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Contribuciones desde Coatepec, núm. Esp.0, 2021
Universidad Autónoma del Estado de México
Editado por: Miguel Ángel Flores Gutiérrez; René García Castro
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Editorial

Contribuciones desde Coatepec, núm. Esp.0, 2021
Universidad Autónoma del Estado de México

Este número especial de la revista Contribuciones desde Coatepec presenta una innovación interesante respecto a anteriores producciones, pero respeta su habitual formato editorial. Se trata de un volumen temático, dedicado a una línea de investigación que en los últimos años ha desarrollado el Cuerpo Académico Estudios Históricos de las Instituciones de la Facultad de Humanidades de la Universidad Autónoma del Estado de México (Uaemex): la visión territorial de México. Este perfil de trabajo implica recuperar la percepción del espacio que diversos sujetos e instituciones han tenido a través de los tiempos y que es susceptible de representarse en mapas. En el ejercicio del poder, por citar un ejemplo, los líderes estatales se han planteado la necesidad de conocer detalladamente las características del territorio bajo su responsabilidad, y en ese tenor han organizado instancias o grupos de personas dedicadas a levantar, trazar, editar y divulgar diversos materiales cartográficos, en los que se basan para instrumentar las políticas públicas indispensables. Los materiales resultantes, de este u otros ejemplos, que pueden ser localizados en archivos, bibliotecas y mapotecas, son idóneos de convertirse en objeto de estudio o herramientas de trabajo del historiador para explicar determinados procesos.

En este sentido, los mapas son productos culturales de gran importancia, pues permiten conocer y entender diversos aspectos del espacio, y no solo eso, también son documentos gráficos que muestran circunstancias históricas de gran utilidad para la investigación social, gracias al gran contenido informativo que pueden guardar. Por esta razón, el mapa y ciertos temas socio-espaciales constituyen el eje central del presente compendio. El mérito de los textos aquí presentes es que son resultado de trabajos originales que los autores han desarrollado mediante el tratamiento de problemas concretos, actividad que conllevó la investigación documental, la confrontación de fuentes y, por qué no, la discusión con algunos pares académicos en torno a las funciones de los materiales que tendrían que destacarse.

Un tópico singular es el que presenta Miguel Ángel Hernández Cervantes en su artículo “Una familia de mapas del Valle de México. La visión de tres científicos novohispanos: Enrico Martínez, Carlos de Sigüenza y Góngora y José Antonio Alzate”, porque revela varios tramas: uno de ellos es que del material originario de Martínez, producido en la primera década del siglo xvii, se desprendieron, en similar formato, además de los de Sigüenza y Alzate, más de diez ejemplares de otros autores, sobre todo a lo largo del siglo xviii, todos ellos para atender el asunto hidráulico del valle y así confirmar que son varios los componentes de esa “familia de mapas”. Otro de los asuntos es que los tres autores novohispanos, a pesar de que representaban el mismo espacio, lo hicieron con distinta visión respecto al recurrente tema, lo que hace interesantes los argumentos.

La aportación de Marisela de la Luz Beltrán Silva, “Participación de mineros del real de Temascaltepec en proyectos de defensa contrainsurgente, 1810-1811”, es un complemento ideal para entender la guerra de Independencia en México a partir de la visión realista apoyada por empresarios, miembros de la sociedad civil. La actividad metálica desde que inició el periodo novohispano siempre tuvo un carácter estratégico, tanto así que dio lugar a la formación del Real Tribunal de Minería en 1777, para regularla. La sede de este tribunal se ubicaba en la Ciudad de México, y estaba organizado, a nivel general, por diputaciones en cada distrito minero. Justamente, en este contexto surgieron personajes que rechazaron la intromisión de las huestes insurgentes en sus jurisdicciones, siendo una de ellas el real de minas de Temascaltepec, localizado al sur de lo que en la actualidad es el Estado de México. Del gremio de empresarios mineros de la zona, diversos personajes se abocaron a la formulación de, al menos, dos proyectos de defensa, que la autora del artículo muestra con el apoyo de mapas para conocimiento de los lectores: el primero de ellos es un material elaborado por Fermín de Reygadas, fechado en 1810; el segundo es del diseño de la autora para descubrir cómo, en el espacio central de México, se instrumentaba lo necesario para la defensa de la ciudad capital y áreas circunvecinas.

En la continuidad temática del volumen que se presenta está el artículo “Usos y desusos de cuatro cartas generales de México de la década de 1860” de Santiago Esteban Solano Hernández, donde se analizan varias hojas producidas entre 1862 y 1867, todas ellas bajo un formato gráfico sumamente parecido y con información estadística también similar. En la historiografía del siglo xix sobre el tema cartográfico se privilegian los nombres de dos célebres personajes: Antonio García Cubas y Manuel Orozco y Berra, pero, en la formación de estos cuatro planos, su participación fue, sin proponérselo, como proveedores de información. El contexto en el que surgieron los mapas objeto de estudio es la intervención francesa en México, por lo que la división territorial propuesta para el Segundo Imperio Mexicano se visualiza en dos de ellos, mientras que los otros dos muestran la división territorial después de la Guerra de Reforma y de la etapa conocida como la República Restaurada, respectivamente. El artículo destaca las evidentes similitudes de los cuatro mapas, algunas diferencias entre ellos e inexactitudes de los pliegos.

En materia de mapas, como imágenes gráficas susceptibles de consulta, está el texto “Joyas cartográficas del acervo documental de la Facultad de Humanidades de la Universidad Autónoma del Estado de México”, de Miguel Ángel Flores Gutiérrez. El autor da cuenta del valor documental e histórico del patrimonio universitario en esta materia. El origen del artículo se basó en los trabajos recientes de catalogación, clasificación y ordenamiento de la colección ubicada en la biblioteca de ese organismo académico; además, el proyecto contó con el apoyo de dos estudiantes de la Licenciatura en Historia y de Ciencias de la Información Documental, respectivamente. Si bien no se trata de un recuento exhaustivo de los mapas del inventario, lo que se muestra son algunos ejemplos representativos de la calidad y valía del acervo.

Viene enseguida la participación de Pedro Canales Guerrero y de Víctor Aarón Torres Rosas, con el artículo “La ‘crisis agrícola’ de 1785-1786 en Nueva España y sobremortalidades en Jiquipilco. Reconstrucción cartográfica de la disponibilidad de recursos, para un pueblo indio”. Los autores utilizan las herramientas de la cartografía reciente a partir de lo publicado por el inegi, para —en una suerte de historia regresiva, de larga duración— retrasar el proceso de la apropiación y distribución de los recursos —tierra, agua, bosques, pastos— entre colonizadores y pueblos indios; representan también la superficie perteneciente a uno y otro grupo social, así como su respectiva importancia demográfica. Esta reconstrucción, junto a la evolución comparada de los precios del maíz y las inhumaciones —entierros— mensuales, más otros documentos de la época, les permite discutir las tesis tradicionales —incluida la de Humboldt— sobre la relación entre la disponibilidad alimentaria y el incremento de la mortalidad en los llamados años del hambre. Así, sustentan que no existió tal correlación.

Cerramos las contribuciones con la reseña que Miguel Ángel Flores hace del libro de José Miguel Romero de Solís, Cartografía de Colima de la Nueva España de las Indias del Mar Océano. En esta descripción de la obra se recupera la visión del autor en torno a las representaciones del espacio novohispano, realizadas por diversos cosmógrafos —cartógrafos—, en donde la constante es la localización de Colima y su zona costera. El ejercicio de Romero de Solís tiene como virtud el haber recuperado y comentado diversas imágenes cartográficas, a veces difíciles de conseguir, para ilustrar la forma en la que ocurría tal emplazamiento del ahora occidente mexicano.

En suma, los aportes que aquí se presentan, lo hacen con el ánimo de generar inquietud en los lectores e interesados, para que, en un futuro no lejano, puedan emprender nuevas pesquisas de carácter histórico-cartográfico, en el sentido de que los mapas, afortunadamente, son fuente documental de gran valía e instrumentos de explicación de determinados procesos.

Por último, queremos agradecer a las autoridades de la Facultad de Humanidades de la Uaemex por la confianza que nos otorgaron para instrumentar este compendio de textos; asimismo, a los pares académicos externos que, en el anonimato, los dictaminaron y dotaron de comentarios sumamente útiles, que permitieron a los autores optimizar sus respectivos trabajos.

Miguel Ángel Flores Gutiérrez, coordinador

René García Castro, coordinador

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