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Reseña de: Esteban Torres (2023). El cambio social: teoría, historia y política. Buenos Aires. Argentina. (CLACSO)

Andrea BOSSIO
Universidad Nacional de Córdoba, Argentina

Reseña de: Esteban Torres (2023). El cambio social: teoría, historia y política. Buenos Aires. Argentina. (CLACSO)

Utopía y Praxis Latinoamericana, vol. 29, núm. 106, e12602476, 2024

Universidad del Zulia

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“El Cambio Social: teoría, historia y política”, es una obra sintética, concisa, de apenas cien páginas, publicada en agosto del año 2023 por CLACSO (Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales). Su autor, Esteban Torres, actualmente se desempeña como investigador del CONICET y director del programa “Cambio Social Mundial” en el Centro de Investigaciones y Estudios sobre Cultura y Sociedad de la Universidad Nacional de Córdoba de la República Argentina (UNC). Asimismo, ejerce como profesor a cargo de la cátedra “Sociología” de la Escuela de Historia de la Facultad de Filosofía y Humanidades de la UNC y de la cátedra “Teorías y procesos de cambio social” de la carrera de Sociología de la Facultad de Ciencias Sociales de la misma universidad. Junto a ello, desde 2023, Torres es investigador permanente del Instituto de Investigación Social (IfS) de la Universidad Goethe de Frankfurt, conocida en el mundo como la “Escuela de Frankfurt”.

La estructura del libro cuenta con un marco analítico preliminar, cuatro capítulos que explora lo que Esteban Torres denomina “constelaciones intelectuales”, y con unas conclusiones que proyectan el libro hacia el futuro.

El texto lo encabeza la siguiente cita de Göran Therborn: “Este es el comienzo de una interesante y ambiciosa teoría latinoamericana del cambio social: ¿qué es lo que hay que transformar fundamentalmente? ¿Cómo y por quién? ¿Con qué fin?”. Como puede observarse, el autor busca de manera exhaustiva analizar el modo en que evolucionó la teorización del vínculo entre actores y cambio social a lo largo de la historia. Esto representa una novedosa forma de abordar las perspectivas del cambio social. El libro considera a la teoría sociológica no solo como campo de estudio, sino como un elemento habilitante o limitante en la posibilidad del cambio social, esto es, para Torres, como un instrumento de transformación.

La propuesta central del libro consiste en identificar los desafíos fundamentales que enfrentan los estudios sobre cambio social en América Latina y revitalizar el compromiso de las ciencias sociales con la transformación estructural de la sociedad, cuestionando la concepción y articulación de los elementos críticos en la relación entre los actores y el cambio social.

Torres presenta para ello tres componentes críticos, que se van complejizando a lo largo de la historia y que determinan la relación entre los actores y el cambio social: la unidad de transformación en última instancia (UT), el vector propulsor (VP) y el principio normativo rector (PN).

La UT aborda la teoría social y la idea de sociedad que posee cada perspectiva. Esta se asocia con el objeto del cambio. La sociedad que puede o no ser transformada. Corresponde al núcleo de referencia para el cambio social y responde a las preguntas sobre ¿Cuál es la unidad superior que cambia? y ¿qué cambia en última instancia?

El vector propulsor explora la teoría del cambio social, buscando responder al modo en que se concretiza la unidad de transformación. ¿Cómo cambia y quién participa en ello? El autor distingue entre propulsores de primer (dinámicos, ej.: fuerza, poder, etc.) y de segundo orden (actores protagónicos). Y, finalmente, el principio normativo se asocia con la sociedad ideal propuesta por cada perspectiva, la cual incluye valores, ideologías e intereses, y termina construyendo la ideología del cambio.

Torres distingue seis constelaciones intelectuales que se fueron sucediendo a lo largo de la historia. Cada una corresponde a una transformación intelectual mayúscula, ligada a grandes cambios históricos.

En el primer capítulo, que lleva por título “Las constelaciones prehistóricas” (a.C - mitad del siglo XIX), el autor abarca las primeras tres constelaciones. Esteban Torres propone la idea de que la primera constelación prehistórica considera al universo, tanto en su aspecto astronómico como celestial, como unidad ultima de transformación. Esta concepción surge de la especulación acerca del devenir de los dioses y de la naturaleza, dando origen a la dimensión humana de la existencia. En este contexto, los protagonistas principales del cambio eran supraindividuales y, por ende, prácticamente incuestionables: dioses y sistemas naturales. Las personas eran concebidas como marionetas de un destino que los trasciende. Esta primera constelación abarca hasta finales del siglo XVI.

La segunda constelación se origina a partir de la invasión a las Américas, aunque no es sino hasta mediados del siglo XVIII que la unidad de transformación en última instancia y el vector propulsor experimentan modificaciones. El cambio significativo radica en que los filósofos europeos asumen el papel de vector propulsor, estableciendo un horizonte normativo influenciado por la Revolución Francesa. La libertad individual se convierte en el valor social central, y los individuos adquieren la responsabilidad de sus propias acciones. Esta constelación perduró durante dos siglos y representó una significativa actualización con respecto a la anterior.

La tercera constelación ocurre a principios del siglo XIX, se desencadena en Europa una nueva revolución intelectual de gran envergadura que afecta principalmente a la unidad de transformación en última instancia. La sociedad predominante se redefine como la sociedad europea y su devenir. En este contexto, la noción del saber cosmológico colapsa por completo. El vector propulsor se convierte en: “los individuos europeos, serán los actores de referencia de sus sociedades y, por explotación expansiva, de las restantes sociedades desconocidas.” (p.32) Los actores pasan a ser todos los individuos de la sociedad (hombres, blancos y europeos), no solo los filósofos, y se configura una sociedad europea embriagada en su expansión global. No obstante, esta constelación logra perdurar únicamente durante cincuenta años debido a la revolución técnica y económica de la misma Europa.

Saliendo de las costelaciones prehistóricas nos encontramos con la constelación moderna clásica. El autor nos afirma que la constelación está intrínsecamente ligada al monopolio noreuropeo, extendida aproximadamente por un siglo, desde mediados del siglo XIX hasta el final de la Segunda Guerra Mundial, marcando el cambio más radical en la historia moderna. Aunque las sociedades históricas centrales siguen siendo la unidad de transformación (UT), este período exige la incorporación de una teoría del capitalismo europeo. En palabras de Torres, “el vector propulsor paso del individuo que piensa a la sociedad que actúa en su multiplicidad conflictiva” (p.33). Nace a partir de este momento la teoría moderna del cambio social, entendida como una teoría del cambio interno de la sociedad europea.

El cambio principal se origina dentro de las propias sociedades, donde la sociedad nacional se transforma en su UT. Para el autor la teoría moderna del cambio social y la sociología clásica se convierten en herramientas auxiliares del cambio. El vector propulsor de primer orden pasa a ser la noción misma del cambio social, mientras que el de segundo orden son los actores sociales, protagonistas de dicho cambio. Esto significa que la teoría de la acción es un desprendimiento más o menos dependiente de la teoría del cambio social y esta última a su vez depende de la UT, que es la sociedad moderna. (p 35).

En este contexto, ya no hay un actor predeterminado o individual, sino que los actores sociales protagónicos en el juego de poder se destacan por la centralidad de los grupos y las organizaciones sociales como actores colectivos concretos. El paradigma normativo pasa de las libertades individuales a la igualdad social y a la justicia social.

La siguiente constelación intelectual es la que Torres denomina la primera constelación mundialista, por desgracia de efímera existencia y está asociada a un momento excepcional de recreación autónoma en América Latina, abarcando desde la mitad del siglo XX hasta finales de la década de 1970.

La quinta constelación intelectual muestra como las visiones sociológicas europeas no pudieron o no quisieron deconstruirse para atender al traslado objetivo de los conflictos determinantes del futuro social al escenario internacional (p 41). No lograron abrir el cerrojo de sus propios nacionalismos teóricos, lo que resultó en una pérdida de poder en la sociedad mundial. Europa perdió su posición de comando tras la Segunda Guerra Mundial y, junto con ello, el monopolio del conocimiento sociológico.

Este periodo marcó el primer momento de mundialización de la sociología, dando lugar a tres núcleos novedosos de realización intelectual. Un núcleo fue Estados Unidos, con Talcott Parsons como su autor principal, se convirtió en la sociología dominante en la esfera occidental. También se desarrolló el marxismo-leninismo con epicentro en la URSS, siendo el otro núcleo intelectual de referencia. Sin embargo, ninguna de ambas potencias logró conquistar el mundo intelectual de la manera en que lo hizo Europa en su momento.

El tercer núcleo se localizó en una parte de la periferia mundial con una producción sociológica autónoma: un tercer mundo sociológico que hasta entonces había permanecido invisibilizado. La sociología latinoamericana emergió como una identidad singular, única e irrepetible. La superación del intelectualismo norcéntrico fue un paso necesario para avanzar hacia la emancipación de las sociedades periféricas.

La UT de la nueva sociología latinoamericana es totalmente distinta a lo que el autor venia explicando en las constelaciones anteriores ya que esta es tridimensional, abarcando la idea de una sociedad mundial, de América Latina como sociedad regional y de cada una de las sociedades nacionales que se encuentran dentro de la región. La transformación en cualquiera de estas esferas conlleva la transformación de las demás, pero el impulso dinámico principal se localizará inicialmente en una de ellas. La sociedad nacional se inscribe en una sociedad mundial que incluye a América Latina como un bloque heterogéneo e históricamente dependiente, en el marco del dualismo centro-periferia. El VP es el mismo que en la constelación clásica, condicionado a la UT tridimensional, y el PN busca la igualdad social para interpelar la asimetría en las distintas naciones.

En el análisis de Torres, la constelación mundialista dejó su paso a la constelación posdictatorial, que se extiende por poco más de dos décadas, abarcando desde la década de 1980 hasta principios del siglo XXI. Esta última se configura en respuesta a los efectos devastadores de la última ola de dictaduras militares en la región. Tal como nos señala el autor, las diversas formas en que se buscó conceptualizar las relaciones entre actores y cambio social estuvieron fuertemente condicionadas por los macroefectos de las dictaduras militares en la región.

La ola dictatorial marcó un quiebre en la historia de las ciencias sociales, desactivando los impulsos autonomistas y mundialistas que surgieron en la constelación anterior. Las expulsiones forzosas de los intelectuales debido a las persecuciones militares dejaron a los diferentes países de América Latina prácticamente despojados de un pensamiento crítico propio. Recién a partir de los años ochenta, con el retorno de la democracia política en la región, se creó el escenario para esta nueva constelación intelectual posdictatorial, en gran medida colonizada por las teorías extranjeras sobre las visiones de los actores y el cambio social. Muchos intelectuales exiliados, al regresar de Europa, trajeron consigo un conjunto de ideas francesas, de las cuales se apropiaron acríticamente, contribuyendo también a la recolonización de las ciencias sociales en América Latina.

Torres señala que la constelación posdictatorial se conforma a partir de tres corrientes intelectuales: una politicidad moderna, una culturalista moderna y una subjetividad antimoderna. La primera es la portadora de la llamada agenda democrática de las ciencias sociales; la segunda contribuye activamente a dicha agenda, y la tercera lo hace desde una nueva sociología centrada en el sujeto individual. Las tres corrientes identifican el autoritarismo político estatal y el liberalismo económico como los problemas principales de América Latina.

En cuanto a la corriente politicista, su unidad de transformación fue una idea no explícita de sociedad nacional deslocalizada y deshistorizada. Su vector propulsor coloca primero al actor protagónico y luego al cambio. El actor predeterminado es un Estado sin UT definida, y el cambio social se presenta como un proceso exclusivamente producido por los impulsos de transformación estatal. Producto de la propia descomposición de la UT, la corriente politicista tampoco desarrolla una teoría del cambio social y el principio normativo rector adopta una fuerza inusual.

La corriente culturalista o posmarxista, como segunda corriente, también adopta como UT una idea genérica de sociedad nacional, desconectada de una teoría localizada e historizada de la sociedad. Su vector propulsor es una teoría del cambio cultural unidimensional, asumiendo que la transformación de una cultura política puede producir por sí misma el cambio estructural de una sociedad nacional. El actor del cambio cultural es nuevamente el intelectual, y el principio normativo rector vuelve a ser la libertad individual, como lo fue en la tercera constelación intelectual. Ahora bien, esta vez se tratará de un principio de libertad individual entendido en primera instancia como libertad de expresión y de creación de los intelectuales de izquierdas.

La tercera corriente, menos relevante para la agenda democrática, pero muy significativa para la sociología latinoamericana, se ve fuertemente influenciada por Touraine y Bourdieu en los años ochenta. Torres denomina a la sociología de estos autores como sociologías del “Yo”. Según el autor estas últimas refuerzan la situación de dependencia intelectual del campo académico regional, retrotrayéndolo a un nivel de sujeción similar al que existía antes de las Guerras Mundiales. Estas nuevas sociologías subjetivistas, presentadas como universales, introducen esquemas liberales en la academia latinoamericana, debilitando aún más a las ciencias sociales. Negando los avances intelectuales previos en la región, las sociologías del Yo vuelven a situar la UT en el individuo autodeterminado y el VP en el individuo libre, renunciando de esa manera al compromiso con el cambio estructural de las sociedades.

La sociología del Yo postula el fin de la sociedad como unidad de transformación, o, directamente, como hace Bourdieu, dictamina el fin de la misma idea de transformación para la sociología. (63 p). Tal como señalé, al desentenderse de las esferas sociales nacional o mundial como UT, estas sociologías abandonan por completo el compromiso con la transformación de las sociedades históricas. Touraine, por su parte, critica tanto el exceso de Estado como la financiarización capitalista, considerándolos obstáculos para la existencia libre de los actores individuales y colectivos. Para Touraine, ambos poderes atentan contra la libertad, afirmando que los sociólogos “No reclamamos dirigir los procesos de cambio social, solo reclamamos nuestra libertad. El derecho a ser nosotros mismos” (65 p)

Torres señala que al postular el fin de la sociedad y del compromiso de los sociólogos con la política de cambio social, estas sociologías del Yo desconocen la sociedad como UT y el cambio social como VP, rompiendo la correspondencia entre la sociedad, el cambio social y el actor social. La atención particular a estas sociologías se debe a su enorme influencia en la conformación del sentido común dominante de las ciencias sociales en América Latina en este momento histórico.

Para concluir, el autor argumenta que desde principios del siglo XXI la constelación posdictatorial de las ciencias sociales en América Latina está experimentando un proceso de descomposición. En la visión del autor, las ideas no mueren, se utilizan o no, y propone la necesidad de retomar y actualizar las teorías sociológicas latinoamericanas de la constelación mundialista, previas a la dictatura militar. Se trata de recuperar lo que hay de vivo en ellas, para crear una nueva sociología crítica. La sociología debe ser la sociología de sus propias sociedades.

Esteban Torres hace un llamado ambicioso a la construcción de una nueva concepción de América Latina como sociedad regional, para superar de una vez por todas la visión eurocéntrica o norcéntrica del continente, subrayando con ello la importancia de reclamar por la igualdad entre países y entre sociologías, del Norte y del sur Global. Se trata de inscribir las nuevas visiones del cambio social desde y para América Latina en una historia que nos pertenezca. Y este libro nos invita a pensar cómo hacerlo.

En resumidas cuentas, Esteban Torres propone la reconstrucción de un futuro latinoamericano a través de la recreación de una sociología y unas ciencias sociales que conciban a América Latina como una esfera social singular e irreductible. Este concepto de sociedad regional, vinculado a las sociedades nacionales de la región y subsumido en una sociedad mundial, se presenta como el motor de transformación teórica para el estudio de los nuevos actores y del cambio social.

Desde mi punto de vista, es un libro sumamente recomendable para entender la importancia que posee la relación del cambio social con los actores, y como esta relación fue mutando a lo largo de la historia convirtiéndose en lo que actualmente observamos en la región. Es un libro que nos permite cuestionar los desafíos actuales de la sociología latinoamericana, polemizando con las influencias intelectuales que están asentadas en el sentido común latinoamericano, para a partir de allí volver a pensarnos de forma autónoma y singular. Es fundamental entender que la sociología es una herramienta del cambio y que debe volver a ocupar ese rol, discutiendo qué es lo que estamos haciendo actualmente desde la sociología latinoamericana. Y ello sin perder de vista que no se trata de una misión sencilla. Como nos advierte el autor hacia el final del libro, “donde hay cambio social, hay resistencias”.

En la coyuntura actual que estamos atravesando, con el avance de las ultraderechas y el neoliberalismo a nivel mundial, regional e indudablemente a nivel nacional, este libro resulta fundamental. Estamos viviendo una situación de incertidumbre y de cambio y debemos comprender qué es exactamente lo que está sucediendo: ¿es un cambio social? ¿qué es lo que está cambiando? ¿quiénes son los actores protagónicos de estos sucesos? ¿qué rol cumple o puede cumplir la sociología en este escenario? Una de las enseñanzas del libro es que necesitamos volver a orientar la investigación sociológica a partir de una teoría de la sociedad, de nuestra sociedad, y ello demanda una visión crítica de las ideas de sociedades disponible en las tradiciones existentes. Así podremos entender mejor lo que está ocurriendo en Argentina y en América Latina, y a partir de allí trazar caminos posibles hacia un futuro latinoamericano más justo.

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