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			<journal-id journal-id-type="publisher-id">alhe</journal-id>
			<journal-title-group>
				<journal-title>América Latina en la historia económica</journal-title>
				<abbrev-journal-title abbrev-type="publisher">Am. Lat. Hist.
					Econ</abbrev-journal-title>
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			<issn pub-type="epub">2007-3496</issn>
			<issn pub-type="ppub">1405-2253</issn>
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				<publisher-name>Instituto de Investigaciones Dr. José María Luis
					Mora</publisher-name>
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			<article-id pub-id-type="publisher-id">00005</article-id>
			<article-id pub-id-type="doi">10.18232/alhe.925</article-id>
			<article-id pub-id-type="other">e925</article-id>
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					<subject>Artículos</subject>
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			<title-group>
				<article-title>Empresas públicas y proyectos de desarrollo económico: los planes
					gubernamentales para la empresa Bodegas y Viñedos Giol (Mendoza, Argentina,
					1954-1964)</article-title>
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					<trans-title><italic>Public Enterprises and Economic Development Projects:
							Government Plans for the Company Bodegas y Viñedos Giol (Mendoza,
							Argentina, 1954-1964)</italic></trans-title>
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				<contrib contrib-type="author">
					<contrib-id contrib-id-type="orcid">0000-0002-7388-2257</contrib-id>
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						<surname>Olguín</surname>
						<given-names>Patricia</given-names>
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					<xref ref-type="aff" rid="aff1"><sup>1</sup></xref>
					<xref ref-type="corresp" rid="cor1">*</xref>
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						<label>1</label>
						<institution content-type="original">Consejo Nacional de Investigaciones
							Científicas y Técnicas, Instituto de Ciencias Humanas, Sociales y
							Ambientales, Mendoza, Argentina</institution>
						<institution content-type="normalized">Consejo Nacional de Investigaciones
							Científicas y Técnicas</institution>
						<institution content-type="orgname">Consejo Nacional de Investigaciones
							Científicas y Técnicas</institution>
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							<named-content content-type="city">Buenos Aires</named-content>
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						<country country="AR">Argentina</country>
						<email>polguin@mendoza-conicet.gob.ar</email>
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			<author-notes>
				<corresp id="cor1">* E-mail: <email>polguin@mendoza-conicet.gob.ar</email></corresp>
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					<p><bold>Organismo colaborador: </bold>Consejo Nacional de Investigaciones
						Científicas y Técnicas, Instituto de Ciencias Humanas, Sociales y
						Ambientales, Mendoza, Argentina.</p>
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			</author-notes>
			<pub-date pub-type="epub-ppub">
				<season>Jan-Apr</season>
				<year>2019</year>
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			<volume>26</volume>
			<issue>1</issue>
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				<copyright-holder>Instituto de Investigaciones Dr. José María Luis
					Mora</copyright-holder>
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					<license-p>Este es un artículo publicado en acceso abierto bajo una licencia
						Creative Commons</license-p>
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			<abstract>
				<title>Resumen</title>
				<p>El trabajo analiza los planes gubernamentales elaborados para una firma líder del
					mercado vitivinícola argentino. Se centra en los planes que propiciaron su
					compra por parte del estado de Mendoza en 1954 y que promovieron su
					transformación en un instrumento de regulación de precios e integración vertical
					de productores en 1964. Este estudio se inscribe en un debate más amplio
					relativo a la actuación de las empresas públicas industriales como impulsoras de
					proyectos de desarrollo económico en América Latina, y en Argentina. La
					hipótesis sostiene que, si bien las funciones empresariales reflejaron un amplio
					consenso, los mecanismos de implementación dependieron de la trayectoria de los
					funcionarios a cargo. Desde un enfoque de historia de empresas, se examinan
					fuentes públicas y privadas y se construyen indicadores cuantitativos sobre el
					desempeño agroindustrial.</p>
			</abstract>
			<trans-abstract xml:lang="en">
				<title>Abstract</title>
				<p>The paper analyzes the government plans developed for a leading firm in the
					Argentine wine market. It focused on the plans that prompted its purchase by the
					State of Mendoza in 1954 and in those that promoted its transformation into an
					instrument of prices and vertical integration of producers in 1964. It is part
					of a broader discussion of the role played by industrial public enterprises as
					promoters of economic development projects in Latin America and in Argentina.
					The hypothesis is that, if the business functions have a broad consensus, the
					implementation mechanisms depended on the trajectory of the officials in charge.
					From a business history approach, public and private sources are examined and
					quantitative indicators on agro-industrial performance are constructed.</p>
			</trans-abstract>
			<kwd-group xml:lang="es">
				<kwd>empresas públicas</kwd>
				<kwd>desarrollo económico</kwd>
				<kwd>política industrial</kwd>
				<kwd>vitivinicultura</kwd>
			</kwd-group>
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				<kwd>public enterprises</kwd>
				<kwd>economic development</kwd>
				<kwd>industrial policy</kwd>
				<kwd>wine industry</kwd>
			</kwd-group>
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			</counts>
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	<body>
		<p><bold>Clasificación JEL:</bold>H32,O1,L52,N8</p>
		<sec id="sec-1" sec-type="intro">
			<title>Introducción</title>
			<p>El objetivo del trabajo es analizar los proyectos gubernamentales elaborados para una
				empresa líder del mercado vitivinícola argentino: la Sociedad Anónima Bodegas y
				Viñedos Giol (en adelante Bodegas Giol). Se centra en los planes económicos y
				financieros que propiciaron su compra por parte del estado de Mendoza en 1954 y en
				aquellos que promovieron su transformación en un instrumento provincial de
				regulación de los precios del vino y de integración vertical de productores en 1964.
				Este estudio pretende contribuir al debate en torno a la actuación de las empresas
				públicas industriales como impulsoras de proyectos de desarrollo económico en
				América Latina, y en Argentina durante el tercer cuarto del siglo <sc>xx</sc>. Esto
				es, en una etapa signada por la conflictividad política, la inestabilidad en los
				indicadores económicos y los cambios en la orientación de la política económica.</p>
			<p>Los balances sobre el estado del conocimiento en historia de empresas han destacado
				la incidencia del Estado en el desarrollo económico y social de América Latina; el
				cual, incluso, en algunos países, como Argentina, ha dado lugar al término Estado
				empresario (<xref ref-type="bibr" rid="B21">Dávila, 2013, p. 113</xref>; <xref
					ref-type="bibr" rid="B26">García, 2007</xref>; <xref ref-type="bibr" rid="B6"
					>Barbero y Jacob, 2008</xref>). De hecho, el ámbito de influencia de las
				empresas públicas<xref ref-type="fn" rid="fn1"><sup>1</sup></xref> se expandió desde
				los sectores tradicionales de intervención estatal (infraestructura, comunicaciones,
				energía, finanzas) hacia el industrial y urbano, ocupando posiciones predominantes
				en sectores estratégicos para la competitividad de la economía, así como importancia
				en la generación de empleo y la inversión en capital (<xref ref-type="bibr"
					rid="B39">Labrador, 2015, p. 13</xref>). En Argentina, luego de la finalización
				de la segunda guerra mundial, y coincidentemente con el advenimiento del peronismo,
				tuvo lugar una gran ampliación del Estado empresario, en la que este asumió el
				relevo del capital extranjero. En las décadas de 1950 y 1960 se produjo un
				reacomodamiento de la función del Estado, el cual amplió su presencia en algunos
				sectores económicos –como el industrial–, y la redujo en otros. El incremento de
				tamaño se advirtió no sólo a escala nacional, sino también subnacional (provincial),
				ya que, en muchos casos, el mismo estuvo motivado por conflictos sociales surgidos a
				partir de las dificultades que atravesaban las economías regionales (<xref
					ref-type="bibr" rid="B60">Regalsky y Rougier, 2015, pp. 10-11 y 386-387</xref>).
				La estructuración del país en un Estado federal con estados provinciales autónomos
				habilitó a los gobiernos locales a asumir funciones empresariales con fines
				económicos, políticos y sociales. Este fue el caso de las operaciones de
				intervención estatal realizadas por la empresa Bodegas y Viñedos Giol en los
				mercados de uvas y vinos de Mendoza durante crisis de sobreproducción de vinos en
				las décadas de 1960, 1970 y 1980 (<xref ref-type="bibr" rid="B53">Olguín,
					2013b</xref>).<xref ref-type="fn" rid="fn2"><sup>2</sup></xref></p>
			<p>Bodegas Giol fue utilizada, desde su incorporación al estado provincial, como un
				instrumento de política pública para emprender la diversificación de la matriz
				productiva de Mendoza y, entre tanto, regular el mercado vitivinícola. Se trataba de
				reducir el peso específico de esa agroindustria en la economía provincial y
				disminuir su inestabilidad, por cuanto los vaivenes de la actividad impactaban
				negativamente en el producto bruto geográfico y las finanzas públicas. A través de
				la firma se intentó, entonces, estimular el desarrollo de otras industrias de base
				minera y agraria y enfrentar algunos de los problemas estructurales que venían
				afectando a la vitivinicultura desde fines del siglo <sc>xix</sc>. Al respecto, cabe
				mencionar que el vino, en su mayoría del tipo de mesa, era elaborado en los oasis de
				las provincias de Mendoza y San Juan por pequeños y medianos viñateros,
				cooperativas, bodegueros trasladistas (que ofrecían su producción en el mercado
				mayorista) y, en menor medida, grandes bodegas integradas. Luego, el vino a granel,
				adquirido en los mercados mayoristas, era despachado en toneles y tanques por medio
				del ferrocarril y flotas de camiones hacia las plantas de fraccionamiento
				localizadas en Buenos Aires, Santa Fe, Córdoba y el resto del país. Allí era
				envasado, en su mayor parte en botellas, y vendido a distribuidores y comerciantes
				mayoristas quienes, a su vez, lo comercializaban en los canales minoristas a fin de
				satisfacer las necesidades de consumo de los inmigrantes europeos y sus
					familias(<xref ref-type="bibr" rid="B54">Olguín, 2015a</xref>; <xref
					ref-type="bibr" rid="B55">2015b</xref>).</p>
			<p>Los desfasajes periódicos entre la oferta y la demanda de vinos derivaron en etapas
				de sobreproducción o infraconsumo. Durante las coyunturas críticas, el abuso de
				posición dominante por parte de las grandes firmas industriales y comerciales
				agravaba la situación de los pequeños y medianos productores. En efecto, la
				actividad había crecido aceleradamente bajo el impulso de la promoción estatal,
				ignorando las debilidades advertidas por los expertos: la expansión indiscriminada
				del área cultivada con vid, la reducida diversificación de los usos de la uva, la
				dificultad de acceso al crédito, la escasa integración vertical de las etapas
				agrícola, industrial y comercial, los elevados costos de transporte, la adulteración
				del vino por deficiencias en los controles, la falta de propaganda al consumo
				interno de vinos y la casi inexistente exportación de productos vitivinícolas. De
				esta forma, la inestabilidad en los precios de la uva y el vino y las pujas
				distributivas entre los eslabones de la cadena de valor fueron los rasgos
				distintivos del sector hasta fines de la centuria. Las causas y los efectos de la
				crisis fueron atacados por un conjunto de políticas públicas nacionales y
				provinciales, con frecuencia en respuesta a los reclamos de las asociaciones
				empresariales (<xref ref-type="bibr" rid="B1">Azpiazu y Basualdo, 2001</xref>; <xref
					ref-type="bibr" rid="B4">Balán, 1978</xref>; <xref ref-type="bibr" rid="B3"
					>Balán y López, 1977</xref>; <xref ref-type="bibr" rid="B7">Barrio, 2002</xref>,
					<xref ref-type="bibr" rid="B8">2010</xref>; <xref ref-type="bibr" rid="B18"
					>Coria, 2010</xref>; <xref ref-type="bibr" rid="B22">Díaz, 1982</xref>; <xref
					ref-type="bibr" rid="B25">Fleming, 1979</xref>; <xref ref-type="bibr" rid="B42"
					>Mateu, 2002</xref>, <xref ref-type="bibr" rid="B43">2014</xref>; <xref
					ref-type="bibr" rid="B44">Mateu y Olguín, 2006</xref>; <xref ref-type="bibr"
					rid="B55">Olguín, 2015b</xref>; <xref ref-type="bibr" rid="B52">Olguín y
					Mellado, 2006</xref>; <xref ref-type="bibr" rid="B62">Richard, 1998</xref>,
					<xref ref-type="bibr" rid="B63">2000</xref>, <xref ref-type="bibr" rid="B64"
					>2008</xref>; <xref ref-type="bibr" rid="B65">Richard y Pérez, 1994</xref>;
					<xref ref-type="bibr" rid="B45">Mateu y Stein, 2008</xref>).</p>
			<p>El enfoque utilizado en esta investigación prioriza a la empresa como unidad de
				análisis, en el marco de las contribuciones que la historia de empresas ha realizado
				al campo de la historia económica. En la historiografía latinoamericana han
				prevalecido los enfoques macroeconómicos y formalistas en relación con el análisis
				sobre la intervención estatal en la economía, colocando menor énfasis en el
				conocimiento sobre la historia de la administración pública y los organismos
				encargados de aplicar políticas, como ministerios, secretarías, agencias y, en
				especial, las empresas públicas (<xref ref-type="bibr" rid="B35">Guajardo, 2015, p.
					23</xref>). Sin embargo, estas últimas han sido reconocidas como espacios
				relevantes para explorar el diseño de las políticas y su aplicación, y la función
				que distintos sujetos, con intereses públicos y privados, asumieron en esos
				procesos. En este sentido, trabajos recientes sobre la experiencia argentina han
				destacado que, en tanto empresa, este tipo de organización desarrolla su producción
				de bienes y servicios para el mercado y, en tanto pública, se encuentra sujeta a
				consideraciones de bienestar público, bajo la influencia de burócratas, políticos y
				consumidores (<xref ref-type="bibr" rid="B60">Regalsky y Rougier, 2015, p.
				15</xref>).</p>
			<p>Justamente por su carácter de empresa pública –y, particularmente, de tipo estatal–,
				la experiencia de Bodegas Giol fue singular. Su condición le permitió obtener
				crédito oficial a tasas preferenciales para financiar operaciones de compra de
				grandes volúmenes de uvas y vinos en los mercados locales (iniciadas en 1964) y la
				prestación del servicio de elaboración para terceros (que comenzaría en 1967). De
				modo que, a fin de sopesar los planes propuestos para la firma, resulta conveniente
				prestar atención, someramente, a las cooperativas vitivinícolas formadas al amparo
				del Departamento de Cooperativas de Mendoza luego de 1953 y, especialmente, a la
				sociedad de capital mixto (público y privado) llamada Corporación Agroeconómica,
				Vitivinícola, Industrial y Comercial (<sc>cavic</sc>) y fundada en la provincia de
				San Juan en 1964 (<xref ref-type="bibr" rid="B51">Olguín, 2013a</xref>). En el plano
				internacional, interesa considerar la expansión de las bodegas cooperativas
				españolas bajo el estímulo estatal del régimen franquista en las décadas de 1950 y
				1960 (<xref ref-type="bibr" rid="B46">Medina-Albaladejo, 2016</xref>).</p>
			<p>La hipótesis que se intenta demostrar sostiene que las funciones empresariales
				asignadas a Bodegas Giol reflejaron un amplio consenso político y empresarial
				fundado en objetivos similares de desarrollo económico y social, tanto en 1954 como
				en 1964; en cambio, sus mecanismos de implementación dependieron de las trayectorias
				académicas y profesionales de los funcionarios encargados de su diseño y ejecución.
				Para ello, el trabajo se vale de un conjunto de fuentes de información relativas a
				los planes elaborados para Bodegas Giol, y los funcionarios que intervinieron en
				esas iniciativas (<xref ref-type="bibr" rid="B59">Plotkin y Zimmermann,
				2012</xref>). Las mismas consisten en memorias empresariales, discursos de
				gobernadores, reseñas de gestión gubernamental, diarios de sesiones legislativas y
				obras de época. Asimismo, se han consultado estadísticas oficiales, a fin de
				construir algunos indicadores cuantitativos sobre los volúmenes de producción y
				consumo de vino y los precios de la uva y el vino en la agroindustria vitivinícola
				mendocina, y la prensa local.</p>
			<p>El trabajo se organiza en dos partes. La primera, estudia el proyecto económico y
				político que impulsó la compra de la firma en 1954. La segunda, examina la propuesta
				oficial que intentó otorgarle un lugar activo en la integración de la cadena
				vitivinícola y la regulación de los precios de vino en 1964. Por último, se
				presentan las reflexiones finales y las referencias bibliográficas.</p>
		</sec>
		<sec id="sec-2">
			<title>El proyecto de la cooperativa estatal y el experimento financiero</title>
			<p>Bodegas Giol ha sido, sin dudas, el instrumento de intervención estatal más drástico
				y controvertido en 150 años de historia de la agroindustria vitivinícola argentina,
				esto es desde su transformación de actividad artesanal a industrial a fines del
				siglo <sc>xix</sc>. No obstante, las medidas impulsadas por las dirigencias
				políticas y empresariales para afrontar y superar las crisis de principios del siglo
					<sc>xx</sc> fueron diversas, e incluyeron: la creación de entidades reguladoras
				para reducir los excedentes vínicos (<xref ref-type="bibr" rid="B50">Olguín,
					2012</xref>; <xref ref-type="bibr" rid="B58">Ospital y Cerdá, 2016</xref>),<xref
					ref-type="fn" rid="fn3"><sup>3</sup></xref> la eliminación de aranceles a la
				exportación de vinos; el estímulo a la formación de cooperativas (<xref
					ref-type="bibr" rid="B42">Mateu, 2002</xref>); la construcción de bodegas
				regionales, depósitos de corte de vinos y destilerías; y el crecimiento de las
				exportaciones. Los mecanismos de acción se profundizaron luego del dramático declive
				que sufrió la agroindustria poco antes del estallido de la Gran Depresión y hasta
				fines de la década de 1930, en un contexto de profesionalización de la
				administración pública y creación de instituciones especializadas en economía,
				finanzas y estadística. Así, se fundó la Junta Nacional Reguladora de Vinos
				(1934-1943), que efectivamente eliminó una gran cantidad de cepas, uvas y vinos y,
				con ello, provocó una fuerte reducción de la oferta de vinos y el alza transitoria
				de los precios (<xref ref-type="bibr" rid="B50">Olguín, 2012, p. 94</xref>). Se
				unificaron los impuestos nacionales y provinciales al consumo –un antiguo reclamo de
				las asociaciones empresariales vitivinícolas (<xref ref-type="bibr" rid="B57"
					>Ospital, 2013, p. 32</xref>)– y se puso en marcha el Instituto Movilizador de
				Inversiones Bancarias en 1935, con el propósito de administrar empresas con una
				comprometida situación patrimonial (entre ellas, la propia Bodegas Giol). También se
				sancionó una ley general de vinos en 1938 (núm. 12.372), que estableció controles
				sobre la procedencia y la calidad del producto y creó la Dirección General de
				Vitivinicultura como organismo contralor. En el ámbito provincial, se organizó la
				sección antifiloxérica y de patología vitícola en 1936.</p>
			<p>A mediados de la década de 1940, la oferta y la demanda de vinos recuperaron su
				sendero de crecimiento gracias a la reactivación económica y al aumento del salario
				real de los trabajadores. Los menguados viñedos resultaron insuficientes para
				satisfacer el mayor consumo, por lo cual la política vitivinícola dio un giro en
				favor de la expansión de las plantaciones de vid y una menor exigencia de calidad
					enológica.<xref ref-type="fn" rid="fn4"><sup>4</sup></xref> Por otra parte, la
				legislación provincial se preocupó no sólo por los problemas de abastecimiento, sino
				también por mejorar las condiciones laborales y de producción de los sectores más
				vulnerables de la cadena productiva: estableció el estatuto de contratistas de viñas
				y frutales en 1945, reglamentó su trabajo y fijó sus remuneraciones. Asimismo, el
				poder ejecutivo provincial creó el Instituto de Investigación de la Vid y el Vino y
				el Departamento de Cooperativas (decreto 5411/1953) e impulsó la compra de Bodegas
				Giol en 1954 para contribuir a la integración vertical de los viñateros sin bodega y
				la regulación de precios (<xref ref-type="bibr" rid="B43">Mateu, 2014</xref>; <xref
					ref-type="bibr" rid="B44">Mateu y Olguín, 2006</xref>; <xref ref-type="bibr"
					rid="B53">Olguín, 2013b</xref>).</p>
			<p>La firma fue protagonista de la historia económica y política de Mendoza desde los
				inicios del siglo <sc>xx</sc>. Tenía su antecedente en la firma La Colina de Oro,
				fundada en 1898 por dos inmigrantes, Juan Giol, procedente de Vigonovo di
				Fontanafredda (Udine, Italia) y su concuño, Bautista Gargantini, originario del
				Canton Ticino (Suiza). Luego de un veloz proceso de ampliación de la estructura
				productiva y comercial en un contexto de fuerte crecimiento de la economía
				argentina, se consolidó como una firma líder –disputando esta posición sólo con la
				bodega Tomba–: en 1910 su producción superaba los 300 000 hectolitros de vino y la
				marca Toro la distinguía en todo el país. En 1911, la sociedad se disolvió
				(Gargantini regresó a Suiza) y Juan Giol constituyó la Sociedad Anónima Bodegas y
				Viñedos Giol, junto con el Banco Español del Río de la Plata y otros inversores
				minoritarios, entre los que se encontraban comerciantes de vino; Giol, además,
				ejerció como administrador general. La empresa se destacó también en innovación
				tecnológica, a tal punto que en 1914 inauguró el vinoducto aéreo más grande del
				mundo, que transportaba el vino producido en la bodega La Colina de Oro a la bodega
				El Progreso (ambas localizadas en Maipú, Mendoza); en esta última era fraccionado y
				despachado por ferrocarril a los principales centros de consumo, especialmente a
				Buenos Aires, Santa Fe y Córdoba (<xref ref-type="bibr" rid="B49">Olguín,
					2010</xref>). Un año más tarde, mientras la agroindustria se sumergía en una
				profunda crisis e Italia ingresaba en la primera guerra mundial, Juan Giol regresó a
				Italia con su familia (quedando en Argentina su hijo mayor, Humberto), pero decidió
				conservar sus acciones hasta 1925. Allí puso en marcha la Azienda Agricola Giovanni
				Giol, la cual fue capitalizada con flujos de fondos girados periódicamente desde
				Argentina (<xref ref-type="bibr" rid="B56">Olguín, 2016</xref>). Por otra parte, el
				financiamiento del Banco Español contribuyó a ampliar la estructura comercial
				instalando plantas de fraccionamiento de vinos en los principales mercados
				consumidores del interior argentino, y a sortear la crisis de la década de 1930.
				Pero la difícil coyuntura de principios de la década de 1950, las restricciones a la
				comercialización del vino instauradas en la década peronista y los controles a la
				oferta de crédito bancario agravaron la situación financiera de Bodegas Giol,
				llevando a las autoridades de la empresa a ofrecer su venta al candidato electo por
				el Partido Justicialista,<xref ref-type="fn" rid="fn5"><sup>5</sup></xref> Carlos
				Evans, en 1952 (<xref ref-type="bibr" rid="B53">Olguín, 2013b</xref>).</p>
			<p>La pieza clave sobre la que los funcionaros ligados al círculo íntimo del poder
				ejecutivo estructurarían el programa económico se incorporó al estado provincial en
				el tramo final de la segunda presidencia de Juan D. Perón (1952-1955).<xref
					ref-type="fn" rid="fn6"><sup>6</sup></xref> Frente al cambio de rumbo que había
				adoptado la política económica nacional durante la crisis de 1952 y el pedido de
				austeridad realizado por Perón, algunos funcionarios del Ministerio de Hacienda y de
				Economía de la provincia de Mendoza pensaron que la firma podría colaborar en el
				cumplimiento de los objetivos específicos del segundo plan quinquenal. El poder
				ejecutivo adquiría “por fin un instrumento para la sana diversificación de sus
				varios productos que aleje a Mendoza de sus encrucijadas ante cada cosecha
				deficiente o superabundante” (<xref ref-type="bibr" rid="B23">Evans, 1954, pp.
					35-36</xref>) y para obtener recursos para financiar un cuantioso plan de obras
				públicas (<xref ref-type="bibr" rid="B14">Caplán, 1957, pp. 33-34</xref>).</p>
			<p>Las negociaciones entre el gobierno y el Banco se realizaron en un contexto de exceso
				de oferta de vinos, ampliación de la brecha entre elaboración y despachos y elevada
				inestabilidad. La década de 1950 marcó el fin del ciclo expansivo que había seguido
				a la recuperación de la crisis económica del decenio de 1930. La liquidación de la
				Junta Nacional Reguladora de Vinos en 1943 y el aumento del consumo per cápita
				venían estimulando la implantación de vides y, con ella, la producción de uvas y
				vinos. Pero la crisis económica nacional de 1951-1952 provocó un fuerte descenso del
				ingreso disponible, y con él en el consumo de vinos, empujando al alza de precios.
				Por el contrario, en 1954 y 1957, las caídas en la producción fueron pronunciadas,
				por efecto de los accidentes climáticos y las plagas de la vid, respectivamente. De
				hecho, la menor cantidad de vino disponible provocó un fuerte aumento en los
				precios, aun cuando en 1957 y 1958 los niveles de consumo fueron bajos debido a la
				mala propaganda que significó la muerte de ocho personas por la ingesta de vinos
				adulterados (véanse <xref ref-type="fig" rid="ch1">gráficas 1</xref> y <xref
					ref-type="fig" rid="ch2">2</xref>).</p>
			<p>Gráfica 1. Elaboración y despachos de vino en Mendoza, 1944-1966</p>
			<p>
				<fig id="ch1">
					<label>GRÁFICA 1</label>
					<caption>
						<title>ELABORACIÓN Y DESPACHOS DE VINO EN MENDOZA, 1944-1966</title>
					</caption>
					<graphic mimetype="image" xlink:href="2007-3496-alhe-26-01-925-g1.png"/>
					<attrib>Nota: la pronunciada caída del año 1954 fue causada por el granizo y una
						helada y la de 1957 por un ataque de peronóspora (enfermedad endémica de la
						vid causada por un hongo).</attrib>
					<attrib>Fuentes: elaboración propia con base en <xref ref-type="bibr" rid="B28"
							>Gobierno de Mendoza. Instituto de Investigaciones Económicas y
							Tecnológicas (1952, pp. 58-59)</xref>, <xref ref-type="bibr" rid="B36"
							>Instituto de Investigaciones Económicas y Tecnológicas (1962, s.
							p.)</xref> e <xref ref-type="bibr" rid="B38">Instituto Nacional de
							Vitivinicultura (1987, pp. 5 y 9)</xref>.</attrib>
				</fig>
			</p>
			<p>
				<fig id="ch2">
					<label>GRÁFICA 2</label>
					<caption>
						<title>PRECIOS REALES DE LA UVA EN CEPA Y DEL VINO DE TRASLADO EN MENDOZA,
							1956-1966</title>
					</caption>
					<graphic mimetype="image" xlink:href="2007-3496-alhe-26-01-925-g2.png"/>
					<attrib>Fuentes: elaboración propia con base en <xref ref-type="bibr" rid="B32"
							>Gobierno de Mendoza (1967, p. 37)</xref> y <xref ref-type="bibr"
							rid="B33">Gobierno de Mendoza (1969, p. 36)</xref>, <xref
							ref-type="bibr" rid="B11">Birentzwaig (1982, p. 254)</xref> e <xref
							ref-type="bibr" rid="B37">Instituto Nacional de Estadísticas y Censos
							(2015)</xref>.</attrib>
				</fig>
			</p>
			<p>En esta coyuntura, el proyecto pensado para Bodegas Giol estableció una dimensión
				económica y otra financiera. En cuanto a la primera, la estructura organizacional de
				la firma sería utilizada como instrumento de diversificación productiva y de
				integración de la cadena de valor de las principales agroindustrias de Mendoza: la
				vitivinicultura, la fruticultura y la horticultura.<xref ref-type="fn" rid="fn7"
						><sup>7</sup></xref> Con ello, se buscaba que los pequeños y medianos
				productores agrícolas pudieran industrializar sus productos en los establecimientos
				de Bodegas Giol y, junto con los bodegueros trasladistas, distribuirlo en sus
				vagones de ferrocarril y en sus camiones-tanque hacia las plantas de fraccionamiento
				y sucursales ubicadas en las principales ciudades del país. De este modo, el
				empresario podría obtener un producto con mayor valor agregado y menos perecedero
				que le permitiría elegir con mayor flexibilidad el momento de venta −sin el apremio
				de la pérdida de calidad de la fruta o de la verdura en fresco− y llegar
				directamente al consumidor, eliminando a los intermediarios comerciales que a menudo
				disfrutaban de un mayor poder económico para negociar los precios.</p>
			<p>Además, la ley que autorizó la compra de las acciones de Bodegas Giol preveía el
				traspaso de 49% del total de las acciones ordinarias y del total de las preferidas a
				cooperativas, pequeños productores y trabajadores de la firma, lo cual implicaba que
				los propios agentes económicos se autogestionarían en sociedad con el Estado. En
				definitiva, como había señalado el senador Luis Vinassa en el debate legislativo del
				proyecto de ley, se trataba de convertir a la “Sociedad Anónima Giol en una
				cooperativa al servicio del pueblo y de los hombres trabajadores de Mendoza”,<xref
					ref-type="fn" rid="fn8"><sup>8</sup></xref> es decir, en una cooperativa
				estatal. Esta concepción, que entendía a las cooperativas como la forma de
				organización económica que permitiría enfrentar la concentración en los eslabones de
				la cadena vitivinícola, mejorar la distribución del ingreso y atenuar la
				inestabilidad de los ciclos económicos en los mercados de base agraria, tenía larga
				data en las discusiones de política vitivinícola desarrolladas entre expertos y
				dirigentes políticos y empresariales desde los inicios del siglo <sc>xx</sc>. Sin
				embargo, resultaron infructuosos los intentos realizados por extender este tipo de
				organización basada en lazos de solidaridad por parte de las distintas gestiones
				gubernamentales que se habían sucedido desde 1918.</p>
			<p>Fue la tercera gestión peronista, a cargo de Carlos Evans, la que realizó la mayor
				apuesta, tomando el control de Bodegas Giol bajo el amparo de un marco institucional
				que había avanzado en la profundización de la intervención del Estado en la economía
				y en la protección de los pequeños productores a través de la promoción del
				cooperativismo, que constituía una de sus principales preocupaciones. En efecto, si
				bien un grupo de técnicos de la década de 1930 había dejado un importante legado en
				relación con instrumentos regulatorios, “la creación de un marco institucional nuevo
				fue, sin duda, resultado del peronismo” (<xref ref-type="bibr" rid="B19">Cortés,
					2003, p. 212</xref>). En efecto, en 1950 el país poseía las instituciones que
				los partidarios de la industrialización habían demando durante décadas y que se
				estaban generalizando en América Latina (<xref ref-type="bibr" rid="B10">Belini,
					2009, p. 21</xref>). Asimismo, la Constitución de la provincia de Mendoza
				sancionada en 1949 (arts. 54 y 62), a diferencia de la Constitución Nacional,
				instaba expresamente al fomento del cooperativismo, tanto en relación con la
				política agraria y la vitivinícola, en particular, como con el crédito oficial. El
				segundo plan quinquenal, por su parte, elaborado para Mendoza en consonancia con el
				del gobierno nacional, otorgaba a las entidades organizadas bajo estos principios un
				lugar central en la economía. Evans otorgó a las cooperativas una función clave en
				su programa de gobierno porque entendía que conjugaban los valores del
				colaboracionismo y de la justicia social.<xref ref-type="fn" rid="fn9"
					><sup>9</sup></xref> Igual importancia les asignó a las formas activas del
				cooperativismo en los discursos que pronunció para difundir el segundo plan
					quinquenal.<xref ref-type="fn" rid="fn10"><sup>10</sup></xref></p>
			<p>Este fervor por el cooperativismo fue compartido por el ingeniero agrónomo Mario
				Ceresa, ministro de Economía de la provincia (1952-1955), funcionario de carrera en
				la administración pública y que más tarde incursionó en el negocio vitivinícola como
				socio de la Bodega Ceresa Hnos. Ya en sus años de universidad había analizado las
				ventajas de cooperación vitivinícola para los viñateros sin bodega y los pequeños
				bodegueros, considerándolo el instrumento adecuado para modificar no sólo la
				estructura industrial, sino la comercial y así “lograr la estabilización definitiva
				del mercado de vinos” (<xref ref-type="bibr" rid="B16">Ceresa, 1943, pp.
					222-224</xref>).<xref ref-type="fn" rid="fn11"><sup>11</sup></xref> La
				insistencia en las distorsiones que se producían en la cadena de comercialización
				fue uno de los puntos centrales de su perspectiva sobre las dificultades que
				frenaban el desarrollo de la vitivinicultura mendocina. El cooperativismo ingresaba
				en este esquema de pensamiento como un resorte de extraordinario valor. El futuro de
				la industria dependía entonces de la armonización entre la actividad privada y la
				estatal (<xref ref-type="bibr" rid="B17">Ceresa, 1953</xref>). Para ello, el Estado
				debía fomentar estas asociaciones, en otros instrumentos, con el crédito agrícola.
				En esta dirección, durante su gestión como ministro se crearon el Instituto de
				Seguro Agrícola, el Instituto de la Vid y el Vino y la Dirección de Cooperativas,
				desde donde habría gestionado la formación de cooperativas. Si bien algunos autores
				sostienen que superaron el centenar en dos años (1953-1955) (<xref ref-type="bibr"
					rid="B47">Micale, 1999, p. 96</xref>), el propio Evans declaró en 1955 que en
				Mendoza existían 30 cooperativas vitivinícolas que reunían 761 viñateros.<xref
					ref-type="fn" rid="fn12"><sup>12</sup></xref> Más aún, de acuerdo con los
				registros de la Dirección General de Industrias, de los 830 establecimientos
				industriales que elaboraron vino en 1955, sólo siete correspondían a cooperativas,
				las cuales fueron responsables de 1.4% de la elaboración total.<xref ref-type="fn"
					rid="fn13"><sup>13</sup></xref> De modo que, en ese periodo, la importancia del
				cooperativismo en la vitivinicultura mendocina fue más cualitativa que cuantitativa,
				al contrario de lo que sostienen algunos autores (<xref ref-type="bibr" rid="B15"
					>Cerdá, 2017, p. 42</xref>). Su desarrollo fue tardío en relación con Francia o
				Italia, y contemporáneo con el de España. La existencia de un marco legislativo
				específico y la asistencia financiera por parte del Estado franquista –que han sido
				individualizados como algunos de los principales factores de desarrollo del
				cooperativismo vitivinícola en este último país (<xref ref-type="bibr" rid="B46"
					>Medina-Albaladejo, 2016, p. 49</xref>)–, no tuvieron la misma fuerza en
				Argentina; en cambio, como se verá más adelante, allí el soporte público se puso a
				disposición de empresas estatales (Bodegas Giol) o con participación estatal
					(<sc>Cavic</sc>).</p>
			<p>Por otra parte, en su dimensión financiera, el plan del gobierno para la firma
				analizada, luego de sanear sus finanzas y consolidar su estructura económica
				mediante un proceso de racionalización, era convertirla en una sociedad madre de
				otras firmas subsidiarias de tipo semipúblico (o mixtas, es decir, con aporte de
				capital público y privado). Estas empresas, organizadas bajo los principios de la
				autofinanciación (según la cual cada empresa debía generar ingresos para cubrir por
				lo menos sus propias necesidades y no gravitar en el presupuesto del Estado) y del
				accionariado obrero, proporcionarían mayor flexibilidad administrativa y un acceso
				más fácil a las fuentes de capital. De ese modo, se pensaba utilizar el crédito, el
				capital y la organización de Bodegas Giol para poner en marcha otros proyectos
				agrícolas, comerciales, industriales y sociales, que en algunos casos no tenían
				ninguna relación con la agroindustria.<xref ref-type="fn" rid="fn14"
					><sup>14</sup></xref> En el fondo, se pretendía utilizar la firma para crear una
				fuente de recursos adicional a la tributaria a fin de desarrollar un ambicioso plan
				de obras públicas. Se trataba, en suma, de un experimento financiero −como fue
				denominado por el mismo ministro de Hacienda, Benedicto Caplán− que daría vida a una
				multiplicidad de sociedades subsidiarias que “constituían la médula de todo el plan
				económico” (<xref ref-type="bibr" rid="B14">Caplán, 1957, pp. 73-74, 84 y
					87-102</xref>). La empresa contribuiría así a financiar la diversificación de la
				estructura económica de Mendoza. Este objetivo resultaba consistente con los
				hacedores de la política pública peronista que sostenían que la diversificación de
				la estructura industrial atenuaría el impacto local de los ciclos de crecimiento y
				recesión del mercado internacional; creían que una economía más diversificada y
				menos centrada en el mercado externo permitiría una mayor estabilidad del cuerpo
				social y una mejor redistribución de la riqueza (<xref ref-type="bibr" rid="B10"
					>Belini, 2009, p. 10</xref>).</p>
			<p>El programa de gobierno para el periodo 1952-1958, cuya elaboración Evans había
				encargado a Caplán, entonces secretario de Finanzas, y a José J. Bonamico,
				secretario técnico de la Gobernación, se apoyaba en la idea de que el desarrollo
				económico de Mendoza debía fundarse en grandes planes de obras públicas por su
				efecto multiplicador en la economía. Este propósito era difícilmente realizable en
				el marco del plan económico anunciado por <xref ref-type="bibr" rid="B72">Perón en
					1952</xref>, a través de un mensaje radiofónico, que establecía como una de sus
				prioridades la reducción del gasto público y “la racionalización de las obras
				públicas a los límites absolutamente indispensables”. De hecho, los gastos de
				capital que habían constituido uno de los pilares del modelo de desarrollo peronista
				y se habían multiplicado por 3.5 a precios constantes entre 1940-1944 y 1945-1949,
				cayeron 30% durante el quinquenio 1950-1954 (<xref ref-type="bibr" rid="B27"
					>Gerchunoff y Antúnez, 2002, p. 174</xref>). A su vez, la distribución de estas
				obras estaba en el centro de las presiones políticas y sindicales. El mismo <xref
					ref-type="bibr" rid="B14">Caplán (1957, p. 34)</xref> afirmó que “los demás
				ministros, los legisladores, los altos funcionarios de la Administración, así como
				los dirigentes gremiales y políticos que sostenían al Gobierno, haciéndose eco de
				intensas necesidades populares, exigían la aprobación de un plan de obras de
				envergadura”. En el fondo de la cuestión también estaba la impronta que tenían los
				gobiernos peronistas en Mendoza, los cuales habrían respondido a las demandas de los
				distintos sectores a través de este mecanismo y no tanto del nombramiento de
				empleados públicos.<xref ref-type="fn" rid="fn15"><sup>15</sup></xref></p>
			<p>El interés por satisfacer estas expectativas llevó a concebir un plan de enormes
				proporciones que requería una inversión de 1 500 millones de pesos moneda nacional
				(en adelante pesos) en seis años − 250 000 000 de pesos por año−, cuando lo máximo
				que se había invertido en obras públicas en Mendoza en un año había sido 30 000 000
				de pesos.<xref ref-type="fn" rid="fn16"><sup>16</sup></xref> Estos valores
				resultaban aún más desmesurados teniendo en cuenta la delicada situación de las
				finanzas provinciales. El propio gobernador, admitió que la tarea más difícil era la
				del Ministerio de Hacienda.<xref ref-type="fn" rid="fn17"><sup>17</sup></xref> Las
				arcas del Estado sólo disponían de fondos para cubrir el presupuesto ordinario, es
				decir, los gastos de funcionamiento del aparato estatal que se cancelaban con los
				impuestos recaudados, y ni siquiera quedaba un remanente para cubrir una deuda por
				obras en ejecución, contraída por la gestión anterior. Asimismo, la provincia tenía
				un acceso limitado al crédito para hacer frente a ese compromiso y poner en marcha
				un presupuesto extraordinario para construir obras públicas, lo cual estaba
				vinculado a la política del Banco Central de sostener las cotizaciones de los
				títulos, principalmente, los de la nación.<xref ref-type="fn" rid="fn18"
						><sup>18</sup></xref></p>
			<p>La creación de empresas semipúblicas o públicas que se financiarían por sí solas
				resultaba para las mentes inquietas de estos funcionarios la solución apropiada para
				concretar una inversión en obras de proporciones colosales para la época. La
				utilización del principio empresario en las finanzas públicas para alcanzar estos
				fines fue una de las principales innovaciones introducidas por el tercer gobierno
				peronista en Mendoza, en términos de política económico-financiera. En efecto, la
				política nacional en relación con la creación de empresas industriales durante la
				década peronista estuvo fuertemente orientada a desarrollar nuevas industrias cuyos
				grandes requerimientos de capital alejaban a los inversores privados (como la
				siderúrgica o las automotrices), mantener en funcionamiento empresas con
				dificultades cuyas actividades se consideraban estratégicas (como las firmas
				farmacéuticas, químicas, metalúrgicas y eléctricas agrupadas en la Dirección
				Nacional de Industrias del Estado) o a dirigir empresas en las que había obtenido el
				control luego de pleitos económicos y políticos (empresas del grupo Bemberg) (<xref
					ref-type="bibr" rid="B9">Belini y Rougier, 2008, p. 30</xref>). Ninguno de estos
				propósitos se asimilaba a los de Evans, Caplán y Bonamico.</p>
			<p>El mentor de estas ideas fue Benedicto Caplán.<xref ref-type="fn" rid="fn19"
						><sup>19</sup></xref> Formado en ciencias políticas, fue un hombre
				apasionado por la economía pública y un entusiasta de las potencialidades de los
				instrumentos de política económica para modificar las condiciones de vida de la
				población (<xref ref-type="bibr" rid="B12">Caplán, 1955</xref>, <xref
					ref-type="bibr" rid="B13">1956</xref>). Su admiración por las ideas keynesianas
				y su convicción sobre la necesidad de contar con la “iniciativa y organización
				adecuada para combinar y aprovechar los elementos y factores disponibles” lo
				acercaron al ideario peronista, llegando a ser rápidamente uno de sus funcionarios
				más destacados a nivel provincial. Habría accedido al cargo de secretario de
				Finanzas por ofrecimiento de Carlos Evans, a pesar de ser un hombre desconocido en
				el medio local y ajeno al partido peronista (<xref ref-type="bibr" rid="B14">Caplán,
					1957, pp. 9 y 25</xref>), lo cual aparentemente no constituyó un obstáculo para
				el jefe del poder ejecutivo que, en sus designaciones, habría privilegiado las
				capacidades técnicas a los vínculos políticos y personales, como muestra la
				composición de su gabinete y recuerdan sus colaboradores más cercanos (<xref
					ref-type="bibr" rid="B20">Cuadra, 1998, pp. 15-19</xref>).</p>
			<p>Bodegas Giol era el instrumento ideal para echar a andar la rueda de la creación de
				empresas semipúblicas, al mismo tiempo que contribuiría a resolver los problemas de
				una economía demasiado dependiente de una industria de base agraria. “Además de las
				posibilidades financieras, que eran primordiales, el Estado tenía la posibilidad de
				crear pacíficamente el mercado del vino y entrar en posesión de una palanca
				comercial poderosa y susceptible de expansión, mediante la cual podría no sólo
				regular la industria vitivinícola, sino obtener mercados para numerosas otras
				mercancías de producción factible en la Provincia” (<xref ref-type="bibr" rid="B14"
					>Caplán, 1957, pp. 73-74</xref>). Estas ideas también fueron expresadas por
				Emilio Fluixá, diputado peronista (1952-1955) y presidente de la Cámara durante el
				tratamiento de la ley 2.301, a un periódico local 23 años más tarde de realizada la
				operación: “La razón fundamental −para comprar− es que la Provincia, cuando asume el
				Dr. Evans, tenía una deuda que, con los ingresos normales, hubiéramos demorado 9
				años en cancelar. Esto anulaba toda posibilidad de realizar obras públicas. Entonces
				surgió entre la gente de gobierno la idea de encontrar otros recursos, en otras
				actividades reproductoras de bienes, que pudieran ir en apoyo del presupuesto.”<xref
					ref-type="fn" rid="fn20"><sup>20</sup></xref></p>
			<p>De esta manera, los dos proyectos, la cooperativa estatal y el experimento
				financiero, resultaban complementarios, aunque el segundo prevalecería sobre el
				primero; en efecto, una vez adquirida la firma por el estado provincial, el
				presidente del directorio fue Caplán y no Ceresa. Del proyecto financiero no sólo
				dependía el cumplimiento del plan de obras públicas establecido en el segundo plan
				quinquenal, sino también la posibilidad de responder a las demandas de las bases
				para mantener la armonía en el seno del peronismo local, reforzar el liderazgo de
				Evans y resguardar así la estabilidad institucional.</p>
			<p>El proceso de saneamiento económico y financiero que permitiría poner en marcha los
				planes propuestos se inició inmediatamente después de que Caplán asumiera como
				presidente del directorio de Bodegas Giol, el 4 de mayo de 1954. Sin embargo, el
				golpe de Estado del 16 de septiembre de 1955 que precipitó la caída de Perón impidió
				su desarrollo. El proyecto pensado para la firma fue interrumpido por las
				intervenciones federales de la llamada Revolución Libertadora, que la colocaron al
				borde de la parálisis operativa. Esa coyuntura resultó propicia para abrir un debate
				en torno a la forma jurídica más apropiada para la empresa vitivinícola a fin de que
				asumiera una intervención activa en el mercado vitivinícola. Las principales
				alternativas giraron en torno a una empresa privada, una cooperativa o una sociedad
				de economía mixta. Si bien los sectores políticos y empresariales se inclinaron en
				favor de esta última, la conflictividad política demoró la definición sobre la
				cuestión.</p>
			<p>Con la caída del peronismo se inició una etapa de reacomodo de la función del Estado
				en la actividad económica. La Secretaría de Comercio suprimió las limitaciones para
				elaboración de vinos en 1955, creó una comisión asesora honoraria del vino en 1956,
				ordenó a las bodegas la venta de vinos en Mendoza y San Juan en 1957 (ante la
				reducida cosecha después de una plaga que atacó los viñedos) y estableció sanciones
				en 1958 para la adulteración, que estimuló esta coyuntura y que provocó la muerte de
				varias personas. Esta última situación y la preocupación por la calidad, junto con
				la llegada al poder de los gobiernos desarrollistas, condujeron a la sanción de una
				nueva ley de vinos que fundó en 1959 el Instituto Nacional de Vitivinicultura, como
				organismo de promoción y contralor técnico de la producción y del comercio
				vitivinícola. Entre otras disposiciones, dicha entidad estableció el fraccionamiento
				de vinos en las zonas de producción en 1963, aunque la medida no prosperó al ser
				duramente resistida por los intermediarios comerciales, y restringió el
				establecimiento de plantas de corte de vinos (que, a menudo, eran utilizadas para
				estirar el producto). Sin embargo, en los años siguientes, las políticas públicas
				nacionales contribuirían al aumento de la oferta de uvas de alto rendimiento y de
				baja calidad enológica mediante la promoción de incorporación de zonas áridas a la
					producción,<xref ref-type="fn" rid="fn21"><sup>21</sup></xref> sin advertir que
				el consumo per cápita estaba a punto de alcanzar su máximo histórico e iniciar un
				largo proceso de declinación.</p>
			<p>Por su parte, en la esfera provincial, se formó una comisión asesora sobre la forma
				jurídica definitiva para Bodegas Giol, se estableció el seguro agrícola obligatorio
				en 1955 y se prohibió transitoriamente la venta de vinos en 1957, a causa de los
				sucesos desencadenados por la falsificación. Asimismo, se prorrogaron los contratos
				de los contratistas de viña en 1958, se establecieron modificaciones al seguro
				agrícola y se creó el Instituto Financiero Agrario en 1962. También se establecieron
				medidas para la cosecha vitícola y se propició un tipo de vino de calidad
				certificada con precios obligatorios. Un hecho clave fue la transformación de la
				sociedad anónima Bodegas Giol en empresa estatal en 1964, asignándole por ley una
				función reguladora, la cual fue acompañada por la fijación de precios máximos al
				vino de traslado y precios mínimos a la uva en cepa en Mendoza en el bienio
				1964-1965.</p>
		</sec>
		<sec id="sec-3">
			<title>El proyecto de la elaboración de vinos para terceros y la regulación de
				precios</title>
			<p>La discusión sobre la forma jurídica más apropiada para Bodegas Giol cobró fuerza
				cuando el dirigente del Partido Demócrata<xref ref-type="fn" rid="fn22"
						><sup>22</sup></xref> Francisco Gabrielli<xref ref-type="fn" rid="fn23"
						><sup>23</sup></xref> asumió por segunda vez el cargo de gobernador de
				Mendoza (1963-1966). Por una parte, la orientación de la política económica del
				gobierno del presidente Arturo Illia ofreció un escenario más favorable para la
				agroindustria vitivinícola, y para la reactivación de dicha empresa en particular,
				en tanto promovía el desarrollo del mercado interno, la distribución del ingreso y
				la protección del capital nacional bajo el control y la planificación económica del
				Estado. Asimismo, la reputación de los demócratas en la búsqueda de la eficiencia
				administrativa y en el orden en las finanzas públicas, junto con la debilidad del
				sindicalismo vitivinícola, pudieron haber contribuido a que los nuevos planes para
				Bodegas Giol no fueran percibidos como necesariamente riesgosos para el presupuesto
				público. Sobre todo, teniendo en cuenta que, a nivel nacional, el cumplimiento de la
				promesa electoral de dar marcha atrás con las privatizaciones iniciadas en época de
				la presidencia de Arturo Frondizi (1958-1962) y los incrementos del plantel de
				personal, los salarios y el gasto en las sociedades con control estatal, ampliaron
				el tamaño del Estado. En efecto, creció el déficit en los organismos
				descentralizados y en las empresas estatales −un ejemplo emblemático fue el de los
				ferrocarriles que en 1965 pasaron a ser responsables de 20% de los gastos del
				gobierno central− (<xref ref-type="bibr" rid="B40">Mallon y Sourrouille, 1973, p.
					36</xref>). La pretensión de incrementar las exportaciones industriales,
				objetivo que fue incluido en el plan nacional de desarrollo elaborado por el Consejo
				Nacional de Desarrollo (<sc>Conade</sc>), que fue terminado en 1965 e iba a ponerse
				en práctica cuando Illia fue derrocado en 1966 (<xref ref-type="bibr" rid="B71"
					>Sikkink, 2009, pp. 129-130</xref>), se encontraba también entre los propósitos
				de la empresa.</p>
			<p>El cumplimiento de una función social por parte del empresariado fue otra iniciativa
				propiciada por el gobierno nacional (<xref ref-type="bibr" rid="B73">Tcach y
					Rodríguez, 2006, pp. 91-92</xref>) que tuvo su correlato en Bodegas Giol. En
				este sentido, el presidente de la firma y dirigente del Partido Demócrata de
				Mendoza, Manilo Ardigò sostuvo que “en Giol se busca armonizar los intereses
				legítimos como empresa y los de la economía general de la Provincia. Para una
				empresa corriente, no le resultaría de interés adquirir uvas en pequeñas partidas a
				numerosos compradores. En el sur, citando un ejemplo, hay más de 1 000 viñateros
				anotados con cantidades pequeñas de uva que entregará a Giol, que en esa forma
				cumple una evidente función social”.<xref ref-type="fn" rid="fn24"
					><sup>24</sup></xref> Otro ejemplo de ello fue el operativo que puso en marcha
				la firma para asistir a los pequeños productores afectados por las heladas del 28 y
				29 de marzo de 1964. La organización empresarial funcionó a tiempo completo para
				recibir las uvas dañadas −a pesar de la gran cantidad que ya había adquirido− y
				elaborar vino por cuenta de terceros. Esta medida se complementó con la ley de
				expropiación de vasija vinaria<xref ref-type="fn" rid="fn25"><sup>25</sup></xref>
				que permitió a los productores disponer de más bodegas y acceder a créditos del
				Banco de la Nación para cosecha, transporte y elaboración de vinos, con garantía
				prendaria sobre el vino a elaborar.<xref ref-type="fn" rid="fn26"
					><sup>26</sup></xref></p>
			<p>Para el equipo económico del gobierno de Gabrielli, la vitivinicultura tenía una gran
				importancia como fuente de riqueza y factor de desarrollo económico. En 1960, el
				valor de la producción de uvas representaba 67% del valor de la agricultura, y el de
				la producción de vinos 40% del valor de las industrias de base agraria y minera
					(<xref ref-type="bibr" rid="B33">Gobierno de Mendoza, 1969</xref>).<xref
					ref-type="fn" rid="fn27"><sup>27</sup></xref> El propio ministro de Economía,
				Joaquín González Villanueva, a cuatro meses de iniciada la gestión gubernamental,
				afirmó que “nadie puede ser indiferente a la prosperidad o a la ruina de la
				vitivinicultura, en cuanto de ella depende la vida económica de la Provincia y la de
				sus habitantes”.<xref ref-type="fn" rid="fn28"><sup>28</sup></xref> Sin embargo,
				resultaba prioritario avanzar también en el desarrollo de otras industrias a fin de
				lograr lo que él mismo definió como la fisonomía ideal de Mendoza. Se trataba de
				trabajar por una provincia “con una agricultura altamente evolucionada acentuándose
				cada vez más su necesaria diversificación y con una industrialización paralela a sus
				necesidades que deberá completarse con otras nuevas porque poseemos esas materias
				primas −mineras y potencial energético− que nos acerca a la economía mixta, que como
				sabéis constituye un factor sustantivo de estabilidad”.<xref ref-type="fn"
					rid="fn29"><sup>29</sup></xref> De modo que el mandatario entendía el binomio
				vitivinicultura-petróleo de forma complementaria y no excluyente. Por ello, sostuvo
				que si bien la industrialización sobre la base de la explotación de las riquezas
				mineras debía ser estimulada “sin reservas […], el desarrollo del país necesitaba
				robustecer y alentar la economía tradicional”.<xref ref-type="fn" rid="fn30"
						><sup>30</sup></xref></p>
			<p>Estas expresiones resultaban críticas de las políticas del presidente Arturo Frondizi
				que negaron a Bodegas Giol una función activa en la industria vitivinícola. En
				efecto, a fines de la década de 1950, si bien las estrategias de intervención
				desplegadas por el gobierno de Ernesto Ueltschi (1958-1961) y por la primera y breve
				gestión de Gabrielli (1961-1962) habían sido bien recibidas por los sectores
				políticos, empresariales y trabajadores de Mendoza, no lograron despertar el mismo
				entusiasmo en el gobierno nacional. Así, a pesar de las mejoras percibidas en los
				precios de la uva y del vino de traslado y en la colocación de la producción de los
				viñateros sin bodega por parte de los actores locales, la reticencia de las
				autoridades nacionales a financiar industrias productoras de bienes finales
				destinados al mercado interno (más predispuestas, en cambio, a apoyar la expansión
				de las de base minera, ahorradoras o proveedoras de divisas), había puesto un límite
				a las expectativas generadas en torno al potencial de la empresa como entidad
				reguladora y promotora y habría contribuido a persuadir a ambos gobiernos de la
				necesidad de transferirla al sector privado y de transformarla en una sociedad de
				economía mixta, respectivamente.</p>
			<p>La reactivación de Bodegas Giol formaba parte del plan de desarrollo vitivinícola
				trazado por el gobierno de Gabrielli, cuyos principales objetivos eran estabilizar
				los ciclos de la economía vitivinícola, promover la integración vertical, elaborar
				vinos de calidad e incrementar las exportaciones vínicas. La firma, en tanto ente
				regulador, utilizaría su estructura organizacional para reducir los excesos de
				oferta en los mercados de uvas y de vinos que deprimían los precios de este último,
				agravando las consecuencias de la inestabilidad inherente a los mercados de base
				agraria a causa de las heladas, el granizo y las plagas de la vid. En función de
				ello, elaboraría el vino de los viñateros sin bodega en establecimientos propios y
				alquilados, poniendo a su disposición un producto de mayor valor agregado y por lo
				tanto de mayor precio; asimismo, sostendría los precios de las uvas a través de la
				compra de grandes volúmenes.<xref ref-type="fn" rid="fn31"><sup>31</sup></xref></p>
			<p>A fin de lograr los objetivos restantes, Bodegas Giol, en tanto ente promotor,
				facilitaría su estructura y su capacidad gerencial, no sólo para elaborar y
				almacenar grandes volúmenes de vinos, sino también para comercializarlos en los
				mercados nacional e internacional. Sin embargo, desde la perspectiva del gobierno,
				la empresa podía contribuir parcialmente a conseguir estas metas. Existían problemas
				de fondo, como las excesivas inversiones en viñas de uvas criollas, las existencias
				vínicas, la caída de los precios del vino frente al aumento del consumo y, sobre
				todo, la insuficiencia de crédito, que requerían de un abordaje específico. Por lo
				cual, tendrían que intervenir además otros organismos, como el Banco de Mendoza, el
				Instituto Financiero Agrario y el Banco de Previsión Social.<xref ref-type="fn"
					rid="fn32"><sup>32</sup></xref> De igual modo, las soluciones debían buscarse
				también en el seno de la vitivinicultura porque “no cabe duda de que la formación de
				cooperativas zonales entre los pequeños viñateros y el otorgamiento de créditos
				específicos para la construcción de vasijas, son los medios más eficaces para
				terminar con esa situación”. Asimismo, la plantación de cepas de calidad y el
				control estatal en las zonas de elaboración, fraccionamiento, distribución y
				comercialización eran considerados prioritarios<italic>.</italic><xref ref-type="fn"
					rid="fn33"><sup>33</sup></xref> No obstante, las cooperativas aún representaban
				un porcentaje menor de la producción agroindustrial: de 1 001 establecimientos
				industriales que elaboraron vino en Mendoza en 1964, 24 correspondían a
				cooperativas, las cuales aportaban 5.5% del total de vino elaborado.<xref
					ref-type="fn" rid="fn34"><sup>34</sup></xref></p>
			<p>El único caso comparable con el de Bodegas Giol en Argentina es el de la
					<sc>Cavic</sc>. Esta sociedad de economía mixta fue creada en 1964 con
				participación compulsiva y mayoritaria de los productores vitícolas<xref
					ref-type="fn" rid="fn35"><sup>35</sup></xref> y con el consentimiento de la
				Federación de Viñateros.<xref ref-type="fn" rid="fn36"><sup>36</sup></xref> La misma
				había sido organizada sobre la base de la antigua Bodega del Estado, que, a su vez,
				había sido creada en 1932<xref ref-type="fn" rid="fn37"><sup>37</sup></xref> durante
				la segunda gestión gubernamental del líder bloquista<xref ref-type="fn" rid="fn38"
						><sup>38</sup></xref> Federico Cantoni, y que, si bien había estado
				destinada a la elaboración de vinos de los pequeños viñateros sin bodega, sólo había
				sido utilizada como depósito.<xref ref-type="fn" rid="fn39"><sup>39</sup></xref>
				Para que la Corporación alcanzara una capacidad de elaboración de 1 000 000 de hl de
				vino −con lo cual se convertiría en uno de los establecimientos vitivinícolas más
				grandes del mundo−, se encaró su remodelación.<xref ref-type="fn" rid="fn40"
						><sup>40</sup></xref> Según el gobernador de San Juan, Leopoldo Bravo: “la
				Bodega del Estado, en cuyo manejo y administración tendrán parte activísima los
				productores, y que contará con apoyo oficial por la finalidad económico-social a que
				estará dedicada, comprará uva en la próxima vendimia, como así, también, vino. Y esa
				acción será lo suficientemente saludable para estimular un alza en los precios…”.
				Otro de los objetivos de la firma sería contribuir a “la integración del productor
				vitícola a las distintas etapas del complejo vitivinícola que termina en la
				comercialización del producto elaborado”.<xref ref-type="fn" rid="fn41"
						><sup>41</sup></xref> Para ello, se pensaba, además, obtener recursos para
				comprar uvas por parte de instituciones financieras, sancionar una ley de
				expropiación del uso y goce de vasija vinaria y mejorar la calidad del vino con base
				en lo típico, es decir sin interferir con las producciones de otras zonas. La idea
				que estaba detrás era asegurar a los pequeños viticultores un precio remunerativo de
				la uva y transformar la estructura económica, avanzando con la ayuda del crédito
				público en la integración vertical; este era el mismo propósito que el gobierno de
				Gabrielli había establecido en su programa económico para la empresa vitivinícola
				estatal. Sin embargo, los conflictos entre el órgano directivo de la corporación y
				el gobierno sanjuanino –que le facilitaba asistencia crediticia con garantía
				estatal– coadyuvaron a la temprana intervención por parte del gobierno nacional
				durante la presidencia de facto del general Onganía, de modo que su accionar y
				permanencia en el mercado vitivinícola local fueron mucho menores a las de Bodegas
				Giol (<xref ref-type="bibr" rid="B51">Olguín, 2013a</xref>).</p>
			<p>En el caso de Giol, su transformación requerida para adoptar una función de promoción
				de la integración vertical y de regulación de precios incluía el cambio del régimen
				jurídico. Gabrielli –al igual que había hecho su par Evans veinte años antes– se
				propuso modificarlo en una coyuntura de acumulación de reservas vínicas. En efecto,
				la sobreoferta se tradujo en un pronunciado descenso en los precios reales del vino
				–esto es, expresados en moneda constante– entre 1962 y 1964 (véanse gráficas 1 y 2).
				La previsión de una reducción del consumo per cápita, al estimarse que el mercado
				interno estaba al borde de la saturación y, por lo tanto, de alcanzar el máximo
				histórico, ensombrecía aún más las perspectivas de la agroindustria.</p>
			<p>A principios de 1964, el gobierno creó una comisión de abogados con la misión de
				elaborar un proyecto de ley que estableciera un nuevo estatuto social, bajo tres
				premisas: la participación mediante la emisión de acciones de todos los sectores
				interesados (viñateros sin bodega, contratistas, bodegueros trasladistas, empleados
				y obreros de la empresa y particulares); la elección de los directores por grupos,
				donde cada sector designaría un número de representantes independientemente del
				capital suscrito por cada uno de ellos, y el control de la política de la empresa
				por parte del gobierno.<xref ref-type="fn" rid="fn42"><sup>42</sup></xref> Estos
				requerimientos fueron el alma del proyecto enviado a la legislatura el 29 de octubre
				para transformar a Bodegas Giol en una sociedad de economía mixta, un régimen
				jurídico que ya había sido utilizado por los gobiernos demócratas para crear el
				Banco de Mendoza (1933) y la Sociedad Anónima Corporación Mixta de Fruticultores
				(1941) (<xref ref-type="bibr" rid="B54">Olguín, 2015a</xref>).<xref ref-type="fn"
					rid="fn43"><sup>43</sup></xref></p>
			<p>Sin embargo, el bloque de la Unión Cívica Radical del Pueblo (en adelante
					<sc>ucrp</sc>),<xref ref-type="fn" rid="fn44"><sup>44</sup></xref> tres meses
				antes que el poder ejecutivo, presentó un proyecto de ley para convertir a Bodegas
				Giol en una empresa estatal, previa expropiación de las acciones por parte del
				ejecutivo y la disolución de la sociedad anónima, cuyos activos y pasivos serían
				transferidos a la nueva Bodegas y Viñedos Giol, Empresa Estatal, Industrial y
					Comercial.<xref ref-type="fn" rid="fn45"><sup>45</sup></xref> La entidad se
				ejercería como una persona jurídica de derecho privado, con autarquía administrativa
				y económica y tendría un capital inicial de m$n 1 000 millones. Sus objetivos eran
				idénticos a los de la propuesta oficial, con un agregado colocado en primer término:
				“cumplir, esencialmente, la función reguladora de nuestra industria vitivinícola”.
				La firma costearía sus actividades con recursos propios y con los que le acordara la
				ley en forma extraordinaria y elevaría su presupuesto anual a los poderes ejecutivo
				y legislativo, al sólo efecto de su conocimiento. La integración del directorio fue
				el aspecto más novedoso: el presidente y tres directores serían elegidos por el
				poder ejecutivo con acuerdo del Senado y otros tres serían elegidos por el pueblo en
				elecciones directas.</p>
			<p>Los argumentos discutidos en torno a la iniciativa de la <sc>ucrp</sc> mostraron las
				posturas locales de cada fuerza política en relación con las empresas públicas. El
				proyecto −que sería aprobado el 28 de noviembre de 1964−<xref ref-type="fn"
					rid="fn46"><sup>46</sup></xref> fue tratado por tres comisiones en cada una de
				las Cámaras<xref ref-type="fn" rid="fn47"><sup>47</sup></xref> que aconsejaron su
				aprobación, exhibiendo el acuerdo concertado entre la <sc>ucrp</sc> y los llamados
				partidos neoperonistas −Partido Blanco y Tres Banderas−<xref ref-type="fn"
					rid="fn48"><sup>48</sup></xref> para convalidar la opción de la empresa estatal.
				El informe del despacho en mayoría fue presentado en el Senado por el principal
				autor del proyecto, Alejandro Manzur, político de carrera, quien transparentó los
				motivos ideológicos y las coyunturas política y económica que lo sustentaban.
				Explicó que los radicales tenían “la obligación de advertir que con esta empresa se
				puede dar la solución, convirtiéndola en ente regulador, para defensa de nuestros
				pequeños productores, y con trascendencia a todo el aspecto socioeconómico de la
				Provincia”.</p>
			<p>Paradójicamente, el Partido Demócrata de Mendoza votó a favor del proyecto opositor
				frente al rechazo unánime de su propuesta. Guillermo Mosso, un político vinculado
				con los emporios vitivinícolas de la época, en la Cámara Baja, sostuvo que la
				transformación de Bodegas Giol en una empresa estatal permitiría terminar con la
				“ficción de la sociedad anónima”, donde coexistían organismos de derecho privado
				(asambleas, directorio y sindicatura) y fines públicos (regulación de un mercado,
				precio sostén, etc.). Se podría así superar la falta de control con “el gran
				adelanto que proporcionaba la ley” de someterla al Tribunal de Cuentas de la
				provincia y allegar recursos a la sociedad mediante el presupuesto para contribuir a
				su saneamiento financiero. Este último aspecto, que implicaba la estructuración
				futura de los mecanismos que permitieran dotar de recursos a la firma (impuestos,
				letras de tesorería, bonos, títulos, etc.), constituyó una condición esencial del
				voto demócrata.</p>
			<p>El bloque neoperonista mostró una posición unificada en ambas cámaras y propuso la
				participación en el directorio de empleados de Bodegas Giol o de la Federación de
				Obreros y Empleados Vitivinícolas y Afines, que reunía 29 sindicatos en todo el
				país. Tal modificación fue rechazada por la bancada radical. Si bien el radicalismo
				no esgrimió las razones de su negativa, es probable que su veto se basara en
				prevenciones de carácter político. La gran influencia que el Partido Comunista de
				Maipú tenía en los trabajadores de Bodegas Giol, la identificación de la Federación
				de Obreros y Empleados Vitivinícolas y Afines con el peronismo y el avance de la
				línea dura del sindicalismo a nivel nacional, que había tenido su punto más álgido
				con la toma de fábricas en mayo y junio de 1964, pueden haber constituido un
				obstáculo para que la <sc>ucrp</sc> aceptara la representación de los trabajadores
				en el directorio de la empresa.<xref ref-type="fn" rid="fn49"
				><sup>49</sup></xref></p>
			<p>La forma jurídica “empresa estatal” marcó el rumbo de Bodegas Giol hasta su
				liquidación en 1991, el cual se mantuvo inescindible en los vaivenes de la vida
				institucional argentina, que alternó gobiernos civiles y militares; los primeros,
				proclives al intervencionismo económico, los segundos, al liberalismo económico. El
				establecimiento de estrategias empresariales de largo plazo, tanto en relación con
				funciones de regulación como de integración de productores, se transformó entonces
				en un objetivo inalcanzable luego del golpe de Estado de 1966. En buena medida, esta
				experiencia a escala provincial da cuenta, como advirtió <xref ref-type="bibr"
					rid="B39">Labrador (2015, p. 13)</xref>, de la polarización entre capitalismo y
				socialismo que surgió a partir de los prejuicios relativos a la regulación y la
				propiedad públicas en América Latina durante el siglo <sc>xx</sc>.</p>
		</sec>
		<sec id="sec-4" sec-type="conclusions">
			<title>Conclusiones</title>
			<p>El artículo se propuso estudiar los planes gubernamentales para Bodegas y Viñedos
				Giol, firma líder del mercado vitivinícola argentino, en el tercer cuarto del siglo
				xx. Se enfocó en los planes económicos y financieros que propiciaron su compra por
				parte del estado de Mendoza en 1954 y en aquellos que promovieron su transformación
				en un instrumento de regulación de precios e integración vertical de productores en
				1964. A partir de un enfoque de historia de empresas y de la consulta de un variado
				conjunto de fuentes públicas y privadas, se ofrecen nuevas evidencias sobre Bodegas
				Giol como instrumento de desarrollo económico provincial, en el marco del avance del
				Estado sobre el control de empresas industriales en Argentina.</p>
			<p>Bodegas Giol constituyó el instrumento más drástico y controvertido de intervención
				estatal en 150 años de historia de la agroindustria vitivinícola argentina. Su
				estructura y cultura organizacional, basadas en la innovación tecnológica y
				gerencial, fueron utilizadas para avanzar en la diversificación de la matriz
				productiva de Mendoza y regular el mercado vitivinícola. El proyecto de la
				cooperativa estatal y el experimento financiero, elaborado en los comienzos de la
				década de 1950 por funcionarios de alto rango de los ministerios de Economía y
				Hacienda de la provincia, constituyó una de las bases del programa de la tercera
				gestión de gobierno peronista. En un contexto de ajuste fiscal y restricción
				presupuestaria, la organización se ocuparía de integrar la cadena vitivinícola,
				frutícola y hortícola en sus etapas agrícola, industrial y comercial, posibilitando,
				de este modo, el desarrollo estable y sostenido de las agroindustrias. En un futuro,
				parte de las acciones de Bodegas Giol se vendería a cooperativas, pequeños
				productores y trabajadores de la firma para posibilitar su autogestión en sociedad
				con el Estado. Asimismo, a partir de dicha firma vitivinícola, se crearían
				sociedades subsidiarias de capital mixto con el fin de poner en marcha proyectos
				agrícolas, comerciales, industriales y sociales, cuyos dividendos financiarían un
				ambicioso plan de obras públicas. Sin embargo, la caída del peronismo frustró su
				creación.</p>
			<p>El proyecto de la entidad promotora y reguladora de la agroindustria vitivinícola
				mendocina, diseñado por Francisco Gabrielli y sus colaboradores en los inicios de la
				década de 1960, contribuiría a lograr los principales objetivos del programa de
				gobierno en relación con la vitivinicultura, que consistían en estabilizar los
				ciclos económicos, integrar verticalmente la cadena, aumentar las exportaciones y
				elaborar vinos de alta calidad enológica. Bodegas Giol intervendría en los mercados
				de uvas y vinos de Mendoza en las etapas recesivas por medio de operaciones de
				compra y venta, y prestaría el servicio de elaboración a viñateros sin bodega; todo
				ello ocurriría mientras se avanzaba en la integración vertical y la diversificación
				productiva de la economía provincial sobre la base del desarrollo de industrias de
				base minera y agraria. Para ello, Gabrielli consideró necesaria la participación de
				todos los sectores interesados y la concurrencia del ahorro público y privado.
				Propuso modificar la forma jurídica de la empresa y convertirla en una sociedad de
				economía mixta, en la cual el directorio estaría formado por representantes de cada
				grupo, pero la política empresarial quedaría bajo el control del gobierno. A pesar
				del aparente consenso entre los sectores políticos y empresariales, el proyecto
				oficial fracasó en la legislatura provincial frente a otro elaborado por la
					<sc>ucrp</sc>, que consiguió convertir a Bodegas Giol en una empresa
				estatal.</p>
			<p>Leopoldo Bravo impulsó una iniciativa similar a la de Gabrielli mediante la creación
				de la sociedad de economía mixta <sc>Cavic</sc>, aunque su actividad fue mucho más
				breve. Los requerimientos de crédito público por parte de Bodegas Giol y
					<sc>Cavic</sc> probablemente disminuyeron la disponibilidad de fondos para las
				cooperativas privadas, así como los incentivos para la integración de pequeños y
				medianos productores en este tipo de entidades, las cuales continuaron elaborando
				una porción reducida del total del vino ofrecido en el mercado, a diferencia de la
				expansión que registraron en España durante el mismo periodo.</p>
			<p>En consecuencia, los resultados obtenidos indican que las funciones asignadas a
				Bodegas Giol mantuvieron un extendido consenso tanto en las gestiones de gobierno
				peronistas como en las demócratas, reflejando coincidencias en los objetivos de
				política económica. En efecto, la empresa conservó el interés como instrumento
				estatal de diversificación de la estructura productiva, de integración vertical de
				los pequeños y medianos productores y de estabilización de los mercados de uvas y
				vinos, mientras las tendencias a la especialización productiva, la sobreproducción
				de vinos, las asimetrías entre los actores de la cadena vitivinícola y el avance del
				Estado en el control de empresas industriales –incluso en actividades económicas
				regionales– fueron elementos comunes que se mantuvieron vigentes en un clima de
				elevada confrontación política e inestabilidad de los indicadores económicos.</p>
			<p>Las especificidades de los proyectos dependían de las modalidades de constitución,
				las cuales fueron influidas por la trayectoria académica y profesional de los
				funcionarios que ocuparon los principales cargos en el poder ejecutivo provincial
				(gobernadores y ministros). En efecto, la propuesta vinculada a la creación de una
				cooperativa, realizada por Mario Ceresa, tenía sus antecedentes en su etapa de
				estudiante universitario de agronomía y fue influida por su paso por la
				administración pública durante los gobiernos conservadores. La propuesta más
				novedosa referida a la puesta en marcha de empresas con fines financieros de
				Benedicto Caplán, también estaba vinculada a su formación académica. El proyecto de
				transformar a la firma en un instrumento de integración vertical y de regulación de
				precios, cuyo principal promotor fue el propio Francisco Gabrielli, que confiaba en
				la asociación entre el Estado y el sector privado, tenía sus raíces en el
				conocimiento sobre empresas vitivinícolas familiares y la burocracia estatal y en
				una concepción política basada en la eficiencia y el orden en la gestión pública.
				Frente a su fracaso en el recinto legislativo, el proceso de negociación
				desarrollado entre los sectores neoperonistas y la <sc>ucrp</sc> que terminó en la
				estatización de Bodegas Giol, privilegió el control político y financiero de la
				firma. A pesar de los vínculos mantenidos con el sector vitivinícola, sus impulsores
				habían desarrollado una carrera política, y no tanto una profesional.</p>
			<p>La experiencia de Bodegas Giol muestra que, efectivamente, algunos matices fueron
				posibles en la polarización entre capitalismo y socialismo que tuvo lugar en los
				debates relativos a la regulación y propiedad públicas en Latinoamérica en el siglo
					<sc>xx</sc>. Asimismo, ilustra que esos matices estuvieron dados por las
				políticas, pero, sobre todo, por las trayectorias de quienes las diseñaron y
				ejecutaron.</p>
		</sec>
	</body>
	<back>
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					<source>Los derroteros del Estado empresario en la Argentina. Siglo XX</source>
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					<source>Poder, economía y espacio en Mendoza, 1850-1900: Del comercio ganadero a
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					<chapter-title>Cuando el pasado nos acompaña. La vitivinicultura capitalista en
						Mendoza y San Juan en clave histórica, 1870-2006</chapter-title>
					<year>2008</year>
					<source>Pasado y presente en el agro argentino</source>
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					<article-title>El proceso de modernización de la bodega mendocina
						(1860-1915)</article-title>
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							<surname>Tcach</surname>
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					<year>2006</year>
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				</element-citation>
			</ref>
		</ref-list>
		<fn-group>
			<title>Notas</title>
			<fn fn-type="other" id="fn1">
				<label>1</label>
				<p>Concepto amplio de empresa pública que incluye a todas las organizaciones
					económicas productoras de bienes o servicios, de propiedad pública total o
					parcial o de control estatal (<xref ref-type="bibr" rid="B41">Martín y Comín,
						1990</xref>).</p>
			</fn>
			<fn fn-type="other" id="fn2">
				<label>2</label>
				<p>Sobre las empresas públicas, véanse <xref ref-type="bibr" rid="B5">Barbero
						(2006)</xref>, <xref ref-type="bibr" rid="B70">Schvarzer (2006)</xref>,
						<xref ref-type="bibr" rid="B26">García (2007)</xref>, <xref ref-type="bibr"
						rid="B6">Barbero y Jacob (2008)</xref>, <xref ref-type="bibr" rid="B34"
						>Guajardo y Labrador (2015)</xref>. Sobre el caso argentino, véanse, a modo
					de ejemplo, <xref ref-type="bibr" rid="B66">Rougier (2007</xref>; <xref
						ref-type="bibr" rid="B69">2010</xref>; <xref ref-type="bibr" rid="B67"
						>2011</xref> y <xref ref-type="bibr" rid="B68">2013)</xref>, <xref
						ref-type="bibr" rid="B9">Belini y Rougier (2008)</xref>, <xref
						ref-type="bibr" rid="B61">Regalsky (2010)</xref>, <xref ref-type="bibr"
						rid="B60">Regalsky y Rougier (2015)</xref>.</p>
			</fn>
			<fn fn-type="other" id="fn3">
				<label>3</label>
				<p>Otras entidades que intentaron reducir los excedentes vínicos: la Comisión de
					Defensa y Fomento Industrial y Comercial (1914), la Compañía Vitivinícola de
					Mendoza (1916), la Comisión Autónoma de Defensa Vitivinícola (¿1933?).</p>
			</fn>
			<fn fn-type="other" id="fn4">
				<label>4</label>
				<p>En consonancia, se dispuso la disolución de la Junta Reguladora de Vinos y el
					levantamiento de las limitaciones a la liberación de vinos al consumo en 1943 y
					de los controles al comercio en 1944. A su vez, la Secretaría de Industria y
					Comercio estableció precios máximos al vino de mesa a partir de 1948 para
					enfrentar las presiones inflacionarias. De igual modo, se establecieron cuotas
					provisorias de expendio de vinos a las bodegas en 1950 y un régimen de
					ordenamiento para la distribución de comercialización de vinos de Mendoza y San
					Juan (1952-1954).</p>
			</fn>
			<fn fn-type="other" id="fn5">
				<label>5</label>
				<p>El Partido Justicialista, continuador del Peronista, fue fundado por Juan D.
					Perón en 1947 bajo el emblema de la justicia social.</p>
			</fn>
			<fn fn-type="other" id="fn6">
				<label>6</label>
				<p>En ese entonces, Bodegas Giol era una de las firmas vitivinícolas más grandes del
					país. De acuerdo con el informe de tasación, su activo estaba formado por casi
					una veintena de fincas con 1 608 hectáreas de viña y 2 596 hectáreas con otros
					cultivos y sin cultivar, las bodegas La Colina, El Progreso y La Florida, y
					sucursales en Palermo, Junín (Buenos Aires), Mar del Plata, Rosario, Córdoba,
					Barranqueras (Chaco) y Tucumán, además de 197 tanques de ferrocarril montados en
					101 vagones y 80 automotores. A su vez, empleaba a 2 337 personas, disponía de
					una capacidad de elaboración en vasija de madera y roble de 800 000 hectolitros
					(que representaba 4.3% del total provincial) y comercializaba sus vinos en 18
					000 almacenes de todo el país (<xref ref-type="bibr" rid="B53">Olguín, 2013b, p.
						242</xref>).</p>
			</fn>
			<fn fn-type="other" id="fn7">
				<label>7</label>
				<p>Los lineamientos generales de la función de Bodegas Giol en la economía
					provincial fueron expuestos por el ministro de Economía, Mario Ceresa, durante
					el tradicional banquete de las fuerzas vivas ofrecido por las entidades
					empresariales al finalizar la cosecha, el 12 de marzo de 1955. <italic>Los
						Andes</italic>, 13 de marzo de 1955.</p>
			</fn>
			<fn fn-type="other" id="fn8">
				<label>8</label>
				<p>Luis Vinassa [29 y 30 de abril de 1954]. <italic>Diario de Sesiones</italic>
					(periodo extraordinario, 1953-1954, p. 1767). Mendoza: Imprenta Oficial.</p>
			</fn>
			<fn fn-type="other" id="fn9">
				<label>9</label>
				<p><xref ref-type="bibr" rid="B23">Carlos Evans (1954)</xref>. <italic>Diario de
						Sesiones</italic> (periodo 1952-1953, p. 32). Mendoza: Imprenta Oficial.</p>
			</fn>
			<fn fn-type="other" id="fn10">
				<label>10</label>
				<p>Mensaje a la Legislatura (4 de junio de 1953), en <xref ref-type="bibr" rid="B29"
						>Gobierno de Mendoza (1953, p. 1)</xref>.</p>
			</fn>
			<fn fn-type="other" id="fn11">
				<label>11</label>
				<p>Trabajo final para obtener el título de ingeniero agrónomo por la Universidad
					Nacional de La Plata publicado en <italic>Revista de la Facultad de
						Agronomía</italic>. Luego escribiría numerosos trabajos vinculados a los
					aspectos técnicos y económicos de la vitivinicultura y artículos de opinión en
					la prensa mendocina.</p>
			</fn>
			<fn fn-type="other" id="fn12">
				<label>12</label>
				<p><xref ref-type="bibr" rid="B24">Evans (1955, p. <sc>xx</sc>)</xref>.</p>
			</fn>
			<fn fn-type="other" id="fn13">
				<label>13</label>
				<p>No se han podido identificar en los registros 45 bodegas de Guaymallén, por lo
					cual estos números podrían ser ligeramente mayores.</p>
			</fn>
			<fn fn-type="other" id="fn14">
				<label>14</label>
				<p>Los principales serían la construcción de viviendas, la preparación de tierras
					para agricultura (motocultura), la formación de un mercado regional
					frutihortícola con un frigorífico anexo, la creación de una empresa de artes
					gráficas para prestar el servicio de la publicidad de la empresa y de una
					organización mutualista y la construcción de obras de regadío.</p>
			</fn>
			<fn fn-type="other" id="fn15">
				<label>15</label>
				<p>Véase declaración de Ignacio González, ministro de Economía del segundo gobierno
					peronista, en <xref ref-type="bibr" rid="B74">Junta de Estudios Históricos de
						Mendoza, 1996, p. 184</xref>.</p>
			</fn>
			<fn fn-type="other" id="fn16">
				<label>16</label>
				<p>Sin embargo, se decidió incluir en el segundo plan quinquenal una cifra de 800
					000 000 de pesos que todavía resultaba superior a las de toda la historia de
					Mendoza y a las pretensiones de las demás provincias, si se tiene en cuenta el
					monto total en relación con la población (<xref ref-type="bibr" rid="B14"
						>Caplán, 1957, p. 30</xref>). En 1954, la cotización del dólar estadunidense
					en pesos –promedio anual– en el mercado libre era de 13.97 (<xref
						ref-type="bibr" rid="B48">Olarra, 1968, p. 184</xref>).</p>
			</fn>
			<fn fn-type="other" id="fn17">
				<label>17</label>
				<p>Carlos Evans (1954). <italic>Diario de Sesiones</italic> (periodo 1952-1953, p.
					28). Mendoza: Imprenta Oficial.</p>
			</fn>
			<fn fn-type="other" id="fn18">
				<label>18</label>
				<p>La máxima autoridad bancaria había suspendido la inscripción de títulos
					provinciales en la Bolsa de Comercio. Así, entre 1947 y 1955 la Comisión de
					Valores del Banco Central no autorizó ninguna inscripción de títulos
					provinciales (excepto tres partidas de 5 000 000 de pesos cada una durante el
					mandato de Caplán). El gobierno provincial sólo disponía de préstamos federales,
					cuyos fondos provenían del sistema de previsión social distribuidos por la
					nación. A Mendoza le correspondieron 150 000 000 de pesos para el periodo
					1953-1958, en tanto que las obras contratadas por el gobierno anterior sumaban
					270 000 000 de pesos (<xref ref-type="bibr" rid="B14">Caplán, 1957, pp. 27 y
						31-33</xref>).</p>
			</fn>
			<fn fn-type="other" id="fn19">
				<label>19</label>
				<p>Benedicto Caplán había nacido en Entre Ríos. Se graduó de doctor en ciencias
					políticas en 1936 y publicó una docena de trabajos de investigación entre 1937 y
					1941 en la Universidad Nacional del Litoral. Ante la dificultad para ejercer su
					profesión, se había dedicado al comercio. Llegó a Mendoza en 1946, contratado
					como profesor por la Universidad Nacional de Cuyo para dictar el Curso de
					Especialización en Finanzas (<xref ref-type="bibr" rid="B14">Caplán, 1957, pp.
						26-27</xref>).</p>
			</fn>
			<fn fn-type="other" id="fn20">
				<label>20</label>
				<p><italic>Mendoza</italic>, 23 de diciembre de 1980.</p>
			</fn>
			<fn fn-type="other" id="fn21">
				<label>21</label>
				<p>Influyeron en este proceso la modificación a la ley nacional 11.682 de impuesto a
					los réditos y ley nacional 16.833 en 1966.</p>
			</fn>
			<fn fn-type="other" id="fn22">
				<label>22</label>
				<p>El Partido Demócrata de Mendoza tuvo su origen en el antiguo Partido Conservador
					en 1917, que luego de un proceso de transformaciones y alianzas –Partido
					Autonomista (1920) y Partido Liberal (1921)– devino en el Partido Demócrata
					Nacional en 1931.</p>
			</fn>
			<fn fn-type="other" id="fn23">
				<label>23</label>
				<p>Gabrielli contaba con una larga trayectoria en la función pública y un profundo
					conocimiento del negocio del vino. Nació en Mendoza en 1902. Era hijo de un
					bodeguero inmigrante. Se graduó de ingeniero en la Universidad de Buenos Aires.
					En la función pública actuó como ingeniero inspector de la Dirección General de
					Obras Públicas de Mendoza (1930), director presidente de la Dirección Provincial
					de Vialidad (1934-1941) y superintendente de la Dirección Provincial de
					Irrigación (1941 y 1946). Se inició en la actividad política en 1924 en las
					filas del Partido Liberal, antecedente del Partido Demócrata (<xref
						ref-type="bibr" rid="B47">Micale, 1999, p. 19</xref>).</p>
			</fn>
			<fn fn-type="other" id="fn24">
				<label>24</label>
				<p><italic>El Tiempo de Cuyo</italic>, 24 de febrero de 1964.</p>
			</fn>
			<fn fn-type="other" id="fn25">
				<label>25</label>
				<p>Ley provincial 2.962. Boletín Oficial de la Provincia de Mendoza, 24 de febrero
					de 1964.</p>
			</fn>
			<fn fn-type="other" id="fn26">
				<label>26</label>
				<p><italic>Los Andes</italic>, 31 de marzo de 1964 y 2 de abril de 1964.</p>
			</fn>
			<fn fn-type="other" id="fn27">
				<label>27</label>
				<p>Estimación realizada con base en <xref ref-type="bibr" rid="B33">Gobierno de
						Mendoza (1969, pp. 31-32)</xref>.</p>
			</fn>
			<fn fn-type="other" id="fn28">
				<label>28</label>
				<p>Discurso pronunciado por el ministro con motivo de anunciar los precios que
					pagaría Bodegas Giol por las uvas de la cosecha 1964 (16 de febrero de 1964).
						<italic>Los Andes</italic>.</p>
			</fn>
			<fn fn-type="other" id="fn29">
				<label>29</label>
				<p>Discursos de Francisco Gabrielli en los actos de proclamación y transmisión del
					mando (<xref ref-type="bibr" rid="B30">Gobierno de Mendoza, 1963, p.
					16</xref>).</p>
			</fn>
			<fn fn-type="other" id="fn30">
				<label>30</label>
				<p>Discursos de Francisco Gabrielli … (<xref ref-type="bibr" rid="B30">Gobierno de
						Mendoza, 1963, pp. 15 y 19</xref>).</p>
			</fn>
			<fn fn-type="other" id="fn31">
				<label>31</label>
				<p><xref ref-type="bibr" rid="B31">Gobierno de Mendoza (1965, s. p.)</xref>.</p>
			</fn>
			<fn fn-type="other" id="fn32">
				<label>32</label>
				<p>Discursos de Francisco Gabrielli en los actos de proclamación y transmisión del
					mando (<xref ref-type="bibr" rid="B30">Gobierno de Mendoza, 1963, pp.
						12-14</xref>).</p>
			</fn>
			<fn fn-type="other" id="fn33">
				<label>33</label>
				<p><xref ref-type="bibr" rid="B31">Gobierno de Mendoza (1965, s. p.)</xref>.</p>
			</fn>
			<fn fn-type="other" id="fn34">
				<label>34</label>
				<p>En los registros de la Dirección General de Industrias de Mendoza, no se han
					podido identificar 45 bodegas de Guaymallén, por lo cual estos números podrían
					ser ligeramente mayores. Dirección General de Industrias de Mendoza, Elaboración
					Vinícola Año 1964 (inédito).</p>
			</fn>
			<fn fn-type="other" id="fn35">
				<label>35</label>
				<p>Ley de la Provincia de San Juan 3019, aprobada el 6 de febrero de 1964.</p>
			</fn>
			<fn fn-type="other" id="fn36">
				<label>36</label>
				<p><italic>Los Andes</italic>, 25 de enero de 1964.</p>
			</fn>
			<fn fn-type="other" id="fn37">
				<label>37</label>
				<p>Ley de la Provincia de San Juan 439, sancionada el 25 de febrero de 1932.
						<italic>Los Andes</italic>, 25 de marzo de 1964.</p>
			</fn>
			<fn fn-type="other" id="fn38">
				<label>38</label>
				<p>El Partido Bloquista fue un partido político provincial que había nacido de la
					separación de la Unión Cívica Radical entre 1916-1922, durante la presidencia de
					Hipólito Yrigoyen.</p>
			</fn>
			<fn fn-type="other" id="fn39">
				<label>39</label>
				<p>El primer cuerpo de la bodega tenía una capacidad de almacenamiento de 250 000
					hl; en octubre de 1933 trabajó al máximo de esa capacidad, 500 000 hl.</p>
			</fn>
			<fn fn-type="other" id="fn40">
				<label>40</label>
				<p>En sólo 61 días el depósito de la Bodega del Estado fue transformado en una
					bodega. La nueva bodega contaba con cuatro moliendas, con fermentadores
					continuos con una capacidad de 750 000 litros cada uno, lo que permitió procesar
					una cuarta parte de la producción total. Bataller y Mendoza (1999, p. 64). El
					primer directorio comenzó a funcionar el 26 de marzo de 1964. <italic>Los
						Andes</italic>, 25 de marzo de 1964.</p>
			</fn>
			<fn fn-type="other" id="fn41">
				<label>41</label>
				<p>Entrevista realizada a Leopoldo Bravo (10 de diciembre de 1963). <italic>Los
						Andes</italic>.</p>
			</fn>
			<fn fn-type="other" id="fn42">
				<label>42</label>
				<p><italic>La Palabra</italic>, 30 de enero de 1964.</p>
			</fn>
			<fn fn-type="other" id="fn43">
				<label>43</label>
				<p>El texto completo del proyecto de ley se puede consultar en <italic>Diario de
						Sesiones</italic> (periodo 1964-1965, pp. 1768-1785). Mendoza: Imprenta
					Oficial. La firma configuraría una persona jurídica privada que se regiría por
					las disposiciones del estatuto y las de la ley nacional 12.962 (decreto-ley
					15.349/1946).</p>
			</fn>
			<fn fn-type="other" id="fn44">
				<label>44</label>
				<p>La Unión Cívica Radical se dividió en la interna por la candidatura a la
					presidencia de 1957 en Unión Cívica Radical Intransigente, liderada por Arturo
					Frondizi, y Unión Cívica Radical del Pueblo, conducida por Ricardo Balbín. En
					Mendoza, la mayor parte del radicalismo se volcó al balbinismo, cuyos seguidores
					participaron activamente del gobierno de facto, lo cual fue evitado por los
					frondizistas en vistas de un acercamiento con Perón.</p>
			</fn>
			<fn fn-type="other" id="fn45">
				<label>45</label>
				<p>Sobre el debate del proyecto de ley, véase Legislatura de Mendoza, <italic>Diario
						de Sesiones</italic>, periodo 1964-1965, 20 y 23 a 26 de noviembre de 1964,
					pp. 2.216-2.259; y H. Cámara de Diputados, <italic>Diario de Sesiones</italic>,
					periodo 1964, 25 a 30 de noviembre de 1964, pp. 3.346-3.649.</p>
			</fn>
			<fn fn-type="other" id="fn46">
				<label>46</label>
				<p>Ley provincial 3.137, en <italic>Boletín Oficial de la Provincia de
						Mendoza</italic>, 18 de diciembre de 1964.</p>
			</fn>
			<fn fn-type="other" id="fn47">
				<label>47</label>
				<p>En la Cámara de Senadores el proyecto fue tratado por las comisiones de
					Legislación y Asuntos Constitucionales, de Industria y Comercio y de Hacienda y
					Presupuesto y, en la Cámara de Diputados, en las de Agricultura e Industria, de
					Legislación y Asuntos Constitucionales y de Hacienda y Presupuesto.</p>
			</fn>
			<fn fn-type="other" id="fn48">
				<label>48</label>
				<p>El neoperonismo fue una corriente política impulsada por algunos dirigentes que,
					a partir de 1955, defendieron la doctrina justicialista desde la proscripción,
					cuestionaron el verticalismo del Partido Justicialista y formaron partidos para
					participar de los procesos electorales, véase <xref ref-type="bibr" rid="B2"
						>Álvarez (2007)</xref>.</p>
			</fn>
			<fn fn-type="other" id="fn49">
				<label>49</label>
				<p>Entrevista a Luis Bobillo realizada por Patricia Olguín, 18 de noviembre de 2011,
					Mendoza.</p>
			</fn>
		</fn-group>
	</back>
</article>
