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Mayores, círculos de cuidados y territorio. Entramados de cuidados en barrios vulnerables de Madrid
Investigaciones Regionales - Journal of Regional Research, núm. 61, pp. 77-91, 2025
Asociación Española de Ciencia Regional

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This article is distributed under the terms and conditions of the Creative Commons Attribution, Non-Commercial (CC BY NC)

Recepción: 03 Enero 2024

Aprobación: 05 Marzo 2024

DOI: https://doi.org/10.38191/iirr-jorr.24.046

Resumen: Los cuidados que involucran a personas mayores en barrios vulnerables madrileños se ven favorecidos por la permanencia prolongada de este grupo etario en esos espacios y por la existencia en ellos de entramados más amplios de esta actividad, . Y ello por lo que hace tanto de recepción de cuidados como de provisión y de preocupación por su realización. La circulación de cuidados incluye sus hogares y también otros soportes vecinales y barriales. Mediante un análisis cualitativo, se constata que los cuidados familiares están más presentes en las narrativas referidas a los barrios más periféricos y envejecidos, con más permanencia y vivienda en propiedad.

Palabras clave: Mayores, entramados de cuidados, círculos de cuidados, barrios vulnerables, permanencia residencial.

Abstract: The care that involves older people in vulnerable Madrid neighborhoods is favored by the prolonged permanence of this age group in these spaces and by the existence in them of broader networks of this activity, both in terms of concern, reception and care provision. The circulation of care includes their homes and also other neighborhood supports. Through qualitative analysis, it is confirmed that family care is more present in the narratives referring to the most peripheral and aging neighborhoods, with more permanence and home ownership.

Keywords: Elders, care networks, care circles, vulnerable neighborhoods, residential permanence.

1. Planteamiento, objetivos y metodología

1.1. Planteamiento general

En los últimos años hemos asistido a una proliferación de iniciativas sociales y políticas que han incidido en la dimensión comunitaria de los cuidados, menos reconocida que la relativa a la familia, el mercado o el estado. Y ello pese a formar parte como las anteriores instituciones del llamado diamante de los cuidados (Razavi, 2007; Barañano, Uceda y Domínguez, 2023).

Ahora bien, lo cierto es que ninguna de estas dimensiones, la local y la espacial, en general, y la comunitaria, han recibido hasta recientemente una atención en la investigación aplicada acorde a su importante papel social. Y es que en un contexto fundamentalmente familiarista como el de la Europa del Sur (Arbaci, 2019; Esping Andersen, 2000; Salido y Moreno, 2007), la mayoría de los estudios referidos a los cuidados han centrado la atención en la familia como principal institución responsable de su provisión, y en el hogar en tanto que ámbito por excelencia de su cobertura. Esta perspectiva, muy novedosa en su momento, y vigente en buena parte de sus premisas, vino a completar a partir de los años ochenta del pasado siglo, el enfoque previamente dominante, que atendía de manera casi exclusiva al estado y al papel de las distintas administraciones públicas. Los estudios referidos al trabajo doméstico y a las actividades de sostén de la vida realizadas de “puertas adentro”, altamente generizadas y, en la mayor parte de los casos, no remuneradas, fueron objeto a partir de entonces de una consideración que no ha cesado hasta la fecha, por su enorme relevancia social y académica (Durán, 1987, 2018).

No obstante, la complejidad de escalas implicadas en la realización de esta actividad vital que son los cuidados se puso de manifiesto de nuevo con la irrupción desde finales de la anterior centuria, y, sobre todo durante los primeros años de esta, de un importante flujo de mujeres migrantes procedentes de distintos países y hasta continentes, para ocuparse de las tareas domésticas y de cuidados en otros más ricos. Conceptos como loas de[A2] “división internacional del trabajo reproductivo” (Salazar Parreñas, 2001), “cadenas globales de cuidados” (Hochschild, 2000) u “hogar con migrante extranjera dentro” (Bettio et al, 2006) nos permitieron aproximarnos a la profundidad de los cambios en la organización social de los cuidados y a la multidimensionalidad de su crisis, no sólo económica o social, sino también política y emocional. Esta reorganización global, y, asimismo, generizada y desigual, de los cuidados supuso otro gran “turning point” (Ehrenreich y Hochschild, 2003) en su abordaje por las ciencias sociales.

Es cierto que, en un primer momento, la dimensión espacial de las dinámicas sociales expuestas se abordó de manera más implícita que explícita, dando por supuesto el protagonismo al respecto de los hogares y de los estados. Será posteriormente cuando se teoricen de forma más sistemática las implicaciones de la penetración de las escalas global y transnacional en este terreno. Pero esto último tampoco se acompañará, por lo general, de un análisis de este aspecto en tanto que dimensión espacial de los cuidados y del bienestar, o del modo en cómo estos se reorganizan a caballo de varias escalas. Algo semejante cabe señalar respecto de muchos de los factores contextuales en que se enmarca la conformación de las prácticas y representaciones concretas y situadas que constituyen los cuidados, (Tronto, 2020; García Selgas y Martín Palomo, 2021). Así ha sucedido con el régimen espacial (McDowell, 2000), referido a la radicación local o residencial y al sentido de pertenencia al lugar (McDowell, 2000; Massey, 1994; Harvey, 2018), que no ha solido ser tenido en cuenta.

Ha sido especialmente en este siglo cuando ha emergido una sugerente investigación social que ha venido a responder a muchas de estas asignaturas pendientes. En relación a este artículo, cabe citar la aparición de distintos trabajos que ponen el acento en la dimensión comunitaria y territorial de esta actividad. Y ello no sólo desde un planteamiento normativo sino destacando su papel de facto en su provisión, y de manera general, en el sostenimiento de la vida (Martínez Buján, 2020; Vega, Martínez y Paredes, 2018). En esta dirección han confluido, asimismo, entre otros, los trabajos que se han aproximado a estas realidades recurriendo a la noción de bienestar local (Arbaci, 2019; Allen et al, 2004; Navarro, 2014; Navarro y Rodríguez, 2009); los que han focalizado la atención en su condición situada (Puig de la Bellacasa, 2017; García Selgas y Martín Palomo, 2021); los que han subrayado la importancia de la acción colectiva directa y la movilización social “por abajo” para enfrentar las sucesivas situaciones de crisis en la Europa del Sur (Bosi y Zamponi, 2019; Serrano et al. 2019); los análisis feministas sobre las ciudades cuidadoras o los cuidados en la ciudad (Col·lectiu Punt 6, 2019; Chinchilla, 2020; Muxi, 2018); y los que han centrado la atención en el papel de las iniciativas urbanas (Blanco, Gomà y Nel.lo, 2022; Nel.lo, Blanco y Gomà, 2022) o en las políticas locales en la vida social (Subirats, 2009; Subirats y García Bernardos, 2016). Cabe destacar también los trabajos de Näre e Isaksen (2022) acerca de los anclajes locales de los “care loops”, o los de Duque-Calvache, Palomares-Linares, Mesa-Pedrazas, Torrado, Clark o Susino sobre las relaciones familiares y la permanencia en los barrios, y la situación durante la pandemia (Palomares-Linares, Duque-Calvache, y Susino, 2019; Duque-Calvache, Torrado y Mesa-Pedrazas, 2021; Clark, Duque-Calvache y Palomares-Linares, 2015). Las páginas que siguen se inspiran, asimismo, en los trabajos recientes que se han aproximado a los arraigos locales y a los entramados de bienestar y cuidados como soportes socio-existenciales facilitadores de los cuidados frente a la vulnerabilidad (Martín Palomo, 2023; Barañano y Santiago, 2023; Barañano, Santiago y Domínguez, 2023; Barañano, Uceda y Domínguez, 2023; Barañano, 2023, Santiago, 2021).

1.2. Objetivos

Apoyándose en esta literatura, y en el programa de investigación desarrollado en COMURES[A3] [A4] [1], este artículo persigue avanzar, como primer objetivo, en la comprensión de los cuidados que implican a personas mayores en barrios vulnerables madrileños. La atención se focaliza en su dimensión, local [A5] así como en su inclusión en entramados más amplios que involucran también a otros agentes sociales, espacios, colectivos e infraestructuras (Klinenberg, 2021; Barañano, Uceda y Domínguez, 2023; Puig de la Bellacasa, 2017).

La tesis fundamental sostenida es que el régimen espacial predominante entre el colectivo mayor de estos espacios urbanos, caracterizado por la permanencia territorial y residencial, el sentido de pertenencia y arraigo y un elevado peso de la vivienda en propiedad, facilita la circulación de los entramados de cuidados y se constituye de este modo en una suerte de soporte frente a la vulnerabilidad (Barañano y Santiago, 2023; Barañano, Santiago y Domínguez, 2023; Martín Palomo, 2023). Es aquí también donde dichos entramados se convierten en un importante recurso, lo que se refuerza por la débil provisión pública y la dificultad para acceder a cuidados remunerados. [A6]

Un segundo objetivo persigue estudiar las diferencias existentes entre los barrios periféricos y los céntricos por lo que hace a los círculos de cuidados que implican a personas mayores, y si, de constatarse, dicha variación se vincula con la relativa al régimen espacial y sociodemográfico concreto que opera en dichos barrios. Se distingue así entre los barrios más periféricos y envejecidos, con una mayor permanencia media en la vivienda y en el espacio local, menor peso del alquiler e impacto del turismo y la gentrificación, y los céntricos, más rejuvenecidos, con más vivienda en alquiler y más movilidad residencial, al tiempo que con una larga historia. La hipótesis que ha guiado este objetivo se ha concretado en el examen de si en los segundos se alude en mayor medida a los cuidados provistos por personas vecinas, no necesariamente emparentadas, con las que se mantiene una cercanía espacial y emocional, mientras que en los primeros tienen una mayor presencia los círculos de cuidados entre familiares, llegando a incluir en ocasiones el reagrupamiento intergeneracional en el hogar de los mayores. Lo que se relacionaría con la mayor dificultad de los descendientes para residir en los espacios céntricos de la ciudad, y en proximidad a sus mayores, debido a los agudos procesos de expulsión que vienen teniendo lugar en los mismos. Se hipotetiza, en cualquier caso, que en todos estos barrios, que comparten la condición de vulnerables, la circulación de cuidados no se circunscribe a los hogares sino que incorpora también otros múltiples intercambios, recíprocos o sin contrapartida, incluyendo los procedentes de distintas iniciativas comunitarias e infraestructuras.

Este planteamiento emplea una serie de nociones que se listan a continuación, al tiempo que se apoya en un análisis empírico, cuyos resultados han inspirado, asimismo, el recurso a las primeras. Así sucede con las nociones de “círculos de cuidados” (Fisher y Tronto, 1990; Tronto, 2020; Martín Palomo, 2023) y “circulación de cuidados” (Baldassar y Merla, 2014), con las que se persigue dejar atrás su comprensión unidireccional y tener en cuenta la multiplicidad de sus orientaciones y contenidos. Ello resulta particularmente útil para el análisis de los cuidados de las personas mayores (Moré, 2017), ya que los discursos recogidos aluden tanto a la preocupación por proveerlos como a los que este colectivo recibe y también ofrece, si bien estos últimos parecen concentrarse más entre las personas emparentadas.

En segundo lugar, se recurre a la noción de entramados de cuidados para poner de manifiesto cómo esta actividad, lejos de circunscribirse a la que tiene lugar dentro del hogar, y entre familiares, integra otras muchas modalidades de intercambios e interacciones, muy variables en cuanto a su formalización e institucionalización, que abarcan, asimismo, otros ámbitos, agentes sociales y espacios. Se mantiene, además, que la mayoría de estas actividades en los barrios estudiados carece de remuneración y de cobertura pública, si bien comparecen también referencias a estas dos últimas modalidades.

Por lo que hace al régimen espacial, de acuerdo con el objetivo del artículo y el planteamiento de McDowell (2000) se centra la atención en la importancia de la dimensión local de los cuidados, aludiendo, sobre todo, a la permanencia en la misma vivienda y territorio urbano, o en un espacio de relativa proximidad, lo que, al decir de las personas entrevistadas, facilita la circulación y la densidad de los entramados de cuidados. Se sostiene así que los arraigos favorecen los arreglos y el sentido de pertenencia al espacio local (McDowell, 2000), gracias a los cuales se consigue ir satisfaciendo muchas de las necesidades cotidianas de cuidados.

1.3. Metodología

La metodología empleada combina el análisis cuantitativo y el cualitativo, si bien, debido a los objetivos perseguidos tiene una mayor presencia el segundo de ellos, , se ha recurrido más al segundo tipo de estudio[A7] , apoyado en el análisis de contenido de las 97 entrevistas semiestructuradas realizadas en el marco del proyecto COMURES. [A8] Dichas entrevistas agrupan dos tipos de perfiles. Por un lado, 54 de ellas se han realizado a personas vecinas, seleccionadas según género, edad, origen nacional, actividad, tipo de hogar y personas a cargo. 43 han consistido en entrevistas a informantes clave pertenecientes a entidades y organizaciones sociales tradicionales, a otras de reciente creación, a grandes organizaciones con presencia como las anteriores en el espacio barrial, u organizaciones que prestan servicios en el barrio en el cual se ubican. El análisis de contenido se centró en el “decir del hacer” recogido en los discursos (Martín Criado, 2014), y en tres ejes analíticos: personas mayores como colectivo central de estudio; barrio como unidad de análisis relativa al despliegue espacial de los cuidados; y circulación de esto últimos entre dichas personas y espacios. [A9] De manera complementaria, se ha llevado a cabo un análisis de los datos del Censo de Población y Viviendas de los años 2011 y 2021 del INE centrado en la población mayor de 65 años presente en los barrios examinados, su relación con el régimen de tenencia y el mercado de la vivienda, y su permanencia residencial en los mismos.

Se ha establecido la escala barrial como la unidad de análisis más adecuada, Y ello por consistir en el espacio de la vida cotidiana, vivido, percibido e imaginado (Lefebvre, 2014; Soja, 1996) al que se alude de manera prioritaria cuando se pregunta por los cuidados. La selección de barrios vulnerables de la ciudad de Madrid se ha basado en la generación de clústeres, apoyados a su vez, en tres dimensiones analíticas: el grado de vulnerabilidad, la permanencia de la población en el barrio y la intensidad de la vida barrial (Ariza, 2020). Este análisis permitió clasificar los 128 barrios del municipio madrileño en conglomerados, de los que se desecharon todos aquellos que no incluían barrios con vulnerabilidad. Se delimitaron tres clústeres con esta última característica. El primer grupo integra barrios con menor grado de vulnerabilidad (Uceda, 2016; Uceda & Domínguez, 2023) y permanencia [A10] de su población y una vida barrial media. De entre ellos, se escogieron los de Embajadores/Lavapiés, en el distrito Centro, y Bellas Vistas, en el distrito de Tetuán, por situarse ambos dentro de la almendra central madrileña. Un segundo grupo se compone de barrios con una vulnerabilidad elevada, en los que existe también una permanencia menor, pero que, al mismo tiempo, cuentan con una presencia de vida barrial importante. De entre ellos, se seleccionaron Moscardó, en el Distrito de Usera, y San Isidro, en Carabanchel. Un tercer conjunto de barrios agrupa espacios de elevada vulnerabilidad y permanencia de la población en el territorio, y con una vida barrial más intensa que los anteriores, de entre los que se seleccionaron los barrios de Entrevías y Palomeras Sureste, ambos en el distrito de Puente de Vallecas (ver mapa 1).

Mapa 1.

Ubicación de los barrios seleccionados para el análisis




Fuente: Elaboración propia.

2. Resultados[A11]

Este apartado centra la atención en la relación existente entre la permanencia de la población mayor en los espacios de cercanía en que se despliega su vida cotidiana, de una parte, y, de otra parte, su participación en la recepción y provisión de cuidados que tiene lugar en los mismos.

2.1. Personas mayores, permanencias y pertenencias locales y circulación de cuidados

Como sucede en el conjunto de la capital, las personas mayores de 65 años constituyen un grupo relevante en casi todos los barrios vulnerables examinados. Se constata, asimismo, una distinción importante al respecto entre los barrios céntricos, antaño los más envejecidos, y los periféricos. Embajadores/Lavapiés y Bellas Vistas son así los más rejuvenecidos, hasta el punto de situarse más de casi seis puntos porcentuales por debajo de la media madrileña y lejos también de los barrios restantes aquí considerados (ver cuadro 1).

Cuadro 1.

Características demográficas de las unidades de análisis seleccionadas, 2011-2021

Cuadro 1


Fuente: Elaboración propia a partir de datos del Censo de población y viviendas 2011 y 2021 (INE).

Este cambio no ha sido sólo consecuencia de un proceso estrictamente biológico de reemplazo generacional, sino que también se ha debido a un cambio profundo de estos espacios urbanos, liderado por la gentrificación. Lo que tiene lugar desde el inicio de este siglo en Embajadores/Lavapiés y se viene desarrollando con fuerza en Bellas Vistas. Se han sumado a ello otros procesos de expulsión, como la progresiva desaparición de los alquileres de renta antigua, vinculados a aquel grupo poblacional, o la atracción de nuevos transeúntes y residentes. Y, sobre todo, desde la etapa posterior a la crisis de 2008 en adelante, cobran protagonismo el aumento del turismo y de los alojamientos destinados a esta actividad, que llegan a alcanzar la cifra más elevada de todo Madrid en Embajadores/Lavapiés, exhibiendo, asimismo, un peso importante, aunque bastante más reducido, en Bellas Vistas (Ver cuadro 2).

Cuadro 2.

Características del parque residencial de las unidades de análisis seleccionadas, 2015- 2021

Cuadro 2


Fuente: Elaboración propia a partir de datos del Ayto. de Madrid, MITMA y datos de InsideAirbnb.

La población mayor de 65 años arroja también un porcentaje más elevado de vivienda en propiedad. Resulta cercano al 90% en Palomeras Sureste y supera el 80% en todos estos barrios, salvo en Embajadores/Lavapiés. En este último, las personas mayores propietarias, aun siendo mayoritarias, reducen su peso a un 75,6%, presentando, junto con Bellas Vistas, los porcentajes más bajos de dicho régimen de tenencia. Esta convergencia es acorde con otras diferencias constatadas entre ambos barrios y los restantes examinados. Así sucede también con los precios de venta de sus viviendas, que casi doblan los registrados en los barrios periféricos, y con los del alquiler, si bien la distancia aquí entre los unos y los otros es menor. A lo que se añade el menor peso en los primeros del colectivo de edad a estudio. En cualquier caso, cabe hipotetizar que en todos ellos el sentido de pertenencia al barrio de las personas mayores se refuerza gracias a una permanencia en el territorio muy superior al resto de residentes, en lo que seguramente influye también su condición de propietarios. Lo que se constata incluso entre quienes habitan en la almendra central, como se recoge en el cuadro 1, aunque, de nuevo, los porcentajes de permanencia durante más de 10 años en dichas zonas centrales sea algo menor. La evidencia cualitativa analizada apunta también en esta dirección, lo que coincide con lo señalado por estudios previos, que han puesto de manifiesto la menor proclividad de los mayores a la movilidad residencial por razones socioeconómicas (Malmberg, Andersson y Wimark, 2023):

“La población mayor del barrio normalmente es población propietaria, con lo cual, pues es gente que lleva viviendo toda la vida en el barrio” (EBEI03: informante clave, perteneciente a organización tradicional. Bellas Vistas)

“Pero hay mucha gente que se queda (...). La gente mayor yo creo que sí” (EENI04: informante clave, perteneciente a una gran organización que actúa en el barrio de Entrevías).

En este sentido de pertenencia confluyen, por tanto, tres dimensiones (Soja, 1996): una espacial, referida al arraigo en un espacio propio, aunque se trate ahora de un tipo de arraigo múltiple y más variable (Barañano y Santiago, 2023); una segunda, temporal, correspondiente a la larga permanencia en donde se produce este anclaje; y, una tercera, referida a la vida social, analizada aquí en lo que hace a las prácticas sociales vinculadas a los cuidados. Todas ellas son citadas de manera recurrente en las narrativas de las personas entrevistadas. Así, las nociones de arraigo y pertenencia se relacionan con el reconocimiento de estos espacios como “barrios”, o incluso como “pueblos”. Se trasluce así un sentimiento de familiaridad que avala también en otros casos la alusión a los mismos con la noción de “casa”. En ellos circulan cuidados de múltiples tipos, protagonizados con frecuencia por personas mayores:

“o sea, es un sitio donde uno hace arraigo (...) y yo creo que también es un barrio. (...) para mí volver a Lavapiés era volver a… a… a mi Madrid… o sea, al sitio en el que yo me siento como en casa…” (EEMV06: mujer de mediana edad, española, con cargas familiares en el hogar, de Embajadores/Lavapiés).

“... de echarnos una mano, de apoyo mutuo… (...) con la laxitud de que no es una red comunitaria como un proyecto, (...), muy de vecindad a la vieja usanza y de vecindad de los pueblos (...)” (EEMV02: hombre edad mediana, español, con cargas familiares en el hogar, Embajadores/Lavapiés).

“(...) somos gente como muy vallecana (...). Es que es, es algo que se siente, es (...) un sentimiento de pertenencia muy potente. Y, ¿qué conlleva eso?, (...) el que nadie se quede atrás (...) que lo ves desde pequeños, o sea, ves la vecindad, ves la ayuda mutua” (EPAV06: mujer española mediana edad, tercer sector, sin cargas en el hogar, Palomeras Sureste).

Las referencias al enraizamiento en el barrio en el que se ha vivido y al que se está acostumbrado se destaca aún más en las narrativas de las personas mayores entrevistadas residentes en el centro:

“Y yo ya digo: "Vamos a ver, hijo, yo aquí tengo mis puestos de pescado, de carne... ¿Sabes cómo te quiero decir? Que me conocen de siempre. [Risas] Eh... O sea, es que lo tengo todo tan aquí: mis amigas, el centro. ¿Yo qué hago en un barrio de estos que...? "Si aquí no tenéis ni centro de mayores" (EBEV02: mujer mayor española, jubilada, sin cargas familiares, Bellas Vistas)

Es cierto, de otro lado, que en los barrios céntricos, y, sobre todo, en Embajadores/Lavapiés, se reiteran también las alusiones por parte de personas más jóvenes a la dificultad creciente para encontrar alojamiento o para continuar residiendo en su suelo, debido a la escalada de los precios, tanto de compra como, sobre todo, de alquiler. También se citan los problemas asociados al hecho de habitarlo, relacionados con el deterioro de algunas de sus viviendas y la escasez de zonas verdes y, sobre todo, con el impacto del turismo y de los alojamientos destinados a esta actividad. Pero todas estas cuestiones parecen afectar más a la localización y, en su caso, movilidad residencial, de las personas descendientes y de menor edad que a las mayores y a las de barrios periféricos - donde se cita que viven muchos “hijos de”, según un informante clave de Entrevías, (EENI01), por las razones ya expuestas:

“han sido barrios de alquileres de toda la vida, de gente mayor, y es que, ¿sabes? Una barbaridad de precios " (...) nosotros vivíamos en la Latina (...) mis abuelillos me dejaron la casa. Pero la Latina tiene una época, creo. Como ya seas un poco más adulto y tal, el ruido constante, el jolgorio (...).” (EEMV08: mujer mediana edad, española, periodista, con cargas, Embajadores/Lavapiés).

Todo ello parece sumarse para reforzar la expulsión de los descendientes, dificultando así la circulación de los cuidados entre las distintas generaciones en estos espacios, a diferencia de la situación existente en otros barrios más periféricos. Lo que probablemente influya, a su vez, en una mayor presencia en los primeros de los discursos referidos al apoyo a las personas mayores por parte de otras que son vecinas pero que, con frecuencia, no están emparentadas:

“(...) apoyábamos en la compra a Juanita, que era una mujer que vivía en el piso de arriba. (...) estaba viuda y le hacíamos compañía (...) La mujer tenía 90 años (...). Pero era eso, el apoyo y que no se volviese loca, porque ella no podía ver a sus hijos porque vivían lejos, entonces la pilló solísima (...) (EEMV13: mujer joven, española, cuidadora, sin cargas, Embajadores/Lavapiés)

Ahora bien, incluso en este contexto, en Embajadores y Bellas Vistas, junto a las referencias a cuidados realizados entre personas que no forman parte de la misma familia biológica, persisten las que aluden a la cercanía a familiares, y a cómo ello facilita la vida cotidiana:

“mi madre, mis padres viven enfrente… (...) al lado (...) de la madre de Andrés. (...). Mi otra hermana, detrás. Y otra hermana pues al otro lado (...). Nos vemos muy a menudo y, a ver, con toda la situación pues para mis padres ha sido una tranquilidad saber que yo estoy a 10 minutos andando, la otra a 5 y la otra a un cuarto de hora (EBEV07: mujer mediana edad, española, traductora, sin cargas, Bellas Vistas).

Es cierto, para finalizar, que la proximidad física en estos barrios no suele acompañarse de referencias a un reagrupamiento en el hogar de los mayores de la red familiar más estrecha, que, sin embargo, va a suceder en los de las periferias. En los primeros, en todo caso, la propuesta de reagrupamiento se plantea a la inversa, como se ha visto antes. Y ello pese a que en todos los barrios los entrevistados aluden a las carencias de los edificios y de las viviendas en que habitan las personas mayores, sobre todo, por lo que hace a la falta de ascensor. Situación que limita severamente la movilidad rotacional cotidiana de este colectivo:

“(...) no pueden permitirse la construcción de ascensores (...) porque son mujeres (...) que tienen pensiones de cuatrocientos, quinientos, seiscientos euros, diles que tienen que pagar durante cinco años una derrama de cien euros o ciento y pico y dicen “¿y de qué, cómo? (SIIC08: informante clave, organización tradicional, San Isidro).

2.2. Preocuparse, encargarse, recibir, proveer. La circulación de los entramados de cuidados con personas mayores en barrios vulnerables

a. Preocuparse (“caring about”) y encargarse (“take care of”).

Se abordan aquí dos aspectos de los “círculos de cuidados” conceptualizados inicialmente por Fisher y (Fisher y Tronto, 1990) y que han seguido siendo objeto de múltiples consideraciones posteriores (Tronto, 2020; Martín Palomo, 2023; García Selgas y Martín Palomo, 2021), poniendo de manifiesto el importante impacto de esta contribución. Ambas cuestiones están presentes en las narrativas recogidas en todos los barrios considerados, especialmente por lo que hace a la expresión de la preocupación por la situación general de las personas mayores, más que por otras dependientes. Así lo expresa este vecino respecto de sus progenitores:

“tenía muy claro que quería aquí… (...). El barrio de Moscardó... Porque estaba cerca de mis padres (...) me podía hacer cargo de mis padres (...)” (EMOV03: mujer española, mediana edad, limpiadora, sin cargas familiares, Moscardó).

Esta manifestación de preocupación se exacerba cuando se aborda lo vivido en la etapa de confinamiento o durante la nevada conocida como “Filomena” que retuvo a muchos madrileños, más aún a los de mayor edad, en sus domicilios. La atención se centra entonces fundamentalmente en el temor que sintieron las personas entrevistadas ante lo que vieron o pensaron que fue una situación de gran soledad de las personas mayores. Así lo manifiestan tanto los familiares, en primer lugar, como otras muchas personas, que concretan su atención en quienes, siendo vecinos de sus barrios, formaban parte de este grupo etario y, sobre todo, vivieron esos momentos en un hogar unipersonal:

“conozco a gente que llamaba a sus vecinos mayores y decía: Oye mira voy a hacer la compra yo, ¿necesitas que yo te la haga...? (...) Y se lo hacíamos en un momento (...). Es un barrio (...) de gente mayor, sí, pero muy colaborativo…” (EMOV06: mujer joven española, estudiante, sin cargas, Moscardó).

Las relaciones con personas vecinas, con vínculos de diferente intensidad, pero fundamentalmente informales, muestran aquí su protagonismo, eso sí, entremezcladas con las familiares, sobre todo, las intergeneracionales. Las restricciones de movilidad vividas durante las situaciones excepcionales de pandemia y de nevada parecen haber reforzado el papel de las primeras. Y no sólo se tradujeron en prácticas de realización efectiva de cuidados básicos sino también en una supervisión más atenta de la situación de las personas mayores, con llamadas, visitas e invitaciones a aceptar ayuda.

b. Recibir cuidados (“care receiving”).

Otra actividad fundamental integrante de los círculos de cuidados se refiere a su recepción efectiva, lo que implica su aceptación, y de acuerdo con los autores citados, conlleva también la supervisión de su adecuación para quien los recibe.

Las personas entrevistadas relatan como en su realización juega un papel muy importante la proximidad, ya que en todos los barrios los cuidados se desarrollan fundamentalmente dentro de su perímetro, y en el hogar en el que vive la persona mayor que los requiere, lo que encaja perfectamente con la preferencia de este colectivo por envejecer en su “lugar” (Gómez y Lebrusán, 2022). Algo que se acentuó incluso durante la pandemia, debido a la dificultad de las personas emparentadas para desplazarse. En este contexto hay que entender las frecuentes referencias a su provisión por parte de personas vecinas con las que se tenía incluso una vinculación previa débil, pero que vivían en la misma casa o residían cerca y tenían conocimiento de la situación. Estos comentarios cobran un mayor protagonismo en los barrios céntricos:

“Un inquilino, se encargaba de ir a hacer las compras y hacer todos los recados por ahí, o sea … (...). “Sí, sí, que no tienen nada de relación, porque ese chico llevaba un mes y medio viviendo en esa casa; y cuando llegó el virus pues se ofreció a ayudar a esta persona (...). (EEMV12: mujer, mediana edad, española, administrativa., con cargas, Embajadores/Lavapiés).

Este tipo de entramados incluye también el cuidado por parte de vecinos con los que sí existía una relación previa y el ofrecido por distintas organizaciones barriales:

“Hemos creado grupos de WhatsApp (...) los que puedan venir, ayudar, recoger, hacer la compra. (...) Llevar comida, para gente que no puede bajar, que es gente mayor, están enfermos o lo que sea nos lo llevamos hasta casa”. (EEMI04: informante clave, organización reciente creación, Embajadores/Lavapiés).

Los acontecimientos extraordinarios vividos parecen haber propiciado entonces el reforzamiento de muy distintas iniciativas vecinales barriales, en respuesta a la necesidad de cuidados de las personas vulnerables, especialmente de población mayor:

“sé que había…organizaciones, asociaciones de gente joven que iba a llevarle la comida (...) sé que en mi (...) edificio había (..) las ayudas estas que estoy diciendo, porque al final la comunidad aquí es gente muy mayor (...)” (EEMV05: mujer joven, española, arquitecta, sin cargas, Embajadores/Lavapiés).

Estos arreglos, no obstante, pese a constituir un soporte importante frente a las situaciones de crisis y la vulnerabilidad, y ser valorados muy positivamente por las personas entrevistadas, ni logran satisfacer de manera completa las importantes necesidades existentes al respecto ni agotan el repertorio de los cuidados a las personas mayores en estos barrios. Así, comparecen las alusiones a la ayuda contratada ofrecida en casa, si bien suele intercalarse con la proporcionada por los descendientes, que sigue siendo central. Los cuidados remunerados suelen tener una dimensión de género importante y están más presentes en los discursos referidos a los barrios céntricos:

“(...) de las ventanas que yo veo desde mi casa (...) por lo menos cuatro o cinco (...) mayores (...) tienen ayuda, interna en casa (EBEV09, hombre joven, español, sin cargas, investigador. Bellas Vistas).

“(...) (...) ví que una vecina tenía una chica limpiándole, pero generalmente las casas que hay enfrente de la mía, son los hijos los que se turnan” (SIV03: mujer mediana edad española, con cargas, San Isidro).

La recepción de cuidados se beneficia, asimismo, al decir de las personas entrevistadas, de la permanencia del comercio local “de toda la vida”, reiterándose el lamento por la progresiva disminución de esta infraestructura barrial. También se señala la positiva contribución de otras dotaciones sociales básicas, como los espacios públicos, los centros de salud, etc., sobre todo, cuando se compara con la dotación existente en un pasado lejano. Pero es, asimismo, es frecuente aludir a la existencia de obstáculos que dificultan su uso por parte de las personas mayores:

“Es que mi abuela (…) tiene que andar por aceras (...) en mal estado. Que mi abuela a lo mejor de camino al hospital ya se ha tropezado y necesita una ambulancia”. (EENV07: hombre joven, español, cocinero, con cargas, Entrevías).

Se echa de menos también una mayor provisión pública de cuidados, especialmente en lo que hace a la falta de medios y la escasez del servicio prestado por los servicios sociales, que conforma una situación de descuido institucional (Martín Palomo, 2023):

“(...) la administración ha sido insuficiente, porque tú tienes unos servicios sociales que no han llegado (...)(EPAV05: mujer mayor, española, jubilada, con cargas, Palomeras Sureste).

c. Proporcionar cuidados (“care giving”).

El círculo de los cuidados está asimismo protagonizado por esta actividad básica para la sociedad que es su provisión. Hace ya más de tres décadas, Abel y Nelson (1990) señalaron las importantes transformaciones que estaba experimentando, tanto por lo que hacía al desplazamiento de su responsabilidad hacia los hogares particulares, al peso creciente representado por el cuidado a las personas mayores y la responsabilización de las mujeres en estas tareas.

Cabe servirse de estas consideraciones para aproximarse al importante papel del colectivo de mayores de los barrios estudiados en la provisión de cuidados. A lo que hay que añadir que, en primer lugar, su protagonismo resulta aún más destacado en los discursos referidos a los barrios periféricos, tanto por parte de vecinos como de miembros de distintas entidades. Así lo señala una vecina de Moscardó, que, entre risas, expone con claridad que ella “siempre está más dispuesta” para realizar esta tarea que para recibir cuidados. La dimensión de género del círculo de cuidados en que participa resulta asimismo reseñable, como sucede en muchos otros casos:

“A ver... Echo yo más mano [risas] que... (...) Pero, por ejemplo, mi sobrina tiene una niña de cinco años, pues echo yo más mano... O sea, yo estoy siempre más dispuesta, pues eso, si me tengo que quedar con la niña, si necesita cualquier cosa… Pues estoy ahí para todo, la verdad... a ver, yo si necesito igual. Estamos para eso, para echarnos una mano... (...) ella siempre lo dice: Jo, es que no veas que suerte de tener... Es verdad, tan cerca…” (EMOV03: mujer mediana, española, limpiadora, sin cargas, Moscardó).

Además, en estos espacios urbanos, esta tarea se concentra aún más en el ámbito de las relaciones intergeneracionales, consistiendo no sólo en el cuidado de los nietos sino también en una ayuda más amplia a los hijos ya adultos en situación de carencia o dificultad:

R: Sí, eh, ayudan a sus hijas (...), más que evaluar en qué estado está la gente mayor, evalúo cómo ayuda la gente mayor, cómo les toca ayudar por la situación que hay, entonces bueno, supongo que al final, también les afecta a ellos en su calidad de vida, porque, al final si tienes que ayudar a otros, es algo que te quitad de tí”. (SIV02: mujer joven española, sin cargas, San Isidro).

Esta ayuda puede conllevar incluso, como se ha visto, el reagrupamiento familiar en el hogar de las personas mayores, como fue el caso con frecuencia durante el confinamiento. Pero, más allá de esta situación de excepcionalidad, las narraciones dan cuenta de una cierta normalización de otras modalidades de reagrupación vinculadas a problemas económicos, divorcios u otras situaciones disruptivas vividas por descendientes. Así sucede con los retornos, a menudo no deseados, de los hijos e hijas al hogar de los padres, vinculados, entre otros, a procesos de rupturas de convivencia con sus parejas, a desahucios o a la imposibilidad de seguir pagando la vivienda en la que residen. Arreglo este que recuerda a lo evidenciado respecto de las prácticas que han acompañado a los reajustes recientes en diferentes países de la Europa del Este, apoyados en un reforzamiento de la cohabitación intergeneracional y en el protagonismo familiar en este terreno, en lugar de un aumento de la cobertura pública o de la remunerada (Souralová, 2002):

“(...) Lo hemos visto por los dos lados: con mujeres que se tienen que ir con sus padres en el momento de divorciarse y sobre todo mujeres que atendemos aquí, ya mayores, que reciben a sus hijos varones que se han divorciado. (...). Pues será género, o yo qué sé (...) Las llamamos "abuelas en custodia compartida". Tenemos un montón. Están cuidando ellas a sus nietos porque (...) la mayoría son padres”. (EENI05: informante clave, organización tradicional, Entrevías).

3. Apuntes finales

Las principales aportaciones de este artículo se han centrado en el análisis de los entramados de cuidados existentes en los barrios vulnerables de Madrid, la participación de las personas mayores en los círculos de cuidados que los componen, y la conexión de todo ello con el régimen espacial vigente en estos territorios, con especial atención a su dimensión local.

En relación con el primer objetivo perseguido, la evidencia empírica cualitativa y cuantitativa aportada ha confirmado la existencia de una conexión entre la permanencia residencial y el sentido de pertenencia a estos barrios, rasgos favorecidos por el predominio de la vivienda en propiedad[A13] , superior al 80% de media en los barrios analizados, sobre todo de las personas mayores, de una parte, y la circulación de complejos entramados de cuidados en su suelo, en los que participan dichas personas, de otra. Así, se ha examinado cómo las personas entrevistadas vinculan las ideas de barrio y vecindad, o el “sentimiento de pertenencia” local, con la “ayuda mutua” y con otras muchas modalidades de interacción orientadas a los cuidados. También ponen de manifiesto cómo estas interacciones e intercambios, lejos de constituir una suerte de segmentos cerrados, se entremezclan y superponen, configurando complejos entramados de cuidados. Sus narrativas ayudan a comprender, asimismo, las razones por las que dichos entramados, basados en la ayuda mutua y la cercanía, y desarrollados en espacios de proximidad y cotidianidad, resultan especialmente relevantes en los contextos vulnerables en que habitan, ante su limitada provisión pública y las dificultades para acceder a cuidados remunerados. Por último, señalan igualmente cómo estos intercambios circulan por distintas sedes y se generan en diferentes ámbitos, desde vecinos a personas emparentadas, iniciativas comunitarias u otras infraestructuras sociales, incluyendo comercios o servicios.

Particularmente relevante ha sido comprobar, además, que los círculos de cuidados que implican a este colectivo etario se despliegan en múltiples direcciones, englobando tanto su recepción como su provisión por parte de estas personas. En los relatos recogidos, se reitera, asimismo, la preocupación por la situación de este grupo social, como muy significativamente sucedió durante la etapa del confinamiento. Hemos destacado además la asociación discursiva constatada entre la provisión de cuidados por parte de los mayores y su ayuda a familiares de otras generaciones, lo que en ocasiones ha conllevado incluso el reagrupamiento en casa de los primeros. Y ello no sólo durante la pandemia sino en otros muchos contextos, y sobre todo en los barrios periféricos.

Esta última circunstancia la hemos vinculado, asimismo, con otra analizada en relación con el segundo objetivo del artículo, esto es, la mayor presencia de los cuidados entre familiares en las narrativas referidas a dichos barrios, mientras que en Embajadores/Lavapiés y Bellas Vistas se alude con más frecuencia a los que tiene lugar entre personas no emparentadas. Situación, que, a su vez, hemos enmarcado en el contexto de una menor permanencia y un mayor impacto de la gentrificación y las expulsiones en los barrios céntricos, lo que dificulta la residencia de los descendientes en los mismos.

Conviene finalizar señalando que, más allá de la anterior diferenciación, el análisis realizado ha encontrado que en ambos tipos de barrios los cuidados que involucran a personas mayores se benefician de las interacciones con otras personas y entidades, como pueden ser las vecinales o las comunitarias de mayor espectro, superando las relaciones de parentesco. Todo lo cual avala el recurso a la noción de entramados de cuidados, así como la importancia de tomar en consideración su dimensión local y comunitaria y los círculos de cuidados que los integran.

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