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<journal-title specific-use="original" xml:lang="es">Chungara, Revista de Antropología Chilena</journal-title>
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<publisher-name>Universidad de Tarapacá</publisher-name>
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<subject>ARQUEOLOGÍA Y PATRIMONIO</subject>
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<article-title xml:lang="es">Será hasta la Vuelta de Año: Bailes Chinos, Festividades y Religiosidad Popular en el Norte Chico. Rafael Contreras Mühlenbrock y Daniel González Hernández. Primera edición. Edición Consejo Nacional de la Cultura y las Artes de Chile, Santiago, 2014, pp. 873.</article-title>
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Avanzados, Universidad de Playa Ancha, Valparaíso, Chile</institution>
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<source>Bailes Chinos, Festividades y Religiosidad Popular en el Norte Chico.</source>
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			<p>Será hasta la vuelta de año, libro escrito por los
antropólogos Rafael Contreras Mülhenbrock y Daniel
González Hernández –con la colaboración de Agustín Ruiz Zamora, Sergio Peña
Álvarez, Danilo Petrovich Jorquera y Manuel Morales
Requena–, es tanto una invitación a explorar la riqueza de la religiosidad que
desde hace siglos florece alrededor de la Virgen del Rosario de Andacollo, como una vía privilegiada para acceder a la
intimidad de los que han sido uno de sus cultores más fieles, los chinos. 
                
			</p>
		<p> En esta monumental obra, compuesta por veintidós capítulos, se puede disfrutar de un relato poblado de fotografías, ilustraciones, versos y documentos. Cuatro partes organizan el texto. En la primera se realiza una cuidada reconstrucción histórica para esclarecer las múltiples variables que explican el surgimiento de los bailes chinos de Andacollo, foco de atención que mantendrá el libro en sus casi novecientas páginas. En la segunda se describen algunos de los bailes más representativos del área geográfica conocida como el “norte chico” chileno. En la tercera la cartografía ritual se enriquece con la caracterización de una parte de las múltiples fiestas en que estos bailes participan. Y en el último apartado se repasan los principales hitos que fueron dando forma al complejo ritual estudiado.  </p>
<p> Para poder construir este libro los autores, durante los últimos diez años de ejercicio profesional, complementaron un acercamiento etnográfico que incluyó incontables horas de terreno, observación y entrevistas, con una aproximación histórica que se materializó en largas temporadas de trabajo de archivo y en una revisión exhaustiva de las fuentes bibliográficas más autorizadas en la materia. Entre los sellos que tuvo este particular abordaje metodológico el diálogo, comprendido como proceso comunicativo en el cual todas las personas involucradas pueden/deben aportar, uno de los más sobresalientes. Aquí uno de los pasajes donde mejor se aprecia esta disposición: </p>
<p>
<disp-quote>
<p>El texto que sigue es el resultado de
sucesivas conversaciones en la casa de don Pedro, donde pudimos hablar en forma
abierta y coloquial acerca de nuestra investigación, de nuestra visión de las
fiestas y de lo que buscábamos en nuestro diálogo con él. Después de que se
crearon las confianzas necesarias pudimos concertar una conversación que se
grabó, la que luego transcribimos y redactamos, para finalmente someterla a la
revisión de nuestro interlocutor, quien además la comentó y corrigió para ser
reescrita finalmente por nosotros (p. 686).</p>
</disp-quote>
</p>
<p> En términos epistemológicos, por tanto, el trabajo se inscribe dentro de las perspectivas así llamadas populares, liberadoras y/o concientizadoras, las mismas que a mediados del siglo XX tuvieron su apogeo entre las disciplinas humanas y sociales latinoamericanas. Todas tradiciones que dan importancia a tornar inteligibles las realidades que a simple vista no pueden ser aprehendidas y a fortalecer los procesos de autonomía de los sectores populares, en este caso, “la participación ritual y el poder local de las comunidades en y sobre el territorio” (p. 17).  </p>
<p> Entre los principales aprendizajes que entrega el texto destaca el modelo de interpretación histórica que se ofrece sobre los <italic>bailes chinos</italic>. Y es que hasta antes de este libro los bailes han tendido a comprenderse, también entre los especialistas, como una expresión cultural inmemorial que habría permanecido invariable con el correr de los siglos. Ahora, gracias a <italic>Será hasta la vuelta del año</italic>, es posible comprenderlos como una respuesta elaborada por el bajo pueblo –esa mixtura de mestizos e indígenas de las más diversas etnias– a los abusos y constricciones que acompañan los procesos de mercantilización económica o, si se quiere, al devenir del capitalismo. Con otras palabras, los bailes serían, entre tantas otras cosas, una expresión de las búsquedas de alivio y consuelo que tendrían primero los encomendados, luego los peones mineros y posteriormente también los trabajadores rurales semiasalariados, a las duras condiciones de vida y de trabajo enfrentadas. </p>
<p> Pero estos bailes no se conformarían únicamente con elementos culturales tomados de los universos simbólicos que traen consigo los encomendados, desplazados o desterrados, también incorporarían los obtenidos de las tradiciones de quienes los someten a estas duras condiciones, más particularmente el clero. Por ello es que estas expresiones rituales, que tienen entre sus características fundantes el ser autónomos de toda institucionalidad eclesial/estatal, se ofrendan a la virgen y a otras deidades pertenecientes a los idearios cristianos. </p>
<p> Esta línea de interpretación también permite entender que aun cuando existan antecedentes para remontar el origen de los <italic>bailes chinos</italic> a mediados del siglo XVI, su auge se habría dado durante los siglos XVIII y XIX, período que coincide con el pico de la actividad minera en el territorio que se extiende entre los valles de los ríos Copiapó por el norte, Aconcagua por el sur y que incluye también algunas regiones trasandinas entre esas mismas latitudes. Huelga decir, además, que es en este momento de máximo dinamismo de los <italic>bailes chinos</italic> que ellos van a adquirir “el formato expresivo y la estética con que en la actualidad conocemos a estas hermandades (trajes, instrumentos, coreografías, etc.)” (p. 99). </p>
<p>Otro aspecto que se enseña en el texto es que las personas que
se vinculan a estos bailes lo hacen mediados por una obligación –promesa o
manda– que han contraído con la virgen o la deidad a la cual se le baila. De
manera que cada integrante del baile, sea jefe, instrumentista y/o danzante,
pide protección, salud o abundancia a cambio de ofrendar por un período
acotado, o bien para toda la vida, sus reverencias, servicios o sacrificios a
la deidad. Por ello, aunque la imagen pueda pertenecer o no a la Iglesia
católica, la relación que el <italic>chino</italic> establece
con ella no reconoce ni precisa de intermediarios. Él solo necesita bailarle,
no necesita a un obispo que le diga por qué bailar o a un cura que le enseñe
cómo tiene que hacerlo. En este mismo sentido se inscriben las diferentes
formas que, a lo largo de los siglos, han adquirido las pugnas entre chinos y autoridades eclesiales. Y es
que aunque la Iglesia católica haya tratado de investirse a sí misma como la
única mediación válida que tienen las personas para relacionarse con el mundo
de lo sagrado, los <italic>chinos</italic> no solamente han prescindido, y prescinden, de dicha
mediación, sino que vociferan públicamente, en sus cantos y plegarias, sus
particulares maneras de comprender la religión. Dando un paso más allá los
autores no solo identifican apropiadamente esta suerte de lucha que se verifica
por la mediación entre creyente y deidad, también afirman que muchas veces el
dinamismo, la emotividad y la creatividad de los cultores populares serían más
atractivos que la monotonía, parquedad y homogeneidad que evidenciarían los discursos
sacerdotales. Diagnóstico que insegurizaría a los
párrocos y, consecuentemente, los llevaría a idear diferentes estrategias para
mermar el poder de los <italic>bailes chinos</italic>.
Aquí se transcribe uno de los pasajes en que mejor se da cuenta de la mecánica
que adquiere la acción de la Iglesia en este sentido:</p>
<p>
<disp-quote>
<p>La Iglesia históricamente ha querido
apropiarse de las imágenes familiares y comunitarias homenajeadas, de manera de
controlar ya no solo el dinero proveniente de las mandas y limosnas, sino que
también el acceso y el vínculo de las personas con las imágenes y la divinidad,
supervigilando y censando la forma que el pueblo tiene de venerarlas. Una vez
que la Iglesia se apodera de alguna imagen patronal que estaba en poder de
alguna familia o hermandad, comienzan las reglas, los estatutos, los
procedimientos, las solicitudes, la burocracia del culto y la fe. Es la
institucionalización de la devoción, el control social y religioso de
manifestaciones que son populares, locales y familiares, desinstitucionalizadas
y, por esto, en esencia libres, sin coacciones ni moralización (p. 794).</p>
</disp-quote>
</p>
<p>Se destaca, a su vez, que desde finales del siglo XIX la
mayoría de las sociedades de América Latina, también del norte chico del país,
viene urbanizándose e industrializándose cada vez más aceleradamente. Y se
recuerda, también, que estas transformaciones han traído aparejadas cerradas
disputas entre el Estado –y sus escuelas– y la Iglesia –y sus parroquias–,
siendo la secularización la que hasta ahora ha primado en esta lucha por la hegemonía
simbólico/cultural. Desde entonces, por tanto, la fe ha tendido a trasladarse
desde Dios a las personas, lo que ha hecho que los ritos alrededor de las
deidades de la Iglesia, independientemente de su carácter popular o
institucional, pierdan progresivamente poder de convocatoria. Un fragmento de
un canto realizado por Pedro Antonio Álvarez, integrante de uno de los bailes chinos que le danzaran a la
Virgen del Rosario de Andacollo en 1902, da cuenta de
la profundidad que estaba adquiriendo la secularización ya en esos años:</p>
<p>
<disp-quote>
<p>En otros años pasados venían devotos
miles pero hoy esos varoniles de tu fe se han apartado. Hoy en nuestra nación
existen varias creencias y por esa consecuencia se pierde la devoción. Si
muchos en tu presencia invocan tu dulce nombre notamos que varios hombres
critican nuestra creencia. Si cantamos las estrofas de nuestro signo cristiano
interrumpen los paganos con silbatinas y mofas. Madre de consolación haced con
vuestro poder que podamos sostener firme nuestra religión (p. 340).</p>
</disp-quote>
</p>
<p> El libro también deja en evidencia que las respuestas religiosas generadas por los sectores populares han sido afectadas seriamente por las transformaciones en los modos de producción y de asentamiento. Esto, lejos de significar que hubieran parado los atropellos que cometen los sectores dirigentes, es decir, que desaparecieran los motivos para buscar alivio ante los apremios e incertidumbres del día a día, obedece a que los cambios en la configuración social y económica vienen fomentando respuestas cada vez más individualizadas, atomizadas y precarizadas por parte de la población. </p>
<p> Por ello, así como cada vez es más difícil convencer a los jóvenes de que se integren a los <italic>bailes chinos</italic>, cada día que pasa es más complicado encontrar a artesanos que sepan confeccionar los instrumentos según patrones ancestrales y cada vez es más dificultoso encontrar a quienes puedan desempeñar los roles tradicionales al interior de estas organizaciones. En resumen, año tras año son menos los <italic>bailes chinos</italic> y menos las personas que los componen. El diagnóstico de los autores es claro, de no mediar una toma de conciencia significativa por parte de los sectores populares estas manifestaciones de autonomía popular se perderán ante las arremetidas de la Iglesia y la secularización. Parte de la complejidad que envuelve a estos procesos es bien ilustrada en el siguiente fragmento:</p>
<p>
<disp-quote>
<p>En general las únicas voces que se
escuchan fuerte, claras y sin restricciones, en Andacollo
y otras fiestas, son los discursos del cura por altoparlantes, y el himno
cantado por la masa humana congregada, sin distinciones, al final de la
procesión. Así como también se escucha, y mucho, el incesante y militarista
sonido de las bandas de instrumentos gruesos. Las otras voces, la de los
<italic>chinos</italic>, abanderados, alféreces, cantores y danzas, han perdido su posición,
incluso en Andacollo se las cuentan por minutos a
cada baile, callándolo si este tiempo otorgado se le agotó, apagándole el
parlante y la amplificación. Son solo quince minutos, normas son normas. La
moderna autoridad del tiempo medido por reloj se impone a la alegre y
tradicional poesía popular de los alféreces y abanderados (p. 797).</p>
</disp-quote>
</p>
<p>Como se ha podido apreciar <italic>Será hasta la vuelta de año</italic> es un libro que, por sus dimensiones y
pretensiones, puede ser leído de múltiples maneras. Aquí se identificaron sus
anclajes metodológicos y se destacaron algunos aspectos de contenidos que
tienen que ver con las determinantes socioproductivas
que condicionan a los bailes chinos y con las pugnas político-religiosas entre las
autoridades tradicionales y las eclesiales. Pero el texto es mucho más, es
también un valioso testimonio de cómo la aproximación etnográfica puede
entregar conocimientos inalcanzables por otros medios y es, al mismo tiempo,
una referencia obligada para toda persona que desee conocer en profundidad los
bailes religiosos de la zona central de Chile y las fiestas populares donde
ellos se escenifican.</p>
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