Metodología, Métodos, Técnicas

Estrategia metodológica para el estudio de las identidades y las representaciones sociales de los jóvenes consumidores de drogas Estudio de caso en Jalisco, México

María Guadalupe Ramírez Ortiz *
Centro de Investigaciones y Estudios Superiores en Antropología Social, México

Estrategia metodológica para el estudio de las identidades y las representaciones sociales de los jóvenes consumidores de drogas Estudio de caso en Jalisco, México

Estudios sobre las Culturas Contemporáneas, vol. XXIII, núm. 46, pp. 163-208, 2017

Universidad de Colima

Recepción: 15 Noviembre 2016

Aprobación: 05 Enero 2017

Resumen: El objetivo de este trabajo es presentar la estrategia metodológica para el estudio del proceso de construcción sociocultural de la identidad de los estudiantes consumidores de drogas (ECD) para conocer si sus representaciones influyen en la construcción de una identidad social susceptible a exclusión social. En ese sentido, el enfoque de estudio para abordar esta problemática es antropológico y se realizó trabajo etnográfico durante 2004-2007. La recolección de información fue a través de la aplicación de protocolos de observación de contextos, así como de entrevistas a diversos actores clave, e historia oral temática de ECD. Se aplicó análisis de contenido temático y se trianguló información entre fuentes. Los ECD fueron representados como carentes de vínculo identitario escolar, jóvenes que no interiorizan normas escolares, cuestión que faculta a profesores a negarles oportunidad de progresar académicamente y legitima su exclusión educativa. El consumo de drogas (CD) y otras prácticas (participar en riñas, robar, vender drogas, evadir la autoridad) fueron representativos de su identidad individual y colectiva; dichas prácticas no se asumieron como producto de decisión, sino que formaron parte de su socialización primaria. Las instituciones deberían interpretar los sentidos que los jóvenes dan al CD y prácticas asociadas, no imponer valores y práctica en torno al rechazo de drogas. Deberían orientarse a igualar posibilidades de integración social, superando condiciones socioeconómicas y liberar a jóvenes de construcciones estigmatizantes.

Palabras clave: Identidad, Representación social, Jóvenes, Drogas.

Abstract: Methodological Strategy for the Study of the Identities and Social Representations of Young Drug Users. A Case Study in Jalisco, Mexico

The objective of this paper is to present the methodological strategy for the study of the socio-cultural construction of the identity of drug-using students (ECD) to know if their representations influence the construction of a social identity susceptible to social exclusion. In that sense, the focus for the study of this problem is anthropological and ethnographic work was carried out during 2004-2007. The collection of information was through the application of protocols for the observation of contexts, as well as interviews with several key actors, and thematic oral histories of ECDs. Thematic content analysis was applied. Information between sources was also triangulated. ECDs were represented as lacking a school identity bond, young people who do not internalize school norms, an issue that allows teachers to deny them the opportunity to progress academically, thus legitimizing their educational exclusion. The use of drugs (CD) and other practices (participating in fights, stealing, selling drugs, evading authority) were representative of their individual and collective identity. These practices were not assumed as a product of decision, but were part of their primary socialization. Institutions should interpret the meanings that young people give to CD and associated practices, not impose values and practice around drug rejection. They should aim at equalizing possibilities of social integration, overcoming socio-economic conditions and freeing young people from stigmatizing constructions.

Keywords: Identity, Social Representation, Youth, Drugs.

Estrategia metodológica para el estudio de las identidades y las representaciones sociales de los jóvenes consumidores de drogas. Estudio de caso en Jalisco, México

En este trabajo parto de la idea de aseverar que el consumo de drogas (CD) entre la población juvenil es un problema reconocido por la sociedad, y ha motivado a las instituciones públicas, nacionales e internacionales a centrar sus políticas de salud en campañas de prevención y tratamiento. Pero también se ha admitido que el narcotráfico y el consumo de drogas son fenómenos interrelacionado con implicaciones económicas, políticas y sociales que trastocan las relaciones en todos los niveles, desde las diplomáticas (entre naciones) hasta las cotidianas, en vecindarios, familias y escuelas, entre otras.

Me atrevería a afirmar que todo individuo, alguna vez en su vida, ha conocido o interactuado con consumidores de drogas en su contexto cercano o familiar. Es a partir de esa interacción que surge mí interés por trabajar con este sector poblacional. En este sentido el objetivo de este artículo es presentar la estrategia metodológica seguida para el estudio de las identidades y representaciones sociales de los jóvenes consumidores de drogas efectuado en la preparatoria de Tonalá, Jalisco, de la Universidad de Guadalajara.

La intención de este trabajo es analizar el proceso de construcción sociocultural de la identidad de los estudiantes consumidores de drogas (ECD) en sus contextos de interacción, y observar si sus representaciones influyen en la construcción de una identidad social estigmatizada, discriminada y criminalizada, lo que favorece la susceptibilidad de la exclusión social.

Para comprender el proceso de construcción sociocultural de la identidad de jóvenes estudiantes de sectores populares que consumen drogas fue necesario acercarse al conjunto de significados que hacen que los jóvenes se reconozcan y sean reconocidos entre los demás actores sociales. Por tal motivo, se asumió el enfoque antropológico, pues mediante la etnografía retomé la idea central de participar en la vida cotidiana de los estudiantes consumidores de drogas durante un tiempo (2004-2007), en el cual se trabajó con diferentes fuentes de información que contribuyeron en la descripción del objeto de estudio (Hammersley y Atkinson, 1994). Por otra parte, me orienté con base en la teoría de las representaciones sociales que, al igual que la etnografía, lleva implícito el acto interpretativo de opiniones, creencias, juicios y prácticas que sostienen y comparten los individuos que conforman el mundo social (Mosocovici, 1979; Jodelet, 1993; Abric, 2001a-b), sin dejar de lado la orientación del enfoque procesal de las representaciones sociales que privilegia las vinculaciones sociohistóricas y culturales del objeto de estudio.

Además, para acceder al conocimiento utilicé el abordaje hermenéutico, el cual interpreta al ser humano como productor de sentido y se enfoca en el análisis de las producciones simbólicas, por medio de las cuales los seres humanos construimos nuestro mundo de vida (Banch, 2000).

Partí de un acercamiento que rompe con el esquema de explicaciones del fenómeno desde una lógica lineal de tipo causa y efecto, de modo que el análisis se orienta a explicaciones multifactoriales. Asimismo, en esta investigación el enfoque antropológico permitió mostrar la diversidad de situaciones de vida y de consumo de drogas en los estudiantes de la preparatoria de Tonalá de la Universidad de Guadalajara, que fueron desde la experimentación y el consumo habitual hasta cierto grado de disfuncionalidad, no como un continuo que es forzoso recorrer, sino como momentos que un individuo puede o no transitar. Por ello, el consumo no necesariamente debe verse como patológico, y al consumidor como dependiente; ya que puede tratarse de una respuesta a necesidades variadas que abarcan desde la búsqueda de nuevas experiencias sensitivas hasta la evasión de la realidad, o bien, una respuesta contestataria al sistema de normas y valores en ciertos momentos de la vida de estos jóvenes.

La condición del estudiante como consumidor de drogas le otorga una identidad que confiere pertenencia a una categoría social que es por lo común vista por los otros como una identidad deteriorada y socialmente estigmatizada. Sin embargo, en este estudio interesa acercarse a los estudiantes consumidores para observar no sólo la parte negativa que otros construyen de su identidad y su consumo, sino desentrañar también –desde su punto de vista– sus propias motivaciones, hábitos y creencias en torno a su consumo. Además, se describirá cómo éste consumo de drogas es una práctica que funciona como forma de diferenciación y reafirmación de la autonomía personal, pues el consumo tiene un significado relacionado con la pertenencia social.

Los jóvenes encuentran la pertenencia social en ciertos grupos del contexto escolar, o bien, en los grupos de pares del vecindario. Así, alrededor del consumo se integran procesos colectivos y culturales que sólo se aprecian de manera clara en las interacciones sociales y en los significados particulares que los actores les atribuyan. Por otra parte, se describirá cómo los estudiantes consumidores de drogas han luchado ya sea por asumir su identidad como consumidores o por considerar la droga como algo transitorio en su vida.

Explicitación de la estrategia metodológica que orientó el trabajo de investigación y el análisis de la información en tres acercamientos operacionales

Primer acercamiento operacional: articulación de las dimensiones de la identidad como símbolo colectivo

El primer acercamiento consistió en articular las diferentes dimensiones de la identidad de los jóvenes consumidores de drogas como símbolo colectivo que es interpretado por la alteridad en sus diversos contextos de interacción. Aquí la identidad se define como símbolo colectivo, es decir, cómo los otros construyen representaciones sociales de los consumidores de drogas. Para alcanzar el objetivo de este momento fue necesario acercarse a varios actores sociales: estudiantes, maestros, padres de familia, algunos actores de los vecindarios, como el coordinador de un grupo católico de jóvenes de la colonia Jalisco, y dirigentes de programas y centros de tratamiento para las adicciones, entre otros.

Para el desarrollo del trabajo de campo fue necesario partir de la formulación de una hipótesis, la cual se fue construyendo con base en preguntas iniciales de diversa índole. Una de las primeras fue ¿cómo construyen los profesores y estudiantes de la preparatoria de Tonalá las representaciones de la identidad social de los estudiantes consumidores de drogas? Esta cuestión se investigó por medio de entrevistas a profesores, así como por grupos de discusión. El criterio de selección de los profesores fue que se distinguieran por mantener un trato frecuente y directo con los estudiantes. Para contactarlos se pidió apoyo a la coordinadora académica. La participación de los profesores fue voluntaria; se pidió su consentimiento para grabar la entrevista, asegurándoles el anonimato y la confidencialidad en el manejo de la información (véase el Cuadro I).

Para conformar los grupos de discusión se seleccionó un(a) alumno(a) por cada semestre escolar (tanto de bachillerato técnico como de bachillerato general), de tal forma que se establecieron seis grupos: tres de mujeres y tres de hombres. Para reunirlos se contó con el apoyo de los prefectos de la preparatoria. Sin embargo, uno de ellos se equivocó y un grupo de hombres fue conformado por alumnos sólo de bachillerato general, así que se tuvo que organizar otro de bachillerato técnico, por lo que sumaron ocho grupos en total (véase el Cuadro II). Otro criterio de selección fue que los(as) alumnos(as) fumaran tabaco, bajo los supuestos de que aportarían más datos respecto al fenómeno del consumo de sustancias en la escuela o bien que hablarían sobre su experiencia de consumo de otras sustancias, ya que los resultados de la Encuesta Nacional de Adicciones de 1993 (SS, DGE, 1993) reportan que fumar es un factor de riesgo para el consumo de drogas y alcohol.

Cuadro I
Entrevistas a profesores de la preparatoria de Tonalá

		
	
	
		
			
				
					Entrevistas a profesores de la preparatoria de Tonalá

El proceso de la entrevista con los grupos comprendió cinco etapas: 1) aplicación de dinámica “rompehielo”; 2) dar a conocer el objetivo de la discusión; 3) petición de consentimiento para participar y grabar la entrevista, asegurándoles el anonimato de la información y la confidencialidad en el manejo de la información; 4) aplicación de entrevista con dos preguntas conductoras: ¿qué es el tabaco para ustedes?, ¿qué son las drogas para ustedes?; y 5) una vez concluida la discusión se preguntó si estaban de acuerdo con proporcionar algunos datos para describir características del grupo (sexo, edad, ocupación, tipo de bachillerato, y si hubo antes, así fuera una sola ocasión, consumo de alcohol y drogas), a lo que también accedieron.

La aproximación a las narraciones generadas en las entrevistas con los profesores y grupos de discusión permitió acercarme al análisis de representaciones sociales del estudiante consumidor de drogas; a su vez, permitió adentrarse en otros temas relacionados con el consumo en diferentes contextos de socialización de los estudiantes de la preparatoria de Tonalá, como la red de amigos consumidores de drogas del vecindario, al cual me fui acercando paulatinamente a lo largo de la investigación. Así empezó a tomar forma el primer acercamiento metodológico, que consistió en articular las diferentes dimensiones de la identidad de los jóvenes consumidores de drogas como símbolo colectivo, interpretado por la alteridad en sus diversos contextos de interacción.

Cuadro II
Entrevistas a grupos de discusión de la preparatoria de Tonalá

		
	
	
		
			
				
					Entrevistas a grupos de discusión de la preparatoria de Tonalá

El promedio de edad de los(as) estudiantes fue bebida alcohólica y el 27.1% consumió alguna de 17 años. Todos eran fumadores activos. El 79.2% había tomado alguna droga alguna vez en su vida.

El primer acercamiento estratégico me permitió aproximarme de manera exploratoria al objeto de estudio y planear el segundo para describir a profundidad la construcción social de la identidad de los estudiantes consumidores de drogas en sus contextos de su vida cotidiana, como lo son la escuela y el vecindario.

En la escuela el contacto con los estudiantes fue directo, con el apoyo de la trabajadora social, quien reunió a 18 de ellos de diferentes semestres escolares, los cuales en el momento no tenían ninguna actividad académica. En forma anónima se les pidió que contestaran por escrito la pregunta ¿cómo es un joven como tú? Tres de ellos (véase el Cuadro III); dibujaron un sociograma de su salón de clases (véanse los Sociogramas 1, 2 y 3), las indicaciones fueron que hicieran un plano del salón de clase, dibujando dónde estaba colocado el pizarrón, el escritorio, la puerta, y cómo se distribuían los subgrupos en esa área, además de poner las características o atributos de cada subgrupo. Esto permitió identificar plenamente los grupos dentro del salón de clase. De manera fortuita, un estudiante me informó que se llevarían a cabo las elecciones del Consejo Académico, suceso que permitió identificar los factores de diferenciación que existen entre los jóvenes estudiantes de la preparatoria de Tonalá. Además, en la entrevista con el estudiante se obtuvo información necesaria para acercarse a cada una de las planillas. Las preguntas fueron las siguientes: ¿cuáles son las propuestas básicas de la planilla?, ¿quién o quiénes son sus asesores políticos? y ¿quiénes son los alumnos simpatizantes con la planilla? (véase el Cuadro IV).

Cuadro III
Jóvenes que participaron contestando por escrito a la pregunta generadora: “¿Cómo es un joven cómo tú?” y en la elaboración de tres sociogramas del salón de clases

		
	
	
		
			
				
					Jóvenes que participaron contestando por escrito
a la pregunta generadora: “¿Cómo es un joven cómo tú?”
y en la elaboración de tres sociogramas del salón de clases

En esta aproximación se analizaron las representaciones sociales que construyeron los estudiantes respecto a los tipos de grupos en el interior del salón de clase, lo que dio cuenta de la manera en que se conforma la adscripción identitaria. Gracias a este ejercicio se encontraron algunos factores demarcatorios que establecen diferencias entre los estudiantes de la preparatoria de Tonalá, como las condiciones laborales, económicas, familiares, escolares, y según el universo simbólico propio, dentro del cual los jóvenes buscan además una forma de ser jóvenes. En conjunto, estos elementos juegan un papel importante como diferenciadores en el proceso de identificación. Por otra parte, a pesar de que el fenómeno de las adicciones no se pretendía abordar, resultado de esta aproximación salieron a la vista algunas evidencias que rompen con la representación de que los estudiantes consumidores de drogas son una población invisible para algunos profesores.

Cuadro IV
Entrevista a planillas de jóvenes que participaron en las elecciones del consejo académico

		
	
	
		
			
				
					Entrevista a planillas de jóvenes que
participaron en las elecciones del consejo académico

El análisis de las narraciones permitió irse apropiando y utilizar los conceptos teóricos que intervienen en la construcción de las representaciones sociales y la estigmatización de los estudiantes consumidores de drogas. Para identificar la representación estigmatizada de los estudiantes consumidores de drogas fue relevante el concepto de “actitud” (Moscovici, 1979), con el cual pudo identificarse la posición evaluativa y afectiva de los informantes respecto a los consumidores de drogas. La identificación de evaluaciones negativas evidenció el estigma (Goofman, 2003) y las expresiones de desigualdad social (Giménez, 2003) entre la población estudiantil.

La operacionalización del concepto de “exclusión social” fue factible gracias a la identificación de los factores de riesgo para la exclusión social propuestos por Estébanez (2002), los cuales se emplearon como factores demarcatorios que establecen diferencias y divisiones sociales entre la población en general y la población estudiantil tonalteca. También fueron elementos diferenciadores en el proceso de identificación-diferenciación, y además hicieron claras las desigualdades sociales y económicas.

Cuadro V
Entrevistas a jóvenes consumidores de drogas, quienes participaron en las historias orales temáticas
Entrevistas a jóvenes consumidores de drogas, quienes participaron en las historias orales temáticas

La interpretación de las narraciones bajo el conjunto de conceptos teóricos permitió identificar algunas de las situaciones por las que atraviesan los estudiantes consumidores de drogas; por ejemplo, su pronta inserción al mercado de trabajo, la deserción escolar, la pérdida de su derecho a la educación y su probable implicación en el narcotráfico, como lo presentó uno de los casos que fue el primer contacto para completar la muestra por bola de nieve (véase el Cuadro V) (Kuzel, 1992). Con estos casos empezó a vislumbrarse el segundo acercamiento operacional de la estrategia metodológica, el cual consistió en articular las diferentes dimensiones de la identidad de los jóvenes estudiantes consumidores de drogas.

Aunque en este punto los acercamientos operacionales se presentan de manera estructurada, no ocurrió lo mismo con el proceso de recolección de la información, pues éste implicó un ir y venir para que poco a poco las dimensiones de la identidad de los jóvenes consumidores de drogas fueran adquiriendo sentido desde la alteridad y como experiencia del estudiante consumidor. Este ajetreo con los informantes y sus diferentes contextos permitió ir comprendiendo el fenómeno desde una óptica no lineal, sino multifactorial, ya que además se percibieron el bagaje cultural, las ideologías y los valores, y se tuvo acceso a diferentes fuentes de información respecto al tema por investigar.

Para seguir con el proceso de construcción de la representación social de los estudiantes consumidores de drogas se llevaron a cabo entrevistas con personajes de centros de tratamiento y prevención de las adicciones, donde algunos de los estudiantes recibieron atención. Los centros a los que acudieron fueron el grupo La Perla de Occidente Alcohólicos Anónimos Ampliación 15, en el que se entrevistó al “Padrino” del grupo, y el Departamento de Prevención Social del Departamento de Seguridad Pública de Tonalá, donde se entrevistó a uno de los psicólogos que atendió a un estudiante y su familia (véase el Cuadro VI). Asimismo, se efectuó una reunión con la coordinadora y un integrante del Programa de Prevención de las Adicciones de la Coordinación de Servicios Estudiantiles de la Universidad de Guadalajara. El integrante de este programa también participó activamente en Barrios Unidos A.C., agrupación que atiende a jóvenes con problemas de adicciones. Las preguntas en los centros de tratamiento fueron: 1) Para “La perla de Occidente”: ¿cuáles son los requisitos para ingresar al centro?, ¿cuál es la cuota de recuperación? y ¿en qué consiste el tratamiento? 2) Para el Departamento de Prevención Social: ¿a quiénes se les brinda terapia? y ¿en qué consiste el tratamiento? En ambas entrevistas fueron surgiendo nuevas dudas conforme los informantes respondían las preguntas originales.

Cuadro VI
Entrevistas a personas de centros de tratamiento y prevención de las adicciones

		
	
	
		
			
				
					Entrevistas a personas de centros de
tratamiento y prevención de las adicciones

La pregunta generada a la Coordinación de Servicios Estudiantiles de la Universidad de Guadalajara fue ¿cuál es el objetivo del programa de prevención de las adicciones? El propósito de llevar a cabo estas entrevistas fue identificar si las prácticas institucionales se orientan a justificar, perpetuar las diferencias o bien, discriminar y construir una representación estigmatizada de los consumidores de drogas. El análisis de las entrevistas efectuadas a otros personajes fundamentó la reflexión de que era necesario conocer, además de la versión de los integrantes de las instituciones, la de los usuarios. Así, fue factible visualizar qué tanto diferían la percepción de los integrantes de las instituciones y la de los usuarios, o bien si éstos terminaban interiorizando los significados con los que los demás los nombraban. Los usuarios que participaron en este proceso fueron jóvenes consumidores de drogas detenidos en el Departamento de Seguridad Pública de Tonalá y un adulto ex consumidor de drogas. Asimismo, se rescataron versiones del tema, obtenidas en los grupos de discusión, en las entrevistas a estudiantes consumidores de drogas y en la entrevista a la banda “Los Crisantos”, de la colonia Jalisco (véase el Cuadro VII).

Al parecer ya se tenía la representación social que construye la alteridad, pero el ir y venir en el análisis constante de la información reveló que hacían falta otros personajes que interactúan con los estudiantes consumidores de drogas; para lograr un acercamiento a ellos se puso en marcha el segundo acercamiento operacional, que consistió en articular las diferentes dimensiones de la identidad de estos jóvenes, pero como experiencia propia. Lo anterior facilitó llevar a cabo entrevistas con los padres de familia y con los integrantes de una banda juvenil. Se pudo rescatar la historia de tres familias de los estudiantes consumidores de drogas: 1) El padre y la madre del estudiante que dejó la escuela por consumir drogas; 2) La madre de un estudiante que consume drogas, trabaja y que finalmente abandonó la escuela por su consumo; y 3) La madre de una estudiante que consume drogas y participó en el narcotráfico. Los padres de los otros participantes no fueron entrevistados, pues desconocían que sus hijos eran usuarios de drogas, además de que se les garantizó la confidencialidad de la información (véase el Cuadro VIII).

Sólo pudo entrevistarse brevemente a algunos integrantes de la banda “Los Maytos”, de la colonia Jalisco, grupo de pertenencia de la estudiante que consume drogas y participó en el narcotráfico (ver Anexo 7). Esta entrevista se efectuó gracias a la participación de la madre de una de las alumnas, quien me acercó con una joven de la banda “Los Fantasmas”. Sin embargo, la joven se negó a participar y a servir de contacto con otros miembros del grupo. Esta joven sólo aceptó llevarme cerca del domicilio de una integrante de la banda “Los Maytos” ya que eran contrincantes a muerte. Una vez en el domicilio, la integrante de dicha banda nos puso en contacto con algunos miembros de su grupo. Cabe mencionar que la estudiante, usuaria de drogas, había pertenecido primero a la banda “Los Fantasmas” y después se cambió a “Los Maytos”. La aceptación en el nuevo grupo ocurrió porque ella les vendía drogas y porque además, su novio era miembro del mismo. La breve entrevista grabada con cada uno de ellos consistió en que platicaran su experiencia de vida como miembros de la banda y respecto al papel que la estudiante desempeñaba en la misma. A todos se les aseguró guardar el anonimato y respetar la confidencialidad de la información.

Finalmente, éste fue el trayecto que se recorrió para obtener las construcciones de la representación social de los estudiantes consumidores de drogas, bajo una lógica de interacción y los efectos del contexto, que es donde se producen, transmiten y reciben informaciones simbólicas, interpretadas y comprendidas por los sujetos. Enseguida se describirá la forma operativa del segundo momento metodológico.

Cuadro VII
Entrevistas a jóvenes usuarios de drogas de Tonalá
Entrevistas a jóvenes usuarios de drogas de Tonalá

Cuadro VIII
Entrevistas a personas adultas de Tonalá

		
	
	
		
			
				
					Entrevistas a personas adultas de Tonalá

Segundo acercamiento operacional: articulación de las dimensiones de la identidad como símbolo de identificación-diferenciación

Este momento permitió articular las diferentes dimensiones de la identidad de los jóvenes estudiantes consumidores de drogas como experiencia propia y como símbolo de identificación-diferenciación en sus diversos contextos de interacción, donde se orientan sus representaciones sociales y sus prácticas, además de la lucha para lograr la definición y representación de la propia identidad o el apego a la identidad que los otros les asignen. Esta lucha definió las fronteras entre los grupos de jóvenes y en la estructura social a partir de la inclusión o exclusión en la misma.

El acercamiento a la identidad de los estudiantes consumidores de drogas se basó en los tres elementos de la identidad propuestos por Gilberto Giménez (2005).

Atributos identificadores o identidad caracterológica, la cual lleva a conocer la percepción que tienen de sí mismos los estudiantes consumidores de drogas.

Narrativa personal o identidad narrativa, obtenida por medio de las historias orales, con las cuales es posible identificar cómo se construye el yo narrativamente, por oposición o identificación respecto a otro(s) o a un nosotros. Esta narrativa reconfigura una serie de actos y trayectorias personales del pasado para conferirle un sentido al presente; a su vez, revela el proceso de reflexión acerca de la vida propia, mismo que evidencia la identidad personal y colectiva. De este modo fue posible acercarse al tercer elemento de la identidad.

La red de pertenencia social, que implica la inclusión de la personalidad individual en una colectividad hacia la cual se experimenta un sentimiento de lealtad. La inclusión a grupos de pertenencia ocurre mediante la asunción de un rol. La pertenencia social es uno de los criterios básicos de distinguibilidad de las personas. Los individuos internalizan en forma idiosincrásica e individualista las representaciones sociales propias de sus grupos de referencia. En este tercer elemento se distingue la función identitaria de las representaciones sociales, que permiten la salvaguarda de la especificidad de los grupos y sitúan a individuos y grupos en el campo social. Esto permite elaborar una identidad social gratificante, es decir, compatible con los sistemas de normas y valores sociales históricamente determinados.

Las prácticas fueron otro aspecto a considerar en la construcción de la identidad. Éstas se refieren a las actividades de los estudiantes y sobre todo a la objetivación de comportamientos y expresiones transmitidos por la escuela, la familia, la banda etcétera, independientemente de si son o no considerados lícitos o admisibles por la sociedad.

Como ya se señaló, la selección de los estudiantes consumidores de drogas partió de la interpretación de las narraciones a partir del conjunto de conceptos teóricos que orientaron la investigación y de haber sido contactados por muestreo mediante bola de nieve. El primer contacto se dio con la estudiante consumidora de drogas que participó en el narcotráfico. La selección de esta estudiante se originó en la creencia generalizada de que las personas que visten como cholo son consumidoras de drogas. La identificación sucedió durante la hora de receso escolar (tiempo de descanso y desayuno), en el cual pudieron observarse diferentes grupos de estudiantes. Esta joven fue una informante clave para entrar en contacto con otros dos participantes más. Para asegurarse de que los estudiantes hablaran con confianza me presenté como interesada en conocer y entender los gustos, estilos de vida y consumo de sustancias de los jóvenes con el fin de proponer algunas sugerencias en los programas de ayuda a consumidores de drogas. Se les aseguró no estar relacionados con su familia o la policía y que no se intentaría captarlos para tratamiento a menos que lo solicitaran; en este proceso se fue dando el establecimiento de un buen rapport (Lara, 1998). También se garantizó el anonimato y la confidencialidad en las publicaciones y presentación de los resultados que generaran sus historias; se les señaló, asimismo, que podían retirarse del estudio en cualquier momento que consideraran conveniente, sin que ello implicara que su condición de estudiante o su promedio de calificación escolar se vieran afectados. Estas entrevistas también fueron audiograbadas con el consentimiento previo de los estudiantes.

La historia oral temática (Aceves, 1998) fue la técnica para recopilar un conjunto de relatos personales que mostraron un panorama de la vida y la experiencia de consumo de drogas de los estudiantes en sus diversos contextos de interacción. En este proceso, la identidad se entiende como un relato de vida, en el cual se destaca la importancia del lenguaje y las imágenes como portadoras de sentido (Mead, 1934), con una proyección hacia el futuro. La identidad es un producto de la historia y da cuenta de cómo los individuos se definen y redefinen en cada etapa de su vida, por lo que la marcha hacia el pasado es un requisito para construirla (Jenkins, 1996). El proceso de reflexión acerca de la vida del individuo implica una dialéctica interna-externa de su identificación, de modo que no sólo será evidente su identidad individual, sino también la colectiva (Jenkins, 1996). La historia del individuo reside en la familia, así que en todas las entrevistas se comenzó en el nicho de este contexto. Pero la construcción de la identidad implica otras interacciones para alcanzar su proyección hacia el futuro; fue entonces necesario que el individuo relatara su vida en interacción con otros significantes y otros contextos, y su lugar en cada uno de ellos, pues los grupos son un recurso para construir la identidad. Tales contextos fueron la escuela, el trabajo, los amigos, entre ellos los grupos de pertenencia, como la banda, y su relación de pareja. Desde esta misma perspectiva se relataron sus prácticas de consumo, sobre todo en el contexto escolar.

Tercer acercamiento operacional: Análisis de la información

El estudio de contenido se llevó a cabo mediante la técnica de análisis temático (Minayo, 2002), con el apoyo del programa Atlas ti v. 5 .0 (Muhr, 1997). Dicho análisis consiste en descubrir los núcleos de sentido que componen una comunicación cuya presencia o frecuencia signifiquen alguna cosa para el objetivo analítico trazado. Este proceso es hermenéutico dialéctico, ya que es capaz de revelar una interpretación aproximada a la realidad. El proceso consta de tres etapas:

Orientación de los datos, la cual incluye una trascripción, relectura del material y organización de los relatos en determinado orden, lo que supone un inicio de clasificación y organización de los datos de observación también en determinado orden, de acuerdo con la propuesta analítica. Esta fase ofrece un mapa horizontal de sus descubrimientos en campo.

Clasificación de los datos. Comprende: a) La lectura fluctuante, que ayuda a establecer categorías empíricas al confrontarse con categorías analíticas teóricamente establecidas en busca de relaciones dialécticas entre ambas; y b) La constitución de un corpus o varios corpus de comunicaciones, si el conjunto de las informaciones no es homogéneo. En ese momento se hace una lectura transversal de cada cuerpo; se segmenta cada entrevista o documento en términos de unidad de registro a ser referidos por tópicos de información o por temas. Los criterios de clasificación en primera instancia pueden ser tanto variables empíricas como teóricas, ya construidas por el investigador. Los múltiples apartados se reagruparán en torno a categorías centrales, concatenándose en una lógica unificadora.

Análisis final. En las dos etapas anteriores se reflexiona respecto al material empírico, punto de partida y de llegada de la interpretación. Este movimiento incesante que se eleva de lo empírico hacia lo teórico y viceversa; que se mueve entre lo concreto y lo abstracto, entre lo particular y lo general, es el verdadero movimiento dialéctico llegando a lo concreto pensado. La totalización final consiste en el control de la especificidad del objeto por la prueba.

Esta perspectiva analítica de codificación permitió observar cómo se estructura la narrativa y dio margen a la reflexión acerca de los significados y las concepciones; las voces y las experiencias de los participantes. De este proceso parte la forma en que se presentan los datos, en este caso, a partir de la temática encontrada en las narraciones de los informantes, mismas que fueron de utilidad para la construcción de ideas que serían empleadas luego en el proceso de teorización y generalización, fundamentadas en los detalles empíricos del contexto local (Coffey y Atkinson, 1999); es decir, el análisis no se limitó solamente al contexto discursivo. Por otra parte, se triangularon los datos entre las diferentes fuentes de información generadas y con las teorías e investigaciones para garantizar la confiabilidad en las interpretaciones y una mayor profundización y ampliación del objeto de estudio.

Resultados

Hacia la construcción de categorías para objetivar las formas simbólicas interiorizadas de la representación social y la de la identidad de los estudiantes consumidores drogas: motivos y efectos de consumo y servicios de atención.

Los estudiantes consumidores de drogas ¿son casos esporádicos o una población oculta?

Las representaciones sociales funcionan como esquemas de percepción y valoración (Moscovici, 1979), y en este sentido, las percepciones acerca de los estudiantes consumidores de drogas pueden ser diferentes entre los sujetos, aun cuando la realidad sea una. Esto ocurrió en los acercamientos con estudiantes y profesores de la escuela, quienes tuvieron una apreciación distinta respecto a los estudiantes que consumen drogas.

Se parte del supuesto de que las diferencias en dicha percepción radican en los procesos de interacción entre los actores sociales, es decir, aun cuando estudiantes y profesores interactúan en un mismo lugar, no todos tienen acceso a la misma información; cada grupo (estudiantes y profesores) recibe información parcial y cargada de significados específicos. El conocimiento del sentido común en torno al objeto de representación (los jóvenes consumidores de drogas) también emerge de los filtros que operan en la selección perceptiva, esto es, focalizando la atención sobre aquellos aspectos de la realidad que responden a los intereses de cada individuo (Moscovici, 1979). Así, el consumo de drogas en los estudiantes puede ser valorado de distinta manera por cada grupo social. Por ejemplo, mientras que para los estudiosos de las adicciones los consumos de tabaco y alcohol son problemas de salud pública, para una profesora no representan un problema mientras no ocurran en el horario de clases. Para ella, un problema es que los alumnos no acudan puntuales a su clase, lo cual tiene un interés personal para cumplir con la norma escolar. Ahora veamos con detalle su percepción acerca de la problemática de las adicciones, de acuerdo con la cual el consumo de drogas es esporádico.

Entrevista a profesora No. 1, con veinte años de antigüedad en la preparatoria, párrafo (27):1

Problemática por ejemplo de consumo de drogas, solamente la he visto o percibido a... en un semestre, pero actualmente en mis grupos yo no puedo decir que algún alumno me ha llegado con aliento alcohólico, no. Que fuman, sí, sí hay, pero no veo que sea problema, ¿por qué? Porque dentro de mi clase a nadie le he pedido que apague el cigarro porque ni siquiera lo prenden; para mí no es problema. Problema es que no estén puntuales a la hora de entrar. Ése es un problema porque se quedan en la cafetería, porque están platicando... no sé. Pero ese es otro detallito que a veces impide concentrar la atención durante la actividad, porque se están incorporando y en cinco minutos que lleguen tarde están preguntando nuevamente “¿y qué vamos hacer?”. Distraen la atención y más cuando se trabaja por equipos. Pues básicamente es eso.

Por otra parte, las prácticas de los estudiantes consumidores de drogas varían según el grupo o persona con que se interactúe; es más factible que el alumno asuma el “rol prescrito”2 ante los profesores, mismo que incluye prácticas que se supone que los jóvenes aceptan llevar a cabo cotidianamente y que modelan un sistema de representación de acuerdo con lo establecido en la institución escolar. Sin embargo, ante sus amigos o pares escolares muestra o comparte otras prácticas que ponen en evidencia otro modelo de representación ligado a los factores culturales, a su propio sistema de normas y valores, y a la actividad que desempeñe en el grupo.

Parafraseando a Abric (2001 b), las acciones de los estudiantes se sujetan al sistema de normas y valores escolares, mismos que establecen un modelo de representación en el que se definen las expectativas respecto al otro y las formas de interacción entre los actores sociales, con base en qué se constituye como lícito o admisible en la toma de posiciones y en el compromiso de las prácticas. Entonces, la identidad de los estudiantes consumidores de drogas y su representación social son construidas y reforzadas por sus prácticas. Así, los profesores sólo se limitan a ver lo que para ellos es de interés, o bien sólo las prácticas que los estudiantes muestren en su interacción, mismas que tienen que ver con el cumplimiento de las normas y roles establecido institucionalmente. En consecuencia, la representación que los profesores construyan diferirá de la que elaboren los estudiantes, pues éstos tienen una interacción más cercana y constante con sus compañeros.

Los primeros acercamientos con los escolares revelaron que los estudiantes consumidores de drogas representan una población que sus pares tratan de ocultar, probablemente por no delatarlos. Sin embargo, conforme transcurrieron las entrevistas se fue evidenciando su presencia en la escuela. Por ejemplo, estudiantes consumidores de tabaco que formaron parte de los grupos de discusión3 informaron verbal y abiertamente ser consumidores de drogas. Otros datos importantes fueron que 79.2% reportó haber consumido alguna bebida alcohólica y 27% consumió drogas alguna vez, presentándose mayor consumo entre los varones en ambos casos. En este acercamiento se reconoció que el consumo de drogas se presenta tanto en hombres como en mujeres, pero bajo las creencias de que las mujeres consumen menos que los hombres debido a que son “más reservadas” y les preocupa lo que digan los demás, como los padres y los amigos, o bien temen ser abusadas sexualmente por sus propios amigos sin darse cuenta (entrevistas a grupo de discusión No. 1 de hombres, líneas 633-649; No. 6 de mujeres, líneas 666-677; 683-691).

Enseguida se presentan algunas viñetas que ilustran cómo se fue haciendo evidente la presencia de estudiantes consumidores de drogas en la escuela. Esto implicó un proceso en el cual primero se habló de temas menos comprometedores, como el consumo de tabaco y los problemas de los jóvenes de sus colonias. Fue a partir de que se manifestaron problemas de consumo de drogas entre dichos jóvenes que se preguntó respecto al consumo en la escuela. Poco a poco se fue dando la confianza entre los alumnos que pertenecían a diferentes grupos de la preparatoria, hasta que algunos declararon abiertamente ser consumidores, excepto las mujeres.

Entrevista a grupo de discusión No. 7 de mujeres de bachillerato general, líneas (271-273):

Entrevistadora: ¿Tú me decías que en un grupo de tu secundaria?

Mujer: Exacto, hubo una ocasión que expulsaron a dos de mis compañeros porque trían droga en la mochila...

Entrevista a grupo de discusión No. 6 de mujeres de bachillerato general, líneas (260-265):

Mujer: Como dice ella, que aquí en la prepa, pero como yo estaba en la prepa ‘X’ allí en la prepa ‘X’. Aquí nunca me he dado cuenta.

Entrevista a grupo de discusión No. 3 de hombres de bachillerato general (líneas 271-275):

Entrevistadora: ¿Aquí hay personas que consuman droga?

Hombre 1: Sí.

Hombre 2: Quién sabe.

Hombre 3: Aquí en la escuela no la consumen.

Entrevista a grupo de discusión No. 8 de mujeres de bachillerato técnico, líneas (404-406)

Entrevistadora: ¿Aquí en la escuela hay personas que se droguen?

Mujer 1: Sí hay.

Entrevistadora: ¿Sí hay?

Mujer 1: Sí, hay un buen.

Mujer 2: Muchos.

Entrevista a grupo de discusión No. 5 de hombres de bachillerato técnico, líneas (484, 880,997-998):

Hombre: Yo sí me he drogado.

Entrevistadora: ¿Saben de algunos compañeros que se droguen?

Hombre: En mi salón nomás una compañera; ella sí la ha probado, la marihuana, creo que mucho tiempo.

Para algunos profesores, las “adicciones” en la escuela incluye sólo el consumo de alcohol; mientras para uno de ellos representa un problema, para otro no lo es, ya que los jóvenes que consumen alcohol dejan de estar “en activo en la Universidad”, y cuando mucho llegan a cursar hasta el cuarto semestre (entrevistas a profesor No. 2, con 11 años de antigüedad, párrafos 014-016; prefecto, párrafo, 151).

Para una profesora los estudiantes consumidores de drogas son casos esporádicos; señala que en sus 23 años en la Universidad sólo se ha dado cuenta de unos 15 casos (Entrevistas a profesora No. 2, con 20 años de antigüedad, párrafo 41).

Pero ¿qué hay detrás de estas percepciones?, ¿realmente son pocos y esporádicos los casos de estudiantes consumidores de drogas? Las evidencias anteriores muestran lo contrario; además de que los grupos de discusión refirieron que “hay un buen”, se identificó que 27% de los participantes consumieron drogas alguna vez, porcentaje que rebasa el promedio a nivel bachillerato, que es de 15.2% (Villatoro, 2004; Villatoro, 2005). Entonces ¿por qué los profesores no los identifican o señalan que son casos esporádicos? La respuesta se relaciona con el lugar donde los jóvenes llevan a cabo sus prácticas de consumo y las estrategias que emplean para no ser sorprendidos en el plantel escolar.

Dentro de la escuela los estudiantes buscan los espacios apropiados para el consumo de cocaína, pues ésta no expide aroma. El baño y el techo del taller de cerámica, que están distantes de las autoridades escolares, son los espacios que escogen para no ser sorprendidos (entrevistas a grupo de discusión No. 5 de hombres de bachillerato técnico, líneas 1088-1093 y grupo de discusión No. 8 de mujeres de bachillerato técnico, líneas 433-434); aunque algunos consumidores hablaron de lugares recónditos para consumir marihuana y tonzol (véase la Fotografía 1).


		
	
	
		
			
				
					Un rincón para tonchar (inhalar tonzol)
Fotografía 1
Un rincón para tonchar (inhalar tonzol)

Fuera de la escuela se consume marihuana, sobre todo en el “árbol pacheco”, llamado así porque la droga se fuma bajo su sombra. La calle es otro lugar donde se practica este hábito, antes de entrar a clase (historia oral de Rosi,4 párrafos 497-500; entrevistas a grupo de discusión No. 7 de mujeres de bachillerato general, líneas 425-430, y grupo de discusión No. 4 de hombres de bachillerato técnico, líneas 1112-1120).

Aunque la cocaína y la marihuana son las drogas de mayor uso, se identificó a estudiantes experimentadores, poliusuarios, y quienes abandonaron el consumo, proceso que se describe en las historias orales de vida de algunos de los participantes en el estudio.

Entrevistas a grupo de discusión No. 5 de hombres de bachillerato técnico, líneas (89-105):

Hombre: Me drogaba.

Entrevistadora: ¿Con qué?

Hombre: Con casi todo tipo de estupefacientes.

Entrevistadora: ¿Cuáles?

Hombre: Cocaína, lo que viene siendo la piedra, crack, cristal, mota y anfetaminas.

Entrevistadora: ¿Y ahora?

Hombre: Puro cigarro.

El consumo de drogas se ha vuelto una práctica cotidiana afuera de la escuela, pero además es el contexto donde se consigue con facilidad mediante la red de distribuidores, entre los cuales hay adultos “narcos” y jóvenes que se hacen pasar como estudiantes, o bien estudiantes de la preparatoria.

Historia oral de José, párrafos (0171-0184):5

Entrevistadora: ¿Y qué onda con el consumo ahí en la escuela?

José: ¡Uuhh! Bien excesivo (risas).

Entrevistadora: ¿Por qué?

José: No, pus es que estaba bien chido. Como en la mañana acá en vez de entrar al salón te ibas media hora antes, mmm, pus te dabas acá un churro en la mañana.

Entrevistadora: ¿Dónde?

José: A espaldas.

Entrevistadora: A espaldas… ¿afuera de la escuela?

José: Por la calle del rastro, ei. Acá ya nomás te metías y empezabas a cotorrear.

Entrevistadora: A gusto.

José: Sí, Luego estaba chido porque te pegaba el frillito pero no te calaba el frillito, pero no te calaba, nomás estaba así como de ¡ahh! De caché (risa), bueno para la temperatura…

Entrevistadora: ¿Por qué lo consumen antes de entrar a clase?

José: Sabe… es como un hábito que se te crea.

Entrevista a grupo de discusión No. 8 de mujeres de bachillerato técnico, líneas (545-547):

Mujer: Un narco de aquí de Tonalá es el que reparte en todos estos rumbos y también reparte aquí en la prepa, nomás que los chavos que lo conocen a él esteee, los espera afuera, cuando salimos a almorzar o a algo. Lo esperan ahí en el súper. Diario, es diario, diario, diario.

Esta evidencia y otras muestran la facilidad de contactar a los distribuidores de drogas y los códigos que se manejan para solicitar que se les venda. La viñeta que sigue refiere que los distribuidores de drogas tienen una imagen de “albañil”, y están afuera de la preparatoria, por lo que me di a la tarea de observar a personas que se encontraban a cuadra y media del “súper” (tienda de abarrotes y venta de vinos y licores), y en una de las entradas de la preparatoria. Los trabajadores de la construcción visten generalmente con pantalones de mezclilla, camisas desgastadas, zapatos de trabajo empolvados, con gorra de beisbolista y cargan una mochila, ya sea para guardar sus herramientas de trabajo o sus alimentos. Personajes parecidos pasaron por espacio de dos horas y sólo se cruzaban de esquina a esquina. Unos simulaban esperar el camión; otro compró una paleta y uno más caminó en dirección a un Cyber localizado casi en contra esquina del súper; se paró por un momento y regresó a la paletería. Todos estaban allí intercambiando mínimas palabras y sin evidencia de tener que hacer algo más que estar en la calle. Observé lo anterior desde el arribo a la preparatoria; al tomar el desayuno en una fonda cercana, conversar con los alumnos afuera de la escuela, solicitar servicio en el Cyber y dejar pasar la ruta de transporte colectivo para salir de Tonalá (véase la Fotografía 2).


		
	
	
		
			
				
					Presuntos vendedores de
drogas cerca de la escuela
Fotografía 2
Presuntos vendedores de drogas cerca de la escuela

Conversación no grabada con “el Getos”, miembro de la planilla azul (véase el Cuadro IV).

Aproximación: Aquí afuera de la prepa hay señores ahí sentados que son albañiles y uno llega “qué onda, un paro”; así se dice y ya lo llevan a uno a una casa o lugar y te venden un poquito de marihuana.

Pero ¿qué otros motivos puede haber para que los estudiantes consumidores de drogas sean percibidos como casos que se dan eventualmente, o que ni siquiera sea identificado el consumo? Los jóvenes señalan que sus compañeros se ocultan para que no los vayan a delatar; como amigos los ocultan, y piden que los oculten o guarden el secreto. Pero también saben controlarse para no evidenciar que están drogados.

Entrevista a grupo de discusión No. 8 de mujeres de bachillerato técnico, líneas (968-879; 1088-1093).

Mujer: Se cuidan mucho para que las personas que no fuman marihuana no los vayan a delatar.

Mujer 2: Por ejemplo, el compañero que está en el salón de nosotras, yo lo caché una vez drogándose. Entonces, yo entré al salón y me salí. Y al poquito rato se salió y me dijo asustado: “¡fulanita, no vayas a decir nada, discúlpame!”. Pero no, o sea en mi mente no estaba decirle a toda la gente que lo había hecho.

Se señala que en la escuela, bajo los efectos de las drogas “se pierden por un rato”; pero se cree que saben “controlarse”, sobre todo cuando tienen “callo” (experiencia) y que solamente andan “como enojados” (entrevistas a grupos de discusión No. 8 de mujeres de bachillerato técnico, líneas 703-711 y No. 5 de hombres de bachillerato técnico, líneas 384-393).

Todas estas estrategias de ocultamiento parecen dar resultado, pues los estudiantes que consumen drogas aparentemente no son vistos por los profesores y autoridades escolares, y sobre todo evitan ser sancionados por el Régimen de Responsabilidades para los alumnos, el cual conocen al recibir un curso propedéutico una vez aprobando el examen de admisión para cursar el bachillerato. Una de la reglas tiene que ver con la prohibición de “concurrir a la Universidad bajo los efectos de algún estupefaciente, psicotrópico o inhalable; ingerir, distribuir onerosa o gratuitamente a otro, en los recintos universitarios, bebidas alcohólicas y las sustancias consideradas por la ley como estupefacientes o psicotrópicas o cualquier otra que produzca efectos similares en la conducta del individuo que los utiliza” (UdeG/SEMS, 2005:85).

Sin embargo, para Araceli y Hernán,6 consumir drogas dentro de la escuela resulta una forma de transgredir la norma y esto les causa placer. Según Araceli, ellos han consumido tonzol en las jardineras que se ubican enfrente del módulo de orientación educativa, por donde pasan los profesores, los cuales no se percatan ni de su conducta ni del olor del tonzol, por lo que asume que sus prácticas y su presencia son toleradas por los docentes, quienes no se quieren hacer responsables de su problemática.

Historia oral de Araceli, párrafos (1240-1244).

Araceli: Sí lo ven, pero se hace de la vista gorda. Como te digo, aquí con las drogas aquí, también. Sí saben pero nada más que se hacen mensos todos.

Entrevistadora: ¿Sí saben quién y todo?

Araceli: Sí.

Entrevistadora: ¿Tú por qué crees que se hacen mensos?

Araceli: Porque por lo mismo, quién se va a querer hacer responsable de otros problemas ajenos. O sea, yo creo que nadie.

El discurso tácito del profesor No. 5, quien atiende asuntos escolares (véase el Cuadro I) evidencia por qué pueden ser casos esporádicos y por qué se hacen de la “vista gorda”, es decir, cuál es la razón de que haya cierta tolerancia de su presencia y de las prácticas de consumo implícitas. Cuando me dio información acerca de un grupo de jóvenes apodados los “Kumbia Kings”, de los que se cree en forma generalizada que consumen drogas, dijo que son jóvenes problemáticos que reprueban mucho y a los que se les “negarán” oportunidades de prestar de nuevo exámenes para aprobar sus materias con el propósito de que salgan de la escuela. Los profesores que intuyen que los estudiantes consumen drogas se guían por ciertos atributos perceptibles que derivan de pertenencias sociales estereotipadas y generalmente se vinculan a la imagen del cholo.

Partiendo de que las representaciones sociales contribuyen al desarrollo de actitudes evaluativas y afectivas7 respecto al sujeto, en el caso del estudiante consumidor de drogas puede concluirse que a partir de los intereses de cada grupo (estudiantes y profesores) y del grado de interacción con los consumidores aparecen dos posiciones en cuanto a estos estudiantes. 1. Para sus compañeros parece haber un vínculo cercano y afectivo con ellos, por lo que toleran y encubren su persona y su consumo. 2. Para los profesores es una población que tiene problemas con las normas escolares (problemas de rendimiento escolar) y tratan de tolerar que consuman drogas, pero contemplando su exclusión del sistema escolar como consecuencia natural de su deficiente rendimiento académico. Además, a raíz de esta categorización: “chicos con muchos problemas”, se activa su identidad social evaluada negativamente, de manera que los estudiantes son estigmatizados y las interacciones de compromiso de los profesores hacia ellos es limitada, es decir, no se piensa en brindarles una atención o reflexión especial dada su situación, partiendo del encajonamiento en esta categoría y sin reparar en si realmente todos los estudiantes que integran ese grupo tienen los atributos que se les asignan, o bien experimentan otra problemática que influya en su consumo.

Ahora nos detendremos un momento para saber cómo interactúa el estudiante consumidor de drogas con sus pares escolares mientras se mantiene vigente su derecho y permanencia escolar. En este proceso interaccional se visualizará la manera en que los atributos de los estudiantes funcionan como diferenciadores e identificadores de pertenencias categoriales, por lo que se tiende a construir estereotipos ligados a prejuicios sociales relacionados con determinados grupos, en particular con los cholos.

Los estudiantes consumidores de drogas: una población marginada y excluida

Como se mostró en el punto anterior las representaciones sociales pueden variar de un grupo a otro. Tales variaciones se asocian con la complejidad de la red de relaciones entre las categorías sociales de los grupos, de sus valores y de las posiciones dentro de esa red. Por otra parte, la identidad social involucra procesos de categorización, identificación, diferenciación y comparación en las dinámicas interaccionales, mismos que se verán enseguida a partir de la elaboración de sociogramas en los que algunos y algunas jóvenes trazaron las categorías sociales que se establecen en sus salones de clase, además de las que se visualizaron durante la elección de consejeros académicos de la preparatoria de Tonalá.

A pesar de que la escuela es una institución que intenta homogeneizar a los jóvenes a partir de su condición de estudiantes, las diferencias son percibidas por ellos. Éstas son atributos que distinguen a los sujetos y a sus grupos, y a la vez funcionan como elementos que establecen fronteras entre las categorías sociales, sobre todo cuando la asignación de atributos es despreciativa, infamante y discriminatoria, es decir, cuando la representación social es valorada negativamente y se convierte en un estigma por el cual se fija y justifica la diferencia (Abric, 2001a; Goffman, 2003).

A partir de los atributos los estudiantes encontraron diferencias entre los tipos de subgrupos o categorías (Giménez, 2005) que se conforman dentro de su salón de clases. En algunos casos se forman subgrupos del mismo sexo o subgrupos con apariencia y vestimenta que los distingue; por ejemplo, las “cremosas” y los vanidosos, de quienes se cree que tienen suficientes recursos económicos. Otro subgrupo identificable por su vestimenta son los “cholos”, quienes se suponen “pertenecen a pandillas”. También se identificaron subgrupos propios del contexto escolar, como las “mataditas”, los “mataditos” (que estudian mucho) y los inteligentes, que se ubican al frente del pizarrón o cerca del escritorio del profesor. Otros son los “burros”, los tontos o los que se dejan de los demás, los “carrilla” (burlescos), los callados, los platicones, las “desmadrosas”, los y las víboras (criticones), las recatadas y los “gays o raros” (homosexuales).

Si se parte de la percepción generalizada de que los “cholos”8 consumen drogas y pertenecen a pandillas, y en el contexto escolar tienen problemas de rendimiento académico, puede decirse que dentro de los salones de clases se identificó esta categoría. De acuerdo con sus vínculos de interacción con sus compañeros de salón de clases, se ubican en la periferia de esta estructura de interacciones, cercanos a la puerta del aula, lo que facilita su salida constante, como si esto indicara que carecen de un sentido de pertenencia al grupo de pares escolares.

Antes de describir la forma en que algunos estudiantes diagramaron las interacciones y la formación de subgrupos en el salón de clases, hay que mencionar la distribución del mobiliario. Generalmente se ordena de la siguiente manera: los pupitres individuales de los alumnos se colocan en filas frente al pizarrón y al escritorio del profesor. La conformación grupal oscila entre cuarenta o sesenta alumnos de ambos sexos, quienes están casi hacinados. Se cuenta con ventanales en uno de los muros del salón y ventiladores descompuestos.

Los estudiantes que consumen alcohol y tabaco son personas con pocos o nulos vínculos de interacción con los subgrupos que se forman dentro del aula; sin embargo, al igual que el subgrupo de jóvenes denominados “cholos”, se ubican cerca de la puerta, como lo muestran los sociogramas 1 y 2.


		
	
	
		
			
				
					Salón 1.er semestre - Bachillerato general
Sociograma 1
Salón 1.er semestre - Bachillerato general


		
	
	
		
			
				
					Salón 5.o semestre - Bachillerato técnico administrativo
Sociograma 2
Salón 5.o semestre - Bachillerato técnico administrativo

Lo mismo ocurre con los estudiantes de quienes creen que son homosexuales. En el Sociograma 2, “el joto” al parecer sólo tiene vínculos con “las cremosas”, pero no con jóvenes de su mismo sexo. La “machín” no tiene ningún vínculo. En esta misma figura, “el solo inteligente” tampoco tiene vínculos y resultó ser un estudiante ex consumidor de drogas que participó con su historia oral de vida en este estudio.9 Por otra parte, los “gays” del sociograma 3 también se ubican cerca de la puerta del aula.

Al igual que como se visualiza en el sociograma 1, el profesor No. 3 (véase el Cuadro I) dijo que los consumidores de drogas están en un rincón, portan un vestuario parecido al de los cholos, y agregó que son marginados por los pares escolares, o bien ellos mismos se aíslan o se sienten desplazados de la sociedad. Además, los describió como críticos de ésta, pero carentes del hábito de la lectura. Por otra parte, tiene la creencia de que el consumo de cocaína no es aceptado por la mayoría de los estudiantes, pero sí por algunos subgrupos.


		
	
	
		
			
				
					Salón 6.o semestre - Bachillerato general
Sociograma 3
Salón 6.o semestre - Bachillerato general

Entrevista a profesor No. 3, con seis años de antigüedad, párrafos (086-102).

Profesor: Como que la droga […] como la cocaína, no es todavía muy aceptada […] hay grupos que sí la aceptan, pero son grupos que el mismo grupo los ha marginado.

Entrevistadora: ¿En un salón de clases?

Profesor: En un salón de clases. Tú ves a los chavos y los identificas.

Entrevistadora: ¿Luego luego se les nota?

Profesor: Se les nota y lo ves tú también en los ojos. Y ellos mismos también se aíslan, o sea es el grupito de tres, cuatro chavos que está allá en el rincón […] Perciben más el… o no perciben, como que les llega más la cuestión de “A mí no me permite esta sociedad hacer esto, hacer aquello. Me siento marginado, me siento desplazado, no soy escuchado, es una sociedad de mierda”. Así te lo dicen, y que también ellos su manera de vestir o de ponerse un arete o tatuaje entonces, es como manifestar “estoy en contra de todo, de todo lo que ustedes dicen que es lo bueno, lo establecido, lo aceptado.

Entrevistadora: ¿Y en qué momento lo expresan?

Profesor: Lo expresan con actitud. A veces, el chavo te está escuchando en clase y te observa con cierto desdén, con cierto desprecio. O sea, con actitudes. Y cuando participan son muy breves sus comentarios. No son los que se pegan al libro a leer, a analizar un ensayo. Porque también ellos dicen, sí me llamó la atención tu tema y demás, pero no se acercan mucho a la lectura. O sea sí son críticos de una sociedad pero no, o sea, yo he detectado que sí son flojitos al leer ¿no?

Con estas descripciones gráficas y la narración del profesor, apreciamos no sólo las categorías que se establecen dentro de las aulas escolares, sino cómo los actores sociales las definen de tal manera que tanto los estudiantes consumidores de drogas como los que se cree que tienen preferencias sexuales diferentes son agrupaciones que se desvinculan o son alejados de los subgrupos de estudiantes, por lo que parece que tienden a cohesionarse entre sí o bien aislarse en función del rechazo.

Es interesante observar que la población de estudiantes de la preparatoria de Tonalá se integra por una diversidad de tipos de jóvenes, de modo que no puede hablarse ni de una homogenización ni de una integración entre los estudiantes.

“Dios los hace y ustedes se juntan” La influencia social para el consumo de drogas

Como todos los seres humanos, los estudiantes no se limitan a interactuar con una sola red de pares; por el contrario, la pertenencia a varios grupos, en lugares distintos, otorga diferentes roles a sus integrantes, lo que implica un proceso de conformidad con cada grupo (Giménez, 2005; Sciolla, 1983). Las prácticas comunes de consumo de drogas, la participación en riñas y la pinta de grafiti con el grupo de pares del vecindario juegan un papel importante al recrear y definir la representación social, y la interacción entre los miembros implica compartir el conjunto organizado de significados y valoraciones atribuidos a las prácticas que los caracterizan y definen. Que los estudiantes consumidores de drogas compartan estos elementos simbólicos involucra una lucha que tiene lugar en la interacción social y que influye en sus percepciones y en sus conductas, de tal manera que los actores pueden o no posicionarse, seleccionar y compartir las formas simbólicas y las prácticas.

De acuerdo con los informantes, el consumo de drogas es influenciando tanto por las prácticas y la presión de los pares del vecindario como por un proceso de selección de amigos para compartir e imitar las prácticas con el fin de ser parte del grupo.

“Dios los hace y ustedes se juntan”. En esta frase, la madre10 de Hernán quiere decir que el grupo de amigos del vecindario comparte el consumo de drogas y otras prácticas que los han llevado a tener problemas con la policía (entrevista a la Sra. Josefina, mamá de Hernán, párrafos, 020-024).

Sin embargo, al igual que en el caso de otros informantes, no queda claro a qué obedece esa cohesión; por qué se eligen e identifican como grupo, es decir, cómo se construye su identidad social. La descripción de tal fenómeno se llevará a cabo cuando se muestren los hallazgos de las historias orales de vida de los estudiantes consumidores de drogas.

Como ya señalamos, a los pares del vecindario se les percibe como una influencia determinante en el inicio del consumo de drogas.

Entrevista a grupo de discusión No. 5 de hombres de bachillerato técnico, párrafos (725-733).

Hombre: [...] Porque haga de cuenta, siempre “¡zas güey! Yo te doy, no hay pedo, yo te doy”. El que le pone [el que se droga] le da al güey [el que no se droga]. Pero ya después, llega el punto de que ya el güey ya es un poco más vicioso, y ya no es de que le den, ahora es de que “tienes que comprar cabrón, para que saques para la banda” […] y sí influye mucho la amistad, los compas que tengas.

La influencia de los pares del vecindario opera bajo tres modalidades:

Consumo por el modelo de conducta del grupo de amigos. Tiende a imitarse para ser parte de éste, como lo explica un estudiante consumidor de hongos alucinógenos de uno de los grupos de discusión.

Entrevista a grupo de discusión No. 3 de hombres de bachillerato general, párrafos (414-416/429-433).

Hombre: Yo tengo puros amigos de eso y o sea, siempre que llego están marihuanos o drogados de cualquier forma. Pues uno nomás los ve y a veces se te antoja. Como los hongos, que dicen “no, ya estaba viajando bien chido, vi dos tres cosas que se movían, que los árboles se aparecían y me querían comer”. Acá uno dice “¡Ah! pues yo quiero sentir eso”, por eso también uno come.

Consumo por invitación o presión del grupo de amigos. La invitación tiene dos caras: por recomendación para olvidar los problemas o por intimidación.

Entrevista a grupo de discusión No. 3 de hombres de bachillerato general, párrafos (179-181).

Hombre: […] pues, es que dicen “no, pues está chido” [que está bien] o “te vas a sentir bien un rato, te vas a olvidar de tus problemas”, y pues lo pruebas.

Entrevista a grupo de discusión No. 7 de mujeres de bachillerato general, párrafos (634-638).

Mujer: “Ándale, mira que está bien sabrosa, mira que te resuelve un ratito tus problemas” y tú dices, “no, es que no” y te abren, como uno dice, te abren [te inician].

Entrevista a grupo de discusión No. 5 de hombres de bachillerato técnico, párrafos (250-261).

Hombre 1: ¿Cómo decir?, como que no te animas [a consumir drogas], “te pega tu hermano”, y quién sabe qué.

Hombre 2: Te hacen la burla.

Entrevistadora: ¿Son burlas que les hacen si no la consumen?

Hombre 1: Sí.

Hombre 3: La presión que tienes.

Hombre 1: Es pura presión, para quererse sentir parte de ellos.

Entrevista a grupo de discusión No.1 de hombres de bachillerato general, párrafos (190-192/199-200).

Hombre: “Te empiezan a tirar carrilla y a hostigarte... primero regalan las drogas. Yo creo que sí influyen en cuestión de las personas que son adictos a alguna droga, pues”.

El consumo visto como algo normal entre los amigos del vecindario, lo cual influye para propiciar el consumo, o bien representa un impedimento para dejar de consumir. Así lo describe un joven estudiante que participó contestando por escrito la pregunta ¿cómo es un joven como tú? Párrafos (45-52).

Estudiante de la colonia Loma Dorada:

En la zona donde yo vivo, pues nosotros los que nos juntamos siempre estamos en una esquina cotorreando. Hay días pues que sí nos ponemos a tomar, hay quienes se van a fumar marihuana aparte, pero regresan y ahí seguimos, también hay otro grupito de cholos que ellos no sé qué tengan en la cabeza, pero todos los días se la pasan buscando con quién darse en la torre. Hay otro grupito que sí se la pasan todo el día afuera de la tienda, bien locos. Pero pues yo creo que en todos lados hay un poco de todo y mi colonia no es la excepción.

Ésta es la narración de un joven de la banda “Los Crisantos”,11 quien habla respecto a lo que pasó después de escapar de un centro de tratamiento, donde no recibió la atención adecuada, y acerca de la influencia de su vecindario para seguir consumiendo.

Entrevista al grupo “Los Crisantos”, párrafos (863).

Pelón: […] yo sí corrí, yo la verdad iba con todas las ganas de cambiar, iba con todo el esfuerzo por cambiar, yo sí salgo de aquí, salgo con una nueva vida, salgo a recuperar mi familia, hago una nueva vida […] Pero salí y […] todo el mundo […] la misma gente, las mismas mensadas, o sea, gente que a uno lo desespera, te la vuelves a encontrar.

Para Araceli, el abandono del consumo es difícil, pues siempre se ha rodeado de consumidores de drogas. No obstante, tiene sentimientos encontrados en cuanto al gusto de vivir entre consumidores y el abandono de ese ambiente, como se verá en su historia.

Las versiones de los distintos actores muestran que el inicio del consumo de drogas se ve influido por los pares del vecindario, pero para los estudiantes consumidores se trata de una influencia tanto para el inicio como para evitar el abandono del consumo. Sin embargo, no sólo el influjo de los amigos motiva el consumo de drogas; existen otros factores que los informantes percibieron, los cuales se detallarán enseguida.

Otros motivos y consecuencias del consumo de drogas

Algunos de los jóvenes de la preparatoria de Tonalá creen que todos son “conscientes del daño” que les ocasionan las drogas, aunque reconocen el consumo entre algunos de sus pares escolares. Uno de los principales motivos para consumir drogas, de acuerdo con su percepción, y como se ha visto en este capítulo, es el estrés generado por problemas que los tensionan; por ejemplo, los exámenes escolares, la problemática familiar y tener que trabajar y estudiar al mismo tiempo, lo que a su vez ocasiona problemas de rendimiento escolar.

Entrevista a grupo de discusión No.1 de hombres de bachillerato general, líneas (471-479).

Hombre 1: Creo que los que estamos estudiando aquí ya sabemos el daño que ocasionan las drogas y el alcohol y todo esto, bueno las drogas en general […] ya estamos conscientes del daño que nos ocasiona.

Entrevista a grupo de discusión No.5 de hombres de bachillerato general, líneas (475-778).

Hombre 2: Yo creo que no es por falta de información, porque teóricamente un alumno de preparatoria fácilmente sabe las consecuencias que tiene… cualquiera de las drogas que se consuma.

Entrevista a grupo de discusión No.1 de hombres de bachillerato general, líneas (94-103).

Hombre 1: Aquí en las clases, ire. Hacemos aquí en la prepa en primero, segundo, hacemos exposiciones o ensayos de drogas y se habla mucho de tabaquismo.

Entrevistadora: ¡Ah! De eso es de lo que se habla.

Hombre 1: Drogas y alcohol.

Hombre 2: ¡Ah de esos tres! Sexo, alcohol y rock and roll.

Otro motivo por el que se consumen drogas son los problemas conyugales y familiares.

Entrevista a grupo de discusión No. 7 de mujeres de bachillerato general, líneas (429-434).

Mujer: Que los padres se pelean enfrente de uno por su culpa de los problemas que traen... Pero más que nada porque estás involucrado con ellos o te echan la bola a ti.

Entrevista a grupo de discusión No. 7 de mujeres de bachillerato general, líneas (391-403).

Mujer 1: Familiares.

Entrevistadora: ¿Por ejemplo?

Mujer 2: Violencia.

Entrevistadora: ¿Violencia?

Mujer 3: Abuso sexual.

Mujer 1: Falta de cariño.

Mujer 2: Problemas psicológicos, rechazos.

Mujer 3: Golpes.

Mujer 1: Rechazos.

Mujer 2: Violaciones emocionales y físicas...

La “violencia intrafamiliar” también es motivo de consumo de drogas, según una de las maestras.

Entrevista a la profesora No. 1, con veinte años de antigüedad, párrafo (039).

En una única ocasión que me di cuenta de que un chavo que se drogaba […], lo vi, tenía problemas muy serios de agresividad, de violencia intrafamiliar, en especial violencia física, situación psicológica muy fuerte contra él; no se sentía querido, se sentía rechazado ante la familia.

La depresión, percibida como la falta de “comprensión”, fue otro de los problemas más mencionados.

Entrevista a grupo de discusión No. 1 de hombres de bachillerato general, líneas (169, 174 360-1365).

Hombre 1: No se sienten queridos por las demás gentes y se van a la calle y buscan algo para sentirse mejor y es cuando llegan a la droga.

Hombre 2: Y que nadie los comprende, depresión.

Entrevistadora: ¿Por qué creen que ellas consumen drogas?

Hombre 1: Tal vez por las mismas razones que nosotros.

Entrevistadora: ¿Por las mismas?

Hombre 2: Yo creo que sí, depresión.

La curiosidad originó asimismo el consumo de drogas. Además, se percibe que éste complica las relaciones familiares.

Entrevista a grupo de discusión No. 8 de mujeres de bachillerato técnico, líneas (569-576).

Mujer: Es por curiosidad y le siguen y vienen los problemas porque muchas veces los padres, o sea, hay diferentes valores en cada familia y pues muchos en lugar de ayudarles a que salgan de eso los corren y ahí es cuando vienen los problemas.

Estas evidencias demuestran que el estudiante consumidor de drogas tiene otras problemáticas previas y posteriores al consumo, por lo que los jóvenes creen que deben recibir una atención personalizada por parte de las autoridades escolares, como se describirá enseguida.

La atención que los estudiantes creen que deben recibir sus pares consumidores de drogas

Aunque para Araceli el consumo de drogas es algo que se invisibiliza, para otras estudiantes representa un problema que debería preocupar a los profesores; no obstante, se justifica su poco involucramiento afirmando que hay demasiados estudiantes, lo que hace difícil atenderlos personalmente, que es como podría funcionar un tratamiento.

Entrevista a grupo de discusión No. 2 de mujeres de bachillerato general, líneas (518-521/523-530).

Mujer 1: A ellos [los maestros] sí les preocupa tantito por ti [cuando los alumnos son afectados por las drogas], pero no tienen tiempo para preocuparse por todos.

Mujer 2: Además de que son un bolón de chavos y chavas, y como que no van a poner especial atención contigo.

Mujer 3: A mí me gustaría mucho que mis maestros me pusieran más atención. Por ejemplo el tutor, ¿no? Que te pusiera atención especial de ‘¿te pasa esto?, ¿por qué? o ¿qué pasó?, ¿cómo lo hiciste? o ¿por qué lo hiciste?’. No sé, cualquier cosa. Pero pues lamentablemente no todos son así y yo siento que está mal porque pasas gran tiempo del día en la escuela. Entonces, ¿cómo es que los maestros no te ponen atención?

Para un estudiante, la práctica del antidoping es una medida que podría prevenir y detectar el consumo de drogas en la escuela, en las empresas y en las instituciones de salud. Asimismo, se sugiere que cuando los resultados sean positivos se aplique una sanción. Ésta tiene dos fines: evitar el consumo, y con esto, la compra de drogas a los distribuidores de las mismas.

Entrevista a grupo de discusión No. 1 de hombres de bachillerato general, líneas (484-505).

Hombre: Que hagan antidoping a todos los alumnos. (…) Si hicieran algo así, por ejemplo, las empresas, que hicieran el antidoping, qué se yo, cada... cada mes, cada dos meses, así a los trabajadores y a la escuelas también, yo creo que... Y si se hiciera una sanción, pues sí hubiera menos consumo de drogas [ininteligible].

Entrevistadora: ¿Dónde te vas a esconder?

Hombre: [ininteligible] Y así es más seguro porque […] “bueno, en la escuela, me salvé pero pues en el trabajo no”. O “me salvé del trabajo pero en la escuela no”. O sea, hacer […] igual en el seguro también, cuando uno vaya a hacerse alguna [ininteligible] o algo, también que se haga un antidoping. Pero también, pues que se reciba una sanción, porque si no “¡Ah, pues salí positivo pero no me hicieron nada!”.

Entrevistadora: Eso es en cuanto al usuario, pero ¿en cuanto a la gente que lo distribuye?

Hombre: Pues eso solamente, yo creo que los mismos consumidores y nosotros mismos que podemos acabar con ellos mismos al no consumir. Haciendo eso precisamente de los antidoping pues, como están recibiendo una sanción, pues ya. Si aprendes, pues ya no compras y pues obviamente se deja de vender.

La dualidad de la representación de sí mismo

En la reconstrucción de las narrativas expresadas por los informantes está implícita la representación de sí mismo: en una el individuo percibe sus diferencias respecto a otro u otros, y en la otra el individuo interioriza o refuta los valores, las reglas, las prácticas y los estilos que caracteriza y define a su grupo de pertenencia.

La identidad es una construcción interactiva, por lo que los grupos de referencia como la familia y los amigos de la escuela o del vecindario son los contextos de interacción de la vida de los sujetos e influyen de alguna manera en el proceso de inicio, permanencia y abandono del consumo de drogas (Castro, 2001; Medina-Mora, 2001; Muñoz, 2001; Sáenz, 2003).

En los informantes que pasaron por las tres etapas de evolución del consumo de drogas, se apreció con claridad la transformación en la percepción de sí mismo. Experimentaron la búsqueda o el reencuentro con el grupo familiar para redefinir normas, valores y prácticas. Asimismo, se manifestó el proceso por el que debieron pasar para percatarse de su realidad como sujetos del consumo problemático de drogas, lo que a su vez contribuyó a la búsqueda de ayuda.

Desde la perspectiva cultural, en la familia se aprenden e interiorizan los valores, las pautas de significado, los marcos de referencia y las pautas de conducta. Como proceso, es importante subrayar que la familia se verá afectada por el contexto sociohistórico de interacción, de tal manera que aquélla cambia a medida que la sociedad lo hace y se desarrollan sus integrantes.

Conclusiones

Para analizar la manera en que ocurrió el proceso de construcción sociocultural de la identidad y la representación social de los jóvenes estudiantes de estratos populares consumidores de drogas, fue necesario acercarse al conjunto de significados por los cuales los jóvenes se reconocen y son reconocidos por los demás actores de sus contextos de interacción. Se partió de un acercamiento en el que se articulan y analizan varios factores implicados en la comprensión de la identidad de los jóvenes del estudio. Destacan entre estos factores los estructurales, las redes sociales con las que interactúan en sus diferentes contextos, las producciones simbólicas y las prácticas por medio de las cuales construyeron su autopercepción y su mundo de vida.

Los jóvenes son fruto de una dinámica social específica que los define; por tanto, son dependientes de las decisiones que otros tomen en su lugar. En este sentido, las transformaciones tecnológicas, económicas y de orden social han modificado los modelos productivos, y el Estado está perdiendo, paulatinamente, su capacidad para asegurar los derechos de sus ciudadanos, mientras que éstos son cada vez más vulnerables a la exclusión social.

Los barrios donde viven algunos de los sujetos de este estudio se caracterizan por el impacto de las crisis económicas sobre ellos, concretadas en: 1) bajos salarios; 2) colonias que carecen de los servicios públicos necesarios que el Estado debe proporcionar; 3) la obligada incorporación de la mujer al mercado de trabajo, lo que ha implicado un doble esfuerzo por compaginar la vida laboral y la familiar, y provocado un estado de tensión por la rapidez necesaria para cubrir los horarios, o bien, un estado de frustración por no cumplir cabalmente con el rol tradicional del cuidado de los hijos y no alcanzar un mejor nivel de vida; 4) la vulnerabilidad de los jóvenes a incorporarse tempranamente al mercado de trabajo, percibiendo bajos salarios, o peor aún, el ingreso al narcotráfico como una opción de inserción social. En suma, todo esto influye en cierta manera en el deterioro de los vínculos sociales en la familia, la escuela y el trabajo, y origina relaciones violentas dentro del ámbito familiar, deserción escolar, desempleo y por tanto, una crisis de identidad ante la pérdida de vínculos significativos de inclusión, como lo señala Foster (2000). Pero también es sintomático de una sociedad excluyente ante la pérdida del derecho de inserción social (Cerbino, 2006).

Este panorama obliga a los jóvenes a ser diferentes en función de lo socialmente normado. Ellos emplean estrategias para encontrar en sus contextos de interacción vínculos de inclusión con grupos de pares del vecindario, ante su necesidad de filiación y reconocimiento e identificación. Así, la identidad de los jóvenes de estratos populares no resulta totalmente insatisfactoria o desprovista de valores y trascendencia; por el contrario, se convierte en una estrategia de acceso a un nuevo ámbito que supone la inclusión mediante la interacción con otros significantes y la inserción social a otros estilos de vida. Éstos conllevan una regeneración simbólica de valores y prácticas que sirven para superar las inclemencias de su contexto.

Los grupos de jóvenes de los estratos populares tienen cierta preferencia por algunas drogas, lo que obedece al significado que les atribuyen y a su capacidad de compra. Por ejemplo, el tonzol es mal visto debido a que altera su estado de alerta para enfrentarse en una riña, mientras que la marihuana, según ellos, debería legalizarse. Respecto a la cocaína, su consumo lo reservan para el fin de semana, una vez que reciben el pago por su trabajo. Sin embargo, consideraron que dicho consumo complica gravemente las relaciones familiares.

Algunos jóvenes, como “Los Crisantos”, disponen de tiempo libre cuando no hay trabajo. Así, su sentido del ocio no se orienta exclusivamente a la diversión y el consumo (Camaroti, 2004: pág. 89); se trata de un descanso forzoso en el que los jóvenes intentan hacer algo con otros significantes que comparten la misma situación. De ahí la importancia de respetar los espacios físicos y simbólicos que han creado y recreado, superando lo que las instituciones no han tenido capacidad para ofrecer (Marcial, 2006). Es decir, hay que respetar sus valores y reconocer sus formas de expresión y su autonomía.

La escuela es el contexto inmediato donde los jóvenes comparten su desarrollo personal por medio de las conexiones con sus pares y los docentes; esto implica la adquisición y ampliación de conocimientos y habilidades y el desarrollo de su identidad. Para los estudiantes de estratos populares consumidores de drogas, la escuela fue un espacio más para la reproducción de sus expresiones, el consumo de drogas, la recreación e identificación con pares consumidores y un espacio de fácil acceso a las drogas.

La representación social de los estudiantes de estratos populares consumidores de drogas se organizó de la siguiente manera: fueron percibidos como víctimas de problemas asociados con los motivos de consumo de drogas; por ejemplo, la violencia intrafamiliar, el estrés generado por trabajar y estudiar al mismo tiempo y la depresión connotada como falta de comprensión; y como jóvenes influenciados por sus amigos del vecindario para iniciar y mantener el consumo de drogas. Asimismo, se les percibe como marginados en el espacio escolar e interactúan poco con sus pares escolares no consumidores de drogas, lo que delata la carencia de un vínculo identitario en este ámbito y explica la formación de subgrupos escolares de consumidores. Se cree que no asimilan las normas escolares y no cumplen con su rol de estudiantes, cuestión que faculta a los profesores a negarles la oportunidad de mejorar su rendimiento escolar; legitima su exclusión del sistema educativo, y explica un futuro excluyente de las vías legítimas de inserción social. La actitud evaluativa y afectiva generalizada respecto al estudiante consumidor de drogas es de tolerancia hacia su presencia y su consumo, pero sólo mientras conserve su derecho a la educación.

Se encontró además una diferencia en cuanto a cómo son percibidos los estudiantes consumidores de drogas y cómo se perciben ellos mismos. Cómo jóvenes, son un grupo en construcción, en búsqueda de autonomía. En este proceso es importante recurrir a prácticas simbólicas que funcionan para edificar su identidad. Así, consumir drogas por su propia voluntad con sus pares consumidores y tatuarse es demostrar que cuentan con libertad para decidir qué hacer con su cuerpo y su vida. De igual manera, fumar cigarrillos de tabaco y consumir alcohol fueron prácticas que acompañaron el consumo de drogas, y ambas funcionaron como símbolos para demostrar esa búsqueda de emancipación. La relación con los pares del contexto escolar y los espacios circundantes fueron propicios para estas prácticas, por no estar bajo el control de los adultos. El consumo de estas sustancias constituye un rito de iniciación y de tránsito a otra etapa. Por otra parte, estos jóvenes fueron percibidos como sujetos susceptibles de ser influenciados por sus pares, sin tomar en cuenta que seleccionar amigos con atributos similares forma parte de un proceso de identificación-diferenciación en busca de una identidad social (Reifman, 2006). Es decir, se les consideró como individuos sin capacidad de decisión.

El grupo de pares, concebido como una red social de apoyo, no sólo ofrece la posibilidad de satisfacer la necesidad de filiación, reconocimiento y apoyo emocional a sus integrantes; además, facilita a los individuos a vincularse con otras redes sociales. Los estudiantes pudieron establecer vínculos con grupos de jóvenes no consumidores en la escuela y en el barrio. Dichos grupos fueron percibidos como una influencia positiva. Por diluida que parezca tal influencia, en el caso de Samuel y Araceli, repercutió para que controlaran su consumo. Los hallazgos orientan a pensar que una estrategia preventiva del consumo de drogas debe considerar el patrón de formación de grupos de consumidores y no consumidores en la red escolar, favoreciendo las relaciones entre los subgrupos. Esta estrategia puede resultar útil en cuatro aspectos:

1. Que el joven analice su posición en la estructura de relaciones y la modifique si así lo quiere.

2. Que la información para el no consumo se disemine.

3. Favorecer la existencia de redes sustitutas que proporcionen al joven apoyo emocional mediante la aceptación y el reconocimiento del individuo.

4. Modificar la red escolar, es decir, se pueden modificar las relaciones, lo que implica a su vez la posibilidad de que la persona cambie. Esta dinámica es empleada por ciertos grupos de autoayuda, como Alcohólicos Anónimos, el cual se ha fincado el reconocimiento como una red sustituta para no recaer en el consumo y reencontrarse con valores que permean la sociedad.

La imagen positiva que los consumidores construyen de las drogas gira en torno de las funciones y los beneficios percibidos. Éstas funcionan para evadir la realidad y olvidarse de los problemas, y para no sentir tristeza, enojo, soledad, angustia, tensión y sufrimiento. También son un medio facilitador de la desinhibición y la socialización, que crean estados con un sentido de juerga. Por otro lado, permiten adentrarse en lo recóndito de la mente, dejando ver aspectos ajenos a su realidad.

Los testimonios anteriores sugieren que los compañeros de estudiantes usuarios de drogas creen que éstos necesitan una atención personalizada y más firme; por ende, podemos asumir que se percibe un consumo problemático.

Con las categorías construidas se consiguió visualizar las formas simbólicas interiorizadas respecto a los estudiantes consumidores de drogas; los motivos y efectos del consumo, y los servicios de atención que reciben para la prevención y tratamiento de aquél. La construcción de estos conocimientos se asocia con guiones de interacción y con las posiciones sociales de los sujetos. Así, las imágenes, percepciones, creencias y valoraciones afectivas en torno a los tres objetos de representación son justificadas por medio de la comunicación y de las prácticas de los sujetos.

A su vez se evidenció que la pérdida de lazos identitarios con los grupos de referencia y la búsqueda de sentido son procesos que propician el consumo de drogas. Éstas, a su vez, funcionan para evadir los problemas, como paliativos ante la desesperanza, la tristeza, la soledad y la baja autoestima. Esto es, ante la pérdida del sentido y la identidad.

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Notas

1. Véase el Cuadro I.
2. Artíclo 21 del Reglamento General de Evaluación y Promoción de Alumnos de la Universidad de Guadalajara (UdeG, s. f.). El alumno tiene la responsabilidad de estudiar y cumplir con las actividades escolares o extraescolares derivadas de los planes y programas académicos y obtener mediante la acreditación de las respectivas pruebas de conocimientos y de requisitos establecidos, el diploma, título, o grado universitario correspondiente.
3. Véase el Cuadro II.
4. Véase el Cuadro V.
5. Véase el Cuadro V.
6. Estudiantes consumidores de drogas que participaron con su historial oral de vida (véase el Cuadro V).
7. La actitud es una orientación global positiva o negativa o toma de posición del sujeto o grupo respecto al objeto de representación. De las tres dimensiones, ésta es la más frecuente o estable, ya que solamente después de que los sujetos o grupos han tomado una posición evaluativa y afectiva en relación con el objeto, es posible construir una representación. Así, es muy factible que los objetos polémicos y debatibles que dividen las opiniones de los grupos sociales se conviertan en representaciones sociales (Moscovici, 1979: 49).
8. La descripción del “cholo” parte de su vestuario y se acompaña de características como drogadicción y una asociación con los términos “vago”, “pandillero” o “delincuente” y “analfabeto” (Valenzuela, 1988:54, 69,71).
9. Este estudiante es Samuel, un joven realmente solitario que aunque es ex consumidor de drogas, sigue buscando alternativas para no recaer en el consumo.
10. Véase el Cuadro VIII.
11. Véase el Cuadro VII.

Notas de autor

* María Guadalupe Ramírez Ortiz. Mexicana. Licenciada en Trabajo Social. Maestra en Desarrollo Social. Doctora en Ciencias Sociales por el Centro de Investigaciones y Estudios Superiores en Antropología Social, CIESAS, Occidente. Trabajadora Social Jubilada en el Centro de Seguridad Social, Manzanillo, del Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS), Delegación Colima. Áreas de interés: redes sociales, adicciones en adolescentes y jóvenes, migrantes jornaleros indígenas; ishaoro@hotmail.com.
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