Teoría y empiria

El piropo: artefacto de reproducción socio-cultural de modos de ser a través de las experiencias de hombres y mujeres en Santa Cruz de la Sierra – Bolivia

Piropo: a socio – cultural artifact that reproduces ways of being through males and females experiences in Santa Cruz – Bolivia.

Paula Fernanda Lino Maldonado
Centro de Investigación Social y Apoyo al Desarrollo CISAD , Bolivia

El piropo: artefacto de reproducción socio-cultural de modos de ser a través de las experiencias de hombres y mujeres en Santa Cruz de la Sierra – Bolivia

BARATARIA. Revista Castellano-Manchega de Ciencias Sociales, núm. 22, pp. 119-129, 2017

Asociación Castellano Manchega de Sociología

Recepción: 01 Septiembre 2016

Aprobación: 29 Septiembre 2017

Resumen: El presente artículo es la síntesis de una propuesta de estudios socioculturales través de la narrativa de experiencias cotidianas en la sociedad cruceña, en donde se lo sitúa como un artefacto socio – cultural que expresa modos de ser. Es además un aporte al debate relacionado al piropo y la desmitificación del mismo como un hecho artístico o poético.

Palabras clave: Modos de ser, significaciones, análisis de narrativa, estudios culturales, piropo en espacios públicos.

Abstract: This article is the synthesis of a sociocultural study approach through narrative common experiences in Santa Cruz society, viewed as a cultural artifact that can express ways of being. Therefore, it is a contribution for the piropos debate and a demystification of it as an artistic or poetical action performed in public spaces.

Keywords: Ways of being, significations, narrative analysis, cultural studies, piropo in public spaces.

1. Introducción

El piropo es un hecho social que ha formado parte de la idiosincrasia de diversas sociedades - de origen mediterráneo y árabe - alrededor del mundo (El País, 21 de marzo del 2011), y ha sido motivo de diversos análisis, especialmente desde los feminismos y el análisis de género, catalogándolo como un componente más del acoso callejero. En los últimos años, la visibilización del piropo ha derivado en la realización de experimentos sociales, como el de New York del año 2014, mundialmente reconocido por levantar diversas opiniones y debates sobre las conclusiones acaecidas por tal experiencia, así como su validez, debido al cuestionamiento hacia las diferencias culturales de los emisores. Es así que la controversia se ha expandido alrededor del globo en distintos sentidos, teniendo réplicas de tal experimento en Perú, Chile, Argentina y España, sólo por nombrar algunos; desatando una serie de videos cómicos, artículos y ensayos con opiniones tanto a favor como en contra.

Si bien el piropo ha tenido trascendencia desde: (1) el plano ideológico, asumido como violencia verbal a través de manifiestos feministas o estudios académicos; (2) el lingüístico como mensaje de cortesía o descortesía a ser analizado (Malaver & Gonzáles, 2008) y (3) el jurídico con promulgación de leyes; el abordaje ha sido desde los estereotipos y no así como un fenómeno reproductor de modos de ser desde el análisis sociológico. Dentro de los estudios relacionados a la sociología, existe el análisis del fenómeno como parte del acoso callejero en calles mexicanas, con un enfoque cualitativo y la utilización de la teoría fundamentada (Gaytán Patricia, 2009) que realiza un ejercicio más descriptivo que de análisis del fenómeno en sí.

Utilizando tal escenario como excusa, se plantea la necesidad de estudiar al piropo desde el quehacer sociológico, dejando de lado las premisas ideológicas que lo catalogan como acoso en espacios públicos sin muchas explicaciones; sino situándolo como un medio o canal que nos permite conocer la configuración de modos de ser de una sociedad determinada. Es por ello que esta investigación pretende exponer algunos hallazgos de la investigación realizada para responder a la necesidad de analizar las experiencias de hombres y mujeres respecto al piropo, para comprender las significaciones asignadas al hecho y, gracias al análisis de la experiencia y de contenido del mensaje, conocer los modos de ser de una sociedad determinada que aún mantiene este hecho dentro de sus interacciones sociales. El estudio se fundamenta en las teorías que preponderan tanto las significaciones que los individuos atañen a las experiencias de la vida cotidiana y al lenguaje como sistema que alberga modos de pensar y ser, construidos socioculturalmente. El entretejido teórico y metodológico está ligado a la corriente del constructivismo fenomenológico y el análisis de género y generacional, para tener así un panorama relativamente extenso del hecho social en Santa Cruz de la Sierra, como medio de expresión de modos de ser socio-culturalmente construidos.

2. Abordaje Metodológico.

El estudio del piropo como medio de expresión de la vida cotidiana pretende responder a la necesidad de analizar las experiencias de hombres y mujeres para comprender cómo este hecho es significado (Weber, 1922) por la gente y, gracias al análisis de la experiencia y del mensaje, conocer los modos de ser de una sociedad determinada. Para tal cometido, el entretejido teórico y metodológico se sustenta en el enfoque fenomenológico y constructivista fenomenológico (Berger & Luckmann, 1968), (Merleau - Ponty, 1993) (Schutz, 1972); el estudio del lenguaje en tanto filosofía como sistema de símbolos, (Searle, 1969), (Ricoeur P., 1965), (Habermas, 1999) (Wittgenstein, 1953); el interaccionismo simbólico para la delimitación cultural (Simmel, 1930: 13) y el análisis de género y generacional (Lagarde, 2005) , debido a la importancia asignada tanto a las experiencias constructoras del ser dentro de la vida cotidiana.

Los nodos de análisis para la comprensión de los modos de ser pasan por la importancia de las experiencias como constructoras en la vida cotidiana, pues la interacción social hace que las personas conozcan su medio socio – cultural y lo signifiquen en tanto comprenden las pautas axiológicas establecidas. Tal interacción sólo es posible en la medida en la que los seres manejan un sistema de significaciones, con reglas convenidas antes de su participación en la cotidianeidad. El lenguaje es la representación de lo que el ser humano puede comprender, etiquetar y significar; sin embargo, tal construcción tiene como trasfondo, esquemas de pensamiento o modos de ser que son la característica socialmente establecida y consensuada. Al respecto, se ha desarrollado un axioma teórico que engloba las categorías de análisis trascendentales para el presente estudio, en la cual se denota la importancia de la narrativa como medio de comprensión de modos de ser y significaciones:


Cuadro 1. Ilustración del axioma teórico

Fuente: Elaboración propia

El lenguaje es el medio por el cual el ser humano ha expresado su comprensión del mundo en todas las esferas que lo constituyen, es así que las nociones axiológicas relacionadas a ambos géneros están codificadas dentro del pensamiento de quienes interactúan cara a cara en la vida cotidiana, el cual se expresa a través del lenguaje. La narrativa posee esquemas de pensamiento sobre lo socialmente construido y consensuado, que contienen modos de ser culturalmente específicos, pudiendo comprender la visión que las sociedades tienen sobre sí mismas, en tanto delimitan accionares en relación a comportamientos permitidos intra e intergéneros. El modo de ser es una categoría fenomenológica desarrollada por Heidegger, ligada a la realidad y la vida, un estar haciéndose en el mundo, en este sentido, un estar siendo culturalmente construido que se expresa en la vida cotidiana.

El axioma de análisis para el piropo descansa en desentrañar la narrativa para comprender los pensamientos, ligados a las significaciones genéricas y generacionales, para poder aproximarse al estudio de modos de ser definidos socio – culturalmente.

3. Resultados.

El análisis de las experiencias de hombres y mujeres a través de la narrativa ha permitido los siguientes hallazgos:

A. Lingüístico: connotaciones del piropo.

Todo acto de habla utiliza códigos para la comprensión del mensaje hacia su destinatario, en tal sentido, el piropo contiene figuras femeninas y masculinas que están ocultas en la palabra. Así mismo, su utilización no viene a ser accidental ni sufre una suerte de ocurrencia o jocosidad, al contrario, el ser humano, más allá de ser o no consciente del trasfondo, utiliza códigos lingüísticos en tanto pretende expresar significaciones concretas. Las connotaciones subyacen en los piropos realizados en espacios públicos de Santa Cruz de la Sierra, las cuales dotan a hombres y mujeres de cualidades específicas que están ligadas a lo que se legitima socialmente como femenino y masculino.

Al respecto, dentro de las palabras de mayor uso para efectuar el piropo, están las figuras de la mujer como (1) mamita, mamacita, íntimamente relacionada al rol asignado a la mujer debido a la capacidad biológica de gestar y concebir; además de ser calificada como mujer completa en tanto cumple tal asignación. La maternidad concebida como propósito de vida forma parte de la concepción femenina en sociedades conservadoras en donde se prepondera a la mujer en base a la consecución de tal mandato.

(2) Reina o diosa, respectivo a una figura imposible de alcanzar, distante pero deseada, ser supremo que merece admiración y obediencia; además de la connotación de reina hacia la mujer como quien debe conquistar lo privado, el hogar. (3) La infantilización de la mujer a través de sustantivos como niña o bebé, bien pueden sugerir ternura, inocencia, cuidado e incluso inmadurez desde lo corpóreo y la actitud que refleja la mujer al caminar; sin embargo, la niñez también está relacionada con vulnerabilidad. Dentro de esta figura intervienen muchos aspectos de mayor complejidad, como la edad de la mujer objeto del piropo y los adjetivos y demás sustantivos utilizados en el acto del habla. Si se trata de adolescentes, la figura de la niña roza el límite de lo prohibido, jugando con temas socialmente prohibidos, juega un papel ambiguo y peligroso; puede pasar fácilmente de ser un recurso de respeto hacia alguien menor a ser un recurso que guarda dentro de sí represiones generadas por el gusto a lo infantil, a la niñez. El deseo se trasluce a través de la figura de la niña, pudiendo ser la aludida una adolescente en proceso de maduración corporal o joven con rasgos físicos que aparenten menor edad de la real. Los deseos reprimidos pasan por lo que se censura desde la sociedad, siendo el incesto y los impulsos sexuales hacia menores de edad parte de la censura considerada aberrante desde la axiología construida socialmente.

(4)La muñeca o Barbie como figura femenina aludida en el piropo denota la importancia que la sociedad cruceña le atañe a la corporalidad femenina asociada con un canon de belleza específico, un cuerpo denominado armonioso y deseable. El estereotipo de la mujer con cuerpo de muñeca obedece al modelo físico femenino difundido desde la industria del modelaje y los mass media. Es más, gran parte del reconocimiento hacia las mujeres se relaciona con sus medidas, es por ello que en la región las agencias de modelos, concursos de belleza y reinados están a la orden del día (entrevista Red Bolivisión, julio 2016). Tal escenario se complementa con la apertura diaria y masiva de centros de belleza y la monopolización de cirugías estéticas a nivel nacional. La obsesión femenina por ser la muñeca de medidas perfectas forma parte de los estereotipos cruceños; la mujer que posee tales formas es admirada de sobremanera y forma parte del objeto de deseo tanto masculino como femenino.

(5) La compañía femenina como sinónimo de soledad es una figura que representa de sobremanera la concepción femenina y masculina dentro del piropo. La visión del hombre como protector y cuidador de la mujer forma parte del ser masculino, debido a que tal protección se relaciona a la posesión; es decir, el hombre cuida lo que le pertenece. En tal sentido, la compañía femenina no es concebida como sinónimo de respeto en espacios públicos, pues se evoca a que la mujer debe estar acompañada por un par masculino, caso contrario está en calidad de disponible o desprotegida. La cantidad y edad de las mujeres es indiferente respecto a la soledad, pudiendo ser una sola o un grupo de tres o cuatro mujeres.

Dentro de los piropos también se denotan figuras masculinas desde la palabra, en tanto se posicionan como agentes activos, (1) El hombre como hacedor, referido al accionar masculino que se manifiesta desde deseos que anhelan convertirse en realidad, o que ya han sido realizados en el pensamiento, antes de ejecutar el acto de habla. Se expresa entonces la voluntad masculina a través del mensaje, pues lo masculino en el piropo se erige desde lo que se considera de fácil acceso, lo que puede ser potencialmente suyo. La visión del hombre como el ser que satisface sus pulsiones y, más que ello, su volición invasiva a través de la palabra es la que trasluce el poder masculino en el lenguaje, las hazañas explicitadas en el piropo no requieren del sentir femenino.

(2) La compañía masculina: cuñado o socio, ambas relacionadas a una complicidad y solidaridad entre el emisor del mensaje y el acompañante. Esta figura representa la ausencia de cualidades masculinas para quien piropea, por lo cual no es considerado rival. Dentro de las interacciones masculinas de la vida cotidiana, se teme y/o respeta a quien tiene mayores semejanzas al prototipo de hombre varonil, en este sentido, ambos calificativos desconocen tales atributos, por lo cual el piropo es fácilmente expresado. En la figura del socio, se relaciona a la mujer como un objeto de fácil acceso y préstamo, pues el sujeto de la oración viene a ser el acompañante. La mujer se comparte en el pensamiento y éste se materializa en el piropo

(3) Uso de determinantes posesivos para expresar el acto de habla. Como se habría expresado en líneas anteriores, la utilización de ciertas palabras no es cuestión accidental, sino que refleja modos de ser encriptados en esquemas de pensamiento. Los determinantes reflejan el deseo de dominio a través de la palabra, desde lo que se considera propio o suyo. “Mi” como determinante, por ejemplo, en un piropo denota cercanía y posesión, relacionamiento mutuo, cosa totalmente contraria entre dos personas que no se conocen. En el habla castellana la utilización de determinantes es de uso generalizado, por lo cual hombres y mujeres utilizamos determinantes para comunicarnos e interactuar. Los determinantes posesivos denotan la pertenencia de la cosa o persona por parte de quien habla. En el sentido de los piropos, existen muchas formas de expresar interés, pudiendo utilizar el lenguaje desde una forma menos posesiva, pero en el pensar masculino se puede llegar a admirar un cuerpo femenino como también a desearlo y poseerlo.

Como se puede evidenciar, tales denominaciones o sustantivos son figuras que reflejan más de lo que cree decirse, pues denotan estructuras de pensamiento (Lacan, 2004) de quienes ejercen el control tanto de la situación como de los cuerpos objetivados a través de la palabra, en contextos públicos como la calle. La doble o múltiple significación se vislumbra en las expresiones analizadas desde sus connotaciones, para poder así comprender a este acto de habla tan normalizado, denominado como encantador. Efectivamente, los sustantivos utilizados en tales actos de habla sumados a los determinantes, son manifestaciones de la concepción que se tiene hacia ambos géneros. Estas acciones de dominio masculino suelen pasar desapercibidas en nuestro andar cotidiano, empero, forman parte activa de la realidad cruceña en espacios de amplio tránsito como la calle.

B. Experiencia: análisis de las significaciones de hombres y mujeres hacia el piropo.

La vida cotidiana está fuertemente imbuida por significaciones y re-significaciones desde quienes conforman e interactúan en lo que llamamos sociedad, otorgando los respectivos matices y entretejiendo la realidad con la valoración conferida desde la experiencia vital de los individuos. El análisis de las vivencias permite comprender cómo se asimila este hecho en ambos géneros, además de su repercusión en las interacciones diarias, masculinas y femeninas, y el trascender del mismo a lo largo del tiempo.

a. Visión genérica y generacional del piropo en espacios públicos.

Gracias al análisis de las experiencias de hombres y mujeres por medio de la narrativa es que se logra comprender que el piropo callejero posee una serie de factores a considerar que varían de acuerdo a las experiencias y al contexto. En el piropo existen dos percepciones, (1) la concepción del piropo en espacios públicos visto como un halago y (2) como un insulto u ofensa. La visión positiva del acto de habla proviene de generaciones más adultas, tanto masculinas como femeninas, catalogándolo como lisonja en tanto se utilicen palabras denominadas galantes:

N1: “Si el piropo no es ofensivo para mí es un halago… Si es bueno levanta mi autoestima me hace sentir que estoy bonita que estoy bien, que soy atractiva”. Selenia, 45 años (25/09/2014).

N2: “El piropo no es más que una muestra de admiración, de amor, de inquietud o de atracción física hacia una mujer”. Jorge, 53 años (25/09/2014).

Mujeres adultas y hombres de similar rango de edad reconocen dos tipos de piropos, los denominados halagos y los ofensivos. La diferencia de apreciación entre mujeres jóvenes y maduras tiene un matiz distinto, las mujeres maduras le atribuyen un carácter polisémico debido a experiencias anteriores y actuales en espacios públicos. Los piropos galantes están atribuidos a las cualidades positivas de la cortesía masculina, vista y experimentada en años de juventud, y posee tal significación, debido a las vivencias de la juventud, habiendo recibido piropos halagadores y en la adultez piropos ofensivos.

La visión de las mujeres jóvenes está fuertemente influida por la negatividad hacia el acto de piropear, las significaciones al piropo son negativas por las experiencias vividas y narradas sobre la interacción en la calle. En la actualidad tanto mujeres jóvenes como adultas reciben piropos considerados desagradables por parte de desconocidos, pero la temporalidad y la vivencia de mujeres adultas les da el espacio para generar comparaciones entre los piropos de su juventud y los actuales. Las mujeres jóvenes se desenvuelven en un contexto público en donde proliferan comentarios de todo tipo sobre la corporalidad femenina.


Tabla Nº1: Significaciones del piropo.

Fuente: Elaboración propia a base de percepciones del universo de entrevistados

b. Significación del cuerpo femenino.

Desde la externalidad, el piropo como acto de habla, insinúa ser deseo sexual o atracción física materializada a través de la palabra, sin embargo, más allá de lo evidente, este acto es invasivo y expresa el campo de dominio del hombre sobre la mujer, la apropiación del espacio y el juego del poder. El esquema de pensamiento de trasfondo del piropo es la concepción del cuerpo femenino como espacio disponible a invasión a través de la palabra y los gestos. La figura femenina en espacios públicos no se presenta como una amenaza, es más, la construcción socio – cultural cruceña referida a la mujer la sitúa como un ser vulnerable y de cuidados a diferencia del género masculino, por lo cual, es de esperarse que su corporalidad sea tomada como un territorio de libre acceso. El lugar de disponibilidad llamado mujer es utilizado para el goce masculino, sea por la motivación que fuere. Es el piropo la expresión de tal valoración femenina, pues, finalmente el hombre que quiere cometer tal acto de habla lo hará sin importar el sentir de la aludida, naturalizando la hostilidad en espacios públicos, y más que ello, los modos de ser inter- genéricos cargados de violencia.

N3: “Te están definiendo como algo que sós una cosa que tiene tetas que tiene no sé, que te estás manejando por la calle es para exhibirte y si a ellos les gustás entonces ellos tiene derecho de decirte que les gustaste…que algo les gusta de vos”. Cecilia, 25 años (25/09/2014).

c. Frecuencia del piropo en espacios públicos.

El piropo es un hecho que repercute de manera continua en la cotidianeidad de hombres y mujeres, de distintas formas, (1) siendo el emisor o quien inicia el acto de habla, (2) siendo la persona receptora de tal invasión a través de la palabra y (3) de espectador. Forma parte, además, del tránsito diario en espacios públicos como la calle y lugares de circulación temporal de personas como son las ferias, plazas y parques; sin embargo, cabe recalcar que el hecho social del piropo ha variado significativamente gracias a la modernidad y aparición de nuevos espacios de interacción. En la sociedad cruceña de antaño la manera de interactuar entre hombres y mujeres se realizaba de forma más directa y en espacios como la calle, en tiempos modernos, por el contrario, los espacios para interacción son diversos, además de la aparición del internet, redes sociales y aplicaciones para interacción constante, siendo la calle el último lugar pensado para congeniar.


Tabla Nº2: Frecuencia del piropo en espacios públicos.

Fuente: Elaboración propia a base de percepciones del universo de entrevistados

La frecuencia denota la continuidad de esta práctica hasta el presente, pues tanto hombres como mujeres han podido o bien ser sujetos aludidos del acto de habla, ser actores o presenciar el hecho en el cotidiano vivir. La continuidad del piropo en espacios públicos refleja también la permisividad de la cultura cruceña hacia el hecho, con toda la carga positiva de halago que se le atañe, pues el piropo es considerado como un rasgo característico del hombre conquistador en la idiosincrasia cruceña.

N4: “Varias veces…montones y así de diferentes palabras…muchas veces”. Jacquelin, 46 años (16/10/2014).

d. La calle como sinónimo de inseguridad y los nuevos espacios de interacción.

La calle es un espacio de amplio tránsito que ha adquirido nuevas significaciones en relación al crecimiento poblacional y las coyunturas ligadas a la seguridad de transeúntes, generalmente está vinculada con la sensación de inseguridad, debido a la tasa de criminalidad y la percepción de desconfianza generada hacia el extraño. Es imprescindible tener presente que la sociedad cruceña desconfía del desconocido , sentimiento humano, parte de la cotidianeidad, y en lugares de amplio tránsito, los niveles de temor y amenaza sentidos frente a un extraño son enormes; mucho más si este desconocido se acerca y transmite mensajes sobre los cuerpos observados al transitar.

N5: “No ya no se puede, veo un peligro muy constante para la mujer ya no hay confianza ni en personas mayores, ya no hay”. Faustino, 60 años (15/10/2014).

Si el espacio que es de uso masivo e indiscriminado conocido como calle, genera desconfianza y temor tanto en hombres como mujeres, es de esperarse que las conductas de ambas partes estén relacionadas con la precaución y la susceptibilidad constante ante cualquier acontecimiento acaecido en la vía pública. La población, en especial la femenina, la significa como un espacio generador de temor y peligro, en tal caso las palabras proferidas por el extraño no serán bien recibidas. La calle como lugar de interacción ha cambiado de forma radical, actualmente se la toma como un lugar de tránsito y no de conversación, la figura del piropo en este espacio público puede generar temor debido a la percepción negativa del otro; pues genera susceptibilidades relacionadas a tal sentimiento de inseguridad.

La relación de la calle con la interacción entre géneros o seducción ha sufrido una modificación bastante interesante debido al crecimiento de la ciudad y la amalgama de lugares de esparcimiento. La ciudad cruceña posee hoy diferentes espacios a elección en donde existe la posibilidad de disfrutar un momento e iniciar con la supuesta conquista tanto femenina como masculina. Por una parte, las redes sociales y por otra, lugares públicos como boliches, cafés y demás tienen esta cualidad abierta a la interacción entre personas.

N6: “En teoría hasta un hombre siente de que no está haciendo nada malo porque…es verdad uno va a divertirse a los boliches pero el segundo efecto es que uno va a un boliche a conquistar”. Antonio, 24 años (16/10/2014).

N7: “Yo quiero conocer a alguien y me voy a un bar porque es un lugar para conocer amigos, para instalar charla o por último le dice: mire yo quiero ser un amigo más. Pero con un piropo….a no ser que después que le piropeen le comience a hablar caminando, eso es peligroso porque no sabe qué reacción va a tener si es en la calle”. Jacquelin, 46 años (16/10/2014).

Como parte de las nuevas formas de interacción, los avances tecnológicos relacionados con la comunicación han traído consigo formas de relacionamiento distintas, en donde no se necesita más que pulsar el teclado o visualizar a la persona requerida a través de un botón, link o vínculo. En estas nuevas formas de relacionamiento vía mensajes y comentarios en redes sociales el piropo tiene cabida de manera indirecta, pudiendo comentar a través de un denominado perfil. En las redes sociales y las páginas web existe multiplicidad de pensamientos plasmados en fotos y mensajes en lugares diseñados para tales sucesos. Estos espacios virtuales dan pie a la expresión escrita de piropos debido a las zonas de opinión en pies de fotos y estados, el fenómeno de los likes y el área de comentarios están destinados para brindar la percepción que se tiene sobre la persona mostrada. La diferencia de interacción en redes y páginas sobre la directa y cara a cara es la posibilidad de eliminar comentarios indeseados, en la calle no se puede eliminar a quien comenta sobre el cuerpo, a lo sumo se trata de ignorar o no responder a la frase, lo cual no asegura un no re encuentro en el mismo sitio a futuro.

e. Diferenciación temporal: piropo de antaño y piropo actual.

La percepción del piropo a través del tiempo es un componente muy dialogado entre personas de edad adulta y adulta mayor. Las significaciones de hombres y mujeres en edad adulta se relacionan con experiencias vividas en la juventud, en donde las prácticas relacionadas con el piropo son explicadas de manera positiva en desmedro de las actuales. Desde el discurso social las épocas pasadas tienen mejor cabida por los niveles axiológicos relacionados con las tradiciones, la denotación del respeto y el cuidado de relacionamiento entre géneros forman parte de la narrativa de antaño.

El piropo de antaño pasa por la concepción del respeto de aquel entonces. En la Santa Cruz campanario, la sociedad entera se conocía y no podían existir desfases en el trato entre géneros, pues existían mecanismos de coerción y control. Quien tenía algún interés en interactuar con el género opuesto debía de cuidar las formas del lenguaje, pues aquella era una sociedad represiva y conservadora, en donde el ser y honra femenina eran sobrevaloradas. La ciudad campanario tenía mecanismos de represión hacia lo considerado malcriado u ordinario pues personas ajenas podían regañar a quien se consideraba agresor o agresora de las buenas costumbres. La visión del hombre respetuoso y la mujer de cuidadoso trato y vestimenta responden a los mecanismos de represión de comportamientos en lugares públicos como la calle, en tal escenario y bajo esas condiciones, ésta podía fungir como un espacio de relacionamiento vigilado por personas mayores con potestad de amonestación.

N7: “Eran más respetuosos, no se extralimitaba la gente porque inclusive si vos eras corteja besarse en la calle era pecado capital, venía un viejo y te trataba y vos te sentías sucia. Esas cosas no se podían”. Adela, 53 años (12/08/2014).

N8: “Hasta la década del 70 era muy lindo, las chicas se veían que salían con trajes de…porque antes nosotros teníamos esa costumbre de molestar: está saliendo con su traje dominguero…porque antes los domingos se vestían bonitas y eso les causaba chiste y nosotros también inventábamos muchas cosas para hablar, pero nunca había un sobrepase de palabras, si a ellas no les gustaba algo…preferible era retirarse, por qué le digo eso porque Santa Cruz era chico antes a veces en algún lugar nos volvíamos a encontrar …”. Faustino, 60 años (15/10/2014).

C. Modo de ser cruceño.

Gracias a las experiencias brindadas por hombres y mujeres en lo concerniente a significaciones del acto de habla como a piropos per sé, se ha podido descifrar, más allá del pensamiento expresado a través de la palabra, el modo de ser de la sociedad cruceña, detallados a continuación:

a) El ejercicio de poder a través del modo de ser masculino como sinónimo de pulsiones y animalidad.

Dentro de la narrativa femenina se relaciona al piropo con la necesidad de descarga sexual masculina, tal aseveración es una evidencia o prenoción que se maneja en la vida cotidiana con total naturalidad:

N9: “Los hombres para mí son seres sexuales y la mayoría del tiempo paran pensando en eso, se imaginan eso…”. Daniela, 22 años (10/10/2014).

La relación entre la naturalidad masculina ligada al desahogo del deseo revela un modo de ser socio – culturalmente aceptado, que es el del ser macho y realizar actos invasivos. Cuando se considera al ser masculino como pulsión pura se acepta que tal condición es natural, por lo tanto nada puede hacerse para redimir o frenar tal comportamiento, siguiendo con el ciclo de legitimación de tal modo de ser. El piropo es un medio denotado por las entrevistadas para sacar a relucir tal instinto sexual, sin embargo, más allá de tal significación, está íntimamente configurado con la capacidad del ser masculino de poder expresar sus pensamientos reprimidos dentro de un espacio permisivo.

En la sociedad patriarcal cruceña, el hombre caracterizado como viril o macho es quien tiene el aval social para poder expresar deseos en los espacios que se le plazca dominar; tal ejercicio de poder se refleja en la construcción del ser masculino en función a una sexualidad activa y despótica. Es macho quien conquista y dice lo que quiere sin miramientos hacia la otredad femenina, es macho el sojuzgador y hacedor de voluntades, quien considera sus necesidades y elucubraciones como las únicas valederas.

La manifestación masculina de deseos con total libertad en la calle es el síntoma de los comportamientos arbitrarios aceptados socialmente a favor de quien posee los rasgos del opresor. El ejercicio de poder reflejado en el piropo es el mismo acaecida en las esferas públicas y privadas, en donde existe una relación desigual y tortuosa entre quien se considera superior –quien maneja instituciones públicas, quien ejerce cargos públicos, quien cree poseer mayor capital económico, etc.- en desmedro del considerado inferior o inexistente. Lo importante aquí es asumir las características del opresor y naturalizarlas para el logro de sus fines, pudiendo este comportamiento venir de ambos géneros; es decir, tanto hombres como mujeres se habitúan a este modo de ser, desplegando así lo que Bourdieu llama “hábitus” (Bourdieu, 1995), en base al fundamento cultural cruceño imperante. Si bien este modo de ser se atañe a la otredad masculina en tanto se lo relaciona con la invasión cometida a través del piropo – el piropo es un acto de habla generalmente masculino – ello no significa que las mujeres no avalen y reproduzcan tal modo de ser opresor no sólo contra hombres sino contra sí mismas.

b) La condescendencia femenina frente a un acto de habla invasivo.

Cuando se asume a un modo de ser como naturalizado por parte de la sociedad cruceña, se debe tener en mente que tal constatación es construida por hombres y mujeres, a través los distintos procesos –primarios y secundarios- de socialización. La condescendencia femenina hacia este tipo de ser se materializa en la aceptación del piropo como sinónimo de halago, en donde la figura dominante del hombre es aceptada y axiológicamente valorada como correcta. Desde la estructura del ser femenino se juega mucho con el beneplácito hacia el hombre que cumple con los estándares del ser viril o macho, aceptando comportamientos masculinos agresivos en contra de la mujer y culpabilizando –culpabilizándose- por tales actos.

El encubrimiento femenino hacia este modo de ser es el reflejo de la internalización de lo construido socialmente en la cultura cruceña, tanto en la praxis como el discurso entre pares de manera constante. Por tal normalización es que no es extraño escuchar a mujeres culpabilizar a quienes han sido objeto de tocamientos en lugares públicos por parte de hombres, violaciones o feminicidios aludiendo a la víctima como parte del problema a través de diferentes excusas. Es frecuente también reforzar este modo de ser dentro del seno familiar a través de la negación de la expresión de afectividad hacia el niño y la sobrecarga de labores en el plano doméstico y privado hacia la niña. En espacios televisivos se observa el refuerzo hacia actitudes consideradas masculinas por medio de la posesión o acercamiento de mujeres, quien demuestra tales comportamientos es vitoreado y rodeado por las mismas.

La sociedad en sí tiene distintos mecanismos de reproducción de nociones culturales, desde las esferas privadas en donde se enseñan los patrones socioculturales y axiológicos como lo es la familia, hasta espacios masivos de comunicación e interrelación humana. Las mujeres también forman parte del circuito social de reproducción del modo de ser imperante, es por tal motivo que aún existe aprobación femenina hacia el piropo acaecido en la calle. Si bien dentro de las entrevistas realizadas la tendencia encontrada es hacia la desaprobación del piropo y su relacionamiento con la invasión, no podemos ignorar la existencia de mujeres que aprueban tales comportamientos, pudiendo existir también quienes les gustan ser un objeto masculino de placer. Respuestas como: sentirse linda, deseada o atractiva forman parte del consentimiento hacia un modo de ser invasor del cuerpo femenino, y más que ello, al ser en sí mismo.

c) El piropo: reflejo subjetivo de hechos objetivos violentos.

Cuando el ejercicio de poder es avalado a través de actos invasivos como el piropo, la sociedad construida en base al dominio del más fuerte deja libre espacios de opresión mucho más directos en desventaja de quien se considera más vulnerable o frágil. Si la sociedad cruceña considera al piropo como parte de la idiosincrasia -siendo éste un hecho flagelante para mujeres expuestas diariamente a este tipo de invasiones-, no es de esperar la inoperancia y miopía social ante hechos objetivos como son los tocamientos en lugares públicos hacia desconocidas, además de violaciones y feminicidios.

La permisividad social hacia la expresión del piropo refleja la naturalización de la opresión femenina –se condena todo comportamiento no viril, pudiendo tal condena venir de ambos géneros - en pos de una supremacía que sojuzga y prepondera el modo “macho” de ser tan difundido. En tal sentido existe una estrecha relación entre el piropo como expresión subjetiva de invasión y los hechos objetivos mencionados, en donde se refleja la concepción femenina como un espacio a ser usurpado, tocado y violentado en espacios públicos.

En la sociedad cruceña existen problemas serios relacionados con la violencia hacia las mujeres, no resueltos gracias a la misma concepción social del hecho como una cuestión aislada y carente de análisis. Si se prepondera un modo de ser dominante e invasor, no es de extrañarse la aparición diaria de hechos misóginos en espacios públicos y privados retratados por medios de comunicación de forma grotesca, que poseen un trasfondo cultural.

Los esquemas de pensamiento, construidos gracias a este modo de ser, se reflejan en la sociedad cruceña y boliviana desde distintos ámbitos, más allá de la sola concepción genérica. El ejercicio de poder en el contexto local no contempla niveles de diálogo ni minorías – el revuelo social causado por la aprobación de la ley de identidad de género en junio del presente año es fiel ejemplo de tal aseveración -, no es racional sino primitivo, unilateral, totalitario, subyugante y principalmente masculino (Simmel, 1930: 13). En tal sentido, si la praxis política está orientada por el modo de ser imperante, la sociedad deja pasar comportamientos agresivos desde las mismas autoridades. Un presidente puede agredir y mofarse de mujeres con o sin cargos públicos, un alcalde puede tocar cuerpos ajenos sin ninguna reprobación, personas con cargos públicos cometen vejaciones o emiten comentarios sobre cuerpos femeninos con total naturalidad, emiten juicios sobre cómo deben manejarse las mujeres en términos de su moral y fertilidad. El cuerpo femenino parece ser un bien público mancillado por acciones violentas y subyugantes desde las mismas autoridades que deberían garantizar una vida libre y segura para la población en general, sin restricción alguna. Desde el Estado y desde la sociedad se naturaliza la violencia sobre el otro, especialmente hacia las mujeres, eso crea y expresa modos de pensamiento y de ser fundados en una sociedad hecha desde y para la violencia, en donde no se concibe el bienestar colectivo ni la noción de respeto hacia quien se considera distinto.

4. Conclusión.

Con el presente estudio, se puede constatar que el piropo es un artefacto cultural de amplio análisis desde la sociología y el estudio del lenguaje y es, principalmente, un medio de comprensión de lo que la sociedad cruceña ha construido en el paso del tiempo. La categoría fenomenológica de modos de ser, da cuenta de la construcción axiológica que la sociedad cruceña ha internalizado respecto al actuar masculino y femenino y, más que ello, refleja una dinámica social y genérica ligada a la violencia e invasión hacia quien se considera débil o en desventaja. Los espacios públicos son escenarios en donde se ejerce dominio producto de tal modo de ser, reflejado a través de la narrativa de hombres y mujeres. El piropo es, finalmente, un hecho de la vida cotidiana aparentemente subjetivo que en realidad materializa tal modo de ser, es decir denota el aval socio – cultural hacia el ejercicio de poder.

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