El realismo social y metáforas del Socavón en la novela minera peruana

The social realism and metaphors of Socavón in the Peruvian minera romance

David Elí Salazar Espinoza
Universidad Nacional “Daniel Alcides Carrión”, Perú

El realismo social y metáforas del Socavón en la novela minera peruana

Opción, vol. 33, núm. 84, pp. 323-358, 2017

Universidad del Zulia

Recepción: 15 Septiembre 2017

Aprobación: 31 Octubre 2017

Resumen: El artículo analiza dos vertientes importantes del proceso de la novela minera peruana. Por un lado, los discursos social-realistas como: las injusticias sociales, reivindicaciones, pésimas condiciones de trabajo, inseguridad y conflicto ideológico; por otro, las construcciones metafóricas del socavón que expresan imágenes literarias del mundo minero. Para ello usamos algunas categorías de la teoría literaria y metodológicamente agrupamos algunas novelas modélicas donde examinamos sus similitudes y diferencias. Con ello demostramos que la primera vertiente literaria es más verosímil con la cotidianeidad; mientras que el segundo es una construcción literaria de revelación de un universo propio e inconfundible.

Palabras clave: Novela minera, Realismo social, metáforas del socavón, literatura peruana, teoría literaria.

Abstract: The article analyzes two important aspects of the process of the Peruvian mining novel. On the one hand, the social-realist discourses such as: social injustices, wage demands, working conditions, insecurity and ideological conflict; on the other, the metaphoric constructions of the tunnel that express literary images of the mining world. For this we use some categories of literary theory and methodologically we group some model novels where we examine their similarities and differences. With this we demonstrate that the first literary aspect is more plausible with everyday life; while the second is a literary construction of revelation of an own and unmistakable universe.

Keywords: Novel mining, social realism, metaphors of the sinkhole, Peruvian literature, literary theory.

INTRODUCCIÓN

Construir el rostro completo de la novela peruana es una tarea difícil que está por hacerse, pese a los esfuerzos de muchos estudiosos de la literatura que presentan diversas investigaciones con ponderables méritos, resulta todavía insuficiente examinar la situación actual y perspectivas de toda la novela en el Perú. Aunque es demasiado ambicioso construir una imagen global de la novelística peruana, siempre se anhela tener una visión de representatividad integral del país donde confluyan los registros literarios más significativos de cada región. Los vacíos se hacen visibles dado a que muchas obras importantes, escritas en su mayoría en las provincias, no han sido estudiadas con la debida atención y que por méritos estrictamente estéticos puedan ser incorporadas al “canon literario nacional” que daría una imagen más sólida e integral de nuestra producción novelística (SALAZAR, 2006).

Pese a la poca atención de la crítica literaria, la producción novelística minera es significativa en el Perú. Existe un corpus importante de textos que merece un reflexión cuyos discursos sean plausibles de análisis y legitimen una tradición literaria propia, tal como ha sido la formación de la novela indigenista, neoindigenista, urbana, urbana marginal; incluso, la naciente novela poética (ZAVALETA, 1997) o las polémicas discusiones sobre la existencia de una novela light (HUAMÁN, 2001).

La novela minera es una categoría literaria que forma parte de la novela global pero que se caracteriza por recrear universos literarios a partir de sujetos y espacios de las minas. Sin embargo, en la gran mayoría de los estudios literarios contemporáneos escasean investigaciones respecto al mundo minero: Riva Agüero (1905), José Gálvez (1915), Luís Alberto Sánchez (1929), Jorge Puccinelli (1945), Alberto Tauro (1946), Augusto Tamayo Vargas (1953), forman parte de la tradición crítica más importante del Perú en cuyos trabajos no han prestado atención a las novelas de temática minera, ni siquiera anunciadas por lo menos como información literaria a pesar que gozaban de un cierto interés en las zonas donde se produjeron. La misma conducta lo repitieron los estudiosos peruanos de los años 50 hasta finalizar los 90: Alberto Escobar (1960), Estuardo Núñez (1965), Alejandro Losada (1976), Washington Delgado (1980), entre otros, pese a las grandes innovaciones académicas que introdujeron a la interpretación de los textos literarios, su atención estuvo centrada en narradores instalados en la capital que gozaban de cierto interés periodístico y universitario. Quizá las honrosas excepciones de Antonio Cornejo Polar (1989) y la de Tomás G. Escajadillo (1994) que intensificaron los estudios de la diversidad nacional, heterogénea y contradictoria marcaron un rumbo distinto a la actitud de la tradición crítica peruana. Eran tiempos de la búsqueda de la “novela total” donde se trataba de representar una imagen global del país. Vargas Llosa, Bryce y Ribeyro ocupaban los espacios críticos; así, las demás producciones periféricas se veían aplastadas por las presencia de estas figuras cuyas novelas escritas fuera de estos espacios privilegiados no representaban para la crítica ningún interés literario. Por eso, era de esperarse que algunas obras que recrean el universo minero no aparezcan siquiera en las “prestigiosas” antologías que se han hecho sobre la novela en el Perú a pesar que en el ejercicio de la crítica literaria (el crítico) aún tiene una pluralidad de visiones tanto apologéticas como difamatorias por parte de quienes están en contacto permanente con la cultura y los elementos sociohistóricos que hacen posible su dinámica (OSORIO, 2017: 51).

Las vertientes literarias más importantes que se manifiestan en la novela minera van por dos caminos: En la primera, se pretende representar la situación de pobreza y miseria en la que el minero asume su trabajo; esta relación se da dentro de un marco de conflicto entre las dos clases sociales bien definidas: Operario Vs dueño de minas. La relación es contradictoria, irreconciliable, una pugna social que se desencadena en oprobio, abuso e injusticia. Para ello, el minero se ve obligado a defenderse y aparece los gremios sindicales como banderas de lucha y una tribuna para desarrollar la ideología política de los grupos de tendencia socialista. Toda esta imagen representativa se acerca más a los grados verosímiles en que se comporta una comunidad minera, pero que marca sus diferencias en relación con la novela testimonial que se ha desarrollado en América entre los años 60 y 80 (García, 2016)1, novela autobiográfica o “novela del yo” (Tornero, 2016), como también con la novela de la “memoria ficcional” o novela de la dictadura (Chamorro (2016) a propósito de su estudio sobre la novela chilena En voz baja. En la segunda, importa más la ampliación del universo minero construido a partir de imágenes del socavón, metaforizar las vetas, luces, espacios, mitos, sujetos mágicos, etc. Es la revelación de un universo minero con todas sus complejidades. Estas son las vertientes más importantes que desarrollaremos a continuación.

2. ANTECEDENTES

Desde el siglo XVI, los cronistas han intentado rastrear algunos rasgos de la actividad minera (Betanzos, Murúa, Cieza de León, Garcilaso de la Vega, Guamán Poma, etc.) con propósitos de información a la Corona española, posteriormente los viajeros notables que visitaron el Perú entre el siglo XVII y XIX acopiaron gran información sobre las minas, varios de ellos con propósitos literarios:Tadeo Haenke, Charles Wiener, Antonio Raimondi, Von Tschudi, Robert Proctor, William Lewis, entre otros (VEGA, 1999).Ya en el siglo XX, valiosa información sobre las minas se recoge en los trabajos de John Fisher, Carlos Contreras y Heraclio Bonilla, quienes desde la perspectiva sociológica revelan muchos datos sobre la explotación de la plata, oro y otros minerales que dieron insignes ganancias a España en el periodo colonial.

Mario Samamé será el primer estudioso sobre el mundo minero peruano con propósitos literarios. El Tomo II de El Perú minero (1969) dedicado a las “letras” y las “artes” compila los trabajos desde la época colonial hasta mediados del siglo XX. Su mérito radica en que proporciona buena información de los textos que circularon en el siglo XIX en Europa e identifica textos narrativos que hablan sobre las minas. En los 80, aparecen estudios más analíticos sobre la relación literatura y minería en los trabajos de Luis Pajuelo (1980), Jessica Ramos (2004) y Roberto Rosario (2014) que intentan una clasificación de narrativas mineras que dan cuenta de la injusticia social a que son sometidos los mineros y las reivindicaciones que asumen a través de las huelgas y protestas. En esta línea puede considerarse mis trabajos previos a este artículo.2

3. LA NOVELA MINERA PERUANA

El primer registro de novelas que va desde el siglo XIX hasta el siglo XX hace referencias a la actividad minera de manera tangencial, no es su proyecto narrativo principal, sino que algunos episodios involucran a actividades mineras que ayudan a la realización de la trama principal. En este grupo podemos identificar: Aves sin nido (1889) e Índole (1991) de Clorinda Matto de Turner. El mundo es ancho y ajeno (1941) de Ciro Alegría. Todas las sangres (1964) de José María Arguedas, Negro Cielo (1972) de Pedro Cárdich, Ximena de dos caminos (1994) de Laura Riesco, El prefecto (1994) de César Pérez Arauco, Carretera al Purgatorio (2003) de Zeín Zorrila, entre otros. El segundo grupo de novelas tienen como principal hilo narrativo la revelación de un mundo minero y esta representación se hace con mayor conciencia estética respecto a las demás novelas producidas en el Perú.

Será El Tungsteno (1931) de César Vallejo el primer referente cuyos sujetos y espacios narrativos se circunscriben dentro de un ambiente minero. Es la novela que cimienta esta tradición narrada en la mina de Quivilca donde los indios “soras” son despojados de sus tierras por una transnacional, bajo la complicidad de las autoridades y algunos peruanos como los hermanos Mariño. Al final, aparece la figura ideal del líder proletario Servanto Huanca, quien va a conminar a un obrero y al agrimensor Benites para luchar por la libertad de los trabajadores, el texto culmina con una esperanza por parte del narrador anhelando que algún día cambiará la injusta situación de los mineros en la medida que se organicen y luchen por su reivindicación. El retoño (1950) de Julián Huanay es una novela de migración donde el niño Juanito Rumi abandona su pueblo de Ayla para trasladarse a la ciudad de Lima. En el trayecto debe hacer varias estadías para trabajar en las minas de Casapalca, Morococha y la hacienda Montesclaro. Cuando cae enfermo con paludismo es abandonado por sus servidores en la puerta del hospital Dos de Mayo de Lima. Creemos que la validez y excepcionalidad de esta novela radica en la elaboración de un eslabón de solidaridad que muestran los mineros hacia el protagonista Juanito. Es el “humanismo fraterno” construido como una metáfora esencial que trasciende los valores de la novela. Ante la indiferencia, los abusos, la injusticia y brutalidad con que ejercen el poder los capataces y dueños de las minas, se levanta como un sello incólume la solidaridad de los obreros y de todos los personajes comunes que tienen contacto con nuestro actor principal.

En otra línea argumental, Extraño caso de amor (1954) de Esteban Pávletich, narra los episodios fluctuosos que vive el ingeniero Boris Lubecky y la bailarina madrileña Tatiana Lotman en el asiento minero de Colquijirca que culmina en el suicidio de la mujer en el interior de los socavones. Evidentemente estamos ante un “extraño caso de amor” en la que su autor experimenta las formas de narrar contemporáneas donde interesa más la manera cómo piensan sus personajes acercándonos a la novela psicológica. Madre cerreña (1967) de Ricardo Jurado Castro es una novela dramática donde una madre muere de un ataque cardiaco al no soportar ver el cadáver de su hijo producto de un accidente en la mina de Cerro de Pasco. La obra, a pesar de sus límites, describe episodios reveladores del interior de las minas y el trabajo cotidiano cuya función narrativa no está en presentar personajes excepcionales que van a modificar el mundo, sino a cientos de anónimos mineros que no pueden salir de un destino trágico en los socavones, engrandece la imagen de la mujer, de aquellas anónimas madres que diariamente llevan la comida a sus hijos y esposos que deben comer al interior de las minas, cuya actividad se sigue repitiendo en la actualidad.

Por otra parte, Cinco días en la vida de Lucrecia Parker (1996) de Felipe De Lucio Pezet narra la historia de cinco días intensos de amor que pasa Lucrecia Parker, esposa del ingeniero norteamericano Norman Parker, con el joven Boliviano Jorge Luis Patiño en la Ciudad de Cerro de Pasco hacia los años 30 aproximadamente. La novela pretende ser fiel a un documento real, a los diarios de Lucrecia Párker que el autor tuvo la suerte de acceder (aunque ficciona bajo las influencias del cine, especialmente de la película Los puentes de Madison, dirigido y actuado por Clint Eastwood y Meryl Streep). Para hacer más creíble su historia, el autor introduce elementos paratextuales como cartas, fotografías y confesiones, del mismo modo hace gala de su exhaustivo conocimiento sobre los minerales donde se explica sus variadas clasificaciones.

Asimismo, El socavón compactado (1996) de Noe Zúñiga Gálvez es una novela de largo aliento que recoge las experiencias de su vida en las minas de Hualgayoc (Cajamarca, Perú). La secuencia lineal trata de hilvanar dos historias: la del taita “vishe” que vende información sobre la existencia de unos tesoros escondidos o “boyas” en el interior de las minas “El purgatorio” y en el relato del empresario minero don Ezequiel Chiriboga. La novela en sí es la suma de episodios populares en que se ven envueltos los protagonistas, relatos irónicos relacionados con el folclore, los mitos y leyendas mineras. El noble Manchego (1984) de Julián Ayuque Cusipumaes la historia de acontecimientos ocurridos en las ruinas coloniales del molino El Trapiche (Huancavelica) donde revela el trabajo indiscriminado de los operarios en las minas y la indiferencia de sus propietarios hacia los obreros, aunque sus personajes nunca pierden la esperanza de que algún día su suerte cambie cuando sus hijos tomen conciencia de su realidad.

Se destaca en estas descripciones el trabajo de Edilberto Soto de la Cruz, quien ha escrito tres novelas: Taladros mineros (1992), Cosecha de metal y El socavón plateado. Es en la primera novela donde intensifica su crítica al sistema injusto de explotación, la penosa injusticia social que se cometen con los obreros; ellos se organizan, paralizan las minas y se producen enfrentamientos entre las fuerzas del orden y los mineros, realizan una penosa marcha de sacrifico desde Huancavelica hasta Lima siendo masacrados en las alturas de Ticlio donde mueren baleados muchos mineros. Solo la fuerza mítica de los dioses incas sale en defensa de los más débiles y les confiere poder. Manuel Felipe el Español (1998) de Federico Salas Guevara Schultz narra sucesos en la Huancavelica colonial, en los inicios de los descubrimientos de las minas de mercurio. Amador Cabrera, encomendero español denuncia las vetas de mercurio después de sojuzgar a los hombres de la región y hace progresar la mina “La Descubridora”, pero la ambición de la Corona española ocasiona un conflicto con Don Amador que pese a su esfuerzo y defensa de la mina junto a los indígenas es derrotado por el poder del Rey que se apropia a la fuerza de su mina. Esta novela tendría el rótulo de una novela histórica porque introduce muchos datos verosímiles de la historia colonial en Huancavelica y se hace evidente las lecturas de cronistas e historiadores peruanos.

Plata púrpura (1997) de Mariano Patiño Paúl Ortiz, es una la trama en la cual se exponen tres ejes temáticos: producción minera, las tendencias políticas de la época y la vida comunitaria que abarca desde 1934 hasta 1982 en el pueblo de Cantupata en el sur del Perú. Los personajes deambulan en dos bandos opuestos; unos que defienden el sistema imperante y otros del bando rebelde cuya tribuna de lucha es el Partido Reformista. Su autor intenta metaforizar el valor de la plata como símbolo y como antítesis alude al púrpura que sería la sangre y el dolor de cientos de anónimos mineros que extraen los minerales. Volcán de viento (2008) de Roberto Rosario Vidal es una novela que intenta mostrar parte de la tradición minera y la modernidad tecnológica que se ha instalado en las minas modernas del Perú, no obstante siguen los peligros y la inseguridad. A partir de un accidente en las minas de Colquisira (nombre imaginario) donde mueren dos obreros a consecuencia de la erupción de un volcán apagado, construye la trama para dar una visión decantada del sistema de trabajo al interior de las minas, la fragilidad de los sistemas de seguridad a pesar del cuidado y la relación de los jefes con sus operarios. Es una visión más contemporánea en relación a las otras novelas.

La novela Ranguayo (2013) de Jorge Mendoza Aramburú sería una de las últimas novelas publicadas con el rótulo de novela minera cuyo sub título “un viaje al mundo minero” lo confirma así. Su trama agrupa relatos mineros y parte de la historia de La Cerro de Pasco Corporation, la empresa más importante en el centro del Perú. Lo que diferencia a esta novela de los demás es que la voz del narrador es la de un ingeniero de minas que lleva el peso de la historia para darnos una versión de cómo ha sido el trabajo en las minas, la relación de jefes, ingenieros con los operarios, el ascenso a los cargos a través del arribismo e individualismo y algunas descripción de sujetos mágicos como el Muqui.

Finalmente, cabe distinguir de manera especial la novela En la noche infinita (1965) de Miguel de la Mata que desde mi punto de vista es la novela más significativa del universo minero en el Perú, texto que ha merecido mi atención e investigación por muchos años para destacar sus méritos y límites (SALAZAR, 2006). Su trama se estructura a partir de dos niveles narrativos: Por un lado, narra la historia de Juan Cajahuanca que sale de su pueblo Chullay para instalarse en las minas de Cerro de Pasco, allí adquiere la neumoconiosis que destroza sus pulmones, regresa a su pueblo para curarse pero no lograse su propósito muriendo penosamente. Por otro lado, es la suma de un conjunto de anecdotarios todos relacionados al mundo minero donde nos enteramos de la vida de los obreros al interior de las minas, su destreza al operar las maquinarias, imagina a sujetos mágicos que habitan los socavones, revela su conciencia social y proclama sus reivindicaciones. Todo ello narrado en 32 bloques narrativos.

4. LOS DISCURSOS SOCIAL REALISTAS

4.1. Registros verosímiles

Las novelas en estudio se esfuerzan por representar el trabajo crudo y hostil que se experimentan en las minas, por una parte registran las peores condiciones laborales de los mineros y por otro, la inseguridad a que están expuestos, arriesgando sus vidas cotidianamente. Estos sucesos son narrados desde la perspectiva verosímil, tratando de acercarse a lo real, asumiendo el papel de narradores testigos, donde sus personajes pasan por episodios dramáticos cuidando su vida en los socavones ante los peligros y accidentes constantes. La inseguridad es tan común que los mineros tienen que sortear a la muerte todos los días y trabajar a salto de mata para que no sean alcanzados por los bloques de mineral que se desploman de las galerías o los derrumbes que se producen con frecuencia. Por otra parte, el narrador describe estos sucesos para denunciar ese sistema injusto de explotación y miseria con que se somete a los trabajadores.

Por otra parte, debe señalarse que registrar lo verosímil es para el autor un deber moral, una acción sensible en defensa de los más débiles, por ello se identifica con sus luchas y con sus reclamos de sus personajes y hace uso del texto literario para asumir una conducta ética en favor de los mineros. Este es uno de los compromisos que asumen los narradores como parte de su ideología política implícita e insinúan a sus lectores una denuncia social que parte de la realidad circundante en el mundo minero. Leamos algunos fragmentos:

-¡afuera la ropa-ordenó el que hacía de jefe.

Todos se desnudaron y llegaron al centro de la labor,

“parecido a horno de hacer pan”, pensaba Cajahuanca.

¡Cómo quemaba! Y qué punjete era el olor del cobre. Comenzaron a sudar, a chorros. Y dale a la lampa y a las carretillas, yendo y volviendo a este horno endemoniado, pujando y sudando y pujando y sudando. De tanto en tanto un hombre previsto de una manguera les echaba agua. A las paredes también, que parecían arder, pues a ratos tomaban un color rojizo, que oscilaba en intensidad (En la noche infinita, DE LA MATA 1997:20).

A medida que avanzábamos mi carga se hacía más pesada. Cuando aún no había llegado a la escalera, ya estaba cansado. Me dolían las piernas y la cintura y apenas podía caminar. Sin embargo, urgido por un minero que caminaba detrás, tenía que apresurarme. Par subir la escalera reuní todas mis fuerzas y a pesar de eso, el ascenso se me hacía penoso. Las piernas apenas me podían sostener y parecía que el peso de mi carga había aumentado tanto que me jalaba hacia atrás. Gruesas gotas de sudor me nublaban la vista sin que pudiera enjuagarlas. Entonces cerré los ojos y a tientas seguí subiendo. Tenía terror de separar mis manos de la escalera y me aferraba cada vez con mayor desesperación. (El retoño, HUANAY, 1969: 76).

El abogado mira la escena macabra. Las piernas del difundo se encuentran aprisionadas bajo el piso del ascensor y el cuerpo decapitado yace con los brazos abiertos en cruz. La camisa ha sido totalmente desgarrada y un enorme boquete del tamaño de un puño atraviesa el pecho izquierdo de la víctima. (Volcán de viento. ROSARIO, 2008: 28-29).

4.2. Narradores escrupulosos

Otra de las características de estos novelistas es presentar lo narrado como real apartándose de todo rasgo ficcional; por tanto, los espacios por donde transitan sus personajes existen y deben ser creíbles. Para ello se esfuerzan en detallar de manera escrupulosa los distintos oficios que los mineros ejecutan al interior de las minas. Es en los detalles donde se percibe al narrador que conoce bien estos escenarios. La maquinaria en la que se mueve la minería se percibe con mayor especificidad dado a que sus descripciones corresponden a determinar el oficio de cada trabajador. Así, los distintos oficios se detallan de la manera más natural como la que realiza un carrilano, brequero, enmaderador, lampero, perforista, timbrero, maquinista, cargadores de tiro, bodeguero, guachimán, etc. Veamos estos ejemplos:

El trabajo es llenar el mineral de las tolvas a los carritos que están enganchados unos tras otros y a su vez el motor, son de quince a veinte, una vez llenos, ponen en marcha al motor hasta la estación, osea por donde baja y sube la jaula, allí lo dejan para que el timbrero y su ayudante se encarguen de subir a la superficie, mientras el motorista se regresa llevando carros vacíos nuevamente llenarlos. […] En la superficie hay dos hombres llamados carreros quienes sacan de la jaula los carros llenos y ponen los vacíos. El timbrero tiene que ser un individuo experto enel manejo del timbre, por toques comunica al winchero qué nivel quiere ir y qué es lo que está transportando. (Madre cerreña. JURADO, 1967: 30)

Serían como a las cinco de la mañana –refería el capacherito a las personas angustiadas que le escuchaban – luego que reventaron los últimos disparos y nos íbamos a retirar cuando sonó otro disparo más y luego una reventazón como de un río que salía bramando de la tierra hasta que salió una correntada de “antimoña” en dirección al pique. Ñoparranchano gritó desde adentro: -“¡Hermanitos, ya nos fregamos! Ahí mismo nos salimos corriendo lo que pudimos, por las escaleras has nivel tres antes de que aquel torrente nos pesque y nos ahogue. Los barreteros que estaban trabajando “a pozo” se quedaron para ver si lo aguantaban. (El socavón compactado. ZÚÑIGA, 1996: 483).

4.3. La tribuna reivindicativa e ideología política

Las novelas en estudio recrean los procesos de reivindicación social de los mineros a través de su organización gremial que se convierte en la tribuna de sus reclamos, anhelos y mejoras laborales. Estas acciones se narran tratando de acercarse a las luchas reales que han emprendido muchos mineros en la historia peruana. Los narradores se proponen describir actos verosímiles donde aparecen los líderes paradigmáticos que van a conducir esas luchas. La formación de los sindicatos, los gremios de mineros o la federación aspiran arrancarle a los dueños de las minas mejoras en la vida de los mineros; pero a la vez, fomentar la “conciencia de clase”, orientarlos para que despierten de un adormilado sueño de muchos siglos viviendo en la miseria y la explotación.

Estas ideas se han nutrido de las acciones propagandísticas de los grupos de izquierda que existen en el país, de las lecturas que alcanzaron los libros de Marx, Engels y Lenin, de la incursión de muchos grupos políticos que vieron a los sindicatos mineros como una tribuna para propagar sus ideales políticos, pasando desde el anarquismo, el aprismo y el comunismo. Por tanto, las novelas recrean estos momentos históricos de las luchas sindicales mineras, de sus acciones reivindicativas y de la formación ideológica en muchos dirigentes cuyos indicios se hacen visibles en la narrativa del social realismo instalado en el Perú. El primer caso sería El tungsteno (1991: original de 1931) de Vallejo, donde la estrategia narrativa es tomar como pretexto el conflicto minero para proyectar su carácter ideológico y político cuya anhelo para vencer al capitalismo norteamericano es unir a tres sectores claves: obreros, campesinos e intelectuales. La tesis que propone Vallejo es, frente a los abusos de la compañía Mining Society, los trabajadores deben organizarse para conseguir su reivindicación. Los obreros deben ser los líderes del movimiento sindical conduciendo las luchas y protestas; le siguen los campesinos que deben unirse para formar la tan ansiada “alianza obrero-campesina”; al final, los intelectuales estarán supeditados a las decisiones de los obreros si es que desean formar parte y deben estar a su servicio. Esta tesis política responde a un momento histórico en que fue construida la novela, a las prédicas de la III Internacional Socialista llevado a cabo en 1919 (SALAZAR, 2006).

-¿Ya verán ustedes! ¿Ya verán! Ahí tengo un periódico que me han enviado de Lima, escondido. Ahí dicen que Lenín va ir a Rusia y va levantar las masas contra Kerensky y lo va botar y va poner en el Gobierno a los obreros y a los pobres. Allí también dicen que lo mismo hay que hacer en todas partes: aquí en el Perú, en Chile, en el extranjero, en todos los países, para botar a los gringos y patrones y ponernos nosotros, los obreros y los pobres, en el gobierno. (VALLEJO, 1991: 84).

Otro ejemplo claro es la novela En la noche infinita, donde el dirigente Antonio Ponce arenga a la masa obrera pidiendo unidad en la lucha gremial, para conseguir sus derechos esnecesario un gremio sólido y fuerte como los minerales. Esta convocatoria aspira a que todos los minero unidos lograrán algo, mientras que divididos seguirán siendo los mismos. “la unión hace la fuerza” es el refrán que cala como anillo al dedo a estas expresiones:

¡Juntémonos como las carretillas de mineral, y como los minerales de Cerro de Pasco, de Morococha, de Casapalca, fundámonos en un solo anhelo, en una sola inquietud, en una sola actitud, en una sola acción, en una sola esperanza! ¡De ahí saldremos hechos una potente unidad! Como una barra de cobre, brillando al sol, fuertes, desafiando a la dinamita! (En la noche infinita: 77).

4.4. La comunidad imaginada

Frente a la injusticia social en las minas, el deterioro paulatino de los hombres por el trabajo crudo y hostil en los socavones, la inseguridad laboral que los mantiene a salto de mata donde cada día sortean a la muerte, la pobreza que no los suelta por sueldos míseros hasta convertirlos en seres inservibles cuando caen enfermo por la neumoconiosis o destrozo de sus pulmones; el gremio o sindicato es una tribuna para alcanzar algunos beneficios laborales, pero existe en las novelas mineras un anhelo, una esperanza, una manera con la que se debe cambiar este orden injusto en el cual están atrapados. Ese sueño se crea en las conciencias de los mineros, en el impulso de los dirigentes gremiales; Será la comunidad imaginada por cientos de mineros que aspiran un cambio radical del sistema social al cual están sometidos. Piensan que esta vida de miseria y explotación debe ser reemplazada por otro más justo y solidario. Desean una mejor calidad de vida donde los mineros sean considerados como verdaderos trabajadores, con las condiciones mínimas de salubridad, higiene y vivienda. En esa comunidad imaginada, los mineros deben vivir con dignidad, con mejor seguridad para sus vidas y prosperidad para la familia (La propuesta ideológica y política de El tungsteno se canaliza en esta línea) A esta perspectiva se suman dos deseos fundamentales: educación para sus hijos y mejoras salariales. Los personajes se dan cuenta que la educación es fundamental para salir del oprobio y la pobreza, del ostracismo y la ignorancia, de la sumisión y el temor al reclamo. De allí que se plantean la formación de escuelas y colegios en los centros mineros (En la noche infinita), solidaridad profunda hacia los niños y los más débiles que van a las minas (El retoño) y aspiración de los mineros para que sus hijos sean ingenieros de minas y no sufran como ellos (Volcán de viento).

Lamentablemente, esta comunidad imaginada de mejor calidad de vida para el minero se queda solo en el deseo, en un pensamiento fugaz. La mayoría de las novelas culminan en desgracias y frustraciones reivindicativas. Los finales nos muestran una cruda realidad: El triunfo gremial ha sido efímera. Los dueños de minas o los empresarios siempre ganarán con la complicidad de los gobiernos de turno, utilizarán a las fuerzas armadas para reprimir los levantamientos sindicales. Una vez más, en la novela minera, la masa trabajadora será reprimida y volverán a la rutina histórica en que se han mantenido siempre. Esta imagen dramática, trágica y decantada de la novela minera cae en un pesimismo típico del cual no se han podido desprender los narradores, cuando sabemos que en la vida real han existido muchos casos donde se han dado luchas ejemplares de los mineros con resultados positivos.

5. METÁFORAS DEL SOCAVÓN

Creemos que lo más importante de las novelas mineras seleccionadas no es tanto la historia que cuentan, las formas de vida de sus personajes que alcanzan episodios dramáticos al trabajar en condiciones muy difíciles; lo importante es la construcción de un conjunto de imágenes del universo subterráneo de las minas y la elaboración de muchas metáforas del socavón como discursos literarios. Quizá a algunas novelas (Madre cerreña, Plata púrpura, Ranguayo) se le puede reclamar, con mucha justicia, algunas limitaciones en la arquitectura textual o el no usar variadas técnicas literarias contemporáneas; pero en esa aparente sencillez, las novelas muestran a las minas como un enmarañado mundo poco revelado dentro de la novela peruana; por tanto, una idea central que parte de los narradores mineros es que la mina no solo es un lugar de trabajo sino un universo complejo, contradictorio e inseguro donde el minero ha hecho de este espacio una forma de vivir y ha aprendido a sortear los peligros en esa constante lucha entre la vida y la muerte. De allí, lo que se escribe y se revela son en realidad los “discursos del socavón” (SALAZAR, 2006) que son construcciones textuales que dan cuenta de las imágenes del mundo minero en toda su dimensión. Por ello, los narradores elaboran un conjunto de metáforas que detallamos a continuación.

5.1. Mira y captación del universo minero

Apoyados en la semiótica del discurso, la mira es la intensificación de lo sensible, lo afectivo, el cuerpo propio se torna sensible y percibe los afectos; en cambio, la captación es la extensión de lo cognoscible, lo inteligible, opera en el ámbito de la extensión y amplitud del relato (FONTANILLE, 2001). El narrador como primera presencia del discurso toma posición y a través de los actos de mira y captación desembraga una historia. En varias novelas mineras se percibe este proceso. Los narradores están empeñados en revelar el mundo interior de las minas, aquellos aspectos que se desconoce en el mundo exterior.

Negros le decían a los desatadores porque después de su trabajo quedaban color carbón. Provistos de barretillas livianas entraban a las labores casi inmediatamente después del disparo a golpear las bóvedas y las paredes para desprender los bloques de mineral que la dinamita había removido, pero que no fue arrojado. Nubes de polvo se les pegaba a las caras sudosas, como empastos. Y había que tener cuidado al tocar las bóvedas. Podía caer un bloque y moler con facilidad una cabeza. Por eso, había que trabajar como bailando, para que no sea magullada la cabeza, para que no sean chancados los pies. (En la noche infinita: 24).

Lo que intenta comunicar el texto es la diferencia entre el mundo exterior, con sus casas, calles, plazas que se mueve en un mundo cotidiano con el mundo interior de bocaminas, stops, chimeneas, galerías, frontones, etc. Ingresar a la mina es sortear a la muerte, volver a la superficie es sinónimo de vida y libertad.

Eran las cuatro de la tarde cuando terminaron su labor, entregaron sus herramientas a la bodega, cogieron sus portaviandas, entraron a la jaula de diez en diez, eso sí por orden de llegada. Salen a la superficie, botan de sus lámparas las cenizas del carburo… En estos momentos todos quieren ser los primeros en entregar o mejor dicho cambiar sus fichas de cartón por las de bronce; sin embargo se forman aglomeraciones y demora porque todos quieren salir lo antes posible, aunque después de todo lo importante y satisfactorio es llegar sano y salvo al hogar (Madre cerreña, 1967: 31-32).

5.2. Metáforas del interior de las minas

Para la mayoría de la gente, la metáfora es un recurso de la imaginación poética, una cuestión de lenguaje extraordinario más que ordinario, cosa de palabras, del lenguaje más allá de la acción. A la vez, la metáfora impregna la vida cotidiana, no solamente del lenguaje sino también del pensamiento y de la acción. Los conceptos que rigen nuestro pensamiento no son simplemente asunto del intelecto, rigen también nuestro funcionamiento cotidiano. La manera en que pensamos, lo que experimentamos y lo que hacemos cada día, también es en gran medida cosa de metáforas. La mayor parte de nuestro sistema conceptual ordinario es de naturaleza metafórica (LAKOFF y JOHNSON, 1995).Varias de las novelas en estudio han construido verdaderas elaboraciones metafóricas sobre las minas, curiosas descripciones que brotan de la percepción de los socavones, haciendo uso del lenguaje popular cuyas palabras están preñadas del concepto de la vida cotidiana. Creemos que uno de los aportes que hace la novela minera a la literatura peruana es su construcción metafórica propia e inconfundible del universo minero; van desde una elaboración espontánea, sencilla y directa hacia una reflexión más profunda cuyo lenguaje brota de una conciencia artística del autor; estas elaboraciones metafóricas son las que más nos interesan porque encierran un concepto fundamental del mundo minero y revelan estéticamente los discursos del socavón.

La candela escribía en las paredes. Las máquinas gritaban introduciendo los barrenos en las rocas (:16). Rechinó el enmaderado, se sacudió la mina como si la tierra estuviera epiléptica (: 16). El tubo de aire le silbaba al polvo recordándole que tenía que irse pronto porque ya iban a entrar los lamperos y enmaderadores (: 24). El polvo se escondió y humillado salió en partículas húmedas a pegarse en la cara y en las ropas del perforador (: 37). Los jackamaristas aullaban como jaurías de las punas. Las leyners rugían como pumas de selva, taladrando las rocas, llenando de polvillo mineral el ambiente. La dinamita seguía bramando como fiera insaciable (: 120). El torpedo se comía con facilidad la roca blanda. Bastaba medios cachorritos para que arrojara material por toneladas. Los barrenos se introducían como aguja caliente en un trozo de manteca (En la noche infinita: 124).

La nieve seguía cayendo incesantemente y un albo manto cubría las hondonadas y los techos de los campamentos mineros (: 64). A medida que avanzábamos la luz del día nos abandonaba y yo apenas podía ver la silueta difusa del Tuco que caminaba tranquilamente (: 70). La luz, al chocar con esa pulimentada superficie gris, lanzaba tenues e irisados destellos. Las hendiduras taladradas en la roca, que servían de peldaños, eran como fauces negrísimas (:80) Torbellinos de viento y lluvia barrían la bocamina obligándonos a buscar refugio cada vez más adentro (El retoño: 82).

Las vetas se ven desde lejos doctor, claras, muy claras, caminan por el suelo como la gente. Sus “bloramientos” como manos que se escapan desde el fondo de la tierra nos señalan que están ahí. A veces hasta cruzan las quebradas y nos miran coquetas, ansiosas de que las encontremos; gritándonos de vez en cuando con su presencia como los niños que juegan a las escondidas. (Plata púrpura,PATIÑO, 1997: 159).

Las metáforas ayudan a configurar un mundo propio e inconfundible sobre las minas, recrean los escenarios como narradores que conocen esos espacios, asocian las minas con la tradición y la forma de pensar de los mineros. Un claro ejemplo es conceptuar a los socavones como una mujer, como madre que da a luz los minerales; por eso, las mujeres no deben ingresar a su interior porque traería los celos de la mina y si esto se produjera, la mina se encolerizaría trayendo desgracia y derrumbes; incluso, el trabajo de los perforistas al escavar las rocas son percibidas a través de una conducta fálica (En la noche infinita). Por tanto, las metáforas ayudan a debelar ese universo ubicando el punto de mira del narrador en el interior de los socavones y desde allí se desembraga el discurso.

6. Revelando a los sujetos mágicos

El minero, a través de larguísimos años, ha construido en su imaginario varios sujetos mágicos que viene de una tradición instalada en el mundo andino y el folklore. Estos seres pequeños que habitan en las galerías abandonadas son los duendes de las minas y viven a hurtadillas de los mineros para no ser atrapados. En la zona centro andina del Perú, es el Muqui el más conocido, aunque en otros lugares tienen otros nombres como el caso de Bolivia donde se le conoce como “El tío”. Desde el imaginario minero, los muquis son seres muy pequeños que alcanzan una altura de cincuenta centímetros aproximadamente, andan con casco de minero, usan barba, son rubios, llevan botas y tienen una pequeña lamparita que les proporciona luz en la oscuridad. Solo algunos privilegiados pueden chocarse con ellos, son los guardianes de la mina, cuidan las vetas y son muy celosos con sus riquezas.

Las novelas introducen los relatos del Muqui como parte de la revelación metafórica de las minasy la introducción de sus anécdotas enriquece el mundo de los socavones, amplía sus perspectivas narrativas y las convierte en seres muy interesantes que esconden muchos misterios en los socavones. A pesar de su estatura pequeña, son seres muy poderosos, pueden ser malos y bondadosos, según la ocasión, pero siempre serán seres de mucho poder. Por ello hay que venerarlos, los mineros saben que se debe rendir tributo haciendo un promontorio de piedrecillas en un rincón de la mina y colocar hojas de coca como señal de reverencia. Este acto significa el pago a la tierra, pidiendo permiso para que puedan explotar los minerales; si no se hace eso, entonces se correrá peligro y pueda que en cualquier momento ocurra un accidente. Los muquis son buenos cuando los hombres pagan tributo y son malos cuando no son venerados. Como seres pequeños también son juguetones, a veces les gusta tirar piedrecillas a los mineros solitarios, jugar con pepitas de oro y plata como los niños.

En ese sentido, el minero astuto puede atrapar al Muqui solo con una soga especial llamada “Chicuyllo” porque no se puede hacer con alambre ni con cualquier objeto que contenga mineral. Pero a veces los muquis desencadenan su cólera con quienes pretenden burlarse de él y producen derrumbes y matan a los mineros haciéndolos botar espuma por la boca. El Muqui tiene un aliado en las minas, “El jumpe” que es un gas letal que camina por las galerías abandonadas, si un minero se choca con él, muere instantáneamente; los mineros saben que si aparece este gas hay que tirarse al suelo para que “El jumpe” pase sin verlos. El otro ser más poderoso es el jirka, la deidad de la naturaleza que debe ser reverenciado constantemente por los mineros. Leamos estos textos:

Los muquis son los duendes de la mina. Dicen que son enanitos con una barba larga, blanca como la “alcaparosa”. Andan saltando, como venados. Cuando son sorprendidos por los que no son sus amigos, desaparecen como una tirilla de humo al soplo del viento. Viven en las labores abandonadas, comiendo pirita. Salen muy de tarde en tarde para hacer daño o para favorecer a alguno, especialmente a aquellos que han cumplido con rendirles homenaje […] Los muquis son los auxiliares del Jirca y por permisión de él tienen poderes sobrenaturales. Cuando no se les venera, le empujan a uno a una tolva, le aprietan el pescuezo, le tiran a la cabeza un trozo grande de mineral, suficiente para matarlo, o le amarran los pies para que no pueda escapar de la dinamita. A veces los muquis están de buen humor y juegan con los trabajadores que andan solos, tirándoles piedrecitas, o les silban, llamándoles. Y cuando quieren proteger, nos salvan de todos los apuros. (En la noche infinita: 32-33).

Entonces don Flavio se dio cuenta de que ese era el Muqui ¡con razón – se dijo – yo no gano plata! Rápidamente se fue a su casa a buscar una soga de cerda, porque al Muqui no se le puede amarrar sino con soga de cerda de caballo, porque hasta el alambre lo rompe bien fácil. Cuando regresó con la soga, le dijo a su hijo: oye, agarra esta soga y cuando viene a jugar ese otro chiuche, le amarras en un descuido y no o sueltes hasta que llegue.

Al otro día, cuando el Muqui fue a jugar, el chiuche lo amarró en un descuido y por más que el Muqui se revolcaba y le rogaba, el muchacho no lo soltó. Cuando salió su papá a almorzar y lo encontró al Muquiamarrao, se lo llevó cargado adentro de la mina y allí dicen que hicieron un pacto para que le diera bastante mineral. (El retoño: 78-79).

La visión del Muqui en la oralidad popular del centro del Perú es variada, existe hasta treinta variantes con diversas características. Muquis que juegan con los niños en los socavones abandonados (El retoño de Julián Huanay); muquis que son atrapados por los mineros con una soga especial “el chicuyllo” y una vez prisioneros trabajan a beneficio de sus captores (El prefecto de César Pérez Arauco); muquis que cambian su libertad por la orientación de vetas de muy alta calidad (Madre Cerreña de Ricardo Jurado Castro);muquis maléficos que violan a los hombres como es el caso de las minas de Goyllarisquizga (Fantasmandino de Zenón Aira Díaz) La visión del Muquien las novelas es una contribución al conocimiento de este maravilloso, pequeño y fantástico sujeto mágico del universo subterráneo de las minas (SALAZAR, 2006).

CONSIDERACIONES FINALES

El corpus de novelas que recrean el mundo de las minas le confiere la categoría de novelas mineras y justifica su estudio por la importancia que significa sus discursos al revelar un mundo desconocido donde las acciones individuales de los personajes se colectivizan; en el fondo, es la voz de los mineros narrando su propia historia, esa voz representa a su grupo social, el narrador solo es un mediatizador de la historia para dar la voz a colectividad, el pueblo habla a través del él. Aquí radica la ideología implícita de los autores; sin embargo, estos discursos no son los más importantes desde nuestro punto de vista; lo más trascendente es la revelación de un mundo. Las minas no son solo lugares de trabajo, sino un universo complejo y particular donde los mineros están atrapados en su destino. Se distingue claramente entre el mundo exterior (ciudad) con el mundo interior (socavón)y ambos espacios son diferentes y contradictorios. Aquí las metáforas construidas adquieren un gran valor simbólico para revelarnos un mundo minero con todas sus características. Develar ese mundo desde la perspectiva literaria, trabajando la palabra con una conciencia estética es uno de los valores más importante de este grupo de novelas. Los discursos del socavón amplían las perspectivas literarias de un país plurilingüe y multicultural y contribuye sustancialmente al fortalecimiento de la novela peruana.

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Notas

1 “El origen de la literatura testimonial latinoamericana designa el momento en que los círculos literarios incorporaron a sus categorías de producción artística un nombre de género hasta entonces ajeno a la literatura, el testimonio junto a ciertas prácticas de escritura que dicho nombre genérico permitía englobar: especialmente, aquellas que daban cuenta de un haber estado allí, en el agitado proceso político de la etapa”. GARCÍA (2016: 74).
2 Los libros que he publicado a la fecha donde se aborda la relación literatura y minería son: Discursos del socavón: imágenes del universo subterráneo en la novela En la noche infinita (2006). Proceso de la literatura pasqueña Tomo II, narrativa (2016).
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