CARTA DE LECTORES
¿Es posible predecir el desarrollo de cardiopatía en pacientes con enfermedad de Chagas?
Is It Possible to Predict the Development of Heart Disease in Patients with Chagas Disease?
En la República Argentina 1,5 millones de personas conviven con una infección crónica por Chagas. A pesar de los avances en los métodos diagnósticos y terapéuticos, las complicaciones cardiovasculares continúan siendo una preocupación para los cardiólogos.
El 30 % de los pacientes infectados en fase indeterminada desarrollará cardiopatía estructural, la cual puede manifestarse mediante arritmias, muerte súbita y/o miocardiopatía dilatada con distintos grados de severidad. Además, numerosos pacientes presentan reducción de la población neuronal parasimpática, lo que genera diversos tipos de disautonomías que, en algunos casos, anteceden al desarrollo de cardiopatías. (1)
Esta heterogeneidad en la presentación y en la evolución podría deberse a diversos factores como el tipo de cepa parasitaria, la susceptibilidad genética individual y la respuesta inmune desencadenada. (2) A su vez, la fisiopatología de la infección crónica, caracterizada por un periodo de latencia de 10 a 20 años, representa tanto una oportunidad para un diagnóstico temprano como un desafío para establecer estrategias adecuadas durante el seguimiento.
En este contexto, es indispensable obtener predictores de cardiopatía. En esta problemática se fundamenta el trabajo de Chirino Navarta y cols. Presencia de disautonomía como predictor del desarrollo de cardiopatía estructural en pacientes con enfermedad de Chagas. (3) Los autores registraron de forma prospectiva doscientos pacientes con serología positiva de Chagas sin cardiopatía estructural (asintomáticos con electrocardiograma, ECG Holter de 24 horas y ecocardiograma normal) y se les realizó un registro electrocardiográfico continuo mientras realizaban una maniobra de Valsalva. Definieron como el índice de Valsalva (IV) anormal cuando el cociente del RR mayor y el RR menor era inferior a 1,1. Mediante este procedimiento lograron identificar al IV como predictor independiente de cardiopatía en la población del estudio durante un seguimiento de tres años.
Este estudio es innovador, ya que, aunque existen análisis previos que han demostrado alteraciones en la función autonómica de pacientes con enfermedad de Chagas, estos se han limitado a compararlos únicamente con individuos sanos. (4) Además, es fundamental resaltar que la técnica utilizada es de fácil reproducción y no demanda numerosos recursos.
En el futuro, sería interesante llevar a cabo una evaluación específica de los diferentes tipos de cardiopatías estructurales, con el fin de determinar si el IV es útil en todos los casos o si su aplicabilidad varía. De igual manera, prolongar el estudio para analizar el comportamiento a largo plazo podría aportar información más detallada y valiosa.
De este modo, sería importante desarrollar herramientas validadas capaces de identificar a los pacientes con mayor riesgo de cardiopatía chagásica, especialmente en Argentina, donde los pacientes están distribuidos en un extenso territorio y, en muchos casos, presentan dificultades en el acceso rutinario a los sistemas de salud. En este sentido, los resultados obtenidos podrían constituir un punto de partida para futuras investigaciones, contribuyendo a mejorar el seguimiento de los pacientes con enfermedad de Chagas.
Agradecemos profundamente a la Dra. Putaro por sus valiosos comentarios sobre nuestro estudio. Coincidimos plenamente en la preocupación respecto a los desafíos
en la evaluación pronóstica que aún plantea la enfermedad de Chagas, así como en la relevancia de esta como un importante problema de salud pública en nuestro país y en la región. En este sentido, la identificación de predictores tempranos de cardiopatía estructural es crucial para abordar esta problemática.
Desde hace tiempo se ha descrito la presencia de disfunción autonómica en la enfermedad de Chagas. Las causas de la disautonomía no están completamente
aclaradas, y se han propuesto múltiples mecanismos posibles. Como la Dra. menciona, la mayoría de los estudios han comparado la disautonomía en pacientes con Chagas frente a controles sanos. Esto nos llevó a plantear la hipótesis de si la presencia de disautonomía podría ser un predictor del desarrollo de cardiopatía estructural.
Elegimos el índice de Valsalva como herramienta por su simplicidad, reproducibilidad y bajo costo. Es una técnica que puede realizarse en el consultorio en aproximadamente 10 minutos, lo que la hace factible de realizar en la práctica cotidiana.
La sugerencia de realizar una evaluación específica de los diferentes tipos de cardiopatías estructurales es muy pertinente e interesante. Tenemos la intención de continuar el seguimiento de nuestra cohorte, aunque reconocemos que sería fundamental ampliar la muestra y prolongar el seguimiento más allá de los tres años considerados en nuestro estudio inicial. Esto permitiría identificar de manera más precisa la progresión hacia arritmias, miocardiopatía dilatada o muerte súbita, y evaluar si el índice de Valsalva tiene un valor predictivo diferenciado según el tipo de complicación. Para avanzar en esta dirección, sería muy interesante colaborar con otros grupos de investigación interesados en el tema.
Finalmente, compartimos su preocupación sobre las barreras geográficas y de acceso a la salud que enfrentan los pacientes con Chagas en nuestro país. Agradecemos nuevamente a la Dra. Putaro por sus reflexiones y por abrir el diálogo sobre este tema crucial, que esperamos siga motivando el desarrollo de estrategias para mejorar el cuidado de esta población vulnerable.
Daniel Chirino MTSAC, https://orcid.org/0000-0003-1148-1244
Dirección para correspondencia: Carolina Bárbara Putaro. Miguel Cané 249, Provincia de Buenos Aires. Correo electrónico: dracarolinaputaro@gmail.com