Notas y Debates de Actualidad
El objeto y el sujeto en la investigación social
The object and the subject in social research
El objeto y el sujeto en la investigación social
Utopía y Praxis Latinoamericana, vol. 29, núm. 106, e12602107, 2024
Universidad del Zulia

Recepción: 01 Febrero 2024
Aprobación: 25 Abril 2024
Resumen: Durante el desarrollo del proyecto de investigación Escenarios formativos mediadores de la biopraxis de niños y niñas en contexto de pobreza, financiado por la Universidad del Magdalena, Santa Marta, Colombia, constatamos que existen otras propuestas investigativas holísticas y ecológicas, derivadas de nuevas epistemologías, y a partir de aquí surge la necesidad de escribir y publicar este artículo, en el que se reflexiona acerca del objeto y lo objetivo, y el sujeto y lo subjetivo, estableciendo una dialéctica entre lo objetivo y lo subjetivo en la actividad científica socio-humana. Las actuales orientaciones socio-humanas alternativas no rebasan el plano teórico, es por ello que en este artículo se hace una exhortación a alejarnos del positivismo y el empirismo, pero no sólo desde la aplicación de métodos y técnicas cualitativas, sino desde el análisis ontológico del objeto de estudio socio-humano y la argumentación epistemológica del sujeto de investigación, en correspondencia con el análisis óntico.
Palabras clave: Objeto, sujeto, investigación.
Abstract: During the development of the research project “Training scenarios mediators of the biopraxis of children in the context of poverty”, University of Magdalena, Santa Marta, Colombia, we see that there are other proposed teaching holistic and ecological, derived from new epistemologies, and from here arises the need to write and publish this article, which reflects about the object and objective, and the subject and the subjective, establishing a dialectic between objective and subjective social and human scientific activity. The current alternative social and human orientations do not exceed the theoretical plane, so that this article is an exhortation to move away for positivism and empiricism, not only from the application of qualitative techniques and methods, but from the ontological analysis of the object of study social and human and the epistemological argument of the subject of research, in correspondence with the ontic analysis.
Keywords: Object, subject, research.
INTRODUCCIÓN
Desde la fundación de la física por Galileo, Descartes y Newton, ha predominado en las ciencias naturales la idea de lo simple y determinado, la búsqueda de un universo básico, elemental y estable ante nuestros ojos. Las ideas científicas contemporáneas han venido evolucionando, sin embargo se evidencia un progresivo deterioro de las posiciones epistemológicas. Esta afligida realidad ha sido develada por diversos eminentes científicos del siglo XX: Bateson (2010, 2011), Morín (1984, 1995, 2008, 2010, 2011), Prigogine (1979, 1994, 2008, 2009), Maturana (1985, 1993, 2002, 2003, 2004, 2009, 2010), Luhmann (1998) y Capra (2008). Sin embargo, hasta hoy, a pesar de ser conscientes de la urgencia, son insuficientes las propuestas de alternativas epistemológicas para las ciencias humanas y sociales y, por otro lado, las existentes no agotan este tema en su debate inmanente.
El origen de esta reflexión tiene sus raíces en el año 2004, en el inicio y desarrollo de una línea de investigación sobre el desarrollo humano integral. En la medida que me veía obligado a asumir decisiones metodológicas que no armonizaban con los marcos tolerables en el hegemónico paradigma positivista, buscaba una definición que me admitiera en las diferentes alternativas epistemológicas explícitamente definidas por algunas de las posiciones teóricas más relevantes de las ciencias humanas y sociales. Sin embargo, descubrí que en las posiciones que asumía, de manera general procedentes de la etnografía, la fenomenología, la hermenéutica y la teoría fundada, los autores soslayaban el sentido y significado epistemológico de muchos de sus planteamientos concretos en las ciencias humanas y sociales. En efecto, todo ser humano en su devenir histórico y social busca la armonía, la coherencia y la satisfacción intelectual, a partir de sus necesidades científicas, del imperativo de buscar y creer en una verdad y tener conocimientos científicos, sólidos, firmes y confiables, lo cual debe ser el resultado de una acción epistemológica fuerte y profunda, basada en una sólida fundamentación epistémica de la ciencia, que es el espectro donde tienen significado y sentido toda teoría o método de investigación.
La temporalidad es un factor importante para comprender los sistemas vivos, psíquicos y sociales. La historia es un ineludible mecanismo para el estudio de la actividad humana, ya sea a nivel del sujeto individual o a nivel de la sociedad en general. Sus procesos sólo pueden entenderse en términos de evoluciones temporales. En efecto, en los albores del tercer milenio observamos tendencias científicas muy bien marcadas encaminadas a la configuración de invariantes procesales de los eventos y a considerar al ser humano, investigador-observador, como el centro de todo proceso de investigación. De esta manera se refrenda la posición de Protágoras cuando, en el siglo V A.C., decía que el hombre es la medida de todas las cosas. De ahí que, al revisar la obra de estos científicos (Bateson, 2010, 2011; Morín, 1984, 1995, 2008, 2010, 2011; Prigogine, 1979, 1994, 2008, 2009; Maturana, 1985, 1993, 2002, 2003, 2004, 2009, 2010; Luhmann, 1998 y Capra, 2008); es imposible no coincidir en que esas visiones de la naturaleza, centradas en el papel significativo del observador en el campo de la percepción de los fenómenos naturales, se emparentaban en forma congruente con miradas que habían sido legadas por las ancestrales tradiciones espirituales.
Aún existe y prolifera el problema del peso paradigmático que tienen las ciencias naturales. Seguimos con ese problema y andamos buscando a nuestro Copérnico, a nuestro Newton, a nuestro Einstein (Zemelman, 2009). Los avances de la ciencia en el siglo XX de una u otra manera son aplicaciones de la teoría general de la relatividad de Einstein formulada en 1905. Muchos de los presupuestos epistemológicos de las ciencias fácticas, específicamente de la física, fueron extrapolados a las ciencias sociales y se aplicaron de manera acrítica y descontextualizada al estudio de los procesos socio-humanos. Es por ello que hoy es preciso reconsiderar estas posturas.
La epistemología actual revela que en la ciencia tradicional aún persisten muchas actitudes y procedimientos investigativos que configuran creencias o hábitos de pensamiento, muy difíciles de desprenderse de la mente humana. Los procesos mentales cotidianos que mecanizan la vida y anulan el pensamiento crítico, creativo y reflexivo, contradicen los hallazgos de los estudios científicos más avanzados de los últimos 40 ó 50 años.
Esta es la dramática realidad de las ciencias sociales y hay que asumirla, pero quienes quieran configurar el conocimiento científico con plena garantía y seguridad, entonces deben buscarlo en las relaciones subjetivas, en la intersubjetividad humana, en la autorreflexividad, y ahí van a encontrar la objetividad, ahí van a encontrar la verdad científica, en la transconciencia, en el espacio psíquico relacional que caracteriza a los seres humanos.
Este artículo no pretende ser una conclusión ni hacer un planteamiento definitivo, sino más bien una introducción en la cual se aportan los resultados de un programa de investigación epistemológica y metodológica. No se concentra tanto en resolver problemas científicos sino que trata de plantearlos partiendo de un análisis de los debates actuales sobre el proceso de la investigación científica y de los descubrimientos recientes de la epistemología y la metodología.
EL OBJETO Y LO OBJETIVO
Lo objetivo se refiere al objeto, es lo imparcial, desapasionado, neutral, desinteresado y justo (Cabanellas, 1989). La objetividad, según Sabino (1980), corresponde a un intento por configurar un conocimiento que concuerde con la realidad del objeto, que lo describa o explique tal cual es, y no como se desearía que fuese. Ser objetivo es tratar de encontrar la realidad del objeto estudiado, elaborando proposiciones que reflejen sus cualidades.
Sin embargo, Husserl (2011) entiende “objeto” en un sentido que, aunque no coincide estrictamente con el tradicional, tiene en cuenta algunas de sus características. Esto ocurre en todas las filosofías en el cual desempeña un papel fundamental la noción de intencionalidad. De esta manera, para Husserl (2011) objeto es todo lo que puede ser sujeto de un juicio, el objeto queda así transformado por lo pronto en el soporte lógico expresado gramaticalmente en el vocablo “sujeto”, en todo lo que es susceptible de recibir una determinación, identificación o distinción y, en último término, en todo lo que eso vale de alguna forma. “Objeto” equivale, por consiguiente, a contenido intencional; lo objetivo no es, pues, algo que tenga forzosamente una existencia real, si no que el objeto puede ser real o ideal, puede ser o valer. Todo contenido intencional es en este caso un objeto (Husserl, 2011).
Alfred Korzybski, un filósofo norteamericano bastante conocido de principios de siglo XX, decía, por ejemplo, que cualquier cosa que digamos que algo es, no lo es. En primer lugar, cualquier cosa que digamos son palabras, y no son normalmente las palabras sobre lo que queremos hablar. En segundo lugar, sea lo que sea lo que queramos decir con lo que decimos, no es lo que la cosa es en realidad, aunque podría ser parecido. Porque la cosa es siempre más de lo que nosotros queremos decir y no se agota nunca con nuestros conceptos. Y la cosa también es diferente de lo que queremos decir, aunque sólo sea porque ningún pensamiento puede ser absolutamente correcto cuando es ampliado de manera indefinida.
Según Bohm & Peat (2008), el hecho que una cosa tenga cualidades que van más allá de lo que pensamos y decimos sobre ella se encuentra tras nuestra noción de la realidad objetiva. Está claro que si la realidad dejara en algún momento de mostrarnos aspectos nuevos que no están en nuestra mente, entonces difícilmente podría afirmarse que tiene una existencia objetiva independiente de nosotros.
Al conceder demasiada importancia a las matemáticas, la ciencia parece perder de vista el contexto más amplio de su visión (Bohm & Peat, 2008). Los conceptos “objetivos”, es decir, independientes de la situación problémica, no pueden captar a los sujetos humanos y al mundo tal como es visto y configurado por ellos (Feyerabend, 2005). Esta inconsistencia es la que de manera simultánea limita para siempre y a la vez abre indefinidamente la posibilidad de conocimiento, actúa como límite porque ningún sistema conceptual y ningún modelo teórico podrán jamás alcanzar el estatuto de configuración completamente terminada, cerrada y acabada, pues siempre encontraremos en nuestras concepciones e ideas, alguna proposición inconsistente que nos lleve a abrir de nuevo las puertas heurísticas por donde saldrá nuestra mente ávida de nuevos conocimientos. En este sentido lo que podemos aportar es que nuestras mentes están constreñidas y configuradas por la necesidad de configurar nuestras creencias y deseos en un sistema holístico armónico y coherente, que sea sensato y reflexivo pero sobre todo nítido y diáfano.
Durante mucho tiempo el determinismo y el reduccionismo fueron los símbolos y las banderas principales que enarbolaban los científicos con el fin de mostrar la inteligibilidad, objetividad y rigurosidad de la ciencia, sin embargo, en la actualidad estas condiciones configuran apenas propiedades que sólo son válidas en algunos casos limitados. Parece que yacen inertes el determinismo, el reduccionismo y la objetividad científica.
Como se aprecia, diversidad de autores cuestionan la noción de objeto y objetivo en las ciencias humanas y sociales, cada vez se hace más difícil hablar en esos términos, sobre todo porque es precisamente un sujeto quien habla y, por supuesto, lo hace desde su subjetividad, por lo que tal parece que esas palabras no deberían utilizarse en el sistema categorías de las ciencias socio-humanas, pero se utilizan en el discurso científico, lo cual genera una dialéctica emergente entre lo objetivo y lo subjetivo en la actividad científica socio-humana.
EL SUJETO Y LO SUBJETIVO
Según Ferrater (2010), en relación con el vocablo “sujeto” puede usarse en filosofía el adjetivo “subjetivo” y nombres como “subjetividad”. Por un lado subjetivo ha sido usado especialmente en la literatura escolástica, para designar el ser del sujeto en una proporción. El ser subjetivo ha sido el ser radical en contraposición con el ser simplemente representado. Por otro lado, subjetivo ha sido usado, y es todavía usado, para designar lo que se halla en el sujeto como sujeto cognoscente. En este caso, lo subjetivo es lo que representa y no lo real o substancial.
El término subjetividad puede tener análogamente dos sentidos: según uno de ellos la subjetividad es la caracterización del ser del cual se afirma algo; según el otro es la característica del ser que afirma algo, según su experiencia. Subjetividad, en Visor (1999), es relativo al modo de pensar o sentir de una persona con respecto a un objeto y no al objeto en sí mismo. Lo contrario de objetividad, es decir, las ideas que nacen del prejuicio, de la costumbre o de la tradición, las meras opiniones o impresiones.
La etimología de la palabra sujeto indica que es sujeto aquel que se lanza a sí mismo hacia un ideal que anhela. (Sub=de bajo a bajo de; Iectum=lanzar). No es sujeto, por tanto, dice Trujillo (2007) “quien es obligado por otros a lanzarse hacia metas ajenas a las suyas” (p.78). Esto es sugerido por Maturana en el título del libro “La objetividad: un argumento para obligar”, respecto de la objetividad cuando es asumida como único criterio de verdad, por cuanto al admitir que existe una realidad allá afuera y es una forma de conocimiento privilegiada para acceder a ella, se está obligando a admitir una sola verdad universal y un sólo método que consiste en hallar la correspondencia entre los conocimientos y ese mundo exterior (Trujillo, 2007). De esta manera, continuando con Trujillo (2007), sin darse cuenta, el sujeto quedaría excluido de sus propias obras, no podría llegar a ser sujeto. Alineación legitimada con aval científico positivista. Buscando solamente la predicción y el control, el ser humano corre el riesgo de hacerse predecible y controlable. Buscando, además, comprender, develar y emancipar, el ser humano se hace sujeto de su propia historia.
Solo podemos comprender aquello de lo que somos inmanencia, aquello con lo cual somos capaces de configurarnos, aquello que somos capaces de penetrar en profundidad, de ahí que “difícilmente podremos comprender un mundo del que, para estudiarlo, nos hemos separado a propósito, entonces es un mundo sobre el cual solo podremos acumular conocimientos, pero que no podremos comprender” (Max Neef, 2006, p. 34).
Considero que extraer el sujeto del conocimiento del mundo objetivo es un precio alto en aras de una imagen satisfactoria, pero Jung (1951) va más lejos y nos acusa por pagar semejante rescate desde una intrincada y difícil situación. Dice: “Toda Ciencia es, sin embargo, una función del alma en la que se arraiga todo conocimiento” (Citado por Schrödinger, 2007, p.57).
Jung (1951) tenía mucha razón. También está claro que, por dedicarse a la psicología, es mucho más sensible al ámbito inicial en cuestión, mucho más que un biólogo, un fisiólogo, un químico o un físico. No obstante, Schrödinger (2007) afirma que el alma es el más grande de los milagros cósmicos, es la condición sine qua non del mundo considerado como un objeto. Es muy sorprendente que el mundo occidental, excepto muy raras excepciones, parezca apreciar tan poco esta circunstancia. El aluvión de objetos externos de conocimiento ha arrinconado al sujeto; muchas veces hasta la aparente no existencia.
Schrödinger (2007) hace un apéndice sobre la cuestión del sujeto y el objeto, una cuestión revalorizada por la escuela predominante en mecánica cuántica, cuyos protagonistas son Niels Bohr, Werner Heisenberg, Max Born y otros. Dejemos que sea Schrödinger (2007) quien nos haga una breve descripción de sus ideas: “No podemos hacer afirmación fáctica alguna sobre un objeto natural determinado (o sistema físico) sin «acceder a su contacto»…..nuestra observación afecta al objeto. No es posible obtener conocimiento sobre un objeto si se lo mantiene estrictamente aislado…..no es posible dar una descripción completa de cualquier objeto físico” (p.66).
Es por ello que, a partir de la anterior caracterización teórica y conceptual del objeto y lo objetivo, y del sujeto y lo subjetivo, podemos identificar la dialéctica entre lo objetivo y lo subjetivo en las ciencias humanas y sociales.
DIALÉCTICA ENTRE LO OBJETIVO Y LO SUBJETIVO
Bohm & Peat (2008) consideran que existe un significado para la realidad que nos rodea, pero es necesario que también los seres humanos estemos incluidos de alguna manera fundamental, participando en ella.
Nuestro conocimiento del mundo que nos rodea es el resultado de nuestra propia acción en la que estamos implicados, así como nuestros sentidos, los instrumentos que utilizamos para configurar información, la manera en que comunicamos nuestras ideas y las técnicas que escogemos para configurar y describir la realidad observada. De esta manera, este conocimiento es al mismo tiempo subjetivo y objetivo, por todo lo expresado anteriormente. Asimismo, Trujillo (2007) nos recuerda que en la tradición de la mayoría de las disciplinas científicas, se valora sobremanera la búsqueda de conocimientos “objetivos”. Las expresiones “objetivo” y “objetividad” son tajantes cuando acuden a una realidad externa al sujeto, a esa “realidad objetiva que esta allá afuera” para validar los conocimientos que, en última instancia, ocurren en el sujeto.
En la tradición científica occidental moderna, para que los conocimientos sean considerados verdaderos no deben ser subjetivos, es decir, deben ser objetivos, “aunque todo conocimiento es subjetivo puesto que el conocimiento es algo que ocurre en el sujeto, deben corresponder, punto a punto, con la porción de realidad objetiva que intentan representar” (Trujillo, 2007, p.76).
En su sencillez y permeados del prestigio y el poder que ha adquirido la “ciencia positiva” en occidente, estos términos -objetivo y objetividad- no dejan ver los trasfondos epistemológicos, ontológicos, metodológicos e ideológicos sutilmente escondidos. “Parecería que, para el sentir popular, a fuerza de publicidad, las demostraciones empíricas son el único camino hacia la verdad, universal hasta la categoría de ley, la cual se esconde detrás de los hechos comprobados” (Trujillo, 2007, p.76).
Por oposición, continúa Trujillo (2007), el término “subjetivo” ha sido cargado de connotaciones negativas y el sentir popular lo equipara con un tipo de conocimiento de inferior categoría, relativo, blando, más relacionado con las intuiciones personales, singulares, afectivas, poco dignas de fiar. De esta manera, si seguimos así, podría llegar a existir una ciencia sin sujetos. A pesar de ello, gracias a ello, por encima de ello, más allá de ello, Trujillo ve amplios horizontes y dice con Vladimir Navokov, que “todo lo que vale la pena es en cierto modo subjetivo” (Citado por Vásquez, 2004, p.96).
Como se aprecia, Trujillo (2007) en sus reflexiones lo que está haciendo es evocar el “gran paradigma de occidente” formulado por Descartes e impuesto por los desarrollos de la historia europea desde el siglo XVII.
El paradigma cartesiano separa al sujeto del objeto con una esfera propia para cada uno: la filosofía y la investigación reflexiva por un lado, la ciencia y la investigación objetiva por el otro. Esta disociación atraviesa el universo de un extremo al otro: Sujeto-objeto, alma-cuerpo, espíritu-materia, calidad-cantidad, finalidad-causalidad, sentimientos-razón, libertad-determinismo, cognitivo-afectivo, existencia-esencia, y objetivo-subjetivo. En este sentido, Trujillo (2007) propone que a partir de la dialéctica entre lo subjetivo y lo objetivo debe emerger la subjetualidad, o sea, el sujeto como fundamento de la ontología, epistemología y metodología de abordaje de cualquier objeto de estudio, partiendo de que entre el sujeto y el objeto se genera una interrelación dialógica y además el conocimiento sólo se configura en los sujetos. “Es sujeto quien conoce y quien pone este conocimiento al servicio de su proyecto vital, individual y colectivo. Es sujeto quien problematiza y discierne, quien se ocupa de que su conocimiento sea pertinente” (Trujillo, 2007, p.78).
Por otro lado, según Habermas (2007), para la epistemología clásica, hay una separación configurativa entre lo interior y lo exterior un dualismo de la mente y el cuerpo que apela al acceso privilegiado de la primera persona a sus propias experiencias. La autoridad epistémica de la primera persona está sostenida por tres mitos o supuestos que configuran el paradigma:
que el conocimiento tiene lugar esencialmente bajo el modo de la representación de objetos; y
que la verdad de los juicios se basa en pruebas que garantizan su certeza.
El científico controla el objeto de estudio conociéndolo y utilizando tales conocimientos, pero nunca discute al objeto de estudio la legitimidad de su poder ejecutor. Simplemente crea las situaciones idóneas para que el objeto de estudio ejecute a su favor, se deja dominar favorablemente. Según Heidegger (2010), cuando hablamos de sujeto y objeto va siempre inherente un pensar algo que esta adelante, o en el fondo, o enfrente, en cualquier caso pensamos un estar junto a algo en el sentido más amplio. Seguramente no es necesario que nos representemos siempre lo que nos concierne e interesa en cuanto realizamos nuestro ser de ser humano. No obstante, eso está configurado de antemano de cara a nosotros y para nosotros. En cierto modo nosotros somos esta configuración misma, aunque no de manera exclusiva.
Como muy bien puede apreciarse, la polémica entre el enfoque de lo subjetivo y el enfoque de lo objetivo en sus muy diversas acepciones, ha sido una constante en la tradición de las ciencias sociales y humanas. Es el origen de los primeros contrastes teóricos y sigue siendo, en buena medida, el soporte de diversos debates contemporáneos. La discusión se ha ido desarrollando de forma, a la vez paralela y superpuesta, con múltiples influencias y cada vez con mayor capacidad de diálogo y con mayor sentido práctico. Desde esta perspectiva, ha madurado el sentido de la complementariedad, hasta el punto de que el mayor interés en las ciencias socio-humanas en la actualidad se centra en explicitar los criterios dialécticos de la reciprocidad, interconexión y configuración entre lo subjetivo y lo objetivo, la micro-configuración y la macro-configuración, lo afectivo y lo cognitivo, teoría y práctica, etc.
La teoría critica desarrollada por los autores de la escuela de Frankfurt con más influencia marxista, y la etnometodología, de mayor tradición weberiana, son los grandes enfoques que intentan (uno desde el análisis macro y estructuralista, y otro desde el marco de la vida cotidiana, configuracionista, y el análisis micro) la configuración de una ciencia social autorreflexiva capaz de superar la dicotomía entre la subjetividad y la objetividad, basándose, sobre todo en la teoría crítica, en una crítica devastadora a la racionalidad total que se considera dominante y colonizadora. Sin embargo, aunque ambos enfoques pretenden el sentido del encuentro en una nueva teoría capaz de establecer puentes entre subjetividad y objetividad, siguen incidiendo de forma predominante o bien en el objetivismo, o bien en el subjetivismo.
Se critica el objetivismo por centrarse en las configuraciones objetivas e ignorar el proceso de configuración social mediante el cual los actores perciben, piensan y configuran esas configuraciones para luego actuar. Los objetivistas ignoran la acción y el agente, factores fundamentales de su epistemología. Los subjetivistas son criticados por centrarse en el modo en que los agentes piensan, explican o representan el mundo social, ignorando las configuraciones objetivas en las que esos procesos se fundamentan. Sus teorías analizan la acción pero no las configuraciones.
Bourdieu (1999) pretende superar ambas posiciones, centrándose en la relación dialéctica entre las configuraciones objetivas y los fenómenos subjetivos. Esa posición es denominada por Bourdieu “estructuralismo constructivista”. Es decir, no renuncia a una parte de los presupuestos teóricos estructuralistas, discrepando en que no sólo hay estructuras en el lenguaje y la cultura, sino también en el mundo social. Además, adopta una posición configuracionista que le permite analizar la génesis de los esquemas de percepción, pensamiento y acción, así como de las configuraciones sociales. Esta superación de la dicotomía entre objetividad y subjetividad se realiza considerando dos aspectos fundamentales:
La dimensión simbólica de la realidad.
Las condiciones de posibilidad de la realidad, condiciones económicas y sociales, especialmente.
No obstante, el concepto de objetividad es ampliamente cuestionado por la epistemología configuracional del tercer milenio. ¿Qué es lo objetivo y lo subjetivo en la ciencia?, ¿Cuándo una actividad humana es objetiva y cuándo es subjetiva?, ¿Cómo identificar, medir o evaluar la objetividad y la subjetividad de una actividad científica?, ¿En qué momento del proceso científico la actividad humana se torna objetiva y cuándo es subjetiva?, ¿Existirá una realidad verdaderamente “objetiva”?, ¿Puede una subjetividad ser objetiva?, ¿Puede una objetividad ser subjetiva?
Estas preguntas problémicas y problematizadoras, extraídas del actual debate epistemológico a nivel planetario, y derivadas de las contradicciones entre la subjetividad esencial del acto socio-humano y la búsqueda de objetividad del conocimiento científico, abren un espacio infinito de reflexión hermenéutica. En este sentido, sería interesante hacer un análisis hermenéutico de las relaciones e interconexiones ónticas y ontológicas, epistémicas y epistemológicas, que se produce entre el objeto y el sujeto, y entre lo objetivo y lo subjetivo.
A partir de lo anterior, podríamos decir que el concepto es la expresión del pensamiento, es la representación de un objeto o sujeto, es la comunicación e interacción activa entre el sujeto cognoscente y el objeto conocido. La dimensión objetiva del concepto es el objeto (o sujeto) pensado y la dimensión subjetiva del concepto es el pensamiento del objeto (o sujeto).
CONCLUSIONES
La categoría sujeto en la ciencia es uno de los términos más difíciles de definir y comprender, es uno de los términos más tergiversados que existen en la epistemología, por cuanto, en la visión tradicional y clásica de la ciencia, todo es determinista, reduccionista y propende por la objetivización, por lo tanto, se elimina al sujeto, la mente, la conciencia, el pensamiento y, con ellos, se mutila la independencia, la soberanía y la emancipación. Ahora bien, si concebimos una ciencia diferente, una ciencia en la que el universo no sea determinista ni reduccionista, sino un universo que admite el azar y el desorden, un universo que reconoce procesos de auto-configuración, es decir, donde cada sistema complejo configura sus propias funciones y sus propias finalidades, podemos comprender entonces, al menos, la independencia, aunque relativa, y podemos entonces intentar comenzar a comprender la noción de sujeto. En efecto, a partir de dicha reflexión exegética acerca de la noción de sujeto y los anteriores interrogantes, podemos discutir acerca de dos tipos de objetividades y dos tipos de subjetividades en los procesos científicos: objetividad objetiva, objetividad subjetiva, subjetividad subjetiva y subjetividad objetiva.
Notas
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