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	<front>
		<journal-meta>
			<journal-id journal-id-type="publisher-id">alhe</journal-id>
			<journal-title-group>
				<journal-title>América Latina en la historia económica</journal-title>
				<abbrev-journal-title abbrev-type="publisher">Am. Lat. Hist.
					Econ</abbrev-journal-title>
			</journal-title-group>
			<issn pub-type="epub">2007-3496</issn>
			<issn pub-type="ppub">1405-2253</issn>
			<publisher>
				<publisher-name>Instituto de Investigaciones Dr. José María Luis
					Mora</publisher-name>
			</publisher>
		</journal-meta>
		<article-meta>
			<article-id pub-id-type="publisher-id">00002</article-id>
			<article-id pub-id-type="doi">10.18232/alhe.948</article-id>
			<article-id pub-id-type="other">e948</article-id>
			<article-categories>
				<subj-group subj-group-type="heading">
					<subject>Artículos</subject>
				</subj-group>
			</article-categories>
			<title-group>
				<article-title>Las oficinas de la aduana y resguardo del puerto de Rosario en
					tiempos de la Confederación Argentina, 1852-1854</article-title>
				<trans-title-group xml:lang="en">
					<trans-title><italic>The Offices of the Customs and Safeguard of the Port of
							Rosario at the Time of the Argentine Confederation,
						1852-1854</italic></trans-title>
				</trans-title-group>
			</title-group>
			<contrib-group>
				<contrib contrib-type="author">
					<contrib-id contrib-id-type="orcid">0000-0002-6937-5981</contrib-id>
					<name>
						<surname>Ríos</surname>
						<given-names>Evangelina de los</given-names>
					</name>
					<xref ref-type="aff" rid="aff1"><sup>1</sup></xref>
					<xref ref-type="corresp" rid="cor1">*</xref>
				</contrib>
			</contrib-group>
					<aff id="aff1">
						<label>1</label>
						<institution content-type="original">Consejo Nacional de Investigaciones
							Científicas y Técnicas, Investigaciones Socio Históricas Regionales,
							Rosario, Argentina</institution>
						<institution content-type="normalized">Consejo Nacional de Investigaciones
							Científicas y Técnicas</institution>
						<institution content-type="orgname">Consejo Nacional de Investigaciones
							Científicas y Técnicas</institution>
						<addr-line>
							<named-content content-type="city">Buenos Aires</named-content>
						</addr-line>
						<country country="AR">Argentina</country>
						<email>eddelosrios@hotmail.com</email>
					</aff>
			<author-notes>
				<corresp id="cor1">* E-mail: <email>eddelosrios@hotmail.com</email></corresp>
				<fn fn-type="other">
					<p><bold>Organismo colaborador: </bold>La presente investigación se desarrolló
						en el marco del proyecto State Building in Latin America dirigido por Juan
						Carlos Garavaglia y financiado por el European Research Council.</p>
				</fn>
			</author-notes>
			<pub-date pub-type="epub-ppub">
				<season>Jan-Apr</season>
				<year>2019</year>
			</pub-date>
			<volume>26</volume>
			<issue>1</issue>
			<elocation-id>e948</elocation-id>
			<history>
				<date date-type="received">
					<day>11</day>
					<month>01</month>
					<year>2018</year>
				</date>
				<date date-type="accepted">
					<day>20</day>
					<month>03</month>
					<year>2018</year>
				</date>
			</history>
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				<copyright-year>2019</copyright-year>
				<copyright-holder>Instituto de Investigaciones Dr. José María Luis
					Mora</copyright-holder>
				<license license-type="open-access"
					xlink:href="http://creativecommons.org/licenses/by-nc/4.0/" xml:lang="es">
					<license-p>Este es un artículo publicado en acceso abierto bajo una licencia
						Creative Commons</license-p>
				</license>
			</permissions>
			<abstract>
				<title>Resumen</title>
				<p>Durante los primeros años de la Confederación Argentina (1852-1862), las oficinas
					de aduanas y resguardo del puerto de Rosario tuvieron cambios en el ámbito
					fiscal a partir de la emergencia de una entidad nacional con capacidad para
					cobrar impuestos. Se inicia con la hipótesis de que el proceso de
					nacionalización de los recursos y el traspaso de dichas oficinas conllevó
					numerosos problemas. Este estudio persigue dos objetivos: observar las
					transformaciones en el interior de dichas oficinas de Hacienda en su paso de la
					esfera provincial a la confederacional y analizar cómo esta nueva situación
					afectó las tareas cotidianas de quienes desempeñaban sus labores en estos
					espacios. En este sentido, se profundiza en las tensiones que surgieron en estas
					dependencias al gestionar diferentes potestades fiscales.</p>
			</abstract>
			<trans-abstract xml:lang="en">
				<title>Abstract</title>
				<p>During the first years of the Argentine Confederation (1852-1862), the customs
					and safeguard offices of the port of Rosario had changes that were raised in the
					fiscal area from the emergence of a national entity with capacity to collect
					taxes. Be part of the hypothesis that the process of nationalization of
					resources and the transfer of these offices than led to numerous problems. This
					study pursues two objectives: on the one hand, observe the inner transformations
					of the mentioned offices of estate in its transition from the provincial sphere
					to the confederation and, on the other, analyze how this new situation affected
					the daily task activities of those who performed their work in these spaces. In
					this sense, it deepens in the tensions that originated in these dependencies at
					the time of managing different fiscal powers.</p>
			</trans-abstract>
			<kwd-group xml:lang="es">
				<kwd>aduana</kwd>
				<kwd>finanzas</kwd>
				<kwd>Rosario</kwd>
				<kwd>Confederación Argentina</kwd>
			</kwd-group>
			<kwd-group xml:lang="en">
				<kwd>customs</kwd>
				<kwd>finance</kwd>
				<kwd>Rosario</kwd>
				<kwd>Argentine Confederation</kwd>
			</kwd-group>
			<counts>
				<fig-count count="1"/>
				<table-count count="7"/>
				<equation-count count="0"/>
				<ref-count count="48"/>
				<page-count count="0"/>
			</counts>
		</article-meta>
	</front>
	<body>
		<p><bold>Clasificación JEL:</bold>N46,N96,H63</p>
			<disp-quote>
				<p> Celebrar esta unión de rentas, es lo que se llama nacionalizar sus
					contribuciones, crear un Tesoro Nacional; lo que vale decir, constituir un
					gobierno nacional, componer un Estado, formar una patria, en lugar de ser un
					grupo disperso e inconexo de pueblos sin nombre común, sin crédito exterior, sin
					figura respetable en la familia de las naciones (<xref ref-type="bibr" rid="B1"
						>Alberdi, 1854</xref>).</p>
			</disp-quote>
		<sec id="sec-2" sec-type="intro">
			<title>Introducción</title>
			<p>La etapa de la Confederación Argentina (1852-1862) representó para las diferentes
				provincias que la conformaron profundos cambios políticos, económicos y sociales.
				Por más de tres décadas no había existido en el antiguo espacio rioplatense otra
				entidad estatal que no fuera la provincial.<xref ref-type="fn" rid="fn1"><sup>1</sup></xref> Estas
				asumieron todas las atribuciones que les correspondían como estados independientes:
				tenían sus monedas, cobraban impuestos, establecían aduanas, dictaban sus propias
				leyes y constituciones, aunque delegaron en Buenos Aires el manejo de las relaciones
				exteriores (<xref ref-type="bibr" rid="B13">Chiaramonte, 1997</xref>). Esta
				provincia logró una clara preponderancia mediante una política económica de
				exclusivismo comercial a través del cierre de los ríos
				interiores.<xref ref-type="fn" rid="fn2"><sup>2</sup></xref> A inicios de 1850, algunos estados
				provinciales con Entre Ríos a la cabeza y apoyados desde el extranjero, se
				enfrentaron militarmente al ejército porteño con el objetivo de poner fin a esta
				situación que perjudicaba sus economías.</p>
			<p>Con la derrota porteña, en la batalla de Caseros (1852), las provincias iniciaron el
				proceso de la conformación de un nuevo sistema político en clave
				nacional.<xref ref-type="fn" rid="fn3"><sup>3</sup></xref> No obstante, como afirma <xref
					ref-type="bibr" rid="B5">J. Álvarez (1946)</xref>: “Caseros fue un triunfo
				militar, no una fórmula jurídica concreta para estructurar la economía nacional
				sobre nuevas bases.” La firma de un pacto en San Nicolás, cuyo eje central era la
				convocatoria al congreso constituyente, fue el primer paso hacia la integración.
				Entre las cláusulas incluidas en el tratado, algunas, como la nacionalización de las
				aduanas y la libre navegación de los ríos interiores, afectaban directamente los
				intereses económicos de Buenos Aires. Su negativa a ceder la aduana, entre otras
				razones esgrimidas, provocó la separación, entre 1852-1861, de Buenos Aires del
				resto de estados provinciales. La secesión porteña tuvo efectos disruptivos sobre la
				economía. Rosario se volvió la alternativa más fuerte para tomar el lugar de
				principal puerto exterior de la confederación logrando, en ese contexto,
				posicionarse también la ciudad.</p>
			<p>El presente artículo centra su interés en las oficinas de aduana y resguardo del
				puerto de Rosario y busca analizar los cambios ocurridos en estos años. Rosario
				incidió como articulador del espacio económico-mercantil durante esta experiencia.
				La supresión de las aduanas interiores aceleró el tráfico comercial con las
				provincias del centro y norte. En el contexto de la confederación pasó de ser, en
				pocos años, un pequeño poblado de menos de 1 000 habitantes a convertirse en una
				ciudad muy dinámica que habitaban más 9 000 personas.<xref ref-type="fn" rid="fn4"><sup>4</sup></xref>
				.footnoteRef} Las transformaciones en los ámbitos comercial y financiero permitieron
				su vinculación directa con los mercados extranjeros y la ampliación de su
				participación en los circuitos comerciales con las provincias interiores. Además, la
				reactivación económica propulsó la instalación de numerosos negocios, casas
				comerciales, entidades tanto financieras como bancarias y algunas industrias (<xref
					ref-type="bibr" rid="B4">Álvarez, 1943</xref>; <xref ref-type="bibr" rid="B6"
					>Bonaudo, 2006</xref>; <xref ref-type="bibr" rid="B18">Frid, 2012</xref>; <xref
					ref-type="bibr" rid="B20">Gallo, 1965</xref>).</p>
			<p>Esta investigación se propone contribuir al estudio de las transformaciones de la
				fiscalidad de las provincias con la emergencia de una nueva entidad con capacidad de
				cobrar impuestos.<xref ref-type="fn" rid="fn5"><sup>5</sup></xref> Los años que median entre 1852 y
				1854 constituyen un momento <italic>bisagra</italic> en el proceso de transformación
				en las finanzas nacionales y provinciales en el que se requirió diferenciar de
				manera explícita el derecho a percibir tributos en dos niveles, confederal y
				provincial.<xref ref-type="fn" rid="fn6"><sup>6</sup></xref> La elaboración de una legislación
				fiscal común representó un paso importante del proceso de conformación del Estado
				central, pero su puesta en práctica conllevó un sinnúmero de problemas ya que no se
				contaba con una estructura administrativa cimentada que velara para que la misma
				fuese cumplida. La instalación de oficinas –donde centralizar los fondos enviados
				desde los diferentes puntos donde se realizaba la colecta–, el nombramiento de
				administradores de rentas nacionales –encargados de controlar los recursos que
				correspondían al Estado central– y la creación de una tesorería –encomendada a la
				tarea de examinar las cuentas y autorizar los pagos– eran medidas fundamentales,
				pero requerían de tiempo para que funcionaran de forma adecuada (<xref
					ref-type="bibr" rid="B23">Garavaglia, 2016</xref>). Entretanto, la recaudación
				de los aranceles nacionales quedó en manos de las administraciones provinciales de
				Hacienda.</p>
			<p>La instauración de este nuevo sistema fiscal fue concomitante con el debate sobre el
				diseño institucional y administrativo. En oposición a un itinerario desarrollado
				desde diversas corrientes historiográficas que parten de la hipótesis de que la
				confederación fue un proyecto frustrado de nación,<xref ref-type="fn" rid="fn7"><sup>7</sup></xref>
				los estudios actuales han mostrado la importancia de estos años en la conformación
				de una dirigencia nacional como un proceso de articulación y retroalimentación desde
				la esfera provincial a la nacional (<xref ref-type="bibr" rid="B7">Bragoni y Míguez,
					2010</xref>). Las elites políticas provinciales se integraron al gobierno
				confederacional al tiempo que se crearon instituciones para canalizar los vínculos
				entre ambas esferas de poder, construyendo vínculos y articulando ámbitos de
				negociación. Las provincias no sólo aportaron recursos, sino también el personal que
				configuró la estructura estatal. Este representó un proceso mediante el cual los
				empleados de la administración de las diferentes provincias convergieron para
				transformarse en la nueva administración del Estado central.<xref ref-type="fn" rid="fn8"><sup>8</sup></xref>
				.footnoteRef}</p>
			<p>El presente trabajo analiza las transformaciones de la administración de Santa Fe en
				el terreno fiscal en los años inaugurales de la Confederación Argentina, y
				profundiza en las tensiones que surgieron al momento de gestionar las diferentes
				potestades fiscales. Algunas de las preguntas que guían esta investigación son cómo
				se fue tejiendo la trama fiscal e institucional en este proceso de conformación de
				una nueva entidad con capacidad de cobrar impuestos y de qué manera la construcción
				de un Estado en clave nacional condicionó el accionar de los empleados de las
				oficinas de aduana y resguardo del puerto y modificó las prácticas cotidianas en el
				interior de estas dependencias.</p>
			<p>Las dificultades para abordar este periodo son muchas. Las fuentes no sólo son
				escasas, además se hallan fragmentadas en diversos legajos de los libros del fondo
				de Contaduría del Archivo General de la Provincia de Santa Fe (en adelante
					<sc>agsf</sc>). La provincia contaba entonces con dos aduanas, ubicadas en la
				ciudad capital y en Rosario respectivamente. Sobre la primera casi no se conservan
				documentos, sólo algunos expedientes sueltos que no permiten un análisis completo
				sobre su funcionamiento. Más abundante es la información sobre la de Rosario, aunque
				los datos se hallan dispersos –lo que dificulta la reconstrucción de sus
				movimientos– es posible confeccionar un cuadro de los movimientos de esta caja
				receptora entre octubre de 1852 y julio de 1854. Una sustanciosa fuente de
				información la aportan las notas que circulaban entre los empleados de las oficinas
				de aduana y resguardo de Rosario con la colecturía general de la provincia. Brindan
				información de primera mano sobre las vivencias más cotidianas que se sucedían en el
				interior de estos espacios. Era el medio por el cual los empleados elevaban sus
				quejas, descargan sus frustraciones y expresaban sus dificultades. A partir de 1855,
				la Confederación asumió el control de estas oficinas, por lo que las referencias a
				las aduanas desaparecen de los archivos provinciales.</p>
		</sec>
		<sec id="sec-3">
			<title>Las finanzas de la Confederación Argentina en un contexto de
				indefiniciones</title>
			<p>La conformación del tesoro nacional que permitiese a las autoridades del gobierno
				central hacer frente a sus obligaciones financieras –como eran el pago de sueldos
				civiles y militares, los empréstitos tomados para solventar la campaña militar
				contra Juan M. Rosas, la deuda y los gastos ordinarios que ocasionaron la
				instalación del gobierno– requería de inyecciones rápidas de dinero. La fiscalidad
				de la Confederación Argentina se estructuró en torno a los gravámenes al
				comercio.<xref ref-type="fn" rid="fn9"><sup>9</sup></xref> En el contexto latinoamericano no
				representaba una excepción, sino una regla. Un estudio comparativo sobre las
				finanzas de diferentes países ha mostrado que los impuestos al comercio exterior y
				los estancos fueron los dos principales componentes de los ingresos estatales
				durante el siglo <sc>xix</sc> (<xref ref-type="bibr" rid="B21">Garavaglia,
					2010a</xref>). La decisión además presentaba dos ventajas, para un gobierno en
				formación que aún no contaba con una administración central, le permitía utilizar
				las estructuras previas establecidas por los estados provinciales. Además, se
				pensaba que su percepción, al contrario de las contribuciones directas, casi no
				provocaba resistencias.</p>
			<disp-quote>
				<p>Es la más fácil, porque es imperceptible al contribuyente su pago, que casi
					siempre hace en el precio que da por los objetos que consume. Paga la
					contribución en el precio con que compra un placer y naturalmente la paga sin el
					disgusto que acompaña a toda erogación aislada. Esta calidad de la contribución
					indirecta es de mucho peso en países y en tiempos en que la autoridad empieza a
					establecerse, y necesita economizar los pretextos de descontento y de
					inobediencia (<xref ref-type="bibr" rid="B1">Alberdi, 1854</xref>).</p>
			</disp-quote>
			<p>El primer paso hacia la conformación de una fiscalidad central lo representó la firma
				del Acuerdo de San Nicolás (1852) que estableció la libertad de tránsito en el
				comercio entre las provincias. En el mismo se asentó la necesidad de reglamentar la
				navegación de los ríos interiores, de procurar la seguridad del territorio y
				nacionalizar las rentas fiscales. Entretanto “las provincias concurrirán
				proporcionalmente con el producto de sus aduanas exteriores [sic], hasta la
				instalación de las autoridades constitucionales, a quienes exclusivamente competirá
				el establecimiento permanente de los impuestos nacionales”.<xref ref-type="fn" rid="fn10"><sup>10</sup></xref>
				.footnoteRef} Estas enfrentaron entonces el desafío de hallar nuevas fuentes de
				recursos.<xref ref-type="fn" rid="fn11"><sup>11</sup></xref> Las autoridades de Buenos Aires además
				de entregar los recursos de aduanas debían dejar bajo el control del gobierno de la
				Confederación las oficinas de aduana y resguardo del puerto convertidas en sede de
				la administración central de Hacienda.<xref ref-type="fn" rid="fn12"><sup>12</sup></xref> Se puso
				en marcha en estas dependencias un proceso de recambio de su personal ubicando en
				puestos clave a personas de confianza del mismo Urquiza.<xref ref-type="fn" rid="fn13"><sup>13</sup></xref>
				.footnoteRef} Las medidas provocaron un fuerte rechazo por parte de los
				representantes de legislatura porteña, que se negaron a firmar el acuerdo y a
				entregar el control de la aduana. Cabe mencionar que “la aduana es la clave de todo
				el misterio y, por lo tanto, el control de puerto es entonces la llave que abre el
				dominio de Buenos Aires sobre sus provincias hermanas” (Garavaglia, 2005). El
				descontento eclosionó en el levantamiento del 11 de septiembre de ese año. Las
				autoridades de Buenos Aires desconocieron a Urquiza como director provisorio y
				rompieron relaciones con la Confederación.<xref ref-type="fn" rid="fn14"><sup>14</sup></xref> La
				decisión frenó la aplicación de muchas de las reformas consignadas y cimentó las
				bases para la construcción de dos Estados independientes –el de Buenos Aires y la
				Confederación Argentina– que permanecieron separados por espacio de casi diez años
					(<xref ref-type="bibr" rid="B42">Scobie, 1964</xref>).</p>
			<p>El gobierno de la Confederación invirtió ingentes esfuerzos en construir una
				administración centralizada con sede en la ciudad de Paraná. En lo que respecta al
				plano económico-fiscal, se promulgó el Reglamento para la Navegación de los Ríos
				Paraná y Uruguay y las Aduanas Nacionales<xref ref-type="fn" rid="fn15"><sup>15</sup></xref> que
				contenía una serie de medidas en pos de organizar los recursos
				fiscales.<xref ref-type="fn" rid="fn16"><sup>16</sup></xref> Para las provincias litorales los ríos
				eran las principales arterias en comunicación y una pieza central en el entretejido
				de los vínculos comerciales. Al hallarse rodeadas de agua que podían surcar buques
				de ultramar, sus puertos podían convertirse en marítimos intensificando sus
				contactos con los mercados extranjeros (<xref ref-type="bibr" rid="B25">Gschwind,
					1927</xref>). La aduana de Rosario se transformó entonces en la principal de la
				Confederación convirtiendo a su puerto en uno de los ejes fundamentales dentro de
				los circuitos económicos y financieros de la Confederación (Ensinck, 1971).
				Estaba preparado para recibir embarcaciones debido a que la profundidad del agua
				permitía la llegada de buques de gran calado. Además, la cercanía con el puerto de
				Buenos Aires y las facilidades en la comunicación fueron algunas de las razones que
				se sopesaron al tomar la decisión.<xref ref-type="fn" rid="fn17"><sup>17</sup></xref></p>

			<p>
				<fig>
					<label>MAPA 1</label>
					<caption>
						<title>UBICACIÓN DEL PUERTO DEL ROSARIO</title>
					</caption>
					<graphic xlink:href="2007-3496-alhe-26-01-948-m1.jpg"/>
					<attrib>Fuente: <xref ref-type="bibr" rid="B17">Djenderedjian y Martirén (2012)</xref>.</attrib>
				</fig>
			</p>

			<p>Las administraciones provinciales retuvieron el control de las oficinas de aduanas,
				aunque con cambios; los empleados de Hacienda estuvieron obligados a llevar una
				contabilidad doble en la que se diferenciaban en dos columnas los ingresos y los
				egresos provinciales de los nacionales. Entretanto se fijaban las tarifas que
				imperarían a nivel nacional, cobraron los derechos según sus leyes fiscales
				preexistentes más 7% adicional sobre los avalúos de los efectos introducidos en las
				provincias litorales y 5% sobre el tránsito nacional. Las mercancías de procedencia
				o producción extranjera, y los productos de fabricación o industria de Buenos Aires,
				introducidos por tierra a cualquiera de las provincias del interior, debían abonar
				sus tasas en la aduana de Rosario. También se pagarían allí los aranceles de
				exportación correspondientes a los efectos que de las provincias interiores enviasen
				a Buenos Aires.<xref ref-type="fn" rid="fn18"><sup>18</sup></xref></p>
			<p>Para 1853, en la aduana de Rosario se recaudaron 70 000 pesos fuertes
				correspondientes al fondo nacional –una suma formada por el cobro de 7% sobre
				introducción nacional y 5% sobre derecho de tránsito– y 67 000 pesos como fondo
				provincial entre alcabala (más de 30%), derechos provinciales cobrados en el puerto
				(20%) e impuestos de aduana (14%) (véase <xref ref-type="table" rid="t1">cuadro 1</xref>). Los datos permiten observar que
				el traspaso de las entradas de aduanas a jurisdicción nacional no significó la
				supresión definitiva de los derechos provinciales.<xref ref-type="fn" rid="fn19"><sup>19</sup></xref>
				.footnoteRef} Las autoridades locales continuaron –mientras retuvieron bajo su
				control la gestión de dichas oficinas– percibiendo gravámenes al comercio, tal como
				lo permitía el Reglamento de Aduanas nacionales (1852). Se cobraban derechos de
				eslingaje, anclaje, salidas, guías, entre otros.</p>

			<table-wrap id="t1">
				<label>CUADRO 1</label>
				<caption>
					<title>CUENTA INGRESOS DE LA RECEPTORÍA Y ADUANA DE ROSARIO, 1853 (EN PESOS
				FUERTES)</title>
				</caption>
				<alternatives>
					<graphic xlink:href="t1.jpg"/>
				<table>
					<thead>
					<tr>
						<th align="left"><italic>Ingresos</italic></th>
						<th align="left"><italic>Nacionales</italic></th>
						<th align="left"><italic>Provinciales</italic></th>
					</tr>
					</thead>
					<tbody>
					<tr>
						<td align="left">7% por introducción nacional</td>
						<td align="left">21 343</td>
						<td align="left">–</td>
					</tr>
					<tr>
						<td align="left">5% sobre el derecho de tránsito nacional</td>
						<td align="left">49 298</td>
						<td align="left">–</td>
					</tr>
					<tr>
						<td align="left">Aduana provincial</td>
						<td align="left">–</td>
						<td align="left">9 852</td>
					</tr>
					<tr>
						<td align="left">Alcabala</td>
						<td align="left">–</td>
						<td align="left">21 840</td>
					</tr>
					<tr>
						<td align="left">Derechos provinciales cobrados en el
							puerto<sup>a</sup></td>
						<td align="left">–</td>
						<td align="left">14 026</td>
					</tr>
					<tr>
						<td align="left">Piso de carretas</td>
						<td align="left">–</td>
						<td align="left">1 056</td>
					</tr>
					<tr>
						<td align="left">Papel sellado</td>
						<td align="left">–</td>
						<td align="left">4 442</td>
					</tr>
					<tr>
						<td align="left">Patentes (marítimas y terrestres)</td>
						<td align="left">–</td>
						<td align="left">3 733</td>
					</tr>
					<tr>
						<td align="left">Producto del remate de cueros</td>
						<td align="left">–</td>
						<td align="left">2 582</td>
					</tr>
					<tr>
						<td align="left">Reintegro de la Confederación a la provincia por gastos
							nacionales</td>
						<td align="left">–</td>
						<td align="left">5 792</td>
					</tr>
					<tr>
						<td align="left">Corrales</td>
						<td align="left">–</td>
						<td align="left">2 117</td>
					</tr>
					<tr>
						<td align="left">Otros ingresos</td>
						<td align="left">–</td>
						<td align="left">1 662</td>
					</tr>
					<tr>
						<td align="left"><italic>Total</italic></td>
						<td align="left"><italic>70 641</italic></td>
						<td align="left"><italic>67 102</italic></td>
					</tr>
					</tbody>
				</table>
			</alternatives>
				<table-wrap-foot>
						<fn id="TFN1">
							<p><sup>a</sup> Corresponden a los derechos de eslingaje, anclaje, salidas y guías.</p>
						</fn>
				</table-wrap-foot>
							<attrib>Fuente: elaboración propia con base en Contaduría, t. 98, legs. 6, 7, 9 y 10, en
					<sc>agsf</sc>.</attrib>
			</table-wrap>
			
			<p>Se utilizaron también planillas de doble carga para separar los gastos nacionales de
				los provinciales. Una porción muy significativa de los egresos –más de 35% de los
				mismos– estaba dirigida a cubrir gastos militares.<xref ref-type="fn" rid="fn20"><sup>20</sup></xref>
				.footnoteRef} La Confederación asumía el control de las fronteras con los indios,
				por lo cual se dedicaron algunos recursos para la organización de líneas defensivas,
				el establecimiento de fortines y la designación de autoridades en estas zonas. No
				obstante, la mayor parte de estas partidas fue cubierta con recursos provinciales.
				El 1 de septiembre de 1853 el administrador de Rosario envía una nota al colector
				general de la provincia, José Antonio Lassaga, informando que las cuentas podían
				“contener equivocaciones”, debido a que ante cualquier duda sobre a cuál fondo
				pertenecían las partidas militares –a saber, consumos de reses, caballos o
				pertrechos– se consignaban siempre como gastos provinciales. Para intentar remediar
				esta situación, que comprometía seriamente los intereses del tesoro provincial,
				solicitó una revisión de los legajos y los documentos que permitiera discriminar los
				gastos de forma adecuada. La medida de poco sirvió. Hasta 1855 cuando se
				nacionalizaron las fuerzas militares provinciales, las provincias se ocuparon de
				cubrir gastos de defensa contra los indios, pagar una parte de los sueldos de las
				tropas y surtir de raciones a la guarnición.<xref ref-type="fn" rid="fn21"><sup>21</sup></xref>
				Afrontar estos pagos representó un golpe duro a sus finanzas provinciales, de por sí
				muy precarias, tan es así que en la receptoría de Rosario concluyó el año con un
				déficit de más de 12 000 pesos.</p>
			<p>La Confederación se había comprometido a pagar la mitad de los sueldos del personal
				de Hacienda y a nacionalizar la deuda provincial anterior a 1852. Sin embargo, para
				cubrir las partidas de sueldos sólo se destinaron poco más de 1 600 pesos, apenas un
				cuarto de los gastos de la administración en Rosario (véase <xref ref-type="table" rid="t2">cuadro 2</xref>). El resto de
				los sueldos se cubrió con fondos provinciales. Este año no se destinaron partidas
				por concepto de deuda provincial.</p>

			<table-wrap id="t2">
				<label>CUADRO 2</label>
				<caption>
					<title>EGRESOS DE LOS FONDOS NACIONAL Y PROVINCIAL EN LA RECEPTORÍA Y ADUANA DE
				ROSARIO, 1853 (EN PESOS FUERTES)</title>
				</caption>
				<alternatives>
					<graphic xlink:href="t2.jpg"/>
				<table>
					<thead>
					<tr>
						<th align="left"><italic>Egresos</italic></th>
						<th align="left"><italic>Nacional</italic></th>
						<th align="left"><italic>Porcentaje</italic></th>
						<th align="left"><italic>Provincial</italic></th>
						<th align="left"><italic>Porcentaje</italic></th>
					</tr>
					</thead>
					<tbody>
					<tr>
						<td align="left">Gastos militares</td>
						<td align="left">23 515</td>
						<td align="left">35.8</td>
						<td align="left">42 738</td>
						<td align="left">54</td>
					</tr>
					<tr>
						<td align="left">Comisión al expendedor de papel sellado</td>
						<td align="left"><sc>–</sc></td>
						<td align="left"><sc>–</sc></td>
						<td align="left">206</td>
						<td align="left">0<sc>.</sc>2</td>
					</tr>
					<tr>
						<td align="left">Sueldos empleados civiles</td>
						<td align="left"><sc>–</sc></td>
						<td align="left"><sc>–</sc></td>
						<td align="left">4 148</td>
						<td align="left">5<sc>.</sc>2</td>
					</tr>
					<tr>
						<td align="left">Costo de postas</td>
						<td align="left"><sc>–</sc></td>
						<td align="left"><sc>–</sc></td>
						<td align="left">1 816</td>
						<td align="left">2<sc>.</sc>2</td>
					</tr>
					<tr>
						<td align="left">Gastos guardia de Melincué</td>
						<td align="left"><sc>–</sc></td>
						<td align="left"><sc>–</sc></td>
						<td align="left">1 898</td>
						<td align="left">2<sc>.</sc>3</td>
					</tr>
					<tr>
						<td align="left">Gastos estancia del Estado</td>
						<td align="left"><sc>–</sc></td>
						<td align="left"><sc>–</sc></td>
						<td align="left">1 660</td>
						<td align="left">2</td>
					</tr>
					<tr>
						<td align="left">Gastos de la Comandancia de Rosario</td>
						<td align="left"><sc>–</sc></td>
						<td align="left"><sc>–</sc></td>
						<td align="left">927</td>
						<td align="left">1<sc>.</sc>1</td>
					</tr>
					<tr>
						<td align="left">Sueldos y gastos de la receptoría y resguardo</td>
						<td align="left">1 690</td>
						<td align="left">2.5</td>
						<td align="left">7 139</td>
						<td align="left">9</td>
					</tr>
					<tr>
						<td align="left">Instrucción primaria</td>
						<td align="left"><sc>–</sc></td>
						<td align="left"><sc>–</sc></td>
						<td align="left">610</td>
						<td align="left">0<sc>.</sc>7</td>
					</tr>
					<tr>
						<td align="left">Empréstitos</td>
						<td align="left"><sc>–</sc></td>
						<td align="left"><sc>–</sc></td>
						<td align="left">1 179</td>
						<td align="left">1<sc>.</sc>49</td>
					</tr>
					<tr>
						<td align="left">Dinero abonado por orden del gobierno de la provincia</td>
						<td align="left"><sc>–</sc></td>
						<td align="left"><sc>–</sc></td>
						<td align="left">4 608</td>
						<td align="left">5<sc>.</sc>82</td>
					</tr>
					<tr>
						<td align="left">Justicia</td>
						<td align="left"><sc>–</sc></td>
						<td align="left"><sc>–</sc></td>
						<td align="left">591</td>
						<td align="left">0<sc>.</sc>7</td>
					</tr>
					<tr>
						<td align="left">Gastos en indios</td>
						<td align="left">1 107</td>
						<td align="left">1<sc>.</sc>6</td>
						<td align="left">400</td>
						<td align="left">0<sc>.</sc>5</td>
					</tr>
					<tr>
						<td align="left">Varios gastos</td>
						<td align="left">1 489</td>
						<td align="left">2<sc>.</sc>2</td>
						<td align="left">5 839</td>
						<td align="left">7<sc>.</sc>3</td>
					</tr>
					<tr>
						<td align="left">Obras públicas</td>
						<td align="left"><sc>–</sc></td>
						<td align="left"><sc>–</sc></td>
						<td align="left">769</td>
						<td align="left">0<sc>.</sc>9</td>
					</tr>
					<tr>
						<td align="left">Gastos de correos</td>
						<td align="left">204</td>
						<td align="left">0<sc>.</sc>3</td>
						<td align="left"><sc>–</sc></td>
						<td align="left"><sc>–</sc></td>
					</tr>
					<tr>
						<td align="left">Traslado de fondos a la Tesorería General</td>
						<td align="left">30 794</td>
						<td align="left">46<sc>.</sc>9</td>
						<td align="left"><sc>–</sc></td>
						<td align="left"><sc>–</sc></td>
					</tr>
					<tr>
						<td align="left">Gastos hechos en el Congreso y preparativos para la sanción
							de la Constitución</td>
						<td align="left">2 069</td>
						<td align="left">3<sc>.</sc>1</td>
						<td align="left"><sc>–</sc></td>
						<td align="left"><sc>–</sc></td>
					</tr>
					<tr>
						<td align="left"><italic>Total</italic></td>
						<td align="left"><italic>65 588</italic></td>
						<td align="left"><italic>100</italic></td>
						<td align="left"><italic>79 114</italic></td>
						<td align="left"><italic>100</italic></td>
					</tr>
					</tbody>
				</table>
			</alternatives>     
							<attrib>Fuente: elaboración propia con base en Contaduría, t. 98, legs. 1, 6, 7, 9, 10, en
					<sc>agsf</sc>.</attrib>						
			</table-wrap>
			<p>Casi la mitad de los egresos correspondió al traslado de gastos desde la aduana y
				receptoría de Rosario hacia la tesorería general. Este dinero servía para cubrir
				gastos de carácter nacional que se libraban en otras cajas que carecía de los fondos
				necesarios. Aun cuando se contaba con una partida específica –Gastos del Congreso
				Constituyente–, un análisis minucioso de los libramientos muestra que estas partidas
				se utilizaron para cubrir los gastos en los preparativos del Congreso celebrado en
				la ciudad de Santa Fe durante varios meses de 1853, el acondicionamiento de la sala
				y el traslado de los congresistas desde diferentes provincias, así como la entrega
				de un estipendio como compensación por la tarea. Esta dualidad en las cuentas generó
				confusión en el propio administrador de aduanas de Rosario, Usladislao Frías, quien
				preguntaba por ello al colector: “el traslado de fondos a la contaduría general para
				gastos nacionales, como pago del Congreso por ejemplo las daré como invertidas en
				este soberano cuerpo o sólo expresaré que se han trasladado a la contaduría general
				para gastos nacionales, como dicen la mayor parte de las órdenes del
				gobierno”.<xref ref-type="fn" rid="fn22"><sup>22</sup></xref> Pese al desconcierto, se resolvió
				mantener la denominación de “traslado” y que la contaduría destinara el dinero a
				cubrir los gastos que el gobierno nacional estimara más
				urgentes.<xref ref-type="fn" rid="fn23"><sup>23</sup></xref></p>
		</sec>
		<sec id="sec-4">
			<title>Los cambios en la administración de Hacienda en 1854</title>
			<p>La sanción por parte del Congreso Constituyente del Estatuto para la Organización de
				la Hacienda y el Crédito Público –un proyecto elaborado por Mariano Fragueiro– debía
				poner fin a estas tensiones y reglamentar las finanzas de la Confederación. En el
				mismo se decretaba la creación de la Administración General de Hacienda y Crédito
				con sede en la ciudad de Paraná donde debían reunirse todos los fondos del tesoro
				nacional, remitidos por las diferentes sucursales erigidas a lo largo de todo el
				territorio. La administración tenía entre sus muchas atribuciones que encargarse de
				la inspección y gestión de todas las restantes dependencias fiscales –obligadas a
				remitir allí las planillas de ingresos y egresos–, de autorizar los libramientos
				para el pago tanto de sueldos como de diversos gastos y de inspeccionar la compra y
				venta de muebles e inmuebles. Se ocupaba también del registro y clasificación de la
				deuda nacional (interna y externa) e intervenía en toda operación de crédito
				público.<xref ref-type="fn" rid="fn24"><sup>24</sup></xref></p>
			<p>El estatuto contemplaba la formación de un banco nacional, donde la administración
				general se reuniría en cuerpo, y de una casa de moneda. Este banco fue transformado
				entonces en contaduría y tesorería nacional. La Confederación abriría una cuenta
				corriente donde las entradas de fondos nacionales ingresaran mediante depósitos
				fiscales. Desde allí se abonarían los libramientos autorizados por el gobierno,
				según lo estipulado por el presupuesto general de gastos que regía cada año. Las
				medidas se acompañaron de una importante reforma monetaria. El gobierno de la
				Confederación comenzó a emitir papel moneda como una manera de contar con liquidez
				fiscal inmediata para cubrir los gastos estatales.<xref ref-type="fn" rid="fn25"><sup>25</sup></xref>
				.footnoteRef}</p>
			<p>A inicios de 1854, la administración general del banco comenzó a ser instalada
				prácticamente sin ningún tipo de preparación. Junto con la oficina central de
				Paraná, en la provincia de Santa Fe se establecieron dos dependencias, una en
				Rosario y la otra en Santa Fe. Las aduanas y los resguardos del puerto quedaron
				entonces bajo la inspección del Banco Nacional.<xref ref-type="fn" rid="fn26"><sup>26</sup></xref>
				Su designación como Oficina de Contaduría y Tesorería Nacional en Rosario no
				representó una escisión entre fondos nacionales y provinciales. Aunque la
				disposición no separó ambas esferas fiscales, el ministro de Hacienda, Mariano
				Fragueiro, solicitó al gobierno provincial autorizar que el administrador de aduana
				y receptor provincial de Rosario, Uladislao Frías –mientras ostentara ambos puestos–
				consignase la recaudación perteneciente a Santa Fe en la tesorería nacional en
				calidad de depósito.<xref ref-type="fn" rid="fn27"><sup>27</sup></xref> Con esta medida se
				pretendía centralizar en esa dependencia los ingresos de la aduana y conseguir así
				que las autoridades nacionales tomaran en sus manos el manejo de sus fondos sin la
				intermediación de las autoridades provinciales.</p>
			<p>El estatuto para la organización de la Hacienda establecía que, desde el 1 de enero
				de 1854, la centralización de los recursos debía ser completa. Sin embargo, al no
				contar con una estructura administrativa acorde con las exigencias de la tarea, las
				aduanas permanecieron en manos de las provincias.<xref ref-type="fn" rid="fn28"><sup>28</sup></xref>
				.footnoteRef} Las cuentas para el primer semestre de 1854 continuaron siendo de
				doble entrada (véase <xref ref-type="table" rid="t3">cuadro 3</xref>). Bajo el rubro entradas nacionales encontramos que la
				situación de los ramos se invirtió: lo recaudado por tránsito nacional que
				representaba más de 70% de los ingresos se redujo a 18%, mientras por lo recaudado
				por introducción de mercancías pasó de 27 a 80% de los ingresos, es decir que el
				peso de la fiscalidad se trasladó a los consumidores y no en los productores que
				exportaban sus producciones. En este semestre, los ingresos provinciales aumentaron,
				mientras que los balances de 1853 estimaban la recaudación en aproximadamente 67 000
				pesos, sólo el primer semestre de 1854 ingresó la cantidad de 62 000 pesos. La mitad
				de los ingresos provenían de los derechos de aduana, que, a partir de 1855, dejaron
				de recaudarse. Las entradas eventuales representaron 12% de los ingresos. Entre los
				eventuales se percibieron 4 000 pesos de la Confederación correspondiente a los
				subsidios que el gobierno había acordado con la provincia, como retribución a la
				nacionalización de la aduana. El resto de los ingresos eran patentes (7.8%),
				alcabala (3.4%), papel sellado (1.4%), remate de corrales (1.6%), entre otros.</p>
			<table-wrap id="t3">
				<label>CUADRO 3</label>
				<caption>
					<title>INGRESOS DE FONDOS NACIONAL Y PROVINCIAL EN LA ADUANA DE ROSARIO, PRIMER
				SEMESTRE DE 1854 (EN PESOS FUERTES)</title>
				</caption>
				<alternatives>
					<graphic xlink:href="t3.jpg"/>
				<table>
					<thead>
					<tr>
						<th align="left"><italic>Ingresos fondo nacional</italic></th>
						<th align="left"><italic>Pesos fuertes</italic></th>
						<th align="left"><italic>Porcentaje</italic></th>
						<th align="left"><italic>Ingresos fondo provincial</italic> Pesos fuertes</th>
						<th align="left">Porcentaje</th>
						<th align="left"/>
					</tr>
					</thead>
					<tbody>
					<tr>
						<td align="left">tránsito para el interior de la provincia</td>
						<td align="left">6 766</td>
						<td align="left">18.8</td>
						<td align="left">Patentes 4 907</td>
						<td align="left">7.8</td>
						<td align="left"/>
					</tr>
					<tr>
						<td align="left">7% de introducción de la provincia</td>
						<td align="left">29 072</td>
						<td align="left">81.2</td>
						<td align="left">Papel sellado 957</td>
						<td align="left">1.4</td>
						<td align="left"/>
					</tr>
					<tr>
						<td align="left">–</td>
						<td align="left">–</td>
						<td align="left">–</td>
						<td align="left">Derechos de aduana y puerto que cobraba la
								provincia<sup>a</sup> 41 52</td>
						<td align="left">8 66.5</td>
						<td align="left"/>
					</tr>
					<tr>
						<td align="left">–</td>
						<td align="left">–</td>
						<td align="left">–</td>
						<td align="left">Piso de carretas y arrias 418</td>
						<td align="left">0.66</td>
						<td align="left"/>
					</tr>
					<tr>
						<td align="left">–</td>
						<td align="left">–</td>
						<td align="left">–</td>
						<td align="left">Derechos municipales 423</td>
						<td align="left">0.67</td>
						<td align="left"/>
					</tr>
					<tr>
						<td align="left">–</td>
						<td align="left">–</td>
						<td align="left">–</td>
						<td align="left">Remate de corrales 1 013</td>
						<td align="left">1.63</td>
						<td align="left"/>
					</tr>
					<tr>
						<td align="left">–</td>
						<td align="left">–</td>
						<td align="left">–</td>
						<td align="left">Entradas eventuales incluso los 4 000 recibidos del banco 7
							456</td>
						<td align="left">12</td>
						<td align="left"/>
					</tr>
					<tr>
						<td align="left">–</td>
						<td align="left">–</td>
						<td align="left">–</td>
						<td align="left">Préstamos 2 40</td>
						<td align="left">0 3.85</td>
						<td align="left"/>
					</tr>
					<tr>
						<td align="left">–</td>
						<td align="left">–</td>
						<td align="left">–</td>
						<td align="left">Alcabala 1 899</td>
						<td align="left">3.04</td>
						<td align="left"/>
					</tr>
					<tr>
						<td align="left">–</td>
						<td align="left">–</td>
						<td align="left">–</td>
						<td align="left">Otros 109</td>
						<td align="left">0.17</td>
						<td align="left"/>
					</tr>
					<tr>
						<td align="left"><italic>Total</italic></td>
						<td align="left"><italic>35 839</italic></td>
						<td align="left"><italic>100</italic></td>
						<td align="left"><italic>Total</italic> *62 4</td>
						<td align="left">44* <italic>100</italic></td>
						<td align="left"/>
					</tr>
					</tbody>
				</table>
			</alternatives>                                                                      
				<table-wrap-foot>
						<fn id="TFN4">
							<p><sup>a</sup>Incluye los derechos de aduana, anclaje, eslingaje, patentes marítimas,
				exportación y guías.</p>
						</fn>
				</table-wrap-foot>
							<attrib>Fuente: elaboración propia con base en Contaduría, t. 98, legs. 31, 33-34, en
					<sc>agsf</sc>.</attrib>
			</table-wrap>
			<p>Es posible notar que más de 60% de los gastos nacionales corresponde a partidas
				militares (armamentos, vestuario, sueldos, ranchos, etc.) y poco más de 20% de los
				egresos del fondo nacional para pagar sueldos de empleados civiles –personal de la
				contaduría general, de la aduana y resguardo del puerto– y el alquiler de almacenes,
				así que es posible notar gastos destinados a cubrir la deuda de Santa Fe anterior a
				1852 (véase <xref ref-type="table" rid="t4">cuadro 4</xref>). Aunque efímera en sus montos, representaba un paso en el
				acatamiento a los acuerdos firmados en San Nicolás. La fiscalidad provincial se vio
				notoriamente aliviada reduciendo sus gastos a casi un tercio –pasó de 42 000 a 12
				800 pesos–, aunque los gastos militares continuaron representando más de 45% de los
				egresos provinciales, desaparecieron algunas partidas como las destinadas a la
				defensa contra los indios.</p>
			<table-wrap id="t4">
				<label>CUADRO 4</label>
				<caption>
					<title>EGRESOS DE LOS FONDOS NACIONAL Y PROVINCIAL EN LA ADUANA DE ROSARIO, PRIMER
				SEMESTRE DE 1854 (EN PESOS FUERTES)</title>
				</caption>
				<alternatives>
					<graphic xlink:href="t4.jpg"/>
				<table>
					<thead>
					<tr>
						<th align="left"><italic>Egresos fondo nacional</italic></th>
						<th align="left"><italic>Pesos fuertes</italic></th>
						<th align="left"><italic>Porcentaje</italic></th>
						<th align="left"><italic>Egresos fondo provincial</italic> Pesos fuertes</th>
						<th align="left">Porcentaje</th>
						<th align="left"/>
					</tr>
					</thead>
					<tbody>
					<tr>
						<td align="left">Alquiler de almacenes</td>
						<td align="left">1 329</td>
						<td align="left">1.98</td>
						<td align="left">Alquiler de almacenes 362</td>
						<td align="left">1.3</td>
						<td align="left"/>
					</tr>
					<tr>
						<td align="left">Empleados de aduana y resguardo, médico del hospital</td>
						<td align="left">398</td>
						<td align="left">0.60</td>
						<td align="left">Empleados de aduana y resguardo 452</td>
						<td align="left">1.62</td>
						<td align="left"/>
					</tr>
					<tr>
						<td align="left">Maestros de postas</td>
						<td align="left">599</td>
						<td align="left">0.89</td>
						<td align="left">Por sueldos y gastos en las estancias 422</td>
						<td align="left">1.51</td>
						<td align="left"/>
					</tr>
					<tr>
						<td align="left">Deuda de la provincia anterior a 1852</td>
						<td align="left">1 450</td>
						<td align="left">2.16</td>
						<td align="left">Juzgado de paz 293</td>
						<td align="left">1.05</td>
						<td align="left"/>
					</tr>
					<tr>
						<td align="left">Contaduría general mitad de los sueldos para gastos
							nacionales</td>
						<td align="left">11 345</td>
						<td align="left">16.9</td>
						<td align="left">Sueldos civiles 592</td>
						<td align="left">2.12</td>
						<td align="left"/>
					</tr>
					<tr>
						<td align="left">Descuento en letras</td>
						<td align="left">309</td>
						<td align="left">0.46</td>
						<td align="left">Descuento en letras 50</td>
						<td align="left">0.17</td>
						<td align="left"/>
					</tr>
					<tr>
						<td align="left">Gastos en indios</td>
						<td align="left">895</td>
						<td align="left">1.33</td>
						<td align="left">Obras públicas 1 237</td>
						<td align="left">4.44</td>
						<td align="left"/>
					</tr>
					<tr>
						<td align="left">Administración de correos</td>
						<td align="left">560</td>
						<td align="left">0.83</td>
						<td align="left">Expendedor del papel sellado 43</td>
						<td align="left">0.15</td>
						<td align="left"/>
					</tr>
					<tr>
						<td align="left">Devolución de derechos</td>
						<td align="left">306</td>
						<td align="left">0.45</td>
						<td align="left">Préstamos 2 400</td>
						<td align="left">8.61</td>
						<td align="left"/>
					</tr>
					<tr>
						<td align="left">Gastos militares, compras en vestuario, armamentos, 100
							mantas, sueldos y satisfacción de jefes y oficiales, igualmente el pago
							del auxilio del Ejército Libertador</td>
						<td align="left">44 657</td>
						<td align="left">66.6</td>
						<td align="left">Gastos militares incluso vestuarios, armamentos,
							gratificaciones y sueldos 12 80</td>
						<td align="left">0 45.9</td>
						<td align="left"/>
					</tr>
					<tr>
						<td align="left">Diversos gastos</td>
						<td align="left">4 548</td>
						<td align="left">6.8</td>
						<td align="left">Diversos gastos 8 631</td>
						<td align="left">30.9</td>
						<td align="left"/>
					</tr>
					<tr>
						<td align="left">–</td>
						<td align="left">–</td>
						<td align="left"/>
						<td align="left">Policía 307</td>
						<td align="left">1.10</td>
						<td align="left"/>
					</tr>
					<tr>
						<td align="left"><italic>Total</italic></td>
						<td align="left"><italic>66 996</italic></td>
						<td align="left"><italic>100</italic> *</td>
						<td align="left">Total* *27 85</td>
						<td align="left">9* <italic>100</italic></td>
						<td align="left"/>
					</tr>
					</tbody>
				</table>
			</alternatives>                                                                
							<attrib>Fuente: elaboración propia con base en Contaduría, t. 98, legs. 31, 33<sc>, 34,</sc>
				en <sc>agsf</sc>.</attrib>
			</table-wrap>
			<p>Ahora bien, las autoridades santafesinas desconocían a cuánto ascendía el monto de la
				deuda anterior a 1852, pues la inestabilidad política había tenido su correlato en
				la marcha de la administración de Hacienda dejando sumida la fiscalidad provincial
				en un verdadero caos. Recién a mediados de 1853, por solicitud del gobierno central
				se comenzó a recabar información para conocer cuáles eran los montos de la deuda y a
				confeccionar las planillas de deudores del fisco (véase <xref ref-type="table" rid="t5">cuadro 5</xref>).</p>
			<table-wrap id="t5">
				<label>CUADRO 5</label>
				<caption>
					<title>DEUDA DE LA PROVINCIA DE SANTA FE CONSIGNADA EN LA RECEPTORÍA DE ROSARIO,
						ANTERIOR A 1852 (EN PESOS FUERTES)</title>
				</caption>
				<alternatives>
					<graphic xlink:href="t5.jpg"/>
				<table>
					<thead>
					<tr>
						<th align="left"><italic>Rubros</italic></th>
						<th align="left"><italic>Montos</italic></th>
					</tr>
					</thead>
					<tbody>
					<tr>
						<td align="left">Sueldos militares</td>
						<td align="left"><italic>9 363</italic></td>
					</tr>
					<tr>
						<td align="left">Sueldos civiles</td>
						<td align="left"><italic>640</italic></td>
					</tr>
					<tr>
						<td align="left">Auxilio de reses</td>
						<td align="left"><italic>14 375</italic></td>
					</tr>
					<tr>
						<td align="left">Maestro de postas</td>
						<td align="left"><italic>444</italic></td>
					</tr>
					<tr>
						<td align="left"><italic>Total</italic></td>
						<td align="left"><italic>25 092</italic></td>
					</tr>
					</tbody>
				</table>
			</alternatives>             
							<attrib>Fuente: elaboración propia con base en Contaduría, t. 98, leg. 28, en
				<sc>agsf</sc>.</attrib>
			</table-wrap>
			<p>Según el informe Usladislao Frías, administrador de la aduana nacional, la deuda
				reclamada en la receptoría de Rosario alcanzaba la cantidad de 25 092 pesos, apenas
				2.5% correspondía a sueldos de personal civil y casi 37% era sueldos militares. La
				mayor parte era deuda contraída con hacendados y estancieros. Se trataba de
				suministros de reses –voluntarios y forzosos– que entregaron para surtir a las
				tropas en diferentes enfrentamientos militares, en otras palabras, eran gastos
				militares. Es necesario considerar que este primer informe estaba lejos de reflejar
				la verdadera cara del endeudamiento. La poca precisión en los datos recabados y las
				quejas de numerosos acreedores pervivían todavía en los años
				sesenta.<xref ref-type="fn" rid="fn29"><sup>29</sup></xref></p>
			<p>La deuda de la nación con la provincia se acrecentó fuertemente a lo largo de estos
				años. Entre diciembre de 1853 y julio de 1854 prácticamente se duplicó. El contador
				general de la provincia, Cayetano Echagüe, manifestaba al ministro de Hacienda de la
				Confederación que las sumas adeudadas alcanzaban la cantidad de 76 984 pesos (véase
				<xref ref-type="table" rid="t6">cuadro 6</xref>). El incremento no era consecuencia de nuevos informes, sino que se trataba
				de deuda acumulada correspondiente a gastos nacionales que la provincia había
				cubierto con fondos propios.<xref ref-type="fn" rid="fn30"><sup>30</sup></xref> Si observamos las
				cifras totales de ingresos y egresos de fondos nacionales en Santa Fe, la
				Confederación recaudó 118 633 pesos y gastó 197 781 pesos, teniendo un saldo
				negativo de 79 148 pesos. La transferencia de recursos de la provincia a la nación,
				mediante el pago de algunos gastos nacionales, fue un modo de frenar el déficit que
				presentaban las finanzas del Estado central en estos años.</p>
			<table-wrap id="t6">
				<label>CUADRO 6</label>
				<caption>
					<title>DEUDA DE LA NACIÓN CON LA PROVINCIA CONSIGNADA EN LA RECEPTORÍA DE ROSARIO,
				1853-1854 (EN PESOS FUERTES)</title>
				</caption>
				<alternatives>
					<graphic xlink:href="t6.jpg"/>
				<table>
					<thead>
					<tr>
						<th align="left"><italic>Deuda</italic></th>
						<th align="left"><italic>Diciembre de 1853</italic></th>
						<th align="left"><italic>Julio de 1854</italic></th>
					</tr>
					</thead>
					<tbody>
					<tr>
						<td align="left">Manifiesto precedente</td>
						<td align="left">6 690</td>
						<td align="left">–</td>
					</tr>
					<tr>
						<td align="left">Deuda de la nación con la provincia</td>
						<td align="left">37 173</td>
						<td align="left">76 984</td>
					</tr>
					<tr>
						<td align="left">Letras a cobrar en Rosario</td>
						<td align="left">–</td>
						<td align="left">3 483</td>
					</tr>
					<tr>
						<td align="left">Existencia en caja</td>
						<td align="left">543</td>
						<td align="left">550</td>
					</tr>
					<tr>
						<td align="left"><italic>Total</italic></td>
						<td align="left"><italic>44 406</italic></td>
						<td align="left"><italic>81 017</italic></td>
					</tr>
					</tbody>
				</table>
			</alternatives>
							<attrib>Fuente: elaboración propia con base en Contaduría, t. 98, leg. 22, en
				<sc>agsf</sc>.</attrib>
			</table-wrap>
		</sec>
		<sec id="sec-5">
			<title>Padecimientos cotidianos de los empleados de la aduana</title>
			<p>La nacionalización de la aduana no significó un recambio del personal de estas
				oficinas. Las autoridades del gobierno central decidieron mantener a los empleados
				nombrados por la provincia argumentando que “confiaba que estos contarían con
				méritos suficientes para cumplir con los servicios
				requeridos”.<xref ref-type="fn" rid="fn31"><sup>31</sup></xref> El complejo entramado fiscal que se
				tejió entre la Confederación y las provincias –que obligó a llevar una contabilidad
				doble– provocó más de un dolor de cabeza para los empleados de las dependencias de
				Hacienda. Tal como lo retratan las palabras que el administrador de la aduana y
				receptoría de Rosario, Francisco Carbonell, dirigía al colector general de la
				provincia:</p>

			<disp-quote>
				<p>[…] es preciso señor que usted conteste […], pues yo no puedo menos que
					continuamente molestarlo, nada menos que hoy con el nuevo arreglo me hallo en el
					caso de varias notas para sentar en las partidas en el libro manual como en el
					público o acaso será preciso usar libro por separarse para deducir el 7% que
					pertenece como nacional, como asimismo el 5% del tránsito: yo deseo que su
					bondad se digne mandarme un diseño para poderme expedir pues de otro modo no
					podré arribar con el acuerdo que deseo.<xref ref-type="fn" rid="fn32"><sup>32</sup></xref></p>
			</disp-quote>

			<p>Llevar las contabilidades provincial y nacional complicó la tarea de los empleados de
				Hacienda. Así en septiembre de 1853 el receptor del departamento Rosario presentó su
				renuncia argumentando no tener la capacidad para dirigir ambas
				dependencias.<xref ref-type="fn" rid="fn33"><sup>33</sup></xref> La doble calidad de receptor de la
				provincia y administrador de la aduana nacional comportaba serios inconvenientes
				como el que surgió en torno a la sanción del impuesto provincial sobre carretas que
				transportaban carbón y madera para su extracción. Según lo establecido por el
				Reglamento de aduanas nacionales,<xref ref-type="fn" rid="fn34"><sup>34</sup></xref> estas eran
				libres de derecho y, por lo tanto, su arancelamiento era un incumplimiento del
				artículo 10, capítulo 4 y título 14 del Estatuto de Hacienda. Sin embargo, negarse a
				cobrarlo significaba quebrantar una ley provincial y, por lo tanto, como receptor
				quedaba expuesto a ser acusado de defraudación al fisco. El nuevo administrador de
				la aduana nacional y receptor provincial del departamento de Rosario, Uladislao
				Frías, había mandado publicar la disposición en cumplimiento de su deber como
				oficial al mando de la Hacienda provincial, aunque no sin cierto resquemor. En su
				correspondencia con el colector general de la provincia expresaba así su
				preocupación:</p>
			<disp-quote>
				<p> En el presente creo, me encuentro con dos disposiciones contrarias, una de la
					provincia y otra de la nación, y con igual obligación de darles cumplimiento. En
					tal conflicto, he creído deber poner este asunto en conocimiento del exmo.
					Gobierno de la nación remitiendo la copia definitiva de usted a este, sin fin de
					que poniéndoles de acuerdo con el exmo. Gobierno de la provincia resuelvan lo
					que debe hacerse. Mientras tanto, para asegurar los decretos de la provincia,
					sin dejar de cumplir la ley nacional.<xref ref-type="fn" rid="fn35"><sup>35</sup></xref></p>
			</disp-quote>
			<p>El sinnúmero de cartas que desde la receptoría y aduana de Rosario se enviaban a la
				Contaduría de la Provincia y, desde allí, al Ministerio de Hacienda de la
				Confederación, muestra los obstáculos que debieron sortearse para homogeneizar las
				leyes fiscales. En las diferentes dependencias administrativas llovían solicitudes
				del personal demandando explicaciones sobre cómo proceder frente a las nuevas leyes
				nacionales: cuánto debían pagar las carretas que introducían artículos a la
				provincia; cuánto abonarían aquellas mercancías que estaban en los depósitos de la
				aduana, ingresadas bajo lo estipulado por la ley provincial y que ahora se hallaban
				regidas por el reglamento nacional. Había incertidumbre sobre qué reglamento aplicar
				al momento de recaudar los derechos de almacenaje y eslingaje.<xref ref-type="fn" rid="fn36"><sup>36</sup></xref>
				.footnoteRef} Los mismos administradores dudaban respecto a cómo discriminar los
				ingresos nacionales de los provinciales, por lo que se emitió un comunicado que
				explicaba en detalle la forma de elaborar las planillas
				fiscales.<xref ref-type="fn" rid="fn37"><sup>37</sup></xref></p>
			<p>En pos de reordenar el funcionamiento de las oficinas se sancionó una serie de
				decretos. Una cuestión central para la correcta marcha administrativa era la
				conformación de un calendario fiscal. Los reglamentos para las aduanas y resguardos
				contenían los detalles de los plazos dentro de los cuales regían las tarifas, se
				depositaban las mercancías, se abonaban los gravámenes, se cancelaban las deudas, se
				pagaba los sueldos, así como los términos que debían cumplir los empleados para la
				entrega de las planillas (de consignaciones, de asientos, de sueldos,
				etc.).<xref ref-type="fn" rid="fn38"><sup>38</sup></xref> Se establecieron también los horarios en
				que debían permanecer abiertas las oficinas. Las dependencias públicas estaban
				obligadas a funcionar, al menos, cuatro horas diarias, aunque algunas las de policía
				–supeditadas a cualquier eventualidad y con guardia nocturna en caso de considerarse
				oportuno– y las aduanas que –debido a las operaciones de cargas, trasbordo y otras
				de esta naturaleza– tenían una franja horaria más extendida.<xref ref-type="fn" rid="fn39"><sup>39</sup></xref>
				.footnoteRef} De esta manera, los empleados vieron incrementados sus deberes y, de
				la mano del crecimiento del tráfico comercial, estuvieron obligados a mantener
				abierta las oficinas hasta “altas horas”.</p>
			<p>La gestión de los recursos de las aduanas recayó en manos de una administración que
				padecía todo tipo de limitaciones. Bajo la impronta del gobierno central, en un
				intento por remediar esta situación, las oficinas de aduanas y resguardos del puerto
				de Rosario –servidas por unos pocos empleados que cumplían con múltiples
				tareas–<xref ref-type="fn" rid="fn40"><sup>40</sup></xref> aumentaron notoriamente su personal. Se
				creó el cargo de contador-interventor (encargado de elaborar las planillas de
				ingresos y egresos, y liquidaba las cuentas de la aduana y resguardo) y se consignó
				un ayudante para la oficina de contabilidad. Además, el incremento del tráfico
				comercial obligó a nombrar auxiliares para colaborar con las tareas del alcaide en
				la mesa de registro (al mando de los depósitos de la aduana, se encargaba de
				registrar las consignaciones, el número de bultos y el destino) y del vista en la
				capitanía del puerto (quien supervisaba las entradas y las salidas de mercancías del
				puerto).<xref ref-type="fn" rid="fn41"><sup>41</sup></xref> El capitán del puerto era, al mismo
				tiempo, comandante del resguardo y dependía del administrador de la aduana. Contaba
				con una partida celadora integrada por diez guardas que se ocupaba de rondar y
				vigilar las costas. Entre las tareas del comandante estaba el llevar una razón
				mensual de las personas que entraban y salían del puerto, así como supervisar todas
				las mercancías que transitaban por el mismo. La dificultad del resguardo para
				ejercer ambas tareas, vigilancia y control de mercancías obligó a las autoridades
				nacionales a descargar esta segunda tarea en la mesa de registro, dejando a los
				guardas la tarea de vigilancia.<xref ref-type="fn" rid="fn42"><sup>42</sup></xref></p>
			<p>La capacidad y la eficacia de una administración para acometer sus tareas estaba
				condicionada, en parte, por sus posibilidades materiales (<xref ref-type="bibr"
					rid="B45">Whipple, 2013</xref>). Las oficinas de aduana y resguardo del puerto
				de Rosario mostraban una enorme desnudez. Su mobiliario se componía apenas de un
				armario donde se guardaban papeles y cuadernos, una única mesa que debía ser
				compartida por todo el personal de Hacienda y tres estantes donde se ubicaban los
				documentos. Contaba con una caja de fierro con dos llaves, una en poder del
				administrador y la otra del vista, donde se guardaba la recaudación. El archivo
				constaba de diferentes libros de registros: de permisos, de guías, de buques y de
				tropas de carga, el cuaderno para el cobro de derecho de piso y arrías, el cuaderno
				de pases expedidos, etc. También se salvaguardaban dos libros manuales, uno de los
				cuales quedaba en el archivo de la aduana y el otro era remitido al colector
				general, al menos mientras esta oficina dependió de la
				provincia.<xref ref-type="fn" rid="fn43"><sup>43</sup></xref> Pese a la centralidad de sus aportes
				a las arcas fiscales, las condiciones materiales no se modificaron bajo la égida del
				gobierno central. La prensa local retrataba de forma irónica la situación:</p>
			<disp-quote>
				<p>–¿Vamos ché? –¿Adónde? –Al calabozo. –Déjate de sonseras. –Pues yo voy en
					seguida, á abrir registro á un buque, y despachar unos permisos de introducción.
					–¿A la cárcel? –Si ó lo que es lo mismo a la Capitanía del Puerto. ¿No has visto
					esas decoraciones teatrales, que representan los calabozos de la inquisición o
					de la Bastilla? Pues bien, fíjate en la desnudes de esa oficina, y en la fúnebre
					pintura que la adorna.<xref ref-type="fn" rid="fn44"><sup>44</sup></xref></p>
			</disp-quote>

			<p>En el mismo espacio donde funcionaba la capitanía del puerto y la comandancia del
				resguardo se hallaba la receptoría de Rosario. Su ubicación fue una enorme ventaja
				en aquellos momentos en que los receptores estuvieron a cargo, al mismo tiempo, de
				la administración de la aduana. Sin embargo, cuando la aduana pasó definitivamente a
				jurisdicción nacional los problemas estuvieron a la orden del día. El receptor Pedro
				Lassaga se quejaba ante el colector general sosteniendo que “estando todo el archivo
				que me dejó el administrador saliente D. Frías en una pieza donde entran y salen 18
				o 20 guardas no sería extraño la pérdida de algunos papeles, pues ya me he
				sucedido”.<xref ref-type="fn" rid="fn45"><sup>45</sup></xref> La solución que propuso para ello era
				muy sencilla: poner una puerta para separar ambas oficinas, la de receptoría y la de
				aduana, de modo tal que no se confundiesen los papeles, pero la medida no prosperó.
				No obstante, las dificultades obligaron a repensar la ubicación de la receptoría y
				trasladarla, finalmente, al edificio donde funcionaba la jefatura política. Una
				separación física que materializó la escisión definitiva de ambas esferas
				fiscales.</p>
			<p>Las carencias materiales se reflejaron también en la insuficiencia de sueldos. Las
				autoridades debían procurar que el salario fuera suficiente para que los empleados
				dedicaran tiempo completo a esta actividad y, al mismo tiempo, alcanzara para
				compensar el trabajo y la responsabilidad que asumían en el ejercicio de su cargo.
				Las continuas peticiones elevadas por los propios empleados del departamento de
				Hacienda constituyen un claro reflejo de que los sueldos no alcanzaban a cubrir las
				necesidades mínimas. A principios de 1852 el oficial auxiliar de la receptoría de
				Hacienda de Rosario, Calixto Lassaga, se quejaba ante el gobernador:</p>
			<p><preformat>html</preformat> […] desde diciembre del año ’44 estoy sirviendo de
				oficial auxiliar en la receptoría de este departamento, con una asistencia tan
				puntal y tan asidua trabajo, que no me queda tiempo ni el más mínimo, para
				contraerme a otra genero de industria. El sueldo, Exmo. señor, con que cuento por mi
				empleo, es el de 17 pesos mensuales, con él tengo que hacer frente a todas las
				necesidades de mi familia, no teniendo aun ni casa en que morar con una esposa y dos
				hijos.<xref ref-type="fn" rid="fn46"><sup>46</sup></xref></p>
			<p>Estudios realizados sobre la composición de la canasta básica en Santa Fe compuesta
				de los cuatro productos básicos, a saber, pan, carne, azúcar y yerba, tenía un costo
				de 15.26 pesos (<xref ref-type="bibr" rid="B19">Frid, 2015</xref>). Si el sueldo del
				auxiliar de la receptoría era de 17 pesos quiere decir que una porción muy grande de
				su salario cubría sus gastos de alimento, sin dejarle margen para otras necesidades
				(vestimenta, alquiler, etc.). Es preciso considerar que los empleados de Hacienda
				“no viven más que de su sueldo”, es decir no tienen otras actividades que les
				permita complementar sus ingresos.<xref ref-type="fn" rid="fn47"><sup>47</sup></xref></p>
			<p>Las autoridades tanto provinciales como nacionales tenían muy presente que si todos
				aquellos encargados de manejar los caudales públicos no eran recompensados
				adecuadamente estarían tentados a proveerse de recursos con maniobras dudosas y, por
				lo tanto, la recaudación nunca estaría asegurada. Los salarios bajos podían empujar
				a los empleados a buscar compensaciones mediante la concurrencia a prácticas
				corruptas, desacreditando a la administración en su conjunto. En la carta de
				renuncia que eleva el receptor de Hacienda de Rosario, Fernando Carbonell, aseguraba
				“a la verdad Exmo Sr. Yo me hallo en un estado miserable de indigencia, y temo que
				esta me obligue a cometer algún fraude a la Renta del Estado para mantener mi
				familia”.<xref ref-type="fn" rid="fn48"><sup>48</sup></xref> En el nombramiento de los empleados de
				Hacienda la confianza era clave. A fines de 1853, los peones de la aduana de Rosario
				exigieron un incremento de sueldo a 17 pesos mensuales, un salario muy por encima de
				los doce pesos que recibían entonces. No obstante, el administrador aconseja al
				gobierno cumplir con la demanda porque “hice llamar a otros peones, y aunque algunos
				pedían algo menos, no los he conchavado tanto porque no están acostumbrados al
				servicio que prestan los existentes, cuando porque los empleados no tenían confianza
				en ellos”.<xref ref-type="fn" rid="fn49"><sup>49</sup></xref> Las quejas de los empleados de la
				aduana, el incremento del trabajo en estas oficinas y la necesidad de mantener un
				personal que inspire confianza del gobierno impulsaron el incremento de los
				salarios. Así el administrador de aduana pasó a cobrar 2 000 pesos y el vista 1 200
				pesos (véase <xref ref-type="table" rid="t7">cuadro 7</xref>).<xref ref-type="fn" rid="fn50"><sup>50</sup></xref></p>
			<table-wrap id="t7">
				<label>CUADRO 7</label>
				<caption>
					<title>SUELDOS DE LOS EMPLEADOS DE LA ADUANA Y RESGUARDO DEL PUERTO DE ROSARIO
				(1853)</title>
				</caption>
				<alternatives>
					<graphic xlink:href="t7.jpg"/>
				<table>
					<thead>
					<tr>
						<th align="left"><italic>Empleado</italic></th>
						<th align="left"><italic>Sueldo (anual)</italic></th>
					</tr>
					</thead>
					<tbody>
					<tr>
						<td align="left">Administrador de aduana</td>
						<td align="left">1 200</td>
					</tr>
					<tr>
						<td align="left">Contador interventor</td>
						<td align="left">408</td>
					</tr>
					<tr>
						<td align="left">Alcaide de aduana</td>
						<td align="left">408</td>
					</tr>
					<tr>
						<td align="left">Oficial de aduana</td>
						<td align="left">300</td>
					</tr>
					<tr>
						<td align="left">Vista</td>
						<td align="left">600</td>
					</tr>
					<tr>
						<td align="left">Oficial de la contabilidad</td>
						<td align="left">408</td>
					</tr>
					<tr>
						<td align="left">Auxiliares de aduana</td>
						<td align="left">144</td>
					</tr>
					<tr>
						<td align="left">Capitán de puerto</td>
						<td align="left">720</td>
					</tr>
					<tr>
						<td align="left">Dependiente del resguardo</td>
						<td align="left">60</td>
					</tr>
					</tbody>
				</table>
			</alternatives>                                                                   
							<attrib>Fuente: elaboración propia con base en Cámara de Diputados, t. 1, f. 491 (21 de
				noviembre de 1853), en Archivo Legislatura Provincial (<sc>alp</sc>).</attrib>
			</table-wrap>
			<p>La otra cara del problema lo representaba la forma en que se abonaban los sueldos.
				Para 1853 el principal conflicto no radicó tanto en la demora de los libramientos
				como en el medio en que estos se pagaban. El papel moneda de la Confederación, el
				denominado papel de Fragueyro, inundó de forma repentina la provincia, ya que el
				gobierno nacional lo utilizó para pagar los sueldos atrasados del personal
				administrativo y militar. Su puesta en circulación generó gran malestar; los
				vecinos, acostumbrados a la moneda constante y sonante, se resistieron a recibirlos
					(<xref ref-type="bibr" rid="B41">Schmit, 2004</xref>). En Santa Fe los
				receptores de Hacienda se vieron obligados a persuadirlos de aceptar el papel a la
				par de la plata metálica.<xref ref-type="fn" rid="fn51"><sup>51</sup></xref> Igual resistencia
				opusieron los empleados de la aduana, quienes se negaban a cobrar sus sueldos en
				papel. Se emitieron distintas comunicaciones exigiendo que se tomaran las medidas
				pertinentes para obligarlos a consentir este medio de pago como una forma de
				demostrar que el personal de la administración de Hacienda participaba en el
				“espíritu del gobierno”.<xref ref-type="fn" rid="fn52"><sup>52</sup></xref> Pese a los esfuerzos,
				el demérito de este papel fue tal que el gobierno provincial dejó de utilizarlo para
				pagar los sueldos considerando injusto someter a los ciudadanos a recibir como pago
				billetes que “en nada podían utilizar”.<xref ref-type="fn" rid="fn53"><sup>53</sup></xref> La
				enorme resistencia encontrada en las provincias frenó la circulación y desde el
				gobierno central se resolvió dar marcha atrás y sacar los billetes de
				circulación.<xref ref-type="fn" rid="fn54"><sup>54</sup></xref></p>
		</sec>
		<sec id="sec-6" sec-type="conclusions">
			<title>Conclusión</title>
			<p>El proceso de conformación de la Confederación Argentina (1852-1862) primero, y el
				Estado nacional, más tarde, exigió nuevas articulaciones entre las jurisdicciones
				provincial y nacional. La Constitución nacional de 1853 decretó en su artículo 4 que
				el tesoro debía conformarse de tres fuentes de ingresos: las entradas de aduanas,
				las ventas de tierras fiscales y las rentas de correos. Además, debían considerase
				como ingresos los empréstitos que se tomaran y las operaciones de crédito. Las
				tierras baldías, muy numerosas y extensas, que podrían haber constituido una
				importante fuente de recursos, debido a que en la mayoría del territorio no habían
				sido aún enajenadas, se dejaron en manos de las provincias. Por otro lado, las
				rentas de correos fueron prácticamente insignificantes en el periodo. Se realizaron
				grandes esfuerzos por organizar una administración de correos que alcanzara a todo
				el territorio confederal, pero hasta la década siguiente las rentas en este ramo no
				tuvieron incidencia. Esta situación dejó a la confederación con un único recurso:
				las aduanas. Los gravámenes al comercio fueron los principales recursos del Estado.
				Ello representó para las provincias la pérdida de una porción –la más sustanciosa–
				de sus ingresos y una parte de sus administraciones de Hacienda.</p>
			<p>Las aduanas y resguardos de puerto pasaron a jurisdicción nacional, aunque el proceso
				fue más pautado de lo que la legislación deja entrever. Durante 1852 y fines de 1854
				la fiscalidad del Estado central continuó en manos de la provincia, no sin
				dificultades. Las sucesivas transformaciones de los reglamentos arancelarios fueron
				diagramando un nuevo orden fiscal al tiempo que delimitaron la política impositiva.
				Sin embargo, el proceso de diferenciación de ambas potestades no siempre fue
				transparente, subsistieron zonas grises tal como lo demuestra la insistencia de las
				autoridades locales en cobrar un impuesto a las carretas que circulaban en el
				territorio, lo que no era más que una contribución indirecta encubierta.</p>
			<p>Construir un entramado administrativo que permitiese al gobierno central hacerse con
				los recursos conllevó marchas y contramarchas como sucedió con la experiencia de la
				Administración de Hacienda y Crédito y el Banco Nacional. Inaugurados a inicios de
				1854 sólo funcionaron unos pocos meses, pues en septiembre de ese mismo año fueron
				disueltos. Idéntica suerte corrió la reforma monetaria, aunque en teoría debía
				contribuir a aliviar las presiones fiscales y solventar los gastos de la
				administración, su puesta en práctica no cosechó los resultados esperados. A las
				resistencias de la población a aceptar el papel moneda se le sumó la falta de
				liquidez fiscal. Los billetes carecían de fondos de garantía debido a que la banca
				nacional no contaba con dinero metálico para respaldar las emisiones. Las
				autoridades nacionales confiaban que la entrada permanente de efectivo contribuiría
				a preservarlas y se cubriría cualquier déficit, pero ello no ocurrió. Así poco
				tiempo después los billetes fueron sacados de circulación.</p>
			<p>A partir de 1855 con la nacionalización definitiva de los recursos de las aduanas y
				sus oficinas convertidas en Contaduría General de la Nación, la provincia de Santa
				Fe, al igual que las restantes, se vieron obligadas a imponer nuevas pautas legales
				reestructurando sus sistemas de recaudación. La nueva política tributaria debía
				afirmarse en los postulados que desde el ámbito nacional se propulsaban –a saber,
				equidad, universalidad y obligatoriedad–. Las autoridades provinciales, entonces, se
				volcaron a la tarea de crear nuevas figuras fiscales para robustecer sus arcas. En
				el caso de Santa Fe, la sanción de leyes impositivas constituyó el primer paso para
				regular el erario. Su aprobación conllevó arduas discusiones en el interior de la
				Asamblea Legislativa en torno a la manera de imponer los arbitrios. Los debates
				revelan la enorme preocupación de los legisladores por cumplir con un requisito
				fundamental: respetar la potestad fiscal del Estado nacional.</p>
		</sec>
		<sec id="sec-7">

			<title><italic>Archivos</italic></title>
			<p><sc>agsf</sc> Archivo General de laProvincia de Santa Fe, Santa Fe, Argentina.</p>
			<p><sc>alp</sc> Archivo LegislaturaProvincial, Santa Fe, Argentina.</p>
			<p><sc>na</sc> National Archives,Public Record Office, Foreing Office, Londres, Reino
				Unido.</p>
		</sec>
	</body>
	<back>
		<ref-list>
			<title>Referencias</title>
			<ref id="B1">
				<mixed-citation>Alberdi, J. B. (1854).<italic>Sistema económico y rentístico de la
						Confederación Argentina: según la Constitución de 1853</italic>. Buenos
					Aires: El Foro.</mixed-citation>
				<element-citation publication-type="book">
					<person-group person-group-type="author">
						<name>
							<surname>Alberdi</surname>
							<given-names>J. B.</given-names>
						</name>
					</person-group>
					<source>Sistema económico y rentístico de la Confederación Argentina: según la
						Constitución de 1853</source>
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			<title>Notas</title>
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				<label>1</label>
				<p>Luego de varios intentos constitucionales frustrados (1819 y 1826), el sistema
					político instituido recayó en las provincias convertidas en estados soberanos.
					La firma del Pacto Federal de 1831 otorgó la base para la creación de una
					confederación de Estados independientes que mantuvieron un mínimo de
					integración. La situación cambió con la conformación de la llamada Confederación
					Argentina, aunque en realidad se trató de un Estado federal más que confederal,
					tal y como se afirmó en la Constitución de 1853 (<xref ref-type="bibr" rid="B12"
						>Chiaramonte, 1993</xref>).</p>
			</fn>
			<fn fn-type="other" id="fn2">
				<label>2</label>
				<p>La aduana de Buenos Aires era una pieza clave de su economía. Allí se recaudaba
					80% de los ingresos de la provincia (<xref ref-type="bibr" rid="B26">Halperín,
						2005</xref>).</p>
			</fn>
			<fn fn-type="other" id="fn3">
				<label>3</label>
				<p>La complejidad de este proceso requiere de un examen que excede los límites de
					este trabajo, para ello, véase <xref ref-type="bibr" rid="B42">Scobie
						(1964)</xref>.</p>
			</fn>
			<fn fn-type="other" id="fn4">
				<label>4</label>
				<p><italic>Registro estadístico</italic>, en <xref ref-type="bibr" rid="B11"
						>Carrasco (1900)</xref>.</p>
			</fn>
			<fn fn-type="other" id="fn5">
				<label>5</label>
				<p>Véanse <xref ref-type="bibr" rid="B27">Herrera (2010)</xref> y <xref
						ref-type="bibr" rid="B35">Rex (2004)</xref> sobre el caso tucumano; <xref
						ref-type="bibr" rid="B40">Schaller (2002)</xref> sobre Corrientes o <xref
						ref-type="bibr" rid="B37">Romano (1992)</xref> sobre Córdoba, quienes
					muestran que las medidas implementadas demoraron en demoler el viejo sistema
					fiscal.</p>
			</fn>
			<fn fn-type="other" id="fn6">
				<label>6</label>
				<p>Sobre la construcción de una fiscalidad central en otras experiencias de
					federalismo, el caso mejor estudiado es sin duda el mexicano: <xref
						ref-type="bibr" rid="B29">Jáuregui (2010)</xref>; <xref ref-type="bibr"
						rid="B34">Pantoja (2007)</xref>; <xref ref-type="bibr" rid="B31">Marichal y
						Marino (2001)</xref>; <xref ref-type="bibr" rid="B38">Sánchez, Jáuregui e
						Ibarra (2001)</xref>.</p>
			</fn>
			<fn fn-type="other" id="fn7">
				<label>7</label>
				<p>Para un balance historiográfico, véase <xref ref-type="bibr" rid="B32">Mega
						(2010)</xref>.</p>
			</fn>
			<fn fn-type="other" id="fn8">
				<label>8</label>
				<p>Véanse <xref ref-type="bibr" rid="B2">Ayrolo, Lanteri y Morea (2011)</xref>,
						<xref ref-type="bibr" rid="B30">Lanteri (2013</xref>, <xref ref-type="bibr"
						rid="B48">2013b)</xref>, <xref ref-type="bibr" rid="B10">Buchbinder
						(2004)</xref>.</p>
			</fn>
			<fn fn-type="other" id="fn9">
				<label>9</label>
				<p>Si observamos algunos datos sobre los ingresos efectivos a las arcas de la
					Confederación entre 1853 y 1860 encontramos que poco más de 94% correspondía a
					rentas de aduanas (76.9% era ingresos a las importaciones y 14.9 por
					exportaciones). Además, para 1860 92% de los ingresos de las aduanas
					confederadas provenía de las receptorías del Litoral, es decir Santa Fe, Entre
					Ríos y Corrientes. Sólo en la aduana de Rosario se recaudaba 44.9% de los
					ingresos totales convirtiéndose en el puerto más importante después del de
					Buenos Aires (<xref ref-type="bibr" rid="B22">Garavaglia, 2010b, p.
					227</xref>).</p>
			</fn>
			<fn fn-type="other" id="fn10">
				<label>10</label>
				<p>Registro Oficial de la República Argentina que comprende los documentos expedidos
					desde 1810 hasta 1873 (en adelante <sc>rora</sc>) (1879), pp. 14-15.</p>
			</fn>
			<fn fn-type="other" id="fn11">
				<label>11</label>
				<p>En los últimos años, los estudios se han focalizado en la situación particular de
					las finanzas de las distintas provincias. Desde una perspectiva fiscal se ha
					puesto el acento en la forma que lograron financiarse y sostener su
					administración. Un examen de sus fundamentos económicos, su estructura social y
					sus vaivenes políticos obligaron a la elaboración de cronologías más ajustadas a
					cada caso. Un balance historiográfico en <xref ref-type="bibr" rid="B36">Ríos
						(2017)</xref>.</p>
			</fn>
			<fn fn-type="other" id="fn12">
				<label>12</label>
				<p>Reglamento de aduanas (1852) donde se contemplaba la creación de una oficina
					denominada Inspección General de Aduanas Nacionales –que debía ser integrada por
					un inspector general, un jefe de departamento y cuatro visitadores– que tendría
					como sede a la aduana de Buenos Aires de la que dependerían todas las aduanas
					nacionales. <sc>rora (</sc>1879<sc>)</sc>, pp. 37-42.</p>
			</fn>
			<fn fn-type="other" id="fn13">
				<label>13</label>
				<p>Se nombró a Elías Bedoya como visitador de las aduanas nacionales, al consejero
					de Estado Francisco Pico como inspector de las aduanas exteriores y a Benjamín
					Gorostiaga como asesor de gobierno y auditor general de Guerra y Marina.
						<sc>rora (</sc>1879<sc>)</sc>, p. 48.</p>
			</fn>
			<fn fn-type="other" id="fn14">
				<label>14</label>
				<p>El ministro de Gobierno de la provincia M. Leiva anunciaba al receptor de Rosario
					y administrador de la aduana: “no haga innovación alguna hasta segunda orden en
					la administración a su cargo y que se guarde el mismo sistema de rentas”. Notas
					de ministros Manuel Leiva, al receptor del Rosario, don Francisco Carbonell que
					tratan sobre la instalación de la aduana Nacional en el Rosario en septiembre de
					1852. Contaduría, t. 90, leg. 14, en Archivo General de la Provincia de Santa Fe
					(en adelante <sc>agsf</sc>).</p>
			</fn>

			<fn fn-type="other" id="fn15">
				<label>15</label>
				<p><sc>rora (</sc>1879<sc>)</sc>, pp. 48-49.</p>
			</fn>

			<fn fn-type="other" id="fn16">
				<label>16</label>
				<p>El 3 de octubre de 1852 se establecieron trece aduanas sobre el río Paraná y
					cinco sobre río Uruguay. Los puertos de entrada de la Confederación fueron
					divididos en tres clases. Los de primera, sobre el río Paraná, eran los ubicados
					en Rosario, Santa Fe, Paraná y Corrientes. Fueron considerados puertos de
					segunda clase Gualeguay, Victoria y Goya. Mientras que los de Diamante, la Paz,
					Bella Vista, Empedrado, Itati e Ita-ibate se les otorgó el tercer rango. Sobre
					el río Uruguay no se establecieron puertos de primera; sólo de segunda:
					Gualeguaychu, Concepción del Uruguay, Concordia y la Restauración; y de tercera:
					Federación, La Cruz y Santo Tomé. También se instaló una línea de aduanas en los
					Andes, para poner bajo control el comercio con Chile y Bolivia. Estas oficinas
					se instituyeron bajo el nombre de <italic>puertos secos entradas por
						tierra.</italic> Reglamentando la navegación de los ríos Paraná y Uruguay, y
					las aduanas nacionales. <sc>rora (</sc>1879<sc>)</sc>, pp. 48-49.</p>
			</fn>
			<fn fn-type="other" id="fn17">
				<label>17</label>
				<p>Carta de Frank Parrish, vicecónsul de Buenos, 30 de septiembre de 1853. Public
					Record Office, Foreing Office, Commercial and Consular Correspondence, 118, t.
					75, fs. 262-266, National Archives (<sc>na</sc>).</p>
			</fn>
			<fn fn-type="other" id="fn18">
				<label>18</label>
				<p>Reglamento para la navegación de los ríos Paraná y Uruguay y las aduanas
					nacionales. <sc>rora (</sc>1879<sc>)</sc>, pp. 48-49.</p>
			</fn>
			<fn fn-type="other" id="fn19">
				<label>19</label>
				<p>Es preciso considerar que los impuestos indirectos constituían los principales
					ingresos de Santa Fe. Entre las décadas de 1820 y 1850 los derechos de
					importación y de exportación constituyeron las principales fuentes de
					financiamiento, aunque los primeros ocuparon un lugar más significativo, al
					tiempo que las entradas y las salidas marítimas tuvieron más peso que las
					terrestres. Véase <xref ref-type="bibr" rid="B14">Chiaramonte, Cussianovich y
						Tedeschi (1993)</xref>.</p>
			</fn>
			<fn fn-type="other" id="fn20">
				<label>20</label>
				<p>Los teóricos del <italic>fiscal-military state</italic> han señalado que los
					primeros pasos de la construcción estatal requerían de la instauración del
					monopolio de la fuerza hacia afuera y hacia adentro del espacio sobre el cual
					este reivindicaba su control. Estos autores argumentan que conjuntamente con el
					incremento de los gastos bélicos y de represión era indispensable el desarrollo
					de un sistema burocrático de percepción de rentas. Se establecía entonces una
					conexión entre esfuerzo guerrero, extracción fiscal y crecimiento de la
					burocracia. La historiografía europea tiene una larga tradición de trabajos que
					versan sobre el modelo de <italic>fiscal-military</italic>
					<italic>state</italic>: <xref ref-type="bibr" rid="B8">Brewer (1994)</xref>;
						<xref ref-type="bibr" rid="B15">Collins (1997)</xref>; <xref ref-type="bibr"
						rid="B9">O'Brien y Hunt (1993)</xref>; <xref ref-type="bibr" rid="B44">Tilly
						(1990)</xref>; <xref ref-type="bibr" rid="B43">Storrs (2009)</xref>. No
					obstante, nuevas miradas han matizado esta vinculación mecánica
					guerra-fiscalidad-construcción del estado. La guerra ha sido estudiada como el
					marco en el que se produjo la construcción de los Estados y, como tal,
					condicionó ese proceso. En estas nuevas indagaciones, lejos de responder a un
					modelo lineal de racionalización parece postularse que los Estados del siglo
						<sc>xix</sc> nacieron y se desarrollaron en un contexto de contingencia cuyo
					determinante mayor era la guerra y su núcleo central las fuerzas militares. Para
					un análisis de esta cuestión, véase <xref ref-type="bibr" rid="B24">Garavaglia,
						Pro Ruiz y Zimmermann (2012)</xref>.</p>
			</fn>
			<fn fn-type="other" id="fn21">
				<label>21</label>
				<p>Leyes y decretos, ceses y nombramientos y varias notas del ministro dirigida al
					colector general José A. Lassaga de todo el año 1853. Contaduría, t. 98, leg.
					20, en <sc>agsf</sc>.</p>
			</fn>
			<fn fn-type="other" id="fn22">
				<label>22</label>
				<p>Correspondencia del interventor Gabriel López, y administrador de aduana de
					Rosario d. Uladislao Frías, dirigida al contador general José Antonio Lassaga.
					Contaduría, t. 94, leg. 24, en <sc>agsf.</sc></p>
			</fn>
			<fn fn-type="other" id="fn23">
				<label>23</label>
				<p>Correspondencia del interventor d. Domingo Crespo y del ministro Manuel Leiva
					dirigida al receptor de Hacienda Francisco Carbonell. Contaduría, t. 94, leg.
					22, en <sc>agsf.</sc></p>
			</fn>
			<fn fn-type="other" id="fn24">
				<label>24</label>
				<p><sc>rora (</sc>1879<sc>)</sc>, pp. 82-91.</p>
			</fn>
			<fn fn-type="other" id="fn25">
				<label>25</label>
				<p>Las distintas provincias rioplatenses habían tenido o tenían experiencia en la
					utilización de este tipo de divisas en algunos casos pasajera como la de Santa
					Fe o Córdoba. En otros casos, el uso del papel moneda modificó las prácticas
					monetarias desalojando de la circulación a la plata y al oro. Los estudios
					realizados sobre las provincias de Buenos Aires y Corrientes se constituyen en
					los ejemplos más sonantes. Véanse <xref ref-type="bibr" rid="B3">Álvarez
						(1929)</xref>, <xref ref-type="bibr" rid="B28">Irigoin (2003)</xref>, <xref
						ref-type="bibr" rid="B39">Schaller (2001)</xref>, <xref ref-type="bibr"
						rid="B33">Nicolini y Parolo (2009)</xref>.</p>
			</fn>
			<fn fn-type="other" id="fn26">
				<label>26</label>
				<p>Organizando la administración de Hacienda y Crédito público, conforme al estatuto
					de 1853. <sc>rora (</sc>1879<sc>)</sc>, p. 94.</p>
			</fn>
			<fn fn-type="other" id="fn27">
				<label>27</label>
				<p>Notas del administrador de aduana de Rosario, al contador General de la
					provincia. Contaduría, t. 97, leg. 5, en <sc>agsf.</sc></p>
			</fn>
			<fn fn-type="other" id="fn28">
				<label>28</label>
				<p>Leyes y decretos, ceses y nombramientos comunicados por intermedio de la
					secretaria de gobierno al colector d. Cayetano Echagüe. Contaduría, t. 98, leg.
					60, en <sc>agsf</sc>.</p>
			</fn>
			<fn fn-type="other" id="fn29">
				<label>29</label>
				<p>El 20 de enero de 1863 las autoridades provinciales realizaron un llamado a todos
					aquellos que tuvieran créditos contra el Estado por servicios anteriores al 1 de
					mayo de 1853 a que presentaran sus reclamaciones. Aunque se trataba de una deuda
					que, según el decreto del Congreso Nacional Constituyente del 9 de diciembre de
					1853, correspondía a la nación desde el gobierno provincial se consideraba
					necesario dar respuesta a estos acreedores (Registro Oficial de la Provincia de
					Santa Fe, 1890, t. 4, p. 333).</p>
			</fn>
			<fn fn-type="other" id="fn30">
				<label>30</label>
				<p>Nota del contador general Cayetano Echagüe elevando los estados de la deuda
					nacional al Ministerio, quedando en diciembre 31 de 1853, 371 173 pesos fuertes
					con 2¾ reales por saldo a favor de la provincia y en julio 31 de 1854, 76 984
					pesos fuertes. Contaduría, t. 98, leg. 22, en <sc>agsf</sc>.</p>
			</fn>
			<fn fn-type="other" id="fn31">
				<label>31</label>
				<p><sc>rora (</sc>1879<sc>)</sc>, p. 99.</p>
			</fn>
			<fn fn-type="other" id="fn32">
				<label>32</label>
				<p>Correspondencia del receptor de Rosario Carbonell dirigida al contador general
					José Lassaga en todo el año 1852 (Rosario, 29 de octubre de 1852). Contaduría,
					t. 90, leg. 6, en <sc>agsf</sc>.</p>
			</fn>
			<fn fn-type="other" id="fn33">
				<label>33</label>
				<p>Correspondencia del receptor del Rosario, don Francisco Carbonell, al colector
					general José Antonio Lassaga. Contaduría, t. 94, leg. 23, en <sc>agsf.</sc></p>
			</fn>
			<fn fn-type="other" id="fn34">
				<label>34</label>
				<p><sc>rora (</sc>1879<sc>)</sc>, p. 49.</p>
			</fn>
			<fn fn-type="other" id="fn35">
				<label>35</label>
				<p>Notas del administrador de aduana de Rosario, al contador general de la
					provincia. Contaduría, t. 97, leg. 5, en <sc>agsf</sc>.</p>
			</fn>
			<fn fn-type="other" id="fn36">
				<label>36</label>
				<p>Leyes y decretos, ceses y nombramientos y varias notas del ministro dirigida al
					colector general José A. Lassaga de todo el año 1853. Contaduría, t. 98, leg.
					20, en <sc>agsf</sc>.</p>
			</fn>
			<fn fn-type="other" id="fn37">
				<label>37</label>
				<p>Nota del administrador de aduana del Rosario Uladislao Frías al colector general
					Cayetano Echagüe, dando explicaciones sobre los ramos que corresponden a la
					nación y a la provincia. Contaduría, t. 98, leg. 39, en <sc>agsf.</sc></p>
			</fn>
			<fn fn-type="other" id="fn38">
				<label>38</label>
				<p>Registro Oficial de la Provincia de Santa Fe<sc>, 1980</sc>, t. 2, p. 37.</p>
			</fn>
			<fn fn-type="other" id="fn39">
				<label>39</label>
				<p>Colección de varias leyes y decretos impresos, correspondientes al año 1853.
					Contaduría, t. 94, leg. 17<sc>,</sc> en <sc>agsf</sc>.</p>
			</fn>
			<fn fn-type="other" id="fn40">
				<label>40</label>
				<p>Tal es así que, por ejemplo, las funciones del capitán de puerto y del comandante
					del resguardo fueron asumidas por un único empleado al tiempo que, el
					administrador de aduanas ejerció de receptor de Hacienda y las tareas del vista
					las desempeñó el oficial primero de la receptoría. Órdenes y disposiciones del
					gobernador Estanislao López y de su delegado Pedro Larrechea al ministro de
					Hacienda José A. Lassaga en 1831, f. 636. Contaduría, t. 133, leg. 31, en
						<sc>agsf</sc>.</p>
			</fn>
			<fn fn-type="other" id="fn41">
				<label>41</label>
				<p>Nómina de los empleados de aduana. Resguardo administración de correos en la
					provincia de Santa Fe con especificación de sus servicios y aptitudes formadas
					en cumplimiento de la orden del señor ministro de Hacienda de la Confederación
					Argentina datada el 21 de noviembre de 1853. Contaduría, t. 94, leg. 30, en
						<sc>agsf</sc>.</p>
			</fn>
			<fn fn-type="other" id="fn42">
				<label>42</label>
				<p><sc>rora (</sc>1879<sc>)</sc>, pp. 113-118.</p>
			</fn>
			<fn fn-type="other" id="fn43">
				<label>43</label>
				<p>Inventarios y balances de la aduana de Rosario por el administrador Uladislao
					Frías haciéndose cargo nuevamente Pedro Lassaga 1 de agosto de 1854. Contaduría,
					t. 97, leg. 17, en <sc>agsf</sc>.</p>
			</fn>
			<fn fn-type="other" id="fn44">
				<label>44</label>
				<p><italic>El Patriota</italic>, 19 de enero de 1859.</p>
			</fn>
			<fn fn-type="other" id="fn45">
				<label>45</label>
				<p>Notas del receptor de Hacienda de Rosario al contador general de la provincia.
					Contaduría, t. 97, leg. 39, <sc>agsf</sc>.</p>
			</fn>
			<fn fn-type="other" id="fn46">
				<label>46</label>
				<p>Correspondencia del contador general don José Lassaga al receptordel Rosario,
					Francisco Carbonell (Rosario, 24 de febrero de 1852).Contaduría, t. 90, leg. 7,
					en <sc>agsf</sc>.</p>
			</fn>
			<fn fn-type="other" id="fn47">
				<label>47</label>
				<p>Esta afirmación se constituyó en una fórmula muy presente en lospedidos de
					aumento de sueldo de los diferentes empleados de laprovincia. Contaduría, t. 97,
					leg. 39; t. 94, leg. 13, en <sc>agsf</sc>. Para un análisis sobrelos salarios y
					los precios de Santa Fe remitimos, véase <xref ref-type="bibr" rid="B46">Frid
						(2016</xref>, <xref ref-type="bibr" rid="B47">2017)</xref>.</p>
			</fn>
			<fn fn-type="other" id="fn48">
				<label>48</label>
				<p>Correspondencia citada por <xref ref-type="bibr" rid="B16">Córdoba
					(1969)</xref>.</p>
			</fn>
			<fn fn-type="other" id="fn49">
				<label>49</label>
				<p>Correspondencia del interventor don Gabriel López, y administrador de aduana de
					Rosario Uladislo Frías, dirigida al contador general don José Antonio Lassaga.
					Contaduría, t. 94, leg. 24, en <sc>agsf</sc>.</p>
			</fn>
			<fn fn-type="other" id="fn50">
				<label>50</label>
				<p><sc>rora (</sc>1879<sc>)</sc>, p. 142.</p>
			</fn>
			<fn fn-type="other" id="fn51">
				<label>51</label>
				<p>Notas de los jueces de paz de esta provincia (1854). Gobierno, t. 13, leg. 8, f.
					906, en <sc>agsf.</sc></p>
			</fn>
			<fn fn-type="other" id="fn52">
				<label>52</label>
				<p>Nota del administrador de Hacienda y Crédito nacional al contador de la aduana de
					Santa Fe. Contaduría, t. 97, leg. 26, en <sc>agsf.</sc></p>
			</fn>
			<fn fn-type="other" id="fn53">
				<label>53</label>
				<p>Notas del jefe político de Rosario al capitán. Contaduría, t. 97, leg. 21, en
						<sc>agsf.</sc></p>
			</fn>
			<fn fn-type="other" id="fn54">
				<label>54</label>
				<p>Se ordenó suspender la emisión en septiembre de 1854 y retirarla de circulación
					en noviembre del siguiente año. A partir del 15 de febrero de 1856 quedó sin
					valor. Decretos del 22 de julio y 26 de septiembre de 1854 y 15 de noviembre y
					17 de diciembre de 1855.</p>
			</fn>

		</fn-group>
	</back>
</article>
