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Reconociendo la Multitud de Obstáculos Enfrentados por Sobrevivientes de Violencia de Pareja Sin Hogar o con Vivienda Inestable
Recognizing the Multitude of Housing Barriers Facing Homeless and Unstably Housed Survivors of Intimate Partner Violence
Reconociendo la Multitud de Obstáculos Enfrentados por Sobrevivientes de Violencia de Pareja Sin Hogar o con Vivienda Inestable
Revista Interamericana de Psicología/Interamerican Journal of Psychology, vol. 55, núm. 2, 1569, 2021
Sociedad Interamericana de Psicología

Recepción: 01 Marzo 2021
Aprobación: 27 Septiembre 2021
Resumen: Las personas sobrevivientes de violencia de pareja buscan servicios en programas de violencia doméstica por múltiples razones. Acceder a una vivienda estable es una necesidad esencial para muchas y muchos sobrevivientes. Sin embargo, las agencias de violencia doméstica no suelen considerar esta necesidad dentro de los servicios que prestan. Los programas de violencia doméstica usualmente ofrecen planificación de seguridad, apoyo psicológico, grupos de apoyo y formas de vivienda temporal (albergues y vivienda transicional), pero es cada vez más necesario contar con asistencia para que las sobrevivientes puedan lograr una situación de vivienda segura y estable a largo plazo. Es imperativo entonces que los programas y su personal cuenten con la información, recursos y habilidades necesarias para asistir efectivamente a las sobrevivientes en esta necesidad primordial. Este estudio examinó cuáles son los principales obstáculos de vivienda enfrentados por 406 sobrevivientes de violencia de pareja que se encuentran sin hogar o en una situación de vivienda precaria y que han buscado ayuda en una de cinco agencias de violencia doméstica en Estados Unidos que participaron en este estudio. Se realizaron entrevistas en profundidad poco tiempo después de que las participantes solicitaron servicios de apoyo de las agencias. Los resultados revelan que muchas personas sobrevivientes tenían un historial previo de falta de vivienda y la gran mayoría informó enfrentar al menos cinco problemas que le dificultaron obtener vivienda segura y accesible. Los resultados enfatizan la importancia de que las intercesoras trabajando en agencias de violencia doméstica hagan preguntas específicas acerca de posibles obstáculos a la vivienda, y que tengan conocimiento, habilidades y conexiones comunitarias necesarias para asistir efectivamente a sobrevivientes sin hogar o en situación de vivienda precaria.
Palabras clave: Inestabilidad de vivienda, obstáculos de vivienda, violencia doméstica.
Abstract: Survivors of intimate partner violence (IPV) seek services from domestic violence (DV) programs for a multitude of reasons. One critical need for many survivors, that has often been overlooked when considering the services DV programs provide, is stable housing. DV programs typically offer safety planning, counseling, advocacy, support groups, and some form of temporary safe housing (e.g., shelter, transitional housing), but increasingly, survivors need assistance securing safe and stable long-term housing. It is imperative, then, that program staff have the information, resources, and skills needed to effectively assist survivors with this essential need. This study examined the housing barriers facing 406 homeless or unstably housed intimate partner violence survivors seeking help from one of five domestic violence programs. In-depth interviews conducted shortly after they sought services revealed that many survivors had a prior history of homelessness, and the vast majority reported at least five issues they faced that made obtaining safe and affordable housing difficult. Findings emphasize the importance of advocates specifically asking about potential housing barriers, and having the knowledge, skills, and community connections needed to effectively assist homeless and unstably housed survivors.
Keywords: Housing instability, housing barriers, domestic violence.
La violencia de pareja es un problema social de alcances internacionales y consecuencias devastadoras (Devries et al., 2013; Fleming et al., 2015). La Organización Mundial de la Salud (OMS) estima que un 30% de las mujeres ha sufrido violencia por parte de su pareja al menos una vez en su vida (OMS, 2019). Las formas de violencia de pareja incluyen actos de violencia física, abuso sexual, tormento psicológico, abuso económico, amenazas, hostigamiento, persecución, coerción y otras formas de control de la pareja o expareja (Breiding et al., 2014). Además, aquellas personas que han sufrido violencia de pareja presentan mayores riesgos de problemas de salud tanto física como emocional (Dillon et al., 2013), mayor tendencia al suicidio (McLaughlin et al., 2012), y abuso de substancias (Cafferky et al., 2018). Aunque menos mencionado en la literatura especializada, las[4] sobrevivientes de violencia de pareja también corren el riesgo de enfrentar inestabilidad de vivienda y encontrarse sin hogar (Adams et al., 2012; Daoud et al., 2016; Pavao et al., 2007; Stylianou & Pich, 2019).
En el caso de Estados Unidos, los programas sin fines de lucro orientados a combatir la violencia doméstica se fundan en la década de los 70 (Barner & Carney, 2011). Hoy en día, es posible encontrar alrededor de 2000 programas contra la violencia doméstica distribuidos por todo el país (National Network to End Domestic Violence, 2020). Creados originalmente con el objetivo de proveer apoyo inmediato y seguridad a sobrevivientes de violencia de pareja, estos programas han expandido sus servicios y aumentado su alcance, adaptándose así a nuevas condiciones, tanto en cuanto al financiamiento, como a los cambios sociopolíticos y a la evolución de las necesidades de las sobrevivientes (Hines & Douglas, 2011). Concebidas en general como agencias que brindan asistencia de emergencia, seguridad, terapia psicológica, grupos de apoyo y ayuda psicosocial, algunos programas de violencia doméstica también responden a trastornos duales (Bennett & O’Brien, 2007; Mason, & O'Rinn, 2014), trauma acumulativo (Sullivan et al., 2018; Wilson et al., 2015), y experiencias de coerción reproductiva (Grace & Anderson, 2018; McGirr et al., 2017). La necesidad de contar con vivienda estable es un asunto de igual importancia para las sobrevivientes de violencia de pareja que buscan apoyo en programas de violencia doméstica (Adams et al., 2018; Baker et al., 2010; Sullivan, López- Zerón, et al., 2019; Sullivan & Virden, 2017).
En el caso latinoamericano, las políticas públicas con enfoque de género cobran relevancia en los años 90, al recomendarse la creación de centros de acogida como respuesta institucional a la violencia contra las mujeres (Hasanbegovic, 2019). En países sudamericanos como Uruguay, Argentina, Ecuador y Chile, los programas sociales orientados a erradicar la violencia de género datan de principios de los 2000, implementando medidas que se basan en la protección de las mujeres y sus hijos, y la recuperación de la autonomía de las mujeres a través de la provisión de refugios (también llamadas casas de acogida, casas de medio camino) (Hasanbegovic, 2019; Miranda y González, 2018). En general, se trata de políticas orientadas a la intervención estatal, con enfoques remediales o criminalizadores y poco énfasis en la promoción de derechos o la comprensión de la etiología del problema de la violencia de género (Lemaitre et al., 2014). En comparación a otros países, incluyendo Estados Unidos, tanto la generación de políticas diseñadas según la cultura y realidad local, como la evolución de los programas que atiendan al problema de la violencia de género y acceso a la vivienda ha sido más lenta en Latinoamérica, y, en algunos casos, aún orientada al familiarismo y la reproducción de estereotipos de género (Hasanbegovic, 2019).
La interrelación entre Violencia de Pareja y Vivienda
La violencia de pareja es uno de los factores que más puede contribuir a la falta de vivienda de la muquejer (Daoud et al., 2016; Pavao et al., 2007). Esto se observa especialmente en países donde las mujeres se encuentran desprotegidas por el Estado y la legislación, y carecen de apoyo de sus comunidades (OHCHR, 2012). Las trayectorias que conducen a sobrevivientes de violencia doméstica a la inestabilidad de vivienda, o a quedarse sin hogar, son complejas y polifacéticas. En algunas trayectorias, la pareja agresora intencionalmente sabotea la vivienda de su víctima al destruir propiedad (lo que puede derivar en deuda o desalojo), deja de pagar el alquiler o crédito hipotecario, interfiere con el desempeño escolar o laboral de la víctima con el fin de afectar negativamente sus finanzas (Adams et al., 2012), o continúa hostigando y atacando a la víctima, obligándola así a cambiar de residencia (Baker et al., 2003). También existen trayectorias indirectas hacia la inestabilidad de vivienda: el trauma sufrido por el maltrato continuo, por ejemplo, puede afectar a algunas sobrevivientes, impidiéndoles concentrarse, recordar o pensar claramente, lo que repercute en su capacidad para mantenerse al día con sus cuentas, desempeñarse en su empleo u otras actividades cotidianas (Sullivan et al., 2018; Warshaw et al., 2009). Además, algunos propietarios discriminan a arrendatarias sobrevivientes de violencia de pareja porque temen que su propiedad sea destruida, que llamen a la policía y/o que las sobrevivientes no puedan pagar el alquiler debido a las secuelas del abuso (Barata & Stewart, 2010). Sumado a la escasez de vivienda a precios accesibles, estos factores pueden combinarse y aumentar los riesgos de inestabilidad de vivienda y de quedarse sin hogar entre sobrevivientes de violencia de pareja.
Aun cuando cualquiera puede ser víctima de violencia de pareja, algunas personas enfrentan mayores riesgos debido a su situación sociopolítica. Las mujeres presentan mayor riesgo de sufrir violencia sexual severa que los hombres (OMS, 2021). Asimismo, en el contexto de Estados Unidos, las mujeres de color tienen mayor riesgo de sufrir violencia de pareja que las mujeres blancas (Breiding et al., 2014). También en Estados Unidos, aquellas personas con un nivel socioeconómico más bajo (Abramsky et al., 2011; James et al., 2013) con discapacidades (Breiding & Armour, 2015), y aquellas que enfrentaron violencia durante la infancia (Nyamathi et al., 2001) tienen un mayor riesgo de sufrir violencia. Muchos de estos factores sociopolíticos también impactan en el riesgo de quedarse sin hogar. Si bien en el caso estadounidense la inestabilidad de vivienda se debe en gran parte a la falta de viviendas a precios accesibles (Donaldson & Yentel, 2019), el riesgo de quedarse sin hogar aumenta para las personas de color (Olivet et al., 2018), las que viven en pobreza (Apicello, 2010), tienen discapacidades (Curtis et al., 2014), y sufrieron adversidades durante su infancia (Montgomery et al., 2013).
Por otra parte, si las personas que han sobrevivido violencia de pareja no cuentan con una vivienda segura, difícilmente podrán estabilizar otros aspectos de su vida y la de sus hijos (Clough et al., 2014). Por lo tanto, es imperativo contar con programas de violencia doméstica que aborden el problema de la vivienda como un asunto crítico, fortaleciendo a sus equipos para que tengan conocimiento, habilidades y conexiones comunitarias acorde a esta necesidad. Un paso importante en este proceso es identificar los distintos obstáculos que enfrentan las sobrevivientes de violencia de pareja relacionados a conseguir y mantener una vivienda estable. Este conocimiento es fundamental para diseñar respuestas apropiadas a estos obstáculos.
Obstáculos para obtener y mantener vivienda, según las sobrevivientes de violencia de pareja
Estudios previos han descrito que las personas sobrevivientes de violencia de pareja identifican, como obstáculo común, el simple hecho de no tener suficiente dinero para pagar el alquiler o el depósito de garantía (Clough et al., 2014; Daoud et al., 2016; Pavao et al., 2007). Asimismo, algunas sobrevivientes no tienen historial de crédito o tienen un historial deficiente (Adams, Littwin, et al., 2019). Otras personas han descrito obstáculos relacionados con la discriminación (Barata & Stewart, 2010; Gezinski & Gonzalez-Pons, 2019; Ponic & Jategaonkar, 2010), lenguaje, y situaciones migratorias irregulares, que dificultan el poder encontrar vivienda (Gezinski & Gonzalez-Pons, 2019; Hernández-Martinez et al., 2018). Por otra parte, la estabilidad de vivienda también se ve en riesgo cuando la pareja agresora continúa violentando, amenazando u hostigando a la o el sobreviviente (Baker et al., 2003; Daoud et al., 2016). Además, en varios países se ha observado que, debido a roles de género, muchas mujeres no son propietarias de sus hogares, lo que aumenta las posibilidades de ser víctima de violencia doméstica, así como también repercute en su inestabilidad de vivienda, al ser muy difícil alquilar o comprar casas nuevas, carecer de refugios, o protegerse de prácticas discriminatorias que amenazan su seguridad (OHCHR, 2012).
Existe aún poco conocimiento respecto al historial de vivienda o a los obstáculos para acceder a la vivienda que enfrentan las sobrevivientes de violencia de pareja y que buscan apoyo en programas de violencia doméstica. Para abordar esta brecha, el presente estudio contempló entrevistas presenciales con 406 sobrevivientes sin hogar o en situación de vivienda precaria, que buscaban servicios en uno de cinco programas de violencia doméstica localizados en la costa pacífica norte de Estados Unidos. Las entrevistas se realizaron poco después de que los servicios fueran solicitados, para entender mejor su historial de vivienda y los factores conducentes a la búsqueda de ayuda, así como el nivel y alcance de inestabilidad de la situación de vivienda enfrentado por las sobrevivientes.
Método
El presente estudio fue realizado con datos de línea base provenientes de una investigación longitudinal más amplia, que examina la efectividad de los servicios de apoyo para víctimas de violencia de pareja en situación de vivienda inestable a obtener una vivienda segura y estable. Específicamente, este estudio examinó cuáles son los principales obstáculos de vivienda enfrentados por 406 sobrevivientes de violencia de pareja que se encuentran sin hogar o en una situación de vivienda precaria y que han buscado servicios de apoyo en una agencia de violencia doméstica en Estados Unidos.
Participantes
Las participantes fueron reclutadas en cinco organizaciones de apoyo a víctimas de violencia doméstica, dos de ellas urbanas y tres rurales, ubicadas en un estado del Noroeste de Pacífico estadounidense. Las sobrevivientes fueron invitadas a participar en el estudio poco después de su ingreso a recibir servicios de apoyo. Durante el proceso de reclutamiento de participantes para el estudio, los equipos de las agencias informaron a las investigadoras que cerca de 597 personas estaban interesadas en saber más sobre la investigación. Las investigadoras lograron ponerse en contacto con 514 de estas usuarias, a los que se les entregó más información sobre el estudio (ej., cantidad de entrevistas, temas a tratar en la entrevista, acuerdo de confidencialidad, remuneración por participación, etc.) y se confirmó que las sobrevivientes cumplían con los criterios de elegibilidad. Los criterios de elegibilidad incluyeron: (1) haber vivido violencia de pareja recientemente, (2) haber estado sin hogar o en una situación de vivienda precaria, (3) haber contactado un programa de violencia doméstica buscando servicios de apoyo en las últimas tres semanas y (4) hablar inglés o español, o estar dispuesta a participar con el apoyo de una interprete. Las personas a cargo del reclutamiento determinaron que 76 (15%) de los 514 participantes no cumplían con los criterios de elegibilidad, tanto por no haber sido víctimas recientes de violencia de pareja, como por no haber estado sin hogar o en situación de vivienda precaria. Treinta y dos sobrevivientes (7%) declinaron su participación luego de recibir más información sobre el estudio. La muestra final consistió en 406 participantes (93% de las 438 clientas que cumplían los criterios de elegibilidad).
Las entrevistas fueron conducidas en inglés (88%) y español (12%) dependiendo de la preferencia de las participantes. Cada participante recibió un pago de $50 dólares por entrevista. Las entrevistas se realizaron en persona en un lugar privado, conducidas por entrevistadoras especialmente preparadas y altamente calificadas para la tarea. Las entrevistadoras recibieron una capacitación inicial centrada en el protocolo de investigación. Durante el periodo de recopilación de datos, las entrevistadoras recibieron múltiples capacitaciones especializadas en temas de violencia de género, efectos del trauma, y procesos de entrevistas con sobrevivientes de violencia. El estudio cumple con los requerimientos éticos de investigación estipulados por la regulación estadounidense, específicamente aprobados por el Consejo de Revisión Institucional de de la Universidad Estatal de Michigan. Más información y detalle acerca del diseño y metodología de la investigación longitudinal se encuentra en otro artículo recientemente publicado (Sullivan et al., 2020).
Instrumentos de Medición
Las entrevistas de línea base registraron información demográfica de las participantes, así como su historial de violencia, estabilidad económica, estabilidad de vivienda y bienestar. La mayoría de las preguntas se centraron en los seis meses anteriores, en concordancia con el diseño del estudio longitudinal del estudio (cinco entrevistas, realizadas a lo largo de 24 meses, cada una con un intervalo de seis meses). Además, se incluyeron preguntas respecto al historial de experiencias de no tener hogar a lo largo de la vida de las entrevistadas.
Experiencias de violencia. El historial de violencia física, emocional, abuso sexual y acoso fueron medidos utilizando la Escala de Maltrato Compuesta (CAS por sus siglas en ingles) de 28 ítems (Hegarty, et al., 1999; Loxton et al., 2013). Estudios de validación han encontrado que esta escala tiene alta consistencia interna (alfa de Cronbach >.85). De los 28 ítems de esta escala, 10 miden violencia física, 13 violencia emocional, uno abuso sexual y cuatro miden acoso (Loxton et al., 2013). Se sumaron cuatro nuevos ítems para evaluar comportamientos violentos cuya medición en la escala original no era adecuada: 1) le acechó, 2) le estranguló, 3) le exigió sexo sin importar si usted quería o no, 4) forzó actividades sexuales.
Las preguntas utilizaron la consigna “si sucedió alguna vez, ¿qué tan seguido [nombre de la pareja]: …?” Las respuestas de la escala original eran “diariamente”, “una vez a la semana”, “una vez al mes”, “muchas veces”, “solamente una vez” y “nunca.” Las opciones de respuesta se modificaron para este estudio para coincidir con las entrevistas programadas cada seis meses. Por lo tanto, las opciones de respuesta para este estudio se ordenaron de 0 a 5: 0= “nunca”, 1= “una vez”, 2= “algunas veces o entre 2 o 3 veces en los últimos 6 meses”, 3= “una vez al mes”, 4= “una vez a la semana”, 5= “todos los días.” El alfa de Cronbach para la medida completa fue de .95 (M = 1.69, SD = 1.53).
Además, se utilizó la Escala Revisada de Abuso Económico de 14 ítems, (SEA2; Adams, Greeson, et al., 2019) para medir tácticas abusivas dirigidas específicamente para poner en riesgo la estabilidad económica de la pareja. Las opciones de respuesta se refirieron a los seis meses anteriores, y se organizaron de 1= “nunca”, a 4= “muy frecuentemente.” Se incluyó una opción de respuesta adicional “no en los últimos 6 meses, pero si ha ocurrido.” El alfa de Cronbach de la medida fue de .91 (M=1.46, SD= 1.04).
Obstáculos para obtener vivienda. Se midieron obstáculos comunes en el acceso a la vivienda, utilizando una versión modificada de un índice de 19-ítems incluido en el Estudio de Opciones Familiares (Gubits et al., 2015). Los ítems incluidos se relacionaron con falta de ingresos, historial de crédito deficiente, problemas de transporte, historial de desalojo, deudas de alquiler en residencias previas o deudas de servicios básicos, falta de empleo, incumplimiento de contratos de arriendo previos, historial criminal, estatus de inmigración, tener tres o más hijos viviendo en el hogar, tener adolescentes viviendo en el hogar, tener mascotas que no sean aceptadas por los propietarios, tener personas con discapacidad viviendo en el hogar y haber tenido experiencias de discriminación.
Dos ítems de la escala original se modificaron ligeramente: “historial de crédito deficiente” se modificó a “falta de historial de crédito o historial de crédito deficiente” y “discriminación racial” se modificó a “discriminación” para capturar diferentes formas de discriminación, como, por ejemplo, la asociada a la discapacidad. Se agregaron cuatro ítems adicionales luego de consultar con expertos en el campo. Estos ítems fueron: (1) deudas de alquiler en residencies previas, (2) deudas de servicios básicos impagas, (3) estatus de inmigración y (4) tener mascotas que algunos propietarios no aceptan. Las opciones de respuesta incluyeron desde 1 = “no es un problema para nada”, a 3 = “es un gran problema”. El alfa de Cronbach para esta medida fue de .78 (M = 1.98, SD = 1.48). Para facilitar la interpretación, se combinaron tipos similares de obstáculos de vivienda en cinco grupos: 1) Economía Básica, 2) Historial de Alquiler, 3) Obstáculos Legales, 4) Eventos Negativos Relacionados con Viviendas Previas y 5) Dependientes.
Historial de las personas sin hogar. Se le solicitó a las sobrevivientes responder una serie de peguntas sobre su situación de vivienda actual, número de mudanzas y de haber estado sin hogar durante los últimos seis meses, además de ítems relacionados a haber estado sin hogar a lo largo de la vida. También se les preguntó sobre la frecuencia y el tipo de situación (con padres/apoderados, o solas) en que se encontraron cuando estuvieron sin hogar antes de los 18 años.
Depresión. Para evaluar sintomatología depresiva, se utilizó un el instrumento “Cuestionario de Salud del Paciente” de 9 ítems (PHQ-9) (Kroenke et al., 2001). Las respuestas se registraron usando una escala de cuatro puntos, que podía variar de 0 = “para nada” a 3 = “casi todos los días,” refiriéndose a sentimientos vividos durante las últimas dos semanas. El rango de puntaje fue entre 0 y 27, con puntos de corte para indicar la presencia y grado de sintomatología depresiva de las participantes. Un puntaje de 0 indica ausencia de síntomas, mientras que de 1 a 4 indica niveles mínimos de depresión. De 5 a 9 indica depresión leve, de 10 a 14 moderada y de 15 a 27, depresión severa (Kroenke et al., 2001). El alfa de Cronbach para la medida fue de .88. (M= 12.99SD=6.73). En caso de que la participante haya dado una respuesta afirmativa a cualquiera de estos ítems, se le pidió que contestara un ítem final. En este ítem se buscó evaluar que tanta dificultad le causaron estos problemas en el área laboral, al hacerse cargo de asuntos de la casa, o para poder llevarse bien con otras personas. Las respuestas se organizaron de 0 = “ninguna dificultad” a 3 = “mucha dificultad.”
Ansiedad. Para medir ansiedad, se utilizó el instrumento de Desorden de Ansiedad Generalizada de 7 ítems (GAD-7 por sus siglas en inglés; Spitzer et al., 2006). Las respuestas se refirieron a sentimientos experimentados durante las últimas dos semanas, usando una escala de 0 = “para nada” a 3 = “casi todos los días”. Los puntajes fueron de 0 a 21, con puntos de corte para indicar la presencia y grado de ansiedad de las participantes. Un puntaje de 0 indica ausencia de síntomas. Un puntaje entre 1 y 4 indica niveles mínimos de ansiedad, mientras que de 5 a 9 una ansiedad leve, entre 10 y 14 moderada y entre 15 y 21 ansiedad severa (Spitzer et al., 2006). El alfa de Cronbach para la medida de 7 ítems fue de .91 (M=12.16 SD=6.28). En caso de que la participante haya dado una respuesta afirmativa a cualquiera de estos ítems, se le pidió que contestara un ítem final. En este ítem se buscó evaluar que tanta dificultad le causaron estos problemas en el área laboral, al hacerse cargo de asuntos de la casa, o para poder llevarse bien con otras personas. Las respuestas se organizaron de 0 = “ninguna dificultad” a 3 = “mucha dificultad.”
Este estudio buscó conocer cuáles eran los principales obstáculos que las sobrevivientes de violencia doméstica enfrentaron al momento de intentar conseguir vivienda. Para analizar los datos del estudio actual, realizamos una serie de análisis descriptivos univariados y bivariados (por ejemplo, medidas de frecuencia, medidas de tendencia central, medidas de dispersión).
Resultados
Datos Demográficos
La mayoría de las personas que participaron en el estudio fueron mujeres (97%) heterosexuales (86%), entre 19 y 62 años de edad (en promedio 34.5 años). El 65% de las personas que participaron se definieron como parte de alguna minoría racial o étnica: latinas (35%), afroamericanas (19%), indígenas norteamericanas (12%), asiáticas (, 4%) o del medio oriente (1%). De ese 65%, un 15% seleccionó más de una categoría racial o étnica, indicando ser multirracial o multi-etnoracial. El 74% de las personas que participaron en el estudio dijo tener hijos menores de edad bajo su tutela y responsabilidad.
La mayoría de las participantes tenía como primera lengua el inglés (80%). Las personas inmigrantes representaron un 18% del total de participantes. Las participantes también reportaron niveles educacionales considerablemente variados: un 29% no completó la educación secundaria, el 22% reportó haber terminado la educación secundaria o un grado equivalente, el 29% alcanzó un nivel técnico o cursó algunas clases en la universidad y el 20%, completó un grado universitario.
Experiencias de Violencia antes de Ingresar a la Agencia
Las sobrevivientes reportaron enfrentar distintas formas de violencia de pareja en seis meses previos a la entrevista incluyendo: violencia psicológica (96%), física (93%), económica (89%), acoso (90%) y abuso sexual (53%). De las participantes con uno o más hijos o hijas, la mayoría (89%) reportó que el o la agresor(a) usó a los hijos o hijas en su contra durante los seis meses previos a la entrevista.
Situación Económica y de Vivienda Inestable antes de Ingresar a la Agencia
Al momento de comenzar su participación en el estudio, el 42% de las personas se encontraban sin hogar: 36% vivía en albergues o viviendas transicionales, y 6% vivía en la calle. Las otras participantes tenían viviendas inestables: 24% estaban viviendo en hogares propios o alquilados, 22% con familia y amigos sin pagar el alquiler, 9% con familia y amigos y pagando parte del alquiler y 3% estaba en una vivienda transicional o en un programa de tratamiento residencial.
La mayoría de las personas entrevistadas (73%) habían estado sin hogar alguna vez anteriormente. De aquellas personas que había estado sin hogar, acumularon un promedio de un poco más de dos años sin hogar. Casi un tercio (33%) había estado sin hogar por lo menos una vez antes de los 18 años. Un 17% de las participantes habían estado en hogares temporales de acogida. La gran mayoría de la muestra (87%) se había quedado con familiares o amigos al menos una vez para evitar estar sin techo.
Más de la mitad de las participantes habían estado empleadas (58%) en algún momento durante los seis meses previos a la entrevista, pero sólo un 35% estaba empleada al momento de la entrevista. De las que habían perdido su empleo en los últimos seis meses, el 70% reportó que esto se debió a la situación de violencia vivida.
Alrededor de dos tercios de la muestra reportaron ingresos de menos de USD$25,000 en el año anterior y sólo un 5% reportó haber podido llegar con dinero hasta fin de mes. El 35% anticipó que frecuentemente o muy frecuentemente iban a tener que prescindir de cosas básicas para cubrir las necesidades de su familia en los próximos seis meses, como por ejemplo no tener suficiente comida o no poder cubrir los gastos médicos.
Necesidades y Obstáculos de vivienda
La mayor parte de las participantes (62%) se acercaron al programa buscando ayuda a largo plazo, mientras que el 30% requería ayuda a corto plazo y el 8% no estaba segura. El 77% esperaban que la agencia les ayudara a encontrar un hogar nuevo y seguro, mientras que 18% querían quedarse o regresar a su hogar y 5% no estaba segura.
Las sobrevivientes reportaron haber enfrentado numerosos problemas para obtener o mantener su vivienda. De un listado de 23 obstáculos comunes para obtener vivienda, las participantes confirmaron que entre 0 y 21 de los obstáculos de la lista representaron un problema al momento de obtener vivienda. Como ilustra la Tabla 1, los obstáculos más comúnmente reconocidos fueron no tener suficientes ingresos para pagar el alquiler (94%) y no poder pagar el mes de garantía o el primer/último mes de alquiler (92%). Un pequeño porcentaje de participantes (15%) reportó haber enfrentado menos de 5 obstáculos. Del 85% que reconoció cinco o más obstáculos, el 54% reportó entre 5 y 10 obstáculos, 27% entre 11 y 15, mientras que un 4% indicó más de 15 obstáculos para conseguir vivienda.
| Obstáculo de vivienda | Gran problema | Pequeño problema | No fue problema | No sabe/ No respondió |
| No tener suficientes ingresos para pagar el alquiler | 83% (N=334) | 11% (N=44) | 6% (N=26) | 0.2% (N=1) |
| No poder pagar el depósito de garantía o el primer/último mes del alquiler | 82% (N=332) | 10% (N=41) | 8% (N=32) | - |
| Historial de crédito malo o inexistente | 62% (N=252) | 20% (N=80) | 17% (N=70) | 1% (N=3) |
| Estar desempleada(o) | 60% (N=241) | 13% (N=53) | 27% (N=110) | 0.2% (N=1) |
| No tener transporte para buscar vivienda | 37% (N=148) | 22% (N=88) | 42% (N=169) | - |
| No tener referencias de propietarios anteriores | 34% (N=137) | 17% (N=69) | 48% (N=195) | 1% (N=4) |
| No tener historial de alquiler local por haberse mudado recientemente | 28% (N=113) | 13% (N=54) | 58% (N=228) | 2% (N=10) |
| No tener historial de alquiler | 26% (N=104) | 22% (N=90) | 51% (N=207) | 1% (N=4) |
| Haber sido desalojado(a) | 21% (N=85) | 6% (N=26) | 72% (N=292) | 0.5% (N=2) |
| Tener deudas de servicios básicos impagas | 18% (N=73) | 16% (N=64) | 65% (N=265) | 1% (N=3) |
| Discriminación | 18% (N=72) | 23% (N=91) | 58% (N=235) | 2% (N=7) |
| Deber alquiler de residencias previas | 17% (N=70) | 7% (N=30) | 75% (N=305) | - |
| Tener mascotas que algunos propietarios pueden no aceptar | 17% (N=70) | 10% (N=41) | 73% (N=294) | - |
| Problemas con propietarios anteriores | 17% (N=69) | 14% (N=56) | 69% (N=279) | 0.2% (N=1) |
| Tener antecedentes penales o criminales | 16% (N=64) | 10% (N=39) | 75% (N=302) | - |
| Haber tenido problemas con la policía | 16% (N=63) | 6% (N=24) | 79% (N=318) | - |
| Haber incumplido contratos de alquiler anteriormente | 10% (N=40) | 6% (N=24) | 84% (N=338) | 1% (N=3) |
| Tener 3 niños(as) o más viviendo en el hogar | 9% (N=35) | 5% (N=22) | 86% (N=347) | 0.2% (N=1) |
| Tener antecedentes legales asociados a drogas | 7% (N=30) | 2% (N=9) | 90% (N=366) | - |
| Tener a alguien con discapacidad viviendo en el hogar | 7% (N=30) | 8% (N=31) | 85% (N=344) | - |
| Estatus inmigratorio | 7% (N=29) | 4% (N=15) | 89% (N=360) | 0.2% (N=1) |
| Alguien en el hogar a alguien menor de 21 años | 6% (N=23) | 6% (N=24) | 88% (N=358) | - |
| Tener adolescentes viviendo en el hogar | 4% (N=17) | 5% (N=22) | 90% (N=366) | - |
Como se muestra en la Tabla 2, estos 23 obstáculos fueron organizados en categorías para facilitar la interpretación. La primera categoría – Economía Básica – comprendió de 5 ítems que reflejaron obstáculos relacionados a la situación financiera personal. Estos fueron los problemas más reconocidos por las participantes, incluyendo, por ejemplo, no tener dinero para pagar el alquiler, servicios básicos, o deudas de crédito. A excepción de seis participantes, la gran mayoría de las participantes (96%) reconoció algún ítem de este grupo como problemático. El segundo grupo -Historial de Alquiler- constó de tres ítems que se concentraron en la falta de historial de alquiler y las referencias necesarias para solicitar y obtener vivienda de alquiler. La mayor parte de las participantes reconocieron que al menos uno de estos tres ítems había sido un problema para ellas al momento de encontrar vivienda. Casi dos tercios (63%) indicaron que su historial de alquiler significó un “gran problema” para obtener vivienda.
El tercer grupo, denominado Obstáculos Legales, comprendió problemas relacionados con aspectos legales que pudieran impactar la vivienda. Aproximadamente el 60% de las sobrevivientes indicaron que problemas legales o criminales afectaron su búsqueda de vivienda. El cuarto grupo -Eventos Negativos Relacionados con Viviendas Previas- comprendió 5 ítems relacionados con eventos o situaciones negativas en viviendas anteriores. Más de la mitad de la muestra (57%) indicó que al menos uno de estos ítems había representado un problema para obtener vivienda. El quinto grupo -Dependientes- reflejó obstáculos relacionados a vivir con o cuidar a otras personas en el hogar. La mitad de las participantes indicaron al menos uno de los ítems de este grupo como influyentes en su situación de vivienda.
Sintomatología de salud mental como posibles obstáculos para la vivienda
La depresión y la ansiedad pueden dificultar las actividades cotidianas, necesarias tanto para obtener como mantener una vivienda. En esta muestra, dos tercios las sobrevivientes (66%) reportaron niveles de sintomatología depresiva en rangos moderados o severos, un 88% comentó que esta sintomatología interfería con su funcionamiento diario (28% indicó que interfería un poco, 30% que interfería moderadamente, y el 30% que interfería mucho). En cuanto a la medición de ansiedad, el 63% de las participantes reportaron niveles moderados y severos de ansiedad y el 85% reconoció que sus niveles de ansiedad interferían con sus actividades cotidianas (24% indicó que interfería un poco, el 30% que interfería moderadamente y el 31% que interfería mucho).
| Obstáculo de Vivienda | Porcentaje que reconoció al menos un ítem en este grupo como problema | Porcentaje que reconoció al menos un ítem en este grupo como un gran problema |
| Economía Básica | ||
| No tener suficientes ingresos para pagar el alquiler | 99% | 96% |
| No poder pagar el depósito de garantía o primera/último mes de alquiler | ||
| Estar desempleada(o) | ||
| Historial de crédito malo o inexistente | ||
| No tener transporte para buscar vivienda | ||
| Historial de Alquiler | ||
| No tener historial de alquiler | 84% | 63% |
| No tener referencias de propietarios anteriores | ||
| No tener historial de alquiler local por haberse mudado recientemente. | ||
| Obstáculos Legales | ||
| Tener antecedentes legales asociados a drogas | 59% | 37% |
| Haber tenido problemas con la policía | ||
| Discriminación | ||
| Tener antecedentes penales o criminales | ||
| Estatus inmigratorio | ||
| Eventos Negativos Relacionados con Viviendas Previas | ||
| Haber sido desalojado(a) | 57% | 40% |
| Tener deudas de servicios básicos impagas | ||
| Deber alquiler de residencias previas | ||
| Problemas con propietarios anteriores | ||
| Haber incumplido contratos de alquiler anteriormente | ||
| Dependientes | ||
| Alguien en el hogar a alguien menor de 21 años | 50% | 30% |
| Tener a alguien con discapacidad viviendo en el hogar | ||
| Tener 3 niños(as) o más viviendo en el hogar | ||
| Tener mascotas que algunos propietarios pueden no aceptar | ||
| Tener adolescentes viviendo en el hogar | ||
Discusión
Este es el primer estudio que pregunta a una muestra amplia de sobrevivientes de violencia de pareja sin hogar o con viviendas inestables acerca de los factores que les dificultan encontrar o mantener una vivienda. Como tal, este estudio provee información fundamental para orientar los esfuerzos de quienes buscan promover la estabilidad y seguridad a largo plazo de sobrevivientes de violencia de pareja. En un contexto en que las opciones de vivienda a precios accesibles son cada vez más escasas y las tasas de pobreza han llegado a niveles extremadamente altos (Ziliak, 2019), las estrategias creativas son necesarias para prevenir que sobrevivientes de violencia de pareja y sus hijos e hijas se encuentren sin hogar.
Si bien algunos estudios previos se han enfocado en uno o dos obstáculos específicos para conseguir o mantener vivienda, por ejemplo, abordando exclusivamente desalojos previos (Adams et al., 2018; Brisson & Covert, 2015), este estudio permitió examinar múltiples desafíos, que muchas veces se combinan, dificultando aún más el obtener vivienda. Vale la pena destacar que de los 23 obstáculos que las sobrevivientes pudieron identificar como desafíos, la gran mayoría (85%) reconoció tener problemas con al menos cinco. Las sobrevivientes identificaron varios de los mismos obstáculos que se observaron en estudios anteriores. Los obstáculos más importantes fueron no tener suficiente dinero, tanto para pagar el alquiler como para el depósito de garantía (Clough et al., 2014; Daoud et al., 2016; Pavao et al., 2007). La mayor parte de esta muestra también señaló que un historial de crédito deficiente o inexistente representó un problema para obtener vivienda, al menos en niveles moderados, lo que es consistente con estudios previos (e.g., Adams, Littwin et al., 2019).
Casi la mitad de las sobrevivientes mencionaron la discriminación como un obstáculo para la vivienda, tal como ha sido señalado en otras investigaciones (Barata & Stewart, 2010; Gezinski & Gonzalez-Pons, 2019; Ponic & Jategaonkar, 2010). Asimismo, entre las personas inmigrantes que participaron en el presente estudio, el estatus migratorio y las barreras asociadas al idioma también fueron consideradas como desafíos. No contar con documentación suficiente o no manejar suficientemente el idioma local pueden significar desafíos importantes para manejar los procesos necesarios para obtener vivienda (Gezinski & Gonzalez-Pons, 2019; Hernández-Martinez et al., 2018).
Algunos de los obstáculos identificados por las sobrevivientes son más difíciles de abordar que otros (por ejemplo, tener antecedentes criminales asociados con drogas), pero muchos otros pueden ser disminuidos o incluso anulados, si es que el personal de apoyo tiene las habilidades y recursos para hacerlo. Por ejemplo, algunas agencias han adquirido fondos de uso flexible, con el objetivo de ofrecer un abordaje individualizado de las necesidades de las sobrevivientes (Sullivan, Bomsta & Hacskaylo, 2019). Si bien muchas veces los patrocinadores exigen que los fondos se utilicen de maneras específicas (por ejemplo, para pagos de alquiler o reubicación), los fondos flexibles son especialmente útiles ya que permiten que las necesidades de las sobrevivientes guíen su uso, pudiendo así abordar obstáculos de vivienda particulares. Por ejemplo, algunas personas podrían necesitar fondos para reparar su automóvil, lo que le permitiría mantener su fuente de trabajo y buscar vivienda nueva. Otras personas podrían necesitar los fondos para pagar deudas impagas, o pagar las tarifas de solicitud de alquiler. Estos fondos de uso flexible pueden ser utilizados como una estrategia importante para apoyar a sobrevivientes de violencia de pareja a alcanzar una situación de vivienda estable y segura. Por otra parte, investigaciones anteriores han reconocido que las mujeres en situación de violencia de pareja consideran la evaluación costo-beneficio como un elemento crítico para evaluar mantenerse o no en una relación abusiva (Nunes-Costa, et al., 2019). Es importante, por lo tanto, que la oferta social nacional considere servicios apropiados y apoyos relevantes para que las sobrevivientes vean alternativas e incentivos convincentes para abandonar relaciones violentas.
Los obstáculos económicos no fueron los únicos que se identificaron en este estudio. Por ejemplo, más de un tercio de las sobrevivientes carecían de transporte para buscar vivienda, y una cuarta parte de ellas no tenían historial crediticio. Estos problemas pueden ser abordados a través de apoyos concretos, por ejemplo, acompañando a una persona en la búsqueda de vivienda, o hablando con propietarios para explicar por qué alguien no tiene historial de crédito (Sullivan, López-Zerón et al., 2019).
El modelo Vivienda Primero para Sobrevivientes de Violencia Doméstica (DVHF, por sus siglas en inglés) es un modelo de intervención que ha ganado atención recientemente por su potencial para ayudar a las sobrevivientes de violencia de pareja a obtener una vivienda segura y estable (Sullivan & Olsen, 2016; Thomas et al., 2020). El modelo DVHF involucra proporcionar a las sobrevivientes financiamiento flexible, así como profesionales de apoyo con base comunitaria, que toman en cuenta las consecuencias del trauma y capacitadas en consideraciones culturales (Sullivan & Olsen, 2016). En este modelo, la búsqueda de soluciones creativas, así como el uso de las redes comunitarias, son fundamentales para remover barreras que impiden a las sobrevivientes acceder a la vivienda, entregando así los recursos necesarios para alcanzar resultados a largo plazo. Por ejemplo, es posible actualizar los informes crediticios (Adams, Littwin, et al., 2019), así como eliminar antecedentes criminales (Roberts, 2015), y los propietarios que actúen con discriminación pueden ser notificados de cláusulas legales que protegen a las personas de dichas prácticas.
Es importante tener en cuenta que algunas de las sobrevivientes que buscan servicios de apoyo no dominan el idioma local, pueden provenir de países y culturas diferentes y/o no tener los documentos legales necesarios para recibir ciertos beneficios del gobierno. Profesionales de apoyo biculturales y bilingües pueden ser de mucha ayuda para estos sobrevivientes, especialmente para obtener documentos legales y ofrecerles asistencia con el idioma (Sullivan, López Zerón, et al., 2019).
Limitaciones e implicaciones
Los hallazgos del estudio deben considerarse a la luz de sus limitaciones metodológicas. En primer lugar, si bien el estudio se llevó a cabo con una muestra diversa desde el punto de vista racial y étnico, el grupo de sobrevivientes de mujeres cisgénero estuvo sobrerrepresentado. Aunque esta sobrerrepresentación es consistente con la población típica de sobrevivientes de violencia de pareja que buscan servicios en agencias de violencia doméstica, es necesario emprender nuevos estudios para comprender mejor las necesidades y los obstáculos de vivienda que enfrentan los sobrevivientes masculinos, transgénero y de género no binario. Además, este estudio incluyó intencionalmente sólo a sobrevivientes de violencia de pareja sin hogar o en situación de viviendas precaria. Por lo tanto, los resultados no deben generalizarse a todas las sobrevivientes que buscan servicios de violencia doméstica, ni a las sobrevivientes de violencia de pareja en su conjunto. Finalmente, este estudio fue conducido con sobrevivientes en Estados Unidos únicamente, por lo que los resultados no deben generalizarse a sobrevivientes en todo el mundo.
Sin embargo, estos resultados pueden ser provechosos para los proveedores de servicios de apoyo a sobrevivientes de violencia doméstica, dentro y fuera de Estados Unidos, alentándoles a preguntar sobre la variedad de obstáculos de vivienda que enfrentan sus clientes. De este modo, el apoyo puede orientarse a eliminar o superar estos obstáculos. Es significativo que la gran mayoría de sobrevivientes en este estudio enfrentaran más de cinco obstáculos a la vivienda. Además, el 88% informó que sus síntomas depresivos le hacían difícil trabajar, hacerse cargo de cosas en el hogar, o llevarse bien con otras personas, mientras que un 85% reportó que sus síntomas de ansiedad le dificultaban el funcionamiento diario. En conjunto, estos resultados sugieren que muchas sobrevivientes requieren de servicios de violencia doméstica que les asistan no sólo con asuntos de seguridad, sino también con problemas relacionados con los síntomas del trauma, las finanzas y otros factores que impiden que sean capaces de lograr tener una vivienda segura y estable. Los proveedores de servicios deben preguntar sistemáticamente sobre estos problemas, así como tener habilidades y conexiones con la comunidad local, con el objetivo de responder efectivamente a estas necesidades, en la mayor medida posible.
Los resultados de estudio también tienen una serie de implicancias prácticas. El alcance que tuvo la inestabilidad de vivienda en la vida de las participantes, abarcando desde la infancia a la adultez es probablemente sorprendente para quienes trabajan en agencias de violencia doméstica, ya que normalmente no indagan sobre el historial de personas sin hogar. Considerando que más de tres cuartos de las sobrevivientes estuvieron sin hogar en algún momento de sus vidas, muchas de ellas durante su infancia, estos resultados sugieren que sería relevante para los proveedores de servicios preguntar específicamente a sus clientes respecto de estos traumas previos y cómo pueden estar impactando su vida en la actualidad.
Dado que este estudio es uno de los primeros enfocados en los obstáculos complejos y las necesidades de vivienda interdependientes de una muestra amplia de sobrevivientes de pareja en situación de vivienda precaria o sin hogar, este estudio pretende ser un componente básico para investigaciones futuras. Aún se conoce poco acerca de la compleja interrelación entre la violencia de pareja y la vivienda, ni tampoco acerca de cuales son las intervenciones más efectivas para quién y en qué circunstancias. Es urgente contar con investigaciones que examinen rigurosamente el impacto de diferentes estrategias a lo largo del tiempo, para sobrevivientes de diversos orígenes y situaciones, para así informar las políticas, las prioridades de financiamiento y los servicios de apoyo ofrecidos.
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Notas
Las autoras aseguran que ningún beneficio o interés económico ha surgido por la aplicación directa de esta investigación.
Notas de autor
Correspondence about this article should be addressed Isidora Bilbao-Nieva: bilbaoma@msu.edu
Información adicional
Conflicts of Interest: The authors declare that the research was conducted in the absence of any commercial or financial relationships that could be construed as a potential conflict of interest.