Reseñas

El poder de la memoria

Nair Ma. Anaya Ferreira

El poder de la memoria

Estudios sobre las Culturas Contemporáneas, vol. XXIV, núm. 47, pp. 145-149, 2018

Universidad de Colima

Dietz Gunther, Stallaer Christiane, Villegas Irlanda. El poder de la memoria: Reconstrucción de identidades colectivas en el triángulo atlántico. 2016. Xalapa, México. Universidad Veracruzana (Colección Biblioteca)


El poder de la memoria: Reconstrucción de identidades colectivas en el triángulo atlántico1 es un libro magnífico en el que se estudia el tema de la memoria desde diversas perspectivas académicas, pero tomando como eje argumentativo la necesidad de reconstrucción histórico-cultural e identitaria de grupos minoritarios contemporáneos vinculados entre sí por la referencia al triángulo atlántico y, por tanto, a la realidad resultante de la expansión europea, cuyas repercusiones continúan afectando al planeta hoy en día.

La estructura es clara y convincente. El libro está dividido en tres secciones que despliegan diversos tratamientos de la memoria en relación con situaciones contemporáneas específicas que permiten tener un panorama amplio, pero a la vez palpable y preciso, de cómo la reconstrucción de la memoria es una necesidad apremiante para los grupos que han sido afectados por diferentes eventos traumáticos a lo largo de la historia. Con frecuencia pensamos en este constructo tan abstracto que es “la memoria”, pero no siempre logramos conjuntar o visualizar las repercusiones tangibles e incluso materiales de este concepto. Solemos asociar la idea de “memoria histórica” con ciertos constructos –como los museos, los monumentos o incluso el himno nacional– que, aunque son fundamentales para pensar la nación, representan también una “oficialización” de este complejo proceso de reconstrucción. Por eso, la “Introducción: (des)memorias colectivas como señas de identidad” de Gunther Dietz y Christiane Stallaert resulta iluminadora, pues nos ubica en el marco teórico que sustentará el resto de los capítulos y nos permite aprehender otras manifestaciones de la memoria histórica, entendida ésta como “un conjunto sedimentado de recuerdos culturales rutinizados y habitualizados que caracterizan a un determinado grupo o actor colectivo, que puede autodefinirse en términos de etnicidad, nacionalidad y otra forma de adscripción colectiva” (7). Stuart Hall, uno de los teóricos fundamentales de las identidades diaspóricas de fines del siglo XX afirma que pensar la identidad en términos esencialistas resulta ya un tanto falaz: por un lado, es imposible revivir –en su estado original– prácticas y tradiciones del pasado remoto y, con ello, valores asociados; por el otro, tratar de hacerlo y, aún peor, de imponerlo a las sociedades contemporáneas conduce al tipo de fundamentalismos que tanto mal han hecho a lo largo de los siglos XX y XXI. En su lugar, el crítico jamaiquino, radicado en Gran Bretaña, propuso buscar los orígenes de forma creativa, como una zambullida hacia lo profundo del pasado, la cual, en el momento de subir de regreso a la superficie va dando vislumbres de las diferentes transformaciones históricas que afectan no sólo a las comunidades, sino también a los individuos. Así, más que encontrar una identidad única, fija y unívoca, la búsqueda de esos sedimentos, muchas veces rutinizados, da cuenta del proceso de cambio. Es decir, ningún individuo, ningún grupo, queda definido simplemente por el verbo “ser”, sino por el proceso continuo de “convertirse en” algo más.

Eso es precisamente lo que este libro nos ofrece: tener acceso a diversos ejemplos de reconstrucción colectiva de la memoria teniendo como punto de referencia el “triángulo atlántico”. Partir de esta nomenclatura implica establecer teórica y empíricamente un tipo de estudio relacional que no es muy común en nuestro medio académico. En el ámbito de teorización literaria y cultural anglófona suele analizarse todo lo relacionado con el «Atlántico Negro», haciendo hincapié en las traumáticas repercusiones de la esclavitud. El poder de la memoria abre la perspectiva para incluir también estudios de caso en Europa –en España y Bélgica concretamente– a partir de referentes y parámetros latinoamericanos, algo que no es muy común. Tal es el caso de los tres ensayos que constituyen la primera sección «Memorias desterradas, memorias itinerantes». Tomando como base sus propias investigaciones acerca de la relación entre sueño, memoria y violencia política en la región andina de Ayacucho que se vio tan afectada en la década de 1980 por el conflicto entre Sendero Luminoso y el ejército peruano, Arianna Cecconi llevó sus inquietudes a través del océano para estudiar la memoria de la Guerra Civil española, la cual, sabemos bien, continúa siendo oficialmente casi un tema tabú que renuncia a ser silenciado. Cecconi instrumenta un corpus complejo y desafiante, pues indaga los sueños en la España contemporánea en relación con las excavaciones recientes de las fosas comunes de los republicanos muertos, proceso que empezó en el año 2000. Con esto revierte también la práctica común establecida por la antropología europea que centraba la dimensión onírica en las sociedades «exóticas», y reducía su función a fenómenos vinculados con el chamanismo, el curanderismo o la brujería. También tomando como eje de análisis un acontecimiento reciente –la ley aprobada en 2015 que concedía la nacionalidad española a los sefardíes originarios de España–, Christiane Stallaert ofrece una investigación apasionante acerca de la importancia del nombre. El acto de nombrar constituye una de las primeras marcas que definen la identidad de una persona, por lo que su erradicación constituye uno de los atentados más grandes contra la dignidad humana. El caso de las comunidades sefardíes, los españoles sin patria, es un ejemplo vívido de esta problemática. Por su parte, Carmen Núñez-Borja deja de manifiesto cómo el culto al Señor de los Milagros, –conocido también como el Cristo moreno o de los peruanos– aglutina las fragmentaciones de los migrantes en Amberes y Bruselas.

La segunda sección, «Memorias amputadas, memorias reterritorializadas», tiene como hilo conductor diferentes narrativas que surgen de la violentísima dislocación africana y su reconstitución en nuestro continente. Irlanda Villegas analiza dos novelas de Toni Morrison, Beloved y A Mercy, para explorar cómo la ganadora del Nobel emplea el idiom africanista para evocar las tensiones entre el discurso y el silenciamiento que ha caracterizado a la literatura estadounidense. Villegas demuestra cómo, mediante un uso magistral del lenguaje y de la imaginación, Morrison logra no sólo subvertir la inercia de la literatura estadounidense –que generalmente se refiere a lo africano para reforzar lo blanco–, sino que además nombra lo innombrable y con ello previene que la amnesia colectiva cubra con un velo y borre ese acontecimiento brutal que cambió para siempre la faz del planeta. Dos ejemplos de esas memorias amputadas y enterradas en territorio mexicano constituyen el tema de los ensayos de Argelia Ramírez y Gloria Lara Millán. Tomando como punto de partida la tradición oral, Ramírez estudia cómo en la comunidad de Coyolillo, Veracruz, los pobladores –niños y adultos– muestran actitudes ambivalentes con respecto a unos orígenes africanos que, en su mayoría, desconocen. Este caso de olvido colectivo es lo que, paradójicamente, da coherencia a su identidad, a pesar de que la comunidad perciba un pasado más reciente –a partir de la Revolución Mexicana y los conflictos agrarios– como definitorio de su situación actual. Lara Millán, por su lado, estudia un tema que requiere una visibilidad urgente en nuestras reflexiones sobre la mexicanidad: la consideración y valorización de nuestra «Tercera Raíz», es decir, de la población afrodescendiente en el imaginario colectivo mexicano. Explora, además, cómo empieza a surgir una movilización social y política en varias regiones del país –sobre todo en la Costa Chica de Guerrero y en Oaxaca– a partir de la toma de conciencia de la distinción racial y la marginación histórica. Christiane Stallaert y Kaat Torfs llevan este tema a tierras ecuatorianas para analizar cómo la militancia de los afroesmeraldeños los ha llevado a defender su territorio de la creciente penetración de los terratenientes y de las industrias extractivas.

La tercera parte del libro, «Memorias devoradas, memorias regeneradas», se centra en tres casos en los que ya se da un proceso de regeneración más evidente de aquellas memorias que han sido devoradas por años de marginación histórica y social en el continente americano. Maya Lorena Pérez Ruiz analiza cómo en Yucatán ha persistido la jerarquización étnica establecida en el periodo colonial y cómo se ha transformado en otras formas de discriminación social y clasista. Mediante un minucioso recuento de la historia de la población de Yaxcabá desde antes de la conquista, Pérez Ruiz señala cómo estos procesos de estratificación constituyen también procesos identitarios sumamente complejos, los cuales impiden hablar de una identidad unívoca y establecida. Destaca, por ejemplo, que a diferencia de los ejemplos de la segunda sección, en Yaxcabá sí se guarde con celo la memoria histórica que marca las diferencias étnicas y que esto se perpetúe por medio de designaciones lingüísticas que tienen la intención clara de marcar esas diferencias y, de una forma u otra, reiterar la discriminación. Un caso opuesto es el que presenta Yara Altez con respecto a las comunidades afrodescendientes de la costa central venezolana. Aquí, la desmemoria colectiva parece articular una paradójica negación del pasado que se convierte también en una postura acrítica sobre la modernidad, en lo que constituye una especie de adaptación pacífica al presente. La sección concluye con el estudio de Verónica Ruiz Lagier acerca del establecimiento de desplazados guatemaltecos en la zona fronteriza de Chiapas y de cómo han tratado de preservar su identidad por medio de las celebraciones de la Coronación de la Reina Indígena Acateka y de las danzas del Venado y la Conquista, las cuales han permitido su inserción en el movimiento de reivindicación indígena de la región.

Cada ensayo de El poder de la memoria estudia el tema específico a partir de un marco teórico en el que la memoria constituye el eje central; sin embargo, en ningún momento dicho marco teórico oscurece la elaboración y el análisis en cuestión. Algunas veces los libros académicos pueden resultar pesados y complejos para un público general. En este caso, si bien el enfoque es claramente académico, la forma en que se desarrolla cada ensayo y lo actual de cada tema analizado producen lecturas apasionantes. Cada ensayo tiene un acercamiento diferente, de corte etnográfico o sociológico, literario o histórico, pero en todos los casos la minuciosa contextualización y el objeto de estudio resultan tan vigentes, tan pertinentes –e incluso tan conmovedores– para las realidades actuales que invita sin duda a su lectura. Hay que dar la bienvenida a este magnífico volumen y desear que pronto aparezcan muchos más.

Notas

1 Gunther Dietz, Christiane Stallaer e Irlanda Villegas (coords.) (2016). El poder de la memoria: Reconstrucción de identidades colectivas en el triángulo atlántico, Universidad Veracruzana (Colección Biblioteca).
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