Resumen: Esta revisión muestra la evolución del emprendedor rural desde mediados del siglo XVIII hasta el presente. El objetivo principal fue analizar los cambios en los roles de los empresarios rurales debidos al contexto económico. Para ello se realizó una búsqueda bibliográfica; tomando como criterio de búsqueda el emprendimiento agrícola y rural, el período abarcó desde 1756 hasta 2018; utilizando bases de datos como Scopus, Web of Sciences, Journal Storage y Google Académico. Los hallazgos muestran su paso de agricultor subordinado a propietario, luego emprendedor y actualmente emprendedor social rural, aunque su negocio no sea necesariamente agrícola. Este emprendedor se basa actualmente en la pluriactividad y el desarrollo de redes, buscando el beneficio personal y el de la comunidad. Esto muestra que los cambios en el entorno económico promueven la adaptación del empresario rural al asumir más de un rol en la búsqueda del éxito y la sostenibilidad.
Palabras clave:empresas agrícolasempresas agrícolas,emprendimiento ruralemprendimiento rural,beneficios personalesbeneficios personales,entorno económicoentorno económico.
Abstract: This review shows the evolution of the rural entrepreneur from the mid-18th century to the present. The main objective was to analyze the changes in the roles of rural entrepreneurs due to the economic context. For this, a bibliographic search was carried out; taking agricultural and rural entrepreneurship as a search criterion, the period covered from 1756 to 2018; using databases such as Scopus, Web of Sciences, Journal Storage and Google Scholar. The findings show his step from subordinate farmer to owner, then entrepreneur and currently rural social entrepreneur, although his business is not necessarily agricultural. This entrepreneur is currently based on multi-activity and network development, seeking personal and community benefit. This shows that changes in the economic environment promote the adaptation of the rural entrepreneur by assuming more than one role in the search for success and sustainability
Keywords: agricultural companies, rural entrepreneurship, personal benefits, economic environment.
Evolución del papel del emprendedor rural: del agricultor subordinado del siglo XVIII al empresario rural actual
Evolution of the role of the rural entrepreneur: from the subordinate farmer of the 18th century to the current rural entrepreneur
Recepción: 29 Abril 2019
Aprobación: 13 Septiembre 2019
La agricultura ha sido el motor del progreso de la humanidad; estando presente en la evolución histórica, social y económica del desarrollo humano. En una mirada al siglo dieciocho, se observa que quienes poseían la tierra, comúnmente terratenientes o señores feudales, unidos a un reino, lucharon por expandir su dominio para mejorar sus niveles de producción y acumular riqueza (Mazoyer y Roudart, 2007). El sistema feudal entra en crisis en el siglo XVI hasta el siglo XVIII; debido a las luchas de los trabajadores de la tierra, en su búsqueda de acceso a la propiedad privada y los sucesivos acontecimientos que motivaron la revolución francesa (Banaji, 1976).
Estos cambios sucesivos de sistemas en el dominio de la tierra, reconfiguraron la distribución de la población en las áreas rurales; desde un alto porcentaje de la población ubicada en la ruralidad a principios del siglo XIX (Galpin, 1918) generando una disminución de la población, debido a la migración a áreas urbanas, la cual fue motivada por la búsqueda de mejores oportunidades económicas durante el siglo XX (Casson y Casson, 2014; Farley, 1937; De Jong y Fawcett, 1981; Mazumdar, 1987; Frederick y Long, 1989; Watkins, 1907). Estos escenarios han hecho necesario que los empresarios agrícolas cambien continuamente sus roles en el proceso de creación de una empresa y su sostenimiento en el tiempo; especialmente en un entorno rural menos competitivo en comparación con los entornos urbanos (Harpa y Moica, 2014; Hirano, 2016; Kalantaridis y Labrianidis, 2004; Rutten, 1986; Zaremohzzabieh et al, 2016).
Debido al reducido número de estudios que analizan los roles del empresario rural y su impacto en el desarrollo rural (Pato y Teixeira, 2016); el objetivo del presente trabajo fue analizar los cambios en el papel del empresario rural, durante su adaptación al contexto económico desde el siglo XVIII y su contribución al desarrollo económico.
Para su desarrollo se propuso la siguiente metodología: la cual se orientó hacia la recolección en profundidad, basado en la propuesta de Diaz-Madroñero y Col (2014) y Codina (2007); los cuales usaron matrices de referencias bibliográficas y análisis de contenidos. Las palabras “Entrepreneur”, “Entrepreneurship”, “Rural” and “Agriculture” fueron usadas como expresiones de búsqueda, utilizando bases de datos de reconocida calidad académica como Scopus (SC) y Web of Sciences (WS) para el periodo 1756 a 2018, también se emplearon bases de datos adicionales como Journal Storage (JS) y Scholar Google (SG) para obtener información de mayor antigüedad.
El número de referencias obtenidas fue de alrededor de 5220 resultados para el periodo (ver grafico 1 1). Entonces para hacer manejable estos resultados, se filtraron eliminando aquellos títulos incorrectamente citados, copias múltiples del mismo documento en forma similar a lo reportado por Adriaanse y Rensleigh (2013); Falagas et al. (2008); así como Pato y Teixeira (2016).

Finalmente; se revisaron los resúmenes que hacían alusión al término de emprendimiento agrícola y /o emprendimiento rural como criterio de filtrado, obteniendo un total de 443 documentos.
De acuerdo a la revisión de la literatura se encontró que el rol del emprendedor rural, desde 1756, ha cambiado a lo largo de la línea de tiempo, adaptándose al contexto y el mercado. En este sentido, se detectaron tres roles principales, (Tabla 1).

Estos diferentes roles algunas veces coexisten haciendo difícil una correcta distinción entre cada uno de ellos. El desarrollo e implicaciones de estos roles son detallados en las siguientes subsecciones.
La agricultura ha sido un pilar fundamental en el desarrollo económico de las naciones, la historia resalta que aquellos que tenían mejores niveles de producción, asociado a mejores tierras; ostentaban un mayor poderío económico, lo cual también motivo conflictos por parte de aquellos que querían nuevas tierras y riquezas para la expansión de su poder e influencia (Mazoyer y Roudart, 2007).
La aparición de terratenientes, quienes concentran la tierra en pocas manos para fines agrícolas, firmó la relación de intermediación financiera entre el estado y la base campesina, compuesta principalmente de sirvientes y personas libres (Figura 1) (García y Carlos, 2006). Los campesinos y su capacidad de producción estaban subordinados a un sistema feudal en el que no tenían acceso a la propiedad de la tierra y debían rendir tributo (Wallerstein, 1979; Boutruche, 1995).

En este escenario; el señor feudal pertenecía a la nobleza y era quien tomaba las decisiones sobre lo que debía producirse (Cervera, 2008; Danvila, 1779), por lo cual fue considerado una especie de director de empresa agrícola (Scott, 1915), tomando su parte y haciendo la correspondiente contribución a la corona (Martín, 2018).
El desarrollo de la agricultura comercial, que buscaba producir excedentes a través de campesinos libres "cuyos impuestos, rentas y diezmos constituían la mayor parte de los ingresos del estado y la nobleza terrateniente" (Bergin, 2002), generó una tensión en contra del sistema feudal y el conflicto de clases en el mundo rural. Estos hechos conducen a un largo y lento proceso de transición del feudalismo al capitalismo, iniciado en el siglo XVI hasta el siglo XVIII (Del Rio, 2010; Stern, 1987). El descontento de la población, sumado al impulso antimonárquico contribuido en el período de la ilustración, permite que pensadores como Mirabeau desarrollen una crítica contra el papel del agricultor y su tributación hacia los propietarios y el mismo estado, mencionando que:
“El interés del propietario incluye el del estado y el uno, y el otro va en contra de sus intereses más queridos intereses, enviando o desviando los beneficios del agricultor. Esta razón afecta a todos los agricultores, ya sea un empresario o un trabajador de cultivo” (Mirabeau, 1763)
Este sentimiento permaneció latente y se manifestó durante la revolución francesa cuando, entre otras cosas, se reclamó la liberación del campesino y sus tierras (Luna, 2002); lo que permitió el aumento del número de campesinos propietarios (Calatrava, 1980; Singelman y Vogan, 1981).
En este sentido, Cantillon (1756), a quien se le atribuye la primera mención del término "emprendedor", dijo: "el agricultor es un emprendedor que se compromete a pagar al propietario por la granja o la tierra una cantidad fija de dinero, sin ser seguro de la ventaja que tiene”; donde el hecho de operar en un entorno de incertidumbre convierte al individuo en un tomador de riesgos (Casson, 2010; Kanbur, 1980; Mahmood, 2009; McElwee, 2008; Stathopoulou et al, 2004).
El desarrollo de las revoluciones burguesas y los procesos de industrialización entre los siglos XVII y XIX en Europa y sus efectos en América llevaron a "desarrollar el modo de producción capitalista" (Aparicio, 2013). En este contexto, los agricultores podrían trabajar como trabajadores o inquilinos y, a veces, obtener suficiente dinero para comprar una parcela de tierra y convertirse en propietarios (Carver, 1911), y luego procurar excedentes que le permitieran venderlos al mercado para crecer en la medida que tomaba buenas decisiones (Galpin, 1918; Ise, 1920).
La industrialización de las ciudades en el siglo XIX condujo al progreso económico; en la medida en que participaron y concentraron el desarrollo técnico, científico, cultural, financiero y de servicios (Aparicio, 2013; Frankel, 1968); mientras que las áreas rurales se estancaron y aislaron en su papel de ser proveedores de productos básicos con poco o ningún valor agregado (Harris, 1969; Tauger, 2010).
Así; las empresas rurales se basaron en la producción agrícola destinada a centros urbanos y orientada hacia lo local, donde la empresa era vista como una granja y donde la estructura empresarial era difusa (Carver, 1911). En este contexto, el empresario rural era un campesino aislado, centrado en su granja, con condiciones físicas y conocimientos de manejo de cultivos para hacer prosperar su negocio (Wargner, 1887; Harris, 1969).
En el mismo período, el desarrollo de la agricultura científica y la mecanización agrícola permitió la búsqueda de mayores rendimientos (Bernard, 1917; Harkness, 1928); donde algunos agricultores se convirtieron en empresarios que pensaban en el mercado (Foster, 1953; Galpin, 1918; Sanders, 1940; Thompson, 1921), asumiendo riesgos para obtener un posible beneficio (Petrin y Ganon, 1997; Schultz, 1939; Tuttle, 1927; Bryant, 1989; Harris, 1969).
Por lo tanto, el avance del capitalismo promovió que el agricultor debería comprar tierras y recursos, organizarlos y aprovecharlos al máximo (Tuttle, 1927). Además, invertir el capital en reposo en aquellas operaciones que generan rentabilidad (Stewart et al, 1919); buscando tomar las mejores decisiones para continuar aumentando las ganancias y controlar sus costos y recursos (Ise, 1920; Maxwell, 1929).
En este sentido, el negocio agrícola ya no se concebía como aquel en el que el agricultor esperaba que su producción fuera solicitada por el consumidor (Wargner, 1887); por el contrario, se contemplaba que el individuo se convertiría en un hombre de negocios que toma decisiones y cuya producción tendría fines comerciales (Galpin, 1918), buscando que los negocios rurales fueran similares a los que se desarrollaron en las ciudades (Bernard, 1917). Todos estos requisitos requieren de un agricultor capacitado y motivado como la base de empresas rurales exitosas (Butterfield, 1905; Sanders, 1940) y que deben ser capaces de lidiar con las fuerzas económicas y desarrollar métodos para determinar qué y cómo producir (Ise, 1920 ).
Esta capacidad de gestión es clave para la sostenibilidad del negocio rural en un entorno de incertidumbre (Mottiar et al, 2018); dónde el individuo debe ser consciente de los cambios de contexto (Foster, 1953), en consecuencia "ya no se trata de encontrar el sistema más productivo, sino de elegir entre una serie de estrategias que permiten un ingreso razonable" (Díaz-Pichardo y col.., 2010). Independientemente de si opera un negocio o genera una iniciativa de un nuevo tipo en un entorno rural (Leibenstein, 1968; Gladwin et al, 1989); bien sea como agricultor, emprendedor rural o empresario (McElwee, 2008).
En el caso de este rol se puede dividir en las tipologías mostrada en el cuadro 1 y que se detallan en las siguientes subsecciones.

El emprendedor, en su sentido moderno, se entiende como quién comienza un negocio y lo gestiona, combinando factores de conocimiento, capital y trabajo (Say, 2009); quién debería asumir riesgos e innovar (Schumpeter, 1934; Knight, 1921). Asi que; Durante el período 1920 - 1970, el riesgo parece impregnar la literatura sobre el espíritu empresarial cuando se establece una empresa, y no hay seguridad sobre el rendimiento de la inversión (Frederick y Long, 1989).
En estas condiciones, la nueva competitividad requiere del agricultor comprar nuevos sistemas de producción para mejorar la eficiencia de las operaciones de la granja y al mismo tiempo, realizar una adecuada gestión. Estos hechos le permiten convertirse en un riesgo crediticio deseable, posibilitando el acceso a la financiación para ampliar sus capacidades, debiendo anticipar riesgos e incertidumbres para prevalecer (Foster, 1953; Schultz, 1939; Nourse, 1930; Stigler, 1937).
En este punto, se considera que el riesgo no debe ser el factor decisivo de las ganancias del empresario (Palmäs, 2012) y debe ser el resultado de la innovación y los avances técnicos (Park, 2005); que se aclara en la siguiente definición:
“La concepción del emprendedor como agente de cambio o de la persona que utilizó factores de producción y se benefició, como resultado, se ha perdido. Hoy en día, utiliza el término emprendedor como sinónimo de una persona que comienza u opera una pequeña empresa nueva. La definición de emprendimiento ha cambiado de un proceso de innovación a la fundación de un nuevo negocio” (Frederick y Long, 1989)
Consecuentemente; es necesario definir el término "Emprendimiento rural" y a este respecto (Wortman, 1990) menciona que aún debe desarrollarse, pero se adhiere al concepto de "crear o innovar en un entorno rural". Por tanto, esto deja espacio para empresas que no son necesariamente agrícolas, pero que generan valor en las áreas rurales (Lafuente y Gómez, 2016; Pato y Teixeira, 2016). Teniendo en cuenta lo anterior, el emprendimiento rural se presenta como una secuencia de etapas que un individuo debe desarrollar, vea el diagrama 1.

A medida que la competencia avanza, se generan incertidumbres y crisis en el sistema económico actual (González, et al, 2014); lo cual requiere un mayor nivel de creatividad del empresario rural, para que su empresa pueda mantenerse vigente en el mercado (Hernández y González, 2014; Haugen y Vik, 2008). Incluso debería pensar en realizar cambios para mejorar su gestión y analizar si debe especializarse (De Lauwere, 2005) o realizar tareas adicionales para crear otros negocios complementarios que den valor a su negocio rural (Anthopoulou et al, 2017; Viladomiu y Rosell, 2016).
Las condiciones ambientales influyen en el individuo, en su proceso de convertirse en empresario (Harris, 1969); motivando su continua adaptación a factores externos. En este contexto, el empresario toma una idea del medio y la transforma en una oportunidad comercial (Bryant, 1989), donde las fuerzas económicas externas limitan su autonomía para la toma de decisiones (Benveuti, 1975). Por lo tanto, se requiere que el empresario sea flexible y, en ocasiones, asuma más de una función (Hisano et al, 2018; Pindado y Sánchez, 2017); en busca de nuevas fuentes de ingresos (Anderson, 2000; Georgiana et al, 2013). Estas condiciones motivan la pluriactividad, que podría definirse como "desarrollar más de una actividad, buscando diversificar o expandir" (Eikeland y Lie, 1999; Gray, 2002) (diagrama 2)

La literatura sobre pluriactividad reporta principalmente el desarrollo de actividades vinculadas al sector servicios como se comenta en el cuadro 2.

La pluriactividad es, a veces, la respuesta para mejorar la competitividad de las empresas agrícolas (Haugen y Vik, 2008) y no agrícolas; desarrollado en espacios rurales. Esto deja espacio para un nuevo tipo de empresario llamado "empresario rural no agrícola" (McElwee, 2008).
A lo largo del tiempo, algunos empresarios rurales han asumido diferentes roles durante la creación de una empresa y su sostenibilidad. Esto se convierte en un desafío constante, dado que la ruralidad es menos competitiva en comparación con los entornos urbanos (Harpa y Moica, 2014; Hirano, 2016; Kalantaridis y Labrianidis, 2004; Qiu et al, 2016; Rutten, 1986; Zaremohzzabieh et al, 2016).
Así; el espíritu empresarial rural se muestra como una fuerza de revitalización capaz de promover la búsqueda de oportunidades para empresarios locales o foráneos, motivándolos a quedarse (Gorbuntsova et al, 2018; Lan et al, 2014; Sanchis et al, 2016). Esto fomenta los procesos de contraurbanización de las personas que buscan cambiar su estilo de vida y la conexión entre lo urbano y lo rural, para generar desarrollo económico (Anthopoulou et al, 2017; Stockdale, 2016).
La concepción de un individuo aislado en una economía de mercado no es sostenible, por lo que se requieren otros agentes que permitan la conexión y el desarrollo de sinergias para establecer una empresa rural exitosa. En última instancia, este tendrá el potencial de crecer, mantenerse y contribuir al desarrollo económico y social. Así, las redes permiten a los empresarios rurales interactuar dentro y fuera del territorio, permitiendo la transferencia de dos maneras: suministros, información, cooperación, innovación, conocimiento, habilidades, capital social, tecnología y recursos. También mejora la conectividad con el mercado y estimula la revitalización rural (Freire-Gibb y Nielsen, 2014; Munkejord, 2017; Pindado y S´anchez, 2017; Ring et al, 2010; Shu et al, 2018).
En este caso, la construcción e inserción del individuo en redes puede tener diferentes orígenes y motivaciones; en búsqueda de la competitividad de las apuestas empresariales en la ruralidad. Se pueden mencionar algunos ejemplos en Italia, donde se construyen redes basadas en vínculos fraternales (J. Schneider y Schneider, 1976); en China, promoviendo el espíritu empresarial a través del linaje y la estructura de Guanxi (Peng, 2005) y en India, basado en el sistema de castas para empresas rurales en entornos de conflicto (Bal y Judge, 2001).
Las redes permiten corregir los desequilibrios en el mercado de las personas de aquellos individuos que no tienen la capacidad, el volumen y la posibilidad periodica para proveer productos y servicios desde la ruralidad en forma constante; por lo cual el apoyo de los actores de la red es fundamental para generar la confianza con los clientes, mientras se establece la debida reputación (Poon et al, 2012). Debido a esto, grupos vulnerables, como las mujeres, han encontrado en estos mecanismos la posibilidad de superarse, los pequeños productores han podido apoyarse y complementarse entre sí, y los grupos de jóvenes encuentran la posibilidad de aprender e insertarse al mercado laboral (Korsgaard y col.., 2015), al igual que los discapacitados y otros grupos poblacionales, (Gonzáles y otros, 2014; Hustedde, 2018).
En consecuencia, las redes apoyan el establecimiento de empresas, la generación de recursos y la extracción de valor del medio rural (Anderson, 2000). Esta acción, favorecida por el aumento de la cobertura de Internet en las zonas rurales, permite la visibilidad de los territorios rurales y sus empresas (Onitsuka y Hoshino, 2018), conectando entornos rurales y periurbanos de ruralidad con centros urbanos (Batool y Ullah, 2018; Blanchard, 2017; Mayer et al, 2016; Viladomiu y Rosell, 2016).
En gran medida, la percepción tradicional de la empresa capitalista, como aquella que prospera a expensas de la comunidad y el medio ambiente (Porter y Kramer, 2019), ayudo a fomentar el surgimiento del emprendimiento social (Kuratko et al, 2015 ). Esto permite generar iniciativas y empresas que crean valor social (Peredo y McLean, 2006), permitiendo la cohesión e inclusión (Stanescu et al, 2013), promoviendo la innovación (Richter, 2017), reconociendo y resolviendo problemas sociales y contribuyendo al desarrollo de territorios marginados, como las zonas rurales (Núñez, 2010).
Sin embargo; algunos problemas de las empresas sociales son su tamaño y área de influencia, lo que dificulta su crecimiento (Leadbeater, 1997). Por lo tanto, el empresario debe establecer conexiones para acceder a los medios y recursos adecuados (Steiner y Teasdale, 2016), procurando que la iniciativa prospere y sea sostenible, en la medida que se integra con el mercado (Ratten, 2018); el cual generalmente presenta fallas (Santos, 2012). En este sentido (Migliore et al, 2015) considera que: “Las situaciones en las que se produce una falla del mercado son a menudo donde los emprendedores sociales juegan un papel importante debido a la incapacidad del gobierno para abordar los temas relevantes debido a la falta de conocimiento, incluso cuando cuenta con los recursos adecuados”.
Dado esto, los emprendedores sociales a menudo se ven a sí mismos como héroes (Murtagh, 2017); con diferentes roles (ver diagrama 3) resolviendo los problemas de la comunidad y los entornos en los que viven o se conectan por alguna razón. Buscan identificar brechas y oportunidades desde una perspectiva altruista para impulsar el negocio, donde un beneficio personal no es su objetivo esencial, haciendo que las comunidades participen en los beneficios y acciones que motivaron a la empresa (Aileen-Boluk y Mottiar, 2014; Thompson, 2002).

En este sentido, Porter y Kramer (2019), desarrollando su visión del emprendimiento social a nivel individual y empresarial en organizaciones establecidas, reclama el desarrollo del capitalismo con un propósito social y menciona que: " Las empresas no son los únicos actores que encuentran soluciones rentables para los problemas sociales. Toda una generación de emprendedores sociales es pionera en nuevos conceptos de productos que satisfacen las necesidades sociales utilizando modelos comerciales viables. Debido a que no están encerrados en el pensamiento empresarial tradicional, los emprendedores sociales suelen estar muy por delante de las empresas establecidas al descubrir estas oportunidades”.
Igualmente; hay literatura que destaca el papel de los empresarios de edad adulta, capaces de transferir conocimientos, experiencias, recursos y capital social al desarrollo de empresas y la revitalización de la ruralidad (Bosch y Gómez, 2010; Haga, 2017; Murtagh, 2017; Walsh y O'Shea, 2008). Esto muestra a los jóvenes como una promesa para el desarrollo de este tipo de iniciativas. Los jóvenes como los que pertenecen a una "Generación Y", nacidos entre 1980 y 2000 y conocidos como "mileniales" (Calic y Mosakowski, 2016; Kuratko et al, 2017; Pasi et al, 2017; Stecker, 2014), buscan dar sentido a sus vidas compartiendo valores como el respeto por el medio ambiente y el apoyo a causas justas (Koe et al, 2012; Ng et al, 2010). Estas características los convierten en un terreno fértil para el emprendimiento; existiendo estudios sobre su migración a áreas rurales (Hisano et al, 2018; Sharma, 2017; Zampetakis y Kanelakis, 2010).
En consecuencia, hay varios grupos de edad que promueven el emprendimiento social en áreas rurales; favoreciendo la recuperación económica de las áreas en crisis (Arrighetti et al, 2016; Stanescu et al, 2013), mejorando la capacidad de resiliencia de la comunidad para enfrentar las presiones del medio (Marquis, 2009) y permitiendo entornos favorables para atraer nuevos miembros que contribuyan al proceso de revitalización rural (Avramenko y Silver, 2010; Hedlund et al, 2017; Urquijo et al, 2017).
Este artículo ha procurado relacionar hasta el momento, la literatura sobre el emprendimiento rural con el periodo histórico en el cual se desarrolla; sin embargo, se nota a partir del año de 1966; surgen varios autores que abordan el emprendimiento rural desde diferentes perspectivas, sin que se pueda establecer una conexión cualitativa con la coyuntura económica en la cual se desarrollan.
Al respecto hay obras de autores como Narayana (1966), Leibenstein, (1968), Lauwere y Verhaar, (2002) y McElwee, (2008); que han buscado realizar clasificaciones basadas en la tipología de los emprendedores rurales (cuadro 3).

El último trabajo detectado en el cual se buscó desarrollar una clasificación de las tipologías del emprendedor rural fue el de McElwee (2008), posterior a esto, no se han procurado nuevos estudios para generar un abordaje integrador, notándose que en la literatura existente entre 1990 a 2018, los investigadores centran su interés en conocer nuevos roles de los emprendedores en la ruralidad, más que de una clasificación en sí.
Se puede evidenciar que los temas más investigados son la pluriactividad, el emprendimiento social, la inserción y la construcción de redes y estilo de vida; siendo el último de mayor interés por parte de la comunidad académica (Gráfico 2)

El papel del empresario rural ha evolucionado permanentemente; generando cuatro tipologías según el contexto y el mercado. Estas tipologías están incluidas en la literatura de los últimos 250 años; que van desde el campesino subordinado de la era feudal hasta el empresario rural actual. Este último puede tener una o más subtipos. Igualmente; Desde los años 90 hasta el presente, se observa el desarrollo de una diversidad de temas relacionados con las tipologías de emprendimiento rural, como los relacionados con el emprendimiento social, la inserción y la construcción de redes y el estilo de vida de los más interesantes en relación con el emprendimiento rural. También se puede mencionar que la visión del emprendimiento rural inherentemente relacionada con la agricultura ha cambiado con el desarrollo de la literatura; para acomodar otros tipos de actividades que no son necesariamente agrícolas, pero que tienen lugar en un espacio rural. Un ejemplo de esto son las empresas que están ubicadas en entornos rurales como servicios, industrias creativas, turismo, relacionadas con las tecnologías de la información y la comunicación, el comercio, entre otros.









