Resumen: Debido a la cuarentena implementada por la COVID-19, se ha identificado un importante impacto psicológico en estudiantes universitarios, quienes son un grupo vulnerable con relación a la variable desesperanza. El objetivo de la presente investigación fue evaluar los niveles de desesperanza en 213 estudiantes universitarios colombianos, bajo un enfoque cuantitativo de alcance descriptivo-comparativo con diseño no experimental, de corte transversal. Se implementó la Escala de Desesperanza de Beck y se halló que el 39.9% de los participantes tuvieron un nivel mínimo-normal; el 46.6% nivel leve; el 10.3% nivel moderado; y el 2.8% nivel alto, encontrando diferencias de acuerdo al género y estrato socioeconómico. Se concluye la importancia de desarrollar estrategias desde una perspectiva integral para atender consecuencias psicosociales asociadas a la pandemia de COVID-19 en estudiantes.
Palabras clave: COVID-19, pandemia, desesperanza, salud mental, estudiantes.
Abstract: Due to the quarantine implemented by the COVID-19, an important psychological impact has been identified in college students, who are a vulnerable group in relation to the hopelessness analysis. The objective of the present research was to evaluate the levels of hopelessness in 213 Colombian university students, under a quantitative approach of descriptive-comparative scope, with a non-experimental design, in a cross-sectional focus. The Beck Hopelessness Scale was implemented and it was found that 39.9% of the participants had a minimum-normal level; 46.6% mild level; 10.3% intermediate level; and 2.8% high level, founding differences according to gender and social - economic condition. The importance of developing strategies from a comprehensive perspective to care psychosocial consequences associated with the COVID-19 pandemic in students is concluded.
Keywords: COVID-19, pandemic, hopelessness, mental health, students.
Artículos
Desesperanza en universitarios durante la cuarentena ante el virus SARS-COV-2
Desperation among university students during SARS-COV-2 virus quarantine
Recepción: 02 Agosto 2020
Aprobación: 11 Octubre 2023
Ante la expansión rápida del virus SARS-CoV-2, el Comité de Emergencia de la Organización Mundial de la Salud catalogó a este brote como una pandemia (OMS, citada en Huarcaya, 2020). Dicho fenómeno, no solo trae el riesgo de muerte por la infección, sino también un importante impacto psicológico para las personas a nivel mundial (Duan & Zhu, 2020; Xiao, 2020).
El Ministerio de Salud y Protección Social (MinSalud, 2020) de Colombia implementó, como medida preventiva, la cuarentena desde el 25 marzo hasta el 30 de mayo. Dicha estrategia, ha sido conceptualizada como la separación y restricción del movimiento de las personas que han estado potencialmente expuestas a una enfermedad contagiosa, y de esta manera, reducir el riesgo de infección a otros (Centers for Disease Control and Prevention, 2017). Lo anterior, es debido a la falta de vacunas y medicamentos eficaces (Gonzáles-Jaramillo et al., 2020), que logren mitigar la infección respiratoria aguda por la COVID-19, que puede ser leve, moderada o severa y que incluye síntomas como fiebre, tos, secreciones nasales, malestar general y dificultad para respirar (MinSalud 2020).
Debido a lo anterior, existen reportes sobre el impacto psicológico de la cuarentena en población general, que van desde síntomas aislados hasta trastornos complejos, con un deterioro marcado de la funcionalidad, tales como: insomnio, ansiedad, agotamiento emocional, depresión e ideación suicida (Brooks et al., 2020; Chen et al., 2020; Duan & Zhu, 2020; Li et al., 2020; Yang et al., 2020). Así mismo, se ha identificado que dichas alteraciones pueden persistir en el tiempo (Brooks et al., 2020; Li et al., 2020; Taylor, 2019).
Además, investigaciones han demostrado que ciertos sucesos experimentados y categorizados como negativos están relacionados con mayores niveles de sintomatología depresiva (Camuñas et al., 2019; Gómez et al., 2018; Sanjuán et al., 2013; Usuga-Jerez, et al., en prensa). Así mismo, se han evidenciado asociaciones entre depresión y desesperanza (Beck & Bredemeier, 2016; González et al., 2019; Hanna et al., 2011; Jiménez-García y Miguel-Tobal, 2003; Wang et al., 2017). Lo anterior puede estar explicado por la teoría de indefensión-desesperanza de la ansiedad y de la depresión, según la cual, eventos estables con pocas probabilidades de que cambien y categorizados como negativos pueden inducir a sentimientos de desesperanza (Alloy et al., 1990).
Este sentimiento, se refiere a la percepción de imposibilidad para lograr cualquier cosa, la idea de que no hay nada que hacer, ni ahora ni nunca, produciendo un deterioro que imposibilita la respuesta adaptativa ante una situación estresante o la respuesta voluntaria para lograr el control sobre los hechos (Vinaccia et al., 2005). Es por esta razón que, la desesperanza es cataloga como un estado perjudicial, que puede tener repercusiones adversas en la salud mental y física (González y Hernández, 2012). De igual manera, investigadores han evidenciado que niveles altos de desesperanza pronostican intentos de suicidio y suicidio consumado (Beck et al., 1985; Brown, et al., 2000; Burr et al., 2018; Lane y Miranda, 2018; Pérez et al., 2017; Sánchez-Teruel et al., 2018; Silva et al., 2017).
Adicionalmente, investigaciones pre-pandemia catalogan a los universitarios como un grupo de especial de consideración en cuanto a alteraciones en variables psicológicas que pueden comprometer su desempeño académico y su futuro (Alarcón, 2020; Gallagher, 2014; Chau y Vilela, 2017; Quiceno et al., 2014; Alarcón y Caycho, 2015; Vera-Cala et al., 2020), como: estrés (Abreu et al, 2020; Gonzáles-Jaimes et al, 2020; Huarcaya-Victoria, 2020; Rosario-Rodríguez et al, 2020; Sandín et al, 2020); depresión (Baader et al., 2014; Guerra-Domínguez et al., 2020; Tijerina et al., 2018; Xiao et al., 2016); comportamiento suicida (Abreu et al, 2020; Gonzáles-Jaimes et al, 2020); y desesperanza (Alamo et al., 2019; Quiñonez-Tapia et al., 2019), entre otras.
Paralelamente, la educación superior en Colombia está en función, en gran medida, del nivel socioeconómico de los estudiantes, siendo los de estratos bajos los más vulnerables a dificultades académicas (Cortés-Cáceres et al, 2019; Gonzales y Guadalupe, 2017; Lozano-Díaz et al., 2020) y salud mental (Paricio del Castillo y Pando, 2020; Ferrel et al., 2011; Riveros y Vinaccio-Alphi, 2017; Chan-Gamboa et al., 2017). Por consiguiente, es probable que tiempos difíciles puedan inducir a estados de desesperanza en los estudiantes universitarios. Por tal motivo, la presente investigación evaluó la desesperanza de universitarios durante la cuarentena ante el virus SARS-COV-2 en Santander, Colombia.
Esta investigación se desarrolló bajo un enfoque metodológico cuantitativo de alcance descriptivo-comparativo, con un diseño no experimental, de corte transversal; además, se implementó un muestreo no probabilístico con técnica de bola de nieve (Hernández-Sampieri et al., 2014).
Inicialmente, se recolectaron 301 datos, de los cuales, se depuraron 88, ya que no cumplían con los criterios de inclusión declarados en el estudio. Siendo así, participaron 213 estudiantes de 2 Instituciones de Educación Superior (IES) públicas y 4 IES privadas, todas ubicadas en el área metropolitana de Bucaramanga; el 70.4% (n = 150) se identificaron con el género femenino y el 29.6% (n = 63) con el género masculino. Así mismo, se identificó que, el 5.6% (n =12), el 18.8% (n = 40), 35.2% (n = 75), el 27.2% (n= 58), el 9.9% (n = 21) y el 3.3% (n = 7) pertenecían al estrato socioeconómico, uno, dos, tres, cuatro, cinco y seis, respectivamente.
Consta de una serie de preguntas sobre los siguientes datos: edad, género, estado civil y estrato socioeconómico (la estratificación es una clasificación de los inmuebles residenciales; quienes tienen mayor capacidad económica pagan más por los servicios públicos y contribuyen para que los estratos bajos puedan pagar sus facturas; 1 = bajo-bajo; 2 = bajo; 3 = medio-bajo; 4 = medio; 5 = medio-alto; 6 = alto).
Conformada por 20 ítems, con respuestas dicotómicas (sí o no), a partir de lo experimentado durante las últimas 4 semanas. Los puntajes proveen una medida de la severidad de desesperanza: 0-3 mínimo o normal, 4-8 leve, 9-14 moderado y 15-20 severo; es decir, a mayor nivel, mayor desesperanza. En relación a las propiedades psicométricas, se identificaron cuatro factores: factor 1 “expectativas hacia el futuro”, con un alfa de Cronbach de 0.81; Factor 2 “motivación”: con un alfa de Cronbach de 0.70; Factor 3 “pesimismo acerca del futuro”, con un alfa de Cronbach de 0.65; Finalmente, el factor 4 “percepción individual del futuro”, con un alfa de Cronbach de 0.64 para el contexto colombiano (Rueda-Jaimes et al., 2018).
Los participantes fueron invitados a través de una convocatoria publicada por medio de redes sociales (Facebook y Whatsapp), en donde se presentó el título, objetivo y criterios de inclusión de la investigación: (1) Tener matrícula activa en una IES en el área metropolitana de Bucaramanga, Santander, Colombia y (2) Ser mayor de 18 años. La evaluación fue realizada a través Google Forms, plataforma que resalta la protección de los datos recolectados, en la cual se presentó un formulario con información sobre el objetivo de la investigación y garantías de participación (riesgos, beneficios y acuerdo de confidencialidad), durante el 22 de mayo y el 17 de junio del año 2020. Luego de la recolección de información, se realizó una limpieza de datos teniendo en cuenta los siguientes dos aspectos: cumplir los criterios de inclusión y haber durado mínimo 20 minutos respondiendo la batería de instrumentos.
El estudio se enmarca dentro de la investigación en seres humanos con Riesgos Mínimos según el Artículo 11, apartado B de la Resolución No. 008430 de 1993 del Ministerio de Salud de Colombia. También se tuvo en consideración la Ley 1090 de 2006, que reglamenta el ejercicio de la psicología, dicta el código deontológico y bioético de la profesión en Colombia.
Después de realizar la recolección de datos, se consolidó la base de datos en el software Statistical Package for the Social Sciences (SPSS) versión 25. Luego se implementó un análisis descriptivo para la caracterización de la muestra y las medidas de tendencia central. Finalmente, se ejecutó una prueba de normalidad y debido a la ausencia de esta, se ejecutaron los análisis de U de Mann-Whitney y H de Kruskal-Wallis. Este proceso tuvo curso durante los meses de julio y agosto del año 2020.
En relación con las categorías de desesperanza hacia el futuro según la puntuación obtenida por los participantes, se identificó que el 39.9% (n = 85) tuvieron un nivel mínimo-normal; el 46.6% (n = 100) un nivel leve; el 10.3% (n = 22) un nivel moderado; y el 2.8% (n = 5) un nivel alto. Asimismo, en la tabla1 se demuestran las medidas de tendencia central obtenidas por la muestra estudiada.

Respecto a la comparación de la puntuación total y las dimensiones de la desesperanza según el género, no se identificaron diferencias estadísticamente significativas. No obstante, fue el grupo masculino que obtuvo mayor puntuación que el femenino (Ver tabla 2).

Finalmente, en la tabla 3 se identificaron diferencias, estadísticamente significativas, en la dimensión total y la expectativa hacia el futuro según el estrato socioeconómico, siendo los participantes de estrato 1 quienes obtuvieron mayor puntuación que los demás.

El objetivo de la presente investigación fue evaluar los niveles de desesperanza en universitarios frente a la cuarentena debido al virus SARS-COV-2 en Santander, Colombia. Los resultados concuerdan con otra investigación realizada por García et al. (2009), en la que se obtuvieron hallazgos similares, debido a que el 60.30% de participantes muestran un nivel nulo o mínimo de desesperanza, seguidos de un subgrupo con un nivel leve. Posteriormente, Pilatasig (2018) encontró que estudiantes, entre los 15 y 20 años, el 60% no reportaron desesperanza, el 32% presentó niveles leves, el 7% niveles moderados y solo el 1% presentó desesperanza en niveles altos. Bajo la misma óptica, Andrade et al., (2017) halló que el grado de desesperanza fue ninguno o mínimo en el 54.9% de la muestra, leve en el 26.8%, moderado en el 19.2% y alto en el 0.9%.
Sin embargo, en la presente investigación se halló un número de casos que presentaron niveles moderados (10.2%) y altos (2.8%) de desesperanza, lo que debe ser foco importante de atención, teniendo en cuenta que en otros estudios se han identificado asociaciones positivas entre altos niveles de desesperanza y altas puntuaciones de riesgo e ideación suicida (Chang, 2017; Gonzales y Hernández, 2012; Gonzáles-Portillo et al., 2016; Honorato et al., 2019; Teruel et al., 2014); depresión (Nunes et al., 2014), agresividad (Vargas, 2017) y consumo de sustancias (Salvo y Castro, 2013).
Lo anterior se relaciona con las expectativas del rendimiento académico, debido a que la desesperanza trae como consecuencia que los jóvenes sean pesimistas con respecto a su aprendizaje, experimenten sentimientos negativos y tengan dificultades para potencializar sus habilidades (Castanedo y Bueno, 1998). Sumado a esto, la situación de confinamiento por la pandemia de COVID-19, implica mayor disciplina y compromiso, debido a los cambios en la educación virtual, lo cual genera altos niveles de estrés, incertidumbre, nerviosismo, inquietud y creencias negativas frente al futuro (Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura, 2020; Sandín et al., 2020).
Ahora bien, la pandemia del COVID-19 ha tenido profundos efectos en el desarrollo económico y social, especialmente en América Latina y el Caribe, debido a las crecientes tendencias de la pobreza y pobreza extrema, así como por las pérdidas y bajas laborales, lo cual afecta especialmente a la población de estratos socioeconómicos bajos (Organización de Naciones Unidas, 2020). De hecho, la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL, 2019), proyecta incrementos del índice Gini en todos los países de la región, entre el 0,5 y 6,0 %.
Esto ha afectado, en gran medida, a estudiantes en condición de vulnerabilidad económica, lo cual ha exacerbado las brechas de acceso a la educación y aprendizaje en los jóvenes. Siendo así, los estudiantes de menores recursos, durante época de pandemia, se encuentran en mayor riesgo de abandono escolar y afectaciones en su salud mental; a su vez, los jóvenes enfrentarán mayores dificultades para la continuidad educativa e inserción laboral, por lo tanto, generando altos índices de desempleo juvenil (ONU, 2020).
Por consiguiente, esta situación, afecta la consecución de los Objetivos del Desarrollo Sostenible, específicamente las esferas relacionadas con el fin de la pobreza, educación de calidad, trabajo decente, crecimiento económico y resolución de las desigualdades (OMS, 2020). Así mismo, las medidas de emergencia que han llevado a cabo los gobiernos de América Latina representan desafíos agudos, debido a la reducción drástica en el contacto social y a las dificultades evidentes en el acceso al mercado laboral, teniendo como consecuencia un mayor compromiso en los determinantes sociales de la salud (Hill, 2020).
La literatura científica, relaciona negativamente los estratos sociales con indicadores de trastornos mentales, riesgo de suicidio y sintomatología depresiva (Ortiz, 2007). En el presente estudio, se halló una diferencia entre los participantes de acuerdo con el estrato socioeconómico, presentándose mayor desesperanza en el estrato 1 y menor desesperanza en el estrato 5, lo que podría estar relacionado con las oportunidades y condiciones de vida de las personas. Además, estudios han evidenciado altos niveles de desesperanza en estratos socioeconómicos bajos (Galindo y Ardila, 2012; Esguerra et al., 2011; Castro, 2015), señalando como factores de riesgo los siguientes eventos: experiencia de situaciones estresantes, l, haber sido víctimas de situaciones humillantes y sufrir de insuficiencia económica (Cordova y Rosales, citados en Gonzáles y Hernández, 2012). Asimismo, durante eventos críticos y estresantes como el confinamiento por COVID-19, Balluerka et al. (2020) demostraron que los sentimientos de desesperanza aumentaron conforme disminuía la edad y el estrato socioeconómico.
En el presente estudio, fue en el estrato socioeconómico 1 en el cual se encontró la mayor puntuación en la dimensión de expectativa negativa hacia el futuro, mientras que el estrato 5 puntuó más bajo en esta variable, lo que representa mayor desesperanza hacia el futuro y podría estar explicado por la vulnerabilidad económica y social en los estratos bajos. En la literatura, se ha encontrado que el factor cognitivo o expectativas negativas hacia el futuro, junto al factor motivacional bajo son considerados indicadores de riesgo suicida y un componente específico de la depresión (Gonzáles et al., 2016). De forma contraria, Omar et al. (2007) señalan que la expectativa positiva hacia el futuro es un factor protector debido a que una perspectiva favorable y planes acerca del futuro aumentan la sensación de bienestar y repercuten en la resiliencia.
En cuanto a las diferencias entre desesperanza y género, en el presente estudio no se encontró una relación entre estas variables, lo que quiere decir que tanto los participantes del género masculino como femenino experimentan niveles similares de desesperanza. Este hallazgo corresponde con lo encontrado en otras investigaciones (García et al., 2009; James et al., 2017; Córdova y Rosales, 2010), en las que se reportó que no existe diferencia significativa entre desesperanza y género; asimismo, estos autores, señalaron factores de riesgo sociodemográficos de acuerdo con el sexo, indicando que las mujeres presentan mayor sensibilidad a aspectos de la esfera familiar y personal.
Por el contrario, Valdez et al. (2014), afirman que las mujeres son quienes experimentan desesperanza con mayor frecuencia, lo cual es atribuible a factores internos (falta de atención, distracciones, desconfianza, orgullo y sentimientos negativos), a diferencia de los hombres, cuyas causas se deben a factores externos (la muerte, problemas económicos, dificultades familiares y falta de tiempo). Este mismo hallazgo ha sido reportado por estudios realizados por Rosales et al., (2013) y Cubillas et al., (2012). Sin embargo, Garza et al., (2020), encontraron que los estudiantes hombres presentan mayor desesperanza con respecto a las mujeres, lo cual se relaciona con los hallazgos de la presente investigación, debido a que los participantes del género masculino reportaron mayor nivel de desesperanza, pese a que no se hallaron diferencias significativas.
Ahora bien, en Colombia, el MinSalud (2018) reporta que las tasas de suicidio son mayores en mujeres y por cada hombre que tiene un intento de suicidio, aproximadamente dos mujeres lo hacen. En el 2017, 63,3% de los casos de suicidio fueron del género femenino por 100.000 habitantes (Sistema Nacional de Vigilancia en Salud Pública, SIVIGILA, 2018). Además, la OMS (2019), señala el género y la edad como factores de riesgo de suicidio y problemas mentales asociados, siendo las personas LGBTI y los jóvenes con edades entre los 15 y 29 años, los más vulnerables a este evento.
Teniendo en cuenta lo anterior, es importante considerar los programas de promoción de la salud y de apoyo social formal e informal en jóvenes universitarios, con respecto al vínculo con instituciones públicas y privadas, familiares y amigos (García y Madrigal, 1999), para facilitar el afrontamiento de problemáticas asociadas a la pandemia de COVID-19. En caso contrario, hay un porcentaje mayor de estudiantes que están en riesgo de desesperanza, lo que lleva a considerar la relación que existe entre el apoyo social, bienestar y condiciones favorables para la salud mental, como menor sintomatología depresiva y ansiosa (Barrera et al., 2019; Feldman et al, 2008).
El presente estudio tuvo una metodología cuantitativa, directriz que ignora el contexto singular y la historia de desarrollo personal de cada participante, por tal motivo, los datos recolectados no están exclusivamente enmarcados y determinados por las medidas de aislamiento social tomadas por el gobierno de Colombia. Adicionalmente, la estrategia para la recolección de datos a través de medios digitales, puede aumentar la probabilidad de incidir los siguientes sesgos: sesgo en la selección de los sujetos para el estudio, falsedad de los datos, la fatiga y confusión de los ítems.
Finalmente, es importante considerar los retos que traerá la post-pandemia para los diferentes actores de la sociedad en materia de salud pública y educación, con el fin de elaborar estrategias desde una perspectiva integral y holística, y de este modo, favorecer la transición a una nueva normalidad y prevenir el riesgo de efectos negativos en el bienestar psicológico de jóvenes universitarios y sus familias. Por esta razón, es necesario que el área de psicología, las instituciones educativas y de salud, desarrollen acciones orientadas a informar, atender y contener las consecuencias psicosociales de la población durante y posterior a la pandemia, así como acciones de investigación y observación del comportamiento individual y colectivo, para recopilar información importante y posteriormente tomar decisiones enfocadas a las necesidades de la población (Gallegos et al., 2020).
1 Correspondence about this article should be addressed Silvia Nathalia Vanegas Mendez:nathalia.vanegas.2020@gmail.com


