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Evitar los sesgos hetero/cisexistas en la investigación en psicología: un aporte desde Latinoamérica

Avoiding hetero/cissexist bias in psychological research: a contribution from latin America

Jaime Barrientos Delgado
Universidad Alberto Hurtado, Chile
Blas Radi
Universidad de Buenos Aires, Argentina

Evitar los sesgos hetero/cisexistas en la investigación en psicología: un aporte desde Latinoamérica

Revista Interamericana de Psicología/Interamerican Journal of Psychology, vol. 55, núm. 2, 1631, 2021

Sociedad Interamericana de Psicología

Recepción: 24 Enero 2021

Aprobación: 17 Junio 2021

Resumen: Este artículo teórico busca reflexionar sobre los sesgos hetero/cisexistas y cómo estos podrían afectar la escritura de artículos científicos en psicología y la investigación sobre diversidades sexuales y de género en la misma disciplina.

En primer lugar, el artículo describirá y definirá conceptos centrales en este campo, en particular, la noción de sesgo. A continuación, delinearemos algunos de los problemas más salientes que identificamos en este campo, especialmente, aquel referido a la patologización de la homo y la transexualidad.

Finalmente, sistematizaremos algunas recomendaciones que consideramos pertinentes y útiles para evitar y/o miniminizar estos sesgos.

Palabras clave: diversidad, género, sesgo, heterosexismo, cisexismo.

Abstract: This theoretical paper seeks to reflect on hetero/cissexist bias and how it could influence scientific papers and research on sexual diversity in the field of psychology.

First, the paper defines and describes core concepts in this area, particularly, the notion of bias. Next, some of the most salient problems in this field are outlined, particularly the one concerning homo and transsexuality pathologization.

Finally, some recommendations considered pertinent and useful for avoiding and minimizing bias are systematized.

Keywords: diversity, gender, bias, heterosexism, cissexism.

Introducción

Los sesgos son inclinaciones o tendencias que afectan nuestra manera de pensar y han sido extensamente estudiados en psicología social (Concha, Bilbao, Gallardo, Páez, & Fresno, 2012). Aunque, algunos autores han destacado aspectos positivos y neutrales de los sesgos, en general, el concepto funciona como referencia de sus expresiones negativas (Colombo & Barité, 2015). Así lo vamos a utilizar aquí también en este artículo para aludir a aquellas inclinaciones que implican asociaciones cognitivas o afectivas automáticas entre el concepto que los sujetos tienen de ciertos grupos sociales y alguna propiedad negativa (Holroyd, 2012). En este sentido, los sesgos descansan en tratamientos discriminatorios y tienen efectos éticos y epistémicos perniciosos.

En este trabajo nos referiremos en particular a los sesgos heterosexistas y cisexistas. El primero tipo corresponde a nuestra manera de “comprender la experiencia humana en términos estrictamente heterosexuales y, en consecuencia, ignorar, invalidar o derogar las conductas homosexuales y la orientación sexual, y las relaciones y estilos de vida de lesbianas, varones gays y bisexuales” (Herek, Kimmel, Amaro, & Melton, 1991:957). El segundo tipo de sesgos alude a la comprensión de la experiencia humana como si fuera exclusiva, natural y prioritariamente cis[4], con la consecuente excepcionalización y devaluación de las experiencias trans. En este artículo usaremos la expresión trans para aludir tanto a las personas transgénero como a sus experiencias.

Los sesgos y prejuicios negativos son parte de una trama cultural discriminatoria que afecta desproporcionadamente a individuos y grupos sociales marginalizados o estigmatizados, - aquí en función de su orientación sexual y/o identidad de género-, que son, o bien invisibles, o bien blancos de violencia sistemática. Estas experiencias violentas no pueden ser cabalmente comprendidas como eventos aislados y extraordinarios debidos a decisiones de individuos particulares que se proponen deliberadamente hacer daño. Por el contrario, mas bien suelen ser una expresión rutinaria de patrones culturales extendidos que alcanzan a todas las personas, incluso a las que tienen compromisos explícitos con el igualitarismo y la justicia social. Y este universo incluye, también, a quienes se dedican a la investigación social ya que las personas que realizan investigación muchas veces refuerzan estos sesgos cuando los autorizan o reproducen consciente o inconscientemente en su trabajo académico. Por ejemplo, se han estudiado los sesgos que afectan la selección de artículos científicos y se ha cuestionado el carácter neutral de la producción cientifica; es decir, la actividad científica tiene sesgos y está libre de valores (Iñiguez & Pallí, 2002).

Adicionalmente, desde el punto de vista epistémico los sesgos atentan contra la objetividad de la investigación. Es por eso que los sesgos revisten gran interés para todas las disciplinas científicas, que les han dado cada vez mayor protagonismo[5].

Desde distintas corrientes de epistemología contemporánea se han puesto en cuestión tanto la pretendida neutralidad valorativa como la objetividad de la ciencia (y ello ha dado lugar a grandes debates cuya reconstrucción excede los objetivos del presente artículo). Eso no quita que los sesgos sigan representando importantes desafíos para la investigación científica. Al fin y al cabo, sean cuales sean las creencias de las personas que realizan investigación respecto de estos temas, resulta de su mejor interés ser muy conscientes de la posible interferencia de los sesgos, incluidos los hetero/cisexistas y de cómo evitarlos. En sintonía con lo anterior, se han efectuado investigaciones sobre los sesgos y su prevalencia en psicologia así como sus implicaciones (Ferguson & Brannick, 2012; van Aert, Wicherts & van Assen 2019). Y en particular, sobre los sesgos hetero/cisexistas hay también, algunos estudios disponibles hechos en psicología y otras disciplinas (Ansara, & Hegarty, 2012, 2013, 2014).

También, la American Psychological Association, en el capítulo cinco titulado General Guidelines for Reducing Bias, de su séptima versión del Publication Manual of the American Psychological Association (2020) sugiere un conjunto de normas para reducir sesgos por tópicos diversos como la edad, el género y la orientación sexual, entre otros. Las diversas revistas en psicología, generalmente, usan este manual de la American Psychological Association como normas de estilo para la escritura de los artículos. Algunas revistas especializadas en investigación en sexualidad o género sugieren además algunas normas específicas.

En el campo disciplinario de la psicología en particular, dichas iniciativas se han visto en las revistas del mundo angloparlante, siguiendo las normas de estilo sugeridas por la American Psychological Association, pero ¿qué podemos aportar desde Latinoamérica?

Para responder a la pregunta, primero vamos a introducir el problema en las coordenadas de la psicología. A continuación, delinearemos algunos de los problemas más salientes que identificamos en este campo. Finalmente, sistematizaremos algunas recomendaciones que consideramos pertinentes para evitar estos sesgos.

Ciencias psicológicas y diversidad sexo-genérica: una relación difícil

Hablar de sesgos en investigación psicológica seguramente tiene gusto a poco. Después de todo, si hay un tema fundamental a ser abordado aquí, este es el de la patologización: esto es, el fenómeno por el cual ciertas personas han sido consideradas (y en muchos casos todavía lo son), como intrínsecamente trastornadas en virtud de su orientación sexual y/o identidad de género. Sin embargo, la patologización puede ser pensada como una expresión extrema de algo mucho más profundo y prevaleciente: la lógica que sólo es capaz de interpretar a estas personas como desviadas respecto de una norma tácita que sitúa a las experiencias hetero y cisexuales como las únicas, naturales, saludables y socialmente deseables. En ese sentido, la patologización de la homosexualidad y de la transexualidad es una expresión más del hetero/cisexismo, expresión que, además, refuerza sus sentidos sociales mediante la autoridad y el prestigio de disciplinas (como la psicología y afines) y sus profesionales.

La homosexualidad fue considerada una enfermedad, al menos en el papel, hasta el año 1973, cuando se eliminó del Manual de Diagnóstico y Tratamiento (Diagnostic and Statistical Manual of Mental Disorders, en adelante DSM), volumen publicado periódicamente por la American Psychiatric Association. No obstante, tuvieron que pasar muchos años para que dicho hito se acompañe de una transformación en el reconocimiento legal y en la aceptación social de gays y lesbianas. En efecto, aquella reforma no ha evitado que persistan el estigma y la discriminación hacia personas no heterosexuales (Flores, 2019; The International Lesbian, Gay, Bisexual, Trans and Intersex Association, 2020) y que aún las ciencias psicológicas sigan jugando, en algunos contextos, un rol importante en esto. Por ejemplo, lo anterior se observa en las terapias de conversión, una de las formas más extremas en las que la psicología respalda y refuerza los sentidos sociales negativos respecto de las personas lesbianas, gays, bisexuales y trans.[6] Estas terapias están basadas en la creencia de que la orientación sexual y la identidad de género, incluida la expresión de género, de las personas pueden y deben cambiarse o reprimirse cuando no se ajustan a lo que otros actores consideran una norma deseable (UN Human Rights Council, 2020).

Las revisiones sistemáticas de la literatura especializada llevadas a cabo por organizaciones profesionales como, por ejemplo, la Asociación Psiquiátrica Americana, la Asociación Psicológica Americana y la Academia Americana de Psiquiatras de Niños y Adolescentes, entre otras, concluyeron que la investigación científica no ha proporcionado evidencia que apoye estas prácticas (Adelson, 2012; Alempijevic et al., 2020; American Psychiatric Association, 2000; American Psychological Association, 2009; APA. Commission on Psychotherapy by Psychiatrists, 2000). Adicionalmente, un estudio ha mostrado que existe un consenso científico de que dichas terapias son ineficaces y pueden ocasionar daños psicológicos significativos a largo plazo (Ending Conversion Therapy: Supporting and Affirming LGBTQ Youth, 2015). Sobre esta base, Víctor Madrigal-Borloz, experto independiente sobre orientación sexual e identidad de género de Naciones Unidas, en su informe del 1 de mayo del 2020, destacó que las terapias de conversión son inherentemente discriminatorias, crueles, inhumanas y degradantes, y que pueden equivaler a formas de tortura (UN Human Rights Council, 2020).

Por otro lado, el diagnóstico de transexualismo se introdujo en la tercera edición del DSM, en el año 1980. Las siguientes versiones y revisiones del DSM modificaron sucesivamente la categoría, su ubicación dentro del manual y sus criterios diagnósticos. La actual versión del DSM-V ha reemplazado incongruencia de género por disforia de género, moviendo el foco de su atención de la identificación de género cruzada al “malestar que puede acompañar a la incongruencia entre el género experimentado o expresado y el género que se asigna” (American Psychiatric Association, 2014:451)[7]. En estos términos, el diagnóstico quedó supeditado a la existencia de un malestar que, aunque resulte de factores ambientales como la transfobia o el binarismo (es decir, problemas sociales debidos al cisexismo), sigue traduciéndose en un diagnóstico individual para las personas trans. Este fenómeno es reconocible en todo el campo de la salud mental, no solamente en la psiquiatría (Maruzza, 2020).

El activismo trans por la despatologización emergió en el contexto de revisión de los manuales internacionales de diagnóstico, introduciendo una serie de cambios respecto de la manera de entender la identidad de género. En concreto, se trata de dejar “de concebir la transición de género como un trastorno mental” para “reconocerla como un derecho humano y una expresión de la diversidad humana” (Suess, Espineira & Walters, 2014: 74). Esto implica no sólo poner en cuestión la clasificación de las experiencias trans en los manuales de diagnóstico, sino apuntar a los sentidos sociales que estos manuales anudan, que atraviesan todo el repertorio hermenéutico de las disciplinas psicológicas, y que se refuerzan tendenciosamente ya desde la formación de grado (Maruzza, 2020). Después de todo, la mayoría de sus conceptos y enfoques están fundados en el hetero/cisexismo, y reinscriben su lógica con cada uso.

Sesgos hetero/cisexistas en investigación psicológica

Recordemos que los sesgos no son errores ocasionales, ni expresiones de maldad (que también existen y sin dudas merecerán un tratamiento específico), sino asociaciones fundadas en prejuicios negativos que permean todas las instituciones sociales, incluyendo las universidades y las disciplinas científicas. En este sentido, los sesgos amenazan todas las etapas del proceso de investigación, desde la definición de los objetivos hasta la interpretación y escritura de los resultados.

Los sesgos hetero/cisexistas afectan negativamente tanto la calidad de las investigaciones, como las vidas de las personas. En la investigación psicológica, los sesgos se manifiestan de distintas maneras. Sin ánimo de exhaustividad, a continuación, destacamos las siguientes maneras en que se expresan dichos sesgos:

Recomendaciones para atenuar el impacto de los sesgos hetero/cisexistas en las investigaciones en psicología

Aunque los sesgos hetero/cisexistas no puedan ser erradicados, sí es posible tomar medidas explícitas para disminuir sus costos sociales, políticos, epistémicos y éticos. esta tarea requiere un adecuado diagnóstico y, fundamentalmente, un trabajo colaborativo. Y, dado que normalmente los sesgos son opacos a la introspección y pueden operar sin que las personas lo sepan o sean concientes de ellos, depositar las expectativas de cambio de dichos sesgos (o de su disminución) en el poder de la voluntad individual resulta ingenuo y estéril.

En este sentido, la recomendación general para identificar los sesgos y mantenerlos a raya es la exposición de las personas que realizan investigación a la fricción epistémica (Medina, 2013), es decir, al contrapunto de perspectivas heterogéneas. El disenso y la diversidad en el intercambio de perspectivas favorecen el aprendizaje social y la autocorrección. Esta propuesta puede pensarse como un complemento necesario de aquellas de enfoque individualista que depositan sus expectativas de éxito solo en el ejercicio introspectivo de los sujetos. Después de todo, si algo nos ha enseñado el trabajo en psicología sobre los sesgos, es que éstos afectan nuestro juicio de manera irreflexiva.

Adicionalmente, para contrarrestar los efectos de los sesgos hetero/cisexistas, la investigación psicológica y la escritura de los reportes de investigación deberían:

  1. 1. Comprender el modo en que operan los sesgos y conocer qué es el heterosexismo y el cisexismo. Como fue señalado con anterioridad, la influencia de los sesgos hetero/cisexistas no depende de que las personas se consideren a si mismas homo o transfóbicas. Más que las creencias explícitas de los sujetos, lo que se pone en juego aquí resulta de patrones culturales y normas implícitas que están presentes en todas las instituciones sociales, incluida la relativa a la investigación cientifica. La psicología, incluida la investigación en esta disciplina, no solamente no es inmune a este contexto, sino que tiene una enorme responsabilidad (Centro de Atención en Psicología Afirmativa para personas LGBTI y en temáticas de diversidad sexualFacultad de Psicología – UDELAR, 2020).

    En consecuencia, si se busca atenuar los efectos de los sesgos hetero/cisexistas, se debe tomar en consideración que estos están presentes en todas las etapas de la investigación, con independencia de los compromisos explícitos de las personas que ejecutan la investigación respecto de los derechos humanos, la ética profesional, la justicia social, la orientación sexual e identidad de género de las personas.

  2. 2. Conocer y hacer un uso riguroso de algunos conceptos relevantes tales como, por ejemplo, orientación sexual, sexo e identidad de género.

    Conocer y hacer un uso riguroso de algunos conceptos relevantes tales como, por ejemplo, orientación sexual, sexo e identidad de género.

    El concepto de orientación sexual refiere a un componente específico de la identidad que incluye la atracción sexual y emocional de una persona hacia otra y el comportamiento y/o la relación social que pueden resultar de esta atracción (American Psychological Association, 2015). La mayoría de las personas tienen alguna orientación sexual y en muchos casos hay aspectos de la orientación sexual que cambian a lo largo de la vida. En nuestra sociedad, el aspecto que tiende a ser considerado como más definitorio de la orientación sexual es el género de la/s persona/s por quien alguien siente atracción (A. Sardá, comunicación personal, s/f).

    En cambio, el concepto de género se introdujo en el vocabulario de las ciencias médicas en la década del 50 para dar cuenta de un sentimiento (de ser una mujer o un hombre, las categorías disponibles entonces) que, conforme a distintos estudios médicos, no estaba determinado por características físicas. Desde entonces, se han sucedido debates científicos sobre la identidad, el género, la naturaleza del sexo, los factores ambientales como la crianza y las posibles relaciones entre ellos (Fausto Sterling, 2012; Meyerowitz, 2002). La trama de los debates está entretejida con el mundo social, en el que, a pesar de la evidencia contraria, las instituciones permanecen aferradas a enfoques deterministas, dualistas y binarios del género y el sexo. Contra el determinismo, hoy en día se comprende que la identidad de género de una persona no está determinada directamente por el sexo cromosómico, el sexo gonadal, las hormonas, los genitales externos ni los órganos reproductivos internos (Fausto Sterling, 2012).

    Sobre el sexo, desde hace tiempo, en biología se sabe que no existe una única medida biológica que permita ubicar a todas las personas en una de las dos categorías: hombre o mujer (Fausto Sterling, 2018). Al respecto, “biólogxs y científicxs médicxs reconocen, por supuesto, que el dimorfismo absoluto es un ideal platónico que no se logra realmente en el mundo natural” (Blackless, Charuvastra, Derryck, Fausto-Sterling, Lauzanne & Lee, 2000: 151). Sin embargo, la noción de sexo sigue siendo utilizada como si fuera una unidad de sentido que caracteriza a los cuerpos como un todo. De hecho, el sexo es asignado a los individuos al nacer o durante la ecografía, generalmente, de acuerdo a la apariencia de los genitales externos. No obstante, no es cierto que todos los rasgos descriptos como sexuados en los organismos sean congruentes. Para evitar ambigüedades terminológicas, las personas especialistas en la investigación en estos temas comenzaron a utilizar expresiones como sexo asignado al nacer (en lugar de sexo biológico) o características sexuales (en lugar de órganos femeninos o masculinos, para hacer referencias precisas a cuestiones genitales, anatómicas, hormonales, cromosómicas y/o caracteres secundarios sin asignarles compulsivamente una identidad de género).

    Por último, hoy, el concepto de identidad de género refiere a la vivencia de carácter profundo e intenso que tiene una persona de ser una mujer, un varón, una persona no binaria, entre otras identificaciones posibles. Esta experiencia subjetiva no está determinada por el sexo asignado al nacer, ni por los datos del documento de identidad, ni menos por las características físicas de las personas (American Psychological Association, 2015). Esto significa que la identidad de género de todas las personas es siempre de carácter autopercibido y en todos los casos responde únicamente a la autoadscripción.

  3. 3. Revisar los compromisos hetero/cisexistas en los conceptos y enfoques de la psicología, lo que se puede hacer mediante el uso de recursos provenientes de los estudios gay-lésbicos, la teoría queer y los estudios trans. También, puede ser importante conocer e integrar el trabajo de activistas e investigadorxs trans por la despatologización en los diseños y proyectos de investigación. Por ejemplo, un trabajo interesante es el desarrollado por Stop Trans Pathologization[9]
  4. 4. Respetar la dignidad de las personas, lo que, supone, por ejemplo, usar el nombre y pronombre que cada persona usa para referirse a sí misma (Cárdenas Castro, Saiz, Barrientos Delgado, Espinoza Tapia, Linker, Gómez Ojeda, Guzmán González & Saavedra, 2021). Se sugiere usar siempre, en la escritura de artículos científicos, la autodescripción que la persona ha hecho, sin asumir una identidad de género u orientación sexual concreta, en lugar de exigir que dichas personas encajen en categorías preexistentes. Asimismo, se sugiere incluir expresiones e identidades de género no binarias y fluidas, así como sexualidades no heterosexuales, queer y no binarias.

    También, los reportes de investigación no deberían usar un lenguaje ofensivo y/o que propicie la confusión relativa al género (Cárdenas Castro, Saiz, Barrientos Delgado, Espinoza Tapia, Linker, Gómez Ojeda, Guzmán González & Saavedra, 2021). Por ejemplo, no se deben usar expresiones que pongan en duda el género de una persona (como el uso de comillas, por ejemplo, o la indicación de que su género es autopercibido). Igualmente, se debería emplear la noción de sexo asignado a una persona al nacer, en lugar de varón o mujer natal. También, los autores no deben utilizar la expresión sexo biológico

  5. 5. Evitar el uso de un lenguaje o de palabras que estigmaticen o patologicen a las personas sexual y genéricamente diversas. El uso del diagnóstico de disforia de género por parte de muchos sistemas de atención de la salud responde en muchos casos a la sola necesidad de dar acceso a la cobertura sanitaria.
  6. 6. No promover investigaciones, intervenciones ni prácticas clínicas que no sean consistentes con los estándares de derechos humanos, como las llamadas terapias de conversión.

Conclusión

El presente trabajo reflexiona sobre los sesgos hetero/cisexistas y sobre cómo estos afectan la investigación psicológica, especialmente, de aquellas referidas a las personas en función de su orientación sexual e identidad de género. En particular, define qué son dichos sesgos y sobre qué contexto están situados. A la vez, entrega ciertas recomendaciones para atenuar su influencia en la práctica de investigación.

Hasta la fecha, en países anglosajones existen trabajos y/o recomendaciones referidas a estos sesgos. No obstante, en América Latina hay un escaso trabajo en esta materia, aunque la investigación psicológica referidas a personas sexual y genéricamente diversas es cada vez más grande y las revistas psicológicas cada vez publican más artículos sobre dichas poblaciones o referidas a ellas.

El artículo reconoce el rol que las ciencias psicológicas han jugado negativamente en la patologización de la homosexualidad y de la transexualidad, pero a la vez asume que las comunidades epistémicas pueden, a través del contrapunto epistémico, llevar a cabo un ejercicio consciente para intentar morigerar sus efectos. Por nuestra parte, consideramos que constatar la existencia de estos sesgos, el reconocerlos y asumir algunas recomendaciones para evitar, es un paso, para avanzar en que estos tengan cada vez menos efectos en la practica de investigación. Sin dudas no será el único ni el primero, pero allí vamos.

Agradecimientos

Quisiéramos agradecer especialmente los comentarios y/o sugerencias para algunas de las ideas contenidas en este artículo de Alejandra Sardá, Corina Maruzza, Constanza Pagani y Paribanú Freitas.

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Notas

[3] Instituto de Investigaciones Filosóficas de la Sociedad Argentina de Análisis Filosófico, (IIF SADAF – CONICET).
[4] Cis es un prefijo latino que significa de este lado y es la contraparte lógica del término trans. Hablamos de personas trans para referirnos a quienes se identifican y viven socialmente con una identidad de género distinta a la que les fue asignada, hacemos referencia a las personas cis como aquellas que no son trans (Radi, 2020).
[5] A partir de la evidencia proporcionada por investigaciones empíricas en el campo de la psicología (como la Prueba de Asociación Implícita), el tema de los sesgos fue haciéndose lugar en distintas disciplinas. La bibliografía al respecto es mucho más amplia y diversa de lo que puede plasmarse aquí. Tan solo a modo de ejemplo, pueden verse en estudios de género (Saul, 2013); en relación con el ámbito de la salud (Chapman, Kaatz & Carnes, 2013), en psicología (Amodio & Devine, 2006; Hahn & Gawronski, 2017; De Houwer, 2019). La filosofía, por su parte, ofrece algunos fundamentos teóricos para la comprensión de los sesgos como fenómeno epistémico, por ejemplo Brownstein y Saul (2016); Holroyd, Scaife y Stafford (2017).
[6] En psicología existen distintas escuelas, algunas de las cuales rechazan abiertamente las terapias de conversión. Ello no necesariamente implica que sus concepciones y formas clínicas difieran radicalmente de aquellas que ven con buenos ojos las terapias de conversión. Agradecemos a la Licenciada Constanza Pagani por esta observación.
[7] Para un análisis más detallado de los sucesivos cambios de denominación y los criterios diagnósticos del DSM, ver J. Mas Grau (2017).
[8] Agradecemos a nuestro amigo y colega uruguayo Paribanú Freitas por este señalamiento.
[9] Para más detalles revisar https://stp2012.info/old/es

Notas de autor

Correspondence about this article should be addressed Jaime Barrientos Delgado: jbarrientos@uahurtado.cl

Información adicional

Conflicts of Interest:: The authors declare that the research was conducted in the absence of any commercial or financial relationships that could be construed as a potential conflict of interest.

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