Artículos
Las relaciones de poder desde la perspectiva juvenil: Continuidades y rupturas con el liceo
Power relationships from the youth perspective: Continuities and breakdowns with the school
Las relaciones de poder desde la perspectiva juvenil: Continuidades y rupturas con el liceo
Revista de Ciencias Sociales (Ve), vol. 26, 2020
Universidad del Zulia

Recepción: 19 Marzo 2020
Aprobación: 06 Junio 2020
Resumen: El siguiente artículo es producto de una investigación empírica que buscó explorar la relación/tensión que existe entre las culturas juveniles y la cultura escolar, cuestión de larga data en lo que se ha denominado como Sociología de la Educación. En consecuencia, se propone como objetivo analizar la mirada que estudiantes secundarios tienen sobre el poder y las relaciones que se producen a partir de su participación en distintas organizaciones y agrupaciones y de cómo estas se tensionan o relacionan con la experiencia escolar. Para lo anterior se utilizó una metodología cualitativa, ocupando entrevistas y grupos focales en los cuales participaron un total de 21 estudiantes secundarios. Los principales resultados apuntaron a la vigilancia y control por parte del mundo adulto al momento de ejecutar actividades, la desigual repartición de poder entre los distintos actores educativos y el control y disciplinamiento de los cuerpos, elementos que se tensionan al momento de comparar con los espacios en donde los jóvenes participan. A modo de conclusión se proponen posibilidades para lograr transformar las relaciones sociales de dominación dentro del liceo con el fin de democratizar espacios de convivencia y a su vez se plantean ciertos desafíos para la formación inicial de profesores.
Palabras clave: Juventudes, relaciones de poder, estudiantes secundarios, participación juvenil, democracia escolar.
Abstract: The following article is the result of an empirical research that explored the relationship / tension that exists between youth cultures and school culture. This is a long-standing issue in what has been called the Sociology of Education. Consequently, it seeks to analyze the view that high school students have about the power and relationships that occur from their participation in different organizations and groups. It also explores how they stressed or relate with the school experience. This was work through a qualitative methodology, using interviews and focus groups where a total of 21 high school students participated. Main results relate to the vigilance and control performed by the adult world when executing activities, the unequal distribution of power between the different educational actors and the control and discipline of the bodies, elements that are stressed when comparing with the spaces where young people participate. As a conclusion, some possibilities are proposed to transform the social relations of domination within the school in order to democratize spaces for coexistence and, in turn, certain challenges are posed for the initial training of teachers.
Keywords: Youth, power relationships, high school students, youth participation, school democracy.
Introducción
La institución escolar, ha sido considerada por autores como Dubet (2010) como un lugar sagrado y semejante a la iglesia, dado que mientras dura la misa los creyentes se desprenden de sus orígenes sociales, de sus pasiones y sus intereses, puesto que el propio ejercicio de la misa requiere separar el alma social del cuerpo, algo parecido dice el autor opera entre los actores educativos y la institución escolar. Sin embargo, si esta analogía que pareciera armónica se lleva al contexto actual, donde el capitalismo tardío ha traído como consecuencia el desempleo, la crisis de la institución familiar y la pobreza, se comienza a develar un quiebre en la alianza que existía entre escuela y sociedad.
Es bajo este panorama que autores como Urresti (1999), han trabajado bajo la idea de crisis de sentido para la escuela, dado que comienzan a existir grandes distancias entre lo que la cultura escolar dictamina y espera, y aquello que los jóvenes estudiantes construyen fuera del espacio educativo con sus pares o en relación con adultos, por lo que se comienza a pensar que la escuela ha dejado de ser un articulador social central para el funcionamiento de la sociedad.
El propio Dubet (2005), plantea la relevancia de analizar cómo la cultura escolar impacta en la construcción juvenil respecto a su devenir y trayectoria. Sin embargo, quedarse solo con esta posibilidad dificulta comprender que la experiencia juvenil se construye a través de condiciones estructurales, así como también con lo que se vive fuera del liceo y que la gran mayoría de las veces tienden a invisibilizarse. En consecuencia, emerge la premisa de que los jóvenes son portadores de una experiencia que se desarrolla a partir de su propia intervención y despliegue en la vida cotidiana y social (Dubet y Martuccelli, 1998;Tenti, 2000), la cual no necesariamente coincide con la cultura escolar, dado que la escuela tiende a rechazar y excluir esta experiencia cotidiana para imponer la que está legitimada a partir del curriculum escolar y desde la mirada adulta, en este caso, la visión de una vida que se debe desplegar en un sistema capitalista, donde el éxito, el dinero, el consumo y la reproducción son ejes centrales.
Teniendo en cuenta esta mirada de la escuela y la tensión cultural que existe entre esta y las culturas juveniles es que se desarrolla este artículo, colocando énfasis en las relaciones de poder, que los jóvenes construyen en distintos espacios de activismo y militancia, así como las que experimentan dentro del propio espacio educativo. Esto resulta relevante bajo las demandas que los propios movimientos estudiantiles han expresado durante los últimos 10 años (movimiento estudiantil 2011, el mayo feminista del 2018 y el propio estallido social del 2019), haciendo alusión a la democratización de los espacios, la repartición equitativa del poder y la consideración de todos los actores educativos por igual (sin diferencias de edad, género, entre otras). Al respecto, sostiene Salas (2020) esta participación está referida a que:
Los esfuerzos dirigidos a incluir a los habitantes en la toma de decisiones de carácter público, implica la necesidad de crear los ambientes para forjar una ciudadanía que se sienta dueña del espacio público, responsabilizándose del éxito o fracaso de la sociedad, y que vea las autoridades públicas como su colaborador, y no como un obstáculo. (p.164)
En este sentido, la participación en estas áreas de acuerdo con Contreras y Montecinos (2019) “debiera cumplir un rol en la resolución y transformación de los conflictos políticos mediante la creación y apropiación de espacios de discusión que permitan el debate racional, la interacción comunicativa y la incidencia en la toma de decisiones” (p.180), permitiendo a través de estos movimientos estudiantiles fortalecer la convivencia en las instituciones educativas. Arias-Cardona y Alvarado (2015) sostienen que:
En el mundo del pensamiento hay quienes relacionan el acto político con el asunto de la ciudadanía, de los derechos y de los deberes. Pero también se halla la asociación con el poder, con la inclusión y con el bien colectivo. (p.584)
Respecto al concepto de poder, este ha sido trabajado principalmente por autores como Foucault (1983; 1994) quien lo define como relaciones “más o menos organizado, más o menos piramidalizado, más o menos coordinado” (Foucault, 1983, p.188). En este sentido, el precitado autor hace referencia desde una visión socio-histórica al despliegue del control y del sometimiento, a partir de diversificadas formas de control (cuerpo, del individuo, y del hombre), donde lo fundamental es el sometimiento y disciplinamiento (Hilario, 2015). La disciplina en palabras de Foucault (1994) es:
El mecanismo de poder por el cual llegamos a controlar en el cuerpo social hasta los elementos más tenues y por éstos alcanzamos los átomos sociales mismos, es decir, los individuos. Técnicas de individualización del poder. Cómo vigilar a alguien, cómo controlar su conducta, su comportamiento, sus aptitudes, cómo intensificar su rendimiento, cómo multiplicar sus capacidades, cómo situarlo en el lugar en que sea más útil. (p.243)
A partir de lo anterior, la categoría de poder ya no es una cuestión del mero sometimiento explícito, sino que también se introduce en los aspectos más íntimos de la vida, puesto que el poder prácticamente constituye al sujeto (Ibáñez, 1983). Por lo tanto, no solo emerge como un símbolo o figura de autoridad, sino que en sumisión del que pierde el poder, por lo que en una relación de autoridad hay tanto uno que entrega su propia libertad, como otro que se hace del poder y lo ejerce contra otro (Hilario, 2015). Sin embargo, una cuestión fundamental en este punto es que hay vías de escape a estas relaciones que se construyen a partir del dominio, es lo que Foucault (1984) ha tratado de decir cuando expresa que en toda relación de poder se generan resistencias, como formas de lucha contra la fuerza ejercida, las cuales se han desarrollado de múltiples formas durante la historia humana.
La relevancia de este análisis se puede centrar perfectamente en lo que se experimenta en el interior de los liceos y del sistema educativo, en cuanto a la relación e interacción que se produce entre profesores y estudiantes. El profesor ejerce continuamente una violencia física, al mismo tiempo que un disciplinamiento que se expande más allá de lo no corporal. En este sentido, De la Corte (2000) siguiendo las ideas de Foucault, propondrá que el disciplinamiento en la escuela opera sobre dos niveles, el primero por medio de un control físico de los estudiantes, lo que se ha conocido como disciplinamiento del cuerpo, y una regulación sobre la ocupación de los espacios; el segundo, un control de lo mental, que opera vía mecanismo reglamentarios, además de las evaluaciones (guías, pruebas, exámenes) que miden su rendimiento. Por lo tanto, para el cumplimiento de estos mecanismo y expresiones del control y poder se dependerá de lo que el profesor pueda ejecutar en cuanto a las sanciones y vigilancia de los estudiantes.
De igual manera, se debe considerar que la escuela reproduce la cultura dominante por medio de una arbitrariedad cultural y también por otro mecanismo que llama violencia simbólica (Bourdieu y Passeron, 2009). Ambos procesos están a la base de la acción docente, la cual opera con un arbitrario cultural legitimado por el curriculum nacional (definido como se dijo antes por una clase dominante y adulta) y por una acción pedagógica que tiene en su génesis y despliegue una violencia simbólica (Ávila, 2005). Ambos mecanismos de poder tienen una relación intrínseca, puesto que lo transmitido en la relación educador-educando se legitima por medio de esa acción pedagógica que opera con violencia simbólica, dado que transmite un habitus que es el que la clase dominante construye y no necesariamente el que, por ejemplo, la clase trabajadora posee en su socialización primaria con la familia o en la cotidianidad de sus interacciones.
Un ejemplo de lo anterior es lo que ocurre con la dominación masculina, donde Bourdieu (2010) evidencia cómo la escuela entre otras instituciones se encarga de perpetuar “la fuerza del orden masculino, la cual prescinde de cualquier justificación: la visión androcéntrica se impone como neutra y no siente la necesidad de enunciarse en unos discursos capaces de legitimarla” (p.11). Por lo tanto, cobra relevancia lo relatado por Villareal (2003) al decir que el liceo y el sistema educativo en general promueven una reproducción donde no se consideran las actividades que desarrollan las mujeres como históricas o importantes, sino que se normalizan como cuestiones de instinto o entrega, propio del ser mujer. Es justamente así, que la escuela -con su poder desplegado por medio de los docentes adultos- promueve una reproducción patriarcal, donde la dominación masculina pareciera ser una cuestión neutra y de sentido común para aquellos que la aprehenden y la viven a diario en su interior.
A la luz de lo anterior, este artículo devela los discursos juveniles sobre el poder a partir de lo que ellos pueden decidir, tanto dentro de los liceos como también fuera de ellos, en sus propias organizaciones. Así, en un primer momento se verá cómo los jóvenes viven las relaciones de poder en el interior del liceo en cuanto a la posibilidad de vincularse con su propia experiencia de participación, así como también con los espacios de decisión que tienen en él. Luego, en segundo lugar, se revisarán las experiencias que tienen en función del poder que ejercen y viven fuera del liceo, en particular en sus organizaciones, intentando develar cómo se manifiesta este poder. Finalmente, se presentarán conclusiones y reflexiones a partir de lo investigado.
1. Metodología
La metodología de esta investigación fue de carácter cualitativo, apuntando a realizar un estudio descriptivo-interpretativo (Porta y Silva, 2003), donde efectivamente lo que está en juego, es la subjetividad de los jóvenes, a partir de sus discursos y experiencias sobre el poder. Por lo tanto, en este estudio lo que interesó conocer fueron estos discursos, para desde allí analizar las rupturas y continuidades existentes en cuanto a las experiencias de participación que se despliegan tanto fuera como dentro de los establecimientos educacionales.
Respecto a las técnicas para producir información, se llevaron a cabo en un primer momento grupos focales siguiendo los lineamientos de Canales (2006); y Marradi, Archenti y Piovani, (2010). Luego, en un segundo tiempo se realizaron entrevistas semi estructuradas, estas técnicas se desplegaron a la luz de los aportes de Alonso (1998); y Marradi, et al. (2010). El procesamiento de la información producida se realizó contemplando un análisis de contenido, en donde se establecieron ciertas categorías a la luz de la revisión de literatura y otras que emergieron con los propios discursos de los jóvenes participantes.
La muestra tanto para jóvenes entrevistados como para asistentes al grupo focal responden a los siguientes criterios: Primero, que fuesen jóvenes parte del sistema escolar chileno; segundo, que pertenezcan a los niveles de tercero y cuarto medio; tercero, que asistan a escuelas municipales o particular subvencionadas; cuarto, que participen en algún tipo de organización, agrupación o colectivo.
Así, la muestra construida en esta investigación se conformó finalmente por jóvenes pertenecientes a las siguientes agrupaciones: Un colectivo sexo-político, una agrupación de jóvenes raperos y un colectivo de educación no sexista, los cuales dieron funcionamiento a las instancias de grupos focales. Además, a esto se sumaron tres entrevistas, donde participaron una joven mujer secundaria, perteneciente a un colectivo sexo-político y de derechos humanos, un joven varón de un colectivo de educación no sexista y un joven varón de un movimiento político característico del movimiento estudiantil chileno, por lo que en total participaron 21 jóvenes secundarios.
2. Resultados y discusión
2.1. Las relaciones de poder en el liceo: ¿Cómo se vinculan con la participación juvenil?
Uno de los primeros elementos que emerge en los discursos juveniles al preguntarles por las relaciones de poder y las distintas posibilidades y espacios que se tienen para decidir en el interior del liceo, fue cómo el poder en la escuela se encuentra jerarquizado, en cuanto a los actores y también al tiempo que se invierte en distintas instancias o ámbitos, cuestión que en la totalidad de los casos es liderada por la orden y organización de los adultos.
Respecto a la jerarquización del poder, encarnado este, en actores educativos y también en el propio simbolismo que tiene por sí misma la escuela, se encuentra la sensación de que el liceo es percibido como una verdadera cárcel, cuestión que ya trabajaba Foucault (1984) en su texto clásico “Vigilar y Castigar”, al hablar no solo de cómo se opera dentro de él en cuanto a la vigilancia y al disciplinamiento, sino que también a cómo el liceo o el general de las escuelas están diseñados y construidos en una estructura que facilita ambos procesos.
Así, los jóvenes secundarios perciben que dentro del liceo constantemente tienen que someterse por un lado a las burocracias de los permisos o de las peticiones para desplegar y realizar proyectos e ideas, como también a la vigilancia de la dirección u otras autoridades que los reprimen mediante diversos mecanismos, dentro de los cuales está la propia vigilancia, la demanda de diversificadas tareas en tiempos específicos, entre otros.
La escuela es terrible jerarquizada, tiene una estructura parecida a la cárcel, y no te dan espacio para generar una horizontalidad, son terrible perseguidos dentro del colegio pos. Cuando tenis un colectivo o el centro de estudiantes está terrible vigilado por las direcciones pos, siempre te ponen un techo, lo mismo pasa con el hiphop cachai, tampoco te dan el espacio cuando te tapan en trabajos, en pruebas y no te dan el tiempo pa’ hacer hiphop cachai, porque tenis que prepararte pa’ la PSU(1). (Joven varón secundario, Colectivo Rapero)
La dinámica del poder y este sentir expresado en las palabras anteriores no es casualidad si se tiene en cuenta la investigación realizada por Camacho (2011), quien evidencia la complejidad de las relaciones de poder entre los docentes, la gestión escolar y la propia práctica pedagógica. En este sentido, se declara que para los profesores es dificultoso tener posibilidad de movilización dentro del liceo, dado que la gestión escolar despliega su propio poder y controla vía distintos mecanismos el quehacer pedagógico, así como también las formas de movilización, lo que sin duda promueve jerarquías y distinciones dentro de la máquina de poder que opera en el interior del liceo. No resulta azaroso tener esto en consideración, dado que al igual que los jóvenes secundarios el profesorado también se ve afectado por el condicionante contexto empresarial y de rendición de cuentas que ha permeado a la esfera educativa, promoviendo fuertes relaciones de poder y competencia.
Lo anterior se complementa si se tiene en consideración que las coyunturas de movilización en los liceos y escuelas, también presentan un entramado en las que las relaciones de poder entre jóvenes y adultos se vuelve importante, dado que aparece en los relatos el hecho de que estos últimos condicionan las posibilidades y opciones de movilizarse, ya sea por medio de un paro, una toma o una asistencia a marchar. Los jóvenes entonces deben asumir su condición de menores ya no solamente en cuanto a su edad, sino que también ante el escenario que el mundo adulto construye como condición ante una movilización estudiantil, cuestión que representa otra forma de operar del poder adulto dentro de la escuela, lo que conlleva ciertamente al disciplinamiento y condicionamiento de lo que realmente se desea hacer. Esto se ve reflejado en el siguiente discurso:
Yo por ejemplo, en mi colegio vale callampa, pero nosotros nos juntábamos con cabros del Andrés Bello, pero tenís que faltar [para participar en movilizaciones, marchas] a la clase porque vos tenís la convicción, es que nunca se vio de que nos dijeran que nos apoyaban en el paro...la cosa era como si crees en eso falta a clases pero se van a hacer igual las clases. (Joven varón secundario, Colectivo Rapero)
Un tercer elemento que complementa lo anterior, apunta a cómo la jerarquización en las relaciones de poder opera de manera clara y transparente, dado que los propio estudiantes logran darse cuenta de este entramado que también demuestra cómo se asumen roles de dominantes y dominados dentro del liceo, ya no entre estudiantes y profesores necesariamente, sino que se logra observar una cadena que da cuenta de que las relaciones de poder, se vinculan necesariamente con las relaciones tanto intergeneracionales como también intrageneracionales.
Por lo tanto, lo que permiten evidenciar los discursos de los jóvenes es precisamente la existencia de la jerarquización del poder, es decir, mayores o menores grados respecto a la posibilidad de decidir y tomar decisiones; donde someter/disciplinar a otro no es tampoco una cuestión entre menores y mayores necesariamente, sino que también opera entre sujetos de una misma generación. Esto refuerza la idea que la edad es un dato manipulable (Bourdieu, 1990), puesto que dentro del cuerpo de profesores existen diferencias que permiten hacer notoria una distinción del poder que se posee, lo que operaría en diversas formas, como el género, el cargo o status que se tiene dentro del liceo o incluso la cantidad de años que se llevan ejerciendo.
En esta línea, es fundamental el trabajo de autoras como Villareal (2003), quien ha podido develar cómo en las relaciones de poder los hombres tienen un mayor potencial de dominación, dado que las mujeres están condicionadas a roles de subordinación, esto a nivel macro y micro, ya sea en un ámbito privado como también público. Respecto a la jerarquía del poder, y de cómo existen distintos actores -todos adultos- con distinta “cantidad” de poder dentro del liceo, se tiene el siguiente comentario:
Te empiezas a cuestionar si la escuela funciona bien, si funcionan las jerarquías porque te das cuenta que para hacer un cambio o hacer algo empieza como una cuestión piramidal, una burocracia donde tenís que convencer a tu profesor, y después donde el inspector, después donde el director cachay y eso es adultocentrismo, que tu voz no sea aceptada solo porque erís joven y es súper difícil con lo que nosotros hacemos actualmente porque por ejemplo en nuestro caso somos jóvenes que queremos hacer cambios y nuestra sociedad funciona en torno al adultocentrismo y los jóvenes no tienen la palabra, no tienen ni voz ni voto en el colegio. (Joven varón secundario, Colectivo Educación No Sexista)
La demostración del poder adulto y en consecuencia la limitación en la toma de decisiones de los estudiantes, no solo se da en cuestiones respecto a proyectos o ideas que los jóvenes desean desplegar, sino que también opera en las instancias donde éstos ya cuentan con el permiso adulto para realizar distintas actividades, en este caso, los conversatorios, foros o ferias que las distintas organizaciones han manifestado que están dentro de sus formatos de participación al interior del liceo al momento de representar y develar cuestiones que mueven a sus organizaciones (música, derecho sexuales, identidad de género, entre otros asuntos).
En este sentido, los jóvenes declaran que sus decisiones aun teniendo permiso del mundo adulto para crear y llevar a cabo instancias, están condicionadas respecto al lugar, horarios y organización misma de las actividades, puesto que estos vigilan los espacios de participación juvenil que emergen por voluntad propia. Esto queda representado en la siguiente conversación con una de las agrupaciones:
Estudiante 1: “Ellos [los adultos] definen el lugar, el horario, las actividades del cronograma que nosotros presentamos, todo gira en torno a ellos igual” (Joven mujer secundaria, Colectivo Educación No Sexista).
Estudiante 2: “Puta los lugares, el horario...todo pos [lo deciden los adultos] (Joven mujer secundaria, Colectivo Educación No Sexista).
Estudiante 3: “Muchas veces nos censuran” (Joven varón secundario, Colectivo Educación No Sexista).
Estudiante 4: “Muchas veces no respetan la idea que uno tiene de hacer, sino que te dicen "yo no quiero que hagas esto" y lo tienes que cambiar si no el espacio no se abre y no se da” (Joven mujer secundaria, Colectivo Educación No Sexista).
Con lo anterior, pareciera ser que el mundo adulto despliega su poder simbólico, dado que a partir de la vigilancia y el condicionamiento en las reglas del juego social se imponen limitaciones y aperturas para participar y, por ende, para decidir. Bialakowsky (2015), daba a entender cómo distintos grupos sociales imponen no solo clasificaciones, sino que también reglas, lo que permite reproducir la dominación que está en juego.
Si bien los ejemplos que se han dado operan dentro del liceo, a partir de lo que los propios jóvenes develan y han experimentado en el espacio escolar, esto también se representa en instituciones como la familia, donde hay un entramado de jerarquías respecto al poder, y además, en cuanto a las aperturas y limitaciones que existen para poder decidir, participar y practicar en la realidad social. Esto no reflejaría nada más que un artificio que opera mediante un supuesto prestigio y estatus propio de la adultez, donde se cuenta supuestamente con dones, conocimientos y experiencias que en la juventud o niñez no se tienen.
Otro elemento importante, tiene que ver con la posibilidad de controlar y operar en el medio social a través del cuerpo, cuestión que nuevamente emerge en el discurso juvenil a partir de las conversaciones sobre las relaciones de poder y en particular sobre el disciplinamiento que existe en el interior del liceo en función de la normalización. Autores como Rodríguez (2013), han estudiado la relación y tensión que existe entre cuerpo-educación y cómo esto ha develado una verdadera lucha política por el control de los cuerpos. Ante esto, se propone que es una práctica y objetivo del Estado el hecho de tener el control y poder de los cuerpos, su gobernación y disciplinamiento, donde se subentiende también la tarea de cuidarlos, ejercitarlos y obligarlos a una actividad física.
El liceo entonces se ubica en un lugar privilegiado, para llevar a cabo la misión del Estado sobre el control y disciplinamiento de los cuerpos de los sujetos, cuestión no menor si se considera que en “el cuerpo se concentran los hábitos y conductas necesarios para la reproducción del sistema e incluso permiten el control sobre el crecimiento y la regulación de las poblaciones (el biopoder)” (Castro y Carreño, 2011, p.293). Esto se profundiza si se considera que este control que el liceo y el sistema educativo desarrolla hacia niños y jóvenes en relación de sus cuerpos, expresado en cuestiones pedestres como la vestimenta y apariencia que deben llevar a las escuelas, se transforma en un punto cúlmine para la expropiación e invisibilización del propio sujeto, donde éste ya no puede sentirse como propio (Castro y Carreño, 2011).
Con esto, el poder ejercido por el liceo, encarnado tanto en el mundo adulto como en las políticas públicas y en distintos documentos oficiales, como los reglamentos internos de cada escuela o los manuales de convivencia escolar, mantienen un disciplinamiento que también cierra los circuitos de la participación y la performance juvenil, en cuanto no les da lugar a las expresiones y decisiones de los estudiantes secundarios. Lo cual se ve representado en las siguientes opiniones que los jóvenes han expresado al momento de ser consultados sobre las formas de castigo y de limitantes, que el liceo les ha impuesto a modo de ruptura de lo que ellos realizan y construyen en sus organizaciones, y que ellos han sobrellevado como mecanismos de resistencia:
El uniforme...como...como los códigos de vestimenta en general siento que si bien estoy de acuerdo de que sean como para que todos sean como iguales y todo eso, siento que si son un espacio como binario y que le da mucha cabida a muchas acciones súper violentas como de parte de los profes y de los mismos estudiantes. Me acuerdo que si una niña se cortaba el pelo los profes le decían "oh tenemos un nuevo hombre en la sala" y ¿por qué? bueno…porque son así. (Joven varón secundario, Colectivo Sexo-Político)
Obvio, cuando te suspenden porque no sé pos hueon, porque querís rapear cachay...la misma sanción del uniforme donde te quitan tu expresión humana cachay’ a través de un molde de cómo tenís que vestirte y esas cosas te invalidan caleta la expresión misma del hiphop cachay, muchas veces cuando decís un garabato o hablas en coa cachay, porque generalmente que en el hiphop se ocupa el lenguaje callejero y el lenguaje callejero no es el lenguaje del colegio porque ahí es el lenguaje académico. (Joven varón secundario, Colectivo Rapero)
Todo lo que se ha relatado anteriormente se agrupa dentro de las limitaciones, por aquello que se ha denominado rupturas dentro de las relaciones de poder, y en particular respecto a las decisiones que los jóvenes logran tomar dentro del espacio escolar. Sin embargo, también se les preguntó por las posibles continuidades que ellos encuentran dentro del liceo, comparando esto con su experiencia en las distintas organizaciones donde participan. Es importante recalcar algunas ideas que emergen a partir de estos relatos, donde nuevamente se develan las precariedades de una orgánica que carece de procesos democráticos así como autónomos, y donde efectivamente sigue operando el artificio del simulacro sobre la toma de decisiones y del control que los jóvenes poseen sobre sus propios espacios y procesos en el interior del liceo.
Los propios estudiantes relatan que su representación y capacidad de decisión recae en cuestiones básicas como la elección de un Centro de Estudiantes, a pesar de que estos no tienen autonomía ni mucho menos una capacidad resolutiva, en temas que son relevantes dentro de la convivencia escolar y el funcionamiento del liceo, por lo que representaría un simulacro de continuidad y de respeto a lo que los jóvenes realizan fuera de la escuela, cuestión que se ve evidenciada a continuación:
En mi colegio es penca, el centro de estudiantes no registra, no toman decisiones de peso…queremos esta cosa para las alianzas y puras leseras imbéciles... como alumnos y como representación de lo que pensai hueon. En el colegio en sí, espacios como para que uno individualmente pueda expresar cosas es nulo porque los hueones pescan a todos como un grupo, más allá de eso mi colegio vale mierda hueon, son espacios para que se entretengan en algo pero no tiene peso y no tenemos espacios para organizarnos. (Joven varón secundario, Colectivo Rapero)
Nada hermano [¿qué pueden decidir ustedes?], eso no existe, nuestra voz no se toma en cuenta. (Joven varón secundario, Colectivo Rapero)
A lo anterior, se le suma a modo de una capacidad superficial de decisión las siguientes opiniones, donde los jóvenes dejan en claro que aquello en donde pueden interferir son cuestiones de poco peso, develando también que aquellas en las que les gustaría participar, porque consideran importante, no hay permisos ni voluntad por parte de la organización escolar liderada por el mundo adulto: “Yo creo que se pueden decidir cosas que no son importantes...por ejemplo el curriculum no se puede” (Joven varón secundario, Colectivo Sexo-Político). “En las materias del día a día, nicagando lo podemos decidir y yo creo que eso es súper importante porque lo que pasan puede llegar a ser súper violento si te lo pasan de cierta forma” (Joven secundaria mujer, Colectivo Sexo-Político).
A los profes tampoco los puedes decidir y es súper importante, hay profes que acosan, por ejemplo, y sacarlo de ahí es súper difícil, creo que en ese sentido uno debería igual elegir cómo quieres que sea tu profe, más que elegir a la persona. (Joven mujer secundaria, Colectivo Sexo-Político)
En complemento con lo anterior y ya entrando en la línea de aquello que los y las estudiantes secundarias pueden elegir y que representan ciertas continuidades, están algunas cuestiones que llaman la atención, como por ejemplo la implementación que hubo de la política pública “Movámonos por la Educación Pública”, la cual es nombrada como una instancia en la que se trabaja mancomunadamente en uno de los liceos, incluyendo voz y voto de las estudiantes para tomar decisiones respecto a la infraestructura del liceo:
Estudiante 1: Este año pudimos de alguna forma participar en un proyecto que se llamaba el fondo “movámonos” donde el gobierno te da cierta plata y ahí participamos en un consejo escolar, en una mesa de trabajo y las cabras hicieron para remodelar los baños de todos los estamentos y también arreglar la pecera para las minas que llevan comida, en eso, en tomar decisiones infraestructurales yo igual encuentro que nuestro liceo igual toman en cuenta a las estudiantes porque por ejemplo tengo la experiencia de mi pololo o sea, al centro de estudiantes los otros entes no los pescan y no participan en nada y no se enteran de que pasa con las platas ni proyectos...nosotros igual participamos más y tenemos más privilegio en la infraestructura que tenemos. (Joven mujer secundaria, Colectivo Educación No Sexista)
A lo anterior se agrega el poder que existe entre las y los estudiantes de los distintos liceos, de generar los espacios de decisión en los cuales se determinan las movilizaciones, paros y tomas de los establecimientos (siempre a nivel estudiantil). En este sentido, se vinculan también aquellos para elegir Centros de Estudiantes y presidentes de curso, cuestiones que básicamente tienen que ver con su propio estamento y en ningún caso una opción de discutir, conversar y decidir cuestiones que estén relacionadas con el devenir del liceo o con la forma en que éste gestiona diferentes asuntos de su interior. Esto queda en evidencia en los siguientes discursos, donde a pesar de reconocer espacios mínimos de decisión y poder, sigue existiendo la sensación de un simulacro en el cual se participa y se puede elegir:
Entrevistador: ¿Cuáles son las principales decisiones que puedes tomar dentro del Liceo siendo estudiantes?
Estudiante 1: No sé...como elegir a un centro de alumnos...elegir a tu presidente de curso, una decisión polémica que tomamos fue que nuestro vice-presidente de curso no iba a ser pastoral sino que solo vice-presidente y nos retaron caleta por eso...eso pos, también siempre son en el círculo de estudiantes, nunca tomamos otras decisiones, como que nuestras máximas decisiones son elegirnos entre nosotros mismo pero más allá de eso no hay mayor poder. (Joven mujer secundaria, Colectivo Sexo-Político y Derechos Humanos)
Finalmente, dentro de la conversación con jóvenes se realizó una pregunta que busca de alguna forma conocer los deseos que existen para la experiencia de participación y poder dentro de los liceos, es decir, cómo les gustaría a los jóvenes que la escuela funcionara, cuáles serían las dinámicas que ellos esperarían que existieran en este espacio donde conviven varias generaciones y por ende diversificadas culturas, ideologías y visiones de mundo. Las y los jóvenes no piden ni esperan cuestiones irrisorias o que no podrían llegar a ocurrir dentro de los espacios educativos, seguramente lo que ellas y ellos demandan debe suceder en variados liceos.
Cuestiones tan primordiales como la universalización de los derechos, que niños, niñas y jóvenes sean vistos igual que lo adultos, que todos puedan tener una voz y voto en las decisiones que impactan el destino de sus propios lugares de estudio, son cosas que se repiten una y otra vez. Al respecto, sostiene Llanos (2019) “considerar a todos los actores del proceso educativo como iguales en su dignidad y derechos, aunque haya diferentes roles entre ellos; con diálogo abierto, cooperación y tolerancia, sin que nadie sea considerado más o menos que el otro” (p.403).
Ene se sentido, los jóvenes esperan proyectar también sus sentires en estos espacios, y sobre todo la diversidad que contiene cada uno de ellos, donde dejan de ser solo estudiantes y pasan a ser sujetos de derecho, los cuales también diversifican su vida en el medio social, participando, militando y siendo activistas de temas que hoy en día son parte de las distintas coyunturas y problemáticas sociales:
Entrevistador: ¿Cómo te gustaría que fueran los espacios de participación dentro de la escuela?
Estudiante 1: que fueran reales, como ni siquiera pido que todos sean iguales o que todos tengan la misma importancia...o sea, en verdad me gustaría que todos fueran igual de importantes dentro de la escuela porque yo creo que sí lo son pero que fueran reales pos, que de verdad cuando vayai’ a dar tu opinión en algo o vayai’ a decir algo que ese algo sea real, que no quede como en un “ah sí, ellos dijeron eso”. (Joven mujer secundaria, Colectivo Sexo-Político y Derechos Humanos)
Estudiante 1: Creo que hay muchas decisiones que deberíamos tener....
Entrevistador: ¿Como cuáles?
Estudiante 1: El reglamento interno por ejemplo yo creo que se podría trabajar a la par con los estudiantes para realizarlo...yo creo que podríamos no sé pos traer más cosas, hacer tallares distintos que no se concentren solamente en los deportes sino que fomentar también otras cosas, quizás no se pueden cambiar las materias que tenemos pero si hacer actividades distintas, no sé pos...crear espacios en los que se puedan conocer a los compañeros pos que hay en los colegios...porque muchas veces uno conoce a los compañeros de curso pero no conoce a todas las personas con las que convive en un mismo espacio en el cotidiano, creo que hacer esas cosas serían súper importantes para poder establecer la relación con un otro...fomentar los espacios de artes, que los colegios no sean tan grises o azules...todo eso que busca tranquilizarte pero que lo único que buscan es aburrirte. (Joven varón secundario, Colectivo Educación No Sexista)
2.2. Las relaciones de poder fuera del liceo: ¿Cómo viven el poder los jóvenes en sus espacios de organización?
Las relaciones de poder siempre están presentes entre las interacciones humanas existentes a nivel privado y público, esto hace que no haya excepción dentro de las organizaciones juveniles. En esta línea, Aguilera (2016) hace referencia a cómo el poder conlleva sensaciones de desconfianza e incomodidad en las y los jóvenes, básicamente porque es visto como una amenaza para sus propias organizaciones y colectivos. Esta cuestión no resulta extraña si se tiene en cuenta lo relatado en el apartado anterior, respecto a cómo los jóvenes vivencian este poder y en particular su capacidad así como espacio de decisión en el interior de los liceos y escuelas.
El propio Aguilera (2016) devela cómo los jóvenes piensan que el poder ayuda a corromper y a condicionar las propias dinámicas de las organizaciones en las que se milita o participa, puesto que tienen claro que genera relaciones o figuras de autoridad con las cuales han tenido malas experiencias en contextos como la escuela o la familia, donde estas mismas personas se relacionan con el autoritarismo. Sin embargo, algo que coincide a lo largo de esta investigación con lo planteado por el precitado autor, es que de igual forma en la que existe desconfianza por el poder, se reconoce que este opera en las organizaciones juveniles, en tanto existen orgánicas, divisiones del trabajo y distintos roles, que se ejecutan para darle funcionamiento a las diferentes agrupaciones.
En la línea de lo anterior, resulta fundamental dejar en claro que esta desconfianza por parte de los jóvenes hacia las dinámicas y relaciones de poder, no significa que en sus organizaciones y colectivos estas no existan, sino que lo que no está presente es una división estratificada de poder, en comparación con lo que efectivamente ocurre en la escuela y ya se declaraba en el apartado anterior. En este sentido, la categoría de poder dentro de las organizaciones, agrupaciones y colectivos juveniles, se encuentra repartida, en función de lograr un horizonte donde todos tengan el mismo valor en la toma decisiones que impactan en el destino de su asociatividad. Esto ya se puede ver en algunos relatos de los jóvenes secundarios y secundarias:
Entrevistador: ¿Y dentro de su organización qué pueden decidir?
Estudiante 1: Nuestra manera misma de relacionarnos pos hermano, al ya dejar de lado la jerarquía vertical ya estamos cambiando la forma de relacionarnos con el mundo a diferencia del colegio que te mete eso de dominar. (Joven varón secundario, Colectivo Rapero)
A lo antes mencionado se le suma la sensación que existe en el interior de las organizaciones, respecto a que el poder efectivamente se encuentra repartido de manera equitativa y de igual valor, por lo que al hablar uno de los integrantes, respecto a lo que se puede decidir dentro de la organización se subentiende que son todos los integrantes del colectivo los que votan y manifiestan su postura ante distintas temas, tareas o proyectos:
Entrevistador: ¿Qué cosas ustedes pueden decidir dentro de su organización?
Estudiante 1: Todo pos
Estudiante 2: Todo
Estudiante 3: Todo lo decidimos nosotros...
Estudiante 4: Decidimos cómo organizarnos, cuándo juntarnos, quiénes son, con quién queremos participar
Estudiante 5: Cómo nos vamos a ver, qué mensajes queremos dar y entregar. (Grupo Focal, Colectivo Sexo-Político)
A pesar de lo anterior, igualmente dentro de esta investigación se compartieron instancias conversacionales con dos jóvenes varones que participan dentro de organizaciones de corte mucho más tradicional, dado que militan en instituciones políticas donde las dinámicas de poder se organizan de una forma más clásica, sin embargo, a pesar de esto se declara que cada uno de los sujetos posee su particularidad y su opción de elegir y decidir respecto a variados temas y decisiones que afecta el devenir de la organización. Esto resulta interesante desde lo investigado por Aguilera (2016), si se tiene en cuenta que esta forma de organización muchas veces opera como tal, por el mismo encuentro intergeneracional que existe dentro de la orgánica de la colectividad, dado que grupos como éste convocan no solo a jóvenes, sino que también a grupos adultos. La referencia a lo dicho en este párrafo se encuentra a continuación:
Entrevistador: ¿Cuáles son las principales decisiones que ustedes como estudiantes secundarios y militantes de la Izquierda Libertaria pueden tomar dentro de su organización?
Estudiante 1: Las principales yo creo que son las mesas...como se conforman las mesas de tu frente, quién te representa, se elige a plebiscito y me gusta mucho porque mi voto es igual al del compañero de al lado que puede tener 10 cargos...entonces el espacio que es más importante para mí son las mesas medias, con esto me refiero a quienes vinculan la información entre los de arriba y los de abajo. (Joven varón secundario, Movimiento político tradicional)
Entrevistador: Tienes mucho más poder en tu organización que en el liceo entonces...
Estudiante 1: Si obvio, de decidir, de planificar...pero igual nosotras nos regimos por ciertos reglamentos y tenemos una orgánica que puede tal vez ser limitante en cierto sentido pos...y yo tengo que acomodarme igual porque al fin y al cabo yo quiero estar ahí pos. (Joven varón secundario, Colectivo Educación No Sexista)
Una cuestión que resulta relevante de destacar, relacionado con la percepción que tienen los jóvenes secundarios respecto a su propia militancia y en particular a las decisiones que tienen dentro de estos espacios, apunta nuevamente a cuestiones de carácter emocional y sentimental. Los jóvenes destacan en diversos grupos de conversación, que la apertura referida al poder que poseen los integrantes, se relaciona con aquellos sentimientos y percepciones que emergen de la propia militancia, activismo y participación, es decir, en la medida que se sienten perteneciente a una colectividad también se hacen del poder de decisión.
Entrevistador: ¿Se sienten con más espacios de decisión dentro de su colectivo que dentro de la escuela?
Estudiante 1: Yo siento que si porque aquí me siento escuchado (Joven mujer secundaria, Colectivo Educación No Sexista).
Estudiante 2: Yo personalmente eso es lo que encuentro maravilloso cachay, si se puede decir las bases son totalmente la importancia cachay, son como el centro de todo pos porque si ellas no se mueven, el proyecto no sé mueve y si nosotros no generamos talleres la cosa no se va a hacer y en ese sentido yo lo encuentro maravilloso por el mismo hecho del quorum, nosotros como organización necesitamos gente para actuar y la gente somos nosotros mismos. (Joven varón secundario, Colectivo Educación No Sexista)
Cuando en las distintas conversaciones se pregunta a los estudiantes secundarios sobre las cuestiones que pueden decidir en el interior de sus organizaciones, estos son claros en decir que todo lo que afecta y se relaciona con sus agrupaciones se decide entre todos y que siempre se conversa respecto a tiempos, espacios, lugares y proyectos en los cuales se desea introducir a la organización. Con esto, es claro que la ausencia de figuras adultas dentro de las organizaciones permite generar espacios de seguridad para los estudiantes, donde no hay existencia de disciplinamiento ni subordinación como es entendido en el campo escolar, mucho menos castigo por las formas y demandas que se solicitan al momento de decidir cuestiones sustanciales que interesan a los jóvenes, lo que convierte a los colectivos juveniles en lugares de decisión por parte de estos mismos, así como también espacios de seguridad donde expresarse libremente respecto a lo que piensan y sienten:
Entrevistador: ¿Y en su organización ustedes qué pueden decidir?
Estudiante 1: “Todo pos...(risas)” (Joven mujer secundaria, Colectivo Educación No Sexista).
Estudiante 2: “Decidimos los tiempos, las actividades, las reuniones siempre de alguna u otra forma es como cabres reunión pal miércoles a las 4 y se ve quienes pueden y se hace y sino buscamos otro día” (Joven varón secundario, Colectivo Educación No Sexista).
Estudiante 3: “Aquí podís expresarte, ahí no pos hueon [en el liceo]” (Joven varón secundario, Colectivo Rapero).
Como un complemento de esta mirada juvenil respecto a sus propios espacios de poder en sus organizaciones, también se encuentran casos como los de un organismo de Derechos Humanos en los que trabajan así como se relacionan jóvenes y adultos, generando espacios intergeneracionales tanto de diálogo como de interacción. En esta línea, resulta interesante el caso del Colectivo de Educación No Sexista, en función de que deciden con qué adultos trabajar y bajo qué reglas o contextos, cuestión que se ve reflejada en la siguiente pregunta realizada a una joven activista:
Entrevistador: Si hacemos la misma pregunta pero pensando en tu organización, ¿cuáles son las principales decisiones que ustedes pueden tomar en la interna de la organización?
Estudiante 1: Todas...o sea de hecho nosotros contratamos a nuestros adultos asesores, nosotros hicimos como la convocatoria porque sabíamos que necesitábamos adultos asesores porque había plata involucrada, pero dijimos que si o si tenía que presentarse y decir si eras feminista, si tenías algo que aportar a la organización, algo que pudiera enseñar, entonces la relación es de igual a igual y eso me gusta caleta...trabajamos con hueones bacanes que son actores, escritores, profes de artes pero no nos ven como sus alumnos, nos ven como alguien igual, así como si tienen una idea nos la plantean y si nosotros tenemos una idea se las planteamos y tomamos todas las decisiones en conjunto y todos tenemos voz y voto y eso me gusta caleta porque nos ha funcionado bien hasta el momento. (Joven mujer secundaria, Colectivo Sexo-Político y Derechos Humanos)
Con lo anterior, queda claro que dentro de las organizaciones juveniles no hay espacios para una jerarquización del poder como la que opera en el interior del liceo, sino que lo que se despliega es efectivamente una división de este mismo y de los roles que se cumplen, para así construir un poder que se transforma en una constante toma de decisiones entre todos los integrantes de la organización.
Esto permite entonces develar que las organizaciones juveniles han sabido construir sus propias dinámicas de poder, a pesar de tener como ejemplo y experiencia de socialización la cultura escolar y la vida familiar, donde las jerarquías de poder están fuertemente marcadas y donde no existen autonomías y diversificaciones en la manera en que se toman las decisiones. Cuestión que resulta a lo menos extraña, debido a los múltiples estímulos y prohibiciones que se experimentan dentro de los liceos durante toda la trayectoria escolar, sin embargo, que igualmente puede ser explicado a partir de una ética que emerge en los jóvenes, la cual aborda fundamentalmente el eje de derechos que ellos sienten que tienen y quieren hacer valer.
Conclusiones
En este artículo se han diferenciado las percepciones juveniles respecto a las experiencias de ejercicio de poder que se llevan a cabo al interior de las distintas agrupaciones y colectivos de jóvenes, con lo que ellos mismos han experimentado al interior de los liceos. Así, se evidencia cómo en los distintos espacios de participación las relaciones y dinámicas de poder operan de manera horizontal y no jerarquizada (dentro de sus organizaciones) y cómo estas mismas se suprimen al momento de pasar a ser parte de una cultura y gestión escolar, que opera con una relación y dinámica del poder que es jerarquizada y marcada en función del disciplinamiento, el castigo y el control, todo esto de la mano del ideario adultocéntrico que configura el quehacer del liceo (profesores, directivos, entre otros).
No ha sido intención de este artículo apuntar a la cuestión del adultocentrismo como una categoría que esencializa la realidad social, sin embargo, se observa que las figuras adultas y el despliegue de su forma de dominación condicionan el poder que los jóvenes pueden tener dentro del liceo, sobre todo teniendo en cuenta la capacidad de decisión que estos podrían tener. Esto no resulta azaroso si al momento de ir fuera del liceo, y en particular en cada organización o colectivo, se observa que los jóvenes han logrado construir sus propias dinámicas de poder, con un carácter mucho más horizontal de lo experimentado en el liceo.
Son los propios jóvenes quienes identifican que el adultocentrismo es una categoría y una forma de organizar la realidad social, que atenta sobre la posibilidad de ostentar poder y de ejercerlo como tal, dado que, como se ha explicado a lo largo de este trabajo busca relegar a los jóvenes y niños a un lugar de minoridad, donde lo que se realiza no es valioso ni importante, dado que están en camino al desarrollo, es decir, en camino hacia la adultez que es el momento en donde sí se podría decidir y ostentar poder.
Con lo anterior se establece que el sistema educativo reproduce relaciones de poder que llevan a pensar en dominación y subordinación. Esto abre el espacio para repensar la escuela así como proponer arriesgar y comenzar a construir nuevas formas de relacionarse dentro de los liceos. Todo esto, vendría a dar cuenta de cómo la escuela ha leído y tratado a los jóvenes como meros estudiantes que solo necesitan de una educación que les brinde los conocimientos para “ser alguien en la vida”, es decir, llegar a la universidad e introducirse en el mundo laboral de la manera más exitosa posible.
Nuevamente se hace necesario apelar a la construcción de nuevas formas de encuentro, donde los diálogos intergeneracionales sean fructíferos y fraternos en función de realizar procesos democratizadores, donde el poder pueda permear a la esfera estudiantil y estos puedan decidir cuestiones que les competen de manera directa, que es lo que justamente los jóvenes esperan, así como también tener la posibilidad de asociarse y practicar aquello que realizan fuera de la escuela, sin el castigo o el control del mundo adulto, permitiendo así un paso hacía la transformación de su propia realidad.
No obstante, para lograr aquello hay algunas preguntas que deben ser planteadas: ¿Cómo la formación docente está explorando y promoviendo esta apertura y transformación de la cultura escolar?; ¿hasta qué punto existe noción de esta ruptura que existe entre la cultura escolar y las juveniles?; ¿qué mecanismos se podrían instalar para lograr alianzas y diálogos democráticos dentro de las instituciones educativas? Preguntas de este tipo permitirán reflexionar sobre el rol profesional que tienen los profesores, así como también el cuestionamiento que debe existir por parte del mundo adulto, para comenzar a compartir el poder con los demás actores educativos, en particular con estudiantes.
También ha quedado claro en este artículo, que donde existe poder también existe resistencia, dado que los jóvenes han encontrado espacios y formas de hacer frente al poder despótico que el mundo adulto ha desplegado en diferentes contextos, incluido el liceo. El poder que los estudiantes tienen les ha permitido dar a conocer nuevas formas de asociarse y por sobre todo demostrar que nuevas formas de tomar decisiones y de repartir el poder son posibles, tensionando así toda una tradición respecto a las formas de hacer y decidir que han existido en instituciones como la escuela o la familia.
Lo anterior, en ningún caso busca decir que los jóvenes son portadores de por sí -como si se tratara de una esencia- de una nueva forma de relacionarse socialmente con otros y otras, sino que solo busca evidenciar cómo a partir de las propias experiencias escolares, donde emergen relaciones de poder jerarquizadas, se han logrado construir relaciones y espacios que se alejan de esta lógica, para desde allí resistir y generar nuevas formas de interacción y trabajo.
Finalmente, una cuestión que esta investigación ha dejado en claro es que los quiebres existentes entre el poder que se ostenta fuera del liceo y el que se tiene dentro de él, es prácticamente total y mucho mayores que lo que se encuentra como continuidad. Esto último ligado solamente a aquello que se ha llamado como simulacro, donde están las elecciones del Centro de Estudiantes o de una directiva como grupo curso, dejando de lado cuestiones que son de peso para el destino del estudiantado, como por ejemplo reglamentos, manuales de convivencia, entre otras cuestiones. Esto, lleva nuevamente a demandar al liceo a buscar mecanismos que brinden la posibilidad de generar nuevos lenguajes, donde exista la posibilidad de respetar las asociaciones estudiantiles y su propia construcción de poder, el cual debe entrar en una dinámica con el poder adulto, para convivir y dejar de estar en contante cuestionamiento y pugna.
Referencias bibliográficas
Aguilera, Ó. (2016). Movidas, movilizaciones y movimientos. Cultura política y políticas de las culturas juveniles en el Chile de hoy. Ril Editores.
Alonso, L. E. (1998). La mirada cualitativa en sociología. Editorial Fundamentos.
Arias-Cardona, A. M., y Alvarado, S. V. (2015). Jóvenes y política: De la participación formal a la movilización informal. Revista Latinoamericana de Ciencias Sociales, Niñez y Juventud, 13(2), 581-594. http://dx.doi.org/10.11600/1692715x.1322241014
Ávila, M. (2005). Socialización, educación y reproducción cultural: Bordieu y Bernstein. Revista Interuniversitaria de Formación del Profesorado, 19(1),159-174.
Bialakowsky, A. (2015). Las “trampas” de la comunidad y el poder del desinterés en la perspectiva de Bourdieu. Astrolabio, (14), 66-92.
Bourdieu, P. (1990). La "juventud" no es más que una palabra. En P. Bourdieu (Ed.), Sociología y cultura (pp. 163-174). Editorial Grijalbo.
Bourdieu, P. (2010). La dominación masculina y otros ensayos. Editorial Anagrama.
Bourdieu, P., y Passeron, J-C. (2009). Los herederos. Los estudiantes y la cultura. Siglo XXI Editores.
Camacho, Y. V. (2011). Los maestros y las relaciones que establecen con la gestión escolar: Una lectura desde la Licenciatura en Biología. Bio-grafía: Escritos sobre la Biología y su Enseñanza, 4(6), 19-35.
Canales, M. (2006). Metodologías de investigación social. LOM Ediciones.
Castro, J. J., y Carreño, J. M. (2011). Poder, control y educación de los cuerpos. Educación Física y Deporte, 29(2), 291-296.
Contreras, P., y Montecinos, E. (2019). Democracia y participación ciudadana: Tipología y mecanismos para la implementación. Revista de Ciencias Sociales (Ve), XXV(2), 178-191.
De la Corte, L. (2000). Poder y conflicto en la escuela: una dimensión polémica de la educación. Tarbiya, (25), 21-48.
Dubet, F. (2005). Los estudiantes. CPU-e, Revista de Investigación Educativa, (1), 1-78.
Dubet, F. (2010). Crisis de la transmisión y declive de la institución. Política y Sociedad, 47(2), 15-25.
Dubet, F., y Martuccelli, D. (1998). En la escuela: Sociología de la experiencia escolar. Losada.
Foucault, M. (1983). El discurso del poder. Folios Ediciones.
Foucault, M. (1984). Vigilar y castigar. Nacimiento de la prisión. Siglo XXI Editores.
Foucault, M. (1994). Estética, ética y hermenéutica. Paidós.
Hilario, K. E. (2015). La teoría del poder de Foucault en el ámbito educativo. Horizonte de la Ciencia, 5(9), 127-133.
Ibáñez, T. (1983). Poder y libertad. Hora Ediciones.
Llanos, M. G. (2019). Percepciones de los hijos únicos sobre sus vivencias en la interacción universitaria. Revista de Ciencias Sociales (Ve), XXV(E-1), 400-414.
Marradi, A., Archentin, N., y Piovani, J. I. (2010). Metodología de las ciencias sociales. Cengage Learning.
Porta, L., y Silva, M. (2003). La investigación cualitativa: El análisis de contenido en la investigación educativa. Anuario Digital de Investigación Educativa, (14), 388-406.
Rodríguez, R. (2013). Educación del cuerpo y políticas educativas: De la formación superior al patio escolar. Revista Iberoamericana de Educación, 62, 107-117. https://doi.org/10.35362/rie620585
Salas, M. A. (2020). Percepción de la participación ciudadana en los gobiernos autónomos parroquiales rurales: Otavalo-Ecuador. Revista de Ciencias Sociales (Ve), XXVI(2), 163-179.
Tenti, E. (Junio de 2000). Culturas juveniles y cultura escolar. Seminario “Escola Jovem: un novo olhar sobre o ensino médio”. Secretaria de Educaçao Média e Tecnológica, Brasilia, Brasil.
Urresti, M. (1999). Cambio de escenarios sociales, experiencia juvenil urbana y escuela. En E. Tenti (Ed.), Una escuela para los adolescentes. Materiales para el profesor-tutor (pp. 9-72). UNESCO – UNICEF.
Villarreal, A. L. (2003). Relaciones de poder en la sociedad patriarcal. Revista Espiga, 4(7), 75-90.
Notas