Resumen: En las últimas décadas, hemos asistido a una creciente visibilización y reivindicación de la importancia de los cuidados para el sostenimiento de la vida. El estudio de los usos de tiempo, de las actividades cotidianas y de la contribución de niños, niñas y adolescentes (NNA) al cuidado es un campo prometedor, pero aún insuficientemente desarrollado para profundizar en estas cuestiones. Sin embargo, desde los años 90s, los nuevos estudios de infancia vienen subrayando la necesidad de considerar NNA como algo más que sujetos pasivos dentro de la sociedad, y de ahondar en el reconocimiento de su capacidad de agencia (relacional). En el terreno de la investigación, esto implica asumir la importancia del papel que NNA deben tener en el estudio de sus vidas, situando sus perspectivas y experiencias en el centro de los diseños metodológicos y reconociéndolos como expertos/as en sus propias vidas. Partiendo de estas ideas, nuestro artículo describe el diseño y desarrollo de un proceso participativo basado en talleres y prácticas creativas para estudiar los usos de tiempo y la contribución al cuidado de NNA. Para ello, en primer lugar, reflexionamos sobre las propias nociones de agencia relacional. A continuación, abordamos la inclusión de perspectivas participativas y artísticas en los estudios de usos de tiempo en la infancia y cómo este marco nos ha servido de guía al diseñar y desarrollar una investigación que incorpora a NNA como expertos/ as por experiencia y utiliza diferentes herramientas y lenguajes (tradicional y creativo). Seguidamente describimos detalladamente el proceso de trabajo desarrollado y apuntamos una serie de resultados y aprendizajes que nos permiten avanzar en la comprensión y visibilización del papel de NNA como proveedoras y proveedores de cuidados. Para finalizar, incluimos un apartado de discusión y conclusiones que subraya la importancia de avanzar hacia propuestas de investigación orientadas por una mayor justicia espistémica.
Palabras clave: Infancia y adolescencia, agencia, cuidados, enfoque participativo, usos de tiempo.
Abstract: In recent decades, we have witnessed an increasing visibility and recognition of the importance of care in sustaining life. The study of the use of time, daily activities, and the contribution of children and adolescents to care is a promising field. Still, more is needed to delve deeper into these issues. However, since the 1990s, new childhood studies have been stressing the need to consider children and young people as more than passive subjects in society and to deepen the recognition of their capacity for (relational) agency. In the field of research, this implies assuming the importance of the role that children and young people should have in the study of their lives, placing their perspectives and experiences at the centre of methodological designs and recognising them as the true experts in their own lives. Building on these ideas, our article describes the design and development of a participatory process based on workshops and creative practices to study children’s uses of time and contribution to care. To do this, we first reflect on notions of relational agency themselves. We then discuss the inclusion of participatory and artistic perspectives in studies of children’s uses of time and how this framework has guided us in designing and developing research incorporating children as experiential experts and using different tools and languages (traditional and creative). We then describe in detail the work process developed and point out a series of results and learnings that allow us to advance in the understanding and visualisation of the role of children and young people as caregivers. Finally, we include a discussion and conclusions section underlining the importance of moving towards research proposals oriented toward greater systemic justice.
Keywords: Childhood and adolescence, agency, care, participative approaches, time use.
Artículos
¿Cuidamos? Una propuesta participativa con niños, niñas y adolescentes para el estudio de la agencia y los usos del tiempo
Do we take care? A participatory proposal with children and adolescents for the study of agency and time use
Recepción: 18 Octubre 2022
Aprobación: 24 Septiembre 2024
En las últimas décadas, las nociones feministas de “sostenibilidad de la vida” (Carrasco 2001, Pérez-Orozco 2014, Agenjo-Calderón 2021) o “sostenimiento de la vida” (Vega et al. 2018) han venido ganando presencia con una creciente visibilización y reivindicación de la importancia de los cuidados, de su organización social y de la perspectiva de la inter y la ecodependencia (Herrero 2016). Las investigaciones sobre los usos de tiempo han nutrido estos planteamientos políticos, por una parte, facilitando una mejor comprensión de los procesos relacionados con la provisión y el mantenimiento de la vida a través de los cuidados, procesos que generalmente han sido invisibilizados y desvalorizados (Vega-Rapún 2021) y, por otra, permitiendo medir las desigualdades de género, en su intersección con otros ejes de exclusión, en los repartos de los trabajos y tiempos de cuidados. Y es que cómo las personas distribuyen sus tiempos y la organización colectiva de éstos reflejan el modelo social hegemónico imperante, ofreciendo información sobre la reproducción o transgresión de los roles de género y las desigualdades (Sagastizabal y Legarreta 2023).
En general, en los estudios sobre la organización social del cuidado, en los debates sobre el bienestar y en las políticas públicas que de ellos se derivan, niñas, niños y adolescentes (NNA) son consideradas y considerados entre los colectivos de personas que reciben cuidados. La diversidad e interdependencia se reservan para las personas en posición adulta. Esto responde a una concepción de la infancia y la adolescencia como etapas vitales de tránsito, que han de destinarse al aprendizaje y preparación para la vida plena que es la vida adulta. Bajo esta concepción NNA son considerados como seres que dependen, deben ser controlados y protegidos por otras personas, personas adultas y, por tanto, como seres “a cuidar” y no sujetos a quienes se les presuponga capacidades cuidadoras (Gaitán forthcoming). Sin embargo, son miembros activas y activos que contribuyen al bienestar de sus familias y comunidades, desarrollando sus propias estrategias para lidiar con las situaciones de crisis. Como se observó durante pandemia por la Covid-19 (Gaitán 2021), que fue especialmente dura con NNA cuidadores y cuidadoras (Wyness 2022).
Ahora bien, el propio término cuidados está lejos de tratarse de un concepto unívoco y consensuado. El cuidado, como construcción social que es, adopta diversas formas y significados concretos en distintos contextos (Comás d’Aregemir 2014); genéricamente se puede definir como “prácticas relacionalmente complejas y en proceso, dirigidas a mantener y reparar nuestro mundo” (García Selgas y Martín Palomo 2021: 11). En este trabajo entendemos que, desde una perspectiva analítica, los cuidados atienden «todas las necesidades que requieren las personas para garantizar el sostenimiento y reproducción de su vida, así como su bienestar físico y emocional» (Gálvez-Muñoz 2016:19). Y, en un sentido más restringido para identificar y describir, “aquellas actividades que regeneran cotidiana y generacionalmente el bien-estar físico y emocional de las personas” (Pérez-Orozco 2014: 92). Esta definición, por un lado, incluye dimensiones afectivas y no solo materiales; por otro, evita poner el foco en las características o condiciones de quien da o recibe el cuidado. Esto abre la puerta a reconocer que todas las personas, en todos los momentos de nuestra vida, aunque con distinto grado de necesidad y de urgencia, dependemos para nuestro desarrollo y bienestar de cuidados físicos y emocionales (Rodríguez-Modroño y Agenjo-Calderón 2016). Desde ahí se nos invita a pensarnos interdependiente y relacionalmente como un “siendo-con-un-mundo” que se constituye y sobrevive a partir de ‘materializaciones de cuidados’ (García Selgas y Martín Palomo 2021: 11).
Estos planteamientos son afines a las perspectivas de la sociología de la infancia que defienden que la infancia es un elemento permanente en toda estructura social, cuyo significado se va construyendo socialmente y que las niñas, niños y adolescentes (NNA) como actores y actrices sociales presentes, no futuros. En este sentido al ser el cuidado una actividad humana esencialmente relacional, no puede entenderse como algo ajeno a ellas y ellos. “Los niños, las niñas y los y las adolescentes cuidan, a la vez que son cuidados, y esto siempre ha sucedido así.” (Gaitán, forthcoming)
Apoyar estas ideas, implica cuestionar el cuidado como hecho individual y como relación fija (de persona independiente a persona dependiente) y defender que la vulnerabilidad y la inter-ecodependencia son elementos fundamentales en todas las etapas de la vida. Para ello es fundamental partir de aquellas personas que han estado excluidas, entre las que se encontrarían NNA, atendiendo a su capacidad de agencia (Oswell 2012), que ha de considerarse de forma relacional, y tomando como referencia y parámetro nuevas dimensiones de análisis: sus experiencias, su vida cotidiana, sus emociones, sus espacios y sus tiempos (Tonucci 2009).
Es cierto que las relaciones entre los enfoques feministas y las perspectivas que trabajan por y desde la infancia no siempre han sido fluidas ni han estado exentas de conflictos (Rosen y Twamley 2018, Gaitán 2020). Sin embargo, la introducción de la perspectiva de género como herramienta de análisis nos permite identificar las relaciones de poder, para poder transformarlas y poder situar en el centro las experiencias de NNA. Para avanzar en esta línea, son fundamentales los planteamientos de los nuevos estudios de infancia que, desde hace ya más de tres décadas vienen subrayando la necesidad de considerar a NNA como algo más que «simples sujetos pasivos de las estructuras y los procesos sociales» (James y Prout 1990: 8) destacando la relación activa que mantienen con la sociedad.
Si bien se observa un creciente interés, se trata de una cuestión aún escasamente abordada en el marco del norte global, donde las contribuciones de NNA al cuidado, tienen un escaso reconocimiento y, en ocasiones, incluso son ocultadas (Gaitán forthcoming, Larrañaga y Gaitán 2021, Wyness 2022), Además, estudios previos plantean que el propio término “cuidados” resulta poco claro para niñas y niños que tienen a asociarlo como una capacidad más relevante en la etapa adulta que para la infancia (Domínguez-Serrano et al. 2019).
Desde estas premisas, el objetivo de este artículo es presentar una propuesta metodológica participativa para el estudio de los usos del tiempo de niños, niñas y adolescentes, considerando su papel en la provisión de los cuidados. Esto implica, por un lado, incorporar a chicas y chicos como agentes expertas/os en sus propias vidas, transformando a quienes tradicionalmente se han concebido como objetos de investigación en co-investigadores en la configuración, realización e interpretación de la investigación (Patrick 2019). Por otro lado, se apuesta por herramientas metodológicas y lenguajes visuales. El Fotovoz es una oportunidad para documentar de manera creativa la vida cotidiana de NNA, promoviendo el diálogo crítico y la producción de conocimiento a través de la discusión colectiva sobre la problemática y las expectativas de la comunidad (Wang y Burris, 1997; Wang, 2006; Martínez-Guzmán et al., 2018). Con todo esto, se indaga cómo, desde distintas dimensiones, se pueden resquebrajar los desequilibrios de poder dentro de la investigación. Esta propuesta forma parte de un proyecto más amplio1 sobre el bienestar en las familias, en el que nos preguntábamos: ¿Cómo entienden y perciben las niñas y niños el cuidado? ¿Cómo lo practican? ¿Cuándo sienten que cuidan? ¿Cuándo se sienten cuidados? ¿Cómo influye esto en su bienestar, en el bienestar de sus familias, comunidades y sociedades?
El texto se estructura de la siguiente manera: en primer lugar, el marco teórico aborda la noción de agencia como base desde la que avanzar en la comprensión de los usos de tiempo de NNA, y en una creciente apertura a los enfoques participativos, al menos, por una parte, de los estudios que indagan sobre ellos. A continuación, se presenta el enfoque metodológico y ético que guía la investigación para, en el siguiente apartado presentar detalladamente la propuesta planteada, su desarrollo y los primeros resultados/aprendizajes generados. Para concluir, se proponen algunas consideraciones finales sobre los puntos clave de nuestro trabajo.
2.1. Agencia y usos de tiempo de NNA
La noción de “agencia” es y ha sido un concepto clave en el surgimiento de la “Nueva Sociología de la Infancia” (Gaitán 2006, Gaitán y Rodríguez-Pascual 2022)2. En este sentido es importante reconocer las conexiones con la teoría de la Estructuración de Giddens que ha tenido una fuerte influencia en este campo por tratar de ir más allá de la dicotomía estructura / agencia y su defensa de la necesidad de considerar ambas de forma interrelacionada (Velentine 2011 en Leonard 2016, Stoecklin 2021, Oswell 2012, Gaitán 2020). Según Oswell (2012), este interés inicial por la agencia vendría motivado fundamentalmente por la necesidad de generar un marco en términos políticos que permitiera avanzar en el estudio de la infancia sin reproducir prejuicios de poder.
Desde la Sociología de la infancia se reconoce que la agencia de NNA debe entenderse dentro del estatus minoritario que tiene la infancia (Gaitán 2021); las ideas de las personas adultas sobre la infancia, y estas ideas y los marcos generacionales estructurales ponen límites a la capacidad de acción de NNA y a su condición de agentes autónomos (Leonard 2016). Desde el enfoque de las Capacidades, por ejemplo, el propio Sen propone una noción de “agente” como “alguien que actúa y provoca el cambio, y cuyos logros pueden juzgarse en función de sus propios valores y objetivos, independientemente de que los evaluemos también en función de algunos criterios externos” (Sen 1999: 19). Estas narraciones vienen reforzadas y refuerzan los relatos dominantes sobre la agencia que transmiten, implícitamente, la figura idealizada del héroe que se libera de la opresión o toma las riendas de su vida (Stoecklin 2021).
Frente a esto, puede sostenerse que el proceso a través del cual se desarrollan las habilidades y el grado particular en que un individuo puede considerarse «capaz», exigen una explicación más matizada de cómo debe entenderse la libertad, una reevaluación del propio significado de «habilidad». Así, en los últimos años, vienen cuestionando las afirmaciones universalistas y adultocéntricas sobre la agencia humana y planteando una reconceptualización de esta noción (Esser 2016, Liebel 2022) hacia planteamientos que subrayan su naturaleza colectiva y relacional de la agencia (Oswell 2012, Leonard 2016). Estos enfoques plantean una comprensión de la agencia no como opuesta a las estructuras, ni limitada por ellas, sino como algo que se produce en el marco de las relaciones sociales, en, entre y a través de generaciones.
Para avanzar en esta línea, resulta relevante no solo considerar a NNA como miembros por derecho propio de la sociedad, sino abordar las diferentes posiciones en las que se sitúan dentro de ella, frente a otras generaciones y otros posibles ejes de desigualdad como el género, clase, raza, diversidad funcional o grupo de edad. De ahí que crecientemente se tiende a hablar de infancias en plural y que debamos reconocer que NNA también pueden tener diferentes agencias en diferentes relaciones sociales. Este enfoque relacional suele asociarse con un giro ontológico (Alannen 2017, Spyrou 2019) de la agencia, comprendiendo que las relaciones intergeneracionales no se limitan a las interacciones entre NNA y personas adultas, sino que abarcan una tupida red de actores humanos y no humanos (leyes, dinero, prácticas relacionadas con un determinado entorno social) en las que se produce la agencia de NNA.
El estudio de los usos de tiempo y las actividades cotidianas y de cuidados de NNA y su creciente institucionalización (al menos en los países del norte global) es un campo privilegiado para visibilizar estas cuestiones. Reflexionar sobre la agencia de NNA con relación a las decisiones que tiene que ver con las actividades de cuidados que realizan y cómo distribuyen sus tiempos, requiere pensar en distintos elementos como la temporalidad, intencionalidad, reflexividad y las consecuencias de las acciones o inacciones. Nuestra mirada no debe centrarse únicamente en expresiones de resistencia y resultados obtenidos. Leonard (2016) subraya la ubicuidad del poder en términos foucaultianos y recuerda como Giddens y Bourdieu señalan que las rutinas y formas habituales de comportamiento no son necesariamente muestra de ausencia o privación de agencia. En la misma línea se manifiestan Chávez y Vergara (2017).
Esta noción de agencia refuerza la importancia del papel que NNA ha de tener en la investigación en torno a sus vidas, pues su visión es fundamental para analizar sus actividades cotidianas partiendo, incluyendo su participación en los cuidados. Estas cuestiones se abordan en el siguiente apartado.
2.2. Hacia la inclusión de perspectivas participativas y creativas en los estudios de usos de tiempo en la infancia.
El análisis de usos del tiempo, inicialmente orientado fundamentalmente desde perspectivas cuantitativas, (Ben-Arieh y Offir 2002), ha ido abriéndose a planteamientos paralelos, aunque no siempre interconectados, con los debates de los estudios sobre la infancia en torno a la agencia. Esto ha estado conectado con el cambio de paradigma de la investigación sobre NNA a la investigación con NNA (Christensen y James 2017), y han mantenido las distancias con un nuevo cambio hacia lo que Thomas (2017) denomina la investigación desarrollada por NNA. Así, en las últimas décadas vienen ganando presencia nuevos enfoques que, desde nuestra perspectiva, apuestan por una mayor justicia epistémica (Fricker 2007, Walker et al. 2022) con la infancia y adolescencia. Además, se observa una creciente apertura hacia enfoques participativos que impliquen a NNA en todo el proceso de investigación y no sólo como informantes (DomínguezSerrano y Pérez 2021).
El enfoque metodológico de la investigación participativa permite la visibilización de NNA como actores sociales que ejercen autonomía (restringida) en sus propias vidas (Mayall 2002), y supone una apuesta por su inclusión en el propio proceso de investigación. Desde esa lógica, no es suficiente escuchar a NNA, es necesaria una transición de la condición de meros objetos de estudio, sujetos pasivos y fuentes de información, a la de agentes activos, expertos y expertas en sus propias vidas, transformándose en co-investigadores/as a la hora de interpretar y dar forma al proceso de investigación (Christensen y James 2017). Esto implica, a su vez, reconocer que las personas adultas a menudo tienen una comprensión limitada de la vida y las experiencias de NNA (Dockett y Perry 2005). Generar conocimiento desde estas perspectivas requiere una apertura metodológica, aún en curso, que, apuesta por ir avanzando en una doble vía, por un lado, incorporando nuevas dimensiones que permitan captar las necesidades detectadas, como pueden ser las valoraciones subjetivas y los aspectos relacionados con las capacidades y los cuidados y por otro, dando cabida a procesos y métodos participativos, innovadores y útiles para poner a NNA en el centro.
Una posibilidad para avanzar en esta línea es apostar por equipos de trabajo colaborativos compuestos por el personal investigador profesional (EPI) en cooperación con personal experto por experiencia (EpE)3, (Clark y Statham 2005, Thomas 2021). Esto supone afrontar el desafío de crear un espacio que permita una producción de conocimiento diferente (Spyrou 2019, Cuevas-Parra y Tisdall 2019 en Thomas 2021), desde el cuestionamiento de las relaciones de poder implícitas en las investigaciones con la infancia con enfoques tradicionales (Howarth et al. 2021) así como desde la propia experiencia. En paralelo, se extiende la utilización de métodos más éticos que proporcionen a NNA un mayor control sobre los tiempos y los espacios para hablar sobre los temas que les preocupan (Cornwall y Jewkes 1995, Beresford 2016, Almeida y Delicado 2016).
Otra de las premisas importantes relacionadas con la elección de la metodología en los estudios con NNA tiene que ver con el lenguaje, reconociendo las limitaciones del lenguaje hablado y escrito, en particular cuando se trata de niños y niñas de cortas edades y las grandes posibilidades que abre la apertura a otros lenguajes (Magaluzzi 2011). Del mismo modo, se reconoce que los niños y niñas pueden formarse puntos de vista desde las edades tempranas, incluso en las que no son capaces de comunicarlo verbalmente, y que, a través de las diferentes formas de comunicación no verbal, NNA toman decisiones, expresan preferencias y demuestran la comprensión de su entorno (Lansdown 2010).
En este sentido, desde la década de los 90 se vienen desarrollando metodologías creativas centradas en la infancia que utilizan el arte como herramienta de comunicación para superar las limitaciones del lenguaje hablado/escrito. Permitiendo por un lado a los niños y las niñas hablar sobre temas complejos y abstractos, y por otro, a las personas adultas mejorar su exploración y comprensión de la visión del mundo, las creencias y opiniones de NNA (Thomas y O ́Kane 1998, Mateos et al. 2021, Wang 2006). Es un hecho reconocido la valiosa contribución que las imágenes hacen a las investigaciones con NNA, al permitir dirigir el foco a elementos que a menudo permanecen en un segundo plano, contribuyendo a hacer visible lo invisible. En el caso del Fotovoz, se trata de una herramienta metodológica que utiliza recursos visuales y discursivos para el conocimiento de la realidad social, permitiendo salvar la brecha entre el personal investigador profesional y del experto por experiencia, y logrando que cada grupo conozca el mundo del otro, del cual normalmente están aislados (Gubrium y Harper 2016, Wang 2006). En cuanto a sus limitaciones, la más relevante tiene que ver con la apertura a múltiples interpretaciones y respuestas posibles. Como datos, por sí solas, las imágenes cuentan una historia incompleta (Fasoli 2003). En este sentido, es necesario un mensaje combinado, donde NNA expongan y debatan las imágenes, para asegurarnos del significado y la historia que hay detrás de ellas, y no dejarlo a la interpretación del personal investigador profesional con su mirada adultocéntrica, que a menudo es incorrecta (Hart 1992; Barker y Weller 2003, Dockett y Perry 2005). Estas cuestiones junto con otros dilemas éticos requieren una creciente atención y sensibilización por parte de las y los investigadores (Abma et al. 2022), fueron consideradas al diseñar la experiencia participativa que se describe en el siguiente apartado.
Este artículo se centra en una propuesta participativa enmarcada en la primera fase de un proyecto de investigación más amplio, titulado «Capacidades y bienestar en las familias andaluzas. Perspectivas desde la adultez y la infancia sobre las condiciones de vida de niños y niñas en Andalucía». El proyecto CABIFAM se implementó en cinco fases, combinando herramientas metodológicas tanto cuantitativas como cualitativas:
Inicialmente en la primera fase, se realizaron talleres participativos en los que NNA documentaron su vida cotidiana a través de cuestionarios de usos de tiempo y el Fotovoz, una estrategia de investigación-acción participativa que puede contribuir a la movilización en favor del cambio comunitario (Wang, 2006). Además, se organizó una entrevista grupal con NNA y un Encuentro con EPI, EpE, sus familias y las entidades involucradas.
La segunda fase, se dedicó al diseño de una herramienta de análisis cuantitativo, basada en el estudio de diversos cuestionarios de usos del tiempo y en las reflexiones realizadas por NNA durante los talleres previos.
En la tercera fase, se desarrolló una aplicación web accesible desde ordenadores, tablets y teléfonos móviles iOS o Android, adaptada a los lenguajes y medios utilizados por NNA.
Posteriormente, en la cuarta fase, se llevó a cabo el trabajo de campo utilizando la herramienta digital diseñada. Un total de 1.296 cuestionarios sobre el uso del tiempo fueron completados por 326 personas, incluyendo 149 NNA.
Finalmente, la última fase del proyecto se centró en el análisis de los datos obtenidos y en un proceso de devolución y debate de resultados con los niños y niñas que participaron en los talleres.

Es importante destacar que CABIFAM está liderado por un grupo de investigación compuesto por personas adultas y se enmarca dentro de un proyecto financiado, con las limitaciones propias de agenda, presupuesto y justificación que esto conlleva. De acuerdo con el enfoque de Thomas (2017), este proceso puede considerarse como una investigación participativa, donde NNA son «socios de investigación», integrándose en el equipo como «expertos por experiencia» (EpE). No obstante, de acuerdo con la escalera de participación definida por Hart (1993), el proyecto se encuentra en un punto intermedio, sin haber alcanzado todavía una participación plenamente protagónica de NNA, lo que implica que las personas adultas aún desempeñan un papel predominante.
Durante la fase de diseño de la herramienta participativa y conformación del equipo de EpE, surgieron debates sobre cómo afrontar los desafíos y dilemas éticos de la investigación con NNA (de Almeida y Delicado 2016). En nuestro caso, nos enfocamos en tres aspectos clave que podrían potenciar la agencia de NNA y contribuir a cuestionar las relaciones de poder en el espacio que íbamos a crear de manera conjunta:
El consentimiento informado. Aunque legalmente es indispensable el consentimiento de las personas tutoras legales de las personas menores de edad, el equipo profesional de investigación (EPI), consideró igualmente necesario el consentimiento voluntario, libre, informado y revocable del equipo de EpE, reconociendo así su capacidad de agencia. Se decidió redactar dos modelos de consentimiento, uno para las familias, que se firmaría antes de comenzar la investigación participativa, y otro adaptado en formato y lenguaje para NNA, el cual sería firmado después de la presentación del proyecto, en la primera sesión de los talleres.
Planteamiento y diseño de la dinamización de los talleres participativos. Se planificó el uso de una metodología abierta y flexible que permitiera la (re) construcción del proceso de manera inclusiva, recogiendo las aportaciones y los intereses que iban surgiendo por parte de NNA. Aunque existía un diseño inicial realizado por el EPI, el trabajo colectivo en las sesiones lo fue transformando, reconociendo que todo lo que emergía era válido si podía integrarse.
El lugar donde se desarrollarían las sesiones. El diseño original del proyecto contemplaba trabajar en centros educativos. Sin embargo, los protocolos establecidos debido a la emergencia sanitaria por la Covid-19 aún vigentes en el primer cuatrimestre de 2021 afectaron el plan inicial. Al no poder acceder a colegios e institutos, la propuesta se trasladó al ámbito de la educación no formal. Esta situación, nos permitió trabajar en entornos donde las relaciones de poder establecidas son menos rígidas.
En este apartado, describimos la propuesta participativa para trabajar los tiempos y los cuidados con NNA, problematizando los sesgos adultocéntricos que otras perspectivas pueden plantear. Estos planteamientos se reflejan en el diseño y rediseño de los talleres que han buscado abordar desde las propias perspectivas e interpretaciones de NNA qué hacen, qué no hacen, pero quisieran hacer (o no), y los elementos que condicionan estos haceres (o ausencia de ellos), así como prestar especial atención a su participación en las decisiones sobre cómo emplear su tiempo.
Se trata de un terreno que tradicionalmente se ha abordado cuantitativamente4, pero que, con el reconocimiento de la agencia relacional en la infancia y adolescencia y la apertura a nuevos enfoques teóricos y metodológicos, se abre a nuevos interrogantes. Al plantear el diseño metodológico del trabajo, de la mano de Christensen y James consideramos que “la investigación con niños no debe dar por sentada la distinción adulto/niño basada en la edad (...) lo importante es que los métodos particulares elegidos para una investigación sean apropiados para las personas que participan en el estudio, para su contexto social y cultural y para el tipo de preguntas de investigación que se plantean” (2017: 4).
El primer paso fue encontrar alternativa a los centros educativos, contactamos con las organizaciones andaluzas que forman parte de la red Cibercorresponsales con las que habíamos establecido lazos previamente. Tres de ellas respondieron a nuestra solicitud, aunque finalmente fueron dos las que pudieron participar5: la Delegación de Educación del Ayuntamiento de Chiclana y la asociación CEAin de Jerez de la Frontera (ambas ubicadas en municipios de la provincia de Cádiz).
Respondiendo a los requisitos de las entidades participantes fue necesario adaptar los talleres al formato híbrido-dual. Mientras una optaba por la presencialidad, la otra prefería continuar con el formato virtual. Como consecuencia, los perfiles de los NNA participantes responden a estudiantes de educación secundaria con acceso a medios digitales, bien en su domicilio, bien en un centro comunitario, con autonomía suficiente para poder participar en el desarrollo de los talleres híbridos. Quedando condicionados tanto por factores materiales, al necesitar (ordenadores, tablets…), como de conocimientos.
Para la puesta en práctica del proceso participativo, las entidades participantes facilitaron la participación de 19 EpE con edades comprendidas entre los 12 y los 17 años, según muestra la tabla 1:

Los talleres se llevaron a cabo en formato híbrido. El grupo de Jerez participó de manera presencial en el centro comunitario donde normalmente realizan sus actividades, mientras que en Chiclana se optó por continuar el trabajo del grupo en línea, conectándose desde sus casas. Esta situación planteó un nuevo desafío en el diseño de las dinámicas y los debates dentro de los talleres, tal como se constató durante su desarrollo.
Cada sesión comenzaba con la pregunta ¿Cómo venimos hoy?, no solo como una formalidad, sino como una primera oportunidad para de comunicarnos desde el lenguaje emocional, compartir novedades importantes y practicar la escucha activa, la empatía y el diálogo. A lo largo del desarrollo de los talleres se intercalaban dinámicas, diseñadas previamente, que se utilizaban en función de las necesidades del grupo. Se incluían dinámicas de conexión, si se requería preparación previa para la actividad a realizar (escucha activa, silencio, calentamiento…) y/o de desconexión, si se percibía la necesidad de relajarse tras emociones fuertes. Cada sesión concluía respondiendo a ¿Cómo nos vamos hoy?, como una breve evaluación para (re)conocer las emociones y los sentires de las diferentes personas participantes en el grupo y detectar si había alguna de necesidad de cierre adicional. Tanto las dinámicas como las preguntas estaban orientadas familiarizar a las personas participantes con el bienestar subjetivo, ejercitar el lenguaje de las emociones y el cuerpo, e integrar, movimientos que acompañaran el lenguaje verbal.
En la primera sesión, se presentó el proyecto y al equipo profesional de investigación (EPI). También se ofrecieron instrucciones para que, durante la semana siguiente, NNA completaran un cuestionario–diario de uso del tiempo, diseñado para el testeo de las herramientas metodológicas tradicionales en el estudio de los usos de tiempo. Como novedad, este diario incorporaba preguntas como: ¿Te cuidan? ¿Quién? ¿Cuidas?, ¿A quién? para ampliar el análisis de los trabajos de cuidado, su percepción y provisión. Además, incluía una serie de preguntas cualitativas para explorar si las actividades realizadas eran impuestas o voluntarias, y en qué medida eran manifestaciones de agencia (relacional):
¿Cómo te sientes?, ¿Por qué?, ¿Estás haciendo lo que realmente quieres hacer? Si/No, Si la respuesta es No ¿Por qué?, ¿Qué te gustaría estar haciendo?, ¿Qué necesitarías para hacer lo que quieres?
La presentación del proyecto y del cuestionario, situó al EPI en una posición predominante durante gran parte de la sesión, dificultando la ruptura del rol de los EpE como “receptores” de conocimiento en lugar de generadores del mismo. Para contrarrestar esto y cuestionar las relaciones de poder establecidas, se utilizaron dinámicas de presentación y escucha activa, que permitieron el reconocimiento de todos los participantes, tanto del EPI como de los EpE, como un único equipo de trabajo.
En la segunda sesión, se abordaron dos debates: las dificultades de funcionamiento detectadas en el taller anterior, con la construcción de acuerdos colectivos, para crear un espacio seguro en el que todas las personas pudieran participar, y una puesta en común sobre la experiencia con el diario de uso del tiempo. A través de una pantalla colaborativa se respondieron a varias preguntas, algunas redactadas por el EPI y otras abiertas para recoger las aportaciones que las personas adultas del equipo de investigación no habían considerado. La sesión concluyó con la presentación de una herramienta metodológica creativa, el Fotovoz, y la invitación a realizarla El diario Fotovoz, titulado “Un día en la vida de (nombre NNA)”, utilizaría el lenguaje fotográfico acompañado de textos o audios para reflejar nuevamente sus actividades cotidianas, poniendo el foco en los cuidados (tanto recibidos como prestados), presentes en su día a día. Se sugirió incluir una fotografía que reflejara un momento en el que estuvieran siendo cuidados/as, en la que se reflexionara sobre cuándo sienten que están siendo cuidados/as y quién les estaba cuidando. Así como una fotografía de un momento en el estuvieran cuidando respondiendo a las preguntas ¿Cuándo sientes que están cuidando? y ¿A quién cuidas?
En la tercera sesión, se continuó con el debate sobre la experiencia con los cuestionarios. El equipo adulto subrayó que el espacio de confianza que se estaba construyendo admitía una visión crítica que aún no había emergido plenamente, y reiteró el valor del rol de “expertos/as en experiencia” de NNA como generadores y generadoras de conocimiento. Con estas ideas, se iniciaron las presentaciones individuales de los diarios Fotovoz realizados la semana anterior.
En la última sesión, se promovió un diálogo crítico, individual y colectivo, sobre las dos experiencias metodológicas vivenciadas en los talleres. Al poner en común y analizar la información generada a través de las distintas herramientas (cuestionario, Fotovoz, pizarra colaborativa, dinámicas). El interés del equipo de investigación, EpE y EPI, por mantener una continuidad del trabajo colectivo llevó a proponer una entrevista grupal para abordar los factores clave relativos a la agencia de NNA en los usos del tiempo. Además, meses después, la evolución de la pandemia y el relajamiento de las restricciones sociales permitieron la realización de un encuentro presencial entre el equipo de investigación (EPI y EpE), las entidades e instituciones participantes y familiares de NNA, cumpliendo con los protocolos establecidos de aforo y mascarilla. La situación de emergencia sanitaria había limitado las oportunidades para fortalecer las relaciones sociales, impidiendo un mayor desarrollo de las capacidades de participación. La programación de la jornada se diseñó estratégicamente para permitir que, mientras se realizaban las entrevistas grupales con los familiares de los EpE por un lado y las asociaciones e instituciones involucradas por otro, se generara el espacio solicitado por los EpE, libre de la mirada adulta constante. En ese espacio, pudieron relacionarse presencialmente y reflexionar sobre lo que había significado para ellas/os el trabajo de investigación realizado hasta ese momento, plasmando sus reflexiones en carteles y collages que posteriormente presentaron a sus familiares6.
4.2. Aprendizajes e ideas clave del proceso
Como se ha indicado al inicio del artículo, nuestro objetivo es analizar y extraer aprendizajes del propio proceso participativo, y no presentar los resultados de la investigación en detalle. En este sentido, presentamos a continuación un conjunto de ideas y reflexiones clave:
El formato híbrido, incluyendo el espacio virtual, posibilitó una mayor inclusión al permitir una doble vía de acceso y ofrecer oportunidades de conexión digital desde lo comunitario, más allá de los recursos disponibles en el hogar.
Por otro lado, se observó que la participación presencial favorecía la asistencia a las sesiones. Al analizar las ausencias, se reveló que frecuentemente se debían a decisiones que escapaban a los EpE, como viajes familiares, cuidados a miembros más pequeños de la familia o visitas al médico.
La implementación de los talleres en espacios comunitarios y con organizaciones alternativas a los centros educativos (en un primer momento sobrevenida por los protocolos COVID presentes en los colegios) ha tenido una evaluación positiva. Experiencias anteriores señalan que en los centros educativos es más difícil desdibujar las relaciones de poder, por ser espacios que mantienen la jerarquía establecida (saber-poder,) sumadas a las intergeneracionales intrínsecas al trabajo conjunto con NNA.
En la evaluación de las herramientas metodológicas empleadas, EpE, en su mayoría, expresaron preferencia por el enfoque artístico y creativo del Fotovoz. Sin embargo, también señalaron que compaginar estas actividades con las rutinas y responsabilidades del instituto, especialmente durante la época de exámenes, resultó complicado.
El análisis de los cuestionarios y diarios mostró una menor visibilización de actividades cotidianas esenciales para la vida, como comer, dormir y mantener la higiene personal, en los diarios Fotovoz. En cambio, otras actividades, como los estudios y las responsabilidades escolares, mantenían su relevancia central en la vida de los participantes.
La mayoría de los diarios Fotovoz reflejaron el papel activo de NNA y sus capacidades cuidadoras, respaldando la noción de que esta metodología facilita el énfasis en la agencia de los sujetos (Martínez-Guzmán et al. 2018). Específicamente, estos diarios plasmaron su papel de proveedores de cuidados, principalmente a animales (foto 1) y a los más pequeños de la familia, como hermanos/as, primos/as… (fotos 2, 3), ya resaltado en otras investigaciones (Del Moral y Pérez 2017). Desde la perspectiva inversa, la recepción de los cuidados, las fotografías y los textos ponían el foco en las familias, especialmente en las madres (foto 4), sobre quienes recae mayoritariamente los trabajos de cuidados, lo cual concuerda con el modelo de bienestar familiarista mediterráneo (Moreno y Marí-Klose 2016).

Finalmente, con respecto a la reflexividad del equipo de EpE, en general, tanto los chicos y como las chicas señalaron que la realización del cuestionario y el Fotovoz les permitió tomar conciencia del uso que hacen de su tiempo, del tiempo que dedican a los estudios, a dormir o al ocio. Sin embargo, no por ello verbalizaron una intención de cambiar sus hábitos en base a esta reflexión. También manifestaron cierta preocupación por la falta de productividad de muchas de sus actividades, evidenciando una visión del mundo que jerarquiza las diferentes actividades, priorizando las actividades productivas con una mirada a futuro, frente a otras como el juego, ocio y tiempo de libre disposición.
Este artículo contribuye, a partir de la práctica y la reflexión de una experiencia concreta, a la generación de propuestas para avanzar en la investigación sobre los usos de tiempo y la provisión de los cuidados desde una perspectiva de la infancia. Para ello es fundamental el reconocimiento de la agencia relacional de NNA y apostar por procesos participativos que persigan una mayor justicia epistémica (Walker et al. 2022).
Partimos de la convicción de que NNA no reciben pasivamente las acciones benefactoras (o no) de las personas adultas. En este sentido, al abordar su contribución a la provisión del cuidado, es relevante indagar sobre la agencia, en un sentido relacional para, desde ahí, plantearnos desde una perspectiva política su participación en el sostenimiento de la vida. Nos interesan, por tanto, las distintas posiciones que ocupan NNA en el marco de las relaciones intergeneracionales, la fuerte institucionalización de sus vidas en el norte global y las limitaciones en el acceso a recursos que pueden movilizar para apoyar sus propias intenciones.
En los últimos años, desde los estudios de infancia se ha puesto gran atención en integrar transversalmente la ética y la reflexividad en las prácticas de investigación, así como en explorar y trabajar las propias culturas de comunicación de chicas y chicos, con sus lenguajes y los sentidos que dan a los conceptos. Ambos debates han cobrado gran relevancia en el proceso de nuestra investigación, al replantearnos la noción de consentimiento informado (Wang y Burris 2006), reflexionar sobre cómo transformar las dinámicas de poder en los equipos de trabajo colaborativos con NNA e introducir nuevas dimensiones, como la emocional y la espacial. Este abordaje requiere visibilizar que la infancia y adolescencia no pueden entenderse como un colectivo global e indivisible; más bien, al contrario, debe entenderse desde una lógica interseccional (Alanen 2017), lógica que aún debemos incorporar de forma más clara a nuestras prácticas de investigación.
Abordar las injusticias epistémicas implica, así mismo, poner en relación el valor que se otorga a un conocimiento con las estructuras de poder. Fricker (2007) señala que combatir la injusticia epistémica requiere compromisos tanto por parte de los individuos como de las instituciones. Por ello, a lo largo de este artículo, hemos reflexionado sobre los debates y las limitaciones surgidas en el proceso de investigación, entre otras, la necesaria adaptación y reelaboración de las dinámicas y las herramientas metodológicas empleadas. De hecho, ya podemos extraer una lección clara: los enfoques participativos han supuesto una oportunidad para afrontar los retos encontrados. Partir de planteamientos abiertos, dinámicos e integradores han favorecido la flexibilidad, creatividad y la generación de espacios de confianza, cuestiones claves a la hora de desarrollar alternativas para trabajar con NNA.
Para avanzar en estas líneas de trabajo, resulta fundamental considerar la provisión del cuidado como un proceso relacional, dinámico y complejo, en el que los recursos y factores individuales, sociales y medioambientales interactúan con bucles de retroalimentación permanente que modifican la capacidad de agencia de NNA en cada etapa y momento. Por lo tanto, es necesario tener en cuenta este proceso dinámico y evitar caer en una dicotomía simplista entre infancia y adultez, entre dependencia y autonomía, cuestionando la propia noción de dependencia y apostando por situar la interdependencia en el centro. Todo esto nos permitirá visibilizar y reconocer mejor la contribución de NNA al sostenimiento en los hogares y comunidades.
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