RESEÑA

En la introducción a El lecho de Damastes, Sergio Vergara (2018) afirma que los textos incluidos en este libro, más que tener un concierto temporal, reflejan las indagaciones que, de forma compulsiva, lo han marcado como lector crítico. Sin embargo, su intención no es holística, como la del griego que pretendía adaptar la forma de cualquiera a su lecho, más bien pretende enmarcar, mediante el análisis crítico y semiótico, aquello que los textos refieren por sí mismos, en su particularidad, enfrentados a sus contextos y cotextos. Permítaseme ahora presentar algunos de los contenidos presentes en el texto.
En la primera parte del libro, el autor enfrenta la literatura chilena con diferentes situaciones, de lo cual surge un diálogo que hace emerger la particularidad de estas manifestaciones literarias. Así, el autor nos muestra -en el primer artículo- cómo se definía la actitud moderna en el Chile de los años 40, a través de una encuesta de la SECH, donde se manifiesta una clara tendencia hacia la simpleza en el arte, en contraposición al hermetismo y experimentación que predominó en la vanguardia. En otro artículo, se manifiesta -y defiende- la particularidad del creacionismo huidobriano frente a quienes intentaron (o intentan) reducirlo a una tendencia más del surrealismo. En su análisis, Vergara demuestra las convergencias y particularidades del creacionismo cuando afirma que el objeto surrealista remite a un saber cultural para reconstruir la obra, mientras que en el objeto creacionista se privilegia la elaboración del ejercicio verbal en sí mismo y "la construcción está (...) al servicio de la demiurgia, de la mostración de su habilidad de 'mago' (...)" (p. 38); en otras palabras, el texto creacionista, a diferencia del surrealista, no recurre a elementos externos para su construcción, sino que se basta a sí mismo para generar un nuevo lenguaje.
A su vez, en esta misma serie de artículos, el autor analiza uno de los primeros textos de Nicanor Parra, y en él descubre elementos -"tópicos y formas" (p. 48)- que caracterizarían la antipoesía. Entre ellos, reconoce la intención parreana de relativizar los discursos y sobreponer la burla a la seriedad, a través de la frustración de las expectativas del lector.
No menos importante es la reflexión sobre el poema "La Copa" de Gabriela Mistral, donde Vergara discute sobre el espacio ambivalente que representa el cuerpo como medio de trascendencia, a la vez que como signo de lo efímero. Plantea lo anterior como un conflicto en tensión constante que, en la poesía de Mistral, nunca llega a resolverse ni por uno u otro sentido.
La segunda parte del libro aborda cuatro textos de literatura iberoamericana en los cuales estudia la función del símbolo del caballo en Poeta en Nueva York de García Lorca, como elemento natural resistente ante la invasión de la ciudad; analiza la función comunicativa del envío del mensaje como mera puesta en escena y (re)creación del otro -sus posibles reacciones y respuestas- en El castillo de la carta cifrada de Javier Tomeo; evalúa la riqueza de sentidos en Fragmento a su imán de José Lezama Lima, a través del asalto -la desfragmentación- del lenguaje intrincado y oscuro que se muestra como potencia de sentidos; y muestra la recreación y el dinamismo que, a través del topos del regreso, Álvaro Cunqueiro hace de obras y personajes clásicos.
Las últimas dos partes incluyen dos análisis semióticos y cinco artículos periodísticos. En los dos primeros se desarrolla -respectivamente- las relaciones entre el consumo en la sociedad actual y el vocabulario culinario, y las definiciones con que, desde el otro, se construye la identidad del territorio chileno, en específico de La Serena. En los artículos periodísticos, Vergara aborda temas varios que se refieren a textos literarios, filosóficos y hasta una cinta cinematográfica -cuyo guión está escrito por un poeta-: Der Himmel über Berlin (El cielo sobre Berlín).
Para terminar, me gustaría referirme brevemente al artículo La continuidad del Barroco, donde el autor reflexiona sobre los elementos de este período artístico que se reiteran en el arte del siglo XX, sobre todo en la literatura de Sarduy y Lezama Lima, o en la poesía de Valéry, Mallarmé y Rimbaud. Según Vergara, tales elementos se condensan en el hermetismo del lenguaje de estos poetas, la fascinación por lo efímero y el interés por el tiempo y la muerte (p. 140).
Con todo lo anterior, El lecho de Damastes reflexiona sobre los objetos literarios y, como bien señala su nombre, estos se encuentran metaforizados: se convierten en el lecho mismo donde el crítico adecua sus herramientas para interpretar únicamente aquello que los textos tienen que decir. Se podría decir que, en un acto similar al de Teseo, en estos ensayos y artículos, el texto mismo obliga al crítico a adecuarse a sus voces.
REFERENCIAS
Vergara, S. (2018). El lecho de Damastes: Lecturas semiológicas y literarias. La Serena: Editorial Universidad de La Serena