RESEÑAS Y DEBATES
José Luis Moreno Pestaña: Retorno a Atenas. La democracia como principio antioligárquico. Madrid, Siglo XXI, 2019, 286 pp.
José Luis Moreno Pestaña: Retorno a Atenas. La democracia como principio antioligárquico. Madrid, Siglo XXI, 2019, 286 pp.
Araucaria. Revista Iberoamericana de Filosofía, Política y Humanidades, vol. 22, núm. 44, pp. 605-608, 2020
Universidad de Sevilla

| Moreno Pestaña José Luis. Retorno a Atenas. La democracia como principio antioligárquico.. 2019. Madrid. Siglo XXI. 286pp. |
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¿Es posible recuperar el fondo latente de la democracia ateniense y aprender de sus mecanismos y dispositivos de participación, motivaciones, conocimientos y cualidades? ¿De qué modo la interpretación que llevan a cabo Michel Foucault, Cornelius Castoriadis y Jacques Rancière de la democracia del Ática puede ser de utilidad a quienes reclaman hoy experiencias políticas más profundas y genuinas? ¿Cabe reactivar algunas de las instituciones democráticas del pasado y reactualizar sus procedimientos? ¿Y cómo puede articularse la democracia como principio antioligárquico? Estas y otras tantas cuestiones jalonan el ambicioso ensayo del profesor Moreno Pestaña Retorno a Atenas en el que sintetiza tres grandes momentos de la historia política occidental, a saber, la democracia ateniense, la década de los ochenta en la Francia del siglo XX y nuestro presente más inmediato. Lo primero que llama la atención es la disyuntiva a la que Moreno Pestaña se refiere con el circunloquio “la tangente de Edipo/Creonte” (p. 20): cualquier proceso democrático debe hacer frente a aquello que Joyce denominaba estar in twosome twiminds, es decir, tiene que afrontar un dilema: los procesos políticos de excepción reclaman líderes fuertes que aglutinan la confianza colectiva porque aparentemente persiguen el bienestar de las gentes, pero, a su vez, su acción política despierta reticencias entre quienes sospechan de las conspiraciones antidemocráticas de las elites. La búsqueda de un punto de equilibrio entre uno y otro polo del dilema lleva a su autor a abogar por la recuperación de saberes que pueden adquirirse por la inserción de los miembros de una comunidad política en procesos informales de distribución de competencias como, por ejemplo, el sorteo: las asambleas en las que hay una distribución sorteada de cargos rotativos ofrece una muestra de los procedimientos por los que es posible contrapesar epistemológicamente las derivas autocráticas de quienes ocupan el espacio del poder político. Es, no obstante, en la tragedia donde Moreno Pestaña encuentra un modelo antioligárquico que inspira prácticas democráticas de hondo calado institucional: lejos de repudiar a los miembros que conforman la pudiente oligarquía del Ática, la democracia los convierte en especialistas a los que se recurre en un proceso de concurrencia con otros especialistas para que administren los asuntos de la polis. Además, y para evitar que la arbitrariedad de la dominación de las elites se imponga como modelo de gobierno, Moreno Pestaña sugiere cortocircuitar la reconversión del capital económico en capital político por dos vías: por un lado, aislar la dominación y mostrar su irrelevancia política; por otro, evitar que una oligarquía poderosa se idealice como la única capaz de canalizar positivamente los intereses de los muchos.
Trazado el itinerario en la introducción, Moreno Pestaña encuentra en las reflexiones sobre la democracia ateniense de Cornelius Castoriadis y de dos pensadores encuadrados en la french theory, Michel Foucault y Jacques Rancière, el gozne sobre el que pivotan una serie de principios con los que, si no regular, sí al menos orientar la acción democrática contemporánea. Repasaré resumidamente los principales hitos de los ocho capítulos que componen el ensayo. En el primero de ellos, “¿Por qué volverse hacia Grecia?”, Moreno Pestaña comienza a desgranar el significado político de la lectura que Foucault realiza de la democracia ateniense, principalmente en sus cursos dictados en el Collège de France en las décadas de los setenta y ochenta del pasado siglo. A diferencia de Castoriadis, que en La institución imaginaria de la sociedad comprende que el problema central de la democracia en relación con la visión técnica y social del trabajo se halla en cómo la división técnica del trabajo legitima una jerarquía social que parece fundada en la razón, y el Rancière que en El filósofo y sus pobres acomete asimismo una crítica de la naturalización de las jerarquías inspirada, esta vez, en Platón, Foucault no encuentra “en los griegos ninguna continuidad con la crítica radical al capitalismo y al poder” (p. 44). Sin embargo, Foucault muestra algunos de los problemas centrales de las democracias hodiernas, como sucede en sus reflexiones sobre las condiciones de la isegoría o, inspirado en su lectura del Edipo Rey de Sófocles vía Jean- Pierre Vernant, sobre los regímenes de verdad, tema este último tratado en el segundo capítulo del ensayo. Las prácticas de verdad suponen dispositivos institucionales y vías prácticas, aunque para sostener esas prácticas deban forjarse relatos acerca de cómo se accede a la verdad: “la verdad se encuentra más allá de los procedimientos, pero sin ella no resulta posible practicarlos convencido” (p. 80). Efectivamente, para que los procedimientos de verdad funcionen hay que creer en aquello que de ningún modo es verificable. Castoriadis apunta con su concepto de imaginario a algo similar: la democracia se asienta en un conjunto de creencias que activan la praxis humana dentro del marco de lo que se considera estrictamente racional.
En “Atenas por el camino de la autogestión” se analiza cómo Foucault, que busca prácticas colectivas de fomento de la autonomía del sujeto inspiradas en Grecia, se encuadra en los años ochenta en un paradigma neoliberal que le lleva a defender posiciones cercanas a las de Milton Friedman: el mercado debe corregir y equilibrar los excesos del Estado, la política social neoliberal configura modelos de población menos burocráticos y menos disciplinarios que los modelos socialistas e incluso el sistema penal funciona como una racionalidad de gobierno que renuncia a disciplinar la libertad de los sujetos. Castoriadis, que al igual que Foucault, leerá con fruición la obra de Pierre Rosanvallon y Patrick Viveret Pour une nouvelle culture politique, defenderá por el contrario que una economía verdaderamente democrática prohíbe la apropiación privada de las rentas porque, curiosamente, sólo la igualdad mercantil de los consumidores garantiza un programa anticapitalista. Castoriadis “persigue modos de articulación del poder colectivo que permiten el fortalecimiento del individuo en el ejercicio del gobierno común: ese equilibrio virtuoso aparece en su lectura de la democracia de la época de Pericles” (p. 116). Un sujeto heterónomo nace con instituciones heterónomas que le imponen obediencia ciega ante una serie de verdades trascendentes. En este sentido, Castoriadis considera que la primera sociedad que rompió con esa estructura fue la polis democrática de la Hélade. Por su parte, y ya en el capítulo IV (“La lucha de clases en el dispositivo democrático”), Rancière subraya que la idea democrática está principalmente vinculada al sorteo y no tanto a la elección pues, no en vano, es la elección y no el sorteo el proceso político que conforma las oligarquías. Inspirándose paradójicamente en Platón o, por ser más preciso, en lo que cabe denominar el sesgo geométrico platónico, Rancière formula su defensa del sorteo porque, precisamente, el poder debe ser para aquel que no anhela e incluso rehúye el poder. El sorteo fuerza al gobernante a interrogarse por el ejercicio del poder y le obliga a legitimarse: “Rancière utiliza el sorteo como un operador filosófico democrático” (p. 141). De un lado, el sorteo rompe la causalidad autoritaria desde la que se articula poder; de otro, hace que los sujetos de una colectividad ocupen una posición que les lleva a actuar de forma imprevista, revelándose en su ejercicio cualidades políticas que ignoraban.
El capítulo V desarrolla los conceptos de isegoría . parresía desde la perspectiva de Foucault. Parresía, la posibilidad de hablar con franqueza y expresar todo aquello que uno quiere expresar, pasa en los cursos del Collège de France impartidos por Foucault por diferentes fases de análisis, y si en Hermenéutica del sujeto Foucault explora la relación entre dirección de conciencia y franqueza, en El gobierno de sí y de los otros considera que aparece ligada a la democracia, mientras que en El coraje de la verdad la parresía deja de pertenecer en exclusividad a la democracia porque, según el pensador galo, aquélla puede encontrarse en todo tipo de regímenes. En cualquier caso, parece que la degradación democrática quiebra el vínculo entre parresía y política pues, no en vano, isegoría, i.e., la libertad que asiste a todos para hablar en una relación de igualdad, y parresía, la posibilidad de expresarse uno abiertamente y con franqueza, se exigen mutuamente. También en el capítulo VI, “El significado de Pericles”, el profesor Moreno Pestaña continúa reflexionando sobre libertad de palabra, discurso verdadero, igualdad y necesidad democrática. “La verdad”, escribe siguiendo a Foucault, “introduce la diferencia en los discursos, los jerarquiza y, en ese sentido, introduce un principio aristocrático dentro de la experiencia democrática” (p. 193). Explorar las tensiones que laten en el anverso de la democracia a través de la lectura que Foucault hace de la democracia de Pericles, pero también de las aportaciones de Castoriadis quien, siguiendo en esto a Aristóteles, entiende la democracia como un régimen mixto con predominio del sorteo (el elemento específicamente democrático) sobre la elección (dispositivo aristocrático por antonomasia), son otros de los temas tratados en este apartado.
En los capítulos que cierran el ensayo, “Soviets y asambleas: de nuevo sobre Mitilene” y “Una filosofía política desde la democracia antigua y para la nuestra”, Moreno Pestaña lleva más lejos todavía si cabe esa suerte de Jetztzeit democrática, i.e., ese proceso de reactualización de la democracia del Ática al subrayar, primeramente, que la democracia hace posible que surja una inteligencia pública y colectiva porque se apoya en instituciones cuyo valor epistémico descansa en la confianza que los miembros de esa comunidad depositan en ellas; segundamente, “cómo puede construirse una filosofía de las asambleas democráticas según el ejemplo ateniense” (p. 241). Este último punto es quizá el aspecto más atractivo de cuantos vertebran el trabajo por cuanto conecta directamente enseñanzas extraídas de la democracia ateniense con experiencias vividas en España en la última década, sobre todo a partir del laboratorio político que fue y sigue siendo el 15M.
Retorno a Atenas constituye un excelente ejemplo del nuevo tipo de ensayo practicado por académicos que rehúyen, no sin razón, de ese academicismo que se apoya en la autoridad del pretendido especialista, que produce, casi siempre, un discurso autorreferencial sólo apto para quienes se mueven en espacios epistemológicos similares pero que, sobre todo, genera un corpus bibliográfico apabullante y en no pocas ocasiones plúmbeo. Nada de eso encontrará quien se acerque al homogéneo, erudito y muy ameno ensayo del profesor Moreno Pestaña. Y es que, a pesar de que tras su lectura le queda a uno la duda de si uno de los principales interlocutores –Foucault– es, frente a otros autores y pensadores estudiados a lo largo del libro (Jean-Pierre Vernant, Pierre Vidal-Naquet, Bernard Manin, Moses I. Finley, etc.), el referente más apropiado para entender qué es lo que perdura de la tradición democrática clásica y en qué, lo cierto es que Moreno Pestaña abre algunas sendas políticas a quienes quieren recuperar aquellos mecanismos de la democracia ateniense que pueden ser de alguna utilidad en este momento de desconfianza en las instituciones democráticas y en sus administradores y gestores.