Estudios

Sentir/escuchar, pensar/expresar, hacer geo-grafías: Las múltiples territorialidades de afecto en diálogo con un gran geógrafo de la acción

Feeling/hearing, thinking/expressing, making geo-graphies: Multiple geographies of affect in dialogue with a great geographer of action

Rogério HAESBAERT
Universidade Federal Fluminense, Brasil

Sentir/escuchar, pensar/expresar, hacer geo-grafías: Las múltiples territorialidades de afecto en diálogo con un gran geógrafo de la acción

Utopía y Praxis Latinoamericana, vol. 29, núm. 107, e13878073, 2024

Universidad del Zulia

Recepción: 14 Julio 2024

Aprobación: 25 Agosto 2024

Resumen: Este artículo conjuga las dimensiones afectiva e intelectual de nuestra relación con Carlos Walter Porto-Gonçalves, considerado aquí, un gran geógrafo de la acción, tanto en el sentido de la acción concreta de los grupos y movimientos sociales como de la acción transformadora de los afectos. Así, múltiples territorialidades (o multiterritorialidades) son construidas, entre el sentir/escuchar, o pensar/expresar y el hacer geográficas, en el diálogo entre la rica contribución de Carlos Walter y nuestro propio trabajo, especialmente en lo que se refiere al territorio como proceso, en la “conducción de conductas” que envuelve no sólo la política en el sentido tradicional sino a su ampliación hacia la esfera de lo “más que humano” que cada vez más nos afecta y (des)territorializa.

Palabras clave: Carlos Walter Porto-Gonçalves, territorio, multiterritorialidad, acción, afecto.

Abstract: This article integrates the affective and intellectual dimensions of our relationship with Carlos Walter Porto-Gonçalves, regarded here as a great geographer of action, both in terms of the concrete actions of social groups and movements and the transformative action of emotions. In this way, multiple territorialities (or multiterritorialities) are constructed between feeling/listening, thinking/expressing, and geographical actions, in the dialogue between Carlos Walter's rich contributions and our own work, particularly concerning territory as a process in the "conduct of conduct" that encompasses not only traditional politics but also its expansion into the realm of the "more-than-human," which increasingly impacts and (de)territorializes us.

Keywords: Carlos Walter Porto-Gonçalves, territory, multiterritoriality, action, affect.

INTRODUCCIÓN

Para Marcia, amiga querida,

entusiasta compañera, fuerza y pasión mayor de Carlos

Un gran compañero es aquel que, de nuestro lado, nos escucha, nos acoge, nos enseña y, al mismo tiempo, abre puertas para que avancemos a nuestra propia manera. Carlos Walter Porto-Gonçalves es uno de esos compañeros que marcan nuestra vida tanto por el afecto o la pasión (también de la t/Tierra, como bien expresa el título de su primer libro [PORTO-GONÇALVES, 1984]), como por el saber o por la razón. Se puede decir que el sentipensar de Fals Borda (1984) se despliega aquí en un sentir/escuchar, pensar/hablar/expresar y actuar, un hacer que sintetiza la rica expresión de Carlos al afirmar que la “Geografía como verbo”, es la acción de grafiar la t/Tierra (al mismo tiempo tierra-suelo y Tierra planeta [PORTO-GONÇALVES, 2017a]), en los múltiples sentidos de esa escritura, material y simbólica que, al marcar el suelo, se apropia, concediéndole significados y multiplicando afectos, la (multi)territorialización en su sentido más amplio, típica de los movimientos sociales en contextos geo-históricos latino-americanos.

Confieso que dudé al decidir sobre este artículo-testimonio. No sobre el hecho de escribirlo pues, sobre eso no tenía ninguna duda, sino sobre su naturaleza. ¿Cómo escribir un artículo en tributo de alguien que fue, al mismo tiempo, un amigo de corazón y un gran compañero intelectual? Así, no tuve otra salida sino dividir estas líneas, pero en partes que espero, finalmente, revelen su indisociabilidad.

En una primera parte, más íntima (que también es retomada al final), me tomo la libertad de reproducir una especie de carta que escribí a Carlos en ocasión de su partida, menos de dos meses después que fuera a visitarlo en Florianópolis – visita que ya se prenunciaba como una despedida. Inmediatamente después, relato puntos significativos de nuestra trayectoria académica común y cómo dialogamos de forma, ora más ora menos, explícita. A continuación, destaco los meandros (des-caminos, diría él) del territorio y de nuestras múltiples territorialidades, especialmente en sentido amplio (“multiterritorial”) de afecto señalado em el título de este artículo: (multi)territorialidades, a partir de las cuales sentimos (escuchando), reflexionamos (hablando), y construimos – luchando por nuevas bases territoriales mucho más igualitarias, justas y, por tanto, comunes.

CARTA A UN GRAN AMIGO

Escribo estas líneas como si estuviera reviviendo la visita que hice hace dos meses[1], dos días intensos compartiendo tu lucha cotidiana, al lado de Marcia, tu compañera, a quien también amo tanto.

El afecto de amigo no se explica. Ya, ha sido dicho por ahí, ser lo más genuino pues, nada pide a cambio – se es que puede existir un acto humano así, que nada espera ... ya que nuestra vida es también, siempre, carencia y espera(nza). Nuestros buenos afectos se revitalizan en los momentos donde estamos juntos, encuentro festivo, académico o de dolor, no importa. El afecto de amigo condensa todo eso y, por eso mismo, nos fortalece.

Nunca olvido cuando sellamos la franqueza de esa amistad en una larga charla al regreso de uno de los tantos eventos en los que participamos, esa vez, en el Acre – la tierra que te consagró como gran intelectual-activista, a través de Chico Mendes y de los seringueiros (sintetizado en tu libro-tesis “Geografiando – En los Varaderos del Mundo”, que ahora recuerdo, regalé a Doreen Massey y ella tanto apreció).

Carlos, siempre fuiste un maestro de las palabras y en este nuestro último encuentro, incluso debilitado, recordaste con entusiasmo algunas de tus tantas (re)descubiertas etimologías que, con tu aguda intuición, tanto nos has legado para el repensar del espacio y de nuestras luchas.

Recuerdo la importancia de haber leído “(Des)caminos del Medio Ambiente” y “Pasión de la Tierra”, en los años 1980-90, en una senda crítica nada ortodoxa de la Geografía, abriendo nuestros ojos al mismo tiempo, hacia la cuestión ecológica, que para entonces emergía y a los nuevos paradigmas a ella asociados, Edgar Morin y la complejidad por delante.

Recordaste también tu trayectoria académica, mucho más que académica (pues, nunca fue tu carrera tu lucha), siguiendo siempre el íntimo vínculo entre los movimientos sociales y la tierra/territorio. Muchas idas y venidas, crisis y superaciones, marcan esa tu/nuestra trayectoria. Lo que dijiste para la Geografía, aún en tiempos de dictadura, “La Geografia está en crisis, viva la Geografia!”, vale para nuestras vidas. Vida individual que, para ti, vanidades personales aparte (que éstas, las tenemos todos), siempre fue conjugada en lo colectivo. Siempre fuiste mucho más un ser de los colectivos, intentando ignorar, a veces, hasta los límites físicos impuestos por el propio cuerpo.

Estabas debilitado, pero tus ojos brillaban y tu voz volvía al mismo tono incisivo y firme de tus clases y conferencias cuando regresábamos a la Geografía, al territorio y sus múltiples movimientos. Como en una de tus conferencias, o clases, parecía que no querías dejar de hablar. Impresionante tu don de la oratoria, del discurso. Envidiable para quienes, como yo, necesita siempre alguna nota al lado. Fue muy bonito verte otra vez animado y dispuesto, a pesar de todo, a continuar otra de tus pasiones, el contacto con orientandos y alumnos, ahora como profesor visitante en la Universidad Federal de Santa Catarina. La memoria de tu fortaleza no tiene precio.

Me despedí con un beso y un fuerte abrazo, controlando las lágrimas en los ojos, que después fluyó pues, no pude contenerlas en el carro, junto a Marcia, rumbo al aeropuerto – Marcia, esta otra guerrera, inteligente, comprometida y atenta, al mismo tiempo, firme y afectuosa, tu apoyo de seguridad y amor. En los tantos viajes, si ella no te acompañaba, no olvidabas un recuerdo, una artesanía que ella apreciaba, en su cuidado siempre tan cariñoso con la casa.

Nuestra convivencia fuera de la universidad no fue tan frecuente como nos hubiera gustado (casas distantes, de Botafogo, en Río, a Itaipu, del otro lado de Niterói), pero cada encuentro, en un almuerzo, aniversario o show (de Zeca Baleiro), era suficiente para renovar la fuerza de nuestro cariño y revelar tu ligereza y generosidad en el cultivo de esta amistad.

Carlos, no sé más que decir, mi amigo. Tampoco es necesario decir pues, hay momentos donde el sentir se impone, para escuchar sólo la voz más profunda que nos cala. Pasiones de la tierra, del mar, del aire, de las contradicciones de lo humano y de las fuerzas de lo más que humano... en eso aún andamos juntos, pasión por nuestras geográficas, por nuestros geografiares, que es, como siempre decías, la Geografía plural y en acción, continuamente transformada/transformadora.

INTERLOCUCIONES

Conocí a Carlos Walter a través de su obra, especialmente su conocido artículo “La Geografia está en crisis, viva la Geografia”, ponencia presentada en 1978 em el Tercer Encuentro Nacional de Geógrafos, en Fortaleza, y en el que participé siendo todavía estudiante de licenciatura en la Universidad Federal de Santa Maria. La base materialista histórica de ese texto representó uno de los marcos de la renovación crítica del pensamiento geográfico brasilero.

Mi contacto más directo con Carlos se dio al asumir la gran responsabilidad de sustituirlo en la cátedra de Teoría de la Geografía, en la Pontificia Universidad Católica de Río de Janeiro, luego de terminar mi maestría en la UFRJ, en 1986. Nuestro vínculo, de hecho, se fortaleció después con su incorporación a la Universidad Federal Fluminense, en 1987. Inmediatamente nos identificamos intelectualmente: él, con su marxismo heterodoxo, capaz de hacer dialogar a Thompson con la teoría de la complejidad de Morin, nos incitaba a huir de los dogmatismos y a escuchar la voz/el saber de los subalternizados; yo, invirtiendo en los enfoques de Foucault y Deleuze & Guattari, más allá de Gramsci, nuestro común interlocutor. Pero, fue a partir de la primera década de este siglo que tendríamos nuestra interlocución más directa, cuando Carlos, que siempre alió el trabajo académico con un intenso involucramiento con los movimientos sociales, se hizo pionero de la discusión del pensamiento bajo la óptica descolonial en la Geografía brasilera y, muy probablemente, también latino-americana.

En ese generoso intercambio, mucho le debo, como también sé todo lo que juntos aprendimos. Carlos admiraba mi trabajo y afirmaba que nos complementábamos, él, más intuitivo y activista, yo, como él decía, “articulador de conceptos”, pero siempre con la certeza de compartir los mismos afectos, sea en la amistad, o en la pasión común por la Geografía. En 2006 me invitó a escribir juntos el libro “El nuevo des-orden mundial”, para la editorial de la UNESP (confieso que no fue fácil sintetizar el largo capítulo que él escribió). Con su estímulo y el de otros colegas más jóvenes, me involucré de forma más intensa con los movimientos sociales y conocí al grupo Modernidad/Colonialidad, habiendo sido presentado por Carlos al trabajo de Walter Mignolo, a través del libro “Historias locales, poderes globales”. Conjuntamente con Carlos Vainer, de la UFRJ, yo, Carlos Walter y Valter Cruz, organizamos en 2013 un gran evento, el IV Encuentro de la Cátedra América Latina y Colonialidad del Poder, reuniendo a algunos de los grandes nombres em ese debate, tales como Aníbal Quijano, Alberto Acosta, Catherine Walsh y Edgardo Lander.

La elocuencia de Carlos Walter era conocida por todxs quienes habían tenido la oportunidad de convivir con él, sea como amigo, compañero intelectual o alumno. Sus textos eran un poco el reflejo de esa capacidad de “decir”, o mejor, de “geo-grafiar” el mundo. Con facilidad, pasaba de un tema a otro sin perder la fuerza y el arrebato. Este carácter “oral” de la escritura, sin embargo, podía pecar, a veces, de cierta redundancia y/o ofuscamiento de algunas fuentes que terminaban quedando (no a propósito, por supuesto), en segundo plano. Recuerdo algunas de nuestras largas charlas en las que él, mucho más comunicador que yo, era ocasionalmente interrumpido por alguna referencia que yo insistía en añadir. Así, Carlos, no siempre explicitando, dialogó con muchos autores. Era un lector voraz y generoso en el compartir las novedades que, especialmente a través de sus tantos viajes por América Latina, frecuentemente descubría. Intercambiamos muchas ideas, sobre todo, a través de las tantas ocasiones que, conjuntamente con el colega Valter Cruz, compartimos. Debo a Carlos, también, la difusión de mi libro “El mito de la desterritorialización” en lengua española, señalado a su amigo Enrique Leff, para que recomendara su publicación a la editora Siglo XXI, en México, en 2011, abriendo así las puertas de esa editora, donde también, en 2019, fue publicado el libro “Vivir en el límite”.

No está demás aquí recordar la fuerza de la “Geografía como verbo” por él defendida, y que permite identificarlo como un geógrafo de la acción, tanto en el sentido analítico (mucho más allá de una Geografía de la acción en términos de Benno Werlen), como práctico-político, por su intenso compromiso con los movimientos sociales (o, si queremos, socioterritoriales). El espacio geográfico y el territorio se establecen como conceptos-clave. Para él – en un discurso que nos señala fértiles diálogos – “una de las cuestiones centrales que se plantean en la actualidad tiene que ver, precisa, con las nuevas grafías de la tierra, con los nuevos límites territoriales y, como la definición de límites es la propia esencia de la política, es toda la cuestión de los protagonistas lo que está en juego” (PORTO-GONÇALVES, 2002, p. 309).

Bajo la inspiración de autores como Bourdieu y Arendt, él nos recuerda también, que protagonista es aquel que inicia la acción y que, en una sociedad que se pretende democrática, la acción de grafiar la tierra va mucho más allá del protagonismo de los gestores, del Estado. Ella se extiende a todo grupo/clase que busca dar significado a la vida práctica por intermedio de los múltiples procesos de des-re-territorialización.

MÚLTIPLES TERRITORIALIDADES EN EL SENTIPENSAREXPRESARHACER GEOGRAFÍAS

Carlos Walter, como un gran – si no nuestro mayor – geógrafo de la acción, nunca fue simplemente un geógrafo “académico”. Su laboratorio, el LEMTO (Laboratorio de Estudios de Movimientos Sociales y Territorialidades [lemto.uff.br]) – que de lento tenía muy poco, dado el dinamismo de su coordinador, congrega(ba) estudiantes de diferentes regiones brasileras y países latino-americanos. Por compartir prácticamente el mismo espacio, con salas que optamos por mantener unidas, por lo que con frecuencia disfrutábamos de debates comunes, con la participación de estudiantes de los dos núcleos de investigación. A partir del usufructo de ese afecto cotidiano, construíamos múltiples territorialidades sobre las que tanto reflexionamos.

Su visión de la geografía – las geográficas, en plural – como geo-grafiar, “declinada en un tiempo verbal en movimiento” (PORTO-GONÇALVES, 2017b, p. 20), aparece de forma cabal en su tesis de doctorado, después libro, “Geografiando: en los Varaderos del Mundo – de la territorialidad seringalista (o seringal) a la territorialidad seringueira (la reserva extractivista)” (PORTO-GONÇALVES, 2003). En ella sistematiza y profundiza la relación entre Geografía, conflicto y movimientos sociales. Su compromiso con la lucha de los seringueros lo condujo a establecer un lazo profundo con Chico Mendes (ambientalista emblemático, asesinado en 1988), y Osmarino Amâncio. En esta obra, Carlos dice haber superado “la ambigüedad entre el activista y el geógrafo” (2017b, p. 21). Es a partir de ese momento que el autor trabaja de modo más articulado una de sus expresiones fundamentales, la “tensión de territorialidades”, en la confrontación entre estrategias y tácticas de dos formas de pensar y hacer el territorio: la que se hace desde arriba, a partir del aparato estatal hegemónico, y la que proviene desde abajo, a partir de la lucha de los movimientos sociales, en este caso, de los seringueiros en defensa de las reservas extractivistas.

Entusiasta también de la idea de multiterritorialidad (que inicialmente elaboré en 1997 y desplegué en “El mito de la desterritorialización” [Haesbaert, 2004])[2], Carlos Walter fue un crítico del eurocentrismo y un defensor de una nueva “geopolítica del conocimiento” (Mignolo, 2003), múltiple, donde el pensamiento y las prácticas políticas latino-americanas tienen un papel decisivo[3]. Esto, sin menospreciar de ninguna manera, la riqueza del pensamiento europeo, en el que tanto se basó (comenzando por Edward Thompson, uno de sus grandes inspiradores em los años 1980[4]).

A estas múltiples territorialidades epistémicas se suma la multiplicidad de manifestaciones territoriales a partir de las diversas contribuciones culturales-ambientales latino-americanas, con énfasis en aquellas de las etnias indígenas y de los afrodescendientes (sean ellas quilombolas [Brasil], palenqueros [Colombia] o maroons [Caribe]). El reconocimiento y el profundo diálogo con los “otros saberes” de grupos y clases subalternizadas, comenzando por los seringueiros, permite que hablemos del carácter múltiple de su abordaje territorial más allá de la diferenciación externa entre territorialidades representativas de identidades culturales distintas. Se debe considerar también, la multiplicidad interna de cada una de esas territorialidades, en la medida en que incorporan el juego entre formas propias, al mismo tiempo de sentir/escuchar, expresar/hablar y (re)construir/(re)hacer, concretamente, sus territorios.

Fals Borda (1984) habla de un sentipensar, enfatizando esa indisociabilidad, principalmente entre los saberes considerados como subalternizados de Abya Yala/Afro/Latino América[5]. Se trata de una simbiosis entre pasión (en sentido amplio) y razón, presentes a través de un saber construido a partir de una sensibilidad que, aquí, es vista, sobre todo, como una afectividad ambiental (Giraldo y Toro, 2020), o mejor, de una profunda afectividad geográfica que se da “entre pieles”, de otros vivientes y del propio cuerpo de la t/Tierra. Como dicen Giraldo y Toro, es necesario:

“(...) reconocer que el encuentro en lo que llamamos “ambiente” [en sentido más amplio, espacio geográfico] no se da entre sujetos, y menos entre sujetos y objetos, sino entre pieles, entre membranas diversas que se tocan, en un enlazamiento afectivo de cuerpos compuestos de múltiples mezclas, que experiencian su universo gracias a su afectividad encarnada. (2020, p. 11)”

A este sentipensar, justamente por estar inmerso em una “afectividad encarnada” – y no sólo por una “efectividad objetificada”, es necesario agregar el sentir/escuchar, o pensar/expresar y el hacer que dan título a este artículo. Es como si la acción, tan enfatizada em la obra de Carlos Walter, fuera ampliada a través de la corporificación de los afectos que ella implica – acción, al mismo tiempo política, económica, cultural y ambiental, como la capacidad de afectar y ser afectado por los diferentes cuerpos que, partiendo del nuestro, propio, en distintas escalas, conforman nuestro(s) mundo(s)

En primer lugar, agregar “escuchar” al “sentir” significa recordar que uno de nuestros sentidos fundamentales – y uno de los más difíciles de ser debidamente ejercidos – es el escuchar. Cuando se trata de escuchar (y aprender con) los saberes históricamente subalternizados, eso se hace aún más necesario y también desafiante. Solemos afirmar que estos grupos/clases son invisibilizados, que sus cuerpos/espacios no son vistos, o son ocultados, pero se trata también de que fueron silenciados, enmudecidos, negados en sus voces, por lo que expresan oralmente y/o en palabras. Así, sus territorialidades no sólo deben ser sentidas por la visión, por la materialización de la cultura en sus paisajes, sino también por sus voces, la riqueza de su oralidad, de sus sonidos (su acento, su música), además del paladar y de los aromas de sus alimentos y de las fragancias de sus plantas, em fin, de los múltiples sentidos (inclusive el tacto corporal) conjugados em la rica densidad de sus ambientes vividos.

Todos estos múltiples sentidos/afectos combinados, permiten que pensemos estas territorialidades por la dimensión afectiva que también empodera (Hutta, 2020) – es decir, aunque se mantenga el foco en la interacción espacio-poder al hablarse del territorio, es de una concepción ampliada de poder de lo que se trata. Recordando la definición de poder en Michel Foucault (2013), asociada a la capacidad social y/o individual de “conducir conductas”[6], es obvio que al instilar determinados sentimientos/afectos, conduciremos la acción de muchos – quien sabe (sens)aciones como las que hoy envuelven la difusión del miedo, no sean más movilizadoras que las acciones de violencia concreta, militarizada. Que lo diga la política contemporánea.

A partir de nuestra investigación de doctorado, en el (des)encuentro entre gaúchos y bahianos en los cerrados (las sabanas brasileñas), resaltábamos esta dimensión afectiva del territorio:

“(...) un proceso efectivo de territorialización, que reúne una dimensión concreta, de carácter predominantemente “funcional”, y una dimensión simbólica y afectiva. (...) el territorio debe ser visto en la perspectiva no sólo de un dominio o control políticamente estructurado, sino también de una apropiación [en términos lefebvrianos] que incorpora una dimensión simbólica, identitaria y, por qué no decir, dependiendo del grupo o clase social a que nos estemos refiriendo, afectiva. (HAESBAERT, 1997, p. 41)”

“Dessubstancializando” el territorio (de su condición de simple “recurso”, podríamos afirmar) e inspirado en posiciones como esta y la de Claude Raffestin, Porto-Gonçalves (2002) también considera territorio una “categoría espesa, que presupone un espacio geográfico que es apropiado”. En este caso, apropiación equivale a la territorialización y “enseña identidades –territorialidades– que están inmersas en procesos siendo, por tanto, dinámicas y mutables, materializando en cada momento un determinado orden (...)” (pp. 310-311). Su alusión a un “espacio de referencia identitaria” como la reserva extractivista para los seringueiros, traduce otro concepto que establece un posible diálogo con otras esferas geográficas de construcción identitaria, como la que estudiamos en el latifundio de ganadería extensiva como espacio de referencia para la construcción de la identidad gaúcha (HAESBAERT, 1988)[7]. Interesante, en este caso, es que esta identificación es ambivalente, pudiendo favorecer tanto la preservación del latifundio por los “gaúchos hegemónicos” como estimular agricultores sin tierra a reivindicar la reforma agraria en la Campaña gaúcha (en vez de migrar hacia otras regiones del país).

Regresando a la dimensión afectiva del territorio, ella aparece asociada a diferentes procesos de significación/simbolización, conformando así, una densa expresividad, característica ya evidenciada como constitutiva del territorio en la lectura de Deleuze y Guattari (que hablaban de “territorios expresivos y funcionales”)[8]. A partir de allí, podemos hablar de un pensar/reflexionar sobre/con y de un expresarse que combina, al mismo tiempo, la emoción y la razón, rasgo tan enfático entre culturas de nuestra Abya Yala/Afro/Latino América – hasta incluso, con hegemonía del “polo racional” em aquellas de origen latina (especialmente cuando son comparadas a las anglosajonas).

Finalmente, pero no disociado, tenemos el hacer/construir, o mejor, el (re)hacer/(re)construir, que permite el surgimiento no sólo de nuevas territorialidades (que, desde nuestro punto de vista, pueden permanecer en el campo de la representación o del imaginario – como en el caso de la “tierra sin males” de los guarani mbya), pero también de nuevos territorios, concretamente producidos. Es así que, en la conjugación entre el sentir/escuchar, o pensar/expresar (“hablar”) y el hacer/construir tenemos la realización de complejas dinámicas de des-re-territorialización, de algún modo recordando las tensiones de territorialidades evidenciadas por Porto-Gonçalves en su vivencia y en las proposiciones políticas involucradas con la creación de reservas extractivistas en la Amazonía[9]. Sentir/escuchar los seringueiros, pensar y expresar sus dilemas, permitiría así, un reflexionar/actuar-con, proponer y construir nuevas territorialidades, más significativas y más autónomas.

Esta conjunción sentipensarhacer, también está implícita en los debates sobre límites y front/frontera, frecuentemente abordados por el autor. Al dar importancia a las “grafías de la tierra” no habría cómo ignorar la fuerza de los límites territoriales – para él, la “esencia de la política”. Al referirse a la polis como “límite” y a la política como “arte de definir límites” (PORTO-GONÇALVES, 2002, p. 300), se puede decir que la misma crisis del Estado es, en diversos sentidos, la crisis de sus límites – o, si queremos, hasta incluso de sus fronteras, admitiendo hoy, cada vez más, especialmente en el caso latino-americano, la sobreposición de límites/regulaciones, como aquellas impuestas por el narcotráfico y por las milicias[10].

Porto-Gonçalves reiteradamente nos recuerda que la frontera carga como presupuesto el “front”, la práctica “frontal” de establecer (y expandir) límites – tanto los límites jurídicos más abstractos de la ley como los límites materiales de control de distintas circulaciones, especialmente de los “ciudadanos” nacionalmente territorializados. Así:

“Las fronteras, en tanto límites, traen en sí mismas el front, sea este diplomático o militar, que las instituyen. La frontera es, casi siempre, la consagración de una determinada correlación de fuerzas políticas y, como tal, tiende a extender el front que la engendró, naturalizándola. Y, no olvidemos el front interno, donde las luchas por la definición de los límites se hacen más sutiles [...]. (p. 323) Las fronteras conforman el front y siempre traen consigo la memoria de las luchas que las engendraron. Por tanto, más que el espacio absoluto de los territorios soberanos de los Estados modernos [y sus límites como líneas con pasajes claramente definidos] destacamos su carácter abierto (poroso) y contradictorio, tanto en el front interno como en el front externo. Siempre hay por detrás de lo instituido el proceso instituyente y, en el caso de la frontera, el límite explica su carácter esencialmente político. (2002, p. 351-352)”

De este modo, podemos afirmar, por la reconfiguración (que puede incluir la confusión) de límites, es que se traducen multiterritorialidades. En una afirmación más genérica (abstrayendo la gran diversidad de situaciones geo-históricas), el Estado moderno-colonial, en tanto legitimador de los intereses empresariales, de la propriedad privada y de la violencia policial/militar, tiene como una de sus principales razones de ser, la universalización de un comando de base territorial exclusivista, sin “vacíos” o “tierras de nadie” (terra nullius) y sobreposiciones. Él proclama la linealidad de los límites como principio orientador de la idea de frontera y de las prácticas de fronterización.

Es interesante recordar aquí, que la actual proliferación de fronteras (MEZZADRA y NIELSON, 2016), aparece contradictoriamente conjugada con la “sociedad en red” (CASTELLS, 1999), de la fluidez y de la pretendida desterritorialización. El “mito de la desterritorialización” viene acoplado a la difusión de múltiples procesos de (re)territorialización, proceso que se intensificó, llevando a autores como Achille Mbembe a hablar de una exacerbada – y brutal – fronterización.

Mbembe (2021) define fronterización como “el proceso por el cual los poderes de este mundo, continuamente convierten ciertos espacios en lugares intransitables para determinadas categorías de personas” (p. 76), dentro de una dinámica contradictoria de gestión de la violencia. Las fronteras geopolíticas serían “sólo la parte visible de dispositivos e instalaciones […], que surgen como respuesta a la cuestión de qué hacer con los flujos de desechos, esto es, con la humanidad excedente. […] Las fronteras y otras instalaciones son también plataformas de sobretriaje. Los cuerpos-fronteras [cuerpos-territorio y sus diferentes “pieles”, se puede agregar] componen estos mundos de desecho.” (MBEMBE, 2021:158) Pelbart, por otro lado, afirma que la fronterización:

“(...) es el elemento que traza incesantemente nuevas fronteras, triajes, interdicciones, reclusiones [contenciones, agregaríamos], enclaves, campos, expulsiones, y con frecuencia es dirigida contra poblaciones cuyo medio fue previamente destruido y para quienes, con razón, en algún momento sólo queda la fuga – es como se transforman en extranjeros, en expósitos por todas partes. (2020, p. 7)”

Pero no se trata sólo de una fronterización en un sentido negativo, construida por grupos hegemónicos legales y/o ilegales en dinámicas marcadas por la violencia y el brutalismo (para utilizar otro término de Mbembe). Se trata también, inspirándonos y ampliando las contribuciones de Porto-Gonçalves, de una fronterización de re-existencia (HURTADO y PORTO-GONÇALVES, 2022). Frente a las fronteras excluyentes de la dominación que, sin huir de complejas imbricaciones, pretenden separar, apartar, tenemos varias modalidades de resistencia como formas de no sólo continuar existiendo[11] sino, igualmente, de fundar otras formas de existencia, ancladas no solamente en territorios zonales, como aquellos impuestos por el modelo estatal, sino también en red, capilares o rizomáticos, compuestos de articulaciones transescalares fortalecedoras de movimientos sociales alternativos, como en el caso, bien conocido, de las conexiones globales del movimiento zapatista. En estas múltiples territorialidades, las fronteras pueden ser vistas como pieles que refuerzan buenos afectos, utopías menores que, quien sabe, sumadas, contribuyan también para un proceso revolucionario. Como afirman Giraldo y Toro, podría ser…

“(…) una revolución que, además de insistir en la transformación radical de las relaciones materiales, político-económicas y tecnológicas del conjunto de la sociedad, atienda con toda la seriedad posible la dimensión afectiva, sensible y sintiente de nuestro Estar en el mundo. Cualquier revolución que quiera ir hasta las entrañas de la destrucción planetaria deberá ser ante todo una revolución ético-política y estético-poética que reincorpore la potencia del cuerpo, y que ponga en primer plano la sensibilidad, los sentimientos, las emociones, la estética y la empatía. (2020, p. 23)”

Comprender la multiplicidad territorial implica así, admitir la multiplicidad de poderes, incluso de aquellos envueltos en las emociones o afectos, y, consecuentemente, a la multiplicidad de controles/límites/fronteras así como a las diversas bases físico-naturales con las que se construyen territorios. Carlos Walter siempre fue un geógrafo muy sensible a estas diferenciaciones “ambientales”, y uno de los pioneros en el trato de la cuestión ecológica en la Geografía brasilera, incluso en tiempos en los que el espacio geográfico era considerado como eminentemente cultural o incluso, como sinónimo de espacio social (que, muchas veces, se confundía con el espacio económico).

La diversidad ambiental, en conjunto con la especificidad cultural de los pueblos originarios y afrodescendientes, siempre fue un componente indisociable en la concepción de territorio para Porto-Gonçalves. Así, para él, el territorio puede ser visto “como categoría que reúne naturaleza y cultura a través de las relaciones de poder sobre las condiciones materiales de vida”. Al reunir naturaleza y cultura “[estos grupos/clases sociales/etnias/pueblos/nacionalidades] desnaturalizan el concepto de territorio”, visto “hasta hoy, como ‘base natural del Estado’”. De esta forma, “en el mismo estado territorial habitan múltiples territorialidades” y “no hay territorio que no sea fruto de un proceso de territorialización entre diferentes sentidos – territorialidades – para estar con la tierra. En fin, tensión de territorialidades” (PORTO-GONÇALVES, 2015, p. 7-8). En un diálogo con las luchas concretas por el territorio, más específicamente en relación al pueblo miskito, en Nicaragua, él afirma:

“(...) vemos el protagonismo de los pueblos originarios y de los afrodescendientes reconfigurando las luchas campesinas que pasan, cada vez más, a incorporar nuevas dimensiones, como la naturaleza, la cultura y el territorio. O mejor, el territorio en tanto naturaleza y cultura, en fin, en tanto territorialidad. (2013, p. 167)”

Pero, al explicar la naturaleza ¿no estamos ampliando demasiado nuestras concepciones de territorio y (multi)territorialidad? Al contrario, se puede pensar que explicar las bases naturales del territorio es una forma de relativizar nuestro concepto a partir de una visión más precisa de las “relaciones sociales de poder” que lo constituyen. Así como el poder nunca estuvo tan imbricado con las llamadas fuerzas de la naturaleza, jamás un poder “humano”, o mejor, “socialmente producido”, puede ser considerado aisladamente nuestro gran “conductor de conductas”, como diría Foucault.

Hoy, cada conducción de conductas realizada entre los hombres, o mejor, entre los grupos y clases sociales que los constituyen, depende de actuar más que de lo humano (o social) de fuerzas que están mucho más allá de nuestra capacidad de, conduciendo conductas, construir espacios – sin que estas fuerzas al mismo tiempo, dejen de ser también, consecuencia de toda nuestra acción, pretens(ios)amente ilimitada, de grafiar (y enmarañar) la tierra. Es decir, todo geógrafo de la acción que se precie, como Carlos, debe considerar esta inter-acción sociedad/cultura y naturaleza, a través de las múltiples formas (y territorialidades) que afectamos/alteramos y por las que somos intensamente afectados/transformados.

PALABRAS FINALES

Estas múltiples territorialidades evocan, antes que nada, “un mundo donde caben muchos mundos” zapatista, movimiento con el que Carlos Walter tanto dialogó. Podemos incluso señalar la misma actual ampliación de la concepción de política, tratada por Fausto (2000), por ejemplo, en su “cosmopolítica de los animales”, como “la sustentación del mundo por todos los seres” (p. 318) – o, en otras palabras, el sustento y la protección/el cuidado de todos los modos de vida, en la construcción de otros, mejores, mundos posibles; de allí nuestra afirmación que:

“Al contrario de la más violenta desterritorialización – el terricidio, emprendida contra grupos que viven la más íntima conjugación sociedad-naturaleza, debemos luchar por la defensa de la multiplicidad, no sólo de los modos de vida, sino de todo el complejo no-humano y el llamado inanimado, que comprende nuestra ecúmene. Sobre esta base múltiple y dinámica, y sobre este pluriverso de culturas/naturalezas, diversificado y, al mismo tiempo articulado en diferentes escalas, es que podemos desplegar una nueva (bio)política o un nuevo “gobierno” de las (multi)territorialidades, combatiendo la mono-cultura y la anti-naturaleza de un sistema cada vez menos comprometido con el reconocimiento de esa diversidad, humana y no-humana [o mejor, más que humana], corporizada en los territorios. (HAESBAERT, 2021b, p. 17)”

Así, nuestra propuesta aquí, en diálogo con un gran geógrafo que no separaba sus reflexiones intelectuales de sus implicaciones prácticas y de su compromiso político, enfatizó un sentir/escuchar, un pensar/expresar y un hacer/construir geográficas, que une diversos saberes em la misma vinculación – que es también afecto – con las diferentes territorialidades que necesitamos (re)construir, cuidar y defender. La ausencia/presencia de Carlos Walter entre nosotros, nos incita a repensar, sentir de otra forma y rehacer estos vínculos y estos compromisos.

Finalizando, retomo y reproduzco las últimas líneas de la carta con la que inicié este texto, y que escribí al visitar a Carlos en Florianópolis, en julio del año pasado. Ella, tal vez, conjugue de otra forma, más profunda, el reconocimiento intelectual y el afecto que tanto marcaron nuestra convivencia.

Querido Carlos, quisiera hacerte otras visitas, pero no habrá más tiempo, dicen que la vida se fue. ¿O será que lo que partió fue sólo el espacio - cuerpo, y el tiempo permanece envuelto en nuestras memorias? No, bien aprendimos que espacio y tiempo son inseparables. Pero, ¿adónde fue el cuerpo, la sonrisa, el gesto, la mirada, el habla, el beso y el abrazo? ¿También se han transfigurado en memoria? Hablan de ancestralizar. Stedile[12], en un gesto muy digno, te hizo revivir en la tierra, plantando un árbol [acto que también repetimos con tus cenizas junto al predio del Instituto de Geociencias, a la orilla de la bahia de Guanabara y, por las manos de Samuel Brito, en los “cerrados” - sabanas del oeste baiano, y en las de Osmarino Amâncio, en la selva amazónica de una reserva extractivista en el Acre].

El activista colombiano Manuel Rozental, del colectivo “Pueblos en camino”, en su tributo póstumo, constató: “Si alguien fue capaz de ser, siendo territorio, este alguien es Carlos Walter, porque él entendió que la geografía es hacer-se con la madre Tierra y merecer ser su hijo”. El gran líder indígena Ailton Krenak, por su parte, afirmó:

“Que brille intensamente la estrella de este nuestro hermano Carlos Walter. Sembrando en la materia para brillar en memoria y afectos de todos los que vivieron las luchas y sueños de otras humanidades.”

Si la gran cuestión de la existencia humana es tener consciencia de nuestra insignificancia en el universo y, aun así, inventar/luchar por un significado relevante para ella, Carlos abrazó tanto la convicción de nuestra pequeñez frente a la inmensa naturaleza del universo, enfrentando esta incógnita con altivez, como la construcción de un significado digno y generoso para esta vida, dedicada a los “de abajo”, a los más sufridos, explotados/oprimidos e invisibilizados, hermanados en la misma pasión por la tierra y el territorio.

Carlos amaba la tierra, construyendo a través de su diversidad su territorio, ya en el seringal de la selva, en los fundos de pasto y asentamientos de las sabanas, en las varzeas de pueblos ribereños o en una caatinga[13] quilombola. Carlos era de la ciudad y del campo, de la montaña y de la llanura, del gran sertão y de las veredas[14], de los campos, de la selva y de las aguas. Carlos regresa ahora al lugar que más amaba, re-existiendo en la tierra hecha territorio, territorio-Tierra, casa mayor alrededor de la que todos se hermanan, y son (o deberían ser) acogidos. Así nos reconfortamos, continuando las luchas de nuestro geógrafo mayor de la acción, de los rincones olvidados, de los pueblos enmudecidos, de la utopía de las diferencias que alimenta nuestros sueños por otros mundos/territorios posibles.

Carlos, querido amigo, espera, todavía voy a visitarte otro día.

Notas

BIBLIOGRAFÍA CASTELLS, M. (1999) A Sociedade em Rede (A Era da Informação, Vol. 1). Rio de Janeiro: Paz e Terra.

CRUZ, V. C. (2020) Da produção do espaço ao governo do espaço deslocamentos metodológicos para uma abordagem territorial. In: Limonad, E. e Barbosa, J. L. (orgs.)

Geografias: Reflexões Conceituais, Leituras da Ciência Geográfica, Estudos Geográficos. São Paulo: Max Limonad.

DELEUZE, G. e GUATTARI, F. (2002) A Thousand Plateaux: capitalism & schizophrenia. Londres: Continuum.

FALS-BORDA, O. (1984) Historia doble de la Costa. Bogotá: Carlos Valencia Editores.

FAUSTO, J. (2020) A cosmopolítica dos animais. São Paulo: n-1.

FOUCAULT, M. (2013) O sujeito e o poder. In: Rabinow, P. e Dreyfus, H. Michel Foucault: uma trajetória filosófica (para além do estruturalismo e da hermenêutica). Rio de Janeiro: Forense Universitária.

GIRALDO, O. e TORO, I. (2020) Afectividad ambiental: sensibilidad, empatía, estéticas del habitar. Chetumal: El Colegio de la Frontera Sur / Universidad Veracruzana.

HAESBAERT, R. (1988) RS: Latifúndio e identidade regional. Porto Alegre: Mercado Aberto.

HAESBAERT, R. (1997) Des-territorialização e identidade: a “rede gaúcha” no Nordeste. Niterói: EdUFF.

HAESBAERT, R. (2004) O mito da desterritorialização: do “fim dos territórios” à multiterritorialidade. Rio de Janeiro: Bertrand Brasil.

HAESBAERT, R. (2021a) Território e descolonialidade: sobre o giro (multi)territorial/de(s)colonial na “América Latina”. Buenos Aires: CLACSO; Niterói: Programa de Pós-Graduação em Geografia.

HAESBAERT, R. (2021b) A corporificação “natural” do território: do terricídio à multiterritorialidade da terra. GEOgraphia v. 23, n. 50.

HURTADO, L. e PORTO-GONÇALVES, C. W. (2022) Resistir y re-existir. GEOgraphia v. 24, n. 53.

HUTTA, S. (2020) Territórios Afetivos: cartografías do aconchego como cartografias de poder. Caderno Prudentino de Geografia, 42(2).

MEZZADRA, S. e Nielson, B. (2016) La frontera como método: o la multiplicación del trabajo. Buenos Aires: Tinta Limón.

MIGNOLO, W. (2003 [2000]). Histórias locais / Projetos Globais: colonialidade, saberes subalternos e pensamento liminar. Belo Horizonte: Editora da UFMG.

PELBART, P. (2020) Biopolítica e brutalismo em chave estratégica. Revista Internacional Interdisciplinar INTERthesis, Florianópolis, v. 17.

PORTO-GONÇALVES, C. W. (1984) Paixão da Terra: ensaios críticos de Ecologia e Geografia. Rio de Janeiro: Socii.

PORTO-GONÇALVES, C.W. (2002) Da geografia às geo-grafias: um mundo em busca de novas territorialidades.In: Ceceña, A.; Sader, E. (Org.). A guerra infinita: hegemonia e terror mundial. Petrópolis: Vozes, Rio de Janeiro: LPP e Buenos Aires: Clacso, 2002.

PORTO-GONÇALVES, C. W. (2003) Geografando: nos varadouros do mundo – da territorialidade seringueira (o seringal) à territorialidade seringalista (a reserva extrativista). Brasília: IBAMA.

PORTO-GONÇALVES, C. W. (2015) Pela vida, pela dignidade e pelo território: um novo léxico teórico político desde as lutas sociais na América Latina/Abya Yala/Quilombola. Polis n. 4.

PORTO-GONÇALVES, C. W. (2017a) Luchas por la tierra, Luchas por la Tierra. In: Alimonda, H. et al. (orgs.) Ecología política latinoamericana: pensamiento crítico, diferencia latinoamericana y rearticulación epistémica. Buenos Aires: CLACSO e Ciccius; México: Universidad Autónoma Metropolitana.

PORTO-GONÇALVES, C. W. (2017b) Uma Geobiografia Téorico-Política: em busca de uma teoria social crítica a partir da Geografia (Memorial para concurso de Professor Titular). Niterói: Universidade Federal Fluminense, Departamento de Geografia. (inédito)

THOMPSON, E. P. (198). A miséria da teoria ou um planetário de erros: uma crítica ao pensamento de Althusser. Rio de Janeiro: Zahar.

Notas [1] En julio de 2024.

[2] Carlos Walter también estaba atento a esta proliferación de lo multi, inter y/o trans: “... por todos lados son usados los prefijos inter, trans o multi indicando que las fronteras, sean ellas epistémicas, sociológicas o geográfico-políticas, si es que podemos separarlas, son más porosas de lo que se creía” (Porto-Gonçalves, 2002, p. 217). Para un debate sobre la distinción y vinculación entre estos prefijos, ver nuestra reflexión en Haesbaert, 2021 (especialmente pp. 333-338).

[3] Analizamos este abordaje descolonial en su obra, especialmente a partir de la perspectiva del territorio, en el libro “Territorio y descolonialidad” (Haesbaert, 2021a, pp. 150-155).

[4] Thompson (1981), especialmente a través de su concepto de experiencia, auxiliaría a Carlos Walter, en sus palabras, a “superar cierto marxismo estructural-funcionalista que tanto mal haría a la Geografía y que subestima la importancia de la experiencia y de la cultura, vistas como superestructura” (Porto-Gonçalves, 2017b, p. 8-9).

[5] Término propuesto por Arturo Escobar (2016) y que Carlos Walter releyó con un viés brasilero como América Latina/Abya Yala/Qulombola (Porto-Gonçalves, 2015).

[6] Cruz (2020), también inspirado en Foucault, afirma que “el abordaje territorial piensa y problematiza la geograficidad a partir de las prácticas de gobierno de/en el espacio, las prácticas de la acción sobre la acción del otro” (p. 147).

[7] Para ser fieles al origen del término, citamos en ese trabajo a Bernard Poche y su artículo de 1983, “La región como espacio de referencia identitaria” (revista “Espaces et Sociétés” n. 42).

[8] Según Deleuze y Guattari (2002), el territorio, antes de ser funcional, “posesivo”, es “un resultado del arte”, expresivo, dotado de cualidades de expresión.

[9] A pesar de haberse dedicado también a estudiar otros biomas y/o regiones brasileras, la Amazonía, como bien demuestra el artículo de Valter do Carmo Cruz en este dossier, fue el espacio geográfico que correspondió a la principal base empírica de las investigaciones de Carlos Walter, habiéndole dedicado, más allá de su tesis, más específica, varios libros y artículos.

[10] En un sentido ampliado, según el autor, los limites son definidos por uno – para todos – en la tiranía, por pocos, en la oligarquía, y por todos – para todos los ciudadanos – en la democracia. “Así, para los griegos, polis y política se presuponen, así como ciudad y ciudadanía” (PORTO-GONÇALVES, 2002, p. 300).

[11] En este sentido, se puede recordar aquí un término de moda, “resiliencia”, como la simple adaptación a nuevas condiciones o incluso, un retorno a una situación anteriormente existente y considerada más estable.

[12] Referencia a Joao Pedro Stedile, economista y activista social brasilero que participó em la fundación del Movimiento de los Trabajadores Rurales Sin Tierra (MST), en el que actúa hasta el presente.

[13] “Caatinga” es la vegetación típica de la región semiárida del noreste brasilero.

[14] Sertão es el nombre dado a las regiones menos pobladas del interior brasileño, especialmente de cerrado (sabana) y caatinga (semiárido). Una de las novelas brasileñas más famosas, de Gimaraes Rosa, se llama “Grande Sertão: Veredas”.

HTML generado a partir de XML-JATS por