Artículos
La investigación sobre la socialización de emociones en comunidades indígenas de Latinoamérica: retos y oportunidades
Research on the socialization of emotions in Latin American indigenous communities: challenges and opportunities
La investigación sobre la socialización de emociones en comunidades indígenas de Latinoamérica: retos y oportunidades
Revista Interamericana de Psicología/Interamerican Journal of Psychology, vol. 58, no. 2, e2008, 2024
Sociedad Interamericana de Psicología
Received: 07 January 2024
Accepted: 22 June 2025
Resumen: En la investigación psicológica sobre la socialización de emociones, aún prevalece una visión eurocéntrica y occidental que concibe a las emociones como experiencias individuales y mentales, alejadas de su carácter relacional y cultural. En Latinoamérica existe una gran diversidad cultural; a pesar de ello, son pocos los estudios psicológicos en este campo. Este artículo analiza las investigaciones sobre la socialización de emociones en comunidades indígenas latinoamericanas. Las reflexiones inician con una revisión de las escasas investigaciones relacionadas con la socialización de emociones. Específicamente, se presentan con mayor énfasis estudios realizados entre los mayas de México, como un caso particular para ilustrar cómo la concepción y socialización de emociones difieren de la visión eurocéntrica sobre las emociones. Se argumenta la necesidad de un cambio epistémico en el estudio de las emociones y su socialización, tanto a nivel teórico como metodológico. También se resaltan los retos y oportunidades emergentes que tendría el estudio de las emociones en las comunidades indígenas latinoamericanas. Ahondar en este campo permitiría contribuir al entendimiento global de la diversidad emocional en diferentes culturas y a la conformación de una psicología latinoamericana vinculada a las comunidades, que genere pautas para el diseño de políticas e intervenciones culturalmente pertinentes.
Palabras clave: Socialización de emociones, comunidades, indígenas, cultura, Latinoamérica.
Abstract: In psychological research on emotion socialization, a prevailing Eurocentric and Western perspective persists, conceptualizing emotions as individual and mental experiences, divorced from their relational and cultural nature. Latin America boasts significant cultural diversity; however, psychological studies in this field remain scarce. This article analyzes research on emotion socialization within Latin American indigenous communities. Reflections commence with a review of the limited research related to emotion socialization. Specifically, studies among the Maya of Mexico are emphasized to illustrate how the conception and socialization of emotions differ from the Eurocentric view. The necessity of an epistemic shift in studying emotions and their socialization is argued, both theoretically and methodologically. Additionally, emerging challenges and opportunities in studying emotions within Latin American indigenous communities are highlighted. Delving deeper into this field could contribute to a global understanding of emotional diversity across cultures and foster a Latin American psychology connected to communities, guiding the development of culturally relevant policies and interventions.
Keywords: Emotion socialization, communities, indigenous, culture, Latin American.
Introducción
Las emociones han sido tradicionalmente estudiadas desde una perspectiva que no las considera relacionadas con la cultura. En lengua inglesa, la palabra “emotion” resulta para algunos conveniente para nombrar un fenómeno distintivo; para otros, carece de una referencia esencial ( Beatty, 2019). Este término anglosajón ha sido empleado por la psicología occidental para el desarrollo de la investigación en torno a las emociones. Desde la perspectiva eurocéntrica, el término “emoción” se considera sinónimo de experiencias mentales que ocurren dentro de los individuos, siendo esta concepción normalizada en la investigación psicológica ( Hoemann et al., 2023). Cuando se consideran las emociones como características individuales en lugar de situacionales o relacionales, no se visualizan como sociales o culturales, ya que se conciben como procesos heredados biológicamente e independientes de la herencia cultural ( Lutz, 1988).
En este sentido, las emociones son consideradas predominantemente como estados mentales internos individuales, con sentimientos subjetivos y sensaciones corporales, aun cuando se ha documentado que existe una diversidad en la concepción de las mismas. Por ejemplo, en las narrativas emocionales de los Hadza, una comunidad de cazadores-recolectores que residen en Tanzania, África oriental, se enfocan en acciones situadas en lugar de un lenguaje orientado a estados mentales internos, y recurren a descripciones de procesos, secuencias de eventos y necesidades inmediatas, en lugar de sentimientos subjetivos ( Hoemann et al., 2023).
Específicamente, la socialización de emociones implica que cada cultura proporciona pautas emocionales a partir de las cuales las niñas y los niños aprenden qué es lo esperado o deseado, guiando la expresión, comprensión y regulación de sus emociones, permitiéndoles conducirse competentemente en su contexto cultural ( Halberstadt & Lozada, 2011; Kitzmann, 2012). Entre los Gamo, un pueblo patriarcal y estructurado jerárquicamente por edades, ubicado en las tierras altas de Gamo-Dorze en el sur de Etiopía, las madres consideran que las emociones de los infantes se encuentran fuertemente relacionadas con sus necesidades inmediatas, por lo que la discusión verbal o expresión emocional no forman parte de la socialización de los infantes, como sucede en Occidente ( Bader & Fouts, 2018).
En Latinoamérica, la socialización de emociones de las comunidades indígenas ha sido escasamente estudiada. Después de los estudios con muestras de origen europeo-americano, predominan los estudios con poblaciones asiáticas y en menor medida latinas, lo cual indica que a pesar de la gran diversidad cultural de Latinoamérica, no hay un interés en las investigaciones psicológicas por considerar a las comunidades indígenas ( Jiménez-Balam et al., 2023). En lo que respecta a los estudios sobre las concepciones o ideas de que las madres y los padres tienen sobre las emociones de sus hijas e hijos, las poblaciones no-occidentales se encuentran subrepresentadas, particularmente por la dificultad metodológica que implica estudiar las emociones considerando la cultura, pues es difícil el empleo de instrumentos estandarizados, dada la particularidad de cada cultura ( Bader & Fouts, 2019).
En este contexto, el objetivo del presente artículo es presentar un análisis crítico de la investigación sobre la socialización de emociones en comunidades indígenas de Latinoamérica. Se inicia con la revisión de los escasos estudios publicados relacionados con la socialización de emociones en esta región. Después, se presenta la investigación realizada entre los mayas yucatecos de México para ilustrar cómo los supuestos eurocéntricos u occidentales sobre las emociones no siempre se cumplen, pues el grupo étnico maya concibe las emociones y su socialización de forma particular, argumentando así la necesidad de un cambio epistémico en la forma de estudiar las emociones y su socialización. Posteriormente, se plantean los retos y las oportunidades emergentes que podrían apoyar el desarrollo de este campo escasamente estudiado. De esta manera, se pretende contribuir a la reflexión crítica sobre la producción científica de la psicología en Latinoamérica. Finalmente, se destaca el valioso aporte que el estudio de las emociones en las comunidades indígenas haría al panorama global en la construcción de una comprensión integral de la experiencia emocional en el marco de la diversidad cultural.
Estudios sobre socialización de emociones en comunidades de Latinoamérica
Los primeros estudios sobre las emociones y cultura en Latinoamérica indican en general que la salud y el bienestar implican la tranquilidad y la importancia de las relaciones sociales, por ello se desanima la expresión de emociones como el enojo o la cólera, que pueden perturbar esta tranquilidad ( Fernández et al., 2000). Inicialmente, se consideró la perspectiva que organiza a las culturas en individualistas y colectivistas. Esta dimensión individualismo-colectivismo indica el papel o importancia que se le da al individuo, grupo o colectivo. Los países colectivistas se caracterizan por dar importancia a un marco social, como la familia o un clan, donde los individuos están implicados emocionalmente. En cambio, en los países individualistas, las personas son más orientadas hacia sí mismas, con un modelo más egocéntrico en su comportamiento emocional. Además, las reacciones internas son más importantes, más fuertes, con cambios físicos internos.
También se clasificó a los países en dimensiones, como la distancia de poder, la cual se refiere a la valoración que se les da a las diferencias de estatus. En países con alta distancia de poder se tiende a promover más el respeto, así como la autocontención emocional. Se desenfatiza la expresión emocional y las vivencias son menos intensas, pues las emociones intensas y expresadas pueden significar falta de respeto. En este tipo de culturas las personas son menos expresivas, incluso con las emociones positivas ( Páez et al., 2000). En cambio, las culturas con una baja distancia de poder tienden a expresar más abiertamente sus experiencias emocionales. En un estudio realizado por Fernández et al. (2001), sobre las diferencias culturales en la expresión verbal emocional, se consideró un total de 1885 pertenecientes a 10 naciones de Latinoamérica (Argentina, Bolivia, Brasil, Chile, El Salvador, Guatemala, México, Panamá, Perú y Venezuela). Se empleó un cuestionario constituido por tres escalas de prototipos emocionales de alegría, tristeza y cólera-enfado. Los resultados confirmaron que los países más colectivistas resultaron ser Guatemala, Panamá y Venezuela, y el más individualista, Argentina. La expresión de emociones negativas se presenta en culturas de baja distancia de poder como Argentina. En el caso de las culturas con alta distancia de poder, como Panamá y Guatemala, países con mayor proporción de población indígena, se promueve el respeto y obediencia. Específicamente, la presencia de población indígena se asoció con una menor expresión emocional, especialmente de emociones negativas como el enojo y la tristeza.
Específicamente, en aquellos países latinos que tienen una considerable presencia de población indígena, bajo desarrollo económico y un clima frío, se observa una menor expresión verbal emocional ( Fernández et al., 2001). En estos países, como Guatemala para los mayas, Perú y el norte de Chile para los quechua y aymara, se ha identificado que el control, la expresión y la vivencia de las emociones dependen de las relaciones sociales. Por ello, se evitan y se evalúan negativamente las emociones como el cólera y el enojo, pues afectan las relaciones sociales, mientras que la alegría y la tristeza son controladas o menos expresadas ( Fernández et al., 2001; Zubieta et al., 1998).
Décadas después, la investigación publicada sobre las emociones, y particularmente sobre su socialización, en comunidades indígenas de Latinoamérica sigue siendo escasa. Remorini (2012) llevó a cabo una investigación etnográfica sobre dos grupos contrastantes: los guaraníes Mbya de Argentina y una población criolla ubicada en el noreste argentino. Estudió las representaciones y prácticas cotidianas de crianza, así como su relación con el desarrollo infantil desde una perspectiva ecológica. Descubrió que, entre los guaraníes, se ha identificado que desde los primeros años de vida se tiene la expectativa de que las niñas y los niños aprendan a controlar sus emociones, particularmente el enojo y el llanto, pues esto puede ser un riesgo si son experimentados en exceso. Se espera que los niños sean tranquilos.
En Chile, se ha desarrollado una producción científica mayor en comparación con otros países de Latinoamérica, centrándose principalmente en los mapuche. Por ejemplo, Oertwig et al. (2019) realizaron entrevistas semiestructuradas a 17 adultos mapuche sobre las emociones en la escuela y la casa, sobre su expresión en hombres y mujeres, y sobre cómo se transmiten generacionalmente. En su trabajo, presentan específicamente el miedo, la percepción de su utilidad y la transformación del miedo a través de la socialización. Sus resultados muestran que el miedo no se promueve en las niñas y los niños mapuche, además de que este está vinculado al respeto por los espíritus, la tierra y la naturaleza. En otro estudio desarrollado por Halberstadt et al. (2020) sobre las creencias de padres, madres y docentes mapuche y no mapuche sobre las emociones de niñas y niños, se aplicó un cuestionario invariante que incluía seis creencias de tres culturas de los Estados Unidos y cinco creencias de la cultura mapuche. Encontraron que se valora el control del miedo y la calma, que las emociones están relacionadas con las necesidades de otros, de la naturaleza y que aprender a escuchar a los mayores son formas de aprender a controlar las emociones.
Sin embargo, como señalan Carrasco et al. (2023) existe una incipiente investigación sobre las creencias que subyacen a los estados emocionales ideales que madres y padres desean para sus hijos en contextos de mediatización cultural, constituyendo un tema emergente en la psicología. Se resalta que en el ámbito educativo Latinoamérica está marcada por modelos educativos emocionales monoculturales, donde se presentan el racismo y la discriminación. El campo de la educación emocional mediada por la cultura, es un tema poco explorado en Sudamerica. También se indica que en Chile la visión eurocéntrica de las emociones aún persiste, limitando los entornos educativos a una educación monocultural basada en Occidente. En este contexto, se ha abordado cómo los espacios de las escuelas tienen efectos sobre la regulación emocional. Fuentes-Vilugrón et al. (2023) estudiaron los efectos de la organización de los espacios sobre la regulación emocional y el aprendizaje. Utilizaron una metodología cuantitativa basada en los efectos olvidados, considerando la incidencia de primer y segundo orden de las relaciones entre causas y efectos del espacio sobre la regulación emocional, y un diseño no probabilístico. Los participantes fueron 11 personas que tenían experiencia o no en el contexto escolar rural o con diversidad social y cultural. Se encontró que la infraestructura de las escuelas tiene efectos indirectos en el control emocional y el respeto hacia otros, además, que el uso de la lengua mapuzungun también tiene efectos indirectos en la regulación emocional de niñas y niños mapuche. Por su parte, Riquelme et al. (2023) señalan la importancia de considerar la perspectiva mapuche en los mecanismos de socialización emocional en entornos educativos formales. Mediante el método Delphi con 40 personas, investigaron los mecanismos de socialización emocional en la educación formal, así como desde la perspectiva familiar mapuche, considerando como base el epew, historias orales tradicionales. Los resultados señalan la importancia del uso de los epews en la educación infantil, pues son historias orales que forman parte de la educación mapuche. Los autores señalan que, si se consideran estas historias en las aulas, permitiría incorporar, como mecanismos de socialización, los valores y las reglas de manifestación emocional del puebl o mapuche.
En Brasil, se ha investigado en las villas agrícolas del interior de Pará, donde Fonseca et al. (2017) estudiaron las metas de socialización emocional de las madres de familia. Para ello utilizaron un cuestionario, el cual fue aplicado a 40 madres con hijas e hijos de 1 a 35 meses. Encontraron la presencia de metas tanto independientes como interdependientes. Específicamente, encontraron que las madres desean para sus hijos e hijas metas de automaximización caracterizadas por la expresión emocional, la independencia y la confianza para desarrollar sus competencias emocionales, así como de emotividad, que se refieren al establecimiento de vínculos de intimidad emocional.
La psicología en México propuso, en sus inicios el enfoque de la etnopsicología, impulsado por Díaz-Guerrero (1982), quien señalaba la importancia de investigar en las comunidades indígenas. Se comenzaron con estudios que buscaban identificar el carácter nacional del mexicano. Sin embargo, los estudios específicos sobre socialización de emociones en comunidades indígenas son escasos. Desde la antropología y la sociolingüística, De León (2005) empleó el método etnográfico y de documentación lingüística, donde se grabaron audios y videos, conjuntando registros de otros estudios. Se dio seguimiento a la trayectoria de desarrollo infantil de diversos niños mayas de Zinacatán, Chiapas. Parte de sus resultados aborda cómo entre los niños y niñas mayas zinacantecos, el miedo y enojo forman parte del proceso de convertirse en persona; se proporciona dosis pequeñas de miedo y enojo para fortalecer el ch’ulel (alma, espíritu), teniendo las emociones un papel importante en este suceso. Específicamente, se abordará el caso de los mayas yucatecos en la siguiente sección.
La socialización de las emociones entre los mayas yucatecos de México
México es un país con gran diversidad cultural y lingüística. Según el Censo de Población y Vivienda ( Instituto Nacional de Estadística y Geografía, 2020), en el país se hablan 68 lenguas indígenas, con 364 variantes lingüísticas. En 2020 se registró que había 7,364,645 personas de tres años y más hablantes de alguna lengua indígena, de los cuales 51.4% (3,783,447) eran mujeres y 48.6% (3,581,198) hombres. También se documentó que el 87.2% hablaban español y el 11.8% eran monolingües. Además, existen 23.2 millones de personas mayores de 3 años que se reconocen como indígenas, equivalente al 19.4% de la población total. De estas personas que se autoadscriben como indígenas, el 30.8% habla una lengua indígena.
La mayoría de los hablantes de lengua indígena se encuentran en el sur, oriente y sureste del territorio de México, representando el 50.5% del total de hablantes. Las lenguas más habladas son el náhuatl, el maya y el tseltal. Los hablantes de lengua indígena de 15 años y más reportaron una escolaridad promedio de 6.2 grados. El 60.5% de las personas de 15 años y más declararon ser económicamente activas ( Instituto Nacional de Estadística y Geografía, 2020).
Específicamente, el grupo étnico maya cuenta con diversas familias lingüísticas. Los denominados mayas yucatecos, para distinguirlos de otros pueblos mayas, se ubican en la Península de Yucatán, al sur de México. En el Censo de Población y Vivienda ( Instituto Nacional de Estadística y Geografía, 2020) se registraron 774,755 hablantes de lengua maya de tres años y más, representando el segundo grupo cultural con más hablantes de una lengua indígena en México.
Durante muchos años su principal medio de subsistencia fue la milpa, un sistema de policultivo que incluye principalmente el maíz, la calabaza y el frijol. El maíz es de suma importancia en esta cultura, pues se encuentra presente desde la creación del ser humano a base de maíz descrita en el Popol Vuh. También constituye la base de su alimentación y está presente en rituales y ceremonias. Sin embargo, actualmente la dinámica económica ha orillado a muchos a migrar hacia otras regiones en busca de mejores oportunidades de empleo, como la zona turística de la península, disminuyendo el trabajo agrícola en el campo.
Las familias se caracterizan por ser extensas y residir en un espacio compartido con varios familiares, donde tienen acceso a distintos recursos naturales que son utilizados para sus labores diarias. Los niños y las niñas se integran a las actividades de los adultos y contribuyen a la realización de las tareas del hogar.
Específicamente, lo emocional se relaciona con el término en lengua maya denominado óol, el cual al ser conjugado puede dar origen a diversos estados o emociones que se emplean para expresar cómo se sienten las personas, por ejemplo, ki’imakóol (alegría), yajóol (tristeza) o nakóol (aburrido). Sin embargo, Le Guen (2017) señala que no existe un dominio lingüístico emocional estrictamente hablando, pues el óol puede implicar elementos fisiológicos y cognitivos.
Desde la lingüística se ha documentado que existe un amplio léxico emocional en el maya colonial. También que las emociones se vinculan a partes del cuerpo, por ejemplo, el óol es relacionado con el corazón no material ( Bourdin, 2014). El óol es polisémico y se ha documentado en la antropología como parte de la noción de persona ( Bourdin, 2007), como un centro o núcleo vinculado con el corazón ( Hanks, 1990), voluntad y corazón mental ( Yoshida, 2006), y energía vital vinculada a estados fisiológicos y capacidades cognitivas ( Le Guen & Pool, 2008). Desde la psicología, Jiménez-Balam et al. (2020) reportan que el óol es descrito por un grupo de dignatarios mayas como ánimo, voluntad, fuerza, energía, movimiento. Este fue difícil de definir pues es un término que no se concibe disociado. Cuando el óol se conjuga y cambia, se altera, se mueve, da origen a diversos estados, que implican varios componentes, no únicamente emocionales. Esta concepción de las emociones asociadas a cambios en el óol es diferente a la noción eurocéntrica y occidental de las emociones. También es importante mencionar que hay términos en lengua maya para las emociones que no requieren del óol, por ejemplo, sajak (miedo) o p’ujul (enojo). Además, emocionarse está relacionado con ki’imak óol (alegría), pero en términos de equilibrio y balance, pues señalan que “mix seen tuukul, mix seen ki’imakóolal” (ni mucho pensar, ni mucho emocionarse). Este equilibrio se refleja en la expresión emocional, pues se espera que sea con moderación, se alienta la alegría como tranquilidad, sin pensar mucho (preocupación), y emociones como el enojo o la tristeza no se promueven o se viven en solitario para no preocupar a los demás, ya que las relaciones harmoniosas son importantes.
Específicamente, el estudio sobre la socialización de emociones entre los mayas es escaso (por ejemplo, De León, 2005; Le Guen, 2012), pero lo es aún más desde la psicología. Jiménez-Balam (2021) estudió las metas de socialización de emociones y las concepciones parentales sobre la expresión emocional de niñas y niños de hasta 36 meses entre madres y padres mayas del sur de México. En el primer caso, las metas de socialización de emociones hacen referencia a lo que madres y padres esperan sobre el desarrollo emocional de sus hijas e hijos ( Mendes et al., 2019). Los resultados indican que las madres y padres mayas tienen metas de automaximización, pues desean que cuando adultos sus hijas e hijos sean felices y alegres, además de que es importante que tengan confianza en expresar sus emociones. Otra meta que sobresalió fue la del autocontrol, la cual hace referencia al control emocional y de impulsos. Las madres y los padres hicieron alusión al equilibrio en la expresión emocional, siendo necesario que desde pequeños aprendan a regularlas, particularmente el enojo, pues consideran que no es bueno enojarse mucho, ya que irrumpe en la tranquilidad.
Las concepciones parentales sobre las emociones son importantes, pues son las que orientan las prácticas de crianza y socialización de emociones. Dependiendo de la cultura de origen, algunas emociones son promovidas para expresarlas y otras no. Las normas culturales guían la expresión emocional ( Capobianco et al., 2019). La valoración sobre la expresión emocional es crucial, pues si las madres y padres piensan que una emoción es importante la promoverán, mientras que si no es así la ignorarán. Entre las madres y los padres mayas, Jiménez-Balam (2021), encontró que se espera que las niñas y los niños pequeños expresen alegría, pues es importante para su bienestar. No se espera que se prolongue la tristeza pues puede enfermarlos. En ambos casos, las madres y los padres, esperan que los infantes las expresen pues les permite saber cómo se encuentran.
El enojo no es promovido ni esperado que lo expresen, ya que puede generar conflictos. Sin embargo, en algunos casos su expresión le permite saber a las madres y los padres qué les disgusta a las niñas y los niños y así evitan obligarlos a hacer cosas que no les gusta, pues su voluntad es valorada. En el caso del miedo, es una emoción que se promueve desde pequeños; se espera que los infantes aprendan a tener miedo a aquello que los puede dañar. A partir de un agente socializador denominado chichi, que puede representar animales, insectos o extraños, las madres y los padres lo emplean para dar dosis de miedo a los infantes y así ellos puedan cuidarse de los peligros y conducirse de forma autónoma e independiente en su entorno inmediato.
En el caso de la vergüenza, las niñas y los niños aprenden a comportarse de forma correcta. Mientras que el orgullo fue descrito en función de dos aspectos, un orgullo positivo, que genera bienestar por los logros obtenidos y un orgullo negativo, que promueve el individualismo y egoísmo, lo cual no es valorado. Tanto para la vergüenza como para el orgullo, las madres y padres mayas consideran que los infantes de hasta 3 años son pequeños y no tienen el entendimiento necesario para comprenderlas.
En este estudio, el óol fue escasamente mencionado. Sin embargo, aparecieron otras nociones, el na’at (entendimiento), el tuukul (pensamiento-preocupación) y el k’ajal iik’ (memoria, recordar). El na’at es una noción vinculada al desarrollo, hace referencia al entendimiento. En el contexto de las emociones fue señalado como un elemento importante para que los infantes experimenten las emociones, pues los infantes aún no tienen un na’at desarrollado, lo que no les permite comprender del todo, por ejemplo, emociones como el orgullo. En el caso del tuukul es descrito como pensamiento-preocupación, las madres y padres señalan que las niñas y los niños pequeños aún no tienen tuukul, no tienen preocupaciones y por eso son alegres. El k’ajal íik fue señalado como la memoria-recordar, y en el contexto emocional fue mencionado al referirse que las niñas y los niños actuales tienen mayor capacidad de recordar y captar lo que ven en su entorno, siendo que las emociones las expresan más que antiguamente.
Las metas y concepciones que madres y padres mayas tienen sobre las emociones de sus hijas e hijos nos presentan un elemento importante en la socialización de emociones que conduce a caminos específicos de desarrollo emocional.
Retos y oportunidades para el estudio de la socialización de emociones desde Latinoamérica
Es importante investigar en las comunidades indígenas de Latinoamérica. Sin embargo, tal como señala Smith (2016), el término investigación ha significado colonización e imperialismo para los indígenas. La relación entre las instituciones en las que se desarrolla la investigación y las comunidades indígenas es asimétrica, dejando de ser la investigación un medio para desarrollo del conocimiento y contribución al bienestar comunitario. Como señala Pavón-Cuéllar (2021) en la psicología mexicana y centroamericana, no se toma al indígena como colega y menos para aprender algo de él en el campo psicológico. En este contexto, el reto es investigar a partir de la deconstrucción de metodologías y construcción de una relación en la que se encuentren representadas las visiones y necesidades de las comunidades indígenas.
A nivel teórico, el problema con que la mayoría de los estudios sean realizados en muestras de Occidente y escolarizadas, es que desde ahí se construyen las propuestas teóricas para estudiar las emociones, teniendo implicaciones también en las metodologías, siendo apoyadas por las investigaciones que desde ahí se derivan ( Hoemann et al., 2023). Hruschka et al. (2018) indica que existe una tendencia en la psicología, en la cual predominan abordajes teóricos que consideran como referente a Occidente y fomentan la aplicación universal de los resultados. Por ejemplo, el modelo heurístico de Eisenbert et al. (1998) es un abordaje teórico ampliamente empleado para el estudio de la socialización de emociones. Sin embargo, Raval et al. (2014) questionan y señalan que este marco teórico concuerda con las prácticas europeas-americanas, pero no aplica en otras poblaciones.
En este contexto, resulta urgente un cambio hacia marcos teóricos desde las epistemologías indígenas, considerando sus perspectivas. Una teoría local sobre las emociones está íntimamente relacionada con la concepción sobre la persona y las relaciones sociales, pues son un reflejo de una visión sobre cómo las personas se relacionan, comportan, sienten, piensan e interactúan ( Lutz, 1988). En ese sentido, un reto implica estudiar las “emociones” cuando en las comunidades indígenas no se cuenta con un referente a lo que se conoce como “emociones” en la psicología occidental. Por ejemplo, en la lengua maya no se cuenta con una palabra para referirse a las emociones. Siendo necesaria una metodología que permita construir una teoría desde una epistemología que explique cómo se constituye lo emocional entre los mayas, lo cual implicaría considerar elementos como el óol, el cual, como se ha descrito es complejo y amplio, no se limita a un aspecto de la persona. Nociones como el na’at, tuukul y k’ajal íik’ resultan elementales para comprender la socialización de emociones del grupo étnico maya. Estos elementos permiten ver lo crucial que es partir desde las nociones locales comunitarias y lingüísticamente identificar cómo se expresan las experiencias emocionales.
También, para entender cómo se socializan las emociones en las comunidades indígenas de Latinoamérica, es necesaria una perspectiva interdisciplinaria, pues el aporte de la psicología en conjunto con la lingüística y la antropología, podrían abordar de forma más amplia las emociones y su socialización.
Consideraciones finales
La psicología generada en Latinoamérica podría contribuir a la comprensión de procesos emocionales dentro de contextos culturales diversos. Específicamente, la investigación sobre la socialización de emociones en las comunidades indígenas representa un campo de estudio fundamental, emergente y desafiante en esta región, que aportaría significativamente al entendimiento de la intersección entre cultura y emoción a nivel global.
Las comunidades indígenas de Latinoamérica, con su vasto legado cultural, ofrecen una ventana única para explorar la diversidad de las prácticas emocionales humanas. Sin embargo, como se ha expuesto, no se está exento de dificultades y retos, ya que se enfrenta a desafíos epistémicos, metodológicos y éticos en la investigación intercultural.
Culturas como la maya tienen sus propias formas de concebir y socializar las emociones, que no puede ser ignoradas en las políticas públicas, modelos educativos e intervenciones clínicas y comunitarias. Por ello, también es necesario reorientar el objetivo de las investigaciones, de tal manera que tengan un valor agregado en beneficio de las comunidades indígenas.
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Conflicts of Interest:
Author notes
a Correspondence about this article should be addressed Deira Jiménez-Balam:xdeira@gmail.com