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Migrantes y trabajo: un estudio sobre los dispositivos sociales para acceder al trabajo en tres circuitos migratorios de la Argentina
Migrants and work: a study of the social devices to access employment i n three migration circuits in Argentina
Migrantes y trabajo: un estudio sobre los dispositivos sociales para acceder al trabajo en tres circuitos migratorios de la Argentina
Ager. Revista de Estudios sobre Despoblación y Desarrollo Rural, núm. 22, pp. 35-60, 2017
Centro de Estudios sobre la Despoblación y Desarrollo de Áreas Rurales

Recepción: 03 Febrero 2016
Aprobación: 11 Noviembre 2016
Resumen: La presencia de un importante número de trabajadores rurales que migran en forma estacional en busca de trabajo, da cuenta de la relevancia que cobran estos desplazamientos en ciertas pro- ducciones agrícolas de la Argentina. Para que estos desplazamientos se concreten es necesario que se pon- gan en marcha ciertos dispositivos sociales que articulen a los migrantes con dichos mercados laborales. El objetivo de este artículo es analizar cómo son actualizados una serie de dispositivos sociales (tipos de redes sociales, actores intervinientes, la confianza asociada a los lazos sociales, acciones gubernamentales o sin- dicales específicas) utilizados por los trabajadores migrantes para desplazarse y acceder a un trabajo en los lugares de destino. La metodología empleada es cualitativa, basada en entrevistas en profundidad. La ela- boración de una tipología de acceso al trabajo, según los dispositivos sociales movilizados, permitió diferen- ciar distintos escenarios.
Palabras clave: rabajadores migrantes estacionales, migraciones laborales, mercado de trabajo agrario, redes, confianza.
Abstract: Seasonal migrant labour is particularly significant in some of Argentina’s agricultural pro- ductions. For seasonal migrations to take place, a number of social mechanisms articulating migrants with these labour markets are needed. The aim of this article is to analyze the updating of a number of devices (types of social networks, actors involved, the trust associated with social ties and government specific actions) used by migrant workers in order to access employment in places of destination. This research uses a qualitative approach based on in-depth interviews. The development of a typology of access to employ- ment, according to the social devices mobilized, allows us to differentiate diverse scenarios in the construc- tion of worker migrants.
Keywords: Seasonal migrant workers, labour migrations, agrarian labour market, network, trust.
Introducción
La presencia de un importante número de trabajadores rurales que migran en forma estacional, desde sus lugares de origen a otras provincias/regiones en busca de trabajo, da cuenta de la relevancia que cobran estos desplazamientos en ciertas pro- ducciones agrícolas de la Argentina. Estos movimientos están asociados a agriculturas intensivas en el uso de mano de obra durante algunos meses del año que, por lo gene- ral, coinciden con las tareas de cosecha de diferentes cultivos y con el corte y la reco- lección en la forestación. La respuesta frecuente a ese requerimiento estacional es la contratación de trabajadores extra locales.
Para que estos desplazamientos se concreten, es necesario que se pongan en marcha ciertos dispositivos sociales que faciliten la articulación de los migrantes con dichos mercados laborales.
El objetivo de este artículo es analizar una serie de dispositivos que el trabaja- dor migrante utiliza y reactualiza constantemente para acceder a un trabajo en los lugares de destino. Es en el momento previo al viaje donde una serie de lazos sociales son desplegados de forma diferente y novedosa, con el propósito de adecuarse y garantizar a lo largo del tiempo, una oferta de trabajo estable y flexible, que se renueva al repetirse el ciclo. La historia migratoria de la comunidad de pertenencia del trabajador y su propia experiencia van conformando distintos escenarios de acceso al trabajo.
Las características propias de la actividad agrícola organizada según ciclos bio- lógicos, a las que se agregan los procesos de modernización y, más recientemente, de reestructuración de diversas producciones, colaboraron para que hoy la mayor parte de la mano de obra ocupada en la agricultura de las distintas regiones de la Argentina sea transitoria y, una parte importante de esta, migrante. Estos trabajadores que res- ponden a una demanda estacional que se repite año a año y por una cierta cantidad de meses, deben enfrentarse a una diversidad de restricciones o dificultades para acceder al trabajo, teniendo en cuenta su condición de migrantes.
La transitoriedad y discontinuidad de la ocupación laboral, la presencia de períodos de desocupación y la necesidad de movilizarse hacia otros lugares en busca de trabajo son algunas de las manifestaciones de su precariedad laboral. La presión por conseguir un trabajo y la temporalidad de su permanencia en los lugares de des- tino ayudan a que adopten una especial disposición laboral frente a las exigencias y requerimientos de las empresas-contratistas –disciplina, presentismo y baja conflicti- vidad–, que favorece su inserción y que, además, resulta beneficioso para el empleador (Bardomás, 2009).
Si bien es sabido que los migrantes circulan con cierto conocimiento de la situación de los mercados agrícolas a los que se dirigen, la incertidumbre y el manejo de las contingencias son habituales en sus trayectorias laborales. La disponibilidad de información para concretar el viaje y conseguir trabajo es desigual según los grupos de trabajadores, los actores intervinientes y las relaciones sociales construidas entre las áreas de origen y destino.
En este artículo, los dispositivos sociales movilizados por el trabajador para acceder al trabajo son analizados en tres circuitos distintos de migración temporaria de la Argentina: Tucumán-Mendoza, Misiones-Entre Ríos y Santiago del Estero- Catamarca. El circuito es el recorrido que conecta al territorio de origen con el de des- tino, en relación con determinadas producciones agrícolas adonde se dirigen. Es un camino que comienza y finaliza en el mismo territorio, ya que se trata de mano de obra que se desplaza a otros espacios, pero que retorna al lugar de residencia del hogar.
Dada la complejidad que reviste el acceso al trabajo para este tipo de trabaja- dor, se presentan las preguntas que guían este análisis:
¿Qué dispositivos son movilizados para desplazarse y ser contratados?
¿Qué relaciones sociales y actores los conforman?
¿Qué características asumen las redes sociales de las que se valen los traba- jadores para concretar su inserción laboral?¿Cuáles son los atributos que ponen en circulación los actores?
¿Qué papel asume la confianza en un marco normativo para la reducción de la incertidumbre para el acceso al trabajo?
Finalmente, ¿Qué escenarios emergen del análisis de los dispositivos?
Conformación de los grupos migratorios: actores y relaciones sociales
A lo largo del siglo XX, el fenómeno de las migraciones ha sido analizado e inter- pretado desde distintos marcos teóricos-conceptuales y por diferentes disciplinas. La bibliografía internacional sobre esta temática da cuenta de la evolución de los distin- tos enfoques, de las discusiones acerca de la interpretación de estos movimientos y de los desafíos que se presentan hoy ante la diversidad de los contextos que atraviesan, las modalidades que adoptan y el dinamismo que tienen.
En sus inicios, los trabajos que se ocuparon de las migraciones estaban enmar- cados en la teoría neoclásica y las interpretaron como una respuesta a los problemas de desequilibrio entre las necesidades de la demanda y el suministro de trabajo, las diferencias salariales entre países o regiones y la decisión racional de los individuos (Todaro, 1976; Arango, 2003). En las últimas décadas del siglo XX, se revisaron estas ideas y surgieron otros marcos conceptuales influenciados por el marxismo, las escuelas de la dependencia y del sistema mundial y la segmentación de los mercados de trabajo (Buroway, 1978; Piore, 1979; Portes y Walton, 1981; Massey et al, 1993, entre otros).
Ya en este siglo, la complejidad que alcanzan estos movimientos, la diversidad de formas, contextos e incluso las conflictividades asociadas a ellos, contribuyeron a que las investigaciones y estudios, además de los aspectos económicos, incorporaran cuestiones relacionadas con el hogar, la familia, la cultura, el territorio, las redes sociales, la identidad y las percepciones, entre otras, a fin de dar cuenta de la diversi- dad de situaciones y de las múltiples dimensiones involucradas (Sánchez Saldaña, 2012; Steimbreger et al., 2012; Quesnel, 2010; Cortes, 2009, Lara Flores, 2006 y 2000; Segura et al., 2002; Tarrius, 2000; etcétera).
De esta manera, la conformación de estos movimientos poblacionales incluye un complejo conjunto de aspectos económicos y sociales, que interrelacionan condi- ciones de carácter estructural y el papel de agencia de los actores en contextos socia- les específicos (Quaranta y Blanco, 2012). En este sentido y a los fines de este artículo,Migrantes y trabajo: un estudio sobre los dispositivos sociales para acceder al trabajo en tres circuitos migratorios de la Argentinala construcción del acceso al trabajo en situaciones de desplazamiento reviste una alta complejidad. Procesos tales como las características de los mercados y sus demandas, las legislaciones laborales, los mecanismos de intermediación, las formas de circular y las estrategias de reproducción de los hogares, entre los más relevantes, coadyuvan a la conformación de un grupo de trabajadores migrantes. Cada proceso combina ele- mentos distintivos que permiten apuntalar y definir las características de este traba- jador particular. El acceso al trabajo, como momento de conexión del actor con el mismo, es uno de los componentes centrales para definir este tipo de mano de obra. Se considera que el proceso de construcción de un grupo social como “ade- cuado” para empleadores de otros mercados laborales, amplia la comprensión de los movimientos migratorios, ya que supera la visión neoclásica en cuanto a que las migraciones se producen como respuesta o solución a un problema de desequilibrio entre naciones o mercados laborales. En efecto, el hecho de que en un lugar haya per- sonas sin trabajo y, en otro, empresas y empleadores que deseen contratarlos, no es suficiente como explicación del fenómeno; hay condiciones y procesos que coadyuvan a que la migración se produzca. En relación a esto último, en las migraciones laborales, la distancia espacial que separa a la oferta y a la demanda de trabajo requiere, para la reunión de ambas partes, de mediaciones o de la construcción de relaciones socialesarticuladoras.
Diversos estudios identifican a las redes como nexos vitales en la unión entre el lugar de origen y el lugar de destino de la mano de obra (Benencia y Ramos, 2014; Fazito, 2005; Ramella, 1995). Al tratarse de relaciones dinámicas, intermitentes y que, a la vez, no están limitadas a un tiempo, una dirección y un espacio determinados, los actores intercambian bienes materiales y elementos simbólicos a través de los cuales decodifican ese nuevo espacio al que acceden (Blanco y Jimenez, 201 ). Por las redes circula información que es uno de los elementos más importantes en relación con el acceso al trabajo en un lugar diferente al de residencia. Las distintas posicio- nes que ocupan los puntos de la red en la estructura social implican también dife- rencias de poder.
Esta perspectiva analítica permite identificar, observar y analizar procesos sociales que son decisivos para el desarrollo y funcionamiento de diversos aspectos del sistema social pero que, a pesar de su importancia, no se encuentran organizados, administrados o controlados por instituciones sociales formales. En determinadas cir- cunstancias, las redes compiten con el sistema institucional por la administración de recursos pero, en otras, es el mismo sistema el que las utiliza para ejercer ciertos con- troles allí donde es difícil o no se pretende intervenir con estructuras más formaliza- das (Wolf, 1980). El estudio de las redes permite comprender la influencia de laposición social con el tipo de recursos que se pueda disponer para realizar actividades laborales y/o profesionales (Requena Santos, 1991).
Los intermediarios (contratistas, enganchadores, empresas de servicios even- tuales, etcétera) utilizan las redes sociales de los trabajadores (familiares, de vecindad y amistad) para movilizar y contratar mano de obra. En algunos casos, desempeñan funciones tradicionales como son el traslado, el suministro de alojamiento, la finan- ciación del desplazamiento y, en otros, adquieren nuevas funciones como la participa- ción en la organización del proceso de trabajo y en la gestión de la mano de obra, el registro y el pago a los trabajadores. Algunos comparten con los migrantes el mismo lugar de origen y pautas culturales, lo cual facilita la tarea de reclutamiento de la mano de obra (Aparicio, Berenger y Rau, 2004; Bendini, 2014; Quaranta y Fabio, 201 ; Sánchez Saldaña, 2012; Reigada, 2014, etcétera).
Desde el lado de la demanda, las redes permiten abaratar costos para acercar a la oferta; la intermediación ofrece su principal capital para circular por la red que es la información, aunque no el único, y la oferta se va estructurando en un principio sobre lazos sociales más simples (fuertes en términos de Granovetter, 2003) y, a medida que se conforma el grupo social, las redes se complejizan sustentándose en lazos sociales más débiles, en algunos casos con ausencia de intermediación. En el intercambio entre las partes, los más favorecidos generalmente ofrecen bienes tangi- bles –ayuda económica, protección, etcétera–, en tanto el otro, por su parte, da en retribución bienes más intangibles –compromiso y lealtades– (Cook, 2003).
Este complejo sistema de relaciones e intercambio exige para su funciona- miento efectivo el afianzamiento de la confianza pues, como no se tratan de relacio- nes claramente estandarizadas, los derechos y expectativas no están predeterminados de modo alguno; por lo tanto, la experiencia e historia de los contactos van constru- yendo la confianza que constituye la base de la relación. Siguiendo a Luhmann, la con- fianza permite a los actores reducir la incertidumbre a través de adoptar expectativas sobre el comportamiento del otro y predecir, de alguna manera, sus acciones de forma rutinaria, no necesariamente producto del cálculo. Sin embargo, no está subsumida en el binomio confianza (positivo) y desconfianza (negativo), sino que ambas posibilida- des pueden ser beneficiosas o perjudiciales según la contingencia (Luhmann, 2005). La confianza circula por las redes y actualiza el sistema normativo de este proceso; su generalización a través de la red social crea puentes entre personas, grupos e institu- ciones. Es necesario prestar atención a la estructura de la red social, a su capacidad de transmitir información y recursos entre individuos y agentes (Foronda-Robles y Péres de Azpillaga, 2012).
En estos procesos de interacción es importante señalar que la confianza se manifiesta tanto en las relaciones de tipo particularizadas, en donde se sostienen lasexpectativas en base a la confianza en el otro, en general cara a cara, como en rela- ciones generalizadas o sociales, en la cual los individuos no tienen información acerca de los otros actores, pero se sustenta bajo algún sistema normativo instituido (formal o no formal). El mayor impacto de la confianza social se produce en ausencia de una historia de interacciones, es decir, en el caso de creación de nuevas interacciones (Yáñez Gallardo, Ahumada Figueroa, Cova Solar, 2006). De esta manera, la confianza debe ser entendida tanto como atributo personal, como un comportamiento colectivo, reproducido de manera similar por los miembros del grupo (coherencia entre el decir y el hacer) y como una negociación de comportamiento sobre un acuerdo o compro- miso de las partes (Chávez Molina, 2009).
En esta línea, resulta pertinente e interesante el análisis que se realiza en un trabajo sobre el reclutamiento de mano de obra en países de Europa del Este con des- tino a mercados laborales del Reino Unido; los autores consideran que estos movimientos responden a normas o patrones de selección tales como: a quién reclu- tar, dónde y para qué tipo de trabajos. En ese sentido, cobran interés las representa- ciones que los empleadores tienen de los migrantes y las prácticas que utilizan para contratar estos trabajadores. Se señala la existencia de ciertas imágenes normativas de lo que constituye el “ideal” de trabajador migrante y de un discurso en torno a por qué son requeridos los trabajadores. No solo son contratados porque se ajustan a las representaciones que tienen sus empleadores en cuanto a sus características sociales ideales y a sus destrezas para desarrollar las tareas, sino porque los migrantes pueden autoregular su comportamiento para ajustarse a dichas características (Findlay y McCollum, 2013; Findlay, McCollum, Shubin, Apsite y Krisjane, 2012).
En el marco de la migración transnacional, Goss y Lindquist (1995) realizan aportes importantes para la comprensión de los desplazamientos laborales, presen- tando a estas prácticas como verdaderas instituciones sociales. Argumentan que se vuelven institucionalizadas y que los canales migratorios pueden ser pensados como instituciones sociales, es decir, como una compleja articulación de reglas y recursos que actúan limitando y/o posibilitando la acción individual. Si bien esta acción está guiada por los propios intereses del individuo, la capacidad para tal acción se distri- buye diferencialmente según el conocimiento de que se dispone en cuanto a normas y acceso a los recursos; por otra parte, puede ser parcialmente determinada por la posición del individuo dentro de otras instituciones sociales. La migración se examina mejor no como resultado de motivaciones individuales y de los determinantes estruc- turales, aunque estos deben desempeñar un papel en cualquier explicación, sino como la articulación de agentes con intereses particulares y que juegan roles específicos dentro de un entorno institucional, donde el conocimiento del sistema de reglas faci- lita el acceso a los recursos.
En función de lo anteriormente dicho, en este artículo se analizan los disposi- tivos sociales1, entendiendo como tales a un sistema conformado por los recursos a los que accede el trabajador según su posición en la historia migratoria (reciente/anti- gua) y los atributos relacionados con el contexto social (capital social, residencia, per- fil demográfico, etcétera). Se los considera como mecanismos dispuestos en función de alcanzar un objetivo; a los fines de este artículo, involucran determinadas relacio- nes sociales que generan acciones orientadas a facilitar la obtención de un trabajo.
Metodología
Este artículo se basa en los resultados obtenidos en una investigación cualita- tiva; la elección de esta metodología responde a la necesidad de comprender desde la perspectiva de los propios actores, las acciones y los procesos que involucran estos movimientos migratorios en el acceso al trabajo, sin dejar de lado el contexto estruc- tural en el que se presentan.
La herramienta de recolección de la información utilizada es la entrevista en pro- fundidad. El trabajo de campo se realizó en cuatro momentos diferentes. En diciembre de 2009, se visitaron las provincias de destino, seleccionadas de acuerdo a la importan- cia de las migraciones y a la diversidad entre sí de sus mercados laborales (Catamarca, Entre Ríos y Mendoza). Se entrevistaron distintos informantes clave (18 entrevistas en cada provincia), con el propósito de identificar el perfil de los trabajadores que arriban a cada una de estas áreas, las formas de reclutamiento y contratación.
Durante 201 , en una segunda y tercera visita a las provincias de destino, se rea- lizaron 40 entrevistas en profundidad a trabajadores migrantes en cada una de ellas. Estuvieron orientadas a reconstruir el inicio de la migración del trabajador, su perfil socio-demográfico, el ciclo anual de trabajo y las características o habilidades requeridas por los empresarios e intermediarios y las destrezas que los trabajadores consideran que los hacen aptos para su inserción en las producciones de esos espacios.
En el 2012, se realizaron dos trabajos de campo en los lugares de origen de los trabajadores (Santiago del Estero, Misiones y Tucumán); se visitaron 25 hogares de trabajadores previamente entrevistados en destino. Se indagó sobre la forma de acceso al trabajo, el papel de las redes sociales para conseguir trabajo, la forma de traslado, el rol desempeñado por los intermediarios, el tipo de relación trabajador- intermediario, el tiempo de permanencia en destino, el tipo de trabajo al que acceden, entre otras cuestiones.
A fin de ordenar la información proporcionada por las entrevistas y poder pre- sentarla en forma comparable, se construyó una tipología de escenarios de acceso al trabajo. La tipología es un recurso heurístico que ayuda a comprender y explicar fenó- menos sociales e incluso a generar teorías. Esta herramienta permite adecuar la for- mación de los conceptos, desde la etapa descriptiva de los datos empíricos, hasta la construcción de sistemas teóricos. Se llega a ella luego de un proceso de abstracción, simplificación, selección intencional e incluso, muchas veces, una acentuación de cier- tos criterios con sustento empírico, que permiten la comparación de diferentes casos (Mc Kinney, 1968).
Se designa como “escenarios de acceso al trabajo” a aquellas configuraciones que observamos en el devenir de una serie de relaciones sociales entre los distintos actores, enmarcadas en un contexto productivo y normativo; dichas relaciones son dinámicas ya que se van modificando a partir de la experiencia de los trabajadores y de la propia historia de los circuitos. En este sentido, los escenarios se construyen a partir de la relación entre los actores, los bienes provistos por las redes, las limitacio- nes materiales y sociales características de estos sectores, pero también por la con- fianza en el sentido de las expectativas, necesidades y posibilidades que tienen los trabajadores. Son el resultado de la negociación entre trabajadores, intermediarios y empleadores, según los instrumentos normativos que rigen en cada escenario.
Los distintos tipos construidos de escenarios emergieron luego de un proceso comparativo en el que se minimizaron las diferencias internas y se maximizaron las diferencias externas. Cada escenario permite identificar la conformación de determi- nados dispositivos sociales, los que iluminan la etapa en la que se encuentra el migrante en el acceso al trabajo. Estas instancias involucran los caminos desde los ini- cios en la migración, hasta el afianzamiento en el circuito migratorio. Las dimensiones consideradas son: los actores participantes, las redes sociales y la confianza.
Distintos actores constituyen los nodos de las redes sociales con los que se puede vincular el trabajador migrante para acceder al trabajo: diferentes tipos de intermediarios, con funciones de menor a mayor complejidad; trabajadores en los que los patrones delegan la responsabilidad de selección de otros trabajadores o para tras-mitir información; las Oficinas de Empleo y el sindicato en municipios de una de las provincias de origen que cumplen un papel facilitador del traslado del trabajador.
Las redes sociales pueden estar conformadas por lazos fuertes, es decir de base afectiva entre individuos cercanos (familia nuclear, compadres y vecinos), a la que se denomina como red “simple”; se vuelve más “interpersonal” cuando se agrega la inter- acción de sujetos más distantes y la información que circula por ella adquiere mayor materialidad (más concreta), ampliando las posibilidades de los colectivos involucrados, al proporcionar una mayor diversidad de contactos. El residir en determinado sitio puede permitir el acceso a “redes institucionales” que colaboran y ordenan el desplazamiento. En la medida que las redes migratorias se densifican e institucionalizan (formal o infor- malmente), los trabajadores disponen de mayor información respecto al marco norma- tivo, se reduce su incertidumbre y circulan por un tipo de red “afianzada”.
La confianza constituye el marco normativo de cada escenario; dado su carác- ter formal o informal, puede ser entendida como la experiencia y la historia de los contactos. Al tener centralidad un conjunto de expectativas frente a las cuales los actores realizan una elección, la incertidumbre y la reciprocidad constituyen sus ele- mentos fundamentales. En tal sentido, se pueden distinguir diferentes grados de con- fianza. Cuando la expectativa sobre el cumplimiento de determinado compromiso se sustenta en atributos personales (estructura común de comportamiento) se puede decir que se trata de una confianza “particularizada”. Pero las expectativas pueden configurarse en función de un comportamiento colectivo, reproducido de manera similar por sus integrantes, en ese caso se trata de una confianza “grupal”, lo que no significa que sean iguales quienes integran el mismo. Además, se puede hablar de una confianza “generalizada” cuando las expectativas no están ancladas en personas o grupos, sino dentro de un sistema normativo más amplio que puede ser formal (reglado por leyes) o informal (instituido a partir de la repetición de los contactos).
Circuitos migratorios
a Argentina tiene una larga tradición de desplazamientos de mano de obra temporaria agrícola a distintas regiones y/o mercados del país. Tres circuitos migrato- rios de relevancia en cuanto a la demanda de la misma se analizan en este artículo: a) Trabajadores procedentes de Tucumán que se desplazan para realizar tareas de cose- cha de vid y de frutales en el Valle de Uco (departamentos de Tunuyán, Tupungato ySan Carlos), provincia de Mendoza2; b) Trabajadores de Misiones que se movilizan al nordeste de Entre Ríos para insertarse en tareas forestales y c) Trabajadores de Santiago del Estero que se dirigen a Catamarca para la cosecha del olivo (mapa 1).

Los procesos migratorios de los tres casos son diferentes en cuanto a la anti- güedad de su trayectoria. La provincia de Mendoza, en general, tiene una larga historia como receptora de mano de obra estacional de otras regiones del país, en tanto, la migración hacia Entre Ríos y Catamarca es un fenómeno más reciente.
En las últimas décadas, el Valle de Uco (provincia de Mendoza) experimentó la mayor expansión provincial de nuevos varietales de viñedos destinados a la elaboración de vinos de alta gama. Además, se evidenció un crecimiento de otras produccio- nes orientadas al consumo interno como la de la fruta y la hortícola; actividades todas que generan un importante volumen de producción y cuyas cosechas no están meca- nizadas. Este mercado de trabajo, por su tamaño y composición, no alcanza a satisfa- cerse, en el pico de mayor demanda de trabajadores, con la mano de obra del lugar. La llegada de los migrantes comienza a fines de noviembre-principios de diciembre y se extiende hasta abril, meses durante los cuales se realizan las distintas cosechas de fruta, de diversos productos hortícolas y de la vid. Trabajadores locales y no locales coexisten en un mercado con períodos puntuales de déficit relativo de mano de obra, en producciones altamente perecederas. Los tucumanos constituyen el grupo más importante de los trabajadores que arriban en el momento de mayor requerimiento.
Los varones adultos-jóvenes, con edades entre los 20 y los 40 años, son los pre- ponderantes y, dentro de este gran grupo etario, hay una mayor presencia de los de menos de 30 años. Las mujeres conforman una parte menor de la mano de obra migrante; por lo general, viajan con sus maridos, junto al grupo familiar. Tienen en su mayor parte residencia urbana –ciudades medias o pequeñas localidades de la provincia de Tucumán–, en tanto es minoritaria la procedencia rural. La falta de trabajo en Tucumán durante varios meses del año (octubre-abril) en tareas relacionadas con la pro- ducción citrícola, el cultivo del arándano y de la caña de azúcar, contribuye a que apelen a desplazarse a otras producciones cuyas tareas son similares a las realizadas en su pro- vincia. De esta forma, articulan distintas ocupaciones como asalariados temporales en agriculturas capitalistas, cuyos ciclos productivos funcionan a contra-estación.
Otra situación es la de la forestación en Entre Ríos. A fines de los años 90, se observó en el país un cambio en el complejo forestal que consistió en la consolidación de un marco de política sectorial, un crecimiento de las exportaciones y, también, la aparición de nuevos actores empresariales en la producción de celulosa y papel, de pro- ductos aserrados y de tableros. En ese contexto, la actividad evidencia una importante expansión en los departamentos de Concordia, Colón y Federación, alentada por polí- ticas de promoción por parte del Estado nacional. La Ley 25080 de Inversiones para Bosques Cultivados fomenta la implantación de especies forestales a través de aportes no reintegrables para la plantación, la realización de podas y raleos, y asegura la esta- bilidad fiscal por el término de 30 años para los proyectos enmarcados en ella. Para el 2008, el Censo Nacional Agropecuario registra una superficie implantada con especies forestales en toda la provincia de 122.681 hectáreas. La incorporación de esta actividad en un área sin tradición forestal y con oportunidades de empleo en otras actividades agrícola con condiciones menos duras, contribuye para que la mano de obra local se muestre remisa a desempeñar tareas forestales. Por lo tanto, requirió de la movilización de mano de obra acostumbrada a la labor en las plantaciones y dispuesta a vivir encampamentos; distintos agentes fueron los encargados de movilizar y contratar a tra- bajadores de la provincia de Misiones (en el nordeste de la Argentina), con experiencia en la explotación del bosque nativo, primero, y del implantado, más tarde.
Se desempeña exclusivamente mano de obra masculina debido a las condicio- nes laborales de esta actividad –tareas con alta exigencia física y elevada incidencia de accidentes laborales– y a la necesidad de permanecer por largos períodos de tiempo en campamentos en las plantaciones –muchas veces en instalaciones precarias y con baja calidad de vida–. Predominan los trabajadores jóvenes, de 18 a 25 años, y los adultos de hasta 40. Estos migrantes misioneros proceden de lugares con escasas oportunidades de empleo permanente o con niveles de remuneración de las ocupacio- nes forestales y agrarias muy por debajo de los existentes en el norte de la provincia de Entre Ríos. A diferencia de lo que ocurre en la mayoría de las producciones agríco- las intensivas en mano de obra en el momento de cosecha, la demanda de trabajado- res en la forestación es sostenida a lo largo de todo el año, ya que el momento de realización de las distintas tareas no depende de los ciclos naturales sino del plan de gestión de cada plantación. Los desplazamientos están organizados en ciclos variables de 30 a 45 días de trabajo y una semana de descanso en sus hogares.
En Catamarca (noroeste del país), la producción olivícola se expande reciente- mente cuando grandes empresas se instalan en pequeñas localidades. En la década del 90, la promoción de nuevos proyectos agropecuarios creados por la Ley Nacional de Desarrollo Económico (Ley 22.021 y su modificatoria 22.702), dio lugar a una signifi- cativa expansión de la frontera agropecuaria. Las empresas promovidas que se insta- laron en el departamento de Pomán (al sur de esta provincia) generaron una importante transformación socio-espacial. Si bien la actividad olivícola ha sido tradi- cional en el área de estudio, factores tales como el incremento de la superficie culti- vada (alrededor de 7.000 hectáreas), el volumen de productividad, el comportamiento de las empresas y el déficit de mano de obra local, incidieron en la presencia de tra- bajadores migrantes transitorios, en su mayoría de la provincia de Santiago del Estero (en el noroeste argentino). El ciclo migratorio tiene una marcada estacionalidad, extendiéndose de febrero a fines de junio, generando un gran impacto en las áreas receptoras.
Los trabajadores santiagueños que llegan a cosechar son mayoritariamente jóvenes menores de 30 años, mientras que los adultos más grandes no superan los 50 años. Son originarios de dos zonas bien diferenciadas; la primera corresponde al entorno de un centro urbano, en un área de reciente desmonte de la vegetación nativa, donde la ausencia de agua es la que condiciona la actividad agropecuaria de las familias entrevistadas. La segunda se encuentra emplazada en una zona rural, con población dispersa o agrupada en pequeños parajes, inserta en una zona de monte. Esfrecuente la presencia entre sus habitantes de producción agrícola para el consumo familiar y, en algunos casos, para la comercialización en muy pequeña escala. Sin embargo, la práctica del desmonte de la vegetación natural impone restricciones a la economía campesina. El olivo catamarqueño aparece como un destino importante entre los más jóvenes que, durante el resto del año, realizan tareas de desmonte en diversos puntos del interior de la provincia de Santiago del Estero y colaboran con la producción del predio familiar.
Las características de los movimientos espaciales de estos trabajadores hacen que sea muy difícil reflejar a los mismos en las diferentes estadísticas poblacionales. Por consiguiente, no aparecen en los censos y es imposible establecer el volumen de los grupos migrantes que se mueven por el país. A esto se agrega el hecho de que un trabajador puede participar en varios mercados laborales durante el año. Para el caso del Valle de Uco, informantes calificados estiman que cada año arriban entre 5000 y 6000 trabajadores procedentes de otras provincias y, en menor medida, de países limí- trofes; los procedentes de la provincia de Tucumán (en el noroeste de la Argentina) constituyen el grupo más numeroso. La actividad forestal primaria del nordeste entre- rriano genera aproximadamente 1450 puestos de trabajo, equivalentes a 313.266 jor- nales anuales, para los tres departamentos considerados (Díaz y Bardomás, 2010); cada puesto puede ser cubierto, a lo largo del año, por más de un trabajador. Se cal- cula que aproximadamente el 80% de estos trabajadores proceden de Misiones. En Pomán (Catamarca) se estima que, durante fines de enero y julio, llegan alrededor de 3000 trabajadores para emplearse en la cosecha del olivo3.
Análisis de los escenarios para el acceso al trabajo
En este apartado se presentan distintas situaciones que generan los procesos migratorios para movilizar mano de obra, tanto en mercados de trabajo nuevos como en otros con una historia más larga. También se contempla la experiencia de los trabajadores en dichos procesos. En la identificación de los dispositivos sociales se tuvo en cuenta los agentes intervinientes en origen, el tipo e intensidad de las redes presentes en cada caso, los tipos de confianza y, como resultado, la etapa en la que se encuentra el trabajador migrante (cuadro 1).
1. En un primer momento, los procesos migratorios deben crear las condicio- nes para conectar la demanda y la oferta de trabajo. En esta construcción, el poder de los lazos fuertes constituye la base principal de la movilidad (red simple). En gene- ral, la demanda edifica sobre esos lazos los requerimientos para el acceso al trabajo. De esta manera, es usual que se recurra en los espacios locales a agentes, muchas veces trabajadores, como medio para transmitir la información sobre las posibilida- des de trabajo en determinados mercados.
Si bien la información que circula reviste una alta incertidumbre sobre las características y retribuciones de la tarea a realizar, como de las condiciones de vida asociadas a la habitabilidad en el momento de la migración, la presencia de un actor local convocando para el trabajo, inscribe en esa incertidumbre un rasgo de familiari- dad que facilita la efectividad de la convocatoria. La cercanía social afiliada a atributos de parentesco, vecindad y amistad, prestigio que es vehiculizado por la demanda, es el primer mecanismo para crear las condiciones para el acceso al trabajo. Por lo tanto, son estos lazos sociales homogéneos –cara a cara– los que constituyen el principal flujo de la oferta (confianza particularizada).
La labor de este agente, por lo general, culmina con la confección de un listado de trabajadores dispuestos a realizar el trabajo; subsiguientemente suele ocurrir que los trabajadores se trasladen a una ciudad o poblado cercano en donde ya un inter- mediario, contratista o agente de la empresa será el encargado de realizar el viaje. En áreas rurales dispersas de la provincia de Santiago del Estero es usual la presencia de personas locales, en general ex trabajadores de mayor edad, que ofician como reclu- tadores, cuya función culmina con la confección de un registro de potenciales traba- jadores para la migración al olivo. Asimismo, en zonas rurales alejadas de la provincia de Misiones y cercanas a la frontera con Brasil, los conductores de remisses de laspequeñas localidades cercanas suelen comportarse también como enganchadores a instancias de los contratistas.
2. Una situación semejante a la anterior, pero con actores diferentes, se pre- senta cuando dos intermediarios, ambos residentes en destino, trabajan coordinada- mente en la movilización de trabajadores de otras regiones. Cabe hacer la salvedad que esta situación, como la primera, tiende a presentarse en mercados de trabajo en formación, donde se requiere de la masividad del reclutamiento extra local para el funcionamiento de los nuevos mercados. La búsqueda remite a regiones con ciertas particularidades: su población está familiarizada con ciertas tareas y/o producciones agrícolas y ha adquirido destrezas en ellas, o son verdaderos bolsones de mano de obra agrícola subempleada o desempleada en determinados meses del año, que nece- sita complementar el calendario anual de trabajo.
En este caso, uno de estos intermediarios viaja a los lugares de origen en busca de mano de obra; su función es encargarse de reclutar y organizar el operativo de des- plazamiento. Para realizar la convocatoria de trabajo se vale de la difusión en las radios locales, de la colocación de avisos en comercios o de otros agentes locales, etcétera. En tanto, el otro intermediario es el que se vincula con la empresa para rea- lizar el trabajo. Si bien ambos actores son necesarios, se puede observar una jerarquía desigual de los mismos; si el intermediario no consigue que la empresa lo contrate, el intermediario reclutador no es necesario. La incertidumbre para el trabajador es alta ya que no sabe cuán confiable es la información que le brinda el intermediario-reclu- tador, debido a que es un agente externo. No obstante, el predominio de una red sim- ple y la carencia de trabajo los lleva a arriesgarse, acompañados por familiares, vecinos y amigos.
Varias décadas atrás, el traslado de trabajadores tucumanos para cosechar en Mendoza, se realizaba en camiones, muchas veces sin cubierta, viajando hacinados y en condiciones de gran precariedad. En forma similar, el circuito de la forestación como el del olivo fueron organizados por intermediarios que, masivamente, se encar- gaban de los operativos de movilización, sin que existiera una selección previa de la mano de obra, dada la demanda creciente de estas nuevas actividades.
3. Una tercera instancia para el acceso al trabajo está conformada por la pre- sencia de intermediarios en origen, locales o no. Dentro de este mecanismo, los lazos de familiaridad pierden intensidad y cobran importancia los vínculos de tipo interper- sonal. Las relaciones adquieren rasgos de mayor desigualdad; el éxito del otro (inter- mediario o cuadrillero) depende de cómo se muestra y se presenta. La reputación comienza a tener mayor relevancia entre las partes. En ese sentido, el intermediario en la búsqueda de trabajadores debe hacer circular información de características más precisas, por ejemplo monto y tipo de remuneración, condiciones de alojamiento,lugar de destino, etcétera, para lo cual exige determinados compromisos del trabaja- dor (disciplina, habilidad para el trabajo, períodos fijos para realizar el trabajo). La con- fianza para acceder al trabajo se sustenta en una especie de doble inserción del reclutador en el espacio local y en el de destino. Las relaciones ‘cara a cara’ se man- tienen, pero el real funcionamiento de la red se sostiene sobre la base del cum- plimiento de las expectativas intercambiadas, en las que subyace un proceso de construcción de la confianza grupal.
En este tipo de proceso, el intermediario, en general, es contratado por las empresas en destino y, por lo tanto, los recursos que dispone para ofrecer a los traba- jadores contribuyen a reducir la incertidumbre sobre la inserción de los trabajadores, aún en niveles de confianza débiles.
En las temporadas de reclutamiento en Santiago del Estero se evidencia, espe- cialmente en áreas urbanas, una competencia entre intermediarios para captar mano de obra con cierta experiencia en las tareas del olivo. Por otra parte, al ser trabajadores que ya han realizado algunos viajes a Catamarca, demandan determinada información sobre las condiciones de trabajo y remuneración. En esta instancia comienza a tener importancia la reputación de los intermediarios.
4. Las redes sociales construidas en la migración (relaciones entre los distintos agentes que componen la demanda y trabajadores) y entre pares (los trabajadores), van reemplazado el trabajo de los enganchadores y de los sujetos enviados a origen para reunir la mano de obra necesaria. Los efectos multiplicadores o acumulativos de los desplazamientos en el tiempo, densifican y les otorgan mayor alcance a las redes migratorias, herramientas que van a ser aprovechadas tanto por los trabajadores, como por los empleadores.
Cuando se necesita incorporar nuevos trabajadores, suelen delegar responsabi- lidades de selección en los “buenos trabajadores”, es decir en los mismos migrantes. Para el intermediario-contratista o algún otro tipo de agente representante de la demanda, la conformación del equipo de trabajo según las necesidades de la produc- ción en cuestión, en cierta manera, es menos costosa, más rápida y confiable, ya que conoce al trabajador o es alguien conocido el que lo trae.
La historia de los contactos de los trabajadores y los contratistas y de los tra- bajadores entre sí, va construyendo la confianza entre las partes al interior de una red migratoria incipiente. Cuando el intermediario delega en el migrante la incorporación de nuevos trabajadores, la reputación y la responsabilidad cobran importancia; por un lado, hay que ‘quedar bien parado frente al patrón’ y el trabajador tiene que saber a quién elegir como candidato y, por otro, el incorporado no tiene que defraudar la con- fianza del compañero que lo ha recomendado.
En la forestación, los motosierristas desempeñan un rol clave en la estructura- ción de los equipos de trabajo. El contratista suele delegar en ellos la búsqueda de nuevos trabajadores, poniéndose en juego la reputación del trabajador y la confianza de la relación patrón-trabajador.
La consolidación de las relaciones trabajadores-intermediarios reduce la incerti- dumbre del trabajador en cuanto al cumplimiento del acuerdo de trabajo por parte del patrón (monto y forma de la retribución, pago del traslado, suministro del alojamiento y características de este, provisión de alimentos, etcétera). Como contrapartida, si la figura del trabajador migrante se encuentra medianamente instalada en el área de des- tino, los intermediarios suelen valorar su habilidad para realizar ciertas tareas; el estar disponible para hacer el trabajo sin importar que el traslado deba hacerse de manera repentina y preparado para soportar un ritmo intenso y sostenido de trabajo; su adap- tación a la vida en campamento en los casos que lo requieran; su disciplina, producti- vidad y falta de conflictividad, entre otras. El conocimiento entre las partes le confiere un nivel de confianza de tipo grupal; no obstante que la imagen del trabajador migrante se encuentre medianamente consolidada, la incertidumbre –aunque en menor grado– sigue estando presente en la vida laboral de este trabajador y su inser- ción se produce bajo condiciones desiguales.
5. En este escenario migratorio, trabajadores que vienen repitiendo la relación con las empresas por varias temporadas, juegan un rol decisivo en la conexión del tra- bajador con el trabajo. La principal tarea no es la búsqueda de mano de obra especí- ficamente, sino la de organizar a los trabajadores para una nueva temporada, transmitiéndoles información sobre las nuevas condiciones, inicio de la temporada, etcétera. El reclutamiento se basa en una relación de confianza entre la empresa y el trabajador, que oficia de intermediario y que garantiza no solo el volumen de trabaja- dores, como fue señalado más arriba, sino su reputación, responsabilidad y compro- miso con el trabajo a realizar.
En otros casos, los trabajadores tienen una relación establecida con determina- das empresas que realizan el contacto ya sea por telegrama o vía telefónica, avisán- doles la fecha de inicio de la temporada y las condiciones preliminares. La existencia de una red migratoria afianzada se funda sobre procesos migratorios de larga dura- ción donde la figura del trabajador migrante se encuentra consolidada.
En los tres circuitos se presentan situaciones semejantes en las que se diluye la presencia de intermediarios como reclutadores y, la organización del grupo para la migración, recae en ciertos trabajadores seleccionados por la empresa-empleador de destino.
6. En particular, en el circuito migratorio entre Tucumán y el Valle de Uco, los estados provinciales y municipales aparecen como un actor novedoso involucrado enlas actividades de enlace entre la oferta y la demanda. A través de las secretarías de empleo provinciales y los gobiernos de los municipios, en articulación con el estado nacional (Ministerio de Trabajo, Empleo y Seguridad Social de la Nación), organizaron una serie de acciones para generar mejores condiciones tanto de traslado, como de permanencia y acceso al trabajo, durante el período de la migración hacia la provincia de Mendoza. En este marco, desde el año 2007, se implementaron una serie de inter- venciones vinculadas, por una parte, a gestionar los desplazamientos de mano de obra desde Tucumán hacia Mendoza4 y, por otra, a mejorar las condiciones de vida, aloja- miento y permanencia en el lugar de destino para los trabajadores y sus familias.
Las medidas vinculadas a mejorar las condiciones del viaje se centraron en el control de los vehículos utilizados, sus habilitaciones técnicas y también la vigencia de los seguros para el traslado de personas. Asimismo, se buscó organizar el volumen de mano de obra, intentando restringir la movilización de familias con hijos pequeños y de menores de edad. Las prácticas concretas consistieron, en primer lugar, en la orga- nización y pago del traslado de Tucumán a Mendoza, por parte del gobierno tucu- mano. Las intervenciones vinculadas a mejorar las condiciones de alojamiento en destino, demandaron que las autoridades mendocinas junto con las cámaras empre- sarias involucradas, realizaran una estimación de la demanda necesaria para cada campaña, sumando la supervisión de las condiciones e infraestructura de alojamiento de los trabajadores. Estas acciones tuvieron su origen en los pedidos de los municipios receptores, al verse superada su capacidad de proveer alojamiento y servicios de salud al momento de la recepción de los migrantes.
Para hacer uso de esta red institucional, los tucumanos de las distintas áreas de la provincia, se dirigen a la Oficina de Empleo de las ciudades más cercanas a su resi- dencia o al sindicato (UATRE), para anotarse para ser trasladados y acordar la fecha del viaje.
Si bien no todos los trabajadores llegan al Valle de Uco con un contacto ya esta- blecido, la red migratoria les ha suministrado información acerca de cuáles son las localidades a las que le conviene ir y, una vez arribados, acceden a un trabajo a través de avisos en negocios o, incluso en el pico de mayor demanda de mano de obra, los intermediarios se dirigen a las terminales de transporte para contratar a los recién lle- gados. En estos casos, la confianza entre las partes es débil, ya que no media la expe- riencia del contacto.
7. En este escenario se observa la circulación de trabajadores desde el lugar de origen al de destino que, producto de la consolidación del sistema migratorio en el que participan, no hacen uso concreto de las redes migratorias disponibles. Los traba- jadores se movilizan a destino disponiendo de la información necesaria para acceder al empleo, pero sin utilizar los sistemas de intermediación y vínculos analizados en los casos anteriores. Ello no significa que no utilicen la información que circula dentro y fuera de las redes; es más, ese sistema instituido permite enlaces entre trabajadores aun con residencia en distintas zonas geográficas. La confianza es generalizada, pro- ducto de años de comunicación entre los territorios de origen y destino. El cono- cimiento sobre las diferentes tareas, las formas de acceso, los sistemas de pago, las estrategias de resistencia frente a situaciones de conflicto y las condiciones de vida en el lugar de destino, forman parte de los saberes que poseen. Estas experiencias hacen que el vínculo directo con las redes no sea estrictamente necesario para conse- guir un trabajo, mantenerlo o rotar por diversos empleos durante el ciclo migratorio. Sin embargo, es preciso señalar que esa circulación se sustenta sobre una red migra- toria ya establecida. Asimismo, este tipo de escenario se corresponde con la figura de un trabajador estacional consolidado, producto de una experiencia colectiva cons- truida a lo largo de los años.
Ciertos trabajadores, con una trayectoria migratoria de sucesivas temporadas en el Valle de Uco (Mendoza) y en Pomán (Catamarca), han logrado un conocimiento del lugar y de sus oportunidades de empleo. Todos los años, llegan para la misma época a las distintas localidades, a una finca en particular o a una empresa; a las inserciones pueden acceder a través de un cuadrillero con el que ya han establecido una relación más o menos perdurable, a través de un familiar que ha servido de nexo con el encargado de una finca o bien disponen de experiencia de trabajo con distintos contratistas del área.
En síntesis, los escenarios presentan una reconstrucción conceptual de las maneras de vinculación entre el territorio de origen y el destino de trabajo; de modo tal que, cada escenario conforma una situación diferente de acceso. La riqueza y com- plejidad de las relaciones sociales observadas en cada uno, no permiten establecer la correspondencia exacta entre un tipo de escenario y un circuito migratorio. Aquellos donde la construcción del trabajador migrante se encuentra en su comienzo o en pro- ceso de consolidación, pueden ser más representativos del circuito migratorio oliví- cola y forestal. En Mendoza, uno de los destinos migratorios más tradicionales de la Argentina, son más frecuentes los escenarios de consolidación del trabajador migrante y de redes migratorias afianzadas; no obstante, pueden encontrarse situa- ciones de confianza particularizada y con predominio del acceso a través de redes simples, aun en un circuito históricamente instalado.
Por último, más allá de la yuxtaposición de los circuitos en cada escenario, es importante destacar la cuestión de la experiencia migratoria de los trabajadores. Esta experiencia que se va construyendo a lo largo de los viajes, también puede ser subsu- mida en los tipos de dispositivos presentados, ya que el mismo trabajador puede cir- cular –según su historia particular– por diferentes escenarios. Así por ejemplo, los trabajadores que ofician de reclutadores u organizadores de los equipos de trabajo (escenarios 4 y 5) han comenzado su trayectoria como migrantes en determinado cir- cuito, atravesando las primeras situaciones de acceso al trabajo (escenario 1 y 2).
| ACTOR | DISPOSITIVOS SOCIALES | RESULTADO | |
| Origen | Red | Tipode confianza | Trabajador migrante |
| 1. Enganchador (local) | Simple | Particularizada | En su comienzo |
| 2. Enganchadore Intermediario (no locales) | Simple | Particularizada | En proceso |
| 3. Intermediario (local o no local) | Interpersonal | Grupal | En proceso |
| 4. Trabajador | Migratoriaincipiente | Grupal | En consolidación |
| 5.Trabajador | Migratoriaafianzada | Generalizada | Consolidado |
| 6. Oficina de empleo y sindicato | Institucional | Generalizada | Consolidado |
| 7. Sin agentes reclutadoresy/o de intermediación | Migratoriaafianzada | Generalizada | Consolidado |
Conclusiones
En este trabajo se representaron analíticamente los dispositivos que median entre el migrante y su inserción en mercados de trabajo en destino, teniendo en cuenta que las prácticas migratorias se construyen y reconstruyen continuamente,permitiendo su actualización. El estudio de los dispositivos presentados permitió com- prender, en clave analítica, cómo se construye socialmente el acceso al trabajo de los migrantes en los tres circuitos migratorios estudiados.
Más allá de las especificidades que deben resolver estos procesos para la cone- xión entre una demanda y una oferta distantes espacialmente, esa articulación exige un reconocimiento mínimo entre las partes, que se edifica sobre diferentes dispositi- vos sociales que legitiman la movilidad. Ahora bien, estos adquieren distintas formas e intensidad –bajo las relaciones de redes– que se representan según la antigüedad de los circuitos, los requisitos del trabajo a realizar y la estadía en destino, como elemen- tos centrales de la negociación en estos mercados de trabajo.
Se identificó que, cuando los mercados se inician, el entramado de los lazos simples constituye el principal medio para vehiculizar la demanda; la ausencia de información previa sobre el destino es compensada con la familiaridad de los actores que componen cada una de las partes. A medida que la información va instaurando una experiencia acumulativa a través de las sucesivas temporadas, se complejizan los lazos sociales. Aspectos tales como el prestigio de los trabajadores y la oferta de recursos tangibles para la inserción (aspectos normativos formales e informales) van originando una red migratoria que va dejando atrás la predominancia de los lazos fuertes, generando diferentes escenarios que reducen la incertidumbre y van consoli- dando el grupo social del trabajador migrante.
En esta línea, es fundamental comprender la intervención y densidad de las redes que los trabajadores van construyendo en el devenir del vínculo entre los terri- torios de origen y destino. De este modo, adquieren herramientas que les permiten fortalecer, en parte, su posición en el sistema migratorio. A la vez, un sistema de nor- mas formales e informales que cimientan a estos escenarios, naturaliza el proceso de constitución de una fuerza de trabajo socializada en la precariedad.
Los intermediarios asumen diferentes características que pueden ir desde el clásico “enganchador local” hasta figuras más complejas. Se destaca también el papel de ciertos trabajadores que cumplen una doble funcionalidad, con la empresa y con sus pares. Otro componente central que acompaña y sostiene los lazos sociales son los niveles de confianza que los trabajadores van adquiriendo a lo largo de sus experien- cias migratorias.
La construcción de este colectivo es un proceso mutuamente condicionado por las prácticas de los migrantes y por quienes los reclutan y contratan, y donde los migrantes refuerzan la noción dominante de los atributos que deben reunir para su buen desempeño en esos mercados.
Por último, hay que señalar que en este trabajo se analizó, dentro del complejo sistema de las migraciones, el proceso de conexión del migrante con el trabajo fuerade su lugar de residencia; este sujeto particular atraviesa distintas instancias, que van desde cuestiones particulares hasta cuestiones más estructurales, en la construcción de su condición de trabajador migrante.
Agradecimientos
Los autores desean dejar constancia de su agradecimiento a los evaluadores de este trabajo. Este artículo se realizó con la información recopilada en una investiga- ción más amplia, en el marco del proyecto “El trabajo migrante transitorio en la Argentina”, dirigido por Guillermo Neiman, y financiado por la Agencia Nacional de Promoción Científica y Tecnológica de la Argentina (Ministerio de Ciencia y Tecnología), en el Centro de Estudio e Investigaciones Laborales (CEIL-CONICET).
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