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¿Artesanía o cazador tras la huella?. Reflexiones para el análisis cualitativo de datos
The artisan or the hunter behind the footprints. Reflexions on the qualitative analysis of data
¿Artesanía o cazador tras la huella?. Reflexiones para el análisis cualitativo de datos
EMPIRIA. Revista de Metodología de las Ciencias Sociales, núm. 40, pp. 65-83, 2018
Universidad Nacional de Educación a Distancia
Recepción: 11/09/2017
Aprobación: 24/04/2018
Resumen: En las ciencias sociales se generan debates metodológicos que contribuyen a las formas de comprender la investigación social. En este ensayo se discute el modo de entender el rol del investigador frente a la aproximación y análisis del objeto/sujeto de estudio. El objetivo es cuestionar el uso de la metáfora del investigador como artesano. Esta imagen aparece en los años 50 para explicar la creatividad que requiere el proceso de investigación y análisis cualitativo de datos. Sin embargo, la metáfora del artesano representa una aproximación deductiva del investigador al sujeto/objeto de estudio. Por el contrario, el análisis cualitativo está orientado por procedimientos inductivos. Entonces, se propone la metáfora del cazador tras la presa, como un recurso con consistencia paradigmática y epistemológica que aporta a la comprensión y formación en investigación cualitativa.
Palabras clave: ciencias sociales, análisis cualitativo, método inductivo, paradigma indiciario.
Abstract: Within the social sciences, methodological debates contribute to the understanding of social research. This paper discusses one way of understanding the role of the investigator in relation to the approach and analysis of the object/subject of study. The objective is to question the use of the researcher's metaphor as a craftsman. This image appears in the 1950s in order to explain the creativity required by the research process and qualitative data analysis. However, the artisan's metaphor represents a deductive approximation of the researcher to the subject/object of study. On the contrary, the qualitative analysis is oriented by inductive procedures. The metaphor of the hunter after the prey is then proposed as a resource with a paradigmatic and epistemological consistency that contributes to the understanding and training in the qualitative research.
Keywords: social sciences, qualitative analysis, inductive method.
1. INTRODUCCIÓN1
En la investigación en Ciencias Sociales, el análisis de datos es una práctica basada en diversos posicionamientos epistemológicos, enfoques disciplinarios, y procedimientos metodológicos, que a su vez derivan de escuelas de pensamiento que intentan responder a la complejidad de la realidad social. A pesar de esta diversidad, se acepta el consenso que sitúa al análisis de datos cualitativo como una creación rica en perspectivas y modos de reflexionar sobre el objeto de estudio.
Dentro de la diversidad de formas de interpretación sobre el oficio del investigador cualitativo, cabe destacar entre ellas imágenes como: científico, naturalista, trabajador de campo, periodista, crítico social, artista, actor, músico de jazz, cineasta, tejedor de colchas (quilt maker), ensayista. En definitiva, el investigador como bricoleur como aquella persona que ensambla imágenes en montajes (Denzin y Lincoln, 2005).
En este mismo sentido también hay consenso en otorgar el estatus de arte o artesanía al proceso de trabajo con los datos (Taylor y Bogdan, 1986; Eisner, 2001; Collins, 1992; Knoblauch, 2007; Breuer y Schreier, 2007; Canales, 2006, 2014), y el analista un artesano que trabaja sobre una pieza que una vez moldeada, permitirá contemplar reflexivamente la realidad social. Junto a esto, hay una imagen que asocia la calidad de un investigador a la capacidad artesanal que muestra para aproximarse a los fenómenos de estudio (Barriga y Henríquez, 2004). Entonces, se entiende que la investigación cualitativa, y por tanto el análisis, es un oficio que implica el dominio de modos artesanales que contribuyen a una buena práctica investigativa.
Sin lugar a dudas, la realidad sociocultural, en particular la vida cotidiana es el espacio sobre la cual el investigador-artesano produce el conocimiento científico. Es decir, si se ingresa en la lógica de la metáfora del artesano, es posible pensar que los fenómenos particulares de la vida cotidiana representan el material (trozo de madera o de piedra) sobre el cual se despliega el oficio artesanal experto. Al tener en mente esta idea se concluye que el analista es el artesano que observa la pieza, la modela, y comienza a aparecer ante sí la forma que ha tenido en mente desde el momento en que fijó su interés sobre el material de trabajo.
La lógica relacional que se observa en la metáfora del artesano (relación artesano-material), supone una relación de naturaleza deductiva por cuanto prima la idea de una figura pre-concebida (resultados) en la mente del artesano. Por el contrario, en una relación inductiva, la figura (o resultados) va a-pareciendo desde una lógica fenomenológica, tradición sobre la cual la investigación cualitativa hunde sus raíces (Schütz y Luckmann, 2003; Mansilla, 2016).
Volviendo a la idea del análisis cualitativo como un proceso artesanal, es decir un oficio en donde existe una relación entre el artesano y el material, surge la siguiente pregunta: ¿el análisis de datos cualitativo entendido como una actividad artesanal es verdaderamente orientado por una actitud inductiva del artesano (investigador-analista)?, o ¿existe en el artesano (investigador-analista) una construcción previa que contiene la forma que adquirirá el material sobre el cual trabaja?. Esto último da lugar a pensar que la práctica de análisis de datos cualitativos está orientada por lógicas relacionales con los datos, que imprimen un sentido deductivo a los resultados. En consecuencia, estos resultados aspiran a una objetividad que desprovee a la realidad de la acción social y simbólica de sus actores. En efecto, operan grandes premisas teóricas que se superponen a los valores, motivaciones y emociones en la vida cotidiana. En cambio, el abordaje inductivo sugiere emprender la tarea investigativa desde las propias prácticas, discursos e interacciones sociales, por lo tanto hay una orientación desde el sujeto y su mundo.
Lo anterior no quiere decir que el debate inductivo-deductivo, asociado comúnmente a métodos cualitativos y cuantitativos, sea el único posible. Por el contrario, el campo de la reflexión en ciencias sociales está abierto y avanza hacia alternativas analíticas como por ejemplo el razonamiento o inferencia abductiva (Verd y Lozares, 2008; 2016) que tiene su origen en el pragmatismo americano (Pierce, 1934). Sin embargo, el propósito de este trabajo no es abordar la naturaleza del razonamiento abductivo en la investigación social. De todos modos, se espera continuar esta tarea en un siguiente trabajo sobre todo porque el razonamiento abductivo está orientado al descubrimiento de hipótesis, conceptos y teorías, con el objeto de elaborar un marco interpretativo mayor (Verd y Lozares, 2008; Glaser y Strauss, 1967; Trinidad, Carrero y Soriano, 2006; Andréu, García-Nieto y Pérez Corbacho, 2007). Se trata de transitar desde la observación de ciertos casos a la sospecha de un principio general explicativo sobre ellos (Beuchot, 1998). En este punto, el razonamiento abductivo tiene mucho en común con la Teoría Fundamentada. Por lo tanto, esta convergencia merece un análisis específico con ejemplos concretos de su aplicación.
En los esfuerzos para interpretar el oficio del investigador y los análisis propios de la actividad, el uso de metáforas en el ámbito de las ciencias es clave por cuanto tiene una función cognoscitiva que vincula la abstracción con la vida cotidiana (Lakoff & Johnson, 1986). Las metáforas permiten conceptualizar, organizar, crear y recrear la realidad. No obstante, es necesario revisar y cuestionar la adecuación de algunas metáforas al contexto epistemológico en el que aparecen. En este sentido, es fundamental ejercer vigilancia epistemológica sobre las construcciones que hacemos de la realidad. De acuerdo a Bourdieu, Chamboredon y Passeron (2002: 27) “…la vigilancia epistemológica se impone particularmente en el caso de las ciencias del hombre, en las que la separación entre la opinión común y el discurso científico es más imprecisa que en otros casos”. En efecto, la metáfora tiene influencia en la formación del conocimiento en las personas. Más allá de la situación lingüística de la metáfora, ésta tiene una importancia en las concepciones del mundo de las personas.
La metáfora es una sumatoria de saberes y relaciones que le otorgan el estatuto de representar la realidad. Estos saberes y relaciones posibilitan la comprensión de fenómenos abstractos que no son del todo objetivables, por ejemplo, la muerte explicada como un viaje. Sin embargo, las construcciones metafóricas no son sólo un recurso estilístico utilizado para embellecer el discurso, sino que también sirven para comprender las experiencias de mundo que cada persona tiene. Operan como dispositivos cognitivos para la solución de problemas, formación de pensamiento y apropiación conceptual de la realidad circundante (Fajardo, 2005).
Los argumentos que sustentan este ensayo surgen desde la recopilación de discusiones, apuntes de clases y talleres en el marco de la formación de posgrado en metodología de la investigación en Ciencias Sociales. Por lo tanto, sin duda los planteamientos expuestos en este trabajo interpretan las inquietudes que estudiantes de maestría y doctorados tienen en sus procesos investigativos.
En atención a lo descrito, se reflexiona sobre el análisis de datos cualitativo pensando desde y más allá de la metáfora del artesano. Ciertamente, ya existe un campo metafórico que ha aportado a la comprensión del oficio del investigador social. Por ejemplo, la metáfora de la colcha tipo patchwork (coser retazos) empleada por Saukko (2000), y que implica coser retazos de relatos de diversos sujetos de acuerdo con un enfoque dialógico. También para analizar el rol del entrevistador Kvale (2011) emplea la metáfora del investigador como minero. El uso de esta metáfora destaca la labor de extracción del material, lo cual grafica una posición de intervención instrumental desde la entrevista. Por el contrario, Kvale (2011) también propone la metáfora del entrevistador como viajero. Esta imagen sitúa al investigador como un testigo de la realidad que luego de realizado el viaje, regresa para relatar lo que presenciado.
En consecuencia, se propone la revisión de una nueva metáfora: la del cazador tras la presa, dado que interpreta el sentido inductivo característico en el análisis cualitativo de datos. En este sentido, la metáfora del cazador tras la presa releva la sensibilidad del olfato investigativo para captar rastros durante el proceso de trabajo de campo y análisis de los datos. Ciertamente, en investigación cualitativa la colección y análisis de datos se dan en un continuo (Glasser y Strauss, 1967, Strauss y Corbin, 2002; Flick, 2012, San Martín, 2014). Un ejemplo que grafica la capacidad de rastreador de huellas del investigador durante el proceso de colección y análisis de datos es el trabajo realizado por Huerta-Mercado (2014). Aquí se deja ver la metáfora del cazador tras la presa, y por consiguiente, la idea de huella e indicio como parte del proceso para el análisis de la vida social.
2. INTERDEPENDENCIA INVESTIGADOR-ANÁLISIS
A diferencia de otras posturas paradigmáticas y epistémicas, como por ejemplo el positivismo, en la práctica de la investigación cualitativa la participación del investigador es necesaria para el proceso de investigación. Es decir, desde las formas de ver el fenómeno, las decisiones metodológicas, y hasta el modo de relacionarse con los sujetos investigados, el investigador cualitativo es una figura fundamental para el éxito de la investigación.
El investigador cualitativo está constantemente enfrentando decisiones a partir de las eventualidades que se presentan en el campo de estudio (Ruiz-Herrero, 2016). Estas decisiones se van tomando a medida que el proceso de investigación marcha, y son posibles gracias a actitudes y/o capacidades como por ejemplo: la sensibilidad teórica (Glasser y Strauss, 1967) del investigador experimentado. De acuerdo con Strauss y Corbin (2002), la sensibilidad teórica es la capacidad para orientar y reorientar el proceso de investigación y análisis con la finalidad de teorizar sobre los datos.
Procedimientos de análisis como: la sensibilidad teórica, método de comparaciones constantes, inducción analítica, triangulación y saturación; comúnmente no forman parte de la discusión metodológica, ni tampoco de la formación en análisis cualitativo. Esto provoca que, en general, haya un vacío en el análisis de datos cualitativos (Schettini y Cortazzo, 2015), que es llenado por una reproducción intuitiva de las prácticas de análisis. Justamente, el análisis cualitativo representa la caja negra de la investigación social (San Martín, 2014).
Se debe tener en cuenta que el análisis cualitativo merece especial atención debido a la estrecha relación del investigador con los datos. Esto significa que el investigador y los datos están vinculados, y en este sentido toda teoría asociada al estudio, está a la espera de las construcciones y reflexiones analíticas que resulten durante y al final del proceso analítico: “[…] la prioridad no corresponde a la teoría, sino al contacto directo con la situación en estudio” (Mansilla, 2016: 42). El vínculo directo con los datos es el que otorga el estatus de oficio a la práctica analítica en la investigación.
Analizar cualitativamente los datos es similar a construir una casa propia o un traje a la medida, con la salvedad que es el mismo investigador quien participa en la construcción de esa casa, o en la confección de ese traje, por tanto, el investigador-analista asumirá el oficio de constructor o sastre. Siguiendo esta analogía, aunque existan principios generales de construcción (análisis), no hay dos arquitectos que trabajen de la misma forma y no hay dos propietarios con las mismas necesidades. De esta manera, las soluciones a los problemas en la ejecución del oficio siempre tendrán que ser improvisadas (Becker, 1993), y en respuesta a la ruta que delimita la realidad estudiada.
Es importante considerar la intersubjetividad presente en la relación analista-datos-participantes, como una situación que permite captar el deambular de los eventos que requieren ser analizados. Esta dimensión intersubjetiva forma parte de una construcción social que es compartida. En el caso dela interacción investigador-datos ocurre sobre todo en la aplicación de técnicas como la triangulación Denzin (1970) o el método de comparaciones constantes (Glaser y Strauss, 1967). En cambio, en la interacción entre investigador y sujeto, pero también entre sujetos, la dimensión intersubjetiva se hace presente mediante entrevistas y grupos de discusión (Ibañez, 1986). Esta dimensión intersubjetiva forma parte de la experiencia del investigador con los datos, y dota de identidad al trabajo intelectual. Desde esta perspectiva, el investigador pone en marcha sus experiencias y conocimientos, y los coloca al servicio del proceso de análisis. Oakley (1994: 32, en Valles, 1997: 340) sostienen que “[...] la escritura y el análisis comprenden un movimiento entre lo tangible y lo intangible, entre lo cerebral y lo sensual, entre lo visible y lo invisible”. En consecuencia, el análisis cualitativo de datos es un trabajo único que requiere no sólo de saberes técnicos, sino que por sobre todo del olfato sensible que el investigador analista tiene sobre la realidad.
3. ARTESANÍA INTELECTUAL EN LA PRÁCTICA DE INVESTIGACIÓN
La metáfora del artesano fue descrita por Wright Mills en su obra La imaginación sociológica publicada en 19592. En este tratado se desarrolla una crítica hacia las orientaciones estructurales funcionalistas que predominaban en la investigación social. Además Mills sospecha del peligro que representaba el psicologismo en la investigación social. Esta sospecha se fundaba en las explicaciones que la psicología realizaba acerca de las conductas del individuo, pero desvinculándolas de la vida cotidiana. Por consiguiente, se sostiene la necesidad de incorporar en los análisis de la realidad individuo-sociedad, las dimensiones sociales, biográficas e históricas (Mills, 1959).
Las críticas descritas en La Imaginación Sociológica tienen como corolario un decálogo de rigor ético y metodológico para los investigadores. Estas consideraciones intentan convencer de la necesidad de asumir la producción intelectual como un oficio, con la finalidad de superar la mera reproducción técnica. Al respecto Wright Mills insiste en ir más allá del conocimiento técnico para atender a una nueva construcción metodológica producto de la experiencia y creatividad del investigador:
Sed buenos artesanos. Huid de todo procedimiento rígido. Sobre todo, desarrollad y usad la imaginación sociológica. Evitad el fetichismo del método y la técnica. Impulsad la rehabilitación del artesano intelectual sin pretensiones y esforzaos en llegar a serlo vosotros mismos. Que cada individuo sea su propio metodólogo; que cada individuo sea su propio teórico; que la teoría y el método vuelvan a ser parte del ejercicio de un oficio (Mills, 1959: 233).
El oficio del trabajo intelectual implica la construcción del sí mismo, es decir a medida que el investigador perfecciona su trabajo construye una identidad como investigador. Para emprender esta construcción identitaria Mills recomienda no temer en “…emplear vuestra experiencia y relacionarla directamente con el trabajo en marcha” (Mills, 1959: 207). En cierto modo, la práctica del investigador social se enfrenta al dilema de la técnica y la innovación. La innovación entendida como el resultado del conocimiento del oficio, y la técnica como resultado del conocimiento técnico asimilado y reproducido. De igual manera, Barriga y Henríquez (2004) señalan que la actitud de artesano en relación a los problemas de la investigación garantiza mejor calidad en el trabajo que el dominio de conocimientos técnicos. En cambio, mediante la actitud técnica simplemente se aplica un método, no necesariamente porque es el más indicado, sino porque es el más conocido, o el de mayor popularidad.
En el contexto del constructo artesanía intelectual surge la metáfora del artesano para dar cuenta de un habitus (Bourdieu, 2000) de investigación que propone superar la racionalidad instrumental del método. Desde esta lógica, se entiende una estructuración del orden de las prácticas y las representaciones en torno a la investigación entendida como artesanía. Para tal efecto, la metáfora del artesano ha tenido influencia en la formación de investigadores y de la argumentación disponible respecto a la aproximación al objeto/sujeto de estudio. Por esta razón, ha sido utilizada para explicar el modo de analizar y producir resultados:
El investigador, a la manera de un artesano moderno, realiza cada una de las operaciones destinadas a la producción científica de una manera directa y personal. Imprime su propio sello individual a su trabajo. La investigación final que entrega no es un trabajo en serie ni resultado de una producción en cadena, es un quehacer totalmente personal, una obra original, una creación “hecha a mano”, distinta no sólo de los estudios hechos por otros investigadores, sino de otros llevados a cabo por él mismo (Sánchez, 2014: 29).
En términos formativos se propone un modo artesanal de enseñar la investigación, caracterizado por la comunicación directa entre maestro y aprendiz. Siguiendo esta lógica, la investigación se aprende junto a otro más experimentado, quien muestra cómo investigar, y el aprendiz imita y repite los procedimientos y operaciones del maestro artesano (Sánchez, 2014). El principio pedagógico de esto sostiene que los saberes prácticos se aprenden practicando e imitando a otro, quien tendrá el deber de corregir y orientar un proceso de aprendizaje artesanal.
Ahora bien, es necesario pensar críticamente la metáfora del artesano como un habitus (Bourdieu, 2000) que contribuye a situar los intereses creativos del artesano, por sobre una epistemología del descubrimiento. Es decir, el artesano como mente creadora puede imponer construcciones mentales (teóricas, metodológicas y empíricas), que hagan sombra a las realidades emergentes del escenario de investigación. En este caso, no habría lugar al descubrimiento de pistas o indicios presentes en toda realidad social, y que sirven para orientar el proceso de investigación. En efecto, seguir pistas, indicios y/o huellas da cuenta de la flexibilidad de los métodos y del carácter inductivo de la investigación social, tal como opera un cazador cuando emprende la tarea de encontrarse con la presa.
4. PARADIGMA INDICIARIO
La base epistemológica para la propuesta de la metáfora del cazador se encuentra en el paradigma indiciario (Ginzburg, 2000) propuesto por Carlo Ginzburg en su obra El queso y los gusanos publicada en 1976. En esta obra se observa interés por lo subalterno, por la experiencia práctica del individuo en la vida cotidiana. Desde el punto de vista metodológico, el paradigma indiciario (Ginzburg, 2000) da paso a la microhistoria, y fundamenta el enfoque biográfico en el método cualitativo. El paradigma indiciario (Ginzburg, 2000) aloja un método cuya finalidad es descubrir enclaves para reconstruir formas de vida con pocos rastros o evidencias de su pasado (Jiménez, 2013).
El paradigma indiciario (Ginzburg, 2000) refiere a un modo alternativo de analizar la realidad social. Principalmente porque se admite la importancia que poseen los discursos marginales de sujetos con roles secundarios en la historia y la sociedad. No obstante, la generalización es difícil y arriesgada, más que comprender una mentalidad colectiva, se aportan elementos para entender la cultura popular (Lorenz, 2007).
De acuerdo a Ginzburg (2004) el paradigma indiciario (Ginzburg, 2000) ingresa a un mundo paralelo que no es captado por la investigación predominante:
Mediante este método se penetra más allá de los testimonios habituales y de los discursos tradicionales, para lograr atrapar el elemento dialógico, subyacente en todos los testimonios y discursos y a través de este mismo elemento y de otra serie de procedimientos oblicuos, indirectos, indiciarios y a contrapelo, acceder igualmente y de alguna manera a esa misma cultura de las clases subalternas, pero vistas y reconstruidas desde su propio punto de vista, desde la posición y la percepción misma de los perseguidos y de las víctimas (Ginzburg, 2004: 35).
El paradigma indiciario (Ginzburg, 2000) visita el pasado, el presente y el futuro. Al modo de una experiencia de cacería, se revisitan las huellas que deja la presa (Ginzburg, 2011). Entonces, la atención del investigador no debe centrase (exclusivamente) en las características más llamativas y atractivas al sentido común. Por el contrario, es necesario examinar detalles, datos marginales a los cuales el ojo del científico social no está acostumbrado a inspeccionar. Este tipo de datos son “[…] dispuestos por el observador de modo tal que puedan dar lugar a una secuencia narrativa, cuya formulación más simple podría ser: alguien pasó por allí” (Ginzburg, 2011: 144).
Los datos marginales están compuestos de huellas que remiten a alguien que normalmente también es marginado (excluido socialmente). En principio son datos de importancia limitada para el investigador. Representan “…zonas de sombra…”, poco visibles, pero que contribuirán a nuevas reflexiones, y que “…forman parte de nuevas piezas para el rompecabezas social” (Ruiz-Herrero, 2016: 84).
Kendall (2007) sostiene que al igual que un detective investiga un crimen, el investigador debería estar atento a pistas. En este sentido, muchos investigadores podrían tener más tiempo para interrogar datos preexistentes que nos rodean. Documentos como declaraciones objetivas; informes oficiales, cartas privadas y fotografías. Pero también fuentes culturales, incluidos edificios, canciones, obras de teatro y novelas, que son subjetivas y producidas socialmente (MacDonald, 2006). Precisamente, Webb, Campbell, Schwartz & Sechrest, (1966), apuestan por métodos observacionales no intrusivos para conocer el patrón habitual de conducta, sin tener que recurrir necesariamente al testimonio. Se trata de una propuesta que intenta transitar al margen de la dimensión discursiva de las personas, evitando de esta manera posibles sesgos motivados por intereses personales e institucionales (Lee, 2000). Más bien se plantea que en sus acciones e interacción social cotidiana las personas dejan rastros físicos, “huellas” que permiten al investigador social explicar y comprender tanto sus acciones como las estructuras que producen y reproducen en el curso de sus vidas (Scott, 1990; Jaume y Garrigós, 2017).
Desde una perspectiva filosófica, en este caso el marginado, Lévinas se refiere a ellos como los Rostros sin mundos. El Otro es aquel sin protección: viudas, huérfanos, exiliados, emigrantes, apátridas, extranjeros, indígenas, pobres, campesinos, pescadores artesanales. Con esos sin – a los que se podría decir los privados de libertad o de razón, y son aquellos que forman parte de la realidad social en donde se mueve el investigador cualitativo. En otras palabras, el analista se mueve en un mundo de marginados socialmente, y en este ámbito no debe pasar por alto, en términos metodológicos, lo marginal de ese mundo. Es decir, la marginalidad de la marginalidad (como experiencia y contexto) debe representar el escenario ético, político y metodológico del investigador.
Al margen está la huella, la cual es el índice (índica algo, lleva a un Otro) discreto en el mundo socia. La huella representa algo desenraizado, al margen de todo presente. El propio concepto de huella originaria se desmantela por sí mismo, pues “[…] si todo comienza por la huella, lo que no hay de modo alguno es huella originaria” (Derrida, 1967: 90). En consecuencia, para la investigación la huella pasa desapercibida en el mundo de la vida cotidiana.
Produce huella, lo que trasciende el mundo, en cierto modo, la huella viene, nos encuentra y alcanza. Con ello defiende Lévinas (1973) lo humano contra toda pretensión objetivadora, contra toda reducción a mero fenómeno que pudiera ser fundamentado en una totalidad.
De acuerdo a Strasser (1979) la huella no es una categoría epistémica dotada de mensurabilidad, no hay experiencia de una huella, porque la experiencia siempre tiene una presencia por objeto. Entonces, cómo abordar metodológicamente la huella, puede ser mediante una ética de la investigación, en donde exista un encuentro entre investigador y sujeto investigado.
5. HACIA LA METÁFORA DEL CAZADOR
La palabra investigar proviene del latín investigare, que a su vez deriva del término vestigium que significa en pos de la huella de, es decir ir en busca de una pista, seguir los restos de algo o alguien. Entonces investigar es ser atraído por el vestigio (García, Alvira, Alonso, & Escobar, 2015) que deja un sujeto, o una comunidad en el contexto de un fenómeno particular. Sin embargo, Ibañez (1990) va más allá y sostiene la idea de un entramado de vestigios. Es decir en la investigación social al mismo tiempo que el investigador emprende la búsqueda de huella, también él deja sus propias huellas impresas en la búsqueda. Entonces, para Ibañez (1990) el sujeto no se puede concebir separado del objeto, por cuanto imprime sus huellas sobre él.
La experiencia que emprende un investigador cualitativo durante el trabajo de campo, puede asimilarse a las situaciones que vivencia un cazador. Al igual que el cazador, el investigador debe ir tras huellas, señales e indicios que deja la presa, y que sirven de información relevante para tomar decisiones sobre el análisis de datos. Por ejemplo, sobre las temáticas a profundizar y/o relacionar, así mismo espacios y/o personas que merecen mayor tiempo de observación. Las huellas informan al cazador las características físicas, rumbo y otras claves interpretativas que le permitirán tomar decisiones precisas para llegar a la presa.
Continuando con el oficio de la caza, el cazador es quien se identifica con el deseo de buscar huellas e indicios que lo lleven a la presa. Al igual que la flexibilidad y sensibilidad que identifica a un investigador cualitativo, el cazador se construye así mismo en el proceso de cacería, y en este proceso encuentra su identidad. Acerca de esto Zulaika sostiene que:
[…] el cazador es, performativamente, su persecución ciega de un objetivo, y subjetivamente, la estructura de su deseo. Para el cazador que se juega su suerte y su ser más íntimo ante el animal salvaje, la caza es la prueba suprema de todo su conocimiento y su deseo (Zulaika, 2008: 252).
La metáfora del cazador representa el sentido del análisis cualitativo de datos en tanto búsqueda de pistas en los discursos, acciones y testimonios de las personas. Esta metáfora también representa el conocimiento que el investigador debe tener del contexto y la experiencia de los sujetos. Así, el investigador estará en condición de interpretar los proyectos, emociones y motivaciones de los sujetos. Este conocimiento permite al investigador posicionarse intersubjetivamente con las personas y lograr su confianza. En este sentido, la caza interpreta un compromiso ético y empático del investigador por cuanto está presente el respeto sobre el animal (Sánchez, 2006)3.
Por su parte, en el análisis con los datos el investigador no sólo debe estar atento a las huellas del lenguaje verbal en los datos, sino que también a otras señales aún más marginales, como por ejemplo, formas, íconos, naturalizaciones resultadas del sentido común, gestos y entonaciones que también comunican algo, y que normalmente se desechan en el análisis cualitativo de datos. Se trata de una actitud vigilante durante el trabajo de campo, pero también en el trabajo con los datos. Naturalmente mediante la metáfora del cazador también se enseña al investigador a estar atento a señales no verbales, por ejemplo en una situación de observación; al lenguaje gestual de los sujetos que supone poner los sentidos en atención al contexto y el sujeto:
La estrategia es el silencio, la paciencia, tiene los sentidos alerta, atento a cualquier sonido, a cualquier movimiento; intenta fundirse con el entorno para pasar desapercibido no esperando que llegue el animal sino atento a su llegada, es decir, buscando su presencia (Sánchez, 2006: 3).
Efectivamente el investigador cualitativo debe leer rastros que las personas dejan, son huellas de subjetividad que indican sus movimientos prácticos, preferencias, racionalidades, en definitiva, el sedimento de la vivencia subjetiva de la vida cotidiana. A su vez, las huellas refieren a datos marginales (aparentemente sin mayor importancia) que pocas veces son considerados en las investigaciones. Esto se debe al predominio de datos abrumadores propios de la racionalidad instrumental en la práctica de la investigación (Strasser, 1979).
Los datos marginales se refieren a detalles normalmente son obviados por observadores o cientistas sociales nóveles. En consecuencia, la observación y descripción de la realidad es parcial, lo cual excluye situaciones que pueden aportar a comprender la complejidad de la experiencia de las personas. Pero también, la omisión de datos marginales (sin importancia aparente) contribuye a la fragmentación de la complejidad, en tanto forma de aproximarse al fenómeno de estudio.
Desde lo anterior, se plantea repensar el paradigma simplificador que impera en la racionalidad científica. Para esto es necesario replantear los aportes de un paradigma que vincule dimensiones micro-macro, individual-colectivo, subjetividad y contexto objetivo de la realidad4. Para esto es necesario un método que ponga atención al indicio, la señal o huella constituyente de la subjetividad que se desprende del ámbito biográfico del sujeto (Ferrarotti, 1991; Pujadas 2002; Sanz, 2005; Robreti, 2012).
6. TRAS LA BÚSQUEDA DE INDICIOS: ETNOGRAFÍAS DE CABARET
Para efectos de representar la aproximación inductiva, y por lo tanto graficar la metáfora del cazador, se recurre a pasajes de la investigación de Huerta-Mercado (2014)5. No obstante, existen trabajos clásicos que han propuesta aproximaciones desde datos marginales mediante técnicas de análisis como el método comparativo constante (Glaser & Strauss, 1967), donde se establecen comparaciones entre las propiedades y dimensiones de los datos durante todo el proceso de investigación. En el caso de Huerta-Mercado, la investigación se titula Etnografías de cabaret, en donde el autor empleó una observación de tipo etnográfica que se orientó por indicios que le llevaron a comprender en profundidad la vida de mujeres que se emplean en un cabaret. Esta investigación se realizó en Lima, Perú, el objetivo fue aproximarse a las vedettes peruanas y sus imágenes en tanto éstas reflejan significados en torno a género, etnicidad y clase social.
Huerta-Mercado reconoce que en principio trató de comprender el fenómeno del cabaret mediante categorías clásicas (aproximación deductiva) presupuestas para este tipo de tema. Sin embargo, la práctica de observación etnográfica realizada permitió identificar vestigios (siguió las huellas) que dieron cuenta de (otras categorías) masculinidades, roles de género asociados a la mujer, etnicidad y el poder de representación (artístico), categorías que desde el inicio de la investigación no eran evidentes.
En el ámbito de las categorías clásicas (presupuestas) Huerta-Mercado reconoce que las vedettes no diferenciaban nada particular del contexto del cabaret con su vida cotidiana. Esta indiferencia, o apatía mostrada por el análisis, permitió a Huerta-Mercado dar un giro en su aproximación analítica al reconocer: “[…] como al parecer estaba forzando la información, decidí dejar de intentar desenmascararlas” (Huerta-Mercado, 2014: 27). Si se pone atención a esto, en primera instancia sabemos que Huerta-Mercado se refiere a desenmascarar a las vedettes. De acuerdo con el enfoque dramatúrgico de Gofmann (1974) desenmascarar responde a la necesidad de captar información de un individuo que actúa en un escenario a partir de un rol determinado. En el caso del investigador, tratará de tener fuentes de información acerca de hechos no manifiestos, lo que les permitirá orientar sus interpretaciones sobre el individuo (Seid, 2015).
En este sentido, el desenmascarar no le reportó mayor interés investigativo, dado que encontró que los hallazgos no suponían ser muy distintos de la vida cotidiana que las vedettes tienen fuera del contexto del cabaret.
En segunda instancia, es muy relevante detenerse en la metáfora del desenmascarar, dado que a mi juicio, es muy similar a la metáfora del artesano, mencionada al inicio de este trabajo. Para argumentar esto, primero hay que señalar que desenmascarar es dar a conocer tal como es moralmente alguien, descubriendo sus propósitos, sentimientos, entre otras dimensiones individuales, que se procuran ocultar6. En estos términos, la práctica de desenmascarar posee una intencionalidad en quién pretende mostrar, y más bien demostrar que alguien oculta algo. Entonces, quién desenmascara lo hace presuponiendo que existe algo detrás de esa máscara. Esta es una intencionalidad similar a la del artesano, en tanto éste también presupone una figura, forma o idea general a la cual va otorgando intencionalmente líneas específicas, pero que finalmente están orientadas por la intencionalidad basada en la presuposición. En consecuencia, y en un primer momento Huerta-Mercado actúo metodológicamente al modo del artesano, es decir a partir del desenmascaramiento de ciertas categorías que se presuponían estaban presentes en la vedette.
Siguiendo el texto de Huerta-Mercado, nos damos cuenta que él re-orientó su aproximación al fenómeno desde un posicionamiento inductivo al caer en cuenta que: “[…] dado que el proceso de crear la imagen de las vedettes no incluye sólo a ellas mismas, también me acerqué a fotógrafos, productores, managers, y directores de arte” (Huerta-Mercado, 2014: 27). Si atendemos a la lógica del cazador y la presa, el autor re-situó (en lo marginal) su investigación mediante la búsqueda de huellas que le permitieran acercarse a la presa. Es decir, fotógrafos, productores, managers y directores de arte, son las huellas o indicios que remiten a las vedettes en tanto fenómeno a investigar en el contexto del cabaret.
En esta aproximación (marginal) al fenómeno de estudio, la huella es una forma significativa, y que remite a alguien porque habla algo de ese alguien. De este modo, el investigador también debe echar mano a su habilidad de intérprete de la huella. Precisamente, en esa interpretación de la huella se descubre el indicio que llevará a observar la presa (fenómeno en estudio), pero no todavía encontrase con ella (comprensión significativa).
En el ámbito de la práctica analítica, encontrarse con la presa supone alcanzar la comprensión significativa (Weber, 2002), es decir captar el sentido de la experiencia subjetiva tal cual la vivencia el sujeto. Como ya se ha planteado, Huerta-Mercado va camino a la presa tras una serie de huellas que le permiten interpretar los indicios asociados a la comprensión del fenómeno. En una segunda fase investigativa, y a través de la observación no participante se recurre a las huellas representadas en los diarios, fotografías, escándalos registrados, televisión, espacios donde encuentra los indicios que finalmente le llevan a conclusiones significativas.
En diarios populares Huerta-Mercado encontró, principalmente, críticas especializadas y de los consumidores respecto a la performance de las vedettes. En el caso de las fotografías se tomaron fuera del escenario del cabaret (en casa de la vedette). Estas fotografías permitieron al investigador encontrarse con la noción de producción, no entendida como maquillaje y vestuario, sino como una actitud de saber posar, aprendida por la vedette a partir de las revistas. Por este motivo, Huerta-Mercado analiza la fotografía de las vedettes de la siguiente manera:
[…] la mirada está claramente dirigida hacia el lector de manera indirecta, o en todo caso, el cuerpo está dispuesto para el lucimiento mayor de los senos o el trasero mediante poses que, de alguna manera, evocan el rol de danzarina exótica que hacen participar al lector o lectora a través de una sugerente mirada a la cámara (Huerta-Mercado 2014: 34).
En tanto, los escándalos registrados constituyen una huella que remite a la vida fuera del cabaret. En este tipo de huella se muestran desde amoríos con futbolistas famosos, hasta acusaciones de violaciones. Pero los escándalos registrados (huella), en particular permitió que Huerta-Mercado identificara un aspecto muy recurrente: el honor (indicio). En las situaciones de escándalos registrados, el honor de la vedette es el que está en juego, y lo que genera la noticia. Así, la noticia releva la dimensión moralista-religioso del escándalo, situación que orientó a Huerta-Mercado hacia otra huella: la iglesia.
De esta institución religiosa el autor sostiene que:
[…] el cardenal me dio la idea para este eje [el honor], pues el triunvirato hijos-casa-honor al que el arzobispo se refiere coincide lógicamente con el discurso de la Iglesia que se proyecta en los primeros años de la colonia y alcanza a las vedettes de hoy (Huerta-Mercado 2014: 36).
Por otra parte, la televisión como otra huella en el mundo de la vedette, llevó a Huerta-Mercado consultar otros trabajos que a su vez, permitieron comprender el mundo de la televisión en su dimensión de show televisivo. Por consiguiente, el autor acompañó a vedettes a estudios de televisión.
En este escenario observó el modo en que la vedette se presentaba así misma:
[…] en un tejido de símbolos propios de la comedia peruana donde la humillación aristotélica, la represión liberada en forma de chiste freudiano y la teoría de la congruencia se fusionaban en el logro de un humor propio de un carnaval (Huerta-Mercado 2014: 38).
A raíz de lo anterior, el mundo de la televisión como escenario de performance de la vedette, deja aparecer lo carnavalesco como indicio del contexto televisivo en donde se desempeña la vedette.
Sin duda, el estudio de Huerta-Mercado permite comprender la aproximación inductiva orientada por huellas e indicios que superan la obediencia metodológica a partir del análisis de categorías clásicas disponibles para ciertos temas de investigación.
7. CONCLUSIONES
La práctica de la investigación cualitativa y en particular el análisis cualitativo de datos, merece mayor atención desde la lógica de actuación del investigador. Para conseguir esto, es necesario repensar los constructos que han orientado la comprensión de lo cualitativo. Esto significa ir más allá de los debates y discusiones inter-metodológicas (cuantitativo-cualitativo), sino que es importante mirar intra-método (al interior del método). En este sentido, considero que el desarrollo del análisis cualitativo de datos, no ha actualizado ciertas creencias respecto del sentido del mismo, y por lo tanto se han extendido conceptualizaciones que muchas veces presentan contradicciones a la luz de la argumentación epistemológica de naturaleza cualitativa.
En este caso, para mejorar la práctica y la formación de investigadores cualitativos, es fundamental reconocer el aporte de las metáforas. Sin duda, la metáfora del cazador tras la presa, nos sitúa en el eje del escenario investigativo, en donde la huella es clave para orientar la pesquisa investigativa. Por esta razón, se invita a revisar los planteamientos del paradigma indiciario (Ginzburg, 2000), por cuanto me parece que aportan a la comprensión de la actitud y rol del investigador social.
Ciertamente, el indicio en los datos expresan subjetividades y constituye un aporte metodológico que merece ser estudiado en profundidad. En particular, se debe recuperar el valor de lo biográfico en el sujeto, por cuanto en sus vidas cotidianas encontraremos las huellas e indicios que nos permitirán llevar a cabo un análisis cualitativo orientado a la comprensión de la realidad social. Huellas, detalles, indicios, y pistas que deben ser el centro de interés en la interacción investigador-sujetos de estudio. Por cierto, es necesario considerar lo marginal como datos, y sobre lo cual se construye y reconstruyen las categorías y dimensiones de análisis. En definitiva, se trata de volver al oficio de bricoleur, para rescatar esa historia reprimida y olvidada en los sujetos (Aceituno, 2003).
Se considera que la metáfora del cazador está sujeta a ser precisada a partir de la práctica de la investigación misma. Del mismo modo, es importante sistematizar las metáforas existentes con el objetivo de mostrar el recorrido de las representaciones sobre el oficio del investigador. Esto supone un recurso valioso para los investigadores en formación dado que el uso de metáfora permite una comprensión situada de la realidad. Es decir, la metáfora del cazador tras la presa opera al modo de una transposición didáctica, por lo tanto se instala como recurso pedagógico. Por esta razón, la metáfora en la investigación social no es meramente un adorno retórico, sino que estimula un pensamiento creativo indispensable para el investigador cualitativo.
Finalmente, se sugiere considerar la metáfora del cazador tras la huella, en tanto supera la aproximación deductiva que la racionalidad instrumental ha instalado en la práctica científica moderna. Ir tras la huella significa emprender una construcción teórica situada, que facilita el conocimiento sobre la presa y el encuentro con ella.
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Notas