DOSSIÊ
Recepción: 26 Abril 2021
Aprobación: 03 Junio 2021
DOI: https://doi.org/10.4025/psicolestud.v27i0.58929
RESUMEN: En el presente artículo, escrito en el contexto de la pandemia 2020-2021 y en el marco del cumplimento del Aislamiento Social Preventivo y Obligatorio (ASPO), analizamos dos experiencias comunitarias vinculadas al cuidado de las infancias y adolescencias que se desarrollan en las provincias de Neuquén y Río Negro (Patagonia Argentina). Dicho análisis es resultado de una investigación cualitativa realizada desde la perspectiva de la Psicología Social Crítica y las Políticas Públicas en la que buscamos recuperar los saberes sociales que estas iniciativas comunitarias pueden aportar al diseño y reformulación de las políticas públicas de cuidado. Específicamente, las experiencias que aquí presentamos son: la Asociación Civil GAIA-Nueva Crianza, conformada por familias de niñes y adolescentes trans; y la Asociación Civil Lazos Azules, integrada por familias de niños y adolescentes con TEA (Trastorno del Espectro Autista). Si bien las dos asociaciones son muy diferentes entre sí, ambas coinciden en estar protagonizadas por familias que, a partir de haber escuchado y prestado atención a las necesidades de sus hijo/a/es, se organizaron colectivamente para visibilizar la realidad de sus niño/a/es y adolescentes generando distintas acciones. Dichas acciones tienden no sólo a hacer efectivos los derechos de las infancias y adolescencias, especialmente aquellos vinculados a la identidad, la educación y la salud, sino que están orientadas a incidir en las políticas públicas de cuidado a nivel local desde lo que Boaventura de Sousa Santos denomina la sociología de las emergencias y desde lo que Rita Segato designa como una politicidad en clave femenina anfibia.
Palabras claves: Políticas públicas, infancia, adolescencia.
RESUMO: Neste artigo, escrito no contexto da pandemia 2020-2021 e no quadro do cumprimento do Isolamento Social Preventivo e Obrigatório (ASPO), analisamos duas experiências comunitárias relacionadas com o cuidado de crianças e adolescentes que ocorrem nas províncias de Neuquén e Río Negro (Patagônia Argentina). Esta análise é resultado de uma pesquisa qualitativa realizada na perspectiva da Psicologia Social Crítica e das Políticas Públicas, na qual buscamos resgatar o conhecimento social de que essas iniciativas comunitárias podem contribuir para o desenho e reformulação das políticas públicas de atenção. Especificamente, as experiências que aqui apresentamos são: a Associação Civil GAIA-Nueva Crianza, formada por famílias de crianças e adolescentes trans; e a Associação Civil Lazos Azules, formada por famílias de crianças e adolescentes com TEA (Transtorno do Espectro do Autismo). Embora as duas associações sejam muito diferentes entre si, ambas coincidem no fato de serem lideradas por famílias que, depois de ouvir e atentar para as necessidades dos filhos, se organizam coletivamente para tornar visível a realidade dos filhos. a / es e adolescentes gerando diferentes ações. Essas ações tendem não só a efetivar os direitos da criança e do adolescente, especialmente aqueles vinculados à identidade, educação e saúde, mas visam influenciar as políticas públicas de atenção em nível local a partir do que Boaventura de Sousa Santos denomina a sociologia das emergências e do que Rita Segato designa como feminilidade anfíbia chave de politicidade.
Palavras chaves: Políticas públicas, infância, adolescência.
ABSTRACT: In this article, written in the context of the 2020-2021 pandemic and in compliance with the Preventive and Compulsory Social Isolation (ASPO), we analyze two community experiences related to the care of children and adolescents that take place in the provinces of Neuquén and Río Negro (Argentinian Patagonia). This analysis is the result of a qualitative study carried out from the perspective of Critical Social Psychology and Public Policy, in which we seek to recover the social knowledge that these community initiatives can contribute to the design and reformulation of public care policies. Specifically, the experiences we present here are the GAIA-Nueva Crianza Civil Association, made up of families of trans children and adolescents; and the Lazos Azules civil association, made up of families of children and adolescents with ASD (autism spectrum disorder). Although the two associations are very different from each other, they both coincide in being led by families who, after having listened and paid attention to the needs of their children, they organized collectively to make visible the reality of their children and adolescents by generating different actions. These actions tend not only to make effective the rights of children and adolescents, especially those linked to identity, education and health, but are also aimed at influencing public care policies at the local level, from what Boaventura de Sousa Santos calls the sociology of emergencies and from what Rita Segato designates amphibious feminine key politicity.
Keywords: Public politics, childhood, adolescence.
Introducción
En el presente artículo, escrito en el contexto de la pandemia 2020-2021 y en el marco del cumplimento del Aislamiento Social Preventivo y Obligatorio (ASPO), analizamos dos experiencias comunitarias vinculadas al cuidado de las infancias y adolescencias que se desarrollan en las provincias de Neuquén y Río Negro (Patagonia Argentina). Dicho análisis es resultado de una investigación cualitativa realizada desde la perspectiva de la Psicología Social Crítica y las Políticas Públicas en la que buscamos recuperar los saberes sociales que estas iniciativas comunitarias pueden aportar al diseño y reformulación de las políticas públicas de cuidado2.
Específicamente, las experiencias que aquí presentamos son: la Asociación Civil GAIA-Nueva Crianza (NC), conformada por familias de niñes y adolescentes trans3, cuyo objetivo principal es visibilizar la existencia de estas niñeces y adolescencias; y la Asociación Civil Lazos Azules (LA), integrada por familias de niños y adolescentes con TEA (Trastorno del Espectro Autista), cuyo objetivo principal es trabajar por la inclusión social de las personas con TEA. Si bien las dos asociaciones son muy diferentes entre sí, ambas coinciden en estar protagonizadas por familias que, a partir de haber escuchado y prestado atención a las necesidades de sus hijo/a/es, se organizaron colectivamente para visibilizar la realidad de sus niño/a/es y adolescentes y garantizar su cuidado generando distintas acciones.
Dichas acciones tienden no sólo a hacer efectivos los derechos de las infancias y adolescencias, especialmente aquellos vinculados a la identidad, la educación y la salud, sino que están orientadas a incidir en las políticas públicas de cuidado a nivel local desde lo que Boaventura de Sousa Santos denomina la sociología de las emergencias y desde lo que Rita Segato designa como una politicidad en clave femenina anfibia.
Entendemos a las experiencias comunitarias como aquellas acciones se realizan los miembros de una comunidad en función de buscar la transformación de situaciones problemáticas (Montenegro, Montenegro, & Iñiguez, 2006). Definimos también a las políticas públicas como el conjunto de iniciativas y respuestas, manifiestas o implícitas que constituyen la posición predominante del Estado frente a una cuestión que atañe a sectores significativos de la sociedad (Oszlak & O'Donnell , 1995).
En ese marco, consideramos que las experiencias comunitarias inciden, desde abajo, con una perspectiva contextual, crítica y emancipadora, en el ámbito social más amplio con el propósito de revertir los sistemas de valores dominantes (Torres de Torres , 2016) y que “[…] las políticas públicas deben estar cada vez más presentes para acompañar estos movimientos sociales” (C, presidenta LA). En ese sentido, concebimos que las experiencias comunitarias no sólo encierran un enorme potencial y riqueza, sino que surgen, al menos en parte, debido a que hay necesidades e intereses en relación a las infancias y adolescencias que no están cubiertos ni por el Estado ni por otras instituciones u organizaciones sociales. Al mismo tiempo que, desde las Epistemologías del Sur, entendemos que, para transformar al mundo, no solo hacen falta los conocimientos elaborados desde la academia sino también los conocimientos generados en el marco de las distintas luchas sociales.
Perspectivas críticas de la psicología social
Consideramos que la Psicología Social se ocupa de la dimensión subjetiva presente en los procesos colectivos y que una de las preocupaciones centrales que ella abordada es cómo generar procesos de cambio social en aquellas situaciones que se consideran problemáticas o dignas de transformación social a partir de la generación de procesos de intervención social o del acompañamiento de acciones colectivas.
Recuperando las cuatro grandes perspectivas que Marisela Montenegro (2001) distingue dentro del campo de la Psicología Social y la intervención psicosocial, ubicamos dos de dichos desarrollos como los más tradicionales. El primero, vinculado a la Perspectiva Funcionalista, el cual define a la sociedad como un todo caracterizado por el equilibrio y el orden dentro del cual los problemas sociales (tales como la delincuencia, las adicciones, etc.) son vistos como producto de las disfunciones de ciertos grupos o individuos. Esta perspectiva se asienta sobre una epistemología positivista que postula que el conocimiento científico es una verdad universal y absoluta a partir de la cual es posible realizar diagnósticos objetivos y diseñar intervenciones dirigidas que serán delineadas por profesionales expertos en función de corregir o adaptar a los individuos o colectivos problemáticos y que serán evaluadas a través de métodos tradicionales.
El segundo desarrollo, vinculado a la Perspectiva Conflictivista o Teoría Crítica, entiende que la sociedad se asienta sobre una estructura capitalista que es desigual e injusta la cual está basada en procesos de explotación. Dicha estructura es vista como la responsable de generar ciertos problemas sociales (tales como el desempleo, las violencias, etc.). Asimismo, esta perspectiva entiende que la sociedad está atravesada por procesos de ideologización que le imprimen un orden aparente y en relación a los cuales cual el conocimiento científico tiene funciones de desideologización y concientización. En ese sentido, dicho conocimiento científico debe dialogar con el conocimiento popular tanto para identificar los problemas como para construir una solución a los mismos. A partir de esto, propone una metodología participativa que implica la conformación de un equipo de intervención integrado tanto por profesionales como por personas de la comunidad, siendo que dicho equipo será el encargado tanto de diagnosticar como de diseñar proyectos que den soluciones a las problemáticas concretas. Al mismo tiempo, dichos proyectos buscarán generar transformaciones profundas en la estructura social y serán evaluados desde un diseño participativo de evaluación que tomará en cuenta no sólo resultados sino también procesos. Dentro de esta perspectiva ubicamos los desarrollos teóricos y metodológicos de la Psicología Social Comunitaria Latinoamericana (PSCL) y de su propuesta de Investigación Acción Participativa (IAP).
Dentro de los desarrollos más actuales de la Psicología Social Crítica, y dando continuidad al ordenamiento que propone Marisela Montenegro (2001), ubicamos dos enfoques más que complejizan la propuesta de la PSCL y su IAP. El primero, vinculado a la Perspectiva Socioconstruccionista, desde el cual entiende que la sociedad se asienta en las interacciones cotidianas de los individuos sin que haya grandes elementos estructurales que los constriñan y dando centralidad al lenguaje. Esta perspectiva se afirma sobre una epistemología construccionista y relativista que critica la posibilidad de que la ciencia pueda representar objetivamente a la realidad y que entiende a los problemas sociales (tales como la violencia de género, la discriminación, etc.) como producto de construcciones colectivas. En este marco, postula la necesidad de deconstruir los fenómenos proponiendo para ello metodologías discursivas y genealogías desde el entendimiento que la lucha por los significados es un modo de intervenir y transformar la realidad.
El segundo desarrollo, vinculado a la Perspectiva Situada, propone un análisis crítico de la intervención social tomando los aportes del socioconstruccionismo, de las epistemologías feministas y del postmarxismo. Dicho enfoque se basa en las nociones feminista de conocimientos situados y objetividad encarnada y dinámica, propone pensar a los actores de los procesos de intervención y cambio social (profesionales y miembros de la comunidad) desde el concepto postmarxista de posiciones de sujeto y denomina articulaciones o conexiones parciales a las relaciones que se establecen entre distinto actores postulando que todos ellos -y no sólo los ‘destinatarios’- son transformados en los procesos de intervención que participan.
Aún más recientes son los desarrollos que, como parte de esta Psicología Social Crítica, proponemos incorporar a partir de: 1) las Teorías de los Movimientos Sociales y la Acción Colectiva, desde las cuales tomamos algunas categorías de análisis (necesidades desde las cuales surgen los procesos organizativos, objetivos que se proponen, sentidos que las atraviesan, acciones que realizan, incidencias que alcanzan, etc.) que nos permiten describir y caracterizar las experiencias comunitarias investigadas; 2) las Epistemologías del Sur (Sousa Santos, 2010), desde las cuales afirmamos que la sociedad actual no solo es capitalista sino también colonial y patriarcal y que, para transformarlas, necesitamos apelar tanto a los conocimientos académicos como a los conocimientos que emergen en las luchas sociales haciendo uso de la sociología de las emergencias (Sousa Santos, 2010); y, 3) los Feminismos (Segato, 2018). desde los cuales hablamos de una politicidad en clave femenina que sigue un camino anfibio en tanto desarrolla sus luchas tanto desde el Estado como desde fuera de él.
Así, esta Psicología Social Crítica actualizada, complejizada y renovada, sumada a las conceptualizaciones acerca de los cuidados que a continuación desarrollaremos, constituyen el contexto conceptual central de nuestra investigación. Desde dicho contexto, entendemos que, para las experiencias comunitarias indagadas, los cuidados de las infancias y adolescencias, por sus características y particularidades, han constituido una situación problemática y digna de transformación a partir de la cual las familias se han organizado colectivamente creando espacios de crianza compartidos. Desde dicho contexto también, consideramos que la infancia y adolescencia constituyen momentos fundamentales en la existencia de los seres humanos donde la necesidad de cuidado es central y donde se torna prioritario, por tanto, investigar aquellas experiencias que se organizan colectivamente para crear espacios colectivos de cuidado.
Realidades y conceptualizaciones acerca del cuidado y del cuidar
Los cuidados son actividades indispensables y constitutivas de la sociedad que permiten el sostenimiento y la reproducción de la vida, actividades que nos atraviesan y que atraviesan a todas las personas y que involucran elementos materiales y emocionales. Desde el inicio de la vida y hasta el fin, necesitamos de los cuidados y estos se resuelven a través de un entramado de relaciones que conforman la organización social del cuidado (Rodríguez Enríquez, 2019).
Según Laura Pautassi (2020), el cuidado es un derecho humano que incluye el derecho a cuidar, a ser cuidado y el autocuidado. Dicho cuidado es asociado a las actividades indispensables para satisfacer las necesidades básicas de la existencia y reproducción de las personas, brindándoles los elementos físicos y simbólicos que les permiten vivir en sociedad. Incluye el autocuidado, el cuidado directo de otras personas (la actividad interpersonal de cuidado), la provisión de las precondiciones en que se realiza el cuidado (la limpieza de la casa, la compra y preparación de alimentos) y la gestión del cuidado (coordinar horarios, realizar traslados a centros educativos y a otras instituciones de cuidado, supervisar el trabajo de la cuidadora remunerada, entre otros) (Rodríguez Enríquez, 2019).
Si bien no hay un consenso respecto a la noción de cuidado, puede entenderse el mismo como
“[…] la acción de ayudar a un niño/a o a una persona dependiente en el desarrollo y el bienestar de su vida cotidiana. Engloba, por lo tanto, hacerse cargo del cuidado material, que implica un ‘trabajo’ y del cuidado económico, que implica un ‘vínculo afectivo, emotivo, sentimental’ (Batthyány, 2020, p. 40, entrecomillado de la autora).
Trabajamos aquí con una noción amplia de cuidado entendiendo que el mismo no sólo incluye aquellos que necesitan recibirse desde el espacio doméstico, sino también aquellos recibidos desde otros ámbitos (educativo, sanitario, cultural, deportivo, etc.) donde las infancias y adolescencias transitan sus vidas cotidianas.
Al mismo tiempo, entendemos que histórica, cultural y socialmente, el cuidado ha estado asociado desde siempre a la figura femenina y que “[…] buena parte de la carga del cuidado continúa recayendo sobre las mujeres y las niñas […]” (Bertolotto, 2014, p. 155) reforzando así “[…] el supuesto social de que la persona encargada natural, concreta y exclusivamente del cuidado de los hijos es, definitivamente, la mujer” (Bertolotto, 2014, p. 151). Así, “[…] la práctica del cuidado tenderá a comprenderse exclusivamente como un atributo femenino, asociada a una idea naturalizada del ser mujer y constituyente de un modelo de relaciones sociales y de familia que es preciso desentrañar y repensar […]” (Bertolotto, 2014, p. 15) y que tiene su continuidad en los modos en que se piensan, diseñan y ejecutan las políticas públicas de cuidado.
Esta situación hace necesaria la incorporación y la puesta en agenda de una mirada de género que parta de considerar que, en cuestiones del cuidar, “[…] aquello que se llama amor […]” es trabajo no remunerado, trabajo invisible de millones de mujeres que, además, está ausente “[…] en las representaciones de la economía que alimentan la formulación de las políticas” (Bertolotto, 2014, p. 154).
Este trabajo, además, se ha visto intensificado en el actual contexto de pandemia y ASPO ya que las medidas de distanciamiento social, el cierre de los colegios, la sobrecarga en los sistemas sanitarios, etc. han producido una mayor demanda hacia las mujeres y las niñas en función de cubrir las necesidades básicas de supervivencia de las familias y, especialmente, aquellas relacionadas al cuidado de niño/as, personas con discapacidad o adultos mayores. Al mismo tiempo, el actual contexto, ha profundizado las desigualdades sociales incluidas aquellas relacionadas a los cuidados.
A todo lo anteriormente dicho hay que sumar la consideración de que “[…] las familias, en sus diversas formas, siguen siendo la institución clave para satisfacer las necesidades de cuidados […]” (Bertolotto, 2014, p. 154) al tiempo que,
[…] tanto los modelos de familia como las prácticas de políticas sociales, están anclados en una idea de organización familiar que conserva los rasgos patriarcales, generalmente implícitos y a menudo bastante alejados de la realidad cotidiana y concreta de lo/as destinatario/as de esas políticas (Bertolotto, 2014, p. 153).
Estrategia metodológica
Se trata de una investigación cualitativa en la que nos nutrimos de los aportes de la etnografía (Mosquera Villegas, 2008), de la etnografía con niños, niñas y adolescentes (Tammarazio, 2016; Milstein, Guerrero, Clemente, & Dantas-Whintey, 2017) y de la etnografía virtual (Ruiz Mendez & Aguirre Aguilar, 2015). Esto último debido a que, el contexto de pandemia y ASPO, ha impuesto no sólo intensas modificaciones a la vida social sino también a los procesos de investigación que desarrollados actualmente.
Asimismo, nos inspiramos en la propuesta del Trueque Constructivo (León Cedeño, 2007) definido como una forma de superar las limitaciones de otras maneras de producir conocimiento científico, planteando una forma de convivir con los colectivos en los lugares específicos donde éestos actúan para aprender de sus acciones contra-hegemónicas y de ayuda mutua, y apoyando, al mismo tiempo, su auto-organización.
Los dispositivos de producción de datos utilizados fueron múltiples por lo que hablamos de un ‘mosaiquismo metodológico’ (Bonvillani, 2018) en el cual buscamos alcanzar una variedad de ‘productos’ de distinta materialidad (gráfica, audiovisual, oral, escrita) considerando que todos y cada uno de ellos constituyen pequeñas construcciones de la experiencia vivida.
El análisis de datos lo realizamos de manera conjunta a la producción/recolección del material empírico entendiendo que la lógica del análisis cualitativo está guiada por la recurrencia de aquellos sentidos que insisten y a partir de los cuales fuimos configurando una narrativa polifónica.
Experiencias comunitarias
La Asociación Civil GAIA-Nueva Crianza, está conformada por familias y ‘amigues’ de ‘niñes’ y adolescentes trans de Río Negro y Neuquén. Surge, con sede en la capital neuquina, en diciembre del 2018 a partir de las dificultades que estas familias encontraron en distintos ámbitos (familiares, escolares, sanitarios, etc.) al escuchar y querer acompañar a sus ‘hijes’. Su objetivo principal es visibilizar la existencia de las infancias y adolescencias trans a la vez que garantizar los derechos de todas las niñeces y adolescencias. Esta asociación genera acciones no sólo a nivel micro sino también macro-social buscando incidir a nivel de las políticas públicas.
Por su parte, la Asociación Civil Lazos Azules, está integrada por familias de niño/as, adolescentes y adultos con TEA (Trastorno del Espectro Autista) de Río Negro y Neuquén. Nace formalmente en la capital neuquina en el año 2015 tras una historia previa de casi veinte años de lucha a partir de las numerosas dificultades que estas familias que encontraron se para que sus hijo/as recibieran un diagnóstico, accedieran a un tratamiento, lograran su inclusión en el sistema educativo y en distintos ámbitos sociales, etc. Su objetivo principal es trabajar por la inclusión social de las personas con TEA en todos los espacios sociales en los que dichas personas desarrollan su vida teniendo también como uno de sus ejes principales de trabajo la búsqueda de incidencia en las políticas públicas.
Ambas asociaciones, si bien se definen como integradas por familias, están signadas por una fuerte presencia y protagonismo por parte de las mujeres, de “[…] las chicas […]” (M, mamá LA), casi todas ellas madres de las niñeces y adolescencias de estas experiencias.
En lo que sigue, presentamos una caracterización de las experiencias comunitarias investigadas dando cuenta de algunas de sus diferentes dimensiones: los sentidos de infancias que generan y en los cuales la diversidad de formas de ser y de existir constituyen un articulador simbólico central; las innumerables acciones por ellas producidas en función de crear un mundo más amoroso y amigable; las crianzas colectivas y los espacios de cuidado compartidos que ellas proponen; las transformaciones de la acción colectiva engendradas en estos tiempos tan particulares de pandemia y ASPO; la incidencia en las políticas públicas de cuidado que estas experiencias comunitarias ejercen; y las complejidades que el cuidado ha impuesto en este el contexto actual.
Sentidos de infancias: diversidades del ser y del existir
Nueva Crianza lucha ‘por infancias plenas, libres y felices’ y también por infancias y adolescencias con ‘derecho a ser’ a la vez que insiste en que no se trata sólo de habilitar otras formas de vivir el género sino, también, de poner en valor todas las diversidades en sus sentidos más amplios. Desde esta asociación, siempre se ha visto a las infancias como a cargo de los adultos, pero “[…] tomando sus propias acciones, decisiones y con un margen de libertad impresionante” (V, presidenta NC). En ese sentido, las familias de esta asociación dicen: “[…] nosotros escuchamos […], permitimos que las infancias nos interpelen, nos cuestionen, nos sorprendan, nos propongan otros mundos” (Facebook NC).
En consonancia con estos sentidos, como símbolo y logo la asociación han elegido un barrilete celeste y rosa que tiene una cola de muchos colores y que representa que:
Nuestres ‘hijes’ siempre estaban adelante, marcando el camino, llevándonos... que cuando creíamos tener algo confirmado, asumido, comprendido... nuevos desafíos, caminos y preguntas nos proponían. ‘Todes’ coincidimos. Y algún ‘amigue’ trajo la imagen de ver a cada ‘niñe’ como un barrilete, buscando vuelos más altos mientras ‘nosotres’ en tierra, sosteníamos ese hilo, intentando la tensión óptima, buscando los vientos más favorables, evitando las tormentas y obstáculos... Y también se nos ocurrió pensar que a ese barrilete un día le crecían alas, cortaba el hilo, nos regalaba un beso...y emprendía su vuelo propio (Facebook NC, entrecomillado del autor).
Por su parte, Lazos Azules concibe, en relación a sus infancias y adolescencias que, si bien
[…] se habla de trastorno por eso se conoce con la sigla de TEA [lo que como familias están aprendiendo es que se trata de] una condición que ellos tienen, que es una manera de ver y de percibir el mundo de manera diferente [y que] no es malo ser diferente (M, mamá LA).
De este modo, ellos están empezando a hablar de CEA (Condición del Espectro Autista) para hacer hincapié en la necesidad de reconocer y respetar las diversidades. “El autismo no es una enfermedad [dicen, a la vez que sostienen que] no todos los niño/as con autismo son iguales. Son todos diferentes, todos únicos y diversos” (M, mamá LA).
Así, estas asociaciones nos muestran una concepción de infancias y adolescencias no sólo apareciendo en toda su diversidad sino cuestionando nuestra sociedad adultocéntrica, homogeneizadora, heteronormativa y binaria.
Acciones de cuidado: la lucha por construir mundos más amorosos y amigables
Las acciones de cuidado que realiza Nueva Crianza son múltiples y diversas e incluyen el trabajo directo en los diferentes contextos en los cuales sus ‘hijes’ transitan la vida cotidiana. A nivel interno, esta asociación ha organizado diversos espacios de encuentro entre familias y ‘amigues’ para intercambiar informaciones, sostenerse afectiva y emocionalmente, compartir alegrías y dificultades y también para celebrar la vida. Al mismo tiempo, ha generado un espacio creativo-expresivo denominado Taller Cresiendo donde participan ‘les niñes’ y adolescentes junto a sus hermanos, amigos, vecinos, compañeritos de la escuela, etc. y en el cual pueden expresarse libremente a través del arte y de la palabra.
A nivel externo, esta organización tiene una participación muy activa en distintos espacios públicos en los cuales busca dar a conocer la existencia y la realidad de las infancias y adolescencias trans desde el entendimiento de que la experiencia personal y familiar por ellos transitada es muy importante para otros. Asimismo, ha participado en una gran cantidad de capacitaciones, charlas, conversatorios y foros en distintas localidades de las Provincias de Río Negro y Neuquén destinadas a docentes, personal de salud, personal del poder judicial y a la comunidad en general buscando garantizar el derecho a la educación y a la salud, así como también tratando de efectivizar el derecho a la identidad.
A través de todas estas iniciativas, Nueva Crianza invita a construir juntos espacios que alberguen a ‘todes’; y a escuchar y respetar a las infancias y adolescencias en todas sus diversidades. Ellos definen su accionar como “[…] una activación […]” (V, presidenta NC) que es realizada desde un lugar amoroso desde el cual buscan visibilizar, concientizar e invitar a crear mundos que cuiden y abracen a las infancias y adolescencias.
Por su parte, Lazos Azules desarrolla también una cantidad importante de iniciativas de cuidado que organizan según distintos programas. Algunos de dichos programas se dirigen especialmente a las personas con autismo como el ‘Yo también participo’, espacio cultural y recreacional cuya finalidad es promover el acceso a la cultura y a la recreación de las personas con autismo. Otros se dirigen más bien a las familias como el de ‘Padres Escucha; Primeros pasos; Lazos te acompaña y la Escuela TEA para padres’, todos ellos destinados a generar un espacio donde las familias puedan compartir informaciones, sostenerse afectivamente e interiorizarse de los derechos de sus hijo/as.
Asimismo, existen programas orientados hacia la concientización y formación de la sociedad en general como el de ‘Hablemos de autismo, seguridad ciudadana TEA, El TEA en la escuela y mi ciudad mi lugar’ desde los cuales se busca concientizar, informar y capacitar en cómo, desde distintos actores y sectores de la sociedad (salud, educación, seguridad, etc.), se puede contribuir a generar un mundo más amigable para las personas con TEA y sus familias. Al mismo tiempo, Lazos Azules ha desarrollado herramientas virtuales tales como ‘la App de pirotecnia cero y herramientas bibliográficas’ que hacen más accesible la información y la posibilidad de concretar distintas iniciativas. Finalmente, otros programas como el de ‘fortaleciendo nuestros lazos azules’ se dirigen a establecer redes con otras organizaciones e incidir en las políticas públicas.
En suma, las acciones de cuidado que ambas asociaciones desarrollan, son múltiples y diversas e incluyen el trabajo directo en los diferentes contextos en los cuales sus hijo/a/es transitan la vida cotidiana, especialmente aquellos relacionados al ámbito familiar, escolar y sanitario, así como también involucran actividades orientadas a la comunidad en general.
Crianzas colectivas y espacios de cuidado compartidos: ‘lo personal es político’
Nuevas Crianzas es un vocablo portugués que designa infancias sin apelar a género y que también alude a las relaciones de niños/niñas/niñes con madres/padres/adultos, desde el respeto hacia las necesidades de cada ‘une’. Esta es la razón por la cual la asociación adoptó el nombre Nueva Crianza. De lo que se trata -dicen- es de ejercer nuevas crianzas basadas en la escucha. […] “las infancias y niñeces cuentan y siempre hubo niños trans pero la nueva crianza tiene que ver con poder escuchar” (V, presidenta NC). “Lo nuevo es la escucha, que haya familias y adultos, adultas y adultes que escuchen estas infancias” (D, mamá NC).
Asimismo, esta organización entiende que “[…] la sociedad entera es responsable de las infancias y adolescencias […]” y, en ese sentido, no sólo hablan de crianzas amorosas, respetuosas, que abracen y acompañen desde el amor, sino que también invitan a realizar “[…] crianzas colectivas […]” (V, presidenta NC), crianzas compartidas con ‘otres’ que sean contra-hegemónicas y con un efecto de politización.
Por su parte, Lazos Azules desde todas las iniciativas que despliega, hace hincapié en que es la sociedad la que debe cambiar su mirada y su forma de organización para poder incluir a las infancias y adolescencias con autismo y no al revés:
[…] si una docente hace una actividad en la cual algún niño/a con autismo de su clase no puede participar, el problema no es del niño/a, sino de la docente que no pudo diseñar una actividad que incluyera a todos los niño/as de su clase (S, mamá LA).
No se trata de adaptar al niño/a y adolescente con autismo a la sociedad sino de repensar y rediseñar nuestros espacios sociales desde la noción de diversidad para que sean amorosos y amigables para todos: “[…] la diversidad es un valor y no algo que estigmatiza, ser diverso nos enriquece a todos” (C, presidenta LA).
Desde estas ideas, las familias azules -como ellas se autodenominan- comparten y se apoyan entre sí a partir de las particularidades de la crianza de sus hijo/as al mismo tiempo que trabajan para generar espacios de cuidados compartidos entre ellos y con la sociedad. Espacios sociales donde, ante las dificultades que tienen estos niño/as y adolescentes para esperar o ante su alta sensibilidad a los sonidos, los centros de atención a la salud puedan atenderlos sin hacerlos esperar demasiado; los supermercados utilicen música tranquila y suave; las fiestas de fin de año puedan celebrarse con ‘muchas luces y poco ruido’; los cines puedan tener funciones que utilicen un volumen bajo, hagan uso de los pictogramas, permitan dejar algunas luces prendidas y habiliten la posibilidad de moverse.
De igual modo, Lazos Azules hace suyo el lema ‘Nada sobre nosotros sin Nosotros’ presente en la Convención Internacional de los Derechos de las Personas con Discapacidad que posiciona a este colectivo de personas como sujetos de derechos y actores activos de la sociedad, y ya no más como sujetos de cuidado.
Transformaciones de la acción colectiva en estos tiempos de pandemia y ASPO: hibridaciones entre el activismo off-line y el activismos on-line
En estos tiempos de pandemia y ASPO, lejos de haber cesado su actividad, el formato de las acciones colectivas puestas en marcha por estas asociaciones, se ha visto multiplicado y profundamente transformado. Así, a través de distintos medios virtuales (whatsapps, mails, plataformas virtuales, redes sociales, etc.), Nueva Crianza ha dado curso a un relevamiento de infancias y adolescencias trans en las provincias de Río Negro y Neuquén. El objetivo principal es visibilizar la existencia y las realidades de estas infancias y adolescencias generando información que sirva de insumo a las políticas públicas de cuidado. También ha iniciado una campaña denominada Hacia una ESI (Educación Sexual Integral) NO BINARIA desde la cual se promueve una mirada abierta a la diversidad de formas de ser y de existir en el ámbito educativo y, principalmente, respecto a los contenidos de la Educación Sexual Integral. Asimismo, ha visibilizado y fortalecido, a partir de un relevamiento de personas y equipos de salud que deseen y/o estén trabajando con infancias y adolescencias trans, una red de efectores de salud desde la que se busca contrarrestar las barreras de acceso al ámbito sanitario que ha sido uno de los principales derechos vulnerados para las personas trans (Colectivo TransFormando Realidades, 2017).
Asimismo, Nueva Crianza ha reformulado el Taller CreSiendo en formato virtual desarrollando desde allí una campaña de hackeo de juguetes en la cual se cuestionan los estereotipos de género y el binarismo presentes en los mismos. También ha realizado reuniones virtuales entre las familias y ‘amigues’ de la asociación y ha participado en una multiplicidad de conversatorios vehiculizados a través de las redes sociales.
Por su parte, Lazos Azules, ha recreado a través de formatos virtuales, mucho de lo que venía haciendo de modo presencial. Así, conmemoró el 2 de abril, día mundial de la concientización del autismo, a través de una marea azul en las redes sociales y participó en distintos conversatorios, organizados sobre todo durante el mes de las infancias, dando a conocer la existencia y los objetivos de Lazos Azules, problematizando el tema del cuidado y dando cuenta de las complejidades que el cuidar tiene para las familias de niño/as y adolescentes con autismo en estos tiempos de pandemia.
Asimismo, realizó una campaña denominada ‘Si, yo lo hice’ donde cada uno de lo/as niño/as y adolescentes de la asociación relató, a través de videos que se publicaron en las redes sociales, los distintos logros obtenidos (en el colegio, en su casa, etc.) a pesar de que, muchas veces, el mensaje inicial recibido por sus familias al momento del diagnóstico, fue que podrían aprender y desarrollar muy poquitas actividades y destrezas. De igual modo, concretaron una mateada virtual destinada a las familias azules que conforman la asociación buscando dar continuidad y fortalecer los espacios de confianza y apoyo mutuo ya existentes.
Incidencias en las Políticas Públicas de Cuidado: ‘de abajo para arriba y de arriba para abajo’
Además de las acciones directas desarrolladas en los espacios cotidianos donde transitan la vida sus ‘hijes’, Nueva Crianza participa en distintos ámbitos de interés público, articulándose con distintos sectores sociales y estatales búsquedando alcanzar injerencia a nivel de las políticas públicas. Dentro de la provincia del Neuquén, ha participado en el protocolo de cambio de identidad en personas menores de edad y en el protocolo de registración de infancias y adolescencias trans de las escuelas; ha apoyado el funcionamiento del consultorio inclusivo infanto-juvenil ‘Identidades’ en Hospital Regional Castro Rendón; ha colaborado en la actualización de la libreta de salud para el cuidado y atención de la niñez del Ministerio de Salud; etc.
En este contexto de pandemia y ASPO, Nueva Crianza ha participado también del proyecto de ordenanza por el cupo laboral trans en la Ciudad de Neuquén y del proyecto de Ley Integral para Personas Trans; ha acompañado la situación de infancias trans que se encuentran en Hogares de Niño/a/es donde “[…] no hay una mamá o un papá garantizando derechos, sino que es el Estado mismo a través de sus instituciones […]” el que lo hace (V, presidenta NC); ha participado de la Comisión de Primera Infancia del Co.Pro.Naf (Comisión Provincial del Niño y la Familia de la Provincia del Neuquén) en función de visibilizar e instalar el tema de infancias trans en la agenda política; ha formado parte del 3er Foro Provincial de Infancias Trans realizado en Neuquén; ha participado de la primera ‘Jornada de Construcción de Líneas de acompañamiento de las infancias trans’ invitada por la SENAF (Secretaría Nacional de la Niñez, Adolescencia y Familia) de Río Negro; y ha comenzado a trabajar articuladamente con la Sociedad de Pediatría del Alto Valle de Río Negro y Neuquén para generar espacios de sensibilización y formación continua para los médicos pediatras.
Por su parte, Lazos Azules, tiene como uno de sus ejes principales de trabajo la promoción de políticas públicas y desde dicho eje busca, junto a otras organizaciones sociales y sectores estatales, participar, acompañar e impulsar políticas de cuidado. Así, en la Provincia del Neuquén ha participado de la reglamentación de la Ley Provincial 2833 de Pirotecnia (Argentina, 2012), norma que prohíbe la utilización, tenencia, acopio, exhibición, fabricación y expendio al público de artificios de pirotecnia y cohetería, buscando proteger a sus hijo/as de los ruidos intensos; ha acompañado también la aprobación del proyecto de modificación de la Ley Provincial 2980 (Argentina, 2015) que adhiere a la Ley Nacional 27043 (Argentina, 2014) de abordaje integral e interdisciplinario de las personas que presentan Trastorno del Espectro Autista del 2015 así como de la reglamentación de dicha ley. Asimismo, durante este tiempo de pandemia y ASPO, ha elaborado una Guía de Apoyos Visuales para la Comunicación como anexo a los protocolos de COVID en un trabajo interinstitucional con profesionales pediatras de la ciudad de Neuquén capital y Plottier.
A través de todas estas iniciativas, las experiencias comunitarias aquí analizadas posibilitan que las infancias y adolescencias (trans, con autismo, etc.) vayan ocupando un lugar en la agenda política interpelando y cuestionando el carácter normalizador-binario-patriarcal-colonial de la sociedad y de las políticas públicas de cuidado. De esta manera, estas existencias ‘otras’ rompen las líneas abismales impuestas socialmente y dan vuelta el mundo adultocéntrico, homogeneizador y normalizador en el que vivimos. De esta forma, también, ponen en jaque “[…] el binarismo de las políticas públicas invitándonos a considerar la irrelevancia de marcar el género [como pre-condición para…] brindar servicios y garantizar los derechos […]” (Mafía, 2020, p. 2) y convocándonos a plantear que los derechos de las infancias y adolescencias no debieran estar supeditados a la constatación de ninguna condición del ser ni de ningún tipo diagnóstico (Barcala et al, 2018).
Los cuidados en contexto de pandemia: complejidades y sobrecargas
En estos tiempos de pandemia y aislamiento, Nueva Crianza ha prestado especial atención al hecho de que, el ‘quedarse en casa’, si bien ha implicado que muchas situaciones difíciles que las infancias y adolescencias trans vivían habitualmente en el ‘afuera’ no se dieran (que no los llamaran por el nombre que han elegido cuando van al médico; que tuvieran que enfrentar el dilema si ir al baño de varones o de mujeres cuando estaban en el colegio etc.), esta ‘nueva normalidad’ también ha impuesto algunos límites a la emergencia de las identidades trans. En ese sentido, si bien el no tener que ‘salir’ a un mundo fuertemente binario y heteronormativo ha traído cierto alivio, esto también ha implicado el des-dibujamiento de algunas inquietudes e interrogantes acera de la diversidad de posibilidades del ‘ser’ y del existir que estas infancias y adolescencias, así también como sus familias, se habían comenzado a plantear en tiempos de pre-pandemia. Esto plantea cierta complejidad en los cuidados cuando de lo que se trata es de garantizar el derecho a ‘ser’.
Por su parte, Lazos Azules ha tematizado la cuestión del cuidado y el rol fundamental del cuidador/a, haciendo hincapié en la necesidad de que “[…] cuidemos al cuidador, porque si el cuidador se nos cae, se nos cae un sistema familiar” (C, presidenta LA). Y esto, especialmente, en estos tiempos de pandemia y ASPO en el que el rol de cuidado se ha visto fuertemente recargado. “En pandemia todo es mucho más complicado: las rutinas dejaron de existir, tuvimos que reinventar nuevas rutinas […] nos sumó un estrés muy importante a todo el grupo familiar [el cual recae principalmente] sobre el cuidador principal […]” que, en general, es la mamá (C, presidenta LA).
El distanciamiento social hizo que se cayeran las redes de apoyo de las familias: “[…] nos encerró repentinamente; nos dejó sin terapias, sin escuelas, sin rutina; nos trajo un desorden en las conductas muy muy grande” (C, presidenta LA). Asimismo, las medidas de prevención (no tocar ni chupar todo, usar alcohol, ponerse barbijo, etc.), también son otro factor estresante. “Entonces el cuidador se ve en jaque, además, porque perdió el apoyo de la red. [Por esa razón…] todos los actores sociales debemos mirar y empezar a ensayar estrategias para cuidar al cuidador principal” (C, presidenta LA).
Complejidades del cuidado, des-dibujamiento de procesos previos, falta de garantía de algunos derechos, sobrecarga en la tarea, ruptura de las redes de apoyo, etc. son algunas de las cuestiones difíciles que nos ha traído este tiempo. Como sostiene Pautassi (2020), no solo las medidas de aislamiento han interrumpido las redes familiares de cuidados -la presencia de abuelas, tías, vecinas- sino que la falta de instituciones como escuelas y centros comunitarios, sumado a la falta de personal de casas particulares, ha visibilizado la complejidad de los cuidados y su concentración en espacios físicos limitados y en manos de las mujeres. Una cuarentena sin horarios ni límites en la demanda hacia quienes trabajan fuera del hogar y sin la consideración suficiente de las dificultades que implica para una familia montar una ‘oficina en casa’ junto con la ‘escuela también en casa’. Esto sumado a problemas asociados a la falta de espacio físico, de mobiliario adecuado y de conexiones apropiadas a internet.
Hacia una política pública de cuidadanía
Muchas de las acciones y sentidos presentes en las experiencias comunitarias analizadas, pueden ser pensados como un aporte a la visibilización de la diversidad de formas de ser y existir de las infancias y adolescencias que podemos conceptualizar desde la sociología de las emergencias (Sousa Santos, 2010). Según Sousa Santos (2010), dicha sociología está orientada a visibilizar y validar otras maneras de ser, conocer y sentir este mundo. Ella busca “[…] abrir espacios analíticos para realidades ‘sorprendentes’ (porque son nuevas o porque hasta ahora fueron producidas como no existentes), donde puedan brotar emergencias libertadoras” (Sousa Santos, 2010, p. 35, entrecomillados del autor).
En ese sentido, visibilizar estas diversidades de las infancias y adolescencias involucra amplificar las pistas que ellas nos dan para generar una transformación profunda en este mundo adultocéntrico, homogeneizador, patriarcal, binario y heteronormativo en el que vivimos. Mundo que tanto sufrimiento trae especialmente a aquellas personas que se sienten fuertemente discriminadas por ‘ser diferentes’ pero donde, además, todos nos empobrecemos ‘ante el desperdicio de la experiencia’ (Sousa Santos, 2010) de estas existencias ‘otras’. Así, de lo que se trata, es de pensar en políticas públicas de cuidado que incluyan las diversidades de las infancias y de las adolescencias sin patologizar ninguna forma de existencia y sin establecer pre-requisitos (de diagnóstico, de género, de condición, etc.) para efectivizar derechos.
Asimismo, considerando los ámbitos y sentidos principales que atraviesan las acciones de cuidado antes relatadas y, siguiendo a Rita Segato (2018), podemos decir que las dos experiencias analizadas generan un tipo de politicidad en clave femenina que se contrapone al ADN masculino que caracteriza a nuestros Estados patriarcales y burocráticos. Una politicidad que Segato (2018) caracteriza como femenina por su arraigo espacial y comunitario en los ámbitos donde los niño/a/es y adolescentes desarrollan sus vidas; porque es pragmática y próxima a las situaciones que se dan en el día a día; porque coloca su énfasis en los procesos y no en los resultados; porque es solucionadora de problemas y preservadora de la vida cotidiana al buscar crear espacios amorosos y amigables. Esta politicidad implica una contrapedagogía que rescata la sensibilidad y la vincularidad y que apuesta por un proyecto histórico de los vínculos que produce comunidad.
Desde la mirada de la Psicología Social Crítica decolonial y feminista que postulamos, podemos afirmar también que las transformaciones a nivel social que proponen estas experiencias. Transformaciones participativas -‘nada sobre nosotros sin nosotros’- donde tanto los niño/a/es, adolescentes como sus familias tienen un protagonismo central. Transformaciones que buscan incidir tanto a nivel micro-social generando acciones en los espacios cotidianos (modificando la vivencia escolar, los modos de atención en salud, etc.) como a nivel macro-social buscando tener injerencia en las políticas públicas de cuidado (a través de la promoción de leyes, reglamentaciones, protocolos, la participación en distintos espacios institucionales, etc.). Transformaciones que enfatizan la centralidad del lenguaje y que proponen otras maneras de nombrar y nombrarse.
Se trata también de transformaciones que implican el reconocimiento del carácter situado del conocimiento (Haraway, 1991) y que apuestan a la articulación entre los saberes surgidos en las luchas sociales de las familias y los saberes académicos-profesionales tanto en el diseño, la efectivización y/o la evaluación de las políticas públicas de cuidado. En ese sentido, “[…] la familia es la fuente principal de información sobre las características del niño/a […]” (M, mamá LA), gesta su saber saberes desde sus vivencias y búsquedas cotidianas y construye así un conocimiento muy específico respecto a lo que le pasa a su hijo/a/es tanto en el entorno familiar como en los ámbitos escolares, sanitarios, etc.
En algunos casos, esta articulación entre las familias y los profesionales ya se vienen produciendo: “[…] yo a veces les consulto, […] nosotros tenemos que no solo incluir sino aprender un montón de cosas de esos grupos de familias para poder mejorar las políticas públicas […] tienen una autoridad en el tema” (J, colaborador LA). De esta forma, los vínculos establecidos generan una ruptura con la relación tradicional entre el saber académico y el popular -“[…] porque vos decís que se supone que los profesionales sabemos... no, acá son ellos los que te dicen y a mi ahora yo les consulto porque realmente saben […]” (J, médico que colabora con la asociación)- encarnando modelos participativos tal como propone la Psicología Social Crítica y ejerciendo la idea, propuesta por las Epistemologías del Sur de que, para transformar la realidad, debemos nutrirnos tanto de los saberes académicos como de los saberes sociales.
Así, las organizaciones comunitarias analizadas no sólo poseen saberes muy específicos que crean colectivamente a partir de escuchar y prestar atención a sus hijo/a/es, sino que se constituyen en actores fundamentales en asuntos de interés público al incidir en el contenido o alterar el curso de las políticas públicas (Leiras, 2007) lo que da cuenta de la importancia de generar políticas públicas de cuidado desde el territorio y desde las voces de las familias.
Al mismo tiempo, entendemos que los espacios de intercambio y apoyo emocional que se dan entre las familias y entre los niño/a/es y adolescentes son irremplazables por cualquier tipo de ayuda profesional por lo cual la articulación y colaboración entre las familias -como ámbito primero y cotidiano de cuidado- y los sistemas formales de salud, educación, etc. - que también ejercen cuidados fuera del entorno familiar -, se torna indispensable en términos de la organización social del cuidado. En ese sentido consideramos que, de lo que se trata, es de repensar las políticas públicas desde una concepción amplia de cuidado que tome en cuenta todos los espacios por los que transcurre la vida de los niño/a/es y adolescentes en función de hacer de dichos ámbitos espacios más amorosos y amigables.
Como dijimos anteriormente, aunque las organizaciones estudiadas se autodefinen como compuestas por familias, en cada una de ellas se deja entrever un mayor protagonismo de las mujeres, de ‘las chicas’. Ello probablemente esté vinculado al rol de “[…] cuidadoras principales […]” que generalmente ejercen las mujeres-madres las cuales, “[…] a pesar de todos los esfuerzos de la conciencia feminista por rectificar esta situación, continúan siendo objeto y no sujeto de políticas públicas” (Bertolotto, 2014, p. 27).
En ese contexto entonces, además de reconocer los saberes familiares, se hace necesario visibilizar que el ‘trabajo de cuidado’, aunque familiar, generalmente suele estar encarnado por estas mujeres-madres produciendo una sobrecarga de tareas y de responsabilidad en ellas que se ha profundizado en estos tiempos de pandemia. Por esta razón, se tratará entonces no sólo de diseñar políticas públicas que cuiden al cuidador y a la cuidadora -como plantea Lazos Azules- sino también de deconstruir, desde dichas políticas públicas, esta asociación histórica, cultural y social entre ‘lo femenino’ y las tareas de cuidado subrayando que “[…] el cuidado no es un conocimiento innato o una habilidad consustancial con lo femenino […] razón por la que de-construirlo y re-conceptualizarlo resulta necesario” (Bertolotto, 2014, p. 90).
Por último, y a modo de cierre siempre provisorio de estas reflexiones, quisiéramos proponer la sustitución del concepto de ‘ciudadanía’ por el de ‘cuidadanía’ en función de que empecemos a hablar de Políticas Públicas de Cuidadanía en lugar de hablar de Políticas Públicas de Ciudadanía. Cuidadanía es la capacidad colectiva de cuidar la vida en todas sus formas. Nace del respeto y la autoestima, implica amor y empatía y crea relaciones sociales otras. Esta palabra ha sido propuesta por Isabel Aler como una recreación del lenguaje ya que ella dice que hoy asistimos a una crisis de cuidados. La misma implica sustituir al término ‘ciudadanía’ que propone al individuo independiente y aislado de su contexto social debido a que, un individuo concebido así, es falso y obsoleto. Las libertades individuales con que nos seduce el sistema patriarcal-capitalista-mercantil niegan nuestro entramado social humano, la necesidad que tenemos unos de otros, nuestro ser colectivo, el nosotros en lugar del yo. En ese sentido, la ciudadanía es una propuesta no sólo obsoleta sino falsa. En contraposición, la cuidadanía crea vínculos sociales de cuidado y está centrada en los cuidados, en la interdependencia e interacción como constituyente de lo humano acercando a lo que Rita Segato (2018) denomina el proyecto histórico de los vínculos.
Referencias
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