LA BIOÉTICA Y LOS DESAFÍOS DE FUTURO

José Vicente Villalobos Antúnez
Universidad del Zulia, República Bolivariana de Venezuela

LA BIOÉTICA Y LOS DESAFÍOS DE FUTURO

Opción, vol. 37, núm. 96, pp. 7-11, 2021

Universidad del Zulia

Una de las más importantes evidencias del vivir, está representada por los avances de la ciencia, en el marco del proceso de socialización de los grandes desafíos que trae consigo. Estos avances, además de ganancias de certezas, también han traído consigo desarrollos del conocimiento, los cuales introducen en el devenir posterior mayor rasgo de incertidumbre, y por supuesto, un mayor contenido de incertezas. Ciertamente, si ponemos en contexto la historia del tecnoconocimiento, como correlato, a principios del siglo XX, de la ciencia, cuestión que he discutido en otras oportunidades, se ve claramente que esta centuria lo fue de gran despliegue técnico en todos los sentidos. Entre otros avances también de importancia, como por ejemplo en el ámbito de las ciencias de la información, este período histórico recientemente transcurrido, fue el siglo tanto del desarrollo de la denominada física cuántica, como de la biología molecular, además de otras áreas del saber tecnocientífico.

Por el lado de la física cuántica, por ejemplo, el despliegue del conocimiento vino no solo de la mano del desarrollo del concepto científico de “quanta”, el cual, al fragor de las pugnas epistémicas, produjo rupturas en la sociedad del conocimiento, al punto de dividir el accionar de la ciencia entre aquellos que creían en el orden del Universo (Einstein entre ellos), y aquellos que más bien argumentaban en favor de la sucesión entre caos y orden (Böhr), justamente convencidos de que, el quanta, es un elemento físico inframicroscópico que viaja por caminos imperfectos de la totalidad del espacio y marcado por la incertidumbre de sus movimientos (Schrödinger). Atrás quedaron las certezas de los movimientos de la física clásica sustentados en los postulados newtonianos, los cuales, sin embargo, no dejaron de poseer su vigencia científica: las fuerzas del Universo se complementan. Aquí se trata de la física del macro mundo y del micromundo; la mecánica celeste y la mecánica cuántica.

Mientras tanto, por el lado de la biología molecular, las incertezas no dejaron de florecer, debido justamente a las ganancias de conocimiento, más bien en el segmento final del siglo XX, en torno a los confines de la vida; esto es, respecto a la conformación de la vida en sentido generatriz: qué es lo que la forma. El despliegue del conocimiento sobre el ADN recombinante trajo consigo en la segunda mitad del siglo XX, el conocimiento acerca del gen, el cual permitió deshojar la margarita del azar de la vida en un sentido esencial: cómo se conforma la vida, fue la pregunta subyacente en este proceso de conocimiento, trayendo consigo avances con la clonación de los seres vivos y las posibilidades de identificar los rasgos genotípicos de las personas como cuestiones medulares.

Las técnicas que se han derivado de este conocimiento nos llevan a los confines de la identificación casi exacta de las personas a manera de predicción desde sus rasgos fenotípicos y filogenéticos, apenas transcurridos tres lustros de este azaroso e incierto siglo XXI.

Desde esta perspectiva, nuestra información personal no solo es poseída, sino que podemos ser identificados predictivamente a través de novedosas técnicas biológicas, como la del fenotipado, o FDP, por sus siglas en inglés, cuestión que viene siendo desarrollada desde 2015 en laboratorios estadounidenses y británicos, aunque no dudamos que otros países con tecnología de punta lo estén llevando a cabo, como China, Rusia o Malasia, como piensan algunos (por ejemplo, Flavia Costa, 2021). Este conocimiento derivado del original centrado en el genotipo, representa uno de los mayores desafíos para la sociedad en su conjunto, pues podría significar el más grande de los holocaustos que en la historia humana podría acontecer. La discriminación basada en la raza podría resurgir a partir de estos conocimientos, y representar, lógicamente, uno de los grandes desafíos que el conocimiento y la tecnología traen consigo.

Pues bien, dadas las circunstancias transcurridas en algo más de un siglo desde que se pudo describir la naturaleza de la luz en su sentido físico, así como de la relatividad del tiempo, hoy nos encontramos en una etapa de la vida en la que la tecnología nos ha invadido en los intersticios más profundos de nuestra existencia, conllevándonos por senderos abiertos a partir de la fusión de todos los conocimientos (la llamada transdisciplinariedad) acerca de la naturaleza del mundo y de las cosas, así como de nuestra propia subjetividad. Ello lógicamente trae consigo desafíos que anteponen la propia existencia humana como un aspecto medular que hay que considerar en el sentido de la preservación no solo de la especie humana, sino de la vida misma y del planeta tal como lo conocemos hoy: está en riesgo su carácter de proveedor de los recursos necesarios para vivir.

Pues bien, en ese orden de ideas, hemos argumentado también en otras oportunidades que, la Bioética como disciplina surge como un clamor de los científicos que repararon en las consecuencias de los conocimientos que se obtienen en los confines epistémicos de las disciplinas (Potter, 2001); esto es, aquellos conocimientos de punta que son novedosos en su descripción de la naturaleza y de la naturaleza humana pero que, al mismo tiempo, a partir de sus ulterios desarrollos, podrian causar conmoción social en vista de los riesgos involucrados.

Ya no son la física cuántica o la biología molecular las que traen aparejados riesgos a la vida; son las ciencias de la información, entre otras, las que están colocando en el entramado de la existencia humana posibles abismos que interrumpan nuestro tránsito por esta Tierra de gracia. Las tecnologías que vienen con el conocimiento de las ciencias computacionales son tan azarosas como la fisión nuclear y la clonación humana.

Así, en el sentido de lo indicado, la bioética, que nació como disciplina puente entre las ciencias naturales y las humanidades, o ciencias humanas, así como las sociales; ha visto cómo esos confines del conocimiento acerca de la naturaleza se han exponenciado al punto de no solo poner en peligro la vida en cuanto tal, sino que antepone riesgos a la misma libertad humana, tomada esta como eje central de nuestra propia existencia; la libertad, más que eje, es nuestra propia naturaleza, según nos lo recuerda Kant. Más allá de los argumentos ideológicos que surjan en la discusión, los cuales son siempre polémicos y ambiguos a la vez, en especial, si se asume que el actual desarrollo económico es obra de un neocapitalismo, evolucionado por fuerza de las circunstancias del mercado, y desarrollado a partir del despliegue de las tecnologías digitales que ponen al descubierto nuestras propias emociones, con las cuales además se comercia; más allá de esos argumentos, digo, la bioética ha amplificado sus miradas críticas en sentido filosófico, para poner al descubierto nuevos desafíos de futuro frente a los nuevos confines del conocimiento.

Así, de los desafíos de futuro, si observamos, incluso con cierta rapidez de mirada algunos de ellos, pueden apreciarse en principio dos aspectos medulares de esa observación: el primero, es que el conocimiento es cada vez más profundo en cuanto a la descripción y comprensión de los fenómenos de la naturaleza, como lo es, por ejemplo, el desarrollo de la computación cuántica, derivada de aquellos primeros avances del siglo XX de la física cuántica; y como segundo, se aprecia también que cada vez hay mayores riesgos en cuanto al despliegue de la vida y de la libertad producto de las implicaciones, que vienen con las aplicaciones tecnológicas derivadas, en el mundo de vida cotidiano. Problemas como el cambio climático, de los cuales se ocupan las ciencias ambientales y disciplinas afines; la privacidad, producto de la invasión tecnológica en nuestras vidas proveniente del despliegue de información que “voluntariamente” entregamos al ciberespacio; el desarrollo de la interfase entre humano y máquina, que podría hacer posible la manipulación del cerebro humano y con ello socavar los cimientos de la voluntad de decidir; entre otros grandes desafios (Zuboff, 2021), son solo muestras breves del futuro que nos espera.

Frente a ello, es decir, frente a los grandes desafíos que implican el conocimiento que se despliega en estos tiempos a velocidades insospechadas hace un siglo, la Bioética pone ahora sus miradas en los grandes problemas tecnocientíficos, más allá de los tradicionales enfoques biomédicos que la caracterizaron durante el siglo XX desde su creación como disciplina. El enfoque antropocéntrico que la caracterizó, va quedando a un lado para redireccionar su objetivo de estudio en todos aquellos aspectos de la ciencia que ponen en peligro la vida humana, lo cual es característico de la misma bioética global que caracterizó los postulados del oncólogo que la popularizó como interdisciplina; la bioética hoy se ve más como de naturaleza geoncéntrica, debido a los desafíos descritos. Se trata de reflexionar sobre los efectos globales de la tecnociencia, y no solamente en los aspectos humanos, justamente para “salvar” nuestras circunstancias, como lo predijo el maestro español, José Ortega y Gasset.

Importar imagenLos desafíos de futuro ya no son de futuro propiamente; lo son también del presente, pues, por ejemplo, ya el cambio climático no es un discurso; es una mera realidad, que está causando no solo incertidumbre de vida, sino dificultades de sobrevivencia, tanto de las especies vegetales y animales, como de la misma vida humana. Ni qué decir de las tecnologías de comunicación, que representan un aspecto desafiante en todos los sentidos. En virtud de ello, se aprecia también que los desafíos de futuro, al presentarse en estas condiciones de un conocimiento en aras de la mejora de la calidad de vida humana, que fue y es todavía una de las promesas de la modernidad científica, son también “culpables” de la pérdida de esperanzas puestas en el progreso científico. La ciencia representa una de las mayores esperanzas para sortear la incertidumbre que ella misma crea; pero ella debe ser arropada por un manto reflexivo que permita ver con mayor precisión los efectos que podría causar a futuro el conocimiento develado.

Por ello, el Principio de precaución, de tanta polémica en los medios de producción tecnocientífica, es uno de los mayores aportes que ha podido hacer la bioética de finales del siglo XX, razón por la cual es necesario repensarlo y catapultarlo como uno de los principales eslabones que debe integrar la cadena del conocimiento.

De allí que se esté cada vez más cierto en el hecho de que la precaución en la producción y el uso del conocimiento, sea no solo un principio, sino un valor esencial para su desarrollo. La ética del conocimiento que representa esta perspectiva, hace pensar también en la deducción esencial que se produce a lo interno del conocimiento, en cuanto el deber ser de la ciencia se infiere, a partir del ser de la naturaleza; es una manera de disolver la Falacia Naturalista, de tonto revuelo en la última centuria; pero también, representa un aspecto de controversia sin parangón debido a la cuestión de la libertad en la producción de conocimiento.

Estos temas, de tanta repercusión y de tan relevante importancia para el actual estado del arte, hacen de la nueva perspectiva bioética vista como una ética para la vida, en el sentido de una filosofía no particularista de la vida de cada ser viviente; se trata de un sentido global, presente como se dijo desde su momento de creación como disciplina filosófica, pues involucra no solo la vida y la salud de las personas; tiene que ver con la sobrevivencia de la vida humana en el planeta, para preservarlo a él como la “circunstancia” propia de la vida humana, para finalmente preservar a esta como un deber insoslayable de cada ser humano que habita el planeta. La ciencia habrá de reconsiderar su accionar para darle una nueva mirada a los desafíos de la vida que ella misma genera, y así poder afirmar con certeza que la vida se podrá perpetuar en el horizonte de los caminos futuros. Esa es la nueva misión de la ciencia, y de la bioética que por sí misma emerge de los confines desafiantes de la vida; la Bioética es una interdisciplina para pensar los desafíos de futuro.

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