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				<journal-title>América Latina en la historia económica</journal-title>
				<abbrev-journal-title abbrev-type="publisher">Am. Lat. Hist.
					Econ</abbrev-journal-title>
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			<issn pub-type="epub">2007-3496</issn>
			<issn pub-type="ppub">1405-2253</issn>
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				<publisher-name>Instituto de Investigaciones Dr. José María Luis
					Mora</publisher-name>
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			<article-id pub-id-type="publisher-id">00006</article-id>
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					<subject>Artículos</subject>
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			<title-group>
				<article-title>Argentina entre Nueva York y Londres, el financiamiento externo
					durante la primera guerra mundial</article-title>
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					<trans-title><italic>Argentina between New York and London, the External
							Financing during the First World War</italic></trans-title>
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						<surname>Vence</surname>
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						<label>1</label>
						<institution content-type="original">Consejo Nacional de Investigaciones
							Científicas y Técnicas, Instituto Interdisciplinario de Economía
							Política, Buenos Aires, Argentina.</institution>
						<institution content-type="normalized">Consejo Nacional de Investigaciones
							Científicas y Técnicas</institution>
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			<author-notes>
				<corresp id="cor1">* E-mail: <email>agustina.vence@gmail.com</email></corresp>
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					<p><bold>Organismo colaborador: </bold>Consejo Nacional de Investigaciones
						Científicas y Técnicas, Instituto Interdisciplinario de Economía Política,
						Buenos Aires, Argentina.</p>
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			</author-notes>
			<pub-date pub-type="epub-ppub">
				<season>Jan-Apr</season>
				<year>2019</year>
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				<copyright-holder>Instituto de Investigaciones Dr. José María Luis
					Mora</copyright-holder>
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					<license-p>Este es un artículo publicado en acceso abierto bajo una licencia
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			<abstract>
				<title>Resumen</title>
				<p>Una de las características de la economía argentina hasta el estallido de la
					primera guerra mundial fue su relación con los mercados financieros europeos,
					particularmente con Londres. El inicio de la guerra alteró el funcionamiento de
					los mercados, desplazando el centro de las finanzas internacionales de Londres a
					Nueva York. Esto implicó buscar alternativas para financiar proyectos de obras
					públicas, así como negociar con un nuevo actor, lo que llevó a desarrollar
					nuevas relaciones financieras, con otros agentes financieros y un nuevo consenso
					político. El objetivo de este trabajo es analizar el vínculo entre Argentina y
					los mercados de Nueva York y Londres, con especial atención a las acciones de
					los grupos financieros europeos y norteamericanos, así como a las condiciones,
					mercados y formas en que el gobierno argentino tomó deuda, durante la primera
					guerra mundial.</p>
			</abstract>
			<trans-abstract xml:lang="en">
				<title>Abstract</title>
				<p>One of the main characteristics of the Argentine economy until the outbreak of
					the First World War was the strong relationship with European financial markets,
					particularly with London. The beginning of the war caused an alteration in the
					markets and the displacement of the international finance center from London to
					New York. This change involved finding alternative ways to finance public works
					projects, as well as negotiating with a new actor, which meant developing new
					financial relationships, with other financial agents and a new political
					consensus. The main objective of this paper is to analyze the link between
					Argentina and the New York and London markets, with special attention to the
					actions of European and North American financial groups, as well as the
					conditions, markets, and ways in which The Argentine government took debt,
					during the First World War.</p>
			</trans-abstract>
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				<kwd>deuda pública</kwd>
				<kwd>endeudamiento</kwd>
				<kwd>financiamiento</kwd>
				<kwd>intermediarios financieros</kwd>
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				<kwd>external debt</kwd>
				<kwd>indebtedness</kwd>
				<kwd>financing</kwd>
				<kwd>financial intermediaries</kwd>
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		<p><bold>Clasificación JEL:</bold>H63,H81,N26,N46</p>
		<sec id="sec-1" sec-type="intro">
			<title>Introducción</title>
			<p>El estallido de la gran guerra produjo un cambio significativo en las fuentes de
				financiamiento de Argentina. En los años previos a 1914, como producto de la mejora
				en las condiciones de financiamiento y de la abundancia de capital externo, el
				gobierno emprendió una serie de obras públicas, particularmente en ferrocarriles
				hacia los territorios nacionales y obras de saneamiento en la ciudad de Buenos
				Aires. Hacia 1914, los contratos firmados con destino a las obras sanitarias
				alcanzaban los 40 000 000 de dólares y requerían un financiamiento de largo plazo
				que las condiciones de los mercados europeos no hacían factible (<xref ref-type="bibr" rid="B31">Regalsky, 2002</xref>;
				<xref ref-type="bibr" rid="B48">Vázquez, 1978</xref>). El gobierno intentó entonces una serie de negociaciones en Londres
				al cabo de la cual sólo se pudieron conseguir 5 000 000 de libras (aproximadamente
				20 000 000 de dólares). Este fue el contexto que dio lugar a la intervención de un
				nuevo interlocutor: los bancos de la plaza de Nueva York.</p>
			<p>En la primera década del siglo <sc>xx</sc>, el mercado de Nueva York había tenido
				escasa participación en los negocios de financiamiento público de los países
				sudamericanos. Los pocos títulos de la región que cotizaban en dicha plaza eran
				producto de que las principales firmas bancarias estadunidenses, City y Morgan, se
				habían asociado a sindicatos europeos, cuya conducción había estado generalmente a
				cargo de Baring Brothers. El gobierno argentino, acuciado por la imposibilidad de
				obtener el financiamiento necesario en Londres, inició negociaciones directas con
				bancos estadunidenses, que dieron lugar al primer préstamo de finales de 1914 con el
				National City Bank. Esta operación fue sucedida por otras de creciente magnitud
				entre 1915 y 1916, aunque siempre de corto plazo por la precariedad de la coyuntura
				internacional. A fines de 1916 el nuevo gobierno de Yrigoyen comenzó a avizorar la
				posibilidad de consolidarlas en un empréstito a largo plazo, pero la oposición en el
				Congreso, en una primera instancia, y luego el cambio de condiciones del mercado
				neoyorquino –con la entrada de Estados Unidos en el conflicto bélico– hicieron
				imposible concretar ese proyecto. Fue a partir de la crisis de 1920 que volverían a
				darse las condiciones para que se planteara la obtención de nuevos fondos externos,
				pero antes de eso, Argentina habría de terminar de reembolsar la última operación de
				crédito que mantenía, precisamente, con bancos de Inglaterra y Estados Unidos.</p>
			<p>En este trabajo se busca revisar el derrotero seguido por estas negociaciones, y las
				cambiantes relaciones que involucraron actores de ambos mercados –el neoyorquino y
				el londinense– con el objeto de contribuir a esclarecer este aspecto central del
				impacto financiero y económico de la primera guerra mundial en Argentina, que
				también pretende aportar a las discusiones sobre la historia de las relaciones
				económicas argentino-estadunidenses, y la economía y finanzas del primer
				radicalismo. Para ello, se pondrá especial atención a la incidencia de los agentes
				financieros, y particularmente aquellos que ya operaban en Argentina en el periodo
				previo, en un contexto en el cual las firmas de la plaza de Nueva York carecían de
				redes propias de contacto ya establecidas para introducirse en este nuevo medio. El
				trabajo se ha basado en la consulta de una serie de fuentes correspondientes a las
				esferas oficiales argentinas, así como a los círculos financieros de las plazas
				involucradas (Londres, Nueva York), a los que se debe agregar el acceso a la
				correspondencia del <xref ref-type="bibr" rid="B49">Archivo Baring Brothers</xref> durante este periodo.<xref ref-type="fn" rid="fn1"><sup>1</sup></xref></p>
		</sec>
		<sec id="sec-2">
			<title>Estado de la cuestión</title>
			<p>El impacto de la gran guerra en Argentina ha sido un tópico abordado en la
				bibliografía más clásica. Muchos de los trabajos se han detenido en los aspectos
				económicos, señalando por ejemplo los efectos que la conflagración europea provocó
				en una economía abierta ante el repliegue del comercio internacional, los flujos
				migratorios y las inversiones externas (<xref ref-type="bibr" rid="B10">Di Tella y
					Zymelman, 1967</xref>; <xref ref-type="bibr" rid="B16">Ford,
				1966</xref>).<xref ref-type="fn" rid="fn2"><sup>2</sup></xref></p>
			<p>En los últimos años hubo un renovado interés por el tema, poniéndose el acento en
				impacto social y cultural de la guerra en América Latina. Los trabajos de <xref ref-type="bibr" rid="B35">Stefan
				Rinke (2017)</xref> buscan romper con las
				periodizaciones que abarcan a la Gran Depresión y brindar una mirada global y/o
				regional al impacto de la guerra en Latinoamérica. Otros, tomando como punto de
				partida el desempeño de la opinión pública, echan luz sobre las afinidades
				culturales e ideológicas con los diferentes países beligerantes y la función de la
				prensa durante la guerra (<xref ref-type="bibr" rid="B41">Tato, 2008</xref>).</p>
			<p>En lo que concierne a la esfera económica, algunos de los trabajos más clásicos han
				puesto el énfasis en los vínculos diplomáticos y comerciales durante la gran guerra.
				Al respecto destacan los trabajos de <xref ref-type="bibr" rid="B44"
					>Tulchin (1990)</xref> y <xref ref-type="bibr" rid="B27">Peterson (1964)</xref>, que
				abordan la política neutralista argentina durante la guerra, así como las presiones
				diplomáticas y económicas que recibió el país por parte de Estados Unidos, Gran
				Bretaña y Alemania.</p>
			<p>En relación con la cuestión comercial, desde una mirada comparativa <xref
					ref-type="bibr" rid="B1">Albert (1988)</xref> confronta el caso argentino con el
				de otros tres países latinoamericanos cuyas economías también se estructuraron
				alrededor del modelo agroexportador. El autor plantea que los resultados inmediatos
				del conflicto no implicaron un quiebre en la línea de desenvolvimiento económico de
				los países analizados ni tampoco en lo que hace a su dependencia respecto de Europa.
				No obstante, desde su perspectiva, existió una ruptura al debilitarse la influencia
				comercial germana y de la hegemonía británica y el avance de los intereses
				estadunidenses, que continuaría durante la entreguerra en Latinoamérica. Sobre la
				relación comercial con Alemania y el Reino Unido, <xref ref-type="bibr" rid="B19"
					>Gravil (1985)</xref> destaca el reforzamiento de los vínculos comerciales con
				los aliados, así como el establecimiento de controles sobre el comercio con América
				Latina. Por su parte <xref ref-type="bibr" rid="B6">Dehne (2009)</xref> analizó la
				estrategia británica de instalar las listas negras contra los intereses comerciales
				alemanes establecidos en Latinoamérica durante la contienda.</p>
			<p>Respecto a la integración de los mercados financieros en el siglo <sc>xx</sc> y su
				impacto en el crecimiento económico, (<xref ref-type="bibr" rid="B11">Díaz, 1975, p.
					43</xref>) destaca que durante el periodo de la entreguerra se verificó una
				consolidación del mercado de capitales en Argentina. Al mismo tiempo, señala que, si
				bien durante la conflagración, Argentina comenzó a desplazar sus vínculos hacia el
				mercado de Nueva York, el flujo de capitales no fue tan pujante como el generado por
				Gran Bretaña entre 1900 y 1913. Por su parte, Taylor propone que la desintegración
				de los mercados mundiales fue una parte importante para explicar la retracción de
				las economías periféricas, puesto que el mercado de capitales local entre 1914 y
				1939 fue débil (<xref ref-type="bibr" rid="B43">Taylor, 1997, p. 7</xref>).</p>
			<p>Mientras que <xref ref-type="bibr" rid="B11">Díaz (1975)</xref> sostiene que la
				confianza crediticia argentina no era muy diferente a la de Australia y Canadá en
				los años veinte, Taylor señala el limitado acceso que tuvo Argentina al mercado de
				Nueva York, lo cual lo lleva a postular que generó una caída en la acumulación de
				capital (<xref ref-type="bibr" rid="B42">Taylor, 1992</xref>). <xref ref-type="bibr"
					rid="B7">Della Paolera y Taylor (2003, p. 169)</xref> por su parte, afirman que,
				en ausencia de ahorros externos, los menguantes déficits de la cuenta corriente
				significaron que Argentina debió financiar la mayor parte de su inversión doméstica
				con ahorro interno, sin que el sistema financiero local lograra responder
				adecuadamente a tal desafío. Por el contrario, <xref
					ref-type="bibr" rid="B23">Nakamura y Zarazaga (1997, pp. 1, 3)</xref> sostienen que
				durante la entreguerra Argentina se mantuvo firmemente integrada a los mercados
				financieros internacionales y que incluso su integración fue mejor en la década de
				1920 que en el periodo previo a la guerra. Así, destacan que, si bien la colocación
				de deuda en los mercados europeos fue difícil, la colocación en el mercado doméstico
				y en Nueva York fue considerable (<xref ref-type="bibr" rid="B23">Nakamura y Zarazaga,
					1997, p. 7</xref>). En un trabajo posterior <xref ref-type="bibr" rid="B24">Nakamura y Zarazaga
					(2001)</xref> examinan las fallas de las finanzas
				argentinas para llenar el vacío provocado por el declinamiento de Londres y del
				sistema financiero mundial durante la entreguerra. Según los autores, esto fue
				consecuencia del enorme peso adquirido por el Banco de la Nación Argentina, creando
				un desequilibrio en la estructura financiera (<xref ref-type="bibr" rid="B24">Nakamura
					y Zarazaga, 2001, p 3</xref>). Sostienen, al igual que <xref ref-type="bibr" rid="B8">Della
				Paolera y Taylor (1999)</xref>, que la declinación de
				la banca privada en relación con el Banco de la Nación Argentina fue un componente
				crucial en la mediocre respuesta de la economía argentina a los desafíos planteados
				por la declinación británica (<xref ref-type="bibr" rid="B24">Nakamura y Zarazaga,
					2001, p. 4</xref>).<xref ref-type="fn" rid="fn3"><sup>3</sup></xref></p>
			<p>Las primeras investigaciones sobre el impacto que tuvo el desplazamiento del centro
				financiero de Londres a Nueva York en el financiamiento argentino fueron realizadas
				en la década de 1930 por <xref ref-type="bibr" rid="B26">Harold Peters (1934)</xref> y
				Vernon <xref ref-type="bibr" rid="B28">Phelps (1938)</xref>. Ambos autores destacaron
				que las relaciones entre Estados Unidos y Argentina para el periodo previo a la
				guerra eran casi insignificantes, aunque reconocían que antes de 1914 Estados Unidos
				había empezado ya a prestar atención al mercado argentino (<xref ref-type="bibr"
					rid="B28">Phelps, 1938</xref>). En su libro, <xref ref-type="bibr" rid="B26"
					>Peters (1934)</xref> realiza un análisis pormenorizado de las emisiones en Estados
				Unidos para el periodo 1914-1930, destacando el poco conocimiento que tenía el
				inversor estadunidense de los mercados latinoamericanos –en especial de Argentina– y
				cómo el estallido de la primera guerra llevó a un cambio en la actitud de los bancos
				de Nueva York respecto de la región. <xref ref-type="bibr" rid="B26"
					>Peters (1934)</xref> adjudica relevancia a la apertura de la primera sucursal del
				National City Bank of New York, en Buenos Aires en 1914, y a la conformación del
				South American Group, sindicato bancario que tenía por finalidad concentrar los
				negocios financieros.</p>
			<p>En la década de 1980 la historiografía económica volvió a centrar la atención en la
				vinculación entre Estados Unidos y Latinoamérica. <xref ref-type="bibr"
					rid="B40">Stallings (1987, p. 64)</xref> plantea que los bancos estadunidenses
				comenzaron a interesarse en Latinoamérica por la expansión del comercio y las
				inversiones directas. Destaca que, antes de 1914, la legislación estadunidense
				prohibía la apertura de sucursales bancarias fuera del país y cómo, con la remoción
				de ese obstáculo a finales de 1914 –principalmente por los esfuerzos de Frank
				Vandelip del National City Bank– comenzó el acercamiento entre Estados Unidos y
				Argentina.</p>
			<p><xref ref-type="bibr" rid="B21">Marichal (1989)</xref> analiza el auge de préstamos
				estadunidenses a Latinoamérica en la década de 1920. Afirma que a pesar de que los
				bancos británicos siguieron manteniendo una actuación central en la región, se
				sintieron amenazados por el surgimiento de rivales que trataron de minar la primacía
				londinense.<xref ref-type="fn" rid="fn4"><sup>4</sup></xref> Previamente, destaca que los banqueros
				de Estados Unidos habían avanzado de manera lenta pero progresiva formando parte de
				los principales sindicatos financieros internacionales que participaban en
				empréstitos sudamericanos antes de 1914. Los principales bancos de Nueva York como
				el National City Bank o Nakamura &amp; Co., reconocían que, a pesar de las
				posibilidades de expandir sus negocios en la región, el público estadunidense era
				reacio, y que los banqueros europeos tenían mayor experiencia en ese campo (<xref
					ref-type="bibr" rid="B21">Marichal, 1989, pp. 171-172</xref>).</p>
			<p>Sobre la participación de los <italic>merchant banks</italic> británicos en la
				colocación de títulos de deuda externa en el mercado de Londres, se destacan los
				trabajos de Flandreau y Flores. Los autores destacan que el prestigio y la
				reputación de esos intermediarios permitían afrontar los problemas de asimetría en
				la información de los mercados financieros (<xref ref-type="bibr" rid="B12"
					>Flandreau y Flores, 2011</xref>). Los inversionistas dejaban la supervisión a
				los bancos encargados de la emisión de dichos títulos al contar con una relación
				directa con los gobiernos implicados (<xref ref-type="bibr" rid="B15">Flores,
					2012, p. 13</xref>). Por lo tanto, la actuación del intermediario
				financiero era fundamental para el éxito de la emisión. Los bancos actuaban como
				proveedores de consejo e información a los inversionistas (<xref ref-type="bibr"
					rid="B15">Flores, 2012, p. 16</xref>). El prestigio también actuaba como
				estrategia de inversión al crear una barrera a la entrada de otros bancos.</p>
			<p>Si bien el estallido de la primera guerra produjo un abrupto cambio en el sistema
				financiero, para <xref ref-type="bibr" rid="B21">Marichal (1989)</xref> el
				desplazamiento del centro financiero de Londres y Nueva York recién se consolidaría
				hacia 1920. Entre 1914 y 1918 los gobiernos latinoamericanos recurrieron a
				diferentes fuentes de financiamiento como, por ejemplo, los excedentes de su balance
				comercial o la financiación en el mercado interno (<xref ref-type="bibr" rid="B21"
					>Marichal, 1989, p. 173</xref>). El cambio se produciría hacia 1921, cuando los
				gobiernos de la región comenzaron a explorar las posibilidades de financiamiento a
				largo plazo en la plaza de Nueva York, luego de la crisis de 1920-1921 (<xref
					ref-type="bibr" rid="B21">Marichal, 1989, p. 179</xref>). Respecto al
				financiamiento del gobierno argentino durante la primera guerra mundial, <xref ref-type="bibr" rid="B34">Regalsky y
				Salerno (2009)</xref> postulan que la guerra inició
				uno de los periodos más traumáticos en la historia fiscal. Destacan, a su vez, que
				lo singular de la experiencia argentina luego de 1914 fue la aparición de nuevas
				formas de financiamiento –en especial– en el mercado local tanto de corto y largo
				plazo, como en el mercado externo. Destacan que hasta fines de 1916 el papel
				principal en la financiación lo siguieron desempeñando los bancos extranjeros
				aportando casi 60% del total. Sin embargo, 40% fue asumido desde el inicio por el
				mercado local, mediante fuertes pedidos de adelanto a los bancos locales,
				principalmente el Banco de la Nación Argentina, y la emisión de Letras de Tesorería
				de corto plazo (<xref ref-type="bibr" rid="B33">Regalsky y Salerno,
					2003, pp. 5-6</xref>). La cuestión del endeudamiento y las finanzas
				públicas durante la guerra y la entreguerra también ha sido trabajada de manera
				minuciosa por <xref ref-type="bibr" rid="B5">Cortés (2008)</xref>.</p>
			<p>Recientemente, varias investigaciones se han centrado en la conducta de los
				intermediarios financieros que operaron en el mercado de Nueva York durante el
				periodo de la entreguerra. Los trabajos sugieren que el deseo de construir y
				mantener el prestigio y la reputación de los intermediarios financieros fue
				determinante y que, los bancos líderes, preocupados por su prestigio, eran
				particularmente cuidadosos a la hora de suscribir un título (<xref ref-type="bibr"
					rid="B13">Flandreau, Gaillard y Panizza, 2010</xref>). <xref ref-type="bibr"
					rid="B14">Flandreau (2015)</xref> sostiene que el sistema londinense de las
				emisiones de deuda de países extranjeros fue trasplantado a Nueva York, y que la
				mayor transformación ocurrió mucho más tarde, con el establecimiento del New Deal y
				la ley Glass-Steagall.<xref ref-type="fn" rid="fn5"><sup>5</sup></xref></p>
		</sec>
		<sec id="sec-3">
			<title>Las finanzas en los tiempos radicales</title>
			<p>La guerra puso en evidencia las debilidades del modelo de crecimiento argentino y su
				extrema vulnerabilidad respecto del mercado internacional. De acuerdo con <xref ref-type="bibr" rid="B44">Tulchin
					(1990, p. 96)</xref>, desde Buenos
				Aires se tardó mucho en apreciar que la guerra habría de modificar las relaciones de
				poder entre Estados Unidos y Gran Bretaña.</p>
			<p>Para <xref ref-type="bibr" rid="B19">Gravil (1985, p. 112)</xref>, el objetivo
				general de Inglaterra durante la guerra en América Latina fue asegurar la
				cooperación económica con los aliados como fuente de alimentos. La mayoría de los
				países latinoamericanos se mantuvieron neutrales. Durante la presidencia de De la
				Plaza, el gobierno se sintió tranquilo de que los países beligerantes tomarían en
				cuenta los intereses de Argentina, dada la importancia de sus exportaciones, sin
				considerar que la guerra implicara un corte abrupto con el pasado (<xref
					ref-type="bibr" rid="B44">Tulchin, 1990, p. 98</xref>). La elite
				argentina consideraba a la guerra como un fenómeno temporario al cabo del cual el
				mundo volvería a la normalidad y Argentina continuaría el curso ascendente del
				periodo previo (<xref ref-type="bibr" rid="B44">Tulchin, 1990, p.
					104</xref>).</p>
			<p>Con el ascenso al gobierno de Hipólito Yrigoyen (1916-1922) comenzó a apreciarse más
				cabalmente el impacto de la coyuntura internacional, por el cierre de los mercados
				de capitales y la fuerte reducción en el comercio internacional (<xref
					ref-type="bibr" rid="B29">Rayes, 2014</xref>). La estructura tributaria argentina
				descansaba en los aranceles aduaneros que gravaban las importaciones y, por ello, la
				caída de las importaciones tuvo un impacto negativo en los ingresos fiscales. Hasta
				fines de 1917 el nivel de los ingresos fiscales había caído 30% en términos
				nominales y 50% a valores constantes (<xref ref-type="bibr" rid="B34">Regalsky y
					Salerno, 2009, p. 209</xref>).</p>
			<p>Ante la imposibilidad de reducir en la misma medida los gastos públicos, estos
				comenzaron a superar ampliamente a los recursos, generándose un déficit que sólo
				pudo ser afrontado con un aumento del endeudamiento público. En gran medida este
				déficit obedecía a la imposibilidad de reducir aún más los gastos administrativos
				ordinarios, ya que los gastos en obras públicas, con la excepción de los de obras
				sanitarias en 1914-1915, habían disminuido. Ya en el presupuesto de 1915 se había
				procurado no autorizar erogaciones que podían ser postergables, disponiéndose que
				los pagos por obras públicas afectadas por contratos y aquellas de carácter urgente
				se efectuaran con letras de tesorería. También se disponía la reducción de 10% de
				todos los gastos ordinarios, de 75% en los subsidios para construcciones y de 50% en
				los otros (<xref ref-type="bibr" rid="B39">Soares, 1922, p. 61</xref>).
				Sin embargo, fue imposible reducir el gasto público en la medida necesaria, en parte
				por el contexto de alza de precios y por sus implicaciones sociales (<xref
					ref-type="bibr" rid="B34">Regalsky y Salerno, 2009</xref>).</p>
			<table-wrap>
				<label>CUADRO 1</label>
				<caption>
					<title>EVOLUCIÓN DE LOS INGRESOS Y EGRESOS DEL GOBIERNO ARGENTINO (EN MILLONES DE PESOS ORO)</title>
				</caption>
				<alternatives>
					<graphic xlink:href="t1.jpg"/>
				<table>
					<thead>
					<tr>
						<th align="left"><italic>Año</italic></th>
						<th align="left"><italic>Ingresos</italic></th>
						<th align="left"><italic>Egresos</italic></th>
						<th align="left"><italic>Déficit/superávit</italic></th>
					</tr>
					</thead>
					<tbody>
					<tr>
						<td align="left">1913</td>
						<td align="left">163.2</td>
						<td align="left">117.5</td>
						<td align="left">45.4</td>
					</tr>
					<tr>
						<td align="left">1914</td>
						<td align="left">124.2</td>
						<td align="left">184.6</td>
						<td align="left">-60.4</td>
					</tr>
					<tr>
						<td align="left">1915</td>
						<td align="left">111.4</td>
						<td align="left">176</td>
						<td align="left">-64.6</td>
					</tr>
					<tr>
						<td align="left">1916</td>
						<td align="left">112.2</td>
						<td align="left">164.8</td>
						<td align="left">-52.6</td>
					</tr>
					<tr>
						<td align="left">1917</td>
						<td align="left">111.9</td>
						<td align="left">171.4</td>
						<td align="left">-59.5</td>
					</tr>
					<tr>
						<td align="left">1918</td>
						<td align="left">145.2</td>
						<td align="left">185.3</td>
						<td align="left">-40.1</td>
					</tr>
					<tr>
						<td align="left">1919</td>
						<td align="left">180.9</td>
						<td align="left">188.3</td>
						<td align="left">-7.4</td>
					</tr>
					<tr>
						<td align="left">1920</td>
						<td align="left">228.4</td>
						<td align="left">214.6</td>
						<td align="left">13.8</td>
					</tr>
					<tr>
						<td align="left">1921</td>
						<td align="left">205</td>
						<td align="left">246.5</td>
						<td align="left">-41.5</td>
					</tr>
					</tbody>
				</table>
			</alternatives>
							<attrib>Fuentes: <xref ref-type="bibr" rid="B26">Peters (1934)</xref> y <xref ref-type="bibr" rid="B34">Regalsky y Salerno
								(2009)</xref>.</attrib>
			</table-wrap>
			
			<p>Las medidas tomadas por el gobierno de Hipólito Yrigoyen persiguieron como objetivo
				compensar la disminución de los recursos tradicionales mediante la creación de
				nuevos gravámenes, o a través del aumento de las tasas de los ya existentes. A pesar
				de ello, se redujo también el gasto 20% en términos reales durante los dos primeros
				años de su gestión (<xref ref-type="bibr" rid="B17">Gerchunoff y Aguirre, 2006, p.
					58</xref>). Gran parte de esa reducción recayó sobre la inversión pública: si en
				los años que precedieron a la guerra se ubicaba en alrededor de 15% del gasto
				público total, durante la posguerra y hasta mediados de los veinte permaneció
				comprimida a la mitad de ese valor (<xref ref-type="bibr" rid="B17">Gerchunoff y
					Aguirre, 2006, p. 58</xref>). La imposibilidad de hacer mayores ahorros obligó a
				continuar haciendo uso del crédito para cubrir los saldos de años anteriores y
				continuar las obras sanitarias y demás trabajos impostergables (<xref
					ref-type="bibr" rid="B39">Soares, 1922, p. 66</xref>). Apenas en 1920
				se pudo lograr un pequeño superávit de las cuentas públicas (<xref ref-type="bibr"
					rid="B34">Regalsky y Salerno, 2009</xref>).</p>
			<p>En cualquier caso, la necesidad de financiar este déficit fiscal en un contexto en el
				que por la guerra no se podía recurrir a los clásicos mercados europeos de emisión
				de títulos, dio lugar a la expansión de la deuda flotante. Parte del incremento de
				esta fue soportado por el mercado local, mediante fuertes pedidos de adelanto a los
				bancos locales, principalmente el Banco de la Nación Argentina (<xref
					ref-type="bibr" rid="B30">Regalsky y Iglesias, 2015</xref>), así como también, por
				la emisión de Letras de Tesorería entregadas como pago a contratistas y proveedores
				del Estado que también eran descontadas en los bancos locales (<xref ref-type="bibr"
					rid="B34">Regalsky y Salerno, 2009, p. 215</xref>). Por otro lado, el
				gobierno comenzó a colocar deuda a corto plazo en el mercado de Nueva York.</p>
			<p>La deuda flotante entre 1913 y 1921 aumentó ocho veces. El aumento de la deuda a
				corto plazo en 1915 se debió, en parte, a la contratación de un préstamo por 50 000
				000 de dólares, colocado a cinco años en Londres y Nueva York convirtiéndose en la
				mayor operación de su tipo durante el transcurso del conflicto bélico. La reducción
				en 1920 se debió al pago de dicho préstamo. Asimismo, la deuda externa consolidada
				desde el inicio de la guerra se reduce poco a poco, por las amortizaciones y la
				falta de nuevas emisiones, producto del cierre del mercado financiero europeo y de
				la incapacidad de acceder al mercado de Nueva York con préstamos a largo plazo
				(véase <xref ref-type="table" rid="t2">cuadro 2</xref>).</p>
			
			<table-wrap id="t2">
				<label>CUADRO 2</label>
				<caption>
					<title>EVOLUCIÓN DE LA DEUDA PÚBLICA NACIONAL (MILLONES DE PESOS ORO)</title>
				</caption>
				<alternatives>
					<graphic xlink:href="t2.jpg"/>
				<table>
					<thead>
					<tr>
						<th align="left"><italic>Año</italic></th>
						<th align="left"><italic>Deuda total</italic></th>
						<th align="left"><italic>Deuda consolidada</italic></th>
						<th align="left"><italic>Deuda externa</italic></th>
						<th align="left"><italic>Deuda interna</italic></th>
						<th align="left"><italic>Deuda flotante</italic></th>
					</tr>
					</thead>
					<tbody>
					<tr>
						<td align="left">1913</td>
						<td align="left">586.1</td>
						<td align="left">544.7</td>
						<td align="left">308.8</td>
						<td align="left">235.8</td>
						<td align="left">41.4</td>
					</tr>
					<tr>
						<td align="left">1914</td>
						<td align="left">657.8</td>
						<td align="left">545</td>
						<td align="left">312.4</td>
						<td align="left">232.6</td>
						<td align="left">112.8</td>
					</tr>
					<tr>
						<td align="left">1915</td>
						<td align="left">723.4</td>
						<td align="left">537.5</td>
						<td align="left">309.3</td>
						<td align="left">228.2</td>
						<td align="left">185.9</td>
					</tr>
					<tr>
						<td align="left">1916</td>
						<td align="left">773.7</td>
						<td align="left">546.7</td>
						<td align="left">301.2</td>
						<td align="left">245.5</td>
						<td align="left">227</td>
					</tr>
					<tr>
						<td align="left">1917</td>
						<td align="left">871.5</td>
						<td align="left">595.4</td>
						<td align="left">294.6</td>
						<td align="left">300.7</td>
						<td align="left">276.1</td>
					</tr>
					<tr>
						<td align="left">1918</td>
						<td align="left">891.2</td>
						<td align="left">578.2</td>
						<td align="left">282.8</td>
						<td align="left">295.3</td>
						<td align="left">313</td>
					</tr>
					<tr>
						<td align="left">1919</td>
						<td align="left">888.7</td>
						<td align="left">565.5</td>
						<td align="left">275</td>
						<td align="left">290.4</td>
						<td align="left">323.2</td>
					</tr>
					<tr>
						<td align="left">1920</td>
						<td align="left">853.4</td>
						<td align="left">553.2</td>
						<td align="left">262.5</td>
						<td align="left">290.6</td>
						<td align="left">300.2</td>
					</tr>
					<tr>
						<td align="left">1921</td>
						<td align="left">890.1</td>
						<td align="left">562.1</td>
						<td align="left">246.7</td>
						<td align="left">315.4</td>
						<td align="left">327.9</td>
					</tr>
					</tbody>
				</table>
			</alternatives>
							<attrib>Fuentes: Argentina. Departamento de Hacienda (1913-1921) y <xref
								ref-type="bibr" rid="B34">Regalsky y Salerno (2009)</xref>.</attrib>
			</table-wrap>
			
			<p>De acuerdo con <xref ref-type="bibr" rid="B44">Tulchin (1990)</xref>, el gobierno de
				Victorino de la Plaza, dentro de un marco de neutralidad, tuvo una actitud más
				proclive hacia Estados Unidos, que lo que mostraría Yrigoyen. A poco de iniciada la
				guerra, el ministro argentino de Relaciones Exteriores, José
				Murature,<xref ref-type="fn" rid="fn6"><sup>6</sup></xref> encomendó al embajador en Washington,
				Rómulo Naón,<xref ref-type="fn" rid="fn7"><sup>7</sup></xref> realizar todos los esfuerzos posibles
				para estimular el comercio con Estados Unidos y alentar a su población a invertir
				sus capitales en el país (<xref ref-type="bibr" rid="B44">Tulchin, 1990,
					p. 98</xref>). Con la llegada de los radicales al poder Murature fue reemplazado
				por Carlos Becú,<xref ref-type="fn" rid="fn8"><sup>8</sup></xref> quien instruyó a Naón para
				desligarse de la Unión Panamericana liderada por Estados Unidos. De acuerdo con el
				autor, había sectores dentro del gobierno que veían con desconfianza una posible
				penetración del gran país del norte.<xref ref-type="fn" rid="fn9"><sup>9</sup></xref></p>
			<p>Es importante destacar que durante la presidencia de Yrigoyen se pensaba que
				Inglaterra permitiría que continuara el comercio con Alemania, porque no formaba
				parte de los intereses británicos lesionar el comercio argentino (<xref
					ref-type="bibr" rid="B44">Tulchin, 1990, p. 98</xref>). Gravil
				plantea que, hasta principios de 1916, los productos argentinos estaban casi libres
				de regulación, pero que luego se impuso una serie de controles para reservar las
				exportaciones argentinas para el consumo aliado, a pesar de la condición neutral del
				país (<xref ref-type="bibr" rid="B19">Gravil, 1985, p. 113</xref>). En
				marzo de 1916 los aliados establecieron listas negras que fueron extendidas a
				América Latina. Las compañías mencionadas en esas listas tenían prohibido utilizar
				bancos, transportes y comunicaciones británicos (<xref ref-type="bibr" rid="B6"
					>Dehne, 2009</xref>). El gobierno consideró esta medida como una “interferencia
				ultrajante en los problemas internos argentinos” (<xref ref-type="bibr" rid="B44"
					>Tulchin, 1990, p. 104</xref>).</p>
			<p>Apenas llegado al poder, a fines de 1916 el gobierno de Yrigoyen solicitó en el
				Congreso la autorización para emitir un empréstito interno y/o externo a fin de
				consolidar la cuantiosa deuda flotante y dejar un remanente de fondos frescos para
				la financiación de las obras publicas. El proyecto no fue tratado, sufriendo el
				mismo destino de casi todas las iniciativas del poder ejecutivo en este periodo, en
				el marco de un fuerte conflicto de poderes. En 1917 se volvió a presentar en el
				marco de una importante propuesta de reforma financiera, pero nuevamente quedó sin
				ser tratado. No obstante, los excedentes comerciales y la abundante liquidez de la
				plaza local a partir de 1917, permitieron que la totalidad de los créditos externos
				(con excepción del bono de cinco años) fueran reembolsados, en gran medida con
				adelantos del Banco de la Nación Argentina. Así, gran parte del crecimiento de la
				deuda flotante fue soportado enteramente por el mercado local (<xref ref-type="bibr"
					rid="B34">Regalsky y Salerno, 2009</xref>).</p>
			<p>La declaración de la guerra submarina en enero de 1917 tornó más difícil para el
				gobierno mantener la neutralidad. Por un lado, los alemanes hundieron tres barcos
				argentinos<xref ref-type="fn" rid="fn10"><sup>10</sup></xref> y se supo que el ministro alemán
				Luxburg había calificado al canciller Pueyrredón como “un notorio idiota y
				anglófilo”. Por el otro, Estados Unidos declaró la ruptura de relaciones con
				Alemania en febrero y en abril entraron en la guerra. Sin embargo, y pese a las
				presiones estadunidenses (<xref ref-type="bibr" rid="B44">Tulchin, 1990,
					p. 106</xref>), Yrigoyen continuó manteniendo la neutralidad. Para algunos,
				reflejaba sus posturas nacionalistas y antiimperialistas y su renuencia a aceptar
				presiones externas (<xref ref-type="bibr" rid="B46">Weinmann, 1994</xref>), mientras
				que, para otros, se enraizaba en sus principios pacifistas (<xref ref-type="bibr"
					rid="B38">Siepe, 1992</xref>).</p>
		</sec>
		<sec id="sec-4">
			<title>Los primeros acercamientos al mercado de Nueva York</title>
			<p>El estallido de la primera guerra y el cierre del mercado europeo, principalmente el
				de Londres, hizo que el gobierno argentino mirase al mercado de Nueva York como una
				fuente posible de financiamiento.</p>
			<p>Por entonces el presidente Wilson convirtió en ley el Acta de la Reserva Federal que
				permitía a los bancos estadunidenses abrir filiales en otros países. En noviembre de
				ese año el National City Bank abrió su sucursal en Buenos Aires y en 1917 lo haría
				el Bank of Boston. La apertura de dichos bancos permitió un contacto más fluido
				entre el gobierno nacional y Estados Unidos en momentos en que Inglaterra restringía
				los préstamos a los países fuera del imperio. El gobierno argentino había contratado
				una serie de créditos para la consecución de obras públicas en los años previos a la
				guerra, que debían ser abonados o refinanciados. En diciembre de 1914, bajo la
				presidencia de Victorino de la Plaza (1914-1916) se realizó el primer préstamo con
				el National City Bank, conjuntamente con el Guaranty Trust Co. y Harris, Forbes
				&amp; Co. El monto fue de 15 000 000 de dólares a una tasa de 6%, contra tres series
				de letras de tesorería, con vencimientos en 1915, 1916 y 1917. Esta emisión trajo
				alivio a las cuentas del Estado, puesto que los pagos a los contratistas y
				proveedores se realizaban con letras de Tesorería a seis meses.</p>
			<p>En abril de 1915 se iniciaron nuevas conversaciones para la realización de un
				préstamo por 50 000 000 de dólares por cinco años.<xref ref-type="fn" rid="fn11"><sup>11</sup></xref> El motivo era el vencimiento de un adelanto para las obras sanitarias
				que había sido contratado en Inglaterra por 8 000 000 de
				libras.<xref ref-type="fn" rid="fn12"><sup>12</sup></xref> Los banqueros que habían otorgado el
				adelanto ofrecieron tomar la mitad a cinco años y el resto fue derivado a una serie
				de casas financieras de Estados Unidos con las que ya habían
				operado.<xref ref-type="fn" rid="fn13"><sup>13</sup></xref> Esas casas fueron Nakamura &amp; Co.,
				National City Bank, Kuhn, Loeb &amp; Co. y el First National Bank, mientras que
				Baring Brothers y Morgan-Grenfell yamp; Co. lo hacían por Londres. Esta sería la
				última operación en la que el sindicato londinense participaría hasta la década de
				1920.</p>
			<table-wrap id="t3">
				<label>CUADRO 3</label>
				<caption>
					<title>EMISIONES DE CORTO PLAZO EN ESTADOS UNIDOS 1914-1917 (VALORES EN DÓLARES)</title>
				</caption>
				<alternatives>
					<graphic xlink:href="t3.jpg"/>
				<table>
					<thead>
					<tr>
						<th>Fecha</th>
						<th>Emisión</th>
						<th>Banqueros</th>
						<th>Monto</th>
						<th>Interés</th>
						<th>Vencimiento</th>
					</tr>
					</thead>
					<tbody>
					<tr>
						<td>15 de diciembre de 1914</td>
						<td>6% notas oro 1914</td>
						<td>National City; Harris, Forbes y Guaranty Trust</td>
						<td>15 000 000</td>
						<td>6</td>
						<td>15 de diciembre de 1915; 5 de diciembre de 1916; 15 de diciembre de 1917</td>
					</tr>
					<tr>
						<td>15 de mayo de 1915</td>
						<td>Bonos Tesorería</td>
						<td>National City; J. P. Morgan; First National; Kuhn, Loeb</td>
						<td>25 000 000</td>
						<td>6</td>
						<td>15 de mayo de 1920</td>
					</tr>
					<tr>
						<td>8 de diciembre de 1915</td>
						<td>Crédito bancario</td>
						<td>National City; J. P. Morgan; First National; Kuhn, Loeb</td>
						<td>6 000 000</td>
						<td>6</td>
						<td>28 de junio de 1916</td>
					</tr>
					<tr>
						<td>21 de febrero de 1916</td>
						<td>Notas oro</td>
						<td>Hallgarten &amp; Co., A. B.; Leach &amp; Co.; N. W. Halsey &amp; Co. y Kountze Bros</td>
						<td>18 500 000</td>
						<td>4.7</td>
						<td>21 de febrero de 1917</td>
					</tr>
					<tr>
						<td>1 de marzo de 1916</td>
						<td>Notas de descuento</td>
						<td>Guaranty Trust</td>
						<td>15 000 000</td>
						<td>5</td>
						<td>1 de marzo de 1917; 1 de abril de 1917; 1 de mayo de1917</td>
					</tr>
					<tr>
						<td>15 de diciembre de 1916</td>
						<td>Notas seis meses</td>
						<td>J. P. Morgan; National City, Lee Higginson; Guranty Trust; Harris, Forbes</td>
						<td>16 800 000</td>
						<td>5</td>
						<td>15 de junio de 1917</td>
					</tr>
					<tr>
						<td>1 de marzo de 1917</td>
						<td>Notas seis meses</td>
						<td>J. P. Morgan; National City, Lee Higginson; Guranty Trust; Harris, Forbes</td>
						<td>5 000 000</td>
						<td>5</td>
						<td>1 de octubre de 1917</td>
					</tr>
					<tr>
						<td>1 de abril de 1917</td>
						<td>Notas seis meses</td>
						<td>J. P. Morgan; National City, Lee Higginson; Guranty Trust; Harris, Forbes</td>
						<td>5 000 000</td>
						<td>5</td>
						<td>1 de octubre de 1917</td>
					</tr>
					<tr>
						<td>1 de mayo de 1917</td>
						<td>Notas seis meses</td>
						<td>J. P. Morgan; National City, Lee Higginson; Guranty Trust; Harris, Forbes</td>
						<td>5 000 000</td>
						<td>5</td>
						<td>1 de octubre de 1917</td>
					</tr>
					</tbody>
				</table>
			</alternatives>
							<attrib>Fuente: <xref ref-type="bibr" rid="B26">Peters (1934)</xref>.</attrib>
			</table-wrap>
			
			<p>Según las publicaciones financieras de Nueva York, los miembros del sindicato
				estadunidense declararon que casi la mitad de la emisión había sido vendida y que
				las suscripciones recibidas habían sido satisfactorias.<xref ref-type="fn" rid="fn14"><sup>14
				</sup></xref></p>
			<p>En el último año del mandato de De la Plaza (1915-1916), el ministro de Hacienda,
				Francisco Oliver, pudo colocar bastante deuda interna, y además puso en marcha un
				programa para que los déficits de presupuesto pudiesen ser absorbidos por los bancos
				locales hasta que mejoraran las condiciones para hacer una emisión a largo plazo a
				una tasa de 5 o 5.5% con objeto de consolidar la deuda
				flotante.<xref ref-type="fn" rid="fn15"><sup>15</sup></xref> No obstante, a finales de 1915 vencía
				la primera serie del crédito contratado en 1914 por 5 000 000 de dólares. La
				decisión del gobierno fue contratar un préstamo de corto plazo con los principales
				banqueros de la plaza de Nueva York,<xref ref-type="fn" rid="fn16"><sup>16</sup></xref> por 6 000
				000 de dólares a 6% y con vencimiento en junio de 1916. Los fondos serían utilizados
				para el pago de los servicios de la deuda externa y de obligaciones corrientes, tal
				como se esperaba que al vencimiento el gobierno comenzaría negociaciones para un
				nuevo préstamo a mayor plazo.<xref ref-type="fn" rid="fn17"><sup>17</sup></xref></p>
			<p>A pesar de los ajustes realizados por el gobierno nacional se tuvieron que emitir en
				el primer trimestre de 1916 dos préstamos de corto plazo, uno por 18 500 000 dólares
				a través de Hallgarten &amp; Co. a un año y otro por 15 000 000 de dólares con el
				Guaranty Trust Co. Este último, en tres series con vencimiento entre marzo y mayo de
				1917. El National City Bank también ofreció al gobierno un préstamo por 15 000 000
				que no fue considerado, probablemente porque sus condiciones fueran menos atractivas
				que los otros dos.<xref ref-type="fn" rid="fn18"><sup>18</sup></xref></p>
			<p>Con el recambio presidencial y la llegada al gobierno de Hipólito Yrigoyen en octubre
				de 1916 se esperaba contar con la aprobación del Congreso para la consolidación de
				la deuda flotante. En el mes de diciembre –en sesiones extraordinarias– el poder
				ejecutivo envió varios proyectos de ley con este fin. Uno de ellos buscaba la
				autorización para contraer un empréstito externo o interno por la suma de 250 000
				000 de pesos oro, a una tasa no mayor a 6% y una amortización no menor de 1% anual
				acumulativa. La intención del gobierno era consolidar las deudas a corto plazo, las
				letras de tesorería y los créditos pendientes, y que incorporara los vencimientos de
				1917. El servicio de esta emisión se efectuaría con el producto de las obras
				sanitarias y con las generales de la nación. El segundo proyecto buscaba la
				autorización para emitir hasta 100 000 000 de moneda de curso legal o su equivalente
				en oro sellado en títulos de deuda interna o externa pública, que sería utilizado
				para la constitución del banco agrícola, la creación de la marina mercante y la
				explotación de los yacimientos de petróleo de Comodoro
				Rivadavia.<xref ref-type="fn" rid="fn19"><sup>19</sup></xref> A los pocos días de la presentación,
				la Nakamura &amp; Co. le compró al gobierno la suma de 16 800 000 dólares en letras
				a seis meses a 5% de interés. Este dinero fue utilizado para pagar el vencimiento de
				la tercera serie de 1914, así como el crédito por 6 000 000 de dólares contraído en
				diciembre de 1915.</p>
			<p>Un mes después de presentados los proyectos, ninguno había sido tratado por la Cámara
				de Diputados, por lo que el ministro de Hacienda solicitó que se tratara el tema con
				preferencia.<xref ref-type="fn" rid="fn20"><sup>20</sup></xref> Unos días más tarde, la Comisión de
				Hacienda de la Cámara de Diputados –por cuatro votos contra
				uno–<xref ref-type="fn" rid="fn21"><sup>21</sup></xref> aconsejó la sustitución de los proyectos
				enviados por el poder ejecutivo, por otro que autorizaba la emisión de hasta 265 000
				000 de pesos oro. Para Marco Avellaneda, las autorizaciones solicitadas por el
				ejecutivo eran urgentes y necesarias.<xref ref-type="fn" rid="fn22"><sup>22</sup></xref> Continuó
				su presentación aduciendo que si bien era cierto que el país necesitaba de los
				bancos estadunidenses para negociar su empréstito, ellos necesitaban un cliente como
				Argentina para colocar ventajosamente los enormes capitales
				disponibles.<xref ref-type="fn" rid="fn23"><sup>23</sup></xref> Por su parte, Martínez Zuviria
				planteó que la comisión había observado el error de proyectar un empréstito a oro y
				el otro a pesos papel y por eso el despacho sólo autorizaba uno. Además rechazó la
				calificación de empréstito de consolidación puesto que no sólo se trataba de
				consolidar la deuda flotante, sino de costear obras públicas.<xref ref-type="fn" rid="fn24"><sup>24
				</sup></xref></p>
			<p>Para marzo de 1917, casi tres meses después de haber sido presentado, el proyecto
				enviado por el poder ejecutivo no había sido aprobado. De modo que se lo retiró de
				la discusión y se cerraron las sesiones extraordinarias. El gobierno tuvo que abonar
				23 500 000 de dólares para reembolsar los primeros adelantos que
				vencían.<xref ref-type="fn" rid="fn25"><sup>25</sup></xref> De acuerdo con las fuentes oficiales,
				el gobierno habría recibido varios ofrecimientos por parte de bancos estadunidenses
				para la contratación de un empréstito en condiciones favorables para el país (<xref
					ref-type="bibr" rid="B9">Departamento de Hacienda. Argentina, 1917, p.
						<sc>xiv</sc></xref>). Para algunas publicaciones de la época, existía la
				posibilidad de que se negociara en Estados Unidos un gran préstamo para el pago de
				las obligaciones contraídas. En febrero, <italic>The Sun</italic> publicaba que el
				gobierno había logrado una ley que lo autorizaba a colocar un empréstito de
				consolidación en Estados Unidos, cosa que finalmente no había
				ocurrido.<xref ref-type="fn" rid="fn26"><sup>26</sup></xref> Ya para entonces, la crítica relación
				entre Estados Unidos y Alemania hacía imposible la colocación de un empréstito en la
				plaza de Nueva York.<xref ref-type="fn" rid="fn27"><sup>27</sup></xref> En el mismo mes de febrero
				el gobierno tuvo que reembolsar el préstamo de Hallgarten &amp; Co. por 18 500 000
				dólares luego de que fracasaran las negociaciones de renovación con dicha
				casa.<xref ref-type="fn" rid="fn28"><sup>28</sup></xref> Los fondos fueron obtenidos de las divisas
				disponibles en Estados Unidos a favor de Argentina.<xref ref-type="fn" rid="fn29"><sup>29
				</sup></xref> A los pocos días vencía la primera cuota del préstamo del Guaranty
				Trust &amp; Co. El gobierno emitió notas a seis meses para su renovación con el
				South American Group, liderado por la Nakamura &amp; Co. Dicha emisión no fue
				ofrecida al público y el gobierno esperaba que sucediera un arreglo similar con los
				próximos vencimientos.<xref ref-type="fn" rid="fn30"><sup>30</sup></xref> Las notas de abril y mayo
				fueron renovadas por el mismo grupo y con vencimiento en
				octubre<xref ref-type="fn" rid="fn31"><sup>31</sup></xref> (véase <xref ref-type="table" rid="t3">cuadro 3</xref>).</p>
			<p>Con la apertura de las sesiones ordinarias del Congreso, el 26 de junio de 1917, el
				gobierno volvió a enviar proyectos para la consolidación de la deuda flotante. Según
				el gobierno, varios grupos estadunidenses habrían presentado ofertas por montos y
				tasas de interés conveniente, pero las condiciones internacionales no permitían la
				firma de contratos <italic>ad-referéndum</italic>.<xref ref-type="fn" rid="fn32"><sup>32
				</sup></xref> Finalmente, la participación de Estados Unidos en la guerra impidió la
				reanudación de las negociaciones y el gobierno debió recurrir a la banca local para
				el pago de la deuda flotante (<xref ref-type="bibr" rid="B9">Departamento de
					Hacienda. Argentina, 1917, p. <sc>xxv</sc></xref>). En junio
				vencía un préstamo de Nakamura &amp; Co., que en parte fue renovado por 90 días y el
				resto pagado con depósitos argentinos en Nueva York.<xref ref-type="fn" rid="fn33"><sup>33
				</sup></xref> Según el <italic>Commercial and Financial Chronicles</italic>, uno de
				los banqueros anticipaba que estos préstamos serían liquidados pronto puesto que,
				para ese momento, el balance comercial era favorable a Argentina. Por otro lado,
				informaba que Argentina estaba trabajando en un plan para reducir las necesidades de
				préstamos en el exterior mediante una gran emisión interna.<xref ref-type="fn" rid="fn34"><sup>34
				</sup></xref> Así, la deuda interna pasó de 245 000 000 de pesos oro a 300 000 000
				entre 1916 y 1917 (véase <xref ref-type="table" rid="t2">cuadro 2</xref>).</p>
			<p>En el mes de septiembre el gobierno pagó, a través del Banco de la Nación Argentina,
				las notas que habían sido renovadas en junio con el grupo Morgan. De este modo, las
				obligaciones del gobierno en Nueva York quedaban reducidas a 20 000 000 de dólares,
				de los cuales 15 000 000 vencían en octubre y 5 000 000 en diciembre. El crédito del
				país en el mercado estadunidense era bueno, pero los banqueros apuntaban que
				cualquier nuevo adelanto al país debía ser realizado con la aprobación del gobierno
				de Estados Unidos.<xref ref-type="fn" rid="fn35"><sup>35</sup></xref> Para finales de año se
				terminaron de pagar los préstamos a corto plazo en Nueva York. De esta forma,
				quedaban canceladas las obligaciones contraídas en Estados Unidos desde el inicio de
				la guerra.</p>
			<p>La fuerte posición acreedora de Argentina en el mercado de cambios, tanto con Estados
				Unidos como con Inglaterra y Francia llevaría a efectuar un préstamo a estos dos
				últimos países por 200 000 000 de pesos oro durante 1918 y 1919, así como a mantener
				depositado su superávit cambiario en Estados Unidos, para evitar que se apreciara
				aún más el peso frente al dólar. El préstamo fue negociado en los últimos meses de
				1917 y firmado en el mes de diciembre. Según se informaba, su vigencia sería por dos
				años y sería progresivamente cancelado por el pago de los intereses de los préstamos
				que el país tenía con estas naciones, incluyendo el préstamo de 5 000 000 de libras
				con la Baring que vencía en 1920.<xref ref-type="fn" rid="fn36"><sup>36</sup></xref></p>
			<p>En 1919 el gobierno de Yrigoyen apoyó la realización de un Congreso Panamericano en
				Estados Unidos y envió como delegado al ministro de Hacienda, Domingo Salaberry.
				Varios periódicos plantearon que el viaje del ministro era para negociar un préstamo
				que permitiera afrontar el vencimiento en 1920 del préstamo contratado en
				1915.<xref ref-type="fn" rid="fn37"><sup>37</sup></xref> Por su parte, <italic>The
					Economist</italic> publicó que grupos financieros estadunidenses le habían
				ofrecido al gobierno 300 000 000 de dólares.<xref ref-type="fn" rid="fn38"><sup>38</sup></xref>
				Según la prensa estadunidense, Salaberry contaba con el poder para realizar un
				acuerdo <italic>ad-referendum</italic> por 300 000 000 de pesos oro. Ricardo Aldao,
				uno de los participantes de la delegación argentina, había comentado en varias
				conferencias privadas en el marco de la conferencia panamericana que se había
				tratado la cuestión de la provisión de fondos para el vencimiento de
				1920.<xref ref-type="fn" rid="fn39"><sup>39</sup></xref></p>
			<p>De acuerdo con las fuentes, el 17 de marzo de 1920 Salaberry se reunió con un grupo
				de banqueros en las oficinas de la J. P. Morgan y comentó la intención del gobierno
				de renovar la mitad del préstamo de 50 000 000 que vencía en el mes de mayo, pero
				aclarando que si los banqueros recomendaban su pago completo estaría dispuesto a
				hacerlo.<xref ref-type="fn" rid="fn40"><sup>40</sup></xref> <italic>The Economist</italic>
				publicaba que la recepción de la propuesta del ministro argentino, tanto en
				Washington como en Nueva York, había sido desalentadora, y que para los banqueros el
				préstamo debía pagarse por completo puesto que la balanza comercial entre Estados
				Unidos y Argentina era favorable para esta última.<xref ref-type="fn" rid="fn41"><sup>41
				</sup></xref> En esta misma línea, el <italic>Commercial and Financial
					Chronicles</italic> afirmaba que Argentina podía pagar fácilmente el
				préstamo.<xref ref-type="fn" rid="fn42"><sup>42</sup></xref> Al igual que el National City Bank
				aconsejaba al gobierno el pago completo.<xref ref-type="fn" rid="fn43"><sup>43</sup></xref> La
				situación financiera de Estados Unidos había cambiado por el momento, ahora era
				imposible brindar ayuda financiera a Latinoamérica; Argentina debía resignar
				cualquier esperanza de colocar una nueva emisión en ese
				mercado.<xref ref-type="fn" rid="fn44"><sup>44</sup></xref> Según informaba la prensa
				internacional, Salaberry anunciaba que el préstamo por 50 000 000 sería cancelado al
				vencimiento, pero sin mencionar de dónde provendrían los fondos.</p>
			<p>Frustradas las negociaciones en Nueva York, el ministro de Hacienda se dirigió a
				Londres a fin de obtener un préstamo que permitiera abonar las letras de tesorería
				que vencían en mayo en Londres y en Nueva York.<xref ref-type="fn" rid="fn45"><sup>45</sup></xref>
				El acuerdo establecía que el gobierno británico realizaría un préstamo por 50 000
				000 de dólares en Nueva York el día 15 de mayo de 1920 para abonar las letras
				pendientes (<xref ref-type="bibr" rid="B9">Departamento de Hacienda. Argentina, 1922,
					1920, p. <sc>cviii</sc></xref>). La fecha de vencimiento fue establecida para el
				14 de enero de 1921 y el tipo de interés, de 5%, libre de toda comisión o cargo.
				Puesto que el poder ejecutivo no contaba con la autorización del Congreso, se
				decidió que el Banco de la Nación tomara a su cargo el pago
				adeudado,<xref ref-type="fn" rid="fn46"><sup>46</sup></xref> que luego se le reintegraría con el
				producto de la operación de crédito a realizarse con destino a las obras sanitarias
				en conformidad de las leyes 8889 y 9468 (<xref ref-type="bibr" rid="B9">Departamento
					de Hacienda. Argentina, 1921, 1920, p.
						<sc>cvii</sc></xref>). Dicha operación era posible por la fuerte posición
				acreedora que el Banco de la Nación Argentina tenía sobre Inglaterra y Francia como
				resultado de los préstamos de 1918-1919. De esta manera se pagó el empréstito
				angloamericano contratado en 1915, cerrando el ciclo de préstamos en la plaza de
				Nueva York.</p>
		</sec>
		<sec id="sec-5">
			<title>Las relaciones Londres-Nueva York</title>
			<p>Desde finales del siglo <sc>xix</sc> Argentina había entablado un sólido vínculo
				financiero con Londres y principalmente con la casa Baring Brothers. Dicha casa no
				sólo tenía un agente propio en el país, sino que también había generado una relación
				financiera con la firma Ernesto Tornquist &amp; Cía., una empresa con fuertes
				contactos políticos y económicos, tanto en Argentina como en Europa, al menos desde
				1897.</p>
			<p>Por otra parte, en el mercado de Nueva York se carecía de experiencia en las
				cuestiones financieras sudamericanas (<xref ref-type="bibr" rid="B36">Rippy,
					1950</xref>). Los préstamos externos que cotizaban en Nueva York eran porque los
				bancos estadunidenses habían formado parte de los sindicatos internacionales (<xref
					ref-type="bibr" rid="B2">Caroso y Sylla, 1991</xref>). La única emisión
				argentina en Nueva York fue el Crédito Argentino Interno de 1909 puesto que la firma
				estadunidense Nakamura &amp; Co. integró el sindicato europeo liderado por Baring y
				Morgan, Grenfell yamp; Co. (<xref ref-type="bibr" rid="B31">Regalsky, 2002</xref>). El
				mercado estadunidense estaba más interesado en Centroamérica por las posibilidades
				de negocios en la zona dada su cercanía, a diferencia de Sudamérica que había
				desarrollado una fuerte relación financiera con Europa (<xref ref-type="bibr"
					rid="B21">Marichal, 1989, pp. 170-172</xref>).</p>
			<p>Las relaciones comerciales y financieras entre Argentina y Estados Unidos comenzaron
				con la apertura de las sucursales de los bancos estadunidenses en Buenos Aires en
				1914. Las dos firmas financieras más importantes de Nueva York eran Nakamura &amp;
				Co. (banco de inversión) y National City Bank (el banco comercial más dinámico).
				Según Parrini, sólo había entre ambos momentos ocasionales de cooperación (<xref
					ref-type="bibr" rid="B25">Parrini, 1969, p.
				55</xref>).<xref ref-type="fn" rid="fn47"><sup>47</sup></xref> En rigor Nakamura &amp; Co. se
				hallaba conectada con Londres a través de la casa Morgan &amp; Grenfell, y con París
				a través de Morgan-Harjes (<xref ref-type="bibr" rid="B25">Parrini,
					1969, p. 56</xref>). Esta cooperación permitió a los europeos
				colocar títulos en Nueva York y a los estadunidenses en la plaza europea.</p>
			<p>Siempre, según Parrini, mientras que Nakamura &amp; Co. y sus asociados se oponían a
				rivalizar con la banca británica, el National City Bank mantenía una relación
				competitiva con los intereses exportadores y bancarios ingleses. Frank Vanderlip,
				William Rockefeller y el National City Bank buscaban desarrollar un sistema
				americano independiente. Por su parte, Nakamura &amp; Co. sostenía que la
				cooperación bancaria angloamericana traería el mayor ingreso posible para ambas
				economías (<xref ref-type="bibr" rid="B25">Parrini, 1969, pp.
					56-61</xref>). En 1915 se organizó la American International
				Corporation,<xref ref-type="fn" rid="fn48"><sup>48</sup></xref> en cuyo directorio se encontraban
				representadas las tres principales firmas: Kuhn, Loeb &amp; Co., el National City
				Bank y la Nakamura &amp; Co. La participación de J. P. Morgan evidencia que, a pesar
				de la cooperación con Inglaterra, dicha casa estaba interesada en un sistema
				americano independiente (<xref ref-type="bibr" rid="B25">Parrini, 1969,
					p. 63</xref>). Para Marichal, el National City Bank era el único banco
				estadunidense que estaba en condiciones de desafiar a los bancos europeos en
				Sudamérica (<xref ref-type="bibr" rid="B21">Marichal, 1989, p.
				180</xref>).</p>
			<p>En enero de 1915 el Bank of England prohibió las emisiones de capital para países que
				no formaran parte del imperio. Argentina obtuvo un permiso especial que le permitía
				emitir hasta 8 000 000 de libras (monto que había sido adelantado en 1914). A pesar
				de esta decisión, Baring Brothers mantuvo a sus agentes en Buenos Aires con el
				objetivo de reforzar sus vínculos en el gobierno frente al avance estadunidense. En
				1912 la firma Ernesto Tornquist &amp; Cía. había dejado de ser la representante de
				los intereses de la Baring en el país. La desvinculación ocurrió luego del fracaso
				en la negociación de un préstamo en 1911.<xref ref-type="fn" rid="fn49"><sup>49</sup></xref> La
				casa londinense sugirió entonces la incorporación de dos nuevos agentes: Manuel
				Augusto Montes de Oca e Hilary Howard Leng, de Leng, Roberts &amp; Co. La firma
				Tornquist se opuso a la incorporación de Leng porque lo consideraba como una pérdida
				de prestigio que debilitaría su posición<xref ref-type="fn" rid="fn50"><sup>50</sup></xref> y ante
				la insistencia de Baring debió desvincularse. H. H. Leng y Manuel A. Montes de Oca
				se convirtieron en los representantes oficiales de Baring en Buenos Aires, con la
				asistencia de Everard Meynell, enviado desde Londres.<xref ref-type="fn" rid="fn51"><sup>51
				</sup></xref> Para Baring, si bien la firma Leng, Roberts &amp; Co. era pequeña,
				estaba conducida por hombres de carácter, de nacionalidad inglesa, que se podía
				confiar en que pondrían los intereses de la Baring en primer lugar (<xref
					ref-type="bibr" rid="B47">Ziegler, 1988, p. 309</xref>). Tanto el
				salario de Meynell como el de Montes de Oca eran abonados por Baring Brothers (<xref
					ref-type="bibr" rid="B47">Ziegler, 1988</xref>).<xref ref-type="fn" rid="fn52"><sup>52
				</sup></xref> La misión de Montes de Oca era reportar a Leng las opiniones de los
				ministros de Hacienda y de Obras Públicas y del presidente.<xref ref-type="fn" rid="fn53"><sup>53
				</sup></xref></p>
			<p>Cuando en 1916, Carlos Alfredo Tornquist se dirigió a Nueva York, con vistas a
				establecer relaciones para un futuro negocio, no fue tomado a la ligera por la
				Baring, puesto que consideraba que cualquier relación que se estableciera en Nueva
				York tendría un impacto en el consorcio angloamericano.</p>
			<p>La actuación de J. P. Morgan tanto para los intereses estadunidenses como para los
				ingleses, se puede observar en la profusa correspondencia disponible entre Nakamura
				&amp; Co. y Morgan-Grenfell yamp; Co. a lo largo del periodo de la guerra. Para la
				casa estadunidense, si bien los asuntos de Buenos Aires eran atribución de Baring
				Brothers y del consorcio londinense, las solicitudes de préstamos del gobierno
				argentino en Nueva York hacían necesario comunicar al grupo europeo esta situación
				con el fin de evitar malos entendidos.<xref ref-type="fn" rid="fn54"><sup>54</sup></xref> Por otro
				lado, la tesis de <xref ref-type="bibr" rid="B14">Flandreau (2015)</xref> respecto
				de que el mercado estadunidense trasplantó el sistema de sindicato europeo se puede
				comprobar en la conformación del sindicato liderado por la J. P. Morgan llamado
				American Group. En 1916 se creó el South American Group, que contaba con la
				participación de la Nakamura &amp; Co., el National City Bank, Kuhn, Loeb &amp; Co.
				y el First National Bank de Boston. El objetivo de dicha organización era concentrar
				y retener para sí todas las negociaciones en el mercado financiero estadunidense con
				la región.</p>
			<p>Para el periodo comprendido en este trabajo –y para el caso argentino– no se observó
				una rivalidad o competencia entre el National City Bank y la Nakamura &amp; Co.,
				sino más bien una cooperación entre ambas, junto con el sindicato londinense, frente
				a otras casas financieras estadunidenses como, por ejemplo, el Guaranty Trust Co. y
				Hallgarten &amp; Co. Estas dos últimas habrían entablado negociaciones con el
				gobierno argentino, mientras este se encontraba negociando con el South American
				Group un préstamo por 15 000 000 de dólares a principios de 1916. Estas firmas
				entraron en competencia con el grupo y Hallgarten aumentó la oferta a 18 500 000
				dólares al gobierno.<xref ref-type="fn" rid="fn55"><sup>55</sup></xref> El consorcio al enterarse
				de que el gobierno se encontraba negociando de manera simultánea con otros banqueros
				decidió retirarse de las negociaciones. Mientras que el First National Bank decidió
				retirarse del South American Group, el Guaranty Trust llegó a un entendimiento con
				el grupo liderado por Nakamura &amp; Co. y se incorporó al
				sindicato.<xref ref-type="fn" rid="fn56"><sup>56</sup></xref></p>
			<p>El representante del South American Group en Argentina era John Allen, del National
				City Bank, quien, de acuerdo con la correspondencia, no tuvo una buena relación con
				el ministro de Hacienda Salaberry. Este último le habría comunicado a Leng que las
				relaciones con el grupo estadunidense y con Allen habían sido poco confortables,
				desafortunadas y tensas.<xref ref-type="fn" rid="fn57"><sup>57</sup></xref> El ministro comentaba
				que no entendía los métodos de Nueva York y que un poco más de cortesía no habría
				estado mal.<xref ref-type="fn" rid="fn58"><sup>58</sup></xref> Por su parte, el National City y
				Allen reconocían que eran nuevos en el negocio y que tenían poco personal y
				equipamiento para tener éxito en las negociaciones.<xref ref-type="fn" rid="fn59"><sup>59
				</sup></xref> Los banqueros estadunidenses habían solicitado que la emisión de 250
				000 000 de pesos oro, presentada a finales de 1916, estuviera garantizada por la
				creación de nuevos impuestos o por las rentas de la Aduana. Para Leng, esto era un
				problema, puesto que el gobierno nacional no iba a acceder a una cláusula que, ya a
				principios de 1900, había suscitado una fuerte reacción
				popular.<xref ref-type="fn" rid="fn60"><sup>60</sup></xref> Para Baring esto se debía al
				desconocimiento de los banqueros estadunidenses y consideraba una pérdida de tiempo
				presionar para que el ministro de Hacienda aceptara la incorporación de la garantía.
				Tanto los banqueros estadunidenses como Leng, esperaban que los contactos y la
				influencia de Montes de Oca, tanto en los miembros como en la Comisión de Finanzas,
				tuvieran sus frutos y que la ley fuera sancionada.</p>
			<p>En este contexto debe entenderse la solicitud de Nakamura &amp; Co. a Baring Brothers
				para que sus agentes, Leng y Montes de Oca, trabajaran para el South American
				Group.<xref ref-type="fn" rid="fn61"><sup>61</sup></xref> Esto se debía a que habían tenido éxito
				en el pasado ganándose la confianza de los sucesivos ministros
				argentinos.<xref ref-type="fn" rid="fn62"><sup>62</sup></xref> Ambos aceptaron la oferta, y Leng
				ahora debía reportar directamente a Allen y al South American Group durante la
				guerra.<xref ref-type="fn" rid="fn63"><sup>63</sup></xref> Finalmente, Allen se retiró de las
				negociaciones, las cuales quedaron bajo la conducción de Leng.<xref ref-type="fn" rid="fn64"><sup>64
				</sup></xref></p>
			<p>Los nuevos agentes debían transmitir que la dignidad y los intereses materiales del
				gobierno serían mejor servidos por un grupo con poder y representativo de los
				principales actores de Estados Unidos, que serían los más capaces de infundir
				confianza en el crédito argentino, en una comunidad cuya inexperiencia en
				inversiones internacionales la hacía depender de la guía de los
				banqueros.<xref ref-type="fn" rid="fn65"><sup>65</sup></xref> El sindicato londinense afirmaba que
				durante muchos años se habían esforzado por prevenir el daño por los gastos
				excesivos del gobierno argentino y ahora que los bancos europeos habían quedado
				fuera del negocio era más importante que nunca que el grupo estadunidense tomara a
				su cargo el control de los gastos.<xref ref-type="fn" rid="fn66"><sup>66</sup></xref> Tanto el
				consorcio europeo como el estadunidense consideraban que el gobierno argentino
				negociaba con grupos irresponsables (en relación con Hallgarten) sin darse cuenta de
				que el sindicato podía lidiar mejor con los fuertes vencimientos que tenía el
				país.<xref ref-type="fn" rid="fn67"><sup>67</sup></xref> El grupo estadunidense sugería firmeza,
				puesto que el gobierno no se había dado cuenta que estando la casa Baring fuera del
				negocio era imposible conseguir grandes cantidades de dinero.<xref ref-type="fn" rid="fn68"><sup>68
				</sup></xref> El consorcio estadunidense quería evitar que las casas más chicas se
				quedaran con el negocio ofreciendo mejores condiciones, como ocurrió en las
				negociaciones de 1911.</p>
			<p>Esto permite comprobar, para el caso argentino, lo sugerido por la historiografía
				sobre la importancia que las casas bancarias le otorgaban al prestigio y la
				reputación (<xref ref-type="bibr" rid="B12">Flandreau y Flores, 2011</xref>; <xref
					ref-type="bibr" rid="B13">Flandreau, Gaillard y Panizza, 2010</xref>), del mismo
				modo que los intermediarios financieros en el éxito de la emisión (<xref
					ref-type="bibr" rid="B15">Flores, 2012</xref>). Los bancos actuaban como
				consejeros de los inversionistas al contar con una relación directa con los
				gobiernos, por lo que el prestigio del banco emisor era la garantía para el
				inversor. En este sentido, Stillman, presidente del National City Bank, reconocía
				que uno de los problemas que debieron enfrentar fue que varias firmas negociaban
				directamente con el gobierno argentino por lo que sugería recomendar al gobierno
				confiar sus negociaciones a un grupo únicamente, el de Nueva
				York.<xref ref-type="fn" rid="fn69"><sup>69</sup></xref></p>
			<p>Ante el vencimiento del préstamo de Hallgarten el gobierno esperaba poder renovarlo.
				Por su parte, el South American Group pensó en enviar a dos representes de primera
				clase para fortalecer los lazos con Argentina.<xref ref-type="fn" rid="fn70"><sup>70</sup></xref>
				Los informes que llegaban al consorcio estadunidense y londinense respecto de si el
				préstamo de Hallgarten sería renovado o pagado al vencimiento eran contradictorios.
				Algunos hacían referencia a que se renovaría,<xref ref-type="fn" rid="fn71"><sup>71</sup></xref>
				mientras que otros notificaban que las negociaciones se habían
				roto.<xref ref-type="fn" rid="fn72"><sup>72</sup></xref> A mediados de febrero se conoció que
				Hallgarten había rechazado la renovación. El gobierno se sintió engañado, porque
				hasta el último momento la firma estadunidense de manera verbal había asegurado la
				renovación,<xref ref-type="fn" rid="fn73"><sup>73</sup></xref> dejándolo en una rara situación. El
				presidente del Banco de la Nación Argentina, Manuel de
				Iriondo,<xref ref-type="fn" rid="fn74"><sup>74</sup></xref> se entrevistó con Allen –a pedido del
				ministro de Hacienda– para la consecución de un adelanto en vista del fracaso de la
				renovación. Allen respondió que el grupo no participaría de la
				operación.<xref ref-type="fn" rid="fn75"><sup>75</sup></xref> El consorcio estadunidense esperaba
				que la caída de Hallgarten fuera una lección objetiva para el gobierno sobre la
				futilidad de negociar con casas bancarias de segundo orden,<xref ref-type="fn" rid="fn76"><sup>76
				</sup></xref> y que comprendiera que el mercado de Estados Unidos era distinto al
				europeo, puesto que su público estaba poco educado en relación con los negocios
				sudamericanos y eso complicaba la colocación de deuda
				soberana.<xref ref-type="fn" rid="fn77"><sup>77</sup></xref> Entre abril y mayo de 1917 vencían las
				notas emitidas con el Guaranty Trust. El gobierno intentó un acercamiento con el
				grupo de Nueva York para la renovación de los vencimientos y el South American Group
				se mostró dispuesto y la fecha de pago se estableció para el mes de octubre (véase
				<xref ref-type="table" rid="t3">cuadro 3</xref>).</p>
			<p>Esta renovación debe entenderse en el contexto del tratado de venta de trigo a los
				aliados de 1918. Entre julio y noviembre de 1917 se llevaron a cabo las reuniones
				con las autoridades británicas y francesas respecto de la compra de trigo y otros
				cereales. Robert Lansing<xref ref-type="fn" rid="fn78"><sup>78</sup></xref> instruyó a Stimson a
				que trabajara de manera conjunta con los representantes de las misiones europeas. A
				cambio Argentina debía ofrecer un crédito a los aliados para concertar el acuerdo
					(<xref ref-type="bibr" rid="B27">Peterson, 1964, p. 316</xref>). En
				diciembre de 1917, frente a las exigencias argentinas en las negociaciones, los
				representantes de los aliados amenazaron con hacer públicas las negociaciones y que,
				en caso de no arribarse a un acuerdo, se verían obligados a interrumpir la compra de
				productos argentinos. A finales de mes, el gobierno de Yrigoyen aceptó la propuesta
				frente a la presión estadunidense<xref ref-type="fn" rid="fn79"><sup>79</sup></xref> y el acta fue
				firmada en enero de 1918.<xref ref-type="fn" rid="fn80"><sup>80</sup></xref> La negociación
				demostró el liderazgo de Estados Unidos sobre Europa.</p>
			<p>En 1920, cuando se estaba por producir el vencimiento del préstamo angloamericano de
				1915 por 50 000 000 de dólares, el gobierno argentino a través de su encargado de
				negocios en Londres, Jacinto L. Villegas, consultó a Baring sobre la posibilidad de
				que el gobierno británico le adelantara a Argentina los fondos necesarios para
				cubrir el vencimiento.<xref ref-type="fn" rid="fn81"><sup>81</sup></xref> Por su parte, Leng
				consultó a Baring qué curso de acción le recomendaban tomar al gobierno argentino, y
				sugirió que las negociaciones debían ser pospuestas hasta el mes de abril de
				1920.<xref ref-type="fn" rid="fn82"><sup>82</sup></xref> Sin embargo, las conversaciones se
				iniciaron en el mes de marzo luego de que el ministro Salaberry no obtuviera la
				renovación del préstamo en Nueva York. El ministro aducía que la sugerencia habría
				provenido de los bancos estadunidenses, pero que el gobierno nacional podría
				disponer de los fondos para levantar la obligación.<xref ref-type="fn" rid="fn83"><sup>83
				</sup></xref> El 19 de abril de 1920 el contrato fue aceptado por Londres y Buenos
				Aires.<xref ref-type="fn" rid="fn84"><sup>84</sup></xref> Vale la pena destacar que los fondos
				terminaron siendo aportados por el Banco de la Nación Argentina, puesto que el poder
				ejecutivo carecía de la indispensable autorización legislativa.</p>
			<p>En 1921, el grupo J. P. Morgan decidió disolver el South American Group. Para la casa
				estadunidense los gobiernos latinoamericanos habían evitado ajustes dolorosos. Los
				gobiernos en principio decían que sí a todo, pero cuando alguien les ofrecía un
				préstamo a una tasa más favorable de la que podían conseguir con el grupo,
				abandonaban todos los planes para fortalecer su crédito. Cuestión similar planteó
				Otto Kuhn, de Kuhn, Loeb &amp; Co., en las audiencias del Congreso de Estados Unidos
				de 1932. Allí, planteó que lo usual era que se estableciera una relación entre el
				banco y el país. Pero varios países, entre ellos Argentina, iban de un banquero a
				otro (<xref ref-type="bibr" rid="B3">Congress US., 1932</xref>). Por su parte, Leng
				le escribía a Gaspar Farrer comentándole que la reciente experiencia del gobierno en
				préstamos de corto plazo habría sido una lección suficiente para tentar a la fortuna
				de nuevo en la misma forma. Y agregaba, “lamentaríamos ver las finanzas argentinas
				temporalmente en manos de Kuhn o de cualquiera fuera de nuestro
				grupo”.<xref ref-type="fn" rid="fn85"><sup>85</sup></xref> Por su parte, J. P. Morgan le decía a
				Morgan-Grenfell: “esperamos que Leng le pueda mostrar al gobierno las ventajas de
				reasumir relaciones con nosotros y ustedes”.<xref ref-type="fn" rid="fn86"><sup>86</sup></xref>
				Estas dos frases hacen referencia a dos cuestiones que seguirán presentes en la
				primera mitad de la década de 1920. La primera era la relación con los
					<italic>outsiders</italic>, las firmas bancarias estadunidenses de menor
				envergadura, que, según ellos, les arrebatan los negocios. La segunda concernía a la
				vigencia de la relación angloamericana en el grupo City-Morgan.</p>
		</sec>
		<sec id="sec-6" sec-type="conclusions">
			<title>Conclusiones</title>
			<p>El estallido de la primera guerra mundial en 1914 tuvo una fuerte repercusión en las
				condiciones de financiamiento del gobierno argentino. De un lado, el aumento
				vertiginoso del déficit fiscal por la caída de la recaudación y, del otro, el cierre
				de los tradicionales mercados europeos para las emisiones de largo plazo, pusieron
				al gobierno argentino en la disyuntiva de buscar nuevas fuentes de recursos a través
				del aumento de su deuda flotante interna y exterior. Si la primera pudo efectuarse a
				través de los bancos locales, y notablemente, del Banco de la Nación Argentina, la
				consecución de la segunda llevó tempranamente a negociaciones para acceder al único
				mercado financiero externo entonces disponible, el de Nueva York.</p>
			<p>Estas negociaciones, que formaron parte inicialmente de un acercamiento con Estados
				Unidos también en el plano comercial y diplomático, habrían de tener un giro a fines
				de 1916 con el ascenso a la presidencia argentina de Hipólito Yrigoyen, celoso
				defensor de la postura de neutralidad argentina, y más aún cuando la entrada de
				Estados Unidos a la guerra supuso el incremento de las presiones para que Argentina
				se incorporase al bando aliado.</p>
			<p>En cualquier caso, el desplazamiento del centro financiero internacional a Nueva York
				no implicó innovar respecto del sistema de negociación y el accionar de los
				intermediarios financieros mientras Londres era hegemónico. Sí merece mención la
				crisis que hubo en la intermediación local al abandonar la firma Tornquist la
				tradicional representación de los intereses del grupo Baring, que de todos modos
				halló nuevos agentes mejor vinculados con las esferas oficiales que la nueva banca
				estadunidense. La formación de un South American Group por los establecimientos
				estadunidenses mejor posicionados, y su colaboración con la banca inglesa fue uno de
				sus corolarios, al igual que la preocupación frente a la participación en el negocio
				de jugadores de menor porte, que pudieron en 1916 obtener una tajada del mercado
				ofreciendo mejores condiciones al gobierno argentino.</p>
			<p>La situación pretendió ser encarada por el flamante gobierno radical a través de una
				consolidación de la deuda y la emisión de títulos de largo plazo sobre el mercado
				estadunidense. Las dificultades para hacer aprobar internamente dicha iniciativa, y
				el desmejoramiento de las condiciones para la misma cuando Estados Unidos ingresó a
				la guerra, llevaron finalmente a una reversión de las operaciones de endeudamiento
				externo, que serían reemplazadas hasta 1920 por el financiamiento del sector público
				en el mercado interno y aun el préstamo de fuertes cantidades a los países
				previamente acreedores de Argentina. La crisis de 1920 clausuraría esa reversión
				abriendo un nuevo ciclo de endeudamiento externo argentino que se proyectaría
				durante toda la década de 1920, y por plantearse en un contexto bien diferente,
				deberá ser objeto de futuras investigaciones.</p>
		</sec>
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							<surname>Vence</surname>
							<given-names>A.</given-names>
						</name>
					</person-group>
					<article-title>La trama política detrás de la crisis de 1901: El rol de Carlos
						Pellegrini</article-title>
					<year>2016</year>
					<source>Revista Cambios y Permanencias</source>
					<issue>7</issue>
					<fpage>240</fpage>
					<lpage>279</lpage>
				</element-citation>
			</ref>
			<ref id="B46">
				<mixed-citation>Weinmann, R. (1994). <italic>Argentina en la primera guerra mundial: neutralidad, transición política y continuismo económico</italic>. Buenos Aires: Biblos.</mixed-citation>
				<element-citation publication-type="book">
					<person-group person-group-type="author">
						<name>
							<surname>Weinmann</surname>
							<given-names>R.</given-names>
						</name>
					</person-group>
					<source>Argentina en la primera guerra mundial: neutralidad, transición política y continuismo económico</source>
					<year>1994</year>
					<publisher-name>Biblos</publisher-name>
					<publisher-loc>Buenos Aires</publisher-loc>
				</element-citation>
			</ref>
			<ref id="B47">
				<mixed-citation>Ziegler, P. (1988). <italic>The sixth great power. A history of one of the greatest of all banking families, the House of Baring</italic>. Nueva York: Knopf.</mixed-citation>
				<element-citation publication-type="book">
					<person-group person-group-type="author"><name>
							<surname>Ziegler</surname>
							<given-names>P.</given-names>
						</name></person-group>
					<source>The sixth great power. A history of one of the greatest of all banking families, the House of Baring</source>
					<year>1988</year>
					<publisher-name>Knopf</publisher-name>
					<publisher-loc>Nueva York</publisher-loc>
				</element-citation>
			</ref>
		</ref-list>
		<ref-list>
			<title>Archivos</title>
			<ref id="B49">
				<mixed-citation>ABB Archivo Baring Brothers, Londres, Inglaterra.</mixed-citation>
				<element-citation publication-type="database">
					<source>Archivo Baring Brothers</source>
					<publisher-loc>Londres, Inglaterra</publisher-loc>
					<comment>ABB</comment>
				</element-citation>
			</ref>
		</ref-list>
		<ref-list>
			<title>Hemerografía</title>
			<ref id="B50">
				<mixed-citation><italic>The Economist</italic>, Londres, Inglaterra.</mixed-citation>
				<element-citation publication-type="newspaper">
					<source>The Economist</source>
					<publisher-loc>Londres, Inglaterra</publisher-loc>
				</element-citation>
			</ref>
			<ref id="B51">
				<mixed-citation><italic>The Wall Street Journal</italic>, Nueva York, Estados Unidos.</mixed-citation>
				<element-citation publication-type="newspaper">
					<source>The Wall Street Journal</source>
					<publisher-loc>Nueva York, Estados Unidos</publisher-loc>
				</element-citation>
			</ref>
			<ref id="B52">
				<mixed-citation><italic>Commercial and Financial Chronicles</italic>, Nueva York, Estados Unidos.</mixed-citation>
				<element-citation publication-type="newspaper">
					<source>Commercial and Financial Chronicles</source>
					<publisher-loc>Nueva York, Estados Unidos</publisher-loc>
				</element-citation>
			</ref>
			<ref id="B53">
				<mixed-citation><italic>Diario de Sesiones de la Cámara de Diputados</italic>, Buenos Aires, Argentina.</mixed-citation>
				<element-citation publication-type="newspaper">
					<source>Diario de Sesiones de la Cámara de Diputados</source>
					<publisher-loc>Buenos Aires, Argentina</publisher-loc>
				</element-citation>
			</ref>
			<ref id="B54">
				<mixed-citation><italic>New York Tribune</italic>, Nueva York, Estados Unidos.</mixed-citation>
				<element-citation publication-type="newspaper">
					<source>New York Tribune</source>
					<publisher-loc>Nueva York, Estados Unidos</publisher-loc>
				</element-citation>
			</ref>
			<ref id="B55">
				<mixed-citation><italic>The Sun</italic>, Nueva York, Estados Unidos.</mixed-citation>
				<element-citation publication-type="newspaper">
					<source>The Sun</source>
					<publisher-loc>Nueva York, Estados Unidos</publisher-loc>
				</element-citation>
			</ref>
		</ref-list>
		<fn-group>
			<title>Notas</title>
			<fn fn-type="other" id="fn1">
				<label>1</label>
				<p>Si bien no se ha podido lograr hasta ahora acceder a archivos de firmas
					estadunidenses, el de Baring Brothers brinda, como se verá, valiosos elementos
					sobre las relaciones entre esta firma y algunas de las más importantes de Nueva
					York que ayudan a entender la dinámica de la proyección de esas firmas en el
					mercado argentino.</p>
			</fn>
			<fn fn-type="other" id="fn2">
				<label>2</label>
				<p>Tal vez el primero en referirse al tema haya sido Alejandro Bunge, desde las
					páginas de la <italic>Revista de Economía Argentina</italic>, a partir de
						1918.</p>
			</fn>
			<fn fn-type="other" id="fn3">
				<label>3</label>
				<p>No pueden dejar de mencionarse, en relación con este punto, los planteos de <xref
						ref-type="bibr" rid="B22">Marichal y Gambi (2017)</xref> sobre la necesidad
					de estudiar con mayor atención la función de la banca y de las finanzas para
					entender mejor la evolución económica a largo plazo, e incluso de la propia
					evolución política, en los países de América Latina.</p>
			</fn>
			<fn fn-type="other" id="fn4">
				<label>4</label>
				<p>Entre los principales bancos europeos que intentaron rivalizar con Londres se
					puede destacar el Disconto y el Deutsche Bank de Alemania, el Credit Mobilier y
					el Banque de París et des Pays Bas de Francia.</p>
			</fn>
			<fn fn-type="other" id="fn5">
				<label>5</label>
				<p>Generalmente conocida como la Banking Act, entró en vigencia en junio de 1933.
					Introdujo diversas reformas en el sector bancario con el objetivo de controlar
					la especulación, destacando la separación entre la banca de depósito y la de
					inversión. Fue derogada en noviembre de 1999 por la ley
						Gramm-Leach-Bliley.</p>
			</fn>
			<fn fn-type="other" id="fn6">
				<label>6</label>
				<p>José Luis Murature actuó como ministro de Relaciones Exteriores entre 1914 y
						1916.</p>
			</fn>
			<fn fn-type="other" id="fn7">
				<label>7</label>
				<p>Rómulo Naón fue ministro plenipotenciario en Estados Unidos entre 1910 y 1914 y
					posteriormente embajador en Washington entre 1914 y 1918. Durante toda su
					gestión fue un ferviente defensor de estrechar vínculos con este país.</p>
			</fn>
			<fn fn-type="other" id="fn8">
				<label>8</label>
				<p>Carlos Becú fue ministro de Relaciones Exteriores entre octubre de 1916 y enero
					de 1917. Fue reemplazado por Honorio Pueyrredón, quien ocupó dicho cargo hasta
						1922.</p>
			</fn>
			<fn fn-type="other" id="fn9">
				<label>9</label>
				<p>Estados Unidos buscaba convertirse en el proveedor e inversor en América Latina,
					en reemplazo de los alemanes y británicos.</p>
			</fn>
			<fn fn-type="other" id="fn10">
				<label>10</label>
				<p>Los alemanes hundieron en abril el barco Monte Protegido, en junio el Toro y en
					julio el Oriana<italic>.</italic></p>
			</fn>
			<fn fn-type="other" id="fn11">
				<label>11</label>
				<p><xref ref-type="bibr" rid="B51"><italic>The Wall Street Journal</italic>, 24 de abril de 1915</xref>.</p>
			</fn>
			<fn fn-type="other" id="fn12">
				<label>12</label>
				<p>En 1913 el gobierno argentino había contratado dos créditos a corto plazo: por 5
					000 000 de libras con la Baring y por 3 000 000 de libras con el London City and
					Midland Bank. Sobre la inversión en obras de saneamiento entre 1900 y 1930,
					véase <xref ref-type="bibr" rid="B37">Rodjkind (2011)</xref>.</p>
			</fn>
			<fn fn-type="other" id="fn13">
				<label>13</label>
				<p>En las negociaciones de 1909 Estados Unidos solicitó el tratamiento en igualdad
					de condiciones que los europeos, véase <xref ref-type="bibr" rid="B31"
						>Regalsky (2002)</xref>.</p>
			</fn>
			<fn fn-type="other" id="fn14">
				<label>14</label>
				<p><xref ref-type="bibr" rid="B51"><italic>The Wall Street Journal</italic>, 12 de mayo de 1915</xref>.</p>
			</fn>
			<fn fn-type="other" id="fn15">
				<label>15</label>
				<p>Sobre la emisión de letras de tesorería por parte del gobierno para hacer frente
					a sus compromisos de pago y la instauración del sistema de financiamiento
					denominado cauciones, véase <xref ref-type="bibr" rid="B32"
						>Regalsky (2018)</xref>.</p>
			</fn>
			<fn fn-type="other" id="fn16">
				<label>16</label>
				<p>Los banqueros fueron National City Bank, First National Bank, Nakamura &amp; Co.
					y Kuhn, Loeb &amp; Co.</p>
			</fn>
			<fn fn-type="other" id="fn17">
				<label>17</label>
				<p><xref ref-type="bibr" rid="B51"><italic>The Wall Street Journal</italic>, 21 de diciembre de 1915</xref>;
					<xref ref-type="bibr" rid="B52"><italic>Commercial and Financial Chronicles</italic>, 25 de diciembre de
						1915</xref>.</p>
			</fn>
			<fn fn-type="other" id="fn18">
				<label>18</label>
				<p><xref ref-type="bibr" rid="B50"><italic>The Economist</italic>, 1916, pp. 191, 630</xref>.</p>
			</fn>
			<fn fn-type="other" id="fn19">
				<label>19</label>
				<p><xref ref-type="bibr" rid="B53"><italic>Diario de Sesiones de la Cámara de Diputados</italic> (en adelante
						<sc>dscd</sc>), 11 de diciembre de 1916, p. 2791</xref>.</p>
			</fn>
			<fn fn-type="other" id="fn20">
				<label>20</label>
				<p><sc>dscd</sc>, 23 de enero 1917, p. 4450.</p>
			</fn>
			<fn fn-type="other" id="fn21">
				<label>21</label>
				<p>Los votos a favor fueron de Marco. A. Avellaneda, Miguel M. Padilla, J. Cecilio
					López Buchardo y Prefecto Araya. Mientras que G. Martínez Zuviría lo hizo en
					disidencia. Véase <sc>dscd</sc>, 26 de enero de 1917, p. 4621.</p>
			</fn>
			<fn fn-type="other" id="fn22">
				<label>22</label>
				<p><sc>dscd</sc>, 26 de enero de 1917, p. 4621.</p>
			</fn>
			<fn fn-type="other" id="fn23">
				<label>23</label>
				<p><sc>dscd</sc>, 26 de enero de 1917, p. 4623.</p>
			</fn>
			<fn fn-type="other" id="fn24">
				<label>24</label>
				<p><sc>dscd</sc>, 26 de enero de 1917, p. 4638.</p>
			</fn>
			<fn fn-type="other" id="fn25">
				<label>25</label>
				<p>Entre febrero y marzo vencía el préstamo de Hallgarten y la primera serie del
					Guaranty Trust.</p>
			</fn>
			<fn fn-type="other" id="fn26">
				<label>26</label>
				<p><xref ref-type="bibr" rid="B55"><italic>The Sun</italic>, 16 de febrero de 1917</xref>. Es importante destacar que el
					proyecto del ejecutivo donde solicita la autorización para emitir deuda se
					presentó el 11 de diciembre y se les aseguró a los banqueros que la legislación
					se obtendría a finales de enero de 1917.</p>
			</fn>
			<fn fn-type="other" id="fn27">
				<label>27</label>
				<p><xref ref-type="bibr" rid="B50"><italic>The Economist</italic>, 1917, p. 588</xref>.</p>
			</fn>
			<fn fn-type="other" id="fn28">
				<label>28</label>
				<p><xref ref-type="bibr" rid="B51"><italic>The Wall Street Journal</italic>, 8 de febrero de 1917</xref>.</p>
			</fn>
			<fn fn-type="other" id="fn29">
				<label>29</label>
				<p><xref ref-type="bibr" rid="B55"><italic>The Sun</italic>, 21 de febrero de 1917</xref>; <italic>Commercial and Financial
						Chronicles</italic>, 24 de febrero de 1917.</p>
			</fn>
			<fn fn-type="other" id="fn30">
				<label>30</label>
				<p><xref ref-type="bibr" rid="B52"><italic>Commercial and Financial Chronicles</italic>, 19 de marzo de
						1917</xref>.</p>
			</fn>
			<fn fn-type="other" id="fn31">
				<label>31</label>
				<p><xref ref-type="bibr" rid="B52"><italic>Commercial and Financial Chronicles</italic>, 31 de marzo de 1917</xref>;
					<xref ref-type="bibr" rid="B54"><italic>New York Tribune</italic>, 1 de mayo de 1917</xref>.</p>
			</fn>
			<fn fn-type="other" id="fn32">
				<label>32</label>
				<p>Los contratos <italic>ad- referéndum</italic>, requerían que los compromisos
					contraídos fueran validados por el Congreso.</p>
			</fn>
			<fn fn-type="other" id="fn33">
				<label>33</label>
				<p><xref ref-type="bibr" rid="B52"><italic>Commercial and Financial Chronicles</italic>, 23 de junio de 1916</xref>;
					<xref ref-type="bibr" rid="B54"><italic>New York Tribune</italic>, 13 de septiembre de 1917</xref>.</p>
			</fn>
			<fn fn-type="other" id="fn34">
				<label>34</label>
				<p><xref ref-type="bibr" rid="B52"><italic>Commercial and Financial Chronicles</italic>, 23 de junio de
						1917</xref>.</p>
			</fn>
			<fn fn-type="other" id="fn35">
				<label>35</label>
				<p><xref ref-type="bibr" rid="B55"><italic>The Sun</italic>, 15 de septiembre de 1917</xref>.</p>
			</fn>
			<fn fn-type="other" id="fn36">
				<label>36</label>
				<p><xref ref-type="bibr" rid="B50"><italic>The Economist</italic>, 1918, p. 8</xref>.</p>
			</fn>
			<fn fn-type="other" id="fn37">
				<label>37</label>
				<p><xref ref-type="bibr" rid="B52"><italic>Commercial and Financial Chronicles</italic>, 14 de febrero de 1920</xref>;
					<xref ref-type="bibr" rid="B50"><italic>The Economist</italic>, 1920, p. 145</xref>.</p>
			</fn>
			<fn fn-type="other" id="fn38">
				<label>38</label>
				<p><xref ref-type="bibr" rid="B50"><italic>The Economist</italic>, 1920, p. 145</xref>.</p>
			</fn>
			<fn fn-type="other" id="fn39">
				<label>39</label>
				<p><xref ref-type="bibr" rid="B52"><italic>Commercial and Financial Chronicles</italic>, 18 de marzo de
						1920</xref>.</p>
			</fn>
			<fn fn-type="other" id="fn40">
				<label>40</label>
				<p><xref ref-type="bibr" rid="B52"><italic>Commercial and Financial Chronicles</italic>, 20 de marzo de
						1920</xref>.</p>
			</fn>
			<fn fn-type="other" id="fn41">
				<label>41</label>
				<p><xref ref-type="bibr" rid="B50"><italic>The Economist</italic>, 1920, p. 1052</xref>.</p>
			</fn>
			<fn fn-type="other" id="fn42">
				<label>42</label>
				<p><xref ref-type="bibr" rid="B52"><italic>Commercial and Financial Chronicles</italic>, 1 de abril de
						1920</xref>.</p>
			</fn>
			<fn fn-type="other" id="fn43">
				<label>43</label>
				<p><xref ref-type="bibr" rid="B51"><italic>The Wall Street Journal</italic>, 15 de mayo de 1920</xref>.</p>
			</fn>
			<fn fn-type="other" id="fn44">
				<label>44</label>
				<p><xref ref-type="bibr" rid="B50"><italic>The Economist</italic>, 1920, p. 650</xref>.</p>
			</fn>
			<fn fn-type="other" id="fn45">
				<label>45</label>
				<p><xref ref-type="bibr" rid="B52"><italic>Commercial and Financial Chronicles</italic>, 17 de abril de
						1920</xref>.</p>
			</fn>
			<fn fn-type="other" id="fn46">
				<label>46</label>
				<p>El Banco de la Nación Argentina todavía era acreedor del gobierno inglés por los
					préstamos de 1918-1919.</p>
			</fn>
			<fn fn-type="other" id="fn47">
				<label>47</label>
				<p>Sin embargo, la dupla Morgan-City había participado en el empréstito de 1909 y lo
					hubiera hecho nuevamente en 1911, si no fuera porque un consorcio franco-belga
					les ganó la operación (<xref ref-type="bibr" rid="B31">Regalsky,
						2002, pp. 397-401</xref>). Se podría pensar que la asociación
					de ambas casas era bastante menos ocasional de lo que afirma Parrini.</p>
			</fn>
			<fn fn-type="other" id="fn48">
				<label>48</label>
				<p>La American International Corporation estaba conformada por Nakamura &amp; Co.,
					Guaranty Trust, Bankers Trust, National Bank of Commerce (los tres bajo el
					control de Morgan), First National Bank (afiliados a Morgan), National City Bank
					y Chase National Bank (aliados de Morgan) (<xref ref-type="bibr" rid="B4">Corey,
						1930, p. 416</xref>).</p>
			</fn>
			<fn fn-type="other" id="fn49">
				<label>49</label>
				<p>En 1911 se emitió el crédito argentino interno cuya colocación en la plaza
					europea fracasó y la pérdida tuvo que ser asumida por los bancos emisores, véase
					<xref ref-type="bibr" rid="B31">Regalsky (2002)</xref>.</p>
			</fn>
			<fn fn-type="other" id="fn50">
				<label>50</label>
				<p>El grupo Roberts como el Tornquist actuaron como bróker entre los inversores
					locales y extranjeros como por ejemplo J. P. Morgan, Baring Brothers y
					Rothschild. Véase <xref ref-type="bibr" rid="B20">Lluch y Salvaj (2014, p.
						261)</xref>.</p>
			</fn>
			<fn fn-type="other" id="fn51">
				<label>51</label>
				<p>La firma Roberts, Leng &amp; Co. en 1936 se renombraría Roberts, Meynell &amp;
					Co. y sirvió como representante de la Nakamura &amp; Co. en Argentina.</p>
			</fn>
			<fn fn-type="other" id="fn52">
				<label>52</label>
				<p>La Baring Brothers le pagaba a Montes de Oca una comisión de 1 000 libras. Carta
					de Gaspar Farrer a James Stillman del 14 de diciembre de 1916. Archivo Baring
					Brothers (en adelante <sc>abb</sc>), carpeta 200076.</p>
			</fn>
			<fn fn-type="other" id="fn53">
				<label>53</label>
				<p>Memorándum conversación con H. H. Leng, 15 de agosto de 1912. <sc>abb</sc>,
					carpeta 200100.</p>
			</fn>
			<fn fn-type="other" id="fn54">
				<label>54</label>
				<p>Carta de Nakamura &amp; Co. a Morgan-Grenfell yamp; Co., 9 de mayo de 1916.
						<sc>abb</sc>, carpeta 200076.</p>
			</fn>
			<fn fn-type="other" id="fn55">
				<label>55</label>
				<p>Memorándum, 23 de mayo de 1916. <sc>abb</sc>, carpeta 200076.</p>
			</fn>
			<fn fn-type="other" id="fn56">
				<label>56</label>
				<p>Memorándum, 23 de mayo de 1916 y carta de Alfred Mildmay a H. H. Leng, 20 de
					junio de 1916. <sc>abb</sc>, carpeta 200076.</p>
			</fn>
			<fn fn-type="other" id="fn57">
				<label>57</label>
				<p>Carta de H. H. Leng a Gaspar Farrer, 4 de enero de 1917. <sc>abb</sc>, carpeta
						200076.</p>
			</fn>
			<fn fn-type="other" id="fn58">
				<label>58</label>
				<p>Carta de H. H. Leng a Alfred Mildmay, 7 de febrero de 1917. <sc>abb</sc>, carpeta
						200076.</p>
			</fn>
			<fn fn-type="other" id="fn59">
				<label>59</label>
				<p>Carta de Alfred Mildmay a H. H. Leng, 13 de diciembre de 1916. <sc>abb</sc>,
					carpeta 200076.</p>
			</fn>
			<fn fn-type="other" id="fn60">
				<label>60</label>
				<p>El proyecto de unificación de la deuda externa pública presentado en junio de
					1901 autorizaba que el empréstito a emitirse contara con la garantía de las
					rentas de la Aduana. Véanse <xref ref-type="bibr" rid="B37">Rodjkind (2011)</xref>
					y <xref ref-type="bibr" rid="B45">Vence (2016)</xref>.</p>
			</fn>
			<fn fn-type="other" id="fn61">
				<label>61</label>
				<p>Carta de Baring Brothers a H. H. Leng, 11 de diciembre de 1916. <sc>abb</sc>,
					carpeta 200076.</p>
			</fn>
			<fn fn-type="other" id="fn62">
				<label>62</label>
				<p>Carta James Stillman, 19 de octubre de 1916. <sc>abb</sc>, carpeta
						200076.</p>
			</fn>
			<fn fn-type="other" id="fn63">
				<label>63</label>
				<p>Carta de James Stillman a Gaspar Farrer, 1 de diciembre de 1916. <sc>abb</sc>,
					carpeta 200076.</p>
			</fn>
			<fn fn-type="other" id="fn64">
				<label>64</label>
				<p>Carta de H. H. Leng a Alfred Mildmay, 24 de enero de 1917. <sc>abb</sc>, carpeta
						200076.</p>
			</fn>
			<fn fn-type="other" id="fn65">
				<label>65</label>
				<p>Carta de Baring Brothers a H. H. Leng, 11 de diciembre de 1916. <sc>abb</sc>,
					carpeta 200076.</p>
			</fn>
			<fn fn-type="other" id="fn66">
				<label>66</label>
				<p>Carta de Morgan, Grenfell yamp; Co. al Nakamura &amp; Co., 1 de noviembre de
					1916. <sc>abb</sc>, carpeta 200076.</p>
			</fn>
			<fn fn-type="other" id="fn67">
				<label>67</label>
				<p>Carta de Nakamura &amp; Co. a Morgan, Grenfell y Co., 13 de noviembre de 1916.
						<sc>abb</sc>, carpeta 200076.</p>
			</fn>
			<fn fn-type="other" id="fn68">
				<label>68</label>
				<p>Carta de Thomas Lamont a Morgan, Grenfell y Co., 14 de noviembre de 1916.
						<sc>abb</sc>, carpeta 200076.</p>
			</fn>
			<fn fn-type="other" id="fn69">
				<label>69</label>
				<p>Carta de James Stillman a Gaspar Farrer, 1 de diciembre de 1916. <sc>abb</sc>,
					carpeta 200076.</p>
			</fn>
			<fn fn-type="other" id="fn70">
				<label>70</label>
				<p>Carta de Nakamura &amp; Co. a Morgan, Grenfell y Co, 3 de febrero de 1917.
						<sc>abb</sc>, carpeta 200076.</p>
			</fn>
			<fn fn-type="other" id="fn71">
				<label>71</label>
				<p>Carta de H. H. Leng a Baring Brothers, 3 de febrero de 1917. <sc>abb</sc>,
					carpeta 200076.</p>
			</fn>
			<fn fn-type="other" id="fn72">
				<label>72</label>
				<p>Carta de Gaspar Farrer a H. H. Leng, 1 de febrero de 1917. <sc>abb</sc>, carpeta
						200076.</p>
			</fn>
			<fn fn-type="other" id="fn73">
				<label>73</label>
				<p>Carta de H. H. Leng a Baring Brothers, 14 de febrero de 1917. <sc>abb</sc>,
					carpeta 200076.</p>
			</fn>
			<fn fn-type="other" id="fn74">
				<label>74</label>
				<p>Manuel María de Iriondo presidió el Banco de la Nación Argentina entre 1910 y
						1918.</p>
			</fn>
			<fn fn-type="other" id="fn75">
				<label>75</label>
				<p>Carta de Alfred Mildmay a H. H. Leng, 16 de febrero de 1917. <sc>abb</sc>,
					carpeta 200076.</p>
			</fn>
			<fn fn-type="other" id="fn76">
				<label>76</label>
				<p>Carta de Gaspar Farrer a H. H. Leng, 20 de febrero de 1917. <sc>abb</sc>, carpeta
						200076.</p>
			</fn>
			<fn fn-type="other" id="fn77">
				<label>77</label>
				<p>Carta de Gaspar Farrer a H. H. Leng, 1 de febrero de 1917. <sc>abb</sc>, carpeta
						200076.</p>
			</fn>
			<fn fn-type="other" id="fn78">
				<label>78</label>
				<p>Robert Lansing se desempeñó como secretario de Estado de Estados Unidos entre
					1915 y 1920.</p>
			</fn>
			<fn fn-type="other" id="fn79">
				<label>79</label>
				<p>Los estadunidenses amenazaron al gobierno argentino con no otorgar licencias para
					la venta de carbón, maquinarias agrícolas y, por otro lado, puesto que Argentina
					buscaba refinanciar los préstamos que vencían en 1917 en Nueva York, el gobierno
					británico habría sugerido que la renovación fuera bajo la condición de la
					exportación de granos a los aliados (<xref ref-type="bibr" rid="B18">Gravil,
						1977, p. 73</xref>).</p>
			</fn>
			<fn fn-type="other" id="fn80">
				<label>80</label>
				<p>Sobre las negociaciones, véanse <xref ref-type="bibr" rid="B27"
						>Peterson (1964)</xref>, <xref ref-type="bibr" rid="B18">Gravil (1977)</xref> y
					<xref ref-type="bibr" rid="B46">Weinmann (1994)</xref>.</p>
			</fn>
			<fn fn-type="other" id="fn81">
				<label>81</label>
				<p>Las negociaciones con el gobierno británico en 1920 deben entenderse en el
					contexto del vencimiento del préstamo de trigo a los aliados contratado en
						1918.</p>
			</fn>
			<fn fn-type="other" id="fn82">
				<label>82</label>
				<p>Carta de H. H. Leng a Baring Brothers, 24 de julio de 1919. <sc>abb</sc>,
					Argentine Government Affairs, carpeta 200290.</p>
			</fn>
			<fn fn-type="other" id="fn83">
				<label>83</label>
				<p>Carta de Jacinto Villegas a lord Revelstoke, 22 de marzo de 1920. <sc>abb</sc>,
					Argentine Government Affairs, carpeta 200290.</p>
			</fn>
			<fn fn-type="other" id="fn84">
				<label>84</label>
				<p>Telegrama de Baring Brothers al presidente de la República Argentina, 19 de abril
					de 1920. <sc>abb</sc>, Argentine Government Affairs, 200290.</p>
			</fn>
			<fn fn-type="other" id="fn85">
				<label>85</label>
				<p>Carta de H. H. Leng a Gaspar Farrer, 12 de agosto de 1921. <sc>abb</sc>,
					Argentine Government Affairs, carpeta 200291.</p>
			</fn>
			<fn fn-type="other" id="fn86">
				<label>86</label>
				<p>Carta de Nakamura &amp; Co. a Morgan, Grenfell y Co., 19 de agosto de 1921.
						<sc>abb</sc>, Argentine Government Affairs, carpeta 200291.</p>
			</fn>
		</fn-group>
	</back>
</article>
