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			<journal-id journal-id-type="publisher-id">ete</journal-id>
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				<journal-title>El trimestre económico</journal-title>
				<abbrev-journal-title abbrev-type="publisher">El trimestre econ</abbrev-journal-title>
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			<issn pub-type="ppub">0041-3011</issn>
			<issn pub-type="epub">2448-718X</issn>
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				<publisher-name>Fondo de Cultura Económica</publisher-name>
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			<article-id pub-id-type="doi">10.20430/ete.v92i366.2391</article-id>
			<article-id pub-id-type="publisher-id">00004</article-id>
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					<subject>Artículos</subject>
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				<article-title>El desafío del desarrollo con insuficiencia dinámica y la necesidad de explorar alternativas. El camino de la economía popular en Argentina<xref ref-type="fn" rid="fn23">*</xref>
				</article-title>
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					<trans-title>The challenge of development with dynamic insufficiency and the need to explore alternatives. The path of the popular economy in Argentina</trans-title>
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						<surname>Chena</surname>
						<given-names>Pablo Ignacio</given-names>
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					<xref ref-type="aff" rid="aff1"><sup>1</sup></xref>
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					<label>1</label>
					<institution content-type="original"> Instituto de Investigaciones en Humanidades y Ciencias Sociales del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas de Argentina (IDIHCS-Conicet), La Plata, 2024 (correo electrónico: pchena@gmail.com).</institution>
					<institution content-type="normalized">Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas</institution>
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			<pub-date pub-type="epub-ppub">
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			<volume>92</volume>
			<issue>366</issue>
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					<license-p>Este es un artículo publicado en acceso abierto bajo una licencia Creative Commons</license-p>
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				<title>Resumen</title>
				<p>Durante el siglo XX la noción de desarrollo económico consistió en absorber, desde la expansión del sector capitalista (moderno), la fuerza de trabajo empleada en el sector no capitalista (subdesarrollado). El presente artículo analiza la evolución económica de Argentina en los últimos 32 años como un ejemplo, extensible a otros países, del fracaso de diferentes propuestas tradicionales para resolver el gran problema estructural del subdesarrollo: la insuficiencia dinámica del capitalismo periférico. En estas circunstancias, se explora la posibilidad de un camino alternativo heterodoxo de desarrollo, acorde con la realidad del siglo XXI. La propuesta consiste en impulsar un modo de producción no capitalista, denominado “economía popular”, que surge en los barrios populares de la Argentina con la potencialidad de mejorar los niveles de ingresos laborales de trabajadores excluidos del empleo formal.</p>
				<p><bold>Clasificación JEL:</bold> J6, O1, P4.</p>
			</abstract>
			<trans-abstract xml:lang="en">
				<title>Abstract</title>
				<p>In the 20<sup>th</sup> century, the notion of economic development consisted of absorbing, from the expansion of the capitalist (modern) sector, the labor force employed in the non-capitalist (underdeveloped) sector. This article analyzes the economic evolution of Argentina in the last 32 years as an example that can be extended to other countries, regarding the failure of different traditional proposals to solve the structural problem of underdevelopment: the dynamic insufficiency of peripheral capitalism. Under these circumstances, the possibility of an alternative heterodox path of development is explored, in accordance with the reality of the 21<sup>st</sup> century. The proposal involves promoting a non-capitalist production mode, called “popular economy”, which arises in the popular neighborhoods of Argentina and has the potential to improve the labor income of workers currently excluded from formal employment.</p>
				<p><bold>JEL codes:</bold> J6, O1, P4.</p>
			</trans-abstract>
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				<title>Palabras clave:</title>
				<kwd>Desarrollo</kwd>
				<kwd>subdesarrollo</kwd>
				<kwd>insuficiencia dinámica</kwd>
				<kwd>economía popular</kwd>
				<kwd>Argentina</kwd>
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				<title>Keywords:</title>
				<kwd>Development</kwd>
				<kwd>underdevelopment</kwd>
				<kwd>dynamic insufficiency</kwd>
				<kwd>popular economy</kwd>
				<kwd>Argentina</kwd>
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	<body>
		<sec sec-type="intro">
			<title>Introducción</title>
			<p>
				<xref ref-type="bibr" rid="B16">Celso Furtado (1974)</xref> señala que el estudio del proceso de desarrollo/subdes­arrollo debe focalizarse en analizar, desde el punto de vista macroeconómico, la producción de bienes y servicios, a fin de comprender las causas de los aumentos de productividad del trabajo y sus repercusiones en la organización social. Como eco de este marco conceptual, el imaginario de desarrollo vigente durante el siglo XX en América Latina se basó en procurar la expansión del capitalismo en la región para que absorba la fuerza de trabajo empleada en el sector no capitalista “atrasado” (<xref ref-type="bibr" rid="B28">Lewis, 2024</xref>).</p>
			<p>Los magros resultados alcanzados en términos de desarrollo económico, medidos con los parámetros mencionados, llevaron a autores como <xref ref-type="bibr" rid="B40">Prebisch (1981)</xref> a acuñar el término de “capitalismo periférico”. Con este concepto buscó alertar sobre las especificidades del capitalismo de América Latina; en particular, respecto a ciertas restricciones estructurales que, como producto de la insuficiencia dinámica que generan, no le permiten cumplir su función principal de absorber al sector no capitalista.</p>
			<p>Frente a esta realidad, y a cierto estancamiento teórico y empírico en relación con el estudio de alternativas de desarrollo económico para países lati­no­americanos durante el siglo XXI, el presente artículo se propone dos objetivos. El primero es mostrar que las restricciones propias del capitalismo periférico, sintetizadas por <xref ref-type="bibr" rid="B40">Prebisch (1981)</xref> bajo el concepto de “insuficiencia dinámica”, siguen operando sobre el desarrollo económico de Argentina. Con este propósito, se plantea en la sección I un breve marco conceptual sobre las teorías del crecimiento económico, junto con las de desarrollo y subdes­arrollo, donde se explicitan las controversias respecto a las limitaciones de las economías de libre empresa para garantizar el pleno empleo. A continuación, en la sección II se analiza la vigencia de los conceptos de subdesarrollo e insuficiencia dinámica durante los últimos 32 años de historia argentina.</p>
			<p>El segundo objetivo toma el primero como diagnóstico para alertar sobre el surgimiento, desde principios del siglo XXI, de un modo de producción popular en Argentina, alternativo al capitalista, que genera una nueva clase social en formación, autodenominada “economía popular” (EP). El desarrollo de este propósito se encuentra condensado en un método de análisis con dos niveles de abstracción diferentes. Uno abstracto-estructural, desarrollado en la sección III, donde se aborda el concepto de EP como modo de producción alternativo al capitalista (sección III.1), y otro histórico-concreto, a fin de analizar la formación de la EP como clase social emergente (sección III.2). Finalmente, a modo de hipótesis, el artículo propone incorporar la EP y su potencialidad económica y social como partes de la planificación de un proceso de desarrollo heterodoxo para la Argentina del siglo XXI.</p>
		</sec>
		<sec sec-type="supplementary-material">
			<title>I. Subdesarrollo e insuficiencia dinámica en el capitalismo periférico</title>
			<p>El trabajo seminal de <xref ref-type="bibr" rid="B25">Harrod (1939)</xref> sobre la dinámica macroeconómica de las economías capitalistas en el largo plazo alertó respecto de que la tasa de crecimiento del producto garantizada por el equilibrio macroeconómico <italic>(G</italic><sub><italic>w</italic></sub><italic>)</italic> no tiene por qué coincidir con aquella que responde a la plena utilización de la fuerza de trabajo (denominada por el autor “tasa de crecimiento natural” <italic>[G</italic><sub><italic>n</italic></sub><italic>]</italic>).<xref ref-type="fn" rid="fn1"><sup>1</sup></xref> Estas “dudas” sobre la capacidad de las economías de libre empresa para garantizar el pleno empleo generaron grandes controversias sobre el devenir de las economías capitalistas desarrolladas y subdesarrolladas.</p>
			<p>En este contexto, <xref ref-type="bibr" rid="B49">Solow (1956)</xref>, por ejemplo, señala que dicho resultado se origina porque Harrod no toma en cuenta que el mercado modifica en forma automática los precios relativos para que la intensidad de uso del capital y del trabajo se ajuste a su dotación. Más específicamente, el autor señala que los resultados obtenidos por <xref ref-type="bibr" rid="B25">Harrod (1939)</xref> se deben a que suponen una proporción relativa fija de uso de los factores productivos (<italic>v</italic>=<italic>cte</italic>). Si, por el contrario, se acepta que en el largo plazo esta relación varíe para ajustarse a la dotación de factores productivos (en función de los cambios en los precios relativos), la plena utilización de ambos puede estar garantizada.<xref ref-type="fn" rid="fn2"><sup>2</sup></xref> De esta forma, si en un momento determinado <italic>G</italic><sub><italic>w</italic></sub> &lt;<italic>G</italic><sub><italic>n</italic></sub>, la relación salario/precio del capital (<italic>w</italic>/<italic>r</italic>) va a decrecer, provocará una disminución de <italic>v</italic> hasta que <italic>G</italic><sub><italic>w</italic></sub> iguale a <italic>G</italic><sub><italic>n</italic></sub>, y viceversa.</p>
			<p>Como mecanismo de ajuste alternativo, <xref ref-type="bibr" rid="B26">Kaldor (1957)</xref> destaca que en las economías de mercado el coeficiente de ahorro <italic>(s)</italic> cambia automáticamente, a través de la distribución funcional del ingreso, para garantizar el pleno empleo. Por lo tanto, si la participación de la inversión en el producto interno bruto (PIB) disminuye (<italic>I</italic>/<italic>Y</italic>), habrá un incremento en el salario real provocado por una diminución general de precios, lo que dará como resultado una redistribución del ingreso en favor de los trabajadores. Dicho efecto aumentará el consumo, y, por esta vía, la actividad vuelve al pleno empleo al sustituir inversión por consumo (lo inverso sucederá si aumenta <italic>I</italic>/<italic>Y</italic>).<xref ref-type="fn" rid="fn3"><sup>3</sup></xref>
			</p>
			<p>En los países subdesarrollados el pesimismo sobre el funcionamiento de estos mecanismos de ajustes de mercado continuó en las siguientes décadas a través del concepto de <italic>subdesarrollo.</italic> En términos de las categorías de <xref ref-type="bibr" rid="B25">Harrod (1939)</xref>, este último representa una situación en la cual <italic>G</italic><sub><italic>w</italic></sub> es estructuralmente inferior a <italic>G</italic><sub><italic>n</italic></sub>, una condición que los estructuralistas latino­americanos describieron como de “insuficiencia dinámica” propia del capitalismo periférico (<xref ref-type="bibr" rid="B40">Prebisch, 1981</xref>). A continuación se analiza brevemente la forma en que la inadecuación tecnológica producida por la dependencia de los países centrales, el consumo suntuario, la concentración del ingreso y la restricción externa propia del capitalismo periférico obstaculizan los mecanismos de ajuste al pleno empleo señalados por <xref ref-type="bibr" rid="B49">Solow (1956)</xref> y <xref ref-type="bibr" rid="B26">Kaldor (1957)</xref>: </p>
			<p>
				<list list-type="alpha-lower">
					<list-item>
						<p>La inadecuación tecnológica a la dotación relativa de factores no permite el ajuste <italic>à la</italic> Solow. En la relación centro-periferia, los países del centro -caracterizados por densidad de capital y capacidad de ahorro elevadas, altos niveles de ingreso y escasez relativa de mano de obra- tienen una dinámica de progreso técnico endógeno que les permite cumplir con el principio marginalista de incorporar equipos con alta densidad de capital a todas las ramas en las que es provechoso sustituir trabajo por capital. Sin embargo, en los países periféricos la dependencia tecnológica de los centros genera una dinámica de cambio técnico exógeno, inflexible e irreversible, que no responde a la escasez relativa de capital y la abundancia de mano de obra (<xref ref-type="bibr" rid="B40">Prebisch, 1981</xref>).</p>
					</list-item>
					<list-item>
						<p>La restricción de ahorro, el consumo suntuario y la distribución del ingreso no permiten el ajuste <italic>à la</italic> Kaldor. En América Latina, las elevadas desigualdades sociales que existen no se traducen en mayor ahorro y acumulación de capital, sino que, por el contrario, aumentan el consumo suntuario de los estratos superiores de la sociedad (<xref ref-type="bibr" rid="B16">Furtado, 1974</xref>). Para <xref ref-type="bibr" rid="B35">Nurkse (1963)</xref>, este nivel exagerado de consumo de las clases altas de los países periféricos se debe a un “efecto demostración”, caracterizado por la importación de las modalidades de gasto de los países avanzados. Este fenómeno, que disminuye las propensiones a ahorrar de las clases altas, debilita el mecanismo distributivo del ahorro forzoso señalado por <xref ref-type="bibr" rid="B26">Kaldor (1957)</xref> para igualar las tasas de crecimiento garantizada y la natural.</p>
					</list-item>
				</list>
			</p>
			<p>Frente a tal escenario, la escuela neoestructuralista latinoamericana propone dinamizar el cambio tecnológico y modificar la inserción internacional como receta para resolver la insuficiencia dinámica del sector capitalista (formal). Para esta corriente de pensamiento latinoamericano, el impulso al desarrollo se encuentra en la presencia y el liderazgo de un “núcleo endógeno de dinamización tecnológica”, conformado por ciertos sectores -y empresas- poseedores de una capacidad particular para generar y propagar el progreso técnico (<xref ref-type="bibr" rid="B43">Rodríguez, 2006</xref>). Desde un diagnóstico en el cual la insuficiencia dinámica se debe a un patrón de inserción internacional poco dinámico, basado en exportaciones intensivas en recursos naturales, la solución propuesta pasa por </p>
			<p><disp-quote>
				<p>un cambio en el patrón de especialización del sector formal para modificar la especialización desfavorable del comercio internacional y para acelerar, a la vez, el dinamismo de la productividad y de la producción en el sector formal, con miras a acrecentar el empleo formal, reducir el peso del sector informal y mejorar el desempeño de la economía agregada [<xref ref-type="bibr" rid="B10">Cimoli, Primi y Pugno, 2006: 91</xref>].</p>
			</disp-quote></p>
			<p>Con base en estos diagnósticos, el estructuralismo latinoamericano y el neoestructuralismo realizaron diversos aportes teóricos y propuestas de políticas económicas a fin de resolver el problema de la insuficiencia dinámica; entre ellas destacan: restringir el consumo suntuario, sustituir importaciones industriales con producción local, mejorar la distribución del ingreso, diversificar la demanda interna, dinamizar el cambio tecnológico y modificar la inserción internacional (<xref ref-type="bibr" rid="B40">Prebisch, 1981</xref>; <xref ref-type="bibr" rid="B16">Furtado, 1974</xref>; <xref ref-type="bibr" rid="B10">Cimoli et al., 2006</xref>). Sin pretender abrir aquí un debate sobre los resultados de dichas políticas,<xref ref-type="fn" rid="fn4"><sup>4</sup></xref> en la siguiente sección se analiza la dinámica económica de Argentina durante los últimos 32 años, a fin de sugerir un camino alternativo de desarrollo económico.</p>
		</sec>
		<sec sec-type="supplementary-material">
			<title>II. Treinta y dos años de subdesarrollo en Argentina</title>
			<p>La experiencia argentina de las últimas décadas es un ejemplo claro, probablemente extensible a otros países de la región, respecto del fracaso de diferentes propuestas tradicionales de desarrollo. <xref ref-type="bibr" rid="B16">Furtado (1974)</xref> caracteriza el subdesarrollo como la coexistencia de un sector capitalista “avanzado”, de ingresos y productividad relativa elevados, junto con otro no capitalista, “atrasado”, de baja productividad e ingresos. Con este marco de referencia, el grado de desarrollo/subdesarrollo está determinado por el peso relativo de los trabajadores empleados en el sector avanzado, respecto de aquellos ocupados en el sector atrasado. De aquí que el autor deduzca que “las condiciones mínimas para que haya desarrollo son: <italic>a)</italic> un crecimiento más que proporcional del sector avanzado y <italic>b)</italic> estabilidad o aumento de la proporción de mano de obra empleada en el sector avanzado” (<xref ref-type="bibr" rid="B16">Furtado, 1974: 180</xref>).</p>
			<p>En resumen, el desarrollo económico es un proceso de “absorción del subdesarrollo,” a través del aumento en la participación del sector capitalistas avanzado sobre la producción y la población económicamente activa (PEA).<xref ref-type="fn" rid="fn5"><sup>5</sup></xref> Subyace a este razonamiento que la condición necesaria para lograrlo pasa por sortear la insuficiencia dinámica del capitalismo periférico.</p>
			<p>Con el fin de analizar empíricamente este fenómeno en Argentina, se toma el periodo de 1991 a 2003. El comienzo del mismo está asociado con el del régimen de convertibilidad monetaria, un símbolo de la inauguración de la hegemonía neoliberal en ese país, que se extiende hasta la crisis económica y social de 2001. Esta etapa se caracterizó, desde el mercado de trabajo, por la disminución en la tasa de empleo, junto con aumentos significativos en las tasas de desempleo y subempleo (<xref ref-type="bibr" rid="B11">Damill, Frenkel y Maurizio, 2003</xref>). Indicadores que, como se verá más adelante, expresan un síntoma de la insuficiencia dinámica del periodo. La ventana de análisis se extiende hasta 2023, en correspondencia con los últimos datos anuales disponibles.</p>
			<p>En este periodo de 32 años se observa que la creación de puestos de trabajo “de calidad”<xref ref-type="fn" rid="fn6"><sup>6</sup></xref> en el sector capitalista moderno (asociado en Argentina con el empleo asalariado privado registrado) presenta deficiencias estructurales. Desde el mercado de trabajo, dicho fenómeno de largo plazo se resume en una creación de empleo privado registrado anual (1991-2023) promedio de 98 000 puestos de trabajo, mientras que la fuerza de trabajo disponible (PEA) para ocupar dichos empleos creció anualmente, en promedio, en 272 000 trabajadores (<xref ref-type="table" rid="t1">Cuadro 1</xref>).<xref ref-type="fn" rid="fn7"><sup>7</sup></xref>
			</p>
			<p>
				<table-wrap id="t1">
					<label>Cuadro 1</label>
					<caption>
						<title><italic>Generación de empleo asalariado privado y público registrado: insuficiencia dinámica del sector privado y absorción total de empleo en Argentina (1991-2023)</italic></title>
					</caption>
					<table frame="hsides" rules="groups">
						<colgroup>
							<col span="2"/>
							<col/>
							<col/>
							<col/>
							<col/>
							<col/>
							<col/>
							<col/>
							<col/>
						</colgroup>
						<thead>
							<tr>
								<th align="center" colspan="2"><italic>Periodos económicos</italic></th>
								<th align="center"><italic>Tasa de crecimiento PBI real</italic></th>
								<th align="center"><italic>Variación de empleo asalariado privado registrado (en miles de trabajadores)</italic></th>
								<th align="center"><italic>Variación de empleo asalariado público registrado (en miles de trabajadores)</italic></th>
								<th align="center"><italic>Variación de PEA (en miles de trabaja dores)</italic></th>
								<th align="center"><italic>Absorción de empleo privado</italic></th>
								<th align="center"><italic>Insufi ciencia dinámica</italic></th>
								<th align="center"><italic>Absorción de empleo público</italic></th>
								<th align="center"><italic>Absorción total</italic></th>
							</tr>
						</thead>
						<tbody>
							<tr>
								<td style="border-bottom: none" align="left"><italic>Etapa I:</italic><break/><italic> neoliberalismo </italic><break/><italic>(1991-2001)</italic></td>
								<td style="border-bottom: none" align="center"><italic>Promedio</italic><break/><italic> anual</italic></td>
								<td style="border-bottom: none" align="center"><italic>3.4%</italic></td>
								<td style="border-bottom: none" align="center">28</td>
								<td style="border-bottom: none" align="center">-22</td>
								<td style="border-bottom: none" align="center">291</td>
								<td style="border-bottom: none" align="center">10%</td>
								<td style="border-bottom: none" align="center">90%</td>
								<td style="border-bottom: none" align="center">-7%</td>
								<td style="border-bottom: none" align="center">2%</td>
							</tr>
							<tr>
								<td style="border-bottom: none" align="left" colspan="2"><italic>Etapa II: </italic><break/><italic>productivismo </italic><break/><italic>industrial </italic><break/><italic>(2002-2012)</italic></td>
								<td style="border-bottom: none" align="center"><italic>4.2%</italic></td>
								<td style="border-bottom: none" align="center">235</td>
								<td style="border-bottom: none" align="center">41 </td>
								<td style="border-bottom: none" align="center">250 </td>
								<td style="border-bottom: none" align="center">94% </td>
								<td style="border-bottom: none" align="center">6%</td>
								<td style="border-bottom: none" align="center">16%</td>
								<td style="border-bottom: none" align="center">110%</td>
							</tr>
							<tr>
								<td style="border-bottom: none" align="left" colspan="2"><italic>Etapa III:</italic><break/><italic> estancamiento </italic><break/><italic>con inflación </italic><break/><italic>(2013-2023)</italic></td>
								<td style="border-bottom: none" align="center"><italic>0.3%</italic></td>
								<td style="border-bottom: none" align="center">30</td>
								<td style="border-bottom: none" align="center">76 </td>
								<td style="border-bottom: none" align="center">276 </td>
								<td style="border-bottom: none" align="center">11% </td>
								<td style="border-bottom: none" align="center">89%</td>
								<td style="border-bottom: none" align="center">27%</td>
								<td style="border-bottom: none" align="center">38%</td>
							</tr>
							<tr>
								<td align="left" colspan="2"><italic>Total del</italic><break/><italic> periodo </italic><break/><italic>(1991-2023)</italic></td>
								<td align="center"><italic>2.6%</italic></td>
								<td align="center"><italic>98</italic></td>
								<td align="center"><italic>29</italic></td>
								<td align="center"><italic>272</italic></td>
								<td align="center">36%</td>
								<td align="center">64%</td>
								<td align="center"><italic>11%</italic></td>
								<td align="center">47%</td>
							</tr>
						</tbody>
					</table>
					<table-wrap-foot>
						<fn id="TFN1">
							<p>Fuente: elaboración propia con base en datos del Instituto Nacional de Estadística y Censos (INDEC), la Secretaría de Trabajo, Empleo y Seguridad Social (STEYSS), <xref ref-type="bibr" rid="B13">Ferreres (2005)</xref>, y <xref ref-type="bibr" rid="B27">Kidyba y Vega (2015)</xref>.</p>
						</fn>
					</table-wrap-foot>
				</table-wrap>
			</p>
			<p>Otro indicador de la gravedad de la insuficiencia dinámica que caracterizó a este periodo es que sólo 36% del crecimiento promedio anual de la PEA fue “absorbido” por el sector privado. Mientras que 11% se incorporó al sector público, lo que se resume en una absorción de empleo total privada y pública de 47% de la PEA anual promedio (<xref ref-type="table" rid="t1">Cuadro 1</xref>). Mientras que el resto de los trabajadores se encuentra mayoritariamente laborando de manera informal en el sector denominado comúnmente como atrasado o tradicional (<xref ref-type="bibr" rid="B39">Programa Regional del Empleo para América Latina y el Caribe [PREALC], 1976</xref>; <xref ref-type="bibr" rid="B33">Monza, 1999</xref>; <xref ref-type="bibr" rid="B38">Poy, 2017</xref>; <xref ref-type="bibr" rid="B45">Salvia y Chavez Molina, 2007</xref>; <xref ref-type="bibr" rid="B7">Chena, 2022</xref>). </p>
			<p>Sin embargo, en el interior de este comportamiento global es posible diferenciar tres grandes etapas desde el punto de vista del proceso de desarrollo económico. La primera, caracterizada por el neoliberalismo y el crecimiento con precariedad laboral (1991-2001); la segunda, por un intento de desarrollo productivo industrial trunco (2002-2012), y la tercera, dominada por el estancamiento económico, la creación de empleo público y las políticas económicas pendulares.</p>
			<p>El análisis de cada etapa, en términos del proceso de desarrollo expresado por <xref ref-type="bibr" rid="B16">Furtado (1974)</xref>, se resume en el <xref ref-type="table" rid="t1">Cuadro 1</xref>. Allí se analiza, a escala global y para cada etapa en particular, la relación entre crecimiento económico, generación de empleo asalariado privado y público registrado, junto con el crecimiento de la PEA. El objetivo principal es determinar el grado de insuficiencia dinámica del capitalismo argentino en esos periodos, medido como el porcentaje de variación de la PEA que no es absorbido por la generación de empleo asalariado privado registrado. También se mide la absorción del empleo público, estimada como el porcentaje de crecimiento de la PEA que es incorporada en la creación de empleo público asalariado registrado. Finalmente, se estima la absorción total de empleo, calculada como el porcentaje de crecimiento de la PEA que es absorbida por la dinámica del empleo asalariado registrado.</p>
			<p><italic>Etapa I: neoliberalismo (1991-2001).</italic> Fue un periodo hegemonizado por la aplicación de políticas económicas neoliberales<xref ref-type="fn" rid="fn8"><sup>8</sup></xref> y por su final precipitado en la gran crisis económica y social de 2001 (<xref ref-type="bibr" rid="B11">Damill et al., 2003</xref>; <xref ref-type="bibr" rid="B3">Arakaki, Graña y Kennedy, 2023</xref>). La característica de esta etapa fue un relativo crecimiento promedio en la producción del sector capitalista moderno (3.4%), combinado con el estancamiento en la generación de empleo privado y la destrucción de empleo público. Como resultado, se observa una insuficiencia dinámica de 90%, junto con la menor absorción de empleo total de todo el periodo analizado (2% de la variación de la PEA). En términos de teoría del desarrollo, la etapa puede definirse como de crecimiento con agravamiento del subdesarrollo e insuficiencia dinámica.</p>
			<p><italic>Etapa II: productivismo industrial (2002-2012).</italic> Fue una época caracterizada por la aplicación de políticas macroeconómicas de impulso a la producción industrial en el marco de la salida de la crisis de la convertibilidad (<xref ref-type="bibr" rid="B1">Abeles, Cimoli y Lavarello, 2017</xref>). En términos globales, fue un periodo de alto crecimiento con elevada generación de empleo privado, cuando la insuficiencia dinámica se redujo a 6%, acompañada por una creación de empleo público que absorbió 16% del crecimiento de la PEA. Todo esto significó una absorción total de mano de obra de 110% de la variación de la PEA (<xref ref-type="table" rid="t1">Cuadro 1</xref>). Como resultado, disminuyó la proporción del “sector atrasado” en la composición del empleo total. Sin embargo, el modelo mostró signos de agotamiento en 2012, producto de un creciente déficit de cuenta corriente que acentuó paulatinamente la restricción externa (<xref ref-type="bibr" rid="B57">Wainer y Schorr, 2014</xref>; <xref ref-type="bibr" rid="B1">Abeles et al., 2017</xref>; <xref ref-type="bibr" rid="B9">Chena, Panigo, Wahren y Bona, 2018</xref>). </p>
			<p><italic>Etapa III: estancamiento económico con inflación (2013-2023).</italic> Fue un periodo que se caracterizó por el estancamiento económico de largo plazo, junto con una elevada volatilidad nominal de corto plazo que intentó ser sopesada, en sus efectos, mediante políticas sociales y de ingresos (<xref ref-type="bibr" rid="B9">Chena et al., 2018</xref>; <xref ref-type="bibr" rid="B3">Arakaki et al., 2023</xref>). A éstos se sumó una gran inestabilidad política que generó movimientos pendulares en la orientación de la política económica, <italic>shocks</italic> externos negativos (diversas sequías y pandemia de covid-19) e instabilidad monetaria creciente. El resultado en clave de desarrollo fue una insuficiencia dinámica severa compensada, en parte, por la creación de empleo público (<xref ref-type="table" rid="t1">Cuadro 1</xref>). </p>
			<p>A modo de síntesis, podemos destacar que Argentina debió crecer, en los últimos 32 años, a una tasa anual promedio de 7% a fin de sortear la insuficiencia dinámica y sostener un sendero de desarrollo que absorba al sector “atrasado” de la economía. O bien, crecer a un ritmo de 4.5% en su PIB, si excluimos la etapa neoliberal, debido a las diferencias en las elasticidades empleo privado-producto de cada etapa (<xref ref-type="table" rid="t2">Cuadro 2</xref>). Sin embargo, el país creció a un ritmo promedio anual de 2.6% durante 1991-2023, y de 2.9% si tomamos los últimos 20 años (2003-2023). Esto refleja, por un lado, los fracasos del neoliberalismo y de la última etapa para evitar la insuficiencia dinámica y el subdesarrollo, y, por el otro, el agotamiento del productivismo industrial como proyecto de largo plazo.</p>
			<p>
				<table-wrap id="t2">
					<label>Cuadro 2</label>
					<caption>
						<title><italic>Elasticidad empleo registrado (privado y público)-producto en Argentina (1991-2023)</italic></title>
					</caption>
					<table frame="hsides" rules="groups">
						<colgroup>
							<col/>
							<col/>
							<col/>
							<col/>
							<col/>
							<col/>
							<col/>
						</colgroup>
						<thead>
							<tr>
								<th align="left"><italic>Etapas económicas</italic></th>
								<th align="left"> </th>
								<th align="center"><italic>Porcentaje de crecimiento del PIB</italic></th>
								<th align="center"><italic>Porcentaje de variación de empleo asalariado privado registrado</italic></th>
								<th align="center"><italic>Porcentaje de variación de empleo asalariado público registrado</italic></th>
								<th align="center"><italic>Elasticidad empleo privado registrado-producto</italic></th>
								<th align="center"><italic>Elasticidad empleo público registrado-producto</italic></th>
							</tr>
						</thead>
						<tbody>
							<tr>
								<td style="border-bottom: none" align="left"><italic>Etapa I: </italic><break/><italic>neoliberalismo </italic><break/><italic>(1991-2001)</italic></td>
								<td style="border-bottom: none" align="center"><italic>Promedio anual</italic></td>
								<td style="border-bottom: none" align="center"><italic>3.4%</italic></td>
								<td style="border-bottom: none" align="center">0.5% </td>
								<td style="border-bottom: none" align="center">-0.9% </td>
								<td style="border-bottom: none" align="center">0.2 </td>
								<td style="border-bottom: none" align="center">-0.3 </td>
							</tr>
							<tr>
								<td style="border-bottom: none" align="left"><italic>Etapa II: </italic><break/><italic>productivismo industrial </italic><break/><italic>(2002-2012)</italic></td>
								<td style="border-bottom: none" align="left"> </td>
								<td style="border-bottom: none" align="center"><italic>4.2%</italic></td>
								<td style="border-bottom: none" align="center">5.0% </td>
								<td style="border-bottom: none" align="center">1.6% </td>
								<td style="border-bottom: none" align="center">1.2 </td>
								<td style="border-bottom: none" align="center">0.4 </td>
							</tr>
							<tr>
								<td style="border-bottom: none" align="left"><italic>Etapa III: </italic><break/><italic>estancamiento con inflación </italic><break/><italic>(2013-2023)</italic></td>
								<td style="border-bottom: none" align="left"> </td>
								<td style="border-bottom: none" align="center"><italic>0.3%</italic></td>
								<td style="border-bottom: none" align="center">0.5% </td>
								<td style="border-bottom: none" align="center">2.5% </td>
								<td style="border-bottom: none" align="center">1.9 </td>
								<td style="border-bottom: none" align="center">5.5 </td>
							</tr>
							<tr>
								<td align="left"><italic>Total del periodo</italic><break/><italic> (1991-2023)</italic></td>
								<td align="left"> </td>
								<td align="center"><italic>2.6%</italic></td>
								<td align="center"><italic>2.0%</italic></td>
								<td align="center"><italic>0.8%</italic></td>
								<td align="center"><italic>0.8</italic></td>
								<td align="center"><italic>0.3</italic></td>
							</tr>
						</tbody>
					</table>
					<table-wrap-foot>
						<fn id="TFN2">
							<p>Fuente: elaboración propia con base en datos del INDEC, la STEYSS, <xref ref-type="bibr" rid="B13">Ferreres (2005)</xref>, y <xref ref-type="bibr" rid="B27">Kidyba y Vega (2015)</xref>.</p>
						</fn>
					</table-wrap-foot>
				</table-wrap>
			</p>
			<p>A juzgar por los datos, el modelo que mejor cumplió con las expectativas de desarrollo económico para Argentina en las últimas tres décadas fue el de productivismo industrial. Sin embargo, éste encontró sus propios límites en 2012. A fin de hacer frente a esta encrucijada, en la siguiente sección se explora un proyecto de desarrollo heterodoxo, alternativo, que, sin dejar de lado las virtudes y los límites del productivismo industrial, promueva el desarrollo de la EP.</p>
		</sec>
		<sec sec-type="supplementary-material">
			<title>III. El impulso a la economía popular y el camino heterodoxo al desarrollo</title>
			<p>Para definir y analizar la EP, se propone en esta sección un método de análisis en dos niveles de abstracción. El primero, abstracto-estructural, que estudia las relaciones sociales de producción y las fuerzas productivas de la EP, mediante el concepto de <xref ref-type="bibr" rid="B31">Marx (2008)</xref> de “modo de producción”. El segundo, histórico-concreto, que contempla a los actores y sus procesos de organización colectiva y de lucha en una realidad histórica determinada, mediante el concepto de “clase social en formación”.</p>
			<p>El método de análisis propuesto sigue las recomendaciones de <xref ref-type="bibr" rid="B16">Furtado (1974)</xref> para estudiar los procesos de desarrollo, así como a diversos autores marxistas que distinguen entre niveles de abstracción a la hora de analizar las clases sociales como fenómeno abstracto-estructural o histórico-concreto (<xref ref-type="bibr" rid="B58">Wright, 1985</xref>). Sobre la interacción entre ambos niveles de análisis, <xref ref-type="bibr" rid="B16">Furtado (1974: 12)</xref> señala: “El esfuerzo en el sentido de alcanzar niveles más altos de abstracción debe ir a la par con otro cuyo objeto sea definir, en función de las realidades históricas, los límites de validez de las relaciones deducidas”. Por otra parte, <xref ref-type="bibr" rid="B31">Marx (2008: 4-5)</xref> destaca la importancia que tiene el modo de producción como categoría abstracta estructural en la estructura social y en la subjetividad de los actores: “El modo de producción de la vida material condiciona el proceso de la vida social, político y espiritual en general. Por lo tanto, no es la conciencia de los hombres la que determina su ser, sino, por el contrario, el ser social es lo que determina su conciencia”.</p>
			<sec>
				<title><bold>
 <italic>1.</italic> La economía popular como modo de producción</bold></title>
				<p>Al hablar de modo de producción, en categoría marxista, nos referimos a la forma que tiene una sociedad (o una parte significativa de ella) de organizar el trabajo y su división social para producir los bienes materiales necesarios para su subsistencia. Dicho concepto sintetiza así la interacción entre el desarrollo de las fuerzas productivas (medios materiales de trabajo) y las relaciones sociales de producción (entre las personas basadas en la producción), en una causalidad de las primeras sobre las segundas (<xref ref-type="bibr" rid="B17">Gaiger, 2007</xref>). </p>
				<p>Analizar la EP como modo de producción alternativo al capitalista pone el foco en la descripción de la esfera productiva. Sin embargo, el estudio se extiende naturalmente a la distribución y el consumo de los bienes y los servicios necesarios para la reproducción de las condiciones materiales de existencia de la sociedad -o de una parte significativa de ella- (<xref ref-type="bibr" rid="B19">Godelier, 1981</xref>). En este sentido, el propio <xref ref-type="bibr" rid="B31">Marx (2008)</xref> destaca la estrecha relación que existe entre las formas de producir y de consumir al señalar que</p>
				<p><disp-quote>
					<p>la producción es inmediatamente consumo, el consumo es inmediatamente producción. Cada uno es inmediatamente su opuesto […] De modo que la producción no solamente produce un objeto para el sujeto, sino también un sujeto para el objeto. La producción produce, pues, el consumo, <italic>1)</italic> creando el material de éste; <italic>2)</italic> determinando el modo de consumo; <italic>3)</italic> provocando en el consumidor la necesidad de productos que ella ha creado originariamente como objetos; en consecuencia, el objeto del consumo, el modo de consumo y el impulso al consumo. Del mismo modo, el consumo produce la disposición del productor, solicitándolo como necesidad que determina la finalidad de la producción [<xref ref-type="bibr" rid="B31">Marx, 2008: 290-291</xref>].</p>
				</disp-quote></p>
				<p>Desde este nivel estructural puede definirse la EP como un modo de producción alternativo al capitalista, creado por trabajadores de sectores populares que, al no ser “absorbidos” como mano de obra por el sector capitalista ni por el Estado, se inventaron, desde la necesidad, su propio trabajo en torno a un oficio (de manera más o menos organizada) con el fin de ganarse la vida y sostener a sus familias, como mecanismo de resistencia frente a la exclusión social.</p>
				<p>A continuación se profundiza en las características de este modo de producción desde las esferas específicas de la producción, la distribución y el consumo, al marcar los contrapuntos respecto del sistema capitalista dominante.</p>
				<sec>
					<title><bold>a. <italic>En la esfera de la producción: frente al ritmo mecánico del capitalismo, la EP produce al ritmo del ciclo natural-biológico</italic>
</bold></title>
					<p>El modo de producción capitalista está impulsado por personas de negocios guiadas por el imaginario de expansión al infinito de las fuerzas productivas (<xref ref-type="bibr" rid="B6">Castoriadis, 2013</xref>). Y el medio para lograrlo es un proceso mecánico de producción con incorporación de tecnologías diseñadas para hacer crecer la cantidad de bienes en forma continua (<xref ref-type="bibr" rid="B56">Veblen, 1965</xref>). De esta forma, el capitalismo es definido por <xref ref-type="bibr" rid="B56">Veblen (1965)</xref> como un proceso mecánico con dos grandes características. Por un lado, la interdependencia estricta entre subprocesos entrelazados que deben ajustarse permanentemente en una cadena de producción, donde el trabajador realiza una tarea estandarizada previamente en el interior de un proceso mecánico que controla sus movimientos. Por el otro, se destaca el avance continuo de un proceso minucioso de estandarización/uniformidad en los productos y los servicios (respecto de peso, medida y prestación) y en los procesos productivos (en lo que atañe a precisiones técnicas, tiempos de elaboración y entrega). Dicha estandarización garantiza certeza y rapidez en las transacciones comerciales, así como bajos costos de transacción, aspectos fundamentales para lograr economías de escala en un proceso productivo continuo, alejado del ciclo de la naturaleza.<xref ref-type="fn" rid="fn9"><sup>9</sup></xref>
					</p>
					<p>Bajo estos principios, el proceso mecánico capitalista produce a un ritmo dominado por máquinas que resultan de un cambio tecnológico endógeno permanente, acelerado, que prolifera sin control ni dirección o coordinación social, donde los ajustes de los diferentes subprocesos a la estandarización y la automatización producen pérdidas y ganancias pecuniarias. En este contexto, la organización del trabajo se adapta a cada tecnología y objetivo de producción con un sistema de reclutamiento mediante contratos de trabajo definidos para tareas específicas, determinadas por la tecnología, con un sistema de remuneraciones diferenciado, capaz de motivar al trabajador a dejar de lado sus obligaciones sociales para abocarse al sistema de trabajo capitalista en forma desvinculada de su medio social (<xref ref-type="bibr" rid="B53">Udy, 1971</xref>).<xref ref-type="fn" rid="fn10"><sup>10</sup></xref>
					</p>
					<p>Así, el trabajador se incorpora a un proceso productivo a gran escala, que se rige por el principio de la “división del trabajo”, el cual consiste en subdividir el proceso productivo en tareas muy simples y equivalentes, para luego sumar a trabajadores e ir incrementando el poder productivo de una fuerza laboral común, homogénea, sin un fin propio y fácilmente intercambiable o remplazable por una máquina (Smith, 1776; <xref ref-type="bibr" rid="B4">Arendt, 2019</xref>). En este sentido, la estandarización de las tareas limita el poder creativo y los talentos naturales del propio trabajador en beneficio del incremento de la velocidad de procesos concatenados. Como bien resume Arendt: “La división del trabajo (capitalista) se basa en que dos hombres puedan unir su fuerza de trabajo y comportarse mutuamente como si fueran uno. Esta unión es exactamente lo contrario de la cooperación, indica la unidad de la especie respecto de la cual todo miembro es el mismo e intercambiable” (<xref ref-type="bibr" rid="B4">Arendt, 2019: 173</xref>).</p>
					<p>Como alternativa a este modo de producción capitalista dominante, la EP desempeña una forma productiva con rasgos que se asemejan a las denominadas formaciones tradicionales, precapitalistas o naturales de producción, donde el trabajo se desarrolla en un medio dominado por la energía humana o natural de trabajo (<xref ref-type="bibr" rid="B29">Marx, 1974</xref>; <xref ref-type="bibr" rid="B56">Veblen, 1965</xref>; <xref ref-type="bibr" rid="B15">Friedmann, 1970</xref>; <xref ref-type="bibr" rid="B53">Udy, 1971</xref>). En este contexto, el trabajador recupera su capacidad creadora y realiza la tarea al ritmo que viene impuesto por la naturaleza y sus ciclos, combinado con los del propio organismo humano y las costumbres sociales asociadas. La organización laboral está determinada por formas sociales y culturales donde las tecnologías se adaptan a dicha estructura y los trabajadores que se incorporan a la producción cumplen, también, otros papeles en el ámbito comunitario (familiar, barrial, de relaciones putativas) (<xref ref-type="bibr" rid="B53">Udy, 1971</xref>).</p>
					<p>Es un modo de producción donde quien trabaja es irremplazable en el proceso creativo y el talento manual en el oficio se despliega plenamente con herramientas que son una extensión de su propio cuerpo (<xref ref-type="bibr" rid="B29">Marx, 1974</xref>; <xref ref-type="bibr" rid="B15">Friedmann, 1970</xref>; <xref ref-type="bibr" rid="B53">Udy, 1971</xref>). Por lo tanto, el uso de instrumentos de trabajo no busca suprimir el aporte del trabajador a la producción, sino humanizarlo y mejorarlo (<xref ref-type="bibr" rid="B15">Friedman, 1970</xref>). A diferencia de los emprendedores tradicionales, que legítimamente buscan oportunidades de ganancias en el mercado, quienes “emprenden” en la EP buscan vivir dignamente de su oficio, mientras respetan sus propios ritmos laborales, que se transmiten de generación en generación, junto con la ponderación de las habilidades artesanales desarrolladas por el método de la experiencia empírica y la reflexión. Por otra parte, se promueve el desarrollo de redes sociales comunitarias, como elemento que disminuye la incertidumbre respecto de la subsistencia presente y futura.</p>
					<p>Debido a su organización laboral, la EP tiene dificultades para adaptarse a la producción continua a gran escala, impulsada por la tecnología. A la inversa de la economía capitalista, aquí los papeles de cada trabajador suelen estar definidos por el contexto social, que a su vez determina las tecnologías que pueden utilizarse y finalmente los objetivos de producción. Y, sobre fluctuaciones en los niveles de demanda, la oferta se ajusta al utilizar mecanismos de reciprocidad y solidaridad, dentro de la base comunitaria barrial vecinal de pertenencia. </p>
					<p>Finalmente, las relaciones de producción en la ep se articulan en la cooperación de trabajadores con diferentes habilidades o talentos que son requeridos para producir un bien o servicio específico, y que fueron adquiridos con el aprendizaje al hacer, en la reflexión y en ciertos talentos naturales. A la inversa del modo de producción capitalista:</p>
					<p><disp-quote>
						<p>la estructura de la organización está dada, y esta situación reduce de inmediato la posible gama de elección de las tecnologías o de objetivos de producción; los miembros desempeñan papeles dados, existentes en la estructura de la organización y de tales roles surge una tecnología que, a su vez, determina los objetivos de la producción [<xref ref-type="bibr" rid="B53">Udy, 1971: 123</xref>].</p>
					</disp-quote></p>
				</sec>
				<sec>
					<title><bold>
 <italic>b.</italic> En la esfera de la distribución y el consumo: frente al consumismo capitalista, el consumo social responsable</bold></title>
					<p>En la sección anterior se observó que en el modo de producción capitalista el trabajador puede ser remplazado por máquinas, pero en el consumo esto es imposible. Por tal motivo, el capitalismo busca acelerar este último a través de estímulos artificiales que crean necesidades acordes con el flujo creciente de producción de bienes y servicios estandarizados, impulsados por el proceso mecánico (<xref ref-type="bibr" rid="B56">Veblen, 1965</xref>). Este fenómeno, que denominamos “consumismo capitalista”,<xref ref-type="fn" rid="fn11"><sup>11</sup></xref> se caracteriza porque “la producción de mercancías ya no está en función de las necesidades humanas, sino que las necesidades se adaptan a las mercancías que, tanto sujeto aparente, exige ser comprada y subordina las necesidades” (<xref ref-type="bibr" rid="B21">Gorz, 2010: 82</xref>). </p>
					<p>A fin de incrementar el consumo es necesario, previamente, que el tiempo de ocio y esparcimiento se transforme en tiempo para consumir. Frente a esta prerrogativa “no es sorprendente que el hombre del ocio, de reacciones todavía mal ajustadas, ceda ante los victoriosos asaltos del hombre consumidor siempre disponible y permeable a nuevas necesidades” (<xref ref-type="bibr" rid="B15">Friedmann, 1970: 138</xref>). Sin embargo, si por algún motivo la premisa consumista no se ajusta adecuadamente al nivel de producción, el sistema se autocorrige, mediante recesión o crisis, y expulsa trabajadores del sistema (<xref ref-type="bibr" rid="B31">Marx, 2008</xref>).</p>
					<p>Frente a este contexto dominante, la dimensión ética de la EP destaca que la calidad de vida a la que pueden aspirar los trabajadores depende no sólo de los recursos materiales a los que acceden, sino también del sistema de valores y creencias que circula en la comunidad. En este sentido, la EP como modo de producción une nuevamente a productor y consumidor en un mismo ciclo vital común, como un principio ordenador alternativo al crecimiento continuo de la productividad y el consumo al servicio de la acumulación de capital. Por lo tanto, con la primicia de que la producción empuja el consumo, para que este último refleje las necesidades objetivas de la comunidad, la EP busca producir al priorizar los valores de uso de los bienes y los servicios sobre los valores de cambio.</p>
					<p>Finalmente, si bien el principal mecanismo de distribución de bienes y servicios en la EP es el mercado, su dimensión ética impone allí el principio de precios justos -en el sentido de justicia conmutativa de <xref ref-type="bibr" rid="B5">Aristóteles (2001)</xref> -.<xref ref-type="fn" rid="fn12"><sup>12</sup></xref> Esta iniciativa tiene el objetivo de garantizar, por un lado, ingresos dignos para quien trabaja y produce, y, por otro, la mayor accesibilidad posible de la comunidad para promover la reproducción social ampliada con circuitos locales de comercialización (<xref ref-type="bibr" rid="B14">Fingermann y Prividera, 2018</xref>). Un esquema de funcionamiento de los mercados que se contrapone a la formación de precios de la economía capitalista, que Adam <xref ref-type="bibr" rid="B48">Smith (2020)</xref> denominó “precios naturales”, cuyo método consiste en la agregación de rentas que garanticen ingresos “normales” a las diferentes clases sociales (rentistas de la tierra, trabajadores y capitalistas).</p>
				</sec>
				<sec>
					<title><bold>c. <italic>La economía popular en Argentina: relaciones sociales de producción y ramas productivas</italic>
</bold></title>
					<p>En Argentina, la EP registra 3.6 millones de personas inscritas en el Registro Nacional de Trabajadores y Trabajadoras de la Economía Popular (<xref ref-type="bibr" rid="B42">Renatep, 2023b</xref>)<xref ref-type="fn" rid="fn13"><sup>13</sup></xref> incluidas en relaciones sociales de producción (o forma de organización laboral), donde predominan el trabajo por cuenta propia en núcleos familiares urbanos y rurales, así como aquel organizado colectivamente en cooperativas, organizaciones sociales, religiosas y comunitarias, y empresas recuperadas por los trabajadores. En este aspecto, los datos del <xref ref-type="bibr" rid="B42">Renatep (2023b)</xref> muestran que 60.6% de los trabajadores de la EP realiza su actividad de manera individual, mientras que 21.6% lo hace en una organización comunitaria o social; 7.5% en cooperativas, y 7.3% en pequeños emprendimientos familiares. Por otra parte, según la misma fuente, 57.3% realiza su trabajo en un domicilio particular; 17% en el espacio público, mientras que sólo 7.8% trabaja en un establecimiento laboral tradicional.</p>
					<p>Respecto de la división social del trabajo, pueden observarse dos grandes ramas de actividades que crecieron bajo el modo de producción de la EP:</p>
					<p>
						<list list-type="alpha-lower">
							<list-item>
								<p>La primera está compuesta por tareas comunitarias de cuidados, sociales, ambientales y de infraestructura barrial, donde el proceso de valorización social del trabajo y, por lo tanto, los ingresos laborales no dependen del mercado, sino del tejido comunitario barrial y del reconocimiento estatal. En el cuadro 3 se observa que la rama de servicios sociocomunitarios -compuesta por actividades como la atención en comedores y merenderos, tareas de cuidado de personas, promoción de la salud y contra la violencia de género, trabajo socio­­educativo, deportivo, cultura comunitaria (<xref ref-type="bibr" rid="B42">Renatep, 2023b</xref>) - representa 27% de las inscripciones. Mientras que la rama de construcción, infraestructura social y mejoramiento ambiental equivale a 8.2 por ciento.</p>
							</list-item>
							<list-item>
								<p>La segunda se conforma por actividades de producción y venta de bienes y servicios producidos a baja escala en mercados poco estructurados y de alcance local. Se incluyen aquí los servicios personales y de oficios -mecánico, carpintero, electricista, peluquería, servicio de lim­pieza, entre otros (<xref ref-type="bibr" rid="B41">Renatep, 2023a</xref>) -, comercio popular, elaboración de alimentos manufacturados, producción textil, reciclado y recuperación de basura, construcción a pequeña escala barrial, agricultura familiar, servicio de transporte urbano y fletes (<xref ref-type="table" rid="t3">Cuadro 3</xref>).<xref ref-type="fn" rid="fn14"><sup>14</sup></xref>
								</p>
							</list-item>
						</list>
					</p>
					<p>
						<table-wrap id="t3">
							<label>Cuadro 3</label>
							<caption>
								<title><italic>Inscripciones al Renatep por rama de actividad (abril de 2023)</italic></title>
							</caption>
							<table frame="hsides" rules="groups">
								<colgroup>
									<col/>
									<col/>
								</colgroup>
								<thead>
									<tr>
										<th align="center"><italic>Rama de actividad</italic></th>
										<th align="center"><italic>Porcentaje de trabajadores (Renatep)</italic></th>
									</tr>
								</thead>
								<tbody>
									<tr>
										<td style="border-bottom: none" align="justify">Servicios personales y otros oficios </td>
										<td style="border-bottom: none" align="center">36.0%</td>
									</tr>
									<tr>
										<td style="border-bottom: none" align="justify">Servicios sociocomunitarios </td>
										<td style="border-bottom: none" align="center">27.1%</td>
									</tr>
									<tr>
										<td style="border-bottom: none" align="justify">Comercio popular y trabajos en espacios públicos </td>
										<td style="border-bottom: none" align="center">11.7%</td>
									</tr>
									<tr>
										<td style="border-bottom: none" align="justify">Agricultura familiar y campesina </td>
										<td style="border-bottom: none" align="center">8.1%</td>
									</tr>
									<tr>
										<td style="border-bottom: none" align="justify">Construcción e infraestructura social y mejoramiento ambiental </td>
										<td style="border-bottom: none" align="center">8.2%</td>
									</tr>
									<tr>
										<td style="border-bottom: none" align="justify">Recuperación, reciclado y servicios ambientales </td>
										<td style="border-bottom: none" align="center">4.2%</td>
									</tr>
									<tr>
										<td style="border-bottom: none" align="justify">Industria manufacturera </td>
										<td style="border-bottom: none" align="center">3.5%</td>
									</tr>
									<tr>
										<td style="border-bottom: none" align="justify">Transporte y almacenamiento </td>
										<td style="border-bottom: none" align="center">1.2%</td>
									</tr>
									<tr>
										<td align="justify"><italic>Total</italic></td>
										<td align="center"><italic>100.0%</italic></td>
									</tr>
								</tbody>
							</table>
							<table-wrap-foot>
								<fn id="TFN3">
									<p>Fuente: <xref ref-type="bibr" rid="B42">Renatep (2023b)</xref>.</p>
								</fn>
							</table-wrap-foot>
						</table-wrap>
					</p>
					<p>Pese a su crecimiento, la EP tiene problemas para ser reconocida como modo de producción en las instituciones jurídicas, fiscales, laborales y crediticias vigentes en Argentina. Esto hace que gran parte de sus unidades económicas se desempeñe en la informalidad, lo cual dificulta severamente su desarrollo productivo, debido a las restricciones financieras, comerciales y técnicas que dicha condición impone a la hora de acceder a maquinarias, insumos, tierras y conocimientos técnicos. Esto se traduce en bajos ingresos y falta de derechos laborales. Como contracara, la política social se desborda, tanto en su capacidad presupuestaria como de gestión, debido a las demandas que genera atender a los trabajadores de la EP desde un punto de vista asistencialista. La subsección siguiente estudia la tensión que existe entre las aspiraciones de los actores de la EP y sus luchas sociales en el clivaje conceptual de las clases sociales en formación.</p>
				</sec>
			</sec>
			<sec>
				<title><italic>2. Economía popular: ¿una clase social emergente en Argentina?</italic></title>
				<p>Como fenómeno histórico concreto, la práctica de la EP es una creación laboral y productiva de los trabajadores de sectores populares de Argentina que nace de la experiencia de resistir a la exclusión social.</p>
				<p><disp-quote>
					<p>Una definición inscrita, no en los libros, sino en el actuar de los hombres, sus relaciones, su organización, su percepción de lo que es, su afirmación y búsqueda de lo que vale, y también, por supuesto, en la materialidad de los que producen, utilizan y consumen. Este hacer es, pues, institución de una nueva realidad, de un nuevo mundo y de un nuevo modo de existencia social histórico [<xref ref-type="bibr" rid="B6">Castoriadis, 2013: 23</xref>].</p>
				</disp-quote></p>
				<p>Sin pretender entrar en un extenso y controversial debate teórico sobre la definición de clases sociales (<xref ref-type="bibr" rid="B23">Gurvitch, 1960</xref>), aquí se entiende el concepto como un fenómeno de carácter histórico, caracterizado por agrupamientos particulares de hecho, a distancia y abiertos, individualizados por las funciones que cumplen en la totalidad social y por la conciencia que desarrollan sus miembros con base en ella (<xref ref-type="bibr" rid="B47">Schumpeter, 1984</xref>; <xref ref-type="bibr" rid="B23">Gurvitch, 1960</xref>; <xref ref-type="bibr" rid="B52">Thompson, 2002</xref>). Desde esta perspectiva, Thompson destaca que</p>
				<p><disp-quote>
					<p>las clases cobran existencia cuando algunas personas, debido a sus experiencias comunes, sienten y articulan la identidad de sus intereses a la vez comunes a ellos mismos y frente a otros, cuyos intereses son distintos (y habitualmente opuestos) a los suyos. La experiencia de clase está ampliamente determinada por las relaciones de producción en que las personas nacen o en las que entran de manera involuntaria [<xref ref-type="bibr" rid="B52">Thompson, 2002: 14</xref>]. </p>
				</disp-quote></p>
				<p>A continuación se analizan los rasgos teóricos característicos de la conformación, el ascenso y la jerarquización de las clases sociales, para luego trazar paralelos conceptuales sobre los avances, los retrocesos y los desafíos que tiene la EP a la hora de consolidar su posición de clase en Argentina.</p>
				<p>En el análisis de <xref ref-type="bibr" rid="B32">Marx y Engels (1968)</xref>, las clases sociales surgen de grupos que se ven obligados a sostener una lucha común frente a otros para ser reconocidos y valorados en su función social, proceso que genera en sus miembros un punto de vista similar del mundo que los rodea (la totalidad social).<xref ref-type="fn" rid="fn15"><sup>15</sup></xref> Si bien el conflicto o competencia entre diferentes actores o grupos en el interior de cada clase social nunca desaparece, su intensidad es inversamente proporcional a las oposiciones de clase: “cuanto más violento es este antagonismo, tanto menos intensa es la lucha entre los grupos comprendidos en el seno de las clases” (<xref ref-type="bibr" rid="B23">Gurvitch, 1960</xref>). Finalmente, estas luchas grupales se traducen y sedimentan en tradiciones, sistemas de valores, ideas e instituciones que consolidan una conciencia como fenómeno cultural (<xref ref-type="bibr" rid="B52">Thompson, 2002</xref>).</p>
				<p>Respecto de los desafíos para la consolidación de una clase social ascendente, <xref ref-type="bibr" rid="B47">Schumpeter (1984)</xref> y <xref ref-type="bibr" rid="B23">Gurvitch (1960)</xref> destacan que dicho proceso se desencadena en cuatro momentos: <italic>1)</italic> el reconocimiento de su utilidad social, relacionado con las funciones que desarrollan sus miembros en la sociedad;<xref ref-type="fn" rid="fn16"><sup>16</sup></xref><italic>2)</italic> la conciencia de clase por parte de sus integrantes, entendida como la forma en que se expresan culturalmente las experiencias similares mediante valores, tradiciones, ideas y formas institucionales propias (<xref ref-type="bibr" rid="B52">Thompson, 2002</xref>); <italic>3)</italic> la idea de perpetuación en el tiempo de la misma, aunque en los hechos las clases sociales surjan y desaparezcan, y <italic>4)</italic> el reconocimiento de su existencia por parte del resto de las clases. </p>
				<p>Luego, el proceso de jerarquización de las diferentes clases sociales en la totalidad social reconoce dos aspectos centrales (<xref ref-type="bibr" rid="B47">Schumpeter, 1984</xref>). Por un lado, la importancia que la sociedad le asigna a la función desempeñada por la clase en cuestión (el valor social de la función); por otro, el éxito que tiene la misma en cumplir dicha tarea (eficacia de los miembros de la clase para cumplir la función).</p>
				<p>Sobre el primer punto, <xref ref-type="bibr" rid="B32">Marx (1968)</xref> destaca que la valoración que la sociedad asigna a la función de cada clase se encuentra determinada por la clase dominante y que, en la economía capitalista, las tareas más apreciadas son aquellas relacionadas con la reproducción ampliada del capital. Desde una mirada similar, <xref ref-type="bibr" rid="B47">Schumpeter (1984)</xref> señala que las actividades que ejercen los grupos dirigentes son socialmente las más valoradas por su relación con el poder y agrega que “la importancia social de una clase está determinada por la escasez relativa de los miembros de dicha clase, es decir, por el grado en que pueden ser remplazados” (<xref ref-type="bibr" rid="B47">Schumpeter, 1984: 215</xref>). Finalmente, para <xref ref-type="bibr" rid="B24">Halbwachs (1964)</xref> hay un orden de actividades que refleja el ideal de sociedad deseada (ideal común de sociedad) y que, mientras más cerca está la función de una clase de este “foco de actividades ideales”, mayor será su jerarquía y más intensa su integración en redes de relaciones sociales.</p>
				<sec>
					<title><bold>a. <italic>La lucha organizativa de la economía popular en Argentina</italic>
</bold></title>
					<p>En Argentina la conciencia de clase de la EP tiene su origen y motor político en diversos movimientos sociales con raíz ideológica peronista (entre los que destacan el movimiento Evita y el movimiento de trabajadores excluidos). Estas expresiones del campo popular incorporan, a partir del primer decenio del siglo XXI, el concepto de EP en sus luchas reivindicativas, como forma de resistir a la exclusión laboral, social y política. Dicho posicionamiento marca una distancia estratégica frente a los movimientos sociales de ideología de izquierda tradicional, los cuales siguieron demandando al Estado “empleo genuino”, mediante un cambio radical del sistema capitalista (<xref ref-type="bibr" rid="B51">Svampa y Pereyra, 2003</xref>).</p>
					<p>No es casualidad que los movimientos sociales peronistas sean los que acuñen el concepto de EP en su lucha, ya que desde finales del siglo pasado, como producto de la desocupación creciente, la informalidad laboral y la pobreza, el vínculo del peronismo con los sectores populares, “no pasa tanto a través de los sindicatos, sino de las organizaciones barriales o comunitarias, quienes se encargan de gestionar las necesidades más básicas, ligadas primero a la vivienda y los servicios, extendida después a las demandas de trabajo y alimentación” (<xref ref-type="bibr" rid="B50">Svampa, 2004: 32</xref>).</p>
					<p>En la formación de la EP como clase se destacan tres grandes momentos del conflicto social (<xref ref-type="bibr" rid="B44">Roig, 2022</xref>) que son performativos y que, de alguna manera, coinciden con las etapas económicas desarrolladas en la sección II.<xref ref-type="fn" rid="fn17"><sup>17</sup></xref> Un primer momento “piquetero” fue en plena etapa neoliberal de finales del siglo pasado, cuando el conflicto social estuvo focalizado en visibilizar, mediante la organización de cortes de ruta (piquete), la exclusión laboral y social que generaban las políticas neoliberales, sintetizadas en la figura del “trabajador desocupado”. Un segundo momento de “organización comunitaria y barrial” fue cuando los movimientos sociales estructuraban el conflicto en la denuncia de “lo que quedó afuera” del crecimiento del sector capitalista (2002-2012) desde una subjetividad de “trabajador excluido”. En dicha etapa fue importante la organización comunitaria barrial para afrontar los problemas sociales de la exclusión y reafirmar los lazos sociales identitarios. Finalmente, un tercer momento, basado en la organización del conflicto social alrededor de la reivindicación del derecho a trabajar en la EP, se representa en la lucha por el reconocimiento de la figura del “trabajador de la economía popular” (<xref ref-type="bibr" rid="B36">Pérsico y Grabois, 2014</xref>). Estas luchas dieron origen a la organización sindical en la Central de Trabajadores de la Economía Popular (CTEP) (<xref ref-type="bibr" rid="B22">Grabois, 2016</xref>) y luego en la Unión de Trabajadores de la Economía Popular (UTEP).<xref ref-type="fn" rid="fn18"><sup>18</sup></xref>
					</p>
					<p>El camino evolutivo en la conciencia de clase de la EP puede rastrearse también en la relación de los movimientos sociales con la política social (especialmente con los planes sociales) de los diferentes gobiernos de turno. En un primer momento, se impone allí la figura del trabajador desocupado, que recibe planes sociales con contraprestación laboral en forma temporal, bajo la creencia de que la recuperación económica los incorporaría nuevamente al empleo formal. En un segundo momento, muchos de estos trabajadores desocupados de larga duración transitan el camino a la figura del trabajador excluido, que utiliza los planes sociales y demanda alimentos para organizarse y sostener comedores y merenderos comunitarios, espacios culturales y recreativos, para la contención social en los barrios populares. Por último, se observa un tercer momento cuando surge la figura del trabajador de la economía popular, que busca transformar los planes sociales en un salario social complementario.</p>
					<p>A este proceso organizativo se suma el logro político que significó, en la relación de la EP con el Estado, su reconocimiento mediante la Ley de Emergencia Social (Ley 27345), junto con la creación de tres instituciones clave: <italic>a)</italic> el mencionado salario social complementario como reconocimiento laboral; <italic>b)</italic> el Concejo de la Economía Popular para planificar su desarrollo, y <italic>c)</italic> el Renatep.<xref ref-type="fn" rid="fn19"><sup>19</sup></xref>
					</p>
					<p>De esta forma, se desarrolla paulatinamente un imaginario de clase en los sectores populares, relacionado con la posibilidad de que trabajadores no absorbidos por el capitalismo moderno ni por el sector público puedan vivir dignamente de un trabajo creado por ellos mismos. Sin embargo, materializar esta función social requiere, por un lado, desarrollar una red de relaciones económicas (comerciales, financieras y productivas) adaptadas a las características de producción y consumo de la EP,<xref ref-type="fn" rid="fn20"><sup>20</sup></xref> y, por otro, potenciar la conciencia de clase con relaciones solidarias, comunitarias y de organización intraclase. Ambas condiciones son necesarias para llevar adelante el proceso de trabajo y generar los ingresos laborales requeridos para un nivel de vida digno. </p>
					<p>En este sentido, la lucha diaria de la EP por su jerarquización tiene como principal desafío dejar de ser vista como contención social, a fin de ser reconocida como un modo de producción alternativo al capitalista. En esta aspiración la propia informalidad en que se desarrolla impone un primer freno (<xref ref-type="bibr" rid="B7">Chena, 2022</xref>). Cabe advertir que, aunque la EP lograra ser reconocida productivamente y se crearan las instituciones necesarias para su desarrollo, su sustentabilidad seguiría amenazada, en segunda instancia, si sus excedentes económicos son apropiados por clases ociosas de la sociedad capitalista<xref ref-type="fn" rid="fn21"><sup>21</sup></xref> (<xref ref-type="bibr" rid="B55">Veblen, 1963</xref>; <xref ref-type="bibr" rid="B8">Chena, 2023</xref>). Esto se debe a que la manera de producir que tiene (caracterizada en la subsección II.1) le impide generar ingresos razonables para quienes trabajan en ella si, para funcionar, está obligada a transferir recursos económicos a las clases ociosas mediante, por ejemplo, la usura financiera, los arrendamientos y las condiciones desventajosas en que está obligada a comercializar insumos y productos finales con monopolios de la economía capitalista.</p>
					<p>En resumen, la EP resiste, desde sus inicios como agrupamiento de hecho,<xref ref-type="fn" rid="fn22"><sup>22</sup></xref> a la caracterización de contención social y a la desvalorización de su función que hoy predomina en la sociedad que la contiene. Su lucha como clase tiene entonces el objetivo político e ideológico de transformar a la sociedad presente (es decir, desestructurarla y reestructurarla), para construir un nuevo imaginario de desarrollo económico futuro que incorpore sus valores productivos y comunitarios.</p>
				</sec>
			</sec>
		</sec>
		<sec sec-type="conclusions">
			<title>IV. Reflexiones finales</title>
			<p>En la tradición de la teoría del desarrollo económico, se entiende a este último como un proceso de absorción, por parte del sector capitalista (moderno), de la fuerza de trabajo que se ocupa en el sector no capitalista (atrasado). Los magros resultados alcanzados por América Latina desde este punto de vista llevaron a autores como <xref ref-type="bibr" rid="B40">Prebisch (1981)</xref> a definirlos como parte de un capitalismo periférico, cuyos rasgos distintivos son las restricciones estructurales (inadecuación tecnológica, consumo suntuario de las élites, insuficiencia de acumulación de ahorro y restricción externa) que no le permiten expandirse al ritmo necesario para absorber la fuerza de trabajo disponible. Este fenómeno es resumido por dicho autor en el concepto de insuficiencia dinámica.</p>
			<p>El presente artículo analizó la experiencia argentina de los últimos 32 años como un ejemplo claro, probablemente extensible a otros países de la región, del fracaso de diferentes propuestas económicas tradicionales para resolver la mencionada insuficiencia dinámica. Una muestra de ello es que Argentina debió crecer a 7% anual en promedio durante los últimos 32 años, a fin de garantizar el pleno empleo asalariado en relación de dependencia en el sector capitalista moderno (tasa de crecimiento garantizada). Sin embargo, lo hizo a 2.6% en promedio en tres periodos claramente diferenciados: neoliberalismo (1991-2001), cuando la economía creció 3.4% y el sector privado incorporó sólo 10% del crecimiento promedio anual de la PEA (crecimiento sin desarrollo); productivismo industrial (2002-2012), durante el cual la economía creció 4.2% anual promedio e incorporó 94% del crecimiento promedio anual de la PEA al sector privado formal, pero se agotó en 2012 (desarrollo trunco), y estancamiento con inflación (2013-2023), cuando predominó la incorporación de empleo en el sector público (27% del crecimiento promedio anual de la PEA), junto con la asistencia social, en un marco de estancamiento de largo plazo con fuerte volatilidad política y económica de corto plazo.</p>
			<p>Del análisis empírico pueden extraerse dos reflexiones: primero, que el neoliberalismo no es una solución real al problema del subdesarrollo argentino, y, segundo, que el productivismo industrial encuentra límites internos y externos que dejan a la sociedad en un camino de desarrollo trunco. Frente a esta encrucijada, el artículo explora un proyecto de desarrollo heterodoxo alternativo que, sin dejar de lado sus virtudes y sus límites, impulse el desarrollo de la EP, mediante la premisa de que, para el desarrollo de países como Argentina, con la industrialización sola no alcanza, pero sin ella es imposible.</p>
			<p>Nuestro análisis de la EP en Argentina parte de un método de estudio con dos niveles de abstracción. El primero, abstracto-estructural, que analiza las relaciones sociales de producción y las fuerzas productivas, a través del concepto de modo de producción. El segundo, histórico-concreto, que contempla a los actores junto con sus procesos organizativos y de lucha en una realidad histórica determinada, a través del concepto de clase social en formación.</p>
			<p>Desde una mirada estructural se define a la EP como un modo de producción alternativo al capitalista, creado por trabajadores de sectores populares que, al no ser absorbidos como mano de obra por el sector capitalista ni por el Estado, se inventaron, desde la necesidad, su propio trabajo en torno de un oficio (de manera más o menos organizada) con el fin de ganarse la vida y sostener a sus familias, como mecanismo de resistencia frente a la exclusión social. Desde un abordaje histórico concreto, se califica a la EP como una clase social en formación que emerge en el siglo XXI.</p>
			<p>Sobre su evolución, se destaca que como modo de producción la EP se expande informalmente en los sectores populares de Argentina, frente a la insuficiente generación de puestos de trabajo del sector capitalista tradicional y a la ineficacia de las políticas públicas. Desde una gran precariedad, se desarrollaron ramas comunitarias, vinculadas especialmente con las tareas del cuidado de personas y la atención de comedores y espacios comunitarios, y productivas, relacionadas con la elaboración y la venta de bienes y servicios producidos a baja escala (en forma artesanal) en mercados poco estructurados y de alcance local, como servicios personales y de oficios (mecánico, carpintero, electricista, peluquería, servicio de limpieza, entre otros), comercio popular, elaboración de alimentos manufacturados, producción textil, reciclado y recuperación de basura, construcción a pequeña escala, agricultura familiar y servicio de transporte urbano. </p>
			<p>Como fenómeno histórico concreto, el presente trabajo recorre la formación de la EP durante las últimas décadas con el fin de destacar los avances organizativos e institucionales de los actores involucrados en su formación, reconocimiento y jerarquización como clase social. Se observa aquí que el principal objetivo, en esta instancia política, es transformar a la sociedad del presente para incorporar al imaginario de desarrollo de Argentina un modo de producción alternativo -complementario al capitalista- que deje de lado la mirada tradicional del desarrollo del siglo XX, cuando la EP se asociaba con la contención social.</p>
			<p>Por último, cabe destacar que la EP sólo será sustentable si es protegida socialmente del acaparamiento de las clases sociales ociosas del capitalismo (rentistas financieros, rentistas de la tierra y rentistas del monopolio y la intermediación comercial). De no ser así, su forma de producir hace inviable la generación de ingresos razonables para quienes trabajan en ella. Un camino de éxito en el desarrollo de esta economía no capitalista probablemente requiera comenzar por formalizar un esquema de economía de dos velocidades. Por un lado, la capitalista, que asume un ritmo de producción y consumo impulsado por un proceso productivo mecánico, guiado por un cambio tecnológico endógenamente acelerado y ahorrador de mano de obra. Por el otro, la EP, impulsada desde las clases sociales de trabajadores y productores populares, con un ritmo laboral acorde con el ciclo vital de la naturaleza y la sociedad, donde proliferan las ramas de oficios y tareas que se expanden por la valoración social de un consumo acorde con el ciclo natural de preservación de la vida. Como bien reconocía el propio <xref ref-type="bibr" rid="B48">Adam Smith (2020: 76)</xref>: “En la mayoría de las sociedades avanzadas, empero, hay siempre un puñado de mercancías cuyo precio se resuelve sólo en dos partes, los salarios del trabajo y los beneficios del capital; y un número todavía más pequeño en donde consiste sólo en salarios”.</p>
		</sec>
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					<source>Trabajo y Sociedad</source>
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					<source>Sombras de una marginalidad frag­mentada. Aproximaciones a la metamorfosis de los sectores populares de la Argentina</source>
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					<source>Impérialisme et classes sociales</source>
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					<publisher-name>Flammarion</publisher-name>
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					<source>La riqueza de las naciones</source>
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					<article-title>A contribution to the theory of economic growth</article-title>
					<source>The Quarterly Journal of Economics</source>
					<volume>70</volume>
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					<article-title>Dossier: “Cinco tesis sobre la nueva matriz popular”</article-title>
					<source>Lavboratorio. Revista de Estudios sobre Cambio Estructural y Desigualdad Social</source>
					<issue>15</issue>
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					<source>Entre la ruta y el barrio. La experiencia de las organizaciones piqueteras</source>
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					<year>2002</year>
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		</ref-list>
		<fn-group>
			<fn fn-type="other" id="fn1">
				<label>1</label>
				<p>
					<xref ref-type="bibr" rid="B25">Harrod (1939)</xref> llega a esta conclusión mediante un modelo en que el ahorro depende principalmente del ingreso (<italic>S</italic>=<italic>s</italic>*<italic>Y</italic>) y la inversión del crecimiento de este último (<italic>I</italic> = ∆<italic>K</italic> = <italic>v</italic> * ∆<italic>Y</italic>) (siendo <italic>v</italic> = <italic>K</italic>/<italic>Y,</italic> donde <italic>K</italic>=<italic>stock</italic> de capital y <italic>Y</italic>= nivel de producción). Luego, si en el equilibrio macroeconómico <italic>S</italic>=<italic>I,</italic> entonces <italic>Gw</italic>=<italic>s</italic>/<italic>v.</italic> Mientras que, por otra parte, la tasa de crecimiento de pleno empleo o tasa de crecimiento natural <italic>Gn</italic>= ∆<italic>L</italic>/<italic>L</italic> + <italic>π,</italic> donde <italic>L</italic>= fuerza de trabajo y <italic>π</italic> = la tasa de crecimiento de la productividad, la cual depende del progreso tecnológico inmerso en los bienes de capital.</p>
			</fn>
			<fn fn-type="other" id="fn2">
				<label>2</label>
				<p>
					<xref ref-type="bibr" rid="B49">Solow (1956)</xref> llega a esta conclusión mediante una función de producción agregada homogénea de grado uno con productividades marginales factoriales decrecientes y una relación directa entre <italic>K</italic>/<italic>Y</italic> y <italic>K</italic>/<italic>L.</italic></p>
			</fn>
			<fn fn-type="other" id="fn3">
				<label>3</label>
				<p> “De esta manera, las tasas de crecimiento ‘garantizada’ y ‘natural’ no son independientes; si los márgenes de utilidad son flexibles, la primera se ajustará a la segunda a través del consecuente cambio en <italic>P</italic>/<italic>Y</italic>” (<xref ref-type="bibr" rid="B26">Kaldor, 1957: 418</xref>).</p>
			</fn>
			<fn fn-type="other" id="fn4">
				<label>4</label>
				<p> Una mirada crítica sobre las estrategias de desarrollo de diferentes países latinoamericanos puede encontrarse en <xref ref-type="bibr" rid="B12">Fajnzilber (1983)</xref>.</p>
			</fn>
			<fn fn-type="other" id="fn5">
				<label>5</label>
				<p> Se entiende como sector avanzado “aquel en el que penetró ya la tecnología moderna, pudiendo ser externo o interno su mercado. Al restante lo llamaremos sector atrasado” (<xref ref-type="bibr" rid="B16">Furtado, 1974: 179</xref>).</p>
			</fn>
			<fn fn-type="other" id="fn6">
				<label>6</label>
				<p> El empleo de calidad se define como aquel que, en el ámbito del sector privado capitalista, permite acceder a los derechos laborales plenos reconocidos por el Estado.</p>
			</fn>
			<fn fn-type="other" id="fn7">
				<label>7</label>
				<p> Este último dato surge del crecimiento promedio anual de la PEA. </p>
			</fn>
			<fn fn-type="other" id="fn8">
				<label>8</label>
				<p> Entre ellas, el paradigmático esquema cambiario de caja de conversión (1 peso = 1 dólar) denominado <italic>convertibilidad.</italic></p>
			</fn>
			<fn fn-type="other" id="fn9">
				<label>9</label>
				<p> Aquello que no esté adecuadamente estandarizado requiere demasiada habilidad artesanal, reflexión y elaboración individual y, por lo tanto, no es susceptible de utilización económica en los procesos. La irregularidad y la falta de adaptación constituyen un defecto, ya que provocan una demora y ésta significa, en general, un retraso intolerable (<xref ref-type="bibr" rid="B56">Veblen, 1965: 14</xref>).</p>
			</fn>
			<fn fn-type="other" id="fn10">
				<label>10</label>
				<p> En consecuencia, para evitar una sobreacumulación de mercancías, el capitalismo debe acelerar su consumo mediante una lógica de generación endógena creciente de necesidades o resignarse a un desempleo masivo (<xref ref-type="bibr" rid="B20">Gorz, 1969</xref>). En este sentido, los países desarrollados suelen transitar el primer camino (consumismo) y los subdesarrollados el segundo (desempleo).</p>
			</fn>
			<fn fn-type="other" id="fn11">
				<label>11</label>
				<p> El consumismo es un proceso de exacerbación del consumo de la sociedad, especialmente en su tiempo de ocio, impulsado por la producción acelerada de bienes y servicios, donde los bienes de uso, originalmente diseñados para emplearse durante una vida útil de varios periodos, pasan a ser tratados como bienes de consumo en un periodo (<xref ref-type="bibr" rid="B4">Arendt, 2019</xref>).</p>
			</fn>
			<fn fn-type="other" id="fn12">
				<label>12</label>
				<p> Aunque también rige, en ciertos espacios de la EP, el principio de distribución comunitaria de bienes y servicios (economía popular comunitaria).</p>
			</fn>
			<fn fn-type="other" id="fn13">
				<label>13</label>
				<p> Sin embargo, las estimaciones estadísticas sobre el universo de trabajadores de la EP en Argentina varían según las diferentes metodologías para ello. Por ejemplo, para <xref ref-type="bibr" rid="B7">Chena (2022)</xref> representaron 39% de la PEA en 2021 (según la Encuesta Permanente de Hogares, o EPH, del segundo semestre); para <xref ref-type="bibr" rid="B2">Álvarez et al. (2021)</xref>, el 33.1% de la PEA de 2020 (según la EPH del cuarto trimestre); <xref ref-type="bibr" rid="B37">Pissaco (2020)</xref>, <xref ref-type="bibr" rid="B46">Salvia, Poy y Donza (2018)</xref> estiman 23.6 y 19.2% de la PEA de 2017, respectivamente (según la EPH del primer trimestre).</p>
			</fn>
			<fn fn-type="other" id="fn14">
				<label>14</label>
				<p> Para un análisis detallado de las ramas y las actividades de la EP registradas, véase <xref ref-type="bibr" rid="B41">Renatep (2023a)</xref>.</p>
			</fn>
			<fn fn-type="other" id="fn15">
				<label>15</label>
				<p> De lo contrario, “se enfrentarán unos con otros hostilmente en el plano de la competencia” (<xref ref-type="bibr" rid="B32">Marx, 1968: 60-61</xref>).</p>
			</fn>
			<fn fn-type="other" id="fn16">
				<label>16</label>
				<p> En el marxismo dicha función está asociada fundamentalmente con el lugar que ocupa en la producción, la circulación y la distribución de las mercancías (<xref ref-type="bibr" rid="B23">Gurvitz, 1960</xref>).</p>
			</fn>
			<fn fn-type="other" id="fn17">
				<label>17</label>
				<p> Aunque, como bien alertó un referato anónimo de esta revista, que coincidan no implica un mismo devenir. </p>
			</fn>
			<fn fn-type="other" id="fn18">
				<label>18</label>
				<p> El documento fundacional de la UTEP declama la identidad de clase: “La Unión de Trabajadores y Trabajadoras de la Economía Popular es el sindicato que representa y defiende los derechos de todas y todos los excluidos del mercado laboral, quienes nos inventamos nuestro propio trabajo para subsistir. Es una organización gremial independiente de todos los partidos políticos, una herramienta de lucha reivindicativa para la restitución de los derechos laborales y sociales que nos arrebató el neoliberalismo y que aún no hemos recuperado” (<xref ref-type="bibr" rid="B54">UTEP, 2021: 1</xref>).</p>
			</fn>
			<fn fn-type="other" id="fn19">
				<label>19</label>
				<p> Si bien la implementación concreta de estas herramientas institucionales fue parcial y defectuosa, significó un logro simbólico en la lucha política de la EP como clase social.</p>
			</fn>
			<fn fn-type="other" id="fn20">
				<label>20</label>
				<p> Destacadas al analizar el desarrollo de la EP como modo de producción.</p>
			</fn>
			<fn fn-type="other" id="fn21">
				<label>21</label>
				<p> Siguiendo a <xref ref-type="bibr" rid="B55">Veblen (1963)</xref>, se define a las clases ociosas como contrapuestas a la clase trabajadora por su rechazo del trabajo manual dedicado a la producción cotidiana de los medios materiales de vida, por considerarla una tarea de las clases inferiores. </p>
			</fn>
			<fn fn-type="other" id="fn22">
				<label>22</label>
				<p> “Los agrupamientos de hecho son agrupamientos en los que sus miembros participan, sin que eso sea explícitamente querido por ellos y sin que obedezcan las órdenes de una organización de un poder preciso” (<xref ref-type="bibr" rid="B23">Gurvitch, 1960: 158</xref>).</p>
			</fn>
			<fn fn-type="other" id="fn23">
				<label>*</label>
				<p>El autor agradece especialmente a los revisores anónimos de <italic>El Trimestre Económico</italic> por los valiosos comentarios realiza dos a la versión preliminar del artículo. No obstante, los errores o las omisiones que puedan existir son de responsabilidad exclusiva del autor.</p>
			</fn>
		</fn-group>
	</back>
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