In Memoriam

Jesús María Herreros (1952-2018)

Jorge C. Trainini

Jesús María Herreros (1952-2018)

Revista Argentina de Cardiología, vol. 86, núm. 5, p. 374, 2018

Sociedad Argentina de Cardiología

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Este día no puede ser cierto

Quiero volver contigo a las entrañas y creer que no estás muerto… compañero de los intentos… aprendiz de las noches con sus sueños.

Este día no parece ser cierto. De pronto toda la imaginación humana se estrella contra la realidad existencial, la que arroja la vida a la muerte. Este 10 de setiembre se llevó a Jesús Herreros. Y aquí las palabras se declaran un fraude de la emoción. No pueden nunca cincelar lo que es la conciencia del hombre en sus atributos del afecto, del espíritu, del alma. ¿Es que seguiremos midiendo la existencia a través de lo cuantitativo, de lo que se puede numerar? ¿Nunca podremos tener estricta valoración del afecto, de las emociones, de la ética social y existencial, retirarlos de las tinieblas a que los somete el hombre que prefiere vivir en la imaginación?

Jesús Herreros alcanzó conquistas médicas sorprendentes que haría palidecer a los que piensan que la existencia es una carrera de honores. Hablar de su historia profesional sería tomar el mismo camino del positivismo que disimula lo cualitativo. Sólo basta mencionar que realizó el primer doble trasplante de corazón y pulmón en España. De sólida formación médica y humana ejerció en Canadá, Valladolid, Navarra, Santander, Madrid, Murcia. El tema de la insuficiencia cardiaca lo hizo transitar caminos de la creatividad, desde lo biológico, con el tratamiento de células madre, hasta todas las posibilidades quirúrgicas. Fue autor de veinte libros y centenares de artículos. Desde hacía una década pertenecía al Comité Editor Internacional de la Revista Argentina de Cardiología.

Jesús Herreros jamás prefirió la materia sobre el espíritu. Empeñó su esfuerzo en reunir a los hombres para potenciar ideas y proyectos. Desinteresado y noble se constituyó en el enlace indispensable para conseguir logros basados en la cooperación más allá de las divergencias que establece la inmediatez de esta posmodernidad.

Creyó en el humanismo en carácter de la única esperanza que el hombre puede abrazar, a pesar que la historia construida lo ha transformado en un imposible. Por lo tanto solo nos queda amar la desesperanza para mantener la utopía del humanismo. Si se alcanzara ¿cuántas cosas perderían su sentido? Por ejemplo la propia historia del hombre que se encuentra sometido a deslindar el bien del mal de acuerdo a sus intereses cada vez más intrincados. En esta elección se siente justificado a costa de la infelicidad del prójimo. ¿Con el humanismo perdería la placidez de la contienda diaria? ¿Es posible esta transformación en paz? ¿O su planificación entronizaría a nuevos poderes? Seguramente el propio accionar ancestral del hombre invalidaría el progreso humanista. Esto lo acerca a una aporía. El hombre no puede salir de su imaginación la cual se convierte en una mezcla de instinto y razón interesada. Estas palabras resumen las ideas y las conversaciones con Jesús Herreros, el que transformó a su profesión y a su vida en una excusa para acercarse a la necesidad del anónimo hombre.

¿Qué sentido tienen estos sentimientos? La emoción sublime a pesar de que su forja es una pérdida desesperada del amigo. Que antorcha y ceniza son comunión de su paso. Esta conciencia desobediente y el corazón, que sigue desprendiendo partículas de sal y arena, se vuelven ínfimos vocablos en el intento de desaguar en lo oscuro el hecho más doloroso, la muerte del amigo. Y el vacío que queda. Y la memoria que está en los sentidos. Sólo otra vez la imaginación nefasta puede ser feliz a través del juego diabólico entre el placer y la angustia para hacerme creer que este día no puede ser cierto.

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