Introducción
Hacia las Estéticas del Rock: Hablemos de futuros pasados
Towards the Aesthetics of Rock: Let’s Talk about Past Futures
Hacia las Estéticas del Rock: Hablemos de futuros pasados
Estudios sobre las Culturas Contemporáneas, vol. XXVI, núm. Esp.6, pp. 5-14, 2020
Universidad de Colima

Y Napoleón dijo más tarde sobre el Fígaro,que “fue ya la revolución en marcha”.
Ernest Jünger, Acercamientos
Porque, casi siempre,lo más importante de la músicano es cómo suena sino qué hacemoscuando estamos juntos escuchándola.
Dave Randall,Sound System
¿Después de las culturas del rock?
En el año del 2015 se estableció el Programa de Estudios Culturales de la Música en la Universidad Iberoamericana León y su primer proyecto fue la realización del Seminario Estéticas del Rock en el mes de abril del mismo año. Para ello se convocó a una serie de amigos y ex alumnos de la universidad para platicar sobre lo que la música del rock nos había hecho cuando la comenzamos a escuchar de adolescentes, así como a reflexionar no solamente la importancia de esa experiencia, sino del mismo hecho de que nadie nos había dicho de lo significativo que habían sido esos sucesos, ya que han pautado nuestras narrativas biográficas y, en mucho, nuestro vínculo con el mundo.
Un punto de partida fueron las reflexiones de Badiou (2014) sobre el hecho de que el cine fue el primer arte que apareció y se desarrolló en el siglo XX; eso había sido un acontecimiento importante porque fue el empleo de elementos estéticos y tecnológicos propios del siglo para abordar los problemas filosóficos que le planteaba al hombre contemporáneo. El cine no fue cualquier cosa, y si en un principio fue el resultado de una serie de factores que lo hicieron posible, al finalizar el siglo no se le puede pensar sin lo que expresó el cine. Como dice Badiou, no solamente mostró cosas propias del siglo XX, igualmente planteó sus problemas filosóficos más importantes y contribuyó generando reflexividad al respecto.
Al revisar lo que fue el siglo XX, algunos historiadores han señalado que se puede apreciar bien que hubo, en realidad, dos siglos: el que inició con la Primera Guerra Mundial y el que inició con el final de la Segunda, cuando la música de rock estaba emergiendo. De esta manera, el rock fue un acontecimiento artístico y cultural del segundo siglo del siglo XX, e igualmente abordó sus problemas filosóficos más importantes; generó una serie de preguntas fundamentales e invitó a reflexionar sobre de ellos a través del médium de la música. Cómo el siglo, la música del rock tuvo varios inicios y varios finales. Desde temprana edad se comenzó a hablar de la muerte del rock, y uno de sus rasgos fue que vivió de un metabolismo caracterizado por renovaciones, revoluciones, revueltas en su interior y, debido a eso, hubo varios siglos de la música y la cultura del rock. Desde finales del siglo XX apareció una reacción para cuestionar las narrativas sobre el pasado del rock. No tanto rechazar su historia, lineal y con la tendencia a hacer de ella un mito, sino su diversidad y sus propios metabolismos en el tiempo de la cultura.
Otro punto de partida fue el libro de Attali, Ruidos (2011), en el que expresa que la música anuncia, irrumpe y refleja un orden social en formación, algo como hablaba Ernest Jünger (2008:203) sobre el estreno de Las bodas del Fígaro en 1783: fue un golpe, una conmoción para la aristocracia que aplaudió lo “que la destruiría”. El Fígaro, anunciaba un tránsito porque con su estreno mostraba un modelo de sociedad y se “la exhorta a contemplarse en el espejo”. Entonces, la música de rock ¿qué anunciaba? Un tanto a la manera como el mismo Attali decía:
Mozart o Bach reflejan el sueño de armonía de la burguesía mejor y antes que toda la teoría política del siglo XIX. Hay en las óperas de Cherubini un soplo revolucionario raramente alcanzado en el debate político. Joplin, Dylan o Hendrix dicen más sobre el sueño liberador de los años sesenta que ninguna teoría de la crisis (14).
El tercer punto de partida fue la decisión de no poner énfasis en la dimensión de las culturas del rock, sino en las estéticas. Al referirnos a las estéticas del rock, se aludía, en primer lugar, al paradigma estético señalado por Maffesoli (2004) para explorar el lazo social en su tránsito de la modernidad a la posmodernidad: el énfasis en la experiencia individual afectiva y sensible dentro de comunidades colectivas y efímeras, la dimensión dionisiaca presente en las sociedades desde la segunda mitad del siglo XX. Esto implicaba no solamente hacer un trabajo de interpretación hermenéutico de la construcción y negociación de sentidos, sino la manera como la misma experiencia estética fue fundamental para comunidades de personas, como lo señala Gumbrecht (2005), para asimilar las transformaciones de la cultura contemporánea; la música del rock no solamente se podría abordar a través de su importancia histórica y cultural, sino desde esa otra ruta que tomaba una experiencia sensible: la importancia que tuvo en lo personal. Por ello, las estéticas del rock se acercaban a la manera como lo entiende Mandoki (2006): más como una estésis, una experiencia sensible y fundadora que abre a la persona a la otredad, que como una experiencia de apreciación de la belleza de las formas del rock.
El Seminario Estéticas del Rock fue anual y se realizó del 2015 al 2017 en la Universidad Iberoamericana León. Cada uno de ellos fue realizado teniendo como propuesta una pregunta que permitiera orientar el diálogo colectivo. Mientras que en los dos primeros seminarios fue explorar lo que había sucedido en el siglo XX, bajo las preguntas de qué nos ha hecho el rock y qué hemos hecho con él, en el tercer seminario las cosas giraron de otra manera porque era preguntarse sobre cómo se habían construido las culturas históricas del rock. Bajo el punto de partida de que la música de rock era algo del siglo XX, parecía que con el paso al siglo XXI se había generado una marca diferenciadora con su pasado que, como ha expresado Reynolds (2010), hay evidencias de un tránsito a otra cosa, a estar en una condición post del rock; por ello la pregunta fue sobre las culturas históricas del rock y lo que estaba sucediendo en una condición de después de las culturas del rock.
Observar a las culturas históricas del rock no solamente permite conformar un espacio de estudio con cierta autonomía e importancia, sino entender aquello que Parikka (2012) ha señalado como la “situación cultural ampliada” (wider cultural situation): la importancia que tiene el pasado en la cultura digital para definir lo más nuevo en la cultura. Un reconocimiento importante fue que desde hace décadas el rock dejó de ser la música más presente en el mercado y otros géneros musicales comenzaron a cubrir ese espacio que se tuvo durante varias décadas. El asunto importante era su condición de transición en la música y lo que es posible observar a partir de esos cambios en la cultura. Entender la condición posterior de la música de rock permite acceder a la cultura actual a través de las nuevas formas de escuchar música. Si bien las condiciones de realizar un cuarto seminario eran complicadas, era importante intentar mantener espacios para seguir dialogando y abrir el diálogo a otras personas que no habían asistido a alguno de los seminarios.
Lento presente:Días de futuros pasados
Hay miles de buenas razones para ceder a la desesperación, ¿pero qué perdemos si intentamos redescubrir en la música electrónica del pasado no sólo un halo de nostalgia, sino el halo de futuros posibles latentes que han sido meramente aplazados?
David Stubbs, Sonidos de Marte
La historiografía moderna nos diría que el pasado de la música de rock quedó atrás. La historiografía contemporánea expresa otra cosa: el espacio de la memoria se ha organizado de otra manera, pues el pasado permanece a un lado del presente. Y no sólo eso: el presente se hace ancho y lento ante la acumulación de varios pasados. En parte, esas son las condiciones desde las cuales se habla de que la música pop quedó atrapada en su pasado (Reynolds, 2012) y de las condiciones de la incapacidad de innovación artística y cultural en las primeras décadas del siglo XXI (Fisher, 2018). Las culturas históricas del rock no han desaparecido ni han perdido vigencia. Al contrario, permanecen dentro del mercado de la música y como uno de los elementos básicos de la memoria histórica y cultural en el presente.
En una condición de culturas históricas del rock, el tiempo del post rock está plagado de elementos de varios de sus momentos que empujan para diferenciarse de su propio pasado, y una de las tendencias de estudio ha sido lo que ha estado emergiendo al retornar a distintos momentos o manifestaciones de la música de rock que se dejaron de lado, se olvidaron, se ignoraron, se dieron por sentados, y a partir de esas revisiones se encuentra aquello que no se ha marchado, sino que está disuelto y distribuido en otros momentos o manifestaciones, es decir, lo que en su momento parecía ser resultado de su propio presente, pero su obra más bien de corte profética, porque sería empleada en el futuro. Es un tanto la visión de los días de futuro de los que habla David Stubbs en sus libros sobre el krautrock y la historia de la música electrónica (2015; 2019).
Por ello había que seguir platicando sobre las Estéticas del Rock, de retomar las reflexiones del tercer y último seminario de cómo las culturas del rock llegaron a ser lo que fueron las culturas históricas del rock, para abrir un dialogo sobre la condición posterior del rock. El presente número especial de la revista, Estudios Sobre las Culturas Contemporáneas, del Programa Cultura de la Universidad es el espacio idóneo para hablar de lo que ha venido pasando después de las culturas históricas del rock.
El material recibido y aprobado para su publicación se organizó alrededor de tres ejes de acuerdo a la convocatoria que se realizó para preparar este número especial. El primer eje, al que se le denominó, “Después de la música de rock”, y que tiene como objetivo explorar las maneras como se ha estudiado y se está estudiando la cultura de la música de rock, o lo que ha sido la emergencia y desarrollo a partir del siglo XXI. Cuatro trabajos ubicamos en este primer apartado, los cuales tienen en común que son, cada uno, contribuciones donde sus autores extienden las reflexiones que hicieron en su momento en los tres seminarios de Estéticas del Rock en los que participaron.
En primer lugar Héctor Gómez Vargas, abre con “Estéticas del rock. Comunicación, pasados de la cultura y música de máquinas en el siglo XX”, donde explicita el papel de las estéticas del rock como una perspectiva importante e interdisciplinar para pensar a las culturas del rock. Bajo un acercamiento a la historiografía contemporánea y a la crítica cultural de la música de rock que se ha producido en las últimas décadas ya que ambas perspectivas se dirigen a entender la presencia del pasado de la cultura en el presente, y el papel de la estética en ello, hace una breve revisión de los momentos en los que se ha compuesto música con instrumentos electrónicos. En segundo lugar, en su trabajo, “Ingeniería en Comunicación Social y la Comuniconomía del Rock en México. Apuntes de un proyecto GICOM en desarrollo”, Luis Jesús Galindo hace una síntesis del programa de la Ingeniería en Comunicación Social de la Música y presenta las dimensiones de los proyectos que lo conforman en la actualidad: sus antecedentes, sus vínculos con el Seminario de Estéticas del Rock para generar un programa de estudio y de conocimiento desde los estudios de la cultura sobre la música, las condiciones de operación de los proyectos desde los procedimientos metodológicos de la comuniconomía. La tercera colaboración es el trabajo de Sergio Miranda Bonilla, “La teología como metáfora instrumental de la culturas del rock y el metal: paradigma postreligional y desmitologización”, una continuación que el autor ha venido realizando en algunos foros de discusión y dialogo con el fin de articular la pertinencia de la teología sobre la música de rock y del metal para explorar sus dogmas, mitos y moralidades, desde la perspectiva del paradigma postreligional que, de acuerdo con el autor, permite realizar una desmitologización como una práctica de crítica cultural. Finalmente, Laila Eréndira Ortiz Cora cierra este primer eje con su trabajo: “La violencia del Metal Extremo. Musa de la cultura, detractor del arte rock”; el principal objetivo es abordar la pregunta, “¿Es el arte del metal extremo detonante de violencia?”, y su propuesta parte de la carencia de contribuciones más de corte epistemológicas sobre el metal extremo, y para hacerlo es necesario realizar una serie de desplazamientos, uno de ellos es el carácter disciplinario de estudio de la música de rock para estudiarlo de forma multidisciplinaria como un “acto artístico ampliado”, y apostar a la transdisciplina para llegar a manifestaciones de alta complejidad como es el metal extremo.
El segundo eje, el de “las culturas históricas del rock en México”, donde se ubican trabajos que, como resultado de una investigación, muestran y reflexionan la manera como se construyó una cultura musical en alguna región, ciudad o lugar del país. En estos trabajos se puede apreciar el interés de entender las transformaciones socioculturales en el país a través de la música por parte de los autores, al igual que los pasados de la música están presentes en distintos movimientos y escenas del rock nacional como parte de procesos de diversas dimensiones.
Cuatro trabajos están agrupados en este eje. “Danzando con los Dioses. Hibridación y apropiación de música huichola”, de Eduardo Barrera en donde expone el caso de la música huichola contemporánea. A partir de fenómenos como el world music que la han empleado como parte de una nueva estrategia comercial y transcultural, explora la manera como la economía política ha retomado los referentes huicholes como parte de un neotribalismo posmoderno con fines de comercialización, pero igualmente la manera como los músicos huicholes, a partir del modelo de los códigos de producción de música de Atali, han ingresado a los códigos contemporáneos para producir y difundir su música. El segundo trabajo, “Una historia antroponómica de la música alternativa de León”, de Efraín Delgado y Jaime González, reportan una investigación de los procesos antroponómicos del campo cultural de la música de rock en la ciudad de León, Guanajuato, en concreto de lo que denominan como rock alternativo. A partir del trabajo de la oralidad, de la memoria de algunos de sus actores, recuperan algunas de sus trayectorias y espacios de prácticas que han conformado la estructura y la dinámica del rock alternativo desde la década de los ochenta y hasta el año del 2018.
Con la revisión de la escena del movimiento rockero a inicios de la década de los sesenta en la ciudad de Puebla, los momentos en que aparece el rock and roll en el país, el trabajo de Rafael Fernández Cruz, “Puebla y el rock and roll. Buscando otra historia”, se detiene a explorar la memoria de algunos de los participantes para encontrar que la emergencia del rock fue dentro de una serie de transformaciones en la ciudad, donde, si bien hubo una reacción negativa y hostil de la prensa local, sucedieron cosas distintas a lo que se ha generalizado al referirse a la ciudad de México. La memoria de la escena poblana del rock de inicios de los sesenta recupera algunos de sus elementos principales: los grupos, las tocadas, y el éxodo de músicos poblanos a la capital del país. El segundo eje temático se cierra con el trabajo de Luis Eduardo Aguinaga, “Entre azules y crestas: la tocada punk en la Avenida Central”, una exploración etnográfica meticulosa, creativa y fascinante sobre las geografías underground en el Multiforo “El Clandestino” en las periferias de la Ciudad de México, para hacer evidente el múltiple y complejo vínculo que se tiene con los entornos urbanos a su alrededor.
Finalmente, bajo el tercer eje temático, denominado como “Mediaciones socioculturales de la música”, y cuyo objetivo era explorar a la música de rock como parte de un entorno cultural y comunicativo dentro de la sociedad contemporánea, se ubican dos trabajos que muestran las condiciones de la industria cultural para la producción de la música de rock de México en los tiempos recientes.
Las evidencias que hay sobre el presente del rock en México refieren a que, a diferencia de las décadas anteriores, hay una importante escena de rock en varias ciudades del país, en un contexto donde la cultura digital lo posibilita, al igual que implica procesos particulares para producir y distribuir materiales sonoros. Detrás de la proliferación de escenas musicales, hay igualmente un proceso histórico donde factores de la economía política de la música y de la acción de los medios de comunicación ha intervenido y son algunas de las pautas claves que permiten conectar la vigencia de la música de rock en el país.
La colaboración de Cristian Torres Ozuna, “La producción musical como proceso sociocultural y económico de los rockeros independientes mexicanos”, hace una revisión de las condiciones actuales para la producción de productos culturales, retoma el concepto de industria cultural y genera una visión del proceso de producción de obras y productos musicales de grupos independientes mexicanos, a partir de la experiencia de algunos de sus agentes. Por su parte, Sofía Tamayo Lara hace una colaboración titulada, “El rock en español en México al comenzar a ser comercializado como un bien cultural por empresas de la industria mediada”, donde, a partir de las propuestas de John B. Thompson de la cultura como bienes simbólicos y de los procesos de mediatización que hacen los medios de comunicación para generar una representación y experiencias sobre y alrededor de la realidad social, revisa las etapas de visualización que han realizado los medios de comunicación sobre el rock mexicano desde el momento en que a inicios de los setenta se generó una censura debido a los supuestos desórdenes del concierto de Avándaro, hasta que a finales del siglo XX, y ante la orientación hacia la economía neoliberal las industrias cultuales del país apoyan nuevamente al rock en español.
El número especial de la revista cierra con un documento metodológico. Edgar Josué García presenta el trabajo, “Rock, Ingeniería en Comunicación Social, Complejidad y Cultura de Participación. O de cómo abordar los estudios sobre las Estéticas, las Culturas y los Siglos del Rock” que es parte de un programa de trabajo que ha establecido dentro de su participación dentro del Grupo Hacia una Ingeniería en Comunicación Social (GICOM) y de los tres seminarios Estéticas del Rock, proponer un procedimiento no solamente de estudio, sino de intervención sociocultural a través de la música de rock. A partir de concebir a la música de rock como un fenómeno complejo, propone un primer procedimiento de acercamiento a través de lo que él llama “Metodología de los estadios” con el fin de delimitar un acercamiento particular con la música, y, posteriormente, acceder a la metodología de indagación de la Ingeniería en Comunicación Social, para responder preguntas como las de qué nos ha hecho, y cómo lo ha hecho, para proponer programas de intervención.
Hablemosde futuros pasados
En su libro, Después del rock, Reynolds (2010) expresa que con la madurez de la crítica cultural de la música en Inglaterra comenzó a entenderse al rock and roll y a la música pop en sus dimensiones sociales, políticas y comerciales. Si bien el asunto de la música de rock ha tendido a ser un asunto de la prensa, en los ámbitos académicos se puede apreciar que desde la década de los noventa del siglo XX porque hay un interés creciente por estudiarlo, de darle seguimiento, de observar lo que ahora sucede, de regresar al pasado y encontrar aquello que pueda explicarlo como un fenómeno artístico y cultural en el siglo anterior, y como una dimensión que pueda mostrar lo que en lo social y en lo cultural está aconteciendo. Un punto clave en todo ello se refiere a las posibilidades de acceder a materiales audiovisuales que circulan por diversas plataformas del ciberespacio y de lo que permite abrir para indagar diversos momentos del rock, o, incluso, de aquello que no había sido incluido o relacionado con su historia.
En gran parte, uno de los objetivos del Seminario Estéticas del Rock era hablar en colectivo y difundir las conversaciones en el formato libro, como sucedió con la publicación de las conferencias de los tres seminarios realizados. Tres seminarios, tres libros.
El número especial sobre Estéticas del Rock en la revista Estudios sobre las Culturas Contemporáneas, permite continuar el diálogo a la par que posibilita que se pueda mostrar una serie de documentos audiovisuales, como resultado de los materiales consultados para la indagación, y abrir las mismas posibilidades expresivas de algunos de los documentos incluidos. Esto, a su vez, permite explorar otros recursos disponibles a los investigadores para difundir sus materiales, y para tenerlos en consideración en el mismo proceso y acto de indagación.
Este número de la revista pretende abrir esas posibilidades y algunos de los artículos incluyen videos, sonidos e imágenes que ilustran y amplifican lo expresado en el documento. De esta manera es posible incluir el pasado para hablar de futuros pasados.
Héctor Gómez Vargas, Universidad Iberoamericana León
Edgar Josué García, Universidad del Centro de México
León, Guanajuato y San Luis Potosí, SLP
Diciembre de 2019
Bibliografía
Attali, J. (2011). Ruidos: Ensayo sobre la economía política de la música. México: Siglo XXI.
Badiou, A. (2014). El cine como acontecimiento. México: Paraíso Editores –Universidad Iberoamericana Ciudad de México.
Fisher: M. (2018). Los fantasmas de mi vida: Escritos sobre depresión, hauntología y futuros perdidos. Buenos Aires: Caja Negra.
Gumbrecht, H. U. (2005). Producción de presencia. México: UIA.
Jünger, E. (2008). Acercamientos: Drogas y ebriedad. Barcelona: Tusquets. 2003
Maffesoli, M. (2004). El tiempo de las tribus: El ocaso del individualismo en las sociedades posmodernas. México: Siglo XXI.
Mandoki, K. (2006). Estética cotidiana y juegos de la cultura: Prosaica Uno. México: Siglo XXI: FONCA.
Parikka, J. (2012). What is Media Archeology? London: Polity.
Reynolds, S. (2010). Después del rock: Psicodelia, postpunk, electrónica y otras revoluciones inconclusas. Buenos Aires: Caja Negra.
Reynolds, S. (2012). Retromanía: La adicción del pop a su propio pasado. Buenos Aires: Caja Negra.
Stubbs, D. (2015). Future Days: El krautrock y la construcción de la Alemania Moderna. Buenos Aires: Caja Negra.
Stubbs, D. (2019). Sonidos de Marte: Una historia de la música electrónica. Buenos Aires: Caja Negra.