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La viña y el vino en las Etimologías de Isidoro de Sevilla
La viña y el vino en las Etimologías de Isidoro de Sevilla
Ágora. Estudos Clássicos em debate, núm. 19, pp. 271-292, 2017
Universidade de Aveiro
Resumen: Las Etimologías de Isidoro de Sevilla incluyen dos apartados sobre la vitivinicultura, 17. 5 de vitibus y 20. 3 de potu, este último dedicado principalmente al vino y bebidas relacionadas con su producción. No aporta datos concretos sobre la Hispania visigoda, pues el interés del autor es básicamente lexicológico. Su principal fuente es Columela, como ocurre con los tratados medievales sobre agricultura, sobre todo en la enumeración de los diferentes tipos de viña. También se observan claras influencias de Varrón, Paladio, y especialmente de los comentarios a Virgilio de Servio.
Palabras clave: Isidoro de Sevilla, vino, viticultura, tradición clásica, literatura latina medieval.
Abstract: The Etymologiae of Isidore of Seville include two paragraphs on viticulture (17. 5), and beverage (20. 3), the latter mainly dedicated to wine. Isidore does not provide specific data on Visigoth Hispania, since the interest of the author is basically lexicological. His main source is Columella, mainly in the enumeration of the different types of vineyard. There are also clear influences of Varro, Palladium, and especially of the Servius’ commentary on Virgil.
Keywords: Isidore of Seville, Wine, Viticulture, Classical tradition, Medieval Latin literature.
Resumo: As Etimologias de Isidoro de Sevilha incluem dois apartados sobre a vitivinicultura, 17.5 de vitibus e 20.3 de potu, este último dedicado principalmente ao vinho e a bebidas relacionadas com a sua produção. Não traz dados concretos sobre a Hispânia Visigótica, já que o interesse do autor é, basicamente, lexicológico. A sua principal fonte é Columela, como acontece com os tratados medievais sobre agricultura, sobretudo na enumeração dos diferentes tipos de vinha. Também se observam claras influências de Varrão, Paládio e, especialmente, dos comentários a Virgílio de Sérvio.
Palavras-chave: Isidoro de Sevilha, vinho, viticultura, tradição clássica, literatura latina medieval.
Résumé: Les Etymologies d’Isidore de Séville incluent deux sections sur la vitiviniculture, 17. 5 de vitibus y 20. 3 de potu, ce dernier étant principalement dédié au vin et aux boissons liées à sa production. Il n’apporte aucune donnée concrète en ce qui concerne l’Hispanie wisigoth, dans la mesure où l’intérêt de l’auteur est essentiellement lexicologue. Sa principale source est Columelle, tout comme dans les traités médiévaux sur l’agriculture, surtout dans l’énumération des différents types de vignes. On y observe également de claires influences de Varron, Palladio et spécialement des commentaires de Servius sur Virgile.
Mots clés: Isidore de Séville, vin, viticulture, tradition classique, littérature latine médiévale.
Las Etimologías de Isidoro de Sevilla constituyen uno de los pocos testi-monios de la actividad económica de la Hispania visigoda, aunque sabemos que la viña era, junto al olivo, y el trigo y la cebada, uno de los principales productos agrícolas de la época, y que la vitivinicultura gozaba de un papel importante en la vida socioeconómica y cultural[2]. Pero el interés de la obra es básicamente léxico-semántico, no agrícola ni enológico. El obispo de Sevilla habla de vitibus en 17. 5 y de potu en 20. 3, apartado este último dedicado mayoritariamente al vino, pero está más interesado por la terminología propia de la viña y del vino que por las particularidades y detalles del trabajo del campo y de la producción del vino; por eso no habla específicamente de la vitivinicultura hispánica de su época más allá de lo que se lee en los autores romanos que escribieron sobre el tema.
En el capítulo de vitibus Isidoro se centra en la definición y expli-cación etimológica de los principales términos relacionados con los diferentes tipos de viña, mientras las tareas del viticultor son descritas con gran breve-dad. Comienza con una referencia a la historia bíblica, que tiene a Noé como protagonista[3], cuya fuente es Gen. 9. 20; y otra mitológica: Líber, como des-cubridor de la viña entre los griegos, fue considerado el dios de la misma tras su muerte.
Pasa después a hablar de la etimología de uites, planteando dos posibi-lidades: la relación con uis por la fuerza en arraigar, y con el verbo uieo, “trenzar, entretejer”, porque se unen unas con otras y con los árboles vecinos[4]. Para la etimología de uuae relaciona uuidus con humidus[5], como hace Varrón[6]. Los Rerum rusticarum libri III de este autor son una de las fuentes empleadas por Isidoro, por ejemplo, en la explicación que el obispo sevillano hace de una serie de términos relacionados con la viña; toma de esta obra la etimología de capreoli, “zarzillos”, derivada del verbo capio[7], ya que según Varrón estos tallos de la vid serpean “para ocupar un lugar”[8]. También se sirve, como su fuente, del término cincinnus, “bucle, rizo” para ilustrar cómo son los zarzillos[9].
Los comentarios de Servio son otra de las fuentes de Isidoro. La defi-nición de viña silvestre o labrusca, que también aparece en Plinio (Nat. 14. 98) y Columela (8. 5. 23), está tomada casi literalmente del comentarista de Virgilio[10], así como la relación entre la palabra latina racemus y la griega botryo[11]. La definición de flagella, “látigos” también procede de Servio, si bien no es una cita literal como las anteriores y la referencia no es específica de la viña, pues el comentarista los aplica a cualquier tipo de árbol. En ambos autores se hallan los datos básicos: se encuentran en la parte más elevada y soportan el viento[12].
Pero la principal fuente de cada una de las denominaciones de las variedades de la viña y de los términos que tienen relación es Columela, por ejemplo, para las definiciones de malleolus, sagitta y spadones. Las dos primeras están tomadas de forma literal. El malleolus es un sarmiento nuevo[13], y su eti-mología deriva de malleus, “martillo”, pues es esa la apariencia que presenta[14]. También debe el nombre a su forma la sagitta, pues la extremidad del sarmiento se asemeja a una flecha; se añade además que da la impresión de que “salta” de su madre[15]. Columela es el único autor romano que utiliza la palabra spado referida a la viña, pues como es sabido significa “eunuco”, de ahí el inciso de Isidoro, ex ipsa appellatione, cuando dice que carecen de fruto[16].
En este primer apartado De uitibus destaca la división entre el tipo de uva para comer como fruta y otra clase, mucho más numerosa, para elaborar el vino. A las primeras Isidoro las llama uvae suburbanae[17] a partir de un texto de Columela, que divide la vid en aquella que se planta para comer y en la cultivada para la fabricación del vino; la destinada a la alimentación se pro-ducía en campos próximos a la ciudad a fin de no tener que almacenarla y que saliera rentable su venta como fruta, de ahí la denominación[18].Isidoro también toma del De re rustica la invitación que supone para la venta su aspecto externo y su grato sabor, y los tipos de uva, que coinciden plena-mente incluso en aquellas variedades que duran todo el invierno, la numa-siana y la uennuncula[19].
Pero Columela no es la única fuente cuanto detalla las características de cada una de estas “uvas de mesa”[20]. Así, aunque el tratadista de Gades habla extensamente de la viña precoz, Isidoro toma la información sobre la misma de Servio[21], pero sin emplear el término preciae del comentarista de Virgilio, sinónimo de praecoquae[22] en el sentido de precoces o tempranas. El obispo de Sevilla identifica este tipo de uvas con aquellas que los griegos denominan lageos, “liebre” en griego, quod currant ad maturitatem uelociter ut lupus (Orig. 17. 5. 16), pese a que Virgilio, en su enumeración de tipos de viña y de vino (G. 2. 89-108), distingue praeciae y lageos[23]; Servio explica que lageos es, para los latinos, leporaria[24].
Isidoro da una somera explicación de los motivos de algunas denominaciones de las vides dedicadas al consumo: las purpúreas deben su nombre al color, las unciarias a su tamaño, las dáctilos a su longitud, las estefanitas a su redondez, las rodias y libias a su país de origen y las ceraunias a que enrojecen como el fuego[25].
Plinio es el autor que más información ofrece sobre las diferentes etimologías. Las púrpureas, que deben su nombre al color, también son llamadas bimammiae (Plin. Nat. 14. 40). La uncialis, variante de unciaria, deriva de uncia, “onza”, por el gran peso de su grano[26]. Las dactyli deben el nombre a su longitud, y tienen forma de dátil[27]. La variedad estefanita a la redondez, pues este adjetivo griego, στεφανίτης, significa “coronado”[28]. La única eti-mología que sorprende es la de las ceraunias, pues la que explica Isidoro, “enrojecen como el fuego”, las relaciona con κεραύνιος, “del color del rayo”, pero su origen podría muy bien ser también un topónimo, como rodias o libias, en este caso de los montes Ceraunios, en el Epiro[29].
Nada dice Isidoro de Sevilla de la etimología de las duracinas, tripe-danas, cidonitas, uennuculas y numisianas, pese a la información legada por otros autores y la evidencia de términos como tripedanas, “de tres pies”: cui nomen a mensura est (Plin. Nat. 14. 41). De las duracinas tenemos noticias por casi todos los tratadistas romanos antiguos. Catón las considera las más reco-mendables para colgar y secar con la finalidad de hacer pasas, y lo mismo dicen siguiéndolo Varrón y Plinio, este último de forma literal[30]. Las cido-nitas, en cambio, procedentes de la ciudad cretense de Cidonia, solamente aparecen en la enumeración de Columela tomada por Isidoro.
La venúncula, según Plinio, también es llamada súrcula (por los campanos) y escápula. Su etimología es dificultosa[31]. Es una de las que mejor se conservan, como leemos en Columela y Plinio[32]. Pero según el primero la más adecuada para este uso en su tiempo es la numisiana[33], derivada del antropónimo Numisius, cultivada en Tarracina (Plin. Nat. 14. 34).
A continuación, Isidoro enumera los tipos de viña para hacer vino, que son los más abundantes[34]. El primero del que habla es la amínea, la variedad más importante entre las que se empleaban para la producción del vino, y la más famosa, hasta el punto que Columela llega a afirmar que las amíneas eran prácticamente las únicas cepas conocidas por los antiguos[35]. Surgió en la Campania[36] y se extendió a otras partes del Imperio. Columela y Plinio son quienes más información ofrecen, indicando su adaptación a cada tipo de suelo y clima y las modalidades de cultivo[37]. Respecto a sus variedades, en todos los autores romanos se incluyen la mayor y la menor, en Catón, Varrón y Paladio de forma prácticamente exclusiva. Varrón, además de la minus-culam y maiorem, añade las aminneas scantianas (R. 1. 58), denominación que aplica también a otras frutas como la manzana[38]. Plinio dice que existen cinco clases (Nat. 14. 21): las hermanas mayor y menor, las gemelas mayor y menor, y la lanuda. Todas ellas están recogidas por Columela (3. 2. 8-12), quien añade la singularis (3. 2. 13). Pero Plinio, en un pasaje posterior (Nat. 14. 41), incluye otras dos variedades, que seguramente no serían amíneas, pero sí semejantes a ella: la negra o siriaca[39] y la hispánica. Isidoro trata de las gemelas y la lanuda, tomando como fuente a Columela: las primeras se llaman así porque producen uvas dobles[40] y la segunda porque tiene más pelusa que las demás[41].
Divide Columela las nomentanas, topónimo de la ciudad sabina de Nomentum, en menores, más productivas, y mayores, rubellanae o faeciniae. Isidoro no emplea el primer término, sino que distingue entre la rubelliana y la faecinia como si se tratara de dos especies diferentes. Pero la dependencia respecto a esta fuente es clara: el color rojizo de la madera, el hecho de que siga en calidad a la amínea, pero la supere en cantidad y la denominación de faecinia por producir más heces que las demás[42].
Plinio el Viejo nombra también las nomentanas en segundo lugar tras las amíneas, y aporta el mismo dato de que las que tienen los granos más pequeños producen más; el color rojo las caracteriza a todas, por eso también se llaman rubellas (Plin. Nat. 14. 23). Considera la faecinia una variedad distinta (Plin. Nat. 14. 27).
También Columela es la fuente de Isidoro sobre la uva apiana, tradicio-nalmente relacionada con la moscatel porque produce un vino dulce; debe cosecharse pronto para que no la echen a perder lluvia y viento, y recibe su nombre de las abejas (apis), de cuyo pillaje son víctimas[43]. Plinio (Nat. 14. 81) la identifica con la psithia de los griegos y con la scripula. Es la única variedad que cita Paladio juntamente con la amínea, pero sin dar más datos[44].
Entre las cepas que Columela considera secundae notae (3. 2. 19), Isidoro, que no hace tal distinción, trata de la bitúrica, la argitis, inerticula, mareótica y la heluola, siguiendo siempre al tratadista gaditano. Todos los datos que aporta sobre la primera se hallan en su fuente principal, salvo la etimología toponímica[45]: la resistencia a la climatología adversa y a las condiciones difíciles del terreno y la inclusión de la balisca (basilisca para Isidoro) en la misma familia de viñas[46]. Esta última cepa tiene dos variedades según Colu-mela, la pequeña llamada coccolobis por los hispanos, como también se lee en Plinio (Nat. 14. 29-30)[47]. Este autor emplea la variante biturigiaca para la bitúrica (Nat. 14. 27).
Respecto a la argitis, Columela comenta al mismo tiempo la uisulla[48], no mencionada por Isidoro, quien atribuye a la primera variedad tanto las propiedades que el tratadista gaditano considera exclusivas de ella —es muy fecunda y produce muchos racimos— como las que este asigna a ambas en común —debe vendimiarse pronto porque de lo contrario cae a tierra o se pudre—[49]. La única información de Isidoro que no se halla en Columela es su origen griego y el color blanco de la uva, datos ambos que pueden deducirse de la etimología del adjetivo griego ἀργός “blanco”[50]. Como nos recuerda Plinio, que la denomina arceraca, esta variedad es nombrada por Virgilio (G. 2. 99)[51], quien la llama argitis minor. Columela también emplea este adjetivo y dice, sin nombrar a Plinio, que es equivocada su identificación[52].
La semejanza con su fuente aún es mayor cuando Isidoro habla de la inerticula: es negra, los griegos la llaman amargion/amaracion y su nombre se debe a que no desata los nervios, a pesar de lo cual produce un buen vino[53]. También Plinio hace referencia a su color negro y al hecho de no causar embriaguez, por lo que hubiera sido más apropiado llamarla “sobria”[54].
Para las características de la viña heluola, que se limitan a su color, Isidoro cita casi literalmente a su fuente: algunos llaman a estas uvas uarias, y no son ni púrpuras ni negras, de ahí su nombre derivado de heluus, “amarillento”[55]. Plinio (Nat. 14. 29) comenta su color entre purpúreo y negro y les da la denominación de uarianae, variante de uariae, debido al color no uniforme del racimo[56]. Según los dos tratadistas del s. I d.C. la viña heluola produce frutos en años alternos.
El obispo de Sevilla establece un tercer lugar para las vides quae sola fecunditate conmendantur, abundantia copiosa multumque uini fluens (Isid. Orig. 17. 5. 27). Cita literalmente a Columela (3. 2. 25), que atribuye a Celso esta división[57]. A este tercer lugar pertenece la syriaca, de la que se limita a decir que su nombre se debe a que proviene de Siria o es negra[58].
Isidoro es muy breve al describir las tareas de la viña, más interesado como está en la definición de los diferentes términos: las más convenientes son el descalce, la poda, el acodo y el cavado[59]. Para la primera labor, el único autor que utiliza las variantes que se hallan en las Etimologías, oblaqueare y oblaqueatio, es Columela, especialmente en De arboribus, porque los más habi-tuales son ablaqueare y ablaqueatio, que se encuentran en Catón, Plinio y el propio Columela. La descripción de esta tarea es muy semejante a la de Pala-dio[60]: abrir la tierra en torno a la cepa y hacer una especie de embalse; también recibe el nombre de excodicare[61]. No debe extrañar esta referencia al tratadista hispano, tanto porque es un autor utilizado en las Etimologías citándolo o, como en este caso, sin citarlo[62]. Además, el Opus agriculturae versa principal-mente sobre los trabajos de la tierra: a Paladio no le interesan los tipos de viña, y considera suficiente citar dos de ellos[63].
Respecto a las otras tres labores, Isidoro también se limita a definirlas y comentar su etimología[64]. Putare es cortar a la vid los sarmientos innece-sarios porque se relaciona con purgare en el sentido de amputare. Propaginare es enterrar en el suelo el sarmiento por la relación de propagines, “retoños”, con propagare y protendere, “propagar y extender”, tomada de Servio (A. 4. 231). Por último, relaciona fodere, “cavar”, con fouere, “calentar”.
En el capítulo de potu Isidoro habla de diferentes términos relacionados con el vino y bebidas derivadas del vino o compuestas con el mismo, sin detenerse en su elaboración ni en sus diferentes clases. De hecho, las dos únicas zonas productoras de vino que comenta son bien lejanas: Falerno, el vino más conocido de época romana, de la región de Campania; y Gaza, donde la proliferación del vino se produjo en la Antigüedad Tardía, por lo que la información sobre el vino gazeo es de autores cristianos[65].
El tratamiento de vino comienza con algunas curiosas referencias eti-mológicas, como la relación de uinum con uena o uenenum, o la denominación para el vino de Lieo, epíteto de Baco, por el significado del verbo griego λύω[66].
Para la peligrosidad del vino remite a una cita de Jerónimo de Estridón ni literal ni correcta, pues no se encuentra en De uirginitate seruanda, como dice, sino en la carta De custodienda uirginitate: Adolescentulas ita uinum debere fugere ut uenenum, ne pro aetatis calore feruenti bibant et pereant (Isid. Orig. 20.3.2)[67]. Lo que dice Jerónimo: Vt sponsa Christi uinum fugiat pro ueneno (Epist. 22. 8). Y añade Isidoro en el mismo pasaje que la mujer romana únicamente tomaba vino en las celebraciones religiosas, lo que constituye una cita literal de Servio (A. 1. 737)[68].
En la enumeración de términos relacionados con el vino, se observa la influencia de Columela en la definición de “mosto”, pues es el único autor romano que emplea, y abundantemente, la expresión mustum de lacu tollere, fuente de la definición en las Etimologías: Mustum est uinum e lacu statim sublatum (Isid. Orig. 20. 3. 4)[69].
La etimología del vino amineo está copiada de Servio[70], en una cita ya empleada al hablar de esta clase de uva (Isid. Orig. 17. 5. 18): significa “sin minio”, sin color rojizo, porque es blanco. La misma fuente tienen las curiosas etimologías del Servio passum “vino de pasas”, del verbo patior, porque la uva “sufre” al cocerse el mosto, y del defrutum, “vino cocido”, como si el vino fuera “defraudado”[71].
La sapa o mosto cocido es el vino que feruendo ad tertiam redacta descen-derit (Isid. Orig. 20. 3. 15). La cita está tomada de Paladio[72], que seguramente debió servirse de Plinio el Viejo, único de los autores antiguos que coincide en la cantidad[73], pues según Varrón queda reducido a la mitad[74] y según Columela la mejor manera es cocer el mosto hasta la mitad[75]. Curiosamente estos dos autores consideran que la cocción a la tercera parte da como resultado el defrutum[76].
En definitiva, tanto la sapa como el defrutum son dos concentraciones casi sinónimas que se elaboraban cociendo el mosto en grandes calderos hasta reducirlo, mediante una lenta ebullición, a la cuarta parte, a la tercera, a la mitad o a los dos tercios de su volumen inicial[77]. Esta reducción concentra el azúcar y la acidez, lo que tiene un efecto conservador; por ello se usaban, aunque nada dice de ello Isidoro, para añadir al vino con el fin de mejorarlo y darle color, de la misma manera que se añadía miel, agua salada, hierbas olorosas, etc.[78] Todos los tratadistas romanos nos ofrecen amplia información sobre la forma de elaborarlos, en ocasiones contradictoria, y sobre su uso; Columela (12. 19. 3) y Plinio (Nat. 14. 136), por ejemplo, recomiendan realizar la cocción los días serenos y sin luna[79].
Entre los muchos tipos de mezclas producto de someter a cocción el vino o el mosto que explican los escritores antiguos, Isidoro habla del carenum, cuya etimología relaciona con careo, porque el vino después de hervido pierde una parte[80]. La fuente es Paladio, el único entre los autores an-tiguos que habla de esta mezcla[81], según el cual la diferencia entre el defrutum, el caroenum y la sapa reside en la progresiva concentración de azúcar y alcohol al cocer el mosto[82]. Tanto el tratadista tardoantiguo como Apicio, que nombra esta mezcla como condimento para muchas recetas, emplean la forma dipton-gada caroenum. La elaboración de estas bebidas ha llegado hasta nuestros días a través de los musulmanes; así, el nombre de la más conocida entre nosotros, el arrope, procede del árabe[83].
Existían muchas otras mezclas de este tipo, de las que nos informan Catón, Columela y Plinio[84], que reciben nombres muy diversos y cuya elabo-ración depende tan solo de matices en la cocción y elaboración. Isidoro nombra también la lorea o aguapié, pero a continuación hay una laguna en el texto que nos impide conocer la información que ofrecía. Según Catón[85] y Varrón, es un vino de calidad baja destinado para los trabajadores esclavos, que se les daba en el invierno[86]. La misma finalidad tiene para Plinio (inter uina operaria numerantur), quien lo identifica con el deuteria de los griegos, es decir, de segunda clase, y afirma que se elabora macerando el orujo de la uva en agua (Nat. 14. 86). Columela explica la elaboración más detenidamente en 12. 40. Isidoro llama crucium a esta clase de vino[87], término que solo se halla en uno de los fragmentos de Lucilio (1145).
También habla del roseum uinum, llamado así porque tiene color rojizo[88]. En Paladio (7. 11) se habla de un vino de rosas (rosatum) que poco parece tener que ver con el roseum del obispo sevillano, pues se empleaba como medicamento para el estómago[89]. Se elaboraba con esencia de rosa y miel el rhodomelum, de ahí su nombre (Isid. Orig. 20. 3. 12).
El merum es el vino puro, pues este adjetivo indica aquello que es puro y sin mezcla, igual que el aqua mera (Isid. Orig. 20. 3. 3). Lo relaciona etimoló-gicamente con merenda, llamada así o bien porque a los muchachos que traba-jaban se les daba solo pan (panis merus), o porque dormían la siesta en este momento de día, meridies, que como explica en otros pasajes[90] era cuando el sol resplandecía con mayor claridad en medio del cielo. También hace pro-venir el limpidum uinum, transparente, de lympha, agua, y de manera aún más audaz relaciona turbidum con un supuesto terbidum derivado de terra, porque está mezclado con tierra, es decir, con las heces (Isid. Orig. 20. 3. 6). En algunos casos da varias opciones etimológicas, como acetum, que puede rela-cionarse según Isidoro con acutum por ser “penetrante”, o con aquatum por estar aguado (Isid. Orig. 20. 3. 9).
Algunas definiciones sorprenden: Mulsum ex melle mixtum; est enim potio ex aqua et melle, quod Graeci μελίκρατον uocant (Isid. Orig. 20. 3. 10). En efecto, el mulsum se obtiene mezclando con miel el vino, no el agua, como sabemos por los muchos testimonios de diversos autores, y no solo de los tratadistas. Plinio dice que debe mezclarse la miel con vino viejo, porque así se incorpora mucho mejor a la miel, cosa que es imposible con el vino dulce[91]; y compara su elaboración con la del melitites, que se diferencia de aquel en que admite sal y está sometido a cocción[92]. Columela explica la elaboración en 12. 41. De una manera semejante se elabora el hidromiel, según Paladio (8.7), quien no emplea el término mulsum. En cambio, es el único autor romano donde se halla, de forma detallada, la receta del oenomelum[93], que Isidoro resume como “mosto mezclado con miel, muy removido y agitado”[94]. En efecto, Paladio va detallando lo que expone de forma sucinta el obispo sevillano: explica de qué tipo de cepas debe tomarse el mosto, la cantidad de miel que debe mezclarse y la clase, y con qué debe removerse con fuerza y cuántos días, amén de muchos detalles más.
La forma de elaboración del ojimiel (oxymelum), una mezcla de vinagre y miel, solo se encuentra, en cambio, en Plinio el Viejo (Nat. 14. 114), quien afirma su extrañeza ante semejante potingue: adeo nihil intemptatum uitae fuit[95]. Isidoro (Orig. 20. 3. 12) se limita a comentar que el sabor resultante es un líquido que mantiene la dulzura y la acidez de sus ingredientes.
No deja de nombrar bebidas alcohólicas tan conocidas para nosotros como la cerveza, que puede hacerse con diferentes fórmulas de la semilla de los cereales, pues de ellos deriva su nombre, que a su vez proceden de la diosa Ceres[96]; y la sidra, cuyo nombre deriva del hebreo, y en la que incluye todas aquellas bebidas que pueden causar embriaguez exceptuado el vino; puede elaborarse de trigo, manzanas o exprimiendo el zumo de las palmeras[97].
Explica con mayor detenimiento que la mayoría de bebidas la caelia, tal vez por su origen hispano, hecha de trigo, y obtenida al mezclar con vino suave; su etimología (derivada de calefacere según la imaginación isidoriana) es debida a que al fermentar adquiere un calor que produce la embriaguez; se elaboraba en aquellos campos de Hispania no adecuados para la pro-ducción del vino[98]. Solo hallamos referencia a ella en Plinio (Nat. 22. 164), quien la considera una especie de cerveza de trigo fabricada en Hispania, igual que la cerea.
Nada se halla en las fuentes clásicas del vino sucinacium, cuyo nombre deriva del color amarillento del ámbar (sucinae gemmae)[99].
Habla incluso del uinum honorarium, así llamado porque era ofrecido a gente poderosa: cita un famoso discurso de Catón, De innocentia sua, en el que se jacta de no haberlo aceptado nunca, ni en calidad de cargo público ni como particular[100].
Como conclusión, las fuentes de las Etimologías para el estudio la viña y la vid son las de los tratadistas antiguos, más allá de las aportaciones léxicas del propio autor. Se sirve de diversos autores, como Varrón; aunque el De re rustica es la principal fuente, también toma algún término del De lingua latina. Hay muchas citas de los comentarios de Servio, la mayoría de las Geórgicas, como es normal por la temática, pero también de los de las otras dos obras virgilianas, lo que muestra el conocimiento que tenía del comentarista el obispo sevillano.
Pero la principal fuente de Isidoro, especialmente para los tipos de uva, es Columela, al que sigue con literalidad en muchas ocasiones. De Paladio, cuya obra fue referente de la agronomía en la Edad Media, toma alguna de las escasas referencias sobre las tareas de la viña y las elaboraciones de algunas bebidas explicadas con detenimiento por el autor tardoantiguo.
Catón es, por su antigüedad, siempre una fuente indirecta. Y a pesar de que la Naturalis historia es la obra más prolija en la enumeración de los diferentes tipos de viña y vinos, y de que en Plinio se hallan la mayoría de términos tratados por Isidoro, puede decirse que el enciclopedista no es nunca una fuente directa.
La obra no aporta nada especial sobre la vitivinicultura en la Hispania visigoda, pues las variedades de viña y vino son las conocidas por los demás autores, mayoritariamente itálicas; Isidoro sigue la clasificación de su principal fuente, Columela, que coincide en gran medida con la extensa lista que ofrece el libro XIV de la Naturalis historia. Son, en todo caso, las que los romanos exportaron a sus provincias, pues Columela nos ofrece información básicamente de la Bética, donde un tío suyo tenía abundantes viñedos[101]. En efecto, los tratados de los agrónomos latinos tuvieron una larga influencia en todas las obras posteriores, y en especial, como ocurre con la obra que nos ocupa, el De re rustica de Columela fue la referencia fundamental para todos los tratadistas europeos medievales, incluida Al Ándalus[102], por lo que la ter-minología latina de la vitivinicultura se incorporó a las lenguas vernáculas. La comunidad de fuentes hizo que los tratados de los agrónomos medievales se diferenciaran exclusivamente por las variaciones en la época en que debe-rían llevarse a cabo los trabajos del campo, según los climas de las diferentes regiones donde fueron redactados, así como por las variedades propias de cada región, hecho que no ocurre en nuestro autor, más interesado en la lexicología que en la agricultura.
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Notas