Servicios
Descargas
Buscar
Idiomas
P. Completa
Pasión por la vida, pasión por la (T)tierra: Sentipensando horizontes desde las geobiografías
Alexander PANEZ PINTO
Alexander PANEZ PINTO
Pasión por la vida, pasión por la (T)tierra: Sentipensando horizontes desde las geobiografías
Passion for life, passion for land and Earth: ‘Sentipensando’ horizons from geobiographies
Utopía y Praxis Latinoamericana, vol. 29, núm. 107, e13879548, 2024
Universidad del Zulia
resúmenes
secciones
referencias
imágenes

Resumen: A partir de la provocación de Carlos Walter Porto-Gonçalves de pensar las geobiografías, en este escrito buscamos plasmar algunas de las lecciones fundamentales aprendidas con dicho maestro y amigo. Estos aprendizajes nos resuenan desde los diferentes territorios que nos constituyen. Dichas lecciones tienen que ver con: 1) ser colectivo desde la academia, pero más allá de ésta y, 2) que quiénes sentimos la pasión por la Tierra necesitamos entenderla en su dimensión material/biofísica, en su dinámica socio-metabólica. Como el legado del caminar de Carlos Walter por el continente no es estático sino movimiento, finalizamos planteando algunas preguntas contemporáneas que nos exigen ir más allá de las reflexiones y sentires que Carlos Walter nos compartió.

Palabras clave: ser colectivo, tierra, sociometabolismo, geobiografia.

Abstract: Starting from Carlos Walter Porto-Gonçalves' provocation to think about "geobiographies", this article seeks to capture some of the fundamental lessons learned with said master and friend. These learnings resonate with us from the different territories that constitute us. These lessons have to do with: 1) being collective from the academy, but beyond it and, 2) those who feel the passion for the Earth need to understand it in its material/biophysical dimension, in its socio-metabolic dynamics. The legacy of Carlos Walter's journey through the continent is not static. Still, movement, we conclude by raising some contemporary questions that require us to go beyond the reflections and feelings that Carlos Walter shared with us.

Keywords: being collective, land and earth, socio-metabolism, geobiography.

Carátula del artículo

Artículos

Pasión por la vida, pasión por la (T)tierra: Sentipensando horizontes desde las geobiografías

Passion for life, passion for land and Earth: ‘Sentipensando’ horizons from geobiographies

Alexander PANEZ PINTO
Universidad del Bio-Bio, Chile
Utopía y Praxis Latinoamericana, vol. 29, núm. 107, e13879548, 2024
Universidad del Zulia

Recepción: 25 Julio 2024

Aprobación: 30 Agosto 2024

A CARLOS WALTER

Carlos querido, escribo este texto aun sintiendo el dolor de tu partida física. Dentro de los varios impactos, tu muerte hace mirarme. Interrogarme sobre ¿en qué estamos aquí y ahora? ¿en qué medida nuestro presente es fidedigno a los caminos intelectuales y políticos que emergían o se consolidaban durante el tiempo compartido y las complicidades políticas comunes? Desde esas preguntas, escribo estas palabras. Más allá de un ejercicio de sanación frente a tu siembra, escribo para recuperar algunas de las muchas lecciones aprendidas y también para preguntarnos ¿qué es lo que nos falta aprender? ¿qué es lo que no hemos visto o no hemos aprendido lo suficiente? Estas últimas preguntas me parecen fundamentales para honrar tu memoria. Por lo que te conozco detestarías cualquier ejercicio de canonización, y nos estarías instigando a seguir caminando y preguntándonos como nos enseña el Ejercito Zapatista de Liberación Nacional que tanto querías/admirabas.

Este relato tiene componentes biográficos, o más bien “geo-biográficos” retomando la propuesta de Carlos Walter de ampliar la noción de biografía: “a biografia, como o nome indica – bio+grafia - é a trajetória de nosso corpo e, como sabemos, do espaço não dá para tirar o corpo fora. O corpo não está no espaço, o corpo na sua materialidade é o conjunto de nossas relações sociais-materiais com outros corpos através do que constitui o espaço que nos constitui” (Porto-Gonçalves: 2017, p.2). Así como no hay forma sacar el cuerpo del espacio, me parece que no hay modo de entender estas lecciones que caminamos junto a Carlos Walter y las re-existencias de los pueblos sin comprender cómo estos aprendizajes resuenan desde diferentes los territorios que nos constituyen.

VIAJE A LAS GEO-GRAFÍAS

Comencé el camino hacia las geo-grafías sin saberlo el año 2010. Viviendo en la provincia de Petorca, una región de transición entre el semiárido y el Valle Central de Chile, a 150km de Santiago. Pero Petorca no es sólo una región de transición de biomas sino también de culturas, de diferentes pueblos que transitaban por esta puerta al Norte Chico de lo que llamamos Chile antes de la colonización y que todavía tiene huellas en la territorialidad campesina que persiste. El 2010 fue el año más dramático que me tocó ver en los años que viví en ese territorio. La sensación general era que “no había agua”. Agua superficial en el río no había hace 10 años, pero ahora era la falta de agua para la vida de muchos seres vivos (no sólo los humanos). Los sistemas comunitarios de agua potable no dieron abasto con las pocas reservas de agua que disponían. Fue ese el año que se comenzó a masificar el abastecimiento de agua potable, una solución que siempre se dijo era “para la emergencia”. Pero una solución parcial que se mantiene por años (sigue hasta el día de hoy) deja de ser de emergencia y se vuelve la normalidad de muchas personas. En ese momento le decíamos “crisis hídrica” sin saber que esa era sólo la cara más visible de otras crisis, más tarde aprendería que “a atual disputa pelo controle e gestão da água, parte da crise ambiental, revela, também, a crise da racionalidade instrumental hegemônica na ciência da sociedade moderno-colonial” (Porto-Gonçalves: 2020, p.77). Todo ese drama convivía (y convive) con desiertos verdes de plantaciones de aguacate/palta. Ahí si había agua. Agua que termina en un restaurante lejano o en la mesa de una familia, principalmente del Norte Global.

La rabia de ese momento nos movilizaba. Muchas y muchos sentimos que había que “hacer”. Y se hicieron muchas acciones, desde cortes de ruta, manifestaciones públicas, ir a impugnar a los políticos del Congreso, denuncias internacionales en medios de comunicación, organizarse y articularse con otros territorios que también vivían “la sequía y el saqueo”. Pero en ese hacer, también sentía que había cosas que no lograba entender del todo sobre lo que ocurría en el territorio. ¿Qué le estaba pasando al río? ¿Qué posibilitó llegar al punto de tener campesinos/as con tierra para plantar, pero sin agua para cultivar alimentos y criar animales, y que los/as habitantes en general vieran amenazado incluso el abastecimiento de agua para el consumo humano? ¿Cómo llegamos a perder tanto? Uno de los caminos para tratar de responder esas preguntas fue llegar a la geografía. La geografía como posibilidad de entender de manera más integradora los distintos procesos que están ocurriendo en un territorio. Pero no servía cualquier geografía. Un saber geográfico cientificista y que no se cuestiona su contribución a los espacios de opresión (Porto-Gonçalves, 1978), no logra dar cuenta del entramado que queríamos tratar de entender. Era necesaria otra geografía, una que fuera “mundana”, “con olor a tierra” (“cheiro de terra” como dicen en Brasil), que pudiese conversar con las luchas (con más o menos épica) que se tejen desde abajo. ¿Existe esa geografía? Por lo menos en mi búsqueda, conversando con compañeros y compañeras llegué a la conclusión de que una de las mayores fuentes de esa geografía era lo que venía realizando Carlos Walter Porto-Gonçalves y el equipo de investigadorxs, estudiantes y activistas que confluía en el LEMTO (Laboratório de Estudos de Movimento Sociais e Territorialidades) de la Universidad Federal Fluminense. Una geografía comprometida con la transformación social y que no entiende de manera dicotómica sociedad y naturaleza, como Carlos Walter ya llamaba la atención en ese escrito seminal de 1978: “A Geografia está em Crise. Viva a Geografia!” (Porto-Gonçalves, 1978).

Son muchas las interpelaciones que nacieron en el compartir con Carlos Walter y el equipo del LEMTO. Pero ya se ha escrito bastante (y se seguirá escribiendo) sobre este legado, por lo que sólo quiero resaltar dos lecciones claves que aprendí de esa fuente y que siento que nos pueden seguir nutriendo para enfrentar las tormentas que vienen. La primera lección es ser colectivo desde la academia, pero más allá de ésta. Y la segunda es que quiénes sentimos la pasión por la Tierra necesitamos entenderla en su dimensión material/biofísica, en su dinámica socio-metabólica. Omito una tercera lección fundamental que es cómo Carlos Walter cambió nuestra mirada de entender el territorio, las territorialidades y entender las múltiples geo-grafías que se tejen, porque esta lección ya ha sido resaltada en los diferentes homenajes que se han realizado[1].

¿Ser nosotrxs desde la academia?

Comienzo el apartado como pregunta porque sigue siendo una interrogante abierta. Antes de compartir con Carlos Walter y el equipo del LEMTO, veía casi imposible crear tejidos colectivos en y desde la academia, a propósito de la realidad de las universidades en Chile, atravesada por violencias (físicas y epistémicas) y la instalada neoliberalización.

Pero en esa comunidad de afectos que era el LEMTO pude ver y sentir formas honestas, generosas y amorosas de vincularse dentro del espacio de la academia y más allá de ésta. Esta forma de relación que irradiaba Carlos Walter era coherente con un principio que él sentía básico en la vida: el principio del hacer en colectivo. Uno de los puntos más profundos de esta relación se dio al formar parte de la lucha de los serengueiros y serengueiras de Acre, en la Amazonía brasilera. Esto se refleja en la anécdota que usualmente contaba Carlos Walter y que plasmó en su memorial geobiográfico (Porto-Gonçalves: 2017). En el año 1988 los seringueiros de Acre en el Amazonas le pidieron colaborar en la descripción del área que pretendían reivindicar como “Reserva Extractivista”. Para ello preparo un mosaico de imágenes satelitales para conversar no sólo con los líderes político-sindicales, sino también con las personas que ellos reconociesen como los verdaderos conocedores de la selva. El ejercicio comenzó con un extrañamiento de los participantes porque nunca se habían visto desde arriba. Esa perspectiva no era de ellos, sino de aquellos “que veem o espaço do alto, de longe, à distância” (Porto-Gonçalves: 2017, p.24). Pero de luego de un rato y algunos acomodos, empezaron a reconocer los verdores de las imágenes. A partir de ese momento, Carlos Walter relata:

“(...) me dei conta de que eu era o que menos conhecia aquela geografia, haja vista os detalhes com que se referiam àquele espaço rigorosamente sob análise para fazer o memorial descritivo, etapa preliminar de um processo jurídico de demarcação de terra. Num quarto momento cognitivo me dei conta, pela primeira vez, que estava ajudando não só a demarcar a terra, mas a grafar a terra, a geografar. Que era possível grafar a terra a partir de outro lugar que não o Estado, conforme a tradição da Geografia por suas relações íntimas com o Estado que nos pariu (Porto-Gonçalves: 2017, p.25).”

Esa sensibilidad no hubiese sido posible sin un saber escuchar. Comprender profundamente el lugar de conocimiento que está imbuido en el hacer de los pueblos. Aquí hay una lección enorme del caminar de Carlos Walter: sus principales contribuciones a la academia y el pensamiento crítico en general fueron a partir de preocupaciones y escuchar conocimientos que se tejían fuera de la academia. Ese principio era un antídoto para los aislamientos en el templo académico. Esa sensibilidad implica situarse en un lugar de humildad. Una otra posición para relacionarse con esas luchas.

Cuando en ese mismo periodo escuchó las reivindicaciones de los pueblos indígenas de tierras bajas en la Amazonía boliviana de que: “no queremos tierra, queremos territorio”, él mismo dice que no lograba entender lo que querían decir “¿cómo es eso que no quieren tierra y quieren territorio?” Pero esa perplejidad, esa apertura le permitió a Carlos Walter lograr entender qué es lo que estaban queriendo decir, qué es lo que estaban planteando en su lucha. No era la reforma agraria clásica, no era la lucha socialista clásica de la clase obrera, sino que era otra cosa. Esa escucha la siguió realizando en los años siguientes con los pueblos del Cerrado (sabana brasilera), de la Amazonía de Bolivia y Ecuador, con las y los zapatistas en Chiapas, con el pueblo mapuche, entre otros pueblos del Abya Yala.

Una de las mayores materializaciones de esta forma de ser colectivo y de interpelar a la academia (y que tuve la fortuna de ser parte) fueron los encuentros “por la tierra y el territorio” organizados por el LEMTO (con el apoyo del Instituto para el Desarrollo Rural de Sudamérica con base en Bolivia) en los años 2016 en Guapiaçu (estado de Rio de Janeiro) y 2018 en Marabá (estado de Pará). En estos dos encuentros se invitaron a líderes y lideresas comunitarias de base de todas las regiones de Brasil. Aquí, más que plantear ejes temáticos desde los saberes disciplinados de la academia, se convidó a conversar sobre cuatro principios básicos para la vida: Comer – Curar – Habitar – Convivir. Y no sólo importaba los principios que provocaban la conversación, también nos pareció fundamental plantear otras formas de reflexión colectiva. Como se plantea en la memoria del encuentro del año 2016:

“Os objetivos não poderiam ser realizados sem que buscássemos, do começo ao fim, dias intensos de fraterna convivência, reflexão coletiva, exercício concreto da autonomia e da comunalidade, de relato e troca de experiências de sistematização de experiências de r-existências profundamente inspiradoras de outros (velhos? Novos?) horizontes de futuro (LEMTO: 2016, p.3).

Como decía el subtítulo de ese encuentro, fue “compartiendo el fruto y los sueños”. Construyendo desde los afectos. Desde ahí era que se planteaba la tarea de ser en colectivo. En una palabra que se torna hacer concreto. Desde ahí Carlos Walter buscaba que encarnáramos el ser nosotrxs. “

Territorio y metabolismo de la Tierra

Todas las tensiones entre territorialidades y procesos de territorialización ocurren en lugares concretos y entre determinados seres corpóreos, lo que nos remite a la geograficidad como un componente central de los conflictos. Una contribución importante menos conocido del trabajo de Carlos Walter y el equipo del LEMTO, es la preocupación sistemática por analizar dicha geograficidad.

Este reconocimiento de la geograficidad de la dinámica territorial, conlleva además una comprensión de la relación cultura-naturaleza que devele no sólo sus aspectos simbólicos (las concepciones sobre naturaleza), sino también un estudio de las interacciones geobiofísicas contenidas en los procesos de territorialización. Este aspecto geobiofísico ha sido subvalorado en parte importante de los análisis desde la geografía crítica (tanto marxista como decolonial). La tendencia más difundida de la geografía crítica marxista hace un análisis sobre la producción de socio-naturalezas que el capitalismo realiza por medio de su proceso de acumulación, develando el carácter “híbrido” del espacio construido y desnaturalizando la propia idea de “naturaleza” (Harvey: 2018; Swyngedouw: 2004). Por otro lado, la naciente geografía crítica decolonial ha realizado esfuerzos para hacer una crítica epistémica a las formas eurocéntricas de producción de conocimiento y sus efectos espaciales, al mismo tiempo que se preocupa por reconocer los saberes otros de las clases/grupos en situación de subalternización por la modernidad/colonialidad (Cruz y Oliveira: 2017). No obstante, ambas perspectivas desde diferentes lugares de crítica, acaban siendo presas por ciertos niveles de abstracción que no profundizan en las dinámicas geobiofísicas que son recreadas y/o destruidas en las prácticas sociales. Trataremos de avanzar en este camino colocando la discusión sobre socio-metabolismo.

Carlos Walter escapó recurrentemente de ese vaciamiento de las dinámicas geobiofísicas que posibilitan la vida. Su temprano amor por la geomorfología cuando estudiante de geografía y sus jóvenes labores como ayudante de “Pedología” y “Geomorfología Costera” le dieron la “convicção que a dinâmica ecogeográfica ou geoecológica é fundamental para o devir social… com enormes implicações epistêmicas e políticas para mim” (Porto-Gonçalves: 2017, p.18).

Desde este lugar es que Carlos Walter aportó al debate sobre el sociometabolismo. Más allá de la discusión académica refinada que se pueda sacar poniendo a debatir a John Bellamy-Foster, Jason Moore, Victor Toledo o Marina Fischer-Kowalski, entre otros, lo que me parece valioso de los aportes de Carlos Walter a la noción de sociometabolismo es haber “teñido” de territorio la discusión. La muestra más concreta fue su reflexión sobre el conflicto en Correntina (estado de Bahía en Brasil). Luego de años de presenciar la disminución de sus fuentes de agua dependientes del río Arrojado, en el año 2017 explotó un conflicto donde los campesinos/as responsabilizan a los grandes hacendados del agronegocio de concentrar el uso de las aguas de la región para sus fines lucrativos, reivindicando la defensa del agua que abastece a comunidades centenarias. Campesinos/as se movilizaron masivamente en la hacienda del grupo Igarashi y en las calles del municipio denunciando no sólo el atentado a la vida que genera la falta de agua para la población de la región, sino también el progresivo “asesinato” del río Arrojado. Es desde esa realidad que Carlos Walter reflexionó que “o metabolismo da relação sociedade-natureza requer que se desvendem as relações sociais, culturais e de poder para que possamos compreender as contradições em curso. Talvez por isso tenha calado tão fundo a palavra de ordem: ‘Ninguém vai morrer de sede nas margens do rio Arrojado’” (Porto-Gonçalves y Britto: 2019, p.52).

Así, la dinámica socio-metabólica no está ajena a las relaciones de poder entre diferentes clases y grupos sociales. Cuando las formas de vida se ponen en riesgo o se contraponen producto de estas relaciones, emerge la dimensión conflictiva. En ese camino, podemos territorializar la discusión de los metabolismos. Cuando hablamos de territorializar, nos referimos a que las dinámicas socio-metabólicas están geográficamente configuradas, que involucran características geobiofísicas específicas, así como formas de vida diversas, que son atravesadas por relaciones de poder desplegadas en los territorios. No hablamos acá metabolismo del capital en abstracto, ni tampoco como una simple medición de la cantidad de flujos de energía y materia que circulan. Poner al territorio y sus tensiones de territorialidades comprender que la “complexa relação metabólica terra-solo-subsolo-água-sol-clima-plantas-animais e os múltiplos gêneros de vida que se conformaram conformando múltiplas matrizes de racionalidade na região” (Porto-Gonçalves y Britto: 2019, p.30). Su explicación para el uso continuado de estos conceptos era genial:

“Entenda o leitor que com essa expressão ampla - terra-solo-relevo-subsolo-clima-água-plantas-animais – queremos indicar os limites do debate do mundo agrário à questão da terra, quase sempre reduzida à sua dimensão espacial de extensão. A questão fundiária é mais que a questão da terra e embora permaneça central o debate do seu monopólio, da sua concentração, é preciso entender que está implicado todo o metabolismo terra-água-topografia-plantas-animais fotossíntese da vida (Porto-Gonçalves y Britto: 2019, p.30). “

Por estos motivos se resistía a pensar tierra y agua de manera separada, como ahora suele hacerlo cierta Ecología Política que fetichiza el agua y la desconecta de su relación metabólica con la tierra y el territorio. Por esto mismo, cuando Carlos Walter hablaba de “Pasión de la tierra” sabemos que lo plantea desde este complejo entramado, que va mucho más allá de la cuestión agraria clásica.

Con estos aportes volví a mirar la historia de larga duración del Valle Central en Chile y la provincia de Petorca en particular. Observar las relaciones sociohistóricas permitieron entender que un componente nuevo que rompe con la dinámica sociometabólica del lugar es que la desterritorialización provocada por la agroexportación frutícola ha imposibilitado la autosubsistencia y la autonomía alimentaria de las clases/grupos en situación de subalternización que habitan la zona. Es decir, sea bajo ocupaciones indígenas previas a la invasión española, el sistema de encomiendas, la delimitación de “pueblos de indios” e incluso durante el inquilinaje de la hacienda, indígenas y luego campesinos/as, siempre tuvieron las condiciones materiales para poder producir parte de su alimento cultivando la tierra y criando animales. Esto da cuenta de la radicalidad del proceso expropiatorio que se vivencia en este territorio. La aceleración del sociometabolismo del capital ha sido tal, que cada vez más imposibilita la coexistencia con otras formas de relaciones sociometabólicas que hasta el momento han permanecido excluidas o subordinadas a su dinámica (Panez, 2022). Lo que Carlos Walter observaba en Brasil y lo que miramos en Chile no son sólo excesos excepcionales. Mirar desde la ruptura de los metabolismos nos permite entender la profundidad del colapso ambiental en curso y sospechar de las reducciones que se hacen a la “mitigación y adaptación al cambio climático” por parte de los poderes corporativos, las agencias estatales y las organizaciones neo-gubernamentales (como Carlos Walter gustaba de llamar a las ONGs hegemónicas).

EL REGRESO Y LO QUE NO TERMINAR DE DESPERTAR

Con esta cosecha de aprendizajes vuelvo a Chile el año 2019. Es un regreso esperanzador porque sobre todo desde el año 2011 veníamos observando una efervescencia en aumento. Cada vez más personas levantándose contra el despojo que generaba el neoliberalismo. En ese momento lo caracterizaba como un creciente proceso de politización en el que se resquebrajaba la subjetividad neoliberal, que es uno de los pilares que ha permitido que el modelo siga vivo a pesar de las precarizaciones que provoca para la vida en general (Panez, 2022).

Octubre de 2019 fue el auge de esa esperanza, que nos daba convicción que nos estábamos convirtiendo en “el río recuperando su cauce”. Fue ese el momento en el que escribimos con Carlos Walter que en Chile se estaba impugnando el “Principio Potosí” y que el “momento chileno está grávido de outros horizontes de sentido para a vida num momento em que as esquerdas parecem ter perdido os dentes ou as asas. E, para superar esse quadro há que se pensar/agir para além do eeuurocentrismo que atravessa as direitas e as esquerdas hegemônicas até aqui” (Porto-Gonçalves y Panez: 2020, p.6).

La historia desde octubre de 2019 hasta acá es conocida: acuerdo constituyente de la clase política “por la paz”, el comienzo de la pandemia, las elecciones de la primera constituyente y el posterior rechazo de la propuesta de nueva constitución el 04 de septiembre de 2022. Contrario a lo que gritaban las calles a fines del 2019: “¡Chile despertó!” el ciclo político nos abofeteaba la cara y nos recordaba que “había sentires que no terminaban de despertar”. Más allá de los abundantes análisis de “conflictólogos” y “revueltólogos” sobre las causas de la derrota política, me parece que una pista valiosa es preguntarnos a nosotrxs sobre “qué es lo que no termina de despertar”.

El bloqueo epistémico que nos habita

Entender las profundidades del despojo en Petorca me llevó a remirar los últimos 40 años de conflictos y resistencias territoriales en Chile. En esa trayectoria hay algo muy claro que aparece como horizonte político que tiene que ver con el cambio constitucional. Ese es uno de los corazones de la dictadura, el diseño de un nuevo sistema de normas que amparaba la mercantilización y privatización radical de la vida (sintetizada en la Constitución chilena de 1980). Un ejemplo de esto en lo que se refiere a la cuestión hídrica, es el código de aguas de 1981 que reconoce el agua como un bien económico y operacionaliza el principio constitucional de que aquellos que tengan derechos o concesiones de aguas van a ser considerados sus propietarios, posibilitando que estos compren o vendan estos derechos de agua como si fuese cualquier otra mercancía. Este tipo de principios son muy violentos y se convirtieron en una bandera muy fuerte de lucha durante décadas. Además, influyó mucho que se tratara de la Constitución de Pinochet. Si bien algunxs mirábamos con desconfianza el proceso constituyente (me incluyo), por lo menos era un intento de erradicar la Constitución del dictador. Entonces, cuando se abre el tema de la Constituyente luego de la revuelta, muchas organizaciones participaron de ese proceso (con desconfianza algunas) y lograron hacer una propuesta que proponía la des-privatización del agua. Además, la propuesta reconocía la soberanía alimentaria, el reconocimiento constitucional de los pueblos indígenas, los derechos de la naturaleza, la inapropiabilidad de los bienes comunes naturales, entre otros principios.

No obstante, esa propuesta finalmente fue derrotada en el plebiscito. Me parece que esa derrota exige construir un momento de balance, reflexionar sobre cómo llegamos a esto. Tratando de hacer un ejercicio político comprensivo, en la historia de estos conflictos y estos movimientos se colocaron muchos esfuerzos y energías al cambio constitucional y la derrota del plebiscito constitucional marca el cierre de un ciclo político que tuvo ese énfasis. Decimos que se cierra un ciclo porque históricamente la reivindicación de muchos movimientos por el territorio en Chile estuvo centrada en el cambio constitucional y el cambio de las legislaciones neoliberales en general. ¿Qué pasa cuando esa aspiración de romper los candados institucionales se vuelve casi inviable? Es un momento difícil que requiere reflexionar sobre ¿qué aprendizajes sacamos de este ciclo político de las luchas por el territorio de la postdictadura? ¿Qué se logró y en qué se falló durante estos años de estar en movimiento? Además de aprender del ciclo recorrido, parece importante re-imaginar nuestros horizontes políticos y nuestras formas de hacer política. Sobre lo primero ¿cómo diseñar horizontes políticos que no estén tan anclados en la modificación de leyes, normas, tratados y constituciones? En un escenario político hostil para las reivindicaciones por la defensa del agua y el territorio, ¿Qué otros caminos son necesarios explorar y reforzar? Y sobre nuestras formas de hacer política ¿cómo profundizamos nuestras acciones concretas desde los territorios para aportar a que las múltiples vidas sigan fluyendo?

Frente al fuerte “sueño constituyente”, cabe preguntarnos a dónde nos llevan dichos sueños, independientemente de las razones de la derrota. ¿En qué medida, si ponemos mucha energía en un cambio legal (en este caso constitucional), eso nos impide ver otros caminos y otros horizontes? Nos pasa mucho en Chile, así como en otros países de América Latina como Argentina o Uruguay, la dificultad de no poder ver otro horizonte, hay una mirada estadocéntrica muy fuerte que nos impide ver más allá (recuperando acá también las reflexiones de Raquel Gutiérrez [2017]).

Esto se conecta con una de las grandes preocupaciones que compartíamos con Carlos Walter y que sigue abierta: ¿cómo hacer articulaciones locales y supra locales que no vacíen lo local?”, “¿cómo hacer frente al problema del Estado para los movimientos emancipatorios sin caer ni en la ‘autonomía ingenua’ ni en los errores repetidos de las izquierdas?. Esta síntesis que Carlos Walter plasmaba en su texto “De utopias e de topoi: espaço e poder em questão” (Porto-Gonçalves: 2021) me parece son preguntas claves que atraviesan los laberintos que habitan los pueblos del continente y los caminos de quienes buscamos horizontes emancipatorios. Pensando desde Chile, ¿cómo nos rearmamos colectivamente? ¿cómo nos sacamos efectivamente este bloqueo cognitivo y epistémico que nos impide mirar otras cosas? Es tal el nivel de crisis y despojo que necesitamos pensar más allá. Es necesario buscar caminos fuera de las derechas, ultraderechas y progresismos.

CAMINO HACIA LO QUE FALTA

Como decíamos al inicio de este escrito, Carlos Walter detestaría cualquier intento de “canonización” y que la idea de legado de su caminar por el continente quedara como algo estático y cerrado. Si hay algo que son las geo-grafías, eso es movimiento. Pero el seguir en movimiento no sólo responde a un deseo póstumo. También responde a que efectivamente hay preguntas actuales que nos exigen ir más allá de las reflexiones y sentires que Carlos Walter nos compartió.

Como el mismo Carlos recordaba recuperando al poeta Luis de Camões, el momento contemporáneo se caracteriza porque “estamos navegando en mares nunca antes navegados”. Momentos en que los mapas de navegación no nos sirven para seguir caminando. “¿De qué sirve el mapa en mar que nunca antes fue navegado? Eso es el caos sistémico” recordaba en la última conferencia que realizó el 2023. Tratando de aportar a ampliar nuestro repertorio cognitivo para la comprensión del momento que estamos viviendo, planteo dos “más allá de Carlos Walter” que me parecen urgentes.

Restaurar los metabolismos de la (T)tierra

Estamos en un punto en el que se ha hablado bastante de la ruptura o factura metabólica que el sistema-mundo moderno colonial está provocando para los ciclos de vida. Mucho menos hemos hablado sobre cómo restauramos los metabolismos de la Tierra. Acá hay una limitación de gran parte de la Ecología Política y la Geografía crítica que se han dedicado a develar las formas del despojo, la gramática de los conflictos y las luchas de resisten y re-existen a los extractivismo. Si bien hablamos de que gran parte de las propuestas están en los saberes de los pueblos, sería una idealización pensar que todas las propuestas ya están dichas y a nuestro alcance. ¿Cómo aportamos de manera más concreta a restaurar los tejidos de vida? Se requieren más conocimientos y esfuerzos en movimiento para avanzar en ese camino. Sobre todo, en aquellos territorios golpeado por los impactos socio-ecológicos de la acumulación de capital. En mi experiencia, la denuncia contra el despojo y la lucha anti-extractivista se alimenta de la indignación y la injusticia frente a la realidad que vivimos, pero es una energía que se agota si no va acompañada de propuestas que nos permitan permanecer y vivir dignamente en el territorio. Ahí es donde se vuelve necesario “sembrar esperanza”, tejer acciones concretas que posibiliten que la vida re-brote, y que pongan nuestras palabras más cerca de nuestras prácticas, de nuestro hacer en el territorio. En el último tiempo he podido conocer experiencias de agroecología campesina que plantean propuestas concretas para enfrentar la crisis civilizatoria y que restauran los metabolismos de la tierra.

Al mismo tiempo, para que ese camino sea fértil para pensar horizontes, me parece que no tiene que ser ingenuo sobre los efectos de las devastaciones en curso (y ahí la dinámica socio-metabólica nos aporta mucho). Tocará la misión de restaurar lo que se pueda restaurar porque, como los pueblos y las reflexiones de personas como D. Haraway (2019) y A. Tsing (2021) nos han recalcado, también es importante entender y aprender a habitar en un planeta dañado. La aceleración metabólica del capital ha generado heridas a la Tierra que no son posibles de sanar en el corto y mediano plazo. ¿Cómo habitar ese daño? ¿Cómo con-vivir con el duelo de las vidas que se extinguen? Son interrogantes que se nos abren.

Pensar lo abigarrado

El trabajo de Carlos Walter, sobre todo en sus últimos treinta años, tuvo como uno de los focos centrales apuntar a reconocer las múltiples otras territorialidades. Como él mismo contaba, muchas veces se veía en otros escritos posteriores continuando aquel artículo "Da Geografía ás geografías. Um mundo em busca de novas territorialidades" del año 2002. Fue uno de quiénes más contribuyó a caracterizar el “giro territorial de las luchas emancipatorias en América Latina/Abya Yala”, una elaboración realizada por los grupos en resistencia, que trasciende la reivindicación clásica de la reforma agraria que apelaba a una redistribución de la propiedad de la tierra y la entrega de una porción de esta a los/as oprimidos. Diferentes luchas de pueblos indígenas, campesinos y comunidades afrodescendientes nos fueron indicando este léxico teórico-político que emergía en el continente.

Sin embargo, han pasado más de tres décadas desde este giro territorial desde los pueblos de América Latina/Abya Yala. Reflexiones que fueron pioneras en su momento se han vuelto material de estudio de una parte de las cátedras de pensamiento crítico del continente. Lo que algunos maestros y maestras escucharon junto al río, el bosque, el fogón o la barricada, ahora han pasado a formar parte de “verdades académicas”.

En ese camino, los aportes de Carlos Walter y otros/as compañeros/as en esta senda tiene el riesgo de llevarnos a esencialismos o nuevos discursos normativos si se adoptan sin cuestionamientos. Vale aquí un ejemplo. Es una inspiración inmensa la lucha por la autonomía de pueblos como el Nasa, Mapuche, Mayas Zapatistas en diferentes geografías, pero ¿qué pasa en aquellos territorios donde la resistencia no es re-existencia? ¿qué ocurre en los espacios dónde los procesos son más contradictorios e impuros de lo que nos gustaría? Esto lo he visto fuertemente en el regreso a Chile y conocer regiones como las de Maule y Ñuble, en el centro-sur del país. En estos territorios hay un fuerte peso del latifundio y el mestizaje de lo campesino con intentos de blanqueamiento bajo una identidad “uninacional”. Pero al mismo tiempo, son unos de los corazones de la producción campesina en el país. A diferencias de otras regiones del Valle Central donde el agronegocio ha avasallado con mayor fuerza, acá persisten prácticas campesinas potentes y autónomas, aunque sin la notoria épica de una ontología relacional que las vuelvan “tan otras”. Estos cuestionamientos me han llevado a tratar de entender más esas “territorialidades abigarradas” donde conviven diferentes espacio-tiempos y que no son una alteridad tan cristalina a la modernidad. Al contrario, sus prácticas están imbuidas de modernidad al mismo tiempo que la resisten (Zavaleta, 2021). De esta forma, ¿cómo hacer para que la búsqueda de otras territorialidades no se vuelva un tipo ideal que procuremos “encajar en la realidad”? Quizás pensar más lo abigarrado, lo contradictorio y lo fracturado pueden ser pistas.

PASIÓN POR LA VIDA

Todas estas reflexiones no se dan en el vacío ni ausente de cuerpos, como decíamos al inicio con las geobiografías. Carlos Walter era un ser profundamente vital. Entusiasmado como si fuera un niño cuando escuchaba o leía palabras que nos abrían horizontes. Apasionado en sus clases y conferencias. Incontinente verbal para compartir saberes. Maravillado de la cultura popular brasilera. Constantemente asombrado cuando visitaba diferentes territorios y compartía con las/os de abajo.

En esa vitalidad había un profundo amor por la vida, por sus sabias manifestaciones mundanas y especialmente de la vida de los grupos y clases subalternizadas. Frecuentemente recordaba la letra de la canción de samba “Notícia de jornal” que finalizaba con la frase “nuestro dolor no sale en el periódico”, llamando la atención sobre esa vida que muchas veces escapa a las luces mediáticas y académicas. Esa vida de la que muchos y muchas provenimos. Ahí está ese amor a la “pulsación de la vida del pueblo” de la que hablaba Rosa Luxemburgo, a quién ambos admirábamos por su sensibilidad, agudeza y heterodoxia.

Recuerdo esos momentos que celebrábamos. Recuerdo un día que vino a casa junto a otras amistades, en esa dicha sencilla que nos provoca la fiesta. Abrazados en un momento, cantábamos felices una canción de samba de raíz. Ahora que la vuelvo a recordar, siento que refleja mucho de la dureza de la vida de los/as de abajo, pero que al mismo tiempo persiste y nos provoca alegría: Samba, agoniza mas não morre, alguém sempre te socorre”. Como ahora, que he sufrido escribiendo este escrito, pero que la tristeza y los recuerdos me han conectado con lo más profundo del sentir estar vivo. Gracias por la pasión por la vida Carlos.

Material suplementario
Notas
Notas
BIBLIOGRAFÍA CRUZ, V.; OLIVEIRA, D. (2017). Geografia e Giro descolonial: experiências, ideias e horizontes de renovação do pensamento crítico. Letra capital, Rio de Janeiro.

ESCOBAR, A. (2014). Sentipensar con la Tierra: Nuevas lecturas sobre desarrollo, territorio y diferencia. Ediciones UNAULA, Popayán.

GUTIERREZ, Raquel. (2017). Horizontes comunitario-populares: Producción de lo común más allá de las políticas estado-céntricas. Traficantes de sueños, Madrid.

HARAWAY, D. (2019). Seguir con el problema. Generar parentesco en el chthuluceno. Consonni, Bilbao.

HARVEY, D. (2018). Justicia, naturaleza y la geografía de la diferencia. Traficantes de sueños, Madrid.

LEMTO (2016) Memória do IV Encontro pela terra-território, Guapiaçu, 2016. Laboratório de Estudos de Movimento Sociais e Territorialidades, Universidade Federal Fluminense, Brasil.

PANEZ, A. (2022). El Río recuperando su cauce: Despojos y resistencias en los conflictos por agua-tierra-territorio bajo el neoliberalismo en Chile. EDUEPB, Campina Grande.

PORTO-GONÇALVES, C. W. (2002). "Da Geografía ás geografías. Um mundo em busca de novas territorialidades". En: La guerra infinita: hegemonía y terror mundial. A. Ceceña y E. Sader (comps.) pp. 217-256. CLACSO: Buenos Aires.

PORTO-GONÇALVES, C. W. (2020). Água enquanto disputa epistêmica e Política para Além dos três estados da água. En: La lucha por los comunes y las alternativas al desarrollo frente al extractivismo: Miradas desde las ecología(s) política(s) latinoamericanas. Denisse Roca-Servat. Jenni Perdomo-Sánchez (coords.). CLACSO, Buenos Aires.

PORTO-GONÇALVES, C. W. (2021). De utopias e de topoi: espaço e poder em questão (perspectivas desde algumas experiências de lutas sociais na américa latina/abya yala). En: Conflictos territoriales y territorialidades en disputa: re-existencias y -horizontes societales frente al capital en América Latina (p. 17-70). : López, P. y Betancourt, M. (coords.). CLACSO, Buenos Aires.

PORTO-GONÇALVES, C. W. y BRITTO, S. (2019). Os pivôs da discórdia e a digna raiva: uma análise dos conflitos por terra, água e território em Correntina – BA. Comissão Pastoral da Terra, Goiânia.

PORTO-GONÇALVES, C. W. y PANEZ, A. (2020). Chile: A Impugnação do Princípio Potosí e os Desafios do Processo Instituinte. Repositorio del Instituto de Estudos Latino-Americanos (IELA) https://repositorio.ufsc.br/handle/123456789/217046

PORTO-GONÇALVES, C.W. (1978). “A Geografia está em Crise. Viva a Geografia!”. Boletim Paulista de Geografia, No.55, 5-29.

SWYNGEDOUW, E. (2004). Social Power and the Urbanization of Water. Flows of Power. Geographical and Environmental Studies Series, Oxford.

TSING, A. (2021). La seta del fin del mundo. Sobre la posibilidad de vida en las ruinas capitalistas. Capitán Swing, Madrid.

ZAVALETA, R. (2021). Horizontes de visibilidad. Aportes latinoamericanos marxistas. Traficantes De Sueños, Madrid.

Notas [1] Uno de los homenajes más completos es el dossier “GEOGRAFANDO E RE-EXISTINDO: UM TRIBUTO A CARLOS WALTER PORTO-GONÇALVES” publicado por la revista Geographia de la Universidad Federal Fluminense de Brasil donde Carlos participó como profesor por muchos años: https://periodicos.uff.br/geographia/issue/view/3040
Buscar:
Contexto
Descargar
Todas
Imágenes
Visor de artículos científicos generados a partir de XML-JATS por Redalyc