Reseñas
Otras modernidades
Otras modernidades
Estudios sobre las Culturas Contemporáneas, vol. XXI, núm. 41, pp. 167-172, 2015
Universidad de Colima
Otras modernidades1

La idea de la modernidad lleva implícitas nociones que dan pauta a la de la globalización, como una gradual similitud en los hábitos y estructuras de la vida cotidiana en las distintas regiones geográficas. Ramírez Velázquez (2003) destaca como objetivo de la modernidad la construcción de un mundo homogéneo, sin diferencias; sin embargo, analiza en el contexto actual la necesidad del estudio de las historias alternativas de las prácticas territoriales.
La ciudad se considera el lugar propio para la modernidad: ahí se encarna en una estructura que favorece los intercambios y los desplazamientos. En ella, formas y actividades se integran para constituir las identidades urbanas contemporáneas. La arquitectura se confunde con el paisaje y se aprecia a partir de las prácticas, de las historias personales, de su calidez; pero también de su magnificencia y de su representatividad. Resulta entonces bastante subjetivo el reconocimiento de su valor ¿estético? ¿testimonial?, de tal manera que, con frecuencia, la arquitectura de la modernidad aún no se asimila como parte de un patrimonio cultural común.
En términos de valoración, la arquitectura de lo moderno queda hoy restringida, ya que no puede cumplir su primer ideal: ser nueva. Tampoco puede ya resultar sorprendente, mucho menos es clásica, y tal vez un aspecto central del problema: no es indígena, ni colonial, ni barroca, ni popular. Tal como lo expone Juan Calduch:
El Movimiento Moderno y, de un modo particular, la arquitectura vinculada a las vanguardias artísticas, defendía la bandera de la novedad a ultranza […] Resulta así imposible vincular los valores vigentes sobre la protección del patrimonio –procedentes de una teoría estética romántica que valora la pátina y la ruina de un modo positivo porque hacen patente su antigüedad– con una arquitectura que se reclama como nueva y novedosa, actual, vinculada al presente (Calduch, 2009:40).
Así, las ciudades mexicanas –como muchas otras– encarnan la tragedia de lo moderno, que describe Berman (2008), un proceso de constante destrucción y construcción como lenguaje del cambio, así como manifestación del deseo de lo nuevo. En este contexto, resalta la obra Otras modernidades. Arquitectura en el interior de México, 1920-1960, editada en conjunto por la Universidad Autónoma de Aguascalientes, la Universidad de Colima y la Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo, coordinada por Catherine R. Ettinger, J. Jesús López García y Luis Alberto Mendoza Pérez. Constituye una recopilación de once investigaciones arquitectónicas que permiten revisitar la historia de la edificación urbana en el México del siglo XX, la etapa en la cual nuestras ciudades tuvieron un importante desarrollo físico vinculado con los simbolismos y las formas materiales de la modernidad.
Este texto expone la importancia de reconocer los aportes arquitectónicos al siglo XX desde las pequeñas ciudades del país, en donde no sólo se dieron otras apropiaciones estéticas; se construyó, además, a partir de distintos diálogos entre la modernidad boyante y la identidad nacional. Así, las edificaciones expuestas y analizadas por los autores de Otras modernidades, son testimonio físico de los debates sobre una elaboración regional de presente y futuro, a partir de la cual se diseñaban nuevos paisajes urbanos para un México que se reestructuraba socialmente tras la lucha revolucionaria, con la renovada voluntad de ingresar a procesos económicos de carácter internacional.
Tal como lo establece uno de los autores:
no fue sino hasta que la Revolución mexicana triunfó ideológicamente, cuando finalmente la arquitectura y las ciudades de Yucatán y del país entero pudieron simbolizar fiel y ampliamente el conflicto de intereses, de culturas, de ideologías, de costumbres y de preferencias entre la modernidad internacional y el remordimiento nacionalista, lo que a la postre vino a generar cualquier cantidad de expresiones híbridas que a veces resultaron muy interesantes y verdaderamente originales (Urzaiz, 20013:75).
Catherine Ettinger, coordinadora del libro y autora del texto “Morelia: una modernidad renuente”, expone cómo se ha dado una tendencia a interpretar la arquitectura desde las grandes urbes (ciudad de México, Guadalajara, Puebla, Monterrey) considerando que fue a través de su influencia que las emergentes ciudades de menor tamaño llegaron al empleo de las técnicas y la adaptación de la estética de la modernidad. El libro en su conjunto manifiesta que la historia de la arquitectura mexicana es mucho más diversa y compleja en el siglo XX, cuando ya se han establecido nuevas formas de intercambio físico y cultural entre las distintas regiones del país con naciones extranjeras.
A través de la radio, del cine, del ferrocarril, de las publicaciones editoriales y fundamentalmente de los procesos de migración, cada ciudad mexicana recibía distintas influencias para edificar su paisaje moderno como la expresión física de articulaciones de identidades, diferentes intereses económicos y políticos en juego, además de una diversidad de imaginarios para cumplir arquitectónicamente el ideal de la vida urbana.
En el caso del norte del país, Cristina Urías Espinoza y Fabricio Espinosa Ortiz describen la influencia norteamericana en Sinaloa, por efecto de la presencia de extranjeros convocados para generar el desarrollo agroindustrial de la región durante la primera mitad del siglo XX. El texto ilustra con datos e imágenes, la colonización del puerto de Topolobampo y el surgimiento posterior de una ciudad en la que se asentaron los industriales extranjeros, hoy conocida como Los Mochis.
Claudia M. Calderón presenta su investigación sobre la ciudad de Ensenada, Baja California, en donde ocurren condiciones similares a las descritas por Urías y Espinosa para Sinaloa:
Para Ensenada, dos son las circunstancias que determinan su ingreso a la modernidad: en primer lugar, su localización geográfica a casi 3,200 kilómetros de la ciudad capital y su cercanía con Estados Unidos a poco más de 100 kilómetros; en segundo lugar, las inversiones extranjeras realizadas en el país, producto de las concesiones otorgadas sobre el territorio mexicano durante el período porfiriano (Calderón, 2013:43).
La autora expone los antecedentes de la optimización de la arquitectura doméstica mediante la adaptación de formas propias de la vivienda norteamericana, como las casas de venta por catálogo, que eran entregadas como un conjunto de piezas de madera y planos para construirse.
Eloy Méndez y Alejandro Duarte hacen un análisis crítico de los edificios de la Universidad de Sonora como muestra de la arquitectura moderna institucional. Los autores documentan las distintas etapas de construcción del campus de la UNISON, desde 1930 a 1970, en donde los proyectos y los enfoques retomaban ideales de la modernidad como el paseo peatonal, la manipulación eficiente de los espacios, el uso de elementos y metáforas de la tecnología. Pero también manifiestan la imposición de un orden de poder institucional; en palabras de estos autores: “usando el discurso constante e inmutable de la modernidad y el progreso” (Méndez y Duarte, 2013:220).
Desde el extremo opuesto del país, en donde las apropiaciones se integran a otras identidades, se presenta la investigación de Enrique Urzaiz Lares: “El surgimiento de la arquitectura moderna en la ciudad de Mérida”. El investigador enmarca su visión en un enfoque contemporáneo de la historiografía arquitectónica, espíritu que describe como: “relativista y hermenéutico” (Urzaiz 2013:69) en el que se interpretan los cambios históricos y estéticos como procesos en los que el reto de la integración de estilos pasa por la apropiación de elementos de la legendaria cultura maya. De la misma ciudad, Mérida, Marco Tulio Peraza Guzmán analiza la dispersión moderna de la vivienda hacia los suburbios, la expansión urbana que se vincula con lo que él llama “el anhelo campestre”, el cual se refiere a nuevas estructuras de distinción social en el territorio.
En su investigación, Luis Alberto Mendoza Pérez analiza el trabajo de tres arquitectos cuyas obras lograron la integración de elementos de la modernidad en la edificación en la ciudad de Colima, capital del estado del mismo nombre. Ahí las nuevas técnicas, materiales y formas llegan aparejadas a nuevas maneras de intercambio económico e interacción urbana, por influencia de procesos como el desarrollo industrial y el uso del automóvil; la modernidad llega a asimilarse en una sociedad tradicionalista, cuyas condiciones climáticas (un clima tropical en una zona de actividad sísmica) y productivas, habían privilegiado un modelo establecido de vivienda incluso llamada “casa colimense”. Como contraparte, el autor argumenta e ilustra la existencia de una modernidad regional, en algunos casos denominada “rangeliana”, por el peso que tuvo en ella la obra del arquitecto Alejandro Rangel Hidalgo.
Hans Kabsch Vela presenta una investigación sobre la vivienda moderna en Chiapas y documenta las dificultades, por una parte, de la introducción de nuevas estéticas y prácticas de habitación en una región de gran complejidad cultural, además del reto que constituye el clima tropical de la zona para la adaptación de las tendencias del modernismo. Por su parte, J. Jesús López García expone un análisis de la influencia de la modernidad en la ciudad de Aguascalientes entre 1926 y 1960, documentando la transformación de la ciudad, a la par que se modificaban formas de intercambios y desplazamientos. El texto expone los efectos de la migración local a Estados Unidos, cuyos procesos de hibridación cultural se manifestaron en la arquitectura de distintas regiones del estado.
La experiencia de la transición hacia una arquitectura moderna fue diferente en aquellas ciudades cuyo paisaje novohispano estaba sólidamente integrado a su identidad. En el caso de este libro se documentan las modernidades de Morelia, de Puebla y de San Luis Potosí. En Puebla, Carlos Montero Pantoja hace una profunda relación de los cambios dados por las nuevas tendencias arquitectónicas y las necesidades de un centro urbano que comienza el siglo con un grave rezago en equipamiento y habitabilidad. El autor establece distintas etapas, en las que se van incorporando a la ciudad las técnicas y las tendencias constructivas de la modernidad, las cuales se vinculan desde luego con las condiciones políticas y la ideologías vigentes.
Jesús Villar Rubio, al analizar la modernidad en la arquitectura potosina, pone el dedo en la llaga al centrar la discusión en las relaciones entre lo tradicional y lo moderno. Comenta al respecto:
La arquitectura moderna de esta ciudad no pudo desprenderse de su pasado, de sus materiales pétreos y su relación con las formas vernáculas cúbicas y cubiertas planas, guardando dentro de su tradición una nueva modernidad local (Villlar, 2013:127).
Con esta base hace un detallado recuento de las distintas edificaciones modernas, resaltando sus usos y materiales para la adecuación de formas racionalizadas de vida en un contexto tradicional.
Un aporte fundamental de estas once investigaciones es la recopilación de material fotográfico que ilustra los proyectos, las estructuras y las técnicas constructivas que edificaron los paisajes de las ciudades de nuestro país a lo largo del siglo XX. La obra es también una diversa muestra de metodologías y técnicas de investigación histórica en la que sus autores integran elementos de la teoría y análisis de la arquitectura, pero también de la sociología y la fenomenología, la hermenéutica, la estética, el urbanismo y la historia del arte.
Otras modernidades exhibe la compleja y rica variedad de formas arquitectónicas desarrolladas en las edificaciones de las ciudades mexicanas en el siglo pasado; también expone con ellas muchas de las condiciones históricas, políticas, sociales y económicas que definieron las bases de la realidad contemporánea. Constituye un libro ilustrativo para una historia de la arquitectura local y da pauta a una revaloración de sitios cuya falta de antigüedad los hace vulnerables al deprecio y la demolición.
Bibliografía
Berman, M. 2008. Todo lo sólido se desvanece en el aire. México. Siglo XXI. 367 pp.
Calderón, C. (2013). “Modernidad en la vivienda del occidente mexicano. Ensenada, Baja California a finales del siglo XIX y principios del siglo XX”, en: Ettinger, C. R., López García, J. J. y Mendoza Pérez, L. A. (2013). Otras modernidades. Arquitectura en el interior de México 1920-1960. Universidad Autónoma de Aguascalientes, Universidad de Colima, Universidad Nicolaíta. 41-63.
Calduch Cervera, J. (2009). “El declive de la arquitectura moderna: deterioro, obsolescencia, ruina”, en: Palapa, Revista de investigación científica en arquitectura. Vol. 4, Número II (09), julio-diciembre de 2009. 29-43.
Mendoza Pérez, L. A. (2013). “La modernidad, el regionalismo y las vanguardias en la arquitectura de Colima 1932-1970: contrastes y asimilaciones”, en: Otras modernidades (Op. cit.). 99-110.
Peraza Guzmán, M.T. (2013). “El anhelo campestre. Los inicios de la modernidad habitacional en Yucatán”, en: Otras modernidades (Op. cit.). 171-195.
Ramírez Velázquez, B. R. (2003). Modernidad, posmodernidad, globalización y territorio. Un recorrido por los campos de las teorías. México:UAM-Xochimilco, 216 pp.
Urzaiz Lares, Enrique. 2013. “La revolución posrevolucionaria en Yucatán: el surgimiento de la arquitectura moderna en la ciudad de Mérida”, en: Otras modernidades (Op. cit.). 65-98.
Villar Rubio, Jesús. 2013. “Modernidad y tradición en la arquitectura potosina 1920-1960”, en: Otras modernidades (Op. cit.). 111-132.
Notas