desde el posicionamiento sociocultural de estos autores, se extraen varios elementos básicos que pueden ser considerados fundamentales en los procesos identitarios, en especial, en los migrantes, a saber:
los procesos identitarios se dan desde autorreconocimiento, la autodefinición, los procesos de identificación/diferencias y los elementos culturales a partir de categorías compartidas;
la reconfiguración de las identidades se da en términos individuales/colectivos sobre la a base de las “acciones con sentido” a partir de la memoria, trayectorias vitales y sí mismo,
los sujetos adicionan múltiples pertenencias a sus identidades de forma continua e inacabable;
las identidades se reconfiguran, también, a partir de funciones sociopolíticas (discursividades, conflictos intergrupales y acciones transformadoras) que otorgan significado y reconocimiento.
Enfoque de bienestar y salud mental
Desde el enfoque de bienestar y salud mental, en los procesos de reconfiguración identitaria se encuentran un conjunto de elementos motivacionales y circunstanciales que fomentan el acercamiento de los individuos a ciertas situaciones emocionales (estrés, tristeza, alegría, dolor, esperanza) y el alejamiento de otros (falta de adaptación e integración) (Vingoles et al., 2006). En relación con este asunto, los autores señalan que los elementos motivacionales o circunstanciales, tales como el estrés, los duelos, la autorrealización, el autoconcepto, las habilidades, la adaptación y la resiliencia deben ser considerados (Bermejo et al., 2012). Para los autores, a partir de estos elementos, los sujetos tienden a distinguir y clasificar aquellos elementos que les brindan un mayor sentido de bienestar, distinción, significado y cohesión. Un ejemplo, es la migración como un proceso lleno de riesgos, beneficios y ganancias, aunque, también, puede tener repercusiones vinculadas a todos aquellos aspectos de la vida cotidiana que dejan en los países de origen. Estas circunstancias conducen a la presencia de riesgos, que, a su vez, generan elementos como el estrés y los conflictos, con consecuencias positivas o negativas en las identidades de cualquier individuo. En particular, cada pérdida es única y singular, en consecuencia, integrar y enfrentar cada una de ellas requiere un proceso de reconfiguración interna (Achotegui, 2002), en el que los sujetos asimilen las pérdidas y se adapten a sus nuevas situaciones vitales, a través de la evolución de sus propias identidades.
Para Achotegui (2002, p. 12), esa reconfiguración interna es una transformación identitaria que define como: “el conjunto de autores, representaciones que permiten que el individuo se sienta, por una parte, como semejante y perteneciente a determinadas comunidades de personas y, por otra parte, diferente y no perteneciente a otras”. A partir de esta conceptualización, las identidades son una mezcla de lo temporal, lo individual, las diferencias, semejanzas y las pertenencias. El autor señala que las reestructuraciones de los sujetos se producen a partir de las pérdidas y los duelos (en particular en los sujetos migrantes), denominando este fenómeno como: “síndrome del inmigrante con estrés crónico y múltiple o síndrome de Ulises” (ob cit., 2002, p.102). Este síndrome es considerado un proceso reactivo de estrés crónico y trastornos adaptativos, que está compuesto por una serie de síntomas que van desde lo emocional hasta lo físico. Esto se manifiesta al no procesar y elaborar las pérdidas (familiares, identidades, materialidades, territorios, entre otros) y duelos de manera saludable (Achotegui, 2017). Además, los factores sociales, como estereotipos, exclusiones y falta de atención institucional, a veces, no contribuyen de manera positiva (Fernández et al., 2020), lo que hace que el estrés y los trastornos se incrementen de manera acelerada.
De acuerdo con Achotegui (2017), existen diversos tipos de duelos relacionados con el proceso, tales como el duelo por la familia, la lengua, la cultura, la tierra, el estatus social, el colectivo de pertenencia y los riesgos a nivel físicos. La presencia de estos acontecimientos se encuentra en una proporción significativa en casi todos los sucesos migratorios y se determinará por las circunstancias en las que se produce la migración, lo que varía en el duelo es la intensidad y el afrontamiento, lo cual dependerá del valor que los sujetos le atribuyen (Cabodevilla, 2007). Asimismo, el contexto histórico-social y el contexto de recepción desempeñan un papel primordial, dado que no es el mismo migrar por situaciones de estudio o laborales que hacerlo en situaciones al límite, de manera precipitada y forzada, debido a que las pérdidas serán procesadas de manera distinta.
También, es importante resaltar que los procesos migratorios tienen aspectos positivos, al adicionar un enriquecimiento de forma individual y colectiva, pues el tránsito por los duelos en las identidades positivamente contribuirá al crecimiento personal y sociocultural, debido a la incorporación de nuevos recursos, vivencias, habilidades y destrezas y como se mencionó anteriormente, si se da de manera negativa, desestructurará al sujeto a nivel psicoemocional, afectando la salud y el bienestar en todos los aspectos. Sin duda, si los beneficios de los cambios a nivel identitario sobrepasan las pérdidas, el afrontamiento del duelo resulta menos estresante, por cuanto los sujetos se inclinan al equilibrio y reducen los sufrimientos con lo nuevo que está logrando (Achotegui, 2002). Ello, genera un estado de bienestar que influye directamente las identidades a nivel individual y colectivo, ya que conduce a procesos de integración y adaptación, lo que supondrá satisfacción, pertenencia y actitud positiva hacia el entorno y hacia sí mismo.
Desde este enfoque, los elementos como las emociones, sentimientos de exclusiones, entre otros, son también ejes trascendentales que contribuyen de forma negativa o positiva. Estos impactos son, por lo general, en la autoaceptación y autovaloración, las relaciones interpersonales positivas, las capacidades de afrontamiento, la autonomía, el crecimiento individual y los propósitos de vida. Por lo tanto, el bienestar y la salud mental a nivel identitario no solo se enfoca en la sintomatología física o en que esas motivaciones positivas superen a las negativas. Implica que los sujetos se respeten y se autovaloren, pero, también, que reciban apoyo social satisfactorio en cualquier contexto que se desenvuelva, para que así logren crear cada día nuevos sentidos y propósitos de vida.
Enfoque constructivista: discursividades y narrativa
Desde la perspectiva constructivista, en contraste con las posturas previamente señaladas, para Jenkins (2004), la temática identitaria debe ser enfocada mediante el análisis dialéctico de los procesos de identificación que se dan en los individuos y las diversas colectividades, puesto que necesitan un marco referencial que les permita integrarse y comprenderse a sí mismo y a los demás, de manera tal que, las identidades no están significativamente separadas de las otras personas. Los individuos son únicos, pero las identidades se reconfiguran en la interacción cotidiana.
Para Luckmann (2007, p. 96), “las identidades se pueden formular sólo a partir del desarrollo en contiguo e interdependiente de la mente, cuerpo y la vida social”, desde esta definición los procesos identitarios se dan con la realización de acciones cotidianas, dirigidas hacia la obtención de logros específicos. Acciones que se originan gracias al desarrollo de las capacidades, habilidades y destrezas que les permiten asumir la responsabilidad de sus decisiones y comportamientos, a través de un largo proceso en el que interviene la generacionalidad vinculada a la memoria, las culturas y las trayectorias.
Brubaker y Cooper (2001) plantean una serie de posicionamientos teóricos sobre las identidades, entendidas como el resultado efímero de múltiples discursos, es decir “para iluminar la naturaleza inestable, múltiple, fluctuante y fragmentada del ‘yo’ contemporáneo” (p.10). Asimismo, los autores proponen una serie de puntos estratégicos que dan cuenta de las complejidades de los procesos identitarios: a) las identidades como entes contrarios a los intereses, para acometer formas no instrumentales en la acción político y social; b) las identidades como “una igualdad fundamental y consecuente entre los miembros de un grupo o categoría” (ob cit., p.9); c) las identidades relacionadas con la conciencia del sujeto; d) las identidades como producto de la acción político y social, “invocada para iluminar el desarrollo procesual, interactivo del tipo de autocomprensión, solidaridad, o ‘grupalidad’ colectivos que posibilita la acción social” (ob cit., p.9); y e) las identidades entendidas como el resultado momentáneo de diversos discursos que, a su vez, dan cuenta de las cualidades transitorias, móviles y fragmentada y de los sujetos.
Los autores intentan debatir y explicar los procesos identitarios en la densidad de las mismas identidades, en otras palabras, algo que tiene que ver con reconocer que algunas de ellas son asumidas a través de las propias transformaciones discursivas de los actores sociales y, al mismo tiempo, como un hecho categorial práctico. Este proceso, claramente, demanda el cumplimiento de múltiples funciones para ello, los autores proponen remplazar el término por “identificación[2]” realizada por sí mimo o por los otros y la “autocomprensión[3]” como una disposición. Brubaker y Cooper (2001) también, proponen tres elementos fundamentales en los procesos identitarios: en primer lugar, la comunalidad referida a los atributos y que es objetivada por los sucesos y discursos; un segundo aspecto que se refiere a la conectividad que da cuenta de las relaciones, redes y vínculos inter/intrapersonales, los cuales pueden originar acciones colectivas y, finalmente, la grupalidad que hace referencia al sentido de pertenencia, la lealtad y la solidaridad. Además, existen otros elementos adicionales que son claves en los procesos identitarios como lo son las transversalidades y antagonismos que se producen en: (a) las trayectorias vitales, (b) los atributos de los sujetos y de acuerdo los contextos socioculturales y (d) los resultados de las conceptualizaciones fragmentarias y múltiples que se dan en los discursos y no fuera de ellos. De allí que “Las identidades no son singulares, sino elaboradas de múltiples formas a través de discursividades, prácticas y posiciones diferentes, por lo general, trasversales y antagónicas” (Hall, 2003, p. 17).
Al producirse de forma múltiple y a través de las discursividades, Restrepo (2007, p. 25-31) igualmente afirma que “las identidades son constituidas desde los discursos, pero no son sólo en el discurso”. Esto significa que son inteligibles y dotadas de sentido que deben ser reconfiguradas no solo en el plano discursivo, también deben dar cuenta de los efectos, las relaciones, formas y disputas que se producen en el ámbito social. Desde la perspectiva, estos procesos son:
Están históricamente situadas.
Variados y constituyen combinaciones específicas.
Discursivas, es decir, no sólo están presente dentro de los discursos.
Referenciales acerca de las diferencias, las desigualdades y dominaciones.
Lugares de resistencia y empoderamiento.
Asignadas y asumidas, aunque se transformen en un momento determinado.
Proscritas y arquetípicas.
Referentes a lo provisional, lo contingente e inestable. Factores clave entre las subjetivaciones y los posicionamientos de los sujetos.
Entidades que se dan posterior a los sujetos, no son antifaces que puedan colocarse y quitarse en cualquier momento y tampoco son celdas de las que no pueden salir.
Prácticas significantes, polifónicas y multiacentuales.
Producidas e inscritas dentro de las narrativas.
En otras palabras, las reconfiguraciones son producidas a través de ciertas prácticas distintivas, discursivamente constituidas en el ámbito de las vivencias e intersubjetividades, las cuales no deben ser visualizadas como procesos mutuamente constituidos de forma positiva en relación consigo mismo y con los otros. Desde este punto de vista, es preciso entender esas experiencias y acciones en función de los sistemas culturales y sus diversos significados.
En relación con ello, Bruner (2004, p. 107) define las identidades como “eventos verbalizados” que, gracias al lenguaje narrativo, toman forma de relatos y ofrecen coherencia y continuidad a determinadas vivencias. Esto es, son configuraciones de acontecimientos individuales/colectivos en constante movimiento a los que se les otorga significado. Existe una relación directa entre las identidades, sus reconfiguraciones y las narrativas. “Sin la capacidad de contar historias sobre nosotros mismos no existiría la identidad” (Bruner, 2004, p. 122). Distingue cuatro tipos de vínculos que las personas necesitan establecer en las narrativas: a) la estructura temporal, basada en la percepción subjetiva de los sujetos; b) la pertenencia a género narrativo concreto; c) la motivación basada en los estados volitivos del sujeto, y d) la composición hermenéutica y su interpretación. El punto central de estos vínculos es la elaboración e interpretación de la subjetividad y de los significados que se registran de manera narrativa a través de los relatos y que permiten visualizar los cambios producidos antes y durante la narración. Para Ricoeur (2006), los sujetos poseen una identidad narrativa como condición dinámica que les permite reinterpretarse a sí mismos con base en esos significados y al reflejo que otros le dan. Se entiende, entonces, que los individuos construyen sus narrativas individuales desde su zona intra/interpersonal, siendo inseparables del contexto sociocultural donde ocurren.
Desde otros posicionamientos, McAdams (2001, p. 102) opina que “las identidades son formas de autocomprensión de un sujeto que se integra de forma sincrónica y diacrónica, de modo que pueda situarse, significativamente, en algún nicho psicosocial y pueda dotar a su vida de cierto grado de unicidad y propósito”, es decir, no debe visualizarse “como lo que soy", sino como una cualidad individual a partir de la cual los sujetos se comprenden, se organizan y se reconfiguran a sí mismos, por tanto, los procesos de reconfiguración identitaria no son algo que surgen en una etapa específica evolutiva de la vida, sino que siempre estarán reelaborándose y son organizados en forma de historias o relatos de vida que pueden comprenderse. Pueden concebirse como narrativas abiertas, inacabadas, antologías de historias que se integran con coherencia en la vida de los sujetos y en el contexto sociocultural en el que viven, por lo que su carácter específico depende de una configuración integradora que se caracteriza por su unicidad y coherencia (McAdams, 2001). Es así como, las identidades no son adquisiciones particulares, sino tejidos que se reconfiguran entre los elementos individuales y los socioculturales de los cuales deriva el significado de la vida. Las vinculaciones de estos elementos permitirán comprender la reconfiguración identitaria desde reflexiones dialécticas narrativas en dos dimensiones: a) configurar sus identidades con relación con un grupo social, de tal manera que se les reconozca y se les permita definir quiénes son; y b) reconstruir narrativamente su representación de la realidad social en base a la convivencia armónica.
Desde esta óptica, la finalidad es de autoreconocerse frente a un colectivo y a sí mismos, para así lograr el desarrollo óptimo de todas las potencialidades en un mundo cada vez más dinámico, cambiante y, por otra parte, con más incertidumbres e interrogantes sociales. McAdams (2003) destaca dos grandes elementos sobre los cuales se reconfiguran las identidades: a) la agencia: representada por los esfuerzos para expandir, afirmar, perfeccionar y proteger el yo, por medio de la autonomía, el estatus, la responsabilidad y el empoderamiento; b) elementos que permitirán dominar el contexto; la comunión: orientando las narrativas motivacionalmente hacia las necesidades de filiación, es decir, los lazos emocionales que se establecen para sí mismo y con los otros. Considerando estos ejes, las reconfiguraciones identitarias a través de las narrativas se presentan como un modo de superar la dicotomía entre lo objetivo y subjetivo, ya que intentan comprender los contextos de actuación reconfigurando críticamente las experiencias, repensando los significados, realidades, sistemas morales implícitos, dimensiones políticas y socio-culturales, dilucidando los supuestos constructos sociales a partir de los valores inter-subjetivos, subjetivos, los contextos y lo contingente. De esta forma, se entiende que las identidades no solo hacen referencia a sí mismos, sino que también incluye a los demás y a los contextos histórico-socioculturales que les rodean.
Enfoque ecológico del desarrollo humano
Desde el enfoque ecológico[4], comprender los contextos en los cuales se desenvuelven los sujetos (migrantes y no migrantes) es fundamental para detectar la variedad de factores que influyen en los procesos de reconfiguración identitaria (Bronfenbrenner, 2002 y Suarez- Barrios, 2018). Según los autores, implica visibilizar y distinguir que estos procesos se agencian multidireccionalmente, en diferentes sistemas vitales y que se interconectan unos con otros de forma recíproca. Bronfenbrenner (2002), como principal exponente de este enfoque, plantea cuatro sistemas concéntricos contenidos unos entre otros, que van desde lo más concreto a lo más general y donde los principales actores sociales se ubican en el sistema más interno (Ortega et al., 2021). Según lo expresado por Bronfenbrenner (2002), existen cuatro sistemas que definen el modelo ecológico: (a) microsistemas, que corresponde al contexto más próximo de los sujetos, donde desarrollan interacciones bilaterales, es decir, relaciones interpersonales, roles y la creación de redes y vínculos sociales, (b) el mesosistema que refiere a las relaciones o vínculos que se estable los miembros del microsistema con dos o más contextos, verbi gracia, las relaciones de los sujetos (migrantes o no migrantes) con las instituciones formales (escuelas, servicios de salud, trabajo, grupos de pares, etc.), (c) El exosistema hace referencia al contexto social externo de los sujetos, en el cual él no tiene participación, sin embargo influirá en su entorno inmediato y (d) el macrosistema que abarca las características políticas, sociales y culturales (valores, creencias, ideologías, actitudes y costumbres) del medio sociocultural en que los sujetos se desenvuelven.
Este enfoque, asimismo, posee un gran potencial para la comprensión del fenómeno de estudio, dado que, confluyen una serie de elementos familiares de otros enfoques, como lo social, lo político, lo cultural, el bienestar, entre otros. Lo interesante es que aporta atención a las interconexiones que se producen en los sistemas (micro-, meso-, exo- y macrosistema) y el impacto que puede generar en los sujetos y su evolución. Así, para hacer más comprensible la aplicabilidad y evidencia de este modelo, lo traslado al caso de los sujetos migrantes que reconfiguran sus identidades a raíz de una serie de trayectorias vitales y elementos de carácter multidimensional a saber:
el microsistema será aquel contexto más próximo, en el cual están sumergidas las identidades de los sujetos migrantes, vinculándose, en cambio, con el siguiente sistema. Ello conllevará, por un lado, a que aumenten los elementos en sus identidades y, por otro, a que de acuerdo con la vinculación entre cada uno de esos elementos se torne compleja o amable la adaptación y, por ende, se produzcan transformaciones internas. De cada uno de elementos que integran el microsistema, han de desprenderse múltiples variable y factores que influirán, directamente, a las identidades de los sujetos migrantes. Algunas de ellas son las propias de los sujetos migrantes trayectorias vitales, los sí mismos, las subjetividades, la memoria, entre otras y otras de las relaciones y vínculos interpersonales que establece, esto es, elementos que contienen los otros.
el mesosistema comprende las interrelaciones que realizan los miembros del microsistema con dos o más contextos, en donde los sujetos migrantes y sus identidades participarán activamente (trabajo, instituciones, vida social, sentido de comunidad). Es decir, representa la interacción entre los diversos contextos en los que están inmersos los sujetos migrantes. Aquí, las identidades son el punto de partida del análisis de múltiples conexiones individuales/colectivas, algunas son propias del sujeto -como se mencionó antes- pero, otras pertenecen a los otros (percepciones, actitudes, categorizaciones, etc.), por ejemplo, la percepción y visión que los otros le transmiten a los migrantes desde los diversos contextos pudiese afectar en la integración de nuevas pertenencias en las identidades.
el exosistema contempla uno o más contextos que no incluyen a los sujetos migrantes como protagonistas activos, sin embargo, se producen sucesos que pueden afectar sus identidades. En este caso, pueden verse afectadas en parte, por los roles, características y situaciones ajenas a ellas, verbigracia, la actuación de los medios de comunicación, sucesos con otros migrantes, procesos de exclusión y discriminación.
el macrosistema dirige el entorno en general y puede afectar positiva/negativamente las identidades de los sujetos migrantes, dado que ellos están nuevos en el contexto, la falta de conocimiento de las praxis, leyes, derechos y deberes, costumbres, lenguaje, normas, entre otros, los coloca en cierta desventaja, no obstante, conforme pase el tiempo y las trayectorias, el decidirá con que elementos se identifica y pertenece.
En consecuencia, las transformaciones que vivencian serán continuas y dinámicas, a estas Bronfenbrenner (1979, p. 46) las denomina: “transiciones ecológicas”, ya que modifica los posicionamientos, roles y percepciones de los sujetos, como consecuencia de los cambios que experimenta. Lo que conlleva a la evolución individual. Este enfoque reconoce la importancia de los múltiples contextos en los que se vinculan y que pueden afectar las diversas trayectorias de los seres humano en la conjunción con las estructuras endógenas y exógenas, -en especial en los sujetos migrantes- que pueden ser decisivas en las identidades.
Posición situada en los procesos de reconfiguración identitaria en los migrantes desde la interdisciplinariedad
Es importante entender que los procesos identitarios no se dan en un momento único en los sujetos migrantes, mucho menos se transforman en etapas y tampoco existen identidades cimentadas por el resto de la vida. En los procesos de reconfiguración identitaria, los sujetos están insertos múltiples contextos (macro-meso-exo y microsistemas) que se vinculan e influyen en las trayectorias. En ellos, están incorporados, al mismo tiempo, una serie de procesos dinámicos individuales e históricos y socioculturales. Para el caso de la investigación la figura 1, visibiliza el posicionamiento situado, a partir de la integración y reflexión interdisciplinaria de los enfoques mencionados. Es decir, se marca el posicionamiento desde las posibilidades explicativas y discursivas de las diversas disciplinas y autores que se abordan y sobre la base de los ejes clave de la noción identitaria, procurando recapitular y conseguir una integración epistemológica situada en la complejidad de estos procesos.
En primera instancia, en el caso de las dinámicas individuales (ver figura 1), contienen las identificaciones biográficas, memorias, subjetividades, trayectorias vitales y mundos-de-vida que, por lo general, tienden a cimentarse en las crisis y transiciones vitrales (en particular, los procesos migratorios) y aportan información relevante del pasado y del presente. Seguidamente, en el caso de la dinámicas históricas y socioculturales (ver figura 1), contienen procesos de identificación, adjudicación de diversas pertenecías históricas, los contextos socioculturales y las acciones integradoras que se cimientan en los conflictos intergrupales. Entonces, la interconexión que se realiza entre ambas se debe a la vinculación entre las crisis y transiciones (dimensiones individuales) y los conflictos intergrupales (dimensiones históricas y socioculturales). A partir de esos procesos, los sujetos toman decisiones a través de sus propias narrativas y discursividades, produciendo resignificaciones en el autorreconocimiento y la autovaloración propia, lo que le permite darles nuevos sentidos a sus identidades.
También, se produce el reconocimiento de los demás, produciendo, por su parte, múltiples significados, así pues, ambas dimensiones son mecanismos con acciones transformadoras con sentido y significaciones. Un proceso, dinámico y multidimensional que genera nuevas pertenencias identitarias y nuevas proyecciones futuras, que en palabras de Bruner (2006) “exige que nos hagamos responsables de cómo nos conocemos y por qué” (p. 47). Estas nuevas integraciones les permite auto reconocerse, fluir y vivir nuevos pensamientos, capacidades, habilidades y destrezas que le darán sentido a sus proyectos de vida. No obstante, estos nuevos recursos, capacidades y habilidades que integran las nuevas identidades solo se podrán desarrollar en las interacciones colectivas y socioculturales, mediadas por significados, sentidos, subjetividades y materialidades.
LAS MIGRACIONES COMO ELEMENTO QUE RECONFIGURA LAS IDENTIDADES: PASADO, PRESENTE Y FUTURO
Todos los sujetos y, especialmente aquellos que están involucrados en procesos migratorios, tienen un pasado, un presente y expectativas de un futuro. Esto puede llevar inevitables procesos de transformación y reconfiguración que entrevén conflictos entre " “lo que se es”, “lo que se fue”, “lo que se hace”, los valores y las posibilidades de practicarlos en la sociedad receptora, […] una ausencia de comunicación entre los valores propios y el transcurrir de la vida cotidiana, podrá disipar todas sus energías” (Turner, 1980, p. 130). Estos procesos de reconfiguración están relacionados con un nuevo ser, con sus experiencias anteriores, necesidades individuales/colectivas, experiencias positivas y negativas, posibles escenarios conflictivos y expectativas que pueden aumentar su grado de vulnerabilidad. Cada migrante, tienen la oportunidad de (re)evaluar sus vivencias a lo largo de las trayectorias vividas y aunque los recuerdos no habitan de forma estática y mucho menos fija, están en una constante confrontación de información entre esquemas pasados y nuevos (Montesperelli, 2003 y Trillo, 2009). Esto es un proceso de reactualización continuo que demuestra que la movilidad no solo implica un cambio de contexto, sino que también implica una transformación central, simbólica e intersubjetiva (Veradas, 1999 y Touraine, 1997). Transformaciones que están relacionadas con la memoria, la capacidad de reconocer el pasado que se relaciona con el presente y con sus elementos simbólicos y las perspectivas futuras.
Este suceso, en cierta medida, altera la vida de aquellos que la atraviesan, la concepción de sí mismo y la forma en que se relaciona con los demás, asimismo, supondrá, atravesar momentos críticos, los cuales serán momentáneos y temporales mientras adquieren nuevas pertenencias que ayuden a mejorar los mecanismos de regulación individual, social, cultural y emocional (Grinberg y Grinberg, 1996). En consecuencia, este nuevo ser se reconfigura en la trama intersubjetiva de las vivencias a lo largo del ciclo vital (Álvarez-Benavides, 2019), un asunto relacionado con la reconfiguración de sí mismo, bajo contextos históricos, culturales, sociales, su propia visión, necesidades y deseos de resistir a múltiples sucesos, transformándose y reconfigurándose constantemente al tomar conciencia de su propio ser.
Así, la posición de migrante es una construcción social y sus propias identidades se caracterizan por la condición de “sujeto fronterizo” entre dos realidades y dos colectividades: “el intruso que, con sus diversas situaciones y expresiones sociales, vive en constante tensión del afuera y enfrente, pero dentro” (Simmel, 2002, p. 212). En otras palabras, los individuos que habitarán en los límites sociales de las fronteras que se presentan entre lejanía y proximidad, lo cual define y caracteriza el carácter formal de la posición como sujetos migrantes. De esta manera, las fronteras son estructuradas por múltiples dimensiones, memorias, expresiones y significados que se ubican tanto en la indivisibilidad de la soberanía estatal como en los límites y continuidad del entramado social (Morales, 2011). En efecto, los sujetos se establecen en la medida en que forman parte de un entorno social repleto de simbolismos, con los cuales se autoconstruyen, se autoinventan y se autoaprueban, con el propósito de modelar sus características particulares.
Como resultado se trata de procesos en los que conviven la heterogeneidad y diversidad de trayectorias, proyectos vitales de carácter individual, social, político, vivencias y experiencias caracterizadas por el cambio y continuas transformaciones. Esto podría conducir a que cada individuo añada elementos materiales y emocionales a las prácticas socioculturales y cree diversas estrategias para alcanzar las metas planteadas en el contexto migratorio. Por consiguiente, el pasado en concreto será entendido y recordado desde nuevos posicionamientos, pasando a ser el punto central de múltiples debates en los migrantes (Trillo, 2006), los cuales estarán matizados por las nuevas pertenencias, los vínculos de integración social y temporal (Montesperelli 2003).
Finalmente, en los procesos de reconfiguración identitaria se transita y se establece un vínculo con las otras culturas de las que no se forma parte y con las que se vincula. Ese transitar hace que las identidades, por su carácter distribuido, se centren en dos particularidades: a) los significados con los cuales se definen a sí mismos desde su peculiaridad, por ser partícipes de una cultura concreta, y b) las prácticas en las que se tensionan los significados acerca de su individualidad. Ambas particularidades se conjugan desde perspectivas temporales, un esquema histórico que sirve de sostén para entender, comprender y situarse en la realidad individual. Esto implica, por tanto, recalcar los elementos socio estructurales que transversalizan los procesos identitarios, los cuales conducen a la diversificación de las costumbres, formas de convivir y valores compartidos interculturalmente, generando de esta forma “nuevas identidades” (Vereda, 1999, p. 115), las cuales modificarán sus percepciones pasadas, presentes y futuras y, a su vez, las relaciones inter/intrapersonales, socioculturales y políticas (Tijoux, 2020). Esto les permite conocer, experimentar y vivenciar otras escalas de valores para entender el mundo y repensarse críticamente.
CONSIDERACIONES FINALES
Se han examinado y discutido los aspectos teóricos-epistemológicos más relevantes de los procesos de reconfiguración identitaria en los migrantes, los cuales constituyen particularidades unificadoras y de gran interés para diversas disciplinas (Jenkins, 2004). Estas últimas han planteado diversos posicionamientos en relación con las formas de construcción, configuración y reconfiguración como elementos centrales de la temática (Hall, 2011 y Jenkins, 2004). Ahora bien, desde la integración interdisciplinaria, se evidencia que las identidades no son inmutables. Estas están integradas por diversos elementos y pertenencias que, durante las trayectorias vitales, incluyendo los procesos migratorios y los diversos sucesos socioculturales, que reconfigurarán de manera continua los pensamientos, las capacidades, destrezas, pertenencias y les permiten colocarse en el lugar del otro. En consecuencia, las identidades son dinámicas, múltiples y multidimensionales, donde cada dimensión individual y sociocultural busca reconocerse y ser reconocida.
Asimismo, las dinámicas transformadoras que vivencian no personifican una configuración imaginaria, se elaboran en momentos determinados y constantes en la vida de los sujetos, donde se transforman con sentidos y significados. Las reconfiguraciones se pueden dar a través de las trayectorias, discursividades y vivencias con el propósito de entender y reconocer las rupturas y metamorfosis de sus propias identidades. Por otra parte, los procesos de transformación implican el acoplamiento a ellos mismos, a otros, a los espacios, prácticas, repertorios, a las formas de relacionarse con las colectividades y redes sociales, con el propósito fundamental de reconocerse en heterogeneidad, autonomía y empoderamiento. También, permite la identificación de los factores de riesgo que conllevan los fenómenos de movilidad, implicaciones emocionales, actos, voces y elementos psico-socioculturales que estén vinculados con las corporalidades, materialidades y elementos simbólicos.
Por otra parte, estos procesos de transformación tienen el desafío de darse desde los principios de ciudadanía mediante procesos vivenciales y con-vivenciales de los valores democráticos de igualdad y solidaridad, conjugados con la estimación positiva de la diversidad cultural. Esto, a su vez, les permitirá a los migrantes desarrollar nuevos elementos subjetivos como el sentido de pertenencia hacia una colectividad, los apegos y las intersubjetividades. En consecuencia, la migración se transforma en un vestigio que reconfigura las identidades, en incertidumbre; oportunidades, retos y un caos siempre al acecho; debido al desdén de las diversas problemáticas individuales/colectivas presentes constantemente. Finalmente, reconfigurarse humaniza la existencia del ser, desde un lugar situado con una multidimensionalidad que trasciende más allá de la misma movilidad.
Notas
ACHOTEGUI, J. (2017). “El síndrome del inmigrante con estrés crónico y múltiple (síndrome de Ulises)”. Revista de Menorca, 96, pp. 103-111.
ACNUDH (2018). Informe ACNUDH 2018. Defender los derechos humanos en un contexto hostil. https://doi.org/https://www.ohchr.org/SP/NewsEvents/Pages/HumanRightsReport2018.asp-.
ALCOFF, L. (1989). “Feminismo cultural versus pos-estructuralismo: la crisis de identidad en la teoría femenina”, Feminaria, II, (4), pp. 1-18.
ÁLVAREZ-BENAVIDES, A. (2019). “Migraciones e identidad. Una aproximación desde la teoría de la identidad colectiva y desde la teoría del sujeto, Estudios de la Paz y el Conflicto”. Revista Latinoamericana,1-(1), pp. 97-115.
BARTOLOMÉ, M. (2006). “Los laberintos de la identidad: procesos identitarios en las poblaciones indígenas”, Avá Revista de Antropología, (9), pp. 28-48.
BERMEJO, C., MAGAÑA, M., VILLACIEROS, M. Y CARABIAS, I. (2012). “Estrategias de afrontamiento y resiliencia como factores mediadores de duelo complicado”. Revista de psicoterapia. 22(88), pp. 85-95.
BLANDIN, C. (2011). “Atlas de las migraciones. Las rutas de la humanidad”, Le Monde Diplomatique en español, Akal-Uned, 210 págs.
BRAH, A. (2011). Las cartografías de la diáspora. La identidad en cuestión. Madrid: Traficante de Sueños.
BRONFENBRENNER, U. (1979). The ecology of Human Development. Cambridge, Harvard University Press. (Trad. Cast.: La ecología del desarrollo humano. Barcelona, Ediciones Paidós, 1987).
BRONFREMBRENN, U. (2002). Ecología del desarrollo humano. Barcelona. Paidós.
BRUBAKER, R. Y COOPER, F. (2001). “Más allá de ‘identidad’”, Apuntes de Investigación del CECyP, 7, pp. 30-67.
BRUNER, J. (2004). “Life as narrative”. Social Research, 71(3), pp. 691-710.
BRUNER, J. (2006). “Culture, Mind, and Narrative”. In J. S. Bruner, In Search of Pedagogy, 2, pp. 230-236.
CABODEVILLA, I. (2007). “Las pérdidas y sus duelos”, Anales del Sistema Sanitario de Navarra, 30, (3), pp. 163-176.
CASTILLO, G. (2019). “Flujos de movilidad mixtos. Relaciones entre migraciones forzadas, procesos espaciales y violencia. En Procesos Migratorios en México, nuevos rostros, mismas dinámicas”, Informe REDODEM, pp. 61-81
CEPAL (2019). Panorama Social de América Latina, 2019 (LC/PUB.2019/22-P/Re v.1). Recuperado 10 de septiembre 2022: https://www.cepal.org/sites/default/files/publication/files/44969/S1901133_es.pdf
CEPAL (2020). El Desafío Social en Tiempos del COVID-19. Comisión Económica para América Latina y el Caribe. Recuperado 10 diciembre de 2022: https://repositorio.cepal.org/ handle/11362/45527.
COLÁS, P. (2007). “La construcción de la identidad de género: Enfoques teóricos para fundamentar la investigación e intervención educativa”. Revista de Investigación Educativa, 25, (1), pp.151-166.
CUCHÉ, D. (1999). “Cultura e Identidad. En la noción de Cultura en las Ciencias Sociales”. Nueva Visión, pp. 106-113. Capítulo VI.
CLAVIJO, J. PEREIRA, A. Y DALMASSO, C. (2018). “Nexos entre migraciones forzadas y desarrollo en el marco de la gobernabilidad migratoria: aproximaciones a la categoría de refugiado en el contexto sudamericano”. Studia politicæ, 44, pp. 11-42.
CRUZ, M., VARGAS, D., VARGAS, R., ESTRADA, C. (2014). “Percepción de conflicto intergrupal y su relación con la adhesión a creencias esencialistas”. Suma Psicológica, 21-(2), pp. 116-122.
DELGADO SABIO, W. Y MÁRQUEZ COBARRUBIAS, H. (2012). Desarrollo Desigual y Migración Forzada. Una Mirada desde el Sur Global. Universidad Autónoma de Zacatecas Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura Red Internacional de Desarrollo y Migración.
DE PABLO, J. (2005). Herramientas conceptuales para interpretar la mediación tecnológica. Educativa. Telos.
DUBAR, C. (1992). “Formes identitaires et socialisation professionnelle”. Revue Française de Sociologie, 33(4), pp. 505-529.
ERIKSON, E. (1959). Infancia y Sociedad. Buenos Aires, Ediciones HORME p. 256.
FERNÁNDEZ, J., DOMÍNGUEZ, N., Y MIRALLES, F. (2020). “El Síndrome de Ulises: el estrés límite del inmigrante”. Revista de Estudios en Seguridad Internacional,6, (1), pp. 101-117.
FOUCAULT, M. (1992). Las relaciones de poder penetran en los cuerpos. En Varela, J. y Álvarez-Uría, F. (Eds.) Microfísica del Poder (págs. 80-172). Madrid: La piqueta.
FOUCAULT, M. (2001). El sujeto y el poder. Epílogo 2da edición de más allá del estructuralismo y la hermenéutica. Buenos aires: nueva visión.
GARCÍA, R. (2013). “Investigación interdisciplinaria de sistemas complejos: lecciones del cambio climático”. Interdisciplinaria, 194. (1), pp. 193-206.
GIMÉNEZ, G. (2007). Estudios sobre la cultura y las identidades sociales. México: CONACULTA-ITESO.
GRINBERG L. Y GRINBERG R. (1996). Migración y exilio: estudio psicoanalítico. Editorial Biblioteca Nueva. PP. 1- 192.
GRIMSON, A. (2010). “Cultura, identidad: dos nociones distintas”. Social identities, 16(1),63-79.
HALL, S. (2011). ¿Quién necesita “identidad? en Hall, S. y P. du Gay (Compiladores.) Cuestiones de identidad cultural. Buenos Aires: Amorrortu (2da. Edición).
JENKINS, R. (2008). Social Identity. London: Routledge.
JULLIEN, F. (2017). La identidad cultural no existe. Trad. de Pablo cuartas. Ed. Taurus. Barcelona. España.
LACLAU, E. (1994). Nuevas reflexiones sobre la revolución de nuestro tiempo, Buenos Aires: Nueva Visión.
LARRAÍN, J. (2003). “El concepto de identidad”. Revista FAMECOS 1, (21), pp. 30–42.
LUCKMANN, T. (2007). Condiciones estructurales necesarias para la constitución de la identidad personal, en J. Dreher, S. Figueroa, A. Navarro, R. Sautu y H. G. Soeffner (Comp) Construcción de identidades en sociedades pluralistas. Buenos Aires: Lumiere.
MAALOUF, A. (1999). Identidades asesinas. Editorial Alianza, Madrid.
MARCÚS, J. (2011). “Apuntes sobre el concepto de identidad”. (U. d. Aires, Ed.) Intersticios. Revista sociológica de Pensamiento crítico, 5(1), pp. 107-114.
MARRONI, M. DA G. (2020). “Escenarios migratorios y globalización en América Latina: una mirada al inicio del siglo XXI”. Papeles De Trabajo 32, pp. 126–142.
MCADAMS, D. (2001). “The psychology of life stories”. Review of General Psychology, 5, pp. 100–122.
MCADAMS, D. (2003). Identity and the Life Store. In R. Fivush y C. A. Haden, Autobiographical Memory and the Construction of a Narrative Self. Developmental and Cultural Perspectivas (pp. 187-208). Mahwah, New Jersey & London: Lawrence Erlbaum Associates.
MONTESPERELLI, P. (2003). Sociología de la memoria. Ed. Nueva Visión, Buenos Aires.
MORALES G. (2011). La heterogeneidad en el pensamiento clásico latinoamericano: Sarmiento, Martí́, Vasconcelos y Mariátegui. (Tesis Doctoral). Univerisidad Nacional Heredia, Costa Rica.
NACIONES UNIDAS (2018) La Agenda 2030 y los Objetivos de Desarrollo Sostenible: una oportunidad para América Latina y el Caribe (LC/G.2681-P/Rev.3), Santiago. Recuperado 18 de marzo 2023: https://repositorio.cepal.org/server/api/core/bitstreams/cb30a4de-7d87-4e79-8e7a-ad5279038718/content.
OIM (2022) Informe Sobre las Migraciones en el Mundo 2022, eds. Marie McAuliffe y Anna Triandafyllidou. Ginebra, Suiza, 2021 Recuperado el 15 de julio 2023: https://publications.iom.int/books/informe-sobre-las-migraciones-en-el-mundo-2022
OIM (2018). Informe sobre las migraciones en el mundo 2018. Ginebra. Recuperado el 15 de julio 2023: https://publications.iom.int/system/files/pdf/wmr_2018_sp.pdf.
ORTEGA, W., POZO, F., VÁZQUEZ, J., DÍAZ, E., Y PATIÑO, A. (2021). Modelo ecológico de Bronfenbrenner aplicado a la pedagogía. Modelación matemática para la toma de decisiones bajo incertidumbre: de la lógica difusa a la lógica plitogénica. NSIA Publishing House.
PASTRANA, E., Y VERA, D. (2020). Marco teórico de la identities. En identidad e interesas nacionales en Colombia. Editores Pastrana, E., Reith, S., y Cabrera, F. Fundación Konrad Adenauer: Esc. Sup. de Guerra.
PEÑA, M. (2012). Resignificaciones identitarias de jóvenes indígenas: el espacio universitario de la UNICH. (Tesis Doctoral publicada). México
PNUD (2019). Informe sobre Desarrollo Humano 2019. Más allá del ingreso, más allá de los promedios, más allá del presente: Desigualdades del desarrollo humano en el siglo XXI. Recuperado 14 diciembre 2020: http://hdr.undp.org/sites/default/files/hdr_2019_overview_-_spanish.pdf.
QUINTERO-MONTILLA, M. (2014). “Identidad psico-sociocultural en Venezuela: revisión, deconstrucción, reinterpretación y reconstrucción de las identidades y alteridades culturales”. Consciencia y Diálogo, 5, (5), pp. 105-147.
RESTREPO, E. (2007). “Identidades: planteamientos teóricos y sugerencias metodológicas para su estudio”. Revista Jangwapana, 5, pp. 24-35.
RICOEUR, P. (2006). “La vida: un relato en busca de narrador”. Revista Ágora Papeles de filosofía, 25, (2), pp. 9-22.
SASSEN, S. (2014). Expulsions: Brutality and Complexity in Global Economy. EE. UU.: Harvard University Press.
SIMMEL, G. (2002). “Sobre la individualidad y las formas sociales”. En Escritos escogidos, 212. Buenos Aires.
TIJOUX, M. (2020). La interculturalida(des) y migraciones. Desafíos desde una ciudadanía emergente. (Basualto, L., Urrutia, R., y Brito, S. (ed.); Aun creemos en sueños.
TOURAINE, A. (1997). Pourrons–nous vivre ensemble? Égaux et différents. Paris: fayard.
TURNER, J. (1990). Redescubrir el grupo social. Madrid: Morata.
TRILLO, P. (2009). Migraciones e identidades: un estudio sobre las experiencias de integracion social y cambios en las identidades de inmigrantes de europa Central y Oriental. V Jornadas de Jóvenes Investigadores. Instituto de Investigaciones Gino Germani, Facultad de Ciencias Sociales, Buenos Aires.
VEREDAS, S. (1999). Procesos de construcción de identidad entre la población inmigrante. Papers Revista Sociológica, 57, pp. 113–129.
VIGNOLES, V., REGALIA, C., MANZI, C., GOLLEDGE, J. Y SCABINI, E. (2006). “Beyond self-esteem: Influence of multiple motives on identity construction”. Journal of Personality and Social Psychology, 90, pp. 308-333.
[2] La identificación entendía como la caracterización o ubicación en las narrativas y en determinados contextos (Brubaker y Cooper, 2001).
[3] La autocomprensión en el sentido de sí mismo, la propia interacción social y como se interconectan ambas (Brubaker y Cooper, 2001).
[4] Debo aclarar que el enfoque ha sido ampliamente utilizado en el área educativa, sin embargo se considera un aporte interesante en los procesos identitario y, sobre todo, en los migrantes que transitan por los sistemas que propone el modelo.