Reseñas
La medida de nuestro futuro: una lectura sobre políticas culturales y ciudadanía, de Víctor Vich
The Measure of our Future: a Reading onCultural Policies and Citizenship, by Víctor Vich
La medida de nuestro futuro: una lectura sobre políticas culturales y ciudadanía, de Víctor Vich
Estudios sobre las Culturas Contemporáneas, vol. XXVIII, núm. 55, pp. 223-228, 2022
Universidad de Colima

![]() | Vich V.. Políticas culturales y ciudadanía: estrategias simbólicas para tomar las calles.. 2021. Lima. CLACSO. 143pp.. 978-987-722-904-2 |
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Recepción: 22 Noviembre 2021
Aprobación: 23 Febrero 2022
El libro Políticas culturales y ciudadanía: estrategias simbólicas para tomar las calles de Víctor Vich, publicado recientemente por HyA Ediciones, CLACSO y el Instituto deEstudios Peruanos, parte de tres grandes premisas.
A las primeras dos podemos interpretarlas como un diagnóstico elaborado desde una perspectiva crítica. A la tercera, en cambio, la podemos leer como un deseo, una voluntad y, sobre todo, como un mapa para la acción.
La primera de estas premisas afirma al capital como “el marco totalizante de nuestra experiencia histórica”, un “poder hegemónico”, regulador de la vida cotidiana. La segunda, marca el “debilitamiento de la vida pública”, quizás como una de las consecuencias de esa forma de entender la totalidad.
Pero ante esta situación, la tercera premisa, –que posiblemente marque el pulso de este texto–, es que, a pesar de lo dicho, “el significado de la vida social sigue en disputa”. Y es allí donde se piensa la dimensión transformadora de la “cultura”. O debemos decir de las “prácticas culturales”, en tanto Víctor Vich las recorre en su configuración experiencial, compleja, en su capacidad de agencia y nunca de forma homogénea y estática.
Y este carácter transformador de la cultura se despliega en tres dimensiones recorridas durante el libro:
1. Lo perceptual: alterar la percepción de lo existente. Y no podemos dejar de pensar entonces en la idea benjaminiana de “sensorium”, que muestra el carácter fugaz, artificial e histórico de nuestras percepciones y de la organización de nuestros sentidos;
2. La segunda dimensión tiene que ver con las identidades y se vislumbra aquí el carácter colectivo de la formación de un nosotros. Ese anhelo tan a lo Raymond Williams de entender a la cultura como “todas las formas de vida”, como el otorgamiento de sentido a la experiencia y la posibilidad de socializar esa matriz. De reconocernos como parte de una cultura común. Es allí, también, donde encontraremos la puja por el “significado de la vida social”.
Como plantea Víctor Vich: “Una cultura, en efecto, es un estilo de vida, una manera de actuar y de representar una relación con el otro” (13).
Y la conversación social contemporánea (nos permitimos preguntar si podemos hablar de “conversación social”), se debate por el significado de las palabras que describen nuestro presente: Estado, mercado, identidades, género, libertad, capitalismo, humanismos, transhumanismos, post humanismos y un largo etc. Renombrar, recuperar la densidad histórica y el carácter polisémico de las palabras puede ser uno de los aspectos ineludibles de la práctica intelectual.
Y es allí, en ese debate y esa discusión, donde el libro de Víctor Vich se inscribe, de manera necesaria para seguir pensando que la disputa por el sentido todavía es posible. Y desde ese lugar también sugerimos ubicarlo de manera cercana a la tradición fundante de los Estudios Culturales, donde Raymond Williams, al final de Cultura y Sociedad escribió:
Hay ideas y maneras de pensar que contienen en ellas las semillas de la vida, y hay otras, tal vez en la profundidad de nuestra mente, con las semillas de una muerte general. La medida de nuestro éxito al reconocer unas y otras y nombrarlas para hacer posible un reconocimiento común puede ser, literalmente, la medida de nuestro futuro (Williams, 2001: 275).
3. Y la tercera dimensión trabajada en Políticas culturales y ciudadanía es la relacional. El carácter dialéctico de la cultura: “Todo documento de cultura es un documento de barbarie” escribió Walter Benjamin (2007) en 1940.
“Voy a comentar un conjunto de iniciativas que, utilizando diferentes estrategias simbólicas, han intervenido en las calles de Lima, en el Perú, con la finalidad de visibilizar diversas relaciones de poder instaladas en la vida social” (Vich, 2021:12), anuncia Vich en su libro.
Y una posible síntesis la encontramos en una observación de Miguel Dalmaroni sobre la fórmula benjaminiana. Una especie de inversión argumental que nos dice que no solo todo documento de cultura es un documento de barbarie, sino que “en todo documento de barbarie hay un documento de civilización […] que la repugnancia ante la cara atroz de la consigna es imprescindible pero insuficiente para construir una crítica cultural políticamente transformadora” (Dalmaroni, 2004:45).
Entendemos que hay que buscar, como lo hace Políticas públicas y ciudadanía, esas estructuras de sentimiento, que indican (desde su opacidad) el agotamiento de una energía social y la posibilidad de la emergencia de lo nuevo. De aquello que nos deja ver la cara reversa de la moneda benjaminiana. En ese entre, en ese resto, podremos vislumbrar quizás la crítica cultural para la transformación.
Porque como escribió Williams en Marxismo y Literatura:
Ningún modo de producción y por lo tanto ningún orden social dominante ni ninguna cultura dominante jamás en realidad incluye o agota toda la práctica humana, toda la energía humana y toda la intención humana (Williams, 2009:166).
El libro de Víctor Vich busca, con una rigurosidad conceptual brillante, esos resquicios de la práctica, la energía y la intención humana. Y por esto, otro aspecto a destacar es el valor documental y de registro sobre las intervenciones que aborda y que se constituye también en homenaje y valorización de esas prácticas y de sus autoras y autores.
No hay aquí un uso, ni un ejercicio violento de captación del concepto sobre el particular (ese pensamiento identitario del que ya nos advirtieron los teóricos de la Escuela de Frankfurt). El autor nos invita, en cambio, a aprender de esas prácticas. Las recompone como un modelo pedagógico para repensar la gestión cultural al simbolizar los antagonismos sociales. Pero también para despertar interrogantes sobre la ciudadanía, las identidades, lo político, la clase, lo popular y con todo ello: las democracias latinoamericanas.
Estas intervenciones, centradas en el caso peruano, intentarán desmontar las maneras históricas en la que hemos sido interpelados y constituidos como sujetos, el trayecto artefactual que nos convirtió de ciudadanos a consumidores y agregaríamos también (siguiendo los planteos de Margarita Martínez e Ingrid Sarchman) en “cuerpos supernumerarios”, a merced de la matematización y la algoritmización de los afectos en el contexto post-mass mediatizado actual (Martínez y Sarchman, 2020).
Decíamos que el libro parte de la premisa inicial de pensar al capitalismo como el gran regulador de la vida cotidiana. Y es consecuente con ello, porque la primera reflexión sobre las intervenciones nombradas tiene que ver, justamente, con la manera en que el poder modaliza nuestro tiempo. Y la necesidad, tan humana, de que el histórico aumento de la producción conlleve también una reducción del tiempo humano dedicado al trabajo.
Entonces será parte de la cultura como transformación elaborar una crítica de la construcción dominante del tiempo y del progreso en nuestra época. Como los revolucionarios de 1830, citados por Benjamin (2007), que amanecieron disparando a los relojes de París para arremeter contra el tiempo lineal, homogéneo y vacío. Hacer volar en pedazos el continuum de la historia. O como los flechazos de los pueblos originarios al reloj que la cadena O Globlo instaló para conmemorar el quinto centenario de la Conquista, en la ciudad de Río de Janeiro de 1992 (Löwy, 2002).
Así Víctor Vich recupera los trabajos de Carlos Tovar o las intervenciones de Marcelo Zevallos sobre el monumento a la clase obrera en Lima. O la forma en que, –abordando otra latencia tan contemporánea–, las performances Macholandia y Alocate Perú muestran cómo las identidades de género se constituyen a partir de discursos que tienen que ver con “el control del cuerpo y con relaciones de opresión, exclusión y desigualdad social” (Vich, 2021:61).
Como hemos marcado, las heridas actuales de nuestro continente son abordadas desde su densidad histórica. Y es así como, por caso, temas vinculados a la corrupción actual son puestos en relación y en genealogía con el linaje del gamonalismo y la idea del patrón en el Perú, esa figura híbrida que se inserta hoy en un modelo económico desregulado. La cultura, como la concibe este libro, tiende a desnaturalizar el conjunto de relaciones históricas que han dejado sus huellas en nuestras formas de vida.
Huellas que asoman en la configuración de un mercado laboral fuertemente racializado, que excluyó a los indígenas del proyecto nacional peruano. Ante esto, el trayecto de reflexión montado por el autor propone que las políticas culturales tienen la misión de “profanar” los “dispositivos existentes proponiendo nuevos imaginarios y prácticas en la vida social” (Vich, 2021: 110), mostrando, por ejemplo, la manera en que, desde 1821, Perú –y aquí podríamos generalizar a todos los países latinoamericanos, con excepción de algún caso puntual– se constituyó como un Estado monolingüe y monocultural.
Estas tensiones e injusticias históricas son dialécticamente abordadas desde una perspectiva crítica que considera a la vinculación entre Estado, mercado y ley como su argamasa. Porque Políticas culturales y ciudadanía es consecuente con un trabajo que Víctor Vich viene sosteniendo hace años: romper la esfera autónoma de lo cultural para convertirla en una herramienta de transformación.
En fin, revelar las dimensiones culturales de fenómenos aparentemente no culturales (Vich, 2014). Porque los antagonismos que configuran a nuestras sociedades también tienen un origen cultural, donde el vínculo social está sustentado sobre profundas estructuras afectivas. Una comprensión materialista de la cultura en una perspectiva sobre la totalidad social, desde un ensayismo crítico y profundo.
Desde esta reseña podemos afirmar que este libro tendrá su lugar asegurado como un insumo esencial en las bibliografías de las carreras de gestión cultural, estudios culturales, arte, comunicación y otras. Pero también un destino latente y necesario en nuestra contemporaneidad, que es la de vislumbrar la constelación de lo impensado, de lo imposible, de lo fugitivo. Políticas culturales y ciudadanía, de Víctor Vich nos hace presente aquella máxima de Edward Thompson, que dice que:
Romper con el sentido común del poder y con la naturalización de la fatalidad es una potencia inscrita en la naturaleza humana (Thompson citado en Stra, 2021).
Este libro se pregunta éticamente por el futuro, mirando el pasado acontrapelo. Y bienvenidas sean hoy esas preguntas y esas miradas.
Bibliografía
Benjamin, W. (2007). Conceptos de filosofía de la historia. La Plata: Terramar.
Dalmaroni, M. (2004). “Conflictos culturales: notas para leer a Raymond Williams”, en: Punto de vista, 27 (79), 42-46. Memoria Académica.Disponible en: https://bit.ly/3xGmrQG.
Löwy, M. (2002). Walter Benjamin: aviso de incendio. Una lectura de las tesis sobre el concepto de historia. Buenos Aires: FCE.
Martínez, M. y Sarchman, I. (2020). La imprevisibilidad de la técnica. Rosario: UNR Editora.
Stra, S. (2021). Cultura popular, cultura de masas. Perspectivas sobre Williams, Thompson y Hoggart en la formación de los Estudios Culturales. Rosario: UNR Editora.
Vich, V. (2014). Desculturizar la Cultura. La gestión cultural como forma deacción política. Buenos Aires: Siglo XXI.
Vich, V. (2021). Políticas culturales y ciudadanía: estrategias simbólicas para tomar las calles. Rosario: Humanidades y Arte Ediciones; Ciudad Autónoma de Buenos Aires: CLACSO; Lima: Instituto de Estudios Peruanos.
Williams, R. (2001). Cultura y sociedad. 1780–1950. De Coleridge a Orwell. Buenos Aires: Nueva Visión.
Williams, R. (2009). Marxismo y literatura. Buenos Aires: Las cuarenta.