Artículo
Migración paraguaya en la Ciudad de Buenos Aires (2010): distribución espacial y pobreza
Paraguayan Migration in Buenos Aires City (2010): Spatial Distribution and Poverty
Migración paraguaya en la Ciudad de Buenos Aires (2010): distribución espacial y pobreza
Revista Latinoamericana de Población, vol. 8, núm. 14, pp. 57-80, 2014
Asociación Latinoamericana de Población

Resumen: En el presente artículo se estudia la distribución espacial de los migrantes paraguayos en la Ciudad de Buenos Aires y sus interrelaciones con la distribución de la pobreza. Para ello, se toma como fuente de datos el Censo Nacional de Población, Hogares y Viviendas 2010 y se realiza un análisis socioespacial con la integración de los datos censales georreferenciados mediante la utilización de Sistemas de Información Geográfica (SIG), con la elaboración de mapas temáticos y el cálculo de indicadores estadísticos de distribución espacial. Se observa así que la distribución (y concentración) de los paraguayos en el espacio urbano se encuentra muy vinculada a dinámicas socioeconómicas y a estrategias de acceso a la ciudad que se ven restringidas por un contexto social excluyente.
Palabras clave: distribución espacial, migración paraguaya, pobreza.
Abstract: This paper studies the spatial distribution of paraguayan migrants in Buenos Aires City and its interrelations with the distribution of poverty. The source of data used is the National Census of Population, Households and Housing 2010, and a socio-spatial analysis is performed using georeferenced data processed through Geographic Information Systems (gis) and the construction of maps and statistical indicators of spatial distribution. Through this analysis it is consider that the spatial distribution (and concentration) of paraguayan on the urban space is closely linked to socio-economic dynamics and strategies of access to the city that are constrained by an exclusionary social context.
Keywords: spatial distribution, paraguayan migration, poverty.
Introducción
La distribución espacial de los individuos y grupos sociales constituye un fenómeno complejo cuyas configuraciones manifiestan, como sostiene Bourdieu (1993), distancias y jerarquías sociales. En un territorio (urbano) marcado por relaciones de poder, la capacidad de apropiación del lugar de residencia es producto de luchas y estrategias de los actores sociales que lo habitan o quieren incidir en él. En dicho proceso, entonces, la conformación de localizaciones diferenciales remite a un entramado de relaciones que se entablan en el campo social.
La distribución espacial de la población –la invitación a dirigir la mirada hacia esa configuración de posiciones residenciales que puede resumirse en un mapa– da cuenta, así, de elementos fundamentales que hacen a la estructura social de la ciudad y al lugar que en ella ocupan los diferentes actores. Allí se cristalizan estrategias individuales, familiares y sociales de asentamiento, llevadas a cabo por actores desigualmente posicionados en el espacio social, que constantemente ponen en juego sus capitales específicos. Allí se manifiestan, también, la estructura urbana y las condiciones de acceso al suelo y a la vivienda que brindan el mercado y el Estado a los distintos sujetos.
El presente trabajo se propone estudiar la distribución espacial de los migrantes paraguayos en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires (CABA) mediante un análisis estadístico-cartográfico que toma como fuente de datos el Censo Nacional de Población, Hogares y Viviendas 2010. Se realiza un Análisis socioespacial con la integración de datos censales georreferenciados mediante Sistemas de Información Geográfica (SIG), la construcción de mapas temáticos y el cálculo de indicadores estadísticos de distribución espacial.
Pensar la distribución espacial
La preocupación sociológica (que es también social y política) por el asentamiento y distribución de los migrantes en las ciudades tiene una larga historia en las ciencias sociales. Desde los primeros estudios de la Escuela de Chicago de comienzos del siglo xx –que, desde una mirada anclada en la ecología urbana, pusieron en evidencia la importancia de comprender sus dinámicas y características– hasta la actualidad, se han desarrollado perspectivas, nociones teóricas y herramientas metodológicas diversas para explicar estos procesos.
Así como en aquellos trabajos de la ecología urbana la concentración espacial de los migrantes era entendida como un estadio transitorio en su proceso de asimilación a la sociedad receptora (Burgess, 1925; Park, 1926), en las décadas siguientes el debate se complejizó. Se entablaron, entonces, interesantes discusiones en torno a qué factores (socioeconómicos, políticos, culturales, territoriales) se entrecruzan en el asentamiento y agrupamiento espacial de los migrantes en el espacio urbano. Este fenómeno, ¿se vincula con las propias prácticas de los actores, las redes sociales y cadenas migratorias, o responde más bien a las dinámicas urbanas de la sociedad receptora, al mercado inmobiliario y a la discriminación?; ¿es un proceso positivo que refuerza los vínculos comunitarios de los migrantes o es el resultado de procesos de exclusión social? Y, en el contexto de esta discusión, desde la literatura especializada se han propuesto diversas nociones –como segregación espacial, ghetto, barrio étnico, enclave étnico– para comprenderlo.
Este debate teórico-conceptual es sumamente complejo y excede los objetivos del presente trabajo.[1]Es importante señalar, sin embargo, que la pregunta por la distribución espacial de los migrantes se enmarca en esta línea de estudios que, tanto a nivel internacional como local, ha buscado problematizar la relación entre migración y espacio urbano en sus diversas aristas.
En la Argentina, la preocupación por el estudio de dicha distribución –que solo en las últimas décadas comenzó a desarrollarse con sistematicidad– tendió a centrarse principalmente en las redes y cadenas migratorias (entre otros, Baily, 1985; Gandolfo, 1988; Devoto, 1991; Otero, 1994; Da Orden, 2000); en cambio, en la literatura local tuvo un peso menor el análisis de otro elemento crucial: el mercado inmobiliario. Recién en los últimos años se comienza a profundizar la investigación sobre la vinculación entre la migración y la problemática habitacional, iniciándose una línea de indagación sumamente fértil tanto para los estudios urbanos como para los migratorios (Gallinati y Gavazzo, 2011; Cravino, 2012). El presente trabajo parte de considerar los aportes de estas dos líneas de estudios de manera complementaria, entendiendo que el asentamiento de los migrantes responde a un entramado de factores vinculados tanto a su momento de arribo y a las redes sociales como a las condiciones estructurales de la sociedad receptora, donde el mercado inmobiliario y la discriminación en el acceso a la vivienda limitan o condicionan las estrategias individuales, familiares y colectivas.
Si bien no es el objetivo de este artículo adentrarse en estos múltiples factores que atraviesan (y contribuyen a conformar) la distribución espacial de los migrantes (en este caso, paraguayos), resulta necesario resaltar que lo plasmado en la cartografía es resultado de toda una serie de procesos que lo trascienden. Y que es en este marco que se producen dinámicas de distribución y diferenciación de los grupos sociales en las que el espacio es producto y productor de las relaciones, prácticas y conflictos que en él se dirimen.
La inmigración paraguaya
Los paraguayos constituyen el contingente migratorio que más ha crecido en la Argentina del último siglo: de ser la colectividad limítrofe de menor peso relativo en el primer censo nacional, su proporción se ha incrementado hasta llegar a convertirse en la población preponderante. Su volumen y características han estado influidos por múltiples factores, de corto y largo plazo, tanto en origen como en destino; pero, con el tiempo, esta dinámica se afianzó también en prácticas culturales y fue alimentada por intensas redes sociales. El Paraguay ha vivido una historia política compleja, signada por “largos años de gobiernos autoritarios, combinados con períodos de inestabilidad política en los cuales los civiles gobernaron durante períodos de tiempo muy reducidos, lo que profundizó la crisis económica, política y social” (López, 2010: 5). Este contexto sociopolítico contribuyó a generar condiciones expulsivas para un importante número de paraguayos y paraguayas, en particular como consecuencia de la Guerra Civil de 1947 –que generó la primera experiencia “masiva” de emigración, acrecentando la corriente existente (Flores Colombino, 1967)– y de la dictadurade Alfredo Stroessner Matiauda, que se extendió por 35 años (1954-1989).
Asimismo, el Paraguay desarrolló un modelo socioeconómico excluyente, con falta de oportunidades ocupacionales, agravado por un sistema de explotación agraria que brinda escasas oportunidades a la población campesina. El sistema rural paraguayo se caracteriza por una alta concentración de la tierra y el desarrollo de un régimen latifundista [2]que “ha tenido un doble efecto: la exacción de las principales riquezas naturales por una parte, y el arrinconamiento y pauperización masiva del agricultor paraguayo en un área de creciente minifundio, por la otra” (Oddone, 2010: 3). En este contexto, se fue creando “una superpoblación relativa en relación con la escasez del recurso tierra que era la principal causa de las migraciones hacia el exterior del país” (Carrón, 2008: 3). La desigualdad y la expulsión rural se conjugaron con un modelo de crecimiento económico que no crea empleo suficiente como para brindar un marco de contención de los pobladores. Como sostiene Halpern (2009: 77), “oficialmente, casi la mitad de la población del Paraguay vive por debajo de la línea de pobreza, y el Estado no ha dado respuesta a la descampesinización más que a través de la represión y el aval a la concentración de tierras y al monocultivo”. De esta manera, la expulsión rural y la falta de oportunidades para que esa fuerza de trabajo excluida se incorpore al mercado urbano colocan a miles de paraguayos ante la opción de emigrar al exterior como la única alternativa de vida posible.
En el contexto latinoamericano, la Argentina se constituyó como un destino muy atractivo por una serie de elementos, entre los que Gerardo Halpern (2009) destaca: su capacidad de absorber e incorporar esa fuerza de trabajo en los mercados locales; el desarrollo de una industrialización que, por momentos, supo brindar una opción de ascenso social; el hecho de constituir un espacio que ofreció la posibilidad de escapar de las persecuciones políticas en Paraguay y actuar desde allí sobre el lugar de origen. A todo esto se suma la formación de redes sociales que cumplen una función esencial de articulación entre origen y destino y que operan como instancias para facilitar la incorporación de los migrantes en una sociedad ajena.
La Tabla 1 sintetiza la evolución de los stocks de población nacida en el Paraguay y registrada por los censos argentinos a lo largo de su historia, mientras que el Gráfico 1 representa las variaciones que ha experimentado en términos relativos respecto del total de población, de los inmigrantes en general y de los provenientes de países limítrofes en particular.
Como se observa en la Tabla 1, ya en el primer censo nacional la presencia paraguaya aparece registrada a nivel estadístico: alcanza a constituir 3,288 personas. Desde entonces, la evolución de este flujo debe verse desde varias miradas. Por un lado, los censos argentinos registran un constante aumento de esta población a lo largo de todo el período, con la sola excepción de una breve disminución entre los Censos de 1980 y 1991.[3]Los incrementos más significativos se observan en el Censo de 1895 –crecimiento probablemente vinculado a los efectos de la Guerra de la Triple Alianza [4]y en el extenso período Comprendido entre los Censos de 1914 y de 1947.
Evolución de la población paraguaya en la Argentina (valores absolutos y crecimiento relativo). Total del país. Años 1869-2010
| Año | Paraguayos censados | Crecimiento relativo |
| 1869 | 3,288 | - |
| 1895 | 14,562 | 342.9 |
| 1914 | 28,592 | 96.3 |
| 1947 | 93,248 | 226.1 |
| 1960 | 155,269 | 66.5 |
| 1970 | 212,200 | 36.7 |
| 1980 | 262,799 | 23.8 |
| 1991 | 250,450 | -4.7 |
| 2001 | 325,046 | 29.8 |
| 2010 | 550,713 | 69.4 |
Por otro lado, la dinámica que tuvo la presencia paraguaya en términos porcentuales (Gráfico 1) introduce algunos elementos significativos. Los paraguayos históricamente han representado menos del 1% de la población total del país; recién en el último censo superan levemente ese valor relativo. Los mayores cambios, sin embargo, se observan en su relación con el resto de los inmigrantes en general (y con los limítrofes en particular). A partir del Censo de 1914 en adelante, el volumen de paraguayos fue creciendo en importancia respecto de la población migrante en general: de ser menos del 2% en los primeros tres censos nacionales –el momento de mayor auge de la inmigración europea–, en la actualidad representan un 30% del contingente inmigratorio total. Finalmente, respecto del conjunto de la inmigración proveniente de países limítrofes, su importancia relativa también ha ido en aumento de censo en censo, con la excepción de las décadas de 1970 y 1980, cuando se registró una breve disminución, hasta que en el período 1991-2001 la tendencia vuelve a repuntar. En el último censo, los paraguayos constituyen casi el 45% de la población proveniente de países limítrofes de la Argentina.
Grafico 1. Peso relativo de la población paraguaya en la Argentina. Total del país. Años 1869-2010

En lo que se refiere a la localización geográfica de esta población, los estudios distinguen dos corrientes principales: un primer flujo vinculado a las oportunidades de empleo agrario en el Nordeste argentino, que se localiza principalmente en las provincias fronterizas (sobre todo Formosa, Chaco y Misiones), asociado al desarrollo de la producción de algodón, la caña de azúcar, el tabaco y el té; y, desde mediados del siglo XX, un segundo flujo que se dirige de manera creciente hacia la Región Metropolitana de Buenos Aires (Benencia, 2003: 455). Es decir que la emigración paraguaya, si en un primer momento tuvo un carácter rural-rural –protagonizado por pequeños campesinos que se convierten en braceros en explotaciones forestales y en cultivo agrícola y frecuentemente temporario (al menos en las intenciones de los individuos en movimiento), paulatinamente adquirió un patrón de destino preferentemente urbano y de carácter permanente.
La pérdida de importancia de las provincias fronterizas como lugar de destino para estas corrientes estuvo vinculada a la crisis de las economías regionales (en particular del algodón y la yerba mate), junto al crecimiento de la demanda de mano de obra en los enclaves urbanos de la capital y el resto de la Provincia de Buenos Aires (Meichtry y Beck, 1999). En esta segunda etapa –que se consolida a comienzos de la década de 1970 y se prolonga al día de hoy–, los antiguos y nuevos migrantes se orientan progresivamente hacia Buenos Aires. Como han estudiado diversos autores (Carrón, 1980; Marshall y Orlansky, 1983; Benencia, 2003), este proceso de concentración geográfica va a conducir a una transformación en las ocupaciones tradicionales de los migrantes limítrofes, quienes comienzan a insertarse en actividades vinculadas con el empleo urbano, particularmente la construcción, el servicio doméstico y la industria con demanda intensiva de mano de obra.
La distribución espacial de los paraguayos registrada en los últimos tres censos nacionales (Gráfico 2) muestra los efectos de este desplazamiento hacia la Provincia de Buenos Aires.[5] En 1991 el 70% de esta población fue censada en la Ciudad de Buenos Aires o en la provincia del mismo nombre, proporción que incluso crece en las dos décadas siguientes, alcanzando a ser un 80% en 2001 y un 85% en el año 2010. De esta proporción, la amplia mayoría corresponde a la Provincia de Buenos Aires –en la Ciudad Capital se ubica en un 14% en los dos últimos censos–. Como contracara de esta concentración espacial, en la región nordestina (Chaco, Corrientes, Formosa y Misiones) se observa una disminución de migrantes paraguayos que continúa decreciendo hasta la actualidad. Así, aunque hay corrientes que permanecen en el área nordeste –particularmente en las provincias de Formosa y Misiones–, en las últimas décadas Buenos Aires se consolida como núcleo central del asentamiento de los paraguayos en la Argentina.
Gráfico 2. Distribución de la población paraguaya en la Argentina. Total del país. Años 1991-2010

*Nordeste: Chaco, Corrientes, Formosa y Misiones.
Fuente: Elaboración sobre datos del indec, Censos Nacionales.Bruno (2009) señala que, más allá de cierta continuidad histórica, hubo dos momentos de afluencia inmigratoria particularmente intensos: el mencionado primer quinquenio de la década del setenta –atribuido a la crisis de las economías regionales y a la demanda de mano de obra en Buenos Aires– y el primer quinquenio de la década del noventa, enmarcado en las diferencias monetarias que implicó el Plan de Convertibilidad. que, al sobrevaluar la moneda argentina, permitió “ahorrar en divisas, sea para enviar dinero al país de origen, sea para acumular y preparar una segunda etapa migratoria hacia destinos más lejanos” (Barrios y Bologna, 2007). En la última década el flujo migratorio paraguayo se intensificó debido a factores tanto de origen —un contexto signado por la subocupación, la pobreza y la desigualdad– como de destino, así como a la acción de las redes sociales consolidadas tras toda una historia migratoria.
La incorporación de los paraguayos en el mercado de trabajo urbano ha tenido características particulares. Como ha estudiado en profundidad Bruno (2008), la construcción (en el caso de los varones) y el servicio doméstico (entre las mujeres) se consolidaron como los “nichos laborales” por excelencia de esta población debido a una lógica de reclutamiento de la mano de obra en la que migrantes ya asentados recomiendan o contratan a otros familiares y compatriota, lo que retroalimenta un círculo que redunda en una estrechez extrema tanto en el acceso al mercado laboral como en el nivel de ingresos.
En la actualidad, los paraguayos en la Ciudad de Buenos Aires –según el Censo de 2010– alcanzan las 80,325 personas, lo que apenas representa un 2.8% del total de la población porteña. Difícilmente caracterizable de “antigua” o “reciente” —pues está compuesta por individuos y familias que arribaron al país en momentos históricos diferentes y que siguieron trayectorias heterogéneas dentro del territorio argentino, con numerosas idas, vueltas y re-migraciones–, la presencia paraguaya en la Ciudad de Buenos Aires asume dinámicas que conforman un universo con muchos elementos a descubrir aún. Lo que proponemos en los siguientes apartados es contribuir a este campo de conocimiento desde una perspectiva escasamente estudiada y sumamente rica para el análisis social: la dimensión territorial.
Distribución espacial de los paraguayos en la CABA
Nuestro objetivo es brindar un panorama general de las formas que adquiere la distribución espacial de este grupo migratorio en la CABA partir de datos del último Censo Nacional de Población, Hogares y Viviendas –del año 2010–, sobre el cual muy recientemente comienza a disponerse de información para unidades espaciales pequeñas.
Este último censo poblacional, además de haber sido objeto de críticas por parte de diversos especialistas,[6]desde su diseño mismo presenta características que condicionan la posibilidad de obtener datos muy desagregados espacialmente. En continuidad con la metodología implementada en los Censos de 1980 y 1991, se aplicaron técnicas de muestreo para relevar los datos en las áreas más pobladas del país, con el fin de simplificar el operativo censal, reducir costos y acelerar la obtención de resultados. En las localidades de más de 50,000 habitantes se aplicaron dos tipos de cuestionarios: uno básico, con una cantidad reducida de preguntas sociodemográficas elementales, y uno ampliado, que contiene la totalidad de las variables relevadas y que fue aplicado a una muestra probabilística de alrededor del 10% de viviendas. En este contexto, si para las variables relevadas en el cuestionario básico pueden obtenerse “datos exactos a cualquier nivel de desagregación geográfica (localidad, departamento, fracción, radio, manzana, lado de manzana, etc.)”,[7] para las preguntas incluidas en el cuestionario ampliado los datos se recaban “mediante la expansión de los resultados obtenidos en la muestra de viviendas correspondiente” (INDEC, 2013: 4), lo que condiciona su acceso para unidades espaciales pequeñas. Si bien el Censo 2010 cuenta con la importante ventaja –como sucedió con el Censo 2001– de poner a disposición de los usuarios una gran cantidad de información en soporte digital –a través del software Redatam + S P, [8]que permite procesar las variables de población, hogares y viviendas hasta el nivel de radio censal–, dicha información solo abarca a las variables relevadas en el cuestionario básico.
El territorio de la CABA puede subdividirse según múltiples criterios, dando lugar a divisiones –creadas en distintos momentos y de acuerdo con diferentes propósitos– que se superponen en la actualidad, como son los distritos escolares, las circunscripciones electorales, los centros de gestión y participación, las comunas y los barrios. Por otro lado, el Instituto Nacional de Estadística y Censos (INDEC) realiza una división del territorio de la ciudad con fines operativos, es decir, para facilitar la tarea de recolección de los datos en el operativo censal: en orden descendente, fracciones, radios y segmentos.[9]
En el presente artículo se trabaja a nivel de fracciones censales, unidad espacial suficientemente pequeña como para permitir dar cuenta de las especificidades que se pretende captar a los fines de este estudio. Estas unidades espaciales constituyen divisiones que realiza el INDEC para el relevamiento censal, por lo que en modo alguno suponen áreas sociodemográficas significativas a los fines de la investigación. Por otro lado, resulta muy dificultoso realizar una lectura de los mapas partiendo solamente de la división por fracciones sin ubicarlas dentro de unidades espaciales que tengan cierto sentido sociocultural. En este sentido, para la lectura e interpretación de los mapas, se trabajará en constante diálogo con la división de la CABA por barrios.
Cartografía de la presencia paraguaya en la ciudad
Para comenzar a explorar las formas que adquiere la distribución de los paraguayos en el territorio de la CABA, resulta interesante contar con un valor resumen que permita evidenciar qué tan desigualmente distribuidos se encuentran. Y esta cuestión puede ser abordada a partir del cálculo de alguno de los numerosos indicadores estadísticos de distribución espacial propuestos por la literatura especializada.[10] En el presente artículo se aplicará uno de los más utilizados en este sentido: el denominado Índice de Segregación Espacial (IS). Esta medida busca cuantificar el grado en que se produce una distribución desigual de los grupos a nivel intraurbano, comparando la composición social de las unidades espaciales (en este caso, las fracciones censales) con la composición de la ciudad en su conjunto. Varía entre 0 y 1 –cuanto mayor es el valor del indicador, mayor es la desigualdad en la distribución espacial–, y al multiplicarlo por cien puede interpretarse como la proporción del grupo en cuestión que debería ser redistribuida para que cada área tenga la misma composición que el total de la ciudad.
Dado que no existe un consenso acerca de cuáles son los umbrales críticos de los indicadores de distribución –es decir, a partir de qué valor puede concluirse que existe mucha o poca “segregación residencial” así entendida–, en la Tabla 2 se presentan los valores que alcanza la población paraguaya en la CABA así como también otros migrantes regionales (bolivianos, brasileros, chilenos, uruguayos y peruanos) con el fin de obtener un panorama general que permita una mirada comparativa.
Índice de Segregación Residencial (IS) según país de nacimiento. Migrantes de países limítrofes y del Perú. Ciudad de Buenos Aires. Año 2010
| País de nacimiento | IS |
| Paraguay | 0.44 |
| Bolivia | 0.61 |
| Brasil | 0.39 |
| Chile | 0.22 |
| Uruguay | 0.14 |
| Perú | 0.36 |
De acuerdo con el Índice de Segregación, los migrantes paraguayos presentan patrones de distribución espacial bastante diferenciados: un 44% debería cambiar de lugar de residencia para tener una representación equivalente en todas las fracciones de la ciudad (IS=0.44). No se trata del grupo migratorio más desigualmente distribuido –los oriundos de Bolivia presentan niveles mucho mayores (IS=0.61)–, pero, en el ranking de la desigualdad en la distribución espacial de los migrantes de países limítrofes y del Perú, los paraguayos ocupan el segundo lugar.
Si los paraguayos no se encuentran distribuidos de manera homogénea en la ciudad, el interrogante que surge es: cuáles son las características de las pautas de asentamiento de este grupo (dónde se localizan). El Mapa 1 muestra los resultados de un primer cálculo porcentual[11] y evidencia que los migrantes del Paraguay en la CABA presentan una distribución espacial signada por una muy marcada diferencia norte-sur: se encuentran fundamentalmente en el sur y este de la ciudad –y, dentro de esta zona, en algunas áreas específicas–, y, en contraste, tienen escaso peso en el resto del territorio porteño.
Mapa 1. Distribución de los inmigrantes paraguayos por fracciones censales (valores relativos). Ciudad de Buenos Aires. Año 2010

La fracción que reúne el mayor porcentaje de paraguayos es la localizada en el límite entre Pompeya, Barracas y el sur de Parque Patricios: el 42.2% de la población de la unidad espacial. En segundo lugar se destacan sus dos fracciones colindantes (que reúnen alrededor del 30%), otra ubicada en el noreste –entre los barrios de Recoleta y Retiro (35%)– y otra en el límite oeste de Villa Lugano (27%). Otras áreas de presencia paraguaya significativa, aunque con porcentajes menores, pueden encontrarse en distintas zonas de Villa Lugano y Villa Soldati, en el sur de Parque Avellaneda, en el sur de La Boca y en Retiro. En marcado contraste con estas unidades espaciales, en todo el norte, centro y oeste de la ciudad, la presencia de estos migrantes es muy baja o prácticamente nula: con muy pocas excepciones, los paraguayos constituyen menos del 2.2% de la población decada fracción (Mapa 1).
Es decir que, si bien los inmigrantes paraguayos son un pequeño porcentaje del total de la población de la CABA, su distribución en ella los convierte en una presencia mucho más notoria –en términos numéricos– en algunas zonas específicas del sur y del este de la ciudad. Y estas zonas de la urbe son los lugares históricamente más degradados, signados por un ambiente predominantemente industrial, con déficit de infraestructuras y servicios y fuerte presencia de urbanizaciones informales. Pues la expansión de la CABA que se desarrolló en particular sobre los corredores norte y oeste– estuvo ligada al ascenso social de un amplio sector de trabajadores urbanos, muchos de ellos migrantes de segunda generación, “que había estado acompañado por el acceso a la pequeña propiedad residencial y había resultado en la consolidación de una corona de barrios suburbanos” (Torres, 1992: 158). Y en este proceso se fue desarrollando un patrón de diferenciación espacial –que permanece hasta la actualidad–: por un lado, el eje norte y noroeste de la CABA, con buenos servicios de infraestructura y transporte, que fue recibiendo a la población de mayores recursos; por otro lado, la zona sur, de fuerte localización industrial, vinculada a los sectores obreros y sede de grandes conjuntos habitacionales con la mayor cantidad de villas miseria.
Los patrones residenciales observados en la CABA entre los paraguayos que han tendido a concentrarse en el sur y este de la ciudad, y, dentro de esta zona, en algunas fracciones en particular– permiten esbozar la hipótesis de que esa distribución se encuentra vinculada a dinámicas de carácter socioeconómico. En el siguiente apartado se intentará ahondar en esta cuestión, incorporando al análisis una segunda variable vinculada a la pobreza.
Migración y pobreza
Existen diferentes formas de abordar la pobreza –todas las cuales aprehenden de manera parcial esta realidad multidimensional–, que, a grandes rasgos, pueden sintetizarse en dos líneas de análisis: a) por la vía de los ingresos, relacionada con la capacidad de consumo: corresponde al método de la línea de Pobreza; y b) a través de las condiciones de vida, básicamente en relación con la vivienda: corresponde a la medición de las Necesidades Básicas Insatisfechas (NBI).[12] Al no disponer de datos censales sobre nivel de ingresos, en el presente trabajo se utilizará como variable de segmentación socioeconómica la propuesta por la segunda línea de análisis, es decir, la pertenencia a hogares con NBI, una medida que da cuenta de situaciones de pobreza estructural, que, al utilizar datos censales, permite un detallado nivel geográfico de desagregación de la información (Beccaria y Minujin, 1991). El método de NBI identifica los hogares que no satisfacen un conjunto mínimo de necesidades básicas a partir de variables censales referidas a la calidad de la vivienda, la disponibilidad de servicios sanitarios, la accesibilidad a la educación y la ocupación del jefe de hogar,[13] que se considera se presentan con frecuencia en situaciones de bajos ingresos y asociadas con otras dimensiones de las necesidades básicas (Formiga, 2007: 12).
El Mapa 2, que representa el peso relativo de los hogares con Nbi en el total de hogares de cada unidad espacial, permite observar que la distribución de la pobreza, siguiendo la matriz histórica, presenta un marcado contraste norte-sur: tiene una magnitud predominantemente media o baja en la zona norte, centro y oeste de la caba y un peso relativo alto en numerosas fracciones del sur y este, llegando a incluir en algunos casosmás del 70% de los hogares de la unidad territorial.
Mapa 2. Distribución de la población en hogares con NBI . Ciudad de Buenos Aires. Año 2010

Una primera mirada sobre la distribución espacial de la población en hogares con nbi permite descubrir que se manifiesta cierta coincidencia entre las áreas de la ciudad en donde predominan los hogares pobres y las áreas en las que se observaba una mayor concentración de migrantes paraguayos. La cuestión ahora es determinar la fuerza de la relación entre las variables consideradas, es decir, en qué medida los valores que asumen los atributos en las diferentes unidades espaciales varían conjuntamente, y en qué sentido. Como sostiene Buzai, lo que se intenta medir así es “el grado de relación y la forma que toman, acercándose a uno u otro extremo o presentando valores intermedios, en los cuales se dice que la variación conjunta no tiene correlación o que esta relación se produce al azar” (Buzai, 2003: 133).
Para obtener un valor que indique en qué medida los valores de las unidades espaciales varían conjuntamente, el Gráfico 3 resume los resultados del coeficiente de correlación r de Pearson[14], que surge de la covarianza o variabilidad conjunta de las variables.
Grafico 3. Correlación entre el porcentaje de población en hogares con NBI y el porcentaje de paraguayos por fracciones censales. Ciudad de Buenos Aires. Año 2010

A partir del cálculo del coeficiente r vinculando el porcentaje de población en hogares con NBI con el porcentaje de inmigrantes paraguayos (Gráfico 3), puede decirse que la relación que se había observado entre ambos atributos tiene una fuerza positiva de 0.53, es decir que a mayor proporción de población con NBI, mayor representación de los migrantes paraguayos. Debe recordarse que hablar de correlación no implica una relación de causalidad: solo puede decirse que ambas variables varían conjuntamente y, en este caso, en el mismo sentido.
Habiendo observado este comportamiento en la correlación entre el porcentaje de población en hogares con NBI y el porcentaje de migrantes paraguayos en la ciudad, resulta interesante indagar acerca de dónde se localizan espacialmente estos casos, en qué lugares se hallan las fracciones que concentran las mayores (y menores) proporciones de población con estos atributos. Para ello, en primer lugar se procedió a la estandarización de los puntajes obtenidos (Gráfico 4), y luego se representaron cartográficamente los casos localizados en cada cuadrante, que dan cuenta de las cuatro posibles combinaciones que surgen de dicotomizar las categorías de cada variable en valor “alto” o “bajo” (Mapa 3).
A partir del cálculo del coeficiente r vinculando el porcentaje de población en hogares con NBI con el porcentaje de inmigrantes paraguayos (Gráfico 3), puede decirse que la relación que se había observado entre ambos atributos tiene una fuerza positiva de 0.53, es decir que a mayor proporción de población con NBI, mayor representación de losmigrantes paraguayos. Debe recordarse que hablar de correlación no implica una relaciónde causalidad: solo puede decirse que ambas variables varían conjuntamente y, eneste caso, en el mismo sentido.
NBI, mayor representación de los migrantes paraguayos. Debe recordarse que hablar de correlación no implica una relación de causalidad: solo puede decirse que ambas variables varían conjuntamente y, en este caso, en el mismo sentido. Habiendo observado este comportamiento en la correlación entre el porcentaje de población en hogares con NBI y el porcentaje de migrantes paraguayos en la ciudad, resulta interesante indagar acerca de dónde se localizan espacialmente estos casos, en qué lugares se hallan las fracciones que concentran las mayores (y menores) proporciones de población con estos atributos. Para ello, en primer lugar se procedió a la estandarización de los puntajes obtenidos (Gráfico 4), y luego se representaron cartográficamente los casos localizados en cada cuadrante, que dan cuenta de las cuatro posibles combinaciones que surgen de dicotomizar las categorías de cada variable en valor “alto” o “bajo” (Mapa 3).
Gráfico 4. Correlación entre el porcentaje de población en hogares con NBI y el porcentaje de paraguayos por fracciones censales. Puntajes estandarizados. Ciudad de Buenos Aires. Año 2010.

El Mapa 3 permite confirmar las observaciones que surgían al elaborar los primeros mapas sobre la distribución de los paraguayos y la distribución de la pobreza urbana: la coincidencia entre las áreas donde se concentra una alta proporción de población que cuenta con alguno de estos atributos (la condición de ser migrante del Paraguay y la pertenencia a hogares con NBI), que se localizan marcadamente en el sur y este de la ciudad. En claro contraste, casi toda la zona oeste, centro y norte concentra un bajo porcentaje de población con NBI y un bajo peso de paraguayos. En torno al microcentro y barrios aledaños, así como en algunas fracciones de Villa Crespo, Flores, Parque Patricios y Pompeya, se observa un alto porcentaje de población con NBI pero una baja presencia de paraguayos; mientras que la situación inversa (alto porcentaje de paraguayos pero bajo peso de la población en hogares pobres) se da en diferentes fracciones, particularmente del sur de la ciudad.
Mapa 3. Correlación entre el porcentaje de población en hogares con NBI y el porcentaje de paraguayos por fracciones censales. Ciudad de Buenos Aires. Año 2010

Queda, sin embargo, la pregunta: ¿en qué medida la existencia de una distribución desigual de los paraguayos se debe a su condición de migrantes, y cuánto se relaciona, en cambio, con su condición de pobres?; es decir, ¿cuál de estos factores actúa en mayor medida como diferenciador de la población en términos espaciales? Si bien esta cuestión excede los objetivos del presente trabajo, resulta interesante traer aquí los hallazgos de un estudio previo, en el que se propuso dar respuesta a este interrogante con datos del Censo 2001 (Mera, 2012).[15] Pudo verse allí que la pobreza incide en la pautas de distribución de toda la población de la CABA: tanto los migrantes como los nativos residen en zonas muy distintas según pertenezcan o no a hogares pobres. No obstante, esto no implica volcarse a una interpretación que coloque a lo socioeconómico como la única dimensión explicativa de la distribución espacial de estos grupos; el mapa social de Buenos Aires presenta un universo de situaciones donde estas dos variables se cruzan de maneras muy diversas. Entre los paraguayos, en particular, la pobreza introduce una diferencia muy significativa, de manera que los que son pobres se encuentran mucho más desigualmente distribuidos y concentrados. Y la mayor disimilitud espacial se da entre los individuos que combinan ambos atributos (ser paraguayo y ser pobre), por un lado, y los que se encuentran en el punto opuesto (los que son nativos y no son pobres), por el otro. Así, es posible postular que la condición migratoria y la pobreza, combinadas, constituyen un conjunto de alto poder explicativo a la hora de brindar luz sobre los procesos de distribución espacial en este contexto.
Migración y villas
La relación existente entre la distribución espacial y las situaciones de pobreza de los paraguayos se encuentra íntimamente relacionada con la presencia de las villas de emergencia o villas miseria, las cuales, como resultado de diversos procesos históricos, se encuentran localizadas en determinadas áreas de la ciudad, muy particularmente en la zona sur. El Mapa 4, que representa las fracciones censales que contienen este tipo de hábitat,[16] permite observar que las zonas de la CABA que se identificaron como las de mayor presencia de migrantes paraguayos y mayor incidencia de la pobreza coinciden justamente con la presencia de esta forma de asentamiento.
En particular, las tres áreas donde, según se mencionó, los paraguayos llegan a representar más del 30% de la población de la fracción –que figuran ampliadas a nivel de radio en el Mapa 4–, se corresponden con la presencia de importantes villas de la ciudad: la Villa 21-24 (y el nht Zavaleta colindante) en el barrio de Barracas límite con Pompeya; la Villa 31 y 31 bis de Retiro; y las Villas 15 y 17 (y el nht Av. Del Trabajo) en el barrio de Lugano.
Mapa 4. Fracciones de la ciudad donde hay villas miseria y radios seleccionados. Ciudad de Buenos Aires. Año 2011

Esta vinculación, que surge de los datos censales, entre la presencia de población migrante (en este caso, paraguaya) y formas de informalidad urbana, como son las villas miseria, constituye una temática compleja. Con demasiada frecuencia circulan discursos e imaginarios que asocian ambos procesos en una trama que estigmatiza a sus protagonistas y los culpabiliza de procesos sociales que los trascienden. Sin embargo, la necesidad de tomar distancia de este tipo de construcciones discursivas no debe llevar a invisibilizar otra parte importante de la ecuación: el hecho de que una significativa proporción de la población migrante en la CABA efectivamente se encuentra atravesando formas precarias de inserción habitacional.
No obstante, en este planteo queda pendiente una pregunta central para pensar la problemática de la distribución espacial de los paraguayos: cómo juega la antigüedad de la migración en estos procesos. Esta variable brindaría algunos elementos clave para dilucidar en qué medida el asentamiento en villas constituye una forma de incorporación inicial de los migrantes pobres a las áreas urbanas o si, en cambio, es una solución habitacional de carácter permanente. Si bien los datos censales disponibles no permiten ahondar en esta cuestión,[17]puede plantearse, a modo de hipótesis, que en muchos casos impera la segunda situación y que la relación entre cierta inmigración y estas formas de informalidad urbana refleja la dinámica de una ciudad que plantea serias restricciones en el acceso a la vivienda para algunos grupos sociales (en este caso los migrantes del Paraguay), para muchos de los cuales la única posibilidad de asentarse en su suelo pasa por sumarse a los pobladores de las villas miseria. En las últimas décadas, una serie de procesos socioeconómicos y políticos deterioraron las formas de acceso de los sectores populares a la ciudad (al mercado del suelo urbano formal),[18] lo que contribuyó al crecimiento de la informalidad urbana, como es el caso de las villas miseria.
Las posibilidades que tienen los grupos de migrantes de acceder al suelo y la vivienda están condicionadas por procesos similares. Pero estos grupos se enfrentan con dificultades adicionales vinculadas a su condición de“extranjeros”, especialmente con las barreras que impone el mercado inmobiliario formal (falta de garantías para el alquiler o de documentos argentinos para comprar, situaciones de informalidad laboral a raíz de la regularidad documentaria); por ello, se ven obligados a acceder a la ciudad a través de modalidades informales; y puede observarse que, particularmente en los últimos años, el mercado inmobiliario informal (del suelo, de viviendas o de cuartos) creció aceleradamente. Es decir que, más allá de las trayectorias y estrategias particulares que implementan los individuos y grupos migrantes, el contexto de llegada es una ciudad que continúa excluyendo a una gran parte de su población del acceso pleno a los bienes y servicios urbanos.
Reflexiones finales
La pregunta por la distribución espacial de esta población, que tiene en común el haber nacido en el Paraguay y el haber decidido establecerse en la Ciudad de Buenos Aires, permite echar luz sobre procesos complejos. La ciudad es un territorio marcado por relaciones de poder y las localizaciones espaciales diferenciales dan cuenta de jerarquías y distancias sociales.
La distribución de los paraguayos en la Ciudad de Buenos Aires habla de un proceso de asentamiento que fue consolidando pautas espaciales ciertamente diferenciales: algunas zonas de la ciudad se han convertido en receptoras privilegiadas, mientras que en otras la presencia de estas personas es muy baja o casi nula. Qué tan diferenciales son estos “patrones” de distribución es algo difícil de mesurar: ciertamente, son más marcados que los observados en otros grupos migratorios (como los uruguayos, brasileros o chilenos), pero no tanto como, por ejemplo, entre los oriundos de Bolivia.
No interesa aquí solo la pregunta por la magnitud cuantitativa de la concentración espacial –cuán distintos son esos patrones de asentamiento–, dato que puede brindar un indicador resumen, sino que los fenómenos más interesantes surgen al analizar en qué lugares de la ciudad han logrado asentarse estos individuos. Las diferentes zonas urbanas se encuentran cargadas de sentidos no solo disímiles, sino eminentemente desiguales mientras que algunos sitios consagran simbólicamente a sus habitantes, otros los estigmatizan, brindando posibilidades diferenciales de accesibilidad (o exclusión) a los bienes y servicios urbanos.
Abordar la distribución espacial de los migrantes no solamente desde una idea de diferencias espaciales sino también –y fundamentalmente– incorporando la noción de desigualdad constituye en este sentido un eje analítico central. Con mucha frecuencia, tanto en los estudios académicos como en el sentido común, se suele pensar estos procesos desde una idea de “diferenciación” que oculta que toda distribución espacial se produce en el marco de una estructura (social y espacial) de carácter desigual y jerarquizante. La tendencia a aglutinar (y esencializar) a los individuos en términos de “grupos étnicos” que se distribuyen de manera diferente puede llevar a invisibilizar el hecho de que muchas veces las diferencias son más bien expresión de desigualdades sociales y materiales.
Ya desde una primera mirada sobre dónde (en qué sitios) se manifiesta una mayor presencia residencial de estos individuos y familias surgen elementos para postular que esa relativa concentración de los paraguayos se encuentra muy vinculada a dinámicas socioeconómicas y a estrategias de acceso a la ciudad restringidas por un contexto social excluyente. Las áreas de mayor concentración de este grupo se ubican en el sur y este de la ciudad –la zona históricamente más degradada y signada por un déficit de infraestructuras y servicios públicos–, fundamentalmente en el límite de Barracas con Nueva Pompeya, en Villa Lugano y en una zona particular entre los barrios de Recoleta y Retiro, ámbitos que conforman villas miseria. Esta asociación entre inmigración y villas obliga a concluir que, más que una dinámica de diferenciación espacial, el caso de estos paraguayos está manifestando situaciones de marcada (y preocupante) desigualdad. Y obliga a redirigir la mirada hacia la cuestión socioeconómica (y a las dificultades de acceso al mercado inmobiliario formal) como un importante factor a considerar dentro de la problemática de la distribución de este grupo. En este marco, hemos propuesto tomar una segunda variable considerada interesante en tal sentido: la pobreza urbana.
En términos de distribución espacial, las características que adquieren los lugares y sitios habitados (y apropiados) por los paraguayos en la Ciudad de Buenos Aires revelan jerarquías y distancias que se producen en el espacio social. La estructura espacial desigual (más que diferencial) que se plasma en la cartografía constituye una clara expresión de desigualdades (más que diferencias) sociales, donde lo migratorio y la pobreza se conjugan para “condenar” a muchos individuos y familias a zonas y barrios estigmatizados.
Si bien en todo proceso de asentamiento de un grupo migratorio confluyen dinámicas asociativas y redes sociales de los colectivos en cuestión, que contribuyen a producir áreas de agrupamiento o concentración territorial, no hay que perder de vista que los inmigrantes no arriban a una tabla rasa social, sino que se encuentran con una ciudad que, como toda sociedad capitalista, funciona estratificando socioeconómicamente a su población, dejando gente afuera mientras mantiene a otra adentro. Y el mercado de la vivienda opera con la misma lógica estratificadora y excluyente.
Las formas que adquiere la distribución espacial de muchos individuos y familias provenientes del Paraguay parecen vincularse en gran medida con las (im) posibilidades de acceso a la ciudad que se configuran en este contexto y sobre las cuales se articulan las redes sociales, las estrategias habitacionales, etc. En ellas se está cristalizando un entramado de factores vinculados tanto a lo socioeconómico como a lo migratorio. La relación, que muchas veces se establece, entre la inmigración limítrofe y su asentamiento residencial a través de redes informales de alquileres en villas de emergencia o de ocupación de inmuebles se inscribe dentro de este contexto de un mercado inmobiliario excluyente y un Estado que no ha logrado implementar políticas habitacionales integrales que solucionen el problema del acceso al suelo de miles de habitantes de la ciudad, nacionales y extranjeros.
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Notas