Editorial
Como Revista Perspectiva Educacional nos complace la publicación de nuestro primer número especial titulado “Nuevas perspectivas sobre el aprendizaje profesional docente en colaboraciones para la práctica de la investigación", el cual contó con el apoyo como coeditor invitado del académico David Contreras (PUCV). Este Número Especial se sitúa en el marco del Plan de Implementación para el Fortalecimiento Inicial Docente de la Pontificia Universidad Católica de Valparaíso; PM2 de Formación de Profesores.
Este número cuenta con las contribuciones de distintos investigadores tanto de Chile como de otros países, desde las cuales el número aporta con una visión nacional e internacional en torno a la formación docente en sus diversas modalidades de vinculación con el sistema escolar, relevando el lugar de la investigación y la reflexión en los procesos de desarrollo del profesorado. Como Revista buscamos expandir los horizontes del conocimiento en torno a ámbitos de alta relevancia y vigencia para la educación en sus diversos contextos, y creemos que la esfera de estudio que presenta este número especial, es de alta importancia para el desarrollo del profesorado, y la articulación entre los sistemas de formación docente y los sistemas escolares; a nivel de experiencias institucionales locales y a nivel de política pública. Esperamos que este número constituya un aporte en este ámbito de investigación y de desarrollo para la política docente en distintos contextos nacionales y regionales.
Agradecemos a Mel Ainscow; a Alejandra Nocetti-de-la-Barra, Maurine Muñoz, Pablo Montoya, Álvaro Bustamante y Alejandra Sáez; a Leyton Schnellert, Mehjabeen Datoo, Donna Kozak, Miriam Miller y Graham Giles; a Sergio Galdames y Paulina Bravo; y finalmente a Omar Aravena, Carolina Villagra, Carolina Troncoso y María Elena Mellado por sus destacados y originales artículos reunidos en este número especial. Tanto su diversidad temática, como teórica y metodológica enriquecen la propuesta de este número. Agradecemos también a Chris Chapman por su amable y aguda introducción a esta publicación.
Finalmente, como Revista Perspectiva Educacional inauguramos con este Número Especial “Nuevas perspectivas sobre el aprendizaje profesional docente en colaboraciones para la práctica de la investigación", el primero de diversos números temáticos a convocarse y desarrollarse anualmente a futuro, en torno a la investigación avanzada en educación, donde esperamos seguir aportando en el desarrollo del conocimiento de frontera de América Latina y el mundo.
Introducción al Número Especial: ¿Se puede alcanzar la equidad mediante colaboraciones en investigación y práctica para el aprendizaje profesional docente?
Por Chris Chapman, University of Glasgow
El desafío de la creación de sistemas educativos más equitativos se ha convertido en una preocupación para numerosos gobiernos, legisladores e investigadores, además de profesionales de la educación en todo el mundo. En un intento de reducir las diferencias de rendimiento escolar entre los más ricos y los más pobres, se han empleado cantidades considerables de recursos, incluidos tiempo y dinero, para que todos puedan alcanzar su pleno potencial, independientemente de su procedencia.
Lamentablemente, ha quedado demostrado que los casos en donde se logra el éxito tienden a ser excepciones a la norma. A pesar de las décadas dedicadas a la indagación e innovación, por no mencionar la atención prestada por gobiernos y otros grupos de interés en todo el mundo, pareciera que, en su mayor parte, los sistemas educativos tenderían a reproducir las desigualdades en lugar de reducirlas.
El “desafío de la equidad” es omnipresente. Trasciende comunidades y regiones. Es un problema que resulta importante tanto en los entornos rurales como en nuestras ciudades; sin embargo, en su mayor parte, es en estas últimas donde las variaciones tienden a ser más visibles. Por esto mismo, debemos desarrollar estrategias para promover la equidad en contextos diversos y evitar la aparición de puntos ciegos.
El "desafío de la equidad" se ve, además, agravado por las vastas repercusiones de una pandemia mundial, que cada vez se vuelven más evidentes. También existen incertidumbres climáticas y geopolíticas, crisis relacionadas al coste de la vida y amenazas de una austeridad financiera a medio y largo plazo. Es probable que todos estos factores afiancen y exacerben la desigualdad educativa en lugar de reducirla.
El escenario que he esbozado más arriba hace que este número especial resulte más oportuno que nunca. Hoy en día, más que antes, la calidad del personal educativo tiene una gran importancia, en especial para las personas pertenecientes a contextos desfavorecidos; personas que no tienen acceso a tutorías extraescolares, a otras formas de escolarización paralela o actividades culturales más allá de la escuela. En pocas palabras, un sistema educativo no puede superar la calidad de quienes tienen la responsabilidad de apoyar el aprendizaje de nuestros niños y jóvenes; las investigaciones sugieren que la inversión en el aprendizaje profesional resulta fundamental para desarrollar y mantener un personal educativo de alta calidad (Robinson et al., 2009).
Los casos en donde existen indicios de que el aprendizaje profesional auténtico ayuda al desarrollo de prácticas más equitativas e inclusivas (cf. Messiuou y Ainscow, 2021), se suelen caracterizar por un elemento en común: el trabajo sin fronteras. Es aquí donde debemos centrar nuestra atención. Para que los proyectos ambiciosos puedan moverse desde los márgenes hacia el centro, tenemos que crear nuevas formas de trabajar dentro, entre y más allá de las escuelas. No es una tarea sencilla, el traspasar los límites y las fronteras es un desafío porque exige un replanteamiento fundamental de las funciones y las relaciones dentro del sistema.
Nuestro difunto colega, Denis Mongon, promovió el marco para el análisis del liderazgo dentro, entre y más allá de las escuelas (Chapman et al., 2009), el cual, posteriormente, se ha aplicado como una ecología de la equidad educativa (Ainscow, Dyson, Goldrick y West, 2011) y como una forma de examinación del desarrollo escolar (Chapman, 2014). Tradicionalmente, la atención se ha dirigido hacia el cambio dentro de las escuelas, lo que ha dado los siguientes resultados: un aumento de los puntajes en pruebas que amplían la brecha de rendimiento (en el peor de los casos) y un aumento de la capacidad de las escuelas para gestionar el cambio (en el mejor de estos).
El mejorar el nivel de aprendizaje es crucial y los enfoques intraescolares ocupan, legítimamente, un lugar en esta tarea. Sin embargo, cada vez queda más claro que, aunque los enfoques intraescolares son una palanca necesaria para crear un sistema educativo equitativo, no resultan ser suficientes. Es probable que la focalización y utilización exclusiva de enfoques intraescolares genere resultados cada vez menos proporcionales a la energía invertida.
La formación de competencias colectivas entre las escuelas mediante la colaboración entre las mismas obtendrá resultados más provechosos. Una serie de redes escolares está demostrando que el uso de enfoques basados en la investigación colaborativa (respaldados por la utilización de datos contextuales y de rendimiento), pueden mejorar los resultados de aprendizaje de estudiantes marginados y desfavorecidos.
Algunos ejemplos prometedores incluyen el desarrollo de procesos de investigación-acción basados en la indagación y la colaboración, los cuales trasladan el conocimiento y la experiencia más allá de los límites del aula y la escuela. Estos pueden tratarse de rondas de aprendizaje, sesiones de revisión de lecciones o comunidades profesionales de aprendizaje. Las investigaciones sugieren que la introducción de sistemas de información para fomentar el apoyo entre escuelas y la experimentación con nuevos modelos de formación del profesorado, también pueden ofrecer alternativas de avance.
Ampliar el enfoque dentro de la escuela hacia el desarrollo entre escuelas puede reforzar la capacidad colectiva para lograr resultados más equitativos. Aun así, esto no es una panacea: las escuelas no pueden compensar las desigualdades sociales por sí solas. El componente final requiere cruzar otro límite hacia la mejora más allá de la escuela. Con esto me refiero a la participación de una gama de grupos de interés, y servicios más amplios, que puedan crear un entorno en el que los niños más desfavorecidos puedan participar eficazmente del proceso educativo.
Además de adoptar perspectivas multiagenciales o basadas en el entorno, las universidades tienen un papel clave que desempeñar más allá de la mejoría de las escuelas. A través del desarrollo de Asociaciones de Investigación y Práctica, las universidades pueden actuar como catalizadores del cambio, cambiando la configuración de las funciones del sistema para apoyar el desarrollo de un Sistema de Aprendizaje en Red. La idea de un sistema de esta índole se desarrolló y testeó en una Asociación de Investigación y Práctica entre la PUCV, formadores iniciales de profesores de Chile, profesores en formación y profesores de escuelas locales. Posteriormente, el proyecto se amplió para incluir a investigadores, profesores y estudiantes de Escocia.
Un Sistema de Aprendizaje en Red, en primer lugar, es definido como un sistema de redes que traspasan diferentes tipos de límites, logrando así, promover el aprendizaje profesional. Estos pueden ser físicos (aula, organizaciones, espacios geográficos) o profesionales (fases, sectores, planes de estudios). En segundo lugar, estos sistemas son impulsados por investigaciones basadas en diseño e investigaciones colaborativas para la innovación y perfeccionamiento de la práctica y el desarrollo de las capacidades de liderazgo (Madrid Miranda y Chapman, 2021).
Por último, los sistemas de aprendizaje en red utilizan todos los recursos y conocimientos disponibles en un sistema educativo de manera conectada y coherente para ofrecer los mejores resultados a todo el educando. Es importante destacar el notable papel de las universidades dentro de los Sistemas de Aprendizaje en Red. Como instituciones con una larga tradición focalizada en la investigación y la creación de conocimiento, las universidades se encuentran en una posición ideal para apoyar a las prácticas basadas en evidencia y estimular la innovación en los sistemas educativos.
Las universidades se encuentran, además, en una posición única: pueden actuar como intermediarios "honestos" o "neutrales" dentro del sistema; por lo tanto, están en una posición ideal para crear coaliciones y promover la colaboración tanto entre las partes del sistema como con agentes clave ajenos a la educación. Todo esto es una manifestación física del papel cívico de la universidad que, en estos tiempos complejos y llenos de desafíos, cobra cada vez más importancia en distintas partes del mundo.
Para que todo esto se convierta en una realidad generalizada, es necesario producir un cambio cultural significativo en la forma en que construimos nuestra identidad profesional y percibimos nuestra posición dentro del sistema educativo. Aquellos de nosotros que trabajamos en las escuelas tendremos que desarrollar una perspectiva más amplia, en la que trabajar con colegas de diferentes instituciones y sectores deberá verse como algo natural. Tendremos que replantearnos no solo con quién trabajaremos, sino también cómo y dónde lo haremos. Esto implicará la difuminación de los límites institucionales y la aparición de nuevas prácticas. Significará que aquellos de nosotros que abandonamos las escuelas hace algún tiempo, probablemente volveremos a encontrarnos en ellas, mientras que aquellos que nunca han trabajado fuera de estas tendrán que hacerlo por primera vez. Francamente, ya no es aceptable el esconderse en el aula, la escuela, el ayuntamiento o la oficina de la universidad para seguir reproduciendo prácticas del pasado.
En mi opinión, las prioridades clave para fomentar el cambio cultural necesario para apoyar un sistema educativo más equitativo pueden destilarse en tres áreas:
Enfoque en el aprendizaje profesional: esta es la clave para construir un nuevo tipo de profesional de la educación, uno que vincule la preparación inicial del profesorado y la formación continua, de manera que se desafíen los supuestos tradicionales sobre las funciones y responsabilidades del rubro. Esto tendrá un profundo efecto en la forma en que los profesionales de la educación, tanto nuevos como ya establecidos, se vean a sí mismos y a su trabajo; y, lo quizá más importante, desafiará las normas culturales establecidas y mejorará la capacidad de liderazgo dentro del sistema.
Responsabilidad comprometida sobre “lo que funciona y por qué": esto galvaniza refuerza el apetito por el cambio, invirtiendo en una serie de experimentos localizados basados en pruebas, supervisando su impacto y utilizando los resultados para idear mejoras. De este modo se fomentarán modelos de prácticas de enfocados en los aspectos locales, adaptados a contextos específicos y con más probabilidades de satisfacer las necesidades de todos los estudiantes.
Dedicación a la prestación conjunta de servicios públicos: se trata de un requisito previo para abordar la desigualdad educativa: el movilizar a los servicios públicos para proporcionar un marco coordinado de mejora dentro, entre y más allá de la escuela. Esto provocará el abordaje y cuestionamiento de problemas de equidad que el sistema educativo no puede afrontar de forma aislada.
Estos tres ámbitos deben abordarse si se busca atizar aquella energía que suscita políticas ampliamente positivas y experimentos de interés. El seguir con los métodos de trabajo actuales reforzará el statu quo, dando lugar a una implementación deficiente y, en última instancia, al fracaso. Esto dejará otra generación más donde los niños más desfavorecidos estén condenados a una experiencia educativa desigual y a sus respectivas consecuencias. No podemos permitir que esto ocurra.
Se trata de un terreno difícil y complejo, el cual requiere, para que la implementación tenga éxito, de un replanteamiento fundamental de las funciones y las relaciones dentro del sistema educativo. Se necesitará de una mayor flexibilidad y diversidad de roles para apoyar las nuevas formas de trabajar dentro, entre y más allá de las escuelas. Si se continúa como se ha hecho hasta ahora, solo se llegará al fracaso de la implementación y a la reproducción de las desigualdades educativas.
Los artículos que componen este número especial ofrecen reflexiones importantes sobre cómo se pueden hacer las cosas de otra manera, de modo que se pueda incentivar y sostener el desarrollo de Sistemas de Aprendizaje en Red en diversos servicios educativos. El primer artículo, por Mel Ainscow, se basa en su amplia experiencia y pericia en este terreno. Ainscow se enfrenta al desafío de reiniciar los sistemas educativos mediante Asociaciones de Investigación y Práctica tras la pandemia. Además de destacar el potencial y los desafíos de estas asociaciones, la evidencia y la colaboración son los temas principales que impregnan la argumentación de este artículo.
El segundo artículo de Nocetti y Medina adopta un enfoque de estudio de casos para explorar la reflexión docente con respecto a los entornos escolares y universitarios. Este enfoque metodológico se apoya en un análisis reflexivo realizado entre formadores de profesores, estudiantes y trabajadores de personal escolar, el cual revela cómo pueden desarrollarse nuevas comprensiones y significados de la enseñanza.
El tercer artículo, de Schnellert y sus colegas, explora la innovación en entornos rurales de Canadá. En esta Asociación de Investigación y Práctica participan el gobierno, una universidad y una red de escuelas rurales, utilizando un proceso de investigación colaborativa para innovar y desarrollar prácticas de aprendizaje y enseñanza.
El cuarto artículo, por Galdames y Bravo, se centra en una Asociación de Investigación y Práctica en la que participan profesores de ciencias. El artículo concluye que la subjetividad de los formadores de profesores se centra en los límites existentes entre las identidades y relaciones, condiciones y culturas de la escuela y la universidad.
El quinto y último artículo de Aravena, Villagra y Mellado también se centra en el aprendizaje profesional, específicamente, de los profesores de ciencias en Chile. Este trabajo se centra en la necesidad de desarrollar un aprendizaje profesional de alta calidad que pueda apoyar el desarrollo eficaz de los profesores para que puedan apoyar el aprendizaje de todos los niños y jóvenes.
A su manera, cada uno de los artículos de este volumen destaca las oportunidades, tensiones y problemas asociados con el desarrollo de Asociaciones de Investigación y Práctica significativas para apoyar el aprendizaje profesional, de manera que este pueda catalizar y sostener el desarrollo de un sistema de aprendizaje en red en el que todos los niños y jóvenes puedan tener éxito, independientemente de su origen.
Referencias
Ainscow, M., Dyson, A., Goldrick, S., & West, M. (2011). Developing equitable education systems, Routledge: Abingdon
Chapman, C., Ainscow, M., Bragg, J., Gunter, H., Hull, J., Mongon, D., Muijs, D. & West, M. (2009). Emerging Patterns of School Leadership: Current Practice and Future Directions. Nottingham: National College for School Leadership.
Chapman, C. (2014). From Within- to Between- and Beyond-School Improvement: A Case of Rethinking Roles and Relationships?. Series: ICSEI monograph series, 3. New South Wales, Australia: International Congress for School Effectiveness and Improvement.
Madrid Miranda, R. & Chapman, C. (2021). “Towards a network learning system: reflections on a university initial teacher education and school-based collaborative initiative in Chile”. Professional Development in Education.
Messiuou, K. and Ainscow, M. (2021). “Inclusive Inquiry: An Innovative Approach for Promoting Inclusion Schools”. Revista Latinoamericana de Educación Inclusiva, 15(2), 23-37.
Robinson, V., Hohepa, M. & Lloyd, C. (2009). School Leadership and Student Outcomes: Identifying What Works and Why: Best Evidence Synthesis Iteration. Wellington: Ministry of Education.