Ensayos
Trump y la desglobalizacion de los Estados Unidos y América Latina
Trump and the Deglobalization of the United States and Latin America
Trump y la desglobalizacion de los Estados Unidos y América Latina
Utopía y Praxis Latinoamericana, vol. 30, núm. 108, e14625117, 2025
Universidad del Zulia

Recepción: 02 Noviembre 2024
Aprobación: 12 Diciembre 2024
Resumen: El presente ensayo tiene como objetivo examinar la reconfiguración de las derechas e izquierdas en el continente americano. Se teoriza el inicio de la batalla política y cultural entre los proyectos de las elites políticas libertarias (extrema derecha) y los proyectos políticos del espectro zurdo en la región (progresistas, neo/nacionalistas revolucionarios, socialistas y marxistas), fruto del fracaso de la globalización neoliberal cuyas raíces se encuentran en el legado político de Margaret Thatcher y de Ronald Reagan y las propuestas ideológicas de Von Hayek. En este sentido, se asume que la elección presidencial de Donald Trump, Javier Milei, Nayib Bukele y Jair Bolsonaro (desde la ultraderecha), y de Claudia Sheinbaum, Ignacio Lula Da Silva, Gustavo Preto y Yamandú Orsi (desde la izquierda), son piezas fundamentales en el probable conflicto político por venir, cuando Trump acceda a la presidencia de los EE. UU. Metodología empleada: El análisis documental de fuentes científicas y de opinión pública. Corte de tiempo: 2016 – 2024, debido a que Trump asume su primer mandato presidencial el 2016 y es reelegido el 2024.
Palabras clave: desglobalización, derechas, izquierdas, Estados Unidos, América Latina.
Abstract: The objective of this essay is to examine the reconfiguration of the right and left in the American continent. The beginning of the political and cultural battle between the projects of the libertarian political elites (extreme right) and the political projects of the left-wing spectrum in the region (progressives, neo/revolutionary nationalists, socialists and Marxists) is theorized, as a result of the failure of the neoliberal globalization whose roots are found in the political legacy of Margaret Thatcher and Ronald Reagan and the proposals of Von Hayek. In this sense, it is assumed that the presidential election of Donald Trump, Javier Milei, Nayib Bukele and Jair Bolsonar (from the extreme right), and Claudia Sheinbaum, Ignacio Lula Da Silva, Gustavo Preto and Yamandú Orsi (from the left), are fundamental pieces in the probable political conflict to come, when Trump becomes president of the United States. Methodology used: Documentary analysis of scientific and public opinion sources. Time cut: 2016 – 2024, because Trump assumes his first presidential term in 2016 and is re-elected in 2024.
Keywords: deglobalization, right, left, United States, Latin America.
INTRODUCCIÓN
El punto focal de este ensayo se ubica en describir y explicar las consecuencias humanas y políticas en la reconfiguración radical contemporánea de los proyectos políticos de derechas e izquierdas en los Estados en América en el contexto de la desglobalización. Desde esta perspectiva, se teoriza que las transformaciones radicales experimentadas en el mainstream de la política en América son producto de dos procesos íntimamente relacionados: La desglobalización y el fracaso político del neoliberalismo, desde estos dos desarrollos se han tejido dos narrativas políticas: 1. Las propuestas políticas libertarias nacionalistas de corte postneoliberal en la región y; 2. Las propuestas nacionalistas basadas en la justicia social. En el primer grupo tenemos a países como Estados Unidos, Argentina, Perú y El Salvador, mientras que en la segunda muestra están México, Uruguay, Chile, Colombia, Brasil y Bolivia. La hipótesis de trabajo de esta investigación propone que estos procesos políticos se derivan del impacto de la desglobalización económica de corte mercado céntrica, vigente desde hace 51 años (1973), y que también fungió como un proceso político diferenciador (Luque, 2016).
Desde este ángulo se hace imprescindible reflexionar críticamente las siguientes categorías y su desarrollo y perfilamiento dentro de la globalización o de las globalizaciones que se dieron aproximadamente desde hace cincuenta años atrás, me refiero a las siguientes conceptualizaciones: Estado-nación y los procesos de globalización/desglobalización en la región. El dispositivo critico epistemológico/conceptual será el postnacionalismo/transnacionalismo metodológico, dualidad con la que buscamos superar al nacionalismo metodológico de la primera modernidad política occidental burguesa patriarcal y que consideramos es más útil para examinar y analizar el objeto de reflexión del presente ensayo.
Desde está articulación lógica, si examinamos históricamente al Estado-nación cómo una de las instituciones políticas preeminentes de la primera modernidad política (me refiero a la modernidad que se cristalizó con las revoluciones liberal-burguesas de Inglaterra en 1648 (Braicovich, 2006); Estados Unidos en 1776 (Henry, 2016); y Francia en 1789 (Sánchez, 2005), estaremos de acuerdo en sostener que su papel central, fue el de constituirse en el crisol y la fragua de la ciudadanía, del régimen político (democracia), y del mercado por eso el Estado-nación, tuvo un evidente sello de clase, era un Estado burgués y contaba con una doctrina e ideología política que fue el liberalismo, sin duda alguna el capitalismo necesito al Estado-nación burgués pero esta necesidad también fue correspondida, venía de viceversa, así como creció el Estado, creció el capitalismo y dentro de este desarrollo surgió el proletariado y producto de la racionalidad instrumental insaciable del mercado, se hizo necesario regular y domesticar al mercado y así controlar sus crisis derivadas de su inacabable necesidad de acumular y acumular, la herramienta que se construyó para domesticar al mercado fue el Estado de Bienestar y los derechos sociales.
En este devenir histórico, empezó la disputa entre las miradas liberales de la modernidad política, cuya bandera fue la igualdad política y las miradas anarco/marxistas, cuyas banderas incorporaron la idea de la igualdad política, pero con justicia social. En esta interacción histórica surgieron los diversos modelos de Estados de bienestar y la ciudadanía social, los cuales son implementados después de la crisis económica de 1929 y que se expandirán hasta las décadas de los sesentas/setentas del siglo XX, y que serán desalojadas por la revolución neoliberal encabezada por Margaret Thatcher y de Ronald Reagan en lo político y por las propuestas ideológicas de Von Hayek en lo económico (Fair, 2008), en este sentido es muy importante señalar que la revolución neoliberal en sus inicios precedió a la globalización y se constituyó en la fragua de la globalización desde arriba, la de las élites, que se abriría paso con la caída del muro de Berlín en 1988, el fin de la guerra fría, la consecuente caída de la Unión Soviética, la sepultura histórica de los socialismos reales y el desarrollo y expansión de las tecnologías de información (redes sociales dixit), además del incremento histórico de las migraciones internacionales ante el desmoronamiento de diversos Estados nacionales en el mundo (Libia, Afganistán, Irak, Etiopia, Honduras, Guatemala y Haití, por poner algunos ejemplos).
MODERNIZACIÓN, GOLPES DE ESTADO, CIUDADANÍA Y SOCIEDAD CIVIL ANTES DE LA GLOBALIZACIÓN: EL DESPLIEGUE DE LA DEMOCRACIA LIBERAL
Los procesos políticos previos al despliegue de la globalización se caracterizaron por las dinámicas resultantes de la guerra fría y sus consecuencias concretas en diversos casos ocurridos en Centroamérica, el Caribe y Suramérica (podemos señalar que los ejemplos históricos más destacados fueron la revolución cubana encabezada por Fidel Castro y el proceso chileno de la Unidad Popular chilena que terminó con el golpe de Estado de Pinochet financiado por el Departamento de Estado de Los Estados Unidos), y cuya culminación fue la seguidilla de golpes de estado que se dieron entre las décadas de los setentas y setentas de la centuria pasada (Victoriano, 2010), estas acciones políticas violentas fueron usadas por las oligarquías locales en asociación con los gobiernos de turno de los Estados Unidos con el propósito de detener el ascenso de los movimientos populares que fueron encabezados por Getulio Vargas en Brasil, Salvador Allende en Chile y por el Peronismo en la Argentina (entre otros), producto de los procesos modernizadores que cambiaron la composición demográfica de nuestras sociedades y en dónde pasamos además de ser sociedades mayoritariamente rurales a ser mayoritariamente urbanas, el proceso de modernización es definido como:
“(…) industrialización; urbanización; niveles cada vez mayores de alfabetización, educación, salud y movilización social; y estructuras ocupacionales más complejas y diversificadas. La modernización es fruto de la tremenda expansión del conocimiento científico y tecnológico, iniciada en el siglo XVIII, que hizo posible el que los seres humanos controlaran y configuraran su entorno de maneras totalmente desconocidas hasta entonces. (Huntington, 1997: 62)”
La modernización fue acompañado por las políticas cepalianas de la “Industrialización de la Sustitución de Importaciones” (Amézquita-Zárate, 2010), fue en este contexto en dónde se construyeron o se reconstituyeron las élites progresistas que alcanzaron el poder por la vía electoral y que después fueron desalojadas violentamente del mismo mediante golpes de estado, una de las características de estas élites populistas, fue el de proponer la conjunción entre democracia y justicia social, además de conectar al estado, desde practicas reformistas que confundieron el campo popular con la clase media generándose así una sociedad civil asentada en la idea del pueblo y de lo popular (Meschkat, 2000), lo que a su vez implico el surgimiento de los derechos sociales y de los estados de bienestar o al menos en sus versiones populistas progresistas (Medina, 1998), siendo una de sus expresiones más acabadas el primer gobierno de Alan García en el Perú (1985-1990), el cual terminó en un rotundo fracaso económico y político con una inflación anualizada en 1990 del 7500% (Ayelén y Hernán, 2019: 10), si bien el caso del gobierno de Alan García fue paradigmático, otros gobiernos de tendencia progresista de la región durante el período previo a la globalización (1970-1990), también enfrentaron problemas similares al del Perú de los ochentas, el Chile de Allende y la Argentina de Isabel Perón atravesaron por sus respectivas crisis económicas y entonces el malestar y la crisis se hicieron regionales, dando lugar a la década perdida:
“En la década de los 80, las cosas empezaron a cambiar significativamente. América Latina cayó en la crisis de la deuda externa, en el estancamiento, y estaba cada vez más agobiada por los desequilibrios macroeconómicos, mientras que los países del Sureste asiático gozaban de un crecimiento sostenido y cierta estabilidad macroeconómica. (Del Búfalo, 2002: 133)”
La debacle del modelo modernizador cepaliano, junto con la crisis estructural de la propuesta de la Industrialización por Sustitución de Importaciones (ISI), abrieron paso lentamente al Consenso de Washington y a los acuerdos de Bretón Woods, piedras angulares del diseño neoliberal en marcha, las élites progresistas fracasaron rotundamente y la utopía de la justicia social dio paso a las utopías libertarias de la racionalidad instrumental y pusieron al mercado como el gran tótem regulador de lo económico, lo político, lo social y lo cultural, los derechos sociales fueron canibalizados, el muro de Berlín pasó al basurero de la historia, la URSS fue devorada por el Glasnost de Gorbachov y el Estado termino transformado en el perro faldero guardián de las nuevas elites neoliberales y entre el polvo de lo nuevo se dieron las transiciones hacia las democracias liberales, la receta final fue sencilla: Igualdad política y naturalización de las desigualdades sociales y económicas. Los temores de Marshall y Bottomore (2023), se cumplieron. Pasamos de la década perdida a la globalización neoliberal y a la hegemonía cultural del capitalismo, el Che Guevara se convirtió en un símbolo anacrónico de un sueño socialista oxidado y la Cuba revolucionaria de Fidel Castro pasó de ser una esperanza a transformarse en un museo de autoritarismo estalinista caribeño y promotor de la migración política de miles de cubanas y cubanos que tuvieron que partir al exilio como lo hacen hoy en día millares de venezolanos hoy en día.
La globalización se transformó en la década de los noventas en el espacio de despliegue de las democracias liberales, en está andanada de transformaciones el Estado-nación perdió su capacidad integradora la cual fue reemplazada nuevamente por políticos populistas pero neoliberales, Carlos Salinas de Gortari en México, Saúl Menem en la Argentina, Collor de Mello en Brasil, Fujimori en el Perú fueron exponentes de esta camada política que desarrolló las ideas del emprendurismo libre mercadista que culminó con las privatizaciones de los activos económicos de los Estados y el nacimiento de la anti política, si queremos rastrear una parte del estilo anti político de hacer política de Donald Trump, lo podemos encontrar en los políticos antes señalados. Se inauguró así un período en dónde, siguiendo a Marx: “Todo lo sólido se disolvió en el aire”.
La modernidad puede ser definida como el pasó de lo tradicional a lo nuevo y del predominio de la razón y de la racionalidad sobre lo sagrado. Marx y Weber se dedicaron –por distintas vías- a examinar el capitalismo y el desencantamiento del mundo. Durkheim se enfocó en el hecho social y Freud en el individuo y su inconsciente (Ledesma, 2009), pero la modernidad no solo fue un proceso europeo, aunque si desarrolló su modo eurocéntrico, por lo que es más apropiado hablar de modernidades, así con el ir y venir de los años y con el empoderamiento de las y los oprimidos ya sea por razón de género, clase o raza (si prefieren pueden llamarlo etnicidad), o lógicas de conquista e imperialismos (español, británico o estadounidense), van aparecer diversas narrativas sobre la modernidad y sus adjetivos, modernidad indiana, feminista, decolonial que van a ir prefigurando un mundo de la política diverso, plural, anti patriarcal y no heteronormado, un mundo en donde la condición de la ciudadanía, del derecho a tener derechos propuesto por Arendt (2006), vaya más allá de entender a los derechos como la condición del privilegio de unos pocos y sea más bien visto cómo la posibilidad del derecho democratizador de los comunes, de todas y todos.
En la última década del siglo XX la globalización se expandió exponencialmente, se firmaron tratados de libre comercio, se crearon zonas económicas, la migración internacional se expandió a nivel global, los estados-nacionales fueron mutilados de sus capacidades económicas, el mundo era una fiesta unipolar, pero todo tiene su final y llegó el 11 de septiembre del 2001, los atentados de los Talibanes de Al queda en Nueva York, redefinieron la agenda geopolítica mundial, entramos de lleno en el “choque de civilizaciones” (Huntington, 2019). Para el politólogo estadounidense la variable que definirá las relaciones políticas entre los estados y los individuos en el marco de la globalización será la identidad cultural:
“Las personas definen su identidad por lo que no son; a medida que el incremento de las comunicaciones, el comercio y los viajes multiplican las interacciones entre civilizaciones, la gente va concediendo cada vez más importancia a su identidad desde el punto de vista de la civilización (…). El resurgir religioso a escala planetaria, «el retorno a lo sagrado», es una reacción ante la impresión de la gente de que el mundo es «un lugar único». (Huntington, 1997: 161)”
Un aspecto adicional expresado por Huntington se refiere al papel de los inmigrantes en el contexto de la globalización, en su obra de 1997, señala:
“La migración se convierte en un proceso que se refuerza a sí mismo. «Si hay una sola "ley" en la migración», afirma Myron Weiner, «es que un movimiento migratorio, una vez iniciado, genera su propio movimiento. Los emigrantes posibilitan la emigración a los amigos y parientes que dejan atrás, proporcionándoles información acerca de cómo emigrar, recursos para facilitar el movimiento y asistencia a la hora de encontrar empleo y alojamiento.» El resultado es, como él dice, una «crisis migratoria a escala mundial». (Huntington, 1997: 191)”
La idea del intelectual conservador estadounidense es sencilla y la desarrollará en su último libro “¿Quiénes somos? Los desafíos de la identidad nacional estadounidense” (Huntington, 2006), la tesis central que organiza sus argumentos sostiene que la identidad cultural estadounidense está debilitada y amenazada por los inmigrantes mexicanos por dos razones: Los mexicanos no sé integran a ella y en segundo lugar generan una identidad cultural propia que debido a su crecimiento demográfico se convierte en una amenaza a la supremacía cultural de los americanos blancos y cristianos que son los herederos de los colonos que llegaron a colonizar los territorios fundadores de los Estados Unidos de América. La idea del choque de civilizaciones nos lleva directamente a la idea de la guerra cultural, propuesta por el actual presidente de Argentina, Javier Milei. Adicionalmente, las élites neoliberales abandonaran las ideas de patria y de nación y la comunidad imaginaria se desdibujo hasta desvincularse de su papel de mecanismo integrador, ya no era más la comunidad imaginada (Anderson, 2007), era la globalización o las globalizaciones imaginadas (ya sea desde arriba o desde abajo), en esta coyuntura, el Estado-nación, vivió una profunda crisis de soberanía en dónde la aligerada y desdibujada institución de la ciudadanía, fue canibalizada para ser ofrecida en suculentos trozos a los mercaderes neoliberales, así los derechos sociales fueron empaquetados en diversos productos y comercializados en los mercados internacionales, así los vínculos forjados entre la ciudadanía y el Estado-nación quedaron reducidos a escombros, desarrollándose una confusa relación entre el Estado, la sociedad civil y la ciudadanía, quedando una gran parte de sus ciudadanos abandonados a su suerte o fetichizados por el mercado.
Estas desarticulaciones, provocadas por la racionalidad instrumental a nivel global, generaron grupos sociales fuera del contexto de los Estados-nacionales o en el mejor de los casos periféricos a este proceso de globalización o en el peor de los casos, se convirtieron en los chivos expiatorios del lado oscuro de la globalización (narcotráfico, comercio sexual, tráfico de armas y de personas, por poner solo algunos casos), estos fenómenos van a tener su origen en las políticas económicas de reforma y achicamiento de los Estados contemporáneos, procesos que incidieron en el crecimiento del desempleo en los Estados Unidos:
“En promedio, Estados Unidos perdió 14 mil empleos diarios desde el 1 de septiembre del 2008. Entre esa fecha y las fiestas de fin de año, casi tres millones de estadounidenses se encontraban sin trabajo, agregándose a las filas de millones de desempleados que había generado el gobierno de Bush. Según el Bureau of the census, de estadísticas de los Estados Unidos, la tasa de desempleo era del 6.7% a principios de noviembre. (Pozzi y Nigra, 2010: 35 y 36)”
Las clases trabajadores de los países centrales (Europa occidental y los Estados Unidos), fueron impactados directamente por las reformas neoliberales de la globalización, surgieron sectores sociales que empezaron a añorar la situación previa a la expansión de la globalización, por un lado, y por el otro lado, esa coyuntura fue aprovechada por diversos políticos de las derechas radicales de occidente, quienes empezaron a señalar como responsables de todos esos males a los migrantes populares internacionales, ellos fueron identificados como los responsables de la falta de trabajo, del narcotráfico, de las enfermedades de transmisión sexual, así surgieron los chivos expiatorios de la globalización y de esta suma surgieron las bases de apoyo para los proyectos políticos de Donald Trump en los Estados Unidos y el Partido Republicano y en el caso Frances, el Frente Nacional liderado inicialmente por Jean Marie Le Pen y después por su hija Marine Le Pen.
MODERNIDAD LÍQUIDA Y DESGLOBALIZACIÓN
En esta articulación confusa, dialectica y en constante transformación, aparecen estas configuraciones políticas en dónde los sectores populares reclaman la presencia del Estado-nación, así se configuran las conexiones entre las nuevas derechas y la ciudadanía desglobalizada, y este será el nuevo espacio en dónde se desenvuelve la democracia liberal y electiva, la cual frente al fenómeno de la migración internacional se muestra incapaz de procesar soluciones de fondo, Nos encontramos así ante la presencia de una nueva concepción de Estado que desprotege a sus ciudadanos y que a su vez genera una antipatía hacia la “política tradicional”, hacia las “castas”, que son los políticos de las elites liberales o progresistas que han perdido conexión con sus ciudadanos. Esto nos explicará el surgimiento de las nuevas derechas libertarias que también son un síntoma de las pérdidas de poder y espacios políticos cedidos ante los avances de los feminismos, las nuevas identidades LGT+, los colectivos étnicos y el avance de la nueva izquierda en la región, por ello la afirmación de Javier Milei, actual figura rutilante de esta aun gelatinosa derecha libertaria, quien afirmó la necesidad de dar la batalla cultural, en el sentido más gramsciano de hegemonía ante la izquierda. Batalla que consistiría en dotar de solidez a la modernidad liquida (Bauman, 2002), en donde el sujeto histórico burgués, heteronormado y patriarcal dejará de disolverse.
¿Qué es la modernidad?
La modernidad, fue conceptualizada como un proceso civilizatorio y descrita y analizada por Marx, Durkheim y Weber (Larraín, 1996 y 2005), Marx analiza al capitalismo; Durkheim a las sociedades modernas y Weber se dedicó a comprender la relación entre las múltiples racionalidades y las configuraciones existentes entre economía y sociedad. Marx, asumió que la base de la modernidad fue el surgimiento de la burguesía y del capitalismo. Su desarrollo significo el fin de todas las relaciones sagradas, en tanto, Durkheim, puso énfasis en el industrialismo, devenir que influyó en el surgimiento de un nuevo orden social. Weber sostenía que la modernidad, va surgir de la mano de los procesos de racionalización y desencantamiento del mundo. Los tres clásicos, (salvo Weber), serán optimistas frente a la modernidad, aunque Weber nos diría que muy posiblemente nos toque vivir en las jaulas de hierro de la modernidad dura y Durkheim nos diría sobre Donald Trump que es un anómico desglobalizado: Así, el punto central de nuestro argumento central es el siguiente: Tanto las derechas como las izquierdas surgidas de nuestras diversas modernidades políticas, optaron por abandonar sus utopías de la justicia social y del libre mercado y la libertad individual, reemplazándolas por distopías autoritarias y guerreristas, abandonando en ello, incluso la narrativa de los derechos humanos.
Paulatinamente, las miradas sobre la modernidad cambian, hasta expandirse por todo el mundo. Todo lo que pasa en una localidad influye en otra, comienzan a gestarse los procesos que permitirán le cristalización de la globalización, pero también de la desglobalización. La globalización permitió el despliegue del mercado y en consecuencia del capitalismo, pero también significó el fin de algunas certidumbres como el de la clase obrera en el cordón industrial automotriz de los Estados Unidos, que vivió el fin de sus empleos ante el desmontaje de sus fábricas (Arenas, 2010). Otro de los perdedores de la globalización fue el Estado-nación, perdió su fuerza de integración política y su rol de regulador de lo económico pero la división en la elite neoliberal cómo consecuencia de la crisis económica del 2008, encabezada por Trump va reposicionar al Estado-nación y sobretodo en su papel en la seguridad y en la economía nacional.
La desglobalización trumpiana
La llegada, en el 2016, de Donald Trump a la presidencia de los Estados Unidos de América, fue la novedad política de la década, poseedor de una narrativa política estridente y alternativa, tuvo el acierto de romper con el discurso político neoliberal hegemónico a nivel global, siendo su propuesta política resumida en el populismo nacionalista y en la frase “America first”. Al referir a la idea de “América primero”, Lo que hace Trump es conectarse con los obreros blancos desempleados por los efectos de la globalización, señalando que esas fábricas e industrias volverán a los Estados Unidos.
Trump, fue un remolino que supo captar el descontento popular de los trabajadores abandonados por los globalizadores neoliberales, los cuales envueltos en su soberbia lo miraron en menos, las clases populares con sus empleos destruidos y con el miedo de perderlo todo ante la incontenible ola de migrantes internacionales (provenientes en su mayoría de México y Centroamérica), a los cuales solo les quedaba trabajar en las condiciones que fuesen se transformaron en los chivos expiatorios de la globalización decapitada, son la representación final de la extinción del argumento arendtiano “del derecho a tener derechos”, y de la llegada del tiempo de los no derechos, del autoritarismo y de la guerra. Samuel Huntington, quien en su obra: “¿Quiénes somos? Los desafíos a la identidad nacional estadounidense”, describe los principios y valores en juego que nos permiten prefigurar las futuras batallas culturales por venir, entre la izquierda, feminista, representada por la Presidenta de México, Claudia Sheimbaum, y Donald Trump, el libertario de la globalización decapitada.
En el mismo texto, Huntington, intuye la guerra de las culturas se librará también dentro de Estados Unidos. No será el enfrentamiento de la sociedad norteamericana contra algún grupo fundamentalista que adora a Alá, sino contra un grupo de inmigrantes. Los mexicano-americanos son el peligro que hay que enfrentar.
La cultura mexicana, su identidad e idioma (el español), son los virus culturales que amenazan la supremacía cultural anglosajona estadounidense. Huntington sostiene la alarma y les solicita a los norteamericanos que vuelvan su mirada a Los Ángeles, la capital de esa amenaza que pone en riesgo la supervivencia de Estados Unidos. Diecinueve años después, el 2025, vuelve Donald Trump con su equipo político radical a la Casa Blanca, viene con las banderas de la deportación masiva de migrantes, viene recargado, ofreciendo la anexión de Canadá y Groenlandia, de colonizar el Golfo de México, viene a recuperar lo que los suyos consideran de su propiedad y su patio trasero, la premisa es clara: América para los americanos blancos, anglosajones y racistas. Es el fin del libre comercio y el ostracismo de los derechos humanos. Trump rechaza la idea de la globalización defendida por Reagan, Bush, Blair, Clinton, Obama, Salinas de Gortari, Fujimori, Menem y otros tantos arquitectos políticos del neoliberalismo en las tres últimas décadas. Él quiere retornar al viejo imperio de Roosevelt del siglo XX y en ello se parece a Vladimir Putin ¿Tendrá Donald Trump la capacidad de impulsar los cambios estructurales que su propuesta demanda?
TRUMP 2024: ¿EL LIBERTARIO RECARGADO?
Unidos se encuentra ante su encrucijada política más liviana, vulgar y decadente de su historia política de los últimos sesenta años, el nivel de sus políticos es tan bajo, que incluso la figura de Richard Nixon, adquiere los contornos de un Estadista. Un país acosado por las retoricas del racismo, del machismo, de los fundamentalismos cristianos y de la misoginia, decidió elegir al polémico Trump, como el nuevo presidente de los Estados Unidos.
Imparable, histriónico, extremista, fue el genio y figura que logró galvanizar a los republicanos en torno suyo, transformándose en el representante de una derecha de corte libertaria y neopopulista que nació bajo la sombra de dos procesos políticos, económicos y culturales: 1. “La desglobalización: Proceso que se definió por la separación identitaria entre las elites neoliberales estadounidenses y el “pueblo blanco” abandonado a su suerte ante los impactos producidos por la utopía neoliberal de la globalización, como lo fueron y son el desempleo, la drogadicción y la desestructuración de la “comunidad imaginada”, abrumada por un nacionalismo arrinconada por el segundo proceso: 2. La “globalización desde abajo”, la cual ha definido otra manera de pensar y sentir a la “comunidad imaginada” y de recomponer un nuevo nacionalismo estadounidense configurada por los excluidos por la globalización construida por las élites capitalistas estadounidenses, los migrantes.
Explicar someramente la relación dialéctica y conflictiva ente estos dos procesos nos permitirá comprender y explicar la presente coyuntura política la cual se resume en una frase: El imparable Donald Trump. Este proceso se define por la paulatina separación y quiebre de los sectores obreros y populares estadounidenses con las élites estadounidenses neoliberales y la fractura interna dentro de las mismas elites, Trump representa a una parte de esa minoría selecta que renuncio al cosmopolitismo capitalista y que decidió volver al capitalismo nacionalista, esto ocasiona un problema estructural en la lógica neoliberal porque significa un cisma en las elites derechistas y la radicalización de los inconformes con la globalización, esta minoría selecta va generar lazos con otros proyectos políticos similares (Putin, Abascal, Le Pen, Bolsonaro, Milei, Kast, Fujimori), tomando distancia del neoliberalismo y desarrollando un proyecto político dotado de valores fascistas, misóginos, patriarcales y cristianos. La globalización decapitada es pues un proceso del cual ha desertado una parte de sus élites. Una de las primeras ideas que usa e impulsa Donald Trump es culpar a los y las migrantes de la actual decadencia de los Estados Unidos, para Trump, los migrantes son la representación antitética de lo que él y sus seguidores van a entender “comunidad imaginaria”, una nación fuera de la globalización, encerrada en sí misma y rodeada de muros que alejen a los extranjeros o al menos los contengan fuera de la nación blanca y supremacista que él imagina como el futuro sueño americano, pero no se refiere a cualquier tipo de migrante, se refiere a los migrantes “sin papeles”, a los clandestinos, a los “mano negra”, a los que viven en una exclusión constante por su condición de ilegalidad.
Los migrantes sin papeles tienen migrantes con papeles en los Estados Unidos y eso puede definir en un marco polarizado el resultado de las elecciones, los migrantes lo saben y se mueven desde la micropolítica tejiendo redes sociales y alianzas, lo cual obviamente preocupa a los libertarios estadounidenses.
CONCLUSIONES
Transformado en un icono ritual para sus seguidores, Donald Trump se presentó ante la convención republicana como el salvador de la nación americana [estadounidense], heredero vulgar de intelectuales cómo Samuel Huntington y replicado por sus imitadores subdesarrollados en Argentina (Milei), Brasil (Bolsonaro); Chile (Kast), por mencionar algunos ejemplos.
Trump es algo especial, es imparable, además de capitalista, millonario, macho, misógino, patriarcal, heteronormado, sobreviviente de un intento de asesinato y supremacista blanco, es poseedor de una honestidad brutal en su comunicación política con sus seguidores y adeptos que ha desarrollado un discurso supremacista enfocado en señalar a los responsables de poner en duda el “american dream”, de los migrantes y básicamente los migrantes mexicanos, porque son estos los responsables de envenenar la sangre blanca de los estadounidenses, porque son estos migrantes los responsables de esparcir los opioides artificiales entre la población blanca norteamericana, porque son estos los delincuentes que operan en la impunidad en México y que también son estos migrantes, los portadores de enfermedades innombrables y de valores que ponen en jaque a la sociedad estadounidense.
Trump es un fascista poseedor de una puntería política inobjetable, ha logrado reunificar a la población blanca campesina y obrera de los Estados Unidos, abandonada y sacrificada por el neoliberalismo cosmopolita de Clinton y Obama, el cual acabó con las industrias automovilísticas en las ciudades del cordón industrial que el capitalismo fordiano forjó a lo largo del siglo XX, y que dio sentido y prosperidad a la población blanca de los estratos populares, la cual es hoy en día la base social del proyecto político trumpista anti globalizador.
En este contexto el imparable Donald Trump, en la batalla electoral y política en contra de Kamala Harris y los demócratas, fue curiosamente fue invencible, ganó las presidenciales, el congreso y la cámara de representantes, ahora es el nuevo poder de una derecha contradictoria pero deseosa de deportar migrantes.
Trump representa un caso político que evoca todo el pasado machista de la política tradicional anterior al despliegue a la globalización, es nacionalista, es machista, es supremacista y antagónicamente hablando es un demócrata a la fuerza, se nos viene encima un vendaval que busca resucitar al nacionalismo metodológico, y en consecuencia es también un político dotado de una mirada desglobalizada. No sabemos con certeza que ocurrirá cuando asuma la presidencia el 20 de enero del 2025, lo cierto es que los dados están en el aire.
Notas
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