Presentación
Las páginas de El Trimestre Económico, desde sus primeros años de publicación, estuvieron estampadas por estudios de historia económica: los trabajos de Daniel Cosío Villegas (1939), su fundador, así como de Jesús Silva Herzog (1938), Eduardo Villaseñor (1934) y Frank Tannenbaum (1935) fueron investigaciones históricas que estuvieron puestas en las urgencias políticas de la modernización económica de México, en el contexto del cardenismo temprano. Era una historia económica que aspiraba a explicar el pasado, en términos de proyectos a futuro.
Esa tradición, que ha sido sucedida en distintos momentos de la conversación pública entre economistas e historiadores, hoy tiene un nuevo derrotero en el contexto de la incertidumbre financiera y el declive de la globalización. Por lo tanto, la escritura de una nueva historia económica que recupere el ciclo historiográfico que ha visto el desarrollo de esa nueva historia financiera en América Latina -prebancaria y bancaria- nos reclama nuevas miradas, exhaustividad de fuentes, debates y modelos de interpretación, así como una renovada agenda de investigación.1
Los textos que integran esta entrega sobre cuestiones financieras, de crédito y desarrollo de la banca moderna sintetizan años de investigación y un recorrido historiográfico que ponen al día los temas que inquietan a la investigación histórica desde el presente: las prácticas crediticias y la cultura de la confianza; el manejo de los activos financieros por agentes locales y la gestión financiera de la deuda pública; la banca privada y el gasto público; la emisión múltiple y la estabilidad monetaria, así como los modelos históricos de articulación de intereses financieros locales y globales en el crecimiento económico de largo plazo.
El trabajo de Carlos Marichal, especialista en historia de la deuda pública y la banca latinoamericana, examina detenidamente la evolución de la banca temprana británica, alemana, francesa y española en la región, al advertir las formas de organización del crédito y de asociación con agentes nacionales, donde los patrones de gestión del crédito no respondían exclusivamente al comando directivo de los inversionistas extranjeros, sino a una gestión local compleja. Nos muestra, con perspicacia, lo que la historiografía comparada ha advertido sobre el papel de los empresarios locales, los gobiernos como clientes, emisores de deuda y prestamistas en última instancia, así como los beneficios y los colapsos de la inversión en infraestructura, minería, comercio exterior y commodities que impulsaron economías de exportación locales.
La visión de Marichal, en su ejercicio erudito comparado, nos da testimonio de una historia compleja, errática e inquietante sobre el papel de la inversión extranjera en bancos, títulos de deuda y bonos negociables a niveles local y global. Su síntesis apunta a una recomendación directa y explícita a economistas e historiadores para emplazar “nuevos estudios de la historia bancaria y financiera, ya que ofrece numerosas claves para entender los procesos de desarrollo (y subdesarrollo) económico y empresarial en el largo plazo”.
En su caso, el trabajo de Yolanda Blasco-Martel y Carles Sudrià i Triay presenta una revisión de las experiencias de pluralidad de emisión en el siglo XIX, centrándose en el caso español. Desde una perspectiva que enlaza contextos institucionales y gestión política, se enfoca en la hipótesis, aún plausible, de que la existencia y la extensión de la banca fueron un elemento crucial para alcanzar el crecimiento económico en las economías de mercado occidentales.
La experiencia española de emisión de billete de banco, que arrancó en el siglo XVIII, tuvo en el siglo XIX una evolución de la convertibilidad metálica al papel, en una transformación que viró de la banca de Estado a la privada. El debate entre escuelas de pensamiento monetario -currency, banking y free banking-, como los autores relatan, está en el origen de la regulación de la emisión múltiple hasta la emisión de curso legal y forzoso por las bancas centrales. Un relevamiento de experiencias europeas y americanas permite sostener que el comercio internacional y la formación de capital para inversiones industriales e infraestructura permitieron a los bancos expandir la emisión, iniciada en la década de 1840 y con un ciclo expansivo en la de 1860, sobre experiencias previas de banca estatal y provincial.
La experiencia española de emisión de deuda con la emisión de vales reales como promesa de rédito afectó algunas de las economías coloniales americanas al generar un quebranto en la inversión, el cual propició un descontento social significativo en 1808. Los billetes de banco eran una promesa de pago. Cuando se reguló su emisión y se exigieron garantías metálicas, tuvieron efectos multiplicadores sobre la economía. El trabajo plantea la necesidad de contrastar la hipótesis acerca del efecto de la banca provincial en el crecimiento económico regional en la segunda mitad del siglo XIX en España. El crecimiento económico provincial muy probablemente se debió a la capacidad de los bancos de emisión de conceder créditos, generar demanda, proveer medios de pago y generalizar el uso del billete que habría de allanar la emisión única del Banco de España (1878). Pero tal sistema de pluralidad de emisión también enfrentó una crisis de liquidez, con la caída de acciones de empresas financiadas, sobre todo ferrocarrileras (1866), que, puesto que la banca descentralizada carecía de prestamista en última instancia, precipitó quebrantos y cierres. El monopolio emisor del Banco de España (1874) surgió en un contexto donde crisis financiera y crisis política se conjugaron. En esa fecha se cerró la experiencia de la pluralidad en España. El Banco de España integró prácticamente la totalidad de bancos provinciales que todavía subsistían, y sólo unos pocos quedaron como bancos comerciales sin derecho de emisión. Es una historia sinuosa que pone en evidencia que, sin entender la evolución de la banca provincial, es difícil comprender el tránsito de la emisión múltiple a la emisión única de curso legal.
Un tercer nivel de análisis, en este ejercicio regresivo, se aprecia en el trabajo de Martín Wasserman sobre la evolución de los medios de pago en su capacidad adquisitiva, tasa de interés y las implicaciones políticas en la transición entre el antiguo régimen colonial y la nueva configuración estatal, a través del Banco de la Provincia de Buenos Aires, en rigor la primera institución bancaria de emisión y descuento de las nuevas repúblicas americanas.
Desde una discusión conceptual sobre el medio de pago, sus expresiones históricas de materialidad y prácticas culturales de aceptación, negociación y redención en metálico, el examen de largo plazo se nos muestra como un proceso de múltiples mutaciones de la economía rioplatense, carente de producción dineraria, donde la movilización de recursos estatales (situado), la gestión fiscal de recursos dinerarios y la circulación de medios de pago sucedáneos al metálico le otorgan una singularidad relevante para observar procesos complejos de articulación monetaria y crediticia de largo plazo.
La aportación de Wasserman, al sintetizar los rasgos sustantivos de ciclos largos de dicha articulación, nos permite observar cómo se tejieron políticas imperiales y negociaciones locales a fin de resolver el problema de la escasez relativa de metálico, generar prácticas de confianza, regular formas crediticias e implementar estrategias de retención de moneda fuerte. La tensión entre moneda soberana, su diversidad de valores, cuños, suertes y prácticas de circulación, apropiación y cambio da testimonio de un sistema donde la actuación de agentes privados y funcionarios regios, tanto de la Real Hacienda y el ejército como de los intereses comerciales de la comunidad local y metropolitana, permite un sistema dinámico de cambios entre monedas y formas de crédito.
La deuda pública y las formas de negociación con el crédito privado son esenciales para entender el modelo de circulación de capitales y medios de pago, por lo cual la existencia temprana de un banco público, con recursos de particulares, que supliera la carencia de circulante y la redención de instrumentos de crédito para descuento, hace plausible su formación, así como explicable su pronta extinción. Sin embargo, como banco emisor, el Banco de la Provincia de Buenos Aires constituyó una innovación financiera relevante, al articular los intereses de una comunidad comercial y la posibilidad de afirmación de un Estado soberano, a la vez que instalar la emisión de papeles de convertibilidad metálica.
Con la formación del Banco de Buenos Aires, sus sucesores -los cheques bancarios- se sumaron a la experiencia del billete de banco, contra depósitos y cobrables a la vista del portador. El hallazgo de los movimientos de los cheques de banco le permitió al autor computar y explicar su papel como medios de pago, mientras advierte una multiplicidad de beneficiarios, desde el gobierno hasta compañías y beneficiarios individuales, con una concentración en 21 firmas y 75% de las emisiones.
Por otra parte, el análisis de la contabilidad cotidiana del banco permitió observar el movimiento de depósitos y libranzas entre 1822 y 1826, del cual 69% fue librado contra cuentas existentes; el resto, amortiguado con descubiertos o sobregiros que produjeron distintas tasas de descubierto, operadas en favor de grupos de inversores fundacionales y los principales emisores, por el uso de cheques de banco. Con las dificultades del gobierno para equilibrar gastos, el grupo de acreedores se benefició de los privilegios concedidos y con ello adquirió sus instrumentos en medios de pago, el señoreaje que representó el descuento de letras y la monetización de pasivos.
La crisis sobrevino con la descapitalización del banco, suplida por un préstamo estatal contratado en Londres con Baring Brothers & Co., pero la guerra de Argentina con Brasil y los apremios de metálico al banco lo obligaron a declarar la inconvertibilidad de los billetes de banco a metálico, lo que dio paso a una moneda corriente de emisión por el Banco de las Provincias Unidas, como banco emisor de Estado.
El conjunto de textos reunidos nos permite ver varias escalas de la nueva historia financiera, prebancaria y bancaria temprana, en ese tránsito de la emisión múltiple a la emisión única. Primero, las importancia de la articulación de bancas nacionales, internacionales y provinciales, con sus distintos grados de asociación; segundo, la relevancia del crédito y los medios de pago en las múltiples formas en que se mantuvieron, innovaron y colapsaron en los contextos europeos y americanos; tercero, la complejidad de las prácticas de negociación, gestión y socialización del uso de medios de pago e instrumentos de crédito, que obligan a matizar la hipótesis general sobre el papel activo o pasivo de la banca en el crecimiento económico de largo plazo en economías occidentales.
Celebramos con ello que la historia económica esté de vuelta en las páginas de El Trimestre Económico. Quedan al juicio del lector.
Referencias bibliográficas
Ángel, G. A. del, y Marichal, C. (2003). Poder y crisis: historiografía reciente del crédito y la banca en México, siglos XIX y XX. Historia Mexicana, 52(3), 677-724. Recuperado de: https://historiamexicana.colmex.mx/index.php/RHM/article/view/1404
Cosío Villegas, D. (1939). El comercio de azúcar en el siglo XVI. El Trimestre Económico, 5(20), 571-591. Recuperado de: https://www.eltrimestreeconomico.com.mx/index.php/te/article/view/1626
Silva Herzog, J. (1938). El capitalismo hasta fines del siglo XVIII. El Trimestre Económico, 5(18), 151-182. Recuperado de: https://www.eltrimestreeconomico.com.mx/index.php/te/article/view/1614
Tannenbaum, F. (1935). La organización económica de la hacienda. El Trimestre Económico, 2(6), 189-217. Recuperado de: https://www.eltrimestreeconomico.com.mx/index.php/te/article/view/1449
Valle Pavón, G. del. (2003). Historia financiera de la Nueva España en el siglo XVIII y principios del XIX, una revisión crítica. Historia Mexicana, 52(3), 649-675. Recuperado de: https://historiamexicana.colmex.mx/index.php/RHM/article/view/1410
Villaseñor, E. (1934). Nuestra industria textil del algodón. El Trimestre Económico, 1(4), 366-389. Recuperado de: https://www.eltrimestreeconomico.com.mx/index.php/te/article/view/1399
Notes