ARTÍCULO
FIESTA PATRONAL DE PUTRE: FORMA DE COMPARTIR EN FAMILIA
THE PATRON SAINT FESTIVITIES IN PUTRE: A FORM OF FAMILIAL SHARING
FIESTA PATRONAL DE PUTRE: FORMA DE COMPARTIR EN FAMILIA
Atenea (Concepción), núm. 521, 2020
Universidad de Concepción
Recepción: 24 Mayo 2018
Aprobación: 06 Noviembre 2019
Resumen: Resumen: Este artículo tiene como objetivo entregar una descripción etnográfica de una fiesta patronal de la Región de Arica y Parinacota, que se realiza anualmente cada 15 de agosto en la localidad precordillerana de Putre. Se describe en ella la unión de la religiosidad cristiana con las costumbres y rituales autóctonos de la cultura aimara. Las fiestas tienen un significado y un sentido relevante en la vida de los pobladores andinos, ya que, además de ser un reflejo de sus sistemas de creencias, también se relacionan directamente con los aspectos social y económico, y con su modo comunitario de vida, en el cual el compartir entre vecinos, amigos y familia es parte importante del día a día. Es importante destacar la idea del resguardo de una identidad cultural y la figura del matrimonio, pues el hombre y la mujer, que presiden esta festividad, son símbolos de la dualidad compenetrada y siempre presente en las diversas tradiciones de los pueblos andinos.
Palabras clave: Putre, fiesta aimara, alféreces, comunidad, identidad cultural.
Abstract: Abstract: This article aims to provide an ethnographic description of the patron saint festivities ("Fiesta Patronal") in the XV Region of Arica and Parinacota, held annually on August 15 in Putre, a town located in the Andean foothills. This celebration is de scribed as a union between Christian religiosity and indigenous Aymara customs and rituals. These festivities have a significance in the life of the Andean people, not only as a reflection of their belief systems, but also in the way they relate to the social-economic sphere and their communal way of life, in which sharing among neighbors, friends and family is an important part of everyday life. It is important to highlight the idea of protecting a cultural identity and the institution of marriage, as the men and women who preside over this festival are symbols of the complementary duality always present in the various traditions of Andean culture.
Keywords: Putre, Aimara festivities, alféreces, community, cultural identity.
El Norte de Chile y de modo particular la Región de Arica y Parina-cota participan geográfica y culturalmente de la macrorregión andina. Estos territorios se han constituido sobre la experiencia de un primer contacto interétnico en el pasado, derivado de la invasión incaica e hispánica, y de una segunda interacción etnocultural permanente y cotidiana entre grupos humanos que conviven en esta zona septentrional del país, pues la primera provincia de Chile, Parinacota, se conecta geográficamente con Perú y Bolivia.
En estos espacios viven descendientes de uno de los grupos indígenas prehispánicos que poblaron Chile, los aimaras, quienes conservan en su memoria colectiva técnicas y patrones culturales heredados de sus antepasados. Manifestaciones como cantos, bailes, mitos, leyendas, poesías, ritos, fiestas, adivinanzas, juegos, supersticiones, creencias y otras prácticas discursivas de carácter oral, adquieren singular importancia en estos contextos, pues contienen una mítica coherente y explicativa del mundo vivo y complejo de los aimaras contemporáneos.
La fiesta aimara como constructo cultural ha sido objeto de estudio de variados intelectuales de los Andes. En la actualidad existen múltiples perspectivas para acercarse a ella, disciplinas como la antropología, la sociología, la historia y la religión la tratan directa o indirectamente. Además, no se pueden ignorar las miradas desde los estudios culturales, el arte escénico y el folclor, entre otras, pues cada investigador enfatiza en aquello que es de su interés.
En este sentido, resulta complejo referirse a la totalidad de las fiestas aimaras, pues hay una gran diversidad de ellas. Una clasificación puede ser arbitraria, pero se pueden agrupar en cuatro categorías: las relacionadas con los ritos de nacimiento, matrimonio, corte de pelo y muerte; las vinculadas a lo religioso, donde se encuentra la llamada patronal; las fundadas en la agricultura y ganadería, que se podrían denominar autóctonas u originarias y, por último, aquellas asociadas con actividades oficiales, institucionales o gubernamentales. Es necesario señalar que cada comunidad, de acuerdo con factores contextuales y ambientales, dispondrá de una forma específica y variada de celebrar sus festividades.
Para una aproximación a la fiesta aimara, en este trabajo se recurrirá al teórico Joseph Pieper (1974), quien expone que la fiesta es una tradición, traditio, en el sentido más estricto de este concepto: "recibido de un origen que excede al hombre para transmitirlo sin merma, a fin de ser recibido y nuevamente transmitido" (p. 45). De modo similar, Mijail Bajtín (1995) acota que las fiestas son una forma primordial y decisiva en las diferentes épocas de la civilización humana, y plantea que: "[e]n la base de las fiestas hay siempre una concepción determinada y concreta del tiempo natural (cósmico), biológico e histórico" (p. 14).
Las fiestas comprenden un aspecto significativo en la vida de las comunidades aimaras que residen en la precordillera y altiplano chileno, y se relacionan directamente con otras actividades de sus pobladores, concernientes principalmente al sistema de producción que se desarrolla en dos niveles: el familiar (de autoconsumo), y el comunitario (de asistencia y ayuda mutua). La unión de estos dos niveles es tan férrea que la vida productiva está impregnada de una reciprocidad que no solo repercute en la mayor eficacia económica, sino que determina una forma de vida específica. Al respecto, J. Van Kessel (1992) dice:
La fiesta de un pueblo y de su santo patrono afecta a todos los sectores de la comunidad: sayas, ayllus y estancias. La ordenación arquitectónica del pueblo y el ritual de la fiesta son reflejo de la estructura social y económica. (p. 53)
Este sistema de vida existe empíricamente en las relaciones sociales que se practican en la producción agrícola o ganadera, y necesita ser expresado mediante una conciencia de comunidad solidaria, la cual se manifiesta a través de mecanismos simbólicos, que se diferencian de los conceptos utilizados por los no aimaras, y que se caracterizan por ser dinámicos, ecológicos e integradores. La conciencia comunitaria se concreta con acciones como bailar, cantar, beber, ir a la chacra o al corral de animales, visitar juntos el cementerio, acudir todos al pueblo, pero sobre todo, a través del proceso de dar y recibir, de visitar y ser visitado por todos los miembros de la familia y de la comunidad. Es en aquellos instantes cuando se simboliza y se experimenta como vivencia propia la cooperación social en los dos niveles indicados1. Al respecto, dicen Díaz, Galdames y Muñoz (2012):
En términos generales, las fiestas patronales pueden ser concebidas como ritos comunitarios que involucran una serie de prácticas y una variada disposición de símbolos asociados a los ritos sagrados. Para que el ritual y la fiesta se inscriban en la vida social, los participantes del rito deben imitar y repetir la ejecución de aquellas circunstancias que rememoran: el nacimiento o la muerte de la figura sagrada del santo (incluido Cristo y la Virgen). (p. 23)
Los dos niveles del sistema de producción mencionados anteriormente resultan evidentes en la Región de Arica y Parinacota, territorio que posee particularidades ecológicas, artísticas, culturales y espirituales propias de las comunidades aimaras que lo habitan. Entre esas comunidades se pueden mencionar Putre, Belén, Chapiquiña, Pachama, Socoroma, Parinacota, Caquena, Visviri y Tacora.
De acuerdo con lo anterior, el propósito de este trabajo es describir la fiesta patronal de Putre y destacar que en cada uno de los pueblos precordilleranos y altiplánicos alejados de la ciudad de Arica se festeja una fiesta, la cual sirve como baluarte de la identidad andina. Estas celebraciones res guardan a estas comunidades de los vertiginosos procesos del mundo moderno. Cabe considerar que conmemorar una festividad, en estos espacios geográficos, implica liberarse de las presiones y reconstruir o reafirmar una existencia autóctona y verdaderamente comprometida con la naturaleza, es decir, tiene un valor y sentido significativo, tal como indica Hans Van den Berg (1989):
En primer lugar, se destaca la convicción de que hay que ser cariñosos y generosos para con los seres sobrenaturales, las fuerzas de la naturaleza y las almas de los muertos. Luego, el cariño y la generosidad se manifiestan en convidarles y obsequiarles, y esto se hace tal como se hace con los parientes, amigos o invitados, es decir, alcanzándoles u ofreciéndoles comida, bebida y coca. Finalmente, encontramos la idea del deber, de la obligación: hay que pagar por lo recibido de ellos; es cumplir un compromiso. (p. 132)
La fiesta permite regular la vida cotidiana de las personas y tiene un carácter cíclico de continuidad y repetición; aun cuando se perciban algunas variantes a nivel de superficie, la matriz o estructura profunda de ellase conserva, por lo cual permite la transmisión de patrones culturales ancestrales. De ahí que fiesta y familia en el mundo aimara sean reservorios de costumbres que identifican tanto lo indígena como lo hispánico.
Al respecto, se sabe que los rituales autóctonos no son los únicos que se transfirieron a través de estas prácticas discursivas orales. La influencia de los españoles en estas tierras, después del 'descubrimiento' y la Conquista, impuso una cosmovisión cristiana junto al calendario festivo católico. Conocida es la idea de que los pueblos indígenas de las zonas andinas acomodaron sus fiestas originarias a las celebraciones hispánicas o simplemente se incorporaron a ellas, obteniendo como resultado un proceso dinámico, denominado transculturación.
Es importante indicar que la idea de "transculturación" (Ortiz, 1963) se sigue vislumbrando actualmente, pues en todos los pueblos de estos territorios andinos persisten rituales vernáculos aimaras y quechuas, relacionados con el culto a la naturaleza u otras divinidades, junto con ritos de origen hispánico que se hallan, principalmente, en las prácticas denominadas fiestas. En estas expresiones culturales no solo se afianza el catolicismo, sino que, además, se fortalecen los lazos familiares e identitarios de la comunidad, punto de vista que se presenta en este artículo.
En Putre2, al igual que en otras localidades de la zona, todavía se observa que la base de la existencia de la comunidad es el matrimonio, cuyo contenido fundamental es el panipacha3, término que implica la idea de equidad, por consiguiente, sustenta la complementariedad entre dos seres humanos biológicamente distintos pero que asumen una función social como pareja en la mayoría de las actividades propias de la comunidad. Esto se puede observar, principalmente, cuando asumen el cargo de pasantes de una fiesta, ocasión en que ambas personas tienen que cumplir obligaciones de común acuerdo. Para clarificar esta noción, el investigador aimara Manuel Mamani (1999) se refiere al matrimonio andino o chacha warmi de la siguiente manera:
La sociedad es la que modela las pautas de conducta de cada componente y conserva el sentido de reciprocidad en el contexto conyugal, familiar y comunal. La estabilidad de chacha-warmi no sólo se apoya sobre las necesidades de intercambio de bienes y servicios, división de tareas, etc., sino que también se fundamenta sobre la base de la identidad individual de sus componentes y el reconocimiento de cada uno, como entes interactuantes, cuyo cuerpo dual tiene como finalidad el desarrollo en plenitud de la vida de sus componentes. (p. 21)
Estos rasgos del matrimonio en las zonas precordilleranas y altiplánicas contribuyen a que las costumbres y tradiciones continúen en el tiempo, obviamente con variantes, debido a su transmisión oral. Es en la fiesta patronal donde se visualiza que tanto el hombre como la mujer tienen una misma jerarquía cuando asumen el cargo de alféreces o mayordomos, ambos representan a la familia que se responsabilizará de la ejecución de la fiesta. Gavilán y Carrasco (2009) observan similares funciones en los pueblos andinos de Iquique:
La celebración es dirigida por los caciques (Mallku-T'alla por cada una de las mitades) y los Mayordomos (Mujer-Hombre, dos por cada mitad), quienes serán los encargados de agradecer a las deidades los favores concedidos y para pedir bienestar para su familia y su parcialidad. Los pasantes visten sus mejores atuendos y cargan las mejores especies vegetales cultivadas y los pastos del ganado; quinua, habas, membrillo, flores, etc. La figura de las parejas son las mismas [sic] que las representadas en los cerros para recordar a los achachilas (abuelos) en medio de los cerros" (p. 107)
El modelo andino del matrimonio está basado en la idea de respeto y equidad entre uno y otro, como dos personas; si se mantiene un equilibrio como pareja, este se reflejará en todas las acciones de la familia y, por ende, de la comunidad, aun cuando el matrimonio se constituya según los parámetros occidentales. La fiesta es el medio para que cada persona-pareja vaya avanzando en su "camino". Durante su celebración se comparten muchas experiencias colectivas: el ir y venir de pasantes ejecutando libaciones a los dioses tutelares; y la creación de nexos de reciprocidad, pues la familia completa se involucra y participan todos los miembros: abuelos, padres, hijos, hermanos, sobrinos, tíos e incluso parientes lejanos. La cooperación de todos consolida un equipo comprometido con el desarrollo de la fiesta, pues todos tienen un papel activo en su realización.
Estas celebraciones conforman modelos de pedagogía familiar y social donde "el compartir" en armonía es lo esencial: la acción colaborativa y el respeto a la costumbre son valores fundamentales de la identidad cultural del andino.
EN TORNO A LA FIESTA PATRONAL DE LA VIRGEN ASUNTA DE PUTRE
En la localidad de Putre se celebran las fiestas de Pachallampe (que puede significar tierra blanda para sembrar)4, Cruces, Semana Santa, San Juan, Candelaria, San José, Día de los difuntos, Todos los santos y Carnaval, entre otras. El festejo más importante y antiguo es el del 15 de agosto, ocasión en que se conmemora a la patrona del pueblo, Asunta, y se desarrolla entre el 13 y el 17 de agosto. Esta fiesta se puede asociar a un cierto modelo social y ancestral practicado por los pobladores de Putre, el ya mencionado Pachallampe o siembra de la papa, pues con esta festividad se inicia el calendario ritual agrícola y el año del "culto" a la madre tierra.
Por lo tanto, la fiesta patronal es una práctica discursiva de carácter oral, que robustece y cohesiona el grado de comunión entre los miembros de la familia, sin importar las diferencias sociales, pues estas desaparecen durante los días en que el pueblo se inunda de un ambiente festivo-religioso. Se observa con nitidez lo que en el modo de vida andino se denomina reciprocidad. Al respecto, explica José Matos Mar (1976):
(...) tanto el parentesco como la organización religiosa y otras que subsisten en la comunidad, están normadas esencialmente por el principio de reciprocidad, presente en casi toda la vida comunal. Esto implica el intercambio de bienes y servicios para el cumplimiento de determinadas actividades. (pp. 199-200)
En el contexto de la festividad, la imagen de la Virgen posee un rol protagónico, no solo como ordenadora y conciliadora de un sistema socio-cultural que permite a los putreños redefinirse frente a la vida, sino que además les entrega la posibilidad de renovarse espiritualmente, y al mismo tiempo reafirmar o reconstruir su existencia originaria5.
Bajo esta lógica, la fiesta patronal significa para las familias aimaras de Putre un doble compromiso: por un lado, la responsabilidad ética y moral del matrimonio al asumir un cargo, ya sea de mayordomos o de alféreces, y asumir la fiesta de la Virgen durante los días que ella dure; y, por otro, el deber económico que implica solventar los gastos de la misma. En la producción de la fiesta, la familia-comunidad comparte las tareas para su normal desarrollo, considerando los procedimientos o situaciones que deben respetarse y realizarse según la costumbre, principalmente, en lo que dice relación con los ritos a seguir durante su ejecución.
En tal sentido, la producción de la tierra y del ganado no solo se vincula con los espacios, espíritus y semillas, sino que también es un proceso en el tiempo, por lo que existe una estrecha relación entre el ciclo agropecuario y el ciclo ceremonial anual. Cada día y cada época tienen su mensaje y exigen determinadas conductas rituales. Xavier Albó (1992), antropólogo y lingüista, en su obra La experiencia religiosa aymara, Rostros Indios de Dios. Los amerindios cristianos, plantea que: "El año nuevo aymara en realidad no comienza en enero, sino en agosto, cuando ya ha culminado el año agrícola anterior y se realizan los preparativos más inmediatos para el siguiente" (p. 27).Este fundamento tiene plena validez para las actividades agrícolas y rituales de los pueblos aimaras de la precordillera y altiplano de la Provincia de Parinacota, pues no hay un pueblo, por pequeño que sea, que en el transcurso del año no celebre una fastuosa fiesta patronal y numerosas fiestas secundarias. En el mes de agosto se inician los preparativos para la siembra y se realizan ofrendas específicas a la tierra y a los cerros.
De tal manera que la fiesta de la Virgen Asunta se concibe como un fenómeno cultural religioso, impregnado de elementos festivos y rituales preservados por la tradición o la costumbre, en que los putreños comparten y expresan una forma de vida que les permitirá seguir afianzando, año a año, su identidad cultural. Esta práctica discursiva, como ya se ha expuesto, está fundada en la fe y devoción del cristiano creyente, quien reverencia a la Virgen que está cercana a él, aunque en forma paralela rinda culto a la Pachamama6, pues ella está en la chacra, en el hogar y en la iglesia, como figura de madre protectora.
ANTEVÍSPERA: 13 DE AGOSTO
En este día, parte del grupo familiar de los alféreces, entre las 11:00 y las 13:00 horas, participa en la limpieza de la iglesia; se sacan y asean las imágenes y otros elementos anexos que se utilizarán en la celebración de los ritos religiosos, mientras los alféreces aprovechan la ocasión de adornar el interior de la misma7.
Se realiza, además, un importante ceremonial originario a un costado de la iglesia, denominado "hacer mesa", cuyo sentido ritual está orientado hacia la búsqueda del equilibrio o la armonía con los que viven en el Akapacha (mundo en que se reside), como también con los que transitan en el Alaxpacha (mundo de arriba) y Manquapacha (mundo de abajo). Para ello se recurre a un Yatiri, cuya traducción literal es "el que sabe", quien sirve como mediador entre los seres humanos y los seres extraterrenales, manteniendo la comunicación entre ellos.
La figura del Yatiri, además de representar autoridad, está presente en todos los acontecimientos de la comunidad, sean públicos o privados. Hay que señalar que este ceremonial está a cargo de los nueve mayordomos. "Hacer mesa" es un rito originario imprescindible en el mundo andino:
Uno de los elementos más fundamentales del rito aimara es la ofrenda, llamada "misa" o "mesa", que cumple la función de obsequio o don para los seres sobrenaturales (...). Hay muchos tipos de ofrenda compuestos conforme a las intenciones que se tiene con ella, y cada ofrenda contiene un número más o menos grande de ingredientes distintos, los cuales son una clara expresión de la gran capacidad simbolizante de los aimaras. (Van den Berg, 1989, pp. 8-9)
"LEVANTAR VELAS" Y VÍSPERA: DÍA 14 DE AGOSTO
A partir de las 10.00 de la mañana, se vuelve a repasar el aseo de la iglesia, los mayordomos (el "cargo" de mayor jerarquía en las fiestas andinas, pues se preocupa tanto de los santos como de la iglesia) y alféreces visten las imágenes de la Virgen y de San Ildefonso, ya que, siguiendo la idea andina de dualidad o complementariedad entre opuestos, siempre la Virgen irá acompañada de un santo en la posterior procesión. A las 11.00 de la mañana y a la entrada del pueblo, el alférez, su esposa, familiares y comunidad reciben a las compañías de bailes religiosos: "Los morenos de Putre", "Los hijos de Socoroma" y otros. Se "hace mesa" y se realizan los ritos autóctonos de la challa y la pawa8.
Alrededor de las 13:00 horas se recibe a la banda de músicos que amenizará la fiesta, y cerca de las 15:00 horas se oficia lo que se llama la víspera o también "entrada o levantamiento de ceras"9, que consiste en la preparación de las ofrendas que entregarán a la iglesia. Este ceremonial se desarrolla en la casa de los alféreces pasantes, donde tienen un papel protagónico el mayordomo y la mayordoma de la Virgen Asunta, quienes reciben los cirios, velas, flores, guirnaldas, ropas y otros accesorios que los alféreces entregarán como obsequios a la patrona. Esto ocurre más o menos a las 17:00 horas, momento en que todos se trasladan al recinto religioso. Allí esperan los mayordomos, el fabriquero (tercera autoridad de la iglesia, pues guarda sus llaves) y el sacerdote, que recibe y bendice los objetos rituales.
A las 18:00 horas los alféreces y acompañantes que colaboraron en el rito de "levantar velas" están de regreso en el patio de la casa del alferazgo, donde se realiza la pawa y la challa, con las expresiones "que sea en buena hora" o "jallalla", ritos dirigidos por los nueve mayordomos, quienes están preparados para participar de la ceremonia de investidura, etapa en que se inicia oficialmente la festividad y la pareja de alféreces se viste con ponchos de vicuña:
En las fiestas patronales es norma o costumbre, en algunos sectores del área andina, efectuar acciones de dualidad de ambos componentes del cargo ritual. La mujer, mediante el baile, coloca el poncho de vicuña al alférez varón y el hombre coloca la manta al alférez dama, lo que los convierte en personajes principales del desarrollo de la fiesta patronal. (Mamani, 2010, p. 192)
Cerca de las 20:00 horas, terminado el rito de la investidura, luego de cenar y mientras en la iglesia se están desarrollando los saludos protocolares de las compañías de bailes religiosos, los pasantes de la fiesta patronal regresan al recinto católico, pues ahí se realizará una liturgia o misa.
Aproximadamente a las 22:00 horas se inicia la procesión que traslada en andas a la Virgen Asunta y a San Ildefonso alrededor del pueblo, deteniéndose en las cuatro esquinas, momentos en que los feligreses rezan, cantan y las compañías religiosas bailan. Cuando finaliza la procesión, los alféreces invitan a su casa al "caliente" (ponche de leche con alcohol de 90 grados), lugar donde además se bailará hasta cierta hora, ya que al otro día se debe continuar con la festividad ritual.
CELEBRACIÓN EN HONOR A LA VIRGEN ASUNTA: DÍA 15 DE AGOSTO
El día principal de esta fiesta se inicia las 7.00 de la mañana con los saludos del alba a cargo de los alféreces, actividad de carácter político-administrativa que consiste en el izamiento del pabellón nacional, evento que en Putre tiene relevancia, debido a sus características de ciudad. Paralelamente, los grupos de bailes religiosos asisten a la iglesia a dar los "buenos días" a la Virgen Asunta. A las 11.00 de la mañana se efectúa la misa central en honor a la patrona del pueblo, y nuevamente la procesión con las cuatro estaciones.
Al término de estos ritos religiosos católicos, cerca de las 14:00 horas, los familiares que asistieron a la ceremonia y el resto de la comunidad reingresan a la iglesia junto a las imágenes, el sacerdote da la bendición final a todos los que acompañaron y pregunta por los nuevos alféreces, cargo que se debe cumplir por un año. Lo mismo ocurrirá en el caso de los mayordomos, servicio que dura tres años, si fuera el caso. Cerca de las 15:00 horas se invita a las personas que participaron en el oficio religioso al almuerzo comunitario que ofrecen los alféreces de la Virgen. Generalmente se desarrolla en el centro de la casa, pues allí se sustentan los valores aimaras. El centro de la casa es una posición muy simbólica, ya que se relaciona con la idea de taypi. Es también el punto de encuentro de la comunidad, específicamente el patio, donde se ubica la "mesa ritual". También allí se realiza el baile, la entrada de arco y otras actividades relacionadas con la celebración10.
Alrededor de las 16:00 horas, durante el almuerzo, se hacen los brindis de rigor y se comparte en comunidad. Entre las 17:00 y las 19:00 horas, se realiza lo que se denomina "entrada de arco", rito mediante el cual toda la comunidad retribuye a los alféreces pasantes, generalmente con una ofrenda voluntaria de dinero, que ayudará a solventar los gastos de la fiesta. La celebración continúa con el baile acompañado de diversos conjuntos musicales.
VISITA AL CEMENTERIO Y ALMUERZO: DÍA 16 DE AGOSTO
A las 10.00 de la mañana del día 16 de agosto se visita el cementerio, al que concurren el sacerdote, los alféreces, la banda, y los deudos de quienes últimamente han fallecido o deseen saludar a sus seres queridos. Se hacen ofrendas religiosas (compuestas de rezos y cánticos), florales y musicales. Además, se realizan los ritos de la challa y lapawa con alcohol, vino y hojas de coca, elementos rituales que se colocan en un awayu (manta tricolor). Alrededor de las 14:00 horas los alféreces ofrecen un almuerzo que se prepara especialmente para retribuir a las personas que "entraron arco" el día anterior, los que suelen ser familiares cercanos y pobladores en general. Este ágape se sirve siempre en la casa de los alféreces, para ello se implementa el patio como centro abierto de unidad o núcleo que sustenta al grupo social. La familia, el patio, la chacra, el corral y el cementerio son elementos que sustentan el diario vivir de las personas de la precordillera y altiplano de la Provincia de Parinacota. Además, son muy simbólicos en el mundo andino. Se concluye este día con un baile comunitario.
DESPEDIDA O CACHARPAYA: DÍA 17 DE AGOSTO
En este día se realiza la cacharpaya o despedida de fiesta. A las 16:00 ho ras los nueve mayordomos junto a los alféreces, el saliente y el entrante, se reúnen en la iglesia y proceden a ordenar los accesorios y ropajes de la Virgen Asunta y de San Ildefonso, volviéndolos a colocar en sus respectivos lugares, donde permanecerán hasta el próximo año. Se procede con mucho respeto y devoción, sahumando con incienso y tratando de no incurrir en ningún error, siguiendo la costumbre o tradición. Seguidamente, casi en forma paralela, los nueve mayordomos y la pareja de alféreces se trasladan al costado derecho de la iglesia, junto al Yatiri colocan sus mesas correspondientes. Este rito andino se prolonga, ya que cada mayordomo y cada alférez debe challar y pawar con alcohol, con hojas de coca y con vino tinto, que se invita a la comunidad. En esta ocasión no participa el sacerdote.
Posteriormente, se challa la torre de la iglesia en sus cuatro esquinas, se reparte la fruta que acompañó a la Virgen y el incienso como una forma de recibir bendiciones. La banda inicia su recorrido por las nueve casas de los mayordomos. Se despide la fiesta con ofrendas a los músicos y a los participantes, colocándoles un anku o ankuñas, que consiste en collares elaborados por la familia y acompañantes de la celebración. Los ankus están compuestos por frutas (naranjas, manzanas, granadas, etc.), verduras (zanahoria, papas, cebollas, etc.), panes (sopaipillas), y otros alimentos o enseres esenciales en el diario vivir del andino, y quieren significar la abundancia y deseos de prosperidad en el nuevo año agrícola. Al caer la noche y desde la casa de los alféreces se inicia la despedida final; los putreños se trasladan hacia la entrada del pueblo donde se despedirán con tristeza, pero volverán al pueblo cantando y bailando el Pachallampe, pues será la próxima fiesta en la que se oficiarán ritos de la siembra.
DESPEDIDA Y AGRADECIMIENTOS FINALES
Una actividad que todavía se realiza en el pueblo de Putre el día 18 de agosto, aunque no con la misma intensidad como ocurre en otros pueblos, es la llamada "Fiesta de las cocineras y demás servicios", pensada para las personas o familiares que cooperaron directamente con la efectiva realización de la fiesta, ya sea a cargo de la cocina, de la despensa, o de la buena atención a los asistentes. Los mayordomos y alféreces se reúnen este día con ellos y los atienden como sus invitados preferenciales, ofreciéndoles una buena comida, sin escatimar en gastos, acompañada con cerveza, vino y licores de todo tipo, recordándoles que sin ellos la fiesta patronal no se hubiera realizado. Generalmente, los alimentos, bebidas y otros excedentes de la celebración, se reparten entre los colaboradores directos; no debe existir otra forma de retribución (monetaria, por ejemplo) hacia ellos, ya que se acostumbra que el servicio hacia la patrona-Asunta o Pachamama sea un acto de reciprocidad, por lo tanto, debe ser voluntario.
CONCLUSIONES
En la festividad de la Virgen Asunta se puede observar prácticas marcadas por el dominio de lo vernáculo y propio de los aimaras de estos lugares alejados de la ciudad, que representan el dominio de una oralidad fluida y cambiante. Esta práctica discursiva oral revela y da cuenta de un valioso contenido semántico, pues posee elementos que responden a la necesidad de fortalecer la identidad cultural y el sentimiento de pertenencia a un espacio que les cobija y les da amparo. Además, preserva perfiles propios de los andinos: ideas, sentimientos, valores morales y hábitos de vida que se sustentan en el dar y el recibir de la madre protectora o Pachamama.Los alféreces de la Virgen están supeditados al deber de cumplir con su cargo y al compromiso de colaboración con la familia y el pueblo. Durante los días de celebración se comparte y se hace la "costumbre" en comunidad, es decir, simplemente se hace lo que siempre han dicho los abuelos. Debe hacerse, en otras palabras, la tradición o el traditio.
Asimismo, la idea de "hacer costumbre" celebrar a una imagen religiosa, "como es la costumbre", y sus respectivos ceremoniales, corresponde, como ya se ha expresado, a una de las prácticas discursivas orales propias de la precordillera y altiplano de estos lugares. Ellas se realizan desde antaño y se mantienen vigentes hasta estos días.
Es importante señalar que se observaron otros poblados, los cuales festejan su correspondiente fiesta patronal, casi con las mismas etapas de organización y desarrollo de lo descrito en Putre, obviamente que ciñéndose a sus particularidades geográficas y contextuales: San Santiago de Belén, San Francisco de Socoroma, Santa Rosa de Caquena, Virgen Asunta de Ticnamar, Virgen de los Remedios de Timalchaca y Zapahuira y San Andrés de Pachama, entre otras.
La fiesta patronal de la Virgen Asunta, realizada cada 15 de agosto en Putre, evidencia no solo dos visiones de mundo, sino, además, demuestra el ordenamiento social, económico y comunitario de los habitantes de la Provincia de Parinacota, ya que da cuenta de normas, acciones y preocupaciones primordiales de la familia y la comunidad. De tal manera que la intensidad y complejidad de esta fiesta patronal deja entrever, en su tiempo de ejecución relativamente corto, las tradiciones propias de una cultura que se transmite para conservarse a sí misma junto a una identidad y cosmovisión muy peculiar que sigue palpitando en el alma de los pobladores de estos espacios geográficos.
Por último, de acuerdo con la realidad geográfica de esta región del extremo norte de Chile, Provincia de Parinacota -tierras interiores y alejadas de los centros urbanos costeros-, se puede señalar que las fiestas, junto a otras prácticas discursivas de la oralidad, continúan siendo preocupación primordial de las comunidades aimaras que en su conjunto seguirán "haciendo la costumbre" o diciendo "porque siempre ha sido así".
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Notas