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Validación de la Escala de Percepción de Amenaza Exogrupal (EPAE) para inmigrantes venezolanos en Colombia
Validation of the Exogroup Threat Perception Scale (EPAE) for Venezuelan immigrants in Colombia
Revista Interamericana de Psicología/Interamerican Journal of Psychology, vol. 58, no. 3, e2032, 2024
Sociedad Interamericana de Psicología

Artículos


Received: 05 April 2024

Accepted: 27 August 2024

DOI: https://doi.org/10.30849/ripijp.v57i2.1360

Resumen: Este artículo analiza las propiedades psicométricas, en particular la validez estructural y convergente de la Escala de Percepción de Amenaza Exogrupal (EPAE) en la versión de Carmona-Halty y Navas (2016), con 1.078 colombianos en Barranquilla, norte de Colombia, con respecto al nivel de amenaza realista, simbólica y de seguridad percibida sobre los inmigrantes procedentes de Venezuela. Los participantes fueron seleccionados mediante la técnica de bola de nieve, y sus edades oscilaban entre 18 y 78 años (.=34.6; DT=13.4), de los cuales 49% (.=523) eran hombres. Los resultados indican una alta consistencia interna de la Escala (α=0.91 y ω=0.91), y el análisis factorial confirmatorio ratificó la estructura de tres factores con adecuados índices de ajuste (CFI = 0.942, RMSEA = 0.06 y SRMSR = 0.08. NFI = 0.935, PNFI = 0.723). Los indicadores de validez (por contacto, actitudes y prejuicio hacia los inmigrantes) son coherentes con los valores de la percepción de amenaza. Se encontraron diferencias con el sexo y el nivel socioeconómico de los participantes. Se discuten los resultados de este trabajo de cara a facilitar el proceso de adaptación de los inmigrantes venezolanos en el contexto receptor.

Palabras clave: Amenaza realista, amenaza simbólica, amenaza a la seguridad, inmigrantes, psicometría, Venezuela.

Abstract: This article analyzes the psychometric properties, in particular the structural and convergent validity of the Exogroup Threat Perception Scale (EPAE) in the Carmona-Halty and Navas (2016) version, with 1,078 Colombians in Barranquilla, northern Colombia, with respect to the level of realistic, symbolic, and perceived security threat on immigrants from Venezuela. Participants were selected using the snowball technique and ranged in age from 18 to 78 years (M=34.6; SD=13.4), of whom 49% (n=523) were male. The results indicate a high internal consistency of the Scale (α=0.91 and ω=0.91), and the confirmatory factor analysis ratified the three-factor structure with adequate fit indices (CFI = 0.942, RMSEA = 0.06 and SRMSR = 0.08. NFI = 0.935, PNFI = 0.723). The validity indicators (for contact, attitudes and prejudice toward immigrants) are consistent with the values of threat perception. Differences were found with gender and socioeconomic status of the participants. The results of this work are discussed with a view to facilitating the adaptation process of Venezuelan immigrants in the receiving context.

Keywords: Realistic threat, symbolic threat, security threat, immigrants, psychometry, Venezuela.

Introducción

En Colombia es necesario disponer de un instrumento válido y fiable -desde el punto de vista psicométrico- que permita identificar las actitudes de un grupo mayoritario respecto a la aceptación o rechazo de un grupo minoritario o en este caso inmigrante, el cual puede ser percibido como una amenaza. Estas actitudes son relevantes y se hace necesario observarlas, por el proceso de integración entre los grupos, y las políticas sociales de aceptación o rechazo que pueden ser promovidas en un país determinado, lo que podrá facilitar la integración o marginación de un colectivo minoritario en la sociedad ( Bourhis et al., 1997). El análisis de las propiedades de la Escala de Percepción de Amenaza Exogrupal (EPAE) con colombianos, tratará de responder a esta necesidad, al igual que ya se han realizado estudios con el mismo instrumento en España, Chile y Bolivia ( Navas et al., 2012; Carmona-Halty & Navas, 2016; Ferrufino et al., 2015 a, b). Además, se espera brindar a la comunidad de investigadores y observatorios sociales, una escala válida para ser utilizada con otros instrumentos y metodologías que recojan el discurso de los participantes (Ej. grupos focales, entrevistas, etc.,), y tener así una mirada más amplia de una realidad compleja en el contacto intergrupal.

Es necesario comprender cómo se ha generado en Colombia un sentimiento de amenaza hacia la población inmigrante, en particular de Venezuela. En los últimos años, Colombia sigue siendo el país con la mayor cantidad de refugiados y migrantes venezolanos de Latinoamérica, a razón de la crisis económica, social y política que atraviesa ese país ( Plataforma de Coordinación para Refugiados y Migrantes de Venezuela - R4V, 2023, Sereboff, 2020). Colombia, de ser un país expulsor, pasó recibir un flujo promedio de 3.017 refugiados y migrantes al mes, para un total de 2’864.796 de venezolanos residentes en Colombia ( R4V, 2024). En Barranquilla, lugar donde se realiza el presente estudio, se encuentran 143.672 inmigrantes a diciembre 2023, siendo la segunda ciudad -no fronteriza- con mayor número de inmigrantes en el país ( Bitácora Migratoria, 2023).

El gran número de inmigrantes que presentan múltiples necesidades insatisfechas, pone a prueba la capacidad de la atención humanitaria e integración de cualquier país, lo que se traduce en condiciones más difíciles para los que llegan como para los autóctonos, tal como se observa en Colombia. Es decir que se incrementa la competencia por los recursos para la supervivencia en el lugar de llegada, por la pugna para acceder al empleo y a diferentes recursos socio-comunitarios, lo cual no es nuevo en este país, pues ya se había documentado en años anteriores la llegada de las familias desplazadas por la violencia política del interior del país ( Palacio et al., 2017; Ramos-Vidal, 2017). Esto incrementa el sentimiento de rechazo a la inmigración, sobre todo, en las comunidades receptoras que han cambiado de manera similar a las cinco oleadas de inmigración que se han identificado desde el año 2000 hasta la fecha. Si bien, las primeras oleadas eran de empresarios y personas de clase media que lograron posicionarse en EEUU, o Europa, o en buenos sectores de vivienda y trabajo en Colombia, las últimas oleadas dan cuenta de la movilidad de una gran cantidad de personas con muy diversos niveles de formación y origen, que se desplazan con poca preparación y conocimiento del lugar de llegada, con grandes necesidades económicas por ser en su mayoría población vulnerable ( Pineda & Avila, 2019). Además, llegan a ocupar espacios en diferentes zonas centrales o periféricas de las ciudades, entrando en contacto y compitiendo, por los escasos recursos disponibles, con los habitantes locales en situaciones socioeconómicas igualmente vulnerables ( Acnur, 2023), lo cual incrementa la percepción de amenaza.

El rechazo a la inmigración es más evidente en los autóctonos con ingresos medios y bajos, y que están en zonas de frontera, o en la capital, por ser los lugares que reciben un mayor número de inmigrantes, y que generan una gran presión sobre los sistemas de servicios locales, y una competencia directa por una mano de obra más barata. También se encuentra un mayor rechazo de parte de las mujeres y los mayores de 55 años colombianos ( Proyecto Migración Venezuela, 2021), lo cual se puede relacionar con los problemas de inseguridad o delincuencia que sufren estos grupos etarios que, en ciudades como Barranquilla, se pueden atribuir a los inmigrantes, siendo una inseguridad que afecta tanto a los locales como a los mismos venezolanos ( Blanquicet, 2020), pero que se magnifica con la población local por el manejo que se ha realizado de estas noticias en los medios de comunicación.

En los últimos años se ha producido un incremento notorio del flujo migratorio de personas procedentes de Venezuela hacia diferentes países de Latinoamérica ( Álvarez et al., 2022) y el Caribe ( Chaves-González & Echevarría, 2020). Este fenómeno se explica, al menos en cierta medida, debido a la emergencia de factores de expulsión como la grave crisis económica de suministros y abastecimiento que lleva padeciendo Venezuela en tiempos recientes y que ha deteriorado la calidad de vida de la población ( Schincariol, 2020). Este proceso migratorio impacta a los países limítrofes como Colombia y Brasil, sino que presenta una dimensión regional que afecta, con mayor o menor intensidad, a la mayoría de los países de Latinoamérica y el Caribe ( Devis-Amaya & Palma-Gutiérrez, 2023), lo cual se puede incrementar nuevamente por el conflicto que se ha generado en las elecciones presidenciales en Venezuela en julio del 2024. Por estos motivos, resulta esencial comprender tanto las consecuencias económicas y sociodemográficas derivadas de la migración venezolana, como las reacciones que estos movimientos suscitan en la población local, todo ello desde un enfoque latinoamericano y en perspectiva comparada. De allí que uno de los elementos que pone de relieve la pertinencia psicosocial de este estudio radica en facilitar la medición de las actitudes de amenaza que desarrolla la población autóctona de los países de América Latina y el Caribe con respecto a la migración procedente de Venezuela ( Pirovino & Papyrakis, 2023).

Diferentes estudios muestran que en presencia de un alto flujo migratorio y cuando las condiciones de vida del grupo de acogida son desfavorables, se incrementan la percepción de amenaza y las actitudes de prejuicio y discriminación hacia los inmigrantes ( Rodríguez, 2005; Mera-Lemp et al., 2020; Ramírez, 2020). Estudios precios han encontrado que la percepción de amenaza exogrupal se incrementa junto a las actitudes negativas de la población local hacia los inmigrantes ( Riek, Manía & Gaertner 2006; Charles-Toussand & Crownson, 2010; Aberson, 2015; Caricati et al., 2016), y a la larga, se ve reflejada en conductas discriminatorias hacia los grupos minoritarios ( Lahav & Courtemanche, 2012; Ben-Nun Bloom et al., 2015).

Amenaza exogrupal

La amenaza exogrupal hace referencia al riesgo que percibe un grupo de perder su identidad social y seguridad por la presencia de otros grupos ( Carmona-Halty et al., 2018; Stephan et al., 2009), esto podría ocasionar, en un primer momento, la disminución de su bienestar, y luego, poner en riesgo su poder y permanencia. En una situación de contacto intergrupal, la amenaza exogrupal juega un papel importante para explicar una parte de las conductas agresivas o de rechazo por parte de la población autóctona hacia los extranjeros, y en momentos de crisis migratoria influye en la construcción de las representaciones de las comunidades entre si ( Sánchez, 2005). Desde los procesos de intervención, desconocer la percepción de amenaza exogrupal por parte del grupo local, se convierte en un obstáculo para identificar – de manera temprana - las dificultades o conflictos que se pueden presentar en la integración o reconciliación entre los grupos en contacto ( Stephan & Mealy, 2011).

El concepto de amenaza cobra importancia después de la Segunda Guerra Mundial por el interés de los investigadores por explicar el conflicto y la segregación entre grupos y personas desde diferentes sistemas teóricos, que tuvieron como punto de partida el prejuicio étnico y racial por el antisemitismo en Europa y la segregación racial en Estados Unidos. El primer antecedente se identifica en la escuela de Frankfurt, con la obra de Adorno et al. (2006) en 1950, sobre la personalidad autoritaria, y en el marco de los estudios sobre el prejuicio. Analizaron el antisemitismo, el etnocentrismo, el conservadurismo político-económico y el fascismo en la sociedad norteamericana de la época. Cuatro años después, desde las teorías de las relaciones intergrupales y enfocado en la hostilidad intergrupal, Allport (1954), buscando cómo reducir el prejuicio, presenta su Teoría del Contacto Intergrupal. Su hipótesis indicaba que poner en contacto a los miembros de grupos en conflicto, debería mejorar sus relaciones, reduciendo el prejuicio, los estereotipos y la discriminación, siempre que se den algunas condiciones, tales como, que los grupos respeten las normas sociales de la interacción, que se autoidentifiquen con un status equivalente o igualitario, que los miembros puedan conocerse personalmente, y que se facilite o exija la cooperación entre ellos. Por otro lado, desde la Teoría Sociológica, Blumer (1958/1998), propuso explicar la amenaza desde la posición social del grupo, donde el prejuicio étnico sería una reacción defensiva del grupo dominante al sentimiento de amenaza de su posición social dominante. Posteriormente eclosionaron teorías y conceptos de diferentes horizontes de las ciencias sociales, relacionados con el concepto de percepción de amenaza, pero asociada a la competencia por recursos, a la amenaza de la identidad social, al surgimiento de actitudes de rechazo hacia los inmigrantes, que, a efectos de minimizar el espacio, solo se presentan aquí los autores más relevantes:

Luego, desde los procesos intergrupales, se propone la Teoría integrada de la amenaza por Stephan y Stephan (2000), sustentada en teorías tales como la identidad social ( Tajfel & Turner, 1986) y las teorías del contacto ( Pettigrew, 1998), entre otras. Luego, Stephan y Renfro (2002), presentan una versión revisada, la cual sustenta el instrumento analizado en esta investigación, por lo cual se describirá esta teoría con más detalle a continuación.

Teoría de la Amenaza Integrada y tipos de amenaza

Stephan y Stephan (2000), proponen la teoría integrada de la amenaza, en la cual señalan que cuando las personas de un grupo se sienten amenazados, van a desarrollar prejuicios hacia las personas y el grupo del cual perciben la amenaza, siendo la amenaza uno de los predictores del prejuicio. El prejuicio surgiría al percibir una amenaza realista o simbólica, generando ansiedad intergrupal, y estereotipos negativos hacia el exogrupo. A continuación, se describen estos elementos:

La amenaza realista, se refiere a la percepción que tiene un grupo acerca del riesgo evidente para su propia existencia por la competencia con un exogrupo por los recursos en un contexto determinado. Por ejemplo, la competencia entre los grupos se hace evidente por la inserción en el mercado laboral, por el acceso a cupos en colegios o universidades, por la disponibilidad de recursos para la atención en salud. Todo esto hace evidente una amenaza al bienestar general y a la calidad de vida del grupo local ( Caricati et al., 2016; Mera et al., 2017; Stephan & Mealy, 2011).

Por otro lado, la amenaza simbólica, se refiere a la percepción de los cambios que pueden sufrir los valores y las tradiciones culturales del endogrupo por los valores y tradiciones culturales de las personas del exogrupo. En este caso, las personas del endogrupo consideran la presencia de personas del exogrupo, como una amenaza a sus valores educativos, familiares, normas, estándares de comportamiento, creencias, actitudes religiosas, así como las tradiciones culturales ( Mera et al., 2017; Stephan & Mealy, 2011; Stephan & Renfro, 2002).

En la ansiedad intergrupal, las personas pueden llegar a sentirse preocupadas por los posibles resultados negativos de la interacción con el otro grupo, ya que pueden hacerlos sentir vergüenza o sentirse físicamente maltratados o escuchar las críticas de los miembros del otro grupo sobre sí mismos ( Stephan & Stephan, 2000).

Los estereotipos negativos sobre los miembros del otro grupo pueden generar sentimientos de amenaza cuando esos estereotipos refuerzan las expectativas negativas sobre los miembros del exogrupo. Es decir, que son rasgos negativos atribuidos al grupo externo, y se asume como una fuente de amenaza ( Stephan et al., 2002).

En general, confirmaron que los sentimientos de amenaza predicen actitudes negativas hacia los grupos externos, y la ansiedad intergrupal fue el mayor predictor del prejuicio étnico, y se desarrollaron numerosas investigaciones que sustentaban el modelo ( Stephan et al., 2002). Sin embargo, surgieron críticas sobre la conceptualización y operacionalización de los conceptos de amenaza, ansiedad y estereotipos, entre otras, que motivaron una revisión de la teoría ( Rodríguez, 2005).

Teoría revisada de la Amenaza

Stephan y Renfro (2002), presentan una modificación de la Teoría de la amenaza, estableciendo un cruce entre la amenaza simbólica y realista, con la evaluación con respecto a quién se dirige la amenaza, la cual se puede orientar al propio grupo o a sí mismo ( Figura 1). De esta manera se dan cuatro combinaciones que configuran las amenazas con los niveles grupal o individual ( Stephan, Ybarra & Morrison, 2009):

-Amenaza realista dirigida al grupo: se percibe una amenaza al poder del endogrupo, sus recursos y al bienestar general del grupo por parte del exogrupo.

-Amenaza realista dirigida al individuo: se percibe una amenaza del exogrupo dirigida a sí mismo, donde puede sufrir de una privación o daño sobre los recursos personales valiosos, o se amenaza su salud o seguridad personal por daños físicos o materiales reales, y que lo pueden llevar a sufrir dolor, pérdidas económicas o muerte.

-Amenaza simbólica dirigida al grupo: se perciben amenazas a las creencias religiosas, a los valores, al sistema de creencias, a la ideología, filosofía y la moral de la personal por parte del exogrupo.

-Amenaza simbólica dirigida al individuo: se perciben amenazas personales por la pérdida del honor o el debilitamiento de la identidad o autoestima, o tener un sentimiento de deshonra, irrespeto o deshumanización por la interacción con el exogrupo.

Por otro lado, los estereotipos negativos de la teoría anterior, pasan a ser predictores de amenaza realista y simbólica ( Stephan et al., 2002), y la ansiedad intergrupal, pasa a ser una amenaza centrada en el miedo a la interacción con el exogrupo ( Stephan & Stephan, 1985).


Figura 1
Teoría revisada de la Amenaza (Stephan & Stephan, 2002).
Fuente: Elaboración propia, 2024.

Estudios sobre la validez de la EPAE

Los instrumentos y técnicas utilizadas para evaluar la amenaza son diversos, por ejemplo, en el Observatorio Vasco de la Inmigración se ha utilizado el cuestionario de percepciones y actitudes hacia la Población Extranjera ( Aierdi et al., 2004), y en general se utilizan técnicas tanto cualitativas como cuantitativas, pero hay una concentración de cuestionarios de actitudes tipo Likert, de 5 a 10 puntos, con 2 a 12 ítems en su mayoría, sobre el prejuicio, los estereotipos, la frecuencia de contacto e identidad grupal, así como los sentimientos o emociones de cercanía/alejamiento o rasgos de personalidad de los grupos en estudio ( Stephan et al., 2002).

Navas, Cuadrado y López (2012), apoyados en la Teoría de la amenaza, diseñan la primera versión de la escala de Percepción de Amenaza Exogrupal (EPAE) en España, con una muestra de 302 españoles (M=43.3 años), de los cuales 102 respondieron un cuestionario sobre inmigrantes marroquíes, 101 sobre rumanos y 99 sobre ecuatorianos. El instrumento era de 13 ítems -cuatro para evaluar la amenaza simbólica y nueve para examinar la amenaza realista- que se respondían en una escala Likert (1= nada, 2=poco, 3=algo, 4=bastante, 5=mucho). Los participantes respondían las preguntas según el grupo de inmigrantes. Algunas de estas preguntas fueron: A causa de los inmigrantes marroquíes ustedes sienten que están en peligro algunas de sus condiciones actuales. Los resultados mostraron diferencias estadísticamente significativas en relación con los inmigrantes africanos en cuanto a la amenaza realista F(2, 297)=9.22, p=0.001, η²=0.06, y simbólica F(2, 297)=13.19, p=0.001, η²=.08. Los inmigrantes marroquíes generaron mayor percepción de amenaza realista en comparación con los inmigrantes ecuatorianos (p=0.001), y mayor amenaza simbólica que los inmigrantes rumanos (p=0.008) y el grupo de ecuatorianos (p=0.001). En el estudio efectuado por Luque, Guirado y López-Rodríguez (2012) se encontraron niveles óptimos de consistencia interna con Alfas de Cronbach entre 0.85 y 0.94 (Ver Tabla 1).

Otro estudio sobre la percepción de amenaza exogrupal se realizó en Bolivia, en el 2015 con 542 bolivianos (255 hombres y 287 mujeres), con edades entre 18 y 86 años hacia los inmigrantes chilenos, colombianos y peruanos. Utilizaron la EPAE ( Navas et al., 2012), combinada con diferentes variables para cada grupo de inmigrantes, y publicaron sus resultados en tres artículos. Ferrufino et al. (2015a), buscaron medir el grado de percepción de amenaza y emociones de los participantes bolivianos sobre los inmigrantes chilenos. En este caso, se utilizaron seis escalas: competición intergrupal, naturaleza del contacto, competición intergrupal percibida, emociones percibidas, amenaza realista y amenaza simbólica. Se encontró que los bolivianos tenían una baja percepción de amenaza exogrupal hacia los inmigrantes chilenos (entre 54 a 73%), sin embargo, existía una mayor percepción de amenaza sobre el acceso al sistema educativo, a las creencias religiosas y a los valores educativos.

En la segunda publicación de Ferrufino et al. (2015b), con los inmigrantes peruanos, se utilizó la misma metodología del estudio anterior. Los participantes no evidenciaron altos niveles de amenaza, sin embargo, se obtuvo puntuaciones altas en la amenaza a la seguridad (54%) y al orden público del país (53%), y puntuaciones bajas en la amenaza al acceso a los sistemas sanitarios, educativos y de ayuda (11%). Se encontró una amenaza percibida hacia la estabilidad económica más baja en los hombres con respecto a las mujeres [M-hombres =2.26, M-mujeres =2.59, t(536)=3.13, p=0.002]. En la seguridad personal se encontró una puntuación más alta en los hombres con respecto a las mujeres [M-hombres =3.31, M-mujeres =3.53, t(535)=1.99, p=.047], y para el orden público los hombres también puntuaron más alto que las mujeres [M-hombres =3.78, M-mujeres =3.53, t(537)=2.33, p=.02]. De allí que, el exogrupo peruano, no es considerado como una amenaza, y tampoco se evidencian niveles altos de emoción positiva o negativa ( Ferrufino et al., 2015b).

En la tercera publicación de Estremadoiro et al. (2015), con los inmigrantes colombianos, se agregaron los cuestionarios sobre emociones hacia los inmigrantes, competición intergrupal percibida, similitud entre residentes e inmigrantes y naturaleza del contacto. Además, se midieron las actitudes (favorables o desfavorables) de los participantes, incluyendo las emociones (positivas o negativas). Los resultados mostraban que los bolivianos tenían una percepción de amenaza muy similar frente a la seguridad personal y al orden público de su país (60.4 %, 60. 7 % respectivamente). No percibieron ninguna amenaza a sus sistemas sanitario (70.2%), educativo (70.05%) o de subsidios públicos (73.6%), pero sí percibían más amenaza a sus valores y creencias. Se encontraron diferencias significativas entre sexos en la amenaza a la seguridad, percibiendo las mujeres mayor peligro (M-hombres =3.46, M-mujeres =3.75, t(541)=-2.69, p=.05).

Posteriormente, Carmona-Halty y Navas (2016), utilizan la EPAE con 709 chilenos residentes al norte del país con alta concentración de inmigrantes. La muestra estuvo conformada por 207 participantes que respondieron sobre inmigrantes peruanos, 236 sobre bolivianos y 266 sobre colombianos. En el análisis factorial exploratorio (AFE), se eliminó un ítem de amenaza realista (amenaza “a la salud”), por no saturar bien ( Kerlinger & Lee, 2002), quedando esta versión con 12 ítems. Se realizó nuevamente el AFE que arrojó una solución óptima de tres factores, donde el primero agrupaba cinco ítems sobre amenaza realista y explicaba el 43% de la varianza. El segundo de cuatro ítems sobre la amenaza simbólica explicaba el 14% de la varianza (similar al obtenido en el estudio español con la EPAE). El tercero de tres ítems, sobre amenaza a la seguridad explicaba el 9% de varianza, siendo que estos ítems estaban incluidos originalmente en la amenaza realista ( Navas et al., 2012). Los indicadores de amenaza exogrupal eran moderados, es decir que los chilenos no sentían amenaza de manera diferencial con estos grupos de inmigrantes (amenaza realista (F(2, 706)= 0.89, p=.40, simbólica F(2, 706)= 1.96, p=.14), y su consistencia interna con índices Alfa de Cronbach eran adecuados (entre 0.79 y 0.85).

Los resultados de esta investigación son relevantes, porque los autores argumentaron que, al ser latinoamericanos, tienen implícita una percepción de similitud intergrupal ( Carmona-Halty & Navas, 2016). Sin embargo, la amenaza a la seguridad toma importancia en este estudio en particular, ya que no se observa en los estudios siguientes. Esta amenaza se definiría como la percepción o sensación de un daño físico o material a una o a varias personas del endogrupo, por la presencia de miembros de un exogrupo. Se asume que estos últimos pueden atentar contra la seguridad a nivel personal (por la agresión directa hacia las personas del endogrupo), a nivel grupal, en el orden público de la ciudad (por su contribución al incremento de mafias y organizaciones criminales de diferentes tipos), y al nivel de la seguridad nacional (por una invasión o ataque a gran escala al país). Los autores argumentan que este factor ha podido surgir por los altos índices de percepción de inseguridad en Chile, que al momento del estudio era mayor que en Honduras (que tenía los peores índices de crimen en América Latina en ese momento), y a pesar de que Chile tenía la tasa de homicidios y de victimización por robo más baja de la región. En la medida que esta versión se validó en Latinoamérica con inmigrantes latinoamericanos, y que muestra una sensibilidad a la seguridad por las noticias que se transmiten en los medios de comunicación sobre los inmigrantes, será la utilizada en esta investigación.

Dos años después, Carmona-Halty et al. (2018), utilizaron la EPAE ( Navas et al., 2012), para repetir el estudio en Chile hacia los inmigrantes colombianos, peruanos y bolivianos, e indagaron además la naturaleza del contacto y el prejuicio afectivo. Participaron 420 chilenos, 45% hombres y 55% mujeres, los cuales fueron distribuidos en tres grupos de edad (155 personas de 18-35 años, 166 personas de 36-55 años y 121 personas de 56- 99 años). Los resultados confirmaron que los participantes no experimentaban niveles altos de amenaza exogrupal, ni prejuicio afectivo hacia ninguno de los grupos de inmigrantes, pero se obtuvieron puntuaciones elevadas en cuanto a la naturaleza del contacto exogrupal. Esto parece indicar que existe un contacto moderado y agradable con los tres grupos de inmigrantes. Los ANOVAS unifactoriales no mostraron diferencias significativas en cuanto a las variables de amenaza realista F(2, 416)=0.11, p=0.89; simbólica F(2, 416)=0.07, p=0.92; prejuicio afectivo F(2, 416)=1.34, p=0.26, y naturaleza del contacto F(2, 416)=0.16, p=0.85. El prejuicio tiene una relación positiva y fuerte con la amenaza realista r(420)=0.58; p=0.001; se relaciona de manera moderada y positiva con la amenaza simbólica r(420)=0.35, p=0.001, y de forma negativa y fuerte con la naturaleza del contacto exogrupal r(420)=-.54, p=0.001. La escala presentó adecuados niveles de consistencia interna con alfas de Cronbach entre 0.75 y 0.91.

Se encontró otro estudio con la EPAE realizado en Perú, pero no se incluyó porque se focalizaba en el rechazo de los ciudadanos peruanos a la población inmigrante con una variable adicional que era el VIH ( Rosario Quiroz et al., 2022).

Tabla 1
Promedios de la EPAE en los estudios con españoles, chilenos y bolivianos

La amenaza exogrupal juega un rol importante en las relaciones intergrupales por estar en la base del desarrollo de actitudes negativas, estereotipos, prejuicios y discriminación hacia los grupos de inmigrantes. La Teoría de la amenaza presenta un buen número de estudios que la avalan, sin embargo, el instrumento hasta el momento utilizado, la EPAE, no ha sido validado en Colombia y presenta resultados diferentes en función de los países y grupos de estudio. Además, algunos estudios no presentan los datos y resultados completos o con medidas equivalente entre sí (Ver Tabla 1). Si bien se observan puntuaciones de amenaza bajas en la mayoría de los estudios, se cuestiona la necesidad de una mayor evidencia en la percepción de amenaza entre los nacionales de Europa y Latinoamérica, en las edades, educación y sexo de los participantes, en el equilibro de poder entre los participantes de países con mayor o menor desarrollo, etc. De allí que, en esta investigación, considerando la creciente afluencia de migrantes venezolanos, el objetivo es validar la EPAE con el fin de disponer de un instrumento que pueda identificar los diferentes tipos de amenaza exogrupal que percibe la comunidad receptora en Colombia.

Método

Diseño de investigación

Se trató de un estudio de carácter psicométrico cuyo objetivo es analizar la validez estructural y convergente de la Escala de Percepción de Amenaza Exogrupal (EPAE) ( Carmona-Halty & Navas, 2016). La medición psicométrica permite adecuar la escala al fenómeno que se va a medir y controlar la calidad de la medida ( Martín Arribas, 2004; Hernández et al., 2014).

Participantes

Participaron de manera voluntaria 1.078 colombianos residentes en Barranquilla (norte de Colombia), quienes tenían entre 18 y 78 años (.=34.4, SD=13.4). El 49% (.=523) eran hombres. Se seleccionaron mediante un muestreo no probabilístico intencional en bola de nieve ( Atkinson & Flint, 2001), y solo con mayores de edad, de nacionalidad colombiana. Con respecto al nivel educativo un 25% había terminado la secundaria, un 22% tenía estudios tecnológicos y un 34.2% cursaban estudios universitarios. En cuanto a las características socioeconómicas, se observa que el 13.9 % corresponde al grupo con mejores ingresos económicos, el 57.1 está en un nivel medio, y el 28.7 están en el nivel bajo.

Instrumentos

Se empleó un cuadernillo de auto reporte impreso (material en físico) dividido en dos secciones donde además de los datos sociodemográficos, contenía:

La EPAE ( Carmona-Halty & Navas, 2016). La escala tiene 12 ítems que evalúan tres amenazas: a) Simbólica (4 ítems - 1 a 4); b) Realista (5 ítems - 5 a 9); y c) Seguridad (3 ítems - 10 a 12). La puntuación se obtiene por el promedio, siendo mayor la percepción de amenaza a medida que la puntuación es más alta. La escala se responde en 5 puntos (1= nada, 2=poco, 3=algo, 4=bastante y 5 =mucho). El Alpha de Cronbach en muestras españolas están entre 0.85 y 0.94 dependiendo del grupo inmigrante evaluado.

Para indagar la validez de la EPAE, se utilizaron tres variables: La primera es la Naturaleza del contacto con inmigrantes, mediante dos ítems: a) “ ¿Cómo considera que ha sido su contacto con extranjeros?” 1=Ninguno, 2=Bajo, 3=Medio, 4=Alto. b) ¿Cómo valora el contacto con los extranjeros? Que es una respuesta dicotómica donde 1=Positivo y 2=Negativo (Navas E Rojas, 2010). La segunda variable es sobre el grado de acuerdo con los movimientos sociales en contra de inmigrantes y los derechos de las personas en situación irregular, a partir de una modificación a los temas utilizados por Pettigrew y Meertens (1995), quedando dos ítems: c) “ ¿Está a favor de movimientos anti-inmigrantes?” (1 = Totalmente en desacuerdo; 2= En desacuerdo; 3 = Ni en acuerdo ni en desacuerdo; 4 = De acuerdo; 5 =Totalmente de acuerdo); d) “ Considera que los derechos de los inmigrantes indocumentados deben ser” (1=Restringidos, 2=Mantenerse igual, 3=Extendidos). La tercera variable es sobre el nivel de prejuicio, con la Escala de Prejuicio Sutil y Manifiesto adaptada para inmigrantes venezolanos en Colombia (Palacio, Ramos-Vidal, Llinas-Solano et al., 2020). Tiene 19 ítems, que se responden en una escala de 5 puntos (1= Totalmente en desacuerdo, 2=Desacuerdo, 3=Ni de acuerdo ni en desacuerdo, 4=De acuerdo, 5=Totalmente de acuerdo). Los ítems de prejuicio sutil (1, 3, 5, 6, 14, 11, 12, 16, 19, 20), y manifiesto (2, 4, 8, 9, 10, 13, 15, 17, 18), presentan índices de fiabilidad aceptables (α= 0.74 y α= 0.78, respectivamente).

Procedimiento

Inicialmente se entrenó un equipo de estudiantes de psicología de último año en la aplicación de los instrumentos del estudio, para lo cual se realizó un pilotaje con 15 sujetos en julio de 2019, los cuales eran mayores de edad, tanto hombres como mujeres, que habitaban en el vecindario de la casa de los estudiantes, lo cual permitió además ajustar las opciones de respuesta de las características sociodemográficas. Luego se sometió a la aprobación del comité de ética de la Universidad. Los encuestadores llegaban a su barrio, y a partir de una persona conocida y que cumpliera con el control de variables (mayor de edad, colombiano y que viviera en el barrio hace más de 5 años), lo invitaban individualmente y de manera abierta, a participar en el estudio, y luego en bola de nieve se dirigían a las personas cercanas de la misma localidad, y así en todas las localidades. Se solicitaba primero la participación voluntaria y la firma del consentimiento informado, y luego se procedía a entregar un cuadernillo anónimo con los cuestionarios en el mismo orden siempre. Los cuestionarios se digitaban en Excel y luego se pasaban a SPSS® (Versión 27. Armonk, NY: IBM Corp), y a R for Statistical Computing ( www.R-project.org).

Análisis de los datos

Inicialmente, se realizó un análisis factorial exploratorio de los datos de la EPAE (12 ítems), con el fin de hallar si hay otra estructura factorial subyacente. Para aplicar este método, primero se comprobaron los supuestos básicos del análisis: 1. Prueba de esfericidad de Bartlett, para determinar multicolinealidad entre las variables. Se rechaza la hipótesis nula si la matriz de correlaciones es igual a la matriz idéntica (p-valor < 0.05). 2. Prueba KMO (Kaiser-Meyer-Olkin) para determinar si las correlaciones parciales entre las variables son pequeñas. Se sugiere un valor mínimo de 0.50 para iniciar el análisis. Se realizó una rotación oblicua para permitir una correlación menor entre los factores. Como son ítems categóricos ordinales, se utilizó la matriz de correlaciones policóricas con el método de estimación WLS ( Weighted least squares), y se aceptará una estructura factorial con varianza explicada mayor a 50%. De los 1.078 encuestados, se encontraron 26 datos faltantes en todos los ítems, por lo que se excluyeron en los análisis.

Luego se analizó la consistencia interna con el Alfa de Cronbach (α) ( Welch & Comer, 1988), y el índice Omega (ω) ( McDonald, 1999), para evitar: a) una afectación de la normalidad, b) errores correlacionados y, c) cargas factoriales iguales en los reactivos de la escala ( Lord & Novick, 1968; Cortina, 1993; Yang & Green, 2011). Esto es útil si hay factores con cargas diferentes y cuando se cumple la propiedad de tau-equivalencia, y estos índices son aceptables con valores mayores a 0.7, buenos si son mayores o iguales a 0.8, y excelentes si son mayores o iguales a 0.9 ( Trizano-Hermosilla & Alvarado, 2016).

Por sugerencia de Zygmont y Smith (2014), se utilizó la matriz de correlaciones, y siguiendo a Hu y Bentler (1999) con muestras mayores o iguales a 250 personas, se utilizaron estos índices para analizar la bondad de ajuste del modelo para las variables continuas o categóricas: Comparative Fit Index (CFI) >0.90; Normed Fit Index (NFI) >0.90; Parsimony-Adjusted Measures Index (PNFI) >0.50; Root Mean Square Error of Approximation (RMSEA); Standardized Root Mean Squeare Residual (SRMR) < 0.05.

Posteriormente se obtuvieron los indicadores de validez a través de la comparación con ANOVA (si P-valor<0.05, se rechaza la hipótesis de que los promedios comparados sean iguales), y la correlación de Pearson entre las variables de Amenaza y Prejuicio (una correlación de 0.30 o mayor se considera aceptable). En el último paso se ejecutó nuevamente un ANOVA para determinar diferencias con las variables de edad, sexo, estrato socioeconómico y ocupación.

Se utilizaron los programas R 4.2.1 ( https://www.r-project.org/), en especial, los paquetes (1) psych, versión 1.8.12 ( Revelle, W., 2018), para la estimación de estadísticos de consistencia interna; (2) polycor, versión 0.7-10 ( Fox, 2008), para el cálculo de matrices policóricas; y (3) lavaan, versión 0.6-5 ( Rosseel, 2012), para el Análisis Factorial Confirmatorio (AFC).

Resultados

Análisis factorial exploratorio

Un elemento inicial que debe ser considerado, es el hecho que el análisis factorial exploratorio se realizó haciendo uso de correlaciones policóricas, pues se trata de reactivos agrupados en una escala tipo Likert de naturaleza ordinal; esto siguiendo las recomendaciones de Rigdon, Ferguson y Carl (1991). De acuerdo con ello, se logró comprobar que cumple la prueba de esfericidad de Bartlett (χ.= 291.5, df=66, . <0.00001), con un KMO de 0.884 que se considera un valor bueno. Esto en sentido estricto representa un nivel suficiente de multicolinealidad entre las variables. La conclusión entonces es que los 12 ítems de la EPAE forman una estructura de factores como la obtenida por Halty y Navas (2016), ya que se agrupan en 3 factores (mediante rotación oblicua) tal como se muestran en la Tabla 2. Aunque el ítem 9 satura (con un valor de 0.43) tanto en la subescala de Amenaza real como en la Amenaza a la seguridad, se dejó en la real porque su tema principal tiene relación con la estabilidad económica del país.

Tabla 2
Distribución factorial de la EPAE sobre los inmigrantes venezolanos

Confiabilidad

Se encontró que para toda la Escala y sus sub-escalas, tanto el Alfa de Cronbach (α) como el índice Omega (ω) son elevados y con valores similares o casi iguales (0.91). Para las sub-escalas de Amenaza simbólica y real es de 0.89. En la sub-escala de Amenaza a la seguridad, los valores de Alfa y Omega fueron de 0.88 y 0.89, respectivamente, lo que indica que la escala y sub-escalas tienen una alta consistencia interna ( Tabla 3).

Tabla 3
Indicadores de confiabilidad

Análisis factorial confirmatorio

Primero se estandarizaron las variables latentes, luego como ya se mencionó, se utilizó la matriz de correlaciones ( Zygmont & Smith, 2014), para estimar los parámetros del modelo y se siguió con los procedimientos descritos en el análisis de resultados. Se obtuvo que χ2 = 434.41, df = 51 y p<.00001. Además, CFI = 0.942, NFI = 0.935, PNFI = 0.723, RMSEA = 0.06 y SRMSR = 0.08. De acuerdo con el procedimiento y los indicadores, el modelo tiene un ajuste aceptable.

Indicadores de validez

La primera variable que se contrastó con los tipos de amenaza es la Naturaleza del contacto con inmigrantes, en la cual se observa que la mayoría de los participantes han tenido experiencias previas positivas con los inmigrantes venezolanos, y son los que tienen puntuaciones de amenaza significativamente más bajas (Ver Tabla 4), que aquellos que indican un contacto previo negativo. La segunda variable tenía que ver, por un lado, con el grado de acuerdo con movimientos sociales en contra de los inmigrantes. Se encontró que, una minoría de los participantes estaban de acuerdo con estos movimientos, y su promedio de amenaza percibida era mayor. Por otro lado, con los derechos de los inmigrantes indocumentados, donde los grupos en comparación son más cercanos. Se encontró que tienen un promedio significativamente más alto en la percepción de amenaza los que están a favor de restringir sus derechos. En general, todos los resultados corresponden a lo esperado según el modelo de percepción de amenaza ( Navas & Rojas, 2010).

Tabla 4
Tipos de amenaza e indicadores de validez

Con respecto a la tercera variable para la validez, se encontró que el prejuicio sutil y manifiesto se correlacionan de manera positiva, significativa pero débil con los tres tipos de amenaza de la EPAE, con valores de r entre 0.248 y 0.387 ( Tabla 5). Las personas que perciben una mayor amenaza al tiempo tienen más necesidad de defender sus valores tradicionales, muestran mayor tendencia a las diferencias culturales con el exogrupo y suprimir sentimientos positivos hacia los inmigrantes (prejuicio sutil).

Tabla 5
Correlación entre los tipos de amenaza y tipos de prejuicio (N = 1078)

Tipos de amenaza con variables sociodemográficas y otros estudios

Para las variables sociodemográficas, se encontró una diferencia significativa en las mujeres con una mayor percepción de amenaza simbólica con respecto a los hombres (.=7.23, df= 1, p=.007, diferencia de medias de mujer – hombre =0.1401 >0), mientras que en la amenaza a la seguridad eran los hombres quienes obtuvieron un puntaje más alto (.=4.07, df=1, p=.044, diferencia de medias de mujer – hombre = – 0.096 <0), cuando lo esperado era en las mujeres. Sin embargo, la amenaza a ser herido o atacado en su integridad física se puede seguir asociando a la percepción de robos o atracos que cualquier habitante puede sufrir, siendo en este caso los hombres quienes hicieron más énfasis en esta percepción de amenaza, la cual se podría conectar con el nivel económico de los participantes. Con respecto al nivel económico, fue el nivel bajo que obtuvo una mayor puntuación en la amenaza realista, simbólica y a la seguridad (.=4.09, df=5, p=.001, medias de 0.9857, 1.0268 y 0.9627, respectivamente), al igual que para la amenaza a la seguridad fue el nivel bajo (estratos 1 y 2), los de mayor puntuación (.=2.22, df=5, p=.050, medias de 1.0574 y 0.9627, respectivamente). Esto puede corresponder a una mayor percepción de amenaza para las personas que viven en barrios más vulnerables y con dificultades económicas de sus habitantes, donde el trabajo informal se puede saturar primero con la población migrante, y generar una mayor percepción de amenaza generalizada. No se observaron diferencias con respecto a la edad de los participantes.

Al comparar los resultados con otros estudios que han utilizado la EPAE, se observa que las puntuaciones de amenaza exogrupal han oscilado entre 1.7 y 3.7, en un rango de 0 a 5. La amenaza simbólica es la que presenta las puntuaciones más bajas (excepto con los inmigrantes colombianos), y la amenaza realista es generalmente más alta. Se pueden ver los resultados de cada estudio en la Figura 2.


Figura 2
Comparativo de puntuaciones de la EPAE en diversos países
Fuente: Elaboración propia, 2024.

Discusión

El propósito de esta investigación era validar las propiedades psicométricas de la EPAE ( Carmona-Halty & Navas, 2016) en una muestra de colombianos (endogrupo), con respecto a los inmigrantes venezolanos (exogrupo) asentados en Barranquilla. El instrumento tiene al menos dos versiones que se han validado con endogrupos españoles, chilenos y bolivianos, frente a exogrupos rumanos, marroquíes, ecuatorianos, peruanos, bolivianos, colombianos y venezolanos. En la versión de Ferrufino et al., ( 2015 a, b) y, sobre todo, en la de Carmona-Healty y Navas (2016), se separó de la dimensión de la amenaza realista, la amenaza a la seguridad, quedando tres sub-escalas con 12 ítems en total, siendo la versión que utilizó en este estudio.

Se encontró una estructura factorial en la cual se validaron las amenazas realistas, simbólica y a la seguridad, las mismas tres amenazas descritas por Carmona-Halty y Navas (2016). Por otro lado, el ítem 9 que tenía un mismo peso en la amenaza real y de seguridad, se dejó en la amenaza real por tratarse de un tema de amenaza a la seguridad económica del país. Para la consistencia interna, se observó que toda la escala y sus sub-escalas, tanto en el Alfa de Cronbach (α) como el Omega (ω) tenían puntuaciones elevadas y con valores similares o casi iguales de 0.91, y en la amenaza simbólica y real de 0.89. En la amenaza a la seguridad, los valores de alfa y omega fueron de 0.88 y 0.89, respectivamente, lo que indica que la escala y sub-escalas tienen una alta consistencia interna. En el análisis factorial confirmatorio, se obtuvo un valor significativo en el índice de ajuste de 0.94, lo cual valida su estructura factorial, y se une a los altos valores de consistencia de alfa y omega, así como a la correspondencia con la estructura de Carmona-Halty y Navas (2016).

Para los indicadores de validez, se encontraron resultados coherentes y significativos en todos ellos. Por un lado, las personas con experiencias positivas con los inmigrantes – que eran la mayoría, tenían de manera significativa, puntuaciones más bajas en la percepción de amenaza exogrupal, lo cual es coherente desde la teoría del contacto de Allport (1954). Por otro lado, las personas que estaban de acuerdo con los movimientos antinmigrantes -era una minoría, menos de 100 personas sobre 1078 participantes-, tenían las puntuaciones más altas en percepción de amenaza exogrupal.

También es de resaltar, que las personas favorables en apoyar a los inmigrantes indocumentados para que tuvieran similares derechos a los de la población autóctona, eran los que percibían la amenaza exogrupal significativamente más baja con respecto a los que proclamaban la restricción de los derechos de la población inmigrante, quienes tenían las puntuaciones de amenaza exogrupal más altas. Este último grupo, más crítico con la inmigración, puede asumir que existe un pasado judicial en los inmigrantes, lo cual incrementa la percepción de amenaza ( Carl, 2016), y se convierte en uno de los factores más importantes para no permitirles el acceso al país, o apoyar las políticas de control social.

Además, el prejuicio (sutil y manifiesto) correlaciona de manera significativa y positiva con la percepción de amenaza (realista, simbólica y a la seguridad), pero, existen diferencias en cuanto al:

a) Sexo, pues las mujeres percibieron una mayor amenaza simbólica, mientras los hombres percibían una mayor amenaza a la seguridad. Es diferente a lo observado por Estremadoiro et al., (2015). En el caso de los hombres, esto se puede relacionar con lo encontrado por Wang (2012) y Semyonov et al., (2004), con respecto al tamaño percibido de la población inmigrante indocumentada y las altas tasas de desempleo, que se relacionaban con evaluaciones de amenaza criminal más altas.

b) Nivel socioeconómico, ya que el estrato bajo (uno y dos, los más desfavorecidos), percibieron un mayor nivel de amenaza, lo cual es coherente con la teoría del conflicto realista (TCR) ( Sherif & Sherif, 1979). Es decir que, en contextos de escases de recursos, la percepción subjetiva de las relaciones sociales entre los grupos se tiende a construir sobre la base de la competición. De allí que la situación de contacto intergrupal cotidiano entre colombianos e inmigrantes venezolanos -que cohabitan en zonas vulnerables-, se percibe como una competencia/amenaza sobre recursos escasos o difíciles, evocando el surgimiento de una hostilidad intergrupal ( Smith-Castro, 2006). Se refleja una competencia económica entre grupos vulnerables e interdependientes donde las ganancias de uno conllevan una pérdida para el otro, por lo que la necesidad por acceder a recursos no hace sino exacerbar esta competencia entre inmigrantes y locales, por recursos tales como el acceso a la vivienda y a un empleo digno ( Espenshade & Hempstead, 1996).

Conclusiones

En conclusión, se encontró que la EPAE arrojó buenos indicadores psicométricos para evaluar la percepción de amenaza de los colombianos con respecto al grupo de inmigrantes venezolanos. Si bien el promedio de amenaza exogrupal osciló entre 2 y 3.5, que en un rango de 0 a 5 sugiere una percepción de amenaza moderada, la sub-escala de seguridad fue la más alta de todas, presentando puntuaciones tan elevadas como las observadas en los estudios de Chile con inmigrantes peruanos o colombianos ( Carmona-Halty y Navas, 2016). Esto se puede entender por al menos dos aspectos, primero por el alto contacto intergrupal y competencia por los recursos en contextos vulnerables, por lo que la percepción de inseguridad modula la amenaza percibida hacia el exogrupo, y segundo, por el efecto que pueden generar los medios de comunicación al presentar noticas sobre grupos minoritarios. Para Colombia, se recomienda mantener separados los factores de amenaza a la seguridad, amenaza realista y amenaza simbólica, cuando un exogrupo compite de manera directa por los recursos, o es frecuentemente mencionado en los medios de comunicación, y se hace necesario diferenciar la percepción de la amenaza realista dirigida al grupo o país, de la percepción de la amenaza a la seguridad dirigida al individuo.

Además, la percepción de amenaza a la seguridad se refuerza con la criminalización del exogrupo. Esta criminalización es, en general, una construcción social y política importante, a través de la cual las estadísticas de crímenes se hacen muy evidentes, con narrativas discriminatorias en los medios de comunicación y en las redes sociales ( Carmona-Halty & Navas, 2016; Stanfield & Stone, 2018). Esta información ha sido empleada de manera sesgada por grupos extremistas como instrumento para (a) justificar políticas contrarias a la inmigración, (b) inducir el miedo y la desconfianza hacia colectivos minoritarios, y para (c) afianzar estereotipos negativos respecto a la población inmigrante ( Esses et al., 2013). Esto sustenta también un sesgo perceptual ( Chapman & Chapman, 1967), que favorece la hostilidad intergrupal, porque refuerza la formación de estereotipos negativos apoyándose en una norma social que fortalece la percepción de amenaza de un exogrupo ( Hamilton, 1981).

Como limitaciones debemos señalar que el muestreo por bola de nieve (no probabilístico y por accesibilidad), si bien es una estrategia válida para acceder a poblaciones en espacios abiertos o de difícil acceso ( TenHouten, 2017), puede dificultar la generalización de los resultados (validez externa), al igual que se focalizó en adultos, que, si bien están en varios niveles económicos, son en su mayoría de nivel económico medio y bajo, lo cual requiere a futuro de observaciones más amplias y diversas para el muestreo. Sin embargo, se espera que sirvan de referencia a nivel regional, teniendo en cuenta que los departamentos de la región Caribe reciben un notable flujo migratorio, y los resultados pueden servir para evaluar los tres tipos de amenaza exogrupal que recoge la literatura. En la misma línea, la muestra de Barranquilla, requiere estudios que abarquen otras regiones del país, y contrastar los datos con otros indicadores de prejuicio y tipologías de convivencia o contacto entre la población receptora y el colectivo de inmigrantes.

Se espera que, con este instrumento ajustado, se cuente con una herramienta de apoyo a la evaluación de la percepción de amenaza intergrupal con validez estructural y convergente para los contextos de alto contacto con inmigrantes, pero se debe seguir revisando la estabilidad temporal, la sensibilidad al cambio, la discriminación entre niveles, la validez predictiva etc. para que tenga mayor utilidad en la intervención social. En ultimas se espera que la percepción de amenaza hacia los inmigrantes se reduzca, sobre todo en la medida que se mejore la calidad de vida de autóctonos y extranjeros de manera similar ( Quillian, 1995; Wallace & Figueroa, 2012).

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Author notes

a Correspondence about this article should be addressed Ignacio Ramos-Vidal: iramos5@us.es

Additional information

Conflicts of Interest: The authors declare that the research was conducted in the absence of any commercial or financial relationships that could be construed as a potential conflict of interest.



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