Artículos
Procesos Migratorios de Mujeres Indígenas en el pos Conflicto Armado Interno del Perú
Migration Processes in Indigenous Women Post Internal Armed Conflict in Peru
Procesos Migratorios de Mujeres Indígenas en el pos Conflicto Armado Interno del Perú
Revista Interamericana de Psicología/Interamerican Journal of Psychology, vol. 58, no. 2, e1652, 2024
Sociedad Interamericana de Psicología
Received: 11 June 2021
Accepted: 20 August 2024
Resumen: Este trabajo presenta un análisis de los movimientos migratorios en mujeres indígenas de la comunidad Sacsamarca, Ayacucho, Perú. A partir del método cualitativo, se utilizó historias de vida y etnografía de campo como fuentes de recolección de información. Los resultados señalan que la migración de las mujeres indígenas es una práctica comunitaria andina, que es posible por una red de paisanaje que actúa como factor facilitante. Asimismo, los hallazgos muestran que el Conflicto Armado Interno (CAI) es un punto de quiebre de las dinámicas de los procesos migratorios de las comunidades andinas en el Perú y, en el caso de estas mujeres, ayuda a entender el ida y vuelta en tanto Sacsamarca es una comunidad cuyas características les permite volver. Se concluye que es un proceso dinámico de ida y vuelta, que cuestiona los límites territoriales –geográficos- de la comunidad y la concepción unidireccional de la migración.
Palabras clave: Mujeres indígenas, conflicto armado interno, migración, redes de paisaje.
Abstract: This paper presents an analysis of the migratory movements of indigenous women in the community of Sacsamarca, Ayacucho, Peru. Based on the qualitative method, life histories and field ethnography were used as sources of data collection. The results indicate that the migration of indigenous women is an Andean community practice, made possible by a network of paisanaje that acts as a facilitating factor. In addition, the findings show that the Internal Armed Conflict (CAI) is a breaking point in the dynamics of the migration processes of Andean communities in Peru and, in the case of these women, it helps to understand the two-way process, since Sacsamarca is a community whose characteristics allow them to return. It is concluded that it is a dynamic process of coming and going, which questions the territorial - geographical - limits of the community and the unidirectional conception of migration.
Keywords: Indigenous women, internal armed conflict, migration, peasant network.
Introducción
Considerando la literatura sobre migraciones y género ( Lykes et al., 2015; Tittensor & Mansouri, 2017; Yilmaz, & Ledwith, 2016), en este estudio analizamos los procesos migratorios de mujeres indígenas de una comunidad andina en el pos Conflicto Armado Interno [CAI] en el Perú. Nos ubicamos desde la Psicología Comunitaria [PC] feminista decolonial ( Boonzaeir & van Niekerk, 2019; Contreras & Trujillo, 2017) para entender el contexto en que viven las mujeres, las razones que las expulsan de su lugar de origen y la experiencia subjetiva de la llegada, identificando cuáles son los factores que facilitan dicho proceso, y el retorno a su comunidad ( Ortiz-Torres & Rodríguez-Cancel, 2019).
La PC promueve en las personas, grupos y comunidades, compromiso crítico y reflexión, así mismo contribuye a la movilización y transformación social frente a sistemas dominantes y opresores que generan injusticia social ( Montero et al., 2017; Perkins & Schensul, 2017). El feminismo decolonial permite evidenciar que las experiencias de las mujeres indígenas se definen por su condición étnica y de género ( Mendoza, 2014). Esta aproximación implica, por un lado, denunciar los múltiples sistemas de opresión presentes desde la colonia hasta la actualidad ( Boonzaeir & van Niekerk, 2019) y, por otro lado, reconocer la heterogeneidad de las mujeres y su capacidad de agencia. En esa línea, buscamos desafiar perspectivas androcéntricas y universalistas, incorporando la dimensión comunitaria feminista decolonial para dar cuenta de una realidad compleja que se ubica en un territorio marcado por la cultura andina (quechua) con una cosmovisión que ha sido subordinada por la cultura criolla hegemónica en el país.
Contexto Histórico y Social
Este estudio se realiza con la comunidad de Sacsamarca, ubicada en Ayacucho, a 3,420 m.s.n.m. Es una comunidad afectada por el CAI e identificada por la Comisión de la Verdad y la Reconciliación [CVR] (2003) como parte de la violencia política promovida por el Partido Comunista del Perú Sendero Luminoso [PCP-SL] en la década de los 80.
La CVR (2003) propone que el CAI tuvo un impacto diferenciado, según las desigualdades económicas, étnicas y de género. Las principales víctimas fueron pobladores de los departamentos más excluidos y pobres del Perú, como Ayacucho y Huancavelica (83% de origen rural y 75% quechuahablante). La violencia alteró la organización económica, social y comunitaria generando un daño psicosocial que afectó el desarrollo de personas, familias y comunidades ( Bustamante et al., 2013; Cárdenas et al., 2005; Equipo Peruano de Antropología Forense [EPAF], 2012; González, 2011; Theidon, 2004). Asimismo, modificó la dinámica de las relaciones de género en las comunidades ( Reynaga, 2008; Ruiz-Bravo y Velázquez, 2003; Suarez & Suarez, 2016).
El Informe Final de la CVR (2003) y estudios posteriores ( Caro, 2014; EPAF, 2012; Eskenazi et al., 2015; Espinoza, 2018; Koc et al., 2002; Gorriti, 2019) señalaron que Sacsamarca fue una de las primeras comunidades en enfrentarse al PCP-SL, lo que, aunque dio lugar a represalias severas, evitó su asentamiento en la zona. Posteriormente, por la iniciativa y perseverancia de actores de la comunidad, el Congreso de la República aprobó el dictamen para modificar la Ley 29031, Ley que instituye y establece el 15 de febrero como Día de los Defensores de la Democracia. La propuesta reconoce a Sacsamarca como pueblo benemérito que luchó contra el terrorismo para la pacificación nacional.
Si bien Sacsamarca enfrentó al PCP-SL, uno de los impactos fue el desplazamiento forzoso. La población sacsamarquina se ha reducido en un 25% en los últimos treinta años, quedando principalmente hombres y mujeres mayores de edad ( Eskenazi et al., 2015; Gutiérrez, 2017). Gran parte de las migraciones por desplazamiento forzoso fueron durante el CAI ( Espinoza, 2018). Sin embargo, para comprender la migración femenina es importante conocer las dinámicas de movilidad de las mujeres indígenas. La migración andina es parte de las experiencias comunitarias en que las mujeres han migrado a las ciudades para estudiar y mejorar sus condiciones de vida.
Migración y Mujeres Indígenas
En una sociedad poscolonial, como la peruana, las mujeres están en una situación precaria por relaciones de poder de larga data que se intersectan con jerarquías étnicas y sociales. Esta situación se expresa en la brecha salarial, la escasa participación política y la violencia de género ( Instituto Nacional de Estadística e Informática [INEI], 2016; Zambrano y Uchuypoma, 2015). Investigaciones sobre mujeres indígenas andinas, desde una perspectiva interseccional, plantean que ellas quedan fuera del desarrollo y del ejercicio de la ciudadanía por su situación étnica y de género ( De la Cadena, 2004; Henríquez & Arnillas, 2013; Ruiz-Bravo, 2014; Weismantel, 2001).
Las mujeres indígenas y pobres se encuentran en el lugar del no saber y del no poder por ubicarse en la periferia simbólica del país. Por eso la necesidad de un enfoque decolonial e interseccional ( Boesten, 2010; Crenshaw, 1991; Henríquez, 2006; Lugones 2008). La interseccionalidad evidencia, entonces, que hay un conjunto de “fuerzas sociales” entrelazadas como lengua, raza, género, clase, diversidad sexual, discapacidad, entre otras ( Bueno-Hansen, 2020) que definen la experiencia de las mujeres y nos ayudan a comprender la posición que ocupan las mujeres en la sociedad, especialmente las mujeres indígenas.
Las migraciones femeninas se producen por una asociación entre pobreza y violencia. Es una búsqueda de oportunidades para una vida más digna para ella y sus hijos/as ( Lykes et al., 2015; Yilmaz & Ledwith, 2016). En el Perú, a ello se suma el centralismo, ya que la desigual distribución de los servicios -salud y educación- más la ausencia de oportunidades laborales, empujan a las mujeres indígenas a migrar en busca de un lugar con un “mejor” futuro ( Barrig, 2005; Berg, 2015; Boyd, 2019; De la Cadena, 2004).
La migración es posible porque se cuenta con redes de soporte y apoyo en el lugar de origen que favorecen la reinserción ( Soon, 2002) y contribuyen al bienestar. La red de paisanos ayuda a mantener el sentido de pertenencia y las identidades construidas en la comunidad de origen, ya que promueve prácticas culturales, costumbres y tradiciones ( Venturoli, 2009). Además, se facilita el proceso de desterritorialización de la comunidad, y aparece el tema de la translocalidad. Así muchas comunidades son ampliadas, porque incluye, además de los miembros que viven en la comunidad, a quienes viven fuera, pero siguen siendo parte.
Los procesos migratorios se trastocaron por el CAI, aumentando significativamente las migraciones del campo a la ciudad, lo que exige un análisis diferenciado de los mismos ( Coral, 2006; Zevallos, 2015). Durante el CAI las mujeres indígenas usaron diferentes estrategias de organización y participación comunitaria para enfrentar al impacto de la violencia ( Reynaga, 2008; Távara, 2019). Una de ellas fue migrar a otras ciudades y hacerse cargo de las familias en contextos adversos por su condición de viudas o de estigmatización por su lugar de origen ( Macher, 2014; Ruiz-Bravo y Velázquez, 2003).
En los periodos previos, las mujeres migraban por mejores oportunidades, en el CAI migran para salvar sus vidas ( EPAF, 2012; Ramírez, 2018). En este periodo se desplazó más de medio millón de personas ( CVR, 2003). Sobre el retorno, en los casos de desplazamiento forzoso, Sert (2010) señala que, si bien es un derecho, muchos no regresan. En el caso del Perú, los registros señalan que más del 50% de personas retornaron a su lugar de origen ( Coral, 2006; MIMP, 2012; Ramírez, 2017, 2018).
Entonces, considerando que la migración es parte de la cultura andina y siendo pocas las investigaciones que exploran esta práctica durante el CAI ( Ramírez, 2017), este estudio tiene como objetivo identificar y analizar los procesos migratorios de las mujeres indígenas de una comunidad en el pos CAI.
Método
Se utilizó un enfoque cualitativo ( Creswell & Poth, 2018) para analizar la realidad en su contexto, tratando de darle un sentido a los procesos migratorios de las mujeres. Además, este trabajo abre una línea de investigaciones, en el contexto pos CAI, sobre los procesos migratorios de las mujeres.
Este artículo forma parte de la investigación doctoral “Sufrimiento social y agencia en mujeres indígenas de una comunidad Ayacuchana en el pos conflicto armado interno en el Perú”, cuyo objetivo es comprender la configuración del sufrimiento social y la agencia en la experiencia subjetiva cotidiana de mujeres indígenas de la comunidad de Sacsamarca.
Este estudio se inserta en el paradigma del construccionismo social ( Estrada y Diazgranados, 2007; Gergen, 1996) que señala que el conocimiento se construye a partir de la interacción con los participantes en un contexto determinado. Nos interesa, prestar atención al contexto histórico y social ( Berger y Luckmann, 2011), y rescatar el encuentro intersubjetivo ( González Rey, 2007) con las participantes.
Participantes
La selección de participantes se dio a través de la técnica bola de nieve, trabajando con amigas, parientes y vecinas de las mujeres conocidas durante el proceso de familiarización, que implicó una o dos visitas para establecer un vínculo con cada participante. La participación de las mujeres fue voluntaria. Consideramos como principio fundamental la disposición a hablar de sus experiencias de vida. A partir de la investigación principal, en la cual se han realizado 10 historias de vida a mujeres que viven en la comunidad, para este estudio escogimos a seis participantes cuyas historias presentaron procesos migratorios. Las características se detallan a continuación:

Herramientas para la Recolección de Información
Utilizamos la etnografía de campo y la entrevista a profundidad para la recolección de información. La etnografía de campo nos aproximó a la dinámica de la comunidad y de las mujeres, lo que nos permitió generar conocimiento situado ( Guber, 2004). La convivencia con la comunidad nos acercó a la cotidianeidad. Además, dialoga con los procesos de familiarización de la PC, ya que promueve la confianza entre la comunidad y la investigadora. Es así que participamos de diferentes festividades y actividades que, como señala Montero (2006), nos permitieron conocer detalladamente los sentidos otorgados por la comunidad a diferentes procesos de la vida de las mujeres de Sacsamarca.
La historia de vida se sustenta en el método biográfico que permite condensar lo sincrónico y lo diacrónico: estructura histórica y social e historia personal ( Bertaux, 1999). Es una técnica basada en la interacción social, en la cual se construye un discurso en una reflexión conjunta ( Flick, 2014). Esta técnica coloca en el centro a la persona, y da cuenta de los significados que adjudica a su propia historia en diálogo con la entrevistadora.
Desde nuestra aproximación cualitativa a una realidad andina compleja apostamos por una triangulación de métodos que combinan las entrevistas e historias de vida que apelan al discurso oral con las etnografías en las que apelamos a observar sus acciones, así como las performances, celebraciones y otras actividades que son parte de su cosmovisión y no son parte de una tradición discursiva.
Procedimiento
Esta investigación se enmarca en un convenio entre la Dirección Académica de Responsabilidad Social (DARS) de la Pontificia Universidad Católica del Perú (PUCP) y Sacsamarca. Este marco nos permitió realizar siete viajes a la comunidad para la familiarización y recolección de la información. Los viajes se dieron en fechas diferentes para conocer tiempos distintos de la comunidad, en función del calendario agrícola y comercial.
Luego de obtener la aprobación del Comité de Ética para la Investigación de la PUCP (Dictamen N° 0260-2016/CEI-PUCP), se obtuvo la autorización de la junta directiva de la comunidad -máxima instancia de toma de decisiones-. Esto nos permitió iniciar un proceso de familiarización y contactar con algunas mujeres de la comunidad para realizar la recolección de información.
Las entrevistas para construir las historias de vida se llevaron a cabo a través de visitas al domicilio de las mujeres. En la mayoría de ocasiones, ellas estaban trabajando, cocinando o llevando a pastear a los animales. En otros casos, sus viviendas son también lugares de comercio, de forma que las entrevistas se realizaban mientras ellas vendían o arreglaban la mercadería. Además, a lo largo de la investigación se participó de diferentes eventos y festividades de la comunidad, para ello se utilizó un diario de campo para registrar características y sentidos otorgados por las mujeres a dichos sucesos.
Análisis de Información
Las historias de vida fueron analizadas desde un enfoque feminista y decolonial ( Boonzaeir & van Niekerk, 2019; Ciofalo, 2019; Rivera, 2010; Segato, 2011), que implica denunciar el pensamiento androcéntrico y colonial en la construcción del conocimiento. Este trabajo apuesta por un conocimiento situado y pertinente ( Haraway, 1991; St. Germaine–Small et al., 2012).
Respecto al rigor metodológico del análisis cualitativo, el material fue transcrito para iniciar un proceso de análisis en función del método comparativo constante ( Gaete, 2014; Raymond, 2005). Ello implica primero un proceso de codificación abierta, donde emergieron las primeras categorías de manera inductiva. Posteriormente, hubo una relectura por las dos investigadoras sobre los procesos migratorios. Este proceso de codificación permitió la construcción de categorías finales para comprender y teorizar sobre los procesos migratorios de las participantes.
Resultados
A partir de la información recogida identificamos cuatro ejes temáticos: .a) Experiencias migratorias como práctica andina, (b) Red de paisanaje como facilitador de la migración, (c) CAI: punto de quiebre de los procesos migratorios, y (d) Sacsamarca: comunidad que permite volver.
Experiencias Migratorias como Práctica Andina
El primer eje sistematiza las experiencias migratorias de las participantes, que son parte de una práctica instalada en la tradición, historia y cultura de las comunidades andinas. A partir del relato de las participantes encontramos tres categorías: estacional, temporal y residente.
Migración Estacional
Es una migración acotada, planificada y definida por los periodos de vacaciones, para trabajar y crecer personal y económicamente. Beatriz nos cuenta que, durante su adolescencia, empezó a migrar a Lima para trabajar en sus vacaciones escolares, que coincide con el verano en Lima.
“ E: ¿Pero solo venías a trabajar a casa en los veranos?
En los veranos…
E: Y de ahí te regresabas de nuevo para el colegio…
Para el colegio. Tenía para comprarme mi uniforme, mis útiles escolares, todo eso. Y con eso me iba. Ya no la hacía gastar a mi mamá, no la hacía gastar a mi papá… ya nada. Solamente mi papá en matrícula, eso un poco que me faltaba. Eso no ma. ¡En ahí todo lo que he aprendido! Si yo no hubiera salido de mi pueblo, señorita, no creo que… habría aprendido nada, me habría quedado así, quizás no me hubiese casado con mi paisano, no habría dedicado… a la puna con los animales eso…”
Beatriz explica que con lo ganado compraba sus útiles escolares y apoyaba a sus padres, reduciendo los gastos del hogar. Ello le permitió crecer y salir más allá de la “ puna con los animales”. Ella reconoce estas migraciones como un espacio de aprendizaje. Migra, pero con la convicción de volver para culminar sus estudios secundarios en la comunidad. Además, en ocasiones era víctima de maltrato, especialmente cuando trabajaba como empleada del hogar: “ Extrañaba, pues, qué voy a hacer. Tienes que trabajar, aunque sea llorando trabajaba”.
Veamos el caso de Rogelia. Ella se iba a trabajar con algunas docentes, quienes, si bien trabajaban en la comunidad durante el periodo escolar, salían en las vacaciones a la ciudad para seguir cursos de entrenamiento docente:
“(…) antes los profesores estudiaban en Huamanga (…) iban en diciembre pa que estudian enero, febrero, marzo, tres meses estudian… como empleada me llevaba pues a mí”. Ella se traslada durante las vacaciones para desempeñarse como trabajadora del hogar en la ciudad de Huamanga, con profesoras de la comunidad desde los “12, 13 años así (…) 15 años así… sí cada año así trabajaba con la profesora cada año”.
Vemos, desde una perspectiva interseccional, que estas experiencias son principalmente para realizar trabajo doméstico, experiencia que puede ser de maltrato y discriminación o de buen trato. En el caso de Emperatriz, podemos observar un ejemplo de lo primero: “Algunas patronas, serranita, serrana, tienes que hacer bien”, a las cuáles ella denomina como “bien malas”. En esta cita observamos una discriminación étnica por su origen, una desvalorización de su trabajo, pero también una conciencia de dicha discriminación y maltrato.
Mientras que Rogelia nos dice “Otra profesora me ha este…mala era, tres, tres años con otra profesora he trabajado, último, con la otra profesora he trabajado era buena…”. La diferencia tiene que ver con el cuidado y preocupación por parte de las empleadoras. En palabras de Rogelia:
“Porque quería que… me como, este… me trataba bien pues (T-Uhum), el otro no, a penas para beber no más me daba, comidita también dos cucharaditas no más, el otro no… era buena, me trataba bien, compraba mis ropitas, así me ha tratada.”
En ese sentido, el buen trato se expresa en la alimentación y el vestido que Rogelia recibe. Cabe señalar que, en otro momento, ella se refiere a su empleadora como madrina “(…) esa profesora era mi madrina”. En este caso, hay otro tipo de relación que no pasa por lo laboral; es más bien un vínculo afectivo que le permite relacionarse de otra forma.
Migración Temporal
Se trata de la migración que tiene un objetivo definido para la salida, pero sin fecha de retorno, pues dependerá de las circunstancias vividas. Esta categoría y la anterior pueden darse en la historia de una misma persona, como es el caso de Beatriz. Ella cuenta que finalizando la secundaria decide ir a trabajar a Lima. Ahí conoce a su pareja y deciden convivir e iniciar un proyecto familiar. No obstante, es la experiencia en Lima con él, la que propicia que regrese a la comunidad y le permite definir el fin de su migración:
“[…] Mi mamá dijo ‘Qué gracioso para que le pegues a mi hija delante de mí’. Agarró su zapato y le dio duro a mi esposo, le pegó, mi mamá dijo… ‘Mi hija es la única, es la engreída, no le hemos pegado ni nosotros, ha sido la engreída’, le pego¡ … y dijo ‘Ahorita nos vamos’ […] Y cómo se llama… agarre mi bolsa, le agarre su mochili… la bolsita de la bebé, y yo tenía mi cama y mi ropero todo así le dejé en la casa de mi suegra, como escapándome, salimos, todo, todo nuestro negocio… por eso me due… me he venido dejándole todo, y mi mamá dice ‘No, vámonos hija, no te voy a dejar con toda su familia, no te voy a dejar’, así diciendo.”
Beatriz recuerda lo sucedido hace años, cuando su madre, de visita imprevista en Lima, es testigo de los conflictos con su pareja. Ella había aprendido un nuevo oficio, trabajaba vendiendo comida y había construido un negocio rentable; no obstante, tiene conflictos con la pareja y la familia de él, llegando a sufrir violencia verbal y física por parte de él. Por ello deja Lima, escapando y “dejándole todo”. Es una experiencia violenta y disruptiva que genera un cambio en su vida y motiva el fin de la migración temporal. Ella no se siente segura y regresa a la comunidad con la familia, quien la apoya en esta decisión.
Migración Residente
Esta categoría hace referencia a una salida del lugar de origen y al establecimiento definitivo en el lugar de llegada, solo se retorna a la comunidad para visitas o festividades. Estas personas, son llamadas por el resto de la comunidad como “comuneros/as residentes”, haciendo alusión a que residen en otras ciudades como Lima, Ica o Huamanga, pero no por ello pierden su estatus de comuneros/as.
Es el caso de la historia de Maribel con respecto a sus hijos. Nos cuenta que migra a la ciudad de Ica cuando ellos eran menores. Si bien ella vuelve a la comunidad, sus hijos mayores no vuelven. En Ica, ella trabaja primero como jornalera en las plantaciones de algodón, luego en el negocio de venta de comida, que lo conecta con el logro de sus hijos, quienes actualmente trabajan con sus propios puestos de negocio. En este caso, Maribel genera un aprendizaje para ella y sus hijos, quienes desde muy pequeños observan y van aprendiendo en el hacer, también aprenden el valor de trabajo: “ Cuando eres flojo no hay trabajo, cuando eres vivo (hábil) sí hay trabajo”. Sus hijos son residentes en Ica y le mandan animales para que los venda en la comunidad. Han generado una ruta de comercio para la familia. Se sostiene así la economía familiar desde un negocio translocal.
Red de Paisanaje como Facilitador de la Migración
La migración es facilitada por la red de paisanaje, entendida como una malla de relaciones familiares y comunales que ofrece apoyo en el lugar de llegada ( Maya, 2009). A partir de esta red se constituyen los paisanos y paisanas que las acogen y abren puertas para el trabajo en la ciudad. Esta red cumple varias funciones:
Acoge a la Mujer Migrante
Usualmente algún familiar o paisano migró y se asentó previamente en la ciudad de destino, tal como señala Rita “Mis hermanos mayores estaban en Lima ya…”. Ella es recibida por los hermanos y acogida en su hogar. Esta función es esencial porque permite contar con un lugar a donde llegar, lo que es definitivo en la migración.
Ofrece Apoyo Social
Rita migra siendo madre de un niño pequeño y puede entrar como trabajadora del hogar en una casa cama adentro 3porque los hermanos asumen el rol de cuidado de su hijo. Ella cuenta “Mi hijo dejaba a mi hermano en Lima. (T-Ajá). Él le cuidaba, señorita. Yo trabajaba…”.
Este apoyo posibilita su inserción laboral. Consigue un ingreso económico, desarrolla nuevos aprendizajes y tiene nuevas experiencias de vida.
“E: ¿Quién te enseñó a cocinar? O, ¿cómo aprendiste?
Yo aprendí en Lima, señorita, cuando me enseñaron a cocinar. Allá me aprendí. Si estaba acá quizás no habré aprendido nada, allá sí.
E: ¿Quién te enseñó?
La señora que trabajaba, ella me enseñaba, así así cocinar me enseñaba.”
Vemos la valoración del aprendizaje generado en el trabajo. Rita aprende a cocinar, habilidad que utiliza hasta ahora, ya que es contratada para cocinar en las fiestas de la comunidad. Reconoce que trabajar en Lima le permitió aprender y desarrollar habilidades que no hubiera adquirido sin la migración.
Mantiene Prácticas Culturales
Los paisanos y paisanas pertenecen a diferentes asociaciones sociales. Estas desarrollan actividades para mantener las tradiciones y festividades de la comunidad. Por ejemplo, mientras Rita se encuentra en Lima sigue celebrando fiestas y bailando danzas de su comunidad “En los carnavales… hasta en reyes bailaba cuando era señorita, para reyes. En… cuando era señorita bailaba en la plaza, en Lima también… Sí, en competencias bailaba… en reyes”. Así, organizan celebraciones y fiestas que permiten mantener sus prácticas culturales. En el caso de Rita, le permite por diez años mantener el sentido de pertenencia con la comunidad.
Genera Rutas Comerciales y de Desarrollo
Es el caso de Maribel quien migra temporalmente, pero sus hijos se quedan y emprenden negocios.
“Mis hijos tienen puestos... Todos tienen puesto. En el mercado.
E: ¿Cada uno un puesto diferente?
Diferente, diferente, y mi hijo gringo tiene avícola, así tienen. Todos, todos tienen trabajo, tienen trabajo no tienen tiempo para que vengan acá, yo nomás voy un ratito…. pero mis clientes acá también que tal se va… mi cliente, pues yo voy, pero vengo… cuando me mandan mi pollito yo llevo para Pallcca.”
Los hijos de Maribel tienen puestos en el mercado y desarrollan una red de comercio con Sacsamarca. Ella trabaje y despliega un conjunto de habilidades para el negocio. Logra así que la familia se mantenga conectada y expande las posibilidades de trabajo. En ese sentido, la red de paisanaje facilita el proceso de desterritorialización de la comunidad, y aparece la translocalidad. Sacsamarca es una comunidad ampliada, porque incluye a los/las sacsamarquinos/as que viven en Ica, Huamanga, Lima u otros. Es decir, no es un territorio delimitado.
Entonces, podemos señalar que todas las participantes cuentan con familia directa que vive fuera de la comunidad. Se teje así una red, un ayllu más allá del territorio y se constituye una nueva noción de comunidad. De acuerdo con Soon (2002), esta red de paisanaje, en tanto sistema social de apoyo, contribuye al bienestar y a la mejora de la calidad de vida. Sin embargo, aun cuando no sea un tema que trabajemos en este artículo, es importante señalar que aparecen indicios de desconfianza y suspicacia en la red de paisanaje, especialmente cuando hay poca cercanía con los miembros de la red.
CAI: Punto de Quiebre de los Procesos Migratorios
El CAI generó un punto de quiebre en la vida de la comunidad, en su organización y en las experiencias migratorias. Se crearon nuevas dinámicas especialmente en las mujeres y sus familias. Se generó una salida intempestiva, un desplazamiento forzoso, no planificado y sin fecha de regreso. Es el caso de Emperatriz:
“Ahí me llamó mi suegra… nosotros vivíamos aparte, mi suegra con sus restos hijos viven también en la puna, en su choza: ‘¿qué pasó nuestra casa, ya no existe nuestra casa. Totalmente quemado está’. ‘Corran, vengan, papá lindo’. Llorando hemos corrido, desmayando ya. Cuando llegué, ya no había nada. Ah si… ahí está tu maicito, ahí está tu salvadito, todas tus cosas puro carbón. ¿Qué vas a hacer? Llorando. ‘Mamá me lo muero aquí, mamá linda. Dios mío, papacito, qué es lo que me está pasando’, llorando ahí, papá. (…) Ay papito mío, esos sinvergüenzas, esos desgraciados habrán muerto ya, papá. Nos hemos ido ahí llorando, ya que cosa, a trabajar. Hemos ido a Ica.”
Emperatriz narra, con mucho dolor, cómo fueron afectados: su casa fue quemada y lo pierde todo. Refiere que se han ido llorando a trabajar fuera de la comunidad, a una capital de provincia para empezar nuevamente. La pérdida es devastadora, destruye el presente, pero también la posibilidad de un futuro inmediato en la comunidad debido a la amenaza latente de la pérdida de la vida. Emperatriz explica “Si estaríamos en esa casa, en la que se ha quemado, que habría sido escapar, nos habría matado ya”.
Otras participantes fueron parte de la violencia del CAI cuando eran niñas. Noemí comenta “(…) yo tengo esa vivencia. De lo que me acuerdo de los cinco, seis, siete años… mis recuerdos de esa época si son muy tristes (…)”. La razón de este desplazamiento forzoso es la pérdida:
“Ya pues… ah, cuando llegaron a ver mi mamá estaba ya fallecida, toda la gente estaba… casi siete personas fallecidas y… eso no me acuerdo mucho a lo que me cuentan. Hasta en fila todavía a los cadáveres habían encontrado. Había mucho llanto asu, que sufrimiento (…) así nos quedamos huérfanos, mi papá, a los treinta y tres años, viudo y los cinco, pe, los cinco chiquitos (...). Así nomás nos hemos quedado, por eso estábamos ahí amontonados con papá y abuelita nomá, y por eso su hermana de mi mamá ha venido… llegó diciendo mejor yo, yo trabajo en casa en Lima, mejor me lo llevo… y me llevo… de los cuatro, yo… yo salí, yo me fui, pue…”
Noemí cuenta que cuando era niña encuentran a su mamá ya fallecida. Ella y sus hermanos quedan a cargo del padre. En este caso, la violencia del CAI genera una pérdida, una ruptura en la familia y en los roles de crianza. Ante esto la tía recoge a Noemí y la lleva a Lima. Ella no decide migrar. Es una decisión de la familia. No obstante, es un desplazamiento forzoso pues vivir en Sacsamarca no es viable.
Sacsamarca: Comunidad que Permite Volver
A partir del trabajo realizado, proponemos que Sacsamarca es un lugar que permite volver, configurándose procesos migratorios de ida y vuelta. Para analizar esta área identificamos dos categorías: Sacsamarca valiente y Sacsamarca “abriga”.
Sacsamarca Valiente
Sacsamarca fue afectada por el CAI, al año 2020 hay 109 inscritos en el Registro Único de Victimas [ RUV, 2020] (víctimas directas y familiares). Es una de las 1378 comunidades de Ayacucho inscritas en el RUV, categorizada como de afectación muy alta (Ministerio de Justicia y Derechos Humanos [MINJUSDH], 2020). No obstante, los pobladores han construido una narrativa de heroicidad. El 2018 se llevó a cabo un acto público de reconocimiento en el marco del 35 aniversario de la batalla contra el PCP-SL.
La comunidad demanda un reconocimiento por su contribución activa en apoyo al Estado durante el CAI. Este discurso está presente en la narrativa de las participantes. Emperatriz nos dice “[…] como comunidad, pues, hemos levantado, mami”; Rita señala “Los de Sacsamarca lo han revelado, pues, ya no querían seguir eso […]”. Estas narrativas permiten re-significar la comunidad, pues expulsaron y vencieron al PCP-SL. Si bien el dolor y tristeza son parte de su historia, enfrentarse al PCP-SL permite que Sacsamarca sea un lugar que permite volver.
Sacsamarca “Abriga”
El retorno es posible pues ven a la comunidad como un lugar seguro, que “abriga” frente al frío concreto -se ubica a más de 3700 metros de altura- y simbólico -cuando la experiencia migratoria es difícil y dura-. Esto lo vemos en el caso de Emperatriz quien tiene una experiencia negativa trabajando en Ica:
“E: ¿Cuánto tiempo estuvieron desplazados? ¿Muchos años o poquitos? ¿O al toque no más decidieron regresar? Noooo, me he regresado de dos años. De dos años, que cosa, pero yo no me acostumbraba, en Ica. Trabajaba en la chacra me enfermaba… me enfermaba con el calor, mami. Sentía mal mi cuerpo, por eso me he regresado […]”
Emperatriz ha tenido distintas experiencias migratorias, pero no llega a acostumbrarse al trabajo. Menciona el calor como origen de sus males, opuesto al frío de la comunidad, pero no es un calor que acoge, sino que expulsa. Este malestar físico define la experiencia del desplazamiento y por ello prefiere retornar a Sacsamarca. La comunidad le ofrece la posibilidad de volver y ser. Ella puede retomar su trabajo en la puna, tener sus animales, desarrollar un negocio y construir una casa. Logra construir un proyecto de futuro para ella y su familia. Finalmente añade “De ahí me regresé. De ahí ya no quiero ir pa nada. Yo me muero en mi sierra”.
El arraigo con la comunidad es fuerte, Emperatriz se siente cómoda y segura en su tierra. En la misma línea, Rogelia nos cuenta:
“A mí no me gusta estar en Lima, pero voy para el doctor y para verlos (a sus hijos). En Lima mucho carro, siquiera para andar porque como mucho tráfico… aquí tranquila, al aire libre, comiendo natural no más…”.
Como vemos, la comunidad es el lugar que ofrece tranquilidad, seguridad y confianza para que las mujeres regresen. Y más aún porque las ciudades son amenazantes para ellas, veamos lo que nos cuenta Rogelia:
“Si. Me ha robado como he ido solita a Lima (E-Ajá)... No sé en qué parte será pes, ahí me ha hecho bajar y mi hijo iba a venir, pue (E-Ya), en tráfico se ha demorado y carro me ha dejado ahí. Estaba sentado en banquita. Y, y el ratero me ha quitado, pe, mi mi este mi carterita”.
Otras participantes vuelven por mandatos de género: cuidar a los padres y/o criar a los niños y niñas. Estos son los casos de Noemí y Rita, la primera regresa para cuidar al padre y hacerse cargo de los animales, y la segunda para criar a sus hijos y cuidar a sus padres. La comunidad les permite volver y las acoge, las “ abriga”.
“Así me he venido, pue, justo no estaba sin trabajo todavía (E-aja), y justo mi papá estaba pasando ese problema y ya, pue…. Asu un año, como sea estaría ya, pue, como sea diciéndome me vine. Ahh… cuando llegué acá, me costó, señorita Tesania, porque yo me había acostumbrado en Lima.”
Noemí vivía en Lima (migró siendo muy pequeña) y vuelve a la comunidad debido a un pedido de sus hermanos, para cuidar a su padre, quien sufre una enfermedad y no puede ocuparse de sí mismo ni de los animales. Ella asume la tarea, pero reconoce que fue un proceso difícil. Sin embargo, Sacsamarca se volvió un espacio de posibilidades para Noemí, pues con los aprendizajes adquiridos, llegó a ocupar un cargo de autoridad en el gobierno local.
En el caso de Rita, ella regresa a Sacsamarca después de 10 años pues le era difícil conseguir trabajo por su embarazo. Decide regresar para criar a sus hijos/as y cuidar a sus padres. Ella cuenta:
“De ahí en Ica estaba. De ahí este mi hijito el otro también vino, segundo, ahí estaba también. Cuando salí embarazada de J., así sí me vine ya porque en Ica también cuando trabajaba, solo hombre nomás, no alcanza también plata (E-Ajá). Por ahí que me vine, pe, con mis dos hijitos y J. vino en barriga nomás todavía. Así fue, señorita.”
En esta narración aparece la discriminación de género: “ solo hombre nomás”. La ciudad es un espacio competitivo y limita el desarrollo de las mujeres. Actualmente, Rita está instalada en la comunidad, tiene una casa en donde vive con sus hijos y padres. Trabaja como jornalera, participa de la junta directiva del comedor popular y tiene responsabilidades como comunera en las faenas de la comunidad.
Al respecto, Parella et al. (2017), resaltan que las personas que retornan están inmersas en redes de relaciones y son capaces de movilizar recursos en varios espacios. Hay una capacidad de adaptación y flexibilidad, las mujeres son capaces de adaptarse de forma constante a las nuevas realidades, cuando deciden irse y cuando deciden regresar. Esto se observa en las historias de Noemí y Rita, quienes son capaces de reinsertarse en la comunidad.
Discusión
Los resultados señalan que se trata de un proceso dinámico de ida y vuelta, que cuestiona los límites geográficos de la comunidad y la concepción unidireccional de la migración.
Las migraciones de las mujeres indígenas responden a una práctica andina de larga data que responde a una búsqueda de mejores condiciones de vida ( Barrig, 2005; Berg, 2015; De la Cadena, 2004; Leinaweaver, 2008). A partir del estudio identificamos dos necesidades que subyacen a la migración: la primera es económica y la segunda es la adquisición de nuevas habilidades. Respecto a la primera, una de las razones es la pobreza en el lugar de origen ( Berg, 2015; Lykes et al., 2015, Yilmaz, & Ledwith, 2016). Hay una búsqueda de trabajo e ingresos para dejar mejores condiciones para los que vienen -hijos, nietos, comunidad, sociedad-. Se trataría de una estrategia de supervivencia de las mujeres, sus familias y comunidades. Respecto a la segunda, encontramos que, en las ciudades, las mujeres aprenden nuevas destrezas, adquieren capital simbólico a través del estudio, las exigencias del trabajo y de la supervivencia. Se trata de experiencias educativas no formales en nuevos oficios ( Noa, 2018).
Las mujeres realizan trabajo doméstico y de cuidado cuando migran a las ciudades, ratificando lo señalado por la literatura ( Herrera, 2016; Yilmaz & Ledwith, 2016). Es un trabajo definido por relaciones de género pues las mujeres se asocian al rol reproductivo y al espacio doméstico. Y, desde una mirada interseccional, encontramos que por su condición étnica, son víctimas de discriminación y maltrato. Las mujeres indias son despreciadas y son objeto de violencia ( Berg, 2015). Empero, las mujeres nos hablan también de relaciones afectivas, donde se difumina la relación contractual. Las condiciones laborales son precarias y en muchos casos no remuneradas, colocando a las mujeres en situación de mayor vulnerabilidad ( Yilmaz & Ledwith, 2016), como es el caso de Beatriz, Rogelia y Emperatriz quienes sufrieron discriminación y maltrato por su condición étnica y de género cuando trabajaron como empleadas domésticas en la ciudad de Lima.
Uno de los factores facilitantes de estos procesos migratorios es la red de paisanaje, la cual cumple diferentes funciones. Hemos clasificado estas funciones en acoger, ofrecer apoyo social, mantener prácticas culturales y generar rutas comerciales y de desarrollo. Las dos primeras son esenciales, ya que por un lado acogen y al mismo tiempo ofrecen apoyo social ( Maya, 2009). Estas funciones están ligadas al sentido de pertenencia entre los miembros de la comunidad que se sostiene en el lugar de la migración y es parte de los procesos de adaptación ( Sonn, 2002).
Las redes de paisanaje alimentan el sentido de pertenencia y las identidades construidas en la comunidad de origen al promover espacios donde se desarrollan prácticas culturales ( Venturoli, 2009). En estas redes no importa si las personas se conocen o no, lo importante son los referentes identitarios que les permiten confiar entre ellos. El sentido de pertenencia y las identidades están íntimamente relacionados y entretejidos con consideraciones de género y cultura.
Además, la red de paisanaje ha resignificado el sentido de comunidad y la noción de territorio ( McMillan & Chavis, 1986; Moura et al., 2020) pues cambia la territorialidad del ayllu, de la familia y aparecen identidades deslocalizadas y relaciones comunitarias basadas en relaciones de parentesco sustentadas en un sentido de pertenencia ( Velázquez et al., 2011).
Un punto de quiebre de los procesos migratorios ha sido el CAI, que generó un desplazamiento forzoso, caracterizado por el desarraigo y la desintegración familiar ( Reynaga 2008; Schoof et al., 2018; Venturoli, 2009). La violencia rompió con la cotidianidad de las personas, no se puede seguir viviendo, el miedo apareció ante la amenaza de la vida, y las pérdidas –hogar, personas, seguridad- fueron frecuentes. El terror aparece y se sostiene por años, haciendo una valoración negativa de su mundo. El CAI generó un clima de terror e inseguridad, produciéndose así un escape, sin planificación ni una red de paisanaje que reciba y acoja.
El desplazamiento forzoso es una experiencia que obligó la salida de las mujeres ( EPAF, 2012; Ramírez, 2018). A pesar de ello, las mujeres lograron ubicarse en el lugar de llegada y en muchos casos formaron organizaciones sociales para la acción colectiva, en aras de la supervivencia o de la búsqueda de justicia y reparación ( Reynaga, 2008; Venturoli, 2009). En este punto, queremos señalar que las personas provenientes de Ayacucho eran estigmatizadas en ciudades de la costa, ya que eran asociadas con el PCP-SL. Diversas investigaciones reportan que en la década de los 80 y 90, esta situación de discriminación estaba muy presente ( Berg, 2015; CVR, 2003; Coral, 2006, Venturoli, 2009) tanto por su condición de migrante como por su condición étnica y de género ( Markova et al., 2018).
En general, volver es una posibilidad real para los desplazados. En el caso de Sacsamarca, además, se trata de un lugar que, por un lado, tiene un discurso sobre la heroicidad, sustentado en ser una de las primeras comunidades que se enfrenta al PCP- SL, y por otro, ofrece tranquilidad, seguridad, sumado al arraigo y el sentido de pertenencia presente en los pobladores de esta comunidad ( DARS, 2019; Noa, 2018). Por ello se constituye en un lugar para volver.
Los resultados muestran que la migración es un espacio de agencia para las mujeres, pero teñido de sufrimiento social. Si bien ellas han desplegado sus capacidades y experimentado libertad, persisten relaciones de opresión -étnica y de género- y un conjunto de condiciones estresantes que afectan su salida y retorno. Este análisis desde la simultaneidad, nos permite romper con lecturas polarizadas, que tienden a idealizar o denigrar los procesos migratorios de las mujeres indígenas.
Entonces, los procesos migratorios se caracterizan por ser diversos, dinámicos -ida y vuelta- y circulares -no cancelatorios-. Es decir, queda abierta la posibilidad a nuevos procesos migratorios. Además, se configuran como procesos densos, en tanto la migración es una oportunidad para el desarrollo y despliegue de la agencia, pero es también una experiencia de sufrimiento social para las mujeres de esta comunidad.
Esta investigación presenta algunas limitaciones entre ellas la dificultad para construir una propuesta de investigación participativa. Si bien hemos tratado de generar condiciones con las mujeres participantes que lo faciliten, primaron las dinámicas de poder y las dificultades de las mujeres para asumir un rol más activo en la investigación por las herencias coloniales y patriarcales que invisibilizan a las mujeres y limitan su protagonismo en las comunidades. No obstante, esta investigación abre algunas líneas futuras respecto a procesos migratorios de ida y vuelta en contextos adversos y las diferencias de género en la relación con el lugar de origen.
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Notas
Author notes
a Correspondence about this article should be addressed Tesania Velázquez: tvelazq@pucp.pe