Artículos
Entre otros territorios. De lo territorial a lo inter-territorial
Between other territories. From territories to inter-territories
Entre otros territorios. De lo territorial a lo inter-territorial
Utopía y Praxis Latinoamericana, vol. 29, núm. 107, e13879630, 2024
Universidad del Zulia

Recepción: 01 Agosto 2024
Aprobación: 28 Agosto 2024
Resumen: En el modelo civilizatorio occidental dominante, “desarrollo”, “lenguaje” y “pensamiento crítico” constituyen la trama de sentido común de un metabolismo energético lineal, vertiginoso, de un extractivismo creciente y acumulativo, antrópico, que opera bajo una lógica absoluta y autoperformativa, en el régimen biopolítico de una crisis agónicamente infinita. Frente a ello, Carlos Walter Porto- Gonçalves, partiendo de la Geografía y de la mano de las luchas sociales y comunitarias, se ha desplazado a los otros territorios habitados en la convivencia humana-no-humana. En la fuerza de ese impulso, deslizo el sentipensar de lo territorial a lo inter-territorial.
Palabras clave: Modelo civilizatorio occidental, Pensamiento crítico, Semiopraxis Desconquistual inter-territorial.
Abstract: In the dominant Western civilizational model, “development”, “language” and “critical thinking” constitute the commonsense plot of a linear, dizzying, and anthropic energy metabolism; in a growing and cumulative extractivism; working by inertia of an absolute and self-performative logic; under the biopolitical regime of an infinite agonizing “crisis”. Faced with this, Carlos Walter Porto-Gonçalves, starting from Geography and hand in hand with social movements and community struggles, defending their way of life, has moved to their other territories inhabited in human-non-human coexistence. In the push of that impulse, here I slip from territorial to inter-territorial senses.
Keywords: Western civilizational model, Critical thinking, Inter-territorial deconquest semiopraxis.
A Carlos Walter Porto Gonçalves
Ahora que viajas errante deshaciendo tu nombre
en los territorios que desobran en el hacer de la tierra…
Carlos Walter Porto- Gonçalves, geógrafo “de origen”, trabajó el “territorio” con sentido crítico, desplazando el concepto central de la Geografía hacia la “re-existencia” comunitaria de territorios otros (Mansilla 2024: 38). En su homenaje, retomo el impulso de ese desplazamiento yendo de lo territorial a lo inter-territorial.
LA NATURALIZACIÓN DEL DESARROLLO Y SU TERRITORIO
En nuestra vida urbana moderna, insensiblemente nos movemos en un régimen de consumo de energía habitual que nos sostiene, en el que se invierte buena parte de la investigación e innovación tecnológica que se ocupa en obtenerlo de manera continua y eficiente, y que, en el cotidiano trato con los objetos, olvidamos. Así también parece desoír esta oscura economía de producción el metabolismo del que se alimenta el pensamiento crítico. Y sin embargo, no pareciera sino ese el motor que, en los términos del modelo civilizatorio que critica, da vigor, también, a la sutil mecánica de ese pensamiento y sus aparatos, protocolos e instituciones.
De este modo, el pensamiento crítico resulta incluido, sin poder desprenderse -no en las ideas, sino en el sostenimiento de su praxis- del injusto estado de desigualdad social mundial y de maltrato ambiental, que son puestos a la vigilia de la conciencia, pero ignorados en el “modo de vida” en que ancla su enunciación.
Carlos Walter discierne con agudeza cómo el “orden ecológico global” estructura y atraviesa la distribución asimétrica y complementaria de residuos y productos:
“A desordem ecológica global está, na verdade, associada ao processo que des-locou completamente a relação entre lugar de extração, de transformação e produção da matéria e o lugar de consumo com a revolução (nas relações sociais e de poder por meio da tecnologia) industrial. … Os rejeitos foram deixados nos locais onde as pessoas valem menos -nunca é demais lembrar o racismo subjacente ao sistema-mundo moderno-colonial- e os produtos foram e são levados limpos para os lugares e para pessoas que podem gozar os proveitos, qualidade de vida essa que quase sempre os que dela desfrutam não incluem os custos dos rejeitos, enfim, ignora a injustiça ambiental em que se ancora seu modo de vida. (Porto- Gonçalves 2020: 160, mi subrayado)”
En ese “modo de vida”, sea en las ciudades más próximas o más lejanas a los “desechos”, encuentra las condiciones e instituciones que lo hacen metabólicamente posible el pensamiento crítico académico-científico.
Algo semejante a lo que sucede con el pensamiento crítico y el desarrollo nos pasa con “el lenguaje”, que es el elemento simbólico del pensamiento crítico moderno, su medium de enunciación. Como señala David Hauck en un artículo reciente, en el sentido común científico, académico y político se dan por sentado
“(…) ideias como a de que a linguagem existiria como uma entidade autônoma, a ser mantida em uma forma pura para garantir comunicação clara, ou a de que cada nação teria uma língua que melhor expressaria sua cultura e personalidade. (Hauck 2023: 44, mis subrayados).”
De este modo,
“(…) a constituição da linguagem como reino autônomo, que era parte integrante da separação entre natureza e sociedade na modernidade … teve [e ainda tem] um impacto duradouro tanto no senso comum ocidental, quanto nas abordagens acadêmicas da linguagem. (Hauck 2023: 56, mi corchete)”
“Desarrollo”, “lenguaje” y “pensamiento crítico” tienen, por tanto, algo en común: su común ignorancia. El “desarrollo” desconoce la ecuación destructiva de su aceleración incremental hasta grados exponenciales; el “lenguaje” olvida que no es un sistema lógico absoluto, antrópicamente separado; y el “pensamiento crítico” ilusiona sus fuerzas transformadoras en medio del metabolismo civilizatorio que lo rige, lo alimenta y que impone en su reproducción.
Este entramado de tres “hilos” interviene violenta e imperceptiblemente a la vez, implantando su marca e imprimiendo su sello en la organización y diferenciación social, en la digestión natural y en la ley que gobierna el mundo. Como constata Hauck:
“(…) uma política de desigualdade foi consagrada na própria concepção do que é a linguagem, através dos processos gêmeos de purificação ideológica da linguagem – pelo qual a linguagem foi concebida como um meio representacional autônomo, separado de seus laços (indexicais) com a natureza e a sociedade – e hibridização indexical – pelo qual a linguagem passou a representar [por força e deslizamento de tradução] os modos de falar de determinadas elites intelectuais (brancas, masculinas) e tradições culturais e nacionais. Até hoje, tal compreensão da linguagem funciona como o “referente silencioso” (Chakrabarty, 2000, p. 28), o ponto de referência a partir do qual todas as práticas linguísticas são avaliadas (…) (Hauck 2023: 44, mis corchete y subrayados) “
Esta construcción de poder que combina pureza comunicativa y estilo elitista habita “silenciosamente” el pensamiento crítico con la “naturalidad” del sentido común, constituyendo el “curriculum oculto” que opera en la pedagogía mundial e individual del desarrollo en sus diversas esferas: económica, tecnológica, estética, cognitiva, civilizatoria. Y el pensamiento crítico no ha podido con ella.
SEMIOPRAXIS TERRITORIAL DESCONQUISTUAL DE COMUNIDADES TERRITORIALES EN HOSPITALIDAD EXCESIVA
Pero la crítica no es sólo -pero sobre todo no lo es en primer lugar ni en su diferencia “territorial”- epistémica ni política. No es, en el volumen, densidad y dimensión de la alteración en el saber-hacer, la disputa (de poder) con Occidente, expresada en el campo de sus categorías para pensarnos. Porque la crítica crucial, en la instancia de la crisis del modelo civilizatorio dominante en que nos encontramos, es la revolución del habitar, la alteración de las maneras de estar-en-territorio, en la relación constitutiva ancestral humananohumana. Y esto requiere la sobrevivencia a aquella episteme y a aquella política en que se captura la crítica en su sentido “moderno” dentro de los términos del modelo civilizatorio occidental.
La sobrevivencia fue un exceso ya desde un “principio” en la relación: aquello que ya estaba de entrada en el encuentro colonial y que le pasó por detrás para seguir adelante y ahora vuelve. El desarrollo del capitalismo ha tenido como telón de fondo ese exceso relacional sobre el que la conquistualidad (Segato 2023; Añón 2023; Grosso 2023a; 2023b) ha hecho su obra de despojo, absorción y destrucción. La sobrevivencia siempre va adelante. Es praxis crítica de hospitalidad excesiva (Grosso 2012a; 2014a; 2022; 2024a) en/desde otro territorio que el impuesto: recibe desviadamente en su burla, su inaparente acatamiento, su dar paso, en silencioso mascullar con los viejos seres territoriales, con un gesto de “ignoración” -esquive que hace caer la pomposa novedad adviniente en el saco hueco del desentenderse de ella, un paradójico “poder de ignorar” (Londoño 2009; Grosso 2011a; 2011b)- y fuerza de ausencia -inversión no-dialéctica de la negación por fuera de la lógica y en fagocitación comunitaria territorial, un pliegue enrevesado de “r-existencia” (Grosso 2008; 2010; 2012b; 2016a; 2016b; Kusch 1986)-, en resistencia oblicua, no especular.
Lo crítico no-moderno es ese habitar territorial que no se dice en el “espacio y tiempo” del Territorio dominante y de la Historia, sino un hacer -en la quichua- “pacha” (Grosso 2020) “espacio-tiempo mundo” en el sentido curvo del movimiento que revuelve en el ancestral saber de las eras.
No es la disputa a ver quién gana en el enfrentamiento y la guerra, sino la sobrevivencia (incluso, y sobre todo, a la disputa de poder) librando “suerte” y no desgracia, a la intemperie y sin garantías, en un nos-otros humanonohumano, siempre inter-territorial; sobrevivencia en hospitalidad excesiva. Un afuera de “r-existencia” respecto de todas las luchas por los derechos territoriales. Justicia del nos-otros sin (y fuera de todo) Derecho. Las comunidades territoriales no quedan presas ni son rehenes de los reclamos y resistencias que las mimetizan en los términos del Estado-Nación y su modelo civilizatorio (Grosso 2024b; 2024c). Ellas alteran no sólo el Derecho, sino la “forma política” (Grosso 2024d).
Esa sobrevivencia es desconquistual. Vieja matriz inter-territorial, de la cual -podría decirse-, la “conquista inversa” del zapatismo, en la que la inversión disuelve la Conquista y toda conquista, es una metamorfosis reversible, dada vuelta como un guante en su r-existencia crítica. La sobrevivencia desconquistual afecta la alteración del Territorio impuesto y no se libra en los recovecos y laberintos de la subjetividad “colonial”, en aquel mismo Territorio en que esta resiste, encapsulada y naturalizada en la antropología epistémica racional/emotiva, ideal/sensible, metafísica (Grosso 2024e; 2024f).La crítica “decolonial” queda presa del antropismo conquistual que la anima en su episteme como campo de confrontación de discursos humanos graficados comparativamente en la pantalla objetiva que disputan el dominio territorial en la guerra por su apropiación patriarcal. Es el mapa epistemológico de la “ontología” -expandido, dando lugar a “ontologías otras”, “ontologías relacionales”, campo de la “ontología política”-, Territorio del discurso-Lógos que dice-el-Ser -incluso el ser de los “otros” (Grosso 2023c). La pretensión epistémica de “decir” permanece y se sobrepone al mero estar nomás en comunidad inter-territorial del vivirmorir, en el nos-otros donde humanosnohumanos habitan buscando suerte en medio de peligros y gestionan la sobrevivencia.
Esta sobrevivencia desconquistual constituye una praxis crítica no ilustrada, por fuera del pensamiento crítico moderno; desconquistual, porque remueve el Territorio impuesto, no sólo en la “geografía” y la “geopolítica”, sino en la trama del discurso epistémico-ético-político.
No es, en todo caso, la disputa de poder en la lógica agónica de la episteme dominante, que sigue operando -a pesar de los esfuerzos y deslindes críticos- en la interpretación que Martin Savransky hace del “giro ontológico en el pensamiento decolonial” como “pensar con (no sobre) la diferencia”. “Pensar” sigue teniendo una consistencia epistemológica: no salta a una semiopraxis territorial desconquistual que abre otros elementos del pensar fuera del Territorio establecido y naturalizado como único (Grosso 2023a). He aquí los énfasis de Savransky en ese “pensar con la diferencia”:
“(…) su tarea no es ya la de poner las realidades no-europeas y el pensamiento cultivado en y desde ellas bajo la prueba del pensamiento moderno occidental. Ni es aquella de intentar elevar el campo de juego planteando todos los conceptos en cuanto representaciones, forzando así a los otros a participar en el juego moderno de la epistemología. En cambio, ese proyecto decolonial especulativo busca poner al pensamiento moderno occidental bajo la prueba de las realidades no-modernas no-occidentales y tener la experiencia de la transformación de nuestra imaginación occidental por las diferencias radicales decolonizadoras que otras realidades, otros conceptos y otras verdades operan” (Savransky 2017: 19, énfasis en el original).[1]”
El centramiento se espectraliza y no ceja ni se abandona. La disputa se mantiene y se renueva de “un lado” a “otro”, es decir, en sus dos “lados” “bajo la prueba”: dos lados del mismo territorio de confrontación. “Realidades no-modernas no-occidentales” parecen no poder medirse con el “pensamiento moderno occidental” sino como “ontologías” que hacen su efecto una en otra. Si bien se les quita a las “realidades y pensamiento” de ambos “lados” la evanescencia ideal de las “representaciones” -su idealismo metafísico-, ahora se las enraíza en cuanto “ontologías”, sin que se pierda la referencia del Lógos al Ser en la pregnante, recelosa y obcecada tradición metafísica de Occidente, Gran Boca Hermenéutica que todo lo traduce y devora.
No es ya el “juego moderno de la epistemología”, pero es el tal vez más viejo, hondo y radical juego metafísico de la ontología.
Para salir de la disputa de poder a la sobrevivencia desconquistual, o estar ya fuera de ella, hay un salto de consistencia territorial que saca los pies de la trama de poder “desarrollo-lenguaje-pensamiento crítico” del Territorio impuesto -en el que el lenguaje, antrópica y lógicamente aislado, se volvió su elemento, digiriendo metabólicamente las fuerzas energéticas en un extractivismo (doblemente: tecnológico y lingüístico) naturalizado y generalizado.
Tal vez, entonces, y fuera del Lógos, sea mejor, en vez de volver a preguntar una vez más “¿qué es lenguaje?” en esta otra crítica desconquistual -es decir, la pregunta por su onto-logía, el ser-de-ese-lógos, que necesariamente re-flexiona tardíamente, vuelve sobre él, atravesando su objetivación-… en lugar de preguntar, digo, sentirqué hace-lengua en ella, su semiopraxis. El afuera del Lógos es la semiopraxis. No volver a una pregunta conceptual, la “propia” de la disputa en el Territorio patriarcalmente apropiado, la “propia” del territorio ontológico de disputa; no preguntar ya por un conocimiento en-sí, idea(liza)do. Ya nunca “es”: siente, está, hace entre-otros humanosnohumanos; sentipiensa, corazona, sentihace entre afectos.
El lenguaje actual del “desarrollo” se expresa en el “pensamiento crítico” como “transición” -las transiciones energéticas, etc. En la encrucijada entre transición en el (mismo) desarrollo o adelantar la sobrevivencia, tenemos delante las alternativas de permanecer en la crisis del modelo civilizatorio o saltar a su crítica. Saltar a su crítica es la revolución del habitar: una crítica desconquistual que afecta lo territorial más acá de los laberintos (inter)subjetivos. Sale afuera -valga la redundancia; pero hace falta la insistencia, salir una y otra vez- de la fenomenología.
¿TRANSICIÓN O SOBREVIVENCIA?
¿Transición dentro del mismo desarrollo, o sobrevivencia afuera? La “transición” energética, histórica, civilizatoria, busca la continuidad en el mismo aceleramiento exponencial del proyecto civilizatorio de transformación, sin menguar -sino lo contrario- en velocidad y eficiencia en la producción de efectos propuestos y previstos; continuidad del desarrollo es expansión conquistual ilimitada y acumulación hiperbólica de capital. El “decrecimiento”, o es un mal chiste o un desvaído eufemismo. Una transición para el mismo desarrollo es, en sus economías y cuidados, en sus cambios en la elevación de la calidad de vida y la eficacia distributiva de las instituciones y en sus modificaciones vectoriales en el rendimiento de la manera de habitar, ilusoria y cínica. Sus políticas enfatizan y vuelven inevitable, destinal y resiliente la creciente destrucción, cuya percepción es vertiginosamente sustituida por la innovación tecnológica.
Consideremos el agua en su relacionalidad de comunidad territorial bajo el nombre de río. La biopolítica del río, en aquella formación epistémica de la “transición”, reconstruye y mecaniza, desde una perspectiva ingenieril, las fuerzas generadoras que allí intervienen, disponiendo de ellas para una mayor sustentabilidad y producción, y desecha los costos y sacrificios lógicamente naturalizados, es decir, justificados por la ecuación lógica en la idealidad absoluta: hacer vivir y dejar morir al río son decisiones tecnocráticamente determinadas, sea de forma secreta, experta, empresarial o participativa.
En cambio, adelantar la sobrevivencia al cataclismo ambiental y la destrucción civilizatoria es entrar/volver/seguir en comunidad territorial con el río, dejar que las aguas nos toquen, dejarnos afectar por las generaciones del vivirmorir que allí se entretejen, dejarnos aprender por sus ciclos y comportamientos. Su navegabilidad; calidad de sus aguas; técnicas de riego; ritmo de crecientes, desbordes y esteros con humidificación y carbonificación de la tierra, vaporización y régimen de lluvias, y fluencia de napas subterráneas; la erosión de cauce, del suelo impregnado y del material pétreo; las narrativas geológicas; la biodiversidad; y la intensificación de paisaje, hacen a la relación territorial y a las metamorfosis inter-territoriales en que deviene el río. Adelantar la sobrevivencia es volver a lo ancestral en el espesor hospitalario que no cesa en su abertura participativa y compositiva. Es la r-existencia del río en comunidad territorial.[2]
La crítica desconquistual abre comunidad territorial fuera. Revuelve territorios sometidos, tapados, sepultados, olvidados. Camino de sobrevivencia que va “en el hacer-de-la-tierra”, dijera José Ángel Quintero Weir en sentido de lengua añúu.
NARRAR TERRITORIAL. EL SABER ERRAR DEL AGUA
El hacer-de-la-tierradesobra territorios en semiopraxis de comunidades humananohumanas. Narra en el sentido del movimiento del espacio-tiempo curvo, errante en espiral (Grosso 2024f). Narra: sabe-errar -del latino en devenir “gnarus-errare”, “(g)naru(s-er)rare”, “nar(u)rare”, “narrare”. Un saber-errar indica una fuerza de sentido entre señas y afectos, sin libreto, sin fin predeterminado, sin teleología, y sin comienzo “propio”, sin origen: siempre entre-otros, siempre inter-territoria. ¿Qué saber es ese de las semiopraxis de comunidades territoriales?
Entre los territoriales del vivirmorir, tanto milenaria como actualmente, el agua es primer llegada a todo encuentro de saberes (Grosso y Guerrero 2024). El agua: agua-río, agua-nube, agua-lluvia, agua-napa, agua-manantial, agua-mar, agua-sangre, agua-savia, agua-hielo, en sus tránsitos entre los “cuatro estados” -como dijera, ya lo escucharemos, Carlos Walter-… por su escurrirse y su fluir siempre hace inter-territoria. Otra vez: así, en comunidad territorial, el agua hace nube, hace lluvia, hace manantial, hace hilo de agua, hace arroyo y hace río, de superficie y subterráneo, hace laguna, hace lago, hace mar, siempre entre-otros, y hace savia, hace plasma, hace sangre, hace pigmentos y abonos… Por eso y por allí, Carlos Walter se extiende a un “cuarto estado del agua”, al que ella llega en su constitutiva comunidad humananohumana. El cuarto estado del agua: la vida. Además de los estados líquido, gaseoso y sólido, él invita a:
“(...) se considerar a vida como um outro estado da água e de tomar a sociedade com todas as suas contradições como parte do ciclo da agua. (Porto- Gonçalves 2020: 155)”
Agua-vida-sociedad. Ya no es lo “social” antrópicamente separado (como lo fuera “el lenguaje” en el modelo civilizatorio occidental dominante). Agua es siempre territorio:
“(…) água não pode ser tratada de modo isolado, como a racionalidade instrumental predominante em nossa comunidade científica vem tratando, como se fosse um problema de especialistas. A água tem que ser pensada como território, isto é, como inscrição da sociedade na natureza com todas as suas contradições implicadas no processo de apropriação da natureza pelos homens e mulheres por meio das relações sociais e de poder. (160)”
Si bien no dejan de estar, tanto la apropiación patriarcal del territorio, la imposición violenta de un Territorio único y soberano, como las relaciones de poder y dominación “social” entre los humanos, en la primaria relación con el agua, fundamental para la vida, el “cuarto estado del agua” encuentra el florecimiento de la comunidad territorial en su narrar, en su sabia errancia, en el hacer-de-la-tierra, y no en la “puesta en Naturaleza”, su objetivación e instrumentalización por el modelo civilizatorio que la considera no-viva, una mera cosa. La apropiación patriarcal del agua en el Territorio Único no puede atrapar el “cuarto estado del agua”. Ni atajarla definitivamente.
El agua, entre-otros, en comunidad territorial, hace territorios: territorios abiertos, territorios comunicados, territorios incompletos: inter-territorias, juntanzas (Grosso 2024c). Así, no es una cuestión de “mentalidad humana” o “cultura” -con su énfasis antrópico, vuelto sobre lo humano- lo constitutivo territorial siempre inter-territorial, sino que, en la comunidad humananohumana, los diversos elementos y fuerzas territoriales, como el agua, hacen inter-territorias en su donarse en afecto e interacción.[3]
Con un sentir injustificado habrán notado que digo: “inter-territorias”, al dejar llegar así esa maternación en/de la que venimos todos. La llamada “cuestión de género”, que ha dado lugar a tantas luchas, en su primaria dimensión territorial, nos lleva a un aprendizaje en que el nacer de cuerpo de mujer se cruza con el maternar inter-territorial como crítica de todo patriarcado, excediendo los límites del Territorio dominante, del modelo civilizatorio que lo impone y de las limitaciones antrópicas, históricas, sociales, que quedan a mitad de camino.
LA MADRE DEL BORREGO: INTER-TERRITORIAS
En conjunto con el agua, universa, más que territorios yuxtapuestos, unidades territoriales, hace inter-territorias. Su semiopraxis es una histopraxis en inmenso telar de tejidos que conectan, comunican, relacionan, imbrican, participan, componen, siempre abriendo diversidad, proliferando otros-más-otros, siempre más de Uno.
En maternaciones territoriales encontramos “la madre del borrego”[4] (valga ese otro parir humanonohumano) y aprendemos de ella.
El salto ya fuera del Territorio impuesto pone los pies-afectos de las comunidades territoriales en inter-territorias fractales del encuentro. Los límites fracasan entre los tejidos. Las comunidades territoriales tejen histopraxis.
Sentir-hacer-pensar humanonohumano teje sentidos en los cuerpos-de-lengua de los afectos. Este estar sensible no se inscribe en el trillado y empobrecido “sensible” en cuanto lo siempre subalterno a la idealidad del sentido en la metafísica, lo “sensible” de la universalizada -por vía de occidentalización- Antropología de la Metafísica; sino, fuera de la pareja epistémica sensible/inteligible, un sensible suelto, errante sentido que toca y afecta haciendo comunidad, dando señas, tentando suerte cada vez. Este estar sensible entre afectos territoriales trae un ethos, no ya en la “ética” antrópica, de exclusividad Humana, circunscripta a la comunidad humana, sino un ethos de hospitalidad excesiva en las inter-territorias humanasnohumanas.
Inter-territorias nos abre al reconocimiento y fortalecimiento de una “política” sin pólis y una propuesta “civilizatoria” sin civitas. Lo cual, con burla, también señala a la vez una no-política no-civilizatoria. El problema es la Economía Política, no tan sólo el Capital a ser sustituido por otro modo de producción: de este modo Carlos Walter interpretaba que Marx hubiese subtitulado El Capital “Contribución a la crítica de la economía política”, insistiendo con énfasis en que la cuestión no era ni es el Capital, sino el lugar determinante obtenido por, y dado a, la economía política:
“(…) a luta para superar o capitalismo não é uma luta para, simplesmente, instaurar um outro modo de produção como se fosse a produção que devesse comandar todo processo de instituição social. (Haesbaert 2024: 134)[5]”
Inter-territorias, en las que, ancestralmente desde antiguo y adelantando la sobrevivencia al modelo civilizatorio dominante, nuestras comunidades territoriales originarias, negras, cholas y mestizas, campesinas, se encuentran, no en el rol antrópico protagónico, sino en el hacer-de-la-tierra.
San Fernando del Valle de Catamarca, julio de 2024.
Notas
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GROSSO, J. (2012b). “Añoranza y revolución. Lo indio, lo negro y lo cholo en lo ‘santiagueño’ en el Norte Argentino”. en J.L. Grosso. “No se sabe con qué pie / se desmarcará otra vez”. Discurso de los cuerpos y semiopraxis popular-intercultural. Córdoba & Catamarca: Encuentro Grupo Editor – Doctorado en Ciencias Humanas, Facultad de Humanidades, Universidad Nacional de Catamarca.
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[2] “R-existencia”, en la primera expresión de Carlos Walter (que siento con más fuerza de sentidos implicados), y que luego devino también “re-existencia”. Más que una lucha que se origina y agota en la resistencia a la expansión colonial del capital, dentro de ella, r-existencia nombra una afirmación creativa de las formas de existencia y maneras de habitar comunitarias que la sobreviven y exceden en la “geograficidad (territorial) de los movimientos sociales” (Hurtado y Porto-Gonçalves 2022: 2 y 6). Al insistir con el paréntesis en lo territorial enfatizo lo que ya estaba en el sentipensar de Carlos Walter: que, más acá de la relacionalidad sociológica que marca la disputa por el lugar, la posición y el movimiento en la complementación entre “resistencia” y “re-existencia”, lo que está en juego no es sólo el reconocimiento y afirmación de grupos humanos, sino de comunidades territoriales humanasnohumanas ligadas y sostenidas en afectos, vínculos de pertenencia que emergen en su diferencia con sentido ancestral. No sólo se trata del juego o dialéctica entre “apropiaciones” y “reapropiaciones” territoriales (lo cual queda en disputas patriarcales), sino de otros sentidos territoriales, siempre inter-territoriales (más que “sociales”). Es lo que se sostiene en afectos de pertenencia y don en lo “humanonohumano”.
[3] Así interpreto, no sólo en el entendimiento intelectual “ontológico” del otro, esta -como apenas una más entre otras- apreciación enunciada desde comunidades territoriales diversas -que, sin embargo, suelen interpretarse y escucharse, inmediata y reductivamente, como modulaciones “culturales”, antropomorfizadas-: “Para los mapuche, el trawumen {que suele traducirse como “frontera”) es un espacio de unión y alianza entre diferentes territorios que se ensamblan y generan re-escalamientos territoriales” (Mansilla Quiñones 2024: 39).
[4] Una extendida expresión popular campesina dice, celebrando el hallazgo de aquello que se desconocía y parecía esconderse: “¡Ahí está la madre del borrego!”
[5] Rogério Haesbaert cita a Carlos Walter en el memorial que este presentara para el concurso como profesor titular en la Universidade Federal Fluminense de Rio de Janeiro en 2017 y que titulara: Uma Geobiografía teórico-política: em busca de uma teoria social crítica a partir da Geografia, inédito.