Aproximación metodológica a la temporalidad de la acción social: inmigrantes andinos en Madrid

METHODOLOGICAL APPROACH TO THE TEMPORALITY OF SOCIAL ACTION: ANDEAN IMMIGRANTS IN MADRID

Juan José Ruiz Blázquez Breve currículo:
Universidad Complutense, España

Aproximación metodológica a la temporalidad de la acción social: inmigrantes andinos en Madrid

BARATARIA. Revista Castellano-Manchega de Ciencias Sociales, núm. 26, pp. 169-189, 2019

Asociación Castellano Manchega de Sociología

Recepción: 25 Julio 2019

Corregido: 30 Julio 2019

Aprobación: 04 Octubre 2019

Resumen: Las categorías de espacio y tiempo, que Kant define como las categorías a priori de la sensibilidad, son en realidad categorías sociales, tal como señalara Durkheim. En este artículo se ha definido al tiempo como aquellos acontecimientos que irrumpen en la narración de las trayectorias como consecuencia de un ejercicio de reflexión, cuya condición de posibilidad radica en la actualización de los sentidos asociados a las experiencias biográficas de los/as inmigrantes de la ciudad de Madrid. Se hacen necesarias, por tanto, nuevas formas de conceptualizar el tiempo para poder narrar y expresar tales acontecimientos de otra manera, y por tanto explicarlos. Este artículo propone una metodología para captar la acción social en su dimensión temporal, y transcender de esta manera la temporalidad que anida en el hecho migratorio a través de lo que hemos denominado nodos del discurso, como aquellos momentos reflexivos que reconfiguran las coordenadas y los planos temporales de la propia narración para dotar de sentido e inteligibilidad a la acción social, en este caso las trayectorias migratorias propuestas en este texto.

Palabras clave: Espacio, tiempo, acontecimiento, acción social, narración, nodos del discurso.

Abstract: The categories of space and time, which Kant defines as the a priori categories of sensitivity, are really social categories, as Durkheim pointed out. In this article, time has been defined as those events that break into the narrative of the trajectories as a consequence of a reflection exercise, whose condition of possibility lies in the updating of the senses associated with the biographical experiences of the immigrants of the city of Madrid. Therefore, new ways of conceptualizing time are necessary to be able to narrate and express such events in another way, and therefore explain them. This article proposes a methodology to capture social action in its temporal dimension, and transcend in this way the temporality that nests in the migratory fact through what we have called nodes of discourse, such as those reflective moments that reconfigure the coordinates and planes temporal of the narration itself to give meaning and intelligibility to social action, in this case the migratory trajectories proposed in this text.

Space; Time; Event; Social Action; Storytelling; Speech Nodes.

Keywords: Space, Time, Event, Social Action, Storytelling, Speech Nodes.

1. INTRODUCCIÓN

Este artículo profundiza la lógica temporal de las narraciones de vida que forman parte del material empírico de mi tesis doctoral acerca de los tiempos sociales de los inmigrantes andinos, especialmente ecuatorianos, en la ciudad de Madrid, así como el subsiguiente trabajo de reflexión teórica acerca de estos materiales y que he plasmado en diversas ponencias científicas. La redefinición constante de los proyectos migratorios, aún con más intensidad en momentos de aguda crisis económica y social, nos puede permitir acercarnos como científicos sociales a la recuperación, a la actualización y a la reconsideración de tales proyectos, retribuyendo prácticas y sentidos que se creían agotados, una forma de transcender y volver a dotar de humanidad a la actividad y al extrañamiento en que ha devenido el hecho migratorio para sus protagonistas, y que no es otra cosa, a mi entender, que la temporalidad de la inmigración y sus estilos de vida asociados, “(…) una experiencia de la temporalidad que da forma a una relación particular con el futuro” (Sayad, 2010: 243). Un apéndice de la temporalidad capitalista que impide que tengan un tiempo propio para pensarse e instituirse como sujetos, cuya consecuencia es la dificultad de construir una narrativa propia, y que en este artículo trato de profundizar y problematizar.

El tiempo es un dato fundamental para comprender y explicar las migraciones tanto en su vertiente más macro como en su nivel más micro. Los estilos de vida de hombres y mujeres están arraigados en el tiempo, por lo que la dimensión social del tiempo es una parte constitutiva de la configuración de la existencia humana. La organización de los tiempos sociales en un momento histórico determinado es capaz de dar forma a diversos tipos de sociedad. El tiempo es un recurso de la acción y un revelador de las determinaciones más hondas de los fenómenos sociales (Ramos, 1992), tanto de los sujetos que lo protagonizan o sufren, como de las actividades que se realizan. ¿Cómo no prestar entonces atención a esta dimensión tan humana y darla por presupuesta sin más? ¿Cómo no dirigir nuestra mirada a las distintas formas de vivir y relacionarse con el tiempo para explicar las situaciones de vulnerabilidad de los individuos? Lejos de ser trivial o puro parámetro que mide o sitúa a las cosas sin incorporarse a ellas, el tiempo es central. Desde la imaginación sociológica podemos contribuir a proporcionar luz a este debate. Y es que, en efecto, el concepto de tiempo, tan abstracto e inmaterial, tan correoso y difícil de definir, se puede comprender mejor y explicar de una manera más diáfana cuando se liman las aristas metafísicas innecesarias que recubren el concepto de tiempo. Estos encubrimientos, más que aportarnos luz, nos introducen en un laberinto de sombras cada vez más oscuras y del que sólo podremos salir examinando las formas que adopta una sociedad, es decir dar cuenta de sus configuraciones sociales, a la luz de la historia, por lo que es preciso considerar el tiempo como una categoría social, con toda su materialidad y toda su dinamicidad, como una cosa social producto del pensamiento colectivo que nos ayudará a comprender los aspectos temporales de los cambios y los procesos sociales.

Como a los parados de Marienthal que estudió Lazarsfeld (1996), a los/as inmigrantes de este texto les sucede algo parecido: la nueva situación ya no se integra en el esquema temporal preexistente. El esquema temporal al que adhieren su posibilidad de comprensión de su nueva situación no coincide con la temporalidad de la sociedad capitalista madrileña. Eduardo Kingman (2005) señala que incluso muchas de las megaciudades de América Latina se encuentran débilmente incorporadas al sistema mundo, y que en grandes urbes como Lima o Bogotá la modernidad capitalista se combina con ritmos y formas de vida que no caben en el esquema preestablecido de lo moderno. El paso de sociedades americanas con una fuerte impronta colonial, que se mueven oscilantes entre lo moderno y lo premoderno, entre lo urbano y lo rural, a otro tipo de sociedades plenamente modernas, europeas, plantea el problema del desclasamiento y el reclasamiento que impone la sociedad de acogida. Como manifiesta una de las entrevistadas en la ciudad de Quito, parece que el desencantamiento del mundo operado en las sociedades capitalistas del que hablaba Max Weber no se hubiera producido en estas latitudes del orbe.

Melisa. Si tú no tienes, por ejemplo, un trabajo, existe la educación fiscal, tú lo metes a tu hijo en un colegio fiscal. No tienes plata para ir al médico te madrugas, te vas, haces fila en un hospital para que te den un turno y te atienda el médico, o sea, todo eso sí hay, obviamente, y no creo, es imposible que te quedes absolutamente sin trabajo en nuestro país. Si pintas una piedra la vendes, o sea, no te puedes quedar absolutamente pobre. Aquí hay un programa de televisión que se llama “El Rincón de los Milagros” que hay gente muy humilde, muy pobre, desde que ha sido niñito y todas sus generaciones han sido gente pobre, pobre, que viven en chozas en la costa... de pronto tienen sus hijos enfermedades, o sea, malas, incluso que ni siquiera se pueden tratar en nuestro país, pero vas a ese programa de televisión la gente te ayuda. Entonces, o sea, yo pienso que aquí todo se puede superar o aquí o en cualquier parte.

Las categorías de espacio y tiempo, que Kant define como las categorías a priori de la sensibilidad, son en realidad categorías sociales, y en nuestro caso fundamentales para comprender el proceso de readaptación en la sociedad de destino. Existen diferentes referencias temporales para oriundos e inmigrantes, por lo que la medida del tiempo es diferente en ambos grupos. Como señalara de nuevo Lazarsfeld (1996), refiriéndonos ahora a la población inmigrante, ésta ha perdido el sentido de los puntos de referencia temporales que sirven para regular el tiempo, perdiendo el tiempo el papel de estructurador de las actividades cotidianas. No sólo han perdido el ritmo, entendido como la serie de espacios de tiempo transcurridos, sino su encadenamiento en el tiempo, es decir, lo que dota de sentido y de inteligibilidad al transcurrir, el ritmo como algo que forma parte de las vivencias, y que en sus nuevos destinos desaparece o sufre una reconfiguración sustancial. La dimensión temporal de las mujeres y de los hombres nos interesa fundamentalmente porque nos hablan de cómo incorporan el mundo social y cómo se incorporan a ese mundo.

Ana. La gente en mi barrio está siempre estaba dispuesta a hablar cuando lo necesitabas. Puedes contar con esa persona para todo, como si es para acompañarte a comprar. La gente se ayuda más. Aquí no, aquí vives deprisa y corriendo. Nada más que vives para trabajar. Allá trabajas para vivir, bueno, para sobrevivir. Allí te da tiempo para todo. Aquí estás con el estrés de que llego tarde, de que me voy a trabajar, de los cambios de turno; que si llevo a los niños al colegio…Allá no, allá te da tiempo para todo, las horas son las mismas, veinte y cuatro horas al día, no hay más, pero allá te da tiempo para todo, aunque trabajes las mismas horas. Aquí estás deprisa y corriendo para todos los sitios. Si no puedes llevar al niño al colegio siempre hay alguien que te lo puede llevar. Si no te ha dado tiempo a guisar te vas a la casa de la amiga a comer e incluso te quedas a dormir. Tú aquí llevas a tu casa a dormir a alguien y al día siguiente te está poniendo verde. Allí puedes tener la casa desordenada y no pasa nada. Allí cómo vive la gente no les importa.

Una determinada concepción del tiempo, además de generar un tipo de subjetividad, configura un entramado espacio-temporal para que sea posible la interacción social, adoptando dicha interacción variadas estructuras formales que guían y orientan la acción social hacia unos fines determinados, posibilitando de esta manera el hecho comunicativo, o lo que es lo mismo, la posibilidad del cuerpo de ser y hacer tiempo, como tendremos ocasión de señalar más adelante, en la línea propuesta por el filósofo francés Maurice Merleau-Ponty de abordar el cuerpo. Cada una de las sociedades, además de vivir el tiempo que le es propia, tiene también una manera de hacer el tiempo, un modo de temporalidad histórica, temporalidad efectiva que conlleva un modo de hacer que se impone a todos los individuos, y que es a su vez una manera de ser (Castoriadis, 1989).

En lo que hemos denominado nodos del discurso es donde capturamos el acontecimiento, el tiempo, en esos momentos narrativos en los que la acción se nos representa como totalidad, es decir, en su posibilidad de ser o no ser, en una forma de doble movimiento constitutivo del mismo momento de la acción: el movimiento de la acción y la acción en movimiento, como esos dos pliegues constitutivos de la acción propiamente dicha, en el doble sentido de tal proposición: como realidad material constitutiva de la acción y como realidad en tanto es dicha. Las reflexiones en torno al retorno de los/as inmigrantes entrevistados/as son momentos desde los que se ejemplifica de manera diáfana la propuesta metodológica y epistemológica que guía este artículo, es decir, el intento de innovar categorialmente el concepto de tiempo y su vinculación con el acontecimiento, con la experiencia biográfica y la estructura temporal que la acción necesita para narrarse, entendiendo que el concepto de sentido, como finalidad e inteligibilidad de la acción social, no está disociado de su proyección espacio-temporal hacia el futuro, tanto en términos materiales como simbólicos y éticos.

Se hace necesario por tanto elaborar y producir otras informaciones, otros conocimientos de referencia que hagan posible dar forma a una nueva representación de la alteridad. El conocimiento, y el reconocimiento del otro, en definitiva, el hecho comunicativo, es consecuencia de la puesta en práctica de categorías de pensamiento, especialmente las de espacio y tiempo. Las categorías forman parte de un fondo social de conocimiento que no son ajenas a determinadas formas de organización social y a determinadas relaciones que se establecen entre el poder y el saber. Es necesario objetivar la lógica temporal que anida en las trayectorias de los/as inmigrantes, conocer qué tipo de racionalidad discursiva se encuentra detrás de una determinada concepción del tiempo y del espacio, así como su relación con los procesos de vulnerabilidad, entendiendo este concepto como la fragilización de los soportes relacionales (Castel 2010a) que se derivan de la incapacidad del tiempo para cohesionar a individuos y a grupos (Castel 2010b), es decir, de su capacidad de ser conjunto. Las intenciones y los actos de los individuos, para que tengan sentido, no sólo exigen ser narrados, sino que deben dejarse narrar. Para ello tienen que poder metamorfosearse en tiempo, lo que sólo es posible si el espacio social es habitable, es decir si el tiempo puede morar en él, o lo que es lo mismo, si el tiempo puede tener dirección y sentido. Las experiencias, tanto pasadas como presentes, y su proyección al futuro, son la garantía de que el tiempo se deje decir. Para que la narración sea posible, la acción social tiene que ser una posibilidad, siempre modificable a cada instante del proceso de la acción, tanto de lo que fue como de lo que puede llegar a ser en el futuro. Citando a Ibáñez (1994), en su propuesta de investigación de segundo orden, autorreferente y reflexiva, refiriéndose a Feynman, señala que la historia real es el resultado de la suma de todas las historias virtuales. El mundo no es sólo lo actual y positivo sino lo virtual y lo posible, y aunque las dos operaciones fundamentales en lo real sean irreversibles, la producción y la reproducción de sí, podemos reciclar en lo real lo imaginario y lo simbólico.

2. MARCO TEÓRICO

El sociólogo argelino Abdelmalek Sayad señala que “inmigrar es inmigrar con su historia, con sus tradiciones, sus maneras de vivir, de sentir, de actuar y de pensar, así como todas las demás estructuras sociales, políticas y mentales de su sociedad” (Sayad, 2010: 22). Abordar el concepto de tiempo como una categoría social es interrogarnos acerca de la dimensión vivida del mundo social, ir más allá de la sucesión del tiempo cronológico para centrarnos en el aspecto vivencial del tiempo, buscando entender cómo una determinada concepción del tiempo originada en las sociedades de origen y reconfigurada en las sociedades de destino genera un tipo de subjetividad que configura y guía la orientación de la acción, pues los estilos de vida, asociados a una determinada experiencia de lo temporal, corresponden a una jerarquía interna de prioridades que arrastra inevitablemente el problema del tiempo y su asignación. Elías señala que “la experiencia del tiempo es un caso entre muchos de actitudes sociales o estructuras sociales de la personalidad de los individuos” (Elías, 1989: 158), idea no muy alejada del concepto de habitus de Bourdieu (1991), el cual contribuye a una forma de ser y de hacer y también de anticipar el porvenir.

Paul. Allá es normal que te cases a los veinte años, es normal. La última vez que fui ya te dicen: “¿Y qué fue, cuando te casas?” Que ya gente de mi edad pues ya está casada, y ya no por el primero sino por el segundo, tercer hijo. Entonces lo bueno de aquí, lo que me gusta, es que aquí, los chicos españoles tienen eso de disfrutar su juventud. Eso es bueno. Porque tú te das cuenta de que después eso es como, o sea, ya has disfrutado todo lo que de bueno tiene la juventud. Casarse a muy corta edad rompes, dejas de ser joven y te conviertes en adulto sin haberlo pensado. Porque ya son más responsabilidades, que si hijos, que de donde saco la comida para las dos personas. Pues no te queda otra que trabajar. Y eso se convierte en tu vida. Rompes totalmente lo que fue tu juventud.

Como señalaba Paúl Ricoeur (1985), hay que reconocer en la acción las estructuras temporales que exige la narración, y cómo en el propio relato pueden surgir posibilidades de recuperar intenciones, significados y actos que la propia dinámica migratoria ha encubierto como consecuencia de la imposición de un tiempo en el que los/as inmigrantes no se reconocen. Se trata en definitiva de objetivar la lógica temporal en la que los individuos se desenvuelven para convertirse en agentes activos de la construcción de sus tramas temporales a través de la interpretación como reflexión, entendida esta como “el acto de retorno a uno mismo mediante el que un sujeto vuelva a captar, en la claridad intelectual y la responsabilidad moral, el principio unificador de las operaciones en las que se dispersa y se olvida como sujeto” (Ricoeur, 2000: 201). Se hacen necesarias nuevas formas de conceptualizar el tiempo para asignar nuevos sentidos a los acontecimientos, para poder narrarlos y expresarlos de otra manera y, por tanto, explicarlos. Siguiendo de nuevo a Ricoeur, lo que se desarrolla en el tiempo puede narrarse, incluso podría ser que todo proceso temporal sólo se reconozca como tal en la medida en que pueda narrarse de un modo o de otro.

El hecho migratorio es uno de esos momentos a modo de analizador social que puede servir para avanzar en la búsqueda de procesos de liberación social a través de la ruptura de ciertos encadenamientos temporales discursivos que hacen que la acción sea nombrada y experimentada en función de la sintaxis dominante propia de cada sociedad y de sus relaciones de poder implícitas. El análisis de las narraciones de vida de los hombres y las mujeres propuesto va más allá de un análisis estrictamente lingüístico, pues todo acto de lenguaje es un acto que no es exclusivamente tal, sino que se inscribe siempre en una situación social, y como nos recuerdan los sociólogos Julia Varela y Álvarez Uría existen unas reglas necesarias que funcionan como una especie de gramática de las situaciones a las que hay que reenviar el análisis de las proposiciones lingüísticas, “insertar las expresiones lingüísticas en el interior de las condiciones que las hacen posible y dan sentido”. (Varela y Álvarez Uría, 1997: 33-34), pues las proposiciones lingüísticas, además de expresar una forma de ser o un modo de existencia del que habla, requieren a su vez un modo de existencia para que puedan ser pronunciadas (Deleuze, 2000). Aun existiendo ciertas regularidades discursivas que conforman la episteme de cada época histórica, existe la posibilidad de innovar categorialmente, de pensar lo impensable y por tanto poder expresarlo, y aunque todo discurso está sometido a regulaciones, controles, formas de selección, organización y distribución (Foucault, 1999), y aun existiendo un límite conceptual que nos limita las posibilidades de decir y representarnos el mundo, existe la posibilidad de transcender el régimen de verdad imperante, recuperar los saberes sometidos que con el paso del tiempo han sido destituidos por otras lógicas de poder y de saber, para de esta manera idear mundos alternativos.

Los acontecimientos pueden ser designados e interpretados de manera múltiple en función de propuestas temporales determinadas, capaces de reconfigurar lo que ha sucedido, de ahí la necesidad de encontrar nuevas formas de nombrar y narrar lo acontecido sin desvincularlo de las formas de organización social predominantes de una sociedad, así como de las relaciones que se establecen entre el poder y el saber, y que configuran una determinada manera de relacionar los acontecimientos. El Plan de Retorno Voluntario que puso en marcha el gobierno socialista español en el año 2008 tenía como eslogan “Tú eliges el futuro”, un intento de conceptualizar el hecho migratorio por parte del Estado desde unas determinadas coordenadas espacio-temporales, una disminución del derecho a la soberanía temporal de la población inmigrante al reenviar la construcción del porvenir a la mera iniciativa individual al margen de las relaciones sociales, ahondando en el proceso de individualización y desarticulación social. Hay que prestar, por tanto, especial atención al sentido del tiempo, a los procesos de la vida, para no confundir la realidad vivida con su descripción y su medida, y no identificarlo con el número del movimiento respecto al ‘antes’ y al ‘después’, pues la realidad es fundamentalmente proceso. Definimos el tiempo como aquellos acontecimientos que irrumpen en la narración de sus trayectorias como consecuencia de un ejercicio de reflexión, cuya condición de posibilidad radica en la actualización de los sentidos asociados a sus experiencias biográficas. En sociedades complejas como las actuales las ciencias sociales deben ayudar a desarrollar en los individuos la capacidad de controlar espontáneamente sus propias actividades mediante la reflexión consciente, tal como señalaban Thomas y Znaniecki (2004) en su obra El campesino Polaco en Europa y en América. Los mismos autores señalan que la reflexión es una forma de superar la desorganización en la que se encuentran los inmigrantes como consecuencia de no poder asimilar las nuevas experiencias a partir de las antiguas y los efectos consiguientes en términos de desorganización individual y social.

Este artículo parte de dos hipótesis, solidarias entre sí.

La primera es que las experiencias asociadas a ciertas posiciones sociales tienen formas temporales propias de narrarse, sobre todo en lo que respecta a la ordenación temporal de los acontecimientos acaecidos y la forma en que han sido experimentados.

La segunda hipótesis es que las biografías de los individuos y sus experiencias asociadas son una función del espacio social. La habitabilidad sería lo análogo al tiempo, donde éste hace su presencia. La habitabilidad consistiría, por tanto, en la posibilidad de narrar lo acontecido. Y no serían habitables, por consiguiente, los espacios que no se dejan narrar.

Laura. Me negué a ponerme de rodillas para sacar brillo al suelo. Me comentaban que en época de ellos había que ponerse de rodillas. Entonces yo ahí les dije que eso no, que estábamos viviendo en el nuevo tiempo este, y que como ella mismo me decía, lo de ponerse de rodillas era de los tiempos pasados. (…) Fue muy duro, muy duro, casi difícil de repente. Fue un giro de noventa grados. Fue como un trauma. Me sentí bloqueada. Empecé a sentir la situación, el cambio, verme encerrada en una casa cuando mi vida había sido siempre independiente, correr...y de repente, ¡Pun! (…) Me vi con uniforme, cofia y guantes. Me decía a mí misma: “¡Pero si esto es lo que yo veía en las novelas en la televisión!

3. UNA PROPUESTA METODOLÓGICA

3.1 La acción social como posibilidad

La acción social como posibilidad, y la experiencia de la trayectoria migratoria lo es, es una posibilidad siempre inconclusa, y por tanto siempre actualizable, una cadena temporal en la que las dimensiones constitutivas del tiempo (pasado, presente y futuro) se encabalgan redefiniendo el contexto y el sentido de la acción y la posibilidad misma del cambio social, una cadena de acontecimientos pasados que han dejado de ser ellos mismos en numerosas ocasiones como consecuencia de nuevas reformulaciones e interpretaciones a que ha sido sometida en su desarrollo. El tiempo, por tanto, se puede comprender a partir del tiempo, en la formulación heideggeriana de este concepto. El ser del ente que Heidegger denomina Dasein, en cuanto tiempo, en cuanto estar en el mundo y estar ocupado y absorbido en él, está determinado por el poder elegir, por el “ahora”, por la elección oportuna, “(…) una posibilidad que determina la propiedad de su ser” (Heidegger, 2008:72). Elegir requiere adelantarse, interpretar, poner al descubierto el horizonte de tal elección, es decir “(…) revela aquello que se puede elegir” (Ibídem: 72). El Dasein encuentra “(…) la posibilidad de ser él mismo en el ‘cómo’ de la asunción de la responsabilidad de sí mismo” (Ibídem: 72). “El ser del Dasein es su posibilidad” (Ibídem: 74). El horizonte de la elección, el “qué”, está determinado por el “cómo”. Desde estos planteamientos, la comprensión es un modo de ser, no es una cuestión epistemológica sino ontológica (Bauman, 1978).

Es un error creer que la acción y la definición que se da a la acción por parte de los sujetos como producto acabado lleva dentro de sí todo su potencial explicativo, y que sólo ella puede hablar de sí misma y desde ella misma para dar cuenta de su desarrollo, cuando lo cierto es que es uno de sus muchos resultados posibles. Para captar la acción social en su totalidad, en su dinamicidad y desarrollo, hay que considerarla como una potencialidad en acto sujeta a diversas modificaciones, encerrando la posibilidad de que emerjan nuevos significados o de que se actualicen nuevos desarrollos enmascarados por las estructuras temporales dominantes asociadas a cierta forma de narrar el hecho migratorio, tanto en origen como en destino. La acción social se reformula como consecuencia de los efectos que produce, y es en estos efectos donde encontramos la plasticidad creadora de la propia acción. Dicha acción nunca pude considerarse acabada en sí misma, porque constantemente se está reformulando el sentido y la conveniencia de lo realizado, tanto en el mismo momento que se lleva a cabo la acción como en su posterior desarrollo. Restituir el tiempo y los procesos para entender los fenómenos sociales no es otra cosa sino inscribir posibilidades de cambio en el curso de la acción social.

Laura. Les digo que se preparen, que hagan algún curso porque los tiempos están cambiando y más adelante todo va a ser más difícil. Las cosas materiales, las torres más inmensas, más profundas, más altas y todo, se vienen abajo. Les digo que preparen a sus hijos y que les eduquen, porque eso será la mejor vivencia. Vayan donde vayan, lo que son ellos serán ellos. Vienen otros tiempos.

Porque no se entienden las trayectorias migratorias sin tener en cuenta las temporalidades sociales de las sociedades de origen, hemos creído conveniente entrevistar en la ciudad de Quito (Ecuador) a varias mujeres y hombres que no emigraron, para comprender cómo las valoraciones morales en torno a la conveniencia o no de emigrar reenvían a una posición, o mejor dicho, a múltiples perspectivas desde las que observan a su sociedad y a ellos mismos, y que nos hablan del contrato de convivencia. Los diferentes planos temporales de los que se sirven en su narración, y que la hace posible, como en el caso de una de las mujeres entrevistadas, le está sirviendo para subrayar un ideal moral que trasciende con mucho el hecho migratorio en sí, de ahí que el concepto de emigración e inmigración sean más que ellos mismos. Pero, sobre todo, lo que nos interesa, es la concepción del hecho migratorio como manifestación de una temporalidad contenida en ella misma, abordable a través de la forma que adopta la narración como expresión temporal, y a la vez indisociablemente moral. Por tanto, se debe intentar articular el plano descriptivo-interpretativo y el discurso ético, la descripción y la prescripción, tal como lo plantea Paul Ricoeur (1988) acerca de sus indagaciones sobre una filosofía de la acción que supere y aúne la explicación y la comprensión.

Melisa. Entonces como dice mi papito: “¡Dios mío! aunque sea comiendo tierra, pero todos juntos, todos juntos”. Ves tantas cosas que se han visto de gente que se va del país que emigran: cuántos lugares destruidos, adolescentes que se vuelven alcohólicos, drogadictos, la gente se vuelve prostituta, que traicionan al marido, que el marido manda dinero y todo se comen, o que la esposa está por allá con otra persona…tantas cosas…Tampoco me gusta viajar. Ya me pasó lo de irme de mi pueblo. Lo de venirme de mi pueblo acá fue duro. Entonces, otro país… Siempre digo: “sí lo lograría porque soy fuerte”. Digo: “yo sí, porque ya vine del pueblo acá”

Hay que observar los pliegues del relato que hacen posible un ejercicio de miradas múltiples sobre sí mismos y sobre la acción que han llevado a cabo nuestros/as protagonistas. La multiplicidad de estancias espacio-temporales por las que transitan en sus relatos es la condición misma de posibilidad de que la acción se convierta en una perspectiva temporal desde la que vislumbrar lo que ha acontecido, una perspectiva asentada en las valoraciones morales que se deducen del desarrollo de la acción. Actualizar las posibilidades que la emigración procura es poner en primer plano el cambio social, para dejar abierta la dimensión temporal al futuro, para que no haya una clausura de las posibles alternativas de lo que fue y pudo ser la trayectoria migratoria y lo que es en la actualidad. Por ello es necesario colocarnos como investigadores a lo largo de la cadena discursiva de los entrevistados/as en sus diversos modos de articulación lógico-temporal, entendiendo por tal lógica los mecanismos por los cuales damos sentido a la irrupción continua y compleja de acontecimientos, y cómo esa mediación lógica-temporal es la garantía del hecho comunicativo

Existen, y esta es mi propuesta metodológica para encarar el tiempo que anima y contiene a la acción, nodos en el discurso que representan momentos privilegiados desde donde los/as inmigrantes andinos pueden reconsiderar el significado de lo acontecido, tal como lo estamos comprobando, más allá de una lógica temporal en la que la acción social empieza y acaba en sí misma, en su propósito, en los medios y los fines que persigue para que la acción siga siendo ella misma, y sobre todo, en el caso que me ocupa, romper la lógica temporal que la emigración propone: venir, conseguir dinero y regresar a sus países.

Sergio. Mucha gente en Colombia se plantea regresar después de ahorrar mucho dinero que no es mi caso porque no tengo donde caerme muerto. Lo que nos decía este señor en el documental era que la idea era, y eso lo dicen muchos colombianos, venir acá y hacerse un plantecito. Un plantecito es un dinero para volver a Colombia y montar un negocio. Y eso supongo que esa es la idea de mucha gente. Venir, conseguir el dinero y volver a Colombia. Pero bueno, o bien se adecuan acá o por otra parte se dan cuenta de que volver no es una opción, sería dar un paso atrás. Colombia no está para volver. Lastimosamente no lo está.

En eso que hemos denominado “nodos del discurso” captamos el movimiento de la acción, es decir, los motivos y las razones, pero también la acción en movimiento, o lo que es lo mismo, el futuro como cumplimiento efectivo de la acción. La acción es un despliegue espacio-temporal que puede transcender la linealidad pasado-presente-futuro, capaz de romper con la lógica de lo instituido (venir-conseguir-volver). La acción, en una primera instancia, como movimiento de la acción, es lo que dota de eficacia práctica, es una constante en busca de una realización, una búsqueda del cumplimiento efectivo de la promesa o propuesta que animaba o anima a la acción. Existe una segunda instancia sin solución de continuidad: la acción en movimiento como totalidad. La acción en movimiento es la síntesis de cada uno de los movimientos parciales de la acción, la condición de su realización efectiva como posibilidad práctica y de sentido aún incompleto. Las razones que damos a lo que hacemos y decimos, las opciones y las decisiones por las que optamos, y lo que esperamos, representan cada una de ellas la unicidad de la acción, el instante o el momento como posibilidades de la acción, donde volvemos sobre nuevos fines, en la formulación nietzscheana acerca de la temporalidad y el eterno retorno. Y porque cada uno de estos momentos se entrecruzan, se solapan y adoptan múltiples y variadas direcciones es por lo que no hay posibilidad de establecer relaciones causales entre ellos, porque quizá no existan ni tengan por qué existir, pues como señala Bourdieu (1991) no hay que confundir el punto de vista del investigador y de lo observado, entre otras razones porque para comprender sociológicamente el tiempo nos debe interesar la realidad temporal de las prácticas. “(…) Porque la práctica se juega en el tiempo y porque se juega estratégicamente con el tiempo” (Ibídem: 175), los actores involucrados en la trama de la acción necesitan hacer una valoración moral del resultado inconcluso de la acción, en momentos siempre posteriores al instante en el que la acción se lleva a cabo. Jean Wahl afirma que “La realidad es siempre una simplificación con fines prácticos (…) o bien es algo que resulta de una diferencia de velocidad en el ritmo del devenir, en el tempo del devenir” (Scherer, 2000:68).

La acción de cada uno de estos movimientos y los efectos de cada uno de ellos en su despliegue en el tiempo como un cumplimiento incompleto, adquieren su completitud y sentido en un horizonte temporal siempre volcado al futuro, es decir, en aquellos momentos situados fuera de la cadena lineal temporal pasado-presente-futuro y que operan a modo de síntesis y superación de las específicas singularidades, aquellos momentos reflexivos o nodos del discurso que hacen posible la irrupción del acontecimiento, del tiempo en definitiva. En el caso de las trayectorias migrantes propuestas hay que situarnos con ellos en aquellos momentos del relato en el que el tiempo aparece como un acontecimiento, ya sea en el pasado, en el presente o en el futuro, capaz de reconfigurar y dar un nuevo sentido a las experiencias migratorias, entendiendo por acontecimiento aquellas “cesuras que rompen el instante y dispersan al sujeto en una pluralidad de posibles posiciones y funciones” (Foucault 1999: 49), y que son capaces de dar una nueva orientación al transcurrir y a su sentido.

Paul. Siempre uno se tiene cosas como olvidadas o dejadas al margen, que no te acuerdas con frecuencia, sino que te acuerdas cuando estás conversando con alguien, te preguntan, cuando estás ahí pues en ambiente, entonces empiezan a surgir las vivencias que uno ha tenido, las cosas que uno ha sentido, las cosas que ha esperado de la vida también, y las iras o el rencor que también he sentido. Entonces es como abrir un baúl donde están todas tus vivencias o todas tus experiencias. Es bello pasar por tu mente una tras una tras una y ver que no todo lo que has hecho está mal, sino que simplemente falta algo más por hacer, que el día a día pues es eso, o sea, tratar de vivir, o sea, la plenitud. Como dice mi mamá, “hay que vivir bonito”. La filosofía de mi mamá, “hay que vivir bonito”. Y creo que eso es mi papel, vivir bonito día a día, o sea, vivir, sentirse bien con uno mismo. Muchas veces cuando así era adolescente sí me costó, aceptarme como yo soy, o sea, me costó verme al espejo, que era quichua, indio, que la gente me veía raro, o sea, sí me costó, porque no entendía por qué me miraban diferente. No entendía por qué la gente se me burlaba. Eso sí, creo que es el baúl que menos me esperaba sacar ahora. Viéndolo ahora, pues simplemente veo que pude haber determinado en ese momento pues cortarme el pelo y ser diferente o fingir ser otra persona, pero simplemente acepté lo que soy y acepté con mucho orgullo, o sea, sin menosprecio de las otras partes, simplemente con orgullo de uno mismo, con orgullo de sentirme yo (…) Entonces tratamos, bueno, yo trato de ser el insurgente del tiempo, de tratar de aferrarme a lo que siento y a lo que…Sólo quiero que me respeten mi forma de ver la vida, mi forma de pensar (…) Ha sido bueno el baúl de los recuerdos. Por ello creo que voy a retomar los estudios, creo que es una asignatura pendiente.

3. 2 El papel de la investigación y del investigador

Reconocerse como inmigrante para dejar de ser inmigrante y nombrarse con otras palabras para ser un nosotros junto con nosotros. Desde que existe un observador que objetiva el universo y lo dota de realidad, éste, y citando de nuevo a Ibáñez refiriéndose a Spencer-Brown, “debe primero escindirse a sí mismo en al menos un estado que ve y al menos un estado que es visto”, es decir, tiene que ser él mismo y diferente a la vez en su intento de verse a sí mismo (Ibáñez, 1994: 11-12). A través de los nodos del discurso o centros nucleares del relato es desde donde podemos acceder a la transfiguración de las coordenadas temporales que se operan en tal discurso mediante la reflexión de las trayectorias migratorias, captando el sentido y las posibilidades de la acción articuladas siempre en una trama de significación colectiva, sin la que no es posible la alteridad, en definitiva el cambio social y personal, lo que nos coloca siempre en un momento futuro, en el momento interpretativo, desde donde captar el tiempo, y por tanto lo que es o no puede ser narrable como determinantes de aquel. “En el futuro es donde se ve el carácter fundamental del tiempo” (Heidegger, 2008: 74), desde donde ejercitar la responsabilidad que me convierte en histórico.

Una de las maneras de acercarnos y comprender el mundo de vida de los/as inmigrantes es aventurar con ellos un desarrollo que todavía no ha sucedido pero que está contenido en lo que nos cuentan, “(...) liberando potencialidades no empleadas del pasado para enriquecer el presente” (Ricoeur, 1985: 981), momento en el que objeto de investigación y el sujeto investigador dejan de ser ellos mismos. Se deduce entonces la inevitabilidad de una aproximación genealógica, una genealogía de las formas de nombrar al hecho migratorio, despojándolas de las estructuras temporales que exigen su narración capitalista y recuperar aquellas estructuras temporales del relato que contengan el poder liberador de ordenar y nombrar las cosas de manera diferente. Se trata de indagar acerca de “(...) aquellos momentos axiales que constituyen el modelo de todo comienzo, si no del tiempo, al menos en el tiempo, es decir, de todo acontecimiento capaz de inaugurar un curso nuevo de acontecimientos” ( Ibídem: 979), y que según el mismo autor [tal acontecimiento] es “lo que hace avanzar el relato y lo que mantiene vínculos de dependencia con lo que antecede y lo que sigue” (Figueroa, 2003: 53), lo que implica a mi parecer jugar estratégicamente con el pasado, el presente y el futuro, ser capaces de encontrar aquellos “(...) encadenamientos temporales que se derivan del cruce entre la transmisión de la experiencia y la apertura de nuevas posibilidades” (Girardi, 2011: 123). En suma, recuperar la historicidad de la propia comprensión, convertir el objeto de investigación en sujeto y al investigador en parte de la experiencia de lo que investiga, y entre ambos construir un conocimiento que no anule la potencialidad de la acción, y que por definición siempre la encontramos en un momento posterior.

El investigador tiene que dejar de ser sujeto-investigador para ser con ellos, condición inexcusable para superar la cosificación de lo que estudia. El objeto de investigación está condenado a no ser él mismo, por lo que la meta es la abolición de la distancia epistémica que media entre el sujeto y el objeto de investigación para la propia comprensión del hecho migratorio y de los inmigrantes, o lo que es lo mismo, la conversión de éste en sujeto de pleno derecho, sin más derecho a ser estudiado o comprendido que otros sujetos sociales. El fenómeno de la emigración es, antes que académico, un fenómeno social y político, y en gran medida impuesto (Sayad, 2010), por lo que no se trata tanto de estudiar a los propios inmigrantes como de tener conocimiento de las ideas, los prejuicios y las convicciones que de ellos se tienen, y que a mi entender tiene que ver en primer lugar con los esquemas temporales con los que la sociedad de destino se los representa, y en segundo lugar con los esquemas temporales con los que a su vez dan razón del contexto social de instalación. Esta circularidad reflexiva es el verdadero objeto de investigación de este artículo, lo que nos reenvía casi de manera obligada al hecho comunicativo y a los diferentes planos temporales que exige la narración para representarnos el mundo, o lo que es lo mismo, el significado social de los símbolos, en nuestro caso el tiempo de los emigrantes. En la transmutación del objeto que se convierte en sujeto y el sujeto investigador que se convierte en parte de la experiencia de lo que estudia, eliminadas las fronteras entre propios y extraños, es donde radica la garantía de un conocimiento no desvirtuado, real, basado en última instancia en un proceso de comunicación entre iguales, pero en un espacio común de dialogo en el que nadie tiene el privilegio de una mirada absoluta sobre el otro, entendiendo que lo real es un proceso que se capta en la dialéctica de lo mismo y lo diferente, pues “la dialéctica está ligada al tiempo humano” (Gurvitch, 1969: 304). En la medida que los/as inmigrantes se nos presenten exclusivamente como objetos de investigación nunca les tendremos, lo único que nos pertenecerá como científicos será una abstracción, la abstracción del momento presente, pues la acción no es ella misma.

Ana. Hablo mucho con las abuelitas y abuelitos en las paradas del autobús. Me entero de muchas cosas del pasado de España. De la guerra cuentan muchas cosas. Dicen que también emigraron, pero con papeles. No iban a robar y estar como vagabundos. Me gusta mucho la conversación. Ya son como mis amigas. Todos los días llego a las once y media y ellas están ahí sentaditas. Me cuentan cosas sobre su salud y lo solas que se sienten por no estar con sus hijos. Ellas me dicen cómo es en mi país, y les contesto que somos más cariñosos y apegados con nuestros padres y me dicen que quieren llevarlos al asilo. En Perú estás con tus padres hasta el final. Aquí, como han tenido tan pocos hijos, uno o dos, si te tocan los dos malos no puedes hacer nada. Pero allá como han tenido tantos hijos, de tantos hijos le toca uno bueno que se preocupa por ellos. De todo hay. Me dicen a qué hora ha pasado la camioneta pero no sé de qué me hablan. Porque yo les escucho a las abuelitas que dicen que tenían que esperar la camioneta. ¿A qué lo llamaban la camioneta? ¿Al camión…? La verdad es que tendría que estar un poco más informada sobre las cosas de España a través de la gente mayor. La gente de mi edad aquí está pensando más en la moda, en la discoteca.

3. 3 El retorno

Entre la acción y la reflexión, entre el desarrollo de la acción y la reconfiguración de sentido de los efectos de la acción, en definitiva, entre lo positivo-actual y lo imaginario-simbólico-virtual, es donde está contenida la posibilidad de la acción como posibilidad de cambio. Siendo coherentes con nuestra propuesta teórica y epistemológica hay que hacer mención al retorno, no porque sea la cuestión principal de nuestra indagación sino porque es una vía para abordar los análisis de las trayectorias temporales de nuestros entrevistados/as en Madrid. El retorno es uno de esos momentos donde se conjetura el provenir. La acción la encontramos en un momento que todavía no es, pero que contiene virtualmente múltiples posibilidades de desarrollo de lo que será, y que no es sino el acontecimiento.

La idea del retorno bien podría ser esa dimensión espacio-temporal que no está en ningún lugar de las dimensiones temporales clásicas (pasado-presente-futuro) pero que sin embargo las contiene: el lugar del acontecimiento. El acontecimiento es el lugar de la posibilidad, del tiempo efectivo, del cambio social, el lugar donde es posible la narración como búsqueda de sentido, lo que hace posible la liberación de las intempestivas sucesiones lógicas-temporales a las que nos vemos sometidos por la imposición de una determinada concepción del saber sobre el tiempo y sus efectos de poder: el tiempo-cronométrico y su identidad asociada, así como sus coacciones correspondientes. En definitiva, el lugar desde donde pueden ser transcendidas determinadas lógicas de sujeción, y empezar a ser temporalmente autónomos. Hay que observar, por tanto, lo que hace posible que algo sea interpretado, cómo se convierte en signo, como condición de la comprensión del pasado y del futuro, incluidas las realidades conceptuales según la formulación pragmatista (Sini, 1999)

Las alternativas y las posibilidades que ofrece el curso de la acción residen en la capacidad de narrar la experiencia que la contiene. La agencia, la posibilidad del cambio, está en la idea del retorno como posibilidad todavía indefinida, en algo que pertenece al orden de lo que no ha sucedido todavía, pero que está íntimamente ligado a la toma constante de decisiones a la que nos vemos abocados los actores sociales. La elección y la toma de decisiones parecieran que necesitasen que el tiempo pase o se anule así mismo para que sea real la posibilidad contenida en la acción. El retorno, como ese espacio positivo y actual, pero a la vez imaginario y virtual, cumple la función metodológica y epistemológica para alumbrar y captar la acción social como totalidad. Lo que nos cuentan nuestros entrevistados/as es a la vez una posibilidad y una actualidad que apunta a lo real, y este es un aspecto clave para entender mi propuesta metodológica para dar cuenta de sus trayectorias temporales.

Ana. Si la situación económica sigue mal tengo pensado poner un negocio en Perú. Si esto va a peor y no tengo paro, no tengo trabajo, no tengo nada, ¿qué hago aquí? ¿A dar pena? Mejor me voy a mi país (…) Pero no soy de las personas que les da muchas vueltas a las cosas, pero si no le encuentro la solución ya me tocará algún día hacer algo. Quizá Dios está guardándome algo mejor para mí (…). He conocido nueva gente, un nuevo país. Me ha dado oportunidades para salir adelante, para guardar algo, para juntar y tener algo mío, algo propio mío que allí no lo hubiese podido juntar.

Mariana. Voy a dejar que pase el tiempo. El tiempo lo dirá. Si empeora la situación tendremos que irnos, si mejora la situación me quedaré. Para el pobre siempre ha habido crisis.

Edith. Yo no me pienso volver porque es dar un paso hacia atrás. Ya se puede España quedarse sin un euro que no me vuelvo a Perú. Tengo recuerdos, lo único que pienso es que si no hubiera tenido a la niña pues seguiría allí bailando. Si yo en determinado momento no me hubiera quedado embarazada yo no hubiera venido a España, yo me quedaba allí, bailando, que era lo que me gustaba.

Laura. Me doy de máximo dos años y si no cojo mis trapos y me marcho a mi país. Tengo las puertas abiertas, tengo una carrera y me puedo ubicar. Tengo muchas posibilidades. Todo es voluntad y decisión. Mis amigos me dicen: “Fanny, adelante, que tú puedes chiquita”. Pero es que yo no puedo, ya no avanzo, ya quiero descansar. Por eso no he tenido vida sentimental.

La esperanza, la expectación y la espera, por ser las dimensiones fundamentales del tiempo, nos pueden arrojar luz para explicar el sentido vivido del tiempo de los emigrantes andinos. Todos estos atributos son un aprendizaje del tiempo que nos hablan de la capacidad que tienen de moldear el curso de la acción. El entrevistado de mayor edad, Flavio, a punto de alcanzar la jubilación, señala que no quiere integrarse más, pues su perspectiva de futuro inmediato es marcharse a Perú para pasar allí su jubilación.

Flavio. Mira, todos los fines de semana están pensando en la pollada y en la parrillada. Aquí, no. Aquí yo trabajar. Actualmente yo he cambiado yo ya pienso ir. Ya, ya no quiero, ya no quiero integrarme más. Ya no quiero integrarme más. Ya digo: “He vivido demasiado aquí y ha pasado esto” (…) O sea, que ya no me quiero meter más de lo que ya estoy aquí. A ver, ya es suficiente.

Hay un límite que tiene que ver con la experiencia vivida que satura el aprendizaje. El aprendizaje en la infancia necesitaba orden, establecer una serie de distinciones para seleccionar lo que es importante y lo que no lo es, en definitiva, una manera de que el tiempo presuponga tiempo para así crear su propia temporalidad (Luhmann, 1992), incluso que el tiempo en su dimensión conflictual se paralizara en su transcurrir, como cuando los entrevistados afirman que:

Henry. Mi hermana nos hacía la comida, pero no la importaba. Como todo era para todos, nadie se molestaba por hacer algo para los demás. Cuando vivía mi padre éramos felices haciendo lo que hacíamos

Paul. (…) Entonces a mí me gustaba ir por ahí porque encontrabas a los pájaros, palomas, lagartijas, o sea, un mundo imaginativo de un niño. Comienzas a imaginar que estás viendo, a descubrir un tesoro o…muchas cosas”.

En el presente actual, cuando el aprendizaje ha sido tanto que ya no es posible más, y es el caso de Flavio, el tiempo y sus experiencias vuelven a desaparecer de nuevo en aras de la seguridad y el orden comunitario primero, o del tiempo interior con sus infinitas posibilidades por la imposibilidad de dotar de sentido lo que acontece, como en el caso de Sergio.

Sergio. Yo vivo, intento vivir, no sé si es resignación, trato de vivir con lo que tengo a mano. Yo extraño mucho a mi familia, a mis amigos, un montón de cosas, pero como no están acá, pues ¡coño!, no saco nada muriéndome de nostalgia. Nunca me lamento. Cada segundo abre millones de ramificaciones. Depende de lo que vos hagas.

En esta parte del relato que hace referencia al retorno van entrando en consideración una serie de disquisiciones que están contribuyendo a redefinir el contenido de sus experiencias migratorias, surgiendo nuevas actualizaciones y desactualizaciones, tal como hemos conceptualizado estos términos, observando sus trayectorias hacia atrás y hacia delante. De esta doble mirada surgen las resignificaciones y las posibilidades de lo que quieren que sea su emigración, donde podemos observar cómo se están fraguando los motivos por los que emigraron entonces y los motivos por los que emigrarían en la actualidad, buscando como investigadores los nodos del discurso que nos hablen de esos futuros posibles contenidos en las diversas trayectorias, y que a su vez nos sirve a los investigadores para observar nuestra observación a través de la cadena lógica-temporal con la que expresan sus trayectorias.

4. LA EXPERIENCIA DEL CUERPO

En este texto nos hemos enfrentado con el ser del tiempo, pero también con el cuerpo como signo temporal del espacio, como tiempo-cuerpo, en la formulación merleaupontyniana del cuerpo en tanto cuerpo fenomenal que se mueve en un espacio roturado por nuestras acciones actuales, pasadas y futuras, y por tanto un espacio siempre orientado, situado. El cuerpo fenoménico es una unidad, concebido como propio, igual que una obra de arte, una corporalidad que se articula para dirigirse hacia un mundo en el que desplegar su potencialidad de acción. De aquí nuestro interés en traer a colación al cuerpo, como una manera de decir la existencia, pues la corporalidad es sentido encarnado, casi podríamos decir que es el tiempo mismo, tal como mostraremos más adelante en la experiencia narrada de los/as inmigrantes, y que no es sino experiencia corpórea convertida en palabra, un medio de comunicación entre nosotros y el mundo, una forma de autoconciencia reflexiva anterior a la palabra y al concepto, “(…) como un gesto expresivo del cuerpo y no ya como el resultado del poder constituyente de la conciencia reflexiva” (Firenze, 2017: 101). El pasado y el futuro existen porque estamos en contacto con otros cuerpos que dan profundidad a mi espacio y le dan así espesor a mi tiempo, dándome el tiempo mismo (García, 2013), por lo que el tiempo es una función de mi sociabilidad. El conocimiento es uno tal que está basado en un cogito tácito, en el que el cuerpo es vivencia de sí mismo de lo que le rodea. El verdadero conocimiento transciende la dualidad cuerpo-alma, subjetivo-objetivo, interior-exterior, para fundamentarse en la percepción. La experiencia se retoma a sí misma y busca pensar su verdad por mediación de la percepción que también “(…) es un comportamiento, el modo de ser de toda actuación, el trasfondo sobre el que se destacan todos los actos y que todos los actos presuponen” (Merleau-Ponty, 2000:10). Dicha percepción “(…) es una “re-creación” o una re-constitución del mundo en cada momento” (Merleau-Ponty, 1985:223), donde realmente subyace el problema del tiempo. El cuerpo esboza una especie de reflexión cuando el cuerpo deja de ser objeto y se anticipa a los estímulos y dibuja la fórmula de lo que percibirá, de ahí que sea imposible distinguir el cuerpo como vehículo de mi relación con las cosas y el cuerpo como cosa, pues la conciencia es siempre una experiencia. Volviendo a la idea de que existen espacios que no se dejan narrar pero que sin embargo se pueden volver a habitar mediante la percepción y la reflexión que acompaña a la experiencia del cuerpo, traemos de nuevo uno de los testimonios anteriormente señalado.

Laura. Me negué a ponerme de rodillas para sacar brillo al suelo. Me comentaban que en época de ellos había que ponerse de rodillas. Entonces yo ahí les dije que eso no, que estábamos viviendo en el nuevo tiempo este, y que como ella mismo me decía, lo de ponerse de rodillas era de los tiempos pasados. (…) Fue muy duro, muy duro, casi difícil de repente. Fue un giro de noventa grados. Fue como un trauma. Me sentí bloqueada. Empecé a sentir la situación, el cambio, verme encerrada en una casa cuando mi vida había sido siempre independiente, correr...y de repente, ¡Pun! (…) Me vi con uniforme, cofia y guantes. Me decía a mí misma: “¡Pero si esto es lo que yo veía en las novelas en la televisión! Le dije a la señora con tranquilidad, porque yo en ese tiempo no sabía lo que eran nervios, que los nuevos instrumentos para fregar, para limpiar, eran la evolución, el desarrollo y el progreso.

Ponerse de rodillas para fregar el suelo es retroceder al pasado, y por ello opone resistencia. Ella no pone el tiempo a cero porque tiene memoria histórica y no ha renunciado a su identidad. Vemos claramente como un diminuto movimiento, como el ocupar el espacio con su cuerpo de una u otra manera, en este caso ponerse de rodillas, está contribuyendo a rememorizar de una determinada manera lo que ha sido el pasado, lo que quiere ser en el presente y lo que espera del futuro. La posibilidad de la narración está afectada por la experiencia social del cuerpo, o dicho de otra manera, el cuerpo es un signo temporal del espacio social como condición de su habitabilidad, es decir, el cuerpo a través de sus movimientos, a través de sus propios usos, hace suyo el tiempo social dominante, condición sine qua non para que la narración exprese posibilidades de liberación respecto a la producción del discurso, permitiendo o prohibiendo lo que puede ser dicho, cómo y quién puede decirlo. Dicho tiempo, dominante y social a la vez, hace posible la asunción de la experiencia tanto en cuanto ha sido narrada. Los cuerpos de los/as inmigrantes, tiempos encarnados, habitan espacios individualizados, donde solo se puede hacer una y la misma cosa: producir. El propio espacio organiza la experiencia a través de lo permitido y lo prohibido: se prohíbe el goce y se permite sólo el trabajo. Por tanto, el espacio es la condición para que el tiempo haga cosas. Los espacios asignados a la inmigración son tales que sólo procuran una forma extraña y enajenada a la propia discursividad del lenguaje, producto del aislamiento social, para que sean posibles los procesos de individualización y de desconexión con lo social, haciendo posible la desaparición de la historia, es decir, la eliminación de lo social como garantía de sentido y la posibilidad de narrar la experiencia. El aislamiento de esos espacios, la incomunicación entre quienes lo habitan, no permite una identificación con el espacio y el tiempo en sus dimensiones creadoras: el tiempo como incubadora del cambio y el espacio como condición efectiva de la realización de la acción, o mejor dicho, de múltiples acciones y su reconocimiento como experiencia gratificante. El espacio necesita un tipo de habitabilidad para que sea posible una determinada experiencia. Para el capitalismo el espacio sólo es tomado en consideración como espacio productivo, por lo que la garantía de habitabilidad de ese espacio y para este propósito sólo es posible si los cuerpos adquieren las formas y los contornos de esos espacios, para que exista un acoplamiento sin fricciones, para que no sean posible discursos alternativos, ideaciones de futuro, en definitiva, para clausurar el tiempo como categoría social y que debiera permitir la reflexión y la apertura del relato a territorios reconocible por todos. Mientras tanto, el cuerpo, los cuerpos, se convierten en los signos de la imposibilidad del cambio, de la incapacidad de habitar el mundo de manera diferente.

Encarnita. Donde trabajo tengo habitación para dormir, pero no para guardar mis cosas. Solo tengo un cuarto con un espacio pequeño para dormir. Está lleno de cosas de la señora. Tengo mi cama en un espacio muy pequeño y la señora me ha hecho un armarito desarmable para tener mi ropa y poder cambiarme (…). No voy a ningún lado porque no tengo tiempo. A veces también voy a una iglesia católica cuando dan misas de difuntos o celebran un bautizo. La verdad no sé si haré bien o haré mal. Llevo diez años y no sé cuándo voy a regresar.

Ana. En el trabajo te meten mucha caña para que te des prisa. No sólo los jefes sino los mismos compañeros que tienen miedo a que le quiten su puesto de trabajo o que uno se vaya a quedar en su puesto. No les gusta lo que haces, o si lo haces bien nunca lo admiten que lo estás haciendo bien. Siempre te ponen pegas. Me supongo que es por ese miedo a perder su trabajo. Lo primero que valoran es la responsabilidad y luego si tú eres rápida y hagas bien tu trabajo. Eso mismo es lo que te valoran. Donde estoy en la actualidad, el trabajo es muy rápido. Tienes que meter los platos en el lavavajillas y tienes que estar vuelta a sacar, y vuelta a meter y sacar y ponerlos allí para que vengan a recogerlo e irte luego a lavar las ollas, los cacharros que dejan los cocineros y luego irte al restaurante a traer las barcas de platos. Hay que estar corriendo. Me gustaría estudiar esteticín o geriatría. Las ollas pesan mucho. Hay mucho viejo y hay mucha demanda de ese trabajo. Yo no lo veo tan complicado cuidar a los viejitos: darles el medicamento, asearlos y eso. No lo veo tan complicado. Y la estética, porque la gente quiere siempre ir a la moda y arreglada y de donde sea saca el dinero por estar arreglado.

Muestro a continuación el testimonio de una de las entrevistadas que alberga esos nodos del relato al que nos hemos referido, y alrededor del cual toda narración se articula para poder ser transcendida, donde el espacio no está desligado del cuerpo carnal y tampoco del tiempo como expresión de una espacialidad.

Mariana. Allá hay la libertad de ponerte tu música, o sea, puedes vivir en condominio y es que te vas a condominio donde todo el mundo tiene su música, en el piso de al lado a todo volumen y es que no, y si tiene terraza sacan los parlantes a la terraza y todos esos sonidos salen al otro lado y a nadie le molesta. Lo que pasa es que acá es otro estilo de, de…. No, no es como muchos dicen: “Son gente que no tenemos costumbres”. No es que no tengamos costumbres lo que pasa es que nuestra cultura, nuestra manera de vivir es así, es diferente a la que hay aquí. Allá a nadie le molesta la música, ponen a todo volumen y nadie se molesta, nadie llama a la policía y estás libre de poner tu música hasta las tantas. Y así somos todos alegres. Y a veces dices: “Abre la ventana a para oír la música del vecino” y la salsa y el merengue que te ponen ahí al lado nos alegra también a nosotros”. Y cuesta adaptarse, que quieras o no, después de vivir siglos en tu país con esa misma cultura…Como ustedes, ustedes tienen su cultura y no les va a cambiar nadie. Entonces cuesta, cuesta bastante. “Bajito la música y…” Que se ve bien, que también para bailar no se necesita tremenda bulla. Pero poco a poco.

Se puede entender entonces que cuando ponen la música a todo volumen, no se trata de que no tengan consideración hacia los demás, sino que es una manera de dotar de sentido a ese momento, invitando y haciendo participe de la música a todo el vecindario. Se trata de un tiempo y un espacio creado entre todos y en el que todos se reconocen, tanto en el pasado, por ejemplo, en las letras de las canciones, como en el presente, indicando un estado de ánimo, así como en el futuro, pues es una forma de decir que se reconocen juntos en ese acto insignificante y que se seguirán reconociendo. Existen multitud de actos cotidianos de los que está hecha la vida social y que son los auténticos circuitos por donde circula el sentido. Igualmente sucede con los olores, los ruidos, determinados espectáculos visuales o cualesquiera otros acontecimientos menudos, transformándose en verdaderos mensajes circulando por esos circuitos de sentido y de tiempo. De su compresión y su interpretación dependerá la verdadera integración, una integración que pase por diferenciar claramente el nosotros del yo, que transcienda la integración como un mero proceso de individualización, en definitiva, recuperar la dimensión social del tiempo como un horizonte común donde todos/as podamos reconocernos en lo que tenemos de común humanidad.

5. TIEMPO Y TRABAJO

Las experiencias y las estructuras temporales con las que las expresan y dan sentido, a menudo no hacen sino constreñir el relato experiencial desde la asunción de empezar de cero a cada instante.

Mariana. Estaba concienciada que venía a trabajar, a empezar de cero y a hacer cualquier cosa que me tocara. Como yo vengo de sufrir desde niña y sé lo que es limpiar y sé lo que es lavar y sé lo que es planchar, no me ha dado tampoco tanto pesar. Dije: “Bueno, tendré que ir y ponerme a limpiar y ganarme la vida como sea hasta ver qué me ofrece de bueno España”.

Las mujeres y los hombres inmigrantes se incorporaron más o menos deprisa al mercado laboral. Sobre todo, para las mujeres entrevistadas ser inmigrante significa sobre todo no tener tiempo asociado a trabajar en exceso. Se da sin embargo la paradoja de que si dispusieran de más tiempo y menos trabajo su proyecto migratorio no tendría sentido. Empezar de cero, iniciar una nueva andadura vital, supone una condición sine qua non: consumir todos los recursos disponibles para trabajar lo máximo posible. La búsqueda de recursos es para ellas la búsqueda de tiempo que les permita trabajar en muchos sitios a la vez, pues para eso han emigrado. Cuando lo han encontrado, paradójicamente, lo han agotado por completo. Se quedan sin una brizna de tiempo para disfrutar. El tiempo como fuente de acontecimientos y muñidor de tiempos nuevos es sustituido por los segundos, los minutos y las horas, pues más allá de este horizonte temporal no existe ninguna certeza en que basar sus decisiones. El tiempo se convierte así en una relación meramente instrumental de medios y fines. El pasado y el futuro en su dimensión biográfica desaparecen. El tiempo del trabajo requiere todo su tiempo y toda su concentración en el presente. La instrumentalidad de cada uno de sus actos está dirigida a la obtención de una garantía de futuro que asegure su supervivencia. La asunción de una subjetividad en la que el tiempo cronométrico es el más apreciado bien se consuma de manera definitiva en la conversión de aquel en un objeto de cambio. La propia persona se ha cosificado como efecto de la búsqueda incesante de tiempo para que el movimiento incesante del mundo de las mercancías no se detenga. La cuestión social se convierte también de esta manera en un déficit de tiempo para vivir plenamente.

Encarnita. Siempre me he empleado por mis amigas. Sólo por ellas he encontrado trabajo (…) Ahora trabajo en el Paseo Pintor Rosales, haciendo compañía a una señora. Cuido su perro y cuando se va a la playa me voy con ella y cuando está sola la acompaño. Vive con los padres que son marqueses. Los padres tienen empleados: tienen cocinero, chofer, administrador... No tengo un horario fijo. Es como estar trabajando por tiempos. Hay días que trabajo por la mañana y salgo por la tarde, depende de las exigencias de la señora. El martes me quedo todo el día. El martes estoy todo el día hasta que salgo el miércoles por la mañana y entro por la tarde. A veces, cuando salgo por la tarde, o por la mañana, a veces me quedo y salgo por la tarde. Así las horitas, el tiempo que me queda las utilizo para irme donde el diplomático de la OEA que se quedó viudo. Hago también unas horas en una casa en Zarzaquemada que es donde vive el diplomático. Algún sábado hago unas horas en casa de un viejito que me consiguió la madre de la niña.

Ana. Mi marido como es ilegal trabaja en un restaurante peruano, es cocinero y conoce a mucha gente. Yo le digo: “Tú eres amigo del perro y del gato. Selecciona tus amistades”. “No son mis amigos” dice. “Son gente que viene a comer y yo también tengo que ver si yo puedo sacarles provecho, si me pueden recomendar un trabajo mejor”. Y claro, a veces eso no me gusta de él. “Tienes que aprender a seleccionar tus amistades, no porque te inviten a tomar un vaso de cerveza o por…”. “No son mis amigos, sino que … ponte que me echen de aquí, yo tengo que tener amistades, tengo que tener conocidos”. Me dice “Si no tengo amistades y me echan no tengo papeles y no puedo conseguir trabajo”. Su jefe es peruano.

Estas exigencias desmesuradas y la aceleración de un tiempo que no controlan tienen como consecuencia estados de cansancio físico y mental, al no existir la sensación de empezar y finalizar una tarea encomendada, sino una continuidad que nunca acaba por el no reconocimiento de lo que hacen. Pagan con su tiempo las oportunidades laborales que van surgiendo, agotando de manera paradójica su reserva de pago, pues se han quedado sin tiempo para la consecución de afectos. Sus vínculos sociales se resienten por habérseles agotado el tiempo para ofrecer, condenándolos a situaciones de soledad y de vulnerabilidad.

Laura. Llegué a estar muy estresada. A las siete de la mañana en pie, hasta las dos, tres de la madrugada. Luego en pie otra vez a las siete. Libraba dos días, los fines de semana, sábados o domingos, otro día, entre semana. Cuanto más hacia más me exigían, más esto, más la perfección, que aquí la bayeta, que aquí el polvo, que aquí…

Flavio. Mira, todos los fines de semana están pensando en la pollada y en la parrillada. Aquí, no. Aquí yo trabajar. Actualmente yo he cambiado yo ya pienso ir. Ya, ya no quiero, ya no quiero integrarme más. Ya no quiero integrarme más. Ya digo: “He vivido demasiado aquí y ha pasado esto” (…) O sea, que ya no me quiero meter más de lo que ya estoy aquí. A ver, ya es suficiente.

Sergio. (….) Además, es lo que te digo, yo me conformo con lo que hay. No tengo planes de futuro, o sea, no sé cómo hacer. Me encantaría poder responderte a eso, te lo juro. Ni siquiera me planteo volver a Colombia, o sea, ni siquiera me planteo eso. (….) Yo vivo, intento vivir, no sé si es resignación, trato de vivir con lo que tengo a mano (…). Nunca me lamento. Cada segundo abre millones de ramificaciones. Depende de lo que vos hagas. Y yo lo único que he sabido, que he aprendido de la vida, es que las decisiones que tomes las tienes que asumir y ya. O sea, lo que tú haces lo asumes. No sacas nada lamentándote. Así he vivido yo, tres años trabajando en una tienda como un negro, bajándome, rebajándome, o sea, si yo fuera como mis padres, me suicido, es decir, yo que soy un niño de bien, ¿qué hago aquí cargando cajas de panela?, y atendiendo con una súper cortesía a un narcotraficante que es alguien que en Colombia le lavaba el coche a mi padre ¿Si me entiendes? Yo si empiezo a pensar en esas cosas me muero.

6. CONCLUSIONES

A la pobreza de las experiencias, a la privatización de la existencia a la que conduce el capitalismo neoliberal, sin otro horizonte temporal que la propia experiencia privada, le ha seguido el cataclismo de las expectativas que se creaban en función de las experiencias. En la actualidad hay una discordancia entre las expectativas y las experiencias como consecuencia de la crisis del Estado de bienestar. Al romperse las expectativas también se han roto los canales de comunicación entre ciudadanos que han compartido una memoria común. Este desplome del sentido temporal, que incluye una redefinición de lo que se creía que era el pasado, y que a su vez servía para interpretar el presente y visualizar el futuro, ha interferido la comunicación entre los miembros de la sociedad al no saber qué contarse ni tampoco saber a qué atenerse. Este colapso de expectativas tiene también un efecto en la interacción con sujetos que no comparten una historia común, dificultando sobre manera comprender qué espacios sociales están ocupando y deberían ocupar, y en qué imaginarios temporales están ubicados. La convivencia se complica por haberse trastocado todos los códigos espaciales y temporales para la comprensión de lo que nos rodea, conduciendo a procesos de vulnerabilidad social, cuyos efectos son la interrupción de la comunicación, y por tanto la paralización del tiempo como futuro. Recomponer esos códigos supone crear nuevas posibilidades de elección mediante la posibilidad de una interacción no mercantil entre ciudadanos, en un intento de ordenar y racionalizar el tiempo presente mediante la comprensión de la experiencia narrativa.

La dificultad de comunicación entre los emigrantes y los nativos, que opera a modo de invisibilización, afecta más a los que llegan que a los que están, exentos en cierta medida de llevar a cabo esa tarea. Sólo puede existir una comunicación plena y llena de sentido si el que está en posición dominante tiene el deseo de comunicar, si propios y extraños quieren compartir escenarios sociales y mentales comunes, si los últimos en llegar pueden aproximarse al presente del mundo social de los que están ya instalados para poder imaginar un futuro susceptible de ser compartido, o lo que es lo mismo, si están en condiciones, ambos, de aprovechar y hacer suyo también la experiencia del otro, poder unirnos a las participaciones de los otros (Douglas, 2008) . Hay que preguntarse cuáles son las condiciones que hacen posible transcender el tiempo capitalista para abrazar ese otro tiempo cualitativo que los griegos llamaban kairos, lo que el tiempo incuba o prepara, para participar en la construcción de un proyecto común y construir una sociedad más democrática e incluyente. Compartir y transmitir las experiencias es una de las condiciones para que los grupos e individuos se sientan interpelados por un mismo proyecto de humanidad común para superar la autoperpetuación de lo instituido. Tienen que existir espacios y tiempos comunes susceptibles de ser compartidos. Construir y ejercitar esta práctica en todos los niveles, públicos y privados, requiere la existencia de un lenguaje también común, pues la experiencia tiene que ver con la palabra y el relato. La gramática de ese lenguaje tiene que generarse a partir de las propias relaciones sociales, en el acercamiento al otro, permitiendo un reconocimiento mutuo y sincero para sentar las bases de un nosotros que garantice la continuidad de la comunicación, para que no se sigan acentuando los procesos de individualización y de vulnerabilidad social. En coincidencia con en esta investigación, el estudioso del tiempo y del espacio de la comunidad inmigrante ecuatoriana en Madrid, Thayer (2006), concluye que los/as inmigrantes colombianos, ecuatorianos y peruanos experimentan un proceso de debilitamiento de la presencia colectiva en sus vidas y un incremento de la individualidad, es decir, que van redefiniendo lo que son cada vez más a partir de sus experiencias individuales y cada vez menos a partir de sus referentes colectivos, una camino que aboca a situaciones de vulnerabilidad social por la pérdida de referentes que les hagan proyectarse hacia el futuro como una posibilidad, y por tanto la capacidad de hacer el tiempo, cuya precondición es la inserción de las trayectorias biográficas en un entramado de significación colectiva.

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Notas de autor

Breve currículo: Juan José Ruiz Blázquez

Doctor en Sociología por la Universidad Complutense de Madrid. Ha sido colaborador honorífico del Departamento de Sociología IV de dicha Universidad durante diez años. Tiene varias estancias en universidades ecuatorianas como docente-investigador. Sus intereses de investigación giran en torno a la sociología histórica, la teoría sociológica, los procesos temporales de la realidad social y los procesos de subjetivación, así como la metodología cualitativa en investigación social y las migraciones internacionales. Ha trabajado como sociólogo en la Consejería de Inmigración y Cooperación al Desarrollo de la Comunidad de Madrid, así como Técnico de Empleo y Desarrollo Local en la Sierra Norte de Madrid. También ha ejercido labores de Orientación para el empleo y el autoempleo en el Ayuntamiento de Madrid, la Universidad Complutense de Madrid y en el Colegio de Politólogos y Sociólogos de Madrid. Participó como Coordinador-investigador del último recuento de personas sin hogar de la ciudad de Madrid y de la Comunidad Autónoma de Madrid.

Información adicional

SUMARIO: 1. Introducción. 2. Marco teórico. 3. Una propuesta metodológica. 3.1. La acción social como posibilidad. 3.2. El papel de la investigación y del investigador. 3.3. El retorno. 4. La experiencia del cuerpo. 5. Tiempo y trabajo. 6. Conclusiones. Bibliografía.

CONTENTS: 1. Introduction. 2. Theoretical framework. 3. A methodological proposal. 3.1. Social action as a possibility. 3.2. The role of the research and the researcher. 3.3. Return. 4. The experience of the body. 5. Time and work. 6. Conclusions. References.

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